RELATO BREVE, Fiestas de Moros y Cristianos.
Hoy, cogemos el coche y a la tarde-noche nos plantamos en Alcoy (provincia de Alicante). Aunque hemos elegido este lugar para celebrar la Fiesta de Moros y Cristianos, tenemos que tener muy presente que las fiestas de Moros y Cristianos se celebran en varias localidades españolas, entre ellas Alicante, Alcoy, Elda y Villena. En realidad, las fiestas de Moros y Cristianos se celebran en más de 215 localidades españolas. ¡Bien! Pero, como hemos dicho, nos montamos en mi coche, un Talbot Horizon, ya entrado en años, y tiramos hacia el mundo mediterráneo. A todos nos vienen a la cabeza mitos como el Ferrari F40, el Lamborghini Countach o el Ford Escort RS Cosworth cuando pensamos en los coches más icónicos de los años 80 y 90, pero la historia de nuestra juventud también está plagada de mecánicas más modestas como las del R5, el SEAT Panda o el Talbot Horizon. En una época en la que predominaban los utilitarios y compactos, el Horizon fue uno de los más populares del parque móvil español durante la fase de expansión del mismo en los hogares y familias de nuestro país y nos trajo, entre otras cosas, colores metalizados inconfundibles y en aquella época nada habituales como el plateado y el dorado. Así, pues, nos acomodamos como podemos y ponemos el punto de llegada en Alcoy (Alicante). En este coche vamos mi esposa, Pili, y nuestros tres hijos, Carlos, de 13 años, Elsa, la única niña, con 11 años, y Luis, el pequeño de la tribu con tan solo 6 años. Pili es una formidable madre, que estudió Magisterio, y que ejerció con los párvulos del colegio de jesuitas de esta localidad. ¡Pero aún nos quedas cosas por decir! Yo me llamo Rafa y tengo 56 años, unos meses más que Pili, y ejerzo la docencia en la Universidad, donde ahora soy profesor de Geografía de España. Se comprende, pues, que nos interesen las fiestas de Moros y Cristianos, a las que llevamos a nuestros tres retoños, a pesar de su juventud y de las aglomeraciones de gente que ocasionan estos acontecimientos. Pero antes de proseguir hacia adelante, haciendo una miscelánea vamos a decir ahora, y la hago yo que soy el narrador, las fiestas de Moros y Cristianos constituyen un espectáculo que se integra en la estructura ritual de muchas fiestas comunitarias, normalmente para realzar un pensamiento religioso. Adoptando una definición amplia de Demetrio E. Brisset, en su artículo sobre los rituales de conquista, podríamos decir que se trata de una celebración de “gran rigidez formal, con un mecanismo expresivo de tipo teatral, basado en una cadena de situaciones dramáticas, siendo las acciones gestuales a menudo acompañadas por diálogos y música dentro de un entorno escénico”. En este espectáculo, cada bando, compuesto por uno o varios hombres organizados jerárquicamente, se enfrenta al bando opuesto para dominarlo y apoderarse de un bien colectivo; el resultado es la muestra de la victoria de los héroes sobre sus enemigos. La celebración incluye en numerosas ocasiones danzas y desfiles. Las representaciones de moros y cristianos cuentan, además, con parlamentos o embajadas en verso y escenifican escenas bélicas colectivas que recuerdan los enfrentamientos de la Reconquista y toman como escenario el mismo pueblo. Se celebran en honor del patrono de la localidad, que interviene en la ficción a favor del bando cristiano. En la actualidad, se conservan en España unas doscientas poblaciones que anualmente celebran estas representaciones teatrales callejeras. Abarcan las regiones de Andalucía, Aragón, Baleares, Castilla, Cataluña, Extremadura, Galicia, La Mancha, Navarra y Valencia. La provincia de Granada es la más rica en este tipo de representaciones, cuya celebración se conoce en 28 localidades. También en Portugal existe una forma peculiar de representación de moros y cristianos llamada morisma, y en América Latina este tipo de celebraciones aparecen en cuatro regiones mesoamericanas y andinas: México —donde esta tradición ha adquirido más desarrollo—, Guatemala, Perú, El Salvador, Bolivia, etc. En Europa y en el suroeste de Estados Unidos también podemos encontrar alguna huella. En Gran Bretaña ha tenido gran importancia la Moorish Dance, pariente lejana de las fiestas españolas. Y, dirigiéndome a Pili, le hago ver que: - La fiesta de moros y cristianos debe ser investigada desde la interdisciplinariedad, es decir, teniendo en cuenta la