El País Vasco en la Edad Moderna (I)
BREVE RESUMEN Como dice el profesor Xosé Estévez, “este ensayo viaja del siglo XVI al XIX por la frondosidad del roble foral . Repasa el hierro, el barco, el maíz, las tensiones internas y externas de una sociedad refractaria a determinado concepto de modernidad, que suponía la tala de sus propias leyes, usos y costumbres. Con la conquista de Navarra, Euskal Herria entraba definitivamente en las órbitas francesas y españolas. Tres siglos después, nuevas derrotas militares encauzaban a los vascos por la senda constitucional y dejaban en ruinas su antiguo entramado foral. Muchas claves de nuestra vida cotidiana se explican en estas páginas.” Vamos a ver que la época entre 1450 y 1880, desde el punto de vista económico, se caracteriza por un feudalismo desarrollado o la estructuración económica de las Antiguas Leyes. En esta época, en Euskal Herria se distinguen tres zonas: la zona montañosa costera o vertiente atlántica, la zona central (llanadas de Gasteiz e Iruñea) y la vertiente mediterránea. En el ámbito agrícola, en el siglo XVI, en general la producción agrícola aumenta y se limitan los espacios para la ganadería y la silvicultura. Esta tendencia al alza se mantiene durante los siglos XVII y XVIII y, en el siglo XIX, después del parón provocado por las guerras, se notará una leve subida. En el ámbito pesquero, cae la pesca de la ballena y el bacalado, mientras que suben los de la sardina y el besugo. En el ámbito industrial, la producción de hierro vive su punto álgido, sin embargo, sufrirá algún declive durante esta época. En el siglo XVIII, tras el crecimiento económico de Inglaterra, el comercio renace; sin embargo, las ferrerías viven sus últimos días. La industria naval vive momentos dulces y se desarrollan otro tipo de industrias, entre ellas, destaca la industria del cuero. Debido a su localización geográfica, el comercio en Euskal Herria, puente entre el norte de Europa y Castilla, cobrará importancia. Tras los buenos momentos que se sucedieron en el siglo XVI, en el siglo XVII decáe el comercio. Sin embargo, en el siglo XVIII el comercio vivirá su etapa más floreciente, con el resurgimiento del puerto de Baiona y la supremacía del puerto de Bilbao (se creó una fuerte asociación de comerciantes). Durante esta época eran famosos los corsarios vascos. Resumiendo, durante el feudalismo desarrollado destaca la estructura económica de pequeños productores autónomos, pero en el siglo XVIII, comienzan a imponerse las leyes de la economía de mercado. En realidad, muy pronto se estableció una diferencia entre las zonas montañosas y los valles, nómadas y pastoriles las primeras, sedentarios y agrícolas los segundos, distinción ésta que se perpetuó durante centurias, casi hasta el siglo XIX. Si se pretende dibujar la vida cotidiana de los vascos de los siglos anteriores se llega a una realidad que, en cierto modo, no difiere mucho de la actual. En las costas, la facilidad para acomodar puertos protegidos de los temporales del noroeste propició el desarrollo de un sector pesquero cuyo relieve se mantiene hoy en día. Las circunstancias han cambiado, y las hazañas de los balleneros y bacaladeros que partían a la aventura pertenecen al pasado. Antiguas son también las explotaciones mineras, que en el siglo XIX recibieron el impetuoso empuje de la Revolución Industrial. La vida en las montañas sigue rigiéndose por las mismas necesidades que antaño, aunque la trashumancia ha ido remitiendo y las explotaciones agropecuarias en caseríos aglutinan los esfuerzos de los valles de forma más racional. En Álava, los agricultores en el siglo XVIII comenzaron a cultivar la patata y el maíz, que tanta importancia tendrían después. Por otro lado, en esa época se construyeron nuevos caminos y llegó la imprenta. En el siglo XVIII el comercio de Gipuzkoa se fortaleció mediante la creación de la Real Compañía Guizpuzcoana de Caracas, que participaba en la compra-venta de los productos provenientes de América. Las ferrerías sufrieron un revés durante el siglo XVIII debido a la falta de preparación para hacer frente a las innovaciones tecnológicas de Europa. También surgieron las Matxinadas: por un lado, la matxinada que se alzó en 1718 contra el decreto de contrafuero que pretendía suprimir la aduana entre Castilla y Euskal Herria Sur. Por otro lado, la segunda Matxinada fue provocada por el desabastecimiento como consecuencia de la negación de los comerciantes a vender los cereales que tenían almacenados con el objetivo de mantener su elevado precio. En lo que respecta a Vizcaya, analizaremos que la nueva organización social que salió de la Edad Media tardía, aunque sufrió modificaciones, comenzó a fraguar aproximadamente en la segunda mitad del siglo XV y perduró hasta el siglo XIX. Sus principales soportes fueron los fueros y las instituciones forales, la hidalguía universal y la excepción fiscal. Los Fueros son la recopilación de los usos y costumbres que regulaban en gran medida la vida de los bizkainos, aunque incluían privilegios concedidos por el Señor y la Corona. Fueron fijados por escrito en el tiempo entre la Edad Media y la Edad Moderna: El Fuero Viejo (1452) y El Fuero Nuevo (1526). La institución suprema de la provincia eran las Juntas Generales. Antes de las hermandades ya se debían celebrar en Bizkaia asambleas semejantes, pero fueron las asambleas de las hermandades, las que a partir del siglo XV se transformaron en las Juntas Generales de Bizkaia. Aunque al principio se celebraban en otros lugares, en el siglo XV se fijó Gernika como sede de las mismas. Las Juntas Generales, junto a las demás instituciones de la provincia, obtuvieron cada vez más poder y competencias a lo largo de la Edad Moderna. Otra de las consecuencias de la crisis de la Edad Media tardía, al igual que en Gipuzkoa, fue la "hidalguía universal": gracias a este concepto, todos los bizkainos eran iguales jurídicamente, es decir, todos eran hidalgos. Esto junto a la prohibición de acudir a las Juntas Generales, indica el fracaso de los parientes mayores. Aparte de constituir una base teórica estupenda para establecer las excepciones y peculiaridades para Bizkaia, a los bizkainos con estudios les daba una buena oportunidad para ingresar en la administración de España. Finalmente, entre la Edad Media tardía y el comienzo de la Edad Moderna, se estableció firmemente la naturaleza que Bizkaia tenía de antes en lo que se refiere a las peculiaridades y privilegios fiscales respecto de la Corona, es decir, en Bizkaia la presión fiscal era menor que en otros lugares del reino de Castilla. Esto no quiere decir que los bizkainos no pagaran impuestos: además de los que había que pagar para financiar las necesidades cada vez mayores de las instituciones de la provincia, le pagaba al fisco de la Corona ciertas cantidades y cuando las necesidades de la Corona crecían daban lugar a una mayor presión. Por otro lado, después de haber conseguido diversas excepciones en el ámbito de los aranceles (las aduanas se establecieron en Balmaseda y Orduña, es decir, en el camino hacia el interior), Bizkaia fue considerada zona de libre cambio de la Monarquía española. Por eso, en la Edad Moderna, al igual que a Álava y Gipuzkoa, se le nombró Provincia exenta de impuestos. A partir del siglo XV, al ser la agricultura del territorio bastante pobre para hacer frente al crecimiento de la población, parte de ésta tuvo que emigrar. Igualmente parte de los recursos y materias había que importarlos. Para ello era muy beneficiosa la libertad para exportar e importar productos. Las exportaciones consistían en hierro y servicios (transporte y comercio). Durante los siglos XV y XVI se intensificaron la minería y la producción de hierro , como consecuencia del crecimiento económico que se estaba produciendo en Europa; en Bizkaia creció el número de ferrerías, pero no se avanzó mucho desde el punto de vista técnico. A través de las páginas de este ensayo recordaremos que en el