HISTORIA DEL ARTE, "El arte contemporáneo"
EL ARTE ABSTRACTO La palabra ismo se aplica a una tendencia artística que es definida por sus características propias, que la diferencian suficientemente de las tendencias restantes. Además, el término ismos es una designación de una serie de movimientos artísticos vanguardistas que surgen a comienzos del siglo XX y cuyos nombres terminan con el sufijo “ismo”, por lo que se las agrupa bajo esta denominación: futurismo, surrealismo, cubismo, expresionismo, dadaísmo… son algunos de los ismos más conocidos. Rasgos comunes de los distintos ismos son su antitradicionalismo, su internacionalismo y sus manifiestos de nuevas estéticas. Los distintos ismos se sucedieron con vertiginosidad y, en muchos casos, desaparecieron de igual manera, por lo cual coinciden en algunas características; ello explica que algunas obras sean difíciles de catalogar. A su vez, los mismos autores pasan de un ismo a otro sin demasiadas modificaciones en su producción. El ismo de más de más implantación internacional y que aún continua influyendo en bastantes artistas es el surrealismo. ¡Bien! En nuestro ensayo sobre el arte contemporáneo, evidentemente, hemos estudiado la gran mayoría de los ismos actuales, como el futurismo, el abstraccionismo, el expresionismo abstracto, la nueva figuración, el arte conceptual, el pop art, el arte pobre, el constructivismo, el neoplasticismo, el hiperrealismo, el suprematismo, el body art, etc., etc., pero ahora nos vamos a centrar en el arte abstracto, que se llama así al arte no figurativo, es decir, al que sostiene que un conjunto de líneas, colores y formas, sin ninguna relación con formas identificables, puede expresar adecuadamente emociones íntimas, sugestiones, etc. Su apogeo, en torno a los años veinte y sobre todo alrededor de Mondrian, Kandinsky, etcétera, lo llevó a la subdivisión en ciertas tendencias, algunas de las cuales –tambièn llamadas abstractas- aún mantenían débiles vínculos con el mundo natural. El arte abstracto es una forma de expresión artística en la que prevalece una idea por sobre la figuración de la realidad. Las obras del arte abstracto crean, a partir de diferentes colores y formas, una composición que prescinde de referencias. Se desarrolló a fines del siglo XIX y su teoría fue desarrollada por el artista ruso Wassily Kandinsky. También está influenciado por movimientos como el expresionismo, el fauvismo y el cubismo. Hay distintos grados de abstracción en el arte abstracto, y puede ser encontrado en diferentes campos como la pintura, la escultura, la literatura, las artes escénicas y la arquitectura. En esta contraportada te contamos todo lo que tienes que saber sobre el arte abstracto. Explicaremos brevemente su historia, y compartiremos con los lectores sus características principales y los diferentes tipos de arte abstracto. Por tanto, ¡empezamos! El arte abstracto es una expresión artística que propone un concepto distinto a lo que está considerado como real. Es contrario al arte figurativo o realista, ya que no representa formas concretas reconocibles del mundo real, sino que propone una mirada diferente de las cosas, a través de un lenguaje “puro”. A su vez, esta expresión artística prioriza la emoción e intuición por sobre la razón. En este sentido, la interpretación de este arte es menos evidente o lógica, y depende de cada espectador. Las obras abstractas rompen normas y sentidos comunes, y buscan aproximarse al público desde la intuición y desde pensamientos libres. Esto significa que es necesario que el espectador tenga una comprensión que vaya más allá de lo racional para poder admirar una obra abstracta. Por otro lado, entre las características principales del arte abstracto, podemos decir que pone especial atención en los elementos esenciales del lenguaje plástico, como los colores y las formas, para salirse de la realidad concreta. De esta manera, cada artista abstracto tiene sus propias reglas en relación con el uso de los colores, las líneas y las formas. La búsqueda de trascender la representación de la apariencia externa de las cosas se da a través de estos aspectos cromáticos y formales. Dentro de las artes visuales, el arte abstracto es más conocido en los campos de la pintura y de la escultura. No obstante, también se desarrollaron obras abstractas en otros campos como en la literatura, las artes escénicas y la arquitectura. Además, cabe señalar que hay distintos grados de abstracción en cada obra. Hay algunas que tienen una abstracción parcial, y otras una abstracción total. Veamos a continuación cómo nació el arte abstracto y cuáles fueron sus mayores influencias. El origen del arte abstracto está vinculado a las pinturas rupestres halladas en cuevas prehistóricas. Sin embargo, como hemos dicho anteriormente, se considera que su origen oficial es de finales del siglo XIX, y que toma fuerza en 1910 con el artista abstracto ruso Wassily Kandinsky, quien teoriza y trabaja en profundidad este arte. Empecemos por el principio: ¿quién fue Kandinsky? Wassily Kandinsky nació en Moscú en 1866, y es considerado uno de los fundadores de la abstracción en el arte. Desde muy joven, Kandinsky mostró un gran talento para el dibujo y la pintura, y tras estudiar en varias ciudades de Europa, se convirtió en uno de los artistas más destacados del siglo XX. Una de las características más importantes de la obra de Kandinsky es el uso que hace de los colores. Para Kandinsky, los colores eran mucho más que simples tonos: eran emociones, sentimientos, estados de ánimo. Cada color tenía una personalidad propia, y Kandinsky los utilizaba para crear un lenguaje visual muy personal. Dicho lo cual, seguiremos adelante. El arte abstracto además está inspirado en los movimientos del expresionismo, el fauvismo y el cubismo. Los artistas que crearon el arte abstracto se encontraban en la búsqueda de una nueva expresión que plasmara los cambios profundos que vivieron en su época, a través de la reivindicación del inconsciente y de las emociones, en oposición a lo figurativo. Antes de seguir la marcha, aclararemos qué son el expresionismo, el fauvismo y el cubismo. En primer lugar, el expresionismo es un movimiento artístico nacido a fines del siglo XIX, opuesto al realismo que caracterizaba a los impresionistas. Se preocupa mucho menos de reproducir la realidad aparente y sus formas o armonías, que de trasladar al arte la expresión de los sentimientos y de las vivencias interiores del artista. Habitualmente sus obras más típicas intentan reflejar, de modo brusco e inquietante, las angustias y sentimientos del hombre ante la incertidumbre de los tiempos contemporáneos. No obstante, el término puede hoy aplicarse a cualquier tendencia a acusar violentamente la expresión con merma de otros valores o contenidos, por analogía con el expresionismo histórico. Los expresionistas más característicos son los del grupo Die Brücke (El puente), de Dresde, hacia 1905 y los del Blaue Reiter (Caballero Azul). Por otro lado, el fauvismo (del francés fauve = salvaje) o Salvajismo es otro movimiento en que sus pintores emplean sólo tonos puros, inventados, sin relación con la realidad, surgido en 1905. Negaron la licitud de buscar la forma a través de la luz y la sombra o la representación del espacio basada en el claroscuro. Por lo demás, carecieron de programa fijo, adoptando cada artista la vía expresiva más adecuada sus ideas. Sus precedentes son el postimpresionismo, como Van Gogh, y su principal representante artístico fue H. Matisse que agrupó a sus compañeros en el Salón de Otoño, en 1905. El nombre de fauves (silvestres, salvajes) fue empleado despectivamente por la prensa. Braque y Dufy se unieron al grupo. Y en tercer lugar, por último, el cubismo es, sin duda, otro movimiento artístico que valora la expresión primaria del volumen y la forma –reducidos a conos, cubos, cilindros, esferas- frente al descuido en que en este aspecto había llegado a incurrir el impresionismo, atento sobre todo a la superficie y a la apariencia momentánea de la realidad. El cubismo deriva del postimpresionismo y se bifurcará en dos ramas principales: la sintética, que busca mostrar de modo simultáneo la forma de un objeto visto desde perspectivas diferentes, y la analítica, o primera fase cubista en que los cuerpos se desintegran mostrando sus componentes volumínicos esenciales. En muchos aspectos, el cubismo es una reacción contra ciertas vías impresionistas que habían llevado el desapego de la realidad a extremos verdaderamente asistemáticos. El cubismo vuelve a tomar contacto con el mundo físico, ateniéndose a la última realidad formal de las cosas y reduciéndolas a sus esquemas geométricos esenciales. Sus orígenes están, fundamentalmente, en las obras de última época de Cézanne, aunque sus primeros cultivadores propiamente hablando fueron Picasso y Braque. Siguiendo con el arte abstracto, diremos que es importante mencionar que el arte abstracto tuvo grandes artistas, entre los que podemos destacar a Wassily Kandinsky, Kazmir Málevich, Piet Mondrian, Mark Rothko, Jackson Pollock, Jesús Soto, Joan Miró, Marcel Duchamp, Robert Delaunay y Jean Arp. Muchas de las obras de estos grandes representantes de este movimiento se encuentran en los museos más importantes del mundo. Además, todas las obras están reproducidas en imágenes que se encuentran disponibles en diversas publicaciones físicas y digitales. El arte abstracto se divide en cuatro corrientes principales: la abstracción geométrica, el expresionismo abstracto, la abstracción lírica y la abstracción orgánica. Veamos cada corriente en detalle: LA ABSTRACCIÓN GEOMÉTRICA El arte abstracto geométrico busca ser objetivo, racional y universal. Es decir, que la composición esté estructurada, y que a través de la geometría evite cualquier expresividad. Este tipo de arte abstracto apunta a ser claro y preciso. Además, se considera que tiene influencias cubistas y futuristas. Su máximo exponente fue el pintor neerlandés Piet Mondrian. La obra “Tableau I” fue una de sus obras más icónicas. De hecho, fue un ícono emblemático de la cultura pop. En ella, el artista combina colores primarios con líneas negras definidas, creando de esta manera bloques geométricos. Aclaramos que se dice geométrico del arte cuyos elementos decorativos y ornamentales están formados por motivos geométricos fundamentalmente. Por otra parte, el futurismo fue fundado por Marinetti en 1909; este ismo busca expresar el dinamismo de la vida moderna, mecanizada e industrializada, dando la sensación del movimiento o de los sentimientos dinámicos, simultaneando las posiciones sucesivas de los cuerpos, pero de tal modo que la forma pueda ser entendida por el espectador, para hacerle partícipe de lo representado. Se relaciona con el cubismo en algunos aspectos –descomposición en planos y volúmenes- y estudia sobre todo el movimiento, prescindiendo de las líneas continuas, de la armonía y del “buen gusto”. Balla, Carrá, Severini y Boccioni son sus figuras más destacadas. EL EXPRESIONISMO ABSTRACTO El expresionismo abstracto prioriza la expresividad del artista. Apunta a la espontaneidad, a la intuición y a la subjetividad. Este tipo de arte abstracto, a diferencia del geométrico, no es estructurado ni planificado. Prioriza la improvisación, el gesto, la emoción y el sentimiento. El mayor exponente del expresionismo abstracto es el artista estadounidense Jackson Pollock. Este artista fue un gran defensor de la libertad de expresión, como también un opositor de la política conservadora. En los lienzos de sus obras, Pollock genera una explosión de colores a través de la técnica del dripping. El dripping (goteo, en inglés) es una técnica pictórica que vierte colores fluidos sobre la tela extendida en el suelo. Como hemos dicho, su más notable pintor ha sido Jackson Pollock (1912-56). LA ABSTRACCIÓN LÍRICA Kandinsky (1866-1944) fue un destacado pionero y teórico del arte abstracto. Al tiempo que se interesaba por la cultura primitiva y las manifestaciones artísticas populares rusas, muy especialmente por el arte propio de la región de Volodga, rico en ornamentos, también descubrió la obra de Rembrandt y Monet. Su interés por el color está presente desde el comienzo de su carrera, y se puede apreciar en sus primeras pinturas la influencia del postimpresionismo, el fauvismo y el Jugendstil alemán. Entre los años 1908 y 1910 se dio cuenta de que la representación del objeto en sus pinturas era secundaria e incluso perjudicial, y que la belleza de sus obras residía en la riqueza cromática y la simplificación formal. Este descubrimiento le condujo a una experimentación continuada que culminó, a finales de 1910, con la conquista definitiva de la abstracción. Kandinsky refundió la libertad cromática de los fauvistas con la exteriorización del impulso vivencial del artista propuesto por los expresionistas alemanes de la órbita de Dresde, en una especie de síntesis teñida de lirismo, espiritualidad y una profunda fascinación por la naturaleza y sus formas. Este tipo de arte abstracto está enfocado en el color, la intuición y el sentimiento. No se utiliza la geometría ni ningún proceso racional, sino que, por el contrario, es totalmente libre y espontáneo. Es una corriente que tuvo influencias del fauvismo y del expresionismo. Entre los artistas más destacados de la abstracción lírica se encuentra el artista ruso Wassily Kandinsky. Una de sus pinturas más conocidas, “Sin título”, realizada en 1910, es la considerada primera acuarela abstracta. Está realizada con tinta, pluma y acuarela sobre papel, y en ella, Kandinsky transmite emociones y sentimientos, a través de una composición armónica entre colores, formas y líneas. El término Jugendstil es el nombre alemán para designar al Modern Style o Liberty. LA ABSTRACCIÓN ORGÁNICA El arte abstracto orgánico representa formas orgánicas, es decir, formas que se encuentran en la naturaleza, y que aluden a otras figuras. Estas son generalmente formas redondeadas o figuras geométricas suavizadas. La abstracción orgánica tiene gran relación con las corrientes del surrealismo y del existencialismo. Uno de los artistas más característicos de esta corriente es el artista francoalemán Jean Arp. Él realizó una gran cantidad de esculturas y pinturas abstractas, y fue uno de los fundadores del movimiento dadaísta. Como notas aclaratorias, apuntamos que el existencialismo es una corriente filosófica que se desarrolla en Europa en la primera mitad del siglo XX y que alcanza su apogeo en Francia tras la segunda guerra mundial, que considera que la existencia es el modo de ser propio y característico del ser humano, que es entendido como pura libertad de elección, en tanto pura subjetividad, rechazando, pues, toda posibilidad de que sea asimilado a un mero objeto o "cosa". El filósofo danés S. Kierkegaard es considerado el inspirador del existencialismo, y el alemán Martín Heidegger, con la publicación de "El ser y el tiempo" en 1927, su principal difusor, aunque quien obtendría el reconocimiento del gran público sería posteriormente el francés J.P. Sartre. Otros nombres destacados asociados al existencialismo son los de K. Jaspers, Simone de Beauvoir, M. Merlau-Ponty y J. Wahl. Para finalizar, el dadaísmo fue un movimiento antiacademicista, nacido en 1915 y por lo tanto en plena I Guerra Mundial, como protesta contra cualquier orden establecido o cualquier sistema racionalizado y sujeto a normas. Los sentimientos de angustia, de absurdo, de anonadamiento, de desastre universal a que abocaba en sus consecuencias el mundo capitalista, convirtieron a los dada en gentes negativistas y desconcertantes, cuyo impulso se perdió con la presencia joven del surrealismo, que articuló un sistema más complejo y expresivo basado en el psicoanálisis, donde se expresaban sensaciones semejantes pero más ricas, complejas y universales. Su fundador fue el rumano Tristan Tzara en 1916. El nombre de dada, hallado hojeando al azar el diccionario francés Larousse, significa el primer sonido emitido por el niño, sin expresión ni consciencia. En 1922 se escindió el movimiento. ESCULTORES CONTEMPORÁNEOS Nos vamos a ocupar seguidamente de algunos artistas contemporáneos, entre los que no faltan los nombres españoles. Se han escogido tanto de la arquitectura, como de la escultura y la pintura. Citaremos a Jackson Pollock, a Jean Arp, a Kandinsky, a Vladimir Tatlin, a Le Corbusier, a Walter Gropius, etc., etc. Pues, ¡allá vamos! Jackson Pollock (1912-1956) Pintor estadounidense. Durante su infancia y su adolescencia vivió en Arizona y California, y en 1929 se trasladó a Nueva York para estudiar pintura con Benton en el Art Students League. Durante su período de formación conoció la pintura de los muralistas mexicanos (Rivera, Siqueiros, Orozco), que le impresionó hondamente. Comenzó su carrera con obras figurativas, en las que presta ya particular atención a los valores matéricos y el cromatismo. Hacia 1938 empezó a interesarse por la pintura abstracta e irracional, y para las obras de este período buscó inspiración en el mundo de los indios americanos. El año 1947 fue decisivo en su trayectoria, ya que fue cuando adoptó la peculiar técnica del dripping: en lugar de utilizar caballete y pinceles, colocaba en el suelo el lienzo y sobre él vertía o dejaba gotear la pintura, que manipulaba después con palos u otras herramientas, e incluso a veces le daba una gran consistencia mediante la adición de arena o fragmentos de vidrio. Gracias al apoyo de algunos críticos como Harold Rosenberg, su nombre, asociado a las obras realizadas con la técnica del dripping, se convirtió en uno de los más significativos del expresionismo abstracto y de la action painting tendencia de la que, con Willem de Kooning, es el representante más típico y destacado. Fue además uno de los primeros artistas en eliminar de sus obras el concepto de composición y en mezclar signos caligráficos con los trazos pictóricos. A partir de la década 1950, Jackson Pollock simultaneó la pintura abstracta con obras figurativas o semifigurativas en blanco y negro, pero su nombre ha pasado a la posteridad, sobre todo, en relación con los grandes lienzos abstractos de vivo colorido, donde los trazos se entrelazan hasta formar una trama densa y compacta (una especie de maraña) de gran impacto. Murió prematuramente en un accidente de automóvil, cuando era ya un pintor de enorme influencia en las jóvenes generaciones. Jean Arp (1887-1966) Escultor y pintor francés de origen alemán. Tras iniciar sus estudios de arte en su ciudad natal, Hans Arp se trasladó a Weimar y posteriormente a París, donde ingresó en la prestigiosa academia Julian. Entre 1912 y 1914 vivió en Munich y participó brevemente en el grupo expresionista Der blaue Reiter (El jinete azul), del que formaban parte pintores como Kandinsky, Franz Marc y Paul Klee, entre otros. Durante la Primera Guerra Mundial se exilió voluntariamente en Basilea, donde fue uno de los fundadores del movimiento Dadá y elaboró sus primeros relieves policromados, tal vez sus piezas más célebres. En la década de 1920, nuevamente establecido en París, Jean Arp mantuvo estrechos contactos con los surrealistas, cuya influencia se vio reflejada en su obra. En 1930 participó activamente en el grupo Cercle et Carré, promotor de la abstracción pura con derivaciones geométricas, al que más adelante sucedió el denominado Abstraction-Création, que acogió a escultores como Naum Gabo, Antoine Pevsner y el propio Arp, quien fue además uno de los más señalados impulsores. Vasíly Kandinsky (1866-1944) Pintor ruso, creador de la abstracción en pintura, que nace en Moscú el 4 de diciembre de 1866. En 1871 su familia se traslada a Odessa. De 1886 a 1889 estudia Leyes en Moscú. En 1896 rechaza un puesto docente en la Universidad de Dopart para estudiar Arte en Munich. En 1901 funda el grupo Phalanx, cuyo propósito principal es introducir las vanguardias francesas en el provinciano ambiente muniqués, para lo cual abre una escuela en la que da clases. Sus pinturas de los primeros años del siglo son paisajes ejecutados con espátula, en un principio sombríos, para luego adquirir una intensidad casi fauve; también pinta temas fantásticos basados en tradiciones rusas o en la Edad Media alemana; este periodo está marcado por la experimentación técnica, en particular, en el uso del temple sobre un papel oscuro, para dar una impresión de superficie transparente, iluminada desde atrás. La consistencia tonal del claroscuro enfatiza el esquema borrando la distinción entre las figuras y en fondo, resultando una composición casi abstracta. En 1902 expone por primera vez con la Secession de Berlín y realiza sus primeras xilografías. En 1903 y 1904 viaja por Italia, Holanda, África y visita Rusia. En 1904 expone en el Salón de Otoño de París. En 1909 es elegido presidente del Neue Künstlervereinigung München (NKVM). La primera exposición del grupo, tiene lugar en la galería Thannhauser de Munich ese mismo año. Hacia el final de la década, las pinturas de Kandinsky denotan una gran tendencia a la planitud por la equivalencia en intensidad de las áreas de color y la superficie reluciente que destruye toda ilusión de profundidad. Las series de cuadros de jinetes en combate comienzan en 1909 y, en ellas, la línea del horizonte se va erradicando gradualmente, al igual que otras referencias espaciales. En 1910 hace su primera acuarela abstracta, en la que " [...] en las manchas mas oscuras predominan dos colores, el rojo y el azul, que evidentemente están relacionados porque siempre están juntos. El rojo es un color cálido y tiende a expandirse; el azul es frío y tiende a contraerse. Kandinsky no aplica la ley de los contrastes simultáneos sino que la comprueba; se sirve de dos colores como de dos fuerzas manejables que se pueden sumar o restar y, según los casos, es decir, según los impulsos que siente, se vale de ambas para que se limiten o se impulsen mutuamente. Hay también signos lineales, filiformes; son, en cierto modo, indicaciones de posibles movimientos, son trazos que sugieren la dirección y el ritmo de las manchas que vagan por el papel. Ponen en movimiento a toda la acuarel[...](Argan). En Composición IV de 1911, las figuras están tan simplificadas, el color es tan arbitrario y el espacio tan confuso que es imposible distinguir el tema sin la referencia de los cuadros anteriores de la serie. Especialmente desorientador para el espectador es el modo en que se usa la línea, tanto como elemento independiente, o bien como límite para el color. En 1911 Kandinsky y Marc se retiran del NKVM y sientan las bases del Blaue Reiter, editando un almanaque en 1912. La primera exposición tiene lugar en diciembre, en la galería Thannhauser de Munich. En 1911 Kandinsky publica De lo Espiritual en el Arte; en 1912 se publica el almanaque con obras de Kandinsky y Marc, y tiene lugar la segunda exposición del Blaue Reiter en la galería Hans Goltz. Este mismo año tiene lugar la primera exposición individual de Kandinsky en la galería Der Sturm de Berlín. Los temas preferidos de Kandinsky en esta época son violentos y apocalípticos, y tienen su origen en las imágenes religiosas populares de Alemania y Rusia. Hacia 1912 su trabajo ha pasado ya por diversas evoluciones productivas. En 1913, cuando pinta Líneas negras, ya no se puede hablar de abstracción a partir de un tema; el color y la línea han tomado por sí mismos tal expresividad que ya no siguen un modelo preestablecido. Obras como ésta son las primeras verdaderamente abstractas. El desarrollo de Kandinsky hacia la abstracción encuentra su justificación teórica en Abstracción y empatía de Wilhem Worringer, que se había publicado en 1908. Worringer argumenta que la jerarquía de valores al uso, basada en las leyes del Renacimiento, no es válida para considerar el arte de otras culturas; muchos artistas crean desde la realidad pero con un impulso abstracto, que hace que las últimas tendencias del arte se den en sociedades menos materialistas. Kandinsky estaba interesado también en la Teosofía, entendida como la verdad fundamental que subyace detrás de doctrinas y rituales en todas las religiones del mundo; la creencia en una realidad esencial oculta tras las apariencias, proporciona una obvia racionalidad al arte abstracto. En De lo Espiritual en el Arte, habla de una nueva época de gran espiritualidad y de la contribución de la pintura a ella. El arte nuevo debe basarse en un lenguaje de color y Kandinsky da las pautas sobre las propiedades emocionales de cada tono y de cada color, a diferencia de teorías sobre el color más antiguas, él no se interesa por el espectro sino sólo en la respuesta del alma. En 1913 una obra suya se presenta en el Armory Show de Nueva York y, al estallar la Primera Guerra Mundial, vuelve a Rusia, instalándose en Moscú, hasta 1921. A partir de la Revolución de Octubre, Kandinsky desarrolla un trabajo administrativo para el Comisariado del Pueblo para la Educación; entre los proyectos de este organismo están la fundación de varios museos y la reforma del sistema educativo de las escuelas de arte. Las ideas de Kandinsky para la formación de artistas, basadas en análisis teóricos del color y de la forma, encuentran la oposición de los constructivistas , más preocupados por temas de producción. Esto convence a Kandinsky de que la Rusia postrevolucionaria no es un buen entorno para desarrollar la pintura pura y vuelve a Alemania, iniciando su actividad como profesor en la Bauhaus de Weimar en 1922. En un principio no hay clases de pintura en la Bauhaus; Kandinsky imparte un curso básico, donde explica las propiedades de las formas. Su trabajo durante los años de la Bauhaus es mucho más disciplinado que el del período de anteguerra. Aunque está muy influido por la vanguardia rusa (Malevich y Lissistzky), en las formas geométricas flotantes que pinta en los primeros años veinte, Kandinsky desarrolla su propia lógica interna; construye sus composiciones a partir de las tensiones que cada forma crea. Éste es exactamente el concepto que trata de codificar en su libro Punto y línea sobre el plano, publicado en 1926. Ve las bases teóricas de la pintura tan fuertes y determinantes como las que existen para la música. En 1923 se realiza su primera exposición individual en Nueva York en la Société Anonyme, de la cual acaba siendo vicepresidente. Con Klee, Feininger y Jawlensky, forma el grupo Blaue Vier, organizado en 1924 por Galka Scheyer, que es su agente en los Estados Unidos. En 1925 la Bauhaus se traslada a Dessau y en 1928 Kandinsky obtiene la nacionalidad alemana. Su obra de esta época, como Puntas en el arco (1927), adopta formas geométricas, la imagen se hace cada vez más compleja y los ritmos motores están cada vez más controlados; es una obra llena de aparentes simbologías cosmológicas, pero supone una experiencia realizada mediante procedimientos operativos y no especulativos. Para Kandinsky, en este momento, el arte no condena ni excluye el comportamiento del hombre integrado en el sistema industrial, sino que lo rescata del límite de su instrumentalidad. La obra tiene una fuerza emocional, a través de significados unívocos verdaderamente análogos a los de la música. En 1933 el gobierno nazi cierra definitivamente la Bauhaus; Kandinsky se establece entonces en Neuilly-sur-Seine, a las afueras de París, y obtiene en 1939 la nacionalidad francesa. En París recibe la influencia del biomorfismo de Miró y Arp; los cuadros de su última época evocan en el espectador seres vivos, aunque imposibles de identificar. Esto no supone una vuelta atrás pues sigue interesándose en extraer lo esencial de la forma, como actitud opuesta a hacer abstracción a partir de la apariencia. En 1937, los nazis secuestran cincuenta y siete obras de Kandinsky, como consecuencia de las campañas de depuración conocidas como arte degenerado. Muere en Neully el 13 de diciembre de 1944. Vladimir Tatlin (1885-1956) Artista ruso, iniciador del constructivismo. Activo representante de la vanguardia soviética, defendió que el arte debía integrarse en el conjunto de la producción, disolverse en la vida cotidiana y renunciar a su actividad exclusivamente estética. Su maqueta para el Monumento a la III Internacional se convirtió en el paradigma del nuevo arte. En Rusia, la revolución de 1917 consiguió por primera vez en la historia identificar la voluntad de construir una sociedad socialista con los cambios perseguidos en el campo artístico por la vanguardia. Era el momento de poner a prueba el arte como factor de transformación social y los vanguardistas aceptaron este reto, asumiendo el protagonismo en la dirección de la nueva política cultural y la dedicación a la docencia artística como forma de educar al pueblo. Pero en el seno de la propia izquierda surgieron pronto dos concepciones enfrentadas respecto a la función que debía cumplir el arte. Si para Malevich la investigación artística debía ser ajena a toda contaminación externa, para Tatlin era ineludible su función de servicio hacia la nueva sociedad: el arte debía integrarse en la producción convertido en arquitectura, diseño industrial, carteles, etc. Los constructivistas, con Tatlin a la cabeza, negaban toda validez del arte como actividad estrictamente estética y exigían su disolución en la vida cotidiana. Frente a la individualidad creadora, el constructivismo soviético oponía el sentido colectivo de cultura revolucionaria. Frente al arte como pura investigación formal (actividad necesariamente aislada y sin rentabilidad funcional a corto plazo), se requería inmediatez para la resolución de las demandas revolucionarias. Del juego gratuito y la especulación formal pura como fundamentos esenciales de la investigación plástica, se pasa a la búsqueda de la fusión entre arte y tecnología, que son designados como agentes del cambio social y se integran en una unidad ética y estética. Tatlin llegaría al constructivismo partiendo del cubismo y el futurismo, a los que despojó de toda referencia al dato real; del cubismo tomó la descomposición de los objetos por planos y del futurismo el interés por el uso de todo tipo de materiales y la estética maquinista. En 1913 había visitado el estudio de Picasso en París, donde tuvo oportunidad de ver las esculturas efímeras, pinturas con añadidos de cartones recortados o plegados que utilizaba para sus análisis cubistas. La influencia de éstas sería decisiva para la construcción de los Contrarrelieves y Relieves de esquina que realizó en los dos años siguientes. Estos relieves son el resultado de una exploración de los volúmenes en su interacción con el espacio; básicamente están formados por la intersección de planos y líneas con los que se delimitan aberturas o cerramientos, con el objeto de examinar las posibilidades de articulación de los planos entre sí y con el espacio real que los contiene. Después de la Revolución de Octubre, todo su trabajo estuvo presidido por la idea del artista-constructor dedicado a la elaboración del nuevo mundo. Donde mejor pudo plasmar sus ideales constructivos, esa transformación de los elementos de la cultura industrial en volúmenes, planos, colores, superficie y luz, fue en el proyecto para el Monumento a la Tercera Internacional, cuya maqueta presentó en 1920. Con el proyecto para el Monumento a la Tercera Internacional, Tatlin fue pionero en el uso conjugado de nuevos materiales (hierro, acero y cristal), así como en la concepción del edificio como espacio plural y en la idea de dotarlo de movimiento, aspectos que otros harían realidad después. El edificio estaba concebido como la superposición de tres cuerpos geométricos un cubo, una pirámide y un cilindro articulados por un eje vertical y arropados por una estructura helicoidal ascendente; los tres volúmenes albergarían, respectivamente, las salas de congresos, las del órgano ejecutivo y el centro de comunicaciones. Los tres cuerpos girarían en torno a su eje con una periodicidad de un año, un mes y un día respectivamente y estarían rematados por un mecanismo para proyectar imágenes y sonido. Emblema de la utopía socialista apoyada por la tecnología, el monumento se entiende como faro que alumbra el nuevo mundo. Las investigaciones plásticas de los constructivistas rusos tuvieron una influencia directa en el desarrollo de la arquitectura moderna. Su decidida aspiración de unir arte y sociedad encontraba su plasmación natural en la arquitectura, como compendio de todas las artes, y, aunque sus realizaciones fueron escasas, sus investigaciones cristalizaron en proyectos que fueron significativos para el desarrollo posterior de la arquitectura contemporánea. Le Corbusier (1887-1965) Arquitecto francés de origen suizo que fue, junto a Walter Gropius, el principal protagonista del renacimiento arquitectónico internacional del siglo XX. La otra gran aportación al movimiento moderno partió de Francia. Las primeras manifestaciones habían pasado más o menos inadvertidas en Francia, Inglaterra y Estados Unidos, dominados durante las décadas de 1920 y 1930 por el Art Déco y la teoría de la Gestalt, un estilo empleado en edificios públicos y en la mayoría de los rascacielos estadounidenses, como el Empire State Building (1930) de Nueva York. Una excepción fue Charles Édouard Jeanneret, apodado Le Corbusier, un suizo francófono discípulo de Auguste Perret y Peter Behrens establecido en París, cuyas aportaciones a la arquitectura contemporánea le conceden un lugar privilegiado en el panorama internacional. Además de ser uno de los más grandes renovadores de la arquitectura moderna, Le Corbusier fue un incansable agitador cultural, labor que ejerció con pasión a lo largo de toda su vida. Con sus escritos se ganó una merecida fama de polemista y aportó un verdadero caudal de ideas innovadoras que han hecho que su obra influya decisivamente en la arquitectura posterior. Uno de los precursores en la explotación de las posibilidades estructurales y formales del hormigón armado fue el maestro de Le Corbusier, Auguste Perret, que cuenta con ejemplos excepcionales construidos exclusivamente con este material, como la iglesia de Notre Dame du Raincy (1922-1923) y la reconstrucción del puerto de El Havre tras la II Guerra Mundial. La vida moderna traía consigo una serie de exigencias cuya satisfacción era imposible encontrar en la pervivencia de la arquitectura tradicional; había por ello que adecuar la arquitectura a la civilización surgida de la revolución industrial. "Nosotros gustamos del aire puro y del sol a raudales... -afirmó-. La casa es una máquina de vivir, baños, sol, agua caliente y fría, temperatura regulable a voluntad, conservación de los alimentos, higiene, belleza a través de proporciones convenientes. Un sillón es una máquina de sentarse... los lavabos son máquinas para lavar... El mundo de nuestro quehacer ha creado sus cosas: la ropa, la estilográfica, la cuchilla de afeitar, la máquina de escribir, el teléfono... la limusina, el barco de vapor y el avión." Así, pues, era absolutamente necesario crear también una nueva arquitectura, y Le Corbusier la fundó en torno a cinco puntos básicos: utilización de pilotis (elementos de sustentación), jardines en el tejado, libre conformación de las plantas, ventanales continuos y libre formación de la fachada, todo ello dentro de un estricto orden geométrico como único generador de "volúmenes puros". Estas soluciones pasarían a ser las características fundamentales y paradigmáticas del racionalismo arquitectónico. Walter Gropius (1883-1969) Arquitecto alemán que fue el fundador y director (desde 1919 hasta 1928) de la Bauhaus, escuela alemana que ejercería una vasta influencia en la arquitectura, el diseño y las artes gráficas. Junto con Frank Lloyd Wright, Le Corbusier y Mies van der Rohe, Walter Gropius es una de las figuras clave en la renovación arquitectónica del siglo XX. Tenía veintitrés años cuando se le confió el primer encargo de arquitectura. Frank Lloyd Wright (1869-1959) Su primera obra en solitario fue la Charnley House de Chicago (1892), a la cual siguió, algo más tarde, toda una serie de viviendas unifamiliares que tienen en común su carácter compacto y la austeridad decorativa, en oposición al eclecticismo de la época. En estas primeras realizaciones de arquitectura doméstica, conocidas como prairies houses o «casas de las praderas», están presentes algunas de las constantes de su obra, como la concepción predominantemente horizontal, el espacio interior organizado a base de dos ejes que se cruzan y la prolongación del techo en alas que forman pórticos. Arquitectura posmoderna En la década de 1960 surgió entre muchos arquitectos un sentimiento de rechazo hacia el International Style, que había degenerado desde su pureza inicial hacia fórmulas que parecían monótonas y estériles. Una de las corrientes arquitectónicas que va a reaccionar contra la ortodoxia del racionalismo será la denominada posmoderna, ligada al movimiento filosófico del mismo nombre. El posmoderno en arquitectura no pretendió ser un movimiento conexionado, sino una serie de actitudes individualistas que varían desde las tendencias neohistoricistas de Ricardo Bofill o de Óscar Tusquets hasta los extremados rasgos del deconstructivismo que practican Frank Gehry o Zaha Hadid, pasando por la ironía de Robert Venturi, Helmut John o Michael Graves. El polifacético Philip Johnson dio un espaldarazo a la corriente posmoderna con la erección del edificio AT & T (1982) de Nueva York, un rascacielos coronado por un frontón partido. En la última década en el panorama arquitectónico han aparecido diferentes tendencias divergentes, como el deconstructivismo o el high-tech. Al mismo tiempo, se ha reiniciado un proceso de revisión de los maestros vanguardistas, produciéndose la reactivación de los postulados del movimiento moderno. Esta tendencia se puede observar en la obra de numerosos arquitectos, entre los que destacan el holandés Rem Koolhaas, el japonés Tadao Ando, el estadounidense Richard Meier, el portugués Álvaro Siza Vieira y el español Rafael Moneo. Alexander Calder (1898-1976) Escultor estadounidense. Influido por artistas abstractos como Piet Mondrian, Jean Arp y Joan Miró, en 1931 ingresó en la asociación Abstraction-Creation, y el mismo año creó una obra a la que Marcel Duchamp bautizó como móvil. Precisamente son los móviles las creaciones que elevaron a Calder a las más altas cimas de la escultura moderna. Con ellos se propuso crear obras abstractas dotadas de movimiento, que reflejaran, gracias a su dinamismo, los efectos cambiantes de la luz. Realizó móviles de muy distintos tamaños, algunos gigantescos, en los que se sirvió de piezas coloreadas de latón de formas abstractas, unidas por alambres o por cuerdas; suspendidos por lo general del techo, a consecuencia de su poco peso eran fácilmente movidos por el aire. Con estas obras, fue el primero en incorporar el movimiento a la obra de arte y se convirtió en el precursor del arte cinético. Destacan particularmente Steel Fish y Red Petals. El gran éxito de los móviles explica que el creador recibiera encargos de los más diversos países y que sus obras embellezcan algunas de las principales ciudades del mundo. También realizó stabiles, esculturas no móviles, grandes y de color oscuro, que a menudo reproducen monstruos o animales extraños. Pablo Gargallo (1881-1934) Escultor español. Formado en la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, sus primeros trabajos estuvieron vinculados a la tradición realista, inspirados, sobre todo, por las esculturas de Aristide Maillol. En 1911, sin embargo, su tendencia artística experimentó un profundo cambio a raíz de su encuentro con Picasso durante una estancia en París: la influencia del arte primitivo estuvo presente en la realización de sus máscaras y de sus figuras de metal. En 1914 regresó a Barcelona, donde le fue asignada la cátedra de escultura de la Escuela Superior de Artes y Oficios, en la que ejerció hasta 1924. Con el advenimiento de la dictadura de Miguel Primo de Rivera volvió a París, donde se afincó definitivamente. En su última etapa creativa, la pintura de Modigliani influyó en el desarrollo de sus figuras, de entre las cuales destaca El profeta (1933). Jorge Oteiza (1908-2003) Escultor español, figura clave de la vanguardia de la década de los cincuenta. En 1927 se trasladó a Madrid con el propósito de estudiar arquitectura, aunque, por razones burocráticas, finalmente tuvo que matricularse en medicina. Pese a que nunca terminaría la carrera (la abandonó en el tercer curso para apuntarse en la Escuela de Artes y Oficios), la asignatura de bioquímica despertó su interés por la escultura, por la experimentación de lo que él definió como «biología del espacio». Fue también en la capital de España donde se acentuó, desde posiciones sociales y de izquierdas, su conciencia identitaria vasca. Sus primeras esculturas, figurativas y con un cierto aire arcaizante, nacieron bajo la influencia de artistas como Jacob Epstein, Alberto Sánchez y, sobre todo, Pablo Picasso. Ya en los años treinta, junto a sus amigos los pintores Narkis de Balenciaga y Nicolás de Lekuona, se introdujo en la vida artística de San Sebastián a través de diversas exposiciones y concursos. A principios de la década de los cuarenta empezó a introducir oquedades en sus esculturas. Aquellas incipientes exploraciones sobre el hueco y el volumen (en la línea del gran escultor británico Henry Moore) habrían de devenir el cauce creativo por el que discurrirían sus producciones posteriores. En 1948 regresó al País Vasco, instalándose en Bilbao. El panorama que se encontró era a todas luces desolador; nada quedaba de aquel ímpetu cultural que había florecido durante la República. En lo artístico, continuó sus especulaciones en torno a la desocupación del espacio escultórico, creando piezas cada vez más esenciales y místicas. En 1950 se le adjudicó la estatuaria para la nueva basílica de Aránzazu (Guipúzcoa), proyectada por el arquitecto Francisco Javier Sáenz de Oiza. Su intervención fue polémica desde el principio: la heterodoxa iconografía del friso de los Apóstoles (representó catorce) así como su estética, demasiado vanguardista para el gusto de las instituciones eclesiásticas, provocaron que la Comisión Pontificia paralizara la ejecución de las piezas por considerarlas sacrílegas. A instancias del papa Pablo VI, el proyecto se reanudó en 1968. Las puertas del templo, realizadas por un joven Eduardo Chillida en hierro y en un estilo geométrico espacialista, causaron una honda impresión en Oteiza. Lo cierto es que la poética desplegada en aquellas puertas, aun sin que él lo reconociera nunca, determinó en gran manera la evolución de su obra. Tanto fue así que en los años cincuenta (su período artístico más fructífero) abandonó definitivamente la figuración y se adentró por un camino de depuración formal y de diálogo entre la materia y el vacío. El éxito y el reconocimiento internacