lunes, 6 de noviembre de 2023

"Con faldas y ¡a lo loco!", obrita del Teatro del absurdo.

Nos encontramos en la costa de la Península, en su NE, reinando el invierno y sus características típicas. Este sitio posee un clima oceánico húmedo con precipitaciones anuales de más de 2.500 mm. Enero suele ser el mes con la temperatura media más baja, mientras que agosto es el mes con el promedio más alto. Las temperaturas de las aguas del Mediterráneo son más altas que las del Cantábrico. Aquí la media ronda los 14º C. En suma, por lo tanto, el clima atlántico se extiende por todo el norte y noroeste de la Península, desde los Pirineos hasta Galicia. Se caracteriza, como hemos dicho, por la abundancia de lluvias, que, desde luego, superan los 1.000 mm., repartidos de manera regular a lo largo del año. Por esa razón, el paisaje es muy verde. Las temperaturas suelen ser suaves debido a la cercanía del mar: en invierno oscilan entre los 12º C y los 15º C, mientras que en verano rondan los 20 a 25º C. San Sebastián, nuestra localidad elegida, es una de las ciudades representativas. De todas formas, y precisamente por ser principalmente ciudades costeras, la humedad suele intensificar las temperaturas mínimas y máximas, debido también a la poca diferencia entre temperatura diurna y nocturna. Luego, el Atlántico juega el principal papel porque es el responsable de la entrada de viento del oeste. En las costas se dan fenómenos como las brisas, la humedad y la amplitud térmica reducida. Este clima ocupa aproximadamente el 16% del territorio español, siendo el tercer clima más común en España. El clima atlántico se da especialmente en la mayor parte de la franja costera del norte (Norte de Galicia, Asturias, Cantabria y País Vasco). En las zonas costeras, las temperaturas en invierno están suavizadas por el mar (entre 8 y 10º C) y en verano las temperaturas son suaves (entre 18 y 22ºC de media), habiendo una amplitud térmica muy reducida. También el clima oceánico se da en las zonas montañosas de baja altitud, generalmente del norte peninsular. Los centros de acción, que se refieren a los centros de alta y baja presión, son los que originan las precipitaciones, la humedad y los vientos. Los anticiclones polares atlánticos, que son una prolongación del anticiclón de las Azores en su parte septentrional, ejercen su influencia en invierno, arrastrando aire polar marítimo y provocando situaciones del Norte. Además, el anticiclón Siberiano, que se forma en Siberia a partir de masas de aire frío polar continental, proporcionará nevadas en las costas si se asocia a una borrasca Mediterránea en invierno. La borrasca más importante es la de Islandia, que se localiza entre el anticiclón de las Azores y el anticiclón Polar Atlántico. Esta borrasca lanza masas de aire frío polar, que al llegar al mar se carga de humedad, y provoca una fuerte inestabilidad. Al contrario que otros climas, el clima urbano es un clima creado: "la isla de calor", a partir de la intervención humana a consecuencia a su actividad en las grandes ciudades: contaminación atmosférica, grandes rascacielos, etc. Este clima está considerado como un microclima por el tamaño de la superficie afectada, no así por sus repercusiones, que en muchos casos atañen a la mayoría de los habitantes de una región concentrados en uno o varios municipios. El cada día climático lo disfrutamos o lo padecemos la mayoría de nosotros en un entorno urbano, como por ejemplo la conurbación de Bilbao. Decíamos que desde sus orígenes la ciudad siempre ha tenido unas condiciones físicas de vida distintas, un clima diferenciado del entorno rural. Pero es a partir de la industrialización cuando los contrastes se han agudizado hasta el punto de ser perfectamente mensurables en los siguientes aspectos: niebla, humedad, vientos, precipitaciones y temperaturas. Pues, ¡bien!, como se ha dicho, nos encontramos en San Sebastián, en un día del mes de enero, generalmente lluvioso y con una temperatura de 7º C. Luego, el clima es desapacible y borrascoso. Apetece más quedarse en casa, que salir a la calle. Sin embargo, y según parece, dichas circunstancias meteorológicas no parecen determinar el ánimo de Elena, nuestra protagonista en el caso que vamos a desarrollar. Diremos algo de Elena, quien presenta una edad de 18 años, muy jovencita, por lo que es soltera y no tiene pareja. Vive sola, ocupando una VPO del barrio de Larratxo. No ejerce como estudiante, pues su enfermedad, muy limitante, se lo ha impedido. Pero ¡no adelantemos acontecimientos! Elena trabaja en el BM que se localiza en este barrio, ganando el salario mínimo interprofesional. Este personaje no tiene mayores inquietudes, por lo que acepta un tanto irónicamente esta situación. Su sueño dorado, como en toda chica de su edad, es encontrar un príncipe encantado, que colmaría su vida de alegría y dichas. ¡Bueno! En un día ya descrito, Elena se baja del autobús en la Alameda del Boulevard. Camina un tanto deprisa y corriendo, pues tiene una cita a las diez y media de la mañana con su psiquiatra, el Dr. Echeverría, en el Centro de Salud Mental de Amara. Deja tras de sí la plaza del Topo, y enfila finalmente la calle de José María Salaverría. Ya en el centro de Salud Mental, se acomoda en un asiento del vestíbulo, de la sala de entrada. Este Centro se encuentra instalado en la planta baja del que fuera ambulatorio de Amara, por lo que su aspecto arrastra una imagen de instalación provisional. Cada uno de sus médicos, incluyendo también a las enfermeras, ocupa un despacho, que hace las veces de consulta. Cada especialista tiene adjudicados un número limitado de asentamientos, que corren a lo largo de los pasillos que se entretejen en dicha planta baja. Hasta el siglo XVIII, los taburetes dotados de respaldo son altos y rectos, arrimaderos a la pared, para acentuar la dignidad de la postura del usuario. A partir de este momento el confort va predominando sobre la etiqueta, y el banco cambia su formato: los respaldos se hacen más bajos y se incurvan e hinchan, al igual que el asiento propiamente dicho, tendiendo asimismo a separarse de la pared. Los pasillos son corredores largos y estrechos a través de los cuales se accede a las consultas médicas o de enfermería. ¡Bien! Se abre una puerta y sale el presunto médico, que no viste bata blanca como sus presuntos colegas. Se oye, rasgando el silencio de la sala: - Elena Rotaechea, Elena… A lo que responde nuestro actor principal: - Hola Doctor. Entra en una sala mediana, en la que se encuentran, si se precisa, una mesa y una silla, muebles lacados en blanco. La ventana, protegida por una alambrada romboidal muy rústica, ocupa todo el largo de una pared, dispuesta en la parte superior del muro. El espacio está decorado al gotelé, en color blanco, ya que este color, según algunos, tranquiliza y sosiega. El gotelé es una técnica de decoración de paredes, que consiste en esparcir sobre la pared una pintura más espesa de lo normal (llamada pintura al temple) para que se formen multitud de grumos o gotitas. El gotelé se puede aplicar mediante pistolas de proyección por aire comprimido, tirolesas o rodillos especiales. En el centro de la consulta, se encuentran dos sillas, dispuestas en modo confidencial. En ellas se sientan Elena Rotaechea y el Dr. Echeverría, iniciándose a continuación un diálogo, que discurre de la forma siguiente: Toma la palabra en primer lugar el psiquiatra de Elena: - Qué tal estás. Ya desde la última vez que coincidimos, ha pasado mucho tiempo. Elena, súbitamente, le contesta: - Pues, mire doctor, la medicación no me está sentando muy bien. Me siento hinchada, como si estuviera tomando corticoides. En muchas ocasiones, el pensamiento se me va por cualquier otro lugar. Durante todo el día persiste una ligera tontera, que te impide concentrarte y hacer bien las cosas. No son los únicos síntomas que noto. Siento que la medicación me está engordando sobremanera… El Dr. Echeverría, completamente seguro de lo que dice, le contesta: - Para el trastorno bipolar no puedo darte otra cosa. La Risperidona como psicotrópico o como antipsicótico; Zyprexa, por haber respondido positivamente a la olanzapina; Seropram como antidepresivo y para la prevención de recaídas y recurrencias; y, por último, el Haloperidol, por estar usando un antipsicótico. Sin olvidar el Orfidal, para el tratamiento del insomnio, y, muy importante, la terapia, que yo te administro y que es un tratamiento de una enfermedad o de cualquier otra disfunción. Se aclara que el TRASTORNO BIPOLAR es un trastorno del estado de ánimo, es una enfermedad crónica y recurrente, que se manifiesta principalmente por episodios alternantes de sintomatología depresiva (episodios depresivos) y periodos de exaltación e incremento de la vitalidad (episodios maníacos o hipomaníacos). La RISPERIDONA es un compuesto químico antipsicótico de segunda generación creado en Janssen Pharmaceutica. El medicamento está aprobado en Estados Unidos por la Food and Drug Administration (FDA) y anexado a Lista de medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud como antipsicótico atípico Es vendida bajo la marca Risperdal y disponible como medicamento genérico. Se utiliza para tratar la Esquizofrenia, el Trastorno bipolar, la irritabilidad asociada con el Autismo, y la agresividad cualquiera sea su causa. La TERAPIA OCUPACIONAL es un tratamiento empleado en diversas enfermedades somáticas y psíquicas, que tiene como finalidad rehabilitar al paciente haciéndole realizar las acciones y movimientos de la vida diaria. El HALOPERIDOL es un fármaco antipsicótico típico con acción farmacológica de tipo neuroléptico que forma parte de las butirofenonas. Se trata de uno de los primeros medicamentos que se usaron en el siglo XX para el tratamiento de la esquizofrenia y de otras enfermedades mentales. SEROPRAM está indicado en el tratamiento de: Depresión y prevención de recaídas y recurrencias. Trastorno de angustia con o sin agorafobia. Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). La OLANZAPINA es un antipsicótico atípico, aprobado por la FDA para el tratamiento de la esquizofrenia; episodios depresivos asociados con el trastorno bipolar como parte de la formulación de Symbyax el 24 de diciembre de 2003; episodios agudos de manía y tratamiento de mantenimiento del trastorno bipolar el 14 de enero de 2004. Las formulaciones de la olanzapina fueron fabricadas y distribuidas por la compañía farmacéutica Eli Lilly and Company, cuya patente expiró el 2011, y a partir de esa fecha se comercializa como fármaco genérico mundialmente. Se comercializa con los nombres comerciales Midax, Zyprexa Zydis, Zalasta, Zolafren, Olzapin, Rexapin y Symbyax, en combinación con fluoxetina. El CITALOPRAM actúa como antidepresivo al potenciar la actividad serotoninérgica en el SNC teniendo efectos mínimos sobre la recaptación neuronal de norepinefrina (NE) y dopamina (DA). Ha demostrado una mayor selectividad para la inhibición de la recaptación de serotonina a comparación de otros antidepresivos como fluoxetina, paroxetina y tricíclicos. Los CORTICOSTEROIDES o CORTICOIDES son una variedad de hormonas del grupo de los esteroides producida por la capa fascicular de la corteza de las glándulas suprarrenales y sus derivados. Los efectos de los corticosteroides pueden dividirse en glucocorticoide y . mineralocorticoide. Los corticosteroides están implicados en una variedad de mecanismos fisiológicos, incluyendo aquellos que regulan la inflamación, el sistema inmunitario, el metabolismo de hidratos de carbono, el catabolismo de proteínas, los niveles electrolíticos en plasma y, por último, los que caracterizan la respuesta frente al estrés. Estas sustancias pueden sintetizarse artificialmente y tienen aplicaciones terapéuticas, utilizándose principalmente debido a sus propiedades antiinflamatorias e inmunosupresoras y a sus efectos sobre el metabolismo Elena, por su parte, deja volar su pensamiento: - No, no estoy conforme. En Madrid, en el Hospital clínico San Pablo se me dijo, también rotundamente, que yo tenía por mal una Depresión Recurrente, que, según me explicaron aquellos facultativos, esta depresión se llama ‘recurrente’ por haberse repetido en más de una ocasión. De mientras, el Dr. Echeverría continúa con su plática: - Desde luego, no me olvido de que estos medicamentos pueden considerarse una droga sintética. Pero, cuando no queda más remedio, se administran a los distintos y diferentes pacientes. Elena reniega un poco, pero asiente con la cabeza: - Bueno, bueno. “Más vale el remedio que la enfermedad”. Paralelamente, el Dr. Echeverría se cura la enfermedad: - Las Benzodiacepinas, por ejemplo, son medicamentos psicotrópicos (actúan sobre el sistema nervioso central) con efectos sedantes, hipnóticos, ansiolíticos, antiepilépticos, amnésicos y miorrelajantes. Se usan en medicina para tratar el trastorno de ansiedad, el insomnio y otros trastornos del estado de ánimo, así como las epilepsias, los síndromes de abstinencia alcohólica y los espasmos musculares. También se usan en ciertos procedimientos invasivos como la endoscopia o en odontología cuando el paciente presenta ansiedad o para inducir sedación y anestesia. Los individuos que abusan de drogas estimulantes con frecuencia se administran benzodiacepinas para "calmar" su estado anímico. A menudo se usan para tratar los estados de pánico causados por las intoxicaciones por alucinógenos. E insiste machaconamente: - Tu trastorno bipolar no deja mucho espacio para la creatividad. 2 + 2 = 4, por lo que no se puede hacer un milagro. Elena, aunque tiene en la punta de la lengua una contestación supina, añade: - Si Usted, que es el especialista, lo ve tan claro, yo no voy a llevarle la contraria. Acto seguido, el médico y Elena se despiden: - Elena, con voz muy baja, replica-: Bueno Doctor, ha sido un gusto. - El médico, por su parte, añade-: Cuídate mucho, Elena. Hasta pronto. La DEPRESIÓN (del latín depressio, que significa ‘opresión’, ‘encogimiento’ o ‘abatimiento’) es el diagnóstico psiquiátrico y psicológico que describe un trastorno del estado de ánimo, transitorio o permanente, caracterizado por sentimientos de abatimiento, infelicidad y culpabilidad, además de provocar una incapacidad total o parcial para disfrutar de las cosas y de los acontecimientos de la vida cotidiana (la anhedonia). Los trastornos depresivos pueden estar, en mayor o menor grado, acompañados de ansiedad. El término DROGA también se utiliza en el ámbito de la farmacología, como sinónimo de «principio activo» o fármaco, tal como refleja la definición de la OMS. Sin embargo, otros autores señalan que «droga» es el término adecuado para referirse a una sustancia usada sin fines terapéuticos, autoadministrada y con potencial de abuso o dependencia o que produce placer. Las sustancias estimulantes, como la cocaína son las sustancias habitualmente relacionadas con el término «droga» por el público general. Sin embargo, el término incluye distintas sustancias tanto legales como ilegales, cuyos efectos y daño varían ampliamente. El alcohol, legal en la mayoría de países del mundo, como en México, Canadá o Brasil, es una sustancia de consumo habitual contenida en numerosas bebidas, como el vino o la cerveza, la tercera bebida más popular del mundo después del agua y el té. La industria mundial de bebidas alcohólicas estaba valorada en 2013 en un billón de dólares. Otra droga psicoactiva es la cafeína del café, bebida consumida diariamente por el 90% de los adultos de Estados Unidos. La nicotina contenida en el tabaco, es también una de las drogas más consumidas y tiene un estatus legal. La gran mayoría de sustancias hoy conocidas por su uso recreativo se dieron a conocer en primer lugar en el ámbito clínico (médico), como el opio y la marihuana. También fue el caso del LSD, la MDMA o la cocaína. La categorización de algunas sustancias como medicamento o como "droga" ha ido variando en diferentes periodos de la historia según diversos factores sociales, culturales y científicos. Las drogas más consumidas del mundo son el alcohol, la nicotina y la cafeína, legales en la gran mayoría de países, además de otras sustancias generalmente ilegales como derivados de los opiáceos y las anfetaminas. La consideración del azúcar como «droga adictiva» está sujeta a debate científico, en el contexto de los trastornos de la conducta alimentaria. Las drogas pueden causar efectos negativos, en mayor o menor intensidad, adicción y efectos secundarios. Muchas drogas son ilegales, y su uso está prohibido incluso para ensayos clínicos u otras aplicaciones médicas; existen tratados internacionales, como la Convención Única sobre Estupefacientes, que prohíben ciertas sustancias de forma global. Desde su ilegalización a mediados del siglo XX, ciertos países, destacando los Estados Unidos, y más recientemente México y Filipinas, iniciaron la llamada «guerra contra las drogas» destinada a combatir el narcotráfico y la delincuencia organizada surgida de la prohibición de estupefacientes. El criterio para prohibir las drogas no está correlacionado con su potencial de daño y algunos científicos lo consideran arbitrario. La ANSIEDAD es un estado o condición emocional que define la conducta de un individuo en un momento determinado o de forma continua, y que se refleja habitualmente en la evitación de objetos, estímulos o circunstancias de algún modo temidas. Esta condición emocional se encuentra íntimamente relacionada con la emoción básica de miedo, una emoción que el lactante demuestra por primera vez en el curso de su primer año de vida ante la presencia de un extraño, y que se agudiza si tiene lugar además la separación afectiva momentánea de cualquiera de sus padres o cuidadores. La condición o estado emocional de ansiedad se focaliza en diversos temores condicionados que presentan los individuos ante las situaciones o estímulos que les resultan muy novedosos, ante los estímulos punitivos que conllevan un cierto grado de amenaza o castigo en relación con sus circunstancias o expectativas y ante la pérdida u omisión de un bien o refuerzo positivo que ya poseían o de una gratificación o recompensa que merecían o esperaban haber recibido. Así, por ejemplo, son una fuente de ansiedad la experiencia de viajar por vez primera en avión, la obligación de hablar ante un público desconocido o poco familiar sobre un problema de actualidad por motivos académicos o profesionales, la incorporación a un puesto de trabajo, el descenso de categoría laboral o no haber obtenido una mejora de salario merecida o convenida, y más aún, la situación de encontrarse en desempleo. La consecuencia más extrema de un estado emocional de ansiedad es la inhibición conductual de quien la padece ante alguna de las circunstancias o estímulos antes indicados u otros semejantes. Este es el caso del miedo y reticencia a volar en avión que muestra buena parte de la población, la dificultad de articular palabra que presenta a menudo un estudiante que defiende un tema ante sus compañeros de clase o profesores, la falta de motivación laboral y la indefensión y depresión reactiva de numerosas personas ante la falta de perspectivas profesionales que le ofrece su actual puesto de trabajo o ante la búsqueda de empleo. Elena sale del Centro de Salud Mental muy confusa, ya que no sabe con qué quedarse, Madrid-San Sebastián, San Sebastián-Madrid. Toma la calle Urbieta y sigue hasta la Alameda del Boulevard. Aquí coge el autobús nº 13, que le deja en Larratxo, a 50 metros de su portal. En dicho edificio, coge el ascensor, y le da al botón 3. Ya hemos dicho que dicha vivienda es una VPO, que consta de dos habitaciones, un WC y una cocina. Las dos habitaciones son completamente diferentes. Una, es un dormitorio de matrimonio; la otra, tiene una cama de 0’90 m., que sirve para alojar a los invitados. El dormitorio de matrimonio tiene una cama mucho más grande, de 1’40 m. Los armarios son empotrados, de color madera, concretamente de color pino. Está adosada a uno de los lados de la habitación. En el lado opuesto hay una consola, también de color pino, que es una mesa sin cajones, adosada a la pared para sostener relojes, candelabros, adornos, etc. Se difundió durante el Rococó (estilo Luis XV). Dicha consola tiene en uno de los lados un sofá compacto, de dos plazas y en tela, que es la elección perfecta para una habitación más pequeña. Un sofá biplaza te acercará a tu compañía favorita frente a esa emocionante serie de televisión. El edredón de la cama y la tela del sofá son iguales, estampados de rosas. Las paredes de dicha habitación han sido pintadas en blanco. Por otra parte, Elena ha dejado Salud Mental muy nerviosa y confusa. Ya en su casa, no le apetece hacer nada, ni la comida, por lo que se tumba encima de la cama, quedándose dormida. Al cabo de varias horas, se despierta y mira el reloj; son las cuatro y media de la tarde. Quiere desahogarse y coge muy inquieta el teléfono, marcando el número de su amiga más íntima, Ana Zaragüeta, entablándose de nuevo el siguiente diálogo. Ana Zaragüeta le dice a Elena: - Qué misterio te invade hoy. Respondiendo Elena: - Hoy, he tenido Salud Mental, por lo que estoy un poco alterada. Ana, conteniendo su genio, replica: - ¿Todo ha ido bien? Y, tras un largo silencio, se pone a hablar como las cotorras: - El Dr. Echeverría insiste una vez y otra, en que sufro un trastorno bipolar. El trastorno bipolar es una afección del estado de ánimo, que puede provocar cambios de ánimo intensos. Yo no siento nada de esto, por lo que me quedo con el diagnóstico de depresión ‘recurrente’, que me dieron en Madrid. Además, algunas personas con trastorno bipolar pueden tener síntomas más leves. Por ejemplo, puede tener hipomanía en lugar de manía. En la hipomanía, puede sentirse muy bien y descubrir que puede hacer mucho. Puede que no sienta que algo anda mal. Pero su familia y amigos pueden notar sus cambios de ánimo y en sus niveles de actividad. Es posible que se den cuenta de que su comportamiento es inusual para usted. Después de la hipomanía, es posible que tenga una depresión grave. Los episodios de estado de ánimo pueden durar una semana o dos o en ocasiones más. En general, los síntomas de un episodio se presentan todos los días durante la mayor parte del día. Ana, su amiga, le apostilla: - ¿No puedes hacerte ver por otro profesional de la Salud Mental? Elena le contesta: - No, creo que no. Todo figura en mi historial clínico, que es la reseña circunstanciada de los antecedentes de alguien. Yo sufro una depresión, que es un síndrome caracterizado por una tristeza profunda e inmotivada y por la inhibición o disminución de todas las funciones psíquicas. La DEPRESIÓN: El término "depresión" hace alusión a tres conceptos relacionados pero diferentes. Por un lado, se refiere a un síntoma anímico -la tristeza o el estado de ánimo deprimido- y como tal está presente en la mayor parte de los trastornos psicológicos y en muchas enfermedades médicas. De hecho, el estar "triste", "abatido", "alicaído", "depre" o de "capa caída" es uno de los sentimientos de malestar psicológico más frecuentes en los seres humanos y, seguramente, en sus formas menos graves, tiene funciones evolutivas adaptativas como, por ejemplo, recabar atención y cuidado de los demás, constituir un modo de comunicación de situaciones de pérdida o separación, o ser un modo de conservar "energía" para poder hacer frente a posteriores procesos de adaptación. Sin embargo, estos estados de ánimo bajo tan frecuentes en las personas normales deben diferenciarse de la tristeza o del estado de ánimo deprimido entendidos como síntoma. Aquí, tales sentimientos, bien por su duración, por su frecuencia o por su intensidad interfieren extraordinariamente en la capacidad de adaptación de la persona que los sufre. Por otro lado, la depresión también hace referencia a un síndrome, es decir, a un conjunto de síntomas relacionados que aparecen y desaparecen conjuntamente y que suele estar formado por los síntomas de tristeza, pérdida de interés, fatiga, sentimientos de inutilidad y culpabilidad, enlentecimiento psicomotor, insomnio, ideas de suicidio, falta de apetito, pérdida de peso, y dificultad para concentrarse. El síndrome depresivo también puede estar presente en muchos trastornos mentales (como la agorafobia, los trastornos obsesivos-compulsivos, o los trastornos sexuales) y en muchas enfermedades médicas (por ejemplo el cáncer o la demencia). Finalmente y en un sentido más restrictivo, el término "depresión" alude a un trastorno, es decir a un síndrome depresivo que cumple ciertos criterios de duración, gravedad, curso e incapacidad. Así, los síntomas aparecen la mayor parte del día -casi cada día- durante un período mínimo de dos semanas, el síndrome incluye al menos cinco síntomas, que provocan un malestar clínicamente significativo y representan también un cambio respecto a la actividad previa, además de provocar deterioro social, escolar, o laboral del paciente. Asimismo, se trata de un trastorno que no es explicable por otras causas posibles, no se considera, por ejemplo, el efecto fisiológico directo de una enfermedad médica o de la ingestión de medicamentos o drogas, ni se explica mejor por la muerte reciente de un ser querido o por la presencia de una esquizofrenia. En definitiva, la mayoría de la gente ha estado alguna vez triste en su vida y muchas personas han experimentado alguna vez un síntoma de depresión, pero, tal y como se definen clínicamente, el síndrome depresivo o el trastorno depresivo es mucho menos frecuente. No obstante, la depresión es el trastorno psicológico más común después del abuso de sustancias y los trastornos de ansiedad, y también uno de los más graves. Ana le recordará algo importante: - Otro tipo de depresión no tan frecuente como los dos anteriores, la depresión mayor y el trastorno distímico, es el trastorno bipolar, llamado también trastorno maníaco-depresivo. Este trastorno se caracteriza por cambios cíclicos en el estado de ánimo en los que se alternan episodios de depresión y episodios de manía. La manía se define por la presencia durante al menos una semana de un estado de ánimo anormalmente eufórico, expansivo o irritable que se acompaña de al menos otros tres síntomas de los siete siguientes: aumento de la autoestima o grandiosidad, disminución de la necesidad de dormir, verborrea, fuga de ideas, distraibilidad, aumento de las actividades intencionadas o agitación psicomotora e implicación excesiva en actividades placenteras con un alto potencial para producir consecuencias graves. Los cambios de un episodio depresivo a uno maníaco, o viceversa, pueden ser dramáticos y rápidos, pero más a menudo son graduales. Cuando una persona está en la fase depresiva del ciclo, puede padecer uno, varios o todos los síntomas del trastorno depresivo mayor. Cuando está en la fase maníaca, la persona experimenta una sensación de euforia, bienestar, omnipotencia y gran energía; muestra ideas grandiosas sobre sí mismo, se siente llena de planes y proyectos, apenas duerme, se vuelve más productiva de lo normal y más apasionada y, en general, se siente más acelerada tanto en su actividad física como mental. Pero estos días felices duran poco. En la manía, la rapidez de pensamiento pronto se convierte en pensamiento atropellado; se cambia de un tema a otro, la atención se desvía demasiado fácilmente hacia estímulos externos banales o irrelevantes, el razonamiento se deteriora y el lenguaje puede volverse desorganizado e incoherente; la persona puede hablar sin parar, algunas veces durante horas y sin importarle los deseos de comunicarse de los demás; hay un aumento excesivo en el nivel de actividad tanto laboral (por ejemplo, la persona puede asumir varias empresas nuevas al mismo tiempo, sin tener en cuenta los posibles riesgos o la necesidad de acabar bien cada una de ellas) como social (por ejemplo, reencontrando a viejos conocidos o llamando a los amigos o incluso a desconocidos a cualquier hora del día o de la noche, sin tener en cuenta la naturaleza entrometida, dominante y demandante de estas interacciones); se formulan planes grandiosos, se toman decisiones descabelladas y la persona se involucra de manera imprudente y frenética en actividades placenteras como compras desmesuradas, conducción temeraria, inversiones económicas poco razonables y comportamientos sexuales inusuales, que pueden llevar a que la persona se meta en graves problemas y situaciones embarazosas. Cuando la persona con manía se enfrente a la resistencia y objeciones de los demás se vuelve irritable, hostil y, a veces, agresiva, aunque raramente la agresividad desemboca en una agresión abierta. Las consecuencias de estos comportamientos que aparecen en la fase maníaca pueden ser terribles: pérdidas económicas, actividades ilegales, pérdida de empleo, agresiones físicas, y separaciones y pérdidas amorosas. Elena se agazapa en sus razonamientos: - Me están dando un montón de medicación, que ni me va ni me viene. Un montón de drogas, que, entre otras cosas, te hacen ser un adicto. Yo no necesito terapias. Yo necesito mindfulness. En general, el concepto que se utiliza en el contexto científico no es tanto el de meditación como el de “Mindfulness”, término inglés que se suele traducir como “atención plena” o “consciencia plena”. Aunque no hay un total acuerdo sobre qué entender por Mindfulness, una definición adecuada podría ser: La atención plena es la habilidad natural que todos tenemos para atender con plenitud a todo aquello que aparece en nuestra experiencia (sensaciones, emociones, pensamientos, situaciones, cosas, personas…) sin juzgar, ni rechazar, con paciencia, apertura y amor. Se trata de atender a todo lo que vaya apareciendo en la mente, de cambiar la dirección de nuestra consciencia, generalmente dirigida al exterior, para focalizarla en nuestro interior, del dejarse llevar por los contenidos mentales en los que estamos absortos al simplemente observarlos. Nos hacemos espectadores, testigos de nuestra propia mente, de sus fenómenos, tratamos de mirarlos como si se proyectaran en una pantalla o fueran nubes en el cielo. Mantenemos la intención o voluntad de autoobservación, no seguimos los pensamientos que vayan apareciendo en la mente, ni tampoco los juzgamos ni valoramos, simplemente los aceptamos. No reaccionamos de modo automático a lo que se ofrece en nuestra experiencia, ni nos sobreidentificamos con los contenidos de nuestra mente. Buscamos ser conscientes de lo que hacemos, sentimos y pensamos. Intentamos ser testigos de lo que se ofrece en nuestra experiencia, las cosas, nuestro cuerpo, las sensaciones y los estados y procesos mentales, viviendo de modo pleno, generoso y conciliador nuestro presente, el aquí y ahora que momento a momento constituye nuestra vida. Entonces, Ana Zaragüeta, intentando remediar la situación que le ha expresado su amiga, propone algo: - Yo volvería al Centro de Salud Mental. Ahora, te vas a encontrar el turno de la tarde. Seguro que alguien podrá echarte una mano. La COCAÍNA es un alcaloide de origen vegetal extraído de la planta conocida como Erythoxylon coca. Las hojas de esta planta, originaria de América del Sur, fueron utilizadas con profusión por las culturas más antiguas del continente. En las tierras altas de los Andes era especialmente apreciada ya que sus efectos sobre el cuerpo y la mente evitaban el mal de altura, anulaban la fatiga y eliminaban el hambre, y además daban un vigor aparente al consumidor. Fue utilizada tanto en ritos religiosos y mágicos como para el consumo cotidiano, que aún se mantiene en países como Bolivia. El alcaloide ya aislado se suele consumir por absorción a través de la nariz, es decir, esnifado. Los consumos de hoja de coca y de cocaína son totalmente distintos. En el caso de masticar la coca los efectos nocivos no son muy altos, aunque provocan un efecto de falta de atención y de concentración. La nueva droga, al igual que la morfina y heroína tuvo su primer uso en la medicina donde fue bien recibida su capacidad anestésica. Se comprobó que aplicada sobre las mucosas, éstas quedaban insensibilizadas, por lo que fue utilizada en oftalmología y odontología como anestésico. Además se pensó en su uso para sustituir a la morfina en caso de dependencia en los tratamientos médicos, ya que era considerada totalmente inocua. Incluso Sigmund Freud la empleó en el tratamiento de depresiones, gracias a sus efectos estimulantes del sistema nervioso. El nuevo milagro duró poco, porque pronto se apreciaron los problemas de intoxicación y de dependencia. El efecto de la cocaína sobre el sistema nervioso es muy potente. Tras una toma aspirada por la nariz, el sujeto experimenta una sensación de exaltación de ánimo, supresión de cansancio y una supuesta claridad metal, todo ello unido con una intensa sensación placentera. En dosis muy altas puede provocar la muerte, y produce daños cerebrales de consideración que se manifiestan en un comportamiento agresivo e incluso paranoico. Tampoco son descartables las lesiones físicas, la primera de las cuales es la perforación del tabique nasal, típica de los consumidores de esta droga. Los nombres de OPIÁCEO o OPIOIDE derivan de una palabra griega, que significa "jugo de amapola", ya que la amapola (Papaver somniferum) es una planta que contiene unos 20 alcaloides, entre los que se encuentra la morfina. Desde la antigüedad, la morfina y otras sustancias similares se han utilizado en el control del dolor, ya que los opiáceos son los analgésicos más potentes que se conocen y además tienen la capacidad de potenciar el buen estado de ánimo; por contra, los de origen externo al organismo tienen la particularidad de ser altamente adictivos. Todas las sustancias con acción opiácea están relacionadas químicamente y tienen la propiedad de unirse específicamente a determinados receptores de membrana en las neuronas del cerebro; una vez ocurre esto, funcionan como inhibidores en la producción de los impulsos nerviosos neuronales. Las ANFETAMINAS son también conocidas como Bencedrinas, 1-fenil-2-aminopropano racémico o b-fenilisopropilamina racémica. Afectan al cerebro y también al organismo. Tienen varios efectos farmacológicos, como: incremento de presión sanguínea y de presión arterial, relajación de la musculatura lisa pulmonar, vasoconstricción sanguínea en la piel y membranas mucosas y una serie de alteraciones en el comportamiento. Retrasan la aparición de sueño y fatiga, y mejoran el rendimiento psicomotor, lo que hace que sea empleada por algunos deportistas y estudiantes. Debido a que producen excitación cerebral se les ha dado ciertos usos en medicina. Son eficaces descongestionantes nasales (por su propiedad de relajar el músculo liso de los bronquios y por su propiedad de vasoconstricción), por lo que son utilizadas en medicina como analéptico, para restaurar la respiración y el estado de consciencia. Disminuyen la sensación de apetito por lo que se han empleado como anoréxicos en programas de dietas. Crean un cierto estado de euforia, por lo que también se han empleado como antidepresivos. Entre sus efectos a nivel fisiológico están: sequedad de la boca, calambres de estómago, alteraciones del ritmo cardíaco, disminución de la frecuencia urinaria y aumento de presión arterial. Entre los efectos sobre el sistema nervioso central se incluyen: temores, insomnio, disminución del apetito, aumento de la agresividad, ansiedad, mareos, jaquecas, etc. Efectos extremos pueden ocasionar hemorragias cerebrales, convulsiones, coma y muerte. El tomar anfetaminas durante mucho tiempo puede crear tolerancia, de forma que se necesita más dosis para producir los mismos efectos; igual ocurre con otras drogas, como el alcohol, la morfina, etc. También pueden crear dependencia psicológica, y efectos psicotóxicos. El uso crónico de grandes cantidades de anfetaminas puede crear grandes trastornos en la personalidad, estados cercanos a la esquizofrenia y paranoia, que pueden revertirse suspendiendo el uso del fármaco. En un principio, la efedrina era utilizada para el tratamiento de enfermedades respiratorias, hasta que se comprobó sus efectos psicoactivos. A partir de este momento todas las sustancias de la familia de las anfetaminas serán muy comunes en su uso. Tras su consumo oral, se produce un aumento de la presión sanguínea, insomnio, se atenúa la sensación de cansancio y aumenta la actividad cerebral. Parece ser que estos efectos se producen por el parecido de estas sustancias con una hormona presente en el cuerpo humano llamada epinefrina, que al entrar en la corriente sanguínea produce parecidos efectos sobre el cuerpo. Precisamente unas sustancias emparentadas con las anfetaminas, las consideradas como drogas de diseño, son las que mayor crecimiento están logrado en el consumo entre los jóvenes. Con su ingestión se logra mantener el vigor, incluso durante días, sin apenas comer, dormir o beber. Las dos amigas se despiden y se prometen verse pronto. Elena Rotaechea, inundada del valor que le ha transmitido su amiga Ana Zaragüeta, para despejarse se moja la cara y enfila la puerta de entrada a la vivienda. Siguiendo el mismo camino recorrido a la mañana, se planta ante el Centro de Salud Mental. Entra e inquiere a las enfermeras: - A las tardes, qué medico me puede atender. Una de las A.T.S. le acerca a la puerta del Dr. Argandoña, que se encuentra en el interior de la Sala. Figura un rótulo en su puerta, que indica que el Dr.Argandoña es Psicólogo clínico, no psiquiatra. Ya ha sido avisado de mi presencia aquí, por lo que a los 5 minutos abre su puerta y grita: - Elena Rotaaechea, por favor. Me presento y le saludo: - Buenas tarde. Encantada de conocerle. Dentro de las funciones del PSICÓLOGO CLÍNICO y de la salud se encuentran: la evaluación, el diagnóstico, tratamiento e intervención, el consejo, asesoría, consulta y enlace, la prevención y promoción de la salud, la investigación, la enseñanza y supervisión, y la dirección, administración y gestión. La PSICOLOGÍA CLÍNICA es, tal vez, la parte de la psicología aplicada más importante. Su preocupación por el estudio, diagnóstico y tratamiento del trastorno psicológico, en particular del trastorno psicológico severo, hacen de esta rama de la psicología la más conocida por el público profano y de más clara utilidad. Coincide con la psiquiatría en esta preocupación pero se diferencia de ella, al menos, en dos importantes aspectos: la psiquiatría tiende a ofrecer explicaciones causales físicas del trastorno psicológico (principalmente referidas al sistema nervioso o al hormonal) y a proponer tratamientos que buscan cambios físicos en el paciente (mediante fármacos o, en los casos más graves, intervenciones clínicas); por su parte, el psicólogo clínico hará depender la enfermedad de la mente y el comportamiento y su cura querrá también situarse en este nivel no-físico, mediante las llamadas «psicoterapias». El Dr. Argandoña, con mucha premura, le dice: - Qué le trae de nuevo a este Centro. Elena, antes de contestar como una metralleta, hace la pregunta siguiente: - ¿Existen diferencias entre un psicólogo y un psiquiatra? Pregunta a la que el Dr. Argandoña, evidentemente muy puesto en la materia, responde que: - Sí. Para empezar, sus campos de formación son diferentes: el psiquiatra tiene una formación en medicina, y a él corresponden los aspectos relacionados con la medicación o el hecho de realizar las pruebas que considere oportunas (analíticas, exploraciones neurólogicas, etc.). Por su parte, el psicólogo estudia la conducta humana, desde lo normal hasta lo patológico, a través del curso del desarrollo evolutivo, así como la influencia de aspectos sociales y ambientales. No obstante, las labores psicoterapéuticas son un campo en el que pueden intervenir tanto uno como otro. Además, el trabajo en equipo enriquece la visión de la patología, precisamente por la aportación que desde su campo específico de formación hace cada uno. Ahora Elena, que se ha quedado más tranquila al obtener esta respuesta, -como una necesidad imperiosa- suelta su rosario particular: - Dr., mi vida se mueve entre San Sebastián y Madrid. En Madrid, he estado hospitalizada en el Hospital clínico San Pablo, en su pabellón de psiquiatría. Por aquel entonces, fui diagnosticada de una “depresión recurrente”, pero al volver a San Sebastián, este diagnóstico se cambió por el de trastorno bipolar, del que me trata el Dr. Echeverría. El Dr. Argandoña pone tipo de intelectual y suelta: - Aquí, figura su historial clínico. El Dr. Echeverría es categórico en sus juicios, rechazando la simple depresión al aparecer un estado de manía. En este trastorno, la persona que padece un estado de manía presenta un estado de ánimo anormalmente eufórico y exaltado, un excesivo humor, que puede manifestarse como una euforia o una gran irritabilidad y excitabilidad. Muy a menudo se acompaña de ideación cercana a los delirios de grandeza, excesiva alegría, excitación y de conducta desinhibida. Cuando el episodio de ánimo anormalmente eufórico no interfiere con la vida diaria de la persona por no ser de una intensidad suficiente, se considera ‘hipomanía’ (manía leve). Al igual que en el caso de la depresión, en el origen de la manía pueden definirse factores internos de la persona (genética, bioquímica de los neurotransmisores cerebrales) y factores externos (influencia del ambiente en que la persona se encuentra inmerso): Factores externos son los factores de origen psicosocial, esto es, las circunstancias a las que el paciente se expone por el hecho de vivir en la sociedad que le acoge: la falta de sueño, el uso de substancias estimulantes, algunas enfermedades o carencias de vitaminas, la falta de luz solar o los períodos de excesiva euforia en la sociedad, que puede ser contagiosa, pueden hacer que una persona con especial susceptibilidad desarrolle un cuadro de manía o de hipomanía. Los factores internos pueden ser de tipo genético o biológico: • Factores genéticos: hay casos de agregación familiar de trastornos del estado de ánimo, que sugieren la posibilidad de una carga genética hereditaria que podría predisponer a la enfermedad. Algunas investigaciones genéticas parecen corroborar esta hipótesis. • Factores biológicos: en los casos de manía, paralelamente a los casos de depresión se ha comprobado la existencia de cambios en las concentraciones de algunos neurotransmisores en las sinapsis entre las neuronas de algunas partes del cerebro. Con los tratamientos farmacológicos indicados en cada caso, se pretende conseguir el reequilibrio de estas moléculas implicadas en la bioquímica de la manía. Elena, habiendo recibido semejante ducha de agua fría, añadirá por su parte: - Lo cierto es que la medicación me está extenuando. Además, yo no necesito terapia alguna. Tengo el pensamiento tan lejos de mí, que me cuesta llevar a cabo las tareas diarias. El Dr. Argandoña siente la ausencia de los síntomas, y del diagnóstico del trastorno bipolar precisa: - En general, el paciente acude generalmente acompañado por un allegado (el paciente no cree tener ningún trastorno), con un ánimo elevado, excitado, distraído, muy sensible a las críticas e irritable. Presenta una elevada locuacidad, habla rápido y con un discurso continuo difícil de interrumpir. Muy a menudo el contenido de su discurso es incoherente, irreflexivo o mantiene afirmaciones difíciles de sostener e incluso inventa palabras. A menudo viste de manera extravagante. El paciente con manía comúnmente tiene sentimientos de grandeza inexplicables (cree que es un gran inversor o empresario y se siente invulnerable e invencible en todas sus actividades, etc.), pudiéndose implicar en acciones o actividades arriesgadas y peligrosas tanto para él mismo como para los demás; gasta dinero en modo desproporcionado y arriesga y endeuda todo su patrimonio sin límites coherentes. Y, en cuanto al diagnóstico del trastorno bipolar, añade, además: - El diagnóstico de la manía y de la hipomanía es fundamentalmente clínico, a través de la entrevista con el profesional sanitario. El paciente presenta muchos de los rasgos clínicos expuestos, típicos de los episodios de manía. Es importante, tras el diagnóstico, intentar descartar un diagnóstico etiológico que pudiera estar interrelacionado: en especial será de gran interés descartar enfermedades sistémicas y el uso de substancias psicotrópicas o estimulantes. En estos casos, la resolución de la enfermedad de base será fundamental para la resolución del cuadro maníaco. Del Tratamiento asegurará que: - En casos de manía con manifestaciones importantes podrá ser necesario el ingreso hospitalario del paciente para su propia protección durante un corto período de tiempo, hasta la mejoría del cuadro. Los fármacos indicados en los períodos de manía están enfocados a la disminución de la clínica y a la vuelta a la normalidad de los parámetros bioquímicos cerebrales. Tras la fase maníaca, generalmente estará indicada la prolongación de tratamiento farmacológico para evitar recaídas y, dado que muchos pacientes con episodios de manía presentan a su vez otros episodios depresivos (pacientes con trastorno bipolar) estará indicado el uso a largo plazo de fármacos estabilizadores del ánimo. Y, por último, en cuanto a las medidas preventivas asegura que: - La prevención de los episodios de manía pasa por la evitación de los factores de riesgo de origen externo (dormir las horas adecuadas, evitar el uso de estimulantes o drogas psicotrópicas, etc.) y, en los casos en que ya se ha presentado un episodio de manía y así esté indicado, mantener una medicación con carácter crónico para evitar la aparición de nuevos episodios. De gran importancia será también la detección precoz de síntomas clave que puedan hacer sospechar la aparición de un nuevo episodio maníaco, tales como falta de sueño, alteraciones en la conducta, disminución de las precauciones en la vida diaria o en los negocios, tendencia a la irritabilidad, despreocupación, etc. En los casos en que un nuevo episodio de manía esté apareciendo, la detección precoz será importante para el control del cuadro y la administración de tratamiento antes de que el paciente, su patrimonio o las personas de su entorno puedan correr más peligro. Elena, muy irritada, le sugiere al Dr. Argandoña lo siguiente: En suma, Usted no puede hacer nada, sino es colocarse del lado del Dr. Echeverría. No obstante, ha quedado bien claro que la manía se considera uno de los trastornos del estado de ánimo, contrapuesto a la depresión. Es importante resaltar la diferencia entre la manía, entendida como una patología psiquiátrica, y el sentido coloquial de "tener ‘manía’ a algo o a alguien", que denota un sentido de "tener aversión a". Dicho lo cual, se despide de su hipotético valedor: - Dr, perdóneme mi atrevimiento. Buenas tardes y hasta pronto. El Dr. Argandoña le saluda brevemente: - Cuide su trastorno bipolar. Hasta muy pronto. Al dejar el Centro de Salud Mental de Amara, Elena retorna a la Alameda del Boulevard, pues tiene que tomar el bus nº 13. No obstante, se acerca al Paseo de La Concha, en el que goza de sus pasos andando lentamente. Aquí, intentando clarificar su pensamiento, le asaltan las siguientes ideas: - No entiendo lo que está pasando. Me daba mucho miedo llevar la contraria a este Psicólogo Clínico, pues en Salud Mental arreglan inmediatamente cualquier problema. En mi caso, podrían dictar la hospitalización en una Clínica Psiquiátrica, lo que me abatiría por completo. Me han hecho cisco, pero siempre será mejor no revelarse. --------------------------------------------------------------------------------------------------------

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