lunes, 25 de septiembre de 2023

GIPUZKOA, paso a paso // San Sebastián (Donostia). II. (17)

Hablar de Donostia-San Sebastián es referirse a una ciudad emblemática de la Península que, a pesar de no haber ostentado capitalidad alguna, destaca como una perla en el centro de una diadema. Y justamente a una perla se ha comparado esta villa incrustada en el fondo de su hermosa bahía, aprovechando el fácil pero no por ello menos oportuno juego de palabras que nos proporciona su nombre, La Concha. Ciertamente, el entorno en el que se enclava la capital guipuzcoana es único. Situada entre la pequeña sierra litoral de Mendizorrotz y la bocana del puerto de Pasaia, la ciudad ofrece una de las fachadas más conocidas de la geografía vasca; dos arcos profundos separados por la desembocadura del río Urumea conforman la bahía de La Concha, un magnífico anfiteatro natural flanqueado por los montes Igeldo y Urgull, y en cuyo centro se halla la isla de Santa Clara. En este arco se encuentra la playa de La Concha y, después de un espolón rocoso llamado del Pico del Loro, la aristocrática playa de Ondarreta. En la parte oriental de la ciudad, el golfo de Zurriola, más abierto, se prolonga desde el Urumea hasta la ladera del monte Ulia. Será preciso aclarar, en cualquier caso, que dicha fachada no constituye la totalidad de la villa, que en realidad se extiende hasta más allá de estos límites; la panorámica de las playas de La Concha y de Ondarreta representa tan sólo el rostro más esplendoroso de la ciudad, su tarjeta de visita. La incomparable playa de La Concha es una de las señas de identidad de San Sebastián. Situada en pleno centro de la ciudad, ofrece al visitante la oportunidad de disfrutar de magníficas vistas, como la que nos ofrece su hermosa bahía en forma de concha, con la isla de Santa Clara en el centro, flanqueada por los montes Urgull e Igeldo. De fina arena dorada, en sus 1.350 metros de longitud podemos practicar numerosas actividades deportivas. Es un spot alternativo para los días grandes, un beach break muy urbano. Cuenta con varios picos, sobre todo a su derecha, destacando El Pico del Loro en marea alta, ideal para la práctica de bodyboard. Por su parte, la playa de Ondarreta, en el extremo oeste de la capital donostiarra, al abrigo del monte Igeldo y frente a la isla de Santa Clara, es una de las más elegantes de Gipuzkoa. Precisamente, está unida a las playas de La Concha y La Zurriola a través de un paseo marítimo de 7 kilómetros que termina cerca de Ondarreta, concretamente en el Peine del Viento, espacio mágico donde contemplaremos las esculturas de acero de Eduardo Chillida que se agarran a las rocas, desafiando a las olas del mar. La elegancia arquitectónica de los edificios de La Concha es fruto del interés que la ciudad despertó, durante el siglo XIX, en la reina María Cristina, que la eligió como retiro durante la estación veraniega. La soberana hizo construir junto al espolón del Pico del Loro el espléndido palacio de Miramar, que fue su lugar de residencia durante sus vacaciones donostiarras. A raíz de esta decisión, la ciudad se convirtió en el lugar de veraneo más distinguido de la Península, al que acudía la crema de la sociedad madrileña. A partir de entonces, y hasta los primeros años del siglo XX, proliferaron los hoteles, cafés y restaurantes de lujo, los espectáculos de teatro y las fiestas y bailes. El casino fue, durante esta Belle Époque, uno de los centros de atracción de la ciudad, hasta que el general Primo de Rivera prohibió el juego. En la década de los treinta, Donostia-San Sebastián fue uno de los escasos casinos que tuvo el “privilegio” de probar una ruleta, inventada por dos ingenieros llamados Daniel Strauss y Perlo, conocida como straperlo; este nombre designó con posterioridad actividades de dudosa legalidad en la posguerra franquista. No obstante, el Palacio de Miramar fue construido en 1893 a petición de la reina María Cristina de Austria. Al verlo, el palacio recuerda a las casas de campo de la nobleza inglesa. Fue diseñado por el arquitecto inglés Selden Womun y construido por el maestro José Goikoa, estando durante años en manos de la realeza española. El núcleo más antiguo de la villa se encuentra en el tómbolo que comunica la tierra firme con el monte Urgull, junto al río. Se trata de un terreno formado al acumularse los aluviones del Urumea en el trecho que existía entre este monte, que antes era una isla, y el litoral. La primitiva aglomeración se fue ampliando hacia el sur, formándose un ensanche que alberga hoy las sedes de las instituciones financieras y comerciales más importantes de la ciudad. Al otro lado del Urumea se halla el barrio de Gros, asentado sobre un antiguo arenal que fueron colonizando, en primer lugar, los chatets residenciales, y que en la actualidad está totalmente urbanizado. ¡Bueno! En el casco viejo destaca la basílica de Santa María, que posee planta de salón, la cual está dividida en tres naves, donde destacan los pilares centrales que soportan la alta bóveda. Obra de los arquitectos Lizardi e Ibero, fue levantada a mediados del siglo XVIII, concretamente en 1745, y es de estilo barroco. Advertimos que el Barroco es el estilo que se desarrolló durante el siglo XVII y primera mitad del XVIII. Sus características especiales hicieron que fuera menospreciado por la crítica neoclásica, por lo que la palabra ha pasado a tener un contenido peyorativo que va perdiendo poco a poco. Acaso las dos ideas matrices del Barroco sean la de movimiento, que imprime a todos sus elementos, y la pérdida de papel constructivo de muchos de ellos, a favor de una mayor riqueza ornamental e ilusionista. En ella se encuentra la Virgen del Coro, patrona de la ciudad. Los atractivos de la capital guipuzcoana son múltiples, comenzando por las vistas que ofrecen sus dos privilegiadas atalayas. Desde el monte Igeldo, al que se accede en coche o a través de un funicular, se contempla un soberbio panorama de la bahía y de la ciudad rodeada de montañas; una visita nocturna permite ver toda la ciudad iluminada, un espectáculo inolvidable. Desde el monte Urgull, coronado por el castillo de Santa Cruz de la Mota, se puede apreciar el dédalo de callejas de la ciudad vieja, con sus principales monumentos. Porque, en efecto, no faltan las construcciones monumentales en Donostia-San Sebastián. La iglesia de San Vicente, de construcción gótica, es la más antigua de la ciudad. La actual Iglesia de San Vicente fue reconstruida entre 1489 y 1574 tras haber sido afectada por un incendio. El diseño y construcción de la nueva iglesia fueron encomendadas en 1507 al maestro arquitecto Miguel de Santa Celay y a Juan de Urrutia. Es de estilo gótico tardío, con planta de tres naves -la central de mayor altura- , crucero alineado con las naves laterales, ábside ochavado, bóvedas de crucería. De construcción posterior fueron: el pórtico barroco (Domingo Zaldua, 1619), la sacristía (Juan de Umbarambe, 1666) y la escalera del coro (1784). Por su parte, en el ensanche se ubica la iglesia del Buen Pastor, que ejerce las funciones de catedral de la diócesis. Por otra parte, confesaremos que la Parte Vieja es el lugar más visitado de San Sebastián, sin duda alguna. Es el segundo barrio más viejo de la ciudad después del Antiguo. Se sitúa al pie del monte Urgull, que, por el lado del mar, presenta su pequeño puerto, mientras que en la parte este nos deja ver la desembocadura del río Urumea. Su corazón está ocupado por la plaza de la Constitución. Su edificio central fue hasta la década de los cuarenta, el Ayuntamiento de la ciudad. Los balcones de los coloristas edificios que la rodean tienen impresos unos números que nos remontan a su pasado, en el que hacía funciones de coso taurino. Entre los edificios civiles, es preciso hablar del palacio de la Diputación, neoclásico, y del Ayuntamiento, que ocupa lo que antes fue el Gran Casino. El Club Náutico, el hotel María Cristina y el teatro Victoria Eugenia son, junto al ya citado palacio de Miramar, algunas de las edificaciones más notables. La oferta de museos donostiarras también es muy relevante. El antiguo convento de San Telmo acoge hoy un museo, en el que, junto a una sección etnográfica de gran interés, se puede visitar una apreciable pinacoteca. A los pies del monte Urgull se halla el Palacio del Mar, que alberga un renovado acuario y es sede de la Sociedad Oceanográfica de Gipuzkoa. Donostia-San Sebastián aprovecha estos escenarios inmejorables para organizar interesantes muestras culturales. Las manifestaciones abarcan todas las disciplinas del arte, pero en dos terrenos, el cine y el jazz, la ciudad ofrece sendos festivales que se encuentran entre los más importantes del continente. El blues es un género musical nacido hacia fines del siglo XIX en Nueva Orleans gracias a músicos negros que adaptaron a las posibilidades expresivas de las charangas populares el patrimonio musical del folklore de los negros de América (songs, blues, ragtime). Sin embargo, olas, surf y juventud son los componentes principales del barrio de Sagüés, la zona con más movimiento y ambiente surfero de Donostia-San Sebastián. Situada al lado del barrio de Gros, en la falda del monte Ulía y colindante a la playa de la Zurriola. En concreto, la playa de la Zurriola se halla en el barrio de Gros, bajo la atenta mirada del Palacio de Congresos y Auditorio del Kursaal, obra de Rafael Moneo. Advertimos que el llamado centro del Kursaal consiste en los dos cubos de cristal traslúcido, diseñados por Rafael Moneo, aparentando dos grandes bloques de roca varados en la desembocadura del río Urumea, auditorio y palacio de congresos sobre el que gira buena parte de la actividad cultural donostiarra. Fue declarado como mejor edificio europeo en 2001 por el prestigioso Premio Europeo de Arquitectura Mies Van der Rohe. Antiguamente, estuvo formada por grandes arenales ubicados entre la desembocadura del río Urumea y el monte Ulía. En la década de los 90, comenzaron los trabajos de rehabilitación y se procedió a la construcción de la actual playa, de fina arena dorada y fuerte oleaje, la playa más surfera de la capital. El Auditorio del Kursaal tiene un aforo de 1.806 butacas, convertible en 1.148 si el evento lo requiere. La sala está equipada con la tecnología más avanzada, con una acústica excepcional y un escenario con la máxima funcionalidad de cara a la realización de representaciones artísticas, teatrales y de ópera, así como de congresos, convenciones y reuniones de gran formato. El autor de esta singular obra es el prestigioso arquitecto Rafael Moneo, como se ha dicho. El palacio de congresos ha sido distinguido con el Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe, el más importante de los concedidos en Europa. En frente al Palacio de Miramar se extienden unos jardines de un verde intenso, decorados con centros de flores y pequeños árboles. Además, en estos jardines, conocidos como los de Alderdi-Eder, hay una cosa que podéis hacer para sentir la ciudad como un verdadero donostiarra. Y es tumbaros en la hierba y disfrutar de una conversación agradable o de un silencio relajante con la mirada puesta en el azul intenso del mar. Tamarindos sólo poseen en España dos ciudades situadas a orillas del mar Cantábrico: Santander y San Sebastián. El tamarindo es una planta arbórea de la familia cesalpináceas (Tamarindus indica), de una altura de hasta 25 m, originaria de África oriental. La iglesia del Buen Pastor se construyó en 1893 en estilo neogótico en el ensanche de San Sebastián, y en 1950 fue elevada al rango de catedral de la diócesis. Se llama neogótico al estilo inspirado en el Gótico, cuyo florecimiento debe mucho a las corrientes del romanticismo nacionalista. Apareció en Inglaterra a mediados del siglo XVIII. Durante el XIX, la Europa continental conoció una fiebre neogótica que restauró y completó catedrales (como esta del Buen Pastor). En 1836 se constituía en este estilo el Parlamento de Londres. ¡Bien! El Buen Pastor se trata tan sólo de uno de los numerosos edificios que enriquecen la capital guipuzcoana, que cuenta ya con una baza fundamental, su inmejorable emplazamiento en la bahía de La Concha, un circo natural de proporciones perfectas entre los montes Urgull e Igeldo. Su enclave y orografía, convirtieron a la ciudad ya en el siglo XII en fortaleza militar. Sus murallas, único testigo de la Donostia amurallada, junto con los restos que se conservan en el aparcamiento subterráneo del Boulevard, sufrieron ataques y asedios a lo largo de los años. El Monte Urgull fue testigo en 1794 de la primera capitulación de la ciudad a manos de los franceses y presenció, impotente, el incendio que, fruto de la batalla de las tropas galas con el ejército anglo-portugués, destruyó la ciudad en 1813. El Castillo de la Mota, sito en lo alto del monte, que fue construido en el siglo XII, sería una pieza clave de la defensa de la ciudad. Por su parte, el Torreón de Igeldo, del siglo XVIII, cuya función inicial de faro ha cambiado a la de mirador, preside el monte Igeldo. Se trata de un lugar de diversión gracias a su coqueto parque de atracciones. Es recomendable tomar el funicular, el más antiguo del País Vasco y en funcionamiento desde 1912, para observar y fotografiar la ciudad desde una espectacular perspectiva. Destaca el faro, en el flanco occidental del monte, construido en 1855 por el ingeniero de caminos Manuel Peironcely, siendo el lugar perfecto para disfrutar de la belleza del mar y de los acantilados de Igeldo. En definitiva, DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN es la capital de la provincia de Guipúzcoa (184.000 habitantes). En San Sebastián, con barrios de variada tipología y funcionalidad (Alto Amara, Añorga, Miraconcha, etc.), predominan las funciones administrativas, financieras, comerciales y de servicios, junto a la industria siderúrgica. La ciudad se halla rodeada de una extensa área metropolitana: un sector submetropolitano, de funciones industriales, portuarias y de ciudad dormitorio (Astigarraga, Zubieta, Pasajes/Pasaia, Rentería, Lezo) y otro suburbano, o conjunto discontinuo de zonas industriales y agrícolas (Hernani, Usurbil, Urnieta). San Sebastián, situada en la bahía de su mismo nombre, tiene en la plaza de la Constitución el centro del casco antiguo, emplazado en un tómbolo en cuyo flanco occidental se halla el puerto. La calle de Hernani, prolongación de la calle Mayor del casco antiguo, sirve de eje N-S al ensanche, el cual presenta un trazado ortogonal dividido en dos por la avenida de la Libertad. El ensanche septentrional, con centro en la plaza de Guipúzcoa, es el distrito central de negocios. También hay actividades de este tipo, aunque en menor medida, en el ensanche meridional, con centro en la plaza del Buen Pastor. El O es la zona residencial (paseo de la Concha). Entre sus monumentos se encuentran la iglesia de Santa María (siglo XVIII), la de San Vicente, el ayuntamiento (1829) y el convento de San Telmo (siglo XVI), sede del museo municipal. Muy apuradamente, indicaremos que el palacio que alberga la Diputación Foral de Gipuzkoa es un edificio de estilo Segundo Imperio, cuyo diseño global es de José Goikoa, aunque su ala derecha se debe a Ramón Múgica, la parte central a Lorenzo de Arteaga y Manuel de Urcola y, su ala izquierda, a Manuel de Urcola. Este edificio fue terminado de proyectar en 1878 y de construir en 1885. Por su parte, el Teatro Victoria Eugenia está situado en la zona más céntrica de la ciudad, siendo uno de sus edificios más emblemáticos. Cargado de historia, el Teatro ha sido testigo desde su inauguración en 1912, de los principales acontecimientos culturales de la ciudad. Dicho lo cual, seguidamente nos ocuparemos de otros asuntos, como, por ejemplo, de los términos tómbolo, playa, isla y bahía, que pertenecen al mundo de la geografía. El TÓMBOLO es una morfología litoral formada por la progresiva acumulación de materiales de granulometría más bien fina (arena, principalmente) en forma de cordón alargado; es una tipología específica de flecha litoral. En este caso recibe la denominación de flecha-istmo puesto que une una isla a la costa vecina o dos islas entre sí. Dicha morfología de acumulación viene condicionada por los procesos de refracción y/o difracción de los oleajes y se forma siempre a partir de los dominios de encuentro de los "trenes de ondas" derivados. Más brevemente, el tómbolo es la acumulación de tierra o banco de arena alargado que une dos islas o una isla con tierra firme. Una PLAYA es el espacio litoral de constitución arenosa producida por la acumulación de material fragmentado detrítico del tamaño de la arena o grava, que se deposita a lo largo de la costa entre la línea de bajamar y el punto más alto alcanzado por el oleaje en el transcurso de grandes tempestades. Las acumulaciones de arena se extienden a lo largo de la costa, de mares y lagos, en frentes deltaicos e islas, y aparecen caracterizados por un gran desarrollo longitudinal. El perfil de una playa suele presentar una suave concavidad en la cual se pueden distinguir una serie de zonas relacionadas con las fluctuaciones en el nivel del mar. La zona sublitoral se encuentra permanentemente sumergida y a continuación se extiende la playa propiamente dicha, en la cual algunos autores distinguen dos zonas: una playa baja (foreshore o 'zona de batida'), comprendida entre los límites de marea alta y baja, y una playa alta (backshore o 'transcosta') que corresponde con el área cubierta por el mar en momentos de tormenta. La extensión que ocupa cada una de las divisiones descritas anteriormente depende tanto del régimen de las mareas como de la pendiente del terreno. Las mayores extensiones corresponden a litorales con pendientes suaves y grandes subidas de marea. Una BAHÍA es la entrada de una masa de agua