jueves, 26 de junio de 2025

NOVELA, El 8 de marzo.

Capítulo Primero Me encuentro reunido con mi familia y, atiendo a todas sus preguntas, pues pretendo dar el verdadero significado del 8 de marzo, Día de la Mujer. Sus preguntas son como dardos, que se clavan muy profundo, pero que destapan el verdadero significado de esta fecha. Mi mujer, Mertxe, se encuentra sentada en el único butacón que se encuentra en mi despacho y recogidos sobre la mesa se encuentran Aitor, de veinte años, y Gurutxe, de veintitrés, nuestros dos hijos. La conversación discurre en los términos que señalaremos seguidamente. Yo, como Sociólogo que soy, hago la pertinente introducción al tema: - La celebración del 8 de marzo supone la reivindicación de los derechos de las mujeres. De todas las mujeres. El objetivo es sensibilizar a la sociedad y potenciar la igualdad real de género. Así, se reclama la reducción de las desigualdades de género. Como se puede comprender esta fiesta empapa su significación del término ‘feminismo’, al cual nos referiremos seguidamente. El feminismo es un movimiento político que implica la lucha por la liberación de las mujeres de su sometimiento por las estructuras sociales, políticas y simbólicas del patriarcado. El feminismo ha supuesto el cuestionamiento de las instituciones y tradiciones fundacionales del patriarcado a través de un largo proceso histórico de concienciación femenina y lucha política. La Historia tradicional, escrita por y para hombres, silenció la voz de las mujeres o las relegó al orden de la excepcionalidad cuando algunas de ellas escribieron y pensaron para denunciar de forma más o menos explícita su sometimiento o su sentimiento de alteridad respecto a la civilización patriarcal. Desde el siglo XV, algunas de estas mujeres “excepcionales”, elevaron la voz para expresar su rechazo a las tradiciones que sustentaban la inferioridad femenina y la conveniencia de la sujeción de las mujeres a los varones. Se me ha olvidado dar mi nombre; yo, aunque soy el narrador de esta historia, me llamo Ricardo y les explico a mi esposa y a mis dos hijos que: - El feminismo es un movimiento político y social, una teoría política y una perspectiva filosófica que, según la RAE, postula el “principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre”. De acuerdo con la ONU Mujeres, el feminismo en principio lucha por la equidad de género y por el reconocimiento de las mujeres como personas físicas y sujetos de derecho. Asimismo, sostiene que ningún ser humano debe ser privado de bien o derecho alguno a causa de su sexo y busca conseguir que las mujeres tengan iguales libertades que los hombres, además de eliminar la violencia contra la mujer. Surgió alrededor del siglo XVIII con la publicación de la obra Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de Olimpe de Gouges en 1791 y la Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft en 1792, y ha tenido un importante desarrollo teórico, político y filosófico desde entonces. El feminismo centra su análisis en el rol del patriarcado en estructurar las relaciones desiguales de poder entre varones y mujeres. El feminismo realiza una crítica de la visión androcéntrica de la sociedad, a la que busca transformar para conseguir sus objetivos de una sociedad más justa e igualitaria. - Ahora Aitor toma la palabra preguntando lo siguiente: - Qué es el feminismo y en qué consiste: No es ajena a estas cuestiones su madre, Mertxe, que le responde lo siguiente. - El feminismo es un movimiento político, social y filosófico radical que afirma a la mujeres como personas con derechos. Este movimiento se origina a la par con las luchas revolucionarias y libertarias, especialmente, con los ideales emancipatorios de la Revolución francesa de 1789. Animada por su madre, Gurutxe propone lo siguiente: - ¿Cuáles son los tres pilares del feminismo? Le responderá de nuevo su madre, en los siguientes términos: - El patriarcado, el género y, por último, el androcentrismo. Acto seguido, Gurutxe plantea lo que sigue: - ¿Qué dice la RAE sobre el feminismo? Le contestará, como es natural, su madre: - Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres. Sin embargo, Aitor sorprende a todos al preguntar: - ¿Cuáles son los cuatro tipos de femenismo? Mertxe se llena de valor y le dirá que: - Por mencionar algunas de las variantes del feminismo, podemos mencionar: el feminismo liberal, el feminismo radical, el feminismo socialista, los ecofeminismos, el feminismo cultural y de la diferencia, el feminismo de la igualdad, el feminismo comunitario y los feminismos afrodescendientes, entre otros. Evidentemente, Aitor vuelve sobre otros aspectos de esta cuestión. - ¿Cuáles son los ideales feministas? Mertxe haciendo uso de la palabra, le contestará que: - El feminismo propugna un cambio en las relaciones sociales que conducen a la liberación de la mujer -y también del varón- a través de la eliminación de las jerarquías y de las desigualdades entre los sexos. Y, una vez llegados a este punto, Ricardo recapitula el feminismo sosteniendo que: - El feminismo es un movimiento social y político que busca la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. Se basa en la idea de que las mujeres han sido históricamente subordinadas y oprimidas en diversas sociedades y sistemas de poder, y busca transformar esas estructuras para lograr la equidad en todos los ámbitos: social, económico, político y cultural. En resumen, el feminismo es: * un movimiento: Un conjunto de acciones y organizaciones que buscan la igualdad de género. * una teoría: Un marco de análisis que explica la situación de subordinación de las mujeres y cómo se construye el género. * un conjunto de prácticas: Acciones concretas para transformar la sociedad y lograr la igualdad. Los puntos clave del feminismo son: * La igualdad de género: La creencia fundamental en la igualdad de derechos y oportunidades para todas las personas, independientemente de su género. * La lucha contra la opresión: Reconoce y denuncia las estructuras de poder que oprimen a las mujeres y busca desmantelarlas. * La transformación social: Busca una transformación profunda de la sociedad para superar las desigualdades y crear un mundo más justo para todas las personas. El feminismo no es: * Un movimiento solo para mujeres. Los hombres también pueden ser feministas y participar en la lucha por la igualdad. * Un movimiento que busca la superioridad de las mujeres. Esencialmente el feminismo busca la igualdad, no dominación de un género sobre otro. * Un movimiento homogéneo. Existen diferentes corrientes dentro del feminismo, cada una con sus enfoques y estegias. CAPÍTULO SEGUNDO Para que los motores no se calienten demasiado, vamos a dejar que se refresquen. Apuntando, pues, en otra dirección, diremos, como se deja ver en los nombres de mis hijos, que nos encontramos en el centro de Vitoria, por lo que, en primer lugar, hablaremos de su clima. El territorio municipal de Vitoria/Gasteiz se ubica en la región climática denominada subcantábrica. Se trata de un clima de transición entre el mediterráneo del interior y el oceánico, si bien la influencia dominante es atlántica. La pluviometría media es de 472 mm al año. Hoy en Vitoria/Gasteiz se registra calima con cielo despejado esta mañana, con temperaturas alrededor de 23ºC. Por la tarde, se registrarán lluvias débiles con cielo parcialmente nuboso y con temperaturas en torno a los 30ºC. La temperatura media en verano es de 18ºC y en invierno de 8ºC. Las temperaturas son moderadas durante todo el año. Llueve con más frecuencia en primavera y otoño, y aparece algo de nieve en invierno. Así, pues, nos encontramos en la primavera de Vitoria, concretamente en su mes de mayo. El mal pronóstico que ofrece Euskalmet para la tarde, determinará que nos quedemos en casa con una agradable conversación. La Agencia Vasca de Meteorología en el pronóstico que hace para el día de mañana, anuncia posibles chubascos tormentosos que podrían ser localmente fuertes y con granizo, por lo que evidentemente en casita es donde mejor estamos. Vitoria-Gasteiz es la capital del País Vasco y de la provincia de Álava. Con 258.000 habitantes, es una ciudad intermedia, compacta, enclavada en un entorno de gran riqueza biológica y paisajística y con una elevada calidad de vida.La ciudad se alza a 525 m sobre el nivel del mar, en la orilla sur del río Zadorra. Si nos preguntamos cuáles son los lugares que tienes que ver en esta Ciudad, contestaríamos que el Casco Viejo y la Catedral de Santa María, el Ensanche, la Plaza de la Virgen Blanca y la Plaza de España, el Parque de la Florida y el Parlamento vasco. En un tono serio, diremos que se trata de la capital política e institucional de la Comunidad Autónoma del País Vasco; además, es la capital de la provincia de Álava. Se encuentra en el corazón de la gran cuenca de La Llamada, que dista 351 km de Madrid, la capital del Estado. Consta de las poblaciones de Abechuco, Arcaya, Argandoña, Armentia y Arriaga. Fundación visigoda, conocida con el nombre de Gasteiz, sobre la que el monarca navarro Sancho VI el Sabio fundó la Nueva Vitoria, en el año 1181. En el siglo XIII fue entregada a la Corona de Castilla bajo el reinado de Alfonso VIII, abandonando su original carácter de plaza fuerte para convertirse en una próspera ciudad artesanal y comercial, a lo que contribuyeron de forma esencial sus habitantes judíos. Entre los años 1368 y 1373 perteneció de nuevo al Reino de Navarra, y a mediados del siguiente siglo Juan II de Castilla le otorgó el título de ciudad. A finales del siglo XVIII su desarrollo económico la obligó a extenderse por la llanura, hecho que sigue produciéndose a lo largo de todo el siglo XIX y del XX. La ciudad de Vitoria-Gasteiz presenta un casi perfecto y armonioso trazado urbano en el que se diferencian dos partes: la parte vieja, con su barrio gótico; y la nueva, en la llanura, ambas unidas mediante el paseo de los Arquillos con sus largas arcadas del siglo XVIII, manteniendo un gran equilibrio entre lo antiguo y lo moderno. Y, aquí dejamos esta interesante descripción de la ciudad de Vitoria. Por lo que volvemos al meollo que nos ocupaba desde el principio, es decir, el feminismo. Al cabo de un rato, se hace con la palabra Ricardo, quien nos dice lo siguiente sobre el feminismo: - Como movimiento social ha buscado promover los derechos de las mujeres basándose en su sexo, incluyendo derechos civiles y políticos como votar y ocupar cargos públicos; derechos económicos como recibir igual remuneración por igual tarea; ejercer las potestades propias del derecho privado, tales como suscribir contratos; derechos sociales, como recibir una educación, ejercer sus derechos reproductivos y proteger a otras mujeres de diferentes formas de violencia como el abuso, el acoso sexual y la violencia doméstica. El feminismo, además, ha jugado un rol importante en denunciar y cambiar los estereotipos de género. A medida que el movimiento feminista adquirió relevancia en el mundo académico, fue generando un cuerpo teórico que ha dado lugar a la aparición de disciplinas, como la geografía feminista, la historia del feminismo o los estudios de género. La filosofía política feminista sirve como campo para desarrollar nuevos ideales, prácticas y justificaciones sobre cómo debería organizarse y reconstruirse las instituciones. También se han formado por grupos organizados, desarrollándose históricamente en una sucesión de etapas o fases, a las que se ha denominado “olas”. En cada fase u “ola” se han desarrollado ideas y conceptos , teorías, estrategias, acciones y corrientes muy diversas, por lo que se utiliza, en algunos casos la noción de “feminismos” para denotar esa diversidad. Como movimiento de transformación de la sociedad, tiene una vocación de influencia sobre la forma en la que se conceptualiza la realidad en el discurso científico. A lo largo de los años se han desarrollado numerosos movimientos e ideologías feministas que representan distintos puntos de vista y objetivos. Tradicionalmente, desde el siglo XIX, el feminismo liberal de la primera ola que buscaba la igualdad política y jurídica a través de reformas dentro del marco de la democracia liberal se contraponía a los movimientos de mujeres proletarias del movimiento obrero que, con el tiempo, se convirtieron en el feminismo socialista y el feminismo marxista basados en la teoría de la lucha de clases. Desde la década de 1960, ambas tradiciones se contraponen también al feminismo radical, que surgió del ala radical del de la segunda ola del feminismo y que reclama una reordenación radical de la sociedad para eliminar al supremacismo masculino. Estas tres corrientes se denominan a veces como las "tres grandes" escuelas de pensamiento feminismo. Desde finales del siglo XX, han surgido muchas formas nuevas de feminismo, siendo algunas de las mismas criticadas por tener en cuenta únicamente las perspectivas de las mujeres blancas, de clase media y/o clase alta, con estudios universitarios, heterosexuales o cisgénero. Estas críticas han llevado a la creación de formas de feminismo étnicamente específicos o multiculturales, como el feminismo negro y el feminismo interseccional. Algunos sectores del movimiento, especialmente los alineados con el feminismo radical, han sido criticados por cometer vandalismo, y han sido catalogadas como grupos de odio por promover actitudes y prejuicios. Su esposa Mertxe saldrá a la palestra, pues va ha encargarse de aclararnos algunos conceptos: - De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), el género se refiere a los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. En el pensamiento feminista, los estudios sobre el género lo son de las distintas posiciones (epistemológicas, políticas, etc.) que, con base en el dimorfismo sexual, han sido configuradas social y culturalmente. En resumen, en filosofía, el género es un concepto multidimensional que abarca aspectos biológicos, sociales, culturales e individuales de la identidad y la experiencia de los seres humanos. - Por otro lado, el patriarcado es un orden social asentado sobre el poder del padre de familia, donde las mujeres están sometidas y son dominadas por los varones. Este orden ha estado justificado desde tiempos inmemoriales como vemos en los mitos, como por ejemplo, en el mito de Pandora. - En otro sentido, el androcentrismo es la visión del mundo que sitúa al hombre como centro de todas las cosas. Esta concepción de la realidad parte de la idea de que la mirada masculina es la única posible y universal, desjerarquizando e invisibilizando otras perspectivas posibles, como la mirada femenina. Dicho lo cual, Gurutxe, que sale de una especie de letargo, nos da algunos datos sobre la historia del femenismo: - Los estudios feministas europeos, entre los que destacan los que se realizan en idioma español, distinguen como primera fase la del feminismo e Ilustración, también llamada la polémica feminista. Una de las primeras mujeres filósofas con principios feministas fue Hiparquía, esposa de Crates de Tebas. Era miembro de la escuela cínica, por lo que se despojó de sus posesiones, familia y comportamiento acuerdo a la sociedad, dejó el rol tradicional dado a la mujer y comenzó a vestir ropa de hombre a modo de no seguir las tradiciones de la sociedad griega. Teodoro el Ateo, que se reía de ella, le preguntó por qué no se dedicaba a las tareas propias de su sexo. Hiparquía, consciente de lo que podía haber de revolucionario en su actitud, le respondió: «¿Crees que he hecho mal en consagrar al estudio el tiempo que, por mi sexo, debería haber perdido como tejedora?». Si bien las polémicas sobre la mujer se remontan hasta la Edad Media y aunque arrancan con el preciosismo, siendo de destacar la obra de Poullain de la Barre (1673), es en el siglo XVIII cuando la polémica sobre igualdad y diferencia entre los sexos se plantea con un discurso crítico, a través de la filosofía de la Ilustración, que era contemporánea. El detonante fue la publicación de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de Olympe de Gouges en 1791 y la obra Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft (1792). La segunda ola fue el feminismo liberal sufragista, centrado en el derecho al sufragio y a la educación. Fue un interregno, después de las Guerras, con la llamada mística de la feminidad. La tercera ola comienza en los años setenta con lo que las feministas llamaron «el malestar que no tenía nombre», y el análisis del patriarcado, los techos de cristal, así como la situación de las mujeres en el resto del planeta donde no se reconocen los derechos humanos que se declararon universales e inalienables. En esta tercera ola sigue el feminismo, que es un internacionalismo, en la segunda década del siglo XXI. Otra cronología distingue, la primera ola, que apareció a finales del siglo XIX y principios del XX y se centró mayormente en el logro del derecho al sufragio femenino; la segunda ola aparece en los años 60 y 70 y se centra en la liberación de la mujer; por último, la tercera ola comienza en los años 1990 y se extiende hasta hoy en día, y constituye una continuación y una reacción a las lagunas que se perciben en el feminismo de la segunda ola. CAPÍTULO TERCERO Pero para pausar debidamente la discusión sobre el feminismo, ahora vamos a sacar nuestros lápices de colores para aplicarlos en la configuración de nuestros cuatro personajes. Respetando un orden natural, empezaremos hablando de Ricardo. Éste, aparte de ser el padre, era militante de base del P.S.O.E., por lo que ahora pueden comprenderse sus múltiples estudios del género. Desde luego, no se trataba de ningún osado o, más propiamente, de ningún putero. Ricardo, propiamente era Sociólogo, y había escrito algunos artículos para el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), por lo que era, en definitiva, un buen profesional. Su estudio clave era ¿Qué es el género según las ciencias sociales?, que encontraría su forma definitiva en el año 2002. Todo esto no constituía ningún secreto en su familia, por lo que en este momento Gurutxe le preguntaría sobre: - La cuestión del género en las ciencias sociales, en la psicología, etc. Ricardo se llenará de paciencia y le responderá a su hija lo siguiente: - El género es sin duda uno de los más importantes conceptos en ciencias sociales, se refiere e un sistema complejo de relaciones humanas que toma como unidad de investigación la interacción entre dos grupos, hombres y mujeres. Más rápido que un rayo, sonará la voz de Aitor: - ¿Qué es el género según la ciencia? Ricardo vuelve a la carga: - De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), el género se refiere a los conceptos sociales de las funciones, comportamientos, actividades y atributos que cada sociedad considera apropiados para los hombres y las mujeres. El vocablo género (del latín, genus, -eris) es un término técnico específico en las ciencias sociales que alude al “conjunto de características diferenciadas que cada sociedad asigna a hombres y mujeres. Remite a una categoría relacional y no a una simple clasificación de los sujetos en grupos identitarios, según la OMS, se refiere a “los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y mujeres”, orientado a visibilizar aquellas diferencias y desigualdades sociales entre hombres y mujeres que provienen del aprendizaje, así como los estereotipos, los prejuicios y la influencia de las relaciones de poder en la construcción de los géneros. Aunque Mertxe ya se ha leído todos los trabajos de su marido, es el momento de preguntar: - ¿Qué es el enfoque de género en ciencias sociales? Ricardo se limita a decirle: - Cuando se habla de perspectiva de género, se hace alusión a una herramienta conceptual que busca mostrar que las diferencias entre mujeres y hombres se dan no sólo por su determinación biológica, sino también por las diferencias culturales asignadas a los seres humanos. Siguiendo un