jueves, 7 de mayo de 2020

Geografía e Historia del País Vasco (IV)


3.Los árabes y el Reino de Pamplona
                ¿La rapidez de la ocupación, la felonía[1] del conde don Julián (el legendario gobernador de Ceuta que ayudó a los musulmanes a atravesar el  Estrecho), y la profusión de traiciones por parte de la aristocracia[2] del reino de Toledo, tiene algo que ver con la mitificación de un personaje histórico de poca monta? Es probable. Los sentimientos patrióticos se nutren siempre de símbolos e indomables. No sería de extrañar, pues, que la vaga gesta del Pelayo de Covadonga haya sido magnificada hasta hacer de un simple cabecilla un impulsor de la Reconquista, omitiéndose señalar su inicial colaboración con los invasores y la causa primera de su revuelta: la boda de su hermana con un gobernador mahometano de la zona.                                     Para no alejarnos de la realidad, apuntamos que el estrecho de Gibraltar es un brazo de mar que comunica el océano Atlántico con el mar Mediterráneo, y que separa las costas meridionales de España y las septentrionales de África. De unos 14 km de anchura y 250 m de profundidad. En la orilla Ibérica se hallan los puertos de Gibraltar, Algeciras y Tarifa, y en la africana están los de Tánger y Ceuta.                                                                                                 En julio de 711 acontece la batalla del río Guadalete. Las tropas del rey don Rodrigo se enfrentan con las de Tarik ben Ziyad, gobernador de Tánger. La victoria musulmana marca el inicio de la ocupación de la península Ibérica y el fin del reino visigodo. Al año siguiente, en 712, Muza ben Noiser llega a la Península. Al mando de un ejército de 18.000 hombres, cruza el estrecha de Gibraltar y en pocos años conquista Sevilla, Mérida, Zaragoza, Barcelona, Tarragona, Pamplona, Gerona y otras ciudades, estableciendo en al-Andalus un valiato dependiente de Damasco. En 716 se traslada la capital a Córdoba, emirato dependiente del califato de Damasco. Por iniciativa de Ayyub, sucesor del asesinado Abd al-Aziz, hijo de Muza, a quien éste había confiado el gobierno de al-Andalus, la capital del valiato se traslada de Sevilla a Córdoba. Se inicia ahora un sangriento periodo de luchas internas.                                              Por otro lado, en 717 Pelayo es proclamado rey de los astures. Hijo de Fáfila, dignatario del rey visigodo Egica, es elegido por los nobles. Establece su Corte en Cangas de Onís e inicia la resistencia contra los musulmanes. Ya en 722 tiene lugar la batalla de Covadonga. Las montañas del norte peninsular son escenario del enfrentamiento entre las tropas de don Pelayo  y las musulmanas de Al-Hakam, que ven frenado su intento de expansión. Esta victoria es considerada como el punto de inicio de la Reconquista.                                                                  En definitiva, en el 711 el rey visigodo Rodrigo estaba batallando contra los vascones, momento que fue aprovechado por los musulmanes enviados por el gobernador de Ifriquiyya Musa ben Nusayr, y dirigidos por Tariq ben Ziyad, para atravesar el Estrecho de Gibraltar y comenzar la conquista de la Europa cristiana. Tarif ibn Malluk fue un oficial beréber del siglo VII, subalterno de Tariq ibn Ziyad. Fue encargado de explorar las costas meridionales de la península Ibérica (710), en vísperas de la invasión musulmana. Tras capturar un rico botín regresó a Mauritania. La relación entre los vascones y los árabes fluctuó entre la amistad y la guerra. Antes del 714 Musa había llegado ya a Zaragoza. El conde Casius, que dominaba en algún lugar en el valle del Ebro, dándose cuenta de la difícil situación militar, seguramente con la esperanza de conservar sus tierras, pasó el 714 al servicio del Califa. Dando lugar posteriormente a la familia vasco-árabe de los Banu-Qasi, que controló durante cuatro siglos la ribera del Ebro; y que tendría vital importancia en el surgimiento del futuro Reino de Pamplona. Un reino que surgió de la cooperación entre los vascones liderados por Ínigo Arista y los Banu-Qasi vasco-musulmanes de la ribera del Ebro. En contra de lo creído hasta época reciente, los vascos sureños, sobre todo de la ribera del Ebro, se convirtieron al Islam, lo que no impidió los matrimonios mixtos entre los vascos de Spania (la península en manos de los árabes) y los vascos del norte, en su gran mayoría, fieles todavía a la religión vasca[3]. En 716, se traslada la capital a Córdoba, emirato dependiente del califato de Damasco. Por iniciativa de Ayyub, sucesor del asesinado Abd al-Aziz, hijo de Muza, a quien éste había confiado el gobierno de al-Andalus, la capital del valiato se traslada de Sevilla a Córdoba. Se inicia ahora un sangriento periodo de luchas internas. En los escritos de la Edad Media de Navarra, por ejemplo de Tudela en el siglo XIV, aparecen anotaciones de personas con nombre árabe y sobrenombre vasco, lo que demuestra el arraigo que tuvo el Islam durante esta época. Otro de los mitos que entierran estas inscripciones, es la supuesta pérdida del euskara en el sur de Navarra desde la época romana, si así hubiera ocurrido, no sería lógica la utilización de sobrenombres vascos en personas que pertenecían a familias arraigadas en la zona, que seguían siendo de religión islámica. Entre otros, el Jurado de la Aljama de Tudela en el año 1309 era Mahoma Oxarra.  Tudela fue conquistada en 716 por los musulmanes. En 1379 pasó a poder de Enrique II de Castilla, siendo la última ciudad de Navarra incorporada a la Corona de Castilla. Otros vasco-musulmanes: Mahoma Ezquerro en la localidad de Ablitas, Mahoma Abarqua en Cortes y también en Ribaforada. Todas ellas localidades de la Ribera del Ebro, en el sur de Navarra.                                       Se llama Reconquista al proceso de lucha entre los reinos cristianos y las entidades políticas musulmanas que comenzó pocos años después de la invasión de los árabes (hacia el 718) y terminó con la toma de Granada en 1492. Su larga duración se explica por la debilidad inicial de los núcleos cristianos, porque se vio acompañada de un proceso de repoblación que, si la ralentizó, le dio solidez y porque, contra lo que quiso transmitir cierta historiografía nacionalista y católica, la Reconquista no ha de entenderse como la idea de expulsar a unos invasores infieles que obsesionase a los cristianos durante ocho siglos; buena muestra de ello es que los enfrentamientos entre los propios reinos cristianos fueron tan numerosos como los mantenidos contra los musulmanes. Existieron diferencias entre la zona occidental de la Península y la oriental. En la primera, las luchas contra los musulmanes fueron protagonizadas en sus comienzos por el reino de Asturias como mera continuación de la tradición de resistencia de las poblaciones de la cornisa cantábrica a todos los poderes que habían  intentado someterlas  (romanos y visigodos). Sólo a partir del siglo X  se forjó la idea de “reconquista” como forma de dar legitimidad a unas monarquías (primero la leonesa y luego la castellana) que se presentaron como herederas de la visigoda. En esta zona el avance, intercalado de frecuentes retrocesos, fue rápido gracias a que el valle del Duero[4] estaba despoblado (tierra de nadie). Por el contrario, en la parte oriental peninsular los éxitos fueron más modestos al estar su área de expansión, el valle del Ebro, muy poblada por los musulmanes. En estos territorios, origen de los reinos de Aragón, Navarra y Cataluña, las luchas tuvieron en sus principios un impulso externo, puesto que algunos constituyeron la marca hispánica  dentro del Imperio carolingio, del que no se habrían de independizar hasta finales del siglo IX. Entre los siglos XI y XIII la Reconquista conoció un impulso que permitió la ocupación de toda la Península a excepción del reino nazarí de Granada. Detrás de estos éxitos estuvieron las divisiones internas de al-Ándalus[5] y la importancia que adquirió la dimensión religiosa debido: a la notable disminución de las comunidades cristianas que vivían en el territorio musulmán (mozárabes[6]), que hizo más clara la lucha contra el infiel; a la invasión de los almorávides, que, aparte de suponer una amenaza por sus éxitos militares, incorporaron un fuerte rigor religioso entre los musulmanes; y al comienzo de las cruzadas, que convirtieron a la Península en campo de lucha religiosa, trajeron caballeros y órdenes militares y animaron la colaboración entre los monarcas cristianos, puesta de manifiesto en la batalla de las Navas de Tolosa[7]. A partir del siglo XIV, cuando sólo Castilla tenía frontera con los musulmanes, se detuvo el avance reconquistador, primero por los efectos de la crisis del siglo XIV y después por las guerras civiles del XV; sin embargo, a finales de esta centuria, bajo el reinado de los Reyes Católicos, se concluyó un proceso en el que de nuevo la idea de cruzada sirvió de estímulo. En cualquier caso, las guerras y conquistas no deben dar un sesgo exclusivamente bélico a un periodo en el que menudearon las relaciones comerciales y políticas (alianzas y vasallajes) entre ambos pueblos.                                                                                                                          
4.El Reino de Pamplona

La unidad de los vascos a través del Ducado de Vasconia fue apagándose gradualmente, cayendo sus tierras bajo dominio de los francos al norte y sureste; de los asturianos al suroeste; y de los árabes al sur. En el siglo IX surgirá un nuevo liderazgo entre los vascones que irá sustituyendo paulatinamente al Ducado de Vasconia como entidad vasca independiente, el Reino de Pamplona[8]. Tras los episodios que tuvieron lugar con visigodos, musulmanes y carolingios, en la segunda mitad del siglo IX esta Ciudad se afianza en el emergente núcleo cristiano. La dinastía Jimena, en el siglo X, vertebra este movimiento social y político y da lugar al Reino de Pamplona, así llamado originariamente -esta denominación pervivirá en los dos siglos siguientes-, hasta que en 1164 tomó de hecho el título de Reino de Navarra. Con este cambio nominal se pretendía subrayar la soberanía del territorio, del conjunto de Navarra, y marcar distancias frente a la poderosa corona de Castilla.  La civitas romana de Pompaelo había sido la principal ciudad del impreciso territorio atribuible al pueblo de los vascones, hasta la fundación de Victoriacum por los visigodos (581). Durante el último tercio del siglo VIII, Carlomagno, el rey de los francos, llevó a cabo expediciones en el territorio surpirenáico para crear una marca fronteriza meridional (la posteriormente denominada Marca Hispánica[9]) en el territorio entre los Pirineos y el Ebro que contrarrestara al emirato de Córdoba. Tras el fracaso inicial de tales intentos de expansión, se logró a principios del siglo IX la creación en la parte occidental de los Pirineos de un condado que subsistiría unos diez años. A partir de entonces, de nuevo bajo el control de las autoridades cordobesas (ya con la denominación de emirato de Córdoba), se organizó hacia 824 el reino de Pamplona bajo la dirección de Íñigo Arista, su primer rey, y con el apoyo de sus aliados muladíes de los Banu Qasi, señores de Tudela, y del obispado de PamplonaLa expulsión de los musulmanes y la formación del Reino de Pamplona atrajo a nuevos pobladores (siglo X). En este mismo siglo nos encontramos en escritos árabes o en las crónicas de Alfonso III de Asturias, con topónimos que se nos hacen conocidos: Bizcaia (Vizcaya, "la cumbre", "la cima") y Alaba (Álava, procede del vasco medieval laba "el llano", que a su vez procede del latín planus; actualmente en vasco laba se dice laua). Se tendrá que esperar hasta el año 1025 para poder encontrar la primera constatación documental de Guipúzcoa ("tierra fronteriza"), escrita como Ipuçcoa, posteriormente también será transcrita como Ipuzcaia.          Iñigo Arista fue rey de Navarra y de Sobrarbe[10] (hacia 770-852), el cual estaba emparentado con los Banu Qasi de Tudela y con García el Malo de Jaca, que fueron sus aliados en  su lucha contra Luis el Piadoso y contra los soberanos de Córdoba para preservar su independencia. Llamado Arista por su genio vivaz, se casó con Teuda y le sucedió su hijo García I Iñiguez. En el año 824 Eneko Enekoitz (enéko enekóyts), conocido en español como Íñigo Íñiguez, que recibió el apodo romance de Arista por su temple guerrero, en alusión a lo rápido que prende el fuego en las aristas de trigo, será primer señor y rey de Pamplona o Iruña. Dando lugar a la primera dinastía navarra, la dinastia dels Enekoiztarrak (enékoystarrák), o dicho en romance: dinastia Arista o Íñiga. En 840 el reino de Navarra se une a los Banu Qasi[11]. Iñigo Arista, desde el trono de Pamplona, consolida la identidad propia del reino pirenaico de Navarra frente a los intereses francos, vinculándose, a través del matrimonio con Maza ben Muza, con los Banu Qasi del valle del Ebro. Además, esta alianza permite a los navarros mantener su independencia respecto del emirato cordobés./ Pero será en 843 cuando tenga lugar el reconocimiento musulmán de la independencia de Navarra. A la muerte del rey Alfonso II el Casto, la nobleza asturiana designa a Ramiro I, hijo de Bermudo I, sucesor al trono./                                                                    Su padre fue Eneko Xemenoitz (enéko shemenóyts; en español Íñigo Jiménez), oriundo de Bigorra (Bigorre, tierras que se encuentran en la vertiente opuesta a los Pirineos aragoneses, actualmente en Francia), un territorio que antaño estaba poblado por vascos. Sin fecha, muere el rey navarro Iñigo Arista. Le sucede su hijo García Iñiguez, que ya gobernaba en nombre de su padre desde hacía un año, debido a la incapacidad física de éste. En 872 se producen sublevaciones  contra el emirato. Mohammed ben Lubb, primogénito de Muza ben Musa, jefe de la familia Banu Qasi[12], se subleva contra la autoridad del emir, que no le había dado el gobierno de ninguna plaza./ Contando con la alianza del navarro García Iñiguez, llega a dominar toda la Marca Superior. Su madre, Oneka, era pamplonesa, tuvo al menos tres hijos, dos con Íñigo Jiménez ( Eneko [Íñigo] y Orti [Fortún] ), y después de fallecer éste, contrajo matrimonio con el Banu-Qasi Musa ben Fortún con el que tuvo un hijo (Musa ben Musa).                                                                                  Fortún Garcés I el Tuerto, rey de Navarra, y primogénito del rey navarro García Iñiguez, había permanecido prisionero en Córdoba  durante veinte años, tras la invasión musulmana de Navarra. A su regreso a Pamplona accede al trono y lleva a cabo una política de amistad con el emirato cordobés.        
            Hacia el siglo II a.C. se produce la llegada de los romanos desde el valle del Ebro y con ella tienen lugar los primeros asentamientos urbanos en el País Vasco. Sin embargo, la romanización no se produjo del mismo modo en todos los lugares. Las zonas más romanizadas fueron las del sur de Navarra y Álava así como las del norte de Aquitania. Pero en el litoral de Bizkaia y Gipuzkoa la colonización fue muy escasa o nula.
             En aquellos territorios con menor presencia romana la población sólo usaba el latín cuando le era imprescindible, especialmente en el comercio, la iglesia y el lenguaje escrito, manteniendo en el resto de las situaciones la lengua autóctona. Así, mientras la lengua de los romanos se utilizaba en el comercio o en la Administración, el euskara consiguió mantener su protagonismo en los cartularios de los monasterios, las leyes, la toponimia, etcétera.
            Euskara y latín convivieron durante años influenciándose mutuamente. El latín dejó su huella en la evolución del euskara, y éste en el desarrollo del latín vulgar y de las lenguas romances. Según el lingüista Koldo Mitxelena, el euskara recibió los préstamos del latín muy tempranamente. Sin embargo, es muy difícil concretar cuándo, debido a que no existe ningún texto escrito hasta el siglo XVI, por lo que hasta entonces sólo debemos fundamentarnos en la lengua oral.
            El influjo del latín en el euskara se produjo principalmente en el léxico, con la incorporación de nuevas palabras. Los préstamos más antiguos del latín se adaptaron a la fonética vasca y evolucionaron hacia una pronunciación eusquérica dando lugar a las formas que conocemos actualmente.
            La onomástica nos ofrece una información valiosísima sobre la historia de un pueblo. El estudio de la toponimia[13] (nombres comunes de lugar) y la antroponimia[14] (nombres propios de persona) de Euskadi recoge el paso y proximidad de otros pueblos en nuestra región. El análisis toponímico de las provincias limítrofes muestra, a su vez, la proximidad y presencia de la lengua vasca en zonas de Burgos, Cantabria y La Rioja. El sur de Álava y Navarra junto con el borde aquitano albergan el mayor número de topónimos latinos. Muchos de ellos se han ido transformando por influencia del euskara y otros de raíz eusquérica se han latinizado. Algunas ciudades vascas recibieron una doble nomenclatura, en latín y en euskara, como Iruñea-Pompaelo.


                                                                                                       
5.Álava, Guipúzcoa y Vizcaya entre los siglos VIII-XI

 En el siglo VIII los asturianos, herederos del reino visigótico, aprovechándose del caos generado en Vasconia por los sucesivos ataques francos que acabaron sometiendo el Ducado de Vasconia, comienzan sus incursiones en el sudoeste de los territorios vascones, convirtiéndose Cantabria y la Vardulia[15] ("tierra fronteriza"), la antigua Castilla, en campo de batalla entre asturianos y vascones. Los asturianos consiguieron conquistar las Encartaciones de Vizcaya hasta el río Nervión y el extremo noroeste de Álava. Las Encartaciones  es una comarca de España, en la provincia de Vizcaya (País Vasco), que se extiende al O del Nervión, entre los montes Ordunte, al S, y el mar Cantábrico, al N. En el extremo NE de la comarca están las minas de hierro de Monte Triano y Matamoros.           Si bien las Encartaciones fueron colonizadas por asturianos, los territorios conquistados en Álava no lo fueron. La expansión asturiana en Vasconia no pudo llegar más allá. En el siglo VIII los árabes dominaban la mitad sur de la actual Euskadi, gran parte de Álava estaba en manos sarracenas. Los territorios vascones de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, que no se encontraban bajo dominio asturiano, eran gobernados por caudillos vascones, que, con el sometimiento por parte de Carlomagno del Ducado de Vasconia, habían quedado desconectados de cualquier tipo de gobierno, enfrentándose al oeste contra el Reino de Asturias y al sur contra los árabes. En  Barambio (Álava) existen minas de cinc. Según lo indicado en algunos relatos legendarios, Vizcaya consiguió su independencia de Asturias en la batalla de Padura en el siglo IX, durante el reinado del rey asturiano Ordoño I, derrotando a sus huestes; anticipándose así Vizcaya a Castilla en la búsqueda de una independencia más de acuerdo con las tradiciones vasconas, que con la monarquía asturiana, que trataba de resucitar el reinado visigótico con sus costumbres germánicas. En 907, a principios del siglo X, muere Lope ben Mohammed, jefe de los Banu Qasi. Víctima de una emboscada  tendida por el rey de Navarra, Sancho Garcés I, con su muerte se cierra, prácticamente, la historia de la familia Banu Qasi, que durante ocho generaciones mantuvo un señorío islámico en el valle del Ebro, aliándose o enfrentándose alternativamente con los reyes cristianos y con el emirato cordobés, al-Ándalus[16] Le suceden señores locales que intentan aumentar sus dominios. Su primer jaun o señor, según estos relatos, será el pamplonés Otsoa Orti (ochóa orti; en español Lope Fortún), conocido también como Jaun Zuria (ya un suría, "Señor Blanco").  En 970 García Fernández es proclamado conde de Castilla. Las luchas mantenidas en el reino de León entre Sancho I y Ordoño IV, en las que participa  activamente el conde Fernán González, finalmente derrotado por Sancho I, provocan la sucesión en el título condal, que ahora y hasta el año 995 poseerá García Fernández. Así, pues, en 970 Sancho II Garcés Abarca será rey de Navarra y conde de Aragón. La muerte de su padre, García I Sánchez, provoca su acceso al trono en minoría, bajo la regencia de Fortún Jiménez, en el susodicho año 970. De su madre, Androgoto Galíndez, hereda el condado de Aragón. Contraerá matrimonio con Urraca Fernández, hija de García Fernández, conde de Castilla. Ante la escasez de datos sobre esta época vizcaína, hay serias dudas sobre la veracidad de la batalla de Padura y de la identidad de Jaun Zuria. Dado que estos hechos están basados en unos relatos de la Edad Media imbuidos en la antigua religión vasca. Sabemos que, entre otros levantamientos, durante el reinado de Ordoño I y Alfonso III los vascones bajo dominio asturiano se sublevaron, pero no existe ninguna prueba de la batalla de Padura, ni de la independencia de Vizcaya en esa época, posiblemente sea una leyenda surgida de un levantamiento vascón en contra de los asturianos. Se considera comunmente como primer señor histórico de Vizcaya a Eneko Otsoitz (enéko ochóyts; en español Íñigo López), que vivió en el siglo XI y que daría lugar posteriormente a la casa de los Otsoitz-Haro o López de Haro. En 915 el hambre asola la Península. Las graves sequías, la escasez de pan y de alimentos de primera necesidad provocan la aparición de diversos brotes epidémicos. Ante esta situación, se establece una tregua no pactada entre cristianos y musulmanes. Por otro lado, y a partir de 928, la ceca de Córdoba, fundada por orden de Abderraman III, acuña moneda de plata (dinares) y de oro (dirhemes), sin ningún tipo de aleación.  Por los datos que poseemos, después del surgimiento del Señorío de Pamplona -que posteriormente pasaría a ser reino- con Íñigo Arista, los pamploneses comenzaron a incidir en los territorios de Euskadi y de Castilla. A partir de mediados del siglo IX se producen ya varias rebeliones de los vascones bajo dominio asturiano y, por lo que podemos observar en los documentos, en el siglo siguiente, los caudillos de estos territorios estaban emparentados directamente con la corona pamplonesa. Una influencia de Pamplona sobre este ámbito geográfico culturalmente afín, que se consumará en el siglo XI, con el reinado de Sancho el Mayor de Navarra, anexionando estos territorios a la corona de Pamplona. En 987 tienen lugar nuevas campañas de Almanzor. Aprovechando la revuelta de los magnates gallegos contra el rey leonés, Bermudo II, las tropas califales al mando de Almanzor[17], hachib[18] de al-Alhaquén II, comienzan un periodo de ofensivas contra los reinos cristianos que durará más de diez años. Saquean León y Zamora, toman Osma y San Esteban de Gormaz, atacan Vigo, Santiago de Compostela y Pamplona, que constituyen las aceifas[19] de Almanzor.         
           Cuando dos idiomas conviven, las influencias mutuas suelen ser notorias en muchos aspectos, pero es en el léxico donde primero se produce este efecto. El euskara durante años ha ido adoptando palabras, primero de los idiomas célticos y del latín culto, y posteriormente, del latín vulgar y de las lenguas romances (del francés en el norte y del castellano en el sur). Es difícil distinguir las palabras que derivan del latín y las que lo hacen de las lenguas neolatinas. Entre los préstamos tomados del primero se diferencian dos grupos: los préstamos arcaicos y los tardíos. Los arcaicos son los más antiguos y han sufrido muchos cambios, ya que una vez que el euskara los hizo suyos, se han transformado notablemente.  Algunas de las palabras correspondientes a las antiguas donaciones del latín son pacem > pake (paz), regem > errege (rey). Muchas de ellas se remontan a una forma flexiva acorde con el acusativo latino (generalmente terminan en -m en singular y en -s en plural), que es el /casus unicum/ del románico tardío. Este caso también lo vemos reflejado en las lenguas romances. Ciertos préstamos tardíos del latín vulgar o del romance como caelum (latín) > çelu (romance) > zeru (cielo); cova > koba (cueva); callis (latín) > calle (romance) > kale (calle), se han mantenido más próximos a su forma original, y no han presentado tantas variaciones.
           
6.El Reino de Pamplona-Nájera

          Una ciudad de La Rioja[20] será llamada a ostentar la capitalidad de los vascos a partir del siglo X, su nombre Naiara (nay-ára) o en español Nájera. Las tierras de La Rioja, ya desde épocas prerromanas, estuvieron habitadas por las tribus vascas de autrigones y vascones, así como por berones, tribu celta que fue cuasi-exterminada por los romanos cuando la zona fue conquistada por su ejército. Un exterminio en el que también colaboraron los antiguos vascos, enemigos seculares de los celtas, a los que siempre consideraron como invasores. Sobre el origen étnico de los berones hay mucha controversia entre los historiadores.  Los berones fueron un pueblo prerromano de las edades del Bronce y del Hierro de la península Ibérica, a los que las fuentes clásicas ubican entre los pueblos celtíberos, resultado de la mezcla entre habitantes nativos con los individuos procedentes de la migración céltica. Los límites geográficos de esta etnia son imprecisos.  Algunos creen que era una tribu celta, otros que era una tribu vasca muy celtizada culturalmente. Algunos partidarios de esta última teoría se basan en el hecho de la etimología de su nombre, berones, que procedería, según algunos, del hidrónimo vasco Bero ("cálido"), que era uno de los antiguos nombres del río Iregua[21] de La Rioja. Este hidrónimo es transcrito también como Ibero, manifestándose en el anterior hidrónimo, posiblemente, la caída de la "i" inicial (Ibero > Bero), algo común en la adaptación fonética latina de topónimos y etnónimos vascos (Ibaigorri [río rojo] > bigerrii [etnia aquitana que habitaba Bigorra] ). El río Iregua es afluente del Ebro, con lo que Ibero, o Bero, podría ser una variante del nombre del río que los geógrafos greco-latinos llamaron Iber (a su vez emparentado con la palabra vasca ibar [vega]) o Hiberus, es decir, el río Ebro. Como los berones se extendían a ambos lados del río Ebro en La Rioja, quizá la etimología de su etnónimo esté relacionada con el río Ebro o simplemente con la palabra vasca ibar. Tras la derrota de los berones por parte de Roma, la población de La Rioja fue reforzada con vascones y sus territorios estuvieron bajo jurisdicción vascona. A principios del siglo IX tiene lugar la delimitación de fronteras entre Castilla y Navarra. El navarro Sancho III  y el castellano Sancho García delimitan las fronteras de sus territorios, repartiéndose las tierras de La Rioja. A partir de esta época los riojanos formarán parte de la cultura vasca, del pueblo vasco, siendo uno de sus territorios más importantes. Uno de los investigadores que más aportó para el conocimiento del pasado cultural vasco de La Rioja fue un riojano llamado Merino Urrutia, alcalde del municipio de Ojacastro (La Rioja), cuyos estudios son de valor incalculable para todo aquel que estudia la historia de la lengua vasca. Gracias a sus estudios conocemos que la lengua vasca no llegó a La Rioja por repoblación en la Edad Media sino que ya se hablaba allí desde épocas prerromanas con continuidad hasta el siglo XVI. Es decir, que los repobladores que llegaron desde las actuales Euskadi y Navarra lo único que hicieron fue reforzar la población de habla vasca de la zona. Las investigaciones de Merino Urrutia le dieron un merecido puesto como miembro de la Real Academia de la Lengua Vasca en 1964.  En el año 1023 se alcanza la paz entre Navarra y León. El matrimonio entre Alfonso V de León y Urraca, hija de Sancho III el Mayor[22] de Navarra, pone fin a las tiranteces entre ambos reinos por el condado de Castilla. Por la toponimia existente en documentación medieval sabemos que tanto en La Rioja, el noreste de Burgos, Soria, Álava y Vizcaya, se hablaba un mismo dialecto, el dialecto occidental del euskara, conocido popularmente con el nombre de vizcaíno. En estos documentos aparecen muchos topónimos vascos de La Rioja, de la provincia de Burgos y de Soria, tal y como los pronunciaban los riojanos, burgaleses y sorianos de aquellas épocas, que hoy en día no sabemos muchos de ellos a qué municipios corresponden, al haber sido sustituidos en su gran mayoría, con el transcurso del tiempo, por topónimos castellanos. La anexión de los territorios de La Rioja por parte de Castilla en el siglo XII acarreará la pérdida paulatina de la lengua autóctona, la vasca, así como del romance aragonés extendido en todos los territorios que pertenecieron a la marca superior andalusí, la Marca Hispánica gobernada desde Zaragoza, hasta que en el siglo XVI pierda definitivamente sus raíces vascas. La palabra burgo viene del término alemán burg, el cual inicialmente designaba un recinto elevado fortificado. En la Europa de la Edad Media, sobre todo en la meridional, dejó de implicar necesariamente la presencia de fortificaciones  y podía indicar poblaciones rurales abiertas. Burgo designó especialmente, a partir del siglo X, las nuevas poblaciones formadas por artesanos y comerciantes, originadas con el crecimiento demográfico y comercial: las que se establecieron bajo la protección de castillos, monasterios o ciudades episcopales, y que pudieron dar lugar a núcleos urbanos; y las que se crearon fuera de las murallas de las ciudades, cuyos habitantes en algunos casos se diferenciaban jurídicamente de los que vivían intramuros, y que con el tiempo quedaron incorporadas a la Ciudad.  En el entorno de la ciudad originaria de Pamplona[23] (en la Navarrería se encontraban los vascones) surgieron nuevos núcleos de población (San Nicolás, cuya población era más heterogénea, y San Cernín, mayoritariamente compuesta por francos), todos ellos con administración y privilegios propios, aunque bajo la autoridad del obispo. Esta estructura provocó frecuentes desavenencias y enfrentamientos desde 1213, que culminarían con la destrucción de la Navarrería y la masacre de su población, en septiembre del año 1276. Este terreno quedó totalmente abandonado durante casi 50 años. Posteriormente, al repoblarse volvieron a producirse enfrentamientos, hasta que las disputas fueron zanjadas tras la proclamación del Privilegio de la Unión, dado por el rey Carlos III el Noble en 1423, unificando la ciudad y destruyendo las murallas que separaban a los burgos. A medida que el castellano se iba extendiendo, los topónimos de La Rioja, Burgos y Soria de origen vasco se iban sustituyendo por topónimos castellanos. Solamente se conserva actualmente la toponimia vasca más vivamente en zonas del noreste de Burgos o de La Rioja alta que hasta el siglo XVI fueron hablantes de vasco. Con mucha anterioridad, el 13 de mayo de 1029 Sancho III será proclamado conde de Castilla. El asesinato de García Sánchez propicia la proclamación como sucesor de su cuñado Sancho III, rey de Navarra. Aunque, contra viento y marea, todavía se conservan topónimos vascos en el este de La Rioja como el del municipio de Igea, que viene del vasco Etxea (la casa) o, por ejemplo, el topónimo Leza, que significa en dialecto occidental sima, cueva.                                                                                
7.Apogeo del Reino de Pamplona-Nájera

El 4 de junio de 1076 tiene lugar  muerte de Sancho IV de Navarra, Sancho Ramírez de Aragón y Alfonso VI de Castilla, nietos de Sancho III el Mayor, reivindican el trono e invaden Navarra. Tras un acuerdo entre ambos, Sancho Ramírez es proclamado rey (Sancho I Ramírez), y La Rioja, Álava, Vizcaya y parte de Guipúzcoa, que anteriormente habían pertenecido a la Corona de Castilla,  se reincorporan a ella. Hasta 1134 los reinos de Aragón y Navarra permanecerán unidos. El Reino de Navarra no es sino la continuidad de una parte de los territorios del Reino de Pamplona-Nájera a manos de Sancho Ramírez de Aragón, quien se autoproclama rey de Navarra tras la muerte violenta de su hermano Sancho García IV de Navarra, uniendo los destinos de ambos territorios. Así ocurre durante sesenta años, entre 1076 y 1134[24].A partir del año 1004, bajo el reinado de Antso Gartzeitz III.a Nagusia (ántso gartséits irúgarrená nagúsi-á; Sancho Garcés III el Mayor), el Reino de Pamplona-Nájera culminará el proceso de compactación de los territorios de habla vasca. Unos territorios, que desde el declive del Ducado de Vasconia, habían quedado políticamente inconexos. Las bases de este proceso de compactación comenzaron a cimentarse ya en el siglo X, en el que, por ejemplo, los caudillos de la actual Euskadi, Castilla y Gascuña estaban emparentados directamente con la familia real pamplonesa. Si bien el ámbito inicial de Sancho el Mayor fueron las zonas de habla vasca de la época (desde parte de Cantabria hasta el extremo noroeste de Cataluña, incluyendo el noreste de Castilla, La Rioja y mitad sur de Gascuña), aprovechándose de la caída del Califato de Córdoba y surgimiento de los reinos de taifas[25], reafirmó su autoridad sobre todos los reinos cristianos peninsulares. Por otra parte, Alfonso III (848-910) será rey de Asturias desde el 866. En otro sentido, en 1022 tiene lugar la introducción de la regla benedictina[26] en Navarra. Implantada en los principales monasterios del reino por Sancho III el Mayor, junto a ella comienza  a tomar forma la teoría del origen divino de la potestad real. A partir de este momento, los soberanos se intitularán rex Dei gratia (rey por la gracia de Dios). El Reino de Pamplona-Nájera, en su máxima expansión, en el año 1034, se extendía desde Galicia, por toda la zona pirenaica hasta parte de Cataluña (Pallars[27]); al norte englobaba Gascuña y el Condado de Barcelona le rendía vasallaje. Consiguiéndose de esta manera, la unidad política de toda la población de habla vasca dentro del Reino de Pamplona-Nájera (exceptuando las minorías vascoparlantes que habitaban al sur, en los territorios de la Ribera del Ebro, gobernados por los musulmanes) y acogiendo dentro de su seno, a los todavía condados de Castilla y Aragón, donde, en aquella época, gran parte de sus pobladores eran vascoparlantes. Sancho Garcés III el Mayor consiguió que el Reino de Pamplona-Nájera fuese considerado como uno de los reinos más importantes de Europa. En torno al año 1000, tiene lugar la propagación del milenarismo. Esta doctrina de carácter cristiano-judaizante predica el comienzo del reino mesiánico al final de los tiempos, tras la resurrección de los justos. Su divulgación provoca que gran parte de la población identifique el final del milenio con la llegada del fin del mundo./ En las crónicas europeas de la época fue denominado como rey de la Wasconum Gens, Wasconum Nationem (tribu vascona, pueblo vascón) o en las crónicas árabes de los omeyas como Señor de los Vascones (el historiador omeya Ibn Haiyan lo define como: "Sancho, hijo de García, Señor de los Vascones"), ya que si bien el reino estaba habitado por hablantes de los romances astur-leonés, castellano, aragonés y gascón, el nucleo humano sobre el que se sustentaba el Reino de Pamplona era mayoritariamente de origen vasco. También fue denominado por el abad Oliba de Ripoll[28] como Rex Ibericus (Rey Ibérico. Dado que en aquella época, erróneamente, se consideraba a los vascos descendientes directos de los íberos).    En lo que al castellano[29] se refiere, su romance está constituido por el legado literario de poesía castellana, de tipo tradicional, épico-lírico, escrito   en romances, que son fragmentos de antiguos cantares de gesta. Las primeras colecciones españolas de romances se remontan a la segunda mitad del siglo XV, publicadas casi siempre en hojas volantes. El primer romancero propiamente dicho, impreso entre 1545 y 1550, es el Cancionero de romances. Mantenido vivo por la tradición popular, el romancero ha tenido en la época contemporánea sus poetas, entre otros, Antonio Machado y García Lorca.              Sancho III el Mayor, rey de Pamplona y conde de Aragón y de Castilla (992?-1035) fue hijo de García III Sánchez y de Jimena. Hacia 1022 introdujo en los reinos cristianos hispanos la teoría del carácter divino de la potestad real que, con mayor contenido político y religioso, ha tenido una larga pervivencia. Asimismo, estableció relaciones con la Santa Sede, cambió las reglas visigóticas de los monasterios por las benedictinas y fue el primer rey en intentar la unificación de los reinos cristianos de la península. Esta idea determinó su testamento al repartir entre sus hijos sus dominios, entre ellos el condado de Castilla a Fernando, pero señalando como su sucesor y rey a su primogénito García de Nájera. Pero la muerte de Vermudo III de León y la coronación de Fernando como rey de León dio categoría de reino a Castilla y su consecuente primacía. Dicho de otra manera: Sancho el Mayor de Navarra fue un monarca que se abrió a Europa y a la modernidad, después de siglos de aislamiento peninsular, y permitió la irrupción en la península de la orden renovadora de Cluny, como ya hemos indicado. En sus expansiones y relaciones políticas siempre tendió más hacia Europa y en política doméstica, hacia las zonas vascoparlantes como Gascuña, la Navarra marítima (actual Euskadi), Castilla, Aragón y extremo noroeste de Cataluña. Sancho el Mayor fue el gran impulsor de la capital del reino, Nájera. Le otorgó un fuero que sirvió de modelo posteriormente para el sistema foral de las regiones vascas y también de los de Castilla y Aragón. Unos fueros basados en las tradiciones y leyes vasconas, que se alejaban de la legislación visigoda de origen germánico. Nájera, en la actualidad, es una ciudad de la comunidad autónoma de La Rioja. Se encuentra situada a orillas del Najerilla, en una de las vegas de la alta Rioja. Corte de los reyes de Pamplona en varias ocasiones, fue escenario de dos batallas (1360 y 1367), durante la guerra entre Enrique II de Trastámara y Pedro I. En su arte, destaca la Iglesia del monasterio de Santa María la Real (gótica), construida entre 1422 y 1453. También fomentó y unificó el Camino de Santiago haciéndolo pasar por Nájera. Se casó con Munia, la hija del conde de Castilla en 1010, lo cual facilitó un acuerdo favorable sobre las fronteras navarro-castellanas (1016). Por lo que respecta a la frontera cristiana pirenaica, precisó la recuperación de los condados de Aragón y Sobrarbe, practicamente perdidos a causa de las incursiones de Almanzor (999) y Abd al-Malik (1006), así como el restablecimiento de la legitimidad dinástica en el condado de Ribagorza. Entre los años 1016 -1018 reconquistó Aragón y Sobrarbe y amplió sus dominios con la conquista de la ribera islamizada del Cinca con capitalidad en Boltaña, con parte del valle de Ayerbe y con el valle de Nocito. Sobre Aragón  recordaremos que, sobre una base de pueblos iberos y vascones, los romanos sometieron el valle del Ebro hacia el 197 a.C., integrándolo en la provincia Tarraconense, y fundando la ciudad de Caesaraugusta. Tras el retroceso de las invasiones bárbaras, el territorio fue ocupado por los musulmanes en el siglo VIII. El reino taifa de Zaragoza  conoció una época de gran prosperidad, entre 1031 y 1118, fecha en la que Alfonso I el Batallador reconquistó la ciudad y repobló sus fértiles tierras. La integración de Aragón y Cataluña en el reino de la Corona de Aragón significó la posibilidad de acceder a las rutas comerciales mediterráneas bajomedievales. Sin embargo, el peso del comercio internacional siguió siendo poco relevante: su actividad económica se centró en la exportación de productos agrícolas (trigo a Cataluña) y en la importación de manufacturas catalanas y francesas./  Aunque posiblemente liberó los valles de Ésera y de Isábena, afectados también en 1006 por Abd al-Malik. El  condado de Ribagorza fue un condado pirenaico, formado por las cuencas de los ríos Noguera Ribagorzana, Ésera e Isábena. Hacia el 872 sus habitantes rehusaron la obediencia a Tolosa  y se erigieron condado independiente bajo la autoridad de Ramón I. En 1017 cayó en manos de Sancho III, rey de Navarra, uniéndose al reino de Aragón./  El condado de Ribagorza[30] no se incorporó de derecho al reino pamplonés hasta 1025, cuando la condesa Tota, en grave crisis dinástica y política, agravada por las apetencias territoriales del conde Ramón III de Pallars, renunció a sus derechos a favor de su sobrina la reina Munia, esposa de Sancho III. De esta forma, el rey de Pamplona-Nájera, anexionó a su reino los condados de Sobrarbe y Ribagorza, alegando derechos dinásticos para intervenir en sus conflictos internos contra las pretensiones del conde de Barcelona. Sometió también a este último a vasallaje, a cambio de la ayuda prestada en el conflicto contra su propia madre (hacia 1023). En 1104 Alfonso el Batallador fue reconocido rey de Aragón y de Navarra. A la muerte de Pedro I, que no dejó herederos directos, ocupó el trono de los reinos de Aragón y Navarra su hermano Alfonso, conocido como Alfonso I el Batallador, que contraerá matrimonio con Urraca de Castilla. Inició la revitalización del asolado condado aragonés con la restauración del monacato, tradicional institución religiosa y de poder económico. Sobrarbe es una comarca pirenaica de la actual provincia de Huesca. Incluye el Parque Nacional de Ordesa. Esta comarca fue reino independiente en el Medievo. Tolosa fue un antiguo principado originado en la marca carolingia de igual nombre. Al principio estuvo regido por condes designados por el rey por tiempo limitado, pero pronto se convirtió en un cargo hereditario. Con los años se le añadieron los condados de  Quercy, el Albigeois, el marquesado de Provenza, etcétera. La casa  condal de Tolosa fue fundada por Raimundo (852-864). Su final coincidió con la represión del movimiento herético de los albigenses[31], protegidos por los condes Raimundo V y VI. El condado fue unido de nuevo a la corona francesa en 1271./  En el aspecto político-militar, institucionalizó el «seniorado» -tenencia delegada de castillos- en Aragón y Sobrarbe, y fortificó la frontera meridional desde Uncastillo en el extremo occidental hasta Perarrua en el oriental, frente a las plazas musulmanas de Ejea, Ayerbe, Bolea, Huesca, Alquézar, Nabal, Barbastro, Graus y Benabarre. En el año 1023 el apoyo al conde de Gascuña, en su lucha contra el Condado de Toulouse, le proporcionó al rey de Pamplona-Nájera la potestad de organizar las tierras fronterizas al otro lado de los Pirineos, así como el vasallaje de Gascuña. De esta forma organiza las tierras de Labort, Arberoa (Arbéroue), Garazi (Cize), Ortzaize (Ossès) y Baigorri en el Vizcondado de Labort, con centro en la ciudad de Baiona. Otorga este vizcondado a su primo Otsoa Antso (Lope Sancho). Labort, en aquella época, abarcó la actual región de Lapurdi, y la mitad sudoccidental de la Baja Navarra (exceptuando los señoríos de Amikuze-Oztibarre [Mixe-Ostabarret] y Agaramont [Gramont] ). Estos actos que se inscriben dentro del sistema feudal, traerán consecuencias muy pesadas para la unidad política de los vascos.  El término feudo deriva del latín medieval, concretamente de feudum, palabra de origen germánico (ganado dado como premio o compensación), voz que sustituye a beneficio  a partir del siglo XI; ambos designan una forma de concesión de bienes, especialmente tierras, cedidas por el señor al vasallo en recompensa por su servicio. En los reinos romano-bárbaros y germánicos de la alta Edad Media, en los que las relaciones de fidelidad personal de naturaleza clientelar tuvieron gran importancia, la principal forma de recompensar la fidelidad fue la concesión de tierras, debido a la escasa circulación de moneda. Esas concesiones no solían ser en plena propiedad (alodio[32]), sino temporales o vitalicias, susceptibles de ser  revocadas en caso de infidelidad. Se divulgaron así las concesiones de tierras en “precaria”, figura jurídica que se suele relacionar con un instituto jurídico del derecho romano, y que en la Edad Media  era formalmente un tipo de arrendamiento, con la peculiaridad de que el censo[33] que pagaba el arrendatario era mínimo.       El beneficio era una forma parecida de concesión de tierras, que se desarrolló específicamente en el mundo franco en conexión con el vasallaje. No recompensaba de forma genérica una fidelidad, sino el servicio militar prestado por el vasallo; era vitalicio, pero podía ser revocado en caso de infidelidad o felonía. En la época carolingia y primeros tiempos de la postcarolingia, el beneficio, llamado también esporádicamente feudo, no tuvo un contenido jurisdiccional, sino únicamente económico; es decir, el vasallo que recibía tierras en beneficio, no recibía poder político en esas tierras. Los condes podían a su vez  ser vasallos, pero una cosa era su función de gobierno en un comitatus, y otra muy distinta su posesión de tierras en beneficio. Desde finales del siglo IX se hizo habitual que el cargo u oficio (honor) de conde fuese visto como un servicio vasallático, y luego como beneficio más que como servicio. Tanto el oficio concebido como beneficio, como las tierras concedidas específicamente en beneficio, tendieron a hacerse hereditarios (siglos IX-XI). Pero es importante subrayar que ni el comitatus ni la marca, en cuanto territorios con sus habitantes, nunca fueron concedidos en beneficio o feudo, ni considerados como tales. Por ello es errónea la idea tradicional de que la disolución postcarolingia del poder público se debiese a la autonomización feudal, o feudalización, de los poderes de condes y marqueses. De hecho, esa disgregación en poderes locales resultó ser mucho más fragmentada que las circunscripciones carolingias (señorío).                                             Aunque en principio beneficio y feudo son equivalentes, el feudo se refiere a una época en la que la concesión de la tierra se hace hereditaria. Del siglo XI al XVIII, el feudo es una concesión de tierra sobre la que el señor mantiene el derecho teórico del “dominio eminente”, pero que en la práctica pertenece al vasallo (“dominio útil”). Tras la desaparición de la obligación del servicio armado al señor, el feudo dejó de sancionar una relación de fidelidad personal y se convirtió en una forma de enajenación de bienes, en la que se podían pagar grandes sumas equiparables al precio de la propiedad, que se diferenciaba de la compra-venta por la prestación de un servicio periódico de naturaleza simbólica. A finales de la Edad Media, y especialmente en la Moderna, el feudo acabó por ser en muchos lugares una forma jurídica muy flexible, que se aplicó también a cesiones de tierra en arrendamiento y a cesiones de rentas (diezmos[83], etc.).                                                                                                                                        Por otra parte, a medida que se fue reforzando el poder monárquico y de príncipes territoriales, y que se consideró que todo poder público emanaba del rey o del príncipe, se asimiló jurídicamente al feudo la posesión de los bienes y derechos asociados al ejercicio de la jurisdicción de un señor (que éste había tenido anteriormente en plena propiedad). Se realizaba la ficción jurídica por la que un señor local, tras rendir homenaje, donaba su señorío al rey y lo volvía a recibir en forma de feudo (procedimiento del “feudo oblato”). Esta evolución está en el origen de la confusión conceptual entre señorío y feudo.                                                                                 En el documento de 1026 en que Sancho el Mayor concede al Monasterio de San Juan de la Peña la estiva de Lecherin (Pirineos oscenses, Aragón) se indica lo siguiente: «regnante me rege Sancio in Aragona et in Paliares, in Pampilona, in Alaba et in Castella» «Reinante, yo, rey Sancho, en Aragón y en Pallars (zona occidental de la provincia de Lérida [Cataluña], al sur del Valle de Arán, en la que en esta época, todavía, se hablaba euskara), en Pamplona, en Álava y en Castilla (aunque todavía no la había ocupado militarmente, ejercía ya su influencia sobre territorio castellano)» En 1032 Sancho Guillermo, conde de Gascuña, fallece sin descendencia, con lo que el gobierno de Gascuña pasa a manos de su sobrino, Sancho el Mayor. El parentesco del rey de Pamplona-Nájera con la familia condal castellana, le permitió igualmente intervenir en aquel territorio, apoyando la autoridad de su cuñado (el conde infante García) frente a los nobles y a la intromisión del rey de León. Sancho casó a su hermana Urraka con el rey leonés para pacificar las relaciones con él y poder así ejercer libremente su influencia sobre Castilla. Al morir asesinado el conde García durante un viaje a León (1029), Sancho ocupó Castilla alegando los derechos sucesorios de su mujer, a pesar de que existían herederos masculinos con más derechos para regir aquel condado. Esto hizo estallar la guerra con el rey de León, que también ambicionaba la anexión de Castilla. La suerte de la guerra entre los dos reyes favoreció al de Pamplona-Nájera, que ocupó León, Zamora y Astorga (1034). Al anexionar el Reino de León a la corona pamplonesa (año 1034) tomó el título de Imperator (Emperador). A este momento corresponden las primeras monedas acuñadas en un reino cristiano de la península ibérica (19). (19) El Arrano Beltza y la primera ceca cristiana de Nájera: en la imagen se muestra la primera moneda cristiana de la península, lleva la efigie real y el título Imperator en el anverso. En el reverso, por primera vez en la historia, aparece en las monedas un topónimo tal y como se dice en vasco, dado que hasta entonces se utilizaron las formas latinas o celtas de estos topónimos. Aparece el topónimo Naiara (forma vasca para designar a Nájera, localidad riojana; en castellano antiguo se escribía Nagera proveniente del árabe Naxera), dado que, como capital del reino, fue el lugar en el que se realizó la acuñación. También aparecen en el reverso el árbol de Sobrarbe y Nájera, así como la cruz cristiana sobre ambos árboles, simbolizando la cristiandad que imperaba en todo el reino (aunque la religión cristiana era la oficial, la mayor parte de la población de habla vasca seguía procesando culto a la antigua religión vasca[84]). El árbol, muy importante en las tradiciones vascas, servía en este caso como marcaje geográfico y aludía a la extensión del Reino de Pamplona-Nájera desde Sobrarbe (cuyo límite se encontraba en el Valle de Arán, extremo noroeste de Cataluña) hasta Naiara (La Rioja). Es interesante - y revela las relaciones exteriores que se anudan con Sancho el Mayor - el influjo ejercido por estas monedas en el tipo de las que fueron acuñadas por el monarca danés Knut el Grande, lo que da cuenta de la trascendencia que tuvo este rey en la política europea de la época, como barrera frente al Islam. El reino de León[85], perteneciente a los antiguos reyes astures, alcanzó su máximo esplendor en el siglo X, a partir del reinado de Alfonso III el Magno (866-910). Este último incorporó Salamanca y Soria al reino, pero, víctima de las intrigas de su esposa Jimena y de algunos nobles, en 909, cedió el poder a favor de su hijo García I, quien se reservó los derechos sobre los territorios conquistados a los musulmanes. Durante su reinado (911-914), extendió sus dominios hasta el alto Duero, repoblándolos y levantando la fortaleza de San Esteban de Gormaz. Aunque García I residió habitualmente en León, fue su hermano y sucesor, Ordoño II (914-924), quien trasladó oficialmente la capital del reino a esta ciudad, donde había sido aclamado y coronado. Con Ramiro II (931-951), a partir del cual los monarcas leoneses fueron llamados imperatores, el reino de León alcanzó su máximo desarrollo territorial y político, pero poco después, en 956, al morir Ordoño III, las guerras civiles y la presión musulmana provocaron una larga decadencia que culminó con la unión definitiva al reino de Castilla[86] en 1230. El prestigio del reino leonés entre los demás estados cristianos de la península se basó esencialmente en el protagonismo que asumió en las luchas de reconquista, como heredero de la monarquía visigoda.  Sobre la moneda se puede observar el símbolo, que según el padre José de Moret Mendi (siglo XVII), jesuita e historiador pamplonés, en su "Annales del Reyno de Navarra", fue el símbolo personal de los reyes de Navarra hasta Sancho VII "el Fuerte" (1194-1234), es el Arrano Beltza (arráno béltsa; "el águila negra"). Hay mucha controversia sobre la duración en la utilización de este símbolo, dado que actualmente sólo hay constancia de la utilización de éste en referencias escritas o en escudo real durante el reinado de Sancho VII. La principal diferencia respecto a otros símbolos similares radica en su postura, de carácter no agresivo, porque no mira al frente, sino que su cabeza está girada hacia un lateral, que no siempre es el mismo. Es un ave abierta, muestra todo lo que tiene. Extiende sus alas y también están abiertas sus garras en señal de no agresión. Sancho el Mayor fue un referente para los reinos cristianos, y en concreto, para la posterior monarquía castellana, que definió a este rey como Rex Hispanicus (rey hispánico), una monarquía que quiso recoger el testigo de este rey y reeditar la unidad de los reinos cristianos peninsulares bajo su cetro, como así ocurrirá, siglos después, con el nacimiento del Reino de España en el siglo XVI, máxima expresión del expansionismo castellano. Las provincias que integran la comunidad de Castilla y León formaron parte, junto a las de Cantabria[87] y La Rioja, de las regiones históricas de Castilla la Vieja (Ávila, Burgos, Palencia, Segovia, Soria, Valladolid, Cantabria y La Rioja)  y de León (León, Salamanca y Zamora). El origen histórico de estas regiones se cristalizó en tiempos de la reconquista, por parte del reino de Asturias (León se desgajó de ésta en 910). Las sucesivas etapas de reconquista desplazaron hacia el sur el centro de gravedad de los reinos cristianos, originando tensiones entre los reinos de León y Castilla, llegándose, en el siglo XIII, a la definitiva absorción castellana del reino leonés. La inestabilidad de la región dificultó su repoblación y marcó el predominio de la ganadería sobre la agricultura.                      
8.El desmembramiento del Reino de Pamplona-Nájera
          Sancho el Mayor falleció en 1035 y fue enterrado, según algunos, en el Monasterio de San Salvador de la localidad burgalesa de Oña (España), si bien la ciudad de León (España) también alega albergar sus restos, por lo que no se sabe a ciencia cierta la localización exacta de su enterramiento. Sin fecha concreta los almorávides ocupan el valle del Ebro. En su testamento, legó el Reino de Pamplona-Nájera a su primogénito, García; el condado de Castilla a Fernando; el de Aragón a Ramiro; y los de Ribagorza-Sobrarbe a Gonzalo. Siendo Garcia rey de Pamplona-Nájera y también de sus hermanos y sus condados. En diciembre de 1134  Alfonso VII ataca Navarra y Aragón[88]. Dispuesto a recuperar territorios retenidos por Alfonso I el Batallador[89] (el reino de Zaragoza y tierras vascas, riojanas y castellanas), el emperador sitía Vitoria y recibe de García V de Navarra el

EDAD ANTIGUA

Las tribus vascas

          El geógrafo griego Estrabón (63 a.C. - 24 d.C.) nos indica la localización de las siguientes tribus, que, actualmente, con los datos que poseemos, las consideramos como vascas: aquitanos, autrigones, caristios, várdulos y vascones. Estas tribus se extendían al norte hasta casi Burdeos, al sur hasta el río Ebro, al oeste hasta parte del este de Cantabria, y al este, hasta parte del Aragón noroccidental; aunque gentes de habla vasca se extendían ya por el Pirineo peninsular hasta Cataluña, al menos desde el siglo III-II a.C. Los vascones formaron uno de los pueblos prerromanos, que estaban situados entre la Rioja y Navarra. Mal conocidos, practicaron una economía ganadera y de agricultura itinerante, con pocos poblados estables. Parte de los vascones hablaban una lengua celta ya antes de la llegada de los romanos. También hay bastante acuerdo en que la lengua originaria de los vascones, es decir, una forma antigua de euskera, no era exclusiva de estos. Como dice Luis Mitxelena: “Ni todos los vascones eran vascófonos, ni todos los vascófonos eran vascones.” Desde el I milenio a.C. sufrieron influencias de la Cultura de los Campos de Urnas y de los íberos, que no alcanzaron a las zonas  más septentrionales, las que, por tanto, conservaron su carácter no indoeuropeo, manifiesto en la pervivencia del euskera. Se romanizaron poco y mantuvieron una cierta independencia en la época visigoda[1].
            Al norte, al otro lado de los Pirineos, estaban los Aquitanos, otro pueblo prerromano, que ocupaba las tierras desde el Pirineo hasta el río Garona.  César afirma expresamente (De bello gallico) que los aquitanos no eran celtas             y Estrabón, por su parte, dice que por su lengua y aspecto se parecían más a los iberos que a los galos (Estrabón seguramente usa aquí el término ibero en sentido geográfico –habitante de la península ibérica-– y no en sentido étnico). Los aquitanos hablaban con toda seguridad una lengua emparentada con el euskera actual, ya que sus nombres de persona y de dioses, conservados en decenas de inscripciones, son claramente vascos. Las inscripciones con nombres de dioses y de persona de tipo vasco se concentran en la margen izquierda de la cabecera del río Garona –hay incluso una en el valle de Arán–, mientras que escasean en la zona actual de habla vasca. Aparecen nombres masculinos como Senbeco, Senius, Cison, y femeninos como Andere, Nescato, etc., que se corresponden perfectamente con apelativos vascos actuales (seme, `hijo´, *seni `niño´, gizon, `hombre´, andere `mujer´, neskato `muchacha´).                                                                         La tribu de los Aquitanos se extendía por el sudoeste de Francia, al norte hasta el río Garona (hasta casi Burdeos) y al sudeste hasta los Pirineos en el Valle de Arán, en la provincia de Lérida. Desde el punto de vista lingüístico, el aquitano es una antigua lengua no indoeuropea hablada en Aquitania, región romana de la Galia, claramente relacionada con el vasco. Actualmente se conoce por el nombre de Aquitania la región francesa entre los Pirineos y el Garona. La Aquitania que aquí nos interesa excluía Burdeos y Tolosa de Francia, pero incluía los valles de Arán  y de Baztán[2], en el actual territorio español. El geógrafo griego Estrabón diferenciaba netamente a los aquitanos de los galos del norte, mencionando precisamente sus lenguas como signo distintivo, al tiempo que apuntaba las similitudes aquitanas con los habitantes surpirenaicos. Estrabón († año 25 d.C.) en su "Geografía": "Los aquitanos son completamente diferentes (de los demás galos) no sólo lingüística sino corporalmente, y más parecidos a los íberos que a los galos". Y un poco más adelante: "Para decirlo claramente: los aquitanos se diferencian de la tribu de los galos en la constitución corporal y en la lengua, y se parecen más a los íberos". En estas frases se suele interpretar que más que referirse a los iberos propiamente dichos, Estrabón se está refiriendo en su comparación indistintamente a todos los habitantes del sur pirenaico, sobre todo a íberos y vascos.  Los aquitanos no formaban un conjunto compacto, sino que a su vez estaban divididos en diferentes etnias las más importantes de norte a sur fueron: Boiates, Vasates, Lactorates, Elusates, Tarusates, Biguerri, Tarbelli, Auscii, Venarni, Ilurones, Convenæ y Consorani. Una de estas etnias aquitanas eran los Sibulates documentados también como Sibyllates o Sybillates. El sufijo -ates servía en latín para denominar a los pueblos; mientras que las raices sibul- sibyll- o sybill- hacen alusión a la tierra en la que habitaba este pueblo. Sibul así como el resto de formas fueron las adaptaciones latinas del topónimo vasco arcaico Zubel, posiblemente con el significado de "madera negra u oscura". Un topónimo al que con el paso del tiempo se le añadiría el sufijo vasco -oa con el significado de "tierra o comarca", existente en otros topónimos vascos (Gipuzkoa, Nafarroa, Aezkoa...), dando lugar a Zuberoa ("Tierra de la madera negra u oscura"). La /l/ intervocálica se convertiría en la Edad Media en /r/, evolución común en la fonética vasca (Zubeloa>Zuberoa; ili>hiri [ciudad]; Alaba>Araba [Álava] ) dando lugar, finalmente, a la actual Zuberoa, que es una de las regiones que integran el País Vasco. De la romanización de la población de habla vasca de Aquitania surgiría el actual pueblo gascón y su lengua latina. En realidad, Aquitania es una región histórica de Francia, que está comprendida entre los Pirineos, el océano Atlántico y el macizo Central. Poblada por pueblos de origen ibérico, fue conquistada en 56  a.C. por los lugartenientes de César y constituyó una de las tres partes de la Galia romana. Dominada por los visigodos a principios del siglo V, pasó a los francos en 507. Con la decadencia de los merovingios[3] se hizo casi independiente para pasar, después de 732, bajo la autoridad de Carlos Martel y convertirse en reino carolingio en 778, y en ducado en  845. Tras pasar a la corona de Inglaterra en 1152, volvió a poder de Francia en 1453, con el nombre de ducado de Guyena.
                   Al oeste, estaban várdulos y caristios, que seguramente hablaban la misma lengua que los vascones, o sea, una forma antigua del euskera, aunque no falta quien piensa que estos pueblos eran de lengua indoeuropea (celta) y que la presencia actual del euskera en ese territorio se debe a una expansión medieval desde Navarra.
            Los Autrigones se extendían desde el río Asón de Cantabria hasta el río Nervión en Bilbao y al sur hasta parte de Álava, La Rioja y Burgos. De su romanización surgiría el actual pueblo castellano y su lengua latina. Este pueblo prerromano del norte de la península Ibérica, cuyos límites, al E, estaban situados en las líneas montañosas de las márgenes derechas de los ríos Asón y Nervión. Su territorio comprendía la parte oriental de la actual provincia de Santander, el nordeste de Burgos y la mayor parte de las provincias vascas de Vizcaya y Álava. La mayor parte de sus asentamientos se encontraba en la región burgalesa de la Bureba. Su capital era Austraca, que se enclavaba en la zona  de Castrojeriz. Habitaban en una región que recibía el nombre de Autrigonia[4] o Austrigonia.                                                                                Los Caristios habitan del río Nervión al oeste, hasta el río Deba en Guipúzcoa y al sur hasta parte de Álava. La irrupción con mayor fuerza del cristianismo en la antigua Caristia introdujo gran número de palabras latinas, lo que hace que el euskara hablado hoy en día en sus territorios, el vizcaíno o dialecto occidental, posea, en comparación con otros dialectos, el mayor porcentaje de términos de origen latino. Sin lugar a dudas, los caristios constituyeron un pueblo hispánico primitivo que en la  época de la romanización habitaba en el País Vasco; se extendía por la costa desde el río Deva hasta el valle del  Nervión, en las actuales provincias de Álava y Vizcaya. Así, pues, este pueblo habitaba una pequeña región del actual País Vasco, entre los Autrigones al oeste y los Várdulos al este. Son los mismos que los citados por Plinio como carietes.                                                                                                                                           Los Várdulos se encontraban al oeste desde el río Deba en Guipúzcoa, hasta parte de Navarra y al sur hasta parte de Álava. En sus territorios se habla actualmente el guipuzcoano, también llamado dialecto central del euskara. Posiblemente el término de origen celta várdulo proceda de la raíz Bar- ("limite", "extremo", "marca fronteriza" en este caso) por lo que Vardulia significaría "tierra fronteriza". Esta traducción viene avalada también por la del actual topónimo Guipúzcoa, que proviene de la raíz vasca Ipu- ("borde", "límite") al que se le añade el sufijo -oa que significa "comarca", "tierra"; su unión da lugar a Ipuzkoa (en el año 1025 d.C. aparece por primera vez escrito este topónimo como "Ipuçcoa") siendo la /g/ inicial un sonido añadido para facilitar su pronunciación. La voz Bardulia/Vardulia, con el significado también de "tierra fronteriza", la veremos reaparecer en la Crónica de Alfonso III de Asturias referida a la Castilla Nuclear (inicial) o Vétula (vieja) en el siglo VIII d.C.                                                                   La tribu de los Vascones fue la tribu en la que surgió la base del euskara común. Los vascones ocupaban toda Navarra, y parte de Alava, Guipúzcoa y La Rioja. Las ciudades de Kalagorri (latín > Calagurris; castellano > Calahorra; localidad riojana), Tutera (latín > Tutela; castellano > Tudela; localidad de la ribera navarra) e Iruñea (latín > Pompaelo; castellano > Pamplona; capital de Navarra) eran vasconas. El término vascones, que proviene del celta barskunes, posee la raíz Bhar-s-, bien atestiguada en celta con la significación de "cumbre", "punta", "follaje", con lo que el significado de esta palabra podría ser "los montañeses", "altos" o "altaneros". Comunmente se suele aceptar como válida la traducción de "los montañeses". El resto de las tribus, exceptuando los várdulos, no poseen una traducción del nombre de su tribu que sea aceptada ampliamente. Los vascones componían un pueblo primitivo de la península Ibérica, descendientes de la población franco-cantábrico-pirenaica mezclada con elementos celtas. Los vascones estaban centrados en la actual  Navarra y ocupaban parte de  Huesca, de La Rioja y de Gipuzkoa. Tras la rebelión contra el  dominio romano (56 a.C.) fueron relativamente romanizados, pero vivieron en constante insumisión. Desde fines del siglo VIII se constituyeron como núcleo independiente en Pamplona.
En una amplia zona alrededor de Pamplona  y Tafalla  (Valdorba)  abundan los nombres  de pueblo acabados en –ain y  alguno en –ano. Estos pueblos parece que fueron en su origen fincas o explotaciones agrarias y llevaban el nombre de su propietario, que, en la mayoría de  los casos, es romano. Marcalain, de Marcellus; Amalain y Amillano,  de Aemilius; Paternain,  de Paternus,  etc., etc.
Que en los primeros  siglos de la era  tantos propietarios  rurales tuvieran nombre latino es un claro índice de  romanización, pero, por otra parte, estos nombres de base latina presentan una evolución fonética puramente vasca, es decir, que han evolucionado hasta su forma actual según las leyes fonéticas del euskera. Por lo tanto, estos topónimos indican, por un lado, una notable romanización y un mantenimiento ciertode la lengua vasca entre la población.
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                              
1.      Los romanos
          Los romanos distinguieron claramente la vertiente Mediterránea de la Atlántica. A la primera le llamaron ager y a la segunda saltus. El ager tenía un gran interés para ellos. Allí desarrollaron completamente su modelo económico: producían cereales, aceite y vino, crearon villas y utilizaron esclavos[5] para el trabajo. En cambio en el saltus no tenían tanto interés para establecerse permanentemente, salvo donde encontraban recursos mineros (Arditurri en Oiartzun, Banka, Somorrostro, Ereño) o puntos de interés estratégico para el comercio (Irun-Hondarribia, Zarautz-Getaria).                                                                                                                      En el año 196 a.C. llegaron los romanos a tierras del País Vasco, con los que los antiguos vascos vivieron en paz y en cooperación. Solamente se puede encontrar feroz oposición a la conquista romana en los aquitanos. Cuando los romanos atacan a los aquitanos, éstos, para pedir ayuda, no se dirigen a los galos, sino a los habitantes éuscaros del sur pirenaico, que a ellos les resultaban más próximos al ser culturalmente afines. Sabemos que esta ayuda surpirenaica les llegó de la mano de caudillos experimentados en la lucha junto a Sertorio y que entró en acción en Aquitania en el año 56 a.C. contra las legiones de César. El inicio de la Edad Antigua está señalado por la aparición de la escritura en Oriente Próximo (3200 a.C.) y sus límites superiores se colocan en la caída del Imperio romano de Occidente (476), límite que sólo es válido para Europa Occidental (no lo es para el Imperio romano de Oriente, Bizancio). El concepto de Edad Antigua se refiere al Viejo Mundo, en especial a las culturas de Oriente Próximo, Grecia y Roma (por lo que en términos estrictamente cronológicos es contemporánea a culturas de las Edades del Bronce y del Hierro, y a la Protohistoria). Algunas tradiciones académicas, como la alemana o la italiana, han circunscrito desde el siglo XIX la noción de historia antigua a la Antigüedad clásica (Grecia y Roma). La historia de Egipto (egiptología) tiende a ser igualmente una especialidad diferenciada en muchas tradiciones académicas. En las últimas décadas se ha acuñado el concepto de Edad Antigua tardía, desvinculado de la idea de decadencia asociada a la Edad Media (en particular a la alta Edad Media), y que se aplica  a los siglos III-IV.                                                                                                                                          El País Vasco formó parte del Imperio desde antes del cambio de era, mucho antes que otras provincias como Britannia[6] o Dacia[7], por ejemplo, y que a diferencia de esta última mantuvo su antigua cultura ante la inmensa presión latina. Las tribus vascas se vieron divididas en dos grandes demarcaciones políticas, por un lado Hispania (autrigones, caristios, várdulos y vascones) y las Galias (aquitanos) y provincialmente entre la Tarraconense (Hispania) y la Novempopulania (Galias). La romanización sólo se notó con intensidad en la zona de Álava, que sufrió las invasiones tanto bárbaras como musulmanas, provocando las incursiones  de los vascones.Tanto los romanos como las tribus vascas poseían los mismos enemigos comunes, lo que daría lugar a un buen entendimiento. Mientras los romanos colaboraron con las tribus vascas en expulsar a los celtas (llegados a tierras pirenaicas a partir del siglo VIII a.C.), las tribus vascas colaboraron con los romanos en sus guerras contra los cántabros y astures de origen celta. Se apunta sobre las Guerras cántabras que los avarigianos, avarinos, orgenomescios, etc., que ocupan la zona oriental de Asturias  y Santander, atacan a los autrigones y turmogidos, y éstos solicitan el auxilio de Roma. En 29 a.C., los vacceos,  cántabros y astures se unen a la sublevación. Pero, Augusto desembarca en Tarraco y en 26 a.C. ataca a los rebeldes, que se refugian en Aracillum (la actual Aradillos).  Así, pues, aunque en 25 a.C.,  tiene lugar la sumisión de los cántabros, se producen nuevos levantamientos en 22 y 19 a.C., que son definitivamente aplastados. Como aliadas imperiales que eran las tribus éuscaras, las zonas que eran conquistadas por los romanos a los celtas o íberos, eran posteriormente repobladas por grupos humanos de estas tribus vascas, lo que conllevó una extensión del euskara hacia el sur y afianzamiento de ésta hacia el este. Un ejemplo de ello, lo tenemos en Aragón, donde los vascones colaboraron con los romanos en las guerras contra los celtíberos. Una vez derrotados en el año 72 a.C., la colaboración vascona fue recompensada por los romanos con la jurisdicción sobre amplios territorios del Aragón occidental. Estos territorios, al sur, llegaban a 15 km de Salduba, la que después de su conquista sería llamada por los romanos como Cæsar Augusta, la actual Zaragoza.                                                                                    El poblado romano de Forua está ubicado sobre la colina de Elexalde, en su ladera meridional. Se trata del yacimiento romano más importante de Bizcaia, tanto por su extensión como por su estado de conservación, y estuvo ocupado entre los siglos I y V d.C. Este yacimiento fue descubierto en 1982 tras el hallazgo de dos epígrafes latinos. Durante este tiempo, los arqueólogos han encontrado vestigios de una civilización anterior. Se han localizado hasta nueve estructuras romanas diferentes (la mayor parte son restos de talleres y hornos metalúrgicos) que denotan distintas fases dentro del período romano. Asimismo, también han descubierto restos de diversos objetos construidos en cerámica, hierro y vidrio. El yacimiento tiene una superficie de 60.000 m2 y  está situado en plena Reserva de la Biosfera de Urdaibai, un lugar estratégico pues antiguamente propiciaba los intercambios comerciales con otros núcleos costeros del Cantábrico y de la costa de Aquitania.                                                               Los romanos llegan a la Península en 218 a.C.          Evocando su tratado de amistad, Roma declara la  guerra a Cartago, lo que inicia la segunda guerra púnica.  En 206 a.C. tiene lugar la fundación de Itálica. Localizada en el actual municipio de Santiponce, muy próxima a Sevilla, fue fundada por Escipión. En ella nacerán los emperadores romanos Adriano y Trajano. El 179 a.C. acontece el fin de la primera guerra celtíbera. Las sublevaciones de los distintos pueblos indígenas (indigetes, turdetanos, celtíberos, etc.) se suceden, pero los romanos adoptan duras medidas represoras para sofocarlas. Después de la toma de Jaca[8], capital de los jacetanos, en el año 194 a.C., comienza la primera guerra celtíbera (181 a.C.), conflicto al que se pone fin momentáneamente con la firma de un pacto entre Tiberio Sempronio Graco, pretor de la Citerior, y los celtíberos, que han sido derrotados por éste, iniciando un periodo de relativa estabilidad. En 179 a.C. se procede a la fundación de Ghracurris. La ciudad que en la actualidad se llama Alfaro (La Rioja) es fundada por Tiberio Sempronio Graco, pretor de la Citerior, extendiendo así su área de influencia. En 152 a.C. tiene lugar la fundación de Corduba (Córdoba). En 102 a.C. se asiste a la fundación de Colenda (Cuéllar). Su creación fue promovida por Mario, cónsul de Roma, para asentar a los celtíberos aliados de Roma. En 29 a.C. se registran las guerras cántabro-astures. La lucha se prolongará hasta el año 19 a.C. El propio Augusto, emperador de Roma, acude a la Península para dirigir la guerra, instalándose en Tarraco (Tarragona). Regresa a Roma, pero deja la dirección de la batalla en manos de su yerno, Agripa, que finalmente  vence a los indígenas. Hispania queda pacificada.                                         Pueblos prerromanos es el nombre con que se designa a las poblaciones peninsulares de la segunda mitad del I milenio a.C. Se distribuyeron en tres zonas con diferencias culturales: la región atlántica, más atrasada y habitada por galaicos, cántabros, astures y vascones, con una cultura constituida a partir de los contactos con las regiones francesa y británica desde la Edad del Bronce, a los que se unieron en la Edad del Hierro otros más intensos con el Mediterráneo y la Meseta; la zona mesetaria, donde se asentaron celtíberos, lusitanos, vacceos y carpetanos, con cultura celta transformada por un proceso de  iberización; y, por último, Andalucía y la costa mediterránea, donde las culturas de Tartessos y de los iberos conocieron un mayor desarrollo social urbano.                                                                                                                                          En torno a las divisiones romanas de Hispania señalaremos que en época republicana (197 a.C.) Hispania quedó dividida en dos provincias: Ulterior, que ocupó el sur y el oeste, y Citerior, que abarcaba Levante y el valle del Ebro, ampliándose después hasta el cantábrico oriental. Ambas eran gobernadas por magistrados elegidos anualmente, que reunían poderes militares, fiscales y judiciales. Con el Imperio, las provincias -que antes habían tenido un sentido esencialmente militar y unas fronteras imprecisas- adquirieron un marcado carácter administrativo. Este cambio tuvo su origen en tres factores: la creciente presencia de ciudadanos itálicos y romanos, que requirió una mayor regulación jurídica y administrativa de las relaciones sociales; el aumento territorial de las provincias por las sucesivas conquistas que exigía una mayor organización para recaudar impuestos; y, por último, un plan sistemático, inexistente hasta entonces, de utilizar la administración como forma de consolidar el control imperial de Roma sobre unos territorios cada vez mayores. En el 13 a.C. Augusto dividió en dos la Ulterior, con la Bética[9], más romanizada y urbana, frente a la Lusitania[10], más atrasada, y añadió todo el norte  del Duero a la Diterior o Tarraconense, que pasó a controlar todos los distritos mineros. A la Bética le asignó el rango de provincia “senatorial” -con ausencia de tropas militares y dirección del Senado- y a las otras dos el de “imperial” -dirigidas por el emperador y con presencia de tropas-. La división no varió hasta el siglo III, cuando Diocleciano redujo el tamaño de las provincias, aproximándolo al de los conventus a fin de reforzar el poder central evitando unidades de gran tamaño. Hacia el 280 la Tarraconense se dividió en la Cartaginense y la Gallaecia, que, de fontera imprecisa, abarcaba el noroeste.                                                                   Fue tal el grado de sintonía debido al respeto de los romanos a las diferentes tribus vascas y sus territorios, que, incluso, hubo vascos enrolados en las legiones romanas en sus guerras contra los britanos. Unas guerras acaecidas en lo que hoy en día es conocido con el nombre de Gran Bretaña. Habiendo sido encontradas lápidas mortuorias de la época romana, con nombres eusquéricos, cerca de Londres, antigua Londinium romana. A través de esta buena relación se asentarían colonos romanos al sur de las tierras de estas tribus y en zonas mineras como las de Somorrostro en Autrigonia (Vizcaya) o en las llanadas de Aquitania, lo que daría lugar a las colonias romanas de la Novempopulania (nueve pueblos), en lo que hoy en día se conoce como Gascuña. Unos asentamientos que darían lugar siglos después al surgimiento de las lenguas y pueblos latinos de Castilla y Gascuña, fruto de la romanización de la población vasca. El término colonia deriva de colere, cultivar en latín, término que en origen designaba el establecimiento de ciudadanos en un territorio conquistado por Roma para su explotación  agrícola, colonias que tenían también fines militares. Colonia y colonización se utilizan de manera genérica para indicar las conquistas y ocupaciones de territorios. Se aplican a la Antigüedad (colonizaciones fenicia, griega y romana), por lo que refieren fenómenos muy diversos en sus especificidades históricas, de una importancia crucial en la historia europea y mundial. Las colonias de poblamiento implicaban el desplazamiento forzoso de las poblaciones autóctonas y su sustitución por emigrantes del país colonizador, así como el sometimiento de esas poblaciones, que quedaban relegadas en ciertas zonas o a las que se utilizaba como mano de obra servil. Tradicionalmente para explicar la pervivencia del euskara se ha considerado a los vascos como un pueblo primitivo, aislado secularmente del resto de los pueblos que le rodeaban y que no participó de la civilización romana, por ser una tierra de bajo interés económico[11] para el Imperio Romano. Los hallazgos arqueólogicos en tierras vascas continuamente desmienten estas teorías, dado que demuestran que la romanización, en todos los aspectos, fue muy superior a otras tierras de la Romania. Aunque esta romanización fue más notable al sur de las tribus vascas, en las zonas costeras y en la Aquitania. La romanización es la acción y efecto de romanizar o romanizarse; se aplica especialmente al proceso de asimilación de la civilización romana por los pobladores de la Iberia, tras la conquista de ésta por Roma. Si pervivió la cultura vasca, fue por la colaboración, buen entendimiento y alianza de las tribus vascas con los romanos, no por un aislamiento que nunca existió. Si bien ayudó a esta supervivencia el que tardiamente se desarrollara el Mare Externum ("Mar Exterior"; Océano Atlántico) como zona económica de interés para el Imperio, lo que posibilitó que la zona vasca quedara al margen de los intensos flujos migratorios que se dieron en otras zonas de la península o en Aquitania (por su alto interés agrícola). En la Roma antigua, el colono era en sus orígenes un campesino libre, generalmente arrendatario. En el bajo Imperio, colono designó al campesino que, aunque era jurídicamente libre en cuanto persona, quedó adscrito forzosa y hereditariamente a la tierra, ya fuese por imposibilidad de pagar sus deudas, para que no abandonase el  cultivo y pagase los tributos, o por otras razones. Se configuró así la institución del “colonato”, reconocida legalmente con las reformas de Diocleciano  a finales del siglo III. La tierra se vendía con sus colonos, y los hijos de éstos estaban obligados a seguir el oficio de sus padres, al igual que ocurrió con otros oficios en el Bajo Imperio. En las tierras vascas hubo minas, por ejemplo, en Arditurri (Oiartzun, Guipúzcoa), Banka (Baja Navarra), Lantz (Navarra), Eskoriatza (Guipúzcoa) o en Somorrostro (Vizcaya) donde se extrajeron minerales (hierro, plata...) para exportarlos a diferentes partes del Imperio Romano; producción de cerámica en Pamplona (Navarra) o en Donazaharre (Saint-Jean-Le-Vieux; Baja Navarra); producción de vino en Falces y en Funes (Navarra); industria de salazón en la Getaria guipuzcoana y también en la labortana (topónimo proveniente del latín Cetaria, "salazón"); termas romanas en Fitero (Navarra); calzadas que unían las principales ciudades vascas con Roma; puertos en la costa vasca como Oiasso (Irún, Guipúzcoa) que comunicaban con cualquier parte del Imperio. Otro ejemplo de esta falta de aislamiento y por contra, del comercio existente, se encuentra en el hallazgo de diversas monedas acuñadas en tierras vasconas por la administración romana, ya desde los primeros años de su dominación, y que han sido encontradas en diferentes partes de la geografía vasca (como, por ejemplo, el denario[12] vascón que es datado en la segunda mitad del siglo II a.C. ). Anverso: Cabeza masculina barbada a derecha. Peinado con rizos de arcos pequeños juntos. Detrás la leyenda Benkota en escritura ibérica (población vascona de localización incierta). Esta escritura era utilizada por gran parte de los pueblos de la península ibérica. Aunque de origen tartesio, fue utilizada mayoritariamente para escribir textos en íbero. Siendo el íbero, posiblemente, lingua franca peninsular para muchos pueblos prerromanos antes de la llegada de los latinos. En menor medida, como en esta moneda, también se utilizó la lengua celtíbera para escribir con caracteres ibéricos, dado que en esta zona el celta era la lingua franca. De ahí que las tribus vascas hayan pasado a la historia por su nombre celta y no por su nombre vasco. Reverso: Jinete con espada a derecha. Debajo leyenda Baskunes (Vascones) en escritura ibérica.     La palabra clase deriva del latín classis, término usado en la Roma antigua para clasificar grupos sociales con fines impositivos sobre la propiedad. Uno de los principales hallazgos arqueológicos de (la arqueología, como ya hemos dicho, usa para hacer dataciones la dendrocronología[13] y el C 14[14]) esta época, y que vuelve a rebatir las teorías de la pervivencia del euskara por falta de romanización, ha sido el reciente descubrimiento del puerto romano de Oiasso (u Oiarso), en la actual Irún. Irún se encuentra en la región de Guipúzcoa, el territorio en donde se conserva la cultura vasca con más fuerza. En esta localidad ha aparecido la estructura de madera del muelle y el varadero de la ciudad de Oiasso. Además, cerca de una necrópolis ya conocida, han aparecido unas termas; otras prospecciones dibujan un núcleo urbano de 12 a 15 hectáreas, con una planta reticular, en donde había almacenes, tiendas y talleres. Se cree que también poseía un foro y un teatro[15]. Oiasso era la base comercial de la rutas marítimas desde la que partía la distribución de mercancías hacia el interior, al valle del Ebro y a la gran calzada romana XXXIV, la Asturica Augusta (Astorga, León) - Burdigala (Burdeos, Aquitania). Hasta Oiasso llegaba también la calzada que partía de Tarraco (Tarragona), a través de Ilerda (Lérida) y Osca (Huesca). Las ánforas[16] halladas en Oiasso demuestran que, incluso al final del Imperio Romano, el aceite y el vino de Bizancio (la actual Estambul turca) llegaban regularmente a los puertos atlánticos. Oiasso, además de dedicarse al comercio marítimo y ser uno de los principales puertos del Mare Externum, se dedicaba también a la minería. En las peñas de Aia han localizado tres kilómetros de galerías romanas junto a las explotaciones modernas, unas minas que se dedicaban a la extracción de plata. El hallazgo de galerías de drenaje, notable ejemplo de ingeniería hidráulica romana, indica que había detrás toda una estructura administrativa. Al respecto de esclavo, el pensamiento jurídico romano estableció una nítida distinción entre los hombres libres o personas jurídicamente capaces y los que no eran considerados personas  o sujetos de derechos, sino meras cosas u objetos de derecho, sometidos a la potestad de otros. Con o sin una norma legal tan clara, la esclavitud es una institución que ha  existido en numerosas culturas en todos los periodos históricos. Con frecuencia los esclavos eran cautivos de guerra, pertenecientes a otros grupos étnicos. Constituían una mano de obra forzada, de propiedad privada o pública, más o menos cualificada, que podía ser empleada en el servicio doméstico, en las minas, en  los latifundios[17], etc. Las condiciones concretas y formas de manumisión eran muy variables.

                                             LA EDAD MEDIA

1.      Los visigodos y los francos

En la decadencia del Imperio Romano surge el vacío de poder y las razzias[18] de los pueblos germanos. En el año 409 d.C. los alanos, vándalos y suevos penetran en la península ibérica a través de los Pirineos. En concreto, los alanos constituyeron una de las principales tribus sármatas. Establecidos entre el Caspio, el mar de Azov y el Cáucaso, fueron expulsados por los hunos en el siglo IV; se asentaron en la actual Hungría y fueron penetrando en el Imperio hasta que invadieron la Galia junto a los suevos (406). Parte de ellos, unidos a los suevos y a los vándalos, cruzaron los Pirineos (409) y se establecieron como federados en la Lusitania y la Cartaginense; en 418 fueron aniquilados por el rey visigodo Walia, y los supervivientes, unidos a Genserico, se dirigieron a África (439). Desaparecieron en el curso de los siglos V-VI, exterminados o asimilados por otros pueblos. Por su parte, el reino de los Suevos fue una entidad política de la antigua Gallaecia, que perduró entre 411 y 585. En 411 el suevo Hermenerico, gracias a la debilidad de Roma, se acantonó en la Gallaecia y consolidó su reino al vencer a los hispanogalaicos (431). Las derrotas de Andecas en Oporto y Braga (585) a manos de Leovigildo determinaron el fin del Estado suevo, que fue anexionado al reino visigodo. Por otro lado, los vándalos formaron un pueblo germánico oriental que habitaba en las costas del mar Báltico. Bajo la presión de los godos se trasladaron hacia Silesia y luego a la Dacia. Los hunos y las difíciles condiciones económicas los empujaron a la Nórica y a Retia, donde se pusieron al servicio del Imperio romano. Pero muy pronto (406) se trasladaron a Occidente, cruzaron el Rin por Maguncia y permaneciendo en la Galia, que fue saqueada hasta 409, año en el que cruzaron los Pirineos y penetraron en la península Ibérica. En 455 llegaron a Roma, que fue saqueada y semidestruida. El reino de los vándalos duró hasta 533, cuando fueron derrotados por el bizantino[19] Belisario.  Sin embargo, en el 418 los visigodos se asientan en Aquitania.  El visigodo es un pueblo germánico que constituyó una de las grandes ramas de los godos (la otra fue la de los ostrogodos). A cambio de sus servicios militares recibieron casi la mitad de las tierras  cultivables del territorio (419-431). La caída del Imperio de Occidente  (476), convirtió al visigodo Eurico en rey de visigodos y romanos, permitiéndole expandirse por las Galias y toda Hispania.  En el 476 se da fin al Imperio Romano de Occidente. En el 481 los visigodos ocupan Pamplona y otras ciudades vasconas y de la provincia Tarraconense. En las ciudades vasconas dominan esencialmente la política los vasco-romanos medianamente romanizados. Los merovingios constituyeron la dinastía de los primeros reyes francos salios, instaurada por Meroveo (448). En el siglo VII las continuas luchas entre las varias ramas de la familia favorecieron el poder de los maestros de palacio, hasta que, en 751, la definitiva deposición del trono de Childerico III por parte de Pipino el Breve dio por terminado el período merovingio y señaló el comienzo del poder de los carolingios. La expansión franca a lo largo del occidente europeo comenzó en el año 486 en el que se dieron por concluidas las últimas posesiones romanas en Galia, al derrotar Clodoveo a Siagrio en Soissons. En el año 506, los francos llevaron campañas en contra de los alamanes, siendo éstos derrotados en Tolbiac. Se dice franco del pueblo germánico que, después del siglo III, tras atravesar el Rin, combatió contra los romanos. En 406, expulsados por los vándalos, suevos y alanos, los francos comenzaron  a pasar el Rin hasta conquistar casi toda la Galia. Fueron unificados por Clodoveo (481-511). En el 507 los francos derrotaron a los visigodos en Vouillé dando fin al reino visigodo de Tolosa[20], con lo que los visigodos se centraron solamente en la península ibérica.  Siendo el pueblo germano más romanizado, su relación con Roma fue tumultuosa, alternando la firma de varios foedus con enfrentamientos, como los que culminaron con el saqueo de Roma en el 410. Asentados en el sur de la Galia por el foedus del 418, acabaron formando un reino con capital en Tolosa (Toulouse)  e intensificaron su presencia en la Península. Derrotados, como hemos dicho, por los francos en el 507, abandonaron la Galia salvo el sureste (Septimania), y se asentaron definitivamente en Hispania. El nuevo reino, con capital en Toledo, giró en torno a la Meseta[21], lejos de las zonas de predominio hispanorromano[22].    En el 531 conquistaron el reino de los turingios[23] y en el 534 sometieron el reino de los burgundios[24]. Consecuencia de todo ello fue la creación, bajo Clotario I, del Regnum Francorum o Reino de los Francos que se extendía desde la Mancha hasta el Danubio medio y desde el Saale hasta, teóricamente, los Pirineos. Teóricamente porque Aquitania y Vasconia constituyeron siempre para los francos y los visigodos un auténtico quebradero de cabeza que ni el propio Carlomagno, que poseyó el ejército más poderoso de la época, pudo solucionar a su gusto.  Las relaciones de los vascones con los visigodos y los francos no fueron buenas, las guerras se sucedieron ininterrumpidamente durante tres siglos. Fueron continuos los intentos infructuosos de cada uno de los reyes visigodos de someter a los vascones, siendo prueba de esta incapacidad de conquistar Vasconia las abundantes referencias en las crónicas al sometimiento de los vascones por parte de cada uno de los reyes visigodos, lo que denota que nunca pudieron someterlos. Entre otras referencias, por ejemplo, la que hace alusión al rey suevo Requiario (448-456) que aliado con los visigodos atacan Vasconia, "Vasconias depraedatur" (devasta las Vasconias); en la del reinado del visigodo Suintila (621-631), "Vascones devicit" (derrotó a los vascones), o en el reinado de Wamba (672-680) en la que Vasconia apoya con tropas la rebelión del visigodo Paulo en la Septimania visigoda (región antigua de la Galia que comprendía la Cataluña Norte y territorios más al norte) y el ejército vascón aprovecha la situación para conquistar territorios visigodos en Cantabria: "prius feroces Vascones in finibus Cantabrie perdomuit" (primero sometió a los fieros vascones, en los confines de Cantabria). Los Concilios de Toledo[25] fueron reuniones eclesiásticas celebradas bajo la monarquía visigoda. Mostraron la vinculación entre política  y religión católica tanto por sus componentes -ya que, junto a los obispos, asistían nobles y los reyes, que los convocaban y dictaban el orden del día-, como por las disposiciones que de ellos emanaban, religiosas y políticas. De los dieciocho concilios habidos, destacaron: el III (589), en que el rey Recaredo abandonó el arrianismo, que fue condenado, y se convirtió al catolicismo; el IV (633), por fortalecer el  papel de la nobleza y el  clero al proclamar la monarquía electiva e impedir que los reyes pudiesen confiscar bienes de los nobles; el (636), que estableció la excomunión para quienes se rebelasen contra el rey y usurpasen el trono; y el VIII (653), que endureció la política contra los judíos. Sorprende visto desde la perspectiva territorial reducida de los vascos en la actualidad la incapacidad secular de los visigodos de conquistar Vasconia. Se ha de tener en cuenta que en aquella época, los vascones, que era como se llamaba en esta época a los vascos, se extendían por toda la zona pirenaica hasta Andorra ("tierra cubierta de arbustos" en lengua vasca) y al norte hasta el río Garona (zona media de Francia), es decir, que los vascos abarcaban nueve veces más territorios que hoy en día; y además poseían un ejército numeroso y bien preparado militarmente, siendo su principal enemigo los francos. De hecho cuando los árabes invadieron la península (711), encontrándose el rey visigodo Rodrigo luchando de nuevo contra los vascones, había fortificaciones vasconas en el río Loira (cerca de París, extremo norte de Francia) para defender los territorios de la alianza vasco-aquitana de las continuas incursiones francas, unas incursiones que, décadas después, serían comandadas por el franco Carlomagno y acabarían arrasando el Ducado de Vasconia, vengando, de esta manera, la muerte de su sobrino Roldán en la batalla de Roncesvalles (Navarra), en la que el ejército vascón derrotó al ejército de Carlomagno. Los antecedentes de la batalla de Roncesvalles (778) se hallan en la intervención del mencionado Carlomagno en la Península, parece que llamado por los muladíes[26] de Zaragoza que le ofrecieron la ciudad a cambio de apoyo en su lucha contra el emirato de Córdoba; una vez allí el pacto se rompió y el emperador franco se vio obligado a retirarse. Durante el regreso a Francia, la retaguardia de su ejército fue atacada y diezmada por los vascones en el paso de Roncesvalles (Navarra). El hecho impactó a todo el Occidente cristiano y fue inmortalizado en el poema épico francés La Chanson de Roland. Por otro lado, el término alodio es de origen  germánico y su significado originario es objeto de discusión, si bien prevalece la idea de que, en el período posterior a las invasiones bárbaras, definía el patrimonio inalienable del grupo familiar. A partir del siglo VIII, alodio, o tierras alodiales, designa la tierra poseída individualmente y libre de cargas, prestaciones o derechos; es decir, la plena propiedad, en contraposición a los bienes comunales, en arrendamiento, en feudo, etc. Se usa tanto para la pequeña propiedad como para el latifundio.                                                                                                                                        Hasta épocas recientes, como hemos indicado en el apartado dedicado al Imperio Romano, se ha considerado a los vascones (nombre con el que a partir de la época tardorromana fueron denominadas todas las tribus vascas) como un pueblo salvaje y primitivo sin ninguna organización interna. Los hallazgos arqueológicos en las necrópolis de Aldaieta (cerca de Vitoria, Álava) y Buzaga (Elortz, Navarra) están replanteando el estudio de la historia vasca del siglo VI al VIII. Así como el replanteamiento de los hallazgos de la misma época en Pamplona. En los ajuares de estas necrópolis encontramos armamento abundante que difiere totalmente de los visigodos o hispanovisigodos que no poseen armamento alguno. Así como la utilización de un tipo de armamento (hachas de combate, lanzas, espadas, puñales...) que hasta ahora solamente se podía encontrar en Aquitania. La cerámica, bronce y vasos de vidrio, cubos de madera hechos con un estilo que, otra vez, solamente se habían podido encontrar en una de las zonas más romanizadas de la Europa occidental, Aquitania. En 633, el acontecimiento más destacado del breve reinado de Sisenando (631-636) fue indudablemente la convocatoria y celebración del IV Concilio de Toledo, inspirado y dirigido por San Isidoro de Sevilla. Entre otras muchas resoluciones de singular importancia cabría destacar dos: la fijación de unas normas para la sucesión al trono, con el objeto de evitar las rebeliones y luchas intestinas, y la institucionalización de los concilios nacionales. A la muerte de Sisenando (636), su sucesor Chintila fue elegido de acuerdo con los criterios del Concilio. La Edad Media se extiende del siglo V al XV: de la caída del Imperio romano de Occidente a la toma de Constantinopla por los turcos (1453) o al descubrimiento de América (1492). Tanto el concepto como la periodización son operativos únicamente en Europa occidental. La visión -negativa- de esos siglos como una etapa intermedia se encuentra en los humanistas del  Renacimiento que, al redescubrir la antigüedad griega y romana, los consideraron una interrupción en las realizaciones intelectuales una interrupción en las realizaciones intelectuales del mundo clásico, y en los protestantes, que subrayaron  la corrupción progresiva de la jerarquía católica. Pero fue el alemán Keller (Cellarius, en latín) quien acuñó el término (Historia medii aevi, 1688), al utilizarlo por primera vez en una dimensión cronológica. Dado que la Edad Media indica un período de  un milenio, por lo demás poco uniforme, se han establecido subdivisiones internas, que varían según las historiografías. La francesa, la italiana y la española distinguen entre una alta y una baja Edad  Media,  divididas por el año 1000. La  francesa también considera una Edad Media clásica (Moyen Age Classique), desde finales del siglo X a principios del XIII.     
            Los enterramientos de esta época, por tanto, no tienen nada que ver con la imagen ruda, primitiva y salvaje con la que se ha dibujado a los vascones de esta época. Los enterramientos vascones difieren totalmente con los visigodos o hispanovisigodos y se asemejan a los aquitanos. Estas necrópolis demuestran que con el declive del Imperio Romano y posterior invasión de las tribus germanas, a ambos lados de los Pirineos[27], se comienza a crear un poder político nuevo, continuador de la forma de vida romana, en el que lo vascón y lo aquitano se desdibujan en los propios cronicones merovingios (francos). Un nuevo poder vasco-aquitano que constituyó el último bastión en la Europa occidental que defendió la permanencia de las instituciones y forma de vida romanas frente a las invasiones germanas, enfrentándose, al norte, con los invasores francos, y al sur, con los invasores visigodos, y que fue capaz de desarrollar una red de núcleos defensivos estables, con un armamento eficaz y renovable periódicamente, permitiéndole luchar constantemente durante tres siglos. Recesvinto abandona la política represiva de su antecesor y en el VIII Concilio de Toledo se adoptan medidas de perdón para los nobles exiliados y desposeídos en tiempos de Chindasvinto, a la vez que se produce una condena formal de los métodos utilizados en su reinado.                    
            Sorprende visto desde la perspectiva territorial reducida de los vascos en la actualidad la incapacidad secular de los visigodos de conquistar Vasconia. Se ha de tener en cuenta que en aquella época, los vascones, que era como se llamaba en esta época a los vascos, se extendían por toda la zona pirenaica hasta Andorra ("tierra cubierta de arbustos" en lengua vasca) y al norte hasta el río Garona (zona media de Francia), es decir, que los vascos abarcaban nueve veces más territorios que hoy en día; y además poseían un ejército numeroso y bien preparado militarmente, siendo su principal enemigo los francos. De hecho cuando los árabes invadieron la península (711), encontrándose el rey visigodo Rodrigo luchando de nuevo contra los vascones, había fortificaciones vasconas en el río Loira (cerca de París, extremo norte de Francia) para defender los territorios de la alianza vasco-aquitana de las continuas incursiones francas, unas incursiones que, décadas después, serían comandadas por el franco Carlomagno y acabarían arrasando el Ducado de Vasconia, vengando, de esta manera, la muerte de su sobrino Roldán en la batalla de Roncesvalles (Navarra), en la que el ejército vascón derrotó al ejército de Carlomagno.                                                                                                                          El rey Rodrigo en la decisiva batalla de Guadalete (711) propicia la irrupción musulmana en la Península y el fin de la monarquía visigoda tras el efímero reinado de Agila II en el norte y la Septimania, territorios conquistados definitivamente por los musulmanes en el 725 tras la caída de Carcasona y Nîmes.                                                                                                          Resumiendo mucho, debe retenerse que con Leovigildo[28] los visigodos llegaron al cenit de su poder, aunque la monarquía visigoda adoleció siempre de cierta inestabilidad, que se reflejó, en primer lugar, en las luchas por la corona, tanto cuando el trono era hereditario como cuando pasó a ser electivo. También generó tensiones la división étnica entre la minoría germana dominante y la mayoría hispanorromana, lo que se intentó superar con la unificación religiosa (abandono del arrianismo visigodo tras la conversión al catolicismo de Recaredo en el 589) y jurídica (liber iudicorum). A partir de entonces la diferenciación esencial tuvo fundamento económico, al aparecer una nobleza hispano-visigoda  laica y eclesiástica -en la que pese a todo predominaban los germanos- que restó poder a los monarcas a lo largo del siglo VII, a quienes pudo elegir tras el IV Concilio de Toledo, como ha quedado dicho, y a los que fue arrebatando parcales del poder fiscal, militar y judicial. En suma, el periodo visigodo puede verse como una transición entre el mundo romano y el medieval. Junto al debilitamiento del Estado, prosiguieron la agudización de las diferencias sociales y la decadencia económica tardorromana: crisis de la esclavitud, de la economía urbana y de las villas. Ese debilitamiento estatal y el malestar de la población facilitaron el rápido desmoronamiento del reino visigodo ante la invasión de los árabes en el mencionado 711.                                                                           La palabra estado, utilizada ya por Maquiavelo en su acepción política moderna, es en sí misma multívoca, pero tiene tres significados esenciales: unidad política organizada; forma de organización política surgida en Occidente  tras el Renacimiento; “régimen de estado”, organización que reúne ciertos requisitos de orden tanto formal como espiritual. Entre las teorías sobre su origen destacan la de derecho divino, de fuerza, de contrato social y de consenso de una mayoría suficiente. Hoy se manifiesta subjetivamente como un “sentimiento de la unidad social”. Se han dado definiciones deontológicas (Kant), sociológicas (Weber) y jurídicas (Kelsen). La mayoría comprende los elementos tradicionales: territorio, población y poder.                       Por otra parte, refiriéndonos a la sociedad y economía visigodas, destacaremos tres fechas. 1) En 543 la peste asola el reinado visigodo. Una epidemia de peste afecta a todo el mundo mediterráneo. La población hispánica se ve muy afectada, y grandes zonas del reino quedan despobladas. 2) En 566 se hace evidente la crisis financiera del reino visigodo. La difícil situación política provoca una pérdida de valor real de la moneda, originando una gran crisis financiera que desencadenará numerosas revueltas por todo el reino. 3) En 584 tiene lugar la emisión de moneda nacional. Los tremises visigodos, con la efigie y leyenda de Leovigildo, se convierten en la moneda nacional del reino de Toledo.

2.    El Ducado de Vasconia

          El texto más antiguo conocido que menciona el nombre de Vizcaya lo encontramos, como en el caso alavés, en la Crónica de Alfonso III[29]. Más tarde, a fines del siglo X, aparece en el Códice de Roda[30] el nombre de Munio, conde vizcaíno casado con una hija de Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y a partir del siglo XI comienzan a ser más frecuentes los datos documentales sobre este territorio, observándose su vinculación a la monarquía pamplonesa, primero, y castellana después.                                                                                                                                 Con el declive del Imperio Romano en la segunda mitad del siglo III d.C., empezó un reforzamiento y mestizaje de las tribus vascas, con una mayor intercomunicación entre las distintas tierras de habla éuscara y con una fuerte autonomía política del conjunto respecto a la administración imperial. Durante la guerra vasco-franco-goda que duró varios siglos los francos establecieron el Ducado de Vasconia sobre la vieja provincia novempopulona, y los godos, el Ducado de Cantabria, al sur con centro en la actual Rioja. Los diversos estados hispano-cristianos no poseyeron ducados. El duque godo sustituyó durante la segunda mitad del siglo VI, al antiguo gobernador provincial romano o rector provinciae. El duque tenía el mando militar y la administración de justicia. Desde la caída del Imperio romano las tribus euskaldunes se vieron en la necesidad imperiosa de defenderse de las invasiones bárbaras. La lucha entablada desde los primeros momentos fue a dos frentes y tanto con los godos,  establecidos en la Tolosa aquitana[31], como contra los francos, que llegan en son de conquista. Esa autonomía y cohesión de la población vasca se reafirmó con el comienzo de las invasiones germánicas a partir del año 400, en las que los vascos, bajo el liderazgo de los vascones de Navarra, se unen para defender las instituciones y forma de vida romanas, frente a lo que consideraban bárbaros germanos. De manera que, si el debilitamiento del poder romano había permitido la potenciación de una cohesión interna vasca, la llegada de los visigodos se produjo ya ante una comunidad vasca bastante compacta y económicamente expansiva. Entre 230 y 200 a.C. se desplazan y se producen las primeras invasiones de los bastarnos y los esquiros hacia el mar Negro, seguidos posteriormente por cimbrios[32], teutones y ambrones. Los suevos, que habían penetrado en la Galia mandados por Ariovisto en 58 a.C., son rechazados por César. Los éxitos conseguidos bajo Augusto quedan anulados por la derrota de Varó (9 a.C.), si bien logra mantenerse la frontera o limes[33] en el Rhin y en el Danubio.  El hecho de que en las crónicas romanas se hable de diferentes tribus vascas y que en las crónicas franco-visigodas se pase a hablar solamente de vascones como un todo, nos indica que esta tribu cuyo núcleo original se encontraba en Navarra, fue la que lideró a las demás, asimilándolas dentro de su seno. Este proceso de unificación dio lugar al surgimiento del euskara común (uniformización de los dialectos del euskara hablados por cada una de las tribus vascas en un único idioma) y a la extensión definitiva del término Euskal Herria con el que todos los vascos denominarán a su tierra, así como de la palabra euskaldun (euskáldun; vasco) con la que se autodenominarán.                 El vascuence  es una de las lenguas prerromanas habladas en la península Ibérica que, con el paso de los siglos, se ha convertido en su única superviviente, localizada en el País Vasco. Su antigüedad ha atraído la atención de los estudiosos, que todavía no han podido determinar ni su origen concreto ni su parentesco con las restantes lenguas. Pese a su supuesta relación con las lenguas caucásicas, suele aparecer en las clasificaciones comúnmente aceptadas como lengua independiente. Tampoco parece haber tenido resultados sastisfactorios el intento de vincular el actual vascuence con el antiguo (y ya desaparecido) ibérico. El vascuence ocupaba en tiempos romanos un vasto territorio comprendido entre los ríos Garona, Segre y Ebro, hoy en día, sus dominios se han visto notablemente reducidos, hasta un área de apenas 10.000 Km2.. Estos comprenden, en territorio español, la provincia de Gipuzkoa, las partes central y oriental de la provincia de Bizcaia, una pequeña franja en el N de la provincia de  Araba y la zona más septentrional de Navarra. Por el lado vascofrancés, incluye el departamento de Pyrénées-Atlantiques (Labourd, Basse Navarre y Soule).  Como íbamos diciendo, en la batalla de Vouillé, en el 507, los visigodos fueron derrotados por los francos, la consecuencia inevitable fue la perdida de Aquitania y la Novempopulania hasta la barrera de los Pirineos. Si bien tradicionalmente se sitúa la fecha de la expansión vascona en Aquitania en el 587, los asentamientos vascones probablemente se dieron con anterioridad aprovechando el vacío de poder generado por el escaso control de Aquitania que tenían los francos. No podemos hablar de una conquista vascona de estas tierras sino de una redistribución pacífica de la población vascona, en tierras al otro lado de los Pirineos que culturalmente eran afines, algo que ha quedado demostrado por los hallazgos arqueológicos en Aldaieta y Buzaga. Una redistribución de la población vascona causada por las incursiones visigodas al sur de las tierras vascas. La influencia peninsular sobre el País Vasco  se centró en la obra cultural  del monasterio de San Millán de la Cogolla[34]. En los siglos XII-XIII se fundaron puertos de salida para los productos navarros         (San Sebastián, Bermeo, Fuenterrabía). Posteriormente, la región sufrió diversos perjuicios económicos, al luchar durante la guerra de los Cien Años (1337-1453) del lado francés, aunque a mediados del siglo XIV los marinos vascos habían superado en actividad comercial a holandeses e ingleses.                                                     Este asentamiento vascón no obtuvo resistencia por parte de los aquitanos romani (aquitanos romanizados) de las urbes, ni por los aquitanos de los pueblos y aldeas que seguían hablando euskara. Aquitanos y vascones compartían los mismos enemigos comunes, francos y visigodos, que ambicionaban dominar sus tierras. Los pueblos germanos  (familia lingüística indoeuropea), no parecen haber poseído homogeneidad étnica, sino idiomática. A finales del Neolítico se hallan vinculados a la cultura megalítica, a la del vaso embudiforme y a la cerámica de bandas (desplazada progresivamente hacia el oeste y conocida también como cultura del hacha de guerra). Habitan el sur de Escandinavia, Dinamarca y la región de Schlewig. La primera mención de su nombre se encuentra en un texto de Posidonio (hacia 90 a.C.); pero  es César quien lo introduce definitivamente en la literatura latina. En su “Naturalis Historia” Plinio el Viejo (muerto en 79 a.C.) aporta noticias sobre este grupo humano; otro tanto hacen Tácito en su “Germania” (98 d.C.) y el griego Ptolomeo en su “Geografía”. La única resistencia al establecimiento de los vascones en Aquitania, fue mostrada por los francos, dado que esto reforzaba en población a los contrarios a su dominio sobre toda Aquitania. Después del 587, tras el fracaso del duque Astrovaldo, que trató de combatirles sin conseguirlo, se llegaría a un acuerdo para el establecimiento pacifico de los vascones en las tierras llanas de Aquitania. Los vascones pagarían los tributos pero los territorios en los que habitaban se constituían en un ducado, donde de hecho, podrían gobernarse según sus propias leyes. Surgiendo el Euskal Herriko Dukerria (éuskal érrikó dukérri-á) o Ducado de Vasconia[35], un ducado virtualmente independiente, pero bajo la dirección de un dux ("duque", con sus correspondientes colaboradores y séquito) designado por la Corte Merovingia. Llega un momento, el año 581, en que francos y godos atacan Vasconia desde el norte y desde el sur, respectivamente, como si se tratara de una ofensiva coordinada. Chilperico (rey franco) ataca a Vasconia y Leovigildo, sin igual en pro de la libertad nacional. El rey franco Chilperico envía a su duque Bladastes sobre las tierras de la frontera septentrional, las suletinas, mientras Leovigildo ocupa parte de Vasconia fundando en tierra alavesa una ciudad fortificada a la que denomina Victoriaco. Una vez realizado el establecimiento, los vascones conservarán sus costumbres y su lengua, y al estar establecidos en una zona geográficamente homogénea, constituyeron un Estado dentro de otro Estado. La capital histórica de Vasconia, Pamplona, dejará de serlo, y pasará a ostentar esta capitalidad Elusa (la actual Eauze francesa) menos expuesta a los ataques invasores. En 74 d.C. Roma conquista el territorio comprendido entre el Danubio y el Alto Rhin (Agri Decumates), afianzando la ocupación por medio del limes. Tras las primeras luchas  para contener a los marcómanos (166-180) siguen las invasiones de catos (171), alamanes (desde 213), godos (236) y francos (desde 257), que obligan a abandonar la línea retoaltorrenana (260); por su parte, los alamanes presionan en la frontera del Rhin. Se abandona la provincia de Dacia (270), y los godos inician la penetración por la línea del Danubio.  Parece que durante estos años se produjo una intensa vasconización de las capas humildes de la población aquitana, singularmente la menos romanizada, mientras que las capas más romanizadas dieron origen al pueblo gascón, de habla románica. Con el paso de los siglos mientras el gascón iba extendiéndose en aquella Euskal Herria del Norte que se extendía hasta el río Garona (zona media de la actual Francia), el euskara irá paulatinamente perdiendo hablantes.                                                                                     A lo largo de la Edad Media, el gascón[36], por la estrecha relación que tuvo el Reino de Navarra con Gascuña (perteneció al Reino de Pamplona-Nájera en el siglo XI y, posteriormente, algunos de sus territorios estuvieron integrados dentro de la corona navarra); hubo muchos hablantes de este idioma que se asentaron en Guipúzcoa y en Navarra, de lo que da cuenta la abundante toponimia de origen gascón en estas regiones: el monte Urgull (orgullo en gascón) o Miramón (Miramont) de San Sebastián, Mondragón (Montdragon), Pasajes (Passages), Segura, Villafranca (Vilafranca), Villabona (Vilabona)... La misma forma Donostia, es una adaptación vasca de la forma de designar San Sebastián en gascón. Fue el idioma que sustituyó tardiamente (antes de la desaparición del Reino de Navarra[37]) a la lengua castellana en la redacción de los documentos oficiales de dicho reino. El gascón se dejó de hablar en el País Vasco peninsular a principios del siglo XX, concretamente en Pasajes (Guipúzcoa), que fue la última localidad peninsular vasca con hablantes de este idioma. El duque franco fue derrotado por los vascos perdiendo casi todo su ejército. Poco antes de la derrota franca en el valle de Zuberoa (año 580) el poeta Fortunato, cantando alabanzas a su rey Chilperico no dudaba en presentar a los enemigos de los francos temblando ante su poder.  En el País Vasco Norte, el gascón, se puede escuchar en el extremo norte de la costa labortana, en la localidad bajo navarra de Bastida y en pueblos de Zuberoa fronterizos con el Béarn. En la península ibérica se habla en el Valle de Arán donde se puede escuchar la variante aranesa de dicho dialecto. El gascón fue el habla que fue sustituyendo al euskara en el Valle de Arán (en euskara actual: haran ["valle"] ) a partir de los siglos XII - XIII. Desde la baja Edad Media los cronistas comenzaron a utilizar documentación de archivo. En el año 602 la expedición de Teodoberto II de Austrasia y Teodorico II de Borgoña contra los vascones acarrea el que se imponga a Genial como dux (duque). En el año 626 los vascones se sublevaron contra el dux Aighina, sucesor de Genial. Con la llegada de Dagoberto I (629), la autoridad de los francos se reafirmó en todo el reino. Los vascones, después de haber sufrido serios reveses, se resistieron a someterse por un tiempo (635). Pese al deseo franco de volver a las fronteras de Augusto y de reconstituir el reino de Eurico, no pudieron, a la muerte del "buen rey", oponerse al desmembramiento de su territorio. Con la llegada de los reyes holgazanes, la carencia de poder iba a permitir a Vasconia retomar su autonomía. Sus nuevos jefes se apoyaron en la feudalidad laica y sobre todo en el episcopado.  Con el fallecimiento de Dagoberto I (638), la monarquía merovingia iniciará un progresivo proceso de debilitamiento, del que sabrá sacar beneficio el viejo particularismo aquitano, para ir consolidando paulatinamente un poder político, que pronto llegará a actuar al margen del control de los reyes francos. Este proceso, resultado del perfecto entendimiento entre las ambiciones de la aristocracia local aquitana y los colectivos vascones, utilizados como fuerza militar al servicio de aquellas, será lento pero imparable. Esta alianza vasco-aquitana conllevará el que los ducados de Vasconia y Aquitania[38] sean dirigidos por un único dux que unirá las fuerzas de los aquitanos romani y de los vascones en contra de los francos y visigodos. Los dux que gobernaron Aquitania y Vasconia fueron tanto de origen vascón como de origen aquitano. El mayordomo neustrio Ebroíno con la intención de mantener bajo control los territorios meridionales del reino franco concedió a Félix el principatum sobre todas las ciudades hasta los Pirineos y sobre el pueblo de los vascones. Lo que fue aprovechado por este para generar un poder político vasco-aquitano al margen de los francos. Su sucesor el vascón Lupo [latinización del patronímico vasco Otsoa (ochóa), "el Lobo"] iba a acelerar cualitativamente este proceso enfrentándose abiertamente contra los francos, y apoyando la rebelión septimana[39] en contra del monarca visigodo Wamba, aprovechando esta rebelión en el noreste del Reino Visigodo, para comenzar a conquistar territorios visigodos (Cantabria) al suroeste de Vasconia. Wamba (muerto en 688) fue sucesor de Recesvinto. Emprendió campaña militar contra los vascones, tomó Barcelona, Gerona y penetró en la Septimania, tomando Nimes (673). Convocó dos concilios provinciales (Toledo y Braga) y en 675 rechazó el intento de invasión musulmana por Algeciras, ocupando Ceuta. En octubre de 680 fue destronado por Ervigio. El proceso, imparable ya, se consolidará de forma aún más evidente con su sucesor, Odón. Este principado vasco-aquitano de Odón llegó a convertirse en un ejemplo para toda la Galia y el único árbitro del conflicto entre Austrasia y Neustria lo que le supuso el reconocimiento de su independencia y el título de regnum (reino). Odón, a través del ejército vascón, punta de lanza del principado vasco-aquitano, extendió su influencia hasta el Loira (718). Este principado, en su máxima expansión se extendió a un lado y otro de los Pirineos, desde el Loira (cerca de Bretaña) hasta el Ebro, al oeste hasta Cantabria y al este hasta Girona, abarcando por tanto, gran parte del actual estado francés. La corte es la residencia de un soberano y, por extensión, de su entorno: familia, servidores, séquito. En la Edad Media se emplea el término latino curia para designar la residencia del  rey (curia regis)  o del papa (curia romana) y de sus colaboradores cercanos: traducido como corte, concepto relacionado con el de castillo, designa el círculo de familiares y vasallos[40] de cualquier tipo de señor local, en un contexto de fragmentación del poder central en poderes locales prácticamente independientes en los siglos X-XIII.  La Estrella y la Media Luna vasconas: la estrella de ocho puntas, así como la media luna invertida representan dos de los símbolos vascones más antiguos que se han conservado hasta la actualidad. Además de estar presentes en la heráldica familiar y de localidades de todo el País Vasco como la Estrella Vascona del escudo de Estella (Navarra) o de la Navarrería de Pamplona, también estuvo presente en el escudo de Navarra en su forma inicial. Por otro lado, en los pueblos germanos se distinguen tres grupos principales: 1) el de los germanos del norte, que comprende las tribus asentadas en Escandinavia; 2) el de los germanos del este (cercanos a los del norte), que emigran desde Escandinavia a un área situada al este del Elba (vándalos, burgundios, godos, rugios, etc.); 3) el de los germanos del oeste, asentados junto al Rhin y el Weser, en las orillas del mar del Norte y en las riberas del Elba. Plinio los clasifica en tres grupos de culto (no étnicos): ingaevones (mar del Norte), istaevones (Rhin) y herminones (en el interior), los cuales deben su origen -mitológico- a los tres hijos de Mannus. Estos grupos se subdividen en queruscos, ubios, bátavos, catos, francos (surgidos de la fusión de usípetos, tencfrancos, sicambrios y bructeros), cauces, frisones, sajones, suevos, semnones, hermundures, lombardos, marcómanos, cuados, etc. El actual escudo de Navarra no es más que una evolución de este símbolo vascón. Desde épocas prerromanas, la media luna y la estrella vasconas, conjuntamente, son representadas, a menudo, en la forma indicada en la imagen, representando, según se cree, la conjunción de la luna y el planeta Artizar (Artísar; Venus en lengua vasca), con lo que el escudo de Navarra podría ser una evolución de la representación del planeta Venus.                                                                                                                                           La historia de esta primera cristalización política vasca, el Ducado de Vasconia, abarca dos siglos (211 años) de historia nacional de lucha bifrontal contra dos enemigos potentes y ambiciosos: el reino franco y el reino godo. Estos dos siglos hay que distribuirlos en tres épocas muy bien definidas; una de 58 años, como ducado dependiente de los francos, otra de 108 años de plena independencia vasco-aquitana y una última de 45 años de lucha armada en pro de la independencia.  Tudela[41], la principal ciudad de la ribera navarra, no formó parte de Navarra hasta 1119, una época en la que el reino navarro se encontraba ya en clara decadencia. El apellido Navarro, por ejemplo, en sus orígenes, fue un sobrenombre romance que hacía alusión a la condición vascoparlante del que lo portaba. En el año 1587, setenta y cinco años después de la conquista castellana, el español, lengua que sustituyó paulatinamente a partir del siglo XIII a la lengua aragonesa hablada en la ribera navarra, solamente abarcaba un tercio del territorio navarro. Todavía en el siglo XVIII el euskara era la lengua coloquial en Pamplona, por lo que resulta lógico que en la Edad Media lo navarro se asociara a lo vasco, dado que lo latino no formó parte de lo navarro hasta que los navarros vascoparlantes extendieron la reconquista hacia el sur. Primera etapa (602 al 660). Los duques de vasconia, dominan una zona cercana al Garona, pero permanecen independientes los valles montañosos y toda la tierra de cerros que se acerca al Adur. En este medio siglo nace la vascona Santa Rictrudis que con el tiempo ha de ser llevada a los altares de la Iglesia Católica Universal. En el Concilio de Toledo del año 633 no figura el obispo de Pamplona, lo cual indica que la ciudad la poseían de nuevo los vascos. En 634 es acusado el obispo de Elusa de haber tomado parte en la sublevación vascona. El considerar lo latino, también, como algo navarro, no se daría hasta la dominación de Navarra por las dinastías francesas en el siglo XIV, cuando la ribera navarra se convirtió, ya desde el siglo XIII, en el motor económico del reino; lo que conllevó que la lengua mayoritaria de la zona, la aragonesa (la segunda lengua era la vasca), alcanzara el rango de lengua oficial en 1350, sustituyendo al latín en la redacción de los documentos de la corte. Si bien fue corta esta oficialidad, dado que a finales del siglo XIV principios del XV, el castellano, debido a la potencia política, económica y por tanto cultural de Castilla, había consumado la absorción de la lengua aragonesa y se comenzaron a redactar los documentos en castellano. Segunda etapa (660-768). El Ducado de Vasconia, unido al de Aquitania, goza de plena independencia. Esta unión vasco-aquitana se constituye en una potencia militar  y política importante en esta parte de Europa. El artífice de este nuevo Estado ducal es el duque Félix (660-670). La actual situación cultural navarra en la que el euskara es solamente hablado cotidianamente por el 10% de la población y otro 10% lo entiende, es el resultado de la dominación española de Navarra durante cinco siglos, que ha acarreado la progresiva desaparición de la cultura y la identidad propia de los navarros. Los reyes de Navarra establecieron en las proximidades del Camino de Santiago[42] a habitantes del Mediodía de Francia -gascones y occitanos en general- para que desarrollaran el comercio y las producciones nuevas. Esta nueva situación acarreará que las zonas que serán pobladas por los nativos de habla vasca, en los cascos antiguos de las principales localidades navarras de la época (Iruña [Pamplona], Gares [Puente la Reina], Lizarra [Estella], etc.), comiencen a recibir el nombre de Navarrería. Tercera etapa (768-823). Vasconia es escenario de grandes acontecimientos entre los que descuella la famosa batalla de Roncesvalles en 778, en la que es derrotado el gran ejército de Carlo Magno. Sin embargo, hay un hecho que favorece a los vascones por Occidente y es el estado de luchas interiores en que se halla el reino asturiano. En la Edad Media, Pamplona, crecerá englobando a una basta población de orígenes distintos. Esto dará paso a una separación consciente de sus habitantes, por sus distintos orígenes y clases sociales, básicamente en tres barrios: Navarrería (poblada por campesinos navarros y cuyo centro era la Catedral), San Cernín (poblada por comerciantes de origen occitano que se desarrolla alrededor de la iglesia de San Saturnino) y San Nicolás (donde hay una mezcla de ambos siendo la iglesia de San Nicolás su centro neurálgico). Sus diferencias se agudizaran de tal manera que se enfrentarán entre ellas, dando paso a una fortificación interna de cada barrio (tres amurallamientos dentro de una ciudad amurallada) con cada una de las iglesias realizando funciones de fortaleza. El casco antiguo de Pamplona conjunto de los antiguos burgos (Navarrería, San Cernín, San Nicolás) que se extienden desde la catedral a la Ciudadela, es el centro de las actividades político-administrativas, religiosas y culturales. Sancho VI el Sabio otorga a la Navarrería de Pamplona en 1189 el privilegio de los burgueses[43] de San Saturnino: ...ut illam partem Pampilonensis civitatis que Navarreria dicitur et depopulata erat ualde, facerent populari... La diferencia entre nativos y occitanos, su separación establecida como medida útil para mantener el orden, provocó, repetidas veces, luchas, verdaderas guerras civiles, como la que sobrevino en Pamplona en 1276, después de muchos años de turbulencia, debido a lo que los nativos consideraban excesivos privilegios que poseía la población de origen extranjero.  Además, sobre el Ducado de Vasconia añadiremos lo siguiente. Todo el mediodía vascón hierve de hechos guerreros: aceifas armadas de los musulmanes contra las fronteras alavesas, rebelión de pamplona matando al jefe Mutarrif (798), derrota musulmana de Arganzón (801) y conquista de Tudela por los vascones y los banukasis. Hubo entre la Navarrería y los burgos occitanos de San Cernín y San Nicolás algunos acuerdos, como el de 1212, aunque luego volvieran las luchas llegando a la guerra descrita en occitano por un poeta de Toulouse, Guillermo de Aneliers, de modo muy hostil a los navarros. Según éste, eran estos navarros que desencadenaron la guerra de 1276 los habitantes de la vieja civitas (ciudad), los miembros de la aristocracia rural indígena, con sus servidores y algunos oficiales burgueses y menestrales, a los que se aliaron también los judíos: Burgues é menestrals, sirventz et ynfançó En la Navarreria malvatz conseyll fero Que talassen las vinnas, li arbre e l'plançó [ Burgueses y menestrales, sirvientes e infantes en la Navarreria malvados consejos hicieron para que talasen las viñas, los árboles y sus brotes ] Se echaron, pues, sobre el burgo[44] de San Cernín, destrozando y matando a muchos occitanos. Pero después llegó la revancha. Tropas enviadas de Francia entraron en la Navarrería, traicionada, en parte, por los nobles y el clero navarros, y la destruyeron, haciendo también gran matanza, sobre todo de judíos. Durante años hubo que hacer cuentas respecto a los daños ocasionados en este momento al sector eclesiástico, en la catedral, etc. Hablando del Ducado de Vasconia, los vascones meridionales obran por su cuenta entretanto los ultrapirenaicos colaboran en las empresas francas, como la toma de Barcelona (799). Entre 810 y 823 todo  es lucha sin tregua contra francos y musulmanes. El 812 se da el segundo Roncesvalles, pero sin resultados espectaculares debido a las grandes precauciones tomadas por los francos en su retirada. Con la muerte de Carlo Magno en 714 se producen disturbios en Vasconia. Esta Edad Media, es el asentamiento apropiado del feudalismo[45]. El nuevo emperador Ludovico Pío invade Vasconia. El 815 el emperador destituye al duque bordelés Suiguin, produciéndose una nueva sublevación. Puede pensarse que la raíz más fuerte de las guerras civiles posteriores entre Beamonteses y Agramonteses, que terminan con la incorporación de la corona navarra a Castilla, se halla ya en esta guerra, en gran parte, de tipo étnico. La casa navarra de Beaumont se inicia en el siglo XIV con el infante Luis de Navarra Evreuxhermano del rey de Carlos II, hijos ambos de los reyes Juana II de Navarra y Felipe III de Evreux. Fue el tercer varón de siete hijos habidos en el matrimonio. Nació en 1341 y murió en Apulia (Albania) en 1376, siendo enterrado en la Carjuja de San Martino en Nápoles. Su nieto Luis II de Beaumont, tercer conde de Beaumont, se verá otorgado en 1424 el condado de Lerín al casar con Juana, hija natural del rey Carlos III el Noble. La Casa de Beaumont atraerá a su campo numerosos nobles navarros en la causa por la defensa de la legitimidad del príncipe de Viana en el siglo XV. Serán conocidos como los beamonteses por el apellido de esta familia. Desde 1277 a 1323 la Navarreria continuó destruida, los reyes prohibieron reedificarla en cuarenta y ocho años. Lo que denota una postura de los reyes de Navarra, de origen francés, a favor de los occitanos que debió soliviantar a la población nativa. Vinieron después tiempos en que se intentó barrer las divisiones antiguas y Carlos III, en 1423, mandó derribar las murallas que había entre barrio y barrio. En todas las ocasiones los vascones parecen constituir la principal fuerza de choque del ejército vasco-aquitano. Su capacidad militar residía en el uso de una caballería capaz de actuar con rápidos movimientos envolventes, lo que les concedía una neta superioridad sobre la infantería merovingia. Los cronicones francos nos hablan de gran número de guarniciones y fortificaciones vasconas a lo largo del Loira y del norte de Francia, que defendían los territorios vasco-aquitanos de las incursiones francas. Sin embargo, se dibujaba ya otra amenaza. La península ibérica estaba en sus tres cuartos conquistada por hordas árabes que se preparaban a pasar los Pirineos[46]. En 717, Pelayo será elegido rey de los astures. Hijo de Fáfila, dignatario del rey visigodo Egica, es elegido por los nobles. Establece su Corte en Cangas de Onís e inicia la resistencia contra los musulmanes. Aparece en escena un legendario Garzi-Eneco entre 816 y 819 como jefe o duque  de los rebeldes. En 824 se da la tercera batalla de Roncesvalles en que caen prisioneros los condes Eblo y Aznar. Es el acto que provoca el nacimiento del Reino de Pamplona. Vascones y Banu Kasis de Tudela se encuentran unidos en esta batalla. Al primero lo envían los Banu Kasis a Córdoba y al segundo lo retienen los vascos como connacional y pariente. En 832 el conde de Vasconia (segregado del Ducado) Aznar Sancho lucha contra el emir. Ha tomado el partido de Carlos el Calvo contra su hermano Pipino. Es entonces cuando conquista Jaca a los musulmanes uniéndola al condado vascón.  En 720, franquearon el Pertús y atacaron Toulouse. Odón, luchando por salvar la independencia de sus dominios, hizo que su hija contrajese matrimonio con Uthman ibn Naissa, gobernador del norte de España. Al mismo tiempo, Abd-el-Ramán, quitándose de en medio a este último, pasó el puerto de Roncesvalles para invadir el norte de Vasconia. La masacre fue terrible. Es así como la villa de Auch fue saqueada y la de Elusa, capital de Vasconia, destruida de nuevo. Los árabes marcharon a continuación hacia Tours, capital del ducado vasco-aquitano. En 732, Carlos Martel, venido al socorro de Odón, les detuvo en Poitiers y les obligó a volver hacia los puertos pirenaicos. Su intervención le valió el homenaje del duque vasco-aquitano.   En cuanto al Ducado de Vasconia, en 836 su hermano Sancho Sanción se apodera del Condado de Vasconia contra la voluntad de Pipino de Aquitania. Entre 848 y 852 guerrea contra Carlos el Calvo. Entre tanto sucedían estos acontecimientos, el Ducado lo habían gobernado dos duques, Suguien y Guillermo. El duque Suguien o Simen se había instalado como conde de Burdeos en 839 bajo Ludovico Pío. En 844 lo matan los normandos. En 848 los normandos, que han invadido Burdeos, toman prisionero al nuevo duque Guillermo. En 852 Carlos el Calvo le desposee del ducado vascón y nombra duque a Sancho-Sanción. En 853 Muza, de Tudela, pariente del rey vasco de Pamplona, invade las tierras ducales y hace prisioneros al duque y a su yerno.  La llegada del Islam a Europa coincidirá con la gestación en la antigua Galia de dos nuevas dinastías que se enfrentarán por la supremacía política. La de Aquitania y Vasconia con Odón, Hunaldo I, Wafarius y Hunaldo II y la dinastía carolingia de Carlos Martel, Pipino el Breve y Carlomagno. Iba a ser el hijo de Carlos Martel, Pipino el Breve, quien en una sistemática campaña que duró nueve largos años (760 - 768) doblegaría a los vasco-aquitanos. Durante estos decenios de enfrentamiento entre francos y vasco-aquitanos, los vascos jugaron un papel preponderante como aliados de los aquitanos romani, aunque sus decisiones no fueron siempre coincidentes en el caso de que las políticas aquitanas fueran en contra de los intereses vascones. Son tiempos feudalismo y repoblación[47]. Al poco de la victoria de Pipino, hijo de Carlos Martel, Aquitania se sublevará de nuevo con Hunaldo II (769). Perseguido por el ejército de Carlomagno, el rebelde aquitano buscará refugio entre los vascones. Al igual que su padre Pipino, Carlomagno no osará cruzar el Garona y, mientras levantaba la fortaleza de Franciacum al norte de este curso fluvial, exigirá a los vascones la devolución de los rebeldes. Los vascones, a cuya cabeza vemos de nuevo a un Lupo calificado en las fuentes escritas como Wasconum dux e, incluso princeps Wasconum, entregaron a Carlomagno a Hunaldo y su familia, tras lo cual el monarca carolingio retornará a Francia. En el Ducado de Vasconia, en 855 es nombrado duque de Vasconia Arnaldo a la muerte de Sancho-Sanción. En 864 muere Arnaldo después de haber rechazado una invasión normanda. En adelante el Ducado de Vasconia, comprendido entre el Adur y el Garona va a convertirse en Ducados de Gascuña desgajándose cada vez más de la historia de Euskalerria a medida que el euskera va perdiéndose en sus montañas y el romance le invade y desnaturaliza.  Del 769 al 781, rota la alianza con los aquitanos romani, los vascones, de nuevo independientes del gobierno franco y bajo la dirección del duque Lupo, reorganizarán sus tropas para garantizar la defensa de los territorios vascones. Los dominios vascones en aquella época se extendían al norte hasta el río Garona; al sur, hasta el norte de la Navarra peninsular (el sur navarro estaba bajo dominio árabe); al sureste, hasta el valle de Arán; mientras que en el suroeste los asturianos, herederos del reino visigótico, habían conseguido conquistar a los vascones las Encartaciones de Vizcaya hasta el río Nervión y el extremo noroeste de Álava, estando la mitad sur de la actual Euskadi, la mayor parte de Álava, bajo dominio árabe. La nueva amenaza para Vasconia, sin embargo, no azotaría esta vez el norte o el suroeste del ducado, sino que arrasaría el sureste. En el año 778 el ejército franco de Carlomagno, al mando del gran paladín Roland, no puede conquistar la ciudad de Zaragoza ocupado por los árabes, y a la vuelta arrasa Pamplona. El día 15 de Agosto de 778, cuando las tropas francas se disponían a cruzar los Pirineos para retornar a Francia; las huestes vasconas organizadas para vengar la destrucción de Pamplona, estaban esperando en el paso de Orreaga (Roncesvalles, Navarra) para llevar a cabo una emboscada. Mediante su caballería y las rocas lanzadas desde los montes circundantes, hacia el sendero en el que se encontraba el ejército franco, acabaron con él. La muerte de Roland en esta batalla, así como la derrota del ejército imperial carolingio (el ejército más poderoso de Europa en aquella época) a manos del ejército vascón, inspiró en el año 1090 "La Chanson de Roland" (la canción de Roldán[48]), obra cumbre de la literatura épica francesa.                                                                                                                                                            La derrota de Roncesvalles debió convencer a Carlomagno de la necesidad de buscar para Aquitania y Vasconia una articulación política que reconociera, una vez más, su fuerte particularismo. Y recuperando una vieja tradición, viva entre los francos desde época merovingia, creaba un reino para su hijo Luis (Ludovico Pío), nombrado rey en Roma en el 781 con sólo tres años y presentado ante la asamblea de Padeborn, en 785, vestido a la manera vasca. Mucho había crecido el prestigio de los vascos, vencedores de Roncesvalles siete años antes, cuando el primogénito de la monarquía carolingia era presentado así ante la Corte. Sin duda quería halagar a los más belicosos de sus súbditos y preparar al mismo tiempo la entrada de Luis en su nuevo reino. Este Reino de Aquitania, enteramente sometido a la autoridad de Carlomagno, iba del Loira al Languedoc y tenía dos capitales: Burdeos y Toulouse. Quería englobar por tanto el Ducado de Vasconia que desde la entrega por parte del duque vascón Lupo, del aquitano Hunaldo II y su familia a Carlomagno, había permanecido independiente del poder franco. Quedaba, por tanto, un bastión difícil a traer al orden, los Pirineos, para lo que debió enviar a su ejército. Como consecuencia de revueltas incesantes de los vascones, Carlomagno se alió al rey de Asturias, con la esperanza de dominar a los vascones, pero el rey de Asturias tenía otros asuntos más urgentes y amenazantes, los musulmanes establecidos al sur. Carlomagno había delegado a los condes el cuidado de la administración de Vasconia, como a Adalric, en el Fezensac. A pesar de los esfuerzos de la iglesia que predicaba la integración en el Reino Franco, la revuelta era permanente en Vasconia. Mientras tanto Aquitania estaba integrada dentro del Reino Franco y Cataluña y el Languedoc[49] participaban activamente en los esfuerzos de reconquista de las tierras del sur, sometidas al emir de Córdoba. En el año 800, cuando Carlomagno venía justamente de ser coronado emperador, los vascones se sublevaron una vez más, Sancho apareció entonces, enviado por Carlomagno y el Rey de Aquitania, era el hijo de Lupo, duque de los vascones fallecido desde hacía treinta años. En el año 824, Íñigo Arista aprovechándose de la falta de control de los francos de la zona de Pamplona y en colaboración con los vascones islamizados de la ribera del Ebro, toma el control de la ciudad, fundando el Señorío de Pamplona que, posteriormente, se convertirá en reino y acabará englobando en el siglo XI a los vascos de ambos lados de los Pirineos. A partir del siglo IX, por tanto, Euskal Herria (Vasconia) se dividirá en dos entidades políticas diferentes: la continental o Vasconia del Norte (que será conocida en el futuro con el nombre de Gascuña), y la Vasconia del Sur o peninsular, representada por Pamplona. En lo que era la antigua Novempopulania, los vascones norteños estaban reagrupados entorno de Sancho, después entorno de su hijo mayor, Aznar. Cuando este murió, asesinado por el rey de Aquitania Pipino I, es su hermano Sancho Menditarra (montañés) quien tomó el gobierno de la Vasconia del Norte, en 836. Sancho Menditarra había pasado su juventud combatiendo junto con los pamploneses al emir de Córdoba en la Vasconia meridional al lado de su padre. Sus cualidades militares, pero también políticas, le hicieron salir triunfador de las luchas con Pipino I que le había declarado la guerra. Las tropas de Pipino I habían sido rechazadas a la margen derecha del río Garona, en la época en la que murió Pipino I (838). 68 años después del abuso de autoridad de Carlomagno, la Vasconia del Norte había recuperado sus antiguas fronteras continentales. El rey franco Luis el Piadoso, teniendo que hacer frente a numerosas dificultades, reconoció a Sancho Menditarra el gobierno de la Vasconia del Norte. A la muerte de Luis, el imperio fue dividido entre sus tres hijos, de los cuales Carlos el Calvo, que recibió la parte occidental y principalmente el Reino de Aquitania. Pipino II, en principio, despojado de su trono de Aquitania, emprendió la reconquista, que llevó a buen puerto gracias a las dificultades que padecía Carlos (las rencillas con sus hermanos y las primeras incursiones normandas). Pipino II se preparaba entonces a penetrar en las tierras de los vascones norteños, en el año 852. Mal le fue pues fue capturado por Sancho Menditarra, quien le entregó a Carlos el Calvo. Es en esta época que apareció en los textos de una forma oficial el Ducado de Vasconia (852), del cual Sancho Menditarra fue, según estos textos, el primer duque. A partir de 840, los normandos llegaron a las costas atlánticas. Sobre sus embarcaciones, subían cada año los ríos para saquear el país (Toulouse fue saqueado y quemado en 844). Saquearon todo particularmente las iglesias y monasterios y exigieron pesados impuestos a la población. Condom, Eauze y Lectoure fueron entre sus primeras víctimas las más afectadas. Es en este momento (entorno al año 854) que la Iglesia trasladará su sede de Elusa, la capital de la Vasconia del Norte, a Auch, menos expuesta, ya que estaba construida sobre un poblado fortificado muy abrupto, y del cual Sancho Menditarra había hecho su residencia ordinaria, cuando no combatía en el otro lado de los Pirineos, a su enemigo de siempre, el emir de Córdoba, y sus aliados. Sancho Menditarra falleció en 864. La Vasconia del Norte se había convertido para el imperio en una muralla contra los reinos árabes de la península ibérica. El Duque Arnaldo, sobrino de Sancho Menditarra, tomó entonces el poder, porque el hijo de Sancho Menditarra era todavía demasiado joven. La Vasconia del Norte conoció un estado cercano a la anarquía, sobre todo, bajo el ataque de las invasiones normandas que habían recomenzado. La mayoría de los obispados y los monasterios estaban desiertos, los habitantes de las ciudades y los pueblos huían al campo. Los jefes locales aseguraban bien que mal una apariencia de orden y protección. El sistema feudal o feudalismo[50], con sus señores y sus castillos fortificados, está instaurándose. De acuerdo a las tradiciones vasconas, el poder regresó entonces al hijo de Sancho Menditarra, llamado Menditarra Sancho, que era del mismo temple guerrero que su padre. Él consiguió mantener los normandos en la costa, en la embocadura del Adour, durante todo el tiempo de su gobierno (871-886). Su hijo, García Sancho el Encorvado, le sucederá de 886 a 920. A su desaparición, la Vasconia del Norte se había engrandecido por matrimonio con el condado de Agen. Desgraciadamente, García Sancho el Encorvado, antes de su muerte, decidió dividir sus tierras entre sus tres hijos. El mayor, Sancho García, recibió la mayor parte del principado (toda la parte occidental, de Béarn a la Lomagne), que se convirtió en la Vasconia Major (Gran Vasconia). El segundo, Guillermo García, recibe la parte central, con el Fezensac, entre Eauze y Auch, y por último, Arnaldo García, el Astarac, entre Fezensac y Bigorra. Esta división desafortunada condujo poco a poco a una fragmentación de la Vasconia del Norte, y la filiación principesca rota llevó a un sistema de autoridad importado del modelo franco, que nos habla de feudos[51]es decir, las relaciones de vasallaje, la feudalidad, hasta entonces desconocidas en Vasconia. Sancho García tuvo cuatro hijos: García Sancho, Sancho Sancho, Guillermo Sancho y Gombaud y será García Sancho quien le sucederá, pero falleció sin descendencia y es entonces al tercer hijo, Guillermo Sancho, a quien correspondió el Principado. Guillermo Sancho partió a combatir en Navarra y delegó su poder a su hermano Gombaud. En el siglo X los piratas[52] escogieron el norte de Francia, de más fácil acceso, para entregarse a sus razzias devastadoras. Guillermo Sancho volvió cuando los normandos se mostraron de nuevo amenazadores. Decidió entonces desembarazarse de una vez por todas de estos peligrosos vecinos y los combatió en Taller, cerca de Castets, a una veintena de kilómetros al norte de Dax, en 982. Los normandos levantaron sus campamentos y no regresaron más a Vasconia. El condado de Armagnac, formado en 965, correspondió a Bernardo a la muerte de Guillermo García. En cuanto a Pardiac, se convirtió en la herencia de otro Bernardo, hijo de Arnaldo García, tras la muerte de este último. También vieron el día el condado de Gaure y el vizcondado de Lomagne. El Ducado de la Vasconia del Norte o Gascuña, se había convertido ya en condado. La atomización del territorio gascón continuó con las generaciones, y llegó a tal punto que el último conde ya no poseía ningún poder. Bajo la doble égida del poder eclesiástico y feudal, Gascuña prosiguió no obstante su organización. Cuatro obispados fueron constituidos y, en la víspera del año 1000, hubo más de cuatrocientas iglesias construidas. Para el año 1023 Gascuña se encuentra ya bajo la órbita del Reino de Pamplona-Nájera, después del apoyo dado al conde de Gascuña en su lucha contra el Condado de Toulouse. Este apoyo le proporcionó al rey de Pamplona-Nájera, Sancho el Mayor, la potestad de organizar parte de sus tierras. De esta organización surgirá el vizcondado de Labort. Sancho Guillermo, hijo del vencedor de los normandos, Guillermo Sancho, falleció sin sucesor en 1032, con lo que el gobierno de Gascuña pasa a manos de su sobrino, Sancho el Mayor de Navarra. Al fallecer este, y debido a las disputas por el poder entre sus hijos, el Reino de Pamplona-Nájera se debilitará y perderá el control de Gascuña. El matrimonio de la hermana de Sancho Guillermo, Briska, con Guillermo V, conde de Poitiers y duque de Aquitania, fue el origen de un conflicto de sucesión que durará hasta 1052. Uno de los principales pretendientes, Bernardo I Tumapaler, conde de Armagnac, se dejó entonces arrebatar su herencia por el hijo pequeño de Guillermo, Guido Gofredo, duque de Aquitania a partir de 1058. Los duques del Poitou gobernaron Gascuña durante casi un siglo, bajo el sistema feudal[53] y esforzándose en reducir sus vasallos a la obediencia. Con ocasión de las cruzadas, numerosos nobles gascones intervinieron en Palestina, sobre todo con el tercer ejército del conde de Toulouse. Entre los primeros cruzados que se cubrieron de gloria figuran, al lado del ilustre Gastón IV de Béarn, Raimundo de l'Isle-Jourdain y Astanobe, conde de Fezensac. Gran parte de los diferentes condados y vizcondados de Gascuña, se diluyeron en el Ducado de Aquitania (el resto siguió unido o en la órbita de Navarra), posteriormente, en el año 1154, este ducado pasó a formar parte de la corona inglesa, fruto del matrimonio entre Enrique Plantagenet de Inglaterra y Leonor de Aquitania. En 1453, Aquitania se incorporó definitivamente a Francia. En lo que respecta a los territorios gascones de Navarra, este reino, conservó por ejemplo el Béarn hasta su desaparición como reino en el siglo XVII, cuando por un edicto de unión en 1620, Luis XIII, rey de Navarra y de Francia,  une Navarra a la corona francesa.                                                                



[1] FELONÍA: En el régimen feudal, un vasallo que violase los empeños que hubiese contraído hacia el señor cuyo feudo tuviese, se haría culpable de felonía. De aquí proceden aquellas palabras que vemos tan frecuentemente en los autores antiguos: vasallo felóncaballero felón. En su acepción primitiva, la palabra felonía expresa, pues, relaciones de jerarquía que ya no subsisten hoy. Esta palabra es poco usada, sin embargo, todavía nos servimos de ella y es casi sinónima de traición. En la saga de literatura fantástica "Crónica del Asesino de Reyes", la felonía es un grave delito consistente en emplear la magia (o simpatía, como se la llama en esta historia) de manera perjudicial y deliberada contra otro ser humano.


[2] ARISTOCRACIA: Del griego, dominio de los mejores. En sus orígenes se usó como denominación equivalente a “timocracia”, régimen ateniense en el que gobernaban los más ricos y poderosos. Posteriormente es un término genérico (al igual que optimates en la Roma antigua), que designa las capas más altas de cualquier sociedad (por su riqueza, poder, prestigio, etc.), si bien se usa especialmente para la Edad Media y la Moderna. A diferencia de nobleza, aristocracia nos indica una categoría jurídica. Un aristócrata puede gozar de privilegios, pero esos privilegios sólo están definidos jurídicamente en el caso de que a su vez sea noble. El concepto de “aristocracia obrera”, acuñado por E. Hobsbawn, tiene un sentido similar, aplicado a un ámbito social específico, la clase obrera. El término también se usa, en conexión con su etimología, para calificar por su mérito en distintas actividades a determinados colectivos: aristocracia de las artes, de las armas, etc.

[3] LA PRIMITIVA RELIGIÓN VASCA: Para los antiguos vascos el significado de la muerte no era tan lúgubre como puede resultar viéndolo desde la perspectiva occidental actual. Al fallecer una persona simplemente pasaba a formar parte de un estado existencial diferente. Se decía en aquellos tiempos que, Eguna egunekoentzat (egúna egúnekoentsát; el día para los del día [los vivos]) eta gaua gauekoentzat (éta gáu-á gau-ékoentsát; y la noche para los de la noche [los espíritus])". El espíritu Gaueko (gáu-ekó; "[espíritu guardián] de la noche") era el encargado de velar por esta norma aceptada por los antiguos vascos, ya que, si algún vasco merodeaba por la noche, era arrebatado de los vivos por este espíritu y pasaba a formar parte del mundo de los de la noche (los espíritus). La religión vasca poseía unas normas de conducta sobre lo que es el bien y el mal, que debían ser cumplidas estrictamente por los vascos. Mari condena la mentira, el robo, el orgullo y la jactancia, el incumplimiento de la palabra dada y el faltar al respeto debido a las personas y a la ayuda mutua, así como acceder a las moradas de Mari sin permiso de ella. Los delincuentes son castigados por Mari con la privación o pérdida de lo que ha sido objeto de la mentira, del robo, del orgullo, etc.


[4] DUERO: Río de la península Ibérica. Desde su nacimiento, en la vertiente meridional de los picos de Urbión, hasta su desembocaduraen el océano Atlántico por Oporto (Portugal), el río Duero recorre 913 km por la submeseta N de la península. Su cuenca de 98.160 km2, es la mayor de la península Ibérica. En su curso alto el Duero atraviesa la penillanura soriana y recibe las aguas del Tera, antes de atravesar Soria. El curso medio del Duero recibe las aguas de los ríos procedentes de la cordillera Cantábrica por la derecha y, por la izquierda, las que descienden desde lacordillera Central. Aproximándose  a la frontera portuguesa afluyen a él por su orilla izquierda el Tormes, Huebra, Coa, Tavora y Paiva; por su derecha, ya en Portugal, el Sabor, Tua, Corge y Támega.
[5] AL-ANDALUS: Parte de  España bajo dominio musulmán a partir del año 711. Tras la Reconquista, este término se aplicaba solamente a Andalucía.
[6] MOZÁRABES: Es  el nombre habitual con el que los historiadores conocen a la población cristiana, de origen hispanovisigodo, que vivía en el territorio de al-Ándalus. Durante el primer siglo desde la islamización de la península, suponían entre el 90 y el 95 % del total de los habitantes de la zona, para reducirse al 50 % aproximadamente a lo largo del siglo XI como consecuencia de su paulatina conversión al islam. Ello da una imagen de su importancia demográfica. Sufrieron intermitentes persecuciones a lo largo de la historia. La de los Mártires de Córdoba (850-859) puede considerarse la primera de las grandes persecuciones.​ La masiva deportación de 1126 al norte de África supuso la desaparición de todos los cristianos de las zonas urbanas del territorio musulmán. Por otro lado, también se dice mozárabe de un conjunto de dialectos románicos hablados por la población de la península Ibérica bajo dominio musulmán. Y, asimismo,  se llama así al rito litúrgico de los mozárabes, que se creó en el siglo V  y alcanzó su organización definitiva en el siglo VII; fue abolido en el siglo XI y restaurado, en algunas partes, en el siglo XVI. Por  último, mozárabe es el estilo artístico desarrollado por las comunidades cristianas sometidas a la dominación musulmana tras la conquista de la península Ibérica, que se extendió también por los territorios liberados del norte.


[7] BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA: Batalla que tuvo lugar el 16 de julio  de 1212 en el altiplanode las Navas de Tolosa (La Carolina, provincia de Jaén) entre las huestes del califa almohade Muhammad al-Nasir, que resultó derrotado, y una coalición de reyes (Alfonso VIII de Castilla, Pedro I de Cataluña y Aragón, Sancho VII de Navarra),  caballeros hispano-cristianos y cruzados. Tras la batalla, las fuerzas de Pedro I ocuparon Úbeda, lo que les reportó un gran prestigio.
[8] REINO DE PAMPLONA: Entidad  política creada en el Pirineo occidental en torno a la ciudad de Pamplona en los primeros siglos de la Reconquista. Su nombre se menciona en los Annales regni Francorum. La expresión se siguió utilizando hasta que Sancho VI de Navarra cambió su título de Pampilonensium rex (en español, rey de los pamploneses) por el de Navarrae rex (en español, rey de Navarra). Historiográficamente también se emplean las expresiones condado de Pamplona (durante la época de los reyes navarro-aragoneses) y reino de Nájera o reino de Pamplona-Nájera (a partir de 925, tras la conquista de Nájera, la consolidación del reino de Nájera y el reinado de García Sánchez I de Pamplona).
[9] MARCA HISPÁNICA: Nombre tradicional y genérico de los territorios fronterizos de la península Ibérica  tributarios de los francos durante el reinado de Carlomagno. Durante mucho tiempo se creyó erróneamente que la denominación se debía a una supuesta unidad jurídico-administrativa formada por la Septimania y los condados catalanes y gobernada por un marqués. Los condes catalanes se independizaron en 895.

[10] CONDADO DE SOBRARBE: Era uno de los antiguos condados pirenaicos surgidos en la Edad Media, con la Reconquista. Se formó en torno a la parte alta del valle del Cinca y se extendió hasta el siglo XI, cuando se unió definitivamente al reino de Aragón. Sus límites se  corresponden con la actual comarca del Sobrarbe. El estudio de este condado es muy complejo, dado el escaso número de noticias que se han transmitido sobre su historia.

[11] BANU-QASI: El clan del tercer reino hispano, fue una importante familia muladí cuyos dominios se situaron en el valle medio del Ebro entre los siglos VIII y X, durante la pertenencia de esta región a la Hispania musulmana. Descendían del conde Casio, un noble visigodo que gobernaba la región del norte de España comprendida aproximadamente entre TudelaTarazonaEjea de los Caballeros y Nájera. El personaje que da origen al linaje se ha creído ver en un conde hispanogodo llamado Casio, que al producirse la conquista musulmana del reino visigodo, se convirtió al Islam y se hizo vasallo de los Omeyas a cambio de poder conservar sus dominios (hacia el año 713). De ahí el nombre de la familia, Banu Qasi: ‘hijos de Casio’.

[12] BANU-QASI: Familia muladí, descendiente de la nobleza  visigoda, que gobernó la marca  superior de al-Ándalus. Uno de sus miembros, Musa, adoptó una posición de práctica independencia respecto al emirato cordobés, autoproclamándose “tercer rey de España”  (junto al emir y al rey de león). Derrotado por los leoneses en la batalla de Clavijo (859), quedó tan debilitado que fue depuesto por el emir Muhamad I.

[13] TOPONIMIA: Estudio lingüísticcodel origen y etimología de loos nombres de lugar.
[14] ANTROPONIMIA: Estudio del origen y significación de los nombres propios de persona.
[15] VARDULIA: Región marítima de Euskal Herria desde el Jaizkibel, ocupada por vascones, hasta los límites orientales de Cantabria. Los várdulos o bardietas, tomados genéricamente, comprenden las actuales provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Alava más la histórica región de Bureba. En sentido estricto son más o menos los guipuzcoanos de hoy, más un alargamiento por Alava. El nombre castizo de la tribu es vardi o bardi, de donde derivan varduli y vardieta. 

[16] AL-ANDALUS: Término de origen desconocido, correspondiente al territorio de las diferentes entidades políticas hispano-musulmanas medievales (siglos VIII-XV). Tuvo su núcleo en Andalucía, Castilla-La Mancha hasta Toledo, Levante y el valle del Ebro, aunque en sus inicios se extendió hasta el valle del Duero y el sur de Francia. Formado después de la invasión árabe, padeció una gran inestabilidad a lo largo de su historia a causa de una heterogeneidad que no logró integrar. Su sociedad conoció tensiones por motivos económicos, con una aristocracia árabe hegemónica, a la que se unió parte de la antigua visigoda, por debajo de la cual aparecían clases medias y bajas; religiosos -musulmanes, judíos y cristianos-; y étnicos -árabes, beréberes-. Ya en el siglo VIII proliferan las disputas por el reparto del botín dentro del contingente árabe y entre éstos y los beréberes. En el IX, momento en que con la consolidación del emirato de Córdoba se avanzó hacia la conformación de un Estado centralizado, los conflictos enfrentaron a conquistadores y conquistados -muladíes y mozárabes-. Paralelamente, al-Ándalus conoció un florecimiento económico, basado en la agricultura intensiva de regadío y en la expansión comercial ligada al comercio mediterráneo y al oro centroafricano o sudanés. Estos factores permitieron el fortalecimiento estatal que culminó en el siglo X, con el esplendor del califato de Córdoba. Sin embargo, éste no logró solventar la inestabilidad estructural y acabó disgregado en los reinos de Taifas en el siglo XI. A partir de ese momento comenzó el retroceso territorial de Al-Ándalus ante el avance de los reinos hispano-cristianos y su sumisión política ante aquéllos o ante Estados norteafricanos, como los formados por almorávides y almohades. Tras la derrota de estos últimos en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) el reino nazarí quedó como único Estado musulmán superviviente que prolongó su existencia hasta la toma de Granada por los Reyes Católicos (1492). La sociedad andalusí adoptó caracteres de la árabe y la beréber; no obstante, la urbanización y la fuerte presencia del elemento peninsular -primero mozárabe y luego muladí- le otorgaron una impronta específica dentro del mundo islámico.

[17] ALMANZOR (940-1002). Abú Amir Muhammad, apelado al-Mansur (‘el victorioso’). Dirigente  del califato de Córdoba entre el 981 y el 1002. Procedente de una familia noble de origen yemení, estudió letras, teología y jurisprudencia. Su ascenso en la burocracia califal le llevó a ocupar cargos de cadí, inspector de finanzas y, finalmente, administrador de la sultana y del príncipe heredero. Con el respaldo de aquélla, después de la muerte de Alhaquén II (976), forzó la sucesión de su hijo Hisham II, cuya minoría de edad le permitió ejercer como gobernante de hecho. Nombrado hachib, poco después el nuevo califa le transfirió todos sus poderes. Comenzó con ello la dictadura amirí  (981-1011), régimen al que Almanzor procuró rodear de una legitimidad religiosa. A tal efecto, amplió la mezquita de Córdoba,  potenció el malikismo y, sobre todo, intensificó las aceifas contra los cristianos. Tras engrosar sus ejércitos con mercenarios beréberes, proclamó la guerra santa contra los infieles. En los años siguientes saqueó Barcelona (985), León (986) y Santiago de Compostela (997). Derrotado en la batalla de Calatañazor (Soria) y muerto en Medinaceli (1002), le sucedieron sus hijos al-Muzzafar (1002-1008) y Abderramán ‘Sanchuelo’ (1008-1009). A la muerte de este último estallaron   numerosos conflictos que desembocaron en la desaparición del califato de Córdoba, cuya fuerza había residido en un frágil equilibrio entre la nobleza hispanomusulmana, el ejército y la burocracia, que Almanzor rompió con su dictadura a favor de esta última.


[18] HACHIB: Especie de primer ministro de los monarcas de al-Ándalus. Elegido entre quienes ocupaban el cargo de visir, reunía prestigio y una dotación económica que hacía el cargo muy apetecible y objeto de numerosas intrigas. Durante los reinados de monarcas débiles el hachib llegó a suplantarlos, como fue el caso de Almanzor.

[19] ACEIFA: Expediciones anuales de los musulmanes contra los reinos cristianos. Realizadas durante el emirato y califato, casi siempre en verano, buscaron contener la expansión de aquéllos más que anexionarlos; también se pretendió con ellas la captura de botines, aumentar el prestigio de los gobernantes y canalizar hacia el exterior disensiones internas.
[20] LA RIOJA: Su historia vino marcada por ser punto de confluencia de castellanos, navarros, vascos y aragoneses.  Habitada por los celtíberos, conoció una notable romanización,  recibiendo también la influencia musulmana, con el dominio de la dinastía muladí de los Banu Qasi y su conversión en zona de penetración de las aceifas. Reconquistada por el reino de Navarra, pasó definitivamente a Castilla en el siglo XI, época en que desarrolló una economía ganadera y comercial asociada al camino de Santiago y a importantes monasterios. A finales del siglo XIX experimentó transformaciones con la introducción de la moderna viticultura y de una agricultura comercializada, base de su prosperidad actual. Se convirtió en comunidad autónoma uniprovincial en 1982.

[21] Río IREGUA: Es un corto río del norte de España, un afluente del río Ebro. Desde su nacimiento en la Sierra de Cebollera (Hoyos de Iregua) hasta su desembocadura, cruza de sur a norte la comunidad de La Rioja. Atraviesa, en este orden, las localidades de Villoslada de CamerosVillanueva de CamerosPradilloTorrecilla en CamerosVigueraNaldaAlbelda de IreguaAlberite, y Villamediana de Iregua, hasta desembocar en LogroñoSu nombre procede del euskera "erroka", variante de erreka que se traduce como barranco o riachuelo. Aparece en la documentación con las siguientes denominaciones: “Erroca” en el año 931, Eiroka en 924, Irriguam hacia los años 917-925, rivo de Iroga 1040, Iruega / Iroga 1044, Iroga 1054, Erueka 1063, Eiroca hacia 1094-1108, Iroga hacia 1100, riuus de Eroga 1135, Hiroga 1165, Eyrocam 1167, Iroca 1185, Iruega 1187, Iregua 1187, in Riuo Iroce 1200, etc.


[22] SANCHO III EL MAYOR (992?-1035). Rey de Navarra  desde el 1005. Dominó a los demás reinos hispano-cristianos, con cuyos gobernantes le unían lazos familiares. Se anexionó los condados de Castilla y Sobrarbe y Ribagorza, y colocó en posición de vasallaje al condado de Barcelona y al reino de León, lo que -parece- le permitió usar el título imperrial. El recurso al vasallaje, tanto en sus relaciones con otros reinos como en las mantenidas con sus nobles, prefiguró la expansión del feudalismo. Asimismo, impulsó la propagación de monasterios de una Iglesia que legitimó su poder y le otorgó por primera vez en una monarquía hispana la denominación de rex gratia Dei. A su muerte dividió sus dominios (Navasrra, Sobrarbe y Ribagorza, Aragón y Castilla)  entre sus cuatro hijos, con lo que mostró una concepción patrimonial de la monarquía.

[23] BURGOS DE PAMPLONA: Eran las tres poblaciones que conformaban la ciudad de Pamplona en la Edad Media. Estos tres burgos eran la Ciudad de la Navarrería, el Burgo de San Cernin y la Población de San Nicolás. En 1423 Carlos III de Navarra dictó el Privilegio de la Unión que unió a los tres burgos formando la ciudad de Pamplona. Pamplona en la Edad Media no era una ciudad estructuralmente homogénea, sino que estaba conformada por pobladores de orígenes variopintos y diversos, fundamentalmente de origen franco por un lado, y naturales por otro. Los tres burgos estaban asentados sobre una terraza del Arga cuyas escarpadas paredes cayendo sobre el río la hacían atractiva y extraordinaria como fortaleza fácilmente defendible. Una meseta que se extiende en algo más de 23 km2.

[24] EN TORNO A 1094, AUNQUE SIN FECHA CONCRETA, PEDRO I ES ELEGIDO REY DE ARAGÓN Y NAVARRA. Sucesor de Sancho I Ramírez, conquista la taifa de Huesca, tras la derrota castellana en la batalla de Alcoraz, con ayuda de su hijo Alfonso, futuro Alfonso el Batallador.

[25] REINOS DE TAIFAS (1031-1090). Veintena de reinos surgidos tras la desmembración del califato de Córdoba, en una muestra de las tendencias disgregadoras existentes en la historia de al-Ándalus, pues su origen correspondió a los intereses de los distintos grupos que conformaron la España musulmana; así, hubo taifas de beréberes, de la burocracia, muladíes o de la aristocracia hispano-árabe. Su persistente inestabilidad los convirtió en vasallos de los reinos cristianos que les impusieron parias. Pese a esa debilidad, alcanzaron pujanza económica y, sobre todo, cultural. Tras la conquista de Toledo por Alfonso VI, sus gobernantes pidieron ayuda a los almorávides, que acabaron sometiéndolos. Tras el derrumbamiento almohade en 1228, algunos de ellos resurgieron, siendo, a excepción del reino nazarí,  anexionados en pocos años por los cristianos.

[26] BENEDICTINO, A: Relativo a la orden monástica fundada por san Benito de Nursia en 529, en Montecassino (Italia). Originariamente, su estructura jerárquica era bastante débil, pero se vio  reforzada por la costumbre y con la creación de diversas congregaciones. Paralelamente a la orden masculina se desarrolló la femenina fundada, según la tradición, por santa Escolástica,  hermana de san Benito. Los benedictinos cumplieron una función vitalizadora en  la Edad Media, no sólo en el campo religioso sino también en el social, cultural y económico.

[27] CONDADO DE PALLARS: Antiguo condado catalán de los valles del alto y medio Noguera Pallaresa, liberado del dominio árabe a principios del siglo IX, quizá por Guillermo el Santo, conde de Tolosa, vasallo de Carlomagno. Independizado del imperio franco en 884, pasó a la corona de Aragón en 1192, pero mantuvo su autonomía hasta que fue cedido  a la casa de Cardona como marquesado  (1491).

[28] ABAD OLIVA (en catalán Oliba). (971-San Miguel de Cuixá, 1046). Fue un abad benedictino de la orden de San Benito, Obispo y conde de Berga y Ripoll. Fue un monje benedictino catalán, considerado el padre espiritual de la Cataluña naciente. Fue el tercer hijo del conde Oliba Cabreta de Cerdaña y Besalú y de su mujer Ermengarda y, por tanto, bisnieto del conde Wifredo el Velloso. Sus hermanos mayores fueron Bernardo Tallaferro de Besalú, Wifredo II de Cerdaña y Adelaida. Además su hermano pequeño, Berenguer, llegaría a ser obispo de Elna. Nació hacia el año 971 y murió en 1046 en la Abadía de San Miguel de Cuixá. Siendo Conde de Berga y Ripoll, renunció a sus derechos para hacerse monje en el monasterio benedictino de Ripoll, del que llegó a ser abad. Posteriormente fue ungido obispo de Vich y también abad del monasterio de Cuixá. Gran amigo de Sancho III de Navarra, favoreció los contactos culturales con Europa. Como escritor, se le deben un importante epistolario y varios poemas encomiásticos en latín: una alabanza de Ripoll, De comitibus, el saludo Ad Gaucilinum, abad de Fleury, etc. Impulsó desde el scriptorium del gran monasterio de Ripoll la cultura de su tiempo, de forma que aquél alcanzó fama de ser el centro primordial de traducción al latín de los importantísimos manuscritos árabes, así como del griego o latín. Gracias a esta actividad, y la de otros muchos monasterios, se abonó el terreno intelectual de la Edad Media para facilitar la generación del Renacimiento. Del mismo modo, Oliba promovió la creación de una gran escuela de poesía en latín de sesgo goliardesco y de autores en su mayoría anónimos, salvo Juan de Fleury. Patrocinó la fundación o reforma de los monasterios de Montserrat (1025), San Miguel de Fluviá y San Martín del Canigó, y consagró numerosas iglesias. Creó las asambleas de Paz y Tregua, germen de las futuras Cortes catalanas, a las que asistían nobles y prelados del principado. También estableció en Ripoll una de las bibliotecas más grandes de su época, reuniendo a un grupo de ilustres letrados que transcribieron un número importante de códices.


[29] CASTELLANO
[30] CONDADO DE RIBAGORZA: Condado pirenaico formado por las cuencas de los ríos Noguera Ribagorzana, Ésera e  Isábena. Hacia el 872 sus habitantes rehusaron la obediciencia a Tolosa y se erigieron condado independiente  bajo la autoridad de Ramón I. En 1017 cayó en manos  de Sancho III, rey de Navarra, uniéndose al reino de Aragón.                                                                                                                                            
[31] ALBIGENSE: Se dice de una secta cristiana herética que se desarrolló en los siglos XII y XIII. El nombre albigense es el que se aplicó a los cátaros del S de Francia y proviene de Albi, ciudad que constituyó uno de los principales centros de esta secta. Creían en un dualismo maniqueísta, y condenaban el uso de los sacramentos, el culto externo y la jerarquía eclesiástica. El papa Inocencio III, a instancias de Felipe Augusto, convocó una cruzada para someterlos (1209-29) que estuvo dirigida por Simón de Monfort.

[32] ALODIO: Es el régimen de propiedad de bienes inmuebles, generalmente tierras, en el cual el propietario tiene el dominio completo sobre ellas, es decir, tanto del directo como el de uso. Otra forma de definir el alodio es decir que es la propiedad que está libre de toda carga señorial. El concepto de propiedad alodial es, por tanto, opuesto al de propiedad feudal, en la cual un señor cede al vasallo el uso de un feudo a cambio de una serie de cargas y prestaciones. En la Edad Media el propietario del alodio, obtenía éste por medio de una herencia -que pasaba de generación en generación- y estaba exento de pagar impuestos o prestaciones señoriales al señor feudal. Lo que sí pagaba era un impuesto simbólico que podría llegar a ser una pequeña parte de su cosecha.

[33] CENSO: Contrato hipotecario de finales  del siglo XV. La mayor partede los censos son perpetuos, inclusosi, en teoría, se pueden rescatar: “al quitar”. En el siglo XVI, un préstamo hipotecario garantizado por una tierra es una excelente inversión. Los arbitristas ven en esta práctica el “mal radical”  que  ha desestabilizado a la sociedad
castellana.Los censos rescatables son una de las causasdelendeudaamiento del campesino y de la ruina del reino.El

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