GIPUZKOA, paso a paso // La Ruta de los tres templos (30)
¡Atentos al viaje! Desde San Sebastián emprendemos el camino por la autopista A-8, para tomar la salida de Zumaia, dirección Zestoa. Desde allí, con parada ante el bello palacio de Lili y en el famoso balneario local, seguiremos el curso del río Urola por la carretera GI-631. El PALACIO LILI DE ZESTOA es un complejo arquitectónico, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI. Está formado por dos estructuras principales, que están comunicadas entre sí, ya que junto al palacio de Lili se encuentra adosado un cuerpo conocido como Lilibea. Su fachada está construida con piedra sillar, y el Palacio es uno de los exponentes más interesantes de la construcción palaciana medieval. No en vano, la historia del palacio Lili está estrechamente ligada a la producción de hierro y madera. Durante años, los Lili habían permanecido neutrales en los enfrentamientos entre oñacinos y gamboínos. Al terminar las contiendas, la pequeña Casa Torre de Lilibea fue transformada en palacio por Domenja de Lili y su hijo Juan Pérez de Idiáquez, una casa que habría de servir de símbolo del estatus social de sus dueños, así como de centro de importantes explotaciones económicas. Con el paso de los años y de varias generaciones de rentistas, el palacio fue reconvertido en caserío, hasta que en el año 2000 fue adquirido por el Ayuntamiento de Zestoa que inició una labor de recuperación. ¡Bien! El Palacio Lili es uno de los puntos importantes de la historia del valle de Zestoa. Los Lili eran dueños de muchas de las tierras de labranza, bosques y ríos de alrededor, y los caseríos de su propiedad propiciaban numerosas rentas. Su riqueza se basaba en la producción del hierro y de la madera, y el palacio, con sus tapas de ventana de hierro forjado, mostraba el nivel social de los Lili. Tras la finalización de los trabajos de restauración, el Museo San Telmo y la Diputación Foral de Gipuzkoa han cedido el mobiliario y los objetos para contextualizar el edificio. Todas son piezas originales y, aunque todas no son contemporáneas, encajan perfectamente en la recreación histórica del palacio. La empresa Arazi IKT S.L. se ha encargado de la producción, interpretación, gestión, creación y exposición, mientras que las ilustraciones de la exposición las ha realizado Josu Maroto. La UTE Arazi-Aranzadi se encarga de la gestión general del palacio. Sebastian de Lili y su mujer Magdalena de Amilibia son los últimos miembros de la familia en residir en el palacio de Lili, hasta 1680. Se nota un gran movimiento en el valle de Urola, hay varias obras públicas en marcha en Zestoa, la construcción de la basílica de Loyola avanza, se hallan aguas termales en el paraje llamado Gesalaga y los Lili inician su explotación. Pero no son buenos tiempos para los Lili, los bosques se van agotando y las herrerías tradicionales están en decadencia, no pueden mantener las infraestructuras de los baños termales y estos pasan a manos del Marques de San Millán… En esta época, los hombres de la familia Lili se dedican a la carrera militar y pasan muchos años de su vida alejados de Zestoa, gastando las rentas que les producen las ferrerías, molinos, caseríos y el propio palacio. Además, el palacio de Lili no es la vivienda más adecuada para sus nuevas necesidades sociales y la familia lo pone en alquiler. El edificio sufre muchísimo por la falta de mantenimiento. Hacia 1760 Vicente de Lili, en disputa por la herencia del mayorazgo con su hermano mayor, falsifica varios documentos históricos y se arroga el título nobiliario de Conde de Alacha para sí y la familia Lili. La carretera GI-631 nos acerca pronto a Azpeitia, a los pies del macizo de Izarraitz. Aquí merece la pena visitarse la parroquia de San Sebastián de Soreasu, INGURUGIRO ETXEAque se ha reconvertido en con sus grandes columnas, y, junto a ella, la casa del músico Juan de Antxieta, de estilo mudéjar. Muy curioso es su Museo del Ferrocarril, con locomotoras y vagones del pasado reluciendo en una antigua estación. El Museo Vasco del Ferrocarril de Azpeitia ofrece una visión de la historia ferroviaria de Euskadi mediante la exhibición de más de sesenta vehículos totalmente restaurados y en funcionamiento: locomotoras de vapor, tranvías urbanos, vagones de viajeros y mercancías, trolebuses, etc. Muestra la evolución de este medio de transporte en 150 años de historia. Además, se pueden contemplar colecciones de relojes ferroviarios, máquina-herramienta, uniformes, faroles, etc. Se trata de uno de los museos más importantes de su género en Europa. En Azpeitia también tiene interés “Ingurugiro Etxea” o MUSEO MEDIOAMBIENTAL DE AZPEITIA, centro especializado en dar a conocer los problemas medioambientales del planeta. El museo medioambiental "Ingurugiro Etxea" es un práctico y moderno equipamiento para mostrar los principales problemas que afectan al medio ambiente, dando a conocer sus causas y consecuencias, y señalando sus posibles soluciones. Todo ello se realiza en un espacio que cuenta con cuatro salas diferenciadas en las que se muestran, a través de paneles y maquetas, los temas que componen las 16 unidades temáticas del recorrido del museo, y que son los siguientes: Planta; Atmósfera; Agua; biodiversidad; bosque; Playa; ríos; Demografía; ecosistema urbano; Transporte; Ruido; Actividades económicas; Energía; Gestión rural; Residuos y consumo; Desarrollo sostenible. El Museo Ambiental "Ingurugiro Etxea" dispone también de sala de vídeo, proyección de diapositivas, biblioteca y salas de reuniones. Entre las vecinas Azpeitia y Azkoitia nos espera el magnífico Santuario de Loiola, uno de los grandes monumentos de Gipuzkoa, que ha sido abordado con minuciosidad. Ya en Azkoitia, "villa de los caballeritos", podremos visitar la iglesia de Santa María la Real y detenernos ante los ricos retablos de su altar mayor. En el templo suena el último órgano fabricado por la prestigiosa firma Cavaillé Coll. La Parroquia de Santa María la Real, de estilo renacentista vasco, data del siglo XVI. Tiene planta de salón y tres naves de la misma altura. Ocho enormes columnas toscanas sostienen su techo. La torre ha experimentado varias modificaciones a lo largo de la historia. En su interior se pueden apreciar valiosos retablos, tallas y pinturas de distintas épocas, desde el siglo XVI hasta el siglo XIX. Pero su mayor tesoro es el último órgano romántico fabricado por Cavaillé-Coll. Data de 1898 y es una verdadera obra de arte debido a su excepcional sonoridad. Nuestra siguiente parada la realizaremos en Zumarraga, para admirar en un balcón rodeado de montañas su santuario románico de Santa María, más conocido como La Antigua. El entramado de madera que sostiene la cubierta del templo es único. La imagen de la Virgen con Niño es otro aliciente de la denominada "catedral de las ermitas vascas". A dos kilómetros del centro urbano, en las estribaciones del monte Beloki (641 m), merece la pena visitarse la ermita de La Antigua, más conocida como la catedral de las ermitas. Rodeada de un bello entorno natural, esta joya de la arquitectura popular religiosa fue declarada monumento histórico-artístico nacional por su belleza. Presenta un austero exterior románico con una puerta gótica y un sorprendente interior que llama la atención por la perfecta armonía de su estructura mixta de piedra y madera. Esta ermita, junto a la Basílica de Loiola en Azpeitia y el Santuario de Arantzazu en Oñati, forma parte de la conocida Ruta de los Tres templos, recorrido que permite conocer las comarcas de Urola y Alto Deba a través de estos tres monumentos emblemáticos enclavados en lugares de gran belleza natural. Concretamente, sobre la ERMITA DE SANTA MARÍA (LA ANTIGUA) se ha dicho todo en el oferplán nº , por lo que remitimos ahí al lector. Miguel López de Legazpi, conquistador de Filipinas, nació en Zumarraga, en una casa-torre que permanece en el barrio de Artiz. En el casco antiguo, una estatua recuerda a Legazpi en la plaza porticada. En Urretxu, villa contigua a Zumarraga, visite la parroquia de San Martín de Tours y salude a Iparragirre, el bardo que compuso el "Gernikako arbola", en la estatua de su plaza. Pasando el casco urbano de Legazpi llegará a la ferrería de Mirandaola, junto a la ermita que evoca el milagro de la Santa Cruz. La FERRERÍA DE MIRANDAOLA, ubicada dentro del parque de Mirandaola, es la única que se conserva de las siete que existían en Legazpi en el siglo XV. Aunque cerró sus instalaciones en el siglo XIX, fue restaurada en 1952 gracias al mecenazgo de Patricio Etxeberria y Teresa Agirre. La visita se inicia en la sala de los fuelles, donde se ponen en marcha los fuelles que mantienen viva la fragua que permite fundir el hierro. A continuación, los visitantes pasan a la zona de trabajo, donde los ferrones vestidos de época manejan las maquinas, controlan la fragua y hacen una demostración de forja que asombra a cuantos la presencian. A la conclusión, los visitantes pueden visitar la ermita contigua que alberga unas pinturas de Soler Blasco que describen el hecho milagroso acaecido en esta ferrería el 3 de mayo de 1580. Cuenta la leyenda que al no respetar los ferrones de Mirandaola el descanso dominical que preceptúa la religión cristiana, y a pesar de preparar vena suficiente para sacar más de 600 libras de hierro, obtuvieron únicamente una pequeña cruz de 12 ó 14 libras. El arzobispo de Pamplona declaró este suceso como milagro en 1633. Tras cubrir el alto de Udana, se llegará a una de las joyas de Gipuzkoa, la villa monumental de Oñati. Además de la armonía de la renacentista Universidad de Sancti Spiritus, según algunos se trata de la mejor muestra de arquitectura civil de Euskadi, y de la parroquia de San Miguel, con su claustro asentado encima del río, las abundantes casas-torre y palacios hacen de la localidad un conjunto incomparable. El colosal edificio del SANTUARIO DE LOIOLA DE AZPEITIA se construyó en el siglo XVII. Este monumento es una de las más singulares construcciones barrocas del mundo y fue obra del arquitecto italiano Carlo Fontana. Con planta circular y rematada por una espectacular cúpula, la basílica fue erigida en honor a San Ignacio de Loiola, fundador de la Compañía de Jesús. Además, junto a la Ermita de la Antigua (Zumarraga) y el Santuario de Arantzazu (Oñati), forma parte de la Ruta de los Tres Templos. La localidad de Azpeitia es muy conocida por el santuario de Loiola. Se encuentra a un kilómetro del casco urbano y es, sin duda, el conjunto más emblemático del municipio. Esta construcción barroca posee planta circular y está rematada por una espectacular cúpula. Asimismo, admiraremos la casa-torre medieval de los Loiola, en el que nació San Ignacio de Loiola, el vasco más universal. Todos estos elementos conforman un lugar realmente asombroso de renombre internacional. En definitiva, la basílica es la parte central del edificio diseñado por el arquitecto italiano Carlo María Fontana. Desde el exterior se contempla una impresionante cúpula de 65 metros de altura, que aporta equilibrio a la fachada de 150 metros de longitud. La primera piedra se colocó el 28 de marzo de 1689 y el edificio se inauguró el 31 de julio de 1738, fiesta de San Ignacio. Toda la obra, en la que trabajaron hasta 600 canteros, se realizó a base de grandes bloques de mármol extraídos del monte Izarraitz. Desde Oñati hay que tomar la carretera GI-3591 que sube hasta Arantzazu. El trayecto merece la pena. En un espléndido barranco bajo la sierra de Aizkorri, se encuentra el santuario en honor a la Virgen que un pastorcillo vio en el siglo XV sobre un espino. La nueva basílica de Arantzazu, levantada en los años 50, es un impresionante conjunto de arte de vanguardia, que contó con la participación, entre otros, de artistas de la talla de Jorge Oteiza, Eduardo Chillida y Néstor Basterretxea. Y aquí establecemos el ¡fin del viaje! No obstante, para agotar bien este oferplán habría que decir algo de los ríos Deba y Urola, ya que los consideramos de suma importancia. Concretamente, el RÍO DEBA nace en Arlabán, extremo occidental de la Sierra de Elgea, muy cerca de Salinas de Léniz, pero en tierras de Álava, discurre por Guipúzcoa y desemboca en el mar Cantábrico formando una ría en la localidad de Deva. El nombre de Deva puede ser de origen celta, significando "Diosa de las aguas". En su cuenca se configuran dos comarcas guipuzcoanas: En su cuenca se configuran dos comarcas guipuzcoanas: Alto Deva, que comprende las localidades de Salinas de Léniz, Escoriaza, Arechavaleta, Mondragón, Vergara, Elgueta, Anzuola y Oñate. Bajo Deva, con Placencia de las Armas, Éibar, Elgóibar, Mendaro, Motrico y Deva. Motrico y Elgueta, estrictamente, no están situados en su valle. También forman parte de la cuenca del Deva los municipios vizcaínos de Mallavia y Ermua y el alavés de Aramayona. Antiguamente fue navegable hasta el barrio de Alzola, en Elgóibar, donde existió un importante puerto comercial (aún quedan algunos restos). La importancia de este puerto estaba en que era el punto de embarque de la lana que procedía de Castilla y era exportada a Inglaterra y del mineral de hierro que procedía de Inglaterra y se distribuía por las ferrerías del entorno. Esta operación se realizaba con embarcaciones planas, llamadas gabarras. La lana que llegaba hasta Alzola se recogía a lomos de mulas y se trasladaba hasta Deva para embarcarla en barcos, realizándose la operación contraria con el hierro. En el siglo XVIII, durante la Ilustración, se proyectó la realización de un conjunto de canales navegables cuyo objetivo final era comunicar el Mediterráneo por el Ebro (por el Canal de Amposta), por el Canal Imperial de Aragón, con el Atlántico por los ríos