lunes, 25 de septiembre de 2023

GIPUZKOA, paso a paso // Una escapada a Peñas de Aya (1)

Todos estos planes turísticos, éste y los que vendrán, responden a una exigencia espiritual, digámoslo así, ya que no se pueden olvidar los encantos que esconde nuestra Comunidad Autónoma, es decir, el País Vasco, en el que evidentemente está inclusa la provincia de Guipúzcoa. Pues ¡bien!, animando a los lectores a que caigan en la autorreflexión, no podemos olvidar los mil txokos que cobija nuestra Provincia, rincones llenos de encanto y frescura. No queremos caer en la pedantería de elaborar seguidamente una Geografía física de Guipúzcoa, pues, seguidamente, sólo nos vamos a referir a Peñas de Aya, las cuales pueden ser tenidas en cuenta desde diferentes puntos de vista: nos referimos, por ejemplo, a Oiartzun, o a Irún, citando sólo los dos puntos más importantes. Además, entre los mil rincones agradables y estimulantes que esconde nuestra Guipúzcoa, destacan sobre todo los que se encuentran en contacto con la naturaleza, como es el caso del plan que será tratado a continuación. Este enclave de singular belleza está situado en las estribaciones de los Pirineos, en el extremo oriental de Gipuzkoa. Las tres cimas principales son Irumugarrieta, Txurrumurru y Erroilbide. Desde Aiako Harria admirarás la Bahía de Txingudi, con las poblaciones de Hondarribia, Irun y Hendaya; el Monte Jaizkibel y el valle de Oiartzun. El barranco de Aitzondo, con una cascada de 100 metros de desnivel, ofrece un paisaje singular. Dentro de la masa rocosa de Aiako Harria existen decenas de pozos y galerías mineras. La mina de Arditurri (Oiartzun), ofrece una interesantísima visita desde la Casa del Parque Natural, el que fuera antaño laboratorio de las minas. Desde aquí podrás acceder a la explotación minera que tuvo lugar desde la romanización hasta 1984. La proximidad a la frontera francesa hizo que la ingeniería militar se fijara en las elevaciones montañosas de la zona para instalar en el territorio del actual Parque algunas fortificaciones fácilmente visitables. Dicho lo cual, para el viandante perdido, simplemente vamos a recordar que Peñas de Aya es uno de los macizos montañosos más antiguos de Guipúzcoa, dentro del Parque Natural de las Peñas de Aya. Se encuentra entre las poblaciones de Oyarzun, Irún y Lesaca (Navarra). Son unas montañas de características muy especiales, porque no se crearon por orogenia sino por intrusión de granito. Desde este macizo puede gozarse de magníficas vistas, por lo cual se calificó la zona como parque natural, junto con el monte Urdaburu. Asimismo, esto permite disfrutar de su fauna característica. De Peñas suele escaparse más de un jabalí, que literalmente destroza los cultivos de los alrededores. Este macizo montañoso está formado por tres cumbres, a lo largo de sus 4 kilómetros de recorrido total, con el punto más elevado a 837 metros: la más septentrional Hirumugarrieta (o Peña de Aya), tiene 806 m; la del centro Txurrumurru, 821 m; y la del sur, Erroilbide, llega a 837 m. Aunque sin anular nuestras pretensiones anteriores, por otro lado, recordaremos que las Peñas de Aya esconden en su basamento granítico las minas de Arditurri, ya explotadas por los romanos. Aunque también podríamos decir que en una de las entradas del parque natural de las Peñas de Aya están las minas de Arditurri. Ofrecen un aspecto característico minero, con las canteras a cielo abierto todavía visibles, los vertederos de los materiales agotados, edificios de la época de la explotación, y el antiguo ferrocarril que servía para llevar el mineral al puerto de Pasajes (hoy en día convertido en bidegorri). El centro de interpretación está en el edificio que fue el laboratorio de la mina, y permite visitas guiadas por el interior de las galerías. Como este coto minero nos parece una curiosidad, más que interesante, le vamos a dedicar un buen párrafo, redactado con elegancia y maestría. Las de Arditurri son unas de las pocas galerías mineras que han sido explotadas desde hace 2.000 años de manera casi ininterrumpida. Se organizan visitas guidas que permiten realizar un recorrido a través de la historia. Lo que se denomina coto minero de Arditurri es un antiguo complejo minero situado en las Peñas de Aya, en la localidad guipuzcoana de Oyarzun. Este complejo minero se comenzó a explotar antes de la llegada del Imperio Romano y se mantuvo activo, prácticamente de forma ininterrumpida, hasta el año 1984, cuando la última empresa concesionaria, la Real Compañía Asturiana de Minas, cesó la actividad. Se han obtenido del mismo plata (galena