literatura, el folclor, la moral, la religión, la historia o la antropología, para comprenderla en su totalidad. Lo cierto es que llegamos a Alcoy sobre las 18:00 horas totalmente exhaustos de fuerzas, por lo que se impone acercarse casi obligadamente a un restaurante de esta localidad, como, por ejemplo, el Alameda Bistró, donde nos ayudarán a reponer fuerzas. Pili y yo pedimos dos pericanas, que es uno de los platos más representativos de la cocina tradicional alcoyana. La pericana está formada por bajoques rojas secas (el nombre alcoyano para designar los pimientos), el mejor trozo del bacalao, que es el de la ganya, la carne del lado que recubre las ganyes, y con su piel, sin espinas, asada a la brasa o a la llama del fuego hasta tostar. Finalmente, se tiene que rasgar. Para los tres críos pedimos una coca salada valenciana, alimento al que ya nos hemos referido en otro lugar. Todo estaba muy apetitoso, con una elaboración de gran calidad. Por otra parte, Alcoy es un municipio y una ciudad situada al sureste de España, en la provincia de Alicante. Es capital de la comarca de la Hoya de Alcoy, dentro de la subcomarca de los Valles de Alcoy. Su población es de unos 60.000 habitantes. Es una de las ciudades más importantes y la duodécima por población de la Comunidad Valenciana. Históricamente ha sido una ciudad con especial relevancia tras la Revolución Industrial en España, especialmente en el sector textil, aunque también en el metalúrgico y la industria papelera. Además, es conocida como la «ciudad de los puentes», ya que su peculiar orografía está marcada por barrancos que condicionan su urbanismo. Se sitúa a 55 kilómetros de la capital provincial. Pero a Pili y a mí nos interesa, sobre todo, todo lo relacionado con el tiempo atmosférico. Al respecto, yo le cuento a Pili lo siguiente: - Alcoy presenta un clima mediterráneo, con inviernos templados y veranos calurosos. En invierno se pueden presentar temperaturas bajo cero durante las olas de frío y precipitaciones en forma de nieve. En verano las temperaturas máximas pueden superar los 40 ºC. La pluviometría es de 400 mm. El verano es la estación seca, con precipitaciones muy escasas, y en otoño se puede sufrir la gota fría, pudiendo dejar más de 100 mm en 24 horas. El número de horas de sol al año es de aproximadamente 2600. Pensemos que la fiesta de Moros y Cristianos en Alcoy se celebra a finales de abril, por lo que el tiempo puede ser muy revuelto. Pili balancea la cabeza en señal de aprobación, por lo que las chaquetas no se pueden guardar en el armario. Pero volvamos la cabeza hacia la Historia y cedamos la palabra a Pili, quien nos comenta lo siguiente: - La primera referencia que se posee de una representación de este tipo es la danza de moros y cristianos que trabó un reñido combate en los festejos del año 1150 celebrados con ocasión de la boda entre el conde de Barcelona y la infanta de Aragón, en Lérida. Siglo y medio después, los cortesanos de Jaime II fingirán una pelea vestidos de moros y cristianos en el día del santo del rey de Aragón. Aquí ya nos topamos con la simulación de la conquista de un castillo y la conversión de los moros, así como con la danza final, al son de los instrumentos de guerra. - A partir del siglo XIV se documentan otros fastos monárquicos con representaciones de las luchas de la Reconquista. Si las procesiones del Corpus de Barcelona y Valencia se convirtieron en todo un modelo por su aparatosidad, los pueblos con escasos recursos trataban de adornar sus comitivas callejeras con estos espectáculos de danzas con espadas y palos. No obstante, las referencias encontradas apenas describen los actos en sí, al menos hasta el siglo XVI. En este sentido, es una magnífica excepción la relación que encontramos de las celebraciones de moros y cristianos en los Hechos del Condestable don Miguel Lucas de Iranzo (véase Miguel Lucas de Iranzo), donde se nos relatan los festejos del 24 de junio, día de San Juan, cuando los caballeros cristianos se disfrazan de moros y combaten en el río contra los que actuaban de cristianos. - En su origen, las celebraciones de moros y cristianos tienen una profunda significación religiosa e ideológica: se trata de mostrar la victoria de la fe cristiana sobre la musulmana, con la ayuda siempre de la figura del santo patrón del lugar, cuya imagen suele ser robada por la horda infiel. En cuanto al santo, el estudioso J. Barceló