miércoles, 27 de enero de 2021

El País Vasco en la Edad Moderna (III)

8. Entre tradición y modernidad en Euskal Herria A lo largo de la Edad Moderna, las comunidades rurales y urbanas reaccionaron ante la "novedad", contra todo aquello que atentaba contra la propia costumbre. Se tendía a defender la economía moral de la propia comunidad o corporación frente a los abusos de los poderosos, frente a los foráneos o frente a los competidores. Numerosos conflictos fueron enfrentamientos entre aldeas o valles vecinos, o luchas entre corporaciones o grupos urbanos por privilegios, monopolios o cotas de poder. Los campesinos tendían a querer restaurar el orden moral, legal y cultural cuando éstos se veían alterados por la intervención de agentes señoriales, urbanos o de la administración real. El concepto de protoindustrialización está muy difundido y es discutido en historia económica. Fue introducido por F. F. Mendels a finales de la década de 1960 para definir la primera del proceso de industrialización. Esta fase se caracteriza por la prtoducción rural, estacional y doméstica (industria a domicilio ), cuyos productos, principalmente textiles, se dirigen a mercados exteriores a la región, incluso internacionales. El fenómeno, que se desarrolló en el siglo XVIII, se produjo como respuesta a los altos costes del trabajo urbano, precisaba de la existencia de mano de obra rural disponible y barata, que combinaba el trabajo agrícola con el industrial, e implicaba que la región se encontrase en las proximidades de otras regiones especializadas en la agricultura comercial. El sistema contribuyó a la acumulación de capitales, a la formación de una clase de empresarios capitalistas –los comerciantes, residentes en las ciudades, que financiaban y organizaban la producción rural-, al desarrollo de innovaciones técnicas y a la formación del proletariado industrial. Según Ramón Nieto, “Las corporaciones existen desde que un grupo de personas se encontraron unidas por los mismos intereses. […] En la Edad Media, quienes se dedicaban a un mismo oficio formaron gremios o corporaciones de ámbito local, comarcal, regional o nacional (no hay constancia de la existencia de corporaciones internacionales). Algunas tuvieron un gran poder, pero a todas les asestó un golpe de gracia el cambio social sobrevenido a consecuencia de la revolución industrial ene l siglo XVIII.” Entre los principales problemas que se plantearon destacan el proceso reseñoralizador de los siglos XVI y XVII, el progresivo control de los cargos municipales y provinciales por parte de una minoría de notables, el aumento de la presión fiscal para hacer frente a las necesidades militares de la monarquía, o el intento de imponer novedades que atentaban al orden foral, como determinadas prestaciones militares, nuevos impuestos o el intento de trasladar las aduanas. La provincia es un ente territorial de segunda importancia que puede configurarse a partir de una agrupación de municipios o como parte de la división administrativa en que se organiza la región. Esta especie de naturaleza bifronte se refleja en la doble función que potencialmente desempeña la provincia, al servir tanto de ámbito local autónomo con tareas supramunicipales, como de espacio en donde se cumplen actividades que son propias de niveles superiores de gobierno. Los conflictos sociales en el País Vasco fueron semejantes a los que tuvieron lugar en Europa, aunque generalmente resultaron menos extensos y violentos que las guerras sociales europeas. Los principales fueron la guerra de las Comunidades en 1520-21, el complot de Navarra de 1648, los motines de Fitero de 1627 y 1675, el motín del estanco de la sal de 1631-34, el motín de Tudela de 1654, las revueltas de Bayona de 1590, 1641 y 1665, las revueltas en Lapurdi de 1655-59, la matxinada de 1718 en Vizcaya y Guipúzcoa, las alteraciones de Vitoria de 1738, y la matxinada de 1766. Por otro lado, la implantación de prácticas capitalistas de mercado, con la especulación , la preponderacia del mundo urbano sobre el rural y otras novedades introducidas por el sector más innovador de las élites del país fueron fermento de conflictos, especialmente en el siglo XVIII. Tradicionalmente, al tratar del siglo XVIII se ha opuesto una burguesía comerciante, dinámica y "revolucionaria", a una nobleza rentista, pasiva y conservadora, preocupada por mantener sus privilegios. Sin embargo, este modelo no corresponde a lo que se observa en el País Vasco, donde un sector de la nobleza fue ilustrado, emprendedor, comerciante y, con respecto a la mayoría social de su entorno, relativamente progresista, mientras que grandes burgueses comerciantes se mostraron muchas veces conservadores, con ideales de vida rentistas y nobiliarios. “Algunos vascos pasaron a formar parte de navíos corsarios , pero no pudieron evitar que desde el siglo XVII los holandeses establecieran un comercio clandestino de cacao y especias con Venezuela; los hombres guipuzcoanos, que incluso habían abierto una empresa comercial en Caracas, […] se vieron perjudicados por unas Reales Órdenes que prohibían la entrada de frutos de América que llegaran con intermediación de navíos extranjeros. Ante esta situación, los hombres de negocios y de mar se reunieron en el año 1727 bajo la presidencia de Don Francisco de Munibe, Conde de Peñaflorida, acordando enviar al rey Felipe V una carta solicitando permiso para la creación de una empresa naviera, con el fin de comerciar directamente con Venezuela. Con fecha de 25 de septiembre de 1728 una Real Cédula autorizaba la creación de esta Compañía […] Esta empresa animaría la vida comercial guipuzcoana, […] durante gran parte del siglo XVIII, hasta su fusión en 1785 con la Real Compañía de Filipinas.” (Javier y Asier Sada). Aquel sector más abierto de la nobleza destacó por su modernidad. Participó en negocios mercantiles, procuró el rendimiento de sus tierras, constituyó bibliotecas, estuvo abierto a las ideas del siglo, mediante lecturas, estudios en el extranjero, viajes y correspondencia epistolar, se reunió en tertulias cultas y fundó o participó, desde 1766, en la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, muchos de cuyos miembros eran de elevado rango estamental y propietarios de varios mayorazgos, como el propio conde de Peñaflorida, su fundador. A su modo, estos hombres reflexionaron sobre las reformas del país, apostando por un reformismo práctico que aportara mejoras concretas a la sociedad. Por su parte, Ricardo García Carcel se expresa así: “La población continuó la progresión iniciada a finales del siglo XVII. A mediados del siglo XVIII, la población española ascendía a 9.300.000 habitantes (unos dos millones más que a comienzos de siglo). Pero este crecimiento siguió siendo muy poco simétrico. La España interior retrocedió demograficamente –sólo Madrid aumentó su población-, mientras que Galicia, Asturias, el País Vasco y la Andalucía atlántica progresaron.” Su principal impulsor fué Xabier María de Munibe, conde de Peñaflorida. Sus estatutos, aprobados por Carlos III en 1765, eran un proyecto de regeneración social basado en la educación y en la ciencia. Pretendían fomentar la agricultura, la industria, el comercio, las artes y las ciencias. Tuvo socios en el País Vasco, en las principales ciudades españolas y en América y Filipinas. Su preocupación por la educación les llevó a crear escuelas de letras en Vitoria, Loyola, Vergara, San Sebastian y Bilbao, y fundaron el Real Seminario de Vergara, colegio de nobles particularmente avanzado para su época. Xosé Estévez apunta que: “Las actividades [de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País] eran financiadas mediante las aportaciones económicas, el trabajo no remunerado y voluntario de los socios, subvenciones particulares y una renta anual de 4.164 reales, concedidos por Real Orden de marzo de 1770. El sistema de financiamiento a base de una lotería, propuesto en el plan inicial de 1763, no se llevó a efecto.” A lo largo del siglo XVIII se agudizaron notablemente las diferencias culturales en el seno de la población, especialmente entre las élites del país. Un factor importante de este cambio, que tendría grandes consecuencias culturales y políticas, fue la participación de una parte de las élites vascas en el gobierno del Estado y en el Imperio colonial. Como señalaría el conde de Guendulain en sus memorias, las diferentes adscripciones políticas que siguieron las familias dirigentes navarras en el momento de la primera guerra carlista estuvieron muy relacionadas con su trayectoria anterior: aquellas que se habían forjado en una dinámica estatal e imperial -colocando a sus hijos en carreras cortesanas, burocráticas y militares- dieron generalmente cuadros liberales, mientras que la nobleza que había permanecido arraigada en el país fue conservadora. Parece que, a finales del siglo XVIII, frente a los sectores mayoritarios más arraigados en la costumbre, compuestos por la mayoría de las clases populares y por los sectores tradicionales de la nobleza, el clero y el comercio, contrastaba una élite ilustrada, minoritaria, de mentalidad liberal, burguesa y mas o menos reformista, compuesta por los sectores ideológicamente más avanzados de la nobleza, el clero y la burguesía. Álvaro Aragón Ruano escribe en la enciclopedia Añamendi que: En el siglo XVIII el tercer estado era el estamento más numeroso en Europa y dentro de él predominaba el campesinado, cuyas condiciones de vida sufrieron un claro empeoramiento, si ya de por sí no eran lo bastante precarias: aumento de la presión señorial en momentos de dificultades, falta de equilibrio en la propiedad, endeudamiento o proletarización fueron algunos de los síntomas del mismo. A ello se sumó el progresivo recorte del uso de los comunales, hasta entonces un recurso complementario imprescindible para completar las economías campesinas, a consecuencia de la acción desvinculadora de las oligarquías locales, lo que aceleró su empobrecimiento, provocando importantes crisis de subsistencia en toda la geografía europea: en toda Europa entre 1709 y 1710 y en 1720; en Francia y Alemania entre 1740 y 1741; en España e Italia entre 1764 y 1766; en Centroeuropa y Francia -conocida como la Guerra de las Harinas- entre 1771 y 1775,; y en toda Europa en 1789. De todas formas, la peor de las situaciones fue la que vivió el campesinado de Centroeuropa, que entre el siglo XV y el siglo XVIII sufrió la denominada "segunda servidumbre". 9. Las Matxinadas 9.1. Introducción La Matxinada de 1718 surgió como reacción al decreto de contrafuero que ordenaba desplazar las aduanas entre Castilla y Euskal Herria a los puertos de mar. Argumentando el respeto a los Fueros , se produjo un levantamiento basado en intereses socioeconómicos. Los agricultores, que estaban en contra del pago de aranceles por algunos productos, fueron a Bilbao e hicieron presión para que se aprobara un nuevo decreto que derogara el anterior, pero no lograron su propósito. Algunos señores de Bizkaia y de Gipuzkoa tuvieron que abandonar sus bienes y huir. Se produjeron muchos actos de pillaje hasta que llegaron a Bizkaia las tropas reales a restablecer el orden. La represión posterior a la rebelión fue muy dura, pero los agricultores consiguieron que algunos productos quedaran libres de aranceles. La Matxinada de 1766 fue provocada por el desabastecimiento como consecuencia de que los comerciantes se negaron a vender los cereales que tenían almacenados con el objetivo de mantener el elevado precio que éstos tenían. En algunos lugares de Gipuzkoa el pueblo requisó los cereales y obligó a los señores a abaratarlos. En otras poblaciones, los señores se adelantaron y bajaron los precios por decreto, para evitar las acciones del pueblo. En Donostia se formó el ejército destinado a dar fin a la rebelión, con ayuda de los comerciantes de Donostia, Irun y Errenteria, que se dirigió Azpeitia y Azkoitia, donde los revoltosos tenían mucha fuerza, y aplastó el movimiento. Afirmaremos, por lo tanto, aunque sea a grandes rasgos, que en toda la historia de revueltas del País Vasco en el siglo XVIII se dan tres circunstancias claves: Coyuntura agraria grave. Exigencia de tributación extra. Y situación bélica o exigencia a las provincias vascongadas de aportación de milicias. A estas revueltas se las terminó denominando machinadas, calificativo que deviene de Machín o San Martín, patrono de los ferrones, porque la base de las mismas se inicia entre los ferrones y campesinos relacionados con las ferrerías vascas. Y el término quedó, popularmente, como equivalente a asonada o insurrección. Las más graves son las de 1718 y 1766, aunque las hubo en 1731 en Irún, a raíz de la leva de marinería, en 1733 en Placencia de las Armas, por la fábrica de armamento, la de 1739 en Azpeitia, a causa de la carestía del grano o pan, la de 1743 en Hernani, etc., etc. Los fueros garantizaban: La hidalguía universal; la exención fiscal de determinados productos; y la exención del servicio militar, así como la libertad de comercio. Las infracciones a algunas de estas “foralidades” por parte, bien de los miembros de Juntas Generales Provinciales, o bien por los mercaderes, clérigos y clase urbana, fueron las causas generales de tales insurrecciones populares. En muchos casos, se venía larvando una hostilidad creciente entre jauntxos rurales y campesinos de un lado, y comerciantes o burguesía urbana por el otro. Es una lucha feroz entre las clases trabajadoras (de ferrerías y campo) contra comerciantes y notables urbanos, dominantes de las instituciones de gobierno provincial. Las víctimas de las matxinadas son muestra de los expuesto: La acción popular ajustició en 1632 a Domingo de Castañeda, alto funcionario de la Audiencia del Corregidor; saqueó la casa de don Pedro Fernández de Castañeda y la de don Pedro de Villela (alcalde de Bilbao, el uno, y comisario de galeones, el otro). Es decir, hombres poderosos con beneficios agrarios, cosecheros de vinos, propietarios rurales o inversores de negocios y clérigos fueron los objetivos de la masa de amotinados. Dar muerte a los poderosos, y que se respeten los derechos de las clases más desfavorecidas, es la clave de la mentalidad popular o comunitaria. En las dos graves matxinadas (1718 y 1766) la cosecha agraria más importante de Vizcaya y Guipúzcoa era el maíz. Y en ambas el maíz es la base del descontento por ser deficitarios en grano y disponer sólo de otras dos actividades: la pesca (en Guetaria, Motrico…) y los ferrones (Mondragón, Placencia, Eibar, etc.). Alberoni, ministro del rey, estableció aduanas de tasas, lo que provocó la ira de los comerciantes y campesinos porque a los primeros les controlaba el tráfico de mercancías (tabaco, sal, etc.) y a los otros porque les arruinaba el contrabandeo. También es curioso que en todas las aldeas rebeldes los cabecillas eran los notarios y los secretarios municipales. Siempre es en la aldea campesina donde se inicia la revuelta. 9.2. Las matxinadas Revueltas e insurrecciones populares acaecidas en Euskal-Herria y relacionadas con momentos álgidos de transformaciones sociales y políticas. Fueron motivadas por el recorte de la soberanía nacional o el enfrentamiento económico entre diferentes grupos sociales. El origen del término parece estar en matxin, el trabajador de las ferrerías, hombre por excelencia más concienciado de su explotación social o al menos quien sufría más directamente los rigores del trabajo, en la forja y en el caserío. Las matxinadas, al contrario que las guerras más o menos abiertas de los pueblos vascos contra sus vecinos, son expresiones limitadas de descontento social, localizadas en el tiempo y encuadradas, tanto en Hegoalde como en Iparralde, en los siglos XVII, XVIII y comienzos del XIX, antes de las guerras carlistas en el sur o de la Revolución francesa en el norte. El elemento común que une a todas las matxinadas es el de una grave crisis social provocada por la carestía de los productos básicos de subsistencia, a los que se une el descontento político de la población, en su mayoría rural, contra los jauntxos y burgueses urbanos aliados de las normas fiscales que partían de París y Madrid. Todos los historiadores coinciden en señalar que la situación que vivía Euskal Herria durante las épocas en que se produjeron los levantamientos populares era explosiva. El hambre no era un cuento sino una expresión cotidiana. En este escenario, los cronistas de estos tiempos relatan asaltos, robos y hurtos generalizados. Se suele citar el llamado Motín de la Sal, ocurrido en Bizcaia entre los años de 1631 y 1634, como la primera de las matxinadas notables. A partir de la llegada de los Borbones al trono español, los levantamientos se hicieron más numerosos, pero antes ya se habían producido algunos de especial interés. En 1538 el pueblo de Oñati se sublevó para derribar la horca, como en 1592 lo hizo el de Larraga contra la picota. Los nobles lapurtanos, que no eran reconocidos como tales, se alzaron en la llamada Revuelta de los fivatiers, durante los primeros años del siglo XVII. Asimismo y en Baiona, se produjeron durante el siglo XVII diversos alzamientos como protesta por la subida de los impuestos que afectaban a tintoreros, artesanos, jornaleros y peones. En 1669, toda la costa de Lapurdi se reveló en masa contra la leva forzosa de marineros para la Armada francesa. En 1683, los vecinos de Garazi fueron reprimidos duramente por levantarse contra una medida que convertía una salina comunal en real. Durante todo este siglo XVIII, Nafarroa Garaia conoció, también, diversas insurrecciones populares de marcado carácter anticlerical. Las matxinadas del siglo XVIII siguieron presentándose como nuevas protestas ante el intento de recortar la autonomía foral vasca en su aspecto económico. Aunque muchas de ellas han sido engullidas por la historia, en beneficio de algunos motines sonados en especial los de 1718 y 1766, no deja de ser sintomática su enumeración: en 1724 en Ainhoa por la subida de impuestos, en 1731 en Irun por la leva de marinos, en 1739 en Azpeitia por la subida del grano, en 1748 en Garazi por los impuestos, en 1749 en Hernani por el recorte de los comunales, en 1755 en Gipuzkoa contra la venta libre de ganado, en 1756 en Donibane Lohizune contra los militares franceses acantonados en su localidad, en 1773 en Donostia por la subida del impuesto de la sidra, en 1784 en Gasteiz por las restricciones a la venta del vino… Las machinadas o matxinadas fueron revueltas producidas en varios momentos a lo largo del siglo XVIII (las más importantes, en 1718 y 1766) en las provincias vascas por diversos motivos: económicos, políticos, sociales... Toman su nombre de San Martín (Machín), patrono de los ferrones (empleado de una ferrería o fábrica medieval de hierro) y solían enfrentar a las clases populares (campesinos y ferrones) con las clases aristocráticas o con los representantes del poder real. Las causas de estas machinadas solían ser varias: Económicas: la escasez de grano o la imposición de impuestos o aranceles en época de carestía podía provocar la rebelión de los campesinos, secundadas por los trabajadores de las herrerías. Así sucedió en 1739 en Azpeitia, en que el precio del pan fue la causa principal de la revuelta. Políticas: las provincias vascas disfrutaban de unos fueros reales generosos que garantizaban privilegios como la "hidalguía universal" de vizcaínos y guipuzcoanos, la exención fiscal de ciertos productos o la exención del servicio militar. El intento de rebajar o anular estas ventajas políticas, económicas y sociales también llevó a levantamientos, como el de 1731 en Irún por una leva militar, o la Machinada de 1717, uno de cuyos catalizadores fue el decreto que trasladaba las aduanas del puerto interior al puerto de mar, lo que suponía un grave perjuicio para el comercio vizcaíno. Sociales: tras las guerras de bandos de finales de la Edad Media, las mayores tensiones sociales se producían ahora entre los sectores rurales (donde los campesinos y los jaunchos compartían intereses) y la naciente burguesía, que solía aparejar el poder político provincial y real. En este contexto, las Machinadas también pueden interpretarse como levantamientos de los campesinos contra el poder de las ciudades. 9.3. El motín de la sal La llamada Rebelión de la sal fue una revuelta o motín de subsistencias que se produjo en Vizcaya entre 1631 y 1634, a raíz de un conflicto económico sobre el precio y la propiedad de la sal almacenada en el Señorío de Vizcaya. El origen de la rebelión fue la Real Orden del 3 de enero de 1631, por la que se elevaba el precio de la sal hasta un 44%, al tiempo que se ordenaba la requisa de toda la sal almacenada, que a partir de ese momento sólo podría ser vendida por la Real Hacienda . El motivo de esta medida, que contravenía los privilegios forales del Señorío y su exención fiscal, se debió a la necesidad de la Corona de los Austrias de mantener el costoso ejército en las guerras del norte de Europa. Ante esta medida, que se unía a otras aprobadas con anterioridad —como la aplicación de tasas al comercio de la lana o los paños—, los campesinos y los burgueses reaccionaron contra los representantes de la autoridad real, llegando incluso a asesinar al procurador de la Audiencia del Corregidor en octubre de 1632. La revuelta llegó también a impedir la reunión de las Juntas Generales de Guernica de 1633, reclamando que se revocasen todos los impuestos abusivos, a juicio de los marineros y campesinos, y se volviese a la exención fiscal recogida en los Fueros. En este punto, la cuestión del embargo y el precio de la sal había quedado ya prácticamente olvidada. La rebelión, que duró, con intermitencias, más de tres años, fue definitivamente reprimida en la primavera de 1634, cuando sus principales cabecillas fueron detenidos y ejecutados. Con el fin de aplacar los ánimos, sin embargo, el rey optó por perdonar al resto de los rebeldes y suspender la orden original referente al precio de la sal. Así, pues, el Motín de la Sal (1632) fue una revuelta bilbaína contra la imposición de un impuesto sobre la sal decretado por el conde-duque de Olivares . El origen del conflicto estuvo en el rechazo a un tributo no negociado al que se acusaba de contravenir los Fueros del Señorío de Vizcaya, en el que también se entremezcló el descontento de sectores humildes, protagonistas de algunos saqueos a casas de ricos. La desunión del movimiento, la retirada del impuesto y el bloqueo económico sobre el puerto bilbaíno ordenado por Olivares como represalia, pusieron fin a los tumultos con el ajusticiamiento de algunos cabecillas. En el año 1631, la monarquía castellana acordó el llamado estanco de la sal, que repercutía gravemente en el precio de este producto. La medida, además de ser claramente antiforal, afectaba a la población consumidora, pues el uso de la sal era imprescindible en la conservación del pescado y de la carne. Pero esta causa detonante se dió en un contexto determinado. Las Juntas Generales del Señorío de Bizkaia habían caido en manos de la oligarquía rural, desplazando de las mismas a los baserritarras. De aquella época datan las disposiciones que prohibían la asistencia a las Juntas a todos aquellos que no supieran leer y escribir en castellano. El Gobierno foral se había convertido de esta forma en un instrumento de dominación de clase, detentado por unos jauntxos cada vez más identificados con Madrid. Esta identificación no pasó desapercibida a los matxines, quienes no dudaron en calificar de traidores a la patria a los junteros y a determinados personajes importantes de Bilbo. Tras un período en el que los amotinados ocuparon por las armas la villa del Nervión, la autoridad central intervino, ahorcando a varios cabecillas. Posteriormente, el estanco fue abolido y los que permanecían en las cárceles amnistiados. 9.4. Las revueltas en Iparralde Ipar Euskal Herria vivió durante los siglos XVII y XVIII una situación casi permanentemente de revuelta popular. Coinciden con un proceso fuertemente centralizador que se inauguró con la llegada al poder del cardenal Richelieu en el año 1624. los ataques contra las leyes, usos y costumbres de los vascos se van a suceder: desde el establecimiento de impuestos para el pueblo llano gabelle hasta las levas forzosas para la armada. Ipar Euskal Herria conoció además un proceso de refeudalización que agravaba todavía más las condiciones de vida de las clases populares. No hay que olvidar tampoco que algunas actividades tradicionales -la pesca, por ejemplo- entraron en grave crisis. 9.5. La matxinada de 1718 Otra vez las poblaciones de las anteiglesias próximas a Bilbo van a protagonizar un movimiento de revuelta contra el traslado de las aduanas a la costa, decretado por la dinastía borbónica, recién instalada en el trono de Castila. La matxinada se extendió a otras poblaciones de Bizkaia y a algunos puntos de Gipuzkoa. De esta matxinada se han dado diversas interpretaciones. Una de ellas se basa en el enfrentamiento que mantenían entre sí los jauntxos que controlaban las instituciones y diversos grupos de comerciantes , para algunos de éstos que se dedicaban a la introducción de productos coloniales, el traslado de las aduanas era un golpe de muerte. Sin embargo quienes realmente salían más perjudicadas eran las clases populares para las que el nuevo emplazamiento de las aduanas implicaba un encarecimiento de los artículos de primera necesidad. Los amotinados no dudaron en denunciar el colaboracionismo de los cargos forales, pero también el creciente poder que ejercía el enclave comercial bilbaino. De nuevo la represión vino de la mano de la autoridad central y fue especialmente sangrienta. En 1723 volvían las aduanas a su anterior emplazamiento. Otra vez las poblaciones de las anteiglesias próximas a Bilbo van a protagonizar un movimiento de revuelta contra el traslado de las aduanas a la costa, decretado por la dinastía borbónica, recién instalada en el trono de Castilla. La matxinada se extendió a otras poblaciones de Bizkaia y a algunos puntos de Gipuzkoa. De esta matxinada se han dado diversas interpretaciones. Una de ellas se basa en el enfrentamiento que mantenían entre sí los jauntxos que controlaban las instituciones y diversos grupos de comerciantes, para algunos de éstos que se dedicaban a la introducción de productos coloniales, el traslado de las aduanas era un golpe de muerte. Sin embargo quienes realmente salían más perjudicadas eran las clases populares para las que el nuevo emplazamiento de las aduanas implicaba un encarecimiento de los artículos de primera necesidad. Los amotinados no dudaron en denunciar el colaboracionismo de los cargos forales, pero también el creciente poder que ejercía el enclave comercial bilbaino. De nuevo la represión vino de la mano de la autoridad central y fue especialmente sangrienta. En 1723 volvían las aduanas a su anterior emplazamiento. 9.6. La Matxinada de Vitoria de 1738 A pesar de no estar entre las tradicionales machinadas, este acontecimiento ocurrido en Vitoria ejemplifica perfectamente la ruptura social que se estaba produciendo en la sociedad vasca. Entre 1738 y 1748 se produjo un enfrentamiento entre el pueblo llano y las oligarquías de Vitoria. A finales de marzo de 1738 los habitantes de las 21 vecindades de Vitoria enviaron una lista de demandas a los gobernantes de la ciudad. La Compañía de Jesús quería erigir un colegio en ella, pero la mayoría de sus habitantes y el clero secular estaban en contra. No era ninguna novedad, puesto que los jesuítas lo llevaban intentando desde el siglo XVI. Sin embargo, en esta ocasión contaban con el apoyo de la nobleza y, por medio de ciertos subterfugios, lograron asentarse. De todas formas, el levantamiento tenía también otras causas. Por un lado, detrás de la protesta estaban los mercaderes que, más que desplazar a la nobleza del poder, lo que pretendían era compartirlo con ella. La burguesía, a fin de proteger sus negocios e intereses, pretendía dominar el gobierno local, más aún visto cómo podían perjudicarles las medidas que los Borbones pretendían imponer en su tradicional sistema comercial, vinculado esencialmente al hierro y la lana. Las disputas entre Bilbao y Santander, entre 1738 y 1742, pusieron a Vitoria entre la espada y la pared. El ministro José Patiño quiso impulsar los caminos directos entre Burgos-Santander y Bilbao-Balmaseda u Orduña, marginando así a Vitoria. Finalmente, entre 1742 y 1748 la burguesía de Vitoria consiguió controlar el poder concejil, aunque por un corto lapso de tiempo. Por otro lado, el pueblo vertía numerosas acusaciones sobre los mandatarios: aumento de impuestos, malversación de fondos públicos y fraude electoral. En cualquier caso, se impulsaron medidas importantes para el futuro: se redactaron nuevas ordenanzas y se estableció un nuevo arancel sobre los productos que cruzaban Vitoria. 9.7. La matxinada de 1755 La especulación fue un problema permanente en la tierras vascas, también en el caso de la carne. Precisamente esa fue la causa de la machinada de 1755. Desde la década de los años veinte del siglo XVIII se incrementó considerablemente la exportación de carne vacuna desde Bizkaia y Gipuzkoa hacia Álava y Castilla. Dicha exportación únicamente era prohibida en tiempos de inflación (1695, 1702, 1709, 1712, 1714, 1740, 1741, 1742, 1752 y 1754). Gipuzkoa intentó acabar con las prácticas de los revendedores en 1755 prohibiendo a los campesinos vender en los mercados y obligándoles a respetar la preferencia de compra de los abastecedores locales. Además las instituciones provinciales establecieron la periodicidad de los mercados, prohibieron la exportación de los animales a los pueblos circunvecinos y establecieron un sistema de precios semitasado, fortaleciendo de esa forma el papel de las instituciones locales, ya que debían velar por la aplicación de dichas medidas. Pero los campesinos y pequeños propietarios, que eran dueños de animales y gracias a las ventas a los especuladores obtenían unos ingresos complementarios esenciales, no aceptaron las medidas. Los especuladores acudían directamente a comprar a los caseros, ahorrándose de esa forma los gastos de transporte. Además, a pesar de obtener precios algo más bajos, las ventas realizadas a los revendedores eran más seguras, puesto que así no competían con otros vendedores ni sufrían las exigencias de los abastecedores oficiales. Los campesinos necesitaban liquidez y no podían arriesgarse a esperar obtener precios justos, puesto que el mantenimiento del ganado era caro y cualquier eventualidad en la cosecha podía dar al traste con todas sus esperanzas. En la primavera de 1754 Gipuzkoa, motu proprio y sin la correspondiente aquiescencia del Consejo de Castilla, prohibió la exportación de ganado vacuno y la obligación de venderlo en los mercados provinciales. A consecuencia de ello, muchos tratantes fueron detenidos y los campesinos fueron acusados de realizar ventas ilícitas. Tras los duros inviernos de los años 1754 y 1755 -se produjeron importantes heladas y nevadas- las cosechas de hierba y nabo fueron muy malas, dejando a los campesinos sin el sostén para sus animales, obliglándoles a vender dichos animales. Cerradas las puertas de la exportación, los campesinos se vieron obligados a llevar sus animales a los mercados provinciales. Sin embargo, siendo la competencia muy alta, muchos no pudieron llevar a cabo la venta y quedaron al borde del precipicio, sobre todo en el valle del Deba. A decir verdad, los abastecedores preferían comprar el ganado en Francia, para de esa forma poder sacarlo a los mercados extraprovinciales, especular y obtener mayores rendimientos y beneficios. Por ello, muchos campesinos, a pesar de ser ilícito, viendo que la venta en los mercados locales era casi imposible y difícilmente podían mantener el ganado, se atrevieron a venderlos fuera de la provincia. Para acabar con estas prácticas se tomaron algunas medidas. El 20 de agosto de 1754 la provincia decidió que los mercados que se celebraban semanalmente en Segura y Ordizia los lunes y jueves, respectivamente, se celebrasen alternativamente cada quince días todos los lunes. A los abastecedores de la provincia se les obligaba a acudir a ambas, quedando prohibida la reventa. En caso de que los vendedores de cada localidad quisiesen vender el ganado a los abastecedores locales, estos estaban obligados a comprárselo; en caso de concurrir muchos vendedores, lo más necesitados tendrían prioridad. En caso de que el abastecimiento quedase garantizado, los vendedores podrían llevar el ganado sobrante a un máximo de seis kilómetros a la redonda, siempre dentro de los límites provinciales. El ganado infractor sería detenido y vendido y sus propietarios deberían hacer frente a los gastos de la acusación y a una multa. Pero el reglamento no fue respetado y el fraude continuó. En realidad, los decretos fortalecieron las prácticas especulativas y el contrabando. El 21 de marzo de 1755 la Diputación de Guipúzcoa solicitó al Alcalde de Sacas que exigiese referencia exacta del ganado importado a todo aquel que desde Álava, Rioja o cualquier otro destino fuese a Francia a comprar ganado. De igual modo debía actuar con los abastecedores guipuzcoanos y con aquellos que compraban ganado para las labores agrícolas. Las extracciones únicamente se podrían practicar de mediar el permiso provincial. Pero finalmente los campesinos de las cuencas del Urola y del Deba llevaron su ganado a Vitoria, puesto que no pudieron venderlo en el mercado de Bergara. La primavera de 1755, ante las numerosas denuncias y visto el escaso éxito de las medidas adoptadas, sobre todo en Mondragón, Eskoriatza, Aretxabaleta y Bergara, la Diputación de Guipúzcoa finalmente tomó conciencia de la magnitud del problema. Las denuncias acusaban a vecinos de las cuencas del Deba y del Urola, de extraer sus animales hacia Vitoria por Oñati y con la aquiescencia y permiso del alcalde de Salinas de Léniz. Fueron los propios campesinos los que solicitaron a las instituciones que prohibiesen a los abastecedores guipuzcoanos importar ganado vacuno desde Francia o cualquier otro lugar y les obligasen a acudir a los mercados y ferias. Precisamente, siendo como era el principal centro vacuno de la provincia, los campesinos solicitaron el establecimiento de otra feria en Mondragón, una vez por semana. De esa forma, serían cuatro las ferias libres existentes en Gipuzkoa: Bergara y Segura existían desde 1742 -la última desaparecería junto a la de Tolosa- Ordizia se había puesto en marcha en 1752, y ahora Mondragón. Los pueblos movilizados en 1755 son los mismos que lo hicieron en 1718. Ante el evolución de los acontecimientos, las Juntas Generales que se estaban celebrando en Elgoibar, decidieron dar marcha atrás y suspender momentáneamente los decretos de prohibición. Los mencionados decretos pretendían proteger a los consumidores ante las prácticas especulativas, pero no tuvieron en cuenta que los campesinos que vivían cerca de la frontera de Álava y Navarra vivían precisamente de la libertad de exportación de carne. La oposición a los decretos comenzó en Bergara y en los pueblos de alrededor, puesto que fue allí donde aparecieron los primeros pasquines, aunque posteriormente se extendió por otros doce pueblos de las cuencas del Deva y el Urola: primero, Zegama, Ormaiztegi, Segura, Idiazabal, Ataun, Ordizia y Berástegui por el sur, precisamente fronterizos con Álava y Navarra, y posteriormente Salinas de Léniz, Eskoritza, Aretxabaleta y Mondragón, en la frontera con Álava. Los precursores e impulsores de la machinada fueron los pequeños propietarios y arrendatarios rurales, uniéndoseles posteriormente el pueblo llano, como protesta ante los decretos de las Juntas Generales y, de alguna forma, ante aquellos jauntxos y mandatarios que monopolizaban el gobierno local. En opinión de algunos autores, fue un intento inconsciente de romper con los encorsetados esquemas de la economía local y regional y en favor de una economía libre y liberal. Los gobernantes respondieron con prontitud formando un contingente militar que apenas encontró resistencia. Por tanto, la machinada fue cortada de raíz casi antes de iniciarse. Consiguieron paralizar los decretos, pero muchos de los amotinados hubieron de hacer frente a multas y al secuestro de sus bienes. La paz se restableció de inmediato, pero de momento no se le encontró solución al problema de fondo, poniendo así la semilla de la siguiente machinada. 9.8. La matxinada de 1766 De una forma u otra todos los grupos sociales guipuzcoanos se vieron implicados en esta matxinada, incluídos los jesuítas . El motivo desencadenante fue el decreto real que establecía la libertad de precios y circulación del grano. Por lo tanto, se trataba de otro contrafuero que afectaba negativamente a las clases consumidoras. El decreto se produjo en un momento de mala cosecha y en un ambiente en el que los grandes comerciantes y rentistas de la tierra almazenaban el grano para su venta en épocas de mayor escasez. La consecuencia fue que los precios se dispararon escandalosamente. Las acciones de los amotinados se dirigieron contra los acaparadores y sus actividades especulativas. Otros factores agravaban todavía más la situación de los campesinos: muchos pequeños propietarios estaban perdiendo sus tierras y las ocupaciones alternativas -ferrerías- comenzaban a decaer. Pero lo que de original tiene esta matxinada hay que buscarlo en la represión . Esta vez no hizo falta que se movilizara el Ejército del Rey. Fue la propia burguesía donostiarra la que financió y organizó el aplastamiento del movimiento. Para abortar la propagación del motín, repartieron grano a buen precio en la capital y en otras poblaciones. Para estas fechas, por tanto, los grupos burgueses habían adquirido una notable importancia y, de cara al buen desarrollo de sus actividades, el garantizar la paz social era más que vital. Además, eran parte muy interesada en las prácticas especulativas. Con la represión, los matxines vieron cómo se frustraban todas sus aspiraciones. De una forma u otra todos los grupos sociales guipuzcoanos se vieron implicados en esta matxinada, incluídos los jesuítas. El motivo desncadenante fue el decreto real que establecía la libertad de precios y circulación del grano. Por lo tanto, se trataba de otro contrafuero que afectaba negativamente a las clases consumidoras. El decreto se produjo en un momento de mala cosecha y en un ambiente en el que los grandes comerciantes y rentistas de la tierra almazenaban el grano para su venta en épocas de mayor escasez. La consecuencia fue que los precios se dispararon escandalosamente. Las acciones de los amotinados se dirigieron contra los acaparadores y sus actividades especulativas. Otros factores agravaban todavía más la situación de los campesinos: muchos pequeños propietarios estaban perdiendo sus tierras y las ocupaciones alternativas -ferrerías- comenzaban a decaer. Pero lo que de original tiene esta matxinada hay que buscarlo en la represión. Esta vez no hizo falta que se movilizara el Ejército del Rey. Fue la propia burguesía donostiarra la que financió y organizó el aplastamiento del movimiento. Para abortar la propagación del motín, repartieron grano a buen precio en la capital y en otras poblaciones. Para estas fechas, por tanto, los grupos burgueses habían adquirido una notable importancia y, de cara al buen desarrollo de sus actividades, el garantizar la paz social era más que vital. Además, eran parte muy interesada en las prácticas especulativas. Con la represión, los matxines vieron cómo se frustraban todas sus aspiraciones 10. La Zamacolada Esta revuelta, exclusivamente VIZCAINA, es a causa del antagonismo entre la burguesía mercantil bilbaina y la aristocracia rural. Y debe su nombre a su protaganista Simón Bernardo de Zamacola . En las Juntas Generales de 1792, el procurador Aldama presenta un proyecto para establecer un nuevo PUERTO comercial en Mundaca. Y además, para hacer frente a las deudas contraídas se introduce el pago de arbitrios que favorecen a Bilbao. En 1801 durante la procesión de la Virgen de Begoña se produce un enfrentamiento entre los concejales de Begoña y los bilbainos. Ese mismo año, Zamacola presenta un proyecto de construcción de puerto en la ría de Olabeaga, lo que suponía una afrenta para el comercio de Bilbao. Enviados representantes a las Cortes, entre ellos varios ilustrados de la Bascongada (Sociedad Bascongada de Amigos del País o caballeritos de Azcoitia), obtienen la aprobación en Madrid para la construcción de un puerto libre en Abando. Asímismo, en 1804, Las Juntas aprueban un proyecto de Servicio Militar Obligatorio para toda la provincia. Y , en agosto, se suceden los tumultos en Bilbao, siendo apresados el Corregidor de la Corona y las autoridades provinciales, apoderándose del depósito de armas de Abando. Reunidas de nuevo las Juntas, revocan el proyecto de Servicio Militar, pero en compensación acuerdan pagar a la Corona un millón de reales. Todo ello produce el amotinamiento de los de Begoña. Tanto el Ayuntamiento de Bilbao como la Diputación solicitan el envío de refuerzos, y estos llegan al mando del brigadier Benito San Juan. Con ello comienza la represión, condenando a los municipios tumultuosos y a la Villa de Bilbao a sufragar los gastos de manutención de las tropas desplazadas, se condena a los encausados a duras penas de prisión : presidio de 9 años en Filipinas a 43, en Ceuta a 51, a cumplir servicio militar a 86, destierro a 30 y multas de entre 400 y 6000 ducados a 102. También se crea un inexistente Gobierno Militar y se designa alcalde de Bilbao a Martín Herrero Prieto. Según el profesor Estévez, todos los amotinamientos, tanto las matxinadas como la zamacolada, no son en defensa del Fuero, pero sí de las VENTAJAS FISCALES y garantías de subsistencia que contienen los FUEROS. También es una lucha entre los conservadores de la burguesía rural y clerical contra los comerciantes y clases liberales urbanas. Es el preaviso de lo que sucederá en el siglo XIX con las Carlistadas. De lejos, Bilbao es, en 1804, una ciudad de dimensiones aún reducidas, de calles no muy anchas, pero asombrosamente limpias, algunos pequeños palacios y torres, cuatro esbeltas iglesias, muelles robados a la Ría y arenales que se cubren con las mareas. Sus 11.000 almas viven en torno a la ya antigua Plaza Vieja, auténtico corazón de la Villa, donde se llevan a cabo las transacciones mercantiles pero también donde los bilbaínos se divierten. Como relata Manuel Montero en sus ‘Crónicas de Bilbao y de Vizcaya’, allí se celebran las fiestas de agosto, las esperadas corridas de toros, se ven los espectáculos dramáticos de las compañías que llegan a la ciudad y se asiste a los actos religiosos de la Semana Santa. Son los hijos de una burguesía floreciente y liberal, alumbrada al calor del tráfico intenso de las naves que van a Flandes, Inglaterra y América, que forma a su progenie en las artes comerciales y náuticas y no duda en mandarlos fuera para estudiar Leyes en Valladolid, o como hizo Arriaga, música en París. Son también los hijos de los artesanos, de los descargadores de barcos, de carpinteros, tenderos, taberneros y panaderos y toda una retahíla de oficios alimentados al calor de una Villa comercial, de vocación urbana, que se pasea por Los Caños y El Arenal, bebe el agua potable canalizada en sus fuentes y se mira en el limpio espejo de una Ría que aún no conoce los devastadores efectos de la industrialización. Una placidez aparente, acentúada por las campas y huertas que rodean la Villa, donde vive una nobleza rural, enfrentada tradicionalmente con la ciudad, que ve transcurrir los últimos tiempos del Antiguo Régimen. Una imagen que no presagia los duros años que han de venir con el siglo, las convulsiones que cambiarán la fisonomía de la ciudad y de la Ría, los avatares políticos y militares que desembocarán en guerras y asedios. El tradicional conflicto que enfentaba a Bilbao con la Tierra llana había adquirido proporciones alarmantes. El proyecto de Zamacola de crear un nuevo puerto situado en Abando era el intento de la oligarquía rural por quitarse de encima el yugo que los burgueses de Bilbo imponían. Entre las clases populares, para quienes el yugo era bastante más opresivo, el proyecto también gozó de simpatías. Sin embargo, las negociaciones de Zamacola en Madrid no se limitaron a conseguir la aprobación del nuevo puerto. Parece que la contrapartida fue la incorporación de los vascos al servicio militar obligatorio. Lógicamente nada más conocerse la noticia, las anteiglesias se levantaron en armas, apresando a varias autoridades. Ante esta situación, los burgueses de Bilbo, olvidando las antiguas rencillas, acudieron en ayuda de los jauntxos e intentaron restablecer el orden. De nuevo, tuvo que acudir el ejército real para imponer la consabida pacificación. Estos acontecimientos fueron aprovechados por Godoy para suspender durante unos años todas las libertades de los vascos y abrir el camino hacia la liquidación foral. La última de las Machinadas, producida en 1804, es conocida como la Zamacolada, y es uno de los últimos ejemplos de este enfrentamiento entre los jaunchos, aristócratas rurales, y los burgueses, en especial los bilbaínos. Entre 1801 y 1804, se produjeron varios hechos que llevaron a la revuelta: las Juntas Generales de Vizcaya instauraron el servicio militar obligatorio, y Simón Bernardo de Zamácola propuso la creación de un puerto en Olabeaga, es decir, fuera de Bilbao, lo que, en un tiempo en el que los barcos llegaban hasta el Arenal, en el centro mismo de Bilbao, habría resultado muy perjudicial para la villa. La revocación del servicio militar, a cambio del pago a la Corona de un millón de reales, provocó el estallido de las anteiglesias cercanas a Bilbao, en especial la de Begoña, que tuvieron que ser sofocadas por el ejército. 11. Historia económica del País Vasco en la Edad Moderna Sobre el siglo XVI vemos que a pesar de la existencia de varios periodos de epidemias de peste, éstas no afectaron especialmente al crecimiento de la población. A mediados de este siglo Álava contaba con 72.000 habitantes, Gipuzkoa con 70.000 (a final de siglo), Bizkaia con 69.000 habitantes a comienzos de siglo y Navarra 162.000 habitantes en 1587. El País Vasco tiene una compleja topografía, sin cimas muy elevadas, pero formada por numerosos valles. En el conjunto de la comunidad se aprecian dos unidades de relieve: una primera que se extiende por las provincias de Bizkaia, Gipuzkoa y buena parte de las tierras alavesas y que se conoce como el arco vasco o vertiente cantábrica; y una segunda unidad, de menor extensión y localizada al sur de la demarcación vasca, que se abre a la depresión del Ebro. Frente al litoral En cuanto a las actividades económicas del XVI recordaremos que en la costa atlántica el mijo es el único cereal producido en cierta cantidad acompañado de la manzana. A comienzos del siglo XVI el predominio de la explotación ganadera y el bosque sobre la agricultura destinada al cereal era evidente. Frente al litoral abrupto aparece una alineación de montañas menores que corre en dirección perpendicular a la línea de costa; las montañas ganan altitud hasta llegar a las cumbres de peña Gorbea (1.481 m) o el pico de Aizkorri (1.544 m), en el centro de la región. En el margen vasconavarro septentrional aparece el macizo paleozoico de las Cinco Villas. El relieve de la provincia de Araba desde las mencionadas sierras centrales se abre a una primera cuenca, la Llanada Alavesa, por donde discurre el río Zadorra. Un cordón de montañas de orientación W-E en que destacan los Montes de Vitoria (Kapildui, 1.180 m) y las estribaciones de la sierra de Urbasa, separa la Llanada Alavesa del Condado de Treviño . Al sur de la depresión de Treviño, la sierra de Cantabria abre las puertas al valle del Ebro. En las provincias de Bizkaia y Gipuzkoa, el paisaje agrícola ha estado dominado tradicionalmente por el caserío, una unidad territorial con poder económico y de carácter marcadamente familiar. En las tierras de Araba, el campo presenta cierta semejanza con el paisaje rural de la Meseta. Los cultivos que mayor superficie agrícola ocupan en el País Vasco, con un 61’6 % de la superficie total, son los cereales –con el trigo y la cebada como tipologías más extendidas, si bien localizadas tan sólo en tierras de la provincia de Araba-. El maíz es el único cereal que está presente en las tres provincias vascas, aunque su mayor extensión (910 ha) corresponde a Gipuzkoa. El Reino de Navarra contaba con una oferta agraria más variada. Además de trigo, aceite y vid ofrecía productos de huerta y regadío. Por otra parte las zonas cerealistas más cercanas a Gipuzkoa y Álava aprovechan el mercado fronterizo mediante el contrabando. En cuanto a la ganadería en Bizkaia y en Gipuzkoa destacaba la presencia de ganado vacuno tanto como animal de tiro como productor de leche y carne. Caballos y mulos eran los medios de transporte. Las tierras comunales de pastos facilitaban la alimentación libre de ganado con las limitaciones de los terrenos cultivados y frutales y la exigencia de una pernoctación controlada. En Navarra, en la zona pirenaica, la ganadería trashumante permitía una producción lanera con excedente para exportar. La tradición ganadera se mantiene viva en las tierras del interior del País Vasco, donde los cambios en las condiciones modernas de mercado apenas han modificado la vida diaria de sus habitantes. La feria de ganado de Elosu suele constituir un acontecimiento esperado en toda la zona. Los negocios que en ella se realizan constituyen tan sólo uno de los aspectos de unas jornadas marcadas por el espíritu festivo. Al tiempo que se celebran estas ferias de ganado, suelen tener lugar otras de productos del campo, en las que se puede degustar el tradicional talo, masa confeccionada a base de harina de maíz, que se rellena al gusto, ya sea con viandas dulces o saladas. La pesca tuvo una importancia creciente en este siglo. Los vascos consiguieron el control de las pesquerías de Terranova, a la búsqueda y captura de la ballena ante la progresiva disminución de ballenas en el golfo de Bizkaia a partir del siglo XV. Las cuentas generadas por el movimiento de mercancías provenientes de Terranova, tanto el bacalao como especialmente la obtención de grasa de ballena, resultaron realmente espectaculares, lo que supuso una inyección grande de riquezas en la comunidad marinera, aunque el grueso de la ganancia quedaba en manos de los armadores o financiadores. También a mediados de este siglo se implanta y se desarrolla la industria escabechera en la costa vasca, especialmente del atún y del besugo. Respecto a la situación de la pesca en la costa labortana existía colaboración y proyectos comunes con los pescadores vizcaínos y guipuzcoanos. En relación a las pesquerías de Terranova, los expedicionarios vascos, vizcaínos, guipuzcoanos y labortanos se organizaban conjuntamente. A principios del siglo XVI Baiona era un mercado importantísimo en el sector del pescado que se exportaba a distintas regiones francesas pero la guerra entre las monarquías castellana, francesa e inglesa, tal como ocurrió en Gipuzkoa y Bizkaia, esquilmó la población marinera labortana a la vez que arruinó su flota. La ferrería era una antigua instalación siderúrgica en la que se transformaba el mineral de hierro en metal. Su existencia se remonta a la prehistoria y dejaron de funcionar con la aparición de los altos hornos en los albores del siglo XX. La actividad de las ferrerías adquiere gran importancia económica en este siglo. Alrededor de 300-400 ferrerías en funcionamiento con una producción de 6000-7000 Tm de hierro que supone entre 5-12 % de la producción europea, y con un consumo de mineral de hierro que únicamente las extracciones de las minas de las Encartaciones (Bizkaia) suponían el 20 % de las 100.000 Tm producidas en Europa, esto es 20.000 Tm. Leñadores, carboneros, mineros y arrieros entraban indirectamente dentro del ámbito del sector. De este modo se compensaban las deficiencias del agro vascongado mediante la ocupación de los excedentes demográficos en los puestos de trabajo en la siderurgia que aportaban a su vez ingresos transferibles a la demanda de subsistencias provenientes del exterior. Los vínculos "hacia adelante" de la siderurgia se dirigían hacia la industria metalúrgica y naval, industrias ambas orientadas a la exportación. El conjunto de estos vínculos señala la importancia del sector siderometalúrgico por su capacidad de generar ingresos en una amplia masa de la población activa. Se estima que un 30 % de la población activa de Bizkaia y Gipuzkoa estaba encuadrada en la siderurgia con ocupaciones fijas o estacionales, sin contar con otro volumen de personal que trabajaba en la metalurgia (forjas etc.). La provincia de Bizkaia presenta marcados contrastes que resumen por sí solos la pluralidad de actividades y paisajes de la comunidad vasca. En las faldas del monte Oiz, en Lea-Artibai, los pastores se dedican a su faena cerca de la colegiata de Santa María de Zenarruza. La costa presenta una hermosa sucesión de bahías, como la de Sopelana, y puertos pesqueros, como el de Bermeo, población que ostentó el título de Cabeza de Bizkaia hasta que, en 1602, pasó a manos de Bilbao. A partir de 1575, y a lo largo del siglo XVII se produce una importante pérdida de la cuota de mercado en Europa, a la par que existe la contracción del mercado interior. En el mercado europeo el hierro de Lieja y el hierro sueco eran más baratos dado su adelanto técnico con respecto a nuestras ferrerías. Con lo cual las producciones de hierro foráneas penetraron en mercados tradicionalmente "propios" como eran las colonias americanas y los pedidos de la monarquía. La depresión en la siderurgia conllevó el cierre de ferrerías y la reducción de la producción en Bizkaia y Gipuzkoa en 25-50 %. La crisis de la siderurgia provocó dificultades en el aprovisionamiento de subsistencias, ya que la comercialización del hierro equilibraba la balanza comercial. En relación al sector naval la Armada Real se surtió en esta época de los astilleros vascos. En el siglo XVI los astilleros gipuzcoanos construyeron 375 barcos la mayoría naos . En cambio en los astilleros vizcaínos se construyen 100 embarcaciones siendo la mayoría galeones , de 600-800 Tm, destinados a la Armada. Un “galeón” es un gran navío de vela, armado en tiempo de guerra, que servía para transportar oro, plata y mercancías preciosas que España sacaba de sus colonias (siglos XVII y XVIII). En cuanto a la actividad comercial, las relaciones mercantiles vizcaínas se desarrollaron especialmente con varios países europeos. El hierro vasco era fundamental para Inglaterra. En 1517-1518 se desembarcaron solamente en Bristol 450 Tm de hierro. El comercio con América debía pasar por Sevilla para incorporarse a las flotas de Indias. Según Carlos Ferrera Cuesta, las flotas de Indias “Se crearon en 1543 para proteger a los galeones que hacían la carrera de indias de los ataques piratas, agrupando los barcos y escoltándolos con buques de guerra; misión cumplida con éxito, pues en sus dos siglos de existencia sólo fue capturada en 1628, 1656 y 1657. Anualmente salían dos flotas de Sevilla (Cádiz desde 1717): una encaminada a Veracruz, en Nueva España, y la otra a El Calllao, en Perú. A su regreso, ambas confluían en La Habana para zarpar después de abril y evitar las tormentas caribeñas. El peso del galeón provocaba una gran tardanza en ambos trayectos (dos meses y medio), lo que, unido a los costes de protección, limitó el transporte a productos de gran valor, como la plata. La decadencia de las flotas acompañó a la de la Carrera: fueron reemplazadas progresivamente por navíos de registro (individuales autorizados) hasta la liberación del comercio marítimo.” La creación del Consulado de Bilbao en 1511 era reflejo de la importancia adquirida por el comercio exterior bilbaíno dentro del enfrentamiento casi permanente entre Burgos y Bilbao. A señalar que en este siglo también existía una actividad comercial específica por parte de varios reinos europeos, como era el comercio de esclavos negros para América. En este comercio también participaron los vascos y es conocido que la familia Urrutia en 1523 transportaron 45 negros desde África a la costa americana. Y en los años 30 realizaron operaciones parecidas junto con el comercio de otras manufacturas. Por otra parte, en cuanto a la dinámica social del XVI señalaremos que en este siglo el volumen de los campesinos dependientes que trabajaban tierras vinculadas a los Señores suponía el 40 % del total de los campesinos en Bizkaia y Gipuzkoa, y podemos señalar que los campesinos parcelarios propietarios constituían el 50 % del conjunto. Pero este propietario parcelario poseía un débil capital técnico y una mano de obra limitada a la familia lo que daba como resultado un débil volumen de producción, en gran medida para autoconsumo. Si se endeuda y el rédito de la deuda es grande, pierde la propiedad de la tierra y tiene que convertirse en arrendatario, trabajando en tierras de otros propietarios agrícolas. La escasa capacidad financiera de los artesanos les puso en mano de los comerciantes de modo que el mercader captaba el excedente generado por los artesanos a través del control del circuito comercial, merced al crédito concedido a los artesanos para la adquisición de la materia prima y al tiempo transcurrido hasta realizar la venta. Parecida estrategia tenían los comerciantes con las ferrerías, haciéndose dueño de ellas en otras ocasiones. Pasando ya al siglo XVII no podemos olvidar que en lo que respecta a la evolución demográfica el siglo comenzó con la sombra de la epidemia de la peste (1597-1602) aumentando la mortalidad en Donostia y otras localidades guipuzcoanas. El volumen de población era, aproximadamente, de 49.000 personas en Álava (1683), 82.000 personas en Gipuzkoa (1689), 172.000 personas en Navarra (1678), contabilizándose para el conjunto del sur de Euskal Herria un volumen de 400.000 personas aproximadamente. Como dice Julio Caro Baroja, “Dentro de cada valle, el paisaje vasco típico se caracteriza claramente por la ‘dispersión’ y densidad de las habitaciones humanas. Ahora bien, debemos puntualizar estos conceptos. La base social, económica, administrativa y religiosa de la vida vasca (como la de otros países de Europa) se halla en un núcleo de construcciones en número mayor o menor, que ese ‘pueblo’ en sí.” Acerca de las actividades productivas en este XVII incidiremos en que en la vertiente cantábrica la crisis económica se superó gracias al desarrollo del cultivo del maíz y a la roturación de nuevas tierras. La pesca retrocedió en importancia a lo largo del siglo XVII, al obstaculizar ingleses, franceses y holandeses el acceso a los mares del Atlántico norte (tanto por el lado europeo como por el americano). En Navarra, cereales, cultivos de regadío, vid, olivo, pastos y bosques se distribuían por su superficie. El trigo y el centeno para la alimentación humana, así como la avena y la cebada para el ganado eran los principales productos. En cuanto a la ganadería únicamente en la merindad de Lizarra (20 % de superficie navarra) había 75000 ovejas y cabras, 3000 cabezas de vacuno, 4000 de porcino, 2400 mulas y 1600 caballos. Era usual la agrupación de rebaños concejiles que pastaban en terrenos comunales, de varios municipios (facerias). En Iparralde, a finales del siglo XVII, los bosques predominaban todavía en el paisaje. A parte de las llanuras más trabajadas, los cultivos solo aparecían en algunos claros, en la proporción de 1/200- 1/500 comparando con los bosques en Zuberoa y en Baja Navarra. De una manera general hay que considerar que el 70-80 % de la población trabajaba en el campo y por ello las relaciones de producción agrícolas tenían mucha importancia. La coexistencia del mayorazgo (con rasgos feudales ) y pequeños propietarios libres actuará siempre en contra de estos últimos dado que la tierra vinculada (perteneciente a la propiedad feudal del mayorazgo ) no retornaba al mercado porque pasaba de padres a hijo sin posibilidad de subdividirse la propiedad. En cambio las propiedades libres si el pequeño propietario no podía soportar las cargas fiscales y el endeudamiento (que se producía por mejoras técnicas, compra de granos...), podían ser amortizadas y vendidas en el mercado. El término “mercantilismo” fue acuñado a finales del siglo XIX y designa un conjunto de doctrinas económicas dirigidas a orientar y reforzar la intervención estatal en la economía, elaboradas desde el siglo XVI, así como las políticas económicas correspondientes puestas en práctica por la mayoría de los países europeos en el siglo XVII y primera mitad del XVIII. En cuanto a la actividad pesquera hubo un retroceso debido a la caída de rendimientos de la pesca de Terranova y a la expulsión de los vascos de los caladeros por obra de ingleses y holandeses. Factores similares influyeron sobre la pesca de bajura. La actividad pesquera propia no desapareció pero disminuyó enormemente. En la industria vasca se produjo un estancamiento como consecuencia directa de la competencia de otros países europeos más eficientes, que ganan mayores cuotas de penetración tanto en los mercados exteriores como dentro de la península y en America. En la industria del hierro , nuestras ferrerías de horno bajo con atraso técnico y subidas de precios se enfrentaban con la competencia de hierros de Lieja y suecos, entre otros, obtenidos con hornos altos y de precios más baratos, aunque probablemente de peor calidad. La primera protesta conjunta de Gipuzkoa y Bizkaia contra la entrada de hierro de Lieja data de 1612. Y aparecieron disposiciones reales en varios años posteriores que marcaron una política proteccionista y que reservaron para los ferrones los mercados peninsular y de Indias, lo cual era contrario, en determinadas ocasiones, a los tratados que firmaba la Corona con otros países. En este siglo apenas hubo avances técnicos en las ferrerías. En definitiva la producción global de hierro en el sur de Euskal Herria, a finales del siglo XVII era cercana a las 500 Tm, muy por debajo de las 11000/13000 Tm de mediados del siglo XVI. Gipuzkoa contaba con 85 ferrerías mayores y 39 menores, en 1625, mientras que en Bizkaia en 1644 había 141 y 144 ferrerías respectivamente. En cuanto a la producción de armas de fuego , la Fábrica de Armas de Placencia mantuvo su actividad por la demanda de la Corona de arcabuces y mosquetes y gracias a la política proteccionista frente a productos extranjeros. Los astilleros vascos estaban afectados negativamente por la crisis y las guerras del siglo XVII. El comercio exterior vasco, en el XVII, se caracteriza por la exportación al extranjero de materias primas y productos férricos semielaborados e importación de paños y productos más trabajados. La zona vascongada intermediaba en el comercio de Castilla y Navarra con el extranjero, básicamente con lana que salía hacia Europa y artículos elaborados que se importaban. Por otro lado los comerciantes navarros eran intermediarios entre las exportaciones al extranjero de la lana de Soria y, a la inversa, en las importaciones que se dirigían hacia el interior de la península vía Agreda y Soria. Álava exportaba trigo, vino y lana. En cuanto a Gipuzkoa enviaba hacia Europa y America productos férricos, lo mismo que hacía Bizkaia, aunque esta última también exportaba vena férrica a Gipuzkoa y en menor grado a Navarra. El sur de Euskal Herria, durante el primer cuarto del XVII era el segundo abastecedor de hierro de Inglaterra y junto a Suecia y Rusia constituían la tríada de exportadores de hierro. El siglo XVII lo es de conflictos sociales. Ante los cambios que se producen a lo largo del siglo, las clases populares, sobre todo los campesinos, reaccionaron contra todo lo que atentaba contra las costumbres tradicionales, la instauración de un nuevo impuesto, el alto precio del cereal, la reimplantación de servidumbres, etc. En el caso de la resistencia antiseñorial se cuestionaban los derechos y usos vigentes desde la Edad Media y las comunidades vecinales utilizaban métodos como la compra de los derechos, pleitos o incumplimiento de las obligaciones, como formas de resistencia. Entre los conflictos y revueltas sociales más importantes hay que señalar: revueltas antiseñoriales de Fitero (1627, 1675); el motín de la sal (1631-1634); la sublevación de matalas en Zuberoa (1661). La Montaña navarra, presidida por la cordillera pirenaica, acoge dos de los tres grandes biomas europeos: el boreoalpino y el eurosiberiano. El bioma boreoalpino, presente por encima de los 1600 m, se caracteriza por prados, matorral y bosque de coníferas, uno de cuyos mayores exponentes es la reserva natural de Larra. El bioma eurosiberiano está representado por bosques de abeto, de roble albar y, sobre todo, de haya; el parque natural del Señorío de Bértiz y el bosque de Irati son los mejores ejemplos. La paz de Fitero se firma en 1177 entre Castilla y Navarra, arbitrada por Enrique II de Inglaterra. Por último, destacamos que al final de siglo XVIII, el sur de Euskal herria contaba con cerca de 500.000 habitantes . En Álava se produjo el mayor crecimiento contando con más de 69.000 habitantes. Gipuzkoa contó con 120.000 habitantes. Navarra, con un crecimiento moderado, superó los 224.000 habitantes. Bizkaia alcanzó la cifra de 115.84 en 1787. A señalar que Gipuzkoa y Bizkaia eran las más densamente pobladas con 60.5 habitantes/km² y 52,3 habitantes/km² respectivamente. En relación con Iparralde hay que señalar que existe un crecimiento de la población, al menos en la primera mitad del siglo, tanto por el desarrollo extensivo del cultivo del maíz que posibilitaba mejor la subsistencia de mayor numero de habitantes así como por el desarrollo del tráfico comercial, al modernizarse muchas rutas y aumentar el número de posadas y lugares de descanso intermedio. En el siglo XVIII, Bizkaia y Gipuzkoa mantuvieron el crecimiento de las áreas cultivadas, siendo importante el crecimiento del maíz, que suponía el 60 % del valor de la producción agrícola, seguido del trigo con el 39 %. En Álava, la producción de vino siguió creciendo durante el primer tercio del XVIII, hasta producirse un exceso de oferta. Por otra parte también creció la producción de cereal, de tal modo que en 1775 se produjo un excedente de producción del 10 %. La renta agrícola "per capita" de Álava era 2,5 veces superior a la de Gipuzkoa y Bizkaia. agrícola nuevas tierras a partir de la existencia de superficies no cultivadas. Si la presión demográfica aumentaba, se utilizaban las tierras comunales para dichos cultivos con los consiguientes conflictos. El sector ganadero sufrió los embates de una expansión agrícola apoyada en nuevas superficies cultivadas, especialmente el ganado libre (trashumante, ovejas, cabras y yeguas) en cambio el ganado estabulado o próximo a los caseríos, útil para los trabajos del campo y luego para carne tendrá una favorable evolución. Hay que añadir que en algunas zonas como las Encartaciones, la actividad del transporte de vena generaba una importante cabaña de arrastre con bueyes y mulas. Desde un punto de vista histórico-artístico, la condición de ciudad fuerte de Pamplona supuso para la urbe un arma de doble filo, pues hasta la llegada de los nuevos planteamientos urbanísticos de los ensanches conservó en su perímetro no sólo la totalidad de las murallas, sino también el trazado urbanístico medieval. En cuanto a la actividad industrial, durante gran parte del siglo las ferrerías vivieron una época de prosperidad. Hubo varias razones para la reactivación. Por un lado la política proteccionista de la Corona reservaba los mercados peninsulares y coloniales para los hierros vascos. Felipe V y más tarde Carlos III dictaron disposiciones prohibiendo la entrada de productos férricos extranjeros en América y en el mercado español, ante las protestas de los ferrones dado que en la década de los 70 se vendía hierro sueco y de otros países en la península. Para 1752 se contaban con 141 ferrerías en Bizkaia, 86 en Gipuzkoa, 35 en Navarra y 20 en Álava. La producción respectivamente era de 5.140 Tm (Bizkaia), 4.300 Tm (Gipuzkoa), 1.930 Tm (Navarra) y 1.000 Tm (Álava) con un volumen global de 12.460 toneladas. El sector metalúrgico siguió anclado en las formas de producir tradicionales. Y para las ferrerías la situación era similar: horno bajo, escaso equipo humano y poca inversión de capital. Por otro lado el carbón vegetal se encarece y supone ya en 1762, el 56 % del coste total en la ferrería, seguido del mineral (30 %) y de los salarios (9 %). El salario nominal diario de los operarios de las ferrerías de Gipuzkoa se incrementa en 1/3 pasando de cobrar 4,5 reales a principios de siglo a cobrar 6 reales a final de siglo. El valor de dichos salarios hay que referenciarlos con el precio del trigo que era de 40 reales la fanega (11,5 kilos) y el del maíz era de 30 reales. A finales de siglo era evidente que la solución pasaba por el empleo de carbón mineral, pero no se utilizará hasta mediados del siglo XIX. El bosque atlántico de roble albar se distribuye por las zonas más húmedas del norte peninsular. En Navarra, está presente en los tramos altos del río Irati, donde constituye el bosque mejor conservado de la península Ibérica. Se trata de una especie en la que, aunque lo más habitual suele ser la formación de bosques uniformes, también es común la presencia de ejemplares de roble pedunculado y melojo. En lo que se refiere a los astilleros vascos hubo reactivación por la demanda de la Compañía Guipuzcoana de Caracas y por el relanzamiento económico general. Pero por otro lado, sufrieron las consecuencias negativas de la pérdida de las pesquerías de altura. La fabricación de barcos en este siglo alcanza la cifra de 426 unidades, especialmente en los astilleros guipuzcoanos. Así mismo las peticiones de suministro de armas por parte de la Corona repercutieron favorablemente sobre la actividad de las Reales Fábricas de Armas de Placencia. Merecerían citarse otras actividades industriales relacionadas con el cobre, textiles, tenerías, vidrio, chocolate y molinos. Los establecimientos industriales y mineros cupríferos se hallaban situados en el valle de Baigorri, en Iparralde, y en la sierra de Aralar, en Navarra. La actividad mercantil se convertirá en sector básico de la economía de la vertiente atlántica, sustentada en dos pilares: el incremento de la producción y comercialización de los productos siderúrgicos y el auge de las actividades de intermediación mediante la reexportación de mercancías ajenas. El puerto de Bilbao era un gozne redistribuidor e intermediador a escala europea. A través de su puerto se canalizará la mayor parte de la exportación de lana castellana. Otros productos como el aguardiente, vinos y aceites, acariciaban la ría del Nervión antes de partir a los destinos franceses, ingleses, holandeses, alemanes y bálticos. En los fletes de retorno se importaban alimentos y manufacturas hacia el propio país, pero también hacia Castilla y el mercado americano, vía Cádiz o Sevilla. En cuanto a Navarra la actividad comercial estaba favorecida por la competitiva situación fiscal y geográfica de Navarra y la existencia de un grupo de comerciantes extranjeros que facilitaban las tareas de intermediación comercial entre Castilla y Aragón, por un lado, y los mercados internacionales por otro, a través de Iparralde. Si el comercio fue cómodo en la primera mitad del siglo, en la segunda mitad los comerciantes tuvieron mayor control y presión fiscal tanto por parte de las Cortes de Navarra como de Madrid, control que se acentuó al implantarse el cerco arancelario de los territorios forales en 1779. San Sebastián era el otro gran foco mercantil donde lograría la hegemonía comercial la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, fundada en 1728. La fundación de la compañía fue fruto, en realidad, de una transacción entre comerciantes donostiarras y la Corona española. Presente en las grandes civilizaciones de la antigüedad, la esclavitud era ejercida en detrimento de los pueblos sometidos y adquiría proporciones de mayor dureza en los momentos de máxima expansión. Las exploraciones y los descubrimientos de los portugueses ene l siglo XV abrieron nuevos horizontes al tráfico de esclavos, desplazando los centros de suministro de los mercados tradicionales a los de Guinea y Angola, convirtiéndose Lisboa en el centro más importante de destino de esclavos negros. El descubrimiento de América y la consiguiente solicitud de mano de obra dieron otra orientación y dimensión a la trata de esclavos. En el siglo XVIII la expansión colonial francesa e inglesa y la necesidad de aprovechar las plantaciones de azúcar y de tabaco hicieron adoptar un ritmo vertiginoso a la trata de esclavos negros sacados de África. A mediados del siglo XIX todos los países europeos y casi todos los americanos habían abolido la esclavitud (Congreso de Viena, 1815; abolición de la esclavitud en Inglaterra, 1833). Hubo que esperar, sin embargo, hasta 1926 para que la Sociedad de las Naciones decidiese el fin de la esclavitud y de la trata de esclavos. La actividad comercial de la Compañía Guipuzcoana de Caracas utilizando 30 barcos se basó en el intercambio de productos europeos y americanos incorporando géneros extranjeros sin crear una relación directa de dependencia entre la producción local y el tráfico mercantil, consiguiendo el monopolio del comercio con Venezuela en 1742. Otra actividad en la que intervino fue en la trata de negros. Dentro del marco general en el que esta actividad estaba controlada por las grandes potencias marítimas, los vascos de la Compañía de Caracas hicieron una propuesta de transporte de 1000 negros, aceptada por norma real de 1785. Sin embargo la carga humana fue finalmente servida por ingleses y franceses que la harían llegar hasta la isla de Puerto Rico, para que desde allí la Compañía Guipuzcoana los trasladará a Venezuela. Los vascos que en la segunda mitad del siglo realizaron trata de negros, como Aróstegi y Uriarte eran comerciantes para quienes la trata era parte importante pero no predominante de sus negocios. Finalmente Baiona supo aprovechar la canalización de los intercambios exteriores de Navarra y Aragón, de modo que mucho de los navíos que pasaron por Baiona en el periodo 1759-1780 provenían de la península, y las relaciones marítimas de Baiona con los puertos de Bilbao y Donostia destacaban claramente sobre las llevadas a cabo con otros puertos como Santander o El Ferrol. En otro sentido, a lo largo del siglo XVIII, el siglo Ilustrado , se van desarrollando las contradicciones entre la nobleza rural y la burguesía comercial. La aristocracia de la tierra va acumulando rentas feudales (renta de la tierra, diezmos ...) y la consiguiente acumulación de capital. También aumentan los capitales de origen comercial. Dado que el desarrollo técnico no era importante en la agricultura, la renta feudal quedaba bloqueada y por tanto, los capitales se dirigían a comprar juros o similares dado que el interés de este tipo de préstamos era superior. Las desamortizaciones y la desvinculación de tierras aparecían así como una necesidad del capital para reproducirse. No es extraño que los "ilustrados" vascos, entre otros, ya señalaban en esta época la necesidad de sacar mayor provecho de las minas, vía desarrollo capitalista de la propiedad y desarrollo del trabajo asalariado. Así uno de nuestros ilustrados más famoso, Fausto de Elhuyar, en 1788, planteaba observaciones de "que a los obreros, que ahora solo trabajan cuatro horas al día, se les hiciese trabajar el doble sin aumentar el jornal; por consiguiente, al mismo coste podría arrancarse el doble de mineral que ahora, o con la mitad de los jornales y obreros la misma cantidad que al presente". Pero para ello había que conseguir la supresión de la libertad de acceso al usufructo de bienes municipales, las minas en este caso, y desarrollar las formas capitalistas de producción con mano de obra asalariada. El enriquecimiento de ciertos sectores burgueses y señoriales repercutía en el empeoramiento de las condiciones y calidad de vida de las clases populares. El auge imparable de los precios, la especulación con los granos y productos de primera necesidad, el alza de los arriendos de tierra y el acortamiento de los periodos de arriendo, junto al crecimiento de la población y las crisis de las ferrerías fueron algunos de los motivos por los que aparecieron "matxinadas" a lo largo del siglo XVIII. Entre ellas podemos señalar la de 1.718, relacionada con las aduanas; la matxionada de 1766 relacionada con el comercio de granos; y las revueltas de mujeres de Lapurdi de 1773-1774. 12. Renacimiento, barroco y neoclasicismo vascos Las primeras manifestaciones aparecen como pequeñas incrustaciones en edificaciones góticas anteriores, aunque en otras ocasiones las que se iniciaron en el período gótico y concluyeron en el siguiente período recogían ya maneras romanas. Así, la parte superior de la fachada principal del monasterio de Bidaurreta (1515) y los accesos de comunicación entre el templo de San Miguel y su claustro (1526), ambos en Oñati (Gipuzkoa), donde al parecer intervinieron tanto Diego de Siloe como Rodrigo Gil de Hontañón, suponen leves muestras iniciales que conducen al momento plateresco, cuya manifestación vizcaína más importante es la colegiata de Santa María de Zenarruza (Goierria-Ziortza, circa 1560). Algo parecido ocurre en el claustro de San Telmo (Donostia-San Sebastián, 1531-1551), de fray Martín de Santiago, quien importó sus ideas y sus planos desde Salamanca. Donde la ostentación adquiere ya un carácter emblemático es en la Universidad de Oñati, principalmente en la fachada obrada por Pierre Picart en 1545. Otras obras de tono menor por su dimensión pero significativas por sus avances son, entre otras, la portada de la iglesia de la Encarnación (circa 1560), ya definitivamente alejada del plateresco, igual que el imponente pórtico de la catedral de Santiago (1572), ambas en Bilbao. En Vitoria-Gasteiz, la fachada del convento de Santa Cruz (circa 1550) es el resultado del mecenazgo de un consejero de Carlos V; dentro de la riqueza arquitectónica que el renacimiento aportó a la ciudad alavesa, se encuentra la fragmentaria portada del hospital de Santa María. Más destacables son los palacios de Escoriaza-Esquibel (1530-1541), de Salinas y de Bendaña (circa 1525), cuyos promotores se expresaban mediante las esculturas de sus fachadas. De forma paralela, se produjo en el País Vasco un proceso por el que formas y mecanismos procedentes del gótico se sintetizaron con aportaciones clasicistas , cuyo resultado recibió el nombre de gótico vasco. En Gipuzkoa existen casos notables de este tipo, especialmente en localidades de importancia (Eibar, Deba, Bergara, Tolosa, Rentería…); en Bizcaia, los casos más sobresalientes están en Gernika-Lumo, Elorrio, Markina-Xemein, Arratzu, Zamudio…, mientras que en Araba el templo de San Vicente de Vitoria-Gasteiz es su mejor ejemplo. Aclaramos que se dice plateresco del estilo arquitectónico, eminentemente decorativista, desarrollado en España durante el primer tercio del siglo XVI, y que representa la introducción de las formas ornamentales renacentistas (provenientes en su mayoría de Lombardía) en la arquitectura hispana. En otro sentido, el renacimiento es un complejo fenómeno cultural, histórico y económico que marca el paso de la Edad Media a la Edad Moderna. El arte se engrandeció con artistas como Leonardo da Vinci, Rafael, Miguel Ángel y Tiziano. Desde el punto de vista artístico, prevalece una concepción clasicista, fundada sobre el ideal de la armonía. Surgen así las principales obras arquitectónicas de Brunelleschi, Alberti, Bramante, Miguel Ángel y Sansovino; nace la escultura grandiosa de Donatello, Ghiberti, Rosellino, Della Robbia, Verrocchio y Miguel Ángel; la pintura de Masaccio, Da Messina, Fra Angelico, Botticelli, Piero della Francesca, Giorgione, Leonardo, Miguel Ángel, Rafael, Tiziano, Tintoretto y, fuera de Italia, de Durero y de Holbein. En España destacaron arquitectos como Diego de Siloé y Juan de Herrera, escultores como Alonso Berruguete y Juan de Juni y pintores como el Greco. En el campo de la escultura , existen dos grandes fases de evolución: por un lado, en la primera mitad del siglo se mezclan prolongaciones góticas y flamencas, centradas principalmente en la ornamentación, sustituida de forma progresiva por un lenguaje plateresco, con una desenvoltura renacentista que se consolida en las figuras exentas. Por otra parte, en la segunda mitad, se establece con gran arraigo la escuela romanista de raíz manierista italiana. De la primera secuencia destacan el retablo de la capilla de San Martín de Azpeitia (Gipuzkoa, 1521), de J. de París y A. de Pignel; el retablo plateresco del monasterio de Bidaurreta y el de la capilla de la Piedad de la iglesia de San Miguel (1536), éste diseñado por Gaspar de Tordesillas y trabajado por escultores vascos, ambos en Oñati, así como la capilla del Espíritu Santo de la universidad de dicha ciudad, creación plateresca atribuible a Pierre Picart. En Bizkaia, se impuso el peso de la presencia de Guiot de Beaugrant, en cuyo taller, además de su hermano Juan, colaboraron otros artistas. A Juan de Ayala, también discípulo de Beaugrant, s ele atribuye el sepulcro de Pedro Martínez de Araba (1564-1567) en la parroquia de San Pedro de Vitoria-Gasteiz, ciudad en la que destaca el retablo del Dulce Nombre de la catedral, obra vasca realizada e importada desde Amberes hacia 1550. Respecto a la escultura romanista, fue impuesta en gran medida por el prestigio e influencia de Juan de Anchieta, de quien en Gipuzkoa sólo queda entero el retablo de San Pedro de Zumaia (1578), aunque sus numerosos discípoulos dejarton una obra prolífica; entre ellos destaca Ambrosio de Bengoechea (retablo de la iglesia de San Vicente, 1583, realizado por Juan de Iriarte). Hacemos de nuevo un alto en el camino. Se llama manierismo al estilo artístico de transición entre el Renacimiento y el Barroco. Se inició a partir de la segunda mitad del siglo XVI en Roma y en Florencia. Considerando la maniera (estilo) de los grandes maestros del Renacimiento como modelos clásicos a imitar y reelaborar (especialmente la obra de Rafael, Miguel Ángel y Leonardo da Vinci), los manieristas llegaron en todos los campos del arte, especialmente en pintura, a formas en las que los cuerpos se alargan elegantemente, se retuercen en giros complicados o se estiran con ímpetu místico. El manierismo, fruto de una formal e intelectual aplicación de los modelos clásicos, prepara de esta manera el estilo barroco. La pintura manierista italiana tuvo sus principales exponentes en Pontormo , Rosso Fiorentino, Beccafumi, Tintoretto y Caravaggio. En Europa, el manierismo encontró aspectos originales en España, con la prodigiosa personalidad de El Greco en pintura, el escultor Alonso Berruguete, y la figura de Juan de Herrera, autor de El Escorial; en Francia, con la escuela de Fontainebleau dirigida por italianos; en Flandes y Países Bajos, con los manieristas de Amberes o los romanistas. Se dice romanista de los pintores que, en el siglo XVI, siguieron el estilo de la pintura romana de la época. La pintura se caracterizó por la casi nula existencia de representantes autóctonos en los territorios de Bizkaia, Gipuzkoa y Araba, así como por el general abastecimiento de cuadros en los mercados del norte de Europa. Se atribuye a los flamencos Van Connixloo el citado retablo de San Antón en San Pedro de Zumaia y Jan Joest de Calcar el retablo y la tabla votiva de San Bernabé en la misma iglesia, que son las pinturas conocidas más importantes existentes en Gipuzkoa. En Bizcaia están el tríptico flamenco de la capilla de los Gorostiza en Santa María de Portugalete, atribuida en alguna ocasión a Guiot de Beaugrant, así como el anónimo retablo de la colegiata de Santa María de Zenarruza (Goierria-Ziortza), probablemente del escultor y pintor alavés Juan de Ayala. El primer pintor vizcaíno relevante fue Francisco de Mendieta, autor del cuadro neoflamenco El besamanos (1609). Tras el esplendor artístico y cultural experimentado en la península Ibérica ene l siglo XVI, con el barroco se produjo ene l País Vasco una fase de notable repliegue cultural de la que se empezó a salir a partir de fines del siglo XVII y, sobre todo, durante el XVIII. En arquitectura civil, destacan el conjunto de edificios construidos para albergar el Ayuntamiento, como los de Elgoibar (1727-1757), Arrasate/Mondragón (1756-1766) y Oñati (1779-1783). En Araba, el de Labastida/Bastida (1732-1740), ejecutado con trazas de Agustín de Azcárraga, es otro bello ejemplo, mientras el de Arespalditza/Respaldiza, en el cual la iglesia y el Ayuntamiento forman una sola pieza, representa la unión del poder religioso y el político. En cuanto a la arquitectura residencial, los palacios de Lazkao (Gipuzkoa, 1638) y Valdespina (Ermua, 1735-1745) ofrecen las líneas maestras de un doble modelo de vivienda aristocrática, rural y urbana respectivamente. Otros palacios, como la Casa de la Bolsa en Bilbao, componían sus fachadas atendiendo a las disposiciones de las calles inmediatas preexistentes. Este perspectivismo también se aprecia en la fachada barroca de la basílica de Santa María de Donostia-San Sebastián, aunque en esta época el ámbito constructivo religioso se vio relegado a atrios-pórticos, portadas y torres-campanario, así como a los conventos. El templo de los jesuitas de Orduña y el de San Nicolás de Bari en Bilbao (obra de Ignacio Ibero, 1743-1756) son ejemplos de los escasos recintos religiosos construidos, igual que el santuario de Loiola (Azpeitia, Gipuzkoa, 1681-1738), proyecto de Carlo Fontana para la Compañía de Jesús y realización de J. Begrand e Ignacio Ibero, con posible participación de J. B. de Churriguera. En otro sentido, jesuitas son los miembros de la Compañía de Jesús, orden religiosa de clérigos regulares, fundada por san Ignacio de Loyola con el objeto de formar una milicia al servicio del papa para la difusión del cristianismo y la defensa de la Iglesia; su regla fue aprobada por Paulo III (1539) y definitivamente con la bula Regimini militantis (1540). La Orden está organizada según una jerarquía con un general a la cabeza. Expulsados ene l siglo XVII de casi todos los Estados por su influencia política, fueron suprimidos por Clemente XIV en 1773, y restablecidos por Pío VII en 1814. Dedicados a la educación y a la instrucción de la juventud, los jesuitas han instituido escuelas, colegios y universidades. En escultura, debido a la ausencia de grandes figuras en los territorios vascos, se tuvo que recurrir tanto a los castellanos como a los navarros, y surgieron nombres como los de Juan de Huici, Gregorio Fernández, Juan de Palacio Redondo o Francisco Álvarez. Hacia 1710-1720 se produjo la transición al rococó, y a partir de 1750 , la plenitud de este estilo, cuyo ejemplo más notable son las esculturas de Juan Pascual de Mena del templo de San Nicolás de Bari (Bilbao). Por último, se dice rococó del estilo artístico desarrollado en Europa durante buena parte del siglo XVIII, que coexistió con el barroco tardío y con los inicios del neoclasicismo. Iniciado en Francia hacia 1730 como estilo arquitectónico y decorativo, se difundió a toda Europa también en el campo de la escultura y de la pintura, hasta 1760 aproximadamente. La característica del rococó es su tendencia a negar la forma arquitectónica revistiéndola con un juego caprichoso y ligero de estucados, molduras doradas, festones, volutas caprichosamente enlazadas, etc., junto a la búsqueda de ritmos dinámicos, refinados y de una delicadeza afectada. En Francia el rococó tuvo escasa aplicación en el exterior de los edificios (al contrario de lo que sucedió en Alemania y en Austria), pero alcanzó sus expresiones más refinadas y valiosas en la decoración y mobiliario de los interiores, con Vassé y Oppennordt, los más importantes artistas del estilo Regencia, y posteriormente con Pineau, Messonier, Boucher, Curvillés y Watteau, representantes del período culminante del estilo rococó. En Inglaterra y en Italia, por el contrario, el rococó tuvo escasa difusión. En España las obras más destacadas son el Salón de porcelana del Palacio Real de Madrid y el palacio de La Granja de San Ildefonso, en Segovia. Las primeras proyecciones arquitectónicas del espíritu reformista de la Ilustración se produjeron en un contexto en el cual el barroco seguía vivo como estilo. La fundación en 1764 de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País se puede señalar como el hecho visible más significativo de una voluntad regeneradora que deseaba acometer la transformación de la sociedad de su tiempo. Una de las primeras intervenciones arquitectónicas que se produjeron bajo el reformismo político e intelectual fue la que, de la mano de Ventura Rodríguez, se manifestó en la fachada de la iglesia de San Sebastián de Soreasu (Azpeitia, Gipúzkoa, 1771), aunque el arquitecto que ejerció la dirección de la obra fue Francisco de Ibero. La primera obra de envergadura acometida por un arquitecto vasco dentro de la nueva estética fue la plaza Nueva de Vitoria-Gasteiz (1781-1791), realizada por Justo Antonio de Olaguibel. Sin embargo, el arquitecto que dejó una huella más profunda fue el aragonés Silvestre Pérez, de quien destacan la realización de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción (Mutriku, Gipuzkoa) y los proyectos de Santa María de Bermeo (1807), éste en colaboración con Alejo Miranda, y del Puerto de la Paz para Bilbao, también de 1807. Finalmente, el neoclasicismo fue un movimiento artístico y literario desarrollado en Europa en la segunda mitad del siglo XVIII por el pensamiento iluminista, que aspiraba a restaurar el gusto y normas del clasicismo. El neoclasicismo se caracteriza por el retorno a formas clásicas griegas y romanas estudiadas crítica e históricamente, y asumidas como norma de perfección estética y moral, y por la búsqueda teórica de un fundamento racional y universal de la belleza. Los principales exponentes del neoclasicismo fueron, en pintura: Mengs, David, Appiani, Camuccini, Benvenuti, Agricola; en escultura: Canova, Houdon, Pradier, Thorvaldsen, Dannecker, Schadow; en arquitectura y urbanismo: Canova, Piermarini, Pollack, Cagnola, Valadier, Quarenghi, Percier, Nash, Soane; en grabado: Piranesi. El neoclasicismo influyó también de manera notable en la decoración (estilo imperio), así como en la orfebrería.

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