campo comercial Bilbao destacó entre los puertos vascos en la Edad Media tardía y se convirtió en importante núcleo comercial del norte de la península ibérica. Como consecuencia de todo ello se creó el Consulado de Bilbao (1511) para defender los intereses de los comerciantes de la villa. Este desarrollo liberó a Bilbao de la dependencia que tenía hasta entonces respecto de los comerciantes de Burgos. Los productos de exportación más importantes seguían siendo la lana y el hierro, pero, seguramente, debieron entrar en el sector productivo y en el crediticio. Algunos de ellos adquirieron tierras y se fueron uniendo poco a poco con los terratenientes de la antigua nobleza . Por lo tanto, la burguesía urbana que resultó vencedora al final de la guerra de bandos se estableció definitivamente. Sin embargo, la economía seguía estando basada en la agricultura y en la ganadería principalmente; por lo tanto, el control de la tierra era el factor más importante en el aspecto social. Los campesinos bizkainos, aunque no fueron perdedores en términos absolutos, no se puede decir que fueran ganadores claros en los conflictos sociales de la Edad Media tardía. La mayoría de los campesinos eran arrendatarios de las tierras que cultivaban y el caserío era la unidad económica principal. Los verdaderos vencedores, junto con los comerciantes, fueron los terratenientes grandes y medios; éstos eran los propietarios de la mayoría de las tierras y las ferrerías, y colocaban a sus hijos en la Administración española. Así mismo, ellos mismos fueron los que a lo largo de la Edad Moderna fueron detentando el poder político y controlándolo cada vez más estrechamente. Aunque jurídicamente todos los bizkainos eran iguales, a partir de entonces, la riqueza fue principalmente el factor determinante de la escala social, es decir el dinero y sobre todo la tierra. Esta hegemonía alcanzó también a la política, porque limitaron la entrada en los cargos municipales y forales, lo cual acarreó la monopolización de los cargos públicos por parte de las clases enriquecidas. Dos eran los mecanismos que daban lugar a la monopolización de los cargos. El primero era el que obligaba a saber hablar y escribir en castellano para poder acceder a un cargo público. Esta limitación discriminaba a la mayoría de la población (en las Juntas Generales se exige por vez primera en 1613). El segundo era la exigencia de poseer un nivel económico mínimo. Por otro lado, la Tierra Llana obtuvo la mayoría de los escaños de las Juntas , en perjuicio de las villas con más población como Bilbao. Dicho de otro modo, a lo largo de la Edad Moderna fue adquiriendo fuerza una nueva oligarquía, muy vinculada al Estado, que tuvo en sus manos la mayoría de los cargos municipales y provinciales hasta el siglo XIX, que a nivel ideológico proclamaba la igualdad y la pureza de sangre. En el siglo XVII las epidemias y la crisis económica detuvieron el crecimiento de la población. Fue particularmente grave la crisis de la producción de hierro y del comercio que estaban quedando muy obsoletos. La situación de inestabilidad de aquellas actividades que equilibraban la balanza comercial trajo nuevos cambios: la economía de Bizkaia volvió hacia el sector primario, perdiendo importancia los sectores secundario y terciario. Una mayor proporción de la población quedó vinculada al caserío . En medio de este proceso se afianzó la producción de una planta nueva traída de América, de gran productividad, que fue el maíz. Las dificultades del siglo XVII tuvieron también otra consecuencia: el incremento de los conflictos sociales. El ejemplo más claro fue la Rebelión de la Sal (1631-34). Los principales causantes fueron dos: por un lado la presión de la Monarquía para aumentar los impuestos y por otro el enfado del pueblo llano porque sus condiciones de vida estaban empeorando mientras el poder político de las clases dominantes iba aumentando. En el siglo XVIII el valle de Orozko se integró definitivamente en Bizkaia (1785). Por lo menos hasta el último cuarto de siglo fue una época de crecimiento, tanto en la agricultura, como en la manufactura y el comercio. La siderurgia, que continuaba utilizando técnicas tradicionales, respondió al incremento de la demanda internacional y el comercio también se volvió a dinamizar. La acumulación de capital de los propietarios agrícolas y de los grupos de comerciantes fue importante: los ricos se hicieron más ricos y la monopolización del poder político fue a más. Las contradicciones internas de las estructuras de Bizkaia, en cambio, se agravaron. La cada vez mayor tendencia centralizadora del Estado que estaba en manos de los Borbones, las limitaciones del crecimiento basado en bases tradicionales, los cambios en la economía internacional y sobre todo la Revolución Industrial de la Gran Bretaña, las dificultades de final de siglo y las guerras, etc. llevaron el modelo del Viejo Régimen a una profunda crisis en Bizkaia. Las contradicciones entre la oligarquía, la burguesía y el pueblo aumentaron. Los exponentes más claros son los alzamientos que se produjeron: los más importantes, la Matxinada de 1718 y la Zamakolada (1804-07). Desde finales del siglo XVIII, las instituciones de Álava, Bizkaia y Gipuzkoa y, sobre todo, las Diputaciones actuaron de manera cada vez más coordinada para hacer frente a los problemas comunes que les aquejaban. Por otra parte, entre 1425 y 1521, se vivirán grandes conflictos en Navarra en torno a la cuestión de la sucesión del reino. Los agramonteses eran partidarios de Juan II, y los beaumonteses, de Carlos IV príncipe de Viana. Juan II ganó la disputa contra los beumonteses en Estella, reunió a las Cortes y nombró a su hija Leonor su sucesora. Cuando ésta le transmitió la sucesión a su hijo, la dinastía Foix se hizo con el poder del reino de Navarra, aumentando así la disputa entre agramonteses y beaumonteses. Como consecuencia de estas discusiones Alta Navarra fue perdiendo fuerza y Fernando II el Católico conquistó el reino (1512). El título de "reyes de Navarra" fue mantenido por la dinastía Albret , que gobernó el pequeño territorio de Baja Navarra. Por otro lado, a pesar de que Fernando juró mantener los Fueros a los navarros, la presencia de los virreyes redujo la independencia política y cultural del territorio. A pesar de ello, durante el siglo XVI se produjo un gran crecimiento económico y demográfico; las plantaciones de viñedos, la explotación de ferrerías, el comercio con la península y el fortalecimiento de la industria doméstica. La Iglesia y la nobleza seguirán obteniendo ingresos gracias a la explotación de sus tierras y el sector noble aumentará cuantitativa y cualitativamente. En el ámbito político, las Cortes Generales se convierten en el poder legislativo y la Corte y el Consejo Real en los tribunales supremos de justicia. La población se divide en dos grandes bloques: la clase dirigente y el mundo rural. La segunda, analfabeta, utilizaba la lengua "vulgar" vasca. En el siglo XVIII los navarros salvaron sus fueros por haber apoyado la causa de Felipe de Anjou (el que sería primer rey Borbón) contra el Archiduque Carlos de Austria durante la guerra de sucesión, mientras que los de la Corona de Aragón fueron abolidos. Es de destacar el impulso que logró el comercio y la industria privada y pública gracias a la presencia de un grupo social emergente; algunos apellidos navarros obtendrán dinero y fama, como Juan de Goyeneche y Jerónimo de Ustariz, por ejemplo. Parte de las nuevas fortunas creadas se destinó a la obtención de títulos nobiliarios y a la dinamización urbanística. El mundo rural, en cambio, continuaba iletrado y anclado en las tradiciones. No nos hemos olvidado de Iparralde y, para colmo de males, hemos dado unas notas económicas y sociales sobre los siglos XVI-XVIII desde el punto de vista peninsular (hoy, diríamos desde el punto de vista del Estado). Así, cualquier comparación será llevada a cabo pronta y certeramente. Por último, subrayaremos