GIPUZKOA, paso a paso // Eibar y su industria armera (62)
Éibar (en euskera y oficialmente Eibar), situada a orillas del río Ego, en la cuenca del río Deva, limita con la provincia de Vizcaya, conformando con la vecina localidad de Ermua un mismo conjunto urbano. Fue fundada con el nombre de Villanueva de San Andrés de Éibar, pero siempre ha sido conocida con el nombre de Éibar. La población recibió el fuero de constitución de la villa en el año 1346. Desde siempre, la actividad económica principal ha estado basada en la manufacturación del hierro, que dio lugar a una pujante industria armera que le dio el sobrenombre de "Villa armera" (ahora "Ciudad armera") y que se diversificó a mediados del siglo XX, dando lugar a multitud de productos. Eibar, por otra parte, es el único municipio de Guipúzcoa que cuenta con instalaciones de El Corte Inglés. San Sebastián no apostó fuerte defendiendo así su comercio minorista y tradicional. Municipio de la provincia de Guipúzcoa, situado en la comarca del valle del Deba, en él limita con la provincia de Bizcaia, a 120 m de altitud, y a 73 km de Donostia-San Sebastián, la capital provincial. Cuenta con una población de unos 32.000 habitantes (6.583, según el censo de 1900), y su término municipal ocupa una superficie de 38 km2, destacando los barrios de Arrate y Aguinaga. Eibar, situada a las orillas del río Ego, es una ciudad industrial y de intensa actividad comercial, que se encuentra en la comarca de Debabarrena, colindando con Bizkaia y rodeada por los preciosos montes Arrate-Akondia-Urko al norte y Laupago-Galdaramiño-Illordo al sur. Cuenta con un total de cinco barrios con cierto sabor rural (Otaola, Aginaga, Arrate, Mandiola y Gorosta), en claro contraste con el centro urbano. El municipio es conocido por su tradicional dedicación a la armería. Hoy en día, es la principal localidad de la comarca, con una importante concentración de población, un variado comercio y una gran oferta cultural. De su patrimonio arquitectónico hay que destacar la iglesia de San Andrés, del siglo XVI con un interesante retablo renacentista, la casa-torre de Unzueta, el palacio Markeskua y la casa consistorial, entre otros notables edificios. En Éibar, junto al castellano, se habla el euskera en la variedad dialectal vizcaína con ciertas particularidades. A este euskera se le denomina euskera eibarrés. La variedad eibarresa del euskera ha sido motivo de varios estudios que han cuajado en la publicación de bastante literatura. Desde Toribio Echeverría con sus obras Flexiones verbales de Éibar y Lexicón del euskera dialectal de Éibar hasta Juan San Martín, son muchos los estudiosos que han venido profundizando en esta variedad éuscara. En 1936 prácticamente toda la población era euskalduna (que utiliza el euskera). Tras la Guerra Civil y en especial durante el desarrollo experimentado en las décadas de los años 50 y 60 del siglo XX, cuando llegó a la ciudad mucha gente de otros lugares de España que desconocían la lengua vasca, el uso del euskera en la población disminuyó. A finales de la década de 1960 se inicia un fortalecimiento de la presencia y utilización del euskera. Tras una política de recuperación, basada en campañas de alfabetización y euskaldunización, se consiguió que la lengua vasca mejorara ostensiblemente su presencia entre los eibarreses. En 1996 el 49,5 % de la ciudadanía era vascohablante (conociendo y usando además el español), el 16,8 % lo entendía, mientras que el 33,7 % no se consideraba vascohablante. Desde los mismos orígenes de la población se establece la industria como uno de los pilares de la economía eibarresa. La elaboración del hierro y la industria textil, común a otras poblaciones de la provincia, viene de antiguo. Ya en 1500 Esteban de Garibay hacía elogios a los tejidos realizados en Éibar. Las ferrerías pronto dieron paso a la fabricación de armas de todo tipo. La zona comprendida por Placencia de las Armas, Éibar, Elgóibar y Ermua se denominó «zona armera», con Placencia como centro gracias a la Real Fábrica de Armas ubicada en esa villa que centralizaba el comercio de todas las armas de la comarca. El primer documento escrito que relaciona a Éibar con la producción armera data de 1482 y es el encargo de lombardas por el duque de Medina Sidonia. En 1538 se recibe el encargo de fabricar 15 000 arcabuces, señalando la importancia que ya entonces tenía Éibar en la producción de armas. En 1735 la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas establece una tutela sobre la producción armera. La organización de la producción venía realizándose de forma gremial agrupándose en cuatro gremios principales, que eran cajeros, cañonistas, llaveros y aparejeros. La Compañía controlaba la producción fijando precios y salarios. La Real Compañía Guipuzcoana fue sustituida por la Compañía de Filipinas. En 1865 desaparece la organización gremial y se adopta una de corte capitalista que es acompañada por la revolución industrial y los nuevos medios tecnológicos que esta trae. Estos avances no solo tienen presencia en los medios de producción, sino también en el producto. Desaparece la llave de chispa, que se sustituye por la llave de percusión; posteriormente aparecen las armas de retrocarga y la cartuchería metálica, para dar paso al desarrollo de la pólvora sin humo, que facilita los sistemas automáticos y semiautomáticos. Aparecen las armas de repetición y los revólveres. Pronto comienzan a crearse talleres propiedad de empresarios. Surgen en Éibar, entre otras, las firmas Anitua y Charola, Orbea Hermanos, Larrañaga, Garate y Anitua..., y en Placencia nace EusKalduna. El desarrollo industrial se hace patente y trae consigo una bonanza económica y un desarrollo social muy relevante. A principios del siglo XX Éibar contaba con 1149 armeros entre una población de 6583 habitantes. La Primera Guerra Mundial, tras un auge en la producción, trajo una gran crisis al quedarse con un gran stock sin salida comercial, cerrarse el mercado estadounidense y complicarse el europeo. La salida de la crisis armera se realiza mediante la diversificación del producto. Esa es la época en que muchas empresas cambian la fabricación de pistolas por la de bicicletas o máquinas de coser. Esta diversificación se hace mayor según va avanzando el siglo. Con el cierre el 27 de mayo de 1997 de la fábrica de armas STAR, Bonifacio Echeverría S.A., Éibar perdió la fabricación armera, quedando ésta reducida al arma de caza y competición, sectores que sufrieron una profunda crisis en la década de 1980, estabilizándose posteriormente en una producción limitada y de excelente calidad con un componente artesanal muy alto. Las armas de la zona armera del Deva siempre tuvieron algún grado de decoración grabada. La introducción del damasquinado en el siglo XIX sirvió para el enriquecimiento de la decoración de la producción armera. Junto con la decoración de los productos armeros, el damasquinado desarrolló, por sí mismo, una rama industrial artesanal propia que se expandió en los productos de joyería. Un hito importante en la historia industrial de Éibar fue la Exposición de Productos Industriales de 1908. Esta exposición, inaugurada el 20 de agosto en plenas fiestas éuscaras y visitada por el rey Alfonso XIII, era el colofón del desarrollo industrial eibarrés. La muestra de la particular revolución industrial de la entonces villa que había pasado del trabajo gremial al industrial. Este desarrollo, que continuó a lo largo del siglo XX hasta la crisis de 1973, y que tuvo su máxima expresión en las décadas de 1950 y 1960, tuvo su reflejo en la arquitectura y el urbanismo de la ciudad. La complicada orografía eibarresa (el valle del río Ego es muy estrecho y abrupto) obligó a realizar un aprovechamiento del terreno singular, que unido con la tradición gremial, especialización de diferentes labores en pequeños talleres e incluso domicilios, llevó a un desarrollo urbanístico y arquitectónico muy determinado en donde la industria, entremezclada con la vivienda, condiciona el crecimiento urbano de la población. La industria comienza a salir del taller gremial y comienza a precisar terreno para el establecimiento de las naves. La escasez del terreno obliga a realizar construcciones verticales y adaptadas a la orografía, por un lado realizando fuertes desmontes y por otro realizando edificios en los que sus plantas se adaptan a la irregularidad del terreno. Las compañías más fuertes realizan pabellones industriales grandes y adaptados, pero la organización social del trabajo en Éibar, donde la herencia del gremio está presente y la paridad entre patronos y obreros era muy alta (incluso se ha llegado a definir de comunismo blanco) dio como resultado la creación de un sinfín de pequeños talleres intermezclados. De esta forma se conforma un tejido urbano de pequeños talleres unidos a las viviendas (normalmente ubicados en sus bajos) rodeados de pabellones de industrias más grandes. Esto ya toma cuerpo a principios del siglo XX. El desarrollo industrial estuvo apoyado por la rápida electrificación que se basaba en las inversiones particulares de los empresarios más potentes que vendían la electricidad que les sobraba en sus industrias a los pequeños talleres y el sistema de pago por trabajo hecho con el que se relacionaban los talleres entre sí. El modelo constructivo típico es un edificio de pisos, hecho de hormigón (en los primeros tiempos de estructura de madera), que en realidad eran diferentes talleres de planta rectangular puesto uno sobre otro. Las obras fueron realizadas principalmente por maestros de obra, siendo la presencia del arquitecto menor. Esta arquitectura estuvo condicionada por aspectos de practicidad, funcionalidad y economía constructiva y decorativa. Las primeras naves se construyeron en los terrenos de labor de sus propietarios, todavía fuera del núcleo urbano pero próximo a él. Eran construcciones realizadas con materiales tradicionales, estructura de madera, muros de mampostería, tejados de teja, uno o dos pisos de plantas diáfanas e iluminadas con luz natural mediante grandes ventanales a lo largo de los cuales se ubicaban los puestos de trabajo, dejando el centro de las plantas para la maquinaría. La ornamentación de las fachadas era muy escasa, aunque en algunos casos se resaltaban las molduras de los vanos de puertas y ventanas. En aquellas obras donde se construía encima la vivienda, esta era dignificada con mayor ornamentación. La escasa ornamentación que se usaba llevó al ayuntamiento a ordenar embellecer algunas edificaciones. Característica de las construcciones industriales eibarresas fue el chaflán que se utilizaba para la integración del edificio en el entorno cuando éste se ubicaba en un solar esquinero. Desde los edificios de Beistegui Hermanos BH, en Urkizu, hasta los pabellones de Alfa, pasando por el gran edificio de Lambretta, el chaflán se convirtió en la fachada principal de acceso, en el lugar donde se situaba el acceso principal a las oficinas. En él también se ubica el hall, en el que se representaba, mediante una cuidada decoración, la imagen de la empresa. La cubierta pasó a ser plana con el uso del hormigón. Normalmente se realizaba una cubierta plana rellena de agua, o con una capa de hierba, que sirve como aislante térmico, permitiendo la fácil ampliación de la edificación. El acceso a esta cubierta se realiza por la escalera, de forma que la caja de la misma deja de estar oculta sobresaliendo de la edificación. El uso del hormigón facilita la diafanidad de las plantas y la iluminación de las mismas. Los muros ceden paso a los ventanales, que ocupan casi todo el espacio entre pilares. La economía del municipio está basada en la industria de transformación metálica con toda clase de productos, destacando los destinados a la industria auxiliar del automóvil, pero también se realizan electrodomésticos, máquina-herramienta, microfusión, microfusión de aluminio y armas, ahora ya solamente de caza. Pero, sin duda, el lugar más emblemático de la villa armera es el santuario de la Virgen de Arrate, patrona de la ciudad. Se trata de un templo sencillo, de una única nave y estilo gótico. Guarda en su interior cuatro lienzos del conocido pintor Ignacio Zuloaga. Está situada a 8 kilómetros del centro urbano, y junto a él se halla una zona arbolada que dispone de mesas, fuentes, juegos... Desde este lugar de recreo parten diversas sendas hacia los montes Urko (793 m) y Kalamua (768 m). El Santuario de Arrate es un punto de referencia para los creyentes de este valle. No obstante, la imagen de la Virgen de Arrate es el elemento más valioso e interesante. La actual virgen es del siglo XIV, aunque existen referencias del siglo XIII. En los documentos más antiguos se refieren a ella como "Arriarteko Andra Mari" (La Virgen de entre las piedras). Además de los cristianos de este entorno, la Virgen de Arrate es muy querida por marineros (prueba de ello es la réplica de un barco que cuelga del techo) y por los músicos de dos instrumentos autóctonos, el txistu y la trikitixa. El casco histórico de Éibar fue declarado de "Interés Cultural" el 12 de febrero de 1998. Las características propias de su ubicación, situación fronteriza, dentro de las rutas comerciales que unen la cornisa cantábrica con la meseta ibérica y las características orográficas conforman un conjunto de interés, más aún con los cambios acaecidos en el siglo XX que hacen invisible la estructura urbana de la villa medieval. La Casa Consistorial de Eibar, considerada monumento del País Vasco, fue inaugurada el 14 de septiembre de 1901 con una gran fiesta. Se trata de un edificio de planta rectangular de estilo neoclásico. Se accede al interior a través de un gran pórtico que se extiende de lado a lado. La fachada principal se divide en cinco partes distribuidas simétricamente. Destaca la del centro por la abundante decoración que tiene con columnas y un frontón triangular. En su balcón central fue donde se izó por primera vez la bandera republicana el 14 de abril de 1931, un acontecimiento histórico que suscita el interés de turistas e historiadores. En el interior, podemos encontrar retratos de algunos de los caballeros de la Orden de Santiago. El edificio fue restaurado en 2002, respetando el proyecto original realizado por el arquitecto donostiarra Ramón de Cortazar. Acerca de la Casa-Torre de Unzueta destacaremos que, los Unzueta han estado desde siempre unidos a la historia de Eibar y de Gipuzkoa. En la Edad Media participaron en las guerras de bandos con el bando oñacino, por lo que su casa-torre sufrió numerosos ataques. El actual palacio se construyó en el siglo XVII por orden de Doña Angela María de Unzueta, en el mismo lugar donde se encontraba la antigua torre, de la que se guardan muy pocos restos. Dos de sus fachadas son de piedra sillar en tonos grises. Tiene cuatro ventanas en cada una de sus cuatro plantas. Todas tienen barrotes o balcones de hierro forjado. En el centro de la fachada principal se encuentra el escudo de los Unzueta. Actualmente alberga el colegio La Salle Azitain. Eibar nació en torno a la Iglesia de San Andrés. La primitiva construcción era de madera y en el siglo XV comenzaron a construir la iglesia actual, siendo hoy por hoy la edificación más importante de la villa. Tiene planta de cruz, tres naves de misma altura y cubierta con bóveda de estrella. Los capiteles de las columnas que sostienen la bóveda son coríntios, únicos en Gipuzkoa. Los últimos elementos en construirse fueron el campanario y la portada mayor, de estilo barroco. No obstante, merece la pena detenerse ante la portada del norte. Data del siglo XVI y es de estilo renacentista y plateresco. El palacio de los Isasi, más conocido con el nombre de Markeskua, es una de las construcciones civiles más importantes que quedan en Eibar. El palacio fue erigido en el siglo XVI por orden de Martin Lopez de Isasi y Domenja Orbea. Como muchos de los palacios de aquella época, se construyó fuera de la villa medieval, al lado del camino que conducía a Ermua. La casa es de planta rectangular, sobria en detalles y con tejado a cuatro aguas. La entrada se realiza a través de un arco de medio punto rodeado por dovelas. En la mitad de la fachada podemos observar el escudo de los Isasi, poderoso linaje cuyos miembros han tenido relevantes cargos en la corte. El edificio fue restaurado, y actualmente es la sede académica de Udako Euskal Unibertsitatea (UEU). Durante siglos el Palacio Sagartegieta ha tenido mucho poder en esta zona. Sus moradores (los Sagartegieta primero y los Sustaeta después) dominaron siempre la zona de Maltzaga, un punto de comunicación clave en Gipuzkoa, un lugar donde se unen el camino que va de la costa de Gipuzkoa a Castilla y el de Bizkaia. Al parecer, fue originariamente un caserío que fue convirtiéndose en palacio al mismo tiempo que sus moradores se hacían con el poder. Construido en el año 1655, fue reformado en el siglo XVIII. De estilo barroco y neoclásico, a partir del siglo XX fue perdiendo fuerza hasta quedar abandonado tras la Guerra Civil. El río Ego es el principal río del municipio, si bien es cierto que por sus terrenos pasa el río Deva, pero es tan escasa su presencia que carece de importancia para el municipio. El Ego desemboca en el Deva en Málzaga, ya en el límite municipal. Los afluentes del Ego, que bajan de los montes que rodean a la ciudad, son pequeños regatos que forman estrechos valles. Los más importantes son el Txonta, el Matxaria, el Unbe y el Abontza. Todos los ríos están muy afectados por el desarrollo de la ciudad, que ha modificado sus cauces y sus aguas. Únicamente en sus cuencas altas se puede encontrar algún resto de su primitiva riqueza biológica. Los cauces han sido cubiertos por las edificaciones, tanto industriales como urbanas, y sus aguas se han visto muy afectadas por la contaminación fecal e industrial. Se está procediendo a la implantación de colectores de recogida de aguas negras e industriales para su posterior tratamiento, así como a descubrir los cauces en la medida de lo posible. Éibar está rodeada de montes de escasa altura que la encierran en un valle profundo por su estrechez. Destacan cumbres como Urko (791 m) y Kalamua (768 m) por el norte, y Galdaramiño y Egoarbitza (730 m) por el sur. Al este, sobre la desembocadura del Ego en el Deva, se levanta Karakate (749 m) enfrentado a Arrate. Los montes están cubiertos de bosque, en su mayoría dedicados a la explotación forestal de pino insignis, pero todavía quedan algunas manchas de la vegetación autóctona de robles, hayas y abedules, combinados con campas dedicadas al pasto. La naturaleza de los terrenos es de caliza y margas areniscas con un clima muy lluvioso y de temperaturas agradables. En 1750 Éibar tenía 1500 habitantes. El auge de la industria armera durante el siglo XIX llevó a que 100 años más tarde, en 1850, la población fuera ya de 5382 habitantes. Este incremento fue debido a una inmigración que buscaba el trabajo industrial. A comienzos del siglo XX Éibar contaba con 6583 habitantes; en los primeros años de ese siglo tuvo un incremento relevante, llegando a la República con 15 000 habitantes. La incidencia de la Guerra Civil hizo que mermara el número de personas empadronadas en el pueblo pero el posterior desarrollo industrial dio un impulso muy importante a la población. A partir de los años 1940 comienza un periodo de expansión industrial. Las empresas diversifican sus productos, cambiando las armas por bicicletas, piezas para automóvil o máquinas de coser. El crecimiento económico hace que Éibar se convierta en un polo de atracción de inmigración. Entre 1945 y 1975 la población aumenta en 13 823 habitantes, llegando a alcanzar la cifra de 40 000 habitantes. La grave crisis industrial que se inició en 1973 hizo que muchas fábricas cerraran sus puertas y otras se ubicaran en otros municipios buscando mejores suelos para la construcción de las instalaciones. Esto dio origen a un declive poblacional, que apoyado en políticas de reducción de la densidad poblacional de la continuidad urbana Éibar-Ermua ha dado lugar a una pérdida progresiva de habitantes, estableciéndose a comienzos del siglo XXI por debajo de los 30 000. La orografía de la ubicación de la ciudad así como los hechos históricos que ha vivido han marcado la conservación de diferentes edificios monumentales. El importante y desmesurado crecimiento, tanto industrial como habitacional, que se produjo las décadas de 1950 y 1960 unido a la escasez de suelo que la estrechez del valle produce hizo que se derribaran muchos edificios históricos que se habían salvado de la destrucción producida en la Guerra Civil. Éibar fue primera línea de frente desde septiembre de 1936 hasta abril de 1937. La destrucción fue tal que entró dentro del plan de reconstrucción de daños de guerra seguido por el organismo Regiones Devastadas. Ya a finales del siglo XVIII había sido muy dañada por las tropas francesas que la incendiaron destruyéndola casi completamente. El río Deba atraviesa Elgoibar formando a su paso pequeños arroyos como el de Azkarate o Petomendi. Además, esta villa, caracterizada por su faceta industrial, está rodeada de bonitas montañas que permiten realizar interesantes recorridos en los que encontraremos numerosos dólmenes y túmulos. Aquí se encuentra el MUSEO DE LA MÁQUINA HERRAMIENTA. Elgoibar es una localidad eminentemente industrial, considerada la capital de la máquina herramienta. Esta actividad industrial ha sido una de las bases para el desarrollo socioeconómico de la comarca, y para divulgar esa realidad se ha construido el Museo de la Máquina Herramienta. En él se reproducen los talleres industriales de principios del siglo XX y, se muestra el origen y la evolución de las diferentes tecnologías utilizadas en los procesos de fabricación mecánica. En lo que se refiere al patrimonio cultural del municipio, cobra gran importancia el conjunto barroco formado por la casa consistorial y la iglesia de San Bartolomé, así como el pórtico de Olaso. Fuera del casco urbano se encuentra el antiguo balneario de Alzola, que alcanzó cierto renombre en el siglo XIX por sus aguas termales y salinas. El balneario fue inaugurado en el año 1846 y, en la actualidad, el edificio alberga una fábrica de embotellamiento de agua. El Museo de la Máquina-Herramienta quiere homenajear a las personas que hicieron posible el desarrollo del sector de la Máquina-Herramienta y dar a conocer la que ha sido una de las bases del desarrollo de la comarca. Para divulgar la realidad histórica y actual de la Máquina-Herramienta, el Museo recrea un edificio industrial de principios del siglo XX con más de 60 piezas, entre las que destacan las primeras fresadoras universales, tornos paralelos, limadoras y taladros sensitivos. El Museo lo forman un taller de mecanizado, una herrería y la sala de exposiciones "Patxi Aldabaldetrecu", que recoge más de 250 fotografías, máquinas medievales y vitrinas con herramientas y mecanismos diversos. Ofrece servicio de restauración de máquinas antiguas y alquiler de espacios. En el próximo oferplán vamos a escaparnos a un pueblecito muy pequeño, pero culturalmente muy activo. Nos referimos a CERÁIN / ZERAIN, que se ha convertido en el motor de la iniciativa local. Zerain es uno de esos pueblos, que, protegido por las montañas, sigue siendo fiel a las ancestrales costumbres del pueblo vasco. Un pequeño núcleo urbano, que, sin olvidar su pasado, mira al presente para ofrecer al visitante un gran abanico de posibilidades. Es por esto último, por lo que hemos querido mostraros qué ver y hacer en Zerain. Unos breves consejos, mediante los cuales os invitamos a disfrutar de todos los encantos con los que cuenta este núcleo urbano con título de villa. Un característico paraíso natural, que, situado en la comarca gipuzkoana de Goierri, cuenta con zonas de gran riqueza natural, histórica y gastronómica. Un territorio que asombra a propios y extraños y que recomendamos visitar a todas las personas que nos leéis.

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