escrupuloso orden de intervención, Aitor agotará su turno planteando la siguiente pregunta: - ¿Cuáles son los tres conceptos básicos de género? Ricardo la aborda en los siguientes términos: - * La identidad de género: Es la percepción que cada persona tiene sobre sí misma en cuanto al género, y puede o no coincidir con las características sexuales. * Estereotipos de género… * Perspectiva de género... * Igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres... Sin embargo, Ricardo va a facilitarnos su estudio del género: - Se trata entonces de una construcción social y no de una separación de roles natural e inherente a la condición biológica de los sujetos —características anatómico-fisiológicas—, por lo que la analogía o sinonimia semántica entre los términos «género» y «sexo» es errónea. Dentro de las causas de la confusión de "género" y "sexo", se ha señalado la prolongada práctica de socializar lo biológico y biologizar lo social;tal posición no sería aislada,y su frecuencia ha llevado a que algunos investigadores reconozcan que el término «género» sea «mal utilizada como sinónimo culturalista de sexo, a tal punto que no es infrecuente oír hablar de dos «géneros», el género femenino y el masculino, como si existiera una correspondencia exacta y automática con los sexos femenino y masculino.Diversas culturas, tanto antiguas como actuales, han reconocido la existencia de más de dos géneros, negando el binarismo de género, así como la posibilidad de las personas de alternar entre géneros,en tanto que algunas corrientes proponen la supresión del género mismo.Las personas que no se sienten identificados con un género en particular y alternan diversas identidades de género, se denominan de "género fluido" (gender fluid). - Si bien algunas personas consideraron que la palabra inglesa gender no debía traducirse al español como "género",el Diccionario panhispánico de dudas indicó en 2005 que este significado del término era válido en la lengua española, al igual que expresiones como estudios de género, discriminación de género y violencia de género, siempre que se utilizasen con un sentido técnico.Finalmente el concepto fue incluido en la edición de 2014 del Diccionario de la lengua española, indicando que el tercer significado de la palabra "género" se refiere al "grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendido este desde un punto de vista sociocultural en lugar de exclusivamente biológico". Ocupándonos ya de Mertxe, que con 43 años hace ya un tiempo que abandonó sus estudios universitarios, por lo que no era un ama de casa a la antigua usanza. En principio, vamos a ver qué se entiende por carácter. Este término posee distintas acepciones: puede utilizarse para designar la conducta general de la persona dentro de las relaciones sociales, la naturaleza del humor habitual del sujeto o una disposición afectiva o emocional predominante. Si se tienen en cuenta estas tres acepciones, es posible definir el carácter como la manera de ser de una persona en cuanto a sus actitudes generales, a su forma de entender las relaciones interpersonales y sociales, y a sus reacciones ante la vida en general. El carácter forma parte de la personalidad del individuo como atributo diferenciado de la misma. Henri Ey entiende el carácter como la fisonomía original de la individualidad psíquica, que es un sistema lo bastante invariable como para identificar el hábito, el estilo de reactividad de cada uno de nosotros. Nuestro carácter es el resultado de una elaboración personal, de una cierta forma de reacción que, basándose en nuestro temperamento y nuestro biotipo, los trasciende. Nuestro carácter resulta de este conflicto con nosotros mismos, lo que nos hace ser y parecer lo que somos, lo que hemos venido a ser y lo que queremos ser. Por otra parte, el temperamento es el conjunto de aspectos de la personalidad de tipo emocional y afectivo que dependen de factores constitucionales y que llevan a la persona a desarrollar un tipo de respuestas característico. En otro sentido, la personalidad se puede enmarcar dentro de un conjunto de procesos y de sistemas comportamentales estrechamente relacionados entre sí, pero existe un gran desacuerdo a la hora de definirla. La personalidad representa la estructura intermedia que la psicología necesita interponer entre la estimulación del medio y la conducta con que los sujetos responden a ella, para dar razón del modo individualizado en que lo hacen. Como ya se ha dicho, la manera de dar razón a esa estructura varía de unas escuelas a otras. Así, pues, Mertxe, por causa de su fracaso universitario, posee un desorden de la personalidad, que es un grupo de síndromes de conducta mal adaptada, caracterizado por modelos de personalidad anormal que producen modos anormales de percibir el mundo, relacionarse con él o pensarlo. Los pacientes no suelen sufrir generalmente ansiedad o depresión, sino que su conducta desviacionista parece estar intrínsecamente relacionada con sus personalidades y caracteres. Debido a esta imbricación tan estrecha de los modelos desviados de conducta en su personalidad, suelen ser enormemente refractarios a la modificación de los mismos y su tratamiento. Aitor, por su parte, posee 20 años, por lo que hace tres años que se enganchó a la Universidad estudiando Ciencias de la salud, la antigua “medicina”. La Universidad del País Vasco es un centro público creado en 1980. Adopta un emblema diseñado por Eduardo Chillida e incorpora al mismo un célebre verso de Iparragirre -Eman ta zabal zazu- que alude a la vocación universal de la cultura vasca. Con 45.000 alumnos, la UPV/EHU es responsable del 95% de la investigación que se desarrolla en Euskadi y ha generado ya un cuarto de millón de titulados en diferentes áreas de conocimiento. Distribuida en tres campus -uno por cada uno de los territorios históricos de la actual Comunidad Autónoma Vasca-, cuenta con 31 facultades y escuelas. Dicho lo cual, señalaremos que es un chico muy activo, con una gran curiosidad y muy introvertido. Un introvertido es una persona que tiende a centrarse en sus propios pensamientos y sentimientos, prefiriendo ambientes tranquilos y menos estimulantes. Contrario a la extroversión, la introversión se caracteriza por una inclinación hacia el mundo interior, la intropección y la reflexión. Los distintos tests de inteligencia destacan su gran talento, como se puede visualizar en sus clases prácticas. Este chico sigue muy de cerca la carrera del padre, aunque él, por ahora, no se ha afiliado a ningún partido político. Por último, Gurutxe, que tiene 23 años, acaba de terminar sus estudios universitarios en Artes. Solía frecuentar el ARTIUM de Vitoria, donde se encontraba como en casa. El Museo de Arte Contemporáneo del País Vasco-Artium Museoa es un museo dedicado al arte y la cultura contemporáneas, que está ubicado, como se ha dicho, en Vitoria. El Museo cuenta con una importante colección de arte vasco y español de los siglos XX y XXI, y un fondo con cerca de 3.000 piezas. Esta chica destaca por su enorme sensibilidad. Tener sensibilidad se refiere a la capacidad de percibir y reaccionar a estímulos tanto físicos como emocionales, y sea del entorno o de uno mismo. Implica una mayor conciencia de los detalles, las emociones y las experiencias, tanto propias como ajenas. El tacto es la sensibilidad más generalizada y comprende la sensibilidad cutánea (sensibilidad al dolor, la presión o la temperatura). La sensibilidad es un rasgo de la personalidad que hace referencia a una mayor perceptibilidad sensorial y emocional. Según cómo la persona perciba y entienda esta capacidad sensitiva, puede tener implicaciones diferentes. CAPÍTULO CUARTO Este capítulo cuarto, que parece darse por sentado, se debe exclusivamente a la redacción de Ricardo, que nos habla de pasada de su concepto de género, aunque lo esencial de su pensamiento ha sido expuesto en el capítulo tercero. No obstante, el concepto es muy amplio, por lo que Ricardo le ha dedicado también este capítulo cuarto. Este escribe ampliamente lo siguiente: El concepto de género de utilización relativamente novedosa, establece una distinción entre hombres y mujeres en términos culturales, sociales y psicológicos. De esta manera, el empleo de la palabra sexo ha sido relegado puesto que únicamente denota una distinción de carácter principalmente biológico entre los sexos, lo que plantea una serie de problemas importantes al analizar los roles sociales que desempeñan tanto los hombres como las mujeres en las sociedades modernas. Esta actitud es resultado del progresivo surgimiento de una conciencia más abierta y tolerante en un ámbito considerado hasta hace poco como un tabú. Con este cambio de definición se trata de reafirmar que, por encima de los condicionantes biológicos y fisiológicos, se encuentra la voluntad de los individuos para desempeñar aquellos roles sociales con los que él mismo se encuentra más identificado. A ello se viene a añadir la circunstancia de que numerosas diferencias, que tradicionalmente se han establecido entre los sexos, poseen un origen social o cultural, lo que en la actualidad impide atribuirlas con certeza a uno u otro sexo. Una de las cuestiones que más ha atraído a psicólogos y sociólogos en relación a la problemática del sexo y el género consiste en analizar hasta qué punto funciones tradicionalmente atribuidas a alguno de los sexos les corresponde por naturaleza, o si, más bien constituye una atribución que se realiza por causas de diversa índole, diferentes a las de carácter biológico. Existe la creencia generalizada, apoyada por estudios de carácter científico, dentro del ámbito de la sociobiología que parecen abundar en esta dirección. Así, se afirma que, tradicionalmente, los niveles de agresividad del varón son superiores; mientras que la mujer tiende a adoptar una actitud más pasiva, situándose a la expectativa de lo que hace el hombre. Sin embargo, no resulta tan evidente corroborar científicamente si esta diferencia en el comportamiento es consecuencia de factores biológicos o socioculturales adquiridos. Mientras que, por un lado, existen pruebas fehacientes de que la mujer se dedica al cuidado de los hijos y al mantenimiento del hogar como resultado de un claro y constante proceso de aprendizaje social, existen otros indicios aportados por biólogos que asocian ciertas hormonas, como la testosterona, a un incremento de la actitud violenta y de consiguiente dominación. Sin embargo, se presupone que el factor social atenúa esta relación simple y lineal que describiría el comportamiento masculino tipo, puesto que existen numerosos factores que tienden a condicionar esta predisposición a adoptar actitudes violentas y de predominio. Existe un amplio consenso en relación a la influencia que posee el aprendizaje social durante las primeras edades de los niños en la determinación del rol sexual que desempeñarán en el futuro. Este proceso inicial de conocerse a si mismo y ubicarse en su entorno en función de su género posee la principal característica de ser inconsciente, y tiene lugar con anterioridad a que el niño o la niña adquiera conciencia de su género. El entorno inmediato tiende a tratar a unos y a otros de manera diferente (color de ropa, tono de voz, etcétera), percibiendo el niño esta circunstancia con suma claridad. Únicamente, cuando alcanzan la edad de dos años, los niños o niñas comienzan a percibir con distinción las diferencias de género y su especificidad, aunque no será hasta los cinco años cuando tomen conciencia de que el género constituye una característica inmutable y permanente, sustentada sobre una diferenciación claramente fisiológica. Durante este temprano período del desarrollo de los seres humanos, los padres, educadores y familiares destacan frecuentemente cuáles son las diferencias que existen entre ambos sexos y los comportamientos propios de cada uno de ellos. Cuando el niño ingresa en la escuela, ya es plenamente consciente de su identidad en relación al género. Durante la infancia, la escuela se convierte en un factor de socialización fundamental que refuerza el rol social que ha de desempeñar el niño o la niña de acuerdo a su género. En la actualidad, esta circunstancia se ha atenuado puesto que en las escuelas modernas no suelen existir asignaturas impartidas específicamente para un género u otro. Pero, en el pasado, las niñas aprendían a coser, mientras que los niños desarrollaban actividades relacionadas con trabajos manuales tradicionalmente masculinos, como por ejemplo la carpintería. A nivel psicológico, en la propia escuela, también se intentaban destacar una serie de características estereotipadas tanto masculinas como femeninas. De esta manera, en los alumnos se procuraba destacar su carácter decidido y activo, mientras que entre las alumnas se fomentaban actitudes propias de un carácter pasivo e inhibido. El papel que desempeñará posteriormente el grupos de amigos (o grupo de pares) será de capital importancia en su desarrollo e interiorización de su condición según el género. Con frecuencia, el grupo de pares refuerza estos valores estereotipados atribuidos a hombres y mujeres según su condición. Aquellos jóvenes que no asumen o aceptan los condicionamientos derivados por su condición sexual primigenia, y que el grupo de pares promueve, suelen ser sometidos a un aislamiento social considerable entre los miembros de su grupo de edad. Se han desarrollado numerosas teorías para explicar la forma en que surge la conciencia de género. La más conocida fue la elaborada por Sigmund Freud, cuya perspectiva para explicar la diferencia de sexos se fundamenta en torno a la posesión o carencia del pene por parte de los niños, lo que determinará a nivel simbólico e imaginario la pertenencia a un sexo o a otro según este autor. En la fase edípica inicial, el niño se siente competidor del padre en relación a la madre y considera a nivel inconsciente principalmente que éste le desea cortar el pene. La niña desarrolla un sentido de frustración por no disponer de pene como su padre, por lo que comienza a desarrollar un sentimiento de inferioridad en el que incluye a su madre por carecer también de él. Las críticas que se han realizado a este planteamiento consiste en la relación excesivamente lineal que establece Freud entre el desarrollo de la identidad de género y la genital. En suma, se pone en duda que la evolución de la conciencia sexual de los niños esté vinculada a una exclusiva variable en la práctica. Por otro lado, Freud parece atribuir una superioridad innata al pene en detrimento de la vagina sin que medie ningún tipo de argumentación científica en este hecho. Probablemente, ello es más reflejo de la moral de una época que el resultado de observaciones empíricamente constatables. Nancy Chodorow, por su parte, desarrollará una teoría alternativa fundamentada sobre el proceso de aprendizaje de los niños y que se produce a una edad mucho más temprana que la señalada por Freud. Los niños poseen una vinculación mucho más estrecha con las madres por el papel socio-familiar que tienen asignados. Este vínculo debe romperse en un momento concreto, aunque se produce de forma distinta para los niños que para las niñas, con las cuales las madres mantienen una vinculación muy particular. La identidad del niño comienza a reforzarse a partir del instante en el que se separa de la madre, concluyendo esta autora que es la masculinidad la que debe ser entendida como una pérdida y no la feminidad. La principal crítica que se realiza a este planteamiento es que el complejo de influencias determinante que recibe tanto el niño como la niña resulta mucho más complejo del que esta reconocida autora señala en sus estudios. CAPÍTULO QUINTO Por su parte, Aitor, transcurrido un tiempo, en estos momentos se llena de valor y pregunta: - ¿Cuál es el origen del Día Internacional de la Mujer? Evidentemente, le contesto yo mismo: - Los orígenes de este día datan de 1910, cuando un grupo de mujeres de 17 países se reunieron en Dinamarca con dos motivos: fortalecer el avance en la igualdad de género y la defensa de los derechos de las mujeres e impulsar la universalidad del voto femenino. Dicho lo cual, ya he hecho alusión a la ‘igualdad de género’, por lo que seguidamente les aclararé todo lo respecta al ‘género’, que hace referencia a las expectativas que tienen los miembros de una sociedad acerca del tipo de trabajos que son apropiados, o las posiciones de poder, prestigio o influencia que pueden ocupar hombres y mujeres, en razón, precisamente, de que unos son hombres y otras son mujeres. El género, en otras palabras, es una asignación de roles por razón de sexo, siendo lo tradicional esperar que los hombres se dediquen a la provisión de alimentos o recursos para la familia y las mujeres al cuidado y educación de la prole. Aunque pueda haber diferencias biológicas entre hombres y mujeres que hagan “natural” esta división del trabajo, estas diferencias biológicas no explican la variedad de situaciones sociales en que se encuentran unos y otras en distintas sociedades o en una misma sociedad a lo largo del tiempo. Por eso se dice que el género es una construcción social: porque, por encima de cualquier diferencia biológica que se quiera suponer, las sociedades estrechan o alargan el campo de actividades que las personas pueden ejercer lícitamente en razón de su sexo. Empleando otros términos, en el pensamiento feminista, los estudios sobre el género lo son de las distintas posiciones (epistemológicas, políticas, etc.) que, con base en el dimorfismo sexual, han sido configuradas social y culturalmente. La igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Se han conseguido algunos avances durante las últimas décadas, pero el mundo está lejos de alcanzar la igualdad de género para 2030.Las mujeres y niñas constituyen la mitad de la población mundial y, por tanto, también la mitad de su potencial. Pero la desigualdad de género prevalece y estanca el progreso social.De media, las mujeres ganan un 23 % menos que los hombres en el mercado laboral mundial y dedican el triple de horas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres.La violencia y la explotación sexuales, el reparto desigual del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado y la discriminación en los cargos públicos siguen suponiendo enormes obstáculos. Todas estas desigualdades se han visto agravadas por la pandemia de la COVID-19: han aumentado las denuncias por violencia sexual, las mujeres han asumido más trabajo de cuidados debido al cierre de escuelas, y el 70 % del personal sanitario y social del mundo son mujeres.Al ritmo actual, se calcula que se tardará 300 años en acabar con el matrimonio infantil, 286 años en subsanar las lagunas de protección jurídica y eliminar las leyes discriminatorias, 140 años en que las mujeres estén representadas en pie de igualdad en puestos de poder y liderazgo en el lugar de trabajo y 47 años en lograr la igualdad de representación en los parlamentos nacionales. Es necesario un liderazgo político, unas inversiones y unas reformas políticas integrales para desmantelar las barreras sistémicas que impiden alcanzar el Objetivo. La igualdad de género es un objetivo transversal y debe ser un elemento clave en las políticas, presupuestos e instituciones nacionales. Y, llegados aquí, Gurutxe tomará ahora la iniciativa, preguntando: - ¿Cuál es la historia del Día Internacional de la Mujer? Volviendo a la carga, le digo que: - El 8 de marzo de 1917, las amas de casa rusas provocaron revueltas para pedir el fin de la guerra y poder tener alimentos. A partir de ese año, los países comenzaron a instaurar este día hasta que, en 1975, la ONU declaró oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. No conforme del todo, Gurutxe soltará otro bombazo: - ¿Por qué no se debe felicitar en el Día de la Mujer? Y yo respondo que: - No se debe felicitar en el Día de la Mujer porque los colectivos feministas consideran que una felicitación, regalar chocolates o flores, lejos de empoderar el movimiento, invisibiliza las desigualdades que viven millones de mujeres en todo el planeta, en cambio solicitan que se difundan los derechos de las mujeres, cuestionar las diferencias que existen. El Día de la Mujer se celebra para recordar que las mujeres han luchado mucho tiempo por tener los mismos derechos que los hombres. Es un día para pensar cómo podemos hacer que todas las personas sean tratadas igual, sin importar si son niñas o niños. Por su parte, Mertxe que no está en la higuera, añade que: - Fue un 8 de marzo de 1917 (un 23 de febrero, según el calendario juliano que se utilizaba en Rusia), cuando las mujeres rusas se declararon en huelga, pidiendo Pan y paz. Cuatro días después, el zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Se toma esta fecha en recordación al 8 de marzo de 1857, cuando 129 obreras textiles de la fábrica Cotton de Nueva York fallecen en un incendio mientras se manifestaban en contra de la extensa jornada laboral, los bajos salarios, las precarias condiciones de trabajo y las diferencias que sufrían en comparación a los hombres. Según Gurutxe: - ¿Cómo decir feliz día de la mujer sin ofender? Momento en que yo contesto lo siguiente: - Se citan cinco premisas: • Hoy y siempre, honramos la contribución invaluable de las mujeres a la sociedad. • Mujeres: creadoras, líderes, inspiradoras… • El progreso no tiene género… • Las mujeres no necesitan ser salvadas, necesitan ser respetadas y apoyadas. • Hoy celebramos la fuerza silenciosa que cambia el mundo: la de las mujeres. Mertxe, haciéndose un lugar, preguntará por su parte: - ¿Por qué el Día Internacional de la Mujer no se festeja? A lo que yo salto que: - Al no ser un día de celebración y festejo, se recomienda que los hombres no regalen flores o algún tipo de presente con el pretexto del Día Internacional de la Mujer, teniendo siempre presente la razón del 8 de marzo. A diferencia de otras festividades marcadas en el calendario, el Día Internacional de la Mujer no se festeja. Por el contrario, es una fecha en la que se invita a recordar la lucha que han encabezado las mujeres desde hace décadas atrás. Más pausadamente, Mertxe apunta la historia de esta fecha, advirtiendo que: - El 8 de marzo de 1875, cientos de mujeres trabajadoras de una fábrica de textiles de Nueva York marcharon por las calles contra los bajos salarios, menos de la mitad de lo que cobraban los hombres. Esa jornada acabó con la vida de 120 mujeres debido a las brutales cargas policiales. El 8 de marzo de 1908, un suceso transcendental marcó la historia del trabajo y la lucha sindical en el mundo entero: 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declararan en huelga con permanencia en su lugar de trabajo. En 1922, Vladimir Lenin declaró el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer para honrar el papel de la mujer en la Revolución rusa de 1917; posteriormente, el movimiento socialista y los países comunistas lo celebraron en esa fecha. La festividad se convirtió en una fiesta mundial generalizada tras su promoción por las Naciones Unidas en 1977. La misma Mertxe nos da las siguientes frases famosas del Día de la Mujer: - “Una mujer con voz es, por definición, una mujer fuerte”, frase de Melinda Gates. “Las mujeres tienen derecho a estar en todos los lugares donde se toman decisiones”, frase de Ruth Bader Ginsburg. Y, por último, “El poder que tienes es ser la mejor versión de ti misma que puedas ser, para poder crear un mundo mejor”, frase de Ashley Rickards. Un pequeño lema para el Día de la Mujer es el siguiente: “¡Levantaos, mujeres del mundo! ‘Celebremos la diversidad, celebremos a las mujeres’.” Aitor, que no quiere entrar en trifulcas, se pregunta: - ¿Cuál es el color que distingue al Día de la Mujer? A lo que yo silabeo las siguientes frases: - Comencemos señalando que el color morado se ha utilizado tanto el día 8 de marzo por el Día internacional de la Mujer, y también se ha utilizado el 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Por otra parte, ¿cuáles son los Derechos Humanos de las Mujeres? Los diez Derechos Humanos de las Mujeres son: • Derecho a la Educación • Derecho a la Salud. • Derecho al Desarrollo. • Derecho al Trabajo. • Derecho a la Participación Política. • Derecho a una Vida Libre de Violencia. • Derechos sexuales y Derechos Reproductivos. - El 9 de marzo de 1994 la Comisión de Derechos Humanos de la ONU condenó por primera vez formalmente el antisemitismo y la xenofobia, por lo que la historia también es noticia. En el ambiente resuena la petición que dice: - ¿En España cuándo se autorizó la matriculación de las mujeres en una universidad? Responderá Mertxe, quien domina los aspectos históricos: - El Decreto del 8 de marzo de 1910 fue un real decreto en España que autorizó por igual la matrícula de alumnos y alumnas, permitiendo acceder a ambos sexos a la Enseñanza Superior en igualdad de condiciones. En el ambiente hierve el asunto del lazo lila, fijándose que: - La leyenda sostiene que el color del humo que salía del incendio era morado ya que las telas con las que estaban trabajando en la fábrica eran moradas, por lo que se habría adoptado ese color en el lazo en homenaje a las mujeres fallecidas. Hoy en día resulta imposible ver un lazo lila y no pensar en la lucha por los derechos y la igualdad de las mujeres. Tras muchas huelgas, reivindicaciones y heroínas que se han dejado la piel para mejorar la situación de todas, el lazo lila se ha consolidado como símbolo de la lucha feminista. Se deja muy claro que: - Los motivos más frecuentes de discriminación son la apariencia, las creencias religiosas y el sexo para las mujeres; en contraste, para los hombres son la apariencia, la manera de hablar y la edad. A nivel nacional, sólo el 17.3% de las mujeres de 18 años y más perciben mucho respeto hacia los derechos de las mujeres. CAPÍTULO SEXTO Aitor llevará el tema a otro campo, preguntando, aunque este tema ha sido profundamente tocado: - ¿Qué es el feminismo? Tema del que me hago cargo yo mismo: - El feminismo es un movimiento político, social, académico, económico y cultural, que busca crear conciencia y condiciones para transformar las relaciones sociales, lograr la igualdad entre las personas, y eliminar cualquier forma de discriminación o violencia contra las mujeres. Dentro del concepto del feminismo, destacamos el respeto a la mujer. Es decir, el valor que en la sociedad se le debe dar a la mujer por ser persona que toma decisiones propias y asume responsabilidades, al igual que el hombre. Pero este punto merece una batalla detallada, por lo que yo mismo asiento lo que sigue. El feminismo representa el conjunto de posiciones en todas las ramas del saber, incluida la filosofía, que denuncia, en primer lugar, el sesgo que la cultura occidental ha sufrido debido a la preponderancia cultural, social e institucional de los varones y que propone, en segundo lugar, análisis distintos en diversos campos a la luz de una diferente, y no desigual, consideración de los géneros. El feminismo de la igualdad propone que la igualdad real de géneros (en el disfrute de derechos y en la estructura social) es la estrategia para tal programa, mientras que el feminismo de la diferencia reclama que las mujeres tienen una visión, percepción o actitud ante los problemas, diferente a la de los hombres y que aquella debe ser promovida frente a ésta. Volviendo a los aspectos históricos, Mertxe defiende que: - Fue el 8 de marzo de 1910 cuando se permitió por primera vez la matriculación de las mujeres en las universidades públicas. En otro sentido, la primera manifestación autorizada en España por el 8 de marzo tras la Guerra Civil, fue en 1978, pero un año antes ya se celebró un acto en el Pozo del Tío Raimundo, en Madrid, en el que se dio un mitin, convocado por la plataforma de organizaciones feministas. Llegó el 8 de marzo de 1978. Con total claridad, el panorama es el siguiente: - Las mujeres cuentan solo con dos tercios de los derechos que tienen los hombres. De hecho, los 3.900 millones de mujeres en el mundo enfrentan obstáculos legales que afectan a su participación económica. En otro sentido: - El feminismo es un movimiento por los derechos de las mujeres con el objetivo de terminar con la subordinación femenina fruto del sistema patriarcal de dominación masculina. A la hora de definir ambos conceptos, machismo y feminismo, es importante tener en cuenta que feminismo no es lo opuesto a machismo. Por el contrario, el feminismo es un movimiento social e ideología que reivindica el rol de la mujer en el ámbito privado y público. Dejaremos bien claro que el machismo es un término de uso social y académico que engloba al conjunto de actitudes, normas, comportamientos y prácticas culturales que refuerzan y preservan la estructura de dominio masculino y hetero normado sobre la sexualidad, la procreación, el trabajo y los afectos. El machismo es una ideología que considera a la mujer un ser inferior en uno o varios aspectos con respecto al hombre. El machismo se basa en un conjunto de creencias, prácticas sociales, conductas y actitudes que promueven la negación de la mujer como sujeto. Los ámbitos en los que se margina al género femenino pueden variar y en algunas culturas se dan todas las formas de marginación al mismo tiempo. Podemos hallar las raíces del término en la palabra macho, que designa a los individuos masculinos de cualquier especie. Esta ideología no solamente atenta contra el género femenino, sino contra todas aquellas actitudes catalogadas como femeninas que desarrolle un individuo de cualquier género. El machismo desprecia toda actitud o forma de vida de un varón que no esté alineada con el estereotipo de masculino: fuerte, superior, proveedor. Estos simplificados criterios han sido empleados como fundamento para elaborar esquemas sociales estereotipados sobre los que asentar la superioridad innata del hombre, por razón de las funciones que desempeña en el mantenimiento del núcleo familiar y por razones de carácter biológico o fisiológico. Desde esta perspectiva, incluida por las tesis del Darwinismo social, se sostiene que el hombre ha ido desarrollando, a través de la evolución, una serie de facultades naturales asociadas a la agresividad e inteligencia. Mientras que la mujer, supuestamente, no habría necesitado poseerlas puesto que no las requería para el desempeño de sus funciones. De esta manera, el hombre se fue convirtiendo en sujeto, mientras que la mujer quedaba reducida a objeto histórico, social y económico. El progresivo cambio de roles en las sociedades modernas está permitiendo que esta perspectiva tradicional se vaya alterando. Un factor elemental para esta modificación de valores estereotipados lo constituye la progresiva incorporación de la mujer al mundo del trabajo. Su incorporación en las sociedades industriales avanzadas tras la Primera Guerra Mundial, ha traído como consecuencia que, a medio y largo plazo, estas desempeñen ocupaciones y tareas que, hasta ese momento, le habían estado vedadas. Y, lo que es más importante, se proceda a la reestructuración de los hábitos y costumbres dentro del seno familiar con el consiguiente reparto de tareas domésticas y responsabilidades familiares entre ambos sexos o entre todos los miembros de una familia sin que en esa distribución medien discriminaciones de componente sexista. El término machismo se utiliza hoy en día, principalmente, para referir aquellos comportamientos discriminatorios de los varones con respecto a la mujer en sus relaciones interpersonales, ya sea en el ámbito laboral, familiar o comunitario. El vocablo sexismo vino a sustituir al anterior en tanto refiere a la desigual e injusta estructura de poder existente en las sociedades humanas que impide un igualitario ascenso social a mujeres y hombres. En otro orden de cosas, volviendo al feminismo, apuntaremos que las implicaciones que en el mundo del pensamiento ha tenido el movimiento de liberación de las mujeres han sido muy amplias. Las feministas han creado un discurso nuevo desde el que actualmente abordan con una perspectiva revolucionaria tanto las cuestiones relacionadas con la ciencia como las relacionadas con la filosofía. En el ámbito de la literatura, los estudios feministas han producido el rescate de los escritos de mujeres para intentar crear con ellos la genealogía de la expresión de la experiencia femenina. Se ha revisado asimismo el sexismo en el lenguaje y las formas lingüísticas que coadyuvan al sometimiento y ocultación de las mujeres desde un punto de vista simbólico y material. Esta renovación ha incluido de forma preferente a los estudios históricos sobre las mujeres y a una renovación epistemológica de la ciencia histórica. La historia de género ha rescatado del olvido el pasado de las mujeres y las estrategias de sometimiento del patriarcado, mientras que la historia feminista, más cercana al feminismo de la diferencia, se esfuerza actualmente por rescatar la experiencia femenina en la historia, sus formas de expresión y sus espacios de libertad dentro del patriarcado. En el resto de las ciencias sociales y de la educación, las feministas han incorporado nuevas perspectivas de análisis científico. La antropología, la psicología, la sociología o la economía se han poblado de estudios centrados en las mujeres desde la década de los ochenta. Sin embargo, esta efervescencia creativa ha implicado casi únicamente a mujeres. La ciencia se ha opuesto a incorporar los hallazgos epistemológicos de los estudios feministas al corpus de las disciplinas científicas. En la mayoría de los países occidentales, los estudios feministas siguen desarrollándose en los ámbitos reducidos de los grupos feministas universitarios, y su discurso renovador permanece marginal ante la resistencia de la Academia científica. Ya en otro momento, Mertxe, que se estrelló en sus estudios de Geografía e Historia, nos puntualiza que: - Las 5 formas de respetar a las mujeres son doce acciones con gran impacto para la Generación de la Igualdad: • Compartir el cuidado… • Denunciar los casos de sexismo y acoso… • Rechazar el binarismo de género… • Exigir una cultura de igualdad en el trabajo… • Ejercer tus derechos políticos… • Comprar con responsabilidad. Los valores principales de las mujeres son honestidad, libertad y familia. Las mujeres deben poder vivir sin temor a la violencia de género, que abarca la violación y otros actos de violencia sexual, la mutilación genital femenina (MGF), el matrimonio forzado, el embarazo forzado, el aborto forzado y la esterilización forzada. CAPÍTULO SÉPTIMO Ante las preguntas de mis hijos, respecto al caso español se observa que. - Acerca de la primera mujer en ir a la universidad en España, corría el año 1872 y la joven Maria Elena Maseras Ribera, hija de un veterinario y una maestra de Vila-Seca (Tarragona), logró matricularse en la facultad de Medicina como sus hermanos mayores. Aprovechó un vacío legal en la facultad, ya que tenía un permiso del rey Amadeo de Saboya para cursar Bachillerato. A finales del siglo XIX, el camino para el acceso de todas las mujeres a instituciones educativas estaba en proceso. Elena Maseras terminó sus estudios en 1878, pero no fue hasta 1882 cuando pudo obtener el título que le habilitaba. - Sin embargo, hay un sinfín de cosas mucho más simples que hasta hace cuarenta años una mujer no podía hacer en España. Por ejemplo, abrir una cuenta bancaria, comprar una casa o ¡evitar que un marido despechado diera a los hijos en adopción! En efecto, una abusiva ley dictaminaba que los hijos eran del padre, y punto. - El machismo es una actitud de prepotencia con respecto a las mujeres. El sexismo no es tan evidente. Es un comportamiento individual o colectivo que desprecia un sexo en virtud de su biología, perpetua la dominación de los varones y la subordinación de las mujeres. Sobre la mujer, en concreto, se puntualiza que: - La mujer que se respeta a sí misma está rodeada de personas positivas, es decir, que le hacen bien y llenan su vida de elementos esperanzadores. Recuerda que siempre habrá personas tóxicas que intentarán dañarte; sin embargo, esto es algo que no se debe permitir. Lo mejor es alejarse sin dar explicaciones. Ser mujer es sinónimo de resiliencia, fortaleza y, sobre todo, confianza: confianza en nuestras propias destrezas y capacidades. En la mayoría de los ámbitos, ser mujer implica que debemos trabajar más para alcanzar las mismas metas que los hombres y ello es sólo una prueba tangible de nuestro gran potencial. Una mujer que confía en sí misma no se compara con los demás ni se critica constantemente, sino que se acepta y se valora a sí misma. Una mujer segura de sí misma ve los obstáculos como oportunidades de crecimiento y aprendizaje, y confía en su capacidad para superarlos. Las mujeres tienen un papel fundamental en la sociedad y en la vida de las personas. Contribuyen en áreas como la educación, la salud, la economía y la política, y juegan un papel importante en la formación de la familia y en la crianza de los hijos. Yo me encargo de hacer un pequeño resumen, que dice lo que sigue: El 8 de marzo, millones de mujeres de todo el mundo saldrán a las calles por y para la igualdad. Desde la celebración de los derechos adquiridos, gracias a la lucha de muchas mujeres, las manifestaciones reclamarán su consolidación y la necesidad de seguir avanzando hacia una sociedad sin brechas de género, una sociedad más igualitaria y, en definitiva, con mayor calidad democrática. Se trata de una reivindicación de los derechos de las mujeres. De todas las mujeres. El objetivo es sensibilizar a la sociedad y potenciar la igualdad real de género. Así, se reclama la reducción de las desigualdades de género. En este sentido, en el 8M también se recuerda que las violencias contras las mujeres, en especial la violencia de género y la violencia sexual, son la expresión más amarga de las sociedades machistas, con convicciones profundamente patriarcales. La manifestación del 8M es una jornada de unión de las mujeres de todo el mundo, sin importar su procedencia, su raza, su profesión ni su nivel de ingresos. El 8M es una jornada de celebración y también de lucha. El 8M como día internacional de la mujer fue adoptado por la Asamblea General de la ONU en 1977, aunque dos años antes ya lo había empezado a conmemorar. Su origen está en las manifestaciones de las mujeres que, especialmente en Europa, reclamaban a comienzos del siglo XX el derecho al voto, mejores condiciones de trabajo y la igualdad entre mujeres y hombres. Según argumenta Naciones Unidas, celebrar el 8 de marzo el día de la mujer está estrechamente vinculado a los movimientos feministas durante la Revolución Rusa de 1917. Fue un 8 de marzo de 1917 (un 23 de febrero, según el calendario juliano que se utilizaba en Rusia), cuando las mujeres rusas se declararon en huelga, pidiendo Pan y paz. Cuatro días después, el zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Desde los primeros años del siglo XX, mujeres de EEUU y Europa protagonizaron protestas, manifestaciones y encuentros que fueron sembrando la semilla del 8M: mujeres de todo el mundo unidas, reclamando su igualdad frente a los hombres, según recoge Naciones Unidas. Para terminar correctamente este breve relato, vamos a comentar aquí un libro de Francisco CÁNOVAS SÁNHEZ, titulado SIEMPRE ESTUVIMOS AQUÍ. La lucha de las mujeres por la igualdad, que ha sido editado por Alianza Editorial, Madrid, 2025, y cuya presentación se debe a la pluma de Manuela Carmena, exalcaldesa de Madrid. Durante los siglos XIX y XX las mujeres españolas protagonizaron un proceso de transformación demográfica, económica, educativa, social y cultural que fue construyendo el camino hacia la libertad y la igualdad. Siempre estuvimos aquí explora paso a paso, etapa a etapa, los grandes hitos de