GIPUZKOA, paso a paso // Una salida a Artikutxa (7)
En Artikutza (Navarra) se ha querido borrar un embalse para resucitar un río. No obstante, un equipo de biólogos estudia en el valle de Artikutza (Navarra) los beneficios y posibles impactos para la biodiversidad de la mayor operación de vaciado de un pantano en España. Pero ¡vayamos poco a poco! En la página web navarra.es se nos dice que ubicada en terrenos de la localidad navarra de Goizueta, la finca de Artikutza presenta un privilegiado paisaje vegetal de predominio de hayas y robles y esconde un pasado minero muy importante. Desde 1919 es propiedad del Ayuntamiento de Donostia/San Sebastián, que la adquirió para abastecer de agua de calidad a la ciudad. La finca permite un recorrido por la historia, a través de sus numerosos monumentos prehistóricos. Se conservan viejos trazados de ferrocarril minero, ferrerías, molinos y edificaciones del antiguo poblado de Artikutza. Estas espléndidas construcciones nos dan una pista del rico pasado industrial de Artikutza. En la Edad Media, cuando la finca era propiedad de los monjes agustinos de Roncesvalles, cientos de personas trabajaban en sus bosques talando árboles, haciendo carbón y extrayendo hierro y cobre de sus minas. Esa madera iba destinada, sobre todo, a las carboneras, que se encendían en el mismo bosque. Y ese carbón vegetal era luego empleado en la metalurgia. Otros troncos, con formas y medidas específicas, se utilizaban para fabricar embarcaciones. Sin embargo, todo eso se acabó con la decadencia de los astilleros de barcos de madera y el declive del carbón vegetal. Para asegurar la calidad de sus aguas y garantizar su suministro a las zonas urbanas, se prohibió el paso del ganado, se limitó el acceso de las personas, se cerraron las minas y el tren, y el bosque autóctono recuperó terreno. Más tarde se construiría el embalse de Enobieta, ubicado en la parte central de la finca, y en los años 70 y debido a las necesidades crecientes de agua, el embalse de Añarbe, fuera de la finca. Todas estas medidas de regeneración han contribuido de manera eficaz a su conservación y han servido para convertir a Artikutza en un paraíso natural en el que se refugian especies como el desmán ibérico (un pequeño mamífero acuático en peligro de extinción que vive cerca de los ríos), el lagarto verde o varias clases de murciélagos. Aunque no existe ganado propio de la finca, también se pueden ver algunas cabezas de ganado vacuno, ovino o caballar de propiedades aledañas. Lo cierto es que Artikutza se puede conocer paseando por sus senderos señalizados y balizados, entre los que destacamos tres: a) Erroiarri, Solana y Umbría; b) Por los límites de Artikutza, y c) La vuelta al Embalse. Sin embargo, aunque hay recorridos bien marcados y seguros, nosotros os proponemos un simple paseo por alguno de sus caminos, desarrollando la prontitud del mismo según el tiempo dilatado que poseyamos. Artikutza es el lugar más lluvioso de la península Ibérica; para hacernos una idea de sus cifras, estas alcanzan la suma de lo llovido en Bilbao y Donosti. Se compone casi en su totalidad de bosque, pero atravesando este frondoso paraje llegamos al poblado de Artikutza, con no menos encanto. Sin embargo, Artikutza no ha sido siempre tan bella como hoy la conocemos. En el siglo XIII, era propiedad de la Colegiata de Santa María de Roncesvalles que explotaba directamente o arrendaba ferrerías, derechos de producción de carbón, extracción de mineral, aprovechamiento forestal y de pastos para el ganado, siendo visibles aún, los mojones con el símbolo de Roncesvalles en los edificios o límites de Artikutza, entonces llamado Anizlarrea. A comienzos del siglo XIX los diferentes gobiernos liberales impulsaron un proceso desamortizador de los bienes de la iglesia y las órdenes religiosas. Desde entonces la finca va cambiando de propietarios quienes explotan los terrenos y se contruye un ferrocarril minero. En el siglo XX, crece la población de San Sebastián, esto, unido a ser residencia veraniega de los Reyes de España, hace que la ciudad necesite un mayor abastecimiento de agua para sus residentes y visitantes. Los manantiales de Artikutza alimentaban las aguas que luego surtían la capital guipuzcoana. En enero de 1919 el ayuntamiento de San Sebastián compra por 3.200.000 pts la finca de Artikutza. La adquisición por parte del ayuntamiento donostiarra, convirtió Artikuza en el Edén boscoso que conocemos actualmente, gracias a que se prohibió el ganado, la pesca y la caza. También se restringió el acceso a la finca. Se hizo una gran reforestación para paliar la degradación de los bosques provocada por la minería y la explotación maderera. La conservación de los bosques servía para mantener el agua en óptimas condiciones de pureza. La presa de Artikutza se construye entre 1950 y 1960, embalsando las aguas del río Enobieta. Todos los 28 de agosto se celebraba la romería anual de Artikutza. Este paraje, admirado por sus espléndidos bosques, esconde otra faceta menos conocida: la de un pasado industrial efervescente, con ferrerías, trenes y traídas de aguas. En el paraje de Labeeta nos colamos en el bosque y pronto nos perdemos entre helechos y zarzas. Es una zona muy mala para caminar, pero se va subiendo y en cualquier rincón se encuentra una plataforma carbonera, un muro de piedra o una bocamina. En esta finca de 3.686 hectáreas, enclavada en Goizueta (Navarra) pero propiedad del Ayuntamiento de Donostia, se extiende un océano de hayedos y robledales, surcado por itinerarios que se asoman a cascadas, arroyos y embalses, un paraíso en el que se refugian corzos, gatos monteses y vacas betizus. Pero hace cien años era todo lo contrario, las laderas de Artikutza estaban peladas por una deforestación brutal (después de tantos siglos de explotación maderera para alimentar a las ferrerías y los astilleros). El primer tramo del ferrocarril se abrió en la vertiente guipuzcoana de Bianditz, en 1898, desde las minas de hierro de Zorrola (en el barrio oiartzuarra de Karrika) hasta la estación de Errenteria, donde enlazaba con el Ferrocarril del Norte. Por aquellas fechas, a Karrika llegaban volando cestos de carbón vegetal y de hierro de las minas de Elama: desde el lado navarro de la montaña, la Compañía Forestal de Artikutza sacaba su producción por medio de un sistema de cables aéreos. Los cables desaparecieron cuando se amplió la línea de tren hasta Artikutza, con una obra que obligó a trazar tres planos inclinados para salvar los desniveles. Con esos planos inclinados (dos en la vertiente guipuzcoana y uno en la navarra) se cosió una línea de 30 kilómetros entre Elama y Errenteria: el tren minero-forestal más largo de España. Pero el sistema era tan espectacular como lento y engorroso. El tren de Artikutza se canceló en 1917. El tramo entre Karrika y Errenteria aún funcionó hasta los años 50. Este paraje ofrece el placer de caminar por las entrañas de un bosque espeso, regado por las lluvias más abundantes de la Península Ibérica, con desvíos a balcones naturales como el que se asoma al barranco de Erroiarri -una de las mejores panorámicas de Artikutza-. En el minúsculo poblado de Artikutza, además de varios caseríos, la vieja taberna, el merendero y el frontón, se levantan el palacio de Olajaundi (la antigua casa del dueño de la ferrería) y la ermita de San Agustín. Estos dos edificios dan buenas pistas sobre la historia del lugar. Entre los siglos XIII y XIX, el territorio de Artikutza perteneció a los monjes agustinos de Roncesvalles (por eso se celebra la romería anual el 28 de agosto, San Agustín, patrono de la ermita). Artikutza suponía una fuente de ingresos muy jugosa para los monjes, que cobraban rentas por la explotación de prados y bosques a los pastores, los ganaderos, los carboneros, los caleros y los ferrones. La abundancia de madera, hierro y agua impulsó la actividad de un buen número de ferrerías, que ya funcionaban al menos desde el siglo XIV. Al salir del poblado por la pista que va hacia Goizueta, vamos descubriendo pruebas de que Artikutza fue durante siglos un núcleo industrial considerable. A finales del XIX la capital guipuzcoana empezó a captar agua del río Añarbe. Pero en la primavera de 1902 brotó una epidemia de tifus, de manera que el Ayuntamiento decidió beber de los nacederos de los arroyos, para evitar contaminaciones humanas o ganaderas. Así se tendió una kilométrica red de tuberías cerradas, desde los mismísimos manantiales hasta las fuentes de la capital. El Ayuntamiento compró un caudal de 203 litros por segundo del río Elama (la finca de Artikutza ya estaba en manos privadas) pero a los pocos años se comprobó que tampoco bastaba. En 1919 adquirió la finca entera por 3.300.000 pesetas. Después vinieron el pantano de Enobieta, en los años 50, y el de Añarbe, ya fuera de la finca, en 1975. El empeño donostiarra por cuidar la finca de Artikutza trajo una notable regeneración. Así se ha convertido Artikutza en un paraíso natural, el que ahora podemos saborear y contemplar. Pero no deberían olvidarse los restos de aquella larga historia industrial, sobre todo cuando el paso de los años los ha convertido en monumentos. Y de aquí para arriba, tenemos la Artikutza profunda. ¡Qué ya es decir! Acerca de Artikutza poco más podemos añadir. Pero, como dice el refrán, “A rey muerto, rey puesto”. Así, pues, al pantano de Artikutza sucedió el embalse de Añarbe, que si nos guiamos por la Gran Enciclopedia de Navarra, podremos afirmar que el embalse de Añarbe fue creado en el río Añarbe mediante la construcción de una presa de tipo de gravedad, situada en el término municipal de Arano, para el abastecimiento de agua a San Sebastián y su Comarca. Las obras fueron realizadas por OCISA sobre un proyecto de José Zuazola, finalizándose las mismas en el año 1978. En este caso es propiedad del Estado. El volumen del embalse es de 44 hectómetros cúbicos y la superficie afectada por el mismo alcanza 201 Ha. La presa tiene una altura de 79 metros y la longitud de su coronación es de 304 metros. El aliviadero es de compuertas y su capacidad es de 520 m3/sg. La central hidroeléctrica que aprovecha sus aguas, propiedad de Papelera Española, está situada en Goizueta. Tiene una potencia instalada de 1.200 kw y una producción anual media de 4.500.000 kwh. Por lo tanto, los datos generales del embalse de Añarbe son los siguientes: • Río: Añarbe • Titular del embalse: Comunidad de Usuarios • Entidad gestora: Confederación Hidrográfica del Cantábrico • Destino del embalse: ABASTECIMIENTO • Superficie del embalse (ha): 201 ha. • Volumen útil (hm3): 0 hm3 • Volumen total (hm3): 50 hm3 • Máximo nivel de avenida (m): 0 m • Máximo nivel normal del embalse: 160 m. ¡Bien! Y una vez dicho todo esto, damos por concluida nuestra visita al Pantano de Artikutza. Deseamos que este oferplán haya sido del gusto de todos, y que la mayoría se haya desplazado a los lugares descritos en el mismo. Los datos que se ofrecen sobre el embalse del Añarbe son un cúmulo de datos, sin sentido alguno. Se trata sólo de demostrar una máxima de la vida, ya expresada anteriormente: “A rey muerto, rey puesto”, lo cual se verifica, entre otros casos, también en el nuestro. Tras lo cual, anunciando el oferplán del día siguiente, comentaremos que nos vamos a adentrar en el PARQUE NATURAL DE PAGOETA, lo cual constituirá un día pleno y rebosante de sensaciones. Como avanzadilla, diremos que el Parque Natural de Pagoeta cuenta con 1.335 hectáreas, siendo declarado como espacio protegido en 1998 por dos motivos principalmente: la conservación de sus valores naturales, y el desarrollo en el mismo de actividades ligadas al ocio, al disfrute y al uso público, para una amplia población proveniente de las comarcas circundantes. Dicho lo cual, ponemos el ¡broche y final!

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