postula que estas fiestas nacieron vinculadas a Santiago apóstol, apodado “Matamoros”, y sólo más tarde se remitieron al patrón del pueblo. Pero incluso podríamos remontarnos en el tiempo, si tenemos en cuenta que G. Guastavino, en Las fiestas de Moros y Cristianos y su problemática, propugna su origen en las antiguas danzas paganas como una representación de la eterna pugna entre el Bien y el Mal. - Sea como sea, en la actualidad, esta dimensión religiosa ha desaparecido prácticamente y se ahonda, sin embargo, en los aspectos folclóricos, lúdicos y carnavalescos del ritual, que se ha resucitado en recientes décadas impulsado por el turismo. - En América Latina el espectáculo de moros y cristianos adquirirá nuevas significaciones, ya que se trata de celebrar el triunfo de los españoles sobre los indígenas durante la Conquista del Continente. Las danzas que ahí se celebran tienen gran paralelismo con las de moros y cristianos aunque podrían llamarse más adecuadamente "dramas de españoles e indios". - En este sentido, parece claro que las fiestas de moros y cristianos nacieron y se difundieron a partir de la Península, aunque en Europa o América se puedan encontrar celebraciones similares. En la Europa medieval se daba también un tipo de festejo caballeresco en el que se enfrentaban un bando cristiano y otro sarraceno. Según Carrasco Urgoiti, en El moro retador y el moro amigo: “Tales mascaradas ofrecían, por un lado, la gala visual del contraste entre los atuendos y emblemas representativos de dos culturas contrapuestas; y, por otra parte, cumplían la misión de enardecer y elevar la moral de los caballeros”. - Las fuentes de inspiración histórica específica de esta fiesta son, según Brisset, las siguientes: 1- Cruzadas o “reconquista” peninsular (desde el siglo XI al XV). 2- Rebelión de los moriscos peninsulares (en el siglo XVI). 3- Guerras contra el imperio turco (en el siglo XVI). 4- Saqueos costeros por piratas berberiscos (siglos XVI-XVIII). 5- Guerras de Marruecos (siglos XIX-XX). De todos modos, los personajes y situaciones se mezclan en las celebraciones sin ningún rigor. Dicho lo cual, señalaremos también otros rasgos de la fiesta de Moros y Cristianos de Alcoy. Según Rafa, - La proclamación de la fiesta se realiza con la Gloria en la mañana del domingo de Pascua de Resurrección. La trilogía festera toma como eje el 23 de abril, festividad de San Jorge. La fiesta de Moros y Cristianos de Alcoy en honor a San Jorge mártir tiene una personalidad propia desde el siglo XVI, adquiriendo a mediados del siglo XVIII, las características que la definen. Cuenta en la ciudad de Alcoy con un distintivo que la hace singular, especial y única. La fiesta, en honor a San Jorge se compone de su proclamación, la Trilogía Festera y algunos actos previos, cuyos horarios, itinerarios y formalidades se acomodan a los tradicionales. Hacia 1804 surgirá el vocablo filà para designar nuevos grupos dentro de los dos bandos, formados por personas con una misma indumentaria y que empezaron a singularizarse con nombre propio. Estas filaes se organizan en escuadras, divididas en los dos bandos primitivos: el moro y el cristiano. No se conoce cuál ha sido la evolución de una fiesta, que tuvo su origen en una conmemoración estrictamente religiosa. No será hasta principios del siglo XVI, cuando el Ayuntamiento de Alcoy decide darle más importancia a la celebración, incluyendo actos profanos. Probablemente a partir de 1511, el Consell municipal incorporó a la fiesta la participación de la Companyia de Soldats de la villa, un tipo de milicia ciudadana reorganizada por Carlos I para defender el propio municipio y ayudar a los de la costa en caso de ataque de los piratas berberiscos. En 1672, Vicente Carbonell en su obra «Célebre Centuria» habla de dos compañías: una de Christianos Moros y otro de Cathólicos Christianos, con lo que tendríamos la actual división de bando moro y bando cristiano. Hacia 1804 surgirá el vocablo Filà para designar nuevos grupos dentro de los bandos, formados probablemente por amigos, que lucían una misma indumentaria y que empezaron a singularizarse con nombre propio. Durante el siglo XIX proliferan nuevas filaes, aunque su continuidad será difícil debido al escaso número de sus integrantes. Prácticamente a principios del siglo XX ya quedan estructuradas trece filaes moras, completándose en el último cuarto de ese siglo, con la décimo cuarta filà. En el bando cristiano, aunque quedan algunas de las iniciales filaes, ha tenido muchos más cambios y no quedarán asentadas las catorce filaes actuales hasta los años sesenta del pasado siglo. La participación de la ciudadanía fue creciendo y de esta forma aumentó su implicación en la organización de la fiesta. Desde la Guerra de Sucesión las iniciativas ya no participarán de las autoridades eclesiásticas o civiles, sino de los propios festeros que, en 1839, redactarán un primer reglamento. El siglo XX supone la consolidación de la fiesta. El auge de participantes en las filaes asegurará la continuidad. La gran aportación de este siglo a la fiesta vino de la mano de los cargos festers. Comenzaron luciendo una indumentaria diferenciada y poco a poco, con la incorporación de los boatos y las escuadras especiales en sus desfiles, han aportado tal espectacularidad a las Entradas, que su renovación hace cada año que el día de las Entradas sea diferente. Pero la masificación de las Entradas hizo imprescindibles los cambios en los horarios y en los itinerarios del desfile, y haciendo necesarias las bandas de música para que los festers puedan mantener el ritmo apropiado. Desde otro punto de vista, Pili contempla la situación con otros ojos: - En abril celebran sus fiestas de Moros y cristianos de Alcoy, en honor a San Jorge, declaradas de interés turístico internacional. Tienen su origen en la versión mítica de la Batalla de Alcoy producida en 1276 a las puertas de la ciudad y que habría enfrentado a los habitantes de Alcoy con las tropas del caudillo musulmán Al-azraq. Cuenta la tradición que en el momento clave de la batalla apareció la figura de San Jorge a lomos de un caballo sobre las murallas de la ciudad y que su figura decidió el resultado de la Batalla. El primer documento que nos habla de estas fiestas dataría de 1672 por parte del cronista Carbonell en su Célebre centuria, en la que habla de las celebraciones en honor de san Jorge y por la expulsión de los musulmanes, con aparición de dos compañías, una de Moros-Christianos y otra de Cathólicos-Christianos, que constituyen el origen de las veintiocho Filaes actuales. Las fiestas se celebran el fin de semana más próximo al día 23 de abril (San Jorge), aunque originalmente se celebraban los días 21, 22, 23 y 24 de abril. El primer día se dedica a los músicos, y por la tarde se reúnen todas las bandas en la plaza donde entonan el himno. El segundo quizás sea el día más espectacular, ya que es el día de las Entradas, dedicándose la mañana a la entrada cristiana y la tarde a la mora. El tercero es el día dedicado a San Jorge, día de procesiones. El cuarto se dedica al Alardo, la batalla, cuando todas las filaes pasan el día disparando con los arcabuces, destacando las embajadas tanto mora, por la mañana, como la cristiana, por la tarde, en las que se encaran los embajadores de cada bando para señalar el transcurso de la guerra, la cual acaba con la aparición de San Jorge, un niño que se elige por sorteo cada año perteneciente a alguna filà y que representa la figura del santo durante la trilogía festera, por las almenas del castillo lanzando miles de flechas representando aquel momento culminante de la batalla en que acabó con la vida del caudillo Al-Azraq, mientras se entona el himno de la Festa y esto marca el fin de las fiestas y la llegada de la floreciente primavera. Y, ahora, hablando ya en general de las fiestas de Moros y Cristianos, apuntaremos que en cuanto a la Literatura, el Poema de Mio Cid recoge la costumbre de los caballeros de derribar castillos de madera en los juegos de armas, y en la crónica de Lucas de Iranzo hemos visto cómo se celebran las victorias de los cristianos sobre los sarracenos, con juegos de cañas incluidos. Las fiestas de moros y cristianos, al encuadrarse en el Medievo dentro de los juegos de corte, se relacionan con los momos o entremeses, que tenían carácter dramático e incorporaban textos pequeños, disfraces, música y baile. Estos textos se desarrollaban en recepciones de reyes y nobles. De este modo, se puede decir que las fiestas de moros y cristianos son deudoras de la tradición del teatro medieval. Pero, desde un punto de vista dramático, la modalidad más importante de este espectáculo es la comedia de moros y cristianos, que empezó a florecer hacia el siglo XVI. La vistosa indumentaria que se usaba en estas comedias nos indica su posible origen en los festejos caballerescos mencionados. Es en la época barroca cuando en la corte de Felipe II esta comedia se hace una de las preferidas, seguramente por “la estrecha relación que une la fiesta barroca al teatro, especialmente en las modalidades integradas en ciclos de celebraciones cívicas o religiosas”, en palabras de S. Carrasco Urgoiti. Lope de Vega cultivó asiduamente las comedias de moros y cristianos, entre las que destacaron Los hechos de Garcilaso de la Vega y moro Tarfe, El Cerco de Santa Fe, La envidia de la nobleza, El hidalgo Bencerraje y El remedio en la desdicha. Como todavía no se conmemora la caída del moro, la tendencia es a superar las diferencias culturales y religiosas, y los personajes moros aparecen con rasgos galantes, prontos a convertirse a la religión cristiana. Calderón de la Barca también se aventuró en este género, pero “será El triunfo del Ave María o conquista de Granada, comedia anónima del Siglo de Oro, la que aparecerá como un nexo importante entre las representaciones de teatro antiguo y las actuales representaciones del drama-fiesta. ‘El triunfo’ significa un proceso de elaboración dramática de ciertos temas tradicionales que el teatro adoptó del Romancero”, según palabras de Francisco Checa y Concha Fernández. En las comedias compuestas en el siglo XVIII no aparece ninguna sobre el moro granadino, pero sí sobre la Reconquista. Y ya se muestra la superioridad de los cristianos sobre los moros (que son calificados de crueles y traicioneros) en todos los ámbitos. A comienzos del XIX, por la exaltación de lo exótico y lo legendario, volvieron a aparecer obras dramáticas que recogen el tema de los moros de Granada, sobre el que escriben Martínez de la Rosa, el Duque de Rivas o Álvarez Cienfuegos. En lo tocante a la estructura, Rafa nos argumenta que: - Según Fernando Checa y Concha Fernández, “los actuales moros y cristianos son el resultado de una cristianización cultural muy amplia. Las influencias festivas que de alguna manera han operado para estructurar esta fiesta serían los juegos juglarescos, las mascaradas carnavalescas, las soldadescas, las danzas del Corpus y diversos festejos populares; las influencias teatrales son relaciones, coloquios, dichos, embajadas, parlamentos, comedias, etcétera”. Las características de la representación teatral son, según Brisset, las luchas mímicas sin parlamentos, las danzas habladas, los coloquios con escaramuzas, los dramas con escenografía y los alardes o desfiles con embajadas y castillo. - En todas estas representaciones rituales masculinas hay una serie de elementos que se repiten: una religión verdadera, la católica; un orden jerárquico, que se reproduce en ambos bandos; un territorio propio que se defiende, y se reactualiza una fechoría. A esto se añaden a veces símbolos asociados, como colectas o rescates, ofrendas, un culto funerario, las danzas, los bebedizos embriagadores, las enigmáticas colmenas y las sátiras comunitarias. - Así, en la actualidad hay que entender los moros y cristianos como un drama popular elevado al rango de fiesta patronal local. Con componentes dramáticos vivos, representan hechos concretos muchas veces, aunque la tendencia actual es hacia la acronicidad. Los textos del drama de moros y cristianos no pueden considerarse como crónicas de lo sucedido. Los que conservamos son de finales del XVIII o del XIX, escritos por poetas locales sin ningún tipo de rigor histórico. - En estos textos se utiliza el lenguaje popular y el tiempo tiene carácter ritual o mitológico. En muchos casos el pueblo hace suyas las piezas literarias, y en otros los textos son reelaborados por individuos más cultos. La peculiaridad de la fiesta sin duda radica en la imagen del patrono, y es a comienzos del XVII cuando la escenificación incorpora el robo de ésta. La escenografía es rudimentaria (diferentes lugares públicos del pueblo) y los actores, un grupo de voluntarios la mayoría de las veces. El público es así actor y espectador a un tiempo. - Esta fiesta está especialmente arraigada en los pueblos pequeños y de montaña, bastante pobres, sin duda por el temor a perder sus tierras ante la llegada de los moros. Durante mucho tiempo, tras la Conquista de Granada, se temió profundamente su vuelta. Esto explica que en los siglos XVI y XVII se hicieran juegos de cañas y de alcancía como ejercicios de adiestramiento para defenderse de los moros, en medio de una atmósfera maurofóbica y de exaltación catolicista. - El esquema básico de estas celebraciones es el de reto / enfrentamiento-combate / triunfo-conversión. Las fiestas de Levante, en las que los dos bandos luchan en torno a un castillo de madera, han dado origen a la peculiar composición poética basada en la idea del reto, bajo la denominación general de embajadas (aunque en ocasiones se llamen también parlamentos o relaciones), declamadas por personajes muy caracterizados. - Las relaciones conforman una literatura viva en textos que viven en variantes, muchas veces a través de maestros y sacerdotes, y se han conformado oralmente cuando no existía texto impreso. En los últimos años, sin embargo, se ha procurado fijar los textos por escrito. - Según J. Barceló, las embajadas “aparecen con tanta frecuencia, que, salvo algunas excepciones, cada pueblecito ha creado su propio texto, conservando siempre las características definidas en el género”. - Los textos de moros y cristianos, tras su revitalización en el XIX, ofrecen un engañoso aspecto de antigüedad, y no suelen tener gran calidad literaria. En ocasiones quedan a cargo de la imaginación de los actores y los más graciosos son los que se ocupan de improvisar. Así, los espías de Bayarque (Almería) tienen unas intervenciones muy esperadas porque los acontecimientos más sobresalientes pasan por sus versos. En este sentido, a veces el humor y el erotismo (aunque no suele intervenir ninguna mujer) son los elementos más celebrados por la concurrencia. - Los textos pueden tener desde uno a tres actos, se estructuran partiendo de troncos comunes, y se extienden y agrupan en familias con el paso del tiempo. Son textos heterogéneos que asimilan materiales de diverso origen. Algunos textos se agrupan alrededor del tema del cautiverio y rescate y otros lo hacen en torno a las escaramuzas y la pérdida y restauración del castillo. En varios de ellos se aprecia también la influencia del Romancero. Pero en todos ellos se suele apreciar esa estructura de reto-súplica-batalla-prisión/despojo. El relato bisecuencial comienza con la victoria inicial del enemigo en la primera batalla y acaba con su decisiva derrota en la segunda. Hay una serie de bienes y objetos en disputa, como son la imagen del patrono (la más importante) y, en segundo lugar, el castillo, la religión (como motivo subyacente), las tierras y los bienes, el tributo —por ejemplo, en el Pirineo aragonés— o, antiguamente, una dama cautiva. - En cuanto a las líneas argumentales, es la conversión el objetivo final de muchos de estos dramas, pero como expresión de la superioridad de la civilización cristiana sobre la islámica. En todos los textos suele aparecer en medio de la representación la súplica a la Virgen o al santo, que sanciona el resultado final y establece lo que podríamos llamar el “juicio de Dios”, es decir, la selección trascendente de uno de los dos bandos. El bando moro será castigado en el segundo acto tras apoderarse de la imagen y del castillo, y muchas veces se convierte o huye, cuando no es aniquilado. Aunque los vencedores suelen aplicar represalias duras (que hoy se intentan suavizar), a veces también aparecen la condescendencia y una modalidad de conversión más suave, que puede emparentar con la de los dramas del Siglo de Oro. La conversión, sin embargo, dependerá de grados de jerarquía del ejército moro. La del moro Zelín, en Zújar (Granada), que ocupa la última escala dentro de la estructura militar, es una forzosa, por ejemplo. Y en estas conversiones voluntarias hay a veces un contrapunto final cómico a cargo de espías o graciosos. La no conversión, finalmente, ofrece finales trágicos. Por ejemplo, en la zona levantina la fraternidad o reconciliación final no se suelen producir. En muchas de estas representaciones se vive con expectación la voladura de la cabeza de Mahoma o su cuerpo entero. - Así, la acción gira en torno a dos polos: el bélico y el religioso, aunque el primero suele ser subsidiario del segundo. No obstante, aunque ése sea el sentido de los textos, hoy en día el pueblo no vive apenas la dimensión religiosa, como demuestra el hecho de que muchos vecinos quieran vestirse y se enorgullezcan de aparecer moros. Yo, o Rafa, sobre la Geografía, diré lo siguiente: en España aparecen tres áreas diferenciadas en la celebración de moros y cristianos, por el número de poblaciones que las celebran y por los rasgos comunes que las diferencian: Aragón, Levante y Andalucía. En la fiesta del Alto Aragón, los moros y cristianos son un tema más del dance, pieza popular típica que integra danzas con espadas y palos, y coloquios y debates; los de moros y cristianos se califican de soldadesca, morisma o turquía. Apenas hay tropas o grandes batallas, sino un general y unos pocos personajes más. En Levante aparecen los desfiles más lujosos de la Península, muy carnavalescos y barrocos, con gran imaginación y fantasía; entre ellos destacan los de Elche. Los desfiles de moros y cristianos suelen ser impresionantes, y su despilfarro y majestuosidad eclipsan la toma del castillo, el paramento o la imagen de patrono. Los alardes valencianos atraen, por ello, gran número de espectadores. En Andalucía lo más característico es la importancia festiva que se da a las relaciones, así como las muy teatrales batallas de asalto/apoderamiento/rescate de la imagen del patrono durante la procesión. Finalmente, habría también que mencionar los dichos conquenses, con combates con escaramuzas o guerrillas; las embajadas gallegas, muy rurales; los desembarcos baleares, que son reconstrucción del histórico rechazo de piratas turcos, con escaramuzas de mucha pólvora, sin parlamentos; y las luchas ibéricas, que engloban otros modelos festivos dispersos por localidades diversas. Por último, trataremos ya del punto de vista de la Antropología en los siguientes términos: el moro connota en estas celebraciones una serie de aspectos negativos, pero como en la actualidad ya no se teme el “desembarco de los moros”, la fiesta se ha vuelto acrónica. Si se ha mantenido a lo largo de los años es por circunstancias distintas a las ideológicas, aunque en su origen hubiera un conflicto de carácter étnico y de rechazo hacia el otro, el diferente. La fiesta es así ahistórica, y por ello se mezclan en ella elementos del pasado y del presente. También hoy en día es adoctrinal: los parlamentos y embajadas han perdido la fuerza adoctrinadora popular con la que fueron concebidos. Ya no se trata de una terapia colectiva y se pierde el espíritu pedagógico. Además, esta fiesta permite una reproducción simbólica de identidades, es decir, ahora no se tienen prejuicios a la hora de interpretar personajes de un bando o de otro, aunque muchas veces estas cosas se dirimen por tradiciones familiares. En cuanto al tiempo festivo, hasta 1960 la mayoría de los pueblos celebraban el primer acto de la fiesta un día (el robo de la imagen o la toma del castillo por parte de los moros) y el segundo al día siguiente (la victoria del bando cristiano). Después, muchas fiestas se perdieron, y ahora, en su recuperación, tiende a concentrarse completa en una sola jornada. Durante la noche hay a veces un tiempo ceremonial en el que se velan armas e insignias por parte de los moros, por ejemplo, en Quéntar (Granada). Por otro lado, estas fiestas suelen representarse durante las fechas de celebración del patrono del lugar, aunque muchas han sido trasladadas del otoño-invierno, su fecha original, hacia el verano, sin duda bajo la influencia del turismo y para aprovechar el momento en que los emigrados vuelven al pueblo. La mujer no suele participar, aunque hoy se quiere introducir su figura en las relaciones, sobre todo en los desfiles o tropas, como sucede en Levante o en el norte de la provincia de Granada. Antes, en cambio, su presencia era más activa en aquellos textos que representaban el rescate de la dama cautiva, motivo que tuvo una enorme importancia en otras épocas. Las procesiones y romerías dan significado a la fiesta, y la imagen suele ir acompañada por los dos bandos o sólo por el cristiano. El paso del espacio urbano al natural significa una pérdida de orden en el desfile de Zújar. El castillo por su parte, además de símbolo del poder, es el factor material más importante de la fiesta en muchas ocasiones. En Aldeire (Granada) se inauguró en 1988 un castillo metálico que sustituyó al de cartón piedra anterior, muy deteriorado. Los pueblos pueden conservar su tradicional vestuario o armamento o renovarlo más fastuosamente, impulsados por razones turísticas. Los caballos, banderas y estandartes son elementos complementarios de gran importancia. Los caballeros abanderados aparecerán en la misa, desfiles o procesiones. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