que la cultura vasca es fruto de un particular desarrollo histórico, que, en muchos aspectos, ha transcurrido al margen de algunos de los acontecimientos claves que afectaron a gran parte del área peninsular. Las características geográficas y orográficas de estas tierras determinaron en gran parte su evolución y también el carácter particular de sus gentes. Es en muchos aspectos una de las culturas más singulares de la Península, con rasgos propios y únicos que se han mantenido a lo largo de los siglos. El folclore del pueblo vasco posee un carácter ancestral profundamente rico que se muestra en el mundo mitológico y legendario, en los ritos y las danzas –que conservan gran parte de su simbología primigenia, pues la llegada tardía del cristianismo favoreció su permanencia en la memoria popular y en la tradición-. Aunque delimitada por montañas y desfiladeros, Euzkadi abierta al mar no ha dado la espalda a influencias externas, y prueba de ello es que existen curiosas conexiones con algunas costumbres, artes y juegos que recuerdan al occidente europeo. EL PAÍS VASCO EN LA EDAD MODERNA (SIGLOS XVI-XVIII) ÍNDICE PRESENTACIÓN 1. LAS HEREJIAS DE SIGLO XVI EN EUSKAL HERRIA 1.1. Navarra 1.2. Agramonteses 1.3. Beamonteses 1.4. Baja Navarra 1.5. Vascongadas 1.6. El país vasco-francés 1.7. Herejías en el siglo XVI 2. LA CRISIS DE LA SOCIEDAD FEUDAL EN EL PAIS VASCO 3. ACTIVIDADES ECONÓMICAS DE EUZKADI EN LOS SIGLOS XV Y XVI 4. EVOLUCIÓN DEMOGRAFICA DE LAS VASCONGADAS 5. EL SISTEMA POLITICO FORAL Y LA CONSTRUCCIÓN DE LAS PROVINCIAS VASCAS 6. LA POBLACIÓN Y LAS ACTIVIDADES ECONÓMICAS EN LA EDAD MODERNA DEL PAIS VASCO 6.1. El siglo XVI: prosperidad demográfica y económica 6.2. El siglo XVII: crisis y reconversiones de la economía 6.3. El siglo XVIII: crecimiento económico y capitalismo comercial 7. LA SOCIEDAD DEL ANTIGUO RÉGIMEN EN LAS VASCONGADAS 7.1. Los estamentos privilegiados y las élites sociales. Nobles y plebeyos. Alodios y señoríos. 7.2. La nobleza: las familias dirigentes 7.3. El clero y la Iglesia 7.4. El comercio y los grandes comerciantes: la burguesía mercantil y la nobleza comerciante 7.5. El entramado social: comunidades campesinas y corporaciones urbanas 7.5.1. Casa y familia 7.5.2. Las comunidades campesinas 7.5.3. Ciudades y corporaciones urbanas 7.6. Los pobres 8. ENTRE TRADICIÓN Y MODERNIDAD EN EUSKAL HERRIA 9. LAS MATXINADAS 9.1. Introducción 9.2. Las matxinadas 9.3. El motín de la sal 9.4. Las revueltas en Iparralde 9.5. La matxinada de 1718 9.6. La matxinada de Vitoria de 1738 9.7. La matxinada de 1755 9.8. La matxinada de 1766 10. LA ZAMACOLADA 11. ECONOMÍA DE EUSKAL HERRIA EN LA EDAD MODERNA 12. RENACIMIENTO, BARROCO Y NEOCLASICISMO VASCOS 13. ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVI 13.1. Introducción 13.2. El potencial demográfico 13.3. Panorama económico 13.4. La dinámica social 14. ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVII 14.1. Introducción 14.2. La dimensión demográfica de la crisis 14.3. La dimensión económica de la crisis 14.4. La dimensión social de la crisis 15. DINÁMICA ECONÓMICO-SOCIAL DEL SIGLO XVIII ESPAÑOL 15.1. Introducción 15.2. Demografía 15.3. Economía 15.4. Comercio 15.5. Comunicaciones 15.6. Finanzas 15.7. Sociedad VOCABULARIO DE TÉRMINOS HISTÓRICOS - Mercado de abastos - Absolutismo - Alcabala - Abadengo - Adelantado - Alcalde - Aldea - Alguacil - Aristocracia - Askenazí - Autarquía - Barroco - Annata - Audiencia - Avería - Brazo secular - Burgo - Burguesía - Baldíos - Beneficio eclesiástico - Consejo de Indias - Indias - Concilio de Trento - Consulado del Mar - Cortes - Corregidor - Diezmo - Carestía - Contrarreforma - Converso - Corsario - Cristiano viejo - Crisis del siglo XIV - Crisis del siglo XVII - Despotismo ilustrado - Dehesa - Diezmos de la mar - Embargo - Encomienda - Erasmismo - Estamento - Fueros - Fuero de Bilbao - Derecho del País Vasco - Galeones - Galeón de Manila - Gremio - Guerras de religión - Hagiografía - Herejía - Inquisición - Navarra - Brujería en el País Vasco - Nueva Planta - Hidalgo - Real compañía Guipuzcoana de Caracas - Ducado - Maravedí - Real - Escudo - Casa de Contratación - Mayorazgo - Millones - Clero regular - Clero secular - Limpiezaa de sangre - Comerciantes - Pragmática Real - Cédula - Pragmática de Libre Comercio - Monopolio - Ilustración - Jesuitas - Mercantilismo - Nobleza - Reforma protestante - Sefardí - Revolución científica (siglos XVI y XVII) - Señorío de Vizcaya - Señorío - Tercer Estado - Valido - Santa Hermandad - Sisa - Solar (casa solar o solariega) - Ley Sálica - Servicio - Universidad de Oñate - Tercias reales - Patronato real - Quinto real BIBLIOGRAFÍA SOBRE LOS VASCOS BIBLIOGRAFÍA DE LA ESPAÑA DE LOS BORBONES Presentación El país Vasco actual no puede entenderse si dejamos de lado su devenir histórico en la época del Antiguo Régimen , del siglo XVI al XVIII. La lectura del presente ensayo permitirá al lector de una manera sugerente y evocadora familiarizarse con las condiciones de vida en la sociedad vasca de aquellos tres siglos, recondando tanto sus peculiaridades como sus coincidencias con la sociedad española y europea: desde la imagen de los vascos, tal como la percibían los viajeros que acudían a los tres territorios históricos, a su religiosidad, pasando por su lucha ante la enfermedad y la escasez, el comercio y la industria, el contrabando y la piratería, la ley y el delito, el tono de la vida cotidiana, sus diversiones, la educación o los conflictos sociales. Veremos que son escasos los datos demográficos de Euskal Herria hasta el siglo XI, por lo que es difícil realizar un análisis profundo. Existen más datos acerca del periodo entre los siglos XI y XIV, sobre todo debido a que se escribían documentos acerca de los procesos de creación de las ciudades. En suma, como mostraremos claramente, las provincias de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava y el reino de Navarra se muestran como un caso de perduración de instituciones del Antiguo Régimen. Y también de adaptación. La foralidad todavía viva en la segunda mitad del siglo XIX estuvo en condiciones de demostrar que podía ser posible la modernización de las estructuras administrativas heredadas y que su funcionamiento, a través de las Diputaciones, podía adecuarse a los tiempos. Tan solo después de la última guerra carlista, en 1876, se procedió a la aplicación definitiva de medidas de igualación administrativa o, como se decía entonces repetidamente, “nivelación”, de modo que se modificó el régimen y composición de las diputaciones y se equiparó a los habitantes de estos territorios al nivel de todos los españoles, en lo que a la fiscalidad y al servicio de las armas se refería. De forma fulgurante, las provincias vascas pasaron a estar a la cabeza del proceso de industrialización española. Estas provincias, que aparecían como pobres, estériles, necesitadas de protección y privilegios para asentar a una población escasa que hiciera frente a los peligros de invasión, se ponía al frente del proceso de integración de España en el capitalismo moderno. Son razones suficientes, seguramente, como para que estas provincias y Navarra se hayan convertido en objeto de interés historiográfico de primer orden, reflejado en una amplia bibliografía. Una parte de ésta ha planteado la continuidad del regimen foral en el siglo XIX y la peculiar forma de transición del Antiguo Régimen a la modernidad. La perduración del sistema de Concierto Económico y, sobre todo, la inclusión de una disposición adicional en la Constitución Española de 1978, que “reconoce y ampara los derechos históricos de los territorios forales”, ha dado lugar a una abundante producción jurídico-doctrinal. Si tuviéramos que resaltar algunos hechos históricos, diríamos que en 1511 tiene lugar la creación del Consulado de Bilbao. En 1526 se promulga el Fuero Nuevo de Bizkaia y muere en Getaria, su ciudad natal, Juan Sebastián Elcano. Entre 1598 y 1601 se prolonga una epidemia de peste