LA CULTURA VASCA (IX)
. EL DEPORTE RURAL VASCO 5.1. INTRODUCCIÓN Parece ser que muchos de los juegos y deportes populares del País Vasco nacieron en el paleolítico, aunque no como se conocen en la actualidad. Fueron los habitantes prehistóricos los que iniciaron algunas de estas prácticas que, a través del tiempo y de la palabra, se fueron desarrollando hasta nuestros días, y conformaron una de las riquezas de la cultura popular vasca. La fuerza y la competición son valores apreciados en la historia de este pueblo, de modo que los juegos y deportes vascos son actividades de fuerza derivadas de quehaceres cotidianos como la agricultura y la pesca. Los aizkolaris o cortadores de troncos , los segalaris o segadores de hierba con guadaña y los harrijasotzailes o levantadores de piedras , muestran la evolución de estas actividades propias del mundo agrícola y rural convertidas en deporte, igual que el arpana o corte de troncos con tronzadoras manuales. Del mundo del mar surge un deporte tan arraigado como el de las regatas de traineras –embarcaciones de siete o catorce remeros, según la modalidad- que, con el de la pelota, son los que suscitan mayor expectación y participación popular. Los deportes rurales encuentran su espacio en las fiestas campestres, de las que forman parte también algunos juegos populares. Además de los deportes de origen agrícola ya mencionados, en estas fiestas pueden verse muestras de txingas (transporte de pesas), carreras de sacos o zakua, los bolos y la soka-tira, en la que dos equipos cogidos de los extremos de una gruesa cuerda tiran de ella para llevar al equipo adversario a su terreno. La sociedad rural vasca, basada casi hasta fechas actuales en una economía de subsistencia, ha delimitado un mundo donde la fuerza física (indarra en euskera) era seña de identidad, además de cualidad necesaria, dadas las malas condiciones orográficas del país, para sacar beneficio y algún fruto a la tierra dura e ingrata. Que esa fuerza primaria y limpia fuese aplicada a otras actividades, responde al sesgo agonista de los vascos. El propio oficio creó, además, las características de la competición. El deporte rural vasco ha perdido el carácter agonista que antiguamente tuvo. Han cambiado las formas de trabajo campesinas, debido a la mecanización y a la urbanización del campo, y las competiciones se celebran como un acontecimiento más de las fiestas locales. Con ello se ha ido, también, una forma de entender la vida. Porque para el pueblo vasco, trabajo y necesidad son sinónimos; y juego quiere decir lucha. El deporte rural vasco (en euskera herri kirolak) es el término bajo el que se engloban diferentes modalidades deportivas que se practican por tradición en el medio rural del País Vasco, Navarra y el País Vasco Francés. Algunos de estos deportes han surgido y son específicos del País Vasco; aunque otros se practican de una u otra forma también en otras partes del mundo. Rasgos comunes de estos deportes son la importancia que se concede a las apuestas y desafíos entre participantes y espectadores. También es destacable que en general todos los deportes rurales vascos requieren una gran fuerza física y una gran resistencia. Todos estos deportes tienen su origen en actividades laborales del medio rural que se han transformado en actividades deportivas a partir de la competencia entre diferentes personas por ver quién tiene mayor destreza en una actividad determinada. Así por ejemplo, a partir de la actividad de cortar troncos para aprovisionarse de leña surge el deporte de los aizkolaris o cortadores de troncos; a partir de la actividad de mover grandes rocas para la construcción surge el levantamiento de piedras, etc. Algunos de estos deportes han surgido y son específicos del País Vasco; aunque otros se practican de una u otra forma también en otras partes del mundo. Rasgos comunes de estos deportes son la importancia que se concede a las apuestas y desafíos entre participantes y espectadores. También es destacable que en general todos los deportes rurales vascos requieren una gran fuerza física y una gran resistencia. Todos estos deportes tienen su origen en actividades laborales del medio rural que se han transformado en actividades deportivas a partir de la competencia entre diferentes personas por ver quién tiene mayor destreza en una actividad determinada. Así por ejemplo, a partir de la actividad de cortar troncos para aprovisionarse de leña surge el deporte de los aizkolaris o cortadores de troncos; a partir de la actividad de mover grandes rocas para la construcción surge el levantamiento de piedras, etc 5.2. AIZKOLARIS Las competiciones de cortadores de troncos (aizkolaris): he aquí el más popular entre los llamados deportes rurales vascos. Habrá otras modalidades más prodigadas, con mayor número de atletas prácticantes, pero no cabe duda de que los grandes héroes de la vida deportiva vasca han sido y son hoy aun aizkolaris, como “Santa Agueda”, “Keixeta”, “Arria” o “Luxia”. Ninguna prueba rural congregó tantos espectadores como aquellas épicas luchas entre “Keixeta” e “Igartza”, entre “Korta” y “Arria”, o entre “Arria” y Mindeguia. El corte de troncos es el deporte-rey entre los autóctonos del País, junto con las regatas de traineras en el litoral. El Hacha de oro (en euskera Urrezko aizkora) es una de las competición más importantes en el corte vasco. Se trata de una liguilla en la que participan los mejores aizkolaris del País Vasco y Navarra en pareja. En cada jornada desarrollan varias pruebas, con troncos de distintos tamaños. En algunas de estas pruebas los aizkolaris pueden turnarse en el corte, y en otras cada uno debe hacer una serie de troncos seguidos. La edición 2005-2006 se inició el 6 de diciembre en Estella, Navarra, y concluyó el 26 de febrero de 2006 en Azpeitia, Guipúzcoa. 5.3. PELOTA A MANO La pelota ha sido practicada desde antiguo en el territorio vasco. A lo largo de los siglos, por supuesto, han ido evolucionando las reglas y modalidades del juego generalmente en beneficio de la espectacularidad. Se adaptaron cestas más adecuadas al ritmo vivo que pedía el público, se modificaron las canchas, se cubrieron los frontones. El juego original de carácter rural, se fue transformando en espectáculo al que acudía un público ciudadano para arriesgar una apuesta. Y era natural que así fuere, pues los empresarios construían los frontones industriales en los núcleos urbanos de elevada población para asegurarse una clientela que hiciera posible el mantenimiento del negocio. Esta transformación se produjo en el último tercio del siglo pasado. Paralelamente ocurre la universalización de la pelota. La emigración hacia América crea núcleos importantes vascos en las principales ciudades del nuevo continente. Devotos de la tradición en todos los órdenes de vida, costumbres y creencias el vasco desea divertirse al modo del País de origen. Y construye frontones donde practica el viejo juego secular. Más tarde, a lo largo ya del siglo XX, la pelota vasca va adoptando otras modalidades. Pierde en ellas parte de sus cualidades –especialmente el vigor característico de nuestros juegos- aunque ello le hace accesible a mayor número de personas. El juego de la pelota, en su evolución, ha llegado a practicarse en un gran número de especialidades. Debido a su origen vasco y a su fuerte implantación en el medio rural vasco, algunos lo consideran un deporte rural, aunque estrictamente no lo es. Se diferencia de estos, porque no tiene su origen en una actividad laboral. Siempre ha sido una actividad lúdica y un juego. Cuenta con federación internacional y ha sido deporte de exhibición en varias olimpiadas. 5.4. REGATAS DE TRAINERAS El hombre de litoral precisó durante toda su historia de la fuerza de sus brazos, complementando la del viento, para acercarse a los caladeros. Y de aquí surgió la pugna entre las lanchas de pesca, origen de este deporte lleno de emoción que son las regatas de traineras. La tripulación de una trainera está formada por trece remeros y un patrón que dirige el rumbo. Más de cien años de tradición han hecho de las Regatas de Traineras de La Concha el espectáculo del año deportivo en Euskal Herria. Ningún otro es capaz de atraer esa enorme multitud que se apiña en Urgull, Igeldo, el Paseo Nuevo, el Muelle y en la Isla. Las regatas de traineras surgen de un modo de vida concreto: el entorno de la pesca en mar abierto. Las embarcaciones precisaban de individuos fuertes y resistentes capaces de mantener la boga, durante horas, hasta llegar a los caladeros y, una vez recogida la pesca, tornar a puerto, cargados y a toda marcha, para efectuar la subasta. Las regatas de Donsotia / San Sebastián se celebran desde 1879 como parte de Euskal Jaiak, Fiestas Vascas de la ciudad. Tienen lugar los dos primeros domingos de septiembre en la bahía de la Concha. Desde 2008 también se disputa la modalidad femenina. Embarcaciones procedentes de toda la cornisa cantábrica compiten por llevarse la Bandera de la más prestigiosa competición de remo de la temporada. En la edición 2019 la regata clasificatoria se celebrará el 29 de agosto, y las dos jornadas el 1 y el 8 de septiembre. 5.5. HARRIJASOTZAILE El canto rodado del río o el peñasco de la montaña debieron ofrecer al vasco, desde tiempo inmemorial, fácil oportunidad para probar sus fuerzas. Como en los restantes deportes rurales ningún documento escrito nos ha llegado sobre el levantamiento de piedra (Harrijasotzaile). Es éste, posiblemente, el deporte más antiguo pero de más corta historia. Poco queda escrito de épocas anteriores a Arteondo. Fue este levantador quien llevó las piedras a la plaza pública para exhibiciones, marcando los pesos y dimensiones “clásicas” de la piedra. Hasta él, los desafíos no fueron espectáculo programado y reglamentado. En las romerías del patrono del pueblo, caliente la sangre y la cabeza por los vapores de la sidra, los jóvenes buscaban un objeto para probar sus fuerzas. El más a mano era un simple peñasco sobre el que apostaban a nivelarlo sobre el hombro. Es una variante del levantamiento de peso. Una persona utilizando sus propias fuerzas y sin valerse de utensilio o mecanismo alguno, levanta una piedra, lastrada o no, desde el suelo hasta el hombro. Aunque en algunos pueblos se conservan las tradicionales piedras de forma irregular, los principales harri-jasotzaileak actuales utilizan las cuatro formas regulares: esféricas, cilíndricas, cúbicas y paralelepipédicas. 5.6. SEGALARIS El corte de hierba en las empinadas praderas del País es trabajo forzado para el casero, pues el ganado estabulado espera su diaria ración de pienso. El corte debe hacerse rápidamente, y también la recogida, para evitar se estropee con la lluvia repentina. De este trabajo surgió uno de los más característicos deportes vascos: “sega apustua”. Las pronunciadas pendientes en que se encuentran la mayor parte de los prados en el País Vasco han hecho difícil la puesta en práctica de guadañadoras mecánicas. De ahí que la guadaña manual (sega) sea hoy de uso habitual en nuestra tierra. La cuchilla mide de 0,90 metros a 0,95 metros de ancho en las guadañas normales y de 1,18 metros a 1,24 metros en las de competición. El corte de hierba en los caseríos ocupa gran parte de la larguísima jornada laboral de nuestros baserritarras porque las cabezas de ganado constituyen la verdadera riqueza del caserío. La vaca proporciona la lecha y crías; el buey sirve de tracción en la labor de roturación para el cultivo de las tierras; el ternero proporciona ingresos inmediatos, vendido para carne al tratante o en el mercado próximo. Un buen segador de nuestro País puede hacer más de 50 áreas de trabajo en un día. El Deporte de Siega, en euskera es Sega jokoa. Se trata de cortar el mayor número de kilos de hierba, utilizando guadañas, en un prado de una superficie determinada, durante un tiempo previamente establecido. Los deportistas reciben el nombre de segalaris. Tampoco este es un deporte exclusivo del País Vasco, ya que se practica también en la región de los Alpes (Suiza, Alemania, Austria, Eslovenia e Italia (Tirol del Sur) y en los Balcanes (Bosnia-Herzegovina)). 5.7. IDI DEMA Llegamos aquí al más popular de los juegos rurales. Los concursos o pruebas de arrastre de piedra por bueyes, frecuentísimos en otras épocas, lo son también en nuestros días. Antes surgían como desafíos individuales entre propietarios de yuntas; hoy es más usual el concurso, como número fuerte de fiestas patronales, pero conservando su gran sabor y entronque popular. Es opinión frecuente buscar el origen de las pruebas de arrastre en el trabajo de las canteras. La piedra, desprendida por la explosión del barreno, era pulimentada “in situ” y luego, arrastrada por los bueyes, se llevaba hasta la maciza carreta que le había de transportar. Este origen, posiblemente cierto, no supone que todos los bueyes participantes en apuestas trabajaban en canteras sino que la experiencia demostró que un objeto pesado, como la piedra, era el ideal para probar la velocidad máxima del paso del buey en arrastre. Estas pruebas se celebran en una plaza especialmente acondicionada que recibe el nombre de probadero (probaleku), donde los participantes han de arrastrar una piedra de gran tamaño durante un periodo de tiempo prefijado, debiendo realizar el mayor número de plazas posible. Las diferentes modalidades se distinguen por como se realiza el arrastre de la piedra, combinando la fuerza de tiro de diferentes tipos de animales con la fuerza humana. 5.8. BOLOS Este juego-deporte, muy extendido internacionalmente, tienen en el País Vasco una característica peculiar. Para su manejo se precisa de mucha energía física por el peso de la bola y la distancia que debe recorrer. Se desarrolla en tres modalidades distintas: Eskuzulo, Iruzulo y Bolo Palma. • Ezkuzulo es propio de Gipuzkoa. El peso de la bola oscila entre 7 y 9,5 kilos y la distancia a la que se situan las brillas 22 metros. Hay 9 brillas colocadas en cuadro, de tres en tres. • Iruzulo: Es ésta la modalidad de más amplia difusión geográfica, abarcando el oeste de Gipuzkoa, la mayoría de Bizkaia y el norte de Araba. La bola es ligeramente ovalada y debe alcanzar y derribar las tres brillas colocadas enfrente. • Bolo-palma: Frecuente en Araba y en toda La Rioja la bola es más ligera que en los casos anteriores. Araba es un territorio que cuenta con otras variedades de bolos, muchas veces diferenciadas entre localidades cercanas. Existen en el País Vasco numerosas variantes del juego de los bolos que se suelen practicar generalmente en el medio rural: bolos a cachete... A diferencia del Bearn, donde se juega sólo con 3 o 6 bolos, en la modalidad tradicional de Labort se juega con 9 bolos. Se colocan formando un cuadrado sobre una superficie plana, siendo la longitud de un bolo la distancia que se deja entre cada dos bolos. El del centro lleva una señal especial. Los jugadores lanzan una bola de madera de entre 3 y 4 kilos desde un punto a 15 metros del bolo central. En Álava existen 9 variantes del juego de bolos. 5.9. KORRIKALARIS Tradicionalmente, los aizkolaris solían ser también korrikalaris, realizándose habitualmente pruebas combinadas. Sobresalió Chiquito de Arruiz vs Ramón Latasa. Practicante de un deporte rural vasco de ciertas similitudes con las carreras de fondo. Realizado habitualmente por caminos o carreteras e, incluso, recintos cerrados como plazas de toros, existe una modalidad mixta con corte de troncos. Los participantes, siempre dos, acostumbran, como en casi todos los deportes rurales, a cruzar apuestas, en ocasiones muy importantes. Las diferentes condiciones en que se desarrolla la competición las hace difícilmente comparables a las carreras olímpicas perfectamente reglamentadas. Las pruebas se dilucidan sobre un recorrido establecido de la siguiente manera: se traza una circunferencia con un radio de 15,926 metros. Se colocan estacas o varillas cada 2 metros sobre dicha circunferencia, formando en términos geométricos 50 cuerdas (100 m). Las estacas o varillas van ligeramente inclinadas hacia el centro de la plaza o ruedo, con un máximo de 30º de inclinación sobre la vertical. La altura de las estacas o varillas será superior a 0,50 metros e inferior a 0,75 metros y se unirán las mismas con una cuerda o liz en su parte superior. Las carreras de korrikalaris sin sacos, en campo abierto o en los probaderos y plazas donde se realiza el deporte rural. Antiguamente solían combinarse pruebas de carreras con pruebas de aizcolaris. En la actualidad los korrikalaris han sido asimilados por el atletismo. 5.10. SOKA-TIRA Considerado un deporte rural en el País Vasco, se trata sin embargo de un deporte extendido mundialmente que cuenta con federación y competiciones internacionales. Fue deporte olímpico en las primeras Olimpiadas de la Era Moderna. La soka-tira es la competición en la que dos fuerzas humanas de signo contrario, aferradas a una cuerda, pretenden arrastrarse mutuamente. La simplicidad de su concepción ha hecho que sea deporte conocido en la más remota antigüedad y de amplia difusión geográfica en el mundo actual. 5.11. LANZAMIENTO DE PALANCA O DE BARRA VASCA El lanzamiento de barra, fue uno de los deportes más extendidos por toda España. En cada zona se prácticaba adoptando particularidades de las características u oficios más representativos. En el país vasco adoptó el nombre de lanzamiento de palanca o de barra vasca: hubo una época en la que fue uno de los deportes rurales más extendidos, aunque en la actualidad prácticamente ha desaparecido. En el siglo XVIII se practicaba en todas las provincias vascas. Su práctica fue reduciéndose a lo largo del siglo XIX, aunque perdurando con fuerza en zonas de Guipúzcoa (Oyarzun, Gaztelu, Régil, Azpeitia) hasta desaparecer su práctica habitual en el segundo tercio del siglo XX. La palanca metálica (barra de hierro) era una herramienta de trabajo utilizada en la minería. El deporte era muy simple: consistía en lanzar la barra metálica (palanca) lo más lejos posible. El deportista recibía el nombre de palankari. Existían varias formas de lanzar la palanca. Las apuestas se realizaban normalmente en un prado cerca del pueblo y el peso de las palancas era variable, no estaba reglamentado, aunque obviamente en una apuesta debía ser el mismo para todos los competidores. Las disciplinas atléticas de lanzamiento fueron desplazando a la palanca hasta hacerla desaparecer. Como dato curioso cabe decir que el atleta y aventurero Miguel de la Quadra-Salcedo batió el récord del mundo de lanzamiento de jabalina utilizando una técnica que adaptó Félix Erausquin del lanzamiento de los palankaris (que se realizaba mediante una rotación y no con una carrera de aproximación). Una posterior modificación del reglamento anuló el récord del mundo y prohibió esta técnica en el lanzamiento de jabalina. Félix volvió a modificar la técnica y la IAAF se vio obligada a realizar una nueva modificación del reglamento para ilegalizar la técnica que se llamó española o de Félix Erausquin. 5.12. OTROS DEPORTES Existen otras modalidades deportivas que por una u otra razón suelen considerarse como deporte rural vasco, aunque no estén federadas como tales. Toca: Consiste en el lanzamiento de un disco de hierro, desde una distancia determinada, que debe golpear una barra metálica para hacer tanto. Barrenadores: Colocado el atleta sobre una piedra iba horodándola a golpes de barra venciendo quien antes hubiera llegado a una profundidad determinada. Txingas: O transporte de pesos que el atleta lleva colgando de cada una de sus manos. Se trata de recorrer una distancia en un tiempo determinado. El peso de cada txinga es de 50 kgrs. Tronzalaris: Consiste en el corte de troncos por una gran sierra o tronza manejada por dos personas. Deportes de Iparralde: En el País Vasco norte se celebran competiciones muy vinculadas al trabajo en el baserri, como son el alzar un fardo de paja, o un yunque, o el desplazar un carro sobre su eje. Lucha de carneros: La afición de los vascos por la lucha y por la competición le han llevado a aprovechar, desde antiguo, el instinto de topar de los carneros para la organización de apuestas. Concurso de habilidad de perros de pastor: Además de ofrecer un espectáculo agradable e interesante, tanto por el escenario donde tiene lugar como por la magnífica labor que realizan los perros mandados por sus pastores, es objetivo principal del mismo excitar el estímulo de los pastores en la educación de los perros; de esta forma, su trabajo anónimo y solitario adquiere en esos días vistosidad y popularidad. En estos concursos no sólo se premia a los perros que mejor hacen su trabajo, sino también a los que reúnen las características más puras de raza. Igualmente y para que no desaparezcan los vestidos, prendas y utensilios típicos empleados por los pastores, se conceden premios a los que se presentan más típicamente ataviados. Y lo que es el más importante objetivo de estos concursos, se da a conocer el maravilloso instinto del perro, que cuando es completado por una educación adecuada, constituye elemento de trabajo indispensable para el pastor en su labor diaria. 5.13. DEPORTE RURAL: EL LUGAR DE LA FUERZA Para el pueblo vasco, trabajo y necesidad son sinónimos; y juego quiere decir lucha. La trainera, embarcación con la que desde siempre ha pescado el hombre de la mar (arrantzalea en euskara), era movida con todas las fuerzas de sus remeros en el intento de llegar antes que los demás, una vez que el vigía desde su atalaya daba la voz de alarma indicando la presencia de un banco de pesca o, tal vez, de la ballena. El juego se convirtió en desafío, luego en apuesta. Los municipios vecinos de Mundaka y Bermeo, en la ría de Gernika/Mundaka, pleitearon durante años por adjudicarse la isla de Ízaro. Siendo imposible el acuerdo y continuas las disputas, para dirimir definitivamente la cuestión decidieron que fuera de quien arribase antes a la isla. Ganaron los de Bermeo, según es tradición, el día de la Magdalena de 1719. La pasión por el juego es antigua, tal y como dan testimonio los documentos de la época. Juan Ignacio de Iztueta, poeta e historiador vasco, recogía la siguiente noticia: “En la plaza de Hernani, en un partido de pelota jugado por cuatro guipuzcoanos contra cuatro navarros, se vieron colgadas de una alameda contigua, hasta finalizar el partido, camas completas con sus ropas, jergón y colchones. Era lo que estaba en juego aquel día. Dicha partida se jugó hacia el año 720”. Circulan muchas historias en este país tan dado a la leyenda y a la mistificación del pasado. La de aquel aldeano que se jugó, a favor de una yunta de bueyes, el caserío con su mujer e hijos y, además, perdió. O la de tantos jóvenes que, por haber derrochado su fortuna e incluso su honor, en el juego de la pelota, se vieron obligados a emigrar hacia América. El levantador Iñaki Perurena cuenta en su biografía las trampas y añaganzas que tuvo que sortear en las pruebas en que tomó parte. Aún hoy se sigue jugando dinero en las pruebas deportivas vascas, pero no como antes. El deporte de las traineras, especialmente la competición que se celebra en la bahía de San Sebastián es, por celebrarse una vez al año, una de las más esperadas. Suscita pasiones, crea enemistades, enciende la llama de la codicia. La trainera, en el pueblo de Orio (Gipuzkoa), por ejemplo, está expuesta a la curiosidad de la gente, que la mira y acaricia con los dedos, como si fuese un miembro más de la familia. Al niño o niña que nazca el año de la victoria de su trainera siempre le acompañará la fortuna. Eso dicen las buenas lenguas. No es extraño que el deportista –en una u otra modalidad- sea la persona que mejor encarne los valores de la colectividad. Sus triunfos son recibidos como verdaderas gestas y glosados por los poetas. Los triunfadores entran en sus pueblos de origen acompañados por la banda de música y un numeroso cortejo de seguidores, y allí en la plaza Mayor se les agasaja como héroes. Si el levantamiento de piedra es sinónimo de fuerza y vigor, el deporte de las hachas lo es de elegancia y finura. Pocas estampas hay tan vistosas como la del aizkolari subido a su tronco, recto como una torre, con el hacha alzada a modo de flecha, que luego cae en golpes recios y certeros. Ha gozado siempre de mucha popularidad. El aizkolari vasco corta el tronco estando éste caído, en posición horizontal. Hace algún tiempo, con el fin de promover el deporte, se organizaron competiciones con aizkolaris canadienses y australianos, quienes cortan el tronco en posición vertical. Las hachas también son diferentes. El País Vasco ha dado grandes deportistas en pruebas que no tienen siempre un reconocimiento ni homologación internacional. Aunque se ha intentado convertir a los atletas vascos a disciplinas olímpicas, pocas veces se ha conseguido algún éxito. Una de las excepciones es la del maratoniano Diego García, que comenzó como korrikalari tomando parte en apuestas. Son, en general, reflejo de las formas de trabajo en el medio rural. Entran en crisis a la vez que su medio de vida. Hasta el siglo XIX fue muy popular el deporte conocido como “lanzamiento de barra o palanca”, que tenía su origen en el trabajo de los canteros. Las competiciones entre segadores (segalaris) fueron muy frecuentes hasta hace poco. Hoy día sólo se celebran en la zona cercana al monte Ernio, en los valles recónditos de la Guipúzcoa profunda. Algo similar ha sucedido con el deporte de los aizkolaris, leñadores curtidos en las tareas del bosque. La madera de haya es, junto al acero forjado en el país, elemento imprescindible para la práctica de dicho deporte. Cuando los bosques autóctonos son talados –algo que sucede en Gipuzkoa y Bizkaia por no ser tierras comunales- y sustituidos por especies de crecimiento más rápido; cuando la fuerza mecánica sustituye a la humana, desaparece entonces el oficio de aizkolari. Hasta el año 1930 fueron abundantes los desafíos y dominaron los guipuzcoanos. A partir de la Guerra Civil, los navarros sustituyeron a los guipuzcoanos. Las hazañas de los Goñi, Garziarena, Baleztena fueron glosadas por poetas y cronistas populares. Para evitar su declive, y con el objeto de darle publicidad, las autoridades competentes organizaron durante un tiempo una serie de competiciones entre aizkolaris vascos y cortadores procedentes de Canadá y Australia. Hace tiempo que no se celebran las espectaculares apuestas de antaño. En Bizkaia y Gipuzkoa fue muy popular durante años la llamada gizon proba. Un individuo, o varios, debían arrastrar una pesada piedra o un enorme fardo. Se enfrentaban entre ellos, o contra animales. En Azkoitia, Gipuzkoa, un buey luchó hace veinte años contra diez fornidos sujetos por ver quien arrastraba más tiempo una piedra de 1.800 kilos. Ganaron, por supuesto, los segundos. Hombres contra hombres o contra bestias, reflejo de la lucha del vasco por domeñar la naturaleza, que aún puede verse en las fiestas de las localidades más importantes. Hay que señalar que el vasco corta el tronco cuando está en posición horizontal, mientras que los canadienses o australianos lo hacen en posición vertical. El corte vasco exige resistencia, mientras que el foráneo, velocidad. Aizkolaris famosos han sido los hermanos José Ignacio y Jesús Orbegozo (Arria II y Arria III), o Mikel Mindegia, quien ganó el campeonato de España en el año 1981. Olasagasti, donostiarra, es uno de los últimos campeones de la especialidad. Es, sin embargo, el levantamiento de piedra el deporte que quizá atraiga más adeptos y admiradores. Un individuo solo, en medio de la plaza, levantando una y otra vez la piedra cilíndrica o cúbica de gran peso es una visión que no se puede olvidar con facilidad. Decía Francisco Irazusta Etxeberria, “Usategieta” de apodo, hombre que hasta muy avanzada edad había practicado todos los deportes, que el más penoso y sacrificado era el levantamiento de piedra: “El remero puede disimular su cansancio manteniendo el ritmo, el aizkolari puede recuperarse de un desfallecimiento golpeando el tronco con menos saña, pero la piedra no sube si no es a impulsos de cintura y brazos, que se repiten en cada alzada”. Los sujetos mimados por la naturaleza y dotados de fortaleza física se han dedicado al levantamiento de piedra. José Manuel Ibar “Urtain” fue uno de los más notables. Cuando no hubo piedra que resistiera a la fuerza de sus brazos, pasó al boxeo. Intentó emular, quizá, a aquel otro deportista vasco, de manos grandes y duras, cuyo nombre era Paulino Uzkudun. Es la piedra la que ha dado al país sus personajes más característicos y queridos. Gracias a la piedra es conocido Iñaki Perurena, a quien ya hemos citado. Comenzó muy joven a competir y acabó, como un verdadero atleta, batiendo marcas de alzada. El 30 de enero de 1987 levantó la piedra cúbica de 300 kilos en el transcurso de las Seis Horas de Euskadi. Nadie le veía un sucesor claro, y entonces apareció Mieltxo Saralegi que, en febrero de 1998, también durante las Seis Horas de Euskadi, levantó la piedra de 327 kilos delante de las 8.000 personas que llenaban a rebosar el conocido Velódromo de Anoeta, en Donostia-San Sebastián. El deporte vasco ha cambiado; la sangre de Saralegi, natural, como Perurena, de Leitza / Leiza, en Navarra, es vasca de raza, pero la piedra era granito importado de Rusia. 6. FIESTAS Y CERTÁMENES CULTURALES INVIERNO Donostia-San Sebastián, Gipuzkoa. El 20 de enero se celebran las fiestas en honor a san Sebastián, el patrón de la capital guipuzcoana. El acto más emblemático de estas fiestas es la tamborrada que protagonizan los componentes de las distintas cofradías que hay en la ciudad, en su mayoría gastronómicas, la noche del día 19; y la tamborrada infantil, que tiene lugar el día 20 por la mañana. La víspera del día festivo es costumbre entre la gente del lugar cenar con los amigos fuera de casa para asistir a la medianoche a la izada de la bandera en la plaza de la Constitución, al tiempo que se escucha la tamborrada que una de las cofradías más emblemáticas ofrece en dicha plaza. Después de la medianoche, recorren las calles interpretando las marchas que Raimundo Sarriegui compuso especialmente para esta ocasión. Oion, Araba. El 22 de enero, el “Cachi” es, en la localidad de Oion, el centro de la festividad de San Vicente y San Anastasio. El “Cachi” es un curioso personaje que viste de amarillo y verde y que, durante la víspera del día festivo, acompaña a la corporación municipal hasta la puerta de la iglesia parroquial, donde acuden en comitiva. Una vez allí, ondean la bandera mientras el “Cachi” se revuelca debajo de ella, hasta que se alza y grita un ¡viva! en honor a los santos patronos. Este curioso acto se repite al día siguiente como colofón de las fiestas, pero antes, tras la celebración de la misa conmemorativa y la representación de bailes antiguos, se enciende y se hace estallar una rueda de fuegos artificiales en la que figuran un toro y un torero. Este acto rememora simbólicamente, según la tradición popular, un milagro de los santos patronos, en el que un toro que se había escapado y se dirigía directamente a la procesión de los fieles, cayó reventado antes de acanzarla, en tanto que los devotos permanecían inmóviles, en lo que se considera un acto de fe. PRIMAVERA Balmaseda, Bizcaya. La Pasión de Balmaseda es una de las representaciones propias del ciclo de Semana Santa más emblemáticas del Pais Vasco. Durante el Jueves Santo se escenifican los pasajes previos al prendimiento de Jesús y el Viernes Santo, los que se suceden hasta la crucifixión. Los diferentes episodios de la Pasión se representan con una escenografía muy cuidada, en la que participa gran número de habitantes de la localidad, que se preparan para la ocasión a lo largo de año. También intervienen un coro y un narrador que acompañan y dirigen gran parte de la escenificación. La Pasión de Balmaseda tiene una antigua tradición y su origen se remonta probablemente al siglo XV, aunque hasta fines del siglo XIX no puede hablarse de la existencia de la representación, tal y como se entiende en la actualidad. Legazpi, Gipuzkoa. El 3 de mayo, festividad de la Santa Cruz, se pone en funcionamiento la antigua ferrería de Mirandaola, en un acto que se sucede en la misma desde 1580, año en el que sucedió un hecho sorprendente del que se conserva un documento escrito que lo certifica: al parecer, unos herreros, sin respetar el dia de descanso que la festividad requería, estuvieron trabajando en la ferrería toda la jornada, pero cuando fueron a sacar de la fragua la masa de hierro que habían estado fundiendo durante el día, encontraron que se había consolidado en forma de cruz. El origen de la festividad debe buscarse en la consideración de magos que tenían los herreros, en su capacidad de transformar el metal y, finalmente, por haber estado trabajando precisamente un día en que la Iglesia pedía descando y devoción. La fiesta se celebra con la representación de la ezpatadantza y con la puesta en funcionamiento de la ferrería el domingo siguiente al 3 de mayo. Oñati, Gipuzkoa. En mayo se celebran las fiestas del Corpus Christi, que en esta localidad guipuzcoana tienen especial importancia y tradición. El domingo que sigue al Jueves de Corpus tiene lugar una procesión, a lo largo de cuyo trayecto grupos de dantzaris interpretan la korpus dantzak; al llegar a la plaza de la localidad representan de nuevo la danza, y se colocan las 14 imágenes que se han portado en la procesión. Las fiestas del Corpus en Oñati las organiza la cofradía del Santísimo Sacramento, que se fundó en 1553 y se conoce popularmente como el Apostolado, ya que algunos de sus miembros desfilan en la procesión vestidos de Jesús, los apóstoles y San Miguel, con la cara tapada con una máscara y llevando alguno de los símbolos que les caracterizan. VERANO Lekeitio, Bizkaia. El 29 de junio se celebran en esta localidad pesquera las fiestas de San Pedro, en las que tiene lugar la representación del baile de la kaxarranka o baile del arca, además de regatas, gigantes y cabezudos. Este baile lo interpreta un dantzari sobre un arca que llevan a hombros ocho marineros. Antiguamente el dantzari iba vestido igual que san Pedro, pero en el siglo XVII las autoridades eclesiásticas prohibieron que mostrara cualquier connotación religiosa. Ahora viste pantalón y camisa blanca, una levita negra y un pañuelo en el cuello que le confieren un carácter laico. Sobre el arca o kutxa transportan la imagen de san Pedro, que asoman al mar mientras el dantzari baila frente a ella en distintas paradas del itinerario, hasta finalizar con una última representación delante de la iglesia de Santa María de la Asunción. Irun, Gipuzkoa. El 30 de junio se celebran las fiestas de San Marcial, con tradicional alarde de armas y procesión a la ermita de este santo, situada en un montículo cercano a la localidad. Los alardes de armas rememoran las milicias fueristas que organizaban y adiestraban los pueblos para la lucha, y el de Irun conmemora el triunfo que en 1522 lograron las milicias irunesas frente a los franconavarros en la batalla de San Marcial. El mismo día se celebra, desde hace cuatro siglos, la romería de San Marcial, que congrega a numerosas personas junto a la ermita para oír una misa, cantar y bailar danzas tradicionales. Al atardecer, los iruneses descienden hasta la plaza del pueblo, donde se congregan las tropas tras el desfile y, en un espectacular acto, descargan sus armas a la orden del general. OTOÑO Legazpi y Segura, Gipuzkoa. El 6 de diciembre se celebra en estas localidades la festividad de san Nicolás Obispillo. Los niños son los protagonistas: se visten de baserritarras, es decir, como lo hacen las gentes que viven en el campo y habitan los caseríos, y recorren las casas con una enorme sábana con la que recaudan el dinero que los vecinos les lanzan desde sus ventanas. CARNAVAL El Carnaval es la fiesta más importante del ciclo de festividades invernales. Su llegada la anuncian los Caldereros, que, en la provincia de Gipuzkoa, hacen su aparición el sábado siguiente al 2 de febrero. En muchas localidades se conservan vestigios del carnaval rural, como ocurre en Markina-Xemein (Bizkaia), donde se representa la zagari dantza, en la cual, además de los danzantes, participan dos personajes disfrazados de oso y de domador en recuerdo de las troupes zíngaras que acudían al lugar durante las fiestas. En Amezketa y Abaltzisketa (Gipuzkoa) los txantxoak (jóvenes del pueblo) recorren los caseríos de la localidad bailando. En la provincia de Araba, en Zalduondo, protagoniza la fiesta un muñeco llamado markitos, que cada año es juzgado, condenado y destruido. Aunque en todas las localidades se celebra el Carnaval, uno de los más representativos, bulliciosos y concurridos es el de Tolosa –que ni siquiera durante el franquismo dejó de celebrarse, camuflado de diversas formas-, que mantiene entre las gentes una gran tradición y simbología. Su llegada la anuncian las comparsas de Caldereros y tiene el momento culminante en el Domingo de Carnaval. SEMANA GRANDE Durante el mes de agosto se celebran las grandes fiestas de las tres capitales vascas. Las verbenas, los conciertos, el teatro, los campeonatos deportivos, las muestras folclóricas y los fuegos artificiales, entre otros actos, se suceden. Vitoria-Gasteiz inicia el ciclo el 4 de agosto con las fiestas de la Virgen Blanca, que se inician con la bajada del “Celedón” desde la iglesia de San Miguel. El “Celedón” es un muñeco vestido con blusa, bolsa, chapela y paraguas al que se hace descender por un cable desde el campanario de la iglesia; una vez abajo es sustituido por un personaje real que viste como él y está presente durante las fiestas. También representativos de estas fiestas son los “blusas”, peñas locales que participan con estrépito en las celebraciones. Cuando finalizan las fiestas en la capital alavesa, comienza la Aste Nagusia o Semana Grande de Donostia-San Sebastián –en torno al 15 de agosto-. Uno de los mayores atractivos de la Semana Grande es el concurso de fuegos artificiales, en el cual participan pirotecnias procedentes de muy diversas nacionalidades. El domingo siguiente al 15 de agosto comienza la Aste Nagusia de Bilbao, presidida por “Mari Jaia”, una gigantona alegre y festiva que se quema el último día de las fiestas. 7. LA ARTESANÍA 7.1. INTRODUCCIÓN La mayor parte de los productos que constituyen el acervo de las artes populares de este país, arbolado y rocoso, se encuentran íntimamente vinculados a la vida de agricultores y pastores y a las necesidades de quienes ejercen estos trabajos. La madera, el hierro y la piedra definen la cultura material vasca, que en ocasiones sorprende por el hecho diferencial de convertir el trabajo con estos elementos en un deporte, en el que la destreza del hombre se enfrenta a la fuerza de la naturaleza. 7.2. ALFARERÍA Esta artesanía ha tenido un desarrollo desigual. En la zona húmeda de clima oceánico, predominantemente pastoril y caracterizada por la riqueza maderera, las vasijas se realizaron con este material. En la zona de clima mediterráneo, la preponderancia de la actividad agrícola propició la alfarería, al igual que la influencia de los dominios romano y, sobre todo, musulmán, ya que al pueblo árabe pertenece el magisterio del trabajo del barro. Exponentes destacados de la producción son las castañeras, los dulceros, el kantarue (cántaro que se lleva sobre un pequeño cojín en la cabeza), las pegarras (cántaros con forma de tetera), las jícaras (tacitas chocolateras cónicas, de loza, con un pequeño pie y un asa, cuyo uso se generalizó en el siglo XVIII con el auge del consumo de chocolate) y las lurraspillas de matanza (vasijas de gruesas paredes e interior esmaltado y decorado con flores). En la alfarería vasca se emplea de manera intensiva la cubierta blanca (esmalte a base de estaño, plomo y arena) y se recurre al marrón, el verde y el azul –este en menor medida-, como colores decorativos. La impermeabilización de los recipientes se consigue mediante vidriado, y en ocasiones, con el propósito de reforzarlos, se acordonan. 7.3. CANTERÍA La fama de los tallistas vascos desde la época medieval la propició la tierra en la que habían nacido, pródiga en minerales. Las rocas, sobre todo calizas –aunque también abundaban la pizarra, el granito, las areniscas y las ofitas-, fueron labradas por las hábiles manos de los antiguos pedreros que, en cuadrillas, iban allá donde se les requería para tallar trillos de pedernal. Los secretos del oficio se transmitían de padres a hijos, y eso dio lugar a la aparición de una jerga gremial. El factor más importante para el buen picado de las piedras era el juego de las muñecas, su vaivén rítmico aprovechando el rebote de la piqueta. Se tallaban ruedas de molino y sus difíciles rodetes de una sola pieza (especialidad exclusivamente vasca), cruces de término, estelas discoideas, picotas y escudos, que eran decorados con dibujos geométricos, fitoformes y antropomórficos, y también con el lauburu (símbolo del País Vasco). 7.4. CUERO La producción artesana en cuero se vincula a la vida campesina y engloba indumentaria, recipientes y útiles. El espaldero, utilizado por pastores, leñadores y carboneros para protegerse de las inclemencias del tiempo, se confeccionaba con una gran piel de macho cabrío esquilado (aunque también podía ser de piel de ovino con toda su lana), a la que se cosían seis correas para sujetarla al cuerpo. Las abarkas se realizaban con piel seca pero sin curtir, de bovino e incluso de jabalí. Entre los recipientes se encuentran los odres para aceite (de piel de cabra o de cabrito entera) y las botas para vino (tomando sólo una parte del animal). Los primeros se cerraban con cuerdas que estrangulaban el orificio de salida. Otros objetos realizados total o parcialmente con cuero eran las correas que sujetaban el yugo a los cuernos de los animales de arrastre, los cedazos de piel de cabra afeitada con que se eliminaban las impurezas de la harina y los mayales destinados a trillar trigo o desgranar alubias. 7.5. FORJA El empleo más antiguo de la forja dio lugar a aperos de labranza ideados para el trabajo a brazo, como el mayal para trillar y la laya, una horquilla larga de mango corto que se realizaba teniendo en cuenta las características físicas de cada persona, por lo cual no había dos ejemplares iguales. Al yugo, cuya elegante hechura de madera profusamente decorada ocultaban innumerables vueltas de correas, se le añadían en la parte superior, cuando formaba parte del carro de boda, un grupo de campanillas, cuyo objeto era ahuyentar de la pareja de recién casados maleficios como el que suponía la presencia del tejón, con cuya piel se cubría, costumbre de la cual deriva su nombre, azkonarra. Como ejemplos del uso ornamental de la forja están las veletas y las aldabas zoomorfas o antropomorfas. El grabado dio lugar a una disciplina de gran raigambre como el damasquinado, que consiste en incrustar oro y plata en acero. 7.6. LANA Y LINO En las zonas pastoriles, el hilado de la lana se efectuaba partiendo del copo, sujeto en la rueca. La fibra se estiraba con los dedos ensalivados y posteriormente se retorcía en una especie de peonza en forma de diábolo, la maratilla. La artesanía lanar produjo creaciones tan características como la boina o txapela y las capas de punto o kapusai de los pastores. El lino, materia prima de gran importancia en la indumentaria vasca, se transformaba en paños tras un laborioso proceso de blanqueo, aclarado y secado en madejas. De las diferentes fases se encargaban hilanderas y euntzales o pañeros. Estos últimos elaboraban los lienzos de una comunidad, cobraban su trabajo como los molinos maquileros y vendían los sobrantes a las urbes. Los artesanos tejedores tendían a la repetición rítmica del dibujo y por lo común evitaban las combinaciones de colores. Por encima de adornos como los flecos y las borlas prevalecía el bordado de punto de cruz, realizado sobre dos ejes perpendiculares y dejando las líneas blancas sin macizar. 7.7. MADERA El trabajo con este material se circunscribe en general a la vida doméstica en el caserío y dio lugar a diversos utensilios, algunos de ellos destinados a la industria láctea, como el kaiku (recipiente empleado en las labores de ordeño), los cinchos para el queso, la oporra (tazón de gran tamaño para tomar leche y talo) y la alaskoa (vasija para cuajada). Entre el mobiliario del caserío, cuya vida gira en torno al hogar, destacan el txitxillu (banco de respaldo alto con mesa abatible en el centro, que en ocasiones servía para delimitar el espacio en la cocina), los diversos tipos de sillas, la kutxa (arca decorada donde se conservaban generalmente las cosas del ajuar, pero también trigo, maíz y harina), el granero (una variante del arca en forma de hórreo, con diversos compartimentos, que se colocaba en el sabayado) y la oako, cuna balancín. Forman asimismo parte de esta artesanía objetos tan dispares como los yugos (cuyos motivos ornamentales tenían un sentido mágico de protección del ganado), los bastones o makillas, las cucharas de mango ancho y las taloaskeas (platos usados como artesa para amasar la harina de maíz y elaborar tortas) pastoriles, las estelas de los caminos e instrumentos como el txistu y la zalapartaka, tambor que acompaña desde antiguo ritos laborales como la finalización del prensado de la manzana o la fabricación de cal. 7.8. LAS ABARKAS Este tipo de calzado abierto, ya conocido en época romana, se confeccionaba con un trozo de cuero de forma ligeramente trapezoidal. Una vez limpia y seca, la piel se trataba con sal gruesa y, tras un proceso a base de cenizas y agua templada que la ablandaba, se retiraba el pelo antes coserle los cordones. Éstos, hechos con lana hilada, trenzada y teñida, cruzan el empeine y sujetan la abarka al tobillo, enrollados dando varias vueltas. Las abarkas son muy apropiadas, dada su adaptabilidad, para andar por terrenos montañosos como los que recorren los pastores con sus rebaños. El cuero de las abarkas femeninas se trataba con leche cruda para blanquearlo y solía decorarse con lunares. Las abarkas de cuero se usan exclusivamente para actividades folklóricas, ya que en el campo han sido sustituidas por las de caucho. 7.9. LAS MAKILLAS Las makillas son un tipo de bastón de madera de haya, aliaga, argoma, enebro, acebo o incluso níspero que se trabajan a navaja, respetando los dibujos de la corteza, y se emplea el procedimiento del pirograbado para obtener representaciones ingenuas y muy expresivas. La pieza la remata un refuerzo metálico con dibujos geométricos o bien un adorno de cuero, coronados por un pomo de metal o de hueso. Suelen llevar una abrazadera, también realizada en metal, sencilla en ornamentación y que sujeta la punta metálica y estriada, a modo de estoque. Una de las tallas más populares es la que representa una serpiente, que repta en espiral a lo largo de todo el bastón. 8. EL CASERÍO VASCO En San Sebastián, a 5 de mayo del año 2022. A los redactores del Diario Vasco: Sólo quiero dejar constancia de un hecho sin relevancia, pero que adquiría su verdadero sentido si esta serie de fascículos se publicaran en forma de libro. En secreto, hemos realizado algunos cambios en el Índice de esta obra. Habría que revisarlo y ajustarlo a los verdaderos contenidos de este texto. No obstante, está claro que nos hemos quedado en el punto 8. Ya hemos cruzado el ecuador en lo concerniente a los fascículos que os estoy enviando. Por lo demás, no hay ninguna otra novedad. Hoy, voy muy acelerado, por lo que aprovecharé la ocasión para despedirme. Muchas gracias y hasta mañana, IGNACIO RAMÓN ECHEBURÚA ESTÉVEZ

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