GIPUZKOA, paso a paso // Alarde de Irún (42)
Antes de fundirnos en el bullicio del alarde, vamos a recordar algunas ideas sobre el municipio de Irún. Este es una ciudad de la provincia de Gipuzkoa, que está situado a 18 km al E de Donostia-San Sebastián, la capital provincial, constituyendo la segunda ciudad más poblada de Guipúzcoa. Se encuentra localizada en la depresión sublitoral guipuzcoana, en el valle del bajo Bidasoa, concretamente en el rellano del aluvión formado por el río. Ocupa una extensión de 42,8 km2, a una altitud de 5 m sobre el nivel del mar. Irún, concretamente, es fronterizo con Francia, país del que se encuentra separado por el río Bidasoa. Es la mayor población de la aglomeración urbana situada en el estuario del Bidasoa, que es conocida como “Bahía de Bidasoa-Txingudi” o, simplemente, “Bahía de Txingudi”, y que está formada por las localidades de Irún, Hondarribia y Hendaya. En 1992 se encontraron importantes restos arqueológicos romanos en Irún que parecen confirmar que Irún sería la ciudad de Oiasso, Œasso o Easo, que los geógrafos romanos colocaban en la costa del territorio vascón y cuya ubicación exacta había causado cierta controversia en los últimos siglos (el gentilicio easonense utilizado para referirse a los habitantes de San Sebastián se basaba precisamente en la suposición de que esta ciudad había sido la Easo romana). Irún habría sido el asentamiento urbano y portuario relacionado con las cercanas minas de Peñas de Aya, que ya se explotaban en época romana y cuya explotación ha llegado casi hasta el presente. Se encuentra rodeado de montes, entre los que destacan la Peña de Aia, Jaizkibel, Erlaitz y San Marcial. Irún limita con los municipios de Lesaka (Navarra), Oiartzun, Lezo y Hondarribia, así como con Francia, siendo, como se ha dicho, el río Bidasoa quien marca la línea fronteriza con el país vecino. Su término municipal, incluso el núcleo principal de la ciudad, se halla distribuido en siete barrios, siendo los más antiguos Bidasoa, Meaka, Olaberria y Lapice. A principios del siglo XIX empiezan a ser conocidos Anaka y Ventas, desgajados del extenso barrio matriz de Lapice. Por último en 1887 aparece Behobia, como barrio segregado de Bidasoa. En momentos puntuales de expansión de la zona urbana, y sobre todo a partir de los años sesenta del pasado siglo, se ha propagado la costumbre de asignar el nombre de barrios a entidades de población o agrupaciones que, al menos oficialmente, no lo son; se trata simplemente de barriadas, con mayor o menos extensión y población. Así vemos que, de forma general y equivocada, se les llama barrios a zonas tales como San Miguel, la Estación, Santiago, Larreaundi, Arbes, Ibarla, etc. El origen etimológico del nombre de Irún está relacionado con el del nombre vasco de la ciudad de Pamplona (Iruña, Navarra) y el del municipio alavés homónimo de Iruña de Oca. Curiosamente, las tres localidades mencionadas fueron posiblemente los tres asentamientos urbanos romanos más importantes en la zona norte del País Vasco y Navarra. Cada ciudad poseía un nombre latino diferente: Easo, Pompaelo y Veleia, pero en el idioma local poseían una denominación similar. Esta denominación provendría probablemente de la palabra vasca (h)iri ('ciudad') y un segundo elemento que no está claro del todo, pero que podría ser on ('buena'): 'la buena ciudad' (algunos etimologistas hablan de 'la gran ciudad'). Mientras que Pamplona conservaría la conciencia de su antigüedad y la doble tradición en su nombre, Irún quedaría reducida a una pequeña aldea sin conciencia de sus orígenes romanos y Veleia-Iruña se despoblaría. Durante la Edad Media y en los siglos posteriores Irún recibiría el nombre de Irún-Uranzu. Pero con el paso de los años perdería ese segundo término de su nombre. El origen de Irún se remonta a época prerromana, según testimonio de Estrabón y otros historiadores romanos que hacen referencia a Oiasso, una de las ciudades de los vascones. Excavaciones recientes han puesto al descubierto que Irun es aquella ciudad en la que los romanos se asentaron. Pero se desconoce exactamente quiénes fueron sus primeros habitantes, aunque existen restos, como hemos dicho, de una antigua presencia romana. En los últimos años se han realizado numerosas excavaciones que han desenterrado evidencias de presencia romana en la plazoleta de la Iglesia del Juncal, en la Ermita de Santa Elena y en las minas de Arditurri en Peñas de Aya. En estos yacimientos se han encontrado restos de cerámica, tejas y vidrios y monedas, entre otros objetos, junto los únicos restos de un embarcadero descubiertos en la costa cantábrica, correspondientes al siglo II. Estas evidencias han llevado a suponer que Irún fue la ciudad vascona de Easo u Oiasso que los geógrafos greco-latinos ubicaban en la costa del territorio vascón, el cual sería el importante puerto romano del Atlántico, junto con el de Burdeos y Londres. Históricamente Irún ha tenido una fuerte vinculación con Navarra. En la Antigüedad formaba parte del territorio de la tribu vascona (que se asentaba en territorio de Navarra), frente al resto de Guipúzcoa que era territorio de la tribu de los várdulos. El dialecto del euskera que se habla en la comarca, está más relacionado con los dialectos navarros que con los guipuzcoanos. Se puede decir que Irún es la salida natural de Navarra al mar. Aunque está vinculada a Guipúzcoa desde el siglo XIII, ha habido varios intentos de reincorporar Irún a Navarra, que llegó a retornar durante unos pocos años al principio del siglo XIX. La población ha ido en aumento progresivo dando un salto espectacular a partir de los años 50 del siglo pasado, debido en gran parte a la inmigración, atraída por el desarrollo económico y comercial de la ciudad, fenómeno que ha remitido en los últimos años. En el año 1990 la población ascendía a 55.200 habitantes y actualmente su población ronda los 60.000 habitantes. Y, una vez llegados aquí, nos adentraremos en la fiesta recordando que las fiestas de la ciudad son las Fiestas tradicionales de San Pedro y San Marcial, conocidas popularmente como Sanmarciales, y que se celebran el día 30 de junio. El Alarde de San Marcial es un desfile cívico-militar en el que participa activamente buena parte de la población irunesa, que desfila por las calles de la ciudad ataviada con boinas (txapelas) rojas, chaqueta negra, camisa blanca, corbata roja, pantalones blancos y alpargatas blancas con cintas negras. Los soldados se dividen en pífanos, parches, redobles y escopeteros. Esta fiesta tiene su origen en las antiguas leyes forales que regían en la provincia de Guipúzcoa. Según estas leyes el ejército real español solo tenía derecho a establecer guarniciones en San Sebastián y Fuenterrabía, mientras que el resto del territorio, en caso de invasión, era defendido por las milicias forales de las que formaba parte toda la población masculina adulta de la provincia. Según estas leyes el rey tenía que pedir permiso a las juntas generales de la provincia para que el ejército transitara por Guipúzcoa y los guipuzcoanos estaban exentos de la obligación de servir en el ejército fuera de su territorio. Una antigua ley obligaba a todas las localidades guipuzcoanas a pasar al menos una vez al año una revista de armas y gentes o alarde, a las milicias locales. Este alarde desapareció junto con las milicias forales durante el siglo XIX. Sin embargo, la ciudad de Irún, junto con la vecina Fuenterrabía, han conservado la costumbre de realizar este alarde anual, transformándola de obligación militar en una fiesta de carácter cívico. En el caso de Irún, la fecha de celebración del Alarde, que tradicionalmente se realizaba en septiembre, se trasladó por un privilegio al día de San Pedro, 29 de junio, que era la víspera del aniversario de la Primera batalla de San Marcial (30 de junio de 1522), día en el que las milicias locales irunesas vencieron al ejército franco-navarro en el monte Aldabe, conocido desde entonces como monte San Marcial. En celebración de dicha victoria se celebra desde 1522 el día de San Marcial una procesión a la ermita erigida en honor del santo. A principios del siglo XIX el Alarde y la procesión al monte San Marcial se unieron en un mismo acto que se celebra el 30 de junio. La configuración actual de la fiesta data de antes de 1881. Diferentes compañías, que representan a los barrios de la ciudad, desfilan por las calles de la ciudad. Cada compañía está constituida por varios centenares de soldados de infantería, convenientemente armados; txibilitos y tambores de varias sonoridades. El uniforme está compuesto por pantalones blancos, corbata roja, chaqueta negra, camisa blanca y boina roja. Cada compañía está liderada por un capitán y otros mandos, contando también con una cantinera que ocupa siempre un lugar de honor. Las compañías desfilan al son de varias marchas tradicionales acompañados por la banda de música de la ciudad y la Tamborrada. Todas las compañías se concentran en la Plaza Urdanibia, hasta que se produce la arrancada por parte de los hacheros, previo toque de cornetín. Entonces el Alarde desfila por la cuesta de San Marcial, hasta la Plaza San Juan en donde se encuentra el ayuntamiento. El General, entonces, entra a galope en la plaza para tomar el mando que hasta entonces ostentaba el Comandante. Tras la incorporación del General y tras la llamada a capitanes para que le informen de novedades, el general ordena recoger la bandera de la ciudad que por derecho propio llevará la Compañía Bidasoa durante todo el día. Tras la incorporación de la bandera, el general ordena las descargas de fusilería. Hasta hace pocos años, en este lugar se incorporaba el cabildo secular (alcalde y concejales) al desfile cívico-religioso. El Alarde continua, siendo la siguiente parada la Iglesia del Juncal. Allí se unía el cabildo eclesiástico, pero ahora sólo lo hace un pendón con la imagen de San Marcial acompañado y escoltado por dos niños. Acto seguido en la plazoleta del Juncal, el General también ordena que se hagan las salvas de fusilería. La Batería de Artillería, mientras tanto, lleva a cabo varias descargas en la parte trasera de la Iglesia. Después el alarde se dirige de nuevo hacia la Plaza Urdanibia para romper las filas allí, pasando por la Calle Mayor (a la cual se accede desde la calle Fueros), dejando la bajada completa de la misma para el trayecto de la tarde. El desfile de la mañana en las calles de la ciudad acaba en este punto. La fiesta prosigue con la procesión al monte San Marcial donde se celebra la misa de campaña, la ofrenda florar y se realiza una romería y una merienda campestre. El Alarde prosigue por la tarde, desde la Plaza Urdanibia, y recorriendo la Parte Vieja de la ciudad, avanza hasta la Iglesia del Juncal (sin parar en la Plaza San Juan). Una vez realizada la parada, se lleva a cabo el que será el último tramo de Alarde del día. Se sale de la Iglesia del Juncal y se enfila el paseo Colón (arteria principal de la ciudad), hasta la avenida Guipúzcoa. Se continua por esta última, hasta el Ambulatorio y se sube hacia el Polideportivo. Una vez allí, se afronta el tramo más emotivo del día, la bajada de la Calle Mayor para terminar en la Plaza San Juan. Una vez en la plaza San Juan, la compañía Bidasoa deja la bandera de la ciudad en el ayuntamiento tras las descargas y el General ordena el Rompan Filas y cada compañía se dirige a su barrio. Y, tras el jolgorio ya pasado, vamos a ocuparnos ahora de otros aspectos del susodicho Alarde. El Alarde de San Marcial de Irun (Gipuzkoa) es el principal rito de autoafirmación colectiva local. Celebra la victoria de sus habitantes contra el enemigo el día 30 de junio (San Marcial, en el calendario católico) de 1522. Desde el siglo XVI hasta el año 2000 ha sido organizado anualmente por el ayuntamiento, excepto en caso de guerra o gran conflictividad. Desde 2001, tras sentencias judiciales que obligan al Ayuntamiento a garantizar la presencia igualitaria de las mujeres, éste ha optado por no organizar el Alarde. A partir de entonces se celebran dos actos denominados Alarde: uno es paritario; el otro no admite más mujeres que 19 cantineras. En el origen del rito se halla la procesión en cumplimiento del voto hecho por los cabildos secular y eclesiástico en agradecimiento a San Marcial tras la victoria. Escoltaban el desfile unas decenas de paisanos con armas de fuego para las salvas de honor, en orden militar, con la bandera de la localidad y al ritmo de caja y tamboril. Aquella escolta honorífica, en su aspecto formal similar a los obligatorios alardes militares, es conocida con el mismo nombre por lo menos desde 1717. La batalla de 1522 hay que situarla en el contexto de la conquista e intentos de reconquista de Navarra. Aunque militarmente no tuvo gran trascendencia, para la población de Irún resultó fundamental: por un lado, pudieron volver a habitar la localidad; por otro, aunque se consiguió con el apoyo de las tropas reales y la población de localidades guipuzcoanas vecinas, fue protagonizada por los hombres y mujeres de Irún. Yendo al grano de la cuestión, cada 30 de junio (día de San Marcial) el olor a pólvora se adueña de Irun. Y es que ese día se celebra en el municipio guipuzcoano el tradicional desfile de armas que conmemora la victoria de las tropas irunesas sobre las francesas durante la madrugada del 30 de junio de 1522. El sonido de los pífanos y tambores se une al estruendo de miles de escopetas que disparan al unísono, siguiendo la orden del general. Multitud de compañías participan en el desfile, perfectamente uniformadas con una indumentaria especial (camiseta y pantalones blancos, cinturón y boina roja), que varía dependiendo del cuerpo o grupo al que pertenezca cada uno de los participantes: infantería, artillería, caballería, hacheros, ayudantes... Desfilan por las calles de Irun para dirigirse al monte de San Marcial, donde se celebra una gran romería en honor al Santo. Desde hace más de una década se celebran dos desfiles diferentes. En el conocido como "alarde tradicional", compuesto por alrededor de 8.000 personas, las mujeres únicamente pueden participar como cantineras. Este desfile se realiza en primer lugar. Después tiene lugar el desfile mixto (reúne a 2.000 participantes), en el que las mujeres también pueden participar como escopeteras o tocando el txilibito y el redoble. Dicho lo cual, ponemos el ¡punto y final! . Valgan estas pinceladas para animar a nuestros seguidores. Tras lo cual sólo nos resta por indicaros que en la próxima salida, u oferplán, vamos a ir al MERCADO DE ORDIZIA, el cual sigue celebrándose desde su comienzo, en los siglos XI y XII. Está protegido por una robusta estructura, que se apoya sobre columnas. Ordizia, muy conocida por su mercado semanal, está situada en el interior de Gipuzkoa, a orillas del río Oria y con la inconfundible silueta del monte Txindoki (1.346 m.) como telón de fondo. ¡Se finí!

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