argentífera), hierro, plomo, zinc, fluorita y blenda. El año 2004 pasó a formar parte del Parque natural de las Peñas de Aya y, tras la habilitación de 800 metros de galería, está abierto al público para su visita y comprensión. Así, pues, la visita al corazón de las minas de Arditurri se concibe como un viaje a través del tiempo en el que intervendrán la mente, los sentidos y las emociones. La iluminación y el sonido juegan un papel muy importante, ya que permiten crear en el interior de la galería un ambiente mágico, que traslada al visitante a las diferentes épocas de la historia de estas minas. Antes de entrar a las minas el visitante tendrá un primer contacto gracias a una plática, en la que la voz de un narrador (que simula a la del ingeniero alemán Thalacker) realiza un repaso por la historia de las minas. Después de esta entrada, se da comienzo a la visita en la galería de arriba. En un recorrido de 180 metros el visitante conocerá la morfología y la dimensión de las minas. Además, las luces nos descubrirán algunos secretos de las galerías: lugares para cargar el material, pozos, betas de minerales o el impresionante paisaje formado por los lagos entre otros. El recorrido se realiza a lo largo de las minas de la época ya moderna, pero en algunos puntos del recorrido se pueden ver las entradas a las galerías romanas. Las nuevas tecnologías permiten recrear sonidos y ambientes vividos en el interior de la galería a lo largo de sus más de 2.000 años de explotación. Desde el ruido que hacen las rocas al desprenderse, pasando por el silencio más absoluto acompañado exclusivamente de oscilantes reflejos sobre las aguas de los lagos. La visita a la galería es sin duda una experiencia inolvidable. Es especialmente relevante la explotación realizada en tiempos del Imperio romano, la cual alcanzó un grado alto de técnica minera en la que destaca el cuniculus, acueducto subterráneo para el sistema de drenaje de las galerías. Las minas formaban parte del distrito minero de Oiasso. La ciudad de Oiasso tenía uno de los puertos más importantes del denominado Mare Externum y estaba atravesada por la XXXIV calzada, que unía Asturica Augusta con Burdigala. En las galerías romanas se han encontrado sistemas complejos de drenaje, lo que avala la importancia en ese tiempo de la explotación. El coto minero de Arditurri está asociado al complejo granítico de las Peñas de Aya, rico en minerales, en el cual se han encontrado muchas explotaciones mineras romanas con hallazgo de multitud de tipos de técnicas de trabajo como galerías de prospección, de tránsito y de explotación, chimeneas, pozos, planos inclinados y soluciones de drenaje. Solo en el coto de Arditurri hay 44 unidades mineras de la época romana catalogadas. Tras el abandono portuario de Irún, la población que sustituyó a la Oiasso romana, la salida del mineral se realizó por el, también cercano, puerto de Pasajes, para lo que se llegó a construir una línea férrea. En la dilatada historia del coto minero de Arditurri se han realizado todo tipo de técnicas de explotación; las más visibles son las minas a cielo abierto que han influido fuertemente en el entorno paisajístico creando un entramado de escombreras de estériles, planos inclinados y explanaciones. El caso es que hay unos 15 km de galerías abiertas en diferentes épocas y varias minas a cielo abierto. Conviene recordar, asimismo, pues el caminante avispado nos lo agradecerá, que el bidegorri de Peñas de Aya parte de la localidad de Oiartzun. Este bidegorri, gracias a compras y a algún concurso de escultura convocado por el Ayuntamiento de Oiartzun, se encuentra jalonado de distintas piezas escultóricas, las cuales constituyen un auténtico museo al aire libre. Dichas esculturas, sitas ya desde hace varios años, encuentran su inspiración en las mencionadas minas de Arditurri. Por otra parte, los ferrocarriles mineros, desprovistos del glamour que tienen los ferrocarriles de viajeros, suelen tener una existencia más que discreta. No generan noticia, ni apenas fotos ni testimonios, más allá de sus recoletos trazados en las montañas. Este es el caso del ferrocarril minero que transportó toneladas de hierro desde las bocaminas de Arditurri hasta el puerto de Pasajes. Tuvo un ancho menor que los ferrocarriles convencionales: 75 cm. Con estos angostos raíles, los trazados podían encajarse mejor entre las quebradas de las montañas, reduciendo los costes de implantación a costa de reducir la velocidad, lo cual, evidentemente, no era una cosa que demandaran los hierros en su camino de la mina al barco. De todas maneras, este ancho es ciertamente peculiar, ya que la anchura más corriente en las vías mineras era de 60 cm. Pero, como ya hemos insinuado, todo este entorno se encuentra en el Parque natural de las Peñas de Aya. Y, ahora, no nos vamos a amordazar la boca y las manos. El parque natural de Peñas de Aya (Aiako Harria) se encuentra en el extremo oriental de nuestra provincia de Guipúzcoa. Fue declarado espacio natural protegido en abril de 1995. Tiene una extensión de 6105 ha (61,1 km²), con un perímetro de 105,5 km. La máxima distancia entre dos puntos es de 19,1 km, que corresponde a la separación entre el extremo noreste (río Bidasoa) y el sudeste (embalse de Añarbe). La altitud máxima corresponde a Aiako Harria, con 837 metros, y la mínima a la parte baja del Bidasoa (6 m), si bien la mayor parte del parque (71%) se sitúa entre los 200 y los 500 metros de altitud. Está formado por terrenos pertenecientes a los municipios de Rentería (aporta el 25,1%), Oiarzun (44,7%), Irún (18,2%), Hernani (9%) y San Sebastián (3%). El parque natural constituye el extremo occidental de los Pirineos, ubicándose entre el río Bidasoa y el río Urumea, con el límite meridional en la Comunidad Foral de Navarra. Este espacio tiene una especial importancia por estar constituido por un macizo paleozoico, en el que afloran los materiales más antiguos de la región. Peña de Aya está constituido por una sucesión de valles en laderas de fuertes pendientes. Pese a que parte del parque está cubierto por plantaciones de coníferas (Pinus sp.), perviven representaciones del bosque natural, como el robledal-hayedo de Añarbe, el robledal/marojal de Endara y el hayedo de Oianleku. Además de estos bosques, entre las unidades de vegetación que mayor valor poseen por su riqueza biológica y por su singularidad, destacan pequeños esfagnales, roquedos silíceos y comunidades ligadas a pequeños arroyos en zonas abrigadas. Por otro lado, la fauna tiene un carácter básicamente eurosiberiano, encontrándose más de 147 especies de vertebrados, entre los que destacan las especies forestales, como el corzo y el jabalí, rupícolas, como el buitre leonado, y acuáticas, como el salmón. El parque natural de Peña de Aya está situado en las estribaciones de los Pirineos. Contra sus montañas chocan las masas de aire procedentes del Golfo de Vizcaya, al que dedicaremos unas letras después de dejar bien descubiertas las Peñas de Aya, siendo las primeras pantallas condensadoras de humedad, por lo que se producen abundantes precipitaciones en los valles situados a barlovento. De esta forma, se puede decir que esta zona registra las lluvias más altas del País Vasco: la precipitación anual supera los 2000 mm en los valles, mientras que en Aiako Harria se superan los 2800 mm, registrándose el máximo pluviométrico en los meses de invierno. Sin embargo, las temperaturas tanto en invierno como en verano son suaves, dulcificadas por la influencia marina. La temperatura media anual ronda los 12 °C, siendo 17 °C la media de las máximas y 8 °C la media de las mínimas. Destaca dentro del parque, como hemos visto extensamente, el complejo minero de Arditurri, que es explotado desde época romana y que está asociado al puerto de Oiasso, aunque se estima que antes de la llegada de estos ya se explotaba el yacimiento. La explotación minera fue muy importante, como así lo atestiguan los restos de las obras de ingeniería existentes. Las minas estuvieron activas hasta el año 1984, por un periodo prácticamente ininterrumpido de 2500 años. Por último, nosotros nos quedaremos en Oiartzun, pueblo enclavado en un paisaje natural de excepción. Su casco histórico alberga numerosos edificios de interés, como por ejemplo la Casa Consistorial, con arcada que sirve de juego de pelota. La fachada ostenta dos grandes y bien labrados escudos de piedra. En realidad, el bidegorri de Oiartzun es un camino exclusivo para peatones y ciclistas. El mejor plan que hay, es caminar tranquilamente o andar en bicicleta, a los pies de las Peñas de Aia. Los parajes son naturales y el aire puro. ¡Lo vas a gozar! La ciencia que lucha por descubrir los enigmas que esconde la Tierra es la geología.. Las rocas, seres inertes, son, sin embargo, capaces de responder a miles de respuestas. En Oiartzun son conscientes de ello y tienen en el museo Luberri uno de sus espacios más interesantes. Flanqueado por un espectacular entorno natural, recorre el último milenio de la historia del País Vasco a través de las piedras. Estas, suponen una excelente fuente de información acerca de la enorme riqueza, geológica y paleontológica, que posee Guipúzcoa. La muestra se compone de dos salas