bubónica. A partir de 1620 tiene lugar la introducción y desarrollo del cultivo de maíz en tierras vascas. Entre 1631 y 1634 se registra la rebelión o estanco de la sal, que viene a ser una revuelta vizcaína contra las autoridades forales por el embargo y el incremento del precio de la sal. En 1638 tiene lugar el sitio de Hondarribia por los franceses, al que sigue el combate naval de Getaria. En 1659 se ratifica la Paz de los Pirineos, firmada en la isla de los Faisanes (Irún), que pone fin a la guerra franco-española de 1635. En 1696 aparece la Nueva recopilación de los fueros, privilegios, buenos usos y costumbres, leyes y ordenanzas de la provincia de Guipúzcoa. En 1714 se procede al establecimiento de la Factoría Real de Tabaco en Bilbao. Entre 1718 y 1766 tienen lugar las Matxinadas (El alzamiento de 1718 se debe a la disposición de Felipe V de trasladar las aduanas interiores a la costa. En 1755, el origen de la revuelta está en un intento de controlar el mercado bovino, y una coyuntura de malas cosechas. En 1766, el motín se origina bajo una situación de malas cosechas y epidemias.). En 1728, tienen lugar la creación de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas; en 1764, la fundación de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. Entre 1764 y 1775 se lleva a cabo la construcción del camino entre Orduña y Pancorbo. De 1780 a 1790 se registra la máxima expansión de las ferrerías vascas. En 1794, tropas francesas ocupan el territorio (Gipuzkoa negocia la creación de una república tutelada por Francia). Y, finalmente, en 1804 estalla la Zamacolada, rebelión contra los proyectos de Simón Bernardo de Zamácola: la construcción del Puerto de la Paz (1807) en la anteiglesia de Abando y el aumento de fuerzas de orden público. 1. Las herejías del siglo XVI en Euskal Herria 1.1. Navarra Hacia el final de la Edad Media, con la muerte de Carlos III "El Noble" entró la inestabilidad dinástica con las casas de Foix y Albret. Juan II de Aragón fue rey de Navarra hasta que murió su mujer y titular de la corona Blanca I de Navarra. Al morir el tronó se disputó entre su viudo Juan II y su hijo Carlos de Viana ente dos bandos navarros. El bando agramontés apoyó a Juan II de Aragón mientras que el beaumontés al Príncipe de Viana. A pesar de que ganó, éste último murió en extrañas circunstancias y el trono recayó en su hermana Leonor de Foix, mientras que Juan II al volver a casarse perdía sus derechos en el trono navarro. Fernando el Católico (hijo de Juan II de Aragón) consiguió ocupar militarmente Navarra con la ayuda esta vez del bando beaumontés, mientras que, al contrario que la anterior guerra, el bando agramontés apoyaba a los reyes de Navarra Juan de Albret y Catalina de Foix. 1.2. Agramonteses Los agramonteses fueron los partidarios del antiguo bando nobiliario de los Agramont. Este linaje aparece por primera vez a comienzos del siglo XII con Sancho VII el Fuerte. Fueron rivales de los beamonteses, llevando tanto unos como otros a la guerra civil de Navarra cuando Juan II de Aragón "el Usurpador" se quedó para sí el trono a la muerte de la reina Blanca I de Navarra en 1441. Juan II, que era rey consorte, debía ceder la corona a su hijo Carlos príncipe de Viana. Los agramonteses apoyaron al aragonés en contra del hijo de la reina. Sin embargo, años después, los beamonteses apoyaron a Fernando el Católico en la conquista de Navarra contra los agramonteses. Tanto los agramonteses como los beamonteses tenían alianzas con los bandos de las tierras vascas occidentales que pertenecieron al reino de Navarra hasta el años 1200, los agramonteses con los gamboínos y los beamonteses con los oñacinos. La guerra persistió a la muerte de Carlos, Príncipe de Viana en 1461 y a la de Juan II en 1479. Los agramonteses tenían inicialmente como aliados a los aragoneses y posteriormente a los franceses. En todo momento apoyaron al poder que ostentaba la corona, primero a Juan II y después a los reyes Catalina de Foix y Juan de Albret. Fernando el Católico, aprovechando esta guerra y su alianza con los beamonteses conquistó el Reino de Navarra en 1512. Gracias a la colaboración de los beamonteses, la conquista se realizó en relativamente poco tiempo. Tras la conquista los navarros agramonteses, como es lógico, fueron los que más sufrieron la represión. Dentro de las contradicciones de esta guerra estaba que Fernando II el Católico, regente de Castilla tras la muerte de Isabel I, era hijo de Juan II (el rey que habían apoyado) y de su segundo matrimonio con Juana Enríquez. Otra de estas contradicciones es que los que inicialmente lucharon por un rey aragonés, que suponía la sumisión al Reino de Aragón, posteriormente fueron los que más lucharon por mantener la independencia del Reino. Una tercera es que Fernando, Rey de Aragón, cedió Navarra al Reino de Castilla. Posteriormente hubo tres intentos de reconquistar el reino por parte de los agramonteses con apoyo de los franceses. En 1512, en 1516 y en 1521, aunque, sobre todo en el último intento, también hubo una amplia participación de beamonteses. En la de 1516 fue apresado el líder de los agramonteses, el Mariscal Pedro de Navarra en el Roncal. Fue encerrado primero en Atienza y posteriormente en Simancas. En este último lugar apareció el 24 de noviembre de 1522 sin vida, apuñalado. En la de 1521, las tropas navarras agramontesas aliadas con francesas contaron con la colaboración de la población beamontesa, como en el caso de Pamplona, donde se sublevaron. Se consiguió la liberación de la totalidad del Reino de Navarra. Más tarde en la batalla de Noáin, junto a Pamplona, los castellanos volvieron a hacerse con el control del reino. Aún hubo puntos de resistencia (Castillo de Maya, Fuenterrabía) hasta 1524. También se ocupó la Baja Navarra aunque sin asentarse del todo. En 1528, Carlos I renunció oficialmente a la Baja Navarra. En 1512, un ejército castellano entra en Navarra por el oeste al mando de Fadrique Álvarez de Toledo, II duque de Alba, y la mayor parte del Reino de Navarra resulta invadida militarmente. Previamente, el monarca castellano había conseguido del Papa Julio II la proclamación de una bula, la Pastor Ille Caelestis, que excomulgaba a los aliados del rey francés, como enemigos de la Liga Santa. La firma del Tratado de Blois, con el que los reyes navarros pretendían asegurarse la neutralidad en la guerra entre Francia y Castilla, sirvió como pretexto a Fernando el Católico para invadir Navarra, como aliada supuestamente de los franceses. Posteriormente en una segunda bula, en 1513, denominada Exigit Contumacium, la casa de Albret quedaba desposeída de su reino y se liberaba a los súbditos navarros del juramento de fidelidad a sus reyes, quedando el reino a merced de quien primero lo tomara. (...) a los arriba mencionados, Juan y Catalina excomulgados, anatemizados, maldecidos, autores de cisma y herejía y reos de lesa divina majestad y del eterno suplicio, y privados y despojados de todo título, honor y dignidad real, entregando sus reinos, dominios y bienes a quienes los hubieran capturado o capturaren, expropiados según guerra justísima y sacrosantísima, anunciamos y declaramos que el título y dignidad de Reino, no sólo del Reino de Navarra, Ducados, Condesados y resto de sus Dominios temporales sino de todos sus bienes arrebatados de las manos de Juan y Catalina que se les hayan desposeído o se les desposean en el futuro, siguiendo un derecho enteramente justo." Según algunos historiadores, como Arturo Campión, esta bula era falsa, mientras que muchos otros historiadores sostienen la veracidad de la bula pontificia, como el historiador navarro Víctor Pradera en su libro "Fernando el Católico y los falsarios de la historia" cuya versión ha sido luego corroborada por varios historiadores, como José Mª Lacarra, Boissonade, Jaime del Burgo o Luis Suárez Fernández. Otros autores como Jon Oria, no dudan de la vercidad de las bulas pero alegan que presentan "indicios de una manipulación" realizada por el papado o por Aragón. La importancia de la citada bula reside en que no era "justa causa" de guerra para la época que un rey conquistara otro reino católico, pero una vez promulgada la bula, los reyes de Navarra eran considerados como "príncipes", desposeídos de sus territorios y se eximía a sus súbditos de rendirles obediencia, por lo que el rey castellano podía hacerse "justamente" con sus territorios. En 1513, las Cortes de Navarra, estando sólo los Beaumonteses, nombran a Fernando rey de Navarra. En 1515, las Cortes de Castilla anexan Navarra a la Corona de Castilla por el Tratado de Burgos, con un régimen foral especial. En esta reunión no estuvo ningún navarro presente. Posteriormente, primero Juan de Albret y Enrique II de Navarra intentaron recuperar Navarra en tres ocasiones, en 1512, en 1516 y en 1521, cuando reinaba ya Carlos I de España. En esta última ocasión se consiguió recuperar en poco tiempo todo el reino, gracias al alzamiento generalizado de los navarros de toda Navarra. Posteriormente el 30 de junio de 1521 se produjo la Batalla de Noáin donde la derrota de las tropas franco-navarras determinó el destino de Navarra. Aún se produjeron dos focos de resistencia. Uno en la Batalla de Amaiur (1522), donde hoy un monolito recuerda la batalla, y el fin de la independencia de Navarra, y otro, hasta febrero de 1524, en el Castillo de Fuenterrabía. En 1524, la Navarra peninsular, manteniéndose como reino, quedó consolidada en la corona de Castilla. Carlos I se retiró definitivamente en 1530 de la Baja Navarra, tras resultar infructuosas sus incursiones en ese territorio, aunque nunca se firmó un tratado de paz entre Castilla y Navarra. 1.3. Beamonteses Los beaumonteses o beamonteses fueron los partidarios del antiguo bando nobiliario de los Beaumont . Este linaje fue creado por Carlos III el Noble con familiares ilegítimos. Tenían relación con el más antiguo linaje de los Luxa, de la Baja Navarra. Los distintos condes de Lerín fueron los líderes de esta facción. Fueron rivales de los agramonteses con quienes libraron la Guerra Civil de Navarra cuando Juan II de Aragón "el Usurpador" se quedó para sí el trono a la muerte de la reina Blanca I de Navarra en 1441. Juan II, que era rey jure uxoris (por matrimonio), debía ceder la corona a su hijo Carlos príncipe de Viana. Los beamonteses apoyaron al Príncipe de Viana para recuperar la legitimidad en esta guerra. Sin embargo, años después, los beamonteses apoyaron a Fernando el Católico en la conquista de Navarra contra los agramonteses. La guerra persistió a la muerte de Carlos, Príncipe de Viana en 1461 y a la de Juan II en 1479. Los beamonteses tuvieron como aliados a la Corona de Castilla y a los oñacinos que fueron una facción nobiliaria de Guipúzcoa, Álava y Vizcaya que protagonizó las llamadas luchas banderizas contra una facción rival, los gamboínos. Estos últimos serían a su vez aliados de los agramonteses. En el marco de la alianza con los beamonteses, la Corona de Castilla llevaría a cabo a la postre la conquista del Reino de Navarra en 1512. Gracias a esta colaboración la conquista se realizó en relativamente poco tiempo. Dentro de las contradicciones de esta guerra, una era que Fernando II el Católico, regente de Castilla tras la muerte de Isabel la Católica, era hijo de Juan II (el enemigo que no habían aceptado como rey) y de su segundo matrimonio con Juana Enríquez. Y otra contradicción es que los que se alzaron contra el rey aragonés, defendiendo la independencia del Reino, terminaron ayudando a los castellanos, que acabaron con ella. En 1495 el padre de Juan III de Albret, Alano de Albret estableció con Fernando un nuevo acuerdo para solucionar las intrigas políticas, y en él, el conde de Lerín se vio obligado a abandonar el reino, cediendo todos sus bienes a Fernando II, a cambio recibió bienes en Huéscar, Vélez Blanco, Vélez Rubio, Cújar, Castilleja, Cuevas de Freila y otros.En 1507 fue expulsado de Navarra el conde de Lerín, con el apoyo prácticamente unánime de todos los navarros, consiguiéndose también la salida de las tropas extranjeras. Los beamonteses fueron los únicos en acudir a las Cortes de Navarra, en Pamplona en 1513, por convocatoria del virrey. Allí se aceptó a Fernando como rey. En la reunión de las Cortes de Castilla en Burgos en 1515 donde se decidió la anexión no acudió ningún navarro, tampoco los beaumonteses.(Lógico, en la medida en que Navarra conservó sus propias Cortes hasta 1841 y por ello carecía de voz y voto en las castellanas). Seguramente esta ocupación no fue buscada por los beamonteses, pero sí por sus líderes. Esto lo vemos en la sublevación contra las tropas castellanas en pueblos y ciudades beaumontesas, como ocurrió en Pamplona en 1521, cuando tropas navarras en alianza con francesas liberaron la totalidad del Reino de Navarra. Más tarde en la batalla de Noáin, junto a Pamplona, los castellanos volvieron a hacerse con el control del reino. Aún hubo puntos de resistencia (Castillo de Maya, Fuenterrabía) hasta 1524. También se ocupó la Baja Navarra aunque sin asentarse del todo, hasta que en 1530 Carlos I renunció oficialmente a la misma. 1.4. Baja Navarra El Reino de Navarra bajo dominio de la casa de Foix, se redujo a los territorios al norte del Pirineo (Baja Navarra). En 1594 Enrique de Navarra fue coronado rey de Francia tras su conversión al catolicismo, siendo el primer Borbón que accedía al trono francés (fue entonces cuando dijo la célebre frase de París bien vale una misa, haciendo hincapié en el motivo de su conversión). Desde Enrique IV hasta Luis XVI los reyes de Francia tomaron el título de Rey de Francia y de Navarra. Tras la Revolución francesa el Reino de Navarra quedó disuelto en la República Francesa. Las tierras navarras quedaron así divididas entre España y Francia, hasta hoy en día. 1.5. Vascongadas Los vascos de Guipúzcoa, Vizcaya y Álava, que ya estaban integrados en la Corona de Castilla, siguen con un amplio grado de autogobierno: los fueros daban a cada región vasca leyes locales, impuestos y tribunales independientes. Los fueros eran derechos o privilegios que se concedían a un territorio, ciudad o persona. Estos fueros eran diferentes para cada región. Por ejemplo, en el Señorío de Vizcaya, eran diferentes para las Encartaciones, la Tierra Llana (que tenía el llamado fuero de Vizcaya), la ciudad (Orduña) y las villas (que tenían sus propios fueros, siendo el de Bilbao y Bermeo el fuero de Logroño). Enclavada como un brazo de tierra entre Cantabria y el valle de Mena, en Burgos, la comarca de las Encartaciones constituye un territorio abrupto y rural, sobre todo en su zona occidental, donde menudean las cabezas de ganado, que disfrutan para su alimentación de extensos pastos. El valle más importante es el de Carranza. Durante el siglo XVIII, y gracias a su emplazamiento en el corredor del Nervión, acceso natural a la Meseta, Orduña vivió un gran desarrollo al abrirse el nuevo Camino Real y ubicarse allí las aduanas. El Duranguesado es la zona de influencia de una de las villas más prósperas del interior vizcaíno, Durango. Ocupa esta comarca el amplio valle del río Ibaizabal, que se forma entre el monte Oiz, al norte, y las sierras de Anboto y Aramotz, al sur. Los vizcaínos y guipuzcoanos reciben del rey la hidalguía universal, que significa que tanto unos como otros, pasan a ser considerados hidalgos por el hecho de ser vizcaínos o guipuzcoanos. Su historia está ligada a la del resto de España, teniendo una importante participación en la conquista y colonización de América. La Casa de Contratación prefería los barcos de los astilleros del Cantábrico, por su solidez y buenas condiciones marineras, para las flotas de Indias. También participaron en casi todas las acciones navales de la incipiente Armada de España, como en las expediciones a Italia del Gran Capitán, la Batalla de la Isla Terceira, la Armada invencible, etc. Colaboraron con las tropas de Fernando el Católico en la Conquista