marina en el terreno de una amplitud moderada y que tiende a trazar una curva abierta. En sentido estricto, este término resulta de la distinción jerárquica entre las diversas entradas que presenta el relieve costero, de forma que resulta de un tamaño menor que un golfo y mayor que una ensenada, aunque generalmente suele emplearse de forma arbitraria. Algunos ejemplos significativos son la bahía de Hudson, bahía de Tucacas, bahía de Santa Marta, etc. La ISLA es una tierra aislada por el agua por todas partes. Por definición posee una superficie bastante menor que la de un continente. Según sea su tamaño se habla de escollos, arrecifes, islotes o islas simplemente. Según estén ligadas o no a una plataforma continental, se clasifican respectivamente en islas continentales y oceánicas. Las islas continentales (islas Británicas, Ceilán, etc) se elevan desde la plataforma continental y por consiguiente, presentan su misma estructura geológica, en contraposición a las islas oceánicas (Hawai, islas Canarias, etc) que surgen y se elevan desde la corteza oceánica con una gran verticalidad como consecuencia, principalmente, de una erupción volcánica(se habla en este caso específico de isla volcánica). Normalmente suelen aparecer agrupadas en archipiélagos, en arcos o en guirnaldas insulares. Algunas islas se emplean como soporte a bancos de arena llamados cayos o tómbolos. El término de "isla" cuanta con otras variadas acepciones además de ésta; se habla de islas en muchas ocasiones para referirse a los propios icebergs que se mueven a la deriva en los grandes océanos o también, para hacer mención a los depósitos detríticos de origen fluvial que se ubican en los dominios menos competentes del canal y que consiguen establecer auténticas barreras para el avance del curso de agua. A estas morfologías de canal también se las conoce con el nombre de barras. Originariamente fue una más de las pequeñas poblaciones de pescadores que existieron en la costa cantábrica. La primera noticia histórica documentada no aparece hasta el año 1014, fecha del diploma otorgado por el monarca navarro Sancho III el Mayor en el que consta la donación de la villa al monasterio de Leire. En el año 1174 Sancho VI concede a los gascones, instalados en estas tierras, el Fuero de Estella con el propósito de potenciar su crecimiento y favorecer así la salida de Navarra al mar. El citado fuero fue confirmado por Alfonso VIII de Castilla en el año 1200, momento en el que forma parte de la Corona de Castilla. Mientras tanto, su puerto va adquiriendo fama como punto obligado para la exportación de lanas castellanas a Francia, Inglaterra y Flandes, por lo que se va conformando una ciudad con fuerte actividad comercial y mercantil, dotada ya de astilleros. En los años 1476 y 1512 los donostiarras resistieron valientemente los asedios de las tropas francesas, méritos reconocidos con la concesión del título de noble y leal por parte del emperador Carlos V. Más tarde, en el año 1662 Donostia obtiene el título de ciudad y sus propios fueros. El comercio con las tierras de Ultramar contribuyó a aumentar su prosperidad económica, especialmente a través de la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas, fundada en el siglo XVIII. Durante la Guerra de la Independencia es escenario de un violento enfrentamiento entre las tropas angloportuguesas y napoleónicas en el año 1813, cuyas consecuencias fueron devastadoras para la ciudad, que quedó prácticamente destruida. A mediados del siglo XIX es elegida por la reina María Cristina como residencia real veraniega, hecho que influyó en su reconstrucción, que se realizó de acuerdo con los gustos modernistas de finales del siglo XIX y comienzos del XX. El espacio urbano de Donostia-San Sebastián está definido esencialmente por el Casco Viejo medieval y los ensanches que, una vez derribadas la murallas en el año 1863, ganaron terreno sobre los arenales y marismas que rodeaban el núcleo original, cruzaron el río y colonizaron los montes que flanquean la bahía. La Parte Vieja, protegida por el monumental Sagrado Corazón y los restos fortificados del monte de Urgull, gravita en torno a su recogido puerto pesquero y a las plazas de la Constitución y Trinidad, esta última situada en uno de los rincones más antiguos de la ciudad, con un pequeño frontón y un probadero para el arrastre de bueyes; y concluye junto al puente del Kursaal, uno de los tres puentes que tiene Donostia y por el que se accede al barrio de Gros. De entre las principales joyas arquitectónicas que se alzan en el casco antiguo merecen destacarse la antigua Casa Consistorial. Donostia/San Sebastián es mucho más que la Bahía de La Concha, el monte Igeldo o el Peine del Viento. La ciudad esconde en sus entrañas desde Palacios hasta Bosques encantados con sus cuevas y cascadas. Estas zonas te ofrecen la posibilidad de conocer el ambiente donostiarra, de descubrir sus rincones mágicos, de disfrutar de tradiciones como el pintxopote y de conocer el pasado y el presente, pero también el futuro. El puerto de San Sebastián se encuentra en el extremo oriental de la bahía de La Concha, al pie de la estatua del Sagrado Corazón que corona el monte Urgull. Es un puerto pequeño de forma triangular, con una zona pesquera y otra de recreo. Además, este puerto guipuzcoano cuenta con 400 plazas de atraque y están ocupadas en todo momento. Por otro lado, es interesante saber que, desde el puerto, parten salidas en barco para todo aquel que quiera disfrutar de un agradable trayecto por la bahía. Además, gracias al tamaño de la ciudad podrás recorrerla e ir saltando de un barrio a otro sin necesidad de coger el coche o el transporte público. Si nos adentramos en sus calles, te trasladarán a la Francia del siglo XIX o la Belle Epoque. No hay dos barrios iguales, pero ninguno de ellos te dejará indiferente. Donostia también se puede disfrutar perdiéndose de compras. Dicen que los donostiarras tenemos un estilo especial y que eso se refleja en nuestras calles, nuestra forma de vestir, nuestras creaciones… La mejor manera de comprobarlo -y de saborear las tres cosas a la vez- es ir de compras por la ciudad y descubrir un comercio que ha sabido mantener su esencia y su sabor a lo largo de las décadas, conviviendo con establecimientos de tendencia y tiendas de autor. No olvidemos que se puede disfrutar de un día en familia en Donostia. Visita La Bahía, la Playa de la Concha y la Isla Santa Clara, como un pirata, desde el mar…, además te proponemos una tarde de actividades inolvidables. Dos opciones: Eureka, ZIentzia Museoa!, podrás ver las estrellas desde un Planetario,pilotar un fórmula 1, en uno de sus simuladores, y todo rodeado de animales y ciencia; o Kutxa Ekogunea, un espacio para niños y familias diseñado con criterios pedagógicos de calidad donde se fomenta la autonomía y el juego libre. Un proyecto que impulsa la concienciación ambiental mediante el ocio, el aprendizaje y la innovación en un espacio natural de 25 hectáreas. El Museo Marítimo Vasco, anteriormente Museo Naval, se sitúa en la Casa Torre del Consulado, un edificio originario del siglo XVIII enclavado en el puerto de San Sebastián. Se trata de uno de los pocos edificios que se salvó de la quema de San Sebastián a manos de las tropas anglo-portuguesas en 1813 y a lo largo de su historia ha albergado diversas actividades, casi todas ligadas a actividades relacionadas con el mar, desde las tareas propias de control portuario a escuela náutica, pasando por auxilio marítimo o domicilio del capataz y encargado de muelles. Desde 1991 alberga este museo dedicado a la divulgación y difusión, para todos los públicos, de la historia y del conjunto del patrimonio marítimo vasco. Para llevar a cabo esta misión, entre finales de 2018 y principios de 2019 se realizan diversas obras de acondicionamiento y transformación del edificio, entre otras, la habilitación de un nuevo espacio expositivo en la buhardilla del museo. De este modo, el museo cuenta con dos salas de exhibición donde presenta diferentes exposiciones temporales de larga duración. Actualmente, la colección del Museo Marítimo Vasco está compuesta por alrededor de 6.000 piezas, entre grabados, pinturas, fotografías, postales, carteles, metalografías, cartas náuticas, planos, instrumentos de navegación, embarcaciones y objetos etnográficos. A excepción de las embarcaciones, desde 2013 se ha ido depositando en Gordailua, Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa. Y, aquí ponemos el punto y final. En la próxima cita nos ocuparemos otra vez de DONOSTIA-SAN SEBASTIÁN (II). San Sebastián se convierte en escenario de cine cada septiembre, las estrellas internacionales llegan a diario durante el Festival internacional de Cine. La ciudad es además capital mundial de la gastronomía y el pintxo, en la llamada “Parte Vieja” cada barra es un tesoro.

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