Zadorra y Deva (Guipúzcoa) (desembocando en Deva) o bien por Laredo (Cantabria), y con el Duero por el Canal de Castilla. Supuéstamente este proyecto no se llegó a terminar por causa de los elevados costes derivados de la compleja orografía, aunque se hicieron algunos tramos en las zonas más llanas Canal de Castilla y parte del Canal Imperial de Aragón entre 1776 y 1790 por orden del conde de Floridablanca. El Canal Imperial de Aragón es una de las obras de ingeniería más importantes de la Europa del siglo XVIII. Fue concebido como acequia de riego hacia 1530, en época de Carlos I y de ahí su nombre de "imperial". Dos siglos más tarde, bajo el reinado del monarca ilustrado Carlos IV, se construyó como canal de riego y navegación, con un recorrido de unos 110 km suponiendo, además, múltiples beneficios al abastecer de agua a numerosas poblaciones e industrias. En las orillas de su ría se construyeron barcos hasta principios del siglo XX, y su entorno ha sido uno de los lugares históricos del turismo guipuzcoano, existiendo un balneario, el de Alzola, que contó con bastante fama. Actualmente se embotellan y distribuyen sus aguas. La parte final de su valle tiene forma de desfiladero, en el que se han encontrado diferentes yacimientos arqueológicos de importancia. En él también está situada la iglesia de San Andrés de Astigarribia, que ha sido considerada una de las más antiguas del territorio histórico de Guipúzcoa por tener elementos considerados prerrománicos, como una ventana en arco de herradura. Estudios posteriores han revelado que estos elementos son del siglo XI. El río Deva fue frontera entre várdulos y caristios. Hoy día es la frontera de los dos dialectos principales del vasco: el guipuzcoano y el vizcaíno. Por su parte, el RÍO UROLA es uno de los principales ríos de la provincia de Gipuzkoa. Tiene una longitud de 59 km, desde que nace en las faldas del monte Aitzgorri hasta que desemboca en Zumaya, recorriendo a su paso las localidades de Legazpia, Zumárraga, Villarreal de Urrechu, Azcoitia, Azpeitia, Cestona y Aizarnazábal, además de la ya citada de Zumaya. Sus principales afluentes son los ríos Ibaieder, Errezil, Altzolaras y Larruondo. Dicho lo cual, podemos poner ya el ¡punto y final! al oferplán que trata de “La ruta de los Tres Templos”. Nos falta, como siempre, dar unas pinceladas sobre la próxima “escapada”, que nos llevará a la CUEVA DE EKAIN, la cual comienza en Azpeitia y tiene su final en Legazpi. Este yacimiento arqueológico paleolítico del N de España, localizado en la provincia de Guipúzcoa, fue descubierto en 1969 y está considerado como uno de los cinco ejemplos más perfectos de pintura rupestre paleolítica en el mundo. No obstante, antes de meternos en este nuevo oferplán, hay que subrayar la importancia de dos museos que se ubican en Zumaia: en primer lugar, del Museo-Taller Kresala de Julio Beobide y, en segundo lugar, del Museo Zuloaga. ¡Vamos con el primero! Se encuentra ubicado en el que fue el taller del escultor, la casa Kresala de Zumaia, propiedad de la familia Beobide, y fue habilitado como museo en homenaje al artista. La labor de Julio Beobide se inserta en la corriente figurativa que deriva de la tradición escultórica del siglo XIX, con unas obras basadas en la fuerza de la expresión que progresivamente tendieron hacia una simplificación de las formas. Los dibujos al carboncillo de Julio Beobide ocupan lugar destacado, y complementa una producción en la que el enorme arraigo a su tierra, a su paisaje y a sus gentes sintetiza la esencia de lo vasco. Ahora, ¡el segundo! Instalado en lo que fue hostería de peregrinos en el camino de Santiago y ermita, Zuloaga adquirió los terrenos en 1910, y bajo su inspiración se edificó la casa y se procedió a restaurar el conjunto, para crear un ámbito acogedor donde predomina un sentimiento de intimismo y autenticidad. El centro se ajusta al gusto de Zuloaga como coleccionista, circunstancia que explica la disparidad de estilos artísticos y de materiales que configuran la colección, y que la convierten en uno de sus máximos atractivos, aunque no por ello dejan de estar presentes algunas de las creaciones punteras del propio artista. Integran el conjunto piezas que van desde la transición gótica hasta el renacimiento (tanto español como flamenco), cuadros de El Greco, F. Zurbarán, Francisco de Goya, Vicente López, pintura romántica española, esculturas renacentistas, belenes barrocos, bronces de Rodin… Y así, sin mediar una palabra más, ponemos el cartel de ¡FIN!

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio