GIPUZKOA, paso a paso // San Sebastián (Donostia). I. (18)
San Sebastián se convierte en escenario de cine cada septiembre; las estrellas internacionales llegan a diario durante el Festival Internacional de Cine, comúnmente abreviado como Festival de San Sebastián (en euskera y cooficialmente Donostiako Nazioarteko Zinemaldia), que es un certamen cinematográfico de la máxima categoría (A) acreditada por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos (FIAPF). Se celebra anualmente a finales de septiembre, evidentemente en San Sebastián. Su primera edición arrancó el 21 de septiembre de 1953. Tras ser concebido para su primera edición en 1953 como una Semana Internacional de Cine impulsada por el comercio local, en el año 1954 adquirió la denominación de Festival Internacional de Cine, al hacerse cargo de la organización del certamen el Sindicato Nacional del Espectáculo y el Ministerio de Información y Turismo, satisfechos ambos organismos con los resultados obtenidos en esa primera edición y con ambiciosas aspiraciones de futuro. En dicha segunda edición obtuvo de la FIAPF la categoría B (festival no competitivo). En 1955, el Festival otorgó la primera Concha de Plata como premio distintivo del Certamen, primer galardón concedido por el Festival a una película extranjera. Al año siguiente, en 1956, la FIAPF no reconoció al Festival, por lo que se avecinaban ciertos nubarrones que podían llevar a la experiencia cinematográfica donostiarra a la desaparición. Sin embargo, en 1957 le fue concedida la máxima categoría, la categoría A (festival competitivo), quedando establecida la Gran Concha de Oro como principal galardón. Tras la remontada iniciada en 1957, el Festival perdió la categoría A en 1963, recuperándola al año siguiente. Dirigido desde 1970 por Luis Gasca, una grave crisis se apoderó del certamen entre 1980 y 1984. Al tomar las riendas Diego Galán se inició el camino de recuperación de la máxima categoría, instaurándose el Premio Donostia. Desde el año 1991 el Festival está organizado por una sociedad anónima con la denominación del Festival, en cuyo accionariado participan a partes iguales el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (Ministerio de Cultura), el Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Guipúzcoa y el Ayuntamiento de San Sebastián. Desde enero de 2001 el festival está dirigido por el guipuzcoano Mikel Olaciregui, en sustitución de Diego Galán. El nuevo director ha vivido alguno de los años más difíciles del festival. En el año 2001, en vísperas del festival, se producen los atentados del 11-S, lo que desemboca en la ausencia de estrellas norteamericanas. En el año 2003 se produce una huelga en el Hotel María Cristina, punto neurálgico del certamen, secundada por el 90% de la plantilla de trabajadores, de forma que la concentración habitual de estrellas se disuelve y éstas buscan alojamiento en otros hoteles de la ciudad. La principal característica del Festival, diferenciadora del resto de festivales, es la capacidad de atracción de los propios donostiarras, que inundan las salas de cine de la ciudad, que durante esos días solo emiten películas del Festival. Se trata del Festival con mayor asistencia de público del circuito de Festivales internacionales de primera categoría. El Festival de San Sebastián se ha estabilizado en su tradicional enfoque al ámbito hispanohablante sin haber renunciado a su dimensión internacional. En su más de medio siglo de existencia, el festival ha propiciado el descubrimiento de nuevos talentos del mundo del cine. Por ejemplo, es el primer festival al que acudió Roman Polanski al inicio de su carrera e impulsó las de directores como Francis Ford Coppola o Pedro Almodóvar. Al mismo tiempo, el Festival ha gozado de la presencia de estrellas internacionales consagradas, desde Bette Davis, Gloria Swanson, Kirk Douglas, Gregory Peck, Glenn Ford, Elizabeth Taylor y Audrey Hepburn hasta Robert De Niro, Meryl Streep, Richard Gere, Michael Douglas, Julia Roberts, Willem Dafoe, Catherine Zeta-Jones, Mel Gibson, Demi Moore, Naomi Watts o Brad Pitt, por poner sólo unos ejemplos. Tras varias ediciones que fueron objeto de críticas contundentes, en la 55 edición, en 2007, el Festival estrenó nueva identidad gráfica y una nueva fórmula que combinaba el cine independiente y de calidad internacional y muy especialmente latinoamericano y español capaz de atraer con fuerza a los aficionados y de agradar a los críticos, con una mayor presencia de actores y directores conocidos por el público. Aunque esta fórmula le ha permitido recuperar el apoyo de la ciudadanía e incrementar su repercusión mediática, la presión de otros festivales, con presupuestos muy superiores al de San Sebastián y una capacidad de atracción de la industria muy superior, plantea grandes dificultades a las que el Festival donostiarra tendrá que hacer frente en los próximos años. Y, una vez nos encontramos aquí, en el Peine del Viento, os propondremos un paseo a pie entre el Palacio del Kursaal, como inicio, y El Peine del Viento, como final, siendo la ruta accesible a todo el mundo, y pudiéndose llevar a cabo durante un día. Este paseo a pie propuesto entre las obras del arquitecto navarro y la del escultor donostiarra recorre, por un lado, parte del ensanche de la ciudad repleta de edificios señoriales y ejemplos de la más moderna arquitectura y, por otro, un tramo del gran paseo marítimo de 7 kilómetros que bordea el litoral de la capital guipuzcoana. Sin perder de vista la bahía, el paseo llega al palacio Miramar, que mandó construir la reina regente María Cristina en estilo inglés. El montículo en el que se ubica el palacio real y sus jardines, separa dos playas contiguas, la playa de La Concha y la de Ondarreta. Desde este lugar, la vista de la hermosa bahía en forma de concha, con la isla de santa Clara en el centro, es espléndida. Y, por último, pasando bajo el túnel peatonal del Pico de Loro, pasaremos a los jardines de la playa de Ondarreta. Advertimos que el llamado centro del Kursaal consiste en los dos cubos de cristal traslúcido, diseñados por Rafael Moneo, aparentando dos grandes bloques de roca varados en la desembocadura del río Urumea, auditorio y palacio de congresos sobre el que gira buena parte de la actividad cultural donostiarra. Fue declarado como mejor edificio europeo en 2001 por el prestigioso Premio Europeo de Arquitectura Mies Van der Rohe. Más concretamente, al otro lado del rompeolas se encuentra el PALACIO DE CONGRESOS Y AUDITORIO DEL KURSAAL de Rafael Moneo. Es un complejo arquitectónico constituido de un gran auditorio, una gran sala de cámara, salas polivalentes y salas de exposiciones. Se inauguró en 1999, y es, desde entonces, la sede principal del Festival de Cine de San Sebastián. Está constituido, principalmente, de dos grandes volúmenes prismáticos que emergen de una plataforma. Cada "cubo", como popularmente se les llama, está formado por un prisma interior de obra de fábrica que configura interiormente una sala, encerradas a su vez por una doble pared formada por paneles translúcidos de vidrio prensado sujetos a una estructura metálica que abarca también los vestíbulos y pasillos. Entre estos dos cubos se forma una gran superficie o terraza transitable con vistas hacia el mar, tanto a la Playa de la Zurriola como a la desembocadura del Urumea. En esta terraza, a dos alturas diferentes (más alta frente al "cubo" pequeño), se organizan distintos conciertos del Festival de Jazz de San Sebastián, así como otras actividades como una discoteca nocturna durante las fiestas de la Semana Grande donostiarra. En otro orden de cosas, el Paseo Nuevo es un fabuloso paseo que bordea todo el monte Urgull. Desde el Aquarium da toda la vuelta por la parte de atrás de Urgull para acabar en un extremo de la Parte Vieja, junto al Kursaal. Es uno de los paseos más bonitos y tranquilos de la ciudad ya que todo el paseo transcurre junto a la bahía de la concha y el mar cantábrico. El paseo se puede realizar tranquilamente andando en 40 minutos si salimos desde el puerto y damos toda la vuelta hasta el Kursaal. Por el paseo pueden circular también coches aunque es una zona muy tranquila para andar sin ningún riesgo ya que la circulación es bastante escasa. El Paseo Nuevo se ha hecho muchas veces famoso por las imágenes que salen en televisión y miles de fotografías que circulan por internet con impresionantes olas golpeando el paseo cuando las mareas vivas formas grandes olas haciendo que el choque de estas olas con el paseo formen un espectáculo fantástico aunque también algo peligroso si no se toman las medidas oportunas. La isla de Santa Clara (en euskera Santa Klara uhartea) es un islote que está situado en el centro de la bahía de La Concha, de 5,6 hectáreas de superficie, y que alcanza los 48 metros de altitud, siendo bastante escarpada debido a sus reducidas dimensiones. El islote es hogar de una subespecie endémica de lagartija (Podarcis hispanicus sebastiani). Antiguamente era una península ya que se unía por tierra con el actual paseo. En la actualidad posee un embarcadero y una pequeña playa que sólo aparece con las bajamares y que, sin embargo, cuenta con servicio de socorrismo, duchas e incluso un bar, debido al gran número de personas que en verano se acercan a esta isla (comunicada durante el verano con el puerto de San Sebastián mediante un servicio regular de barco cada media hora). Aparte del pequeño muelle y las dotaciones asociadas al período estival, la única construcción de la isleta es un faro que se yergue en su cima, perteneciente a la Entidad portuaria de Pasajes. En la zona alta de la isla existen campas con numerosas mesas. A finales del siglo XVI fueron trasladados a la isla los contagiados por la peste que en esa época asolaba a la capital guipuzcoana. En suma, este pequeño arenal se encuentra en el costado del embarcadero de la Isla de Santa Clara, en el centro de la bahía de La Concha. Aparece sólo durante unas horas al día, con bajamar, permaneciendo totalmente sumergido cuando la marea está alta. Se puede acceder a la playa en embarcación, utilizando el servicio de motoras de la Isla de Santa Clara. Además de todo lo dicho, San Sebastián posee tres puentes que son genuinos y emblemáticos. El puente de la Zurriola, también conocido como el del Kursaal, fue construido en 1915, aunque tres años más tarde su estructura fue modificada a causa de los continuos embates del mar. El puente consta de cuatro vanos, sustentándose por lo tanto en tres apoyos centrales, además de sus dos estribos. Sus farolas son de estilo futurista y expresionista. El puente de Santa Catalina constituye el segundo de los puentes que cruza el río Urumea en la capital donostiarra y une dos principales arterias de la ciudad, la Avenida de la Libertad y la Calle Miracruz. Las primeras referencias que existen sobre el puente son del siglo XIV. El antiguo puente de madera fue el único que permitía el paso entre ambas orillas del río hasta el siglo XIX. Ya en el año 1870, derribaron ese paso y construyeron el actual puente de corte neoclásico, bajo la supervisión del arquitecto Antonio Cortázar. El puente consta de cuatro arcos rebajados y está realizado en sillería con piedras de tonos claros procedentes de Mutriku y calizas rojas de Ereño. Y, el tercer puente que aquí nos interesa es el María Cristina, que es el más elegante de los que cruzan el río Urumea. Esta construcción ecléctica une el centro de la ciudad con la estación del Ferrocarril del Norte. Proyectado por el ingeniero José Eugenio Ribera y el arquitecto Julio María Zapata, fue construido en el año 1904 en el plazo récord de nueve meses. Consta de tres vanos y el modelo seguido en su construcción es el del puente de Alejandro III de París, con sus cuatro obeliscos en sus extremos marcando las entradas y los grupos escultóricos que coronan los mismos. Tres escudos polícromos rematan la decoración de cada uno de los obeliscos, y, junto con las cerámicas también polícromas de los arcos, dan al conjunto una vistosidad destacable. El material empleado en la estructura es el hormigón armado y los revestimientos y la decoración se realizan en piedra artificial en tonos rojizos. Durante las noches de su Semana Grande (o Aste Nagusia), que tiene lugar a mediados de agosto, destaca el Concurso Internacional de Fuegos Artificiales, constituyendo una cita ineludible para todos los amantes de los espectáculos pirotécnicos. Los fuegos pueden verse desde muchas zonas de la ciudad, aunque lo más habitual es hacerlo desde el Paseo de La Concha y calles aledañas. ¡Y tras los fuegos, nada mejor ni más donostiarra que comerse un helado! Se atribuye la invención de este arte a los chinos, pues desde tiempos muy antiguos conocían el cohete y lo utilizaban. En Europa, la pólvora, y con ella la pirotecnia, fue introducida por los árabes. Su uso se generalizó en España, desde donde pasó a los demás pueblos del Mediterráneo. Tuvo éxito de un modo especial en Venecia y Sicilia, y se popularizó posteriormente por toda Italia, donde recibió un vigoroso impulso durante los siglos XVI y XVII. En el siglo XVIII su uso estaba generalizado por toda Europa, y alcanzó un grado de perfección admirable gracias a los conocimientos aportados por los químicos y al buen gusto de los artífices. La composición esencial de los elementos activos que forman parte de los artefactos pirotécnicos es la pólvora negra. Los elementos auxiliares están destinados a acelerar la explosión de la misma, dar mayor brillantez al fuego, promover determinadas coloraciones conseguidas mediante el choque de gases calientes con la atmósfera, etc. La pirotecnia tiene también aplicación militar. Sobre el Palacio de Murgia, indicaremos que los Murgia fueron, desde la Edad Media, la familia más poderosa de los alrededores de Astigarraga. Su palacio, casa-torre al principio, se asienta en un alto desde el que se controla la vega del Urumea. Es una notable edificación de planta rectangular y consta de planta baja y dos alturas, con cubiertas a cuatro aguas. Conserva buena parte de los antiguos muros de sillería retundida. Sufrió incendios en los siglos XVI y XIX a causa de las diversas contiendas que asolaron el país y tuvo que ser reconstruida en varias ocasiones. Reformada, por última vez, a finales del siglo pasado, presenta sobre la actual puerta principal el escudo de los Murgia. De esta última reforma son el cuerpo de miradores de madera, de estilo gótico, adosados en un lateral y la original escalinata imperial y los jardines que le preceden. Guarda un archivo histórico y una biblioteca de gran valor. En la zona del puerto se extiende un pintoresco conjunto urbano presidido por el barrio pesquero en el que se encuentran el Palacio de Mar con el Aquárium y el Museo Naval. En el Palacio del Mar se expone todo lo relacionado con la vida marinera. En el sótano del edificio está el aquárium, con distintas variedades de peces. El Aquarium-Palacio del Mar de San Sebastián ofrece un recorrido didáctico por el mundo marino a través de una variada muestra de fauna y flora. Cuenta con tres espacios expositivos: El Oceanario es atravesado por un túnel de metacrilato que permite una visión de 360º y cuenta con una gran fauna, en la que destacan los tiburones. El segundo espacio muestra las colecciones oceanográficas, y el último está centrado en la historia marítima local. Con el objetivo de hacer participe, de una forma activa, al visitante, el Aquarium-Palacio del Mar de San Sebastián ofrece un completo programa de actividades en el que destacan las visitas guiadas, las inmersiones, el programa "Durmiendo entre peces" -con el que conocer el mundo marino de noche- y las conferencias, entre otros. Colecciones: Acuarios tropicales y oceanario con río tropical, arrecife del Caribe, arrecife del Indopacífico, peces pelágicos, acuario táctil, morenas, micromundos y peces peligrosos. En el Museo Naval, de reciente apertura, se puede contemplar el patrimonio marítimo del País Vasco, con especial dedicación a la historia de la arquitectura naval vasca. El Boulevard constituye la divisoria entre la villa medieval y el ensanche de Antonio Cortázar del año 1863, primera etapa en la que se colonizaron las marismas de la margen izquierda del río Urumea. Con el Boulevard y su coqueto kiosco de música modernista, obra de Eiffel, verdadero corazón de la ciudad, se accede a la zona moderna. Es área romántica de Donostia, donde la influencia francesa se deja sentir en el diseño de sus calles y edificios, tal y como manifiesta el Boulevard. Otro de los barrios importantes de Donostia-San Sebastián, con la playa de Ondarreta, sus casas residenciales y el Palacio de Miramar, que se alza sobre el Paseo de la Concha, a su vez salpicado de villas señoriales y blancos edificios, es el Antiguo. Refiriéndonos ya al Monumento al Sagrado Corazón, que se localiza en el monte Urgull, diremos lo siguiente: El Sagrado Corazón que corona el Monte Urgull es, sin duda, el monumento que menos desapercibido pasa en San Sebastián, ya que es visible desde la práctica totalidad del término municipal... Todas las autoridades civiles, militares y eclesiásticas se dieron cita el 19 de noviembre de 1950 para inaugurar debidamente el monumento, que había comenzado a gestarse en 1926, si bien el Ayuntamiento no se comprometió a impulsarlo hasta 1938. Se le dio al obispo la posibilidad de elegir la ubicación de un monumento sufragado en parte mediante suscripión popular, y el prelado eligió el más vistoso de cuantos tenía a su alcance: el castillo de la Mota del monte Urgull. Por otro lado, el monumento al Sagrado Corazón es obra del escultor madrileño Federico Coullaut-Valera (1912-1989), y destaca por sus dimensiones. Sumando las alturas del basamento, la capilla y la figura, el porte total se aproxima a los 29 metros. La cabeza mide 1,76 metros, y las manos 1,40. La anchura máxima de la figura, por su parte, es de más de cuatro metros. Dicen que a cuatro millas mar adentro se sigue viendo su espalda. En otro sentido, sobre el Cementerio de los Ingleses hay que destacar que el monte Urgull, convertido en parque, difícilmente podrá desprenderse de su pasado militar, presente en las numerosas baterías, murallas y construcciones de carácter castrense que recuerdan su importante función estratégica. Esos restos arquitectónicos recios, sólidos y carentes de ornamentos contrastan con el espíritu romántico, que a veces parece embrujado, del Cementerio de los Ingleses. Bastante deteriorado como consecuencia del paso del tiempo, de la inestabilidad de las laderas del monte, este recinto acoge, a la sombra de una placa conmemorativa, los oficiales ingleses de la Legión Cóndor caídos principalmente en las batallas libradas en los alrededores de la ciudad, sobre todo en la batalla de Oriamendi (1837) entre Hernani y Andoain. También están enterrados aquí otros ingleses que murieron en otras batallas. Gracias a una vieja película recientemente restaurada, sabemos que la inauguración del Cementerio de los Ingleses, en 1924, revistió gran solemnidad. Con el buque inglés Malcom fondeado en la bahía, presidieron el acto las reinas María Cristina y Victoria Eugenia, así como el infante don Jaime, varios embajadores y las autoridades locales. Tras retirar una bandera donostiarra, se descubrió la placa conmemorariva, escrita en castellano e inglés, dedicada «a la memoria de los valientes soldados británicos que dieron la vida por la grandeza de su país y por la independencia y libertad de España». En otro sentido, en un rincón de los jardines de Alderdi-Eder cabalgan desde 1973 las pequeñas figuras de bronce de Don Quijote y Sancho Panza, concebidas varias décadas antes por el escultor sevillano Lorenzo Coullaut-Valera (1876-1932). Aunque hay quien cree que la escultura es una mera copia a escala reducida de las célebres figuras que el mismo autor realizó para la Plaza de España de Madrid, la realidad es exactamente la contraria. O sea, que la pareja cervantina de Madrid sería la copia y la donostiarra, en puridad, la original. Para realizar los Don Quijote y Sancho Panza madrileños, Coullaut-Valera hizo un prototipo, una primera escultura, que es la que podemos ver junto a La Concha. Así hemos hecho alusión a tres de los monumentos que inundan Donostia-San Sebastián, llenando la ciudad de arte. Otras antiguas zonas independientes que han pasado a formar parte de la capital, Donostia-San Sebastián, son: Ulía, en la cima de cuyo monte homónimo se extiende el parque más extenso y pintoresco de la ciudad y desde donde se puede contemplar una hermosa vista panorámica, Herrera, Intxaurrondo, Alza, Egia, Aiete, Igara, Añorga y Zubieta. Disfrutad de un paseo por una de las ciudades más bellas, junto al mar y admirando algunas de las obras más representativas de nuestros escultores y artistas. El arte en espacios abiertos, accesible a todos, es una de las características más representativas de Donostia / San Sebastián. Un paseo por la ciudad permite admirar obras de grandes artistas como Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, composiciones que se integran en la fisonomía urbana estableciendo un profundo diálogo con su entorno natural. San Sebastián ha sabido mantener la esencia del comercio tradicional, con una gran oferta de establecimientos . Además, cuenta con ese toque distinguido y elegante que se expresa también en su oferta comercial, con locales alternativos, boutiques de grandes marcas... Y si vienes a San Sebastián , no puedes dejar de visitar la capital de la gastronomía y del pintxo. Donostia/San Sebastián ofrece una interesantísima oferta de galerías de arte que complementan perfectamente los recorridos escultóricos por la ciudad. ALTXERRI Altxerri, comenzó su andadura en 1983. El proyecto de la galería está centrado en la promoción de artistas vascos y también en la organización de exposiciones con los últimos trabajos de artistas nacionales ya consolidados. ARTEKO Desde 1996 Arteko acerca el arte contemporáneo al público presentando exposiciones y eventos que abarcan distintas disciplinas artísticas con la obra de jóvenes emergentes y de otros artistas consagrados vascos, nacionales e internacionales. ARTEUPARTE GALLERY Estudio gráfico, galería de arte y concept store. Como galería, trabaja con artistas emergentes del ámbito local, nacional e internacional. Venta de obra gráfica, agenda anual de exposiciones y proyectos de diseño. CIBRIÁN GALLERY Tiene como objetivo generar un diálogo constante entre los nuevos discursos del plano internacional y aquellos que reflejan una marcada identidad local. EKAIN ARTE LANAK El fondo de galería es el gran tesoro de Ekain. En él se encuentran numerosas obras de los artistas vascos más consagrados y reconocidos. ECHEBERRÍA Decana de Gipuzkoa. Con una trayectoria de más de 40 años es especialista en pintura vasca y española de los siglos XIX-XX y XXI. Servicio personalizado de asesoramiento en obras de arte, y de valoraciones. IÑIGO MANTEROLA GALERÍA DE ARTE Las pinturas figurativas de temática marinera y las esculturas de hierro y acero corten destacan en la obra de Iñigo Manterola, un artista que no deja de explorar nuevas vías de expresión. KUR ART GALLERY Situada junto al Palacio de Congresos del Kursaal, sus 400 m2 dan cabida a jóvenes valores del arte contemporáneo, tanto del ámbito local como internacional. Para cerrar este planazo, os diremos algo del MERCADO DE SAN MARTÍN. Ubicado en pleno centro de San Sebastián, alberga un amplio abanico de comercios y establecimientos. El nuevo San Martín recuperó algunos de los elementos característicos del viejo edificio: la calle central, un recorrido peatonal cubierto de diez metros de anchura, y las amplias cristaleras de sus fachadas. Allí encontraremos puestos de mercado tradicional, bien iluminados, amplios y realizados con materiales de primera calidad. En ellos podremos comprar frutas, verduras, carnes y pescados de la zona. Además, posee un supermercado, numerosas tiendas de ropa, otra de música, un gimnasio completo y cafeterías. Y, como es de costumbre, aquí ponemos el ¡PUNTO Y FINAL! Pero, sin embargo, indicaremos que en el próximo oferplán vamos a seguir con el riquísimo tema de SAN SEBASTIÁN-DONOSTIA (III), pues hay que abordar todavía puntos como: • La plaza de Gipuzcoa. • El parque Cristina Enea. • El Teatro Victoria Eugenia. • El Hotel María Cristina • El Ayuntamiento de San Sebastián • El Real Club Nautico de San Sebastián, etc., etc., etcétera.

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