de Navarra y en las acciones militares que fueron consecuencia de la misma. Hacia el final del siglo XVI, los marineros vascos enseñaron a los holandeses el empleo del arpón para la caza de ballenas. La Revolución francesa llevó a España a la Guerra del Rosellón o de la Convención (1793), durante la cual, tras unos éxitos españoles iniciales en los que se tomó el Rosellón, las tropas francesas, al mando del general Dugommier, consiguen recuperar el Rosellón en las campañas de 1794 y 1795 tras las batallas de Tec (28 de abril), Albere (30 de abril) y Boulou (1 de mayo) y penetran en Cataluña, Vascongadas y Navarra, llegando a ocupar Miranda de Ebro. El 2 de agosto de 1794 las tropas francesas cercaron las Provincias Vascongadas y en 36 horas llegaron a San Sebastián sin encontrar resistencia. Manuel Godoy (Manuel Godoy, Memorias del Príncipe de la Paz) dice: La ocupación de San Sebastián no fue un hecho de armas. Varios politicastros guipuzcoanos se dejaron seducir por el general Adrien de Moncey, quien les prometió convertir la provincia en República independiente. Estos crédulos hombres...entregaron la ciudad a los franceses... Días después vizcaínos y alaveses se rendían en masa y el 26 de agosto el alcalde declaraba no la prometida república sino la sumisión total a Francia, ya que al ser reclamada la misma, Salbert Pinet, comisionado de Napoleón, ordenó el encarcelamiento de 40 de ellos. Con la firma del tratado de Paz de Basilea (22 de julio de 1795) se da fin al conflicto. En ella se establece que a cambio de la retirada de las tropas francesas de tierras vascongadas se había de entregar la Isla de Santo Domingo, y por la liberación de los 40 guipuzcoanos encarcelados se permitía además a Francia ciertos derechos sobre caballos andaluces y ganado ovino durante 5 años. 1.6. El país vasco-francés La Reforma protestante fue aceptada por parte de los vascos, apoyada por Margarita de Angulema y su hija Jeanne d'Albret, reinas de Baja Navarra. El hugonote vasco Joannes Leizarraga Lermanda tradujo en 1571 a la Linguæ Navarrorum, es decir, al euskera, el Nuevo Testamento. En el siglo XVI, una burguesía vascohablante imprimió en Bayona libros en vascuence, casi todos sobre temas cristianos. Sin embargo, como el protestantismo era perseguido por la Inquisición española y, en el nordeste, el rey protestante navarro se convirtió al catolicismo para ser el rey Enrique IV de Francia, tanto la reforma como la publicación de textos vascuences duró poco. La Reforma fue un movimiento religioso europeo que, iniciado en Alemania en 1517 contra la Iglesia Católica Romana, provocó la escisión de la Iglesia cristiana. Originado por un clima propicio a la revisión del catolicismo, de la decadencia moral y de la corrupción de los ambientes eclesiásticos, se vio favorecido por el nacionalismo alemán y por un amplio fermento económico y social, y encontró un punto de apoyo en las concepciones individualistas propias del Humanismo. El teórico de la Reforma fue Martin Lutero, monje alemán cuya doctrina, basada en la idea de salvación obtenida sólo a través de la fe y no de las indulgencias, en el rechazo de algunos sacramentos y en la afirmación de que entre el hombre y Dios no existe ningún intermediario (libre examen), se difundió particularmente entre la alta nobleza alemana, que la utilizó para justificar su rebelión contra el emperador Carlos V. Al luteranismo , difundido también en los Estados escandinavos, se añadieron también otras confesiones protestantes reformistas: la de Zwinglio (en Zurich) y la de Calvino (en Ginebra); esta ´çultima fructificó en Suiza, en los Países Bajos, en Escocia y en parte de Francia. Escasamente seguida en Italia y en España, donde sentó las bases para la Contrarreforma, la Reforma tuvo un carácter predominantemente político en Inglaterra. 1.7. Herejias en el siglo XVI En el siglo XVI el hambre y la miseria se apoderaron del País Vasco francés, comenzó también una época de persecución a supuestas brujas en todo el territorio. Euskadi Norte es la denominación que los nacionalistas vascos otorgan a las tres provincias que se engloban en el Estado francés: Zuberoa (Soule), Lapurdi (Labourd) y Nafarroa Beherea (Basse Navarre). La tierra de Zuberoa se extiende por la parte oriental del bosque de Irati y la mitad superior del valle del Saison. Lapurdi es una región agrícola y ganadera, con pesca en la costa. Nafarroa Beherea se sitúa al N de Pirineo y al O de Zuberoa. Las acusaciones que se realizaron en el Parlamento de Burdeos motivaron el envío a Labort del consejero Pierre de Lancre. Éste, arrancando confesiones mediante torturas, hizo quemar alrededor de 200 mujeres, niños y sacerdotes. Pierre de Lancre fue el responsable de la caza de brujas en Labort. Pensaba que las mujeres son de naturaleza pecaminosa, y que son tan peligrosas que jamás sería capaz un juez en solitario de juzgar a una mujer, porque los hombres son débiles. Decía que se necesitaría un tribunal compuesto por muchos hombres. Sin embargo, tras superar los desastres sufridos, en el siglo XVII se vivió una especie de renacimiento. Entre otras cosas, Rabelais publicó su Gargantua y Pantagruel y Dechepare escribió el primer texto impreso en euskera. La novela Pantagruel de François Rabelais, iniciada en 1532 y terminada de publicar en 1564, tiene en apariencia el tono de una distracción burlesca compuesta al margen de su docta y compleja actividad de médico, editor de textos ilustres de la medicina antigua y humanista, pero el espíritu libre y desprejuiciado que conforma la obra atrajo sobre ella la condena de la Sorbona (la facultad de teología). Siguiendo la línea de la parodia de la literatura épica y caballeresca, Rabelais dio expresión a una sátira muy vivaz de la pedantería escolástica , de la hipocresía del clero y, a la vez, a una exaltación de las alegrías materiales e intelectuales de la vida y de la libertad del espíritu. Los europeos del final de la Edad Media convivieron cotidianamente con los cuatro jinetes del Apocalipsis: Hambre (durante la primera mitad del siglo XIV las pérdidas de cosechas fueron frecuentes), Epidemia (la Peste Negra), Guerra (conflictos armados incesantes, caso de la guerra de los Cien Años) y Muerte (consecuencia lógica a todos los males referidos). A ello hay que añadir la terrible crisis espiritual que supuso para los católicos el Cisma de la Iglesia. En los momentos álgidos del Cisma llegó a haber hasta tres papas al mismo tiempo, cada uno con sus países aliados y enemigos todos ellos entre sí, excomulgando (negación de los sacramentos a los fieles y su participación en los oficios religiosos) a los que siguieran a su contrario. El cisma de Occidente es un período de graves controversias en el interior de la Iglesia católica (1378-1417), y durante el cual hubo varios papas a la vez. Se originó con la elección de Urbano VI (1378), al cual se opusieron la mayoría de los cardenales no italianos y eligieron al francés Clemente VII. Éste, establecido en Aviñón, estaba apoyado por Francia, Escocia y los Estados ibéricos. Aunque el concilio de Pisa eligió a Alejandro V (1409), que murió al año siguiente y fue sustituido por Juan XXII (1410-15), los dos papàs, el de Roma, Gregorio XII, y el de Aviñón, Benedicto XII, no admitieron su sustitución y permanecieron en sus puestos, llegando a tener la Iglesia tres papas. Finalmente, el concilio de Constanza (1415-18) depuso a los tres papas y convocó el cónclave que condujo a la elección de un papa único, Martín V (1417), y al final del cisma. Navarra se alineó con el papa de Aviñón, Clemente VII. En este contexto es normal que se desarrollara una psicología del miedo que tuvo su plasmación en el arte (gusto por lo macabro), en la literatura (Danzas de la muerte, libros de bien morir,...), en las relaciones intergeneracionales (rechazo de la ancianidad),..., y en la religiosidad popular (supersticiones, herejías o brujería). Obviamente los vascos no fueron ajenos a este contexto. Los vascos de finales de la Edad Media, al igual que el resto de europeos, carecían de los conocimientos científicos necesarios para interpretar adecuadamente, por ejemplo, los fenómenos de la Naturaleza y los sustituían por una explicación teológica , según la cual Dios era el origen de todo lo que acontecía y las catástrofes (un granizo que destruye las cosechas) eran un castigo por los pecados de los hombres. Así, no resulta extraño entender que se recurriera a todo tipo de estrategias para evitar que ocurriera cualquier mal, desde una enfermedad hasta una sequía. Algunas de estas estrategias contaban con el apoyo de la Iglesia, indicando la forma de llevarlas a la práctica, y otras no, considerándolas supersticiosas. De entre todas ellas destacamos tres. Conjuros climáticos. Todas las villas vascas (se documentan especialmente los casos de Bilbao , Orduña y Vitoria) disponían de una persona encargada de evitar cualquier climatología adversa que pudiera dar al traste con la cosecha de los campos circundantes, poniendo de este modo en peligro la alimentación de sus vecinos. Estaban contratadas por los ayuntamientos y normalmente recaía sobre uno de los sacerdotes de la localidad. Ejercía su misión desde lo alto del campanario, desde donde podía divisar cuándo llegaban unas nubes amenazantes y para evitar que descargaran su tormenta tocaba las campanas con un ritmo especial. En algunas localidades alavesas actuales todavía persiste esta tradición y el toque se denomina tente nublo. Caso que las lluvias llegaran antes de tiempo o tuviera lugar una sequía que pusiera en peligro la cosecha, podría optarse por realizar procesiones rogativas. Los vecinos salían en procesión con la imagen de un santo para rogarle que les ayudara ante esa situación intercediendo por ellos ante Dios. Saludadores. Se creía que existían personas con ciertos poderes curativos en su saliva estando en ayunas, capaces de erradicar problemas de sarnas, lamparones o mordeduras de perros rabiosos. Se les denominaba saludadores porque durante el ritual de aplicación de la saliva sobre la parte afectada realizaban ciertas deprecaciones o ruegos en los que intervenían bendiciones. La práctica ausencia de médicos en aquellos tiempos, saber muchas veces en manos de judíos (por ejemplo, Vitoria se quedó sin médico tras la expulsión de los judíos en 1492 y tuvo que rogar a Antonio de Tornay, médico, judío y vitoriano, que permaneciera hasta que se encontrara quién le sustituyera), hacía que cobraran un papel destacado las denominadas herboleras : mujeres con conocimientos de la botánica de los bosques vascos y sus propiedades farmacológicas para preparar ungüentos curativos de todo tipo. Nóminas. Para evitar los dolores de muelas o de parto, fiebre, problemas de lombrices,..., se escribían en un papel unas palabras y se dibujaban unos símbolos, se doblaba, se introducía en una bolsita y se colgaba del cuello. Sólo se autorizaban las nóminas realizadas por personas devotas, sacerdotes especialmente, que ponían en ellas palabras de los Evangelios y el signo de la cruz. Las herboleras no confeccionaban tan sólo ungüentos curativos, también podían realizar pócimas venenosas, anticonceptivas o abortivas e incluso filtros de amor y otras cosas que estaban cercanas al mundo de la magia y la superstición, como la práctica de la adivinación. Estas mujeres, generalmente viejas y pobres, servían de "cabeza de turco" ante las calamidades que padeciera la comunidad, acusándolas de envenenar campos, actos de infanticidio,..., e incluso de pactos con el demonio. Entonces dejaban de ser simples herboleras para convertirse en peligrosas hechiceras. Por ello no resulta extraño que en 1330 y 1342, por ejemplo, fueran condenadas a la hoguera en Ultrapuertos Jurdana de Irisarri, la señora de la casa de Aurteguia y la de Gabat por practicar sortilegios. El siguiente paso era convertirse en bruja, lo que significa adorar al Diablo, renegar de Dios, realizar cultos satánicos colectivos y maleficios a la comunidad. En 1466 ya se habla de que en la provincia de Guipúzcoa había " brujas e sorguiñas ". Pero hasta entrado el siglo XVI no se desatará la caza de brujas en tierras vascas, que tendrá su punto culminante en los sucesos de Zugarramurdi de 1610. En la primera mitad del siglo XV la comarca vizcaína del Duranguesado conoció un brote herético que tuvo como principal instigador al franciscano fray Alonso de Mella. A su surgimiento contribuyeron el contexto de miedo, la crisis socio-económica bajomedieval, una mala asimilación del cristianismo y aspiraciones sociales y económicas "igualitarias" a través de la experiencia milenarista (creencia en que Jesucristo reinaría en la tierra durante mil años antes del Juicio Final y durante ese tiempo la vida sería sin complicación alguna) por parte de los excluidos del sistema (marginados, segundones de los mayorazgos, jornaleros,...). A los seguidores de Mella se les acusó de blasfemos, de pecar contra el sexo, de negar la jerarquía eclesiástica, de reinterpretar a su modo las Sagradas Escrituras, etc. En 1442 comenzó la persecución. Muchos escaparon, entre ellos el propio Mella y otros cabecillas del movimiento, que huyeron al reino moro de Granada, desde donde escribió al rey de Castilla para abogar en defensa de su causa. Finalmente fue ajusticiado por los propios musulmanes. Entre los que no escaparon, hubo quienes consiguieron salvar la vida renunciando a la doctrina herética de Mella y quienes no, terminando en la hoguera. La Inquisición como tribunal eclesiástico destinado a extirpar la herejía, fue creado en el siglo XII, cuando la Iglesia tuvo que luchar contra los cátaros y valdenses. Más tarde el IV Concilio de Letrán (1215) y el Concilio de Tolosa (1229) declararon que era deber de los obispos perseguir y juzgar a los herejes y entregarlos para su castigo al brazo secular. En 1231-35 Gregorio IX despojaba a la Inquisición de la jurisdicción de los obispos y la confiaba a inquidores permanentes de la orden dominica, de nombramiento pontificio. El Estado se alineó con la Iglesia contra los herejes, dado que la herejía religiosa constituía una amenaza concreta contra el orden establecido y contra la seguridad del Estado. El hereje, una vez aceptada su culpabilidad, era invitado a retractarse; en caso de negarse a hacerlo era condenado a penas corporales o a la muerte en la hoguera. ¿Qué contribuyó, además del contexto de miedo ya expresado, al desarrollo de esa religiosidad popular alejada de la ortodoxia marcada por Roma? La introducción del cristianismo fue más tardía y no todo lo correcta que debiera en las zonas montañosas vascas, donde además predominaba una densidad demográfica pequeña y un hábitat muy disperso. Estas circunstancias posibilitaron un sincretismo con el sustrato pagano ancestral que había pervivido tanto tiempo; es decir, se fusionaron ciertos elementos del cristianismo con otros de la cultura pagana anterior (la creencia en Mari, en el akerbeltz, etc.), dando lugar a una vivencia religiosa no en sintonía con la ortodoxia marcada desde Roma. La leyenda de Mari nos dice que Mari, una joven y bella muchacha, gustaba de peinar sus largos y rubios cabellos, y en ocasiones tanto se deleitaba peinándose que olvidaba sus tareas. Una tarde de tormenta su madre le pidió que fuera por agua, pero Mari, distraída, no fue; al rato, la madre, al ver que se había quedado sin agua, le gritó enfurecida que así la llevaran los rayos. En ese preciso instante, Mari se convirtió en un fantasma de fuego que salió por la ventana y fue a parar a la cumbre del monte Anboto. Existen muchas leyendas sobre este fascinante personaje, que en unas aparece como un ser maligno y en otras benigno, pero siempre acaba por convertirse en una bola de fuego o en una nubecilla blanca. Por otro lado, la dirección espiritual de estas gentes tampoco fue adecuada y ello por dos razones. En primer lugar, porque el clero de las iglesias rurales, y de muchas urbanas, carecía de