esta lucha en contra de las desigualdades. El libro está organizado en dos partes complementarias y conectadas. En la primera parte se exponen, con rigor y amplitud de miras, los condicionantes económicos, jurídicos, sociales, políticos y culturales que trataron de recluir a las mujeres en el espacio doméstico y frenaron su incorporación a la ciudadanía plena. A continuación, se recuperan las huellas de veinticinco mujeres extraordinarias merecedoras, como muchas otras, de reconocimiento y estima, que procedentes de todas las capas de la sociedad protagonizaron su lucha desde todas las profesiones. Ilustrado con imágenes de época y presentado por Manuel Carmena, Siempre estuvimos aquí combina el rigor histórico y la escritura fluida y empática con el propósito de acercar este largo proceso de lucha por la igualdad al mayor número de lectoras y lectores, especialmente jóvenes, que probablemente no tienen conciencia de los obstáculos que tuvieron que afrontar las mujeres. Las conquistas jurídicas, educativas, laborales, sociales y políticas alcanzadas, con muchos sacrificios, no deberían ser olvidadas y deberían constituir referencias para acometer los nuevos retos de nuestro tiempo. Por otra parte, advertiremos que Francisco Sánchez Cánovas es Doctor en Historia, ha sido profesor en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Miguel Hernández (Alicante). Colaboró estrechamente con José María Jover, uno de los maestros de la historiografía contemporánea y es autor de numerosos estudios históricos, sociales y culturales. Entre sus publicaciones destacan: " Los partidos políticos en la era isabelina " (1981), " El Partido Moderado " (1982), " Los Decretos de Nueva Planta en los países de la Corona de Aragón " (1985), " La Reina del triste destino " (2005), " Yo… A continuación reproducimos íntegra y tal cual ha sido redactada por Manuela Carmena, la Presentación de este libro. Esta Presentación se titula Yo también estuve con todas vosotras, y Manuela Carmena escribe en ella lo siguiente: “Acabo de releer este libro. Estoy abrumada y a la vez fascinada. ¡Madre mía! Qué cantidad de vida encierra, qué cantidad de proyectos, obras y alegrías. Cuántos fracasos también, cuánto dolor. Este libro, que tiene dos claras partes, comienza con una detallada información sobre el contexto de las vidas que vamos a descubrir. Se trata de enmarcar a nuestras protagonistas en el marco social en el que vivieron. Dibujar el conjunto de hechos políticos, jurídicos, sociales y culturales que acaecieron y, a la vez, introducir algo importante y original: la constatación de que la historia es mucho más que los grandes acontecimientos que hemos estudiado en los libros de texto. La historia del feminismo es en gran parte la historia de las asociaciones de las mujeres. Estas, tal y como el autor nos relata, surgen y desaparecen a lo largo de la historia de España. Provocan reacción, pero sobre todo progreso. Así vemos cómo se entremezclan momentos claros y de oscuridad feminista, con destellos de creación de obras culturales interesantísimas, surgidas de mujeres que viven de forma contraría al aparente «deber ser». Se cita la histórica Junta de Damas madrileña como un elemento de control del modelo tradicional de mujer. Sin embargo, sabemos que las mujeres de aquella institución, como pudieron ser la propia duquesa de Osuna o su compañera en esos avatares, la condesa de Montijo, gestionaron de forma innovadora la inclusa madrileña. ¡Introdujeron el primer biberón! Así, vemos cómo en la dictadura, y desde posiciones contradictorias con las ideologías que la ampararon, surgen personas de talante feminista como Belén Landaburu, regidora de la propia Sección Femenina, de Falange. La segunda parte de este libro es pura investigación, diremos, de arqueología social. Nos regala la narración de las vidas de veintiséis mujeres únicas, cada una en lo suyo, y muchas absolutamente desconocidas hasta ahora. Sabemos que las vidas de las mujeres han quedado en infinidad de ocasiones ocultas u oscurecidas, bien por los hombres a la sombra de los que se las coloca o simplemente dejadas de lado. Esto ha sido así porque, en la historia del mundo, la propia identidad de la mujer ha sido cuestionada. Digamos que, aunque nos parezca mentira, la plena identidad de la mujer, su consideración como ser humano completo, ha sido cuestionada. No está mal recordar ahora que, en pleno siglo _____, es el padre Feijoo quien, en su libro Defensa de las mujeres (1726), reivindica a la mujer como ser humano completo. Dijo Feijoo que «muchos no dudan en llamar a la hembra animal imperfecto, y aun monstruoso, asegurando que el designio de la naturaleza, en la obra de la generación, siempre pretende varón; y sólo por error, o defecto, ya de la materia, ya de la facultad, produce hembra». Lo que le llevaba a rebatir con indignación: La teoría teológica de que, del mismo error físico, que condena a la mujer por animal imperfecto, nació otro error teológico, impugnado por S. Agustín, lib. 22 de Civit. Dei, c. 17, cuyos autores decían que, en la resurrección universal, esta obra imperfecta se ha de perfeccionar, pasando todas las mujeres al sexo varonil; como que la gracia ha de concluir entonces la obra que dejó sólo empezada la naturaleza. Esta desnaturalización de la mujer siguió a lo largo de los siglos posteriores y, desgraciadamente, sabemos que continúa aún en vigor en países y culturas. Así, podemos calificar un libro de esta categoría como de investigación de vidas desconocidas de fabulosas mujeres. Es una investigación social ciertamente relevante. Y es relevante, porque el descubrimiento de lo sucedido y aún desconocido en la historia del mundo resulta necesario para aumentar el conocimiento y la sensibilidad de la humanidad ante la mujer. El conocimiento de vidas de mujeres anteriores a nuestros días deviene precisamente en magnífica levadura para que la mujer alumbre definitivamente, en el mundo, como ser humano potencialmente deslumbrante. Tengo que confesar que las chicas de mi tiempo agradeceremos siempre a aquellas que se nos dieran a conocer, en nuestra juventud vivida en la dictadura del general Franco, sus perfiles de mujeres inteligentes y activas, de profesionales brillantes y, afirmándolo o no, feministas. Yo era una jovencilla universitaria que se quedó fascinada cuando, al leer uno de los libros de la condesa de Campo Alange, supe de la vida de Clara Campoamor, de Victoria Kent, de Carmen de Burgos, de Elena Fortún y de otras más. Era un libro magnífico: La mujer en España. Cien años de su historia, editado aún en la dictadura. Presenta un importante paralelismo con el que hoy ha hecho el historiador Cánovas. Son libros descubridores de vidas de mujeres. Las mujeres de mi generación, que nacimos en los primeros años de la dictadura, fuimos niñas y jóvenes absolutamente ignorantes de la vida de mujeres que nos habían precedido como mujeres activas: abogadas, artistas, sindicalistas, científicas o escritoras absolutamente completas, y personas auténticas y valiosísimas. Nos encontramos con los resquicios de la cultura que trajo la República: nuestras abuelas feministas. La cultura siempre es líquida y se escurre de las manos de quienes la quieren manipular. Por eso los regímenes autoritarios y fascistas intentan ahogarla. Los libros siempre subsisten, aunque, como pasó en la dictadura, se prohíban o se quemen… Siempre queda alguno. Nosotras habíamos sido educadas en esa dictadura en la que nuestras madres habían sido limitadas a ser amas de casa. Hay que recordar que, durante mucho tiempo, las mujeres casadas no pudieron trabajar. En el marco de ese mundo oscuro concuerda que se prohibiera un libro tan inocente como Celia en el colegio, de Elena Fortún, y que se publicaran por el contrario libros retrógrados. Un excelso ejemplo de estos últimos es El decenio crítico (a los jóvenes de 16 a 26 años), firmado por un consiliario de Acción Católica, donde se decía que «la mujer viene a ocupar el punto medio entre el niño y el adulto». La aberración de habernos privado de nuestra identidad provocó sin duda la masculinización del mundo público o social. El encuentro con aquellas abuelas feministas nos convirtió en activistas de lo que sería el gran movimiento español del feminismo. Muchas de las vidas de las que habla nuestro autor fueron alentadas por las ideas del progreso desde el maravilloso Siglo de las Luces hasta nuestras dos Repúblicas. Y muy especialmente sin duda en la Segunda, aunque resultara tan pronto aniquilada por el golpe de Estado fascista dirigido por el general Franco. Las luces y el progreso alumbraron la capacidad femenina. Sin embargo, la represión de la dictadura política que vivimos en nuestro país fue devastadora, sobre todo en lo formal y aparente. Quizás por ese contraste, puede resultar coherente que me haya tocado a mí prologar este libro. Además, y por si fuera poco, da la coincidencia de que tuve la dicha de tratar a algunas de las mujeres retratadas en estas páginas. En la universidad despertábamos y empezábamos a conocer la verdadera historia de nuestro país. Comenzamos a mirarlo con ojos diferentes y a descubrir aspectos que nada tenían que ver con aquello que nos habían contado en nuestra niñez y adolescencia. A su vez, empezábamos a descubrir con nitidez la senda que ya había recorrido el feminismo. Por eso, empeñadas «minorías universitarias inquietas» (como se nos llamaba entonces) nos embarcamos en la ardua tarea de contribuir a acabar con la dictadura. Al tiempo, y con ello, comenzamos también a construir el feminismo. Desde el propio sindicato oficial (SEU), de cuño falangista, nos incorporamos a las más diversas actividades, a hacer actos culturales hablando de los derechos de la mujer. No siempre, pero muchas veces los pudimos realizar. Vivimos en ese mundo curioso, sin duda contradictorio, en el que, en las instituciones universitarias franquistas, habitaban estudiantes cada vez más interesados por la democracia y en las que, aunque pudiera parecer sorprendente, había también algunas afiliadas a la Sección Femenina que, reconociéndolo o no, mostraban un corazón feminista. Recuerdo en ese sentido al menos dos valiosas mujeres: Pilar Conde y Lolita Bermúdez Cañete. Todas esas actividades se autorizaban o no según fueran los acontecimientos políticos del momento. Recuerdo bien, por lo que me impactó, que siendo estudiantes universitarias visitamos a personas que nos parecían importantes por lo que pudieran significar de cambio. Estábamos empezando a descubrir otro mundo posible. No sé cuántas entrevistas hice. Guardo un maravilloso recuerdo de mis entrevistas con Mercedes Formica, Lili Álvarez y María Laffitte, la condesa de Campo Alange. Todas nos acogieron estupendamente. Supongo que les hacía gracia ver a esas jovencísimas universitarias interesadas en sus vidas y en los derechos de la mujer, por los que de una u otra forma ellas habían luchado. Tengo un recuerdo precioso de la entrevista con Mercedes Formica. Era una mañana de primavera tardía. Hacía uno de esos preciosos días de Madrid. Mercedes tendría entonces cincuenta y tantos. La recuerdo como una mujer afable y elegante. Nos invitó a un aperitivo en su magnífica terraza en un edifico casi en la esquina del paseo de la Castellana con María de Molina. Nos dio unas galletitas saladas en forma de pececitos. No las había visto nunca. A partir de ese momento, siempre me gustaron. Sentimos el dominio y el poder de seducción de aquella mujer. Pienso ahora que ni por un momento ella pudo imaginar que, tal y como se relata en este libro, aquella universitaria preguntona iba a ser, casi cincuenta años después, alcaldesa de Madrid. Tampoco que, siéndolo, decidiera dedicarle una calle en Madrid, mientras que otro alcalde, también de izquierdas, decidiera retirar el busto que le habían erigido en Cádiz, su ciudad natal. También recuerdo a la condesa de Campo Alange. Era una mujer entusiasta que nos animó a seguir con nuestras actividades desde la mansión en la que vivía: un precioso palacio con un gran jardín, en la calle Velázquez, convertido hoy en una casa de pisos lujosos sin identidad alguna. Y, por último, recuerdo también la impresión que me causó Lili Álvarez. Era una mujer interesante, reflexiva y cariñosa. También acogió muy bien a aquellas jovencísimas universitarias. Sin embargo, aquí sí que tengo que reconocer que, en aquel momento, no me atreví a comentarle cuánto me había impresionado su libro. Se llamaba El seglarismo y su identidad. Lo había leído estando aún en sexto de bachiller, en un momento en que mi arrastrada religiosidad empezaba a resquebrajarse de forma importante. Por supuesto, no sabía entonces la enorme influencia que, precisamente Lili Álvarez y su visión religiosa, tuvo también en la vida madura de Carmen Laforet. Solo lo supe mucho después. Pero no quedan ahí mis contactos con algunas protagonistas directas o indirectas del libro. He leído con un placer inmenso todo lo relativo a la vida de Encarnación Cabré. Conocí personalmente a Encarnita, porque durante algunos veranos fue mi vecina. Sin saber casi nada de su vida y de su inmensa valía profesional, me habían hablado de ella Amelia Sánchez, madre de mi marido, Eduardo Leira, y también mi hijo Manuel. El matrimonio Francisco Morán y Encarnita Cabré vendieron a mis suegros, en los años 40, una preciosa casita de campo en San Rafael, al lado de la que ellos tenían. Eso hizo que los Morán y los Leira fueran vecinos durante muchos años. Más adelante, fue mi marido Eduardo quien heredó aquella casita y fue sobre todo mi hijo Manuel quien continuó la amistad con los Morán. Para mi hijo, Encarnación era la abuelita de los Morán. Él me contaba cosas de ella y, al hacerlo, la situaba como alguien importante que ocupaba mucho sitio en la familia. Me decía que hacía dibujos preciosos retratando a los pájaros que la visitaban. Siempre tenía un lugar de acogida para ellos, con montones de migas para atraerlos. Yo me encontraba alguna vez con ella. Siempre me resultó una anciana dulce y con una mirada de luminosa inteligencia. Ahora, que sé hasta qué punto su vida fue una aventura apasionante por los caminos de la arqueología profesional, lamento no haber podido hablar más con ella. Amelia —quien fue también profesora del Instituto Escuela— me hablaba de su aspecto. Mujer bonita y siempre llena de juventud, que seguía apareciendo un verano tras otro con sus bonitos tirabuzones. Un peinado quizás un poco demodé ya en aquellos años pero que era el que a su marido le gustaba. Parece que ellas no hablaban de sus estudios, ni de sus carreras profesionales, ni de sus experiencias vitales previas a la guerra, ni de cómo se habían visto apartadas de sus puestos de trabajo en la posguerra. Solo cabe interpretar aquello como resultado del tiempo de silencio que se vivió en España. Ese «silencio» que, en este caso, afectaba a la vida profesional de dos mujeres con carrera e inteligencia. Los modelos sociales arraigan en las sociedades principalmente en sus aspectos formales. Desafortunadamente, los modelos políticos autoritarios y antidemocráticos destrozan sobre todo la imagen de las vidas públicas de las mujeres. Pensemos por un momento en el terrible destino de un país como Afganistán. Conocí, en el tiempo en el que fui relatora de la ONU, a algunas juristas afganas que hablaban de cómo era su mundo, anterior a la desgraciada irrupción de la cultura de los talibanes. Vi con ellas fotos del antes. Era una sociedad diversa, normalizada, con instituciones, como las universidades, semejantes a las de otros países en vías de desarrollo. Las dictaduras y los regímenes autoritarios imponen modelos culturales de los que siempre son víctimas las mujeres. Se impone una realidad aparente, de conformidad con las imposiciones políticas. Eso generó que, durante la dictadura de Franco, mujeres profesionales con éxitos en sus trayectorias vitales ni siquiera hablaran entre ellas. El mundo real que habían empezado a construir no encajaba en la pacata sociedad sobrevenida. Leyendo este libro me entero de que las autoridades franquistas depuraron al padre de Encarnita y que a ella no le permitieron recuperar su puesto de profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. En la depuración de su padre, se mencionó que era sospechosa de haber realizado actividades de espionaje, dado que era rubia y parecía extranjera, y de ser «roja», ya que había sido profesora del Instituto-Escuela de Madrid. También estuve muy, muy cerca, de Matilde Ucelay. Mi marido Eduardo fue el íntimo amigo, en el colegio Estudio, del hijo pequeño de Matilde, Javier Ruiz Castillo. Me ha contado muchas veces lo que le fascinaba el bonito tablero de arquitecta que tenía Matilde en el cuarto de estar de su casa, a la que tantas veces fue Eduardo a comer. Siempre hemos comentado que esa imagen, de tablero en uso, quizás contribuyó a reforzar su vocación de arquitecto, profesión que lleva ejerciendo durante más de cincuenta años. Sin duda, también le ayudó a ser un auténtico feminista. De las veintiséis vidas que relata este libro, conozco, aunque no personalmente, a otras muchas mujeres. Siento profunda alegría que muchas más personas las vayan a conocer ahora. Todas me apasionan. Algunas me abren grandes interrogatorios. Por ejemplo, Carlota Sainz de Vinagra. Mujer que escribió, y mucho, pero muy poco sobre ella. Algo parecido le ocurrió a la gran Juana de Vega. Ambas escribieron de sus héroes, de sus maridos héroes: Juana, de Espoz y Mina, y, Carlota, de Torrijos. Sin embargo, mucho nos falta por saber de la vida, sin duda apasionante, que vivieron ellas dos (no sé si se conocieron o no) en Gran Bretaña. Fue allí donde se fueron, en su exilio político, los defensores de la libertad y de la Constitución de 1812. En ese excelso grupo de personas destacan personalidades bien interesantes, como Federico Rubio, también defensor de la libertad, que se formó allí y que acabó siendo el mejor médico de la España del siglo ___. ¿Qué hicieron en Gran Bretaña esas dos grandes damas de la política, entre la emigración y la constante conspiración para que España recuperara la libertad que les había mangoneado el absolutista Fernando VII? Pero encontramos en este libro muchas más mujeres con vidas tan apasionantes como desconocidas. Relegadas, cuando no olvidadas. Realmente emociona sacarlas a la luz, rememorar su legado. ¡Qué decir de la doctora Dolors Aleu o de Ana Carmona, la primera mujer futbolista de España! Ellas, y tantas otras, sufrieron límites, encontraron barreras que no siempre pudieron superar y, en demasiados casos, también sufrieron castigo y represión. Conocerlas va a significar darles una nueva vida, permitirles que nos hablen de tanto que callaron y que nosotras, las mujeres de hoy y las de mañana, queremos oír y saber. Sin haber sido reconocidas, nos abrieron camino y es difícil medir lo mucho que les debemos.” (Manuela Carmena, en septiembre de 2024). En otro sentido, en la Introducción al libro dicho Francisco Sánchez Cánova recoge el siguiente testimonio: “Durante los siglos ___ y __ las mujeres españolas protagonizaron un proceso de transformación demográfica, económica, educativa, social y cultural, más lento que el de los países europeos avanzados, que fue construyendo el camino hacia la libertad y la igualdad. Tras la desintegración del Antiguo Régimen, el Estado liberal español desarrolló en el primer tercio del siglo ___ una trayectoria condicionada por la debilidad de la industrialización, la inestabilidad política y el pacto de la emergente burguesía con la nobleza, lo cual retrasaría la consolidación de esas nuevas estructuras hasta finales de siglo. El régimen liberal proclamó la igualdad de los ciudadanos ante la ley y la supresión de los antiguos privilegios, pero las inercias de las ideas tradicionales y la propia singularidad del régimen, como ha señalado Guadalupe Gómez-Ferrer, propiciaron la