con temática diversa. La primera repasa la historia geológica de Euskadi a través de importantes fósiles y da a conocer el modo de vida de animales y plantas desde los últimos 600 millones de años hasta nuestros días. La adyacente, por su parte y merced a varios paneles, permite analizar la geología presente en el valle y en el parque Aiako Harria. Asimismo, alberga una biblioteca en la que es posible apreciar varias investigaciones, publicaciones varias, material didáctico, audio-visuales y un laboratorio en el que uno puede llevar a cabo distintos experimentos. Y, el segundo Museo, al que nos referimos, es el Centro de la Música Popular-Soinuenea Herri Musikaren Txokoa, que se trata de un centro dedicado a la documentación y estudio de la música popular vasca. Posee un pequeño museo con instrumentos expuestos. Por otra parte, la Vía Verde de Arditurri es una puerta abierta al encuentro con la naturaleza y la historia; un suave paisaje de evasión hacia territorios que cautivan con su riqueza y variedad paisajística. Esta histórica vía de comunicación unía la bahía de Pasaia con las minas del Parque Natural de Aiako Harria. El tren fue construido en 1901 y se mantuvo en funcionamiento hasta 1966, año en el que fue sustituido por camiones. En el insólito recorrido encontraremos numerosos vestigios del patrimonio de la zona: molinos, casas-torre, galerías, bocas de mina, pozos de ventilación, hornos caleros. Por su parte, la Vía Verde del Bidasoa tiene 36’70 km. Discurre a lo largo del río Bidasoa, siguiendo el antiguo trazado del tren de origen minero, que unía Elizondo con Irun. Actualmente llega hasta Bertiz por un bello entorno natural, pasando por túneles y poblaciones varias. La Vía Verde del Bidasoa posibilita un largo y agradable paseo con un desnivel prácticamente imperceptible para la persona que transita por ella. A lo largo del camino nos toparemos con diques de pequeño tamaño, bunkers de la Guerra Civil y curiosas plantaciones de kiwis. También debemos estar atentos a las escalas fluviales que son aprovechadas por los salmones para remontar el río Bidasoa, un espectáculo que merece la pena observar si acudimos a este tramo de vieja línea férrea. Actualmente esta Vía Verde está adscrita al proyecto Eurovelo, un ambicioso proyecto de más de 8.000 kilómetros. Por último, la Vía Verde del Ferrocarril Vasco-Navarro tiene un total de 123’5 km, que la convierte en una de las vías Verdes más largas y atractivas. El 31 de diciembre de 1967 el “trenico”, como se conocía a este ferrocarril, hacía su último viaje. Hoy es posible recorrer este antiguo trazado, reconvertido a vía verde, tanto a pie como en bicicleta, gracias al esfuerzo de recuperación de las diferentes administraciones que han participado en el proyecto. El visitante, podrá disfrutar de un variado paisaje que incluye zonas urbanas e industrializadas hasta zonas más rurales y naturales de gran belleza, con la oportunidad única de sumergirse en la intrahistoria de este peculiar tren, visitando y admirando los vestigios que aún perduran en el trazado del antiguo ferrocarril Anglo Vasco. No dejes de disfrutar de esta experiencia única. Tú eliges el punto de partida. Estella-Lizarra, Bergara, Oñati, o Vitoria-Gasteiz son puntos de inicio para descubrir esta vía verde. Diferentes opciones y diferentes tramos que puedes descubrir como mejor se ajuste a tus posibilidades. Dicho lo cual, sólo nos resta desear unas buenas vacaciones a quienes, en este verano transiten por esta zona, insinuándoles que procuren no olvidarse del encanto de este rincón guipuzcoano. Pero, ya estamos en predisposición de anunciar nuestro próximo oferplán, es decir, nuestra próxima escapada o salida. La palabra oferplán nos la hemos sacado de la chistera, pues por encontrarse nuestros senderos en la provincia de Guipúzcoa, resulta que su andadura es barata y cómoda, de donde resultan nuestros “planes oferta”. ¡Bien! Y, una vez hecha esta precisión, en la próxima ocasión en que nos juntemos vamos a poner rumbo hacia el MONTE HERNIO, importantísima cumbre guipuzcoana que conforma un gran macizo en torno suyo. El macizo de Hernio se encuentra entre los cursos bajos de los ríos Urola, al W, y Oria, al E, y, por tanto a escasa distancia de la costa. Por el N abarcaría el macizo de Andatza (563 m), el monte Pagoeta (714 m) y sus cordales, y las cumbres que dominan el valle de Aizarna. Por el S el mismo cordal principal y sus estribaciones hasta el pico Urraki (821 m), quedarían dentro de sus dominios. Ahora, ya es suficiente. ¡Hasta muy pronto!

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