formación (no había seminarios para cursar estudios) y vocación (en las iglesias de patronato laico el pariente mayor nombraba a los clérigos entre los miembros de su familia que quedaban excluidos de la herencia), participaba de las mismas vivencias que sus feligreses (siempre había vivido en su cultura cotidiana), entendía el sacerdocio únicamente como una forma de alcanzar ciertos privilegios sociales y económicos, etc. Y en segundo lugar, porque, como en el caso de Vizcaya, el obispo de Calahorra tenía prohibida por ley foral la entrada en el Señorío, con lo cual no podía efectuar las visitas canónicas a las parroquias en las que inspeccionaba el nivel espiritual de los feligreses y corregía los defectos detectados. Así las cosas, se entiende que la práctica del cristianismo no discurriera por los cauces adecuados y estuviera contaminada por creencias supersticiosas. En España, una bula de Sixto IV (1478) autorizó a Fernando el Católico e Isabel de Castilla a nombrar inquisidores de su confianza, de manera que, aunque la Inquisición o Santo Oficio era un tribunal eclesiástico, que dependía nominalmente de la Santa Sede; en realidad estaba directamente manejado por el rey de España. El primer tribunal creado actuó en Sevilla (1480), para luego extenderse a otras ciudades de Castilla y Aragón. En 1483 se creó el Consejo de la suprema y general Inquisición; el primer inquisidor general fue fray Tomás de Torquemada. La lucha que la Inquisición española fue sobre todo contra los judíos, convertidos al catolicismo pero que seguían siendo en secreto fieles a la ley mosaica (los llamados marranos) y contra los moriscos (musulmanes conversos). Era competencia del tribunal de la Inquisición los casos de brujería, hechicería, bigamia, blasfemia, posesión de libros prohibidos (cuyo índice se publicó en 1547, y en el que constaban obras de Erasmo, fray Luis de Granada, Juan de Ávila, entre otros, etc. La etapa más dura de la Inquisición fue la del reinado de los Reyes Católicos; con Felipe II alcanzó un gran auge y decayó con los Borbones. El Santo Oficio o Inquisición fue abolido por las Cortes de Cádiz (1813) y restaurado por Fernando VII (1814), hasta que en 1834 fue definitivamente suprimido. 2. La crisis de la sociedad feudal en el País Vasco En sus líneas esenciales la estructura de la sociedad vasca en la Baja Edad Media es muy similar a la de la época anterior, el famoso esquema tripartito clero, nobleza, campesinos, en el que se han ido haciendo un hueco los pobladores de los núcleos urbanos que forman la burguesía. Precisamente, uno de los datos nuevos que conviene destacar es el creciente protagonismo como grupo social dirigente que irán adquiriendo las clases burguesas a lo largo de los siglos XIV y XV. Durante este tiempo el conjunto de la sociedad vasca, al igual que toda la europea, se vio afectada por una profunda crisis o gran depresión, que la historiografía denomina como crisis bajomedieval o crisis del feudalismo, entre otras expresiones. El “Feudalismo” fue el orden político, económico y social que prevaleció en gran parte de Europa en los siglos IX y X y que se prolongó hasta los siglos XII y XIII. Tuvo su origen en la costumbre de los merovingios y carolingios de asignar en usufructo a sus guerreros las tierras conquistadas. Esta concesión, llamada beneficio o, en palabra germánica, feudo (beneficio de posesión), era otorgada con la ceremonia de la investidura, en la que el receptor se declaraba vasallo del soberano contrayerndo obligaciones (la principal de ellas el servicio militar) y obteniendo privilegios especiales, el principal de los cuales era la inmunidad. En un principio el feudo volvía al rey a la muerte del vasallo, pero después se convirtió en hereditario y el feudatario en un auténtico príncipe absoluto podía conceder parte de su feudo a otro vasallo menor (valvasor) y éste a su vez a otro valvasor menor; en 1307 y con la Constitutio de feudis se reconoció el derecho de herencia de los valvasores. En la sociedad feudal se distinguían fundamentalmente cuatro clases sociales: los nobles, el clero, los hombres libres (campesinos y artesanos) y los siervos de la gleba. El centro de la vida feudal era el castillo del señor, en torno al cual se agrupaba el burgo. Se pueden señalar algunos aspectos característicos de esa crisis como la paralización de las roturaciones, la caída de la productividad agrícola, crisis de subsistencia, hambrunas, incremento de la mortalidad, retroceso demográfico, etc. Sobre un panorama de por sí sombrío incidirá gravemente la peste, especialmente la Peste Negra de 1348, que fue el último eslabón de un cortejo de tragedias. Muchos campesinos sucumbieron entonces y entre los supervivientes no fueron pocos los que optaron por huir del campo y refugiarse en las villas, buscando un nuevo horizonte de vida. Este fenómeno afectó a las rentas que los señores recibían de los campesinos, que iniciaron un acusado descenso. Los esfuerzos por mantener el prestigio social y la fuerza de los linajes y la desesperada búsqueda de ingresos para frenar la caída de las rentas señoriales dará lugar en el territorio vasco a una interminable serie de guerras, por lo general de tipo privado y alcance muy limitado, especialmente frecuentes en el siglo XV, que se conocen como luchas de bandos o conflicto banderizo, y que son expresión de una acentuación grave de la conflictividad social. Lope García describe en sus Bienenadanzas e fortunas este complejo e interminable conflicto. Los principales bandos fueron los oñacinos y gamboínos, que actuaron en Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Lapurdi. Unas veces los nobles rurales se enfrentarán entre sí, otras lo harán con sus propios campesinos, a los que presionan cuanto pueden para tratar de contener la caída de las rentas señoriales, y otras, por último, se enfrentarán con los habitantes de las villas. El objetivo clave de los enfrentamientos es la pretensión de valer más , por utilizar la conocida expresión del cronista banderizo, que se traduce en un mayor poder, más rentas y más vasallos. La solución a esta conflictividad social tardará en producirse, y no llegará hasta finales del siglo XV, ya durante el reinado de los Reyes Católicos, que culminaban los esfuerzos pacificadores iniciados con anterioridad por Enrique IV. En este proceso pacificador jugaron un papel muy importante las Hermandades provinciales, asociaciones de villas que disponen de una fuerza armada, cuya eficacia fue decisiva para la sumisión de la nobleza rural banderiza, liderada por los llamados parientes mayores. Sobre las Juntas Generales de Bizkaia apuntaremos que, el señorío de Bizkaia, de origen antiquísimo –constituido por las divisiones territoriales de Bizkaia, Duranguesado y Encartaciones-, se encaminó en el siglo XIV hacia una unidad política, regida por el gobierno del señorío de Bizkaia o Diputación General y por las Juntas Generales. Entre las funciones de las Juntas figuraban las de elegir y tomar juramento a los miembros de la Diputación General y la de velar por la aplicación del Fuero de Bizkaia, carta magna del territorio, recogida como norma escrita en 1342, aunque la primera redacción completa data de 1452. Este texto fue actualizado con el nombre de Fuero Nuevo en 1526, una vez finalizadas las guerras banderizas, que habían condicionado la redacción de muchas leyes. La celebración de Juntas Generales en el robledal enclavado en el paraje de Gernika Zarra, en la anteiglesia de Lumo, está documentada desde 1308. Con el tiempo, el robledal desapareció y sólo se conservó el árbol Foral o árbol de Gernika, alrededor del cual continuaron reuniéndose las Juntas. Una hermandad es la asociación de los vecinos de diversos municipios castellanoleoneses, que se unían para fines de interés común, por lo general para la defensa del orden público, persecución de los malhechores y resistencia frente a los abusos nobiliarios.

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