discriminación de las mujeres.” Una vez hecho el cumplido de este motivo, considero que cualquier tipo de palabra sobra, pues tanto Francisco Sánchez Cánovas como Manuela Carmena son suficientemente ilustrativos al plasmar sus ideas e investigaciones en dicho libro. CAPÍTULO OCTAVO Sin embargo, el tema, en realidad, no ha finalizado aquí. Seguidamente procederemos al estudio del término “machismo”. Abre el diálogo Ricardo, quien nos señala que: - El machismo se refiere a un conjunto de actitudes, creencias y comportamientos que promueven la superioridad masculina sobre la femenina, y que pueden manifestarse en diversas formas de discriminación y presión hacia las mujeres. El machismo se basa en la idea de que los hombres son inherentemente superiores a las mujeres en diversos aspectos, como la fuerza física, la inteligencia o la capacidad de liderazgo. Esta creencia se traduce en prácticas que discriminan y oprimen a las mujeres en diferentes ámbitos, como el laboral, el familiar, el social y el político. Para no ser menos, Mertxe apuntala estas ideas advirtiendo que el machismo puede manifestarse de diversas maneras, incluyendo: - Violencia de Género: Desde la violencia física y psicológica hasta el abuso sexual y la explotación. - Control y dominación: El machismo puede manifestarse en el intento de controlar la vida de las mujeres, limitando su autonomía y libertad. - Estereotipos de género: El machismo perpetúa estereotipos sobre los roles y comportamientos de hombres y mujeres, reforzando la idea de que las mujeres deben ser sumisas y dependientes. - Desigualdad salarial y laboral: El machismo contribuye a la desigualdad salarial y a la dificultad de las mujeres para acceder a puestos de liderazgo y toma de decisiones. - Micromachismos: Se refiere a pequeñas actitudes y comportamientos machistas que pueden pasar desapercibidos, pero que refuerzan la desigualdad de género. Ricardo apostilla que: - El machismo no sólo afecta a las mujeres, sino que también puede tener un impacto negativo en los hombres, al limitar su capacidad de expresar emociones o asumir roles diferentes a los tradicionalmente asignados. Por último, Gurutxe añadirá que: El feminismo es un movimiento social que busca erradicar el machismo y construir una sociedad más justa e igualitaria para todas las personas. En resumen, el machismo es un sistema de creencias y prácticas que perpetúa la desigualdad de género y que tiene consecuencias negativas para las mujeres y para la sociedad en su conjunto. El machismo se compone de ciertas conductas, comportamientos y creencias que promueven, reproducen y refuerzan diversas formas discriminatorias contra las mujeres. Se construye a través de la polarización de los roles y estereotipos que definen lo masculino de lo femenino. Sin embargo, no todas las cosas están claras, por lo que Aitor plantea la siguiente interrogante: - ¿Qué tipos de machismo hay? A lo que Ricardo, el experto, contesta lo siguiente: • Hay diferentes tipos de masculinidades: + Masculinidad hegemónica. + Masculinidad subordinada. + Masculinidades alternas. • En cuanto al machismo hay: + Micromachismos. + Masculinidad y violencia. + Masculinidades y paternidad. No obstante, Aitor plantea otra cuestión: - ¿Qué son los machismos cotidianos? A lo que respondo de la siguiente manera: - El término fue acuñado en 1990 por el psicoterapeuta argentino Luis Bonino para hablar de los comportamientos masculinos cotidianos que fuerzan, coartan o minan la autonomía de las mujeres de forma sutil dentro de las relaciones de pareja heterosexuales. Gurutxe, por su parte, hace la siguiente pregunta: - ¿Qué es la violencia machista? Un tanto aturdido, le respondo: - Las violencias machistas son manifestaciones de desigualdad y discriminación basadas en el género, donde se ejerce violencia contra las mujeres como resultado de relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres. Estas violencias, que vulneran los derechos humanos, pueden ocurrir en diversos ámbitos, tanto públicos como privados, e incluyen violencia física, sexual, psicológica, económica, entre otras. Es importante recordar que la violencia machista no es un hecho aislado, sino un problema social profundamente arraigado en estructuras patriarcales. Pero me quedo conforme con todo lo que se ha dicho hasta este momento, por lo que hago la siguiente exposición: El machismo es la actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres. Actitud de superioridad mostrada por el hombre con respecto al género opuesto y que se manifiesta en los diversos órdenes de la vida cotidiana. Esta posición de predominio se deriva de la asunción intelectualizada de que la división del trabajo conlleva, a su vez, la realización de una serie de funciones sociales de mayor o menor importancia para la supervivencia de la familia o de la comunidad. De esta manera, a la caza realizada por los hombres gracias a su fuerza y destreza se la ha atribuido tradicionalmente una particular trascendencia para el sostenimiento de la comunidad, mientras que el papel desempeñado por la mujer, en lo que se refiere a al mantenimiento del hogar y asegurar la reproducción de la especie, era de segundo orden, puesto que no era vital para la supervivencia inmediata del grupo. Estos simplificados criterios han sido empleados como fundamento para elaborar esquemas sociales estereotipados sobre los que asentar la superioridad innata del hombre, por razón de las funciones que desempeña en el mantenimiento del núcleo familiar y por razones de carácter biológico o fisiológico. Desde esta perspectiva, incluida por las tesis del Darwinismo social, se sostiene que el hombre ha ido desarrollando, a través de la evolución, una serie de facultades naturales asociadas a la agresividad e inteligencia. Mientras que la mujer, supuestamente, no habría necesitado poseerlas puesto que no las requería para el desempeño de sus funciones. De esta manera, el hombre se fue convirtiendo en sujeto, mientras que la mujer quedaba reducida a objeto histórico, social y económico. El progresivo cambio de roles en las sociedades modernas está permitiendo que esta perspectiva tradicional se vaya alterando. Un factor elemental para esta modificación de valores estereotipados lo constituye la progresiva incorporación de la mujer al mundo del trabajo. Su incorporación en las sociedades industriales avanzadas tras la Primera Guerra Mundial, ha traído como consecuencia que, a medio y largo plazo, estas desempeñen ocupaciones y tareas que, hasta ese momento, le habían estado vedadas. Y, lo que es más importante, se proceda a la reestructuración de los hábitos y costumbres dentro del seno familiar con el consiguiente reparto de tareas domésticas y responsabilidades familiares entre ambos sexos o entre todos los miembros de una familia sin que en esa distribución medien discriminaciones de componente sexista. El término machismo se utiliza hoy en día, principalmente, para referir aquellos comportamientos discriminatorios de los varones con respecto a la mujer en sus relaciones interpersonales, ya sea en el ámbito laboral, familiar o comunitario. El vocablo sexismo vino a sustituir al anterior en tanto refiere a la desigual e injusta estructura de poder existente en las sociedades humanas que impide un igualitario ascenso social a mujeres y hombres. CAPÍTULO NOVENO En este capítulo ocho vamos a estudiar tres aspectos diferentes del feminismo actual: el feminismo de la igualdad / el feminismo de la diferencia, los estudios feministas y el ecofeminismo. Se aclara que el narrador de la presente obra es Ricardo, por lo que dejaremos que éste desplace al resto de nuestros protagonistas. Dicho de otra manera, ponemos fin a nuestros diálogos, indicando que el diálogo es la forma propia del drama o el cine; también aparece, en muchas ocasiones, en los textos narrativos. Los diálogos dan vivacidad y objetividad a la narración, efectos ya logrados, pues el narrador cede la palabra a los personajes, escondiéndose detrás de ellos, de manera casi teatral. Dicho lo cual, ahora cedemos la palabra a Ricardo, quien resuelve el texto literario de la siguiente manera: En la década de los setenta, comenzó a distinguirse dentro del movimiento de liberación de las mujeres una corriente que reivindicaba la diferencia sexual entre mujeres y hombres. La valoración de la práctica de la diferencia femenina en oposición al totalitarismo patriarcal con su lógica de la acción y de la violencia, fue el germen de esta nueva corriente ya practicada por algunos grupos desde fines de los años sesenta en Estados Unidos y posteriormente en Europa. El núcleo esencial del feminismo de la diferencia es su rechazo absoluto a la igualdad medida por el rasero de lo masculino. Hay, sin embargo, divergencias entre las formas en que los distintos grupos de feministas de la diferencia han asumido este concepto. No hay, por lo tanto, una definición explícita de lo que significa “feminismo de la diferencia” y la mayoría de los grupos que practican esta estrategia político-filosófica se niegan a darse una definición, considerando que ello sería caer en un ejercicio de poder típicamente patriarcal: la imposición de límites al fluir del pensamiento. En general, puede decirse que el feminismo de la diferencia se ha definido sólo en negativo respecto a la práctica feminista de la igualdad, que hunde sus raíces en el humanismo de corte ilustrado que alentó los movimientos por la paridad de derechos en los primeros tiempos del feminismo moderno. El feminismo de la diferencia critica al feminismo anterior por cuanto que éste ha tomado la igualdad con el hombre como meta de sus esfuerzos, sin plantearse qué significaba implicar a las mujeres en una situación de paridad con el hombre dentro del patriarcado. K. Amatniek en Estados Unidos, y Luce Irigaray, Carla Lonzi, Annie Leclerc, Hélène Cixous o Luisa Muraro en Europa, han ido perfilando las líneas del pensamiento de la diferencia, reivindicando un lenguaje propio y una percepción más sensitiva de la realidad, una práctica de las relaciones cuerpo a cuerpo, una nueva valoración del cuerpo femenino, de la maternidad, del trabajo doméstico, de la ausencia de las mujeres en determinadas expresiones brutales del patriarcado o de la autoridad femenina. Desde sus primeras formulaciones radicales, que reivindicaban las bondades de la naturaleza femenina cayendo en el esencialismo biológico -que sin embargo dio lugar a un discurso de gran originalidad y sugerencia para la política de las mujeres-, el feminismo de la diferencia y el feminismo de la igualdad tienden actualmente a un acercamiento todavía tímido, dadas las profundas divergencias filosóficas que separan a ambos. Concretamente, sobre los estudios feministas nuestro narrador piensa que: Las implicaciones que en el mundo del pensamiento ha tenido el movimiento de liberación de las mujeres han sido muy amplias. Las feministas han creado un discurso nuevo desde el que actualmente abordan con una perspectiva revolucionaria tanto las cuestiones relacionadas con la ciencia como las relacionadas con la filosofía. En el ámbito de la literatura, los estudios feministas han producido el rescate de los escritos de mujeres para intentar crear con ellos la genealogía de la expresión de la experiencia femenina. Se ha revisado asimismo el sexismo en el lenguaje y las formas lingüísticas que coadyuvan al sometimiento y ocultación de las mujeres desde un punto de vista simbólico y material. Esta renovación ha incluido de forma preferente a los estudios históricos sobre las mujeres y a una renovación epistemológica de la ciencia histórica. La historia de género ha rescatado del olvido el pasado de las mujeres y las estrategias de sometimiento del patriarcado, mientras que la historia feminista, más cercana al feminismo de la diferencia, se esfuerza actualmente por rescatar la experiencia femenina en la historia, sus formas de expresión y sus espacios de libertad dentro del patriarcado. En el resto de las ciencias sociales y de la educación, las feministas han incorporado nuevas perspectivas de análisis científico. La antropología, la psicología, la sociología o la economía se han poblado de estudios centrados en las mujeres desde la década de los ochenta. Sin embargo, esta efervescencia creativa ha implicado casi únicamente a mujeres. La ciencia se ha opuesto a incorporar los hallazgos epistemológicos de los estudios feministas al corpus de las disciplinas científicas. En la mayoría de los países occidentales, los estudios feministas siguen desarrollándose en los ámbitos reducidos de los grupos feministas universitarios, y su discurso renovador permanece marginal ante la resistencia de la Academia científica. Por último, sobre el ecofeminismo Ricardo nos confiesa lo siguiente: El ecofeminismo surgió también en el seno del movimiento de liberación de las mujeres en los años setenta y ochenta, unido al desarrollo del movimiento ecologista en Europa y al temor a la proliferación de armas nucleares. Esta teoría vincula el patriarcado a la destrucción del entorno natural y alienta a las mujeres a intervenir para evitar con su práctica política la destrucción de la vida en la Tierra. Escritos como Feminismo o muerte (1974), de la francesa Françoise d’Eaubonne, relacionaban directamente la sociedad patriarcal con la destrucción del ecosistema terrestre, dado que el patriarcado ha sido el único sistema simbólico y social que se ha conocido hasta el momento y que nos ha conducido a la situación actual. Las feministas se implicaron muy activamente desde fines de los años setenta en las luchas ecologistas radicales y en sus formaciones políticas, así como en los movimientos pacifistas y antinucleares. Desde finales de esa década se fundaron en todo el norte de Europa grupos feministas antinucleares y pacifistas, que introdujeron en el pacifismo tradicional nuevas visiones basadas en la revalorización de prácticas femeninas no violentas, tradicionalmente asociadas a las mujeres. En 1981, por ejemplo, las mujeres inglesas de los grupos antinucleares crearon una nueva táctica de protesta que ha sido adoptada posteriormente por muchos grupos de disidencia, al acampar en la base de misiles nucleares de Greenham Common. El final de la guerra fría y la recesión de la proliferación de armas atómicas ha restado fuerza a las protestas antinucleares, pero los grupos feministas siguen en la actualidad implicados en las luchas ecologistas. La estrategia común a los ecologistas de los años noventa, que se rige por la premisa “piensa globalmente, actúa localmente”, parte directamente de la consigna feminista “lo personal es político”. Las feministas siguen creyendo que el cambio de los hábitos tradicionales y la no implicación de las mujeres en las prácticas destructivas del ecosistema pueden contribuir de forma determinante a cambiar la vida en nuestro planeta. CAPÍTULO DÉCIMO Yendo de adelante hacia atrás como el cangrejo, nuestro narrador abordará en este capítulo los siguientes puntos: • El feminismo. • Antecedentes del feminismo. • La Querella de las mujeres. • El feminismo durante los siglos XVIII y XIX. • El movimiento por la igualdad de derechos. • La lucha por el voto en EE.UU. • El movimiento por los derechos de las mujeres en Gran Bretaña. • El movimiento después de la I Guerra Mundial. • El feminismo socialista. • Otros movimientos vinculados al feminismo en la primera mitad del siglo XX. • Hacia un nuevo feminismo. Así, la visión del feminismo que hemos dado, estará completa. En primer lugar, se llama feminismo al movimiento político que implica la lucha por la liberación de las mujeres de su sometimiento por las estructuras sociales, políticas y simbólicas del patriarcado. El feminismo ha supuesto el cuestionamiento de las instituciones y tradiciones fundacionales del patriarcado a través de un largo proceso histórico de concienciación femenina y lucha política. En cuanto a los antecedentes del feminismo nuestro narrador, sujeto imprescindible, nos cuenta que: La Historia tradicional, escrita por y para hombres, silenció la voz de las mujeres o las relegó al orden de la excepcionalidad cuando algunas de ellas escribieron y pensaron para denunciar de forma más o menos explícita su sometimiento o su sentimiento de alteridad respecto a la civilización patriarcal. Desde el siglo XV, algunas de estas mujeres “excepcionales”, elevaron la voz para expresar su rechazo a las tradiciones que sustentaban la inferioridad femenina y la conveniencia de la sujeción de las mujeres a los varones. A partir del narrador se configura la narración, por eso es quien caracteriza el género narrativo frente al dramático o lírico. Este interviene ahora para decirnos que: El Renacimiento conllevó el cuestionamiento de muchas tradiciones heredadas. Pocas cosas cambiaron sin embargo en la vida de las mujeres, que incluso vieron restringirse los espacios de libertad que habían disfrutado en épocas anteriores ante el avance de los poderes del Estado y el control religioso. Los valores del humanismo -educación, individualismo, virtud cívica- a pesar de su barniz de universalidad, excluyeron a las mujeres. Los humanistas mantuvieron las antiguas tradiciones que promulgaban la inferioridad natural de la mujer, incluso aquéllos que defendían un cierto acceso de las mujeres a la cultura. En estas circunstancias, las mujeres elevaron su voz por vez primera para negar la inferioridad femenina. Los cambios que conllevó el inicio de la Edad Moderna en Europa habían pronunciado la disparidad entre mujeres y hombres, mientras que la noción renacentista de la potencialidad humana y los beneficios de la economía mercantil hicieron posible que las mujeres de la burguesía tuvieran un mayor acceso a la cultura. De entre las mujeres cultas de estos siglos surgieron las primeras voces feministas. Se ha escrito que el feminismo es la historia de una negación. Sus inicios, entre los siglos XV y XVIII, fueron también una estrategia de negación. Las primeras feministas escribieron para denunciar el error de los enunciados patriarcales sobre la inferioridad femenina, reivindicando el derecho de las mujeres a la educación y denunciando las formas predominantes de dominación masculina. El feminismo tuvo su inicio en Europa a principios del siglo XV con la llamada "Querella de las mujeres", polémica literaria y filosófica sobre la naturaleza y valor del sexo femenino, en la que participaron tanto letrados varones como autoras femeninas. La Querella se prolongó hasta el siglo XVIII y tuvo mayor relevancia en distintos momentos. Desde el siglo XIV, los eruditos iniciaron una discusión acerca del grado de humanidad y de la naturaleza de las mujeres, confrontándolas con el modelo masculino y siguiendo una tradición de oposiciones binarias muy característica del pensamiento patriarcal. También las mujeres participaron activamente en este debate para defenderse de las acusaciones de los ilustres varones. Christine de Pisan (c.1365-c.1430), escritora de la corte parisina cuyas obras alcanzaron gran difusión, escribió en 1405 su obra La ciudad de las damas. En ella, la autora describía cómo su razón se había rebelado contra las opiniones de los eruditos que atacaban a las mujeres y había deseado escribir en contra de tan autorizados varones. Sin embargo, su respeto a la tradición literaria masculina, de la que se había alimentado, debilitaba su propósito. Christine contaba al comienzo de su libro que, encontrándose atribulada por este motivo, se le aparecieron tres damas, Razón, Rectitud y Justicia, que le dijeron: “Hemos venido a desterrar del mundo el mismo error en el que tú has caído, para que de ahora en adelante las damas y todas las mujeres valientes tengan refugio y defensa frente a sus numerosos agresores”. Christine rechazó así la autoridad masculina y se apoyó en una genealogía femenina que le dio fuerzas para emprender su obra de negación. Para ello, hizo de su sentirse mujer la clave para denunciar la sinrazón de las acusaciones masculinas. Christine de Pisan creó en su Ciudad de las damas una “ginecotopía” que tendría gran influencia en autoras posteriores, una ciudad fundada sobre “el campo de las letras”, donde las mujeres habitarían sin temor. Afirmó que la inferioridad de las mujeres no se debía a su condición natural, sino a la carencia de educación y que “todo aquello que es factible y cognoscible, ya esté relacionado con la fuerza física o la sabiduría de la mente y con todo tipo de virtud, les resulta a las mujeres posible y fácil de llevar a cabo”. Otras muchas mujeres participaron en la querella y escribieron con conciencia feminista. La francesa Marie de Gournay (1566-1645) escribió en 1622 su obra La igualdad de hombres y mujeres y otros panfletos feministas en los que defendía a las mujeres del presupuesto de su inferioridad. En estas primeras feministas, la defensa de las mujeres se hizo a través del concepto humanista de virtud, que hacían extensivo a todo el género humano como creación de Dios. Entendían que las razones de los hombres tenían su origen en la envidia y en el hábito de la costumbre. Bathsu Pell Makin (c.1608-c.1675), educadora inglesa, escribió: “La costumbre bárbara de dar a las mujeres una crianza mezquina se ha generalizado entre nosotros, y se ha mantenido hasta el extremo que se cree en realidad ... que las mujeres no están dotadas del mismo raciocinio que los hombres”. Invocaron a la razón, a la educación y a la virtud para rechazar la tradición patriarcal. Su primer campo de batalla fue la educación. Estas mujeres, herederas de la tradición humanista, consideraban el estudio como fuente de virtud, y defendieron la necesidad de conceder a las mujeres la misma educación de que gozaban los varones, no con el fin de servir mejor a los hombres, sino por su necesidad natural de perfección. Su lucha fue también la denuncia de los malos tratos y la brutalidad con que eran tratadas las mujeres por los hombres que tenían más próximos: sus padres, sus maridos, sus hermanos. Vindicaron además una genealogía de autoridades femeninas para apoyar sus escritos y respaldar sus experiencias. El narrador cuenta los hechos de la historia, presenta a los personajes, los ubica en el tiempo y en el espacio, observa sus acciones y reacciones, conoce su mundo interior…, todo desde una perspectiva especial que determina ciertos rasgos de esa historia. El narrador sobre el feminismo de los siglos XVIII y XIX escribe que: Las ideas enciclopedistas del siglo XVIII fueron el germen de la esperanza liberadora de las mujeres. En Francia e Inglaterra, las mujeres participaron activamente en los movimientos radicales de orientación igualitaria. Sin embargo, pronto se demostró que estos movimientos tendían a excluir a las mujeres y a su lucha específica del poder político y de la igualdad jurídica. La Revolución Industrial aceleró el proceso de marginación de las mujeres a los papeles tradicionales de madre y esposa, al desvincular el hogar de la producción. Las mujeres perdieron su prestigio en el trabajo artesanal, agrícola y comercial, y ahondaron la separación entre mundo masculino y mundo femenino. Sin embargo, las ideas igualitarias de la Revolución Francesa despertaron grandes esperanzas entre las mujeres con conciencia feminista. Miles de mujeres participaron en la efervescencia política que precedió a la Revolución, y en las rebeliones de 1789 y años sucesivos fueron ellas las primeras agitadoras. Pero los procesos revolucionarios que se dieron tanto en Europa como en América demostraron su limitación en lo que a la causa de las mujeres se refería. El reconocimiento de los derechos políticos y jurídicos de los hombres durante el siglo XVIII y XIX a través de las revoluciones significó el que las mujeres tomaran conciencia de una nueva exclusión, esta vez más terrible porque enajenaba su derecho a la igualdad en una sociedad que pretendía basarse en la justicia y la fraternidad. La declaración francesa de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789 movió a algunas mujeres a reclamar sus propios derechos como tales. En 1791, la holandesa Etta Palm d’Aelders se dirigió a la Asamblea Nacional con estas palabras: “Habéis devuelto al hombre la dignidad de su ser al reconocer sus derechos; no debéis permitir que la mujer siga sufriendo bajo una autoridad arbitraria”. También en 1791 la escritora Olympe de Gouges (1748-1793) publicó su Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, obra en la que reivindicaba el derecho de las mujeres a la paridad política y jurídica completa con los hombres, junto con el acceso de las mujeres a la educación y la igualdad de derechos en el matrimonio. Los derechos que reivindicaban estas primeras feministas, lejos de ser reconocidos, fueron definitivamente cancelados por la Revolución Francesa: en la Convención Nacional (1793) prohibió la actividad política de las mujeres y Olympe de Gouges fue guillotinada por su disidencia feminista. De esta forma se revelaron las profundas contradicciones que encerraba la ideología liberal ilustrada en cuanto a la relación del poder con los grupos marginados. Antes de estos sucesos, en 1792, la inglesa Mary Wollstonecraft (1759-1797) recogió las ideas del primer feminismo en su obra Vindicación de los derechos de la mujer. Sin embargo, Wollstonecraft superó los límites de las primeras feministas, refiriéndose por vez primera a la responsabilidad que el Estado tenía en la mejora de la situación de las mujeres, animada por los vientos revolucionarios que llegaban de Francia. Su confianza en el pujante estado-nación moderno la diferenció de las feministas primitivas. Su obra, al igual que la de las escritoras anteriores, se centró en el problema de la educación. Wollstonecraft defendió que sólo la educación convertía en “femeninas”, en su sentido peyorativo, a las mujeres, haciéndolas “más artificiales y débiles de carácter de lo que de otra forma podrían haber sido” y envileciendo los valores más auténticos de la femineidad con “nociones equivocadas de la excelencia femenina”. Wollstonecraft atacó duramente a aquellos pensadores ilustrados, como Jean-Jacques Rousseau, que habían denigrado a las mujeres burdamente, excluyéndolas del imperio de la razón y de las teorías progresistas más revolucionarias. Wollstonecraft, como hicieran Christine de Pisan y otras muchas autoras, dejó de lado a las autoridades masculinas para remitirse a su propia experiencia, a la sinrazón que su ser-mujer le revelaba, para rebatir las opiniones de Rousseau. Su propia experiencia fue la brújula que la orientó en una cartografía desconocida para el pensamiento patriarcal: el decir de las mujeres. Rechazó el matrimonio como el principal objetivo de la vida de una mujer, afirmando que “conseguir carácter como ser humano, independiente del sexo al que se pertenezca, es la más loable ambición”. Desde fines del siglo XVIII, estas mujeres inauguraron el feminismo moderno, que desde principios del siglo XIX habría de centrarse en la consecución de la igualdad de derechos para las mujeres y en la mejora de sus condiciones económicas y laborales, a través de las ideologías liberal y socialista. En los discursos narrativos ficticios, el narrador es, a su vez, una ficción creada por el autor o emisor real del discurso; tanto el emisor como el receptor (Lector) son seres extratextuales que pertenecen al mundo de la realidad y no de la literatura. Así, pues, sobre el movimiento por la igualdad de derechos Ricardo advierte que: A pesar de la efervescencia política de fines del siglo XVIII y la participación activa de las mujeres en los movimientos revolucionarios, las propuestas de las feministas quedaron aislada por que carecían de movimientos políticos que las respaldaran. Las primeras feministas, como Pisan o Gournay, no escribieron como políticas, sino como filósofas. Pero la instauración del ideal democrático y la cuestión de los derechos significó que los escritos feministas adquirieron un sentido político. Las nuevas circunstancias de Europa en esta época, las diferencias nacionales, religiosas y políticas, tuvieron un papel esencial en el futuro del feminismo en Europa. El primer movimiento de las mujeres se centró, fundamentalmente, en la batalla por los derechos legales, quedando en segundo plano la igualdad en el terreno social y laboral. Por ello, a menudo se ha tildado al primer feminismo de burgués y propio de las mujeres de la clase media. Estos movimientos pidieron para las mujeres la igualdad de derechos civiles y políticos con los hombres. Las mujeres que participaron en ellos se negaban a admitir la situación legal marginal de las mujeres, que las situaba bajo el control de padres y esposos y les negaba la condición de personas adultas. El liberalismo del siglo XIX favoreció el florecimiento de los grupos feministas, porque atacaba también las bases tradicionales de la sociedad y rechazaba las vetustas autoridades para confiar en la razón y en el individuo y en el poder de la educación. El filósofo liberal inglés John Stuart Mill denunció en la segunda mitad del siglo XIX la contradicción que entrañaban las ideas revolucionarias y progresistas de su época que al mismo tiempo mantenían la subordinación tradicional del sexo femenino. Las mujeres que se relacionaban con grupos liberales tuvieron mayores facilidades para desarrollar un pensamiento feminista por su participación en causas como la abolición de la esclavitud o la extensión del sufragio. Los movimientos feministas del siglo XIX y de la primera mitad del XX estuvieron compuestos por una abrumadora mayoría de mujeres de la clase media. Esto fue así porque dentro de las clases medias, en el siglo XIX, se experimentó con mayor agudeza que en otros ámbitos sociales la desigual libertad de hombre y mujeres. Estas mujeres, carecían de derechos de propiedad, dependían por completo de sus maridos y estaban excluidas de toda participación política al no tener acceso al sufragio electoral. En este ámbito se centró la lucha principal del feminismo liberal durante el siglo XIX y los primeros años del XX. Dentro de la ficción, el narrador cumple varias funciones: la de narrar la historia, la de organizar la narración de esa historia, la de testimoniar las fuentes de información de esos hechos, la de encarnar la ideología mediante la que explica, justifica y valora ciertos actos o situaciones. Hablando de la lucha por el voto en Estados Unidos, el narrador nos precisa que: La lucha por el voto fue una lucha política que afectó a ambos sexos, pues en la mayoría de los países parlamentarios el sufragio también excluía a los obreros y, en Estados Unidos, también a los negros. En los Estados Unidos, el movimiento a favor de los derechos de las mujeres surgió directamente de la lucha por la abolición de la esclavitud. En 1833 se creó en Filadelfia el primer grupo antiesclavista, a partir del cual se fundó la Sociedad Antiesclavista Norteamericana. Gracias al movimiento, las mujeres americanas aprendieron a organizarse y a celebrar reuniones, tuvieron acceso a tribunas públicas y escribieron sus manifiestos. Sin embargo, también en el movimiento abolicionista las mujeres fueron pronto ridiculizadas y silenciadas al no permitírseles actuar como delegadas en las asambleas. En 1840, las delegadas norteamericanas que participaban en Inglaterra en la Convención Mundial Antiesclavista fueron obligadas a permanecer tras una cortina durante las sesiones, porque muchos miembros del movimiento no aceptaban su presencia ni reconocían su papel. Este acto produjo el primer paso hacia la organización feminista en Estados Unidos. Ellas comenzaron a abogar por sus propios derechos, aunque su lucha tuvo una repercusión social mucho menos favorable que la del movimiento abolicionista. Se las degradó públicamente recurriendo a los tradicionales argumentos del patriarcado para ridiculizar a las mujeres con actividad pública. En 1848 se celebró en Seneca Falls (Nueva York) la primera Convención sobre los Derechos de la Mujer. Las resoluciones acordadas por las mujeres que allí participaron exigían la igualdad de derechos en distintos ámbitos: en el matrimonio, en los salarios, en la propiedad y en la custodia de los hijos. En los 25 años siguientes, las feministas norteamericanas consiguieron la mayor parte de sus reivindicaciones y otros Estados promulgaron a su vez leyes que otorgaban a las mujeres el derecho a disponer de sus bienes y salario, y a tener pleno poder en la custodia de los hijos. Muchas de estas mujeres abogaron por la abolición del matrimonio, considerando esta institución como la primera fuente de injusticia para las mujeres. Tras la Guerra de Secesión (1861-1865), en cuyo transcurso muchas mujeres lucharon activamente por la abolición de la esclavitud, se inició la separación entre la causa abolicionista y el movimiento de las mujeres. Tanto los líderes abolicionistas como el Estado norteamericano temieron la radicalización del movimiento feminista. Se concedió el voto a los hombres negros, pero no a las mujeres, y éstas dirigieron entonces su movimiento hacia la concesión de los derechos políticos plenos a las de su sexo. El estado de Wyoming fue el primero en conceder el voto a las mujeres en 1869, pero sólo en 1920 todas las mujeres estadounidenses consiguieron el derecho al voto. Con respecto a los acontecimientos, el narrador puede quedar fuera de los mismos o intervenir en ellos como protagonista o personaje secundario. Aclarado lo cual, el narrador prosigue acerca del movimiento por los derechos de las mujeres en Gran Bretaña, que: La lucha por los derechos de la mujer en Inglaterra encontró su inspiración en el movimiento de las feministas norteamericanas y a su vez sirvió como modelo a otros movimientos feministas europeos. En las décadas de 1830 y 1840, como había ocurrido antes en los Estados Unidos, las mujeres inglesas participaban activamente en movimientos políticos no relacionados directamente con el movimiento de la mujer. Pero el ejemplo americano avivó la lucha específica de las mujeres. Entre 1850 y 1920 las mujeres inglesas lucharon por conseguir leyes más justas en lo referente al matrimonio, a la custodia de los hijos, al control sobre sus bienes y salarios, al acceso a la educación, al voto y a la participación política. Desde 1833 comenzaron a aparecer manifiestos y artículos que pedían el voto para las mujeres. En respuesta a estas protestas, la Cámara de los Comunes insertó por vez primera de forma explícita la palabra varón en los requisitos requeridos para ejercer el voto. En 1847 se fundó la Asociación Política Femenina para luchar por el voto de las mujeres. En 1851, Harriet Taylor Mill (1807-1858) escribió su Ensayo sobre el sufragio de las mujeres. Las feministas enviaron peticiones al Parlamento, que no obtuvieron respuesta. Mill reclamó la plena igualdad de derechos políticos y civiles para las mujeres inglesas, inspirándose en los logros conseguidos por las norteamericanas. Escribió: “Lo que queremos para las mujeres es igualdad de derechos, igualdad de privilegios sociales, no una situación diferente, una especie de sacerdocio sentimental”. Harriet Mill no ejerció ninguna actividad política pública debido a su precaria salud, pero inspiró a su marido John Stuart Mill su famoso ensayo La esclavitud femenina, publicado en 1869, que habría de convertirse en un clásico del pensamiento feminista. Pero antes de la aparición del libro de Stuart Mill, las mujeres inglesas llevaban décadas de lucha. La primera organizadora del movimiento feminista en Inglaterra fue Barbara Leigh Smith, que fundó su propia escuela para mujeres, y que en 1854 publicó un opúsculo llamado Breve resumen en lenguaje claro de las leyes más importantes relacionadas con las mujeres, donde denunció la anulación de los derechos legales de las mujeres casadas. En 1855, Leigh Smith organizó un comité de mujeres que reclamaban la igualdad de derechos y organizaban mítines públicos. Este comité presentó una petición formal al Parlamento en 1856 para conseguir que las mujeres casadas controlaran sus propios bienes. Sin embargo, el Parlamento se limitó a promulgar una ley de divorcio con algunas ligeras concesiones a las mujeres, como la posibilidad de divorciarse si habían sido cruelmente maltratadas por sus esposos. Esta derrota convirtió al comité de Leigh Smith en un auténtico movimiento feminista. En la década de 1860, el movimiento inglés emprendió diversas campañas. La primera estuvo dirigida a reclamar al Parlamento una ley que permitiera a las mujeres casadas disponer de sus ingresos y propiedades, lo que consiguieron entre 1878 y 1882. Fundaron colegios universitarios para mujeres y presionaron para que las mujeres fueran admitidas en Oxford y Cambridge, lo que se consiguió en la década de 1870. En 1884 consiguieron la abolición de las leyes sobre enfermedades infecciosas que permitían a la policía inspeccionar a cualquier mujer de la que sospechasen que era prostituta. Al mismo tiempo, continuaron la lucha por el sufragio femenino. En 1865, las mujeres del comité hicieron campaña a favor de John Stuart Mill, que consiguió un escaño en el Parlamento desde el que planteó la cuestión del voto femenino. Ese mismo año se fundó el Comité por el Sufragio Femenino. Estas mujeres no deseaban el voto para igualarse con los hombres, sino para que su diferencia ejerciera un peso político. A comienzos del siglo XX, las feministas inglesas habían conseguido muchas cosas: podían formar parte de los ayuntamientos, ser funcionarias de la administración de asistencia pública, votar en las elecciones municipales e incluso ser alcaldesas. Pero no habían conseguido el voto. Este retraso, semejante en otros países de Europa, incluida España, se debió al desinterés de los partidos conservadores hacia el voto femenino y al miedo que las fuerzas de izquierdas tenían a un voto que consideraban conservador y de tendencias clericales. En Inglaterra, el Partido Liberal, al que estaba aliado el movimiento de las mujeres, se negó reiteradamente a conceder el voto a las mujeres, por estas razones. Esta alianza llevó a la desunión del movimiento, que no volvería coaligarse hasta 1897 bajo el nombre de Unión Nacional de Sociedades por el Voto de las Mujeres. La Unión desarrolló tácticas más radicales e incluyó a una gran cantidad de mujeres de la clase obrera. Se vinculó al Partido Laborista recién constituido y, ante la oposición de la clase política, adoptó tendencias más radicales. Desde 1906, el movimiento se dividió en dos tendencias rivales: la Unión Nacional de Sociedades por el Voto de las Mujeres (NUWSS), liderada por Millicent Garrett Fawcett, de tendencia liberal y moderada, que se enorgullecía de su “respeto a la ley” y de su no radicalidad, y la Unión Social y Política de Mujeres (WSPU), encabezada por Emmeline Goulden Pankhurst, vinculado al Partido Laborista Independiente y de tácticas más violentas, quien declaraba que “el argumento del cristal roto es el más valioso en la política moderna”. Entre 1910 y 1914 se produjeron grandes mítines y manifestaciones. Las feministas de WSPU adoptaron los métodos de protesta violenta del movimiento independentista irlandés: rotura de ventanas, cortes de los cables del telégrafo, etc. Estas mujeres fueron detenidas infinidad de veces y en las cárceles iniciaban huelgas de hambre. El movimiento de las mujeres y la represión gubernamental alcanzaron su punto álgido en los años 1013 y 1914. El gobierno decidió clasificar a las sufragistas como delincuentes comunes y no como presas políticas, pero no cambió la legislación sobre el voto. Las feministas del WSPU adoptaron la máxima “Hechos, no palabras” y aumentaron sus ataques contra la propiedad. En 1913, Emily Wilding Davison, miembro del WSPU, se arrojó bajo el caballo del rey en el derbi londinense. Su entierro originó una gran manifestación sufragista. Pero la entrada de Inglaterra en la Primera Guerra Mundial en 1914 terminó de golpe con el movimiento sufragista inglés. El gobierno amnistió a todas las sufragistas encarceladas, y los dos partidos sufragistas se dedicaron fervientemente al trabajo voluntario y a la propaganda nacionalista. El gran trabajo realizado por las mujeres durante la guerra inclinó a la opinión pública en favor del voto femenino. En 1918 las inglesas mayores de 30 años consiguieron el voto. Hasta 1928 no se hizo extensivo el sufragio al resto de las mujeres en la mayoría de edad. La WSPU se disolvió, mientras que la NUWSS siguió defendiendo la igualdad de derechos desde la moderación. En relación con el conocimiento que él tiene de la historia, se habla de narrador omnisciente en tercera persona, cuando conoce no sólo los hechos sino el mundo interior de los personajes; narrador-personaje, cuando sólo conoce lo que sabe ese personaje como tal; narrador testigo, que es el que tiene poca información sobre los hechos y los personajes, pues cuenta desde fuera. Sobre el movimiento después de la I Guerra Mundial, este sujeto imprescindible señala que: Al terminar la primera guerra mundial, el tema del sufragio femenino había perdido fuerza en muchos países. La devastación causada por la guerra hizo que el movimiento sufragista pareciera una causa anticuada y superada. El movimiento por la igualdad mostró las limitaciones que ofrecía una lucha centrada en los derechos de ciudadanía. En el primer cuarto del siglo XX, las mujeres consiguieron el voto en países con regímenes similares al inglés. Pero la extensión del sufragio demostró ser ineficaz por sí misma para liberar a grupos que seguían estando económica y culturalmente subordinados. La participación femenina en las elecciones no conseguía cambiar la vida de las mujeres de forma significativa. Antes de la consecución del voto, muchas feministas creían que el sufragio cambiaría el mundo de las mujeres, pero las esperanzas fueron vanas, porque en gran medida las mujeres votaban igual que los hombres de su clase. En los países católicos el miedo de los partidos liberales al voto clerical de las mujeres retrasó la concesión del sufragio femenino, y en los países católicos las mujeres no votaron hasta después de la segunda guerra mundial. El feminismo por la igualdad de derechos tuvo éxito solamente en aquellos países en los que las fronteras políticas y de clase no eran insalvables, como en Inglaterra o en Escandinavia, donde las feministas se apoyaron tanto en partidos socialistas como en fuerzas liberales y el movimiento feminista unió a mujeres de clase media y a mujeres de la clase trabajadora. Sin embargo, en países donde las disparidades políticas y económicas fueron más abruptas, como en los países católicos, el movimiento feminista se escindió en dos movimientos diferentes. Uno de ellos era el movimiento por la igualdad de derechos sostenido por mujeres burguesas de la clase media y apoyado en partidos liberales. El otro, el movimiento de mujeres socialistas, formado por mujeres de la clase trabajadora, que se centraba sobre todo en cuestiones económicas y laborales. En países como Francia, Rusia, Italia, Austria, Alemania o España los dos movimientos fueron incapaces de salvar sus diferencias. Cuando el narrador es el protagonista, el texto asume forma autobiográfica. El narrador nos habla ahora sobre el feminismo socialista en los siguientes términos: El feminismo por la igualdad de derechos y el feminismo socialista diferían profundamente en sus objetivos y tácticas. Las feministas liberales burguesas, distanciadas de los objetivos laborales de las socialistas, se opusieron a las reformas que mejorarían el trabajo de las mujeres obreras, reclamando una igualdad absoluta con los hombres que perjudicaba a las trabajadoras (en el caso del trabajo en las minas o de las jornadas laborales). En Inglaterra, el feminismo consiguió en gran medida superar estas diferencias, pero no en el resto de Europa. Feminismo y socialismo, como movimientos políticos, tenían muchas cosas en común: ambos rechazaban muchas de las tradiciones culturales, políticas y económicas de Occidente. Hacia 1830, algunos grupos de socialistas feministas, tanto hombres como mujeres, proclamaron ya que la abolición del capitalismo y su sustitución por el socialismo supondría la liberación de las mujeres. Para las socialistas significaba poco la consecución de la igualdad de derechos. Se centraron en cuestiones laborales y en la mejora de las condiciones de vida, tanto de la clase trabajadora en general como de las mujeres obreras en particular. Acusaron a los movimientos por la igualdad de derechos de ignorar las condiciones de explotación laboral en que trabajaban las mujeres obreras y lucharon por conseguir la reducción de la jornada y mejores salarios. Pero supeditaron el movimiento feminista al socialismo y, ante cualquier conflicto entre ambos, antepusieron siempre el segundo. Clara Zetkin, socialista alemana, declaró en 1895: “La mujer proletaria no puede lograr sus más altos ideales a través de un movimiento por la igualdad del sexo femenino; solamente alcanza la salvación a través de la lucha por la emancipación del trabajo”. Sin embargo, en los círculos socialistas se dieron también numerosos prejuicios contra el movimiento de las mujeres y a menudo los varones se negaron a admitir la lucha feminista dentro del socialismo. El grado de expresión del movimiento feminista dentro del socialismo cambió a lo largo del tiempo. Durante la Revolución francesa de 1789, los líderes más radicales se habían opuesto a las reivindicaciones de las mujeres, pero en la década de 1830 éstas participaron activamente en los círculos socialistas radicales, como los saint-simonianos en Francia o los owenistas en Inglaterra. Sin embargo, la corta vida de estos movimientos limitó los logros feministas dentro del socialismo radical. A mediados del siglo XIX, la redefinición del socialismo por Marx y Engels, redefinió también la concepción del feminismo socialista. Marx y Engels proclamaron que la liberación de la clase trabajadora traería la liberación de las mujeres. Nunca se detuvieron a analizar, en cambio, en qué consistiría tal liberación e incluso repudiaron la disolución de los lazos familiares tradicionales y la participación de las mujeres en el trabajo. El socialismo marxista adoleció también de la ausencia de reivindicaciones feministas en su seno y de los mismos prejuicios ancestrales. Los socialistas franceses y alemanes defendieron a menudo que las mujeres continuaran en sus puestos tradicionales, al frente de la familia y del trabajo doméstico. En el último cuarto del siglo XIX, la participación femenina en el movimiento socialista fue mayor, sobre todo en Alemania. El Partido Socialista alemán, que se mantuvo casi proscrito entre 1878 y 1890, necesitó del apoyo de las mujeres para difundir su causa. En 1879, August Bebel publicó su obra La mujer y el socialismo, que alcanzó enorme popularidad. En ella, Bebel sostenía que el capitalismo era la causa del sometimiento de las mujeres y vinculó nuevamente el socialismo a la liberación femenina. El libro de Bebel facilitó el acercamiento de las mujeres al socialismo alemán desde la década de 1880. En Rusia, también durante el último cuarto del siglo XIX, las mujeres fueron bien recibidas dentro de la causa socialista, debido en buena parte a la situación de ilegalidad en que se hallaban los partidos revolucionarios, que reclamaban la liberación de todos los oprimidos, incluidas las mujeres. Las mujeres rusas participaron en todo tipo de actividades de la causa revolucionaria en Rusia, lo que les valió el respeto de los socialistas varones. A principios del siglo XX, las mujeres tenían una gran presencia en los partidos socialistas de Europa. Dentro del Partido Socialista Alemán, el más numeroso de Europa, había en 1914 unas 175.000 mujeres. Clara Zetkin y Rosa Luxemburg influyeron enormemente en la política del Partido, si bien la última no se identificaba con la lucha feminista. Para muchas de estas mujeres, el socialismo era un fin en sí mismo, más importante que el movimiento por la liberación de las de su sexo. Las que sí se identificaban con el feminismo, acababan de todas formas subordinándolo a la causa final del socialismo. Las socialistas feministas lograron introducir sus reivindicaciones propias en las demandas del partido y, a pesar de sus numerosos prejuicios, el socialismo se mostró como el movimiento político de mayor apoyo al feminismo hasta mediados del siglo XX. Acerca de otros movimientos vinculados al feminismo en la primera mitad del siglo XX, el mismo Ricardo defiende que: Durante la época de entreguerrras, las feministas abandonaron en gran medida sus reivindicaciones para dedicarse a otros movimientos afines. La “cuestión femenina”, como se la llamó, había dejado de tener fuerza por sí misma. Las feministas inglesas declararon que “el feminismo no es suficiente”. Tanto las organizaciones por la igualdad de derechos como los grupos socialistas de mujeres se consagraron a tareas relacionadas con el bienestar social. La eliminación en los partidos socialistas y comunistas de los sectores feministas, pusieron a las mujeres ante la evidencia de que de ellas se esperaba que se dedicaran a las labores asistenciales propias de su sexo. No se cuestionaba la participación política de las mujeres, pero se les asignaban tareas que se consideraban apropiadas para ellas. La mayor parte de las feministas adoptaron este mismo criterio, si bien algunas, la minoría, siguieron reivindicando la participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social y política. Las mujeres tuvieron un ámbito de participación más reducido en los partidos conservadores. Las mujeres de estos partidos asumían de buen grado su relegación a un segundo plano desde el que se consagraron a labores de asistencia. Pero dentro de los partidos de izquierdas esta relegación se dio también de forma general, al menos durante los años de entreguerras. Al consagrarse a la causa del bienestar social, tanto las feministas socialistas como las pertenecientes al movimiento por la igualdad de derechos abandonaron en gran medida el feminismo en sí. Trabajando en este tipo de cuestiones, algunas de ellas siguieron presionando para conseguir avances para las mujeres, como ayudas a la maternidad, reforma de las leyes de divorcio, aborto o contracepción. Sin embargo, dentro de los grupos de mujeres volvieron a perfilarse las profundas diferencias que separaban a unas y a otras. Las mujeres conservadoras del movimiento por la igualdad de derechos se opusieron radicalmente a las reformas que aumentarían la independencia sexual de las mujeres, así como al aborto o la anticoncepción. Las mujeres de los partidos de izquierda, sin embargo, lucharon para conseguir el control de la propia fecundidad, y en 1929 muchas de ellas participaron en la Liga Mundial por la Reforma Sexual sobre una Base Científica. Esta comunidad internacional tuvo, sin embargo, escasa influencia política. El aborto siguió siendo ilegal en Europa, y en la Unión Soviética Stalin lo abolió en 1936, con la excusa de que se necesitaban hombres para los objetivos del socialismo. El triunfo de regímenes dictatoriales en Alemania, Portugal, Italia y España imposibilitó el avance del control femenino sobre su propia fecundidad, y en otros países, como Francia, el argumento de la necesidad de aumentar la tasa de natalidad prohibió la decisión de las mujeres respecto al aborto y la anticoncepción. Durante la época de entreguerras, muchas mujeres feministas participaron también en movimientos pacifistas y antifascistas. La asociación entre pacifismo y feminismo era antigua, remontándose a mediados del siglo XIX. Durante la guerra de Crimea de 1854, muchas mujeres se aliaron para protestar contra la guerra, y en 1889 la sufragista austriaca Bertha von Suttner escribió su ¡Dejad las armas! y fue la primera persona en recibir el Premio Nobel de la Paz, creado por el industrial Alfred Nobel por inspiración de la obra de Suttner. La vinculación entre feminismo y pacifismo surge de la identificación ancestral entre guerra y virilidad. Durante el periodo del movimiento sufragista, muchas mujeres creyeron que el voto femenino acabaría con la guerra. En 1910, el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas hizo de la “lucha contra la guerra” su objetivo prioritario. La primera guerra mundial, sin embargo, provocó la escisión de los movimientos feministas, que siguieron por separado el camino del pacifismo o del nacionalismo bélico. Los movimientos de mujeres por la igualdad de derechos abandonaron la lucha feminista mientras durase la guerra y se consagraron a apoyar la victoria de sus naciones, lo que provocó la salida de ellos de los grupos de mujeres pacifistas. Este mismo proceso se produjo en los grupos de mujeres socialistas. En 1915 se celebraron dos congresos de mujeres pacifistas: el Congreso de Mujeres Socialistas Internacionalistas, en Berna, y el Congreso Internacional de Mujeres (por la igualdad de derechos), en La Haya. Con ello se ponía de manifiesto la ya tradicional división entre mujeres conservadoras y mujeres socialistas. En ambos congresos se pidió el final de la guerra y se pidió a las mujeres que presionaran a sus gobiernos para poner fin al conflicto. Tras la primera guerra mundial, los grupos pacifistas de mujeres siguieron actuando; así, por ejemplo, la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad. Pero con la subida al poder de los totalitarismos en la década de los treinta, muchos pacifistas consideraron que la lucha armada era el único medio para acabar contra los regímenes totalitarios. Sin embargo, en 1938 Virginia Woolf publicó su obra Tres guineas, un espléndido alegato que unía feminismo, antifascismo y pacifismo. Para la Woolf, el feminismo era el camino más directo hacia la paz y contra el fascismo que sustentaba el patriarcado. Woolf relacionó además por vez primera lo privado con lo público y urgió a las mujeres a luchar en contra de las violencias cotidianas contra sus cuerpos y voluntades, y contra la alta política de los varones. En Tres Guineas, Woolf unía guerra y virilidad, y excluía a las mujeres de la participación en la guerra, proponiéndolas que se consagraran a subvertir los valores patriarcales tanto en el ámbito de lo privado como en la arena pública. Además, despreciaba la noción de patria y el nacionalismo al escribir: “Como mujer, no tengo país. Como mujer, no quiero un país. Como mujer, mi país es el mundo entero”. Tras el estallido de la II Guerra Mundial, muchos grupos pacifistas de mujeres y hombres se opusieron a ella. Pero la barbarie de la contienda significó para los pacifistas un trance aterrador. Las preocupaciones específicas de las mujeres se olvidaron en la lucha por la supervivencia. Durante la guerra y posteriormente en la posguerra, las mujeres se definieron como comunistas, católicas, o de izquierdas o derechas, pero no como feministas. Lo prioritario era la reconstrucción. Y esta se llevó a cabo a costa de devolver a las mujeres a sus papeles tradicionales de esposas y madres. Durante las décadas de los cuarenta, cincuenta y sesenta, la mayoría de las mujeres feministas abandonaron sus reivindicaciones. Pero a finales de la década de los sesenta las cosas cambiaron. La recuperación después de la guerra en los países era total. En los Estados Unidos la sociedad se vio conmocionada por los movimientos pacifistas contra la guerra del Vietnam y a favor de los derechos civiles de los negros. En Europa, la rebelión de 1968 desencadenó un nuevo movimiento feminista. El “movimiento de liberación de la mujer” o Women’s Lib, como se llamó desde entonces al movimiento feminista, despertó al calor de estos acontecimientos. Por último, hacia un nuevo feminismo trata de lo siguiente: A finales de los años sesenta, los valores que habían sostenido las ideologías liberales en el mundo capitalista comenzaron a desintegrarse y surgieron una serie de movimientos marginales que ampliaron y radicalizaron la confrontación entre clases sociales. La aceleración de la carrera de armamentos, los conflictos en el llamado Tercer Mundo, el miedo a la guerra nuclear, las injusticias en el mundo desarrollado y las guerras crearon condiciones de descontento y rebelión entre los sectores más marginados. Los negros en Estados Unidos, los estudiantes en Francia e Italia, los pacifistas en los países escandinavos, etc., cuestionaron las raíces de unas sociedades que tenían como base teórica la igualdad de derechos de los ciudadanos. En el seno de esta rebelión nació el nuevo movimiento de liberación de las mujeres. En Europa, como en Estados Unidos, las mujeres que participaban en los movimientos disidentes comprendieron que no habían alcanzado la igualdad a pesar de las luchas de sus predecesoras. Entendieron la contradicción que se daba entre los ideales igualitarios de dichos movimientos y la realidad de sus propias vidas, que seguían sometidas al imperio del patriarcado. La opresión de las mujeres se desarrollaba en el hogar, que seguía siendo siendo su ámbito prioritario de actuación, y en el trabajo, con situaciones laborales discriminatorias a pesar de las leyes de igualdad, y con desigualdad de oportunidades profesionales. Junto a ello, las mujeres de finales de los años sesenta comprendieron que su género se había convertido en el elemento manipulable de la sociedad consumista, que las convertía -y las convierte- en objetos de y para el consumo. La sociedad occidental ha llevado hasta su extremo la degradación social del ama de casa y la nueva libertad sexual no era más que una engañifa, puesto que el cuerpo femenino se convirtió en objeto de explotación para la libertad masculina. Ante la igualdad legal, las mujeres se sintieron más estafadas debido a su situación real. Las situaciones cotidianas de desigualdad y opresión crearon -y siguen creando- en muchas mujeres un conflicto personal permanente y del que es difícil desembarazarse, puesto que las estructuras de dominio del capitalismo avanzado son mucho más sutiles que las que imperan en los países del llamado Tercer Mundo o en el mundo islámico. Al mismo tiempo, las contradicciones internas de la sociedad tecnológico-industrial son mucho más evidentes que en esos países. De ahí que la nueva política de las mujeres surgiera en los países donde el capitalismo había alcanzado sus formas más perfectas y que esta nueva política de las mujeres abriera sus horizontes a todas las formas de opresión (económica, legal, sexual, ideológica...). Y, particularmente, a la ancestral división que relegaba a la mujer al ámbito de lo privado, de lo invisible, como reproductora y socializadora, frente al ámbito de lo público, de lo visible, asignado al hombre. La nueva política de las mujeres surgió además de otra contradicción: la que supuso para muchas la práctica de luchar en el seno de grupos radicales pacifistas, de defensa de los derechos civiles de los negros, o de las revueltas de estudiantes. Las mujeres descubrieron que dentro de estos movimientos pervivía la más antigua y arraigada de las opresiones: la de las mujeres. Tomaron conciencia por vez primera de que esta opresión se daba en todas las clases sociales, en todas las minorías y en todos los movimientos radicales dirigidos por varones. Así se demostró en la práctica revolucionaria y política durante la rebelión de mayo del 68 en Francia, o en los movimientos de protesta contra la guerra del Vietnam en Estados Unidos. El nuevo feminismo no fue ya sólo la lucha por conseguir los mismos derechos y oportunidades de que gozaban los hombres, sino que cuestionó radicalmente el patriarcado y sus manifestaciones más brutales: individualismo, violencia, competición, jerarquización y totalitarismo. Se ha considerado texto fundacional de este nuevo feminismo a la obra El segundo sexo, publicada por la filósofa Simone de Beauvoir en 1949, en la época de letargo del movimiento feminista que siguió a la II Guerra Mundial. Efectivamente, El segundo sexo fue publicado sin el respaldo de un movimiento feminista, pero fue de vital importancia para la nueva política de las mujeres. Simone de Beauvoir analizaba en él el por qué de la existencia de la mujer como el Otro, como perteneciente a la categoría de lo negativo, de lo no-hombre, la otra cara del espejo de lo masculino. Puso de manifiesto esa cualidad de alteridad y de marginalidad que estaba en el origen de la ancestral superioridad económica, social y simbólica del mundo patriarcal. Simone de Beauvoir fue la primera teórica feminista que habló explícitamente de la diferencia en la igualdad como forma de reivindicar el enriquecimiento de la vida tanto para hombres como para mujeres. Beauvoir, que al escribir El segundo sexo confiaba en que el socialismo conllevaría la liberación de las mujeres, cambió de actitud, como muchas otras feministas, a lo largo de los años sesenta. Las socialistas reconocieron la insuficiencia del socialismo para colmar la lucha de las mujeres y desde distintos ámbitos feministas se insistió en que las mujeres sufrían una opresión concreta contra la que había que organizarse adoptando tácticas concretas. Las feministas llegaron a la conclusión de que esta lucha era una cuestión de mujeres y que sólo el reconocimiento común de su opresión serviría para liberarlas de ella. El lema más importante del movimiento de liberación de la mujer, que se mantiene hoy día, era “lo personal es político”, retomando la herencia que Virginia Woolf dejara en sus Tres guineas. Ello supuso el que, de las experiencias personales de las mujeres, surgiera un discurso político original y revolucionario acerca de cuestiones que hasta entonces habían sido tabúes culturales del patriarcado, como el aborto, la libertad del cuerpo femenino o la violación. El movimiento de liberación de las mujeres de los años sesenta y setenta fue más allá de lo que habían ido las feministas de tiempos pasados, al cuestionar desde su raíz la estructura social del patriarcado y desentenderse del hombre como medida de todas las cosas. El proceso de concienciación se dio, tanto en Europa como en Estados Unidos, a través de pequeños grupos de discusión en los que las mujeres compartían sus experiencias y entendían sus conflictos comunes frente al patriarcado. En Inglaterra, Francia, Alemania, Países Bajos, Escandinavia e Italia, como en Estados Unidos, se formaron grupos de mujeres, clubes y asociaciones, librerías de mujeres, etc., que crearon nuevos espacios de libertad femenina y nuevas relaciones políticas. Aparecieron multitud de publicaciones feministas. Las redes de solidaridad tejidas por estos grupos se tradujeron en un florecimiento de las acciones políticas de las feministas, que crearon símbolos de liberación y rebelión contra el patriarcado, los cuales se convirtieron en comunes para el movimiento feminista a través de la acción directa y de las manifestaciones. A comienzos de los años setenta, estas tácticas habían atraído a gran cantidad de mujeres y hombres al nuevo feminismo, y la liberación de las mujeres se había convertido en un movimiento político de gran fuerza social. El movimiento de liberación de las mujeres consiguió para las mujeres de Europa occidental un cierto grado de control sobre sus cuerpos en lo referente a la sexualidad y a la procreación. La lucha por el derecho al aborto, a la contracepción y al uso libre del cuerpo femenino por las mujeres, las protestas contra su objetualización publicitaria y pornográfica, contra la violencia física hacia el cuerpo femenino, la defensa de los derechos de las prostitutas, etc., fueron algunos de los principales objetivos de la nueva política de las mujeres. Pero quizás la vertiente más revolucionaria relacionada con el control de su propia sexualidad fue la lucha del feminismo lesbiano. Al poner en cuestión las tradiciones de control patriarcal sobre el cuerpo femenino, las feministas comenzaron a denunciar su institución sexual fundamental: la “heterosexualidad obligatoria”. La consideración de la heterosexualidad fundacional del patriarcado hizo que dentro del movimiento feminista muchas mujeres cuestionaran sus propios usos sexuales determinados por el patriarcado y se inclinaran por el amor entre mujeres. Las lesbianas habían participado siempre en los movimientos feministas, pero hasta los años setenta el lesbianismo era escondido o negado por las feministas. A mediados de los años setenta, las lesbianas comenzaron a reivindicar su identidad sexual y su importancia dentro de los movimientos feministas. El lesbianismo se convirtió en un asunto político para las activistas, formándose grupos radicales de separatismo lesbiano a mediados de los años setenta. La importancia del feminismo lesbiano dentro del movimiento de liberación de las mujeres ha sido inestimable, porque las mujeres que amaban a otras mujeres pusieron a la mujer en el centro de todas las cosas, considerándola como mujer en sí misma, y no en su relación con los hombres. Este punto de vista ha resultado crucial en el desarrollo posterior del feminismo de los años ochenta y noventa. CAPÍTULO ONCEAVO Se llama violencia de género a la situación de maltrato que se produce en el seno de la familia y que afecta a las relaciones entre sus miembros, de forma que una de las partes ocasiona daño, físico o psicológico, a otra u otras. El fenómeno de la violencia y el maltrato dentro del ámbito familiar no es un problema reciente: el estudio histórico revela que ha sido una característica de la vida familiar tolerada y aceptada desde tiempos remotos. La violencia familiar comenzó a considerarse un grave problema social a comienzos de los años sesenta, cuando algunos autores describieron el síndrome del niño golpeado y pusieron en primer plano, con el interés creciente de los medios de comunicación por estos temas, un problema hasta entonces silenciado. A principios de los años setenta, la creciente influencia del movimiento feminista empezó a atraer la atención sobre las formas y consecuencias de la violencia contra las mujeres. Progresivamente comenzaron a desvelarse otros fenómenos del ámbito familiar, también más extendidos de lo que se creía: el abuso sexual a los niños y el maltrato a los ancianos. Empezaba a hacerse público, por tanto, un problema hasta entonces privado y, por lo mismo, inexistente para la sociedad, a la vez que la familia dejaba de considerarse como el entorno idílico de amor y protección que se había considerado hasta esos momentos. El maltrato dentro de la familia no es un problema aislado: diversos estudios ponen de manifiesto que alrededor de un 50% de las familias sufre o ha sufrido alguna forma de violencia entre sus miembros. Si nos adentramos en esta realidad, encontraremos sus múltiples manifestaciones: maltrato físico, maltrato psicológico, abuso sexual, negligencia y abandono... todos ellos presentes en cualquier clase social, posición económica o nivel educativo. Para explicar este extenso y complejo fenómeno sería necesario apelar a razones de diversa índole y propias de cada dinámica familiar, ya sean políticas, económicas, jurídicas y sociales, y no sólo psicológicas o individuales. Es decir, comprenderlo de este modo supone considerar que aquello sucedido dentro del ámbito de una familia no es absolutamente privado, sino que también se relaciona en gran medida con el orden social. El término violencia familiar alude a todas las formas de abuso que tienen lugar en las relaciones entre los miembros de una familia. Se denomina relación de abuso a cada una de las formas de relación que, enmarcadas en un contexto de desequilibrio de poder, incluye conductas de una de las partes que, por acción u omisión, ocasionan daño físico o psicológico a otro miembro de la relación y tienen como objetivo el sometimiento del otro. Esta definición, tomada en sentido amplio, muestra que cualquier miembro de la familia, independientemente de su sexo y edad, puede ser agente o víctima de la relación de abuso. Sin embargo, son los padres los ejes sobre los que parece gravitar la jerarquía dentro de la familia, y por tanto, la posibilidad de que se ejerza abuso. Las estadísticas son elocuentes: es el varón adulto quien con más frecuencia utiliza la violencia, y son las mujeres y los niños las víctimas más comunes de ésta. Algunos principios culturales, costumbres sociales y normas religiosas han tolerado y apoyado tradicionalmente la subyugación casi absoluta de la mujer al hombre y de los niños a sus progenitores. En nuestra cultura, y desde hace muchos siglos, a los padres se les ha adjudicado una autoridad incuestionable sobre su descendencia, y al hombre, la misma autoridad sobre su mujer. Además de ejercer este dominio, el hombre se ha sentido hasta hace poco con derecho a la obediencia, a la lealtad y al respeto incondicional de su mujer y de sus hijos. Si bien existen casos de hombres maltratados por sus esposas o compañeras, representan el 2% del total de casos de adultos víctimas de abuso. En este sentido, muy recientemente está emergiendo una nueva manifestación de violencia dentro de la familia, la de los jóvenes que ejercen la violencia contra sus progenitores, aunque, una vez más, mayoritariamente son las madres las víctimas de estas situaciones. No obstante, no vamos a desarrollar de forma sistemática la violencia de género o violencia familiar, pues así traspasaríamos todo lo tocante al 8 de marzo. Esta novela capta en esencia y en su totalidad todo lo referente al día 8 de mayo. FOTOGRAFÍA DEL AUTOR (IÑAKI) DISEÑO DE PORTADA Nombre del autor: Ignacio Ramón Echeburúa Estévez Nombre del autor en la portada: Ignacio R. Echeburúa Título del libro: El 8 de marzo. Texto solapa portada (máximo 400 caracteres con espacios). Biografía del autor: Sólo voy a citar mis últimas publicaciones. En esta última órbita, se sitúa el libro titulado “El Griego y su Literatura Clásica”, que sacó a la calle la Editorial pc de Palma de Mallorca, en su sede de Barcelona. Le siguió un libro sobre “ASTRONOMÍA”, que editó en junio de 2022, la Editorial Autografía de Barcelona. Asimismo, los tres libros siguientes han sido publicados por la Editorial Autografía. En junio de 2023 vio la luz el libro titulado “Historia de la física”. Este libro tiene 282 páginas y forma parte de la colección Fondo de la editorial. Se puede adquirir en librerías online como Librería Oxford, Buscalibre y Agapea. En enero de 2024 salió a la calle el libro titulado “JOSÉ ORTEGA Y GASSET y la razón histórica”. Ortega nos dice que necesitamos una razón que sea capaz de describir los sentidos del mundo humano, que nos permita entender la realidad humana. A la razón pura le es imposible captar al hombre en su singularidad, en sus realizaciones históricas, la razón pura no nos sirve; la razón matematizante... Por otro lado, “Mis Relatos” es mi única obra de narrativa, la cual contiene tres relatos cortos, como son “¡Una boda que se las trae!”, “Aires de romería: El Rocío” y, para terminar, “Con faldas y ¡a lo loco!”. Fue puesta en la calle en marzo de 2025 por la mencionada Editorial Autografía, en la categoría de Ficción. Ya está en la editorial el libro titulado “Nuevos Relatos”, que saldrá a la calle en septiembre de este año y contendrá cinco narraciones, cuyos títulos son: a) El Gernika; b) EL suicidio de un filósofo; c) En una casa que no quiero recordar; d) San Juan de Gaztelugatxe, y e) Deporte Rural Vasco. Por último, quiero indicar que Ediciones Europa acaba de enviarme una propuesta editorial por la que se compromete a publicarme el título “Mis Cuentos”, que se integra por las narraciones siguientes: a) Leyendas y sagas de la mitología nórdica, b) Los vikingos y su mitología, y c) La vida desde los inicios, para los niños. Su correo electrónico es: editor3@grupoeditorialeuropa.es/ Sin embargo, tengo redactada mi primera novela, de la que no falta ni un detalle, que se titula “Una comunidad de Carmelitas descalzas”, incorporando a este título sendas fotografías. Son sus dos personajes centrales Jorge y Luis Enrique, quienes con diálogos llenos de frescura y sinceridad nos abren las puertas del convento de Santa Teresa de San Sebastián. Dicha novela, que se trata de ser una novela histórica, se encuentra en la bandeja de entrada, pero aún no tiene un destinatario concreto. Y, últimamente, se ha redactado otra novela, titulada Un catamarán nuevo, con una extensión parecida a la anterior, aunque el nº de capítulos se queda en seis. Texto de la contraportada (máximo 500 caracteres con espacios). Sinopsis: Se trata de una conversación dialogada entre los cuatro miembros de una familia vasca, que son Mertxe y Ricardo, que constituyen el matrimonio, y Aitor y Gurutxe, los dos hijos de ambos. Dicha conversación acontece en la primavera de Vitoria, en un día que presagiaba lluvias. Se hace un estudio psicológico de los cuatro protagonistas, destacándose que Ricardo, sujeto de 45 años era militante de base del P.S.O.E., lo que apuntaba su interés por el feminismo. Mertxe, por su parte, con sus 43 años tenía serios trastornos de personalidad, que tenían su fundamento en el paso errático que hizo por la universidad. Aitor es un joven de 20 años, que estudia Ciencias médicas, destacando, sobre todo, por su introversión. Por último, Gurutxe tiene 23 años, siendo llamativa su sensibilidad, que le empujó al estudio de Artes. Se habla de la Universidad pública del País Vasco y de Artium, Museo de arte contemporáneo vasco y español. De este modo, se imbrican los personajes con la trama de esta novela, quedando todo explicado y ¡bien explicado! Esta novela tiene 10-11 capítulos que tratan sobre la significación y trasfondo del 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora. En el capítulo 1º, igual que en el 2º, se trata del feminismo. Los capítulos 3º y 4º se dedican al estudio del género, desde el punto de vista filosófico. El capítulo 5º nos ha permitido pintar las generalidades de la celebración del 8 de marzo. En el capítulo 6º se habla del caso español y se trae a colación un artículo de la que fue alcaldesa de Madrid. El capítulo 7º aborda el machismo, mientras que en los capítulos 8º y 9º se aborda la historia del feminismo, con todo lujo de detalles. Por último, en el capítulo 10º se repasa someramente la violencia de género o violencia familiar. Texto solapa contraportada (máximo 300 caracteres con espacios). Breve resumen del libro: He escrito, en definitiva, una novela, que ocupa 25 folios, sin aportar fotografía alguna. Se recuerda que mis borradores están escritos en Time nº 9 y a un espacio. La novela, junto con la epopeya y el cuento, forman parte del género narrativo. A partir del siglo XVIII, por su popularidad, la novela se convirtió en el género moderno más importante, quizá por su capacidad para mostrar los conflictos y el devenir de los seres humanos, superando el distanciamiento estático de la épica. Lo más evidente es su capacidad de evolución técnica y de renovación temática, por eso resulta difícil de definir. Derivada de la remota epopeya, Hegel la llamaba “epopeya burguesa”. La novela aparece enunciada por un narrador que es parte de la ficción construida por el autor. En ella, a diferencia del cuento o incluso de la novela corta, se relata una acción prolongada y de cierta complejidad, muchas veces ramificada en historias secundarias cuyos eventos son vividos por los personajes en un espacio concreto y dentro de un tiempo que aparece como elemento fundamental de la narrativa. Por otra parte, presenta múltiples subgéneros: novela policíaca, novela de aventuras, novela rosa, novela picaresca…, si bien suele darse la siguiente clasificación: a) novela de acción, en la que sobresale el interés por la intriga; b) novela de personaje, en la que los otros elementos se subordinan a la representación psicológica de los personajes, y c) novela de espacios, en la cual la descripción de los ambientes o lugares, tanto físicos como sociales, constituyen el núcleo central de la obra. También puede diferenciarse en función de su temática (novela de tesis, de la revolución mexicana, etc.), la técnica narrativa con que está construida (epistolar, objetivista, etc.) o la coexistencia con otros géneros (novela lírica o poética, novela histórica, etc.). ¿Qué concepto –o conceptos – pretende transmitir en su libro? En principio, una sociedad compleja es más rica si en sus diferentes jerarquías e instituciones aparecen mujeres. El 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que recuerda la lucha de las mujeres por la igualdad de género y su participación en todos los ámbitos de la sociedad. La fecha fue reconocida oficialmente por las Naciones Unidas en 1977, pero sus raíces se remontan a movimientos obreros y reivindicaciones de derechos de las mujeres a principios del siglo XX, especialmente en relación con las condiciones laborales y el sufragio femenino. En este día, se reflexiona sobre los logros alcanzados y los desafíos pendientes en la búsqueda de la igualdad de género, así como la necesidad de eliminar cualquier forma de discriminación. Se recuerda la importancia de la participación de las mujeres en la política, la economía, la cultura y la sociedad en general, así como la necesidad de abordar la violencia de género y otras formas de discriminación. ¿Qué significa el título del libro? En principio, el 8 de mayo es una fecha del calendario, en la que se conmemora el Día Internacional de la Mujer. El 8 de marzo no se trata de una celebración, sino de una jornada de reivindicación y memoria, donde se destaca la lucha histórica de las mujeres por sus derechos y la necesidad de seguir trabajando por una sociedad más justa e igualitaria. En resumen, el 8 de marzo es un día para: Recordar la lucha de las mujeres por la igualdad de género. - Reconocer los logros alcanzados en la lucha por los derechos de las mujeres. - Reflexionar sobre los desafíos pendientes y la necesidad de seguir trabajando por la igualdad. - Denunciar la discriminación y la violencia contra las mujeres. - Conmemorar la lucha de las mujeres por sus derechos en todos los ámbitos de la sociedad. ¿Cuál es el público principal al que va dirigido el libro? En este libro, en general, se está pensando en todas las mujeres del mundo, sin discriminación de sexo, raza, religión, etc. Va dirigido a un público muy general, ya que los hombres también pueden ser feministas. Se trata de una reivindicación de los derechos de las mujeres. De todas las mujeres. El objetivo es sensibilizar a la sociedad y potenciar la igualdad real de género. Así, se reclama la reducción de las desigualdades de género. En este sentido, en el 8M también se recuerda que las violencias contras las mujeres, en especial la violencia de género y la violencia sexual, son la expresión más amarga de las sociedades machistas, con convicciones profundamente patriarcales.ç ¿Qué palabras le gustaría que su libro sugiriese a quien lo viese? Describa el libro en tres palabras: La unión crea la fuerza. En caso de que haya algún elemento imprescindible o prohibido para la portada, coméntelo en las siguientes líneas. También si tiene alguna sugerencia concreta sobre la tipografía, el diseño, etc... ATENCIÓN Envíe hasta 5 imágenes que sean de su agrado (pueden ser portadas de otros libros, portadas de discos de música, carteles de películas o cualquier creación gráfica de su agrado). Anexe las imágenes en el e-mail Anexe también una fotografía del autor para la solapa ATENCIÓN Envíe hasta 5 imágenes que sean de su agrado (pueden ser portadas de otros libros, portadas de discos de música, carteles de películas o cualquier creación gráfica de su agrado). Anexe las imágenes en el e-mail Anexe también una fotografía del autor para la solapa -----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------