Geografía e Historia del País Vasco (IV)
3.Los
árabes y el Reino de Pamplona
¿La rapidez de
la ocupación, la felonía[1] del
conde don Julián (el legendario gobernador de Ceuta que ayudó a los musulmanes
a atravesar el Estrecho), y la profusión de traiciones por parte de
la aristocracia[2] del
reino de Toledo, tiene algo que ver con la mitificación de un personaje
histórico de poca monta? Es probable. Los sentimientos patrióticos se nutren
siempre de símbolos e indomables. No sería de extrañar, pues, que la vaga gesta
del Pelayo de Covadonga haya sido magnificada hasta hacer de un simple
cabecilla un impulsor de la Reconquista, omitiéndose señalar su inicial
colaboración con los invasores y la causa primera de su revuelta: la boda de su
hermana con un gobernador mahometano de la
zona. Para
no alejarnos de la realidad, apuntamos que el estrecho de Gibraltar es un brazo
de mar que comunica el océano Atlántico con el mar Mediterráneo, y que separa
las costas meridionales de España y las septentrionales de África. De unos 14
km de anchura y 250 m de profundidad. En la orilla Ibérica se hallan los
puertos de Gibraltar, Algeciras y Tarifa, y en la africana están los de Tánger
y
Ceuta. En
julio de 711 acontece la batalla del río Guadalete. Las tropas del rey don
Rodrigo se enfrentan con las de Tarik ben Ziyad, gobernador de Tánger. La
victoria musulmana marca el inicio de la ocupación de la península Ibérica y el
fin del reino visigodo. Al año siguiente, en 712, Muza ben Noiser llega a la
Península. Al mando de un ejército de 18.000 hombres, cruza el estrecha de
Gibraltar y en pocos años conquista Sevilla, Mérida, Zaragoza, Barcelona,
Tarragona, Pamplona, Gerona y otras ciudades, estableciendo en al-Andalus un
valiato dependiente de Damasco. En 716 se traslada la capital a Córdoba,
emirato dependiente del califato de Damasco. Por iniciativa de Ayyub, sucesor
del asesinado Abd al-Aziz, hijo de Muza, a quien éste había confiado el
gobierno de al-Andalus, la capital del valiato se traslada de Sevilla a
Córdoba. Se inicia ahora un sangriento periodo de luchas
internas. Por
otro lado, en 717 Pelayo es proclamado rey de los astures. Hijo de Fáfila,
dignatario del rey visigodo Egica, es elegido por los nobles. Establece su
Corte en Cangas de Onís e inicia la resistencia contra los musulmanes. Ya en
722 tiene lugar la batalla de Covadonga. Las montañas del norte peninsular son
escenario del enfrentamiento entre las tropas de don Pelayo y las
musulmanas de Al-Hakam, que ven frenado su intento de expansión. Esta victoria
es considerada como el punto de inicio de la
Reconquista. En
definitiva, en el 711 el rey visigodo Rodrigo estaba batallando contra los
vascones, momento que fue aprovechado por los musulmanes enviados por el
gobernador de Ifriquiyya Musa ben Nusayr, y dirigidos por Tariq ben Ziyad, para
atravesar el Estrecho de Gibraltar y comenzar la conquista de la Europa
cristiana. Tarif ibn Malluk fue un oficial beréber del siglo VII, subalterno de
Tariq ibn Ziyad. Fue encargado de explorar las costas meridionales de la
península Ibérica (710), en vísperas de la invasión musulmana. Tras capturar un
rico botín regresó a Mauritania. La relación entre los vascones y los árabes
fluctuó entre la amistad y la guerra. Antes del 714 Musa había llegado ya a
Zaragoza. El conde Casius, que dominaba en algún lugar en el valle del Ebro,
dándose cuenta de la difícil situación militar, seguramente con la esperanza de
conservar sus tierras, pasó el 714 al servicio del Califa. Dando lugar
posteriormente a la familia vasco-árabe de los Banu-Qasi, que controló durante
cuatro siglos la ribera del Ebro; y que tendría vital importancia en el surgimiento
del futuro Reino de Pamplona. Un reino que surgió de la cooperación entre los
vascones liderados por Ínigo Arista y los Banu-Qasi vasco-musulmanes de la
ribera del Ebro. En contra de lo creído hasta época reciente, los vascos
sureños, sobre todo de la ribera del Ebro, se convirtieron al Islam, lo que no
impidió los matrimonios mixtos entre los vascos de Spania (la península en
manos de los árabes) y los vascos del norte, en su gran mayoría, fieles todavía
a la religión vasca[3].
En 716, se traslada la capital a Córdoba, emirato dependiente del califato de
Damasco. Por iniciativa de Ayyub, sucesor del asesinado Abd al-Aziz, hijo de
Muza, a quien éste había confiado el gobierno de al-Andalus, la capital del
valiato se traslada de Sevilla a Córdoba. Se inicia ahora un sangriento periodo
de luchas internas. En los escritos de la Edad Media de Navarra, por ejemplo de
Tudela en el siglo XIV, aparecen anotaciones de personas con nombre árabe y
sobrenombre vasco, lo que demuestra el arraigo que tuvo el Islam durante esta
época. Otro de los mitos que entierran estas inscripciones, es la supuesta
pérdida del euskara en el sur de Navarra desde la época romana, si así hubiera
ocurrido, no sería lógica la utilización de sobrenombres vascos en personas que
pertenecían a familias arraigadas en la zona, que seguían siendo de religión
islámica. Entre otros, el Jurado de la Aljama de Tudela en el año 1309 era
Mahoma Oxarra. Tudela fue conquistada en 716 por los musulmanes. En
1379 pasó a poder de Enrique II de Castilla, siendo la última ciudad de Navarra
incorporada a la Corona de Castilla. Otros vasco-musulmanes: Mahoma Ezquerro en
la localidad de Ablitas, Mahoma Abarqua en Cortes y también en Ribaforada.
Todas ellas localidades de la Ribera del Ebro, en el sur de
Navarra. Se
llama Reconquista al proceso de lucha entre los reinos cristianos y las
entidades políticas musulmanas que comenzó pocos años después de la invasión de
los árabes (hacia el 718) y terminó con la toma de Granada en 1492. Su larga
duración se explica por la debilidad inicial de los núcleos cristianos, porque
se vio acompañada de un proceso de repoblación que, si la ralentizó, le dio
solidez y porque, contra lo que quiso transmitir cierta historiografía
nacionalista y católica, la Reconquista no ha de entenderse como la idea de
expulsar a unos invasores infieles que obsesionase a los cristianos durante
ocho siglos; buena muestra de ello es que los enfrentamientos entre los propios
reinos cristianos fueron tan numerosos como los mantenidos contra los
musulmanes. Existieron diferencias entre la zona occidental de la Península y
la oriental. En la primera, las luchas contra los musulmanes fueron
protagonizadas en sus comienzos por el reino de Asturias como mera continuación
de la tradición de resistencia de las poblaciones de la cornisa cantábrica a
todos los poderes que habían intentado
someterlas (romanos y visigodos). Sólo a partir del siglo
X se forjó la idea de “reconquista” como forma de dar legitimidad a
unas monarquías (primero la leonesa y luego la castellana) que se presentaron
como herederas de la visigoda. En esta zona el avance, intercalado de
frecuentes retrocesos, fue rápido gracias a que el valle del Duero[4]
estaba despoblado (tierra de nadie). Por el contrario, en la parte oriental
peninsular los éxitos fueron más modestos al estar su área de expansión, el
valle del Ebro, muy poblada por los musulmanes. En estos territorios, origen de
los reinos de Aragón, Navarra y Cataluña, las luchas tuvieron en sus principios
un impulso externo, puesto que algunos constituyeron la marca
hispánica dentro del Imperio carolingio, del que no se habrían de
independizar hasta finales del siglo IX. Entre los siglos XI y XIII la
Reconquista conoció un impulso que permitió la ocupación de toda la Península a
excepción del reino nazarí de Granada. Detrás de estos éxitos estuvieron las
divisiones internas de al-Ándalus[5] y la
importancia que adquirió la dimensión religiosa debido: a la notable
disminución de las comunidades cristianas que vivían en el territorio musulmán
(mozárabes[6]), que
hizo más clara la lucha contra el infiel; a la invasión de los almorávides,
que, aparte de suponer una amenaza por sus éxitos militares, incorporaron un
fuerte rigor religioso entre los musulmanes; y al comienzo de las cruzadas, que
convirtieron a la Península en campo de lucha religiosa, trajeron caballeros y
órdenes militares y animaron la colaboración entre los monarcas cristianos,
puesta de manifiesto en la batalla de las Navas de Tolosa[7]. A
partir del siglo XIV, cuando sólo Castilla tenía frontera con los musulmanes,
se detuvo el avance reconquistador, primero por los efectos de la crisis del
siglo XIV y después por las guerras civiles del XV; sin embargo, a finales de
esta centuria, bajo el reinado de los Reyes Católicos, se concluyó un proceso
en el que de nuevo la idea de cruzada sirvió de estímulo. En cualquier caso,
las guerras y conquistas no deben dar un sesgo exclusivamente bélico a un
periodo en el que menudearon las relaciones comerciales y políticas (alianzas y
vasallajes) entre ambos
pueblos.
4.El
Reino de Pamplona
La unidad de los vascos a través del Ducado de
Vasconia fue apagándose gradualmente, cayendo sus tierras bajo dominio de los
francos al norte y sureste; de los asturianos al suroeste; y de los árabes al
sur. En el siglo IX surgirá un nuevo liderazgo entre los vascones que irá sustituyendo
paulatinamente al Ducado de Vasconia como entidad vasca independiente, el Reino
de Pamplona[8].
Tras los episodios que tuvieron lugar con visigodos, musulmanes y carolingios,
en la segunda mitad del siglo IX esta Ciudad se afianza en el emergente núcleo
cristiano. La dinastía Jimena, en el siglo X, vertebra este movimiento social y
político y da lugar al Reino de Pamplona, así llamado originariamente -esta
denominación pervivirá en los dos siglos siguientes-, hasta que en 1164 tomó de
hecho el título de Reino de Navarra. Con este cambio nominal se pretendía
subrayar la soberanía del territorio, del conjunto de Navarra, y marcar
distancias frente a la poderosa corona de Castilla. La civitas romana de Pompaelo había sido la principal ciudad del impreciso territorio
atribuible al pueblo de los vascones, hasta la fundación de Victoriacum por los visigodos (581). Durante el último tercio del siglo VIII, Carlomagno, el rey de los francos, llevó a cabo expediciones en el territorio
surpirenáico para crear una marca fronteriza meridional (la posteriormente
denominada Marca Hispánica[9]) en el territorio entre los Pirineos y el Ebro que contrarrestara al emirato de
Córdoba. Tras el fracaso inicial de tales intentos de
expansión, se logró a principios del siglo IX la creación en la parte
occidental de los Pirineos de un condado que subsistiría unos diez años. A
partir de entonces, de nuevo bajo el control de las autoridades cordobesas (ya
con la denominación de emirato de Córdoba), se organizó hacia 824 el reino de
Pamplona bajo la dirección de Íñigo Arista, su primer rey, y con el apoyo de sus aliados muladíes de los Banu Qasi, señores de Tudela, y del obispado de Pamplona. La expulsión de
los musulmanes y la formación del Reino de Pamplona atrajo a nuevos
pobladores (siglo X). En este mismo siglo nos encontramos en escritos árabes o
en las crónicas de Alfonso III de Asturias, con topónimos que se nos hacen
conocidos: Bizcaia (Vizcaya, "la cumbre", "la cima") y
Alaba (Álava, procede del vasco medieval laba "el llano", que a su
vez procede del latín planus; actualmente en vasco laba se dice laua). Se
tendrá que esperar hasta el año 1025 para poder encontrar la primera constatación
documental de Guipúzcoa ("tierra fronteriza"), escrita como Ipuçcoa,
posteriormente también será transcrita como
Ipuzcaia. Iñigo
Arista fue rey de Navarra y de Sobrarbe[10] (hacia
770-852), el cual estaba emparentado con los Banu Qasi de Tudela y con García
el Malo de Jaca, que fueron sus aliados en su lucha contra Luis el
Piadoso y contra los soberanos de Córdoba para preservar su independencia.
Llamado Arista por su genio vivaz, se casó con Teuda y le
sucedió su hijo García I Iñiguez. En el año 824 Eneko Enekoitz (enéko
enekóyts), conocido en español como Íñigo Íñiguez, que recibió el apodo romance
de Arista por su temple guerrero, en alusión a lo rápido que
prende el fuego en las aristas de trigo, será primer señor y rey de Pamplona o
Iruña. Dando lugar a la primera dinastía navarra, la dinastia dels
Enekoiztarrak (enékoystarrák), o dicho en romance: dinastia Arista o
Íñiga. En 840 el reino de Navarra se une a los Banu Qasi[11].
Iñigo Arista, desde el trono de Pamplona, consolida la identidad propia del
reino pirenaico de Navarra frente a los intereses francos, vinculándose, a
través del matrimonio con Maza ben Muza, con los Banu Qasi del valle del Ebro.
Además, esta alianza permite a los navarros mantener su independencia respecto
del emirato cordobés./ Pero será en 843 cuando tenga lugar el reconocimiento
musulmán de la independencia de Navarra. A la muerte del rey Alfonso II el
Casto, la nobleza asturiana designa a Ramiro I, hijo de Bermudo I, sucesor al
trono./ Su
padre fue Eneko Xemenoitz (enéko shemenóyts; en español Íñigo Jiménez), oriundo
de Bigorra (Bigorre, tierras que se encuentran en la vertiente opuesta a los
Pirineos aragoneses, actualmente en Francia), un territorio que antaño
estaba poblado por vascos. Sin fecha, muere el rey navarro Iñigo Arista.
Le sucede su hijo García Iñiguez, que ya gobernaba en nombre de su padre desde
hacía un año, debido a la incapacidad física de éste. En 872 se producen sublevaciones contra
el emirato. Mohammed ben Lubb, primogénito de Muza ben Musa, jefe de la
familia Banu Qasi[12], se
subleva contra la autoridad del emir, que no le había dado el gobierno de
ninguna plaza./ Contando con la alianza del navarro García Iñiguez, llega a
dominar toda la Marca Superior. Su madre, Oneka, era pamplonesa, tuvo al menos
tres hijos, dos con Íñigo Jiménez ( Eneko [Íñigo] y Orti [Fortún] ), y después
de fallecer éste, contrajo matrimonio con el Banu-Qasi Musa ben Fortún con el
que tuvo un hijo (Musa ben Musa). Fortún
Garcés I el Tuerto, rey de Navarra, y primogénito del rey navarro García
Iñiguez, había permanecido prisionero en Córdoba durante veinte
años, tras la invasión musulmana de Navarra. A su regreso a Pamplona accede al
trono y lleva a cabo una política de amistad con el emirato
cordobés.
Hacia el siglo II a.C. se produce la llegada de los romanos
desde el valle del Ebro y con ella tienen lugar los primeros asentamientos
urbanos en el País Vasco. Sin embargo, la romanización no se produjo del mismo
modo en todos los lugares. Las zonas más romanizadas fueron las del sur de
Navarra y Álava así como las del norte de Aquitania. Pero en el litoral de
Bizkaia y Gipuzkoa la colonización fue muy escasa o nula.
En aquellos territorios con menor presencia romana la
población sólo usaba el latín cuando le era imprescindible, especialmente en el
comercio, la iglesia y el lenguaje escrito, manteniendo en el resto de las
situaciones la lengua autóctona. Así, mientras la lengua de los romanos se
utilizaba en el comercio o en la Administración, el euskara consiguió mantener
su protagonismo en los cartularios de los monasterios, las leyes, la toponimia,
etcétera.
Euskara y latín convivieron durante
años influenciándose mutuamente. El latín dejó su huella en la evolución del
euskara, y éste en el desarrollo del latín vulgar y de las lenguas romances.
Según el lingüista Koldo Mitxelena, el euskara recibió los préstamos del latín
muy tempranamente. Sin embargo, es muy difícil concretar cuándo, debido a que
no existe ningún texto escrito hasta el siglo XVI, por lo que hasta entonces
sólo debemos fundamentarnos en la lengua oral.
El influjo del latín en el euskara se produjo
principalmente en el léxico, con la incorporación de nuevas palabras. Los
préstamos más antiguos del latín se adaptaron a la fonética vasca y
evolucionaron hacia una pronunciación eusquérica dando lugar a las formas que
conocemos actualmente.
La onomástica nos ofrece
una información valiosísima sobre la historia de un pueblo. El estudio de la
toponimia[13]
(nombres comunes de lugar) y la antroponimia[14]
(nombres propios de persona) de Euskadi recoge el paso y proximidad de otros
pueblos en nuestra región. El análisis toponímico de las provincias limítrofes
muestra, a su vez, la proximidad y presencia de la lengua vasca en zonas de
Burgos, Cantabria y La Rioja. El sur de Álava y Navarra junto con el borde
aquitano albergan el mayor número de topónimos latinos. Muchos de ellos se han
ido transformando por influencia del euskara y otros de raíz eusquérica se han
latinizado. Algunas ciudades vascas recibieron una doble nomenclatura, en latín
y en euskara, como Iruñea-Pompaelo.
5.Álava,
Guipúzcoa y Vizcaya entre los siglos VIII-XI
En el
siglo VIII los asturianos, herederos del reino visigótico, aprovechándose del
caos generado en Vasconia por los sucesivos ataques francos que acabaron
sometiendo el Ducado de Vasconia, comienzan sus incursiones en el sudoeste de
los territorios vascones, convirtiéndose Cantabria y la Vardulia[15] ("tierra
fronteriza"), la antigua Castilla, en campo de batalla entre asturianos y
vascones. Los asturianos consiguieron conquistar las Encartaciones de Vizcaya
hasta el río Nervión y el extremo noroeste de Álava. Las Encartaciones es
una comarca de España, en la provincia de Vizcaya (País Vasco), que se extiende
al O del Nervión, entre los montes Ordunte, al S, y el mar Cantábrico, al N. En
el extremo NE de la comarca están las minas de hierro de Monte Triano y
Matamoros. Si
bien las Encartaciones fueron colonizadas por asturianos, los territorios
conquistados en Álava no lo fueron. La expansión asturiana en Vasconia no pudo
llegar más allá. En el siglo VIII los árabes dominaban la mitad sur de la
actual Euskadi, gran parte de Álava estaba en manos sarracenas. Los territorios
vascones de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, que no se encontraban bajo dominio
asturiano, eran gobernados por caudillos vascones, que, con el sometimiento por
parte de Carlomagno del Ducado de Vasconia, habían quedado desconectados de
cualquier tipo de gobierno, enfrentándose al oeste contra el Reino de Asturias
y al sur contra los árabes. En Barambio (Álava) existen
minas de cinc. Según lo indicado en algunos relatos legendarios, Vizcaya
consiguió su independencia de Asturias en la batalla de Padura en el siglo IX,
durante el reinado del rey asturiano Ordoño I, derrotando a sus huestes;
anticipándose así Vizcaya a Castilla en la búsqueda de una independencia más de
acuerdo con las tradiciones vasconas, que con la monarquía asturiana, que
trataba de resucitar el reinado visigótico con sus costumbres germánicas. En
907, a principios del siglo X, muere Lope ben Mohammed, jefe de los
Banu Qasi. Víctima de una emboscada tendida por el rey de
Navarra, Sancho Garcés I, con su muerte se cierra, prácticamente, la historia
de la familia Banu Qasi, que durante ocho generaciones mantuvo un señorío
islámico en el valle del Ebro, aliándose o enfrentándose alternativamente con
los reyes cristianos y con el emirato cordobés, al-Ándalus[16] Le
suceden señores locales que intentan aumentar sus dominios. Su primer jaun o
señor, según estos relatos, será el pamplonés Otsoa Orti (ochóa orti; en
español Lope Fortún), conocido también como Jaun Zuria (ya un suría,
"Señor Blanco"). En 970 García Fernández es proclamado
conde de Castilla. Las luchas mantenidas en el reino de León entre Sancho I y
Ordoño IV, en las que participa activamente el conde Fernán
González, finalmente derrotado por Sancho I, provocan la sucesión en el título
condal, que ahora y hasta el año 995 poseerá García Fernández. Así, pues, en
970 Sancho II Garcés Abarca será rey de Navarra y conde de Aragón. La muerte de
su padre, García I Sánchez, provoca su acceso al trono en minoría, bajo la
regencia de Fortún Jiménez, en el susodicho año 970. De su madre, Androgoto
Galíndez, hereda el condado de Aragón. Contraerá matrimonio con Urraca
Fernández, hija de García Fernández, conde de Castilla. Ante la escasez de
datos sobre esta época vizcaína, hay serias dudas sobre la veracidad de la
batalla de Padura y de la identidad de Jaun Zuria. Dado que estos hechos están
basados en unos relatos de la Edad Media imbuidos en la antigua religión vasca.
Sabemos que, entre otros levantamientos, durante el reinado de Ordoño I y
Alfonso III los vascones bajo dominio asturiano se sublevaron, pero no existe
ninguna prueba de la batalla de Padura, ni de la independencia de Vizcaya en
esa época, posiblemente sea una leyenda surgida de un levantamiento vascón en
contra de los asturianos. Se considera comunmente como primer señor histórico
de Vizcaya a Eneko Otsoitz (enéko ochóyts; en español Íñigo López), que vivió
en el siglo XI y que daría lugar posteriormente a la casa de los Otsoitz-Haro o
López de Haro. En 915 el hambre asola la Península. Las graves sequías, la
escasez de pan y de alimentos de primera necesidad provocan la aparición de
diversos brotes epidémicos. Ante esta situación, se establece una tregua no
pactada entre cristianos y musulmanes. Por otro lado, y a partir de 928, la
ceca de Córdoba, fundada por orden de Abderraman III, acuña moneda de plata
(dinares) y de oro (dirhemes), sin ningún tipo de aleación. Por los
datos que poseemos, después del surgimiento del Señorío de Pamplona -que
posteriormente pasaría a ser reino- con Íñigo Arista, los pamploneses
comenzaron a incidir en los territorios de Euskadi y de Castilla. A partir de
mediados del siglo IX se producen ya varias rebeliones de los vascones bajo
dominio asturiano y, por lo que podemos observar en los documentos, en el siglo
siguiente, los caudillos de estos territorios estaban emparentados directamente
con la corona pamplonesa. Una influencia de Pamplona sobre este ámbito
geográfico culturalmente afín, que se consumará en el siglo XI, con el reinado
de Sancho el Mayor de Navarra, anexionando estos territorios a la corona de
Pamplona. En 987 tienen lugar nuevas campañas de Almanzor. Aprovechando la
revuelta de los magnates gallegos contra el rey leonés, Bermudo II, las tropas
califales al mando de Almanzor[17],
hachib[18] de
al-Alhaquén II, comienzan un periodo de ofensivas contra los reinos cristianos
que durará más de diez años. Saquean León y Zamora, toman Osma y San Esteban de
Gormaz, atacan Vigo, Santiago de Compostela y Pamplona, que constituyen las
aceifas[19] de
Almanzor.
Cuando dos idiomas conviven, las
influencias mutuas suelen ser notorias en muchos aspectos, pero es en el léxico
donde primero se produce este efecto. El euskara durante años ha ido adoptando
palabras, primero de los idiomas célticos y del latín culto, y posteriormente,
del latín vulgar y de las lenguas romances (del francés en el norte y del
castellano en el sur). Es difícil distinguir las palabras que derivan del latín
y las que lo hacen de las lenguas neolatinas. Entre los préstamos tomados del
primero se diferencian dos grupos: los préstamos arcaicos y los tardíos. Los
arcaicos son los más antiguos y han sufrido muchos cambios, ya que una vez que
el euskara los hizo suyos, se han transformado notablemente. Algunas de las palabras correspondientes a
las antiguas donaciones del latín son pacem > pake (paz), regem
> errege (rey). Muchas de ellas se remontan a una forma flexiva
acorde con el acusativo latino (generalmente terminan en -m en
singular y en -s en plural), que es el /casus unicum/ del románico
tardío. Este caso también lo vemos reflejado en las lenguas romances. Ciertos
préstamos tardíos del latín vulgar o del romance como caelum (latín)
> çelu (romance) > zeru (cielo); cova > koba (cueva); callis (latín)
> calle (romance) > kale (calle),
se han mantenido más próximos a su forma original, y no han presentado tantas
variaciones.
6.El
Reino de Pamplona-Nájera
Una
ciudad de La Rioja[20] será
llamada a ostentar la capitalidad de los vascos a partir del siglo X, su nombre
Naiara (nay-ára) o en español Nájera. Las tierras de La Rioja, ya desde épocas
prerromanas, estuvieron habitadas por las tribus vascas de autrigones y
vascones, así como por berones, tribu celta que fue cuasi-exterminada por los
romanos cuando la zona fue conquistada por su ejército. Un exterminio en el que
también colaboraron los antiguos vascos, enemigos seculares de los celtas, a
los que siempre consideraron como invasores. Sobre el origen étnico de los
berones hay mucha controversia entre los historiadores. Los berones
fueron un pueblo prerromano de las edades del Bronce y del Hierro de la
península Ibérica, a los que las fuentes clásicas ubican entre los pueblos
celtíberos, resultado de la mezcla entre habitantes nativos con los individuos procedentes
de la migración céltica. Los límites geográficos de esta etnia son
imprecisos. Algunos creen que era una tribu celta, otros que era una
tribu vasca muy celtizada culturalmente. Algunos partidarios de esta última
teoría se basan en el hecho de la etimología de su nombre, berones, que
procedería, según algunos, del hidrónimo vasco Bero ("cálido"), que
era uno de los antiguos nombres del río Iregua[21] de
La Rioja. Este hidrónimo es transcrito también como Ibero, manifestándose en el
anterior hidrónimo, posiblemente, la caída de la "i" inicial (Ibero
> Bero), algo común en la adaptación fonética latina de topónimos y
etnónimos vascos (Ibaigorri [río rojo] > bigerrii [etnia aquitana que
habitaba Bigorra] ). El río Iregua es afluente del Ebro, con lo que Ibero, o Bero,
podría ser una variante del nombre del río que los geógrafos greco-latinos
llamaron Iber (a su vez emparentado con la palabra vasca ibar [vega]) o
Hiberus, es decir, el río Ebro. Como los berones se extendían a ambos lados del
río Ebro en La Rioja, quizá la etimología de su etnónimo esté relacionada con
el río Ebro o simplemente con la palabra vasca ibar. Tras la derrota de los
berones por parte de Roma, la población de La Rioja fue reforzada con vascones
y sus territorios estuvieron bajo jurisdicción vascona. A principios del siglo
IX tiene lugar la delimitación de fronteras entre Castilla y Navarra. El
navarro Sancho III y el castellano Sancho García delimitan las
fronteras de sus territorios, repartiéndose las tierras de La Rioja. A partir
de esta época los riojanos formarán parte de la cultura vasca, del pueblo
vasco, siendo uno de sus territorios más importantes. Uno de los investigadores
que más aportó para el conocimiento del pasado cultural vasco de La Rioja fue
un riojano llamado Merino Urrutia, alcalde del municipio de Ojacastro (La
Rioja), cuyos estudios son de valor incalculable para todo aquel que estudia la
historia de la lengua vasca. Gracias a sus estudios conocemos que la lengua
vasca no llegó a La Rioja por repoblación en la Edad Media sino que ya se
hablaba allí desde épocas prerromanas con continuidad hasta el siglo XVI. Es
decir, que los repobladores que llegaron desde las actuales Euskadi y Navarra
lo único que hicieron fue reforzar la población de habla vasca de la zona. Las
investigaciones de Merino Urrutia le dieron un merecido puesto como miembro de
la Real Academia de la Lengua Vasca en 1964. En el año 1023 se
alcanza la paz entre Navarra y León. El matrimonio entre Alfonso V de León y
Urraca, hija de Sancho III el Mayor[22]
de Navarra, pone fin a las tiranteces entre ambos reinos por el condado de
Castilla. Por la toponimia existente en documentación medieval sabemos que
tanto en La Rioja, el noreste de Burgos, Soria, Álava y Vizcaya, se hablaba un
mismo dialecto, el dialecto occidental del euskara, conocido popularmente con
el nombre de vizcaíno. En estos documentos aparecen muchos topónimos vascos de
La Rioja, de la provincia de Burgos y de Soria, tal y como los pronunciaban los
riojanos, burgaleses y sorianos de aquellas épocas, que hoy en día no sabemos
muchos de ellos a qué municipios corresponden, al haber sido sustituidos en su
gran mayoría, con el transcurso del tiempo, por topónimos castellanos. La
anexión de los territorios de La Rioja por parte de Castilla en el siglo XII acarreará
la pérdida paulatina de la lengua autóctona, la vasca, así como del romance
aragonés extendido en todos los territorios que pertenecieron a la marca
superior andalusí, la Marca Hispánica gobernada desde Zaragoza, hasta que
en el siglo XVI pierda definitivamente sus raíces vascas. La palabra
burgo viene del término alemán burg, el cual inicialmente
designaba un recinto elevado fortificado. En la Europa de la Edad Media, sobre
todo en la meridional, dejó de implicar necesariamente la presencia de fortificaciones y
podía indicar poblaciones rurales abiertas. Burgo designó especialmente, a
partir del siglo X, las nuevas poblaciones formadas por artesanos y
comerciantes, originadas con el crecimiento demográfico y comercial: las que se
establecieron bajo la protección de castillos, monasterios o ciudades
episcopales, y que pudieron dar lugar a núcleos urbanos; y las que se crearon
fuera de las murallas de las ciudades, cuyos habitantes en algunos casos se
diferenciaban jurídicamente de los que vivían intramuros, y que con el tiempo
quedaron incorporadas a la Ciudad. En el entorno de la ciudad
originaria de Pamplona[23] (en
la Navarrería se encontraban los vascones) surgieron nuevos núcleos de
población (San Nicolás, cuya población era más heterogénea, y San Cernín,
mayoritariamente compuesta por francos), todos ellos con administración y
privilegios propios, aunque bajo la autoridad del obispo. Esta estructura
provocó frecuentes desavenencias y enfrentamientos desde 1213, que culminarían
con la destrucción de la Navarrería y la masacre de su población, en septiembre
del año 1276. Este terreno quedó totalmente abandonado durante casi 50 años.
Posteriormente, al repoblarse volvieron a producirse enfrentamientos, hasta que
las disputas fueron zanjadas tras la proclamación del Privilegio de la Unión,
dado por el rey Carlos III el Noble en 1423, unificando la ciudad y destruyendo
las murallas que separaban a los burgos. A medida que el castellano se iba
extendiendo, los topónimos de La Rioja, Burgos y Soria de origen vasco se iban
sustituyendo por topónimos castellanos. Solamente se conserva actualmente la
toponimia vasca más vivamente en zonas del noreste de Burgos o de La Rioja alta
que hasta el siglo XVI fueron hablantes de vasco. Con mucha anterioridad, el 13
de mayo de 1029 Sancho III será proclamado conde de Castilla. El asesinato de
García Sánchez propicia la proclamación como sucesor de su cuñado Sancho III,
rey de Navarra. Aunque, contra viento y marea, todavía se conservan topónimos
vascos en el este de La Rioja como el del municipio de Igea, que viene del
vasco Etxea (la casa) o, por ejemplo, el topónimo Leza, que significa en
dialecto occidental sima,
cueva.
7.Apogeo
del Reino de Pamplona-Nájera
El 4 de junio de 1076 tiene lugar muerte de
Sancho IV de Navarra, Sancho Ramírez de Aragón y Alfonso VI de Castilla, nietos
de Sancho III el Mayor, reivindican el trono e invaden Navarra. Tras un acuerdo
entre ambos, Sancho Ramírez es proclamado rey (Sancho I Ramírez), y La Rioja,
Álava, Vizcaya y parte de Guipúzcoa, que anteriormente habían pertenecido a la
Corona de Castilla, se reincorporan a ella. Hasta 1134 los reinos de
Aragón y Navarra permanecerán unidos. El
Reino de Navarra no es sino la continuidad de una parte de los territorios del
Reino de Pamplona-Nájera a manos de Sancho Ramírez de Aragón, quien se
autoproclama rey de Navarra tras la muerte violenta de su hermano Sancho García
IV de Navarra, uniendo los destinos de ambos territorios. Así ocurre durante
sesenta años, entre 1076 y 1134[24].A partir del año 1004, bajo el reinado de Antso Gartzeitz III.a Nagusia
(ántso gartséits irúgarrená nagúsi-á; Sancho Garcés III el Mayor), el Reino de
Pamplona-Nájera culminará el proceso de compactación de los territorios de
habla vasca. Unos territorios, que desde el declive del Ducado de Vasconia,
habían quedado políticamente inconexos. Las bases de este proceso de
compactación comenzaron a cimentarse ya en el siglo X, en el que, por ejemplo,
los caudillos de la actual Euskadi, Castilla y Gascuña estaban emparentados
directamente con la familia real pamplonesa. Si bien el ámbito inicial de
Sancho el Mayor fueron las zonas de habla vasca de la época (desde parte de
Cantabria hasta el extremo noroeste de Cataluña, incluyendo el noreste de
Castilla, La Rioja y mitad sur de Gascuña), aprovechándose de la caída del
Califato de Córdoba y surgimiento de los reinos de taifas[25],
reafirmó su autoridad sobre todos los reinos cristianos peninsulares. Por otra
parte, Alfonso III (848-910) será rey de Asturias desde el 866. En otro
sentido, en 1022 tiene lugar la introducción de la regla benedictina[26] en
Navarra. Implantada en los principales monasterios del reino por Sancho III el
Mayor, junto a ella comienza a tomar forma la teoría del origen
divino de la potestad real. A partir de este momento, los soberanos se
intitularán rex Dei gratia (rey por la gracia de Dios). El
Reino de Pamplona-Nájera, en su máxima expansión, en el año 1034, se extendía
desde Galicia, por toda la zona pirenaica hasta parte de Cataluña (Pallars[27]); al
norte englobaba Gascuña y el Condado de Barcelona le rendía vasallaje.
Consiguiéndose de esta manera, la unidad política de toda la población de habla
vasca dentro del Reino de Pamplona-Nájera (exceptuando las minorías
vascoparlantes que habitaban al sur, en los territorios de la Ribera del Ebro,
gobernados por los musulmanes) y acogiendo dentro de su seno, a los todavía
condados de Castilla y Aragón, donde, en aquella época, gran parte de sus
pobladores eran vascoparlantes. Sancho Garcés III el Mayor consiguió que el
Reino de Pamplona-Nájera fuese considerado como uno de los reinos más
importantes de Europa. En torno al año 1000, tiene lugar la propagación del
milenarismo. Esta doctrina de carácter cristiano-judaizante predica el comienzo
del reino mesiánico al final de los tiempos, tras la resurrección de los
justos. Su divulgación provoca que gran parte de la población identifique el
final del milenio con la llegada del fin del mundo./ En las crónicas europeas
de la época fue denominado como rey de la Wasconum Gens, Wasconum Nationem
(tribu vascona, pueblo vascón) o en las crónicas árabes de los omeyas como
Señor de los Vascones (el historiador omeya Ibn Haiyan lo define como: "Sancho,
hijo de García, Señor de los Vascones"), ya que si bien el reino estaba
habitado por hablantes de los romances astur-leonés, castellano, aragonés y
gascón, el nucleo humano sobre el que se sustentaba el Reino de Pamplona era
mayoritariamente de origen vasco. También fue denominado por el abad Oliba de
Ripoll[28] como
Rex Ibericus (Rey Ibérico. Dado que en aquella época, erróneamente, se
consideraba a los vascos descendientes directos de los
íberos). En lo que al castellano[29] se
refiere, su romance está constituido por el legado literario de poesía
castellana, de tipo tradicional, épico-lírico, escrito en
romances, que son fragmentos de antiguos cantares de gesta. Las primeras
colecciones españolas de romances se remontan a la segunda mitad del siglo XV,
publicadas casi siempre en hojas volantes. El primer romancero propiamente
dicho, impreso entre 1545 y 1550, es el Cancionero de romances.
Mantenido vivo por la tradición popular, el romancero ha tenido en la época
contemporánea sus poetas, entre otros, Antonio Machado y García
Lorca. Sancho
III el Mayor, rey de Pamplona y conde de Aragón y de Castilla (992?-1035) fue
hijo de García III Sánchez y de Jimena. Hacia 1022 introdujo en los reinos
cristianos hispanos la teoría del carácter divino de la potestad real que, con
mayor contenido político y religioso, ha tenido una larga pervivencia.
Asimismo, estableció relaciones con la Santa Sede, cambió las reglas
visigóticas de los monasterios por las benedictinas y fue el primer rey en
intentar la unificación de los reinos cristianos de la península. Esta idea
determinó su testamento al repartir entre sus hijos sus dominios, entre ellos
el condado de Castilla a Fernando, pero señalando como su sucesor y rey a su
primogénito García de Nájera. Pero la muerte de Vermudo III de León y la
coronación de Fernando como rey de León dio categoría de reino a Castilla y su
consecuente primacía. Dicho de otra manera: Sancho el Mayor de Navarra fue un
monarca que se abrió a Europa y a la modernidad, después de siglos de
aislamiento peninsular, y permitió la irrupción en la península de la orden
renovadora de Cluny, como ya hemos indicado. En sus expansiones y relaciones
políticas siempre tendió más hacia Europa y en política doméstica, hacia las
zonas vascoparlantes como Gascuña, la Navarra marítima (actual Euskadi),
Castilla, Aragón y extremo noroeste de Cataluña. Sancho el Mayor fue el gran
impulsor de la capital del reino, Nájera. Le otorgó un fuero que sirvió de
modelo posteriormente para el sistema foral de las regiones vascas y también de
los de Castilla y Aragón. Unos fueros basados en las tradiciones y leyes
vasconas, que se alejaban de la legislación visigoda de origen germánico.
Nájera, en la actualidad, es una ciudad de la comunidad autónoma de La Rioja.
Se encuentra situada a orillas del Najerilla, en una de las vegas de la alta
Rioja. Corte de los reyes de Pamplona en varias ocasiones, fue escenario de dos
batallas (1360 y 1367), durante la guerra entre Enrique II de Trastámara y
Pedro I. En su arte, destaca la Iglesia del monasterio de Santa María la Real
(gótica), construida entre 1422 y 1453. También fomentó y unificó el Camino de
Santiago haciéndolo pasar por Nájera. Se casó con Munia, la hija del conde de
Castilla en 1010, lo cual facilitó un acuerdo favorable sobre las fronteras
navarro-castellanas (1016). Por lo que respecta a la frontera cristiana
pirenaica, precisó la recuperación de los condados de Aragón y Sobrarbe,
practicamente perdidos a causa de las incursiones de Almanzor (999) y Abd
al-Malik (1006), así como el restablecimiento de la legitimidad dinástica en el
condado de Ribagorza. Entre los años 1016 -1018 reconquistó Aragón y Sobrarbe y
amplió sus dominios con la conquista de la ribera islamizada del Cinca con
capitalidad en Boltaña, con parte del valle de Ayerbe y con el valle de Nocito.
Sobre Aragón recordaremos que, sobre una base de pueblos iberos y
vascones, los romanos sometieron el valle del Ebro hacia el 197 a.C.,
integrándolo en la provincia Tarraconense, y fundando la ciudad de
Caesaraugusta. Tras el retroceso de las invasiones bárbaras, el territorio fue
ocupado por los musulmanes en el siglo VIII. El reino taifa de
Zaragoza conoció una época de gran prosperidad, entre 1031 y 1118,
fecha en la que Alfonso I el Batallador reconquistó la ciudad y repobló sus
fértiles tierras. La integración de Aragón y Cataluña en el reino de la Corona
de Aragón significó la posibilidad de acceder a las rutas comerciales
mediterráneas bajomedievales. Sin embargo, el peso del comercio internacional
siguió siendo poco relevante: su actividad económica se centró en la
exportación de productos agrícolas (trigo a Cataluña) y en la importación de
manufacturas catalanas y francesas./ Aunque posiblemente liberó los
valles de Ésera y de Isábena, afectados también en 1006 por Abd al-Malik.
El condado de Ribagorza fue un condado pirenaico, formado por las
cuencas de los ríos Noguera Ribagorzana, Ésera e Isábena. Hacia el 872 sus
habitantes rehusaron la obediencia a Tolosa y se erigieron condado
independiente bajo la autoridad de Ramón I. En 1017 cayó en manos de Sancho
III, rey de Navarra, uniéndose al reino de Aragón./ El condado de
Ribagorza[30]
no se incorporó de derecho al reino pamplonés hasta 1025, cuando la condesa
Tota, en grave crisis dinástica y política, agravada por las apetencias
territoriales del conde Ramón III de Pallars, renunció a sus derechos a favor
de su sobrina la reina Munia, esposa de Sancho III. De esta forma, el rey de
Pamplona-Nájera, anexionó a su reino los condados de Sobrarbe y Ribagorza,
alegando derechos dinásticos para intervenir en sus conflictos internos contra
las pretensiones del conde de Barcelona. Sometió también a este último a
vasallaje, a cambio de la ayuda prestada en el conflicto contra su propia madre
(hacia 1023). En 1104 Alfonso el Batallador fue reconocido rey de Aragón y de
Navarra. A la muerte de Pedro I, que no dejó herederos directos, ocupó el trono
de los reinos de Aragón y Navarra su hermano Alfonso, conocido como Alfonso I
el Batallador, que contraerá matrimonio con Urraca de Castilla. Inició la
revitalización del asolado condado aragonés con la restauración del monacato,
tradicional institución religiosa y de poder económico. Sobrarbe es una comarca
pirenaica de la actual provincia de Huesca. Incluye el Parque Nacional de
Ordesa. Esta comarca fue reino independiente en el Medievo. Tolosa fue un antiguo
principado originado en la marca carolingia de igual nombre. Al principio
estuvo regido por condes designados por el rey por tiempo limitado, pero pronto
se convirtió en un cargo hereditario. Con los años se le añadieron los condados
de Quercy, el Albigeois, el marquesado de Provenza, etcétera. La
casa condal de Tolosa fue fundada por Raimundo (852-864). Su final
coincidió con la represión del movimiento herético de los albigenses[31],
protegidos por los condes Raimundo V y VI. El condado fue unido de nuevo a la
corona francesa en 1271./ En el aspecto político-militar,
institucionalizó el «seniorado» -tenencia delegada de castillos- en Aragón y
Sobrarbe, y fortificó la frontera meridional desde Uncastillo en el extremo
occidental hasta Perarrua en el oriental, frente a las plazas musulmanas de
Ejea, Ayerbe, Bolea, Huesca, Alquézar, Nabal, Barbastro, Graus y Benabarre. En
el año 1023 el apoyo al conde de Gascuña, en su lucha contra el Condado de
Toulouse, le proporcionó al rey de Pamplona-Nájera la potestad de organizar las
tierras fronterizas al otro lado de los Pirineos, así como el vasallaje de
Gascuña. De esta forma organiza las tierras de Labort, Arberoa (Arbéroue),
Garazi (Cize), Ortzaize (Ossès) y Baigorri en el Vizcondado de Labort, con
centro en la ciudad de Baiona. Otorga este vizcondado a su primo Otsoa Antso
(Lope Sancho). Labort, en aquella época, abarcó la actual región de Lapurdi, y
la mitad sudoccidental de la Baja Navarra (exceptuando los señoríos de
Amikuze-Oztibarre [Mixe-Ostabarret] y Agaramont [Gramont] ). Estos actos que se
inscriben dentro del sistema feudal, traerán consecuencias muy pesadas para la
unidad política de los vascos. El término feudo deriva del latín
medieval, concretamente de feudum, palabra de origen germánico
(ganado dado como premio o compensación), voz que sustituye a
beneficio a partir del siglo XI; ambos designan una forma de
concesión de bienes, especialmente tierras, cedidas por el señor al vasallo en recompensa por su servicio. En los reinos
romano-bárbaros y germánicos de la alta Edad Media, en los que las relaciones
de fidelidad personal de naturaleza clientelar tuvieron gran importancia, la
principal forma de recompensar la fidelidad fue la concesión de tierras, debido
a la escasa circulación de moneda. Esas concesiones no solían ser en plena
propiedad (alodio[32]),
sino temporales o vitalicias, susceptibles de ser revocadas en caso
de infidelidad. Se divulgaron así las concesiones de tierras en “precaria”,
figura jurídica que se suele relacionar con un instituto jurídico del derecho
romano, y que en la Edad Media era formalmente un tipo de
arrendamiento, con la peculiaridad de que el censo[33] que
pagaba el arrendatario era mínimo. El
beneficio era una forma parecida de concesión de tierras, que se desarrolló específicamente
en el mundo franco en conexión con el vasallaje. No recompensaba de forma
genérica una fidelidad, sino el servicio militar prestado por el vasallo; era
vitalicio, pero podía ser revocado en caso de infidelidad o felonía. En la
época carolingia y primeros tiempos de la postcarolingia, el beneficio, llamado
también esporádicamente feudo, no tuvo un contenido jurisdiccional, sino
únicamente económico; es decir, el vasallo que recibía tierras en beneficio, no
recibía poder político en esas tierras. Los condes podían a su
vez ser vasallos, pero una cosa era su función de gobierno en
un comitatus, y otra muy distinta su posesión de tierras en
beneficio. Desde finales del siglo IX se hizo habitual que el cargo u oficio (honor)
de conde fuese visto como un servicio vasallático, y luego como beneficio más
que como servicio. Tanto el oficio concebido como beneficio, como las tierras
concedidas específicamente en beneficio, tendieron a hacerse hereditarios
(siglos IX-XI). Pero es importante subrayar que ni el comitatus ni
la marca, en cuanto territorios con sus habitantes, nunca fueron
concedidos en beneficio o feudo, ni considerados como tales. Por ello es
errónea la idea tradicional de que la disolución postcarolingia del poder
público se debiese a la autonomización feudal, o feudalización, de los poderes
de condes y marqueses. De hecho, esa disgregación en poderes locales resultó
ser mucho más fragmentada que las circunscripciones carolingias
(señorío). Aunque
en principio beneficio y feudo son equivalentes, el feudo se refiere a una
época en la que la concesión de la tierra se hace hereditaria. Del siglo XI al
XVIII, el feudo es una concesión de tierra sobre la que el señor mantiene el
derecho teórico del “dominio eminente”, pero que en la práctica pertenece al
vasallo (“dominio útil”). Tras la desaparición de la obligación del servicio
armado al señor, el feudo dejó de sancionar una relación de fidelidad personal
y se convirtió en una forma de enajenación de bienes, en la que se podían pagar
grandes sumas equiparables al precio de la propiedad, que se diferenciaba de la
compra-venta por la prestación de un servicio periódico de naturaleza
simbólica. A finales de la Edad Media, y especialmente en la Moderna, el feudo
acabó por ser en muchos lugares una forma jurídica muy flexible, que se aplicó
también a cesiones de tierra en arrendamiento y a cesiones de rentas
(diezmos[83],
etc.). Por
otra parte, a medida que se fue reforzando el poder monárquico y de príncipes
territoriales, y que se consideró que todo poder público emanaba del rey o del
príncipe, se asimiló jurídicamente al feudo la posesión de los bienes y
derechos asociados al ejercicio de la jurisdicción de un señor (que éste había
tenido anteriormente en plena propiedad). Se realizaba la ficción jurídica por
la que un señor local, tras rendir homenaje, donaba su señorío al rey y lo
volvía a recibir en forma de feudo (procedimiento del “feudo oblato”). Esta
evolución está en el origen de la confusión conceptual entre señorío y
feudo. En
el documento de 1026 en que Sancho el Mayor concede al Monasterio de San Juan
de la Peña la estiva de Lecherin (Pirineos oscenses, Aragón) se indica lo
siguiente: «regnante me rege Sancio in Aragona et in Paliares, in Pampilona, in
Alaba et in Castella» «Reinante, yo, rey Sancho, en Aragón y en Pallars (zona
occidental de la provincia de Lérida [Cataluña], al sur del Valle de Arán, en
la que en esta época, todavía, se hablaba euskara), en Pamplona, en Álava y en
Castilla (aunque todavía no la había ocupado militarmente, ejercía ya su
influencia sobre territorio castellano)» En 1032 Sancho Guillermo, conde de
Gascuña, fallece sin descendencia, con lo que el gobierno de Gascuña pasa a
manos de su sobrino, Sancho el Mayor. El parentesco del rey de Pamplona-Nájera
con la familia condal castellana, le permitió igualmente intervenir en aquel
territorio, apoyando la autoridad de su cuñado (el conde infante García) frente
a los nobles y a la intromisión del rey de León. Sancho casó a su hermana
Urraka con el rey leonés para pacificar las relaciones con él y poder así
ejercer libremente su influencia sobre Castilla. Al morir asesinado el conde
García durante un viaje a León (1029), Sancho ocupó Castilla alegando los
derechos sucesorios de su mujer, a pesar de que existían herederos masculinos
con más derechos para regir aquel condado. Esto hizo estallar la guerra con el
rey de León, que también ambicionaba la anexión de Castilla. La suerte de la
guerra entre los dos reyes favoreció al de Pamplona-Nájera, que ocupó León,
Zamora y Astorga (1034). Al anexionar el Reino de León a la corona pamplonesa
(año 1034) tomó el título de Imperator (Emperador). A este momento corresponden
las primeras monedas acuñadas en un reino cristiano de la península ibérica
(19). (19) El Arrano Beltza y la primera ceca cristiana de Nájera: en la imagen
se muestra la primera moneda cristiana de la península, lleva la efigie real y
el título Imperator en el anverso. En el reverso, por primera vez en la
historia, aparece en las monedas un topónimo tal y como se dice en vasco, dado
que hasta entonces se utilizaron las formas latinas o celtas de estos
topónimos. Aparece el topónimo Naiara (forma vasca para designar a Nájera,
localidad riojana; en castellano antiguo se escribía Nagera proveniente del
árabe Naxera), dado que, como capital del reino, fue el lugar en el que se
realizó la acuñación. También aparecen en el reverso el árbol de Sobrarbe y
Nájera, así como la cruz cristiana sobre ambos árboles, simbolizando la
cristiandad que imperaba en todo el reino (aunque la religión cristiana era la
oficial, la mayor parte de la población de habla vasca seguía procesando culto
a la antigua religión vasca[84]). El árbol, muy importante en las tradiciones
vascas, servía en este caso como marcaje geográfico y aludía a la extensión del
Reino de Pamplona-Nájera desde Sobrarbe (cuyo límite se encontraba en el Valle
de Arán, extremo noroeste de Cataluña) hasta Naiara (La Rioja). Es interesante
- y revela las relaciones exteriores que se anudan con Sancho el Mayor - el
influjo ejercido por estas monedas en el tipo de las que fueron acuñadas por el
monarca danés Knut el Grande, lo que da cuenta de la trascendencia que tuvo
este rey en la política europea de la época, como barrera frente al Islam. El
reino de León[85], perteneciente a los antiguos reyes astures, alcanzó su
máximo esplendor en el siglo X, a partir del reinado de Alfonso III el Magno
(866-910). Este último incorporó Salamanca y Soria al reino, pero, víctima de
las intrigas de su esposa Jimena y de algunos nobles, en 909, cedió el poder a
favor de su hijo García I, quien se reservó los derechos sobre los territorios
conquistados a los musulmanes. Durante su reinado (911-914), extendió sus
dominios hasta el alto Duero, repoblándolos y levantando la fortaleza de San Esteban
de Gormaz. Aunque García I residió habitualmente en León, fue su hermano y
sucesor, Ordoño II (914-924), quien trasladó oficialmente la capital del reino
a esta ciudad, donde había sido aclamado y coronado. Con Ramiro II (931-951), a
partir del cual los monarcas leoneses fueron llamados imperatores,
el reino de León alcanzó su máximo desarrollo territorial y político, pero poco
después, en 956, al morir Ordoño III, las guerras civiles y la presión
musulmana provocaron una larga decadencia que culminó con la unión definitiva
al reino de Castilla[86] en 1230. El prestigio del reino leonés entre los
demás estados cristianos de la península se basó esencialmente en el
protagonismo que asumió en las luchas de reconquista, como heredero de la
monarquía visigoda. Sobre la moneda se puede observar el símbolo,
que según el padre José de Moret Mendi (siglo XVII), jesuita e historiador
pamplonés, en su "Annales del Reyno de Navarra", fue el símbolo
personal de los reyes de Navarra hasta Sancho VII "el Fuerte" (1194-1234),
es el Arrano Beltza (arráno béltsa; "el águila negra"). Hay mucha
controversia sobre la duración en la utilización de este símbolo, dado que
actualmente sólo hay constancia de la utilización de éste en referencias
escritas o en escudo real durante el reinado de Sancho VII. La principal
diferencia respecto a otros símbolos similares radica en su postura, de
carácter no agresivo, porque no mira al frente, sino que su cabeza está girada
hacia un lateral, que no siempre es el mismo. Es un ave abierta, muestra todo
lo que tiene. Extiende sus alas y también están abiertas sus garras en señal de
no agresión. Sancho el Mayor fue un referente para los reinos cristianos, y en
concreto, para la posterior monarquía castellana, que definió a este rey como
Rex Hispanicus (rey hispánico), una monarquía que quiso recoger el testigo de
este rey y reeditar la unidad de los reinos cristianos peninsulares bajo su
cetro, como así ocurrirá, siglos después, con el nacimiento del Reino de España
en el siglo XVI, máxima expresión del expansionismo castellano. Las provincias
que integran la comunidad de Castilla y León formaron parte, junto a las de
Cantabria[87] y La Rioja, de las regiones históricas de Castilla la Vieja
(Ávila, Burgos, Palencia, Segovia, Soria, Valladolid, Cantabria y La
Rioja) y de León (León, Salamanca y Zamora). El origen histórico de
estas regiones se cristalizó en tiempos de la reconquista, por parte del reino
de Asturias (León se desgajó de ésta en 910). Las sucesivas etapas de
reconquista desplazaron hacia el sur el centro de gravedad de los reinos
cristianos, originando tensiones entre los reinos de León y Castilla,
llegándose, en el siglo XIII, a la definitiva absorción castellana del reino
leonés. La inestabilidad de la región dificultó su repoblación y marcó el
predominio de la ganadería sobre la
agricultura.
8.El
desmembramiento del Reino de Pamplona-Nájera
Sancho el Mayor
falleció en 1035 y fue enterrado, según algunos, en el Monasterio de San
Salvador de la localidad burgalesa de Oña (España), si bien la ciudad de León
(España) también alega albergar sus restos, por lo que no se sabe a ciencia
cierta la localización exacta de su enterramiento. Sin fecha concreta los
almorávides ocupan el valle del Ebro. En su testamento, legó el Reino de
Pamplona-Nájera a su primogénito, García; el condado de Castilla a Fernando; el
de Aragón a Ramiro; y los de Ribagorza-Sobrarbe a Gonzalo. Siendo Garcia rey de
Pamplona-Nájera y también de sus hermanos y sus condados. En diciembre de
1134 Alfonso VII ataca Navarra y Aragón[88]. Dispuesto a recuperar
territorios retenidos por Alfonso I el Batallador[89] (el reino de
Zaragoza y tierras vascas, riojanas y castellanas), el emperador sitía Vitoria
y recibe de García V de Navarra el
EDAD
ANTIGUA
Las tribus
vascas
El
geógrafo griego Estrabón (63 a.C. - 24 d.C.) nos indica la localización de las
siguientes tribus, que, actualmente, con los datos que poseemos, las
consideramos como vascas: aquitanos, autrigones, caristios, várdulos y
vascones. Estas tribus se extendían al norte hasta casi Burdeos, al sur hasta
el río Ebro, al oeste hasta parte del este de Cantabria, y al este, hasta parte
del Aragón noroccidental; aunque gentes de habla vasca se extendían ya por
el Pirineo peninsular hasta Cataluña, al menos desde el siglo III-II a.C. Los
vascones formaron uno de los pueblos prerromanos, que estaban situados entre la
Rioja y Navarra. Mal conocidos, practicaron una economía ganadera y de
agricultura itinerante, con pocos poblados estables. Parte de los vascones
hablaban una lengua celta ya antes de la llegada de los romanos. También hay
bastante acuerdo en que la lengua originaria de los vascones, es decir, una
forma antigua de euskera, no era exclusiva de estos. Como dice Luis Mitxelena:
“Ni todos los vascones eran vascófonos, ni todos los vascófonos eran vascones.”
Desde el I milenio a.C. sufrieron influencias de la Cultura de los Campos de
Urnas y de los íberos, que no alcanzaron a las zonas más
septentrionales, las que, por tanto, conservaron su carácter no indoeuropeo,
manifiesto en la pervivencia del euskera. Se romanizaron poco y mantuvieron una
cierta independencia en la época visigoda[1].
Al
norte, al otro lado de los Pirineos, estaban los Aquitanos, otro pueblo prerromano,
que ocupaba las tierras desde el Pirineo hasta el río Garona. César
afirma expresamente (De bello gallico) que los aquitanos no eran
celtas y
Estrabón, por su parte, dice que por su lengua y aspecto se parecían más a los
iberos que a los galos (Estrabón seguramente usa aquí el término ibero en
sentido geográfico –habitante de la península ibérica-– y no en sentido
étnico). Los aquitanos hablaban con toda seguridad una lengua emparentada con
el euskera actual, ya que sus nombres de persona y de dioses, conservados en
decenas de inscripciones, son claramente vascos. Las inscripciones con nombres
de dioses y de persona de tipo vasco se concentran en la margen izquierda de la
cabecera del río Garona –hay incluso una en el valle de Arán–, mientras que
escasean en la zona actual de habla vasca. Aparecen nombres masculinos como
Senbeco, Senius, Cison, y femeninos como Andere, Nescato, etc., que se
corresponden perfectamente con apelativos vascos actuales (seme, `hijo´, *seni
`niño´, gizon, `hombre´, andere `mujer´, neskato
`muchacha´). La
tribu de los Aquitanos se extendía por el sudoeste de Francia, al norte hasta
el río Garona (hasta casi Burdeos) y al sudeste hasta los Pirineos en el Valle
de Arán, en la provincia de Lérida. Desde el punto de vista lingüístico, el
aquitano es una antigua lengua no indoeuropea hablada en Aquitania, región
romana de la Galia, claramente relacionada con el vasco. Actualmente se conoce
por el nombre de Aquitania la región francesa entre los Pirineos y el Garona.
La Aquitania que aquí nos interesa excluía Burdeos y Tolosa de Francia, pero
incluía los valles de Arán y de Baztán[2], en el actual territorio
español. El geógrafo griego Estrabón diferenciaba netamente a los aquitanos de
los galos del norte, mencionando precisamente sus lenguas como signo
distintivo, al tiempo que apuntaba las similitudes aquitanas con los habitantes
surpirenaicos. Estrabón († año 25 d.C.) en su "Geografía": "Los
aquitanos son completamente diferentes (de los demás galos) no sólo lingüística
sino corporalmente, y más parecidos a los íberos que a los galos". Y un
poco más adelante: "Para decirlo claramente: los aquitanos se diferencian
de la tribu de los galos en la constitución corporal y en la lengua, y se
parecen más a los íberos". En estas frases se suele interpretar que más
que referirse a los iberos propiamente dichos, Estrabón se está refiriendo en
su comparación indistintamente a todos los habitantes del sur pirenaico, sobre
todo a íberos y vascos. Los aquitanos no formaban un conjunto
compacto, sino que a su vez estaban divididos en diferentes etnias las más
importantes de norte a sur fueron: Boiates, Vasates, Lactorates, Elusates,
Tarusates, Biguerri, Tarbelli, Auscii, Venarni, Ilurones, Convenæ y Consorani.
Una de estas etnias aquitanas eran los Sibulates documentados también como
Sibyllates o Sybillates. El sufijo -ates servía en latín para denominar a los
pueblos; mientras que las raices sibul- sibyll- o sybill- hacen alusión a la
tierra en la que habitaba este pueblo. Sibul así como el resto de formas fueron
las adaptaciones latinas del topónimo vasco arcaico Zubel, posiblemente con el
significado de "madera negra u oscura". Un topónimo al que con el
paso del tiempo se le añadiría el sufijo vasco -oa con el significado de
"tierra o comarca", existente en otros topónimos vascos (Gipuzkoa,
Nafarroa, Aezkoa...), dando lugar a Zuberoa ("Tierra de la madera negra u
oscura"). La /l/ intervocálica se convertiría en la Edad Media en /r/,
evolución común en la fonética vasca (Zubeloa>Zuberoa; ili>hiri [ciudad];
Alaba>Araba [Álava] ) dando lugar, finalmente, a la actual Zuberoa, que es
una de las regiones que integran el País Vasco. De la romanización de la población
de habla vasca de Aquitania surgiría el actual pueblo gascón y su lengua
latina. En realidad, Aquitania es una región histórica de Francia, que está
comprendida entre los Pirineos, el océano Atlántico y el macizo Central.
Poblada por pueblos de origen ibérico, fue conquistada en 56 a.C.
por los lugartenientes de César y constituyó una de las tres partes de la Galia
romana. Dominada por los visigodos a principios del siglo V, pasó a los francos
en 507. Con la decadencia de los merovingios[3] se hizo casi independiente
para pasar, después de 732, bajo la autoridad de Carlos Martel y convertirse en
reino carolingio en 778, y en ducado en 845. Tras pasar a la corona
de Inglaterra en 1152, volvió a poder de Francia en 1453, con el nombre de
ducado de Guyena.
Al
oeste, estaban várdulos y caristios, que seguramente hablaban la misma lengua
que los vascones, o sea, una forma antigua del euskera, aunque no falta quien
piensa que estos pueblos eran de lengua indoeuropea (celta) y que la presencia
actual del euskera en ese territorio se debe a una expansión medieval desde
Navarra.
Los
Autrigones se extendían desde el río Asón de Cantabria hasta el río Nervión en
Bilbao y al sur hasta parte de Álava, La Rioja y Burgos. De su romanización surgiría
el actual pueblo castellano y su lengua latina. Este pueblo prerromano del
norte de la península Ibérica, cuyos límites, al E, estaban situados en las
líneas montañosas de las márgenes derechas de los ríos Asón y Nervión. Su
territorio comprendía la parte oriental de la actual provincia de Santander, el
nordeste de Burgos y la mayor parte de las provincias vascas de Vizcaya y
Álava. La mayor parte de sus asentamientos se encontraba en la región burgalesa
de la Bureba. Su capital era Austraca, que se enclavaba en la
zona de Castrojeriz. Habitaban en una región que recibía el nombre
de Autrigonia[4] o
Austrigonia. Los
Caristios habitan del río Nervión al oeste, hasta el río Deba en Guipúzcoa y al
sur hasta parte de Álava. La irrupción con mayor fuerza del cristianismo en la
antigua Caristia introdujo gran número de palabras latinas, lo que hace que el
euskara hablado hoy en día en sus territorios, el vizcaíno o dialecto occidental,
posea, en comparación con otros dialectos, el mayor porcentaje de términos de
origen latino. Sin lugar a dudas, los caristios constituyeron un pueblo
hispánico primitivo que en la época de la romanización habitaba en
el País Vasco; se extendía por la costa desde el río Deva hasta el valle
del Nervión, en las actuales provincias de Álava y Vizcaya. Así,
pues, este pueblo habitaba una pequeña región del actual País Vasco, entre los
Autrigones al oeste y los Várdulos al este. Son los mismos que los citados por
Plinio como carietes. Los
Várdulos se encontraban al oeste desde el río Deba en Guipúzcoa, hasta parte de
Navarra y al sur hasta parte de Álava. En sus territorios se habla actualmente
el guipuzcoano, también llamado dialecto central del euskara. Posiblemente el
término de origen celta várdulo proceda de la raíz Bar- ("limite",
"extremo", "marca fronteriza" en este caso) por lo que
Vardulia significaría "tierra fronteriza". Esta traducción viene
avalada también por la del actual topónimo Guipúzcoa, que proviene de la raíz
vasca Ipu- ("borde", "límite") al que se le añade el sufijo
-oa que significa "comarca", "tierra"; su unión da lugar a
Ipuzkoa (en el año 1025 d.C. aparece por primera vez escrito este topónimo como
"Ipuçcoa") siendo la /g/ inicial un sonido añadido para facilitar su
pronunciación. La voz Bardulia/Vardulia, con el significado también de
"tierra fronteriza", la veremos reaparecer en la Crónica de Alfonso
III de Asturias referida a la Castilla Nuclear (inicial) o Vétula (vieja) en el
siglo VIII
d.C. La
tribu de los Vascones fue la tribu en la que surgió la base del euskara común.
Los vascones ocupaban toda Navarra, y parte de Alava, Guipúzcoa y La Rioja. Las
ciudades de Kalagorri (latín > Calagurris; castellano > Calahorra;
localidad riojana), Tutera (latín > Tutela; castellano > Tudela;
localidad de la ribera navarra) e Iruñea (latín > Pompaelo; castellano >
Pamplona; capital de Navarra) eran vasconas. El término vascones, que proviene
del celta barskunes, posee la raíz Bhar-s-, bien atestiguada en celta con la
significación de "cumbre", "punta", "follaje",
con lo que el significado de esta palabra podría ser "los
montañeses", "altos" o "altaneros". Comunmente se
suele aceptar como válida la traducción de "los montañeses". El resto
de las tribus, exceptuando los várdulos, no poseen una traducción del nombre de
su tribu que sea aceptada ampliamente. Los vascones componían un pueblo
primitivo de la península Ibérica, descendientes de la población
franco-cantábrico-pirenaica mezclada con elementos celtas. Los vascones estaban
centrados en la actual Navarra y ocupaban parte
de Huesca, de La Rioja y de Gipuzkoa. Tras la rebelión contra
el dominio romano (56 a.C.) fueron relativamente romanizados, pero
vivieron en constante insumisión. Desde fines del siglo VIII se constituyeron
como núcleo independiente en Pamplona.
En una amplia zona alrededor de Pamplona y
Tafalla (Valdorba) abundan los nombres de
pueblo acabados en –ain y alguno en –ano. Estos pueblos parece que
fueron en su origen fincas o explotaciones agrarias y llevaban el nombre de su
propietario, que, en la mayoría de los casos, es romano. Marcalain,
de Marcellus; Amalain y Amillano, de Aemilius;
Paternain, de Paternus, etc., etc.
Que en los primeros siglos de la era tantos
propietarios rurales tuvieran nombre latino es un claro índice
de romanización, pero, por otra parte, estos nombres de base latina
presentan una evolución fonética puramente vasca, es decir, que han
evolucionado hasta su forma actual según las leyes fonéticas del euskera. Por
lo tanto, estos topónimos indican, por un lado, una notable romanización y un
mantenimiento ciertode la lengua vasca entre la población.
1. Los
romanos
Los
romanos distinguieron claramente la vertiente Mediterránea de la Atlántica. A
la primera le llamaron ager y a la segunda saltus. El ager tenía un gran
interés para ellos. Allí desarrollaron completamente su modelo económico:
producían cereales, aceite y vino, crearon villas y utilizaron
esclavos[5] para el trabajo. En cambio en el saltus no tenían tanto
interés para establecerse permanentemente, salvo donde encontraban recursos
mineros (Arditurri en Oiartzun, Banka, Somorrostro, Ereño) o puntos de interés
estratégico para el comercio (Irun-Hondarribia,
Zarautz-Getaria). En
el año 196 a.C. llegaron los romanos a tierras del País Vasco, con los que los
antiguos vascos vivieron en paz y en cooperación. Solamente se puede encontrar
feroz oposición a la conquista romana en los aquitanos. Cuando los romanos
atacan a los aquitanos, éstos, para pedir ayuda, no se dirigen a los galos,
sino a los habitantes éuscaros del sur pirenaico, que a ellos les resultaban
más próximos al ser culturalmente afines. Sabemos que esta ayuda surpirenaica
les llegó de la mano de caudillos experimentados en la lucha junto a Sertorio y
que entró en acción en Aquitania en el año 56 a.C. contra las legiones de
César. El inicio de la Edad Antigua está señalado por la aparición de la
escritura en Oriente Próximo (3200 a.C.) y sus límites superiores se colocan en
la caída del Imperio romano de Occidente (476), límite que sólo es válido para
Europa Occidental (no lo es para el Imperio romano de Oriente, Bizancio). El
concepto de Edad Antigua se refiere al Viejo Mundo, en especial a las culturas
de Oriente Próximo, Grecia y Roma (por lo que en términos estrictamente
cronológicos es contemporánea a culturas de las Edades del Bronce y del Hierro,
y a la Protohistoria). Algunas tradiciones académicas, como la alemana o la
italiana, han circunscrito desde el siglo XIX la noción de historia antigua a
la Antigüedad clásica (Grecia y Roma). La historia de Egipto (egiptología)
tiende a ser igualmente una especialidad diferenciada en muchas tradiciones
académicas. En las últimas décadas se ha acuñado el concepto de Edad Antigua
tardía, desvinculado de la idea de decadencia asociada a la Edad Media (en
particular a la alta Edad Media), y que se aplica a los siglos
III-IV. El
País Vasco formó parte del Imperio desde antes del cambio de era, mucho antes
que otras provincias como Britannia[6] o Dacia[7], por ejemplo, y que a
diferencia de esta última mantuvo su antigua cultura ante la inmensa presión
latina. Las tribus vascas se vieron divididas en dos grandes demarcaciones
políticas, por un lado Hispania (autrigones, caristios, várdulos y vascones) y
las Galias (aquitanos) y provincialmente entre la Tarraconense (Hispania) y la
Novempopulania (Galias). La romanización sólo se notó con intensidad en la zona
de Álava, que sufrió las invasiones tanto bárbaras como musulmanas, provocando
las incursiones de los vascones.Tanto los romanos como las tribus
vascas poseían los mismos enemigos comunes, lo que daría lugar a un buen
entendimiento. Mientras los romanos colaboraron con las tribus vascas en
expulsar a los celtas (llegados a tierras pirenaicas a partir del siglo VIII
a.C.), las tribus vascas colaboraron con los romanos en sus guerras contra los
cántabros y astures de origen celta. Se apunta sobre las Guerras cántabras que
los avarigianos, avarinos, orgenomescios, etc., que ocupan la zona oriental de
Asturias y Santander, atacan a los autrigones y turmogidos, y éstos
solicitan el auxilio de Roma. En 29 a.C., los vacceos, cántabros y
astures se unen a la sublevación. Pero, Augusto desembarca en Tarraco y en 26
a.C. ataca a los rebeldes, que se refugian en Aracillum (la actual
Aradillos). Así, pues, aunque en 25 a.C., tiene lugar la
sumisión de los cántabros, se producen nuevos levantamientos en 22 y 19 a.C.,
que son definitivamente aplastados. Como aliadas imperiales que eran las tribus
éuscaras, las zonas que eran conquistadas por los romanos a los celtas o
íberos, eran posteriormente repobladas por grupos humanos de estas tribus
vascas, lo que conllevó una extensión del euskara hacia el sur y afianzamiento
de ésta hacia el este. Un ejemplo de ello, lo tenemos en Aragón, donde los
vascones colaboraron con los romanos en las guerras contra los celtíberos. Una
vez derrotados en el año 72 a.C., la colaboración vascona fue recompensada por
los romanos con la jurisdicción sobre amplios territorios del Aragón
occidental. Estos territorios, al sur, llegaban a 15 km de Salduba, la que
después de su conquista sería llamada por los romanos como Cæsar Augusta, la
actual
Zaragoza. El
poblado romano de Forua está ubicado sobre la colina de Elexalde, en su ladera
meridional. Se trata del yacimiento romano más importante de Bizcaia, tanto por
su extensión como por su estado de conservación, y estuvo ocupado entre los
siglos I y V d.C. Este yacimiento fue descubierto en 1982 tras el hallazgo de
dos epígrafes latinos. Durante este tiempo, los arqueólogos han encontrado
vestigios de una civilización anterior. Se han localizado hasta nueve
estructuras romanas diferentes (la mayor parte son restos de talleres y hornos
metalúrgicos) que denotan distintas fases dentro del período romano. Asimismo,
también han descubierto restos de diversos objetos construidos en cerámica,
hierro y vidrio. El yacimiento tiene una superficie de 60.000 m2 y está
situado en plena Reserva de la Biosfera de Urdaibai, un lugar estratégico pues
antiguamente propiciaba los intercambios comerciales con otros núcleos costeros
del Cantábrico y de la costa de Aquitania. Los
romanos llegan a la Península en 218
a.C. Evocando su
tratado de amistad, Roma declara la guerra a Cartago, lo que inicia
la segunda guerra púnica. En 206 a.C. tiene lugar la fundación de
Itálica. Localizada en el actual municipio de Santiponce, muy próxima a
Sevilla, fue fundada por Escipión. En ella nacerán los emperadores romanos
Adriano y Trajano. El 179 a.C. acontece el fin de la primera guerra celtíbera.
Las sublevaciones de los distintos pueblos indígenas (indigetes, turdetanos,
celtíberos, etc.) se suceden, pero los romanos adoptan duras medidas represoras
para sofocarlas. Después de la toma de Jaca[8], capital de los jacetanos, en el
año 194 a.C., comienza la primera guerra celtíbera (181 a.C.), conflicto al que
se pone fin momentáneamente con la firma de un pacto entre Tiberio Sempronio
Graco, pretor de la Citerior, y los celtíberos, que han sido derrotados por
éste, iniciando un periodo de relativa estabilidad. En 179 a.C. se procede a la
fundación de Ghracurris. La ciudad que en la actualidad se llama Alfaro (La
Rioja) es fundada por Tiberio Sempronio Graco, pretor de la Citerior,
extendiendo así su área de influencia. En 152 a.C. tiene lugar la fundación de
Corduba (Córdoba). En 102 a.C. se asiste a la fundación de Colenda (Cuéllar).
Su creación fue promovida por Mario, cónsul de Roma, para asentar a los
celtíberos aliados de Roma. En 29 a.C. se registran las guerras
cántabro-astures. La lucha se prolongará hasta el año 19 a.C. El propio
Augusto, emperador de Roma, acude a la Península para dirigir la guerra,
instalándose en Tarraco (Tarragona). Regresa a Roma, pero deja la dirección de
la batalla en manos de su yerno, Agripa, que finalmente vence a los
indígenas. Hispania queda pacificada. Pueblos
prerromanos es el nombre con que se designa a las poblaciones peninsulares de
la segunda mitad del I milenio a.C. Se distribuyeron en tres zonas con
diferencias culturales: la región atlántica, más atrasada y habitada por
galaicos, cántabros, astures y vascones, con una cultura constituida a partir
de los contactos con las regiones francesa y británica desde la Edad del
Bronce, a los que se unieron en la Edad del Hierro otros más intensos con el
Mediterráneo y la Meseta; la zona mesetaria, donde se asentaron celtíberos,
lusitanos, vacceos y carpetanos, con cultura celta transformada por un proceso
de iberización; y, por último, Andalucía y la costa mediterránea,
donde las culturas de Tartessos y de los iberos conocieron un mayor desarrollo
social
urbano. En
torno a las divisiones romanas de Hispania señalaremos que en época republicana
(197 a.C.) Hispania quedó dividida en dos provincias: Ulterior, que ocupó el
sur y el oeste, y Citerior, que abarcaba Levante y el valle del Ebro,
ampliándose después hasta el cantábrico oriental. Ambas eran gobernadas por
magistrados elegidos anualmente, que reunían poderes militares, fiscales y
judiciales. Con el Imperio, las provincias -que antes habían tenido un sentido
esencialmente militar y unas fronteras imprecisas- adquirieron un marcado
carácter administrativo. Este cambio tuvo su origen en tres factores: la creciente
presencia de ciudadanos itálicos y romanos, que requirió una mayor regulación
jurídica y administrativa de las relaciones sociales; el aumento territorial de
las provincias por las sucesivas conquistas que exigía una mayor organización
para recaudar impuestos; y, por último, un plan sistemático, inexistente hasta
entonces, de utilizar la administración como forma de consolidar el control
imperial de Roma sobre unos territorios cada vez mayores. En el 13 a.C. Augusto
dividió en dos la Ulterior, con la Bética[9], más romanizada y urbana, frente a
la Lusitania[10], más atrasada, y añadió todo el norte del Duero a
la Diterior o Tarraconense, que pasó a controlar todos los distritos mineros. A
la Bética le asignó el rango de provincia “senatorial” -con ausencia de tropas
militares y dirección del Senado- y a las otras dos el de “imperial” -dirigidas
por el emperador y con presencia de tropas-. La división no varió hasta el
siglo III, cuando Diocleciano redujo el tamaño de las provincias, aproximándolo
al de los conventus a fin de reforzar el poder central
evitando unidades de gran tamaño. Hacia el 280 la Tarraconense se dividió en la
Cartaginense y la Gallaecia, que, de fontera imprecisa, abarcaba el
noroeste. Fue
tal el grado de sintonía debido al respeto de los romanos a las diferentes
tribus vascas y sus territorios, que, incluso, hubo vascos enrolados en las
legiones romanas en sus guerras contra los britanos. Unas guerras acaecidas en
lo que hoy en día es conocido con el nombre de Gran Bretaña. Habiendo sido
encontradas lápidas mortuorias de la época romana, con nombres eusquéricos,
cerca de Londres, antigua Londinium romana. A través de esta buena relación se
asentarían colonos romanos al sur de las tierras de estas tribus y en zonas
mineras como las de Somorrostro en Autrigonia (Vizcaya) o en las llanadas de
Aquitania, lo que daría lugar a las colonias romanas de la Novempopulania
(nueve pueblos), en lo que hoy en día se conoce como Gascuña. Unos
asentamientos que darían lugar siglos después al surgimiento de las lenguas y
pueblos latinos de Castilla y Gascuña, fruto de la romanización de la población
vasca. El término colonia deriva de colere, cultivar en latín,
término que en origen designaba el establecimiento de ciudadanos en un
territorio conquistado por Roma para su explotación agrícola,
colonias que tenían también fines militares. Colonia y colonización se utilizan
de manera genérica para indicar las conquistas y ocupaciones de territorios. Se
aplican a la Antigüedad (colonizaciones fenicia, griega y romana), por lo que
refieren fenómenos muy diversos en sus especificidades históricas, de una
importancia crucial en la historia europea y mundial. Las colonias de
poblamiento implicaban el desplazamiento forzoso de las poblaciones
autóctonas y su sustitución por emigrantes del país colonizador, así como el
sometimiento de esas poblaciones, que quedaban relegadas en ciertas zonas o a
las que se utilizaba como mano de obra servil. Tradicionalmente para explicar
la pervivencia del euskara se ha considerado a los vascos como un pueblo
primitivo, aislado secularmente del resto de los pueblos que le rodeaban y que
no participó de la civilización romana, por ser una tierra de bajo interés
económico[11] para el Imperio Romano. Los hallazgos arqueólogicos en
tierras vascas continuamente desmienten estas teorías, dado que demuestran que
la romanización, en todos los aspectos, fue muy superior a otras tierras de la
Romania. Aunque esta romanización fue más notable al sur de las tribus vascas,
en las zonas costeras y en la Aquitania. La romanización es la acción y efecto
de romanizar o romanizarse; se aplica especialmente al proceso de asimilación
de la civilización romana por los pobladores de la Iberia, tras la conquista de
ésta por Roma. Si pervivió la cultura vasca, fue por la colaboración, buen
entendimiento y alianza de las tribus vascas con los romanos, no por un
aislamiento que nunca existió. Si bien ayudó a esta supervivencia el que
tardiamente se desarrollara el Mare Externum ("Mar Exterior"; Océano
Atlántico) como zona económica de interés para el Imperio, lo que posibilitó
que la zona vasca quedara al margen de los intensos flujos migratorios que se
dieron en otras zonas de la península o en Aquitania (por su alto interés
agrícola). En la Roma antigua, el colono era en sus orígenes un campesino
libre, generalmente arrendatario. En el bajo Imperio, colono designó al
campesino que, aunque era jurídicamente libre en cuanto persona, quedó adscrito
forzosa y hereditariamente a la tierra, ya fuese por imposibilidad de pagar sus
deudas, para que no abandonase el cultivo y pagase los tributos, o
por otras razones. Se configuró así la institución del “colonato”, reconocida
legalmente con las reformas de Diocleciano a finales del siglo III.
La tierra se vendía con sus colonos, y los hijos de éstos estaban obligados a
seguir el oficio de sus padres, al igual que ocurrió con otros oficios en el
Bajo Imperio. En las tierras vascas hubo minas, por ejemplo, en Arditurri
(Oiartzun, Guipúzcoa), Banka (Baja Navarra), Lantz (Navarra), Eskoriatza
(Guipúzcoa) o en Somorrostro (Vizcaya) donde se extrajeron minerales (hierro,
plata...) para exportarlos a diferentes partes del Imperio Romano; producción
de cerámica en Pamplona (Navarra) o en Donazaharre (Saint-Jean-Le-Vieux; Baja
Navarra); producción de vino en Falces y en Funes (Navarra); industria de
salazón en la Getaria guipuzcoana y también en la labortana (topónimo
proveniente del latín Cetaria, "salazón"); termas romanas en Fitero
(Navarra); calzadas que unían las principales ciudades vascas con Roma; puertos
en la costa vasca como Oiasso (Irún, Guipúzcoa) que comunicaban con cualquier
parte del Imperio. Otro ejemplo de esta falta de aislamiento y por contra, del comercio
existente, se encuentra en el hallazgo de diversas monedas acuñadas en tierras
vasconas por la administración romana, ya desde los primeros años de su
dominación, y que han sido encontradas en diferentes partes de la geografía
vasca (como, por ejemplo, el denario[12] vascón que es datado en la
segunda mitad del siglo II a.C. ). Anverso: Cabeza masculina barbada a derecha.
Peinado con rizos de arcos pequeños juntos. Detrás la leyenda Benkota en
escritura ibérica (población vascona de localización incierta). Esta escritura
era utilizada por gran parte de los pueblos de la península ibérica. Aunque de
origen tartesio, fue utilizada mayoritariamente para escribir textos en íbero.
Siendo el íbero, posiblemente, lingua franca peninsular para muchos pueblos
prerromanos antes de la llegada de los latinos. En menor medida, como en esta
moneda, también se utilizó la lengua celtíbera para escribir con caracteres
ibéricos, dado que en esta zona el celta era la lingua franca. De ahí que las
tribus vascas hayan pasado a la historia por su nombre celta y no por su nombre
vasco. Reverso: Jinete con espada a derecha. Debajo leyenda Baskunes (Vascones)
en escritura ibérica. La palabra clase deriva del
latín classis, término usado en la Roma antigua para clasificar grupos
sociales con fines impositivos sobre la propiedad. Uno de los principales
hallazgos arqueológicos de (la arqueología, como ya hemos dicho, usa para hacer
dataciones la dendrocronología[13] y el C 14[14]) esta época, y que vuelve
a rebatir las teorías de la pervivencia del euskara por falta de romanización,
ha sido el reciente descubrimiento del puerto romano de Oiasso (u Oiarso), en
la actual Irún. Irún se encuentra en la región de Guipúzcoa, el territorio en
donde se conserva la cultura vasca con más fuerza. En esta localidad ha
aparecido la estructura de madera del muelle y el varadero de la ciudad de
Oiasso. Además, cerca de una necrópolis ya conocida, han aparecido unas termas;
otras prospecciones dibujan un núcleo urbano de 12 a 15 hectáreas, con una
planta reticular, en donde había almacenes, tiendas y talleres. Se cree que
también poseía un foro y un teatro[15]. Oiasso era la base comercial de la
rutas marítimas desde la que partía la distribución de mercancías hacia el
interior, al valle del Ebro y a la gran calzada romana XXXIV, la Asturica
Augusta (Astorga, León) - Burdigala (Burdeos, Aquitania). Hasta Oiasso llegaba
también la calzada que partía de Tarraco (Tarragona), a través de Ilerda
(Lérida) y Osca (Huesca). Las ánforas[16] halladas en Oiasso demuestran
que, incluso al final del Imperio Romano, el aceite y el vino de Bizancio (la
actual Estambul turca) llegaban regularmente a los puertos atlánticos. Oiasso,
además de dedicarse al comercio marítimo y ser uno de los principales puertos
del Mare Externum, se dedicaba también a la minería. En las peñas de Aia han
localizado tres kilómetros de galerías romanas junto a las explotaciones
modernas, unas minas que se dedicaban a la extracción de plata. El hallazgo de
galerías de drenaje, notable ejemplo de ingeniería hidráulica romana, indica
que había detrás toda una estructura administrativa. Al respecto de esclavo, el
pensamiento jurídico romano estableció una nítida distinción entre los hombres
libres o personas jurídicamente capaces y los que no eran considerados
personas o sujetos de derechos, sino meras cosas u objetos de
derecho, sometidos a la potestad de otros. Con o sin una norma legal tan clara,
la esclavitud es una institución que ha existido en numerosas
culturas en todos los periodos históricos. Con frecuencia los esclavos eran
cautivos de guerra, pertenecientes a otros grupos étnicos. Constituían una mano
de obra forzada, de propiedad privada o pública, más o menos cualificada, que
podía ser empleada en el servicio doméstico, en las minas, en los
latifundios[17], etc. Las condiciones concretas y formas de manumisión eran muy
variables.
LA
EDAD MEDIA
1. Los
visigodos y los francos
En la
decadencia del Imperio Romano surge el vacío de poder y las razzias[18] de
los pueblos germanos. En el año 409 d.C. los alanos, vándalos y suevos penetran
en la península ibérica a través de los Pirineos. En concreto, los alanos
constituyeron una de las principales tribus sármatas. Establecidos entre el
Caspio, el mar de Azov y el Cáucaso, fueron expulsados por los hunos en el
siglo IV; se asentaron en la actual Hungría y fueron penetrando en el Imperio
hasta que invadieron la Galia junto a los suevos (406). Parte de ellos, unidos
a los suevos y a los vándalos, cruzaron los Pirineos (409) y se establecieron
como federados en la Lusitania y la Cartaginense; en 418 fueron aniquilados por
el rey visigodo Walia, y los supervivientes, unidos a Genserico, se dirigieron
a África (439). Desaparecieron en el curso de los siglos V-VI, exterminados o
asimilados por otros pueblos. Por su parte, el reino de los Suevos fue una
entidad política de la antigua Gallaecia, que perduró entre 411 y 585. En 411
el suevo Hermenerico, gracias a la debilidad de Roma, se acantonó en la
Gallaecia y consolidó su reino al vencer a los hispanogalaicos (431). Las
derrotas de Andecas en Oporto y Braga (585) a manos de Leovigildo determinaron
el fin del Estado suevo, que fue anexionado al reino visigodo. Por otro lado,
los vándalos formaron un pueblo germánico oriental que habitaba en las costas
del mar Báltico. Bajo la presión de los godos se trasladaron hacia Silesia y
luego a la Dacia. Los hunos y las difíciles condiciones económicas los
empujaron a la Nórica y a Retia, donde se pusieron al servicio del Imperio
romano. Pero muy pronto (406) se trasladaron a Occidente, cruzaron el Rin por
Maguncia y permaneciendo en la Galia, que fue saqueada hasta 409, año en el que
cruzaron los Pirineos y penetraron en la península Ibérica. En 455 llegaron a
Roma, que fue saqueada y semidestruida. El reino de los vándalos duró hasta
533, cuando fueron derrotados por el
bizantino[19] Belisario. Sin embargo, en el 418 los visigodos
se asientan en Aquitania. El visigodo es un pueblo germánico que
constituyó una de las grandes ramas de los godos (la otra fue la de los
ostrogodos). A cambio de sus servicios militares recibieron casi la mitad de
las tierras cultivables del territorio (419-431). La caída del
Imperio de Occidente (476), convirtió al visigodo Eurico en rey de
visigodos y romanos, permitiéndole expandirse por las Galias y toda
Hispania. En el 476 se da fin al Imperio Romano de Occidente. En el
481 los visigodos ocupan Pamplona y otras ciudades vasconas y de la provincia
Tarraconense. En las ciudades vasconas dominan esencialmente la política los
vasco-romanos medianamente romanizados. Los merovingios constituyeron la
dinastía de los primeros reyes francos salios, instaurada por Meroveo (448). En
el siglo VII las continuas luchas entre las varias ramas de la familia
favorecieron el poder de los maestros de palacio, hasta que, en 751, la
definitiva deposición del trono de Childerico III por parte de Pipino el Breve
dio por terminado el período merovingio y señaló el comienzo del poder de los
carolingios. La expansión franca a lo largo del occidente europeo comenzó en el
año 486 en el que se dieron por concluidas las últimas posesiones romanas en
Galia, al derrotar Clodoveo a Siagrio en Soissons. En el año 506, los francos
llevaron campañas en contra de los alamanes, siendo éstos derrotados en
Tolbiac. Se dice franco del pueblo germánico que, después del siglo III, tras
atravesar el Rin, combatió contra los romanos. En 406, expulsados por los vándalos,
suevos y alanos, los francos comenzaron a pasar el Rin hasta
conquistar casi toda la Galia. Fueron unificados por Clodoveo (481-511). En el
507 los francos derrotaron a los visigodos en Vouillé dando fin al reino
visigodo de Tolosa[20], con lo que los visigodos se centraron solamente en la
península ibérica. Siendo el pueblo germano más romanizado, su
relación con Roma fue tumultuosa, alternando la firma de varios foedus con
enfrentamientos, como los que culminaron con el saqueo de Roma en el 410. Asentados
en el sur de la Galia por el foedus del 418, acabaron formando
un reino con capital en Tolosa (Toulouse) e intensificaron su
presencia en la Península. Derrotados, como hemos dicho, por los francos en el
507, abandonaron la Galia salvo el sureste (Septimania), y se asentaron
definitivamente en Hispania. El nuevo reino, con capital en Toledo, giró en
torno a la Meseta[21], lejos de las zonas de predominio
hispanorromano[22]. En el 531 conquistaron el reino de
los turingios[23] y en el 534 sometieron el reino de los burgundios[24].
Consecuencia de todo ello fue la creación, bajo Clotario I, del Regnum
Francorum o Reino de los Francos que se extendía desde la Mancha hasta el
Danubio medio y desde el Saale hasta, teóricamente, los Pirineos. Teóricamente
porque Aquitania y Vasconia constituyeron siempre para los francos y los
visigodos un auténtico quebradero de cabeza que ni el propio Carlomagno, que
poseyó el ejército más poderoso de la época, pudo solucionar a su
gusto. Las relaciones de los vascones con los visigodos y los
francos no fueron buenas, las guerras se sucedieron ininterrumpidamente durante
tres siglos. Fueron continuos los intentos infructuosos de cada uno de los
reyes visigodos de someter a los vascones, siendo prueba de esta incapacidad de
conquistar Vasconia las abundantes referencias en las crónicas al sometimiento
de los vascones por parte de cada uno de los reyes visigodos, lo que denota que
nunca pudieron someterlos. Entre otras referencias, por ejemplo, la que hace
alusión al rey suevo Requiario (448-456) que aliado con los visigodos atacan
Vasconia, "Vasconias depraedatur" (devasta las Vasconias); en la del
reinado del visigodo Suintila (621-631), "Vascones devicit" (derrotó
a los vascones), o en el reinado de Wamba (672-680) en la que Vasconia apoya
con tropas la rebelión del visigodo Paulo en la Septimania visigoda (región
antigua de la Galia que comprendía la Cataluña Norte y territorios más al
norte) y el ejército vascón aprovecha la situación para conquistar territorios
visigodos en Cantabria: "prius feroces Vascones in finibus Cantabrie
perdomuit" (primero sometió a los fieros vascones, en los confines de
Cantabria). Los Concilios de Toledo[25] fueron reuniones eclesiásticas
celebradas bajo la monarquía visigoda. Mostraron la vinculación entre
política y religión católica tanto por sus componentes -ya que,
junto a los obispos, asistían nobles y los reyes, que los convocaban y dictaban
el orden del día-, como por las disposiciones que de ellos emanaban, religiosas
y políticas. De los dieciocho concilios habidos, destacaron: el III (589),
en que el rey Recaredo abandonó el arrianismo, que fue condenado, y se
convirtió al catolicismo; el IV (633), por fortalecer
el papel de la nobleza y el clero al proclamar la
monarquía electiva e impedir que los reyes pudiesen confiscar bienes de los
nobles; el V (636), que estableció la excomunión para quienes
se rebelasen contra el rey y usurpasen el trono; y el VIII (653),
que endureció la política contra los judíos. Sorprende visto desde la
perspectiva territorial reducida de los vascos en la actualidad la incapacidad
secular de los visigodos de conquistar Vasconia. Se ha de tener en cuenta que
en aquella época, los vascones, que era como se llamaba en esta época a los
vascos, se extendían por toda la zona pirenaica hasta Andorra ("tierra
cubierta de arbustos" en lengua vasca) y al norte hasta el río Garona
(zona media de Francia), es decir, que los vascos abarcaban nueve veces más
territorios que hoy en día; y además poseían un ejército numeroso y bien
preparado militarmente, siendo su principal enemigo los francos. De hecho
cuando los árabes invadieron la península (711), encontrándose el rey visigodo
Rodrigo luchando de nuevo contra los vascones, había fortificaciones vasconas
en el río Loira (cerca de París, extremo norte de Francia) para defender los
territorios de la alianza vasco-aquitana de las continuas incursiones francas,
unas incursiones que, décadas después, serían comandadas por el franco
Carlomagno y acabarían arrasando el Ducado de Vasconia, vengando, de esta
manera, la muerte de su sobrino Roldán en la batalla de Roncesvalles (Navarra),
en la que el ejército vascón derrotó al ejército de Carlomagno. Los
antecedentes de la batalla de Roncesvalles (778) se hallan en la intervención
del mencionado Carlomagno en la Península, parece que llamado por los
muladíes[26] de Zaragoza que le ofrecieron la ciudad a cambio de apoyo en
su lucha contra el emirato de Córdoba; una vez allí el pacto se rompió y el
emperador franco se vio obligado a retirarse. Durante el regreso a Francia, la
retaguardia de su ejército fue atacada y diezmada por los vascones en el paso
de Roncesvalles (Navarra). El hecho impactó a todo el Occidente cristiano y fue
inmortalizado en el poema épico francés La Chanson de Roland. Por
otro lado, el término alodio es de origen germánico y su significado
originario es objeto de discusión, si bien prevalece la idea de que, en el
período posterior a las invasiones bárbaras, definía el patrimonio inalienable
del grupo familiar. A partir del siglo VIII, alodio, o tierras alodiales,
designa la tierra poseída individualmente y libre de cargas, prestaciones o
derechos; es decir, la plena propiedad, en contraposición a los bienes
comunales, en arrendamiento, en feudo, etc. Se usa tanto para la pequeña
propiedad como para el
latifundio. Hasta
épocas recientes, como hemos indicado en el apartado dedicado al Imperio
Romano, se ha considerado a los vascones (nombre con el que a partir de la
época tardorromana fueron denominadas todas las tribus vascas) como un
pueblo salvaje y primitivo sin ninguna organización interna. Los hallazgos
arqueológicos en las necrópolis de Aldaieta (cerca de Vitoria, Álava) y Buzaga
(Elortz, Navarra) están replanteando el estudio de la historia vasca del siglo
VI al VIII. Así como el replanteamiento de los hallazgos de la misma época en
Pamplona. En los ajuares de estas necrópolis encontramos armamento abundante
que difiere totalmente de los visigodos o hispanovisigodos que no poseen
armamento alguno. Así como la utilización de un tipo de armamento (hachas de
combate, lanzas, espadas, puñales...) que hasta ahora solamente se podía
encontrar en Aquitania. La cerámica, bronce y vasos de vidrio, cubos de madera
hechos con un estilo que, otra vez, solamente se habían podido encontrar en una
de las zonas más romanizadas de la Europa occidental, Aquitania. En 633, el
acontecimiento más destacado del breve reinado de Sisenando (631-636) fue
indudablemente la convocatoria y celebración del IV Concilio de Toledo,
inspirado y dirigido por San Isidoro de Sevilla. Entre otras muchas resoluciones
de singular importancia cabría destacar dos: la fijación de unas normas para la
sucesión al trono, con el objeto de evitar las rebeliones y luchas intestinas,
y la institucionalización de los concilios nacionales. A la muerte de Sisenando
(636), su sucesor Chintila fue elegido de acuerdo con los criterios del
Concilio. La Edad Media se extiende del siglo V al XV: de la caída del Imperio
romano de Occidente a la toma de Constantinopla por los turcos (1453) o al
descubrimiento de América (1492). Tanto el concepto como la periodización son
operativos únicamente en Europa occidental. La visión -negativa- de esos siglos
como una etapa intermedia se encuentra en los humanistas
del Renacimiento que, al redescubrir la antigüedad griega y romana,
los consideraron una interrupción en las realizaciones intelectuales una
interrupción en las realizaciones intelectuales del mundo clásico, y en los
protestantes, que subrayaron la corrupción progresiva de la
jerarquía católica. Pero fue el alemán Keller (Cellarius, en latín)
quien acuñó el término (Historia medii aevi, 1688), al utilizarlo por
primera vez en una dimensión cronológica. Dado que la Edad Media indica un
período de un milenio, por lo demás poco uniforme, se han
establecido subdivisiones internas, que varían según las historiografías. La
francesa, la italiana y la española distinguen entre una alta y una baja
Edad Media, divididas por el año 1000.
La francesa también considera una Edad Media clásica (Moyen Age
Classique), desde finales del siglo X a principios del
XIII.
Los
enterramientos de esta época, por tanto, no tienen nada que ver con la imagen
ruda, primitiva y salvaje con la que se ha dibujado a los vascones de esta
época. Los enterramientos vascones difieren totalmente con los visigodos o
hispanovisigodos y se asemejan a los aquitanos. Estas necrópolis demuestran que
con el declive del Imperio Romano y posterior invasión de las tribus germanas,
a ambos lados de los Pirineos[27], se comienza a crear un poder político nuevo,
continuador de la forma de vida romana, en el que lo vascón y lo aquitano se
desdibujan en los propios cronicones merovingios (francos). Un nuevo poder
vasco-aquitano que constituyó el último bastión en la Europa occidental que
defendió la permanencia de las instituciones y forma de vida romanas frente a
las invasiones germanas, enfrentándose, al norte, con los invasores francos, y
al sur, con los invasores visigodos, y que fue capaz de desarrollar una red de
núcleos defensivos estables, con un armamento eficaz y
renovable periódicamente, permitiéndole luchar constantemente durante tres
siglos. Recesvinto abandona la política represiva de su antecesor y en el VIII
Concilio de Toledo se adoptan medidas de perdón para los nobles exiliados y
desposeídos en tiempos de Chindasvinto, a la vez que se produce una condena
formal de los métodos utilizados en su
reinado.
Sorprende
visto desde la perspectiva territorial reducida de los vascos en la actualidad
la incapacidad secular de los visigodos de conquistar Vasconia. Se ha de tener
en cuenta que en aquella época, los vascones, que era como se llamaba en esta
época a los vascos, se extendían por toda la zona pirenaica hasta Andorra
("tierra cubierta de arbustos" en lengua vasca) y al norte hasta el
río Garona (zona media de Francia), es decir, que los vascos abarcaban nueve
veces más territorios que hoy en día; y además poseían un ejército numeroso y
bien preparado militarmente, siendo su principal enemigo los francos. De hecho
cuando los árabes invadieron la península (711), encontrándose el rey visigodo
Rodrigo luchando de nuevo contra los vascones, había fortificaciones vasconas
en el río Loira (cerca de París, extremo norte de Francia) para defender los
territorios de la alianza vasco-aquitana de las continuas incursiones francas,
unas incursiones que, décadas después, serían comandadas por el franco
Carlomagno y acabarían arrasando el Ducado de Vasconia, vengando, de esta
manera, la muerte de su sobrino Roldán en la batalla de Roncesvalles (Navarra),
en la que el ejército vascón derrotó al ejército de
Carlomagno. El
rey Rodrigo en la decisiva batalla de Guadalete (711) propicia la irrupción
musulmana en la Península y el fin de la monarquía visigoda tras el efímero
reinado de Agila II en el norte y la Septimania, territorios conquistados
definitivamente por los musulmanes en el 725 tras la caída de Carcasona y Nîmes. Resumiendo
mucho, debe retenerse que con Leovigildo[28] los visigodos llegaron al
cenit de su poder, aunque la monarquía visigoda adoleció siempre de cierta
inestabilidad, que se reflejó, en primer lugar, en las luchas por la corona,
tanto cuando el trono era hereditario como cuando pasó a ser electivo. También
generó tensiones la división étnica entre la minoría germana dominante y la
mayoría hispanorromana, lo que se intentó superar con la unificación religiosa
(abandono del arrianismo visigodo tras la conversión al catolicismo de Recaredo
en el 589) y jurídica (liber iudicorum). A partir de entonces la
diferenciación esencial tuvo fundamento económico, al aparecer una nobleza
hispano-visigoda laica y eclesiástica -en la que pese a todo
predominaban los germanos- que restó poder a los monarcas a lo largo del siglo
VII, a quienes pudo elegir tras el IV Concilio de Toledo, como ha quedado dicho,
y a los que fue arrebatando parcales del poder fiscal, militar y judicial. En
suma, el periodo visigodo puede verse como una transición entre el mundo romano
y el medieval. Junto al debilitamiento del Estado, prosiguieron la agudización
de las diferencias sociales y la decadencia económica tardorromana: crisis de
la esclavitud, de la economía urbana y de las villas. Ese debilitamiento
estatal y el malestar de la población facilitaron el rápido desmoronamiento del
reino visigodo ante la invasión de los árabes en el mencionado
711. La
palabra estado, utilizada ya por Maquiavelo en su acepción política
moderna, es en sí misma multívoca, pero tiene tres significados esenciales:
unidad política organizada; forma de organización política surgida en
Occidente tras el Renacimiento; “régimen de estado”, organización
que reúne ciertos requisitos de orden tanto formal como espiritual. Entre las
teorías sobre su origen destacan la de derecho divino, de fuerza,
de contrato social y de consenso de una
mayoría suficiente. Hoy se manifiesta subjetivamente como un “sentimiento de la
unidad social”. Se han dado definiciones deontológicas (Kant), sociológicas
(Weber) y jurídicas (Kelsen). La mayoría comprende los elementos tradicionales:
territorio, población y
poder. Por
otra parte, refiriéndonos a la sociedad y economía visigodas, destacaremos tres
fechas. 1) En 543 la peste asola el reinado visigodo. Una epidemia de peste
afecta a todo el mundo mediterráneo. La población hispánica se ve muy afectada,
y grandes zonas del reino quedan despobladas. 2) En 566 se hace evidente la
crisis financiera del reino visigodo. La difícil situación política provoca una
pérdida de valor real de la moneda, originando una gran crisis financiera que
desencadenará numerosas revueltas por todo el reino. 3) En 584 tiene lugar la
emisión de moneda nacional. Los tremises visigodos, con la efigie y leyenda de
Leovigildo, se convierten en la moneda nacional del reino de Toledo.
2. El
Ducado de Vasconia
El texto más
antiguo conocido que menciona el nombre de Vizcaya lo encontramos, como en el
caso alavés, en la Crónica de Alfonso III[29]. Más tarde, a fines del siglo X,
aparece en el Códice de Roda[30] el nombre de Munio, conde vizcaíno casado
con una hija de Sancho Garcés I, rey de Pamplona, y a partir del siglo XI
comienzan a ser más frecuentes los datos documentales sobre este territorio,
observándose su vinculación a la monarquía pamplonesa, primero, y castellana
después. Con
el declive del Imperio Romano en la segunda mitad del siglo III d.C., empezó un
reforzamiento y mestizaje de las tribus vascas, con una mayor intercomunicación
entre las distintas tierras de habla éuscara y con una fuerte autonomía
política del conjunto respecto a la administración imperial. Durante la guerra
vasco-franco-goda que duró varios siglos los francos establecieron el Ducado de
Vasconia sobre la vieja provincia novempopulona, y los godos, el Ducado de
Cantabria, al sur con centro en la actual Rioja. Los diversos estados
hispano-cristianos no poseyeron ducados. El duque godo sustituyó durante la segunda
mitad del siglo VI, al antiguo gobernador provincial romano o rector
provinciae. El duque tenía el mando militar y la administración de justicia.
Desde la caída del Imperio romano las tribus euskaldunes se vieron en la
necesidad imperiosa de defenderse de las invasiones bárbaras. La lucha
entablada desde los primeros momentos fue a dos frentes y tanto con los
godos, establecidos en la Tolosa aquitana[31], como contra los
francos, que llegan en son de conquista. Esa autonomía y cohesión de la
población vasca se reafirmó con el comienzo de las invasiones germánicas a
partir del año 400, en las que los vascos, bajo el liderazgo de los vascones de
Navarra, se unen para defender las instituciones y forma de vida romanas,
frente a lo que consideraban bárbaros germanos. De manera que, si el
debilitamiento del poder romano había permitido la potenciación de una cohesión
interna vasca, la llegada de los visigodos se produjo ya ante una comunidad
vasca bastante compacta y económicamente expansiva. Entre 230 y 200 a.C. se
desplazan y se producen las primeras invasiones de los bastarnos y los esquiros
hacia el mar Negro, seguidos posteriormente por cimbrios[32], teutones y
ambrones. Los suevos, que habían penetrado en la Galia mandados por Ariovisto
en 58 a.C., son rechazados por César. Los éxitos conseguidos bajo Augusto
quedan anulados por la derrota de Varó (9 a.C.), si bien logra mantenerse la
frontera o limes[33] en el Rhin y en el Danubio. El hecho de
que en las crónicas romanas se hable de diferentes tribus vascas y que en las
crónicas franco-visigodas se pase a hablar solamente de vascones como un todo,
nos indica que esta tribu cuyo núcleo original se encontraba en Navarra, fue la
que lideró a las demás, asimilándolas dentro de su seno. Este proceso de unificación
dio lugar al surgimiento del euskara común (uniformización de los dialectos del
euskara hablados por cada una de las tribus vascas en un único idioma) y a la
extensión definitiva del término Euskal Herria con el que todos los vascos
denominarán a su tierra, así como de la palabra euskaldun (euskáldun; vasco)
con la que se
autodenominarán. El
vascuence es una de las lenguas prerromanas habladas en la península
Ibérica que, con el paso de los siglos, se ha convertido en su única superviviente,
localizada en el País Vasco. Su antigüedad ha atraído la atención de los
estudiosos, que todavía no han podido determinar ni su origen concreto ni su
parentesco con las restantes lenguas. Pese a su supuesta relación con las
lenguas caucásicas, suele aparecer en las clasificaciones comúnmente aceptadas
como lengua independiente. Tampoco parece haber tenido resultados
sastisfactorios el intento de vincular el actual vascuence con el antiguo (y ya
desaparecido) ibérico. El vascuence ocupaba en tiempos romanos un vasto
territorio comprendido entre los ríos Garona, Segre y Ebro, hoy en día, sus
dominios se han visto notablemente reducidos, hasta un área de apenas 10.000 Km2..
Estos comprenden, en territorio español, la provincia de Gipuzkoa, las partes
central y oriental de la provincia de Bizcaia, una pequeña franja en el N de la
provincia de Araba y la zona más septentrional de Navarra. Por el
lado vascofrancés, incluye el departamento de Pyrénées-Atlantiques (Labourd,
Basse Navarre y Soule). Como íbamos diciendo, en la batalla de
Vouillé, en el 507, los visigodos fueron derrotados por los francos, la
consecuencia inevitable fue la perdida de Aquitania y la Novempopulania hasta
la barrera de los Pirineos. Si bien tradicionalmente se sitúa la fecha de la
expansión vascona en Aquitania en el 587, los asentamientos vascones
probablemente se dieron con anterioridad aprovechando el vacío de poder
generado por el escaso control de Aquitania que tenían los francos. No podemos
hablar de una conquista vascona de estas tierras sino de una redistribución
pacífica de la población vascona, en tierras al otro lado de los Pirineos que
culturalmente eran afines, algo que ha quedado demostrado por los hallazgos
arqueológicos en Aldaieta y Buzaga. Una redistribución de la población vascona
causada por las incursiones visigodas al sur de las tierras vascas. La
influencia peninsular sobre el País Vasco se centró en la obra
cultural del monasterio de San Millán de la Cogolla[34]. En los
siglos XII-XIII se fundaron puertos de salida para los productos
navarros (San Sebastián,
Bermeo, Fuenterrabía). Posteriormente, la región sufrió diversos perjuicios
económicos, al luchar durante la guerra de los Cien Años (1337-1453) del lado
francés, aunque a mediados del siglo XIV los marinos vascos habían superado en
actividad comercial a holandeses e
ingleses. Este
asentamiento vascón no obtuvo resistencia por parte de los aquitanos romani (aquitanos
romanizados) de las urbes, ni por los aquitanos de los pueblos y aldeas que
seguían hablando euskara. Aquitanos y vascones compartían los mismos enemigos
comunes, francos y visigodos, que ambicionaban dominar sus tierras. Los pueblos
germanos (familia lingüística indoeuropea), no parecen haber poseído
homogeneidad étnica, sino idiomática. A finales del Neolítico se hallan
vinculados a la cultura megalítica, a la del vaso embudiforme y a la cerámica
de bandas (desplazada progresivamente hacia el oeste y conocida también como
cultura del hacha de guerra). Habitan el sur de Escandinavia, Dinamarca y la
región de Schlewig. La primera mención de su nombre se encuentra en un texto de
Posidonio (hacia 90 a.C.); pero es César quien lo introduce
definitivamente en la literatura latina. En su “Naturalis Historia” Plinio el
Viejo (muerto en 79 a.C.) aporta noticias sobre este grupo humano; otro tanto
hacen Tácito en su “Germania” (98 d.C.) y el griego Ptolomeo en su “Geografía”.
La única resistencia al establecimiento de los vascones en Aquitania, fue
mostrada por los francos, dado que esto reforzaba en población a los contrarios
a su dominio sobre toda Aquitania. Después del 587, tras el fracaso del duque
Astrovaldo, que trató de combatirles sin conseguirlo, se llegaría a un acuerdo
para el establecimiento pacifico de los vascones en las tierras llanas de
Aquitania. Los vascones pagarían los tributos pero los territorios en los que
habitaban se constituían en un ducado, donde de hecho, podrían gobernarse según
sus propias leyes. Surgiendo el Euskal Herriko Dukerria (éuskal érrikó
dukérri-á) o Ducado de Vasconia[35], un ducado virtualmente independiente, pero
bajo la dirección de un dux ("duque", con sus correspondientes
colaboradores y séquito) designado por la Corte Merovingia. Llega un momento,
el año 581, en que francos y godos atacan Vasconia desde el norte y desde el
sur, respectivamente, como si se tratara de una ofensiva coordinada. Chilperico
(rey franco) ataca a Vasconia y Leovigildo, sin igual en pro de la libertad
nacional. El rey franco Chilperico envía a su duque Bladastes sobre las tierras
de la frontera septentrional, las suletinas, mientras Leovigildo ocupa parte de
Vasconia fundando en tierra alavesa una ciudad fortificada a la que denomina
Victoriaco. Una vez realizado el establecimiento, los vascones conservarán sus
costumbres y su lengua, y al estar establecidos en una zona geográficamente
homogénea, constituyeron un Estado dentro de otro Estado. La capital histórica
de Vasconia, Pamplona, dejará de serlo, y pasará a ostentar esta capitalidad
Elusa (la actual Eauze francesa) menos expuesta a los ataques invasores. En 74
d.C. Roma conquista el territorio comprendido entre el Danubio y el Alto Rhin (Agri
Decumates), afianzando la ocupación por medio del limes. Tras
las primeras luchas para contener a los marcómanos (166-180) siguen
las invasiones de catos (171), alamanes (desde 213), godos (236) y francos
(desde 257), que obligan a abandonar la línea retoaltorrenana (260); por su
parte, los alamanes presionan en la frontera del Rhin. Se abandona la provincia
de Dacia (270), y los godos inician la penetración por la línea del
Danubio. Parece que durante estos años se produjo una intensa
vasconización de las capas humildes de la población aquitana, singularmente la
menos romanizada, mientras que las capas más romanizadas dieron origen al
pueblo gascón, de habla románica. Con el paso de los siglos mientras el gascón
iba extendiéndose en aquella Euskal Herria del Norte que se extendía hasta el
río Garona (zona media de la actual Francia), el euskara irá paulatinamente
perdiendo
hablantes. A
lo largo de la Edad Media, el gascón[36], por la estrecha relación que tuvo el
Reino de Navarra con Gascuña (perteneció al Reino de Pamplona-Nájera en el
siglo XI y, posteriormente, algunos de sus territorios estuvieron integrados
dentro de la corona navarra); hubo muchos hablantes de este idioma que se
asentaron en Guipúzcoa y en Navarra, de lo que da cuenta la abundante toponimia
de origen gascón en estas regiones: el monte Urgull (orgullo en gascón) o
Miramón (Miramont) de San Sebastián, Mondragón (Montdragon), Pasajes
(Passages), Segura, Villafranca (Vilafranca), Villabona (Vilabona)... La misma
forma Donostia, es una adaptación vasca de la forma de designar San Sebastián
en gascón. Fue el idioma que sustituyó tardiamente (antes de la desaparición
del Reino de Navarra[37]) a la lengua castellana en la redacción de los
documentos oficiales de dicho reino. El gascón se dejó de hablar en el País
Vasco peninsular a principios del siglo XX, concretamente en Pasajes
(Guipúzcoa), que fue la última localidad peninsular vasca con hablantes de este
idioma. El duque franco fue derrotado por los vascos perdiendo casi todo su
ejército. Poco antes de la derrota franca en el valle de Zuberoa (año 580) el
poeta Fortunato, cantando alabanzas a su rey Chilperico no dudaba en presentar
a los enemigos de los francos temblando ante su poder. En el País
Vasco Norte, el gascón, se puede escuchar en el extremo norte de la costa
labortana, en la localidad bajo navarra de Bastida y en pueblos de Zuberoa
fronterizos con el Béarn. En la península ibérica se habla en el Valle de Arán
donde se puede escuchar la variante aranesa de dicho dialecto. El gascón fue el
habla que fue sustituyendo al euskara en el Valle de Arán (en euskara actual:
haran ["valle"] ) a partir de los siglos XII - XIII. Desde la baja
Edad Media los cronistas comenzaron a utilizar documentación de archivo. En el
año 602 la expedición de Teodoberto II de Austrasia y Teodorico II de Borgoña
contra los vascones acarrea el que se imponga a Genial como dux (duque). En el
año 626 los vascones se sublevaron contra el dux Aighina, sucesor de Genial.
Con la llegada de Dagoberto I (629), la autoridad de los francos se reafirmó en
todo el reino. Los vascones, después de haber sufrido serios reveses, se
resistieron a someterse por un tiempo (635). Pese al deseo franco de volver a
las fronteras de Augusto y de reconstituir el reino de Eurico, no pudieron, a
la muerte del "buen rey", oponerse al desmembramiento de su
territorio. Con la llegada de los reyes holgazanes, la carencia de poder iba a
permitir a Vasconia retomar su autonomía. Sus nuevos jefes se apoyaron en la
feudalidad laica y sobre todo en el episcopado. Con el fallecimiento
de Dagoberto I (638), la monarquía merovingia iniciará un progresivo proceso de
debilitamiento, del que sabrá sacar beneficio el viejo particularismo aquitano,
para ir consolidando paulatinamente un poder político, que pronto llegará a
actuar al margen del control de los reyes francos. Este proceso, resultado del
perfecto entendimiento entre las ambiciones de la aristocracia local aquitana y
los colectivos vascones, utilizados como fuerza militar al servicio de aquellas,
será lento pero imparable. Esta alianza vasco-aquitana conllevará el que los
ducados de Vasconia y Aquitania[38] sean dirigidos por un único dux que
unirá las fuerzas de los aquitanos romani y de los vascones en contra de los
francos y visigodos. Los dux que gobernaron Aquitania y Vasconia fueron tanto
de origen vascón como de origen aquitano. El mayordomo neustrio Ebroíno con la
intención de mantener bajo control los territorios meridionales del reino
franco concedió a Félix el principatum sobre todas las ciudades hasta los
Pirineos y sobre el pueblo de los vascones. Lo que fue aprovechado por este
para generar un poder político vasco-aquitano al margen de los francos. Su
sucesor el vascón Lupo [latinización del patronímico vasco Otsoa (ochóa),
"el Lobo"] iba a acelerar cualitativamente este proceso enfrentándose
abiertamente contra los francos, y apoyando la rebelión septimana[39] en
contra del monarca visigodo Wamba, aprovechando esta rebelión en el noreste del
Reino Visigodo, para comenzar a conquistar territorios visigodos (Cantabria) al
suroeste de Vasconia. Wamba (muerto en 688) fue sucesor de Recesvinto.
Emprendió campaña militar contra los vascones, tomó Barcelona, Gerona y penetró
en la Septimania, tomando Nimes (673). Convocó dos concilios provinciales
(Toledo y Braga) y en 675 rechazó el intento de invasión musulmana por
Algeciras, ocupando Ceuta. En octubre de 680 fue destronado por Ervigio. El
proceso, imparable ya, se consolidará de forma aún más evidente con su sucesor,
Odón. Este principado vasco-aquitano de Odón llegó a convertirse en un ejemplo
para toda la Galia y el único árbitro del conflicto entre Austrasia y Neustria
lo que le supuso el reconocimiento de su independencia y el título de regnum
(reino). Odón, a través del ejército vascón, punta de lanza del principado
vasco-aquitano, extendió su influencia hasta el Loira (718). Este principado,
en su máxima expansión se extendió a un lado y otro de los Pirineos, desde el
Loira (cerca de Bretaña) hasta el Ebro, al oeste hasta Cantabria y al este
hasta Girona, abarcando por tanto, gran parte del actual estado francés. La
corte es la residencia de un soberano y, por extensión, de su entorno: familia,
servidores, séquito. En la Edad Media se emplea el término latino curia para
designar la residencia del rey (curia regis) o del
papa (curia romana) y de sus colaboradores cercanos: traducido como
corte, concepto relacionado con el de castillo, designa el círculo de
familiares y vasallos[40] de cualquier tipo de señor local, en un contexto
de fragmentación del poder central en poderes locales prácticamente
independientes en los siglos X-XIII. La Estrella y la Media Luna
vasconas: la estrella de ocho puntas, así como la media luna invertida
representan dos de los símbolos vascones más antiguos que se han conservado
hasta la actualidad. Además de estar presentes en la heráldica familiar y de
localidades de todo el País Vasco como la Estrella Vascona del escudo de
Estella (Navarra) o de la Navarrería de Pamplona, también estuvo presente en el
escudo de Navarra en su forma inicial. Por otro lado, en los pueblos germanos
se distinguen tres grupos principales: 1) el de los germanos del norte,
que comprende las tribus asentadas en Escandinavia; 2) el de los germanos
del este (cercanos a los del norte), que emigran desde Escandinavia a
un área situada al este del Elba (vándalos, burgundios, godos, rugios, etc.);
3) el de los germanos del oeste, asentados junto al Rhin y el
Weser, en las orillas del mar del Norte y en las riberas del Elba. Plinio los
clasifica en tres grupos de culto (no étnicos): ingaevones (mar del Norte),
istaevones (Rhin) y herminones (en el interior), los cuales deben su origen
-mitológico- a los tres hijos de Mannus. Estos grupos se subdividen en
queruscos, ubios, bátavos, catos, francos (surgidos de la fusión de usípetos,
tencfrancos, sicambrios y bructeros), cauces, frisones, sajones, suevos,
semnones, hermundures, lombardos, marcómanos, cuados, etc. El actual escudo de
Navarra no es más que una evolución de este símbolo vascón. Desde épocas
prerromanas, la media luna y la estrella vasconas, conjuntamente, son
representadas, a menudo, en la forma indicada en la imagen, representando,
según se cree, la conjunción de la luna y el planeta Artizar (Artísar; Venus en
lengua vasca), con lo que el escudo de Navarra podría ser una evolución de la
representación del planeta
Venus. La
historia de esta primera cristalización política vasca, el Ducado de Vasconia,
abarca dos siglos (211 años) de historia nacional de lucha bifrontal contra dos
enemigos potentes y ambiciosos: el reino franco y el reino godo. Estos dos
siglos hay que distribuirlos en tres épocas muy bien definidas; una de 58 años,
como ducado dependiente de los francos, otra de 108 años de plena independencia
vasco-aquitana y una última de 45 años de lucha armada en pro de la
independencia. Tudela[41], la principal ciudad de la ribera navarra,
no formó parte de Navarra hasta 1119, una época en la que el reino navarro se
encontraba ya en clara decadencia. El apellido Navarro, por ejemplo, en sus
orígenes, fue un sobrenombre romance que hacía alusión a la condición
vascoparlante del que lo portaba. En el año 1587, setenta y cinco años después
de la conquista castellana, el español, lengua que sustituyó paulatinamente a
partir del siglo XIII a la lengua aragonesa hablada en la ribera navarra,
solamente abarcaba un tercio del territorio navarro. Todavía en el siglo XVIII
el euskara era la lengua coloquial en Pamplona, por lo que resulta lógico que
en la Edad Media lo navarro se asociara a lo vasco, dado que lo latino no formó
parte de lo navarro hasta que los navarros vascoparlantes extendieron la
reconquista hacia el sur. Primera etapa (602 al 660). Los duques de vasconia,
dominan una zona cercana al Garona, pero permanecen independientes los valles
montañosos y toda la tierra de cerros que se acerca al Adur. En este medio
siglo nace la vascona Santa Rictrudis que con el tiempo ha de ser llevada a los
altares de la Iglesia Católica Universal. En el Concilio de Toledo del año 633
no figura el obispo de Pamplona, lo cual indica que la ciudad la poseían de
nuevo los vascos. En 634 es acusado el obispo de Elusa de haber tomado parte en
la sublevación vascona. El considerar lo latino, también, como algo navarro, no
se daría hasta la dominación de Navarra por las dinastías francesas en el siglo
XIV, cuando la ribera navarra se convirtió, ya desde el siglo XIII, en el motor
económico del reino; lo que conllevó que la lengua mayoritaria de la zona, la
aragonesa (la segunda lengua era la vasca), alcanzara el rango de lengua
oficial en 1350, sustituyendo al latín en la redacción de los documentos de la
corte. Si bien fue corta esta oficialidad, dado que a finales del siglo XIV
principios del XV, el castellano, debido a la potencia política, económica y
por tanto cultural de Castilla, había consumado la absorción de la lengua
aragonesa y se comenzaron a redactar los documentos en castellano. Segunda
etapa (660-768). El Ducado de Vasconia, unido al de Aquitania, goza de plena
independencia. Esta unión vasco-aquitana se constituye en una potencia
militar y política importante en esta parte de Europa. El artífice
de este nuevo Estado ducal es el duque Félix (660-670). La actual situación
cultural navarra en la que el euskara es solamente hablado cotidianamente por
el 10% de la población y otro 10% lo entiende, es el resultado de la dominación
española de Navarra durante cinco siglos, que ha acarreado la progresiva
desaparición de la cultura y la identidad propia de los navarros. Los reyes de
Navarra establecieron en las proximidades del Camino de Santiago[42] a
habitantes del Mediodía de Francia -gascones y occitanos en general- para que
desarrollaran el comercio y las producciones nuevas. Esta nueva situación
acarreará que las zonas que serán pobladas por los nativos de habla vasca, en
los cascos antiguos de las principales localidades navarras de la época (Iruña
[Pamplona], Gares [Puente la Reina], Lizarra [Estella], etc.), comiencen a
recibir el nombre de Navarrería. Tercera etapa (768-823). Vasconia es escenario
de grandes acontecimientos entre los que descuella la famosa batalla de
Roncesvalles en 778, en la que es derrotado el gran ejército de Carlo Magno.
Sin embargo, hay un hecho que favorece a los vascones por Occidente y es el
estado de luchas interiores en que se halla el reino asturiano. En la Edad
Media, Pamplona, crecerá englobando a una basta población de orígenes
distintos. Esto dará paso a una separación consciente de sus habitantes, por
sus distintos orígenes y clases sociales, básicamente en tres barrios:
Navarrería (poblada por campesinos navarros y cuyo centro era la Catedral), San
Cernín (poblada por comerciantes de origen occitano que se desarrolla alrededor
de la iglesia de San Saturnino) y San Nicolás (donde hay una mezcla de ambos
siendo la iglesia de San Nicolás su centro neurálgico). Sus diferencias se
agudizaran de tal manera que se enfrentarán entre ellas, dando paso a una
fortificación interna de cada barrio (tres amurallamientos dentro de una ciudad
amurallada) con cada una de las iglesias realizando funciones de fortaleza. El
casco antiguo de Pamplona conjunto de los antiguos burgos (Navarrería, San
Cernín, San Nicolás) que se extienden desde la catedral a la Ciudadela, es el
centro de las actividades político-administrativas, religiosas y culturales.
Sancho VI el Sabio otorga a la Navarrería de Pamplona en 1189 el privilegio de
los burgueses[43] de San Saturnino: ...ut illam partem Pampilonensis
civitatis que Navarreria dicitur et depopulata erat ualde, facerent populari...
La diferencia entre nativos y occitanos, su separación establecida como medida
útil para mantener el orden, provocó, repetidas veces, luchas, verdaderas
guerras civiles, como la que sobrevino en Pamplona en 1276, después de muchos
años de turbulencia, debido a lo que los nativos consideraban excesivos
privilegios que poseía la población de origen extranjero. Además,
sobre el Ducado de Vasconia añadiremos lo siguiente. Todo el mediodía vascón
hierve de hechos guerreros: aceifas armadas de los musulmanes contra las fronteras
alavesas, rebelión de pamplona matando al jefe Mutarrif (798), derrota
musulmana de Arganzón (801) y conquista de Tudela por los vascones y los
banukasis. Hubo entre la Navarrería y los burgos occitanos de San Cernín y San
Nicolás algunos acuerdos, como el de 1212, aunque luego volvieran las luchas
llegando a la guerra descrita en occitano por un poeta de Toulouse, Guillermo
de Aneliers, de modo muy hostil a los navarros. Según éste, eran estos navarros
que desencadenaron la guerra de 1276 los habitantes de la vieja civitas
(ciudad), los miembros de la aristocracia rural indígena, con sus servidores y
algunos oficiales burgueses y menestrales, a los que se aliaron también los
judíos: Burgues é menestrals, sirventz et ynfançó En la Navarreria malvatz conseyll
fero Que talassen las vinnas, li arbre e l'plançó [ Burgueses y menestrales,
sirvientes e infantes en la Navarreria malvados consejos hicieron para que
talasen las viñas, los árboles y sus brotes ] Se echaron, pues, sobre el
burgo[44] de San Cernín, destrozando y matando a muchos occitanos. Pero
después llegó la revancha. Tropas enviadas de Francia entraron en la
Navarrería, traicionada, en parte, por los nobles y el clero navarros, y la
destruyeron, haciendo también gran matanza, sobre todo de judíos. Durante años
hubo que hacer cuentas respecto a los daños ocasionados en este momento al
sector eclesiástico, en la catedral, etc. Hablando del Ducado de Vasconia, los
vascones meridionales obran por su cuenta entretanto los ultrapirenaicos
colaboran en las empresas francas, como la toma de Barcelona (799). Entre 810 y
823 todo es lucha sin tregua contra francos y musulmanes. El 812 se
da el segundo Roncesvalles, pero sin resultados espectaculares debido a las
grandes precauciones tomadas por los francos en su retirada. Con la muerte de
Carlo Magno en 714 se producen disturbios en Vasconia. Esta Edad Media, es el
asentamiento apropiado del feudalismo[45]. El nuevo emperador Ludovico Pío
invade Vasconia. El 815 el emperador destituye al duque bordelés Suiguin,
produciéndose una nueva sublevación. Puede pensarse que la raíz más fuerte de
las guerras civiles posteriores entre Beamonteses y Agramonteses, que terminan
con la incorporación de la corona navarra a Castilla, se halla ya en esta
guerra, en gran parte, de tipo étnico. La casa navarra de Beaumont se
inicia en el siglo XIV con el infante Luis de Navarra Evreux, hermano del rey de
Carlos II, hijos ambos de los reyes Juana II de Navarra y Felipe III de
Evreux.
Fue el tercer varón de siete hijos habidos en el matrimonio. Nació en 1341 y
murió en Apulia (Albania) en 1376, siendo enterrado en la Carjuja de San Martino en Nápoles. Su nieto Luis II de Beaumont, tercer
conde de Beaumont, se verá otorgado en 1424 el condado de Lerín al casar con Juana, hija
natural del rey Carlos III el Noble. La Casa de Beaumont atraerá a su campo
numerosos nobles navarros en la causa por la defensa de la legitimidad del
príncipe de Viana en el siglo XV. Serán conocidos como los beamonteses por
el apellido de esta familia. Desde 1277 a 1323 la Navarreria continuó
destruida, los reyes prohibieron reedificarla en cuarenta y ocho años. Lo que
denota una postura de los reyes de Navarra, de origen francés, a favor de los
occitanos que debió soliviantar a la población nativa. Vinieron después tiempos
en que se intentó barrer las divisiones antiguas y Carlos III, en 1423, mandó
derribar las murallas que había entre barrio y barrio. En todas las ocasiones
los vascones parecen constituir la principal fuerza de choque del ejército
vasco-aquitano. Su capacidad militar residía en el uso de una caballería capaz
de actuar con rápidos movimientos envolventes, lo que les concedía una neta
superioridad sobre la infantería merovingia. Los cronicones francos nos hablan
de gran número de guarniciones y fortificaciones vasconas a lo largo del Loira
y del norte de Francia, que defendían los territorios vasco-aquitanos de las
incursiones francas. Sin embargo, se dibujaba ya otra amenaza. La península
ibérica estaba en sus tres cuartos conquistada por hordas árabes que se
preparaban a pasar los Pirineos[46]. En 717, Pelayo será elegido rey
de los astures. Hijo de Fáfila, dignatario del rey visigodo Egica, es elegido
por los nobles. Establece su Corte en Cangas de Onís e inicia la resistencia
contra los musulmanes. Aparece en escena un legendario Garzi-Eneco entre 816 y
819 como jefe o duque de los rebeldes. En 824 se da la tercera
batalla de Roncesvalles en que caen prisioneros los condes Eblo y Aznar. Es el
acto que provoca el nacimiento del Reino de Pamplona. Vascones y Banu Kasis de
Tudela se encuentran unidos en esta batalla. Al primero lo envían los Banu
Kasis a Córdoba y al segundo lo retienen los vascos como connacional y
pariente. En 832 el conde de Vasconia (segregado del Ducado) Aznar Sancho lucha
contra el emir. Ha tomado el partido de Carlos el Calvo contra su hermano
Pipino. Es entonces cuando conquista Jaca a los musulmanes uniéndola al condado
vascón. En 720, franquearon el Pertús y atacaron Toulouse. Odón,
luchando por salvar la independencia de sus dominios, hizo que su hija
contrajese matrimonio con Uthman ibn Naissa, gobernador del norte de España. Al
mismo tiempo, Abd-el-Ramán, quitándose de en medio a este último, pasó el
puerto de Roncesvalles para invadir el norte de Vasconia. La masacre fue
terrible. Es así como la villa de Auch fue saqueada y la de Elusa, capital de
Vasconia, destruida de nuevo. Los árabes marcharon a continuación hacia Tours,
capital del ducado vasco-aquitano. En 732, Carlos Martel, venido al socorro de
Odón, les detuvo en Poitiers y les obligó a volver hacia los puertos
pirenaicos. Su intervención le valió el homenaje del duque
vasco-aquitano. En cuanto al Ducado de Vasconia, en 836 su
hermano Sancho Sanción se apodera del Condado de Vasconia contra la voluntad de
Pipino de Aquitania. Entre 848 y 852 guerrea contra Carlos el Calvo. Entre
tanto sucedían estos acontecimientos, el Ducado lo habían gobernado dos duques,
Suguien y Guillermo. El duque Suguien o Simen se había instalado como conde de
Burdeos en 839 bajo Ludovico Pío. En 844 lo matan los normandos. En 848 los
normandos, que han invadido Burdeos, toman prisionero al nuevo duque Guillermo.
En 852 Carlos el Calvo le desposee del ducado vascón y nombra duque a Sancho-Sanción.
En 853 Muza, de Tudela, pariente del rey vasco de Pamplona, invade las tierras
ducales y hace prisioneros al duque y a su yerno. La llegada del
Islam a Europa coincidirá con la gestación en la antigua Galia de dos nuevas
dinastías que se enfrentarán por la supremacía política. La de Aquitania y
Vasconia con Odón, Hunaldo I, Wafarius y Hunaldo II y la dinastía carolingia de
Carlos Martel, Pipino el Breve y Carlomagno. Iba a ser el hijo de Carlos
Martel, Pipino el Breve, quien en una sistemática campaña que duró nueve largos
años (760 - 768) doblegaría a los vasco-aquitanos. Durante estos decenios de
enfrentamiento entre francos y vasco-aquitanos, los vascos jugaron un papel
preponderante como aliados de los aquitanos romani, aunque sus decisiones no fueron
siempre coincidentes en el caso de que las políticas aquitanas fueran en contra
de los intereses vascones. Son tiempos feudalismo y repoblación[47]. Al poco de
la victoria de Pipino, hijo de Carlos Martel, Aquitania se sublevará de nuevo
con Hunaldo II (769). Perseguido por el ejército de Carlomagno, el rebelde
aquitano buscará refugio entre los vascones. Al igual que su padre Pipino,
Carlomagno no osará cruzar el Garona y, mientras levantaba la fortaleza de
Franciacum al norte de este curso fluvial, exigirá a los vascones la devolución
de los rebeldes. Los vascones, a cuya cabeza vemos de nuevo a un Lupo
calificado en las fuentes escritas como Wasconum dux e, incluso princeps
Wasconum, entregaron a Carlomagno a Hunaldo y su familia, tras lo cual el monarca
carolingio retornará a Francia. En el Ducado de Vasconia, en 855 es nombrado
duque de Vasconia Arnaldo a la muerte de Sancho-Sanción. En 864 muere Arnaldo
después de haber rechazado una invasión normanda. En adelante el Ducado de
Vasconia, comprendido entre el Adur y el Garona va a convertirse en Ducados de
Gascuña desgajándose cada vez más de la historia de Euskalerria a medida que el
euskera va perdiéndose en sus montañas y el romance le invade y
desnaturaliza. Del 769 al 781, rota la alianza con los aquitanos
romani, los vascones, de nuevo independientes del gobierno franco y bajo la
dirección del duque Lupo, reorganizarán sus tropas para garantizar la defensa
de los territorios vascones. Los dominios vascones en aquella época se
extendían al norte hasta el río Garona; al sur, hasta el norte de la Navarra
peninsular (el sur navarro estaba bajo dominio árabe); al sureste, hasta el
valle de Arán; mientras que en el suroeste los asturianos, herederos del reino
visigótico, habían conseguido conquistar a los vascones las Encartaciones de
Vizcaya hasta el río Nervión y el extremo noroeste de Álava, estando la mitad
sur de la actual Euskadi, la mayor parte de Álava, bajo dominio árabe. La nueva
amenaza para Vasconia, sin embargo, no azotaría esta vez el norte o el suroeste
del ducado, sino que arrasaría el sureste. En el año 778 el ejército franco de
Carlomagno, al mando del gran paladín Roland, no puede conquistar la ciudad de
Zaragoza ocupado por los árabes, y a la vuelta arrasa Pamplona. El día 15 de
Agosto de 778, cuando las tropas francas se disponían a cruzar los Pirineos
para retornar a Francia; las huestes vasconas organizadas para vengar la
destrucción de Pamplona, estaban esperando en el paso de Orreaga (Roncesvalles,
Navarra) para llevar a cabo una emboscada. Mediante su caballería y las rocas
lanzadas desde los montes circundantes, hacia el sendero en el que se
encontraba el ejército franco, acabaron con él. La muerte de Roland en esta
batalla, así como la derrota del ejército imperial carolingio (el ejército más
poderoso de Europa en aquella época) a manos del ejército vascón, inspiró en el
año 1090 "La Chanson de Roland" (la canción de Roldán[48]), obra
cumbre de la literatura épica
francesa. La
derrota de Roncesvalles debió convencer a Carlomagno de la necesidad de buscar
para Aquitania y Vasconia una articulación política que reconociera, una vez
más, su fuerte particularismo. Y recuperando una vieja tradición, viva entre
los francos desde época merovingia, creaba un reino para su hijo Luis (Ludovico
Pío), nombrado rey en Roma en el 781 con sólo tres años y presentado ante la
asamblea de Padeborn, en 785, vestido a la manera vasca. Mucho había crecido el
prestigio de los vascos, vencedores de Roncesvalles siete años antes, cuando el
primogénito de la monarquía carolingia era presentado así ante la Corte. Sin
duda quería halagar a los más belicosos de sus súbditos y preparar al mismo
tiempo la entrada de Luis en su nuevo reino. Este Reino de Aquitania,
enteramente sometido a la autoridad de Carlomagno, iba del Loira al Languedoc y
tenía dos capitales: Burdeos y Toulouse. Quería englobar por tanto el Ducado de
Vasconia que desde la entrega por parte del duque vascón Lupo, del aquitano
Hunaldo II y su familia a Carlomagno, había permanecido independiente del poder
franco. Quedaba, por tanto, un bastión difícil a traer al orden, los Pirineos,
para lo que debió enviar a su ejército. Como consecuencia de revueltas
incesantes de los vascones, Carlomagno se alió al rey de Asturias, con la
esperanza de dominar a los vascones, pero el rey de Asturias tenía otros
asuntos más urgentes y amenazantes, los musulmanes establecidos al sur.
Carlomagno había delegado a los condes el cuidado de la administración de
Vasconia, como a Adalric, en el Fezensac. A pesar de los esfuerzos de la
iglesia que predicaba la integración en el Reino Franco, la revuelta era
permanente en Vasconia. Mientras tanto Aquitania estaba integrada dentro del
Reino Franco y Cataluña y el Languedoc[49] participaban activamente en los
esfuerzos de reconquista de las tierras del sur, sometidas al emir de Córdoba.
En el año 800, cuando Carlomagno venía justamente de ser coronado emperador,
los vascones se sublevaron una vez más, Sancho apareció entonces, enviado por
Carlomagno y el Rey de Aquitania, era el hijo de Lupo, duque de los vascones
fallecido desde hacía treinta años. En el año 824, Íñigo Arista aprovechándose
de la falta de control de los francos de la zona de Pamplona y en colaboración
con los vascones islamizados de la ribera del Ebro, toma el control de la
ciudad, fundando el Señorío de Pamplona que, posteriormente, se convertirá en
reino y acabará englobando en el siglo XI a los vascos de ambos lados de los
Pirineos. A partir del siglo IX, por tanto, Euskal Herria (Vasconia) se
dividirá en dos entidades políticas diferentes: la continental o Vasconia del
Norte (que será conocida en el futuro con el nombre de Gascuña), y la Vasconia
del Sur o peninsular, representada por Pamplona. En lo que era la antigua
Novempopulania, los vascones norteños estaban reagrupados entorno de Sancho,
después entorno de su hijo mayor, Aznar. Cuando este murió, asesinado por el
rey de Aquitania Pipino I, es su hermano Sancho Menditarra (montañés) quien
tomó el gobierno de la Vasconia del Norte, en 836. Sancho Menditarra había
pasado su juventud combatiendo junto con los pamploneses al emir de Córdoba en
la Vasconia meridional al lado de su padre. Sus cualidades militares, pero
también políticas, le hicieron salir triunfador de las luchas con Pipino I que
le había declarado la guerra. Las tropas de Pipino I habían sido rechazadas a
la margen derecha del río Garona, en la época en la que murió Pipino I (838).
68 años después del abuso de autoridad de Carlomagno, la Vasconia del Norte
había recuperado sus antiguas fronteras continentales. El rey franco Luis el
Piadoso, teniendo que hacer frente a numerosas dificultades, reconoció a Sancho
Menditarra el gobierno de la Vasconia del Norte. A la muerte de Luis, el
imperio fue dividido entre sus tres hijos, de los cuales Carlos el Calvo, que
recibió la parte occidental y principalmente el Reino de Aquitania. Pipino II,
en principio, despojado de su trono de Aquitania, emprendió la reconquista, que
llevó a buen puerto gracias a las dificultades que padecía Carlos (las
rencillas con sus hermanos y las primeras incursiones normandas). Pipino II se
preparaba entonces a penetrar en las tierras de los vascones norteños, en el
año 852. Mal le fue pues fue capturado por Sancho Menditarra, quien le entregó
a Carlos el Calvo. Es en esta época que apareció en los textos de una forma
oficial el Ducado de Vasconia (852), del cual Sancho Menditarra fue, según
estos textos, el primer duque. A partir de 840, los normandos llegaron a las
costas atlánticas. Sobre sus embarcaciones, subían cada año los ríos para
saquear el país (Toulouse fue saqueado y quemado en 844). Saquearon todo
particularmente las iglesias y monasterios y exigieron pesados impuestos a la
población. Condom, Eauze y Lectoure fueron entre sus primeras víctimas las más
afectadas. Es en este momento (entorno al año 854) que la Iglesia trasladará su
sede de Elusa, la capital de la Vasconia del Norte, a Auch, menos expuesta, ya
que estaba construida sobre un poblado fortificado muy abrupto, y del cual
Sancho Menditarra había hecho su residencia ordinaria, cuando no combatía en el
otro lado de los Pirineos, a su enemigo de siempre, el emir de Córdoba, y sus
aliados. Sancho Menditarra falleció en 864. La Vasconia del Norte se había
convertido para el imperio en una muralla contra los reinos árabes de la
península ibérica. El Duque Arnaldo, sobrino de Sancho Menditarra, tomó
entonces el poder, porque el hijo de Sancho Menditarra era todavía demasiado
joven. La Vasconia del Norte conoció un estado cercano a la anarquía, sobre
todo, bajo el ataque de las invasiones normandas que habían recomenzado. La
mayoría de los obispados y los monasterios estaban desiertos, los habitantes de
las ciudades y los pueblos huían al campo. Los jefes locales aseguraban bien
que mal una apariencia de orden y protección. El sistema feudal o
feudalismo[50], con sus señores y sus castillos fortificados, está instaurándose.
De acuerdo a las tradiciones vasconas, el poder regresó entonces al hijo de
Sancho Menditarra, llamado Menditarra Sancho, que era del mismo temple guerrero
que su padre. Él consiguió mantener los normandos en la costa, en la embocadura
del Adour, durante todo el tiempo de su gobierno (871-886). Su hijo, García
Sancho el Encorvado, le sucederá de 886 a 920. A su desaparición, la Vasconia
del Norte se había engrandecido por matrimonio con el condado de Agen.
Desgraciadamente, García Sancho el Encorvado, antes de su muerte, decidió
dividir sus tierras entre sus tres hijos. El mayor, Sancho García, recibió la
mayor parte del principado (toda la parte occidental, de Béarn a la Lomagne),
que se convirtió en la Vasconia Major (Gran Vasconia). El segundo, Guillermo
García, recibe la parte central, con el Fezensac, entre Eauze y Auch, y por
último, Arnaldo García, el Astarac, entre Fezensac y Bigorra. Esta división
desafortunada condujo poco a poco a una fragmentación de la Vasconia del Norte,
y la filiación principesca rota llevó a un sistema de autoridad importado del
modelo franco, que nos habla de feudos[51]es decir, las relaciones de
vasallaje, la feudalidad, hasta entonces desconocidas en Vasconia. Sancho
García tuvo cuatro hijos: García Sancho, Sancho Sancho, Guillermo Sancho y
Gombaud y será García Sancho quien le sucederá, pero falleció sin descendencia
y es entonces al tercer hijo, Guillermo Sancho, a quien correspondió el
Principado. Guillermo Sancho partió a combatir en Navarra y delegó su poder a su
hermano Gombaud. En el siglo X los piratas[52] escogieron el norte de
Francia, de más fácil acceso, para entregarse a sus razzias devastadoras.
Guillermo Sancho volvió cuando los normandos se mostraron de nuevo
amenazadores. Decidió entonces desembarazarse de una vez por todas de estos
peligrosos vecinos y los combatió en Taller, cerca de Castets, a una veintena
de kilómetros al norte de Dax, en 982. Los normandos levantaron sus campamentos
y no regresaron más a Vasconia. El condado de Armagnac, formado en 965,
correspondió a Bernardo a la muerte de Guillermo García. En cuanto a Pardiac,
se convirtió en la herencia de otro Bernardo, hijo de Arnaldo García, tras la
muerte de este último. También vieron el día el condado de Gaure y el
vizcondado de Lomagne. El Ducado de la Vasconia del Norte o Gascuña, se había
convertido ya en condado. La atomización del territorio gascón continuó con las
generaciones, y llegó a tal punto que el último conde ya no poseía ningún
poder. Bajo la doble égida del poder eclesiástico y feudal, Gascuña prosiguió
no obstante su organización. Cuatro obispados fueron constituidos y, en la
víspera del año 1000, hubo más de cuatrocientas iglesias construidas. Para el
año 1023 Gascuña se encuentra ya bajo la órbita del Reino de Pamplona-Nájera,
después del apoyo dado al conde de Gascuña en su lucha contra el Condado de
Toulouse. Este apoyo le proporcionó al rey de Pamplona-Nájera, Sancho el Mayor,
la potestad de organizar parte de sus tierras. De esta organización surgirá el
vizcondado de Labort. Sancho Guillermo, hijo del vencedor de los normandos,
Guillermo Sancho, falleció sin sucesor en 1032, con lo que el gobierno de
Gascuña pasa a manos de su sobrino, Sancho el Mayor de Navarra. Al fallecer
este, y debido a las disputas por el poder entre sus hijos, el Reino de
Pamplona-Nájera se debilitará y perderá el control de Gascuña. El matrimonio de
la hermana de Sancho Guillermo, Briska, con Guillermo V, conde de Poitiers y
duque de Aquitania, fue el origen de un conflicto de sucesión que durará hasta
1052. Uno de los principales pretendientes, Bernardo I Tumapaler, conde de
Armagnac, se dejó entonces arrebatar su herencia por el hijo pequeño de
Guillermo, Guido Gofredo, duque de Aquitania a partir de 1058. Los duques del
Poitou gobernaron Gascuña durante casi un siglo, bajo el sistema
feudal[53] y esforzándose en reducir sus vasallos a la obediencia. Con
ocasión de las cruzadas, numerosos nobles gascones intervinieron en Palestina,
sobre todo con el tercer ejército del conde de Toulouse. Entre los primeros
cruzados que se cubrieron de gloria figuran, al lado del ilustre Gastón IV de
Béarn, Raimundo de l'Isle-Jourdain y Astanobe, conde de Fezensac. Gran parte de
los diferentes condados y vizcondados de Gascuña, se diluyeron en el Ducado de
Aquitania (el resto siguió unido o en la órbita de Navarra), posteriormente, en
el año 1154, este ducado pasó a formar parte de la corona inglesa, fruto del
matrimonio entre Enrique Plantagenet de Inglaterra y Leonor de Aquitania. En
1453, Aquitania se incorporó definitivamente a Francia. En lo que respecta a
los territorios gascones de Navarra, este reino, conservó por ejemplo el Béarn
hasta su desaparición como reino en el siglo XVII, cuando por un edicto de
unión en 1620, Luis XIII, rey de Navarra y de Francia, une Navarra a
la corona
francesa.
[1] FELONÍA:
En el régimen feudal, un vasallo que
violase los empeños que hubiese contraído hacia el señor cuyo feudo tuviese,
se haría culpable de felonía. De aquí proceden aquellas palabras que vemos
tan frecuentemente en los autores antiguos: vasallo felón, caballero
felón. En su acepción primitiva, la palabra felonía expresa, pues,
relaciones de jerarquía que ya no subsisten hoy. Esta palabra es poco usada,
sin embargo, todavía nos servimos de ella y es casi sinónima de traición. En la saga
de literatura fantástica "Crónica del Asesino de Reyes", la felonía
es un grave delito consistente en emplear la magia (o simpatía, como se la
llama en esta historia) de manera perjudicial y deliberada contra otro ser
humano.
[2] ARISTOCRACIA: Del griego,
dominio de los mejores. En sus orígenes se usó como denominación equivalente a
“timocracia”, régimen ateniense en el que gobernaban los más ricos y poderosos.
Posteriormente es un término genérico (al igual que optimates en
la Roma antigua), que designa las capas más altas de cualquier sociedad (por su
riqueza, poder, prestigio, etc.), si bien se usa especialmente para la Edad
Media y la Moderna. A diferencia de nobleza, aristocracia nos indica una
categoría jurídica. Un aristócrata puede gozar de privilegios, pero esos
privilegios sólo están definidos jurídicamente en el caso de que a su vez sea
noble. El concepto de “aristocracia obrera”, acuñado por E. Hobsbawn, tiene un
sentido similar, aplicado a un ámbito social específico, la clase obrera. El
término también se usa, en conexión con su etimología, para calificar por su
mérito en distintas actividades a determinados colectivos: aristocracia de las
artes, de las armas, etc.
[3] LA
PRIMITIVA RELIGIÓN VASCA: Para los
antiguos vascos el significado de la muerte no era tan lúgubre como puede
resultar viéndolo desde la perspectiva occidental actual. Al fallecer una
persona simplemente pasaba a formar parte de un estado existencial diferente.
Se decía en aquellos tiempos que, Eguna egunekoentzat (egúna
egúnekoentsát; el día para los del día [los vivos]) eta gaua
gauekoentzat (éta gáu-á gau-ékoentsát; y la noche para los de la noche
[los espíritus])". El espíritu Gaueko (gáu-ekó;
"[espíritu guardián] de la noche") era el encargado de velar por esta
norma aceptada por los antiguos vascos, ya que, si algún vasco merodeaba por la
noche, era arrebatado de los vivos por este espíritu y pasaba a formar parte
del mundo de los de la noche (los espíritus). La religión
vasca poseía unas normas de conducta sobre lo que es el bien y el mal, que
debían ser cumplidas estrictamente por los vascos. Mari condena
la mentira, el robo, el orgullo y la jactancia, el incumplimiento de la palabra
dada y el faltar al respeto debido a las personas y a la ayuda mutua, así como
acceder a las moradas de Mari sin permiso de ella. Los
delincuentes son castigados por Mari con la privación o
pérdida de lo que ha sido objeto de la mentira, del robo, del orgullo, etc.
[4]
DUERO:
Río de la península Ibérica. Desde su nacimiento, en la vertiente meridional de
los picos de Urbión, hasta su desembocaduraen el océano Atlántico por Oporto
(Portugal), el río Duero recorre 913 km por la submeseta N de la península. Su
cuenca de 98.160 km2, es la mayor de la península Ibérica. En su
curso alto el Duero atraviesa la penillanura soriana y recibe las aguas del
Tera, antes de atravesar Soria. El curso medio del Duero recibe las aguas de
los ríos procedentes de la cordillera Cantábrica por la derecha y, por la
izquierda, las que descienden desde lacordillera Central. Aproximándose a la frontera portuguesa afluyen a él por su
orilla izquierda el Tormes, Huebra, Coa, Tavora y Paiva; por su derecha, ya en
Portugal, el Sabor, Tua, Corge y Támega.
[5]
AL-ANDALUS:
Parte de España bajo dominio musulmán a
partir del año 711. Tras la Reconquista, este término se aplicaba solamente a
Andalucía.
[6] MOZÁRABES:
Es el
nombre habitual con el que los historiadores conocen a la población cristiana, de
origen hispanovisigodo, que vivía
en el territorio de al-Ándalus. Durante el
primer siglo desde la islamización de la península, suponían
entre el 90 y el 95 % del total de los habitantes de la zona, para
reducirse al 50 % aproximadamente a lo largo del siglo XI como
consecuencia de su paulatina conversión al islam. Ello da
una imagen de su importancia demográfica. Sufrieron intermitentes persecuciones
a lo largo de la historia. La de los Mártires de Córdoba (850-859) puede considerarse la primera de las
grandes persecuciones. La masiva deportación de 1126 al norte de África supuso la desaparición de todos los cristianos
de las zonas urbanas del territorio musulmán. Por otro lado, también se dice
mozárabe de un conjunto de dialectos románicos hablados por la población de la
península Ibérica bajo dominio musulmán. Y, asimismo, se llama así
al rito litúrgico de los mozárabes, que se creó en el siglo V y alcanzó
su organización definitiva en el siglo VII; fue abolido en el siglo XI y
restaurado, en algunas partes, en el siglo XVI. Por último, mozárabe
es el estilo artístico desarrollado por las comunidades cristianas sometidas a
la dominación musulmana tras la conquista de la península Ibérica, que se
extendió también por los territorios liberados del norte.
[7]
BATALLA
DE LAS NAVAS DE TOLOSA: Batalla que tuvo lugar el 16 de
julio de 1212 en el altiplanode las
Navas de Tolosa (La Carolina, provincia de Jaén) entre las huestes del califa
almohade Muhammad al-Nasir, que resultó derrotado, y una coalición de reyes
(Alfonso VIII de Castilla, Pedro I de Cataluña y Aragón, Sancho VII de
Navarra), caballeros hispano-cristianos
y cruzados. Tras la batalla, las fuerzas de Pedro I ocuparon Úbeda, lo que les
reportó un gran prestigio.
[8]
REINO
DE PAMPLONA: Entidad política creada en el Pirineo occidental en torno a la ciudad de Pamplona en los primeros siglos de la Reconquista. Su nombre se menciona en los Annales regni Francorum. La expresión se
siguió utilizando hasta que Sancho VI de Navarra cambió su
título de Pampilonensium rex (en español, rey de los
pamploneses) por el de Navarrae rex (en español, rey de
Navarra). Historiográficamente también se emplean las expresiones condado de
Pamplona (durante la época de los reyes navarro-aragoneses) y reino de Nájera o reino de Pamplona-Nájera (a
partir de 925, tras la conquista de Nájera, la consolidación del reino de Nájera y el reinado de García Sánchez I de Pamplona).
[9] MARCA
HISPÁNICA: Nombre tradicional y genérico de los
territorios fronterizos de la península Ibérica tributarios de los
francos durante el reinado de Carlomagno. Durante mucho tiempo se creyó
erróneamente que la denominación se debía a una supuesta unidad jurídico-administrativa
formada por la Septimania y los condados catalanes y gobernada por un marqués.
Los condes catalanes se independizaron en 895.
[10] CONDADO
DE SOBRARBE: Era uno de los antiguos condados
pirenaicos surgidos en la Edad Media, con la Reconquista. Se formó en torno a
la parte alta del valle del Cinca y se extendió hasta el siglo XI, cuando se
unió definitivamente al reino de Aragón. Sus límites se corresponden
con la actual comarca del Sobrarbe. El estudio de este condado es muy complejo,
dado el escaso número de noticias que se han transmitido sobre su historia.
[11] BANU-QASI:
El clan del tercer reino hispano, fue
una importante familia muladí cuyos dominios se situaron en el valle medio del Ebro entre los siglos VIII y X, durante la pertenencia de esta región a
la Hispania musulmana. Descendían del conde Casio, un noble visigodo que gobernaba la región del
norte de España comprendida aproximadamente entre Tudela, Tarazona, Ejea de los Caballeros y Nájera. El personaje que da origen al linaje se ha creído ver en un conde
hispanogodo llamado Casio, que al producirse la conquista musulmana del reino visigodo, se convirtió
al Islam y se hizo vasallo de los Omeyas a cambio de poder conservar sus
dominios (hacia el año 713). De ahí el nombre de la familia, Banu Qasi: ‘hijos
de Casio’.
[12] BANU-QASI:
Familia
muladí, descendiente de la nobleza visigoda, que gobernó la marca superior
de al-Ándalus. Uno de sus miembros, Musa, adoptó una posición de práctica
independencia respecto al emirato cordobés, autoproclamándose “tercer rey de
España” (junto al emir y al rey de león). Derrotado por los leoneses
en la batalla de Clavijo (859), quedó tan debilitado que fue depuesto por el
emir Muhamad I.
[15] VARDULIA:
Región marítima de Euskal Herria desde el Jaizkibel,
ocupada por vascones, hasta los límites orientales de Cantabria. Los várdulos o bardietas, tomados
genéricamente, comprenden las actuales provincias de Vizcaya, Guipúzcoa y Alava
más la histórica región de Bureba. En sentido estricto son más o menos los
guipuzcoanos de hoy, más un alargamiento por Alava. El nombre castizo de la
tribu es vardi o bardi, de donde
derivan varduli y vardieta.
[16] AL-ANDALUS: Término de
origen desconocido, correspondiente al territorio de las diferentes entidades
políticas hispano-musulmanas medievales (siglos VIII-XV). Tuvo su núcleo en
Andalucía, Castilla-La Mancha hasta Toledo, Levante y el valle del Ebro, aunque
en sus inicios se extendió hasta el valle del Duero y el sur de Francia.
Formado después de la invasión árabe, padeció una gran inestabilidad a lo largo
de su historia a causa de una heterogeneidad que no logró integrar. Su sociedad
conoció tensiones por motivos económicos, con una aristocracia árabe
hegemónica, a la que se unió parte de la antigua visigoda, por debajo de la
cual aparecían clases medias y bajas; religiosos -musulmanes, judíos y
cristianos-; y étnicos -árabes, beréberes-. Ya en el siglo VIII proliferan las
disputas por el reparto del botín dentro del contingente árabe y entre éstos y
los beréberes. En el IX, momento en que con la consolidación del emirato de
Córdoba se avanzó hacia la conformación de un Estado centralizado, los
conflictos enfrentaron a conquistadores y conquistados -muladíes y mozárabes-.
Paralelamente, al-Ándalus conoció un florecimiento económico, basado en la
agricultura intensiva de regadío y en la expansión comercial ligada al comercio
mediterráneo y al oro centroafricano o sudanés. Estos factores permitieron el
fortalecimiento estatal que culminó en el siglo X, con el esplendor del
califato de Córdoba. Sin embargo, éste no logró solventar la inestabilidad
estructural y acabó disgregado en los reinos de Taifas en el siglo XI. A partir
de ese momento comenzó el retroceso territorial de Al-Ándalus ante el avance de
los reinos hispano-cristianos y su sumisión política ante aquéllos o ante
Estados norteafricanos, como los formados por almorávides y almohades. Tras la
derrota de estos últimos en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) el reino
nazarí quedó como único Estado musulmán superviviente que prolongó su
existencia hasta la toma de Granada por los Reyes Católicos (1492). La sociedad
andalusí adoptó caracteres de la árabe y la beréber; no obstante, la
urbanización y la fuerte presencia del elemento peninsular -primero mozárabe y
luego muladí- le otorgaron una impronta específica dentro del mundo islámico.
[17] ALMANZOR
(940-1002). Abú Amir Muhammad, apelado al-Mansur (‘el
victorioso’). Dirigente del califato de Córdoba entre el 981 y el
1002. Procedente de una familia noble de origen yemení, estudió letras,
teología y jurisprudencia. Su ascenso en la burocracia califal le llevó a
ocupar cargos de cadí, inspector de finanzas y, finalmente, administrador de la
sultana y del príncipe heredero. Con el respaldo de aquélla, después de la
muerte de Alhaquén II (976), forzó la sucesión de su hijo Hisham II, cuya
minoría de edad le permitió ejercer como gobernante de hecho. Nombrado hachib,
poco después el nuevo califa le transfirió todos sus poderes. Comenzó con ello
la dictadura amirí (981-1011), régimen al que Almanzor procuró
rodear de una legitimidad religiosa. A tal efecto, amplió la mezquita de
Córdoba, potenció el malikismo y, sobre todo, intensificó las
aceifas contra los cristianos. Tras engrosar sus ejércitos con mercenarios
beréberes, proclamó la guerra santa contra los infieles. En los años siguientes
saqueó Barcelona (985), León (986) y Santiago de Compostela (997). Derrotado en
la batalla de Calatañazor (Soria) y muerto en Medinaceli (1002), le sucedieron
sus hijos al-Muzzafar (1002-1008) y Abderramán ‘Sanchuelo’ (1008-1009). A la
muerte de este último estallaron numerosos conflictos que
desembocaron en la desaparición del califato de Córdoba, cuya fuerza había
residido en un frágil equilibrio entre la nobleza hispanomusulmana, el ejército
y la burocracia, que Almanzor rompió con su dictadura a favor de esta última.
[18] HACHIB: Especie de
primer ministro de los monarcas de al-Ándalus. Elegido entre quienes ocupaban
el cargo de visir, reunía prestigio y una dotación económica que hacía el cargo
muy apetecible y objeto de numerosas intrigas. Durante los reinados de monarcas
débiles el hachib llegó a suplantarlos, como fue el caso de Almanzor.
[19]
ACEIFA:
Expediciones
anuales de los musulmanes contra los reinos cristianos. Realizadas durante el
emirato y califato, casi siempre en verano, buscaron contener la expansión de
aquéllos más que anexionarlos; también se pretendió con ellas la captura de
botines, aumentar el prestigio de los gobernantes y canalizar hacia el exterior
disensiones internas.
[20] LA
RIOJA: Su historia vino marcada por ser punto de confluencia
de castellanos, navarros, vascos y aragoneses. Habitada por los
celtíberos, conoció una notable romanización, recibiendo también la
influencia musulmana, con el dominio de la dinastía muladí de los Banu Qasi y
su conversión en zona de penetración de las aceifas. Reconquistada por el reino
de Navarra, pasó definitivamente a Castilla en el siglo XI, época en que
desarrolló una economía ganadera y comercial asociada al camino de Santiago y a
importantes monasterios. A finales del siglo XIX experimentó transformaciones
con la introducción de la moderna viticultura y de una agricultura
comercializada, base de su prosperidad actual. Se convirtió en comunidad
autónoma uniprovincial en 1982.
[21] Río
IREGUA: Es un corto río del
norte de España, un
afluente del río Ebro. Desde su nacimiento en la Sierra de Cebollera (Hoyos de Iregua) hasta su desembocadura, cruza
de sur a norte la comunidad de La Rioja. Atraviesa, en este orden, las localidades de Villoslada de Cameros, Villanueva de Cameros, Pradillo, Torrecilla en Cameros, Viguera, Nalda, Albelda de Iregua, Alberite, y Villamediana de Iregua, hasta desembocar en Logroño. Su nombre procede del euskera "erroka", variante de erreka que se traduce como barranco o
riachuelo. Aparece en la documentación con las siguientes denominaciones:
“Erroca” en el año 931, Eiroka en 924, Irriguam hacia los años 917-925, rivo de
Iroga 1040, Iruega / Iroga 1044, Iroga 1054, Erueka 1063, Eiroca hacia
1094-1108, Iroga hacia 1100, riuus de Eroga 1135, Hiroga 1165, Eyrocam 1167,
Iroca 1185, Iruega 1187, Iregua 1187, in Riuo Iroce 1200, etc.
[22] SANCHO
III EL MAYOR (992?-1035). Rey de
Navarra desde el 1005. Dominó a los demás reinos hispano-cristianos,
con cuyos gobernantes le unían lazos familiares. Se anexionó los condados de
Castilla y Sobrarbe y Ribagorza, y colocó en posición de vasallaje al condado
de Barcelona y al reino de León, lo que -parece- le permitió usar el título
imperrial. El recurso al vasallaje, tanto en sus relaciones con otros reinos como
en las mantenidas con sus nobles, prefiguró la expansión del feudalismo.
Asimismo, impulsó la propagación de monasterios de una Iglesia que legitimó su
poder y le otorgó por primera vez en una monarquía hispana la denominación
de rex gratia Dei. A su muerte dividió sus dominios (Navasrra,
Sobrarbe y Ribagorza, Aragón y Castilla) entre sus cuatro hijos, con
lo que mostró una concepción patrimonial de la monarquía.
[23] BURGOS
DE PAMPLONA: Eran las tres poblaciones que
conformaban la ciudad de Pamplona en la Edad Media. Estos tres burgos eran la
Ciudad de la Navarrería, el Burgo de San Cernin y la Población de San Nicolás.
En 1423 Carlos III de Navarra dictó el Privilegio de
la Unión que
unió a los tres burgos formando la ciudad de Pamplona. Pamplona en la Edad
Media no era una ciudad estructuralmente homogénea, sino que estaba conformada
por pobladores de orígenes variopintos y diversos, fundamentalmente de origen
franco por un lado, y naturales por otro. Los tres burgos estaban asentados
sobre una terraza del Arga cuyas escarpadas paredes
cayendo sobre el río la hacían atractiva y extraordinaria como fortaleza
fácilmente defendible. Una meseta que se extiende en algo más de 23 km2.
[24]
EN TORNO A 1094, AUNQUE SIN FECHA CONCRETA, PEDRO I ES ELEGIDO REY DE
ARAGÓN Y NAVARRA. Sucesor de Sancho I Ramírez, conquista la taifa de
Huesca, tras la derrota castellana en la batalla de Alcoraz, con ayuda de su
hijo Alfonso, futuro Alfonso el Batallador.
[25] REINOS
DE TAIFAS (1031-1090). Veintena de
reinos surgidos tras la desmembración del califato de Córdoba, en una muestra
de las tendencias disgregadoras existentes en la historia de al-Ándalus, pues
su origen correspondió a los intereses de los distintos grupos que conformaron
la España musulmana; así, hubo taifas de beréberes, de la burocracia, muladíes
o de la aristocracia hispano-árabe. Su persistente inestabilidad los convirtió
en vasallos de los reinos cristianos que les impusieron parias. Pese a esa
debilidad, alcanzaron pujanza económica y, sobre todo, cultural. Tras la
conquista de Toledo por Alfonso VI, sus gobernantes pidieron ayuda a los
almorávides, que acabaron sometiéndolos. Tras el derrumbamiento almohade en
1228, algunos de ellos resurgieron, siendo, a excepción del reino
nazarí, anexionados en pocos años por los cristianos.
[26] BENEDICTINO,
A: Relativo a la orden monástica fundada por san Benito
de Nursia en 529, en Montecassino (Italia). Originariamente, su estructura
jerárquica era bastante débil, pero se vio reforzada por la
costumbre y con la creación de diversas congregaciones. Paralelamente a la
orden masculina se desarrolló la femenina fundada, según la tradición, por
santa Escolástica, hermana de san Benito. Los benedictinos
cumplieron una función vitalizadora en la Edad Media, no sólo en el
campo religioso sino también en el social, cultural y económico.
[27] CONDADO
DE PALLARS: Antiguo condado catalán de los
valles del alto y medio Noguera Pallaresa, liberado del dominio árabe a
principios del siglo IX, quizá por Guillermo el Santo, conde de Tolosa, vasallo
de Carlomagno. Independizado del imperio franco en 884, pasó a la corona de
Aragón en 1192, pero mantuvo su autonomía hasta que fue cedido a la
casa de Cardona como marquesado (1491).
[28] ABAD
OLIVA (en catalán Oliba).
(971-San
Miguel de Cuixá, 1046). Fue un abad benedictino de la orden de San Benito,
Obispo y conde de Berga y Ripoll. Fue un monje benedictino catalán,
considerado el padre espiritual de la Cataluña naciente.
Fue el tercer hijo del conde Oliba Cabreta de Cerdaña y Besalú y de su mujer Ermengarda y, por tanto, bisnieto
del conde Wifredo el Velloso. Sus hermanos mayores fueron Bernardo Tallaferro de Besalú, Wifredo II de Cerdaña y Adelaida. Además su hermano pequeño,
Berenguer, llegaría a ser obispo de Elna. Nació
hacia el año 971 y
murió en 1046 en la
Abadía de San Miguel de Cuixá. Siendo Conde de Berga y Ripoll, renunció a
sus derechos para hacerse monje en el monasterio benedictino
de Ripoll, del que llegó a ser abad.
Posteriormente fue ungido obispo de Vich y también abad del monasterio de Cuixá. Gran
amigo de Sancho III de Navarra, favoreció los contactos culturales con Europa. Como
escritor, se le deben un importante epistolario y varios poemas encomiásticos
en latín: una
alabanza de Ripoll, De comitibus, el saludo Ad Gaucilinum,
abad de Fleury, etc. Impulsó desde el scriptorium del gran
monasterio de Ripoll la cultura de su tiempo, de forma que aquél alcanzó fama
de ser el centro primordial de traducción al latín de los
importantísimos manuscritos árabes, así como del griego o latín. Gracias a
esta actividad, y la de otros muchos monasterios, se abonó el terreno
intelectual de la Edad Media para facilitar la generación del Renacimiento. Del mismo
modo, Oliba promovió la creación de una gran escuela de poesía en latín de
sesgo goliardesco y de autores en su mayoría anónimos, salvo Juan de Fleury. Patrocinó la fundación o reforma
de los monasterios de Montserrat (1025), San Miguel de Fluviá y San Martín del Canigó, y consagró
numerosas iglesias. Creó las asambleas de Paz y Tregua, germen de las futuras Cortes catalanas, a las que
asistían nobles y prelados del principado. También estableció en Ripoll una de
las bibliotecas más grandes de su época, reuniendo a un grupo de
ilustres letrados que transcribieron un número importante de códices.
[29]
CASTELLANO
[30]
CONDADO
DE RIBAGORZA: Condado pirenaico formado por las
cuencas de los ríos Noguera Ribagorzana, Ésera e Isábena. Hacia el
872 sus habitantes rehusaron la obediciencia a Tolosa y se erigieron condado
independiente bajo la autoridad de Ramón I. En 1017 cayó en
manos de Sancho III, rey de Navarra, uniéndose al reino de Aragón.
[31] ALBIGENSE:
Se dice de
una secta cristiana herética que se desarrolló en los siglos XII y XIII. El
nombre albigense es el que se aplicó a los cátaros del S de
Francia y proviene de Albi, ciudad que constituyó uno de los principales
centros de esta secta. Creían en un dualismo maniqueísta, y condenaban el uso
de los sacramentos, el culto externo y la jerarquía eclesiástica. El papa
Inocencio III, a instancias de Felipe Augusto, convocó una cruzada para
someterlos (1209-29) que estuvo dirigida por Simón de Monfort.
[32] ALODIO:
Es el
régimen de propiedad de bienes inmuebles, generalmente tierras, en el cual el propietario
tiene el dominio completo sobre ellas, es decir, tanto del directo como el de
uso. Otra forma de definir el alodio es decir que es la propiedad que está
libre de toda carga señorial. El concepto de propiedad alodial es, por tanto,
opuesto al de propiedad feudal, en la cual un señor cede al vasallo el uso
de un feudo a
cambio de una serie de cargas y prestaciones. En la Edad Media el
propietario del alodio, obtenía éste por medio de una herencia -que pasaba
de generación en generación- y estaba exento de pagar impuestos o prestaciones
señoriales al señor feudal. Lo que sí pagaba era un impuesto simbólico que
podría llegar a ser una pequeña parte de su cosecha.
[33]
CENSO:
Contrato hipotecario de finales del
siglo XV. La mayor partede los censos son perpetuos, inclusosi, en teoría, se
pueden rescatar: “al quitar”. En el siglo XVI, un préstamo hipotecario
garantizado por una tierra es una excelente inversión. Los arbitristas ven en
esta práctica el “mal radical” que ha desestabilizado a la sociedad
castellana.Los
censos rescatables son una de las causasdelendeudaamiento del campesino y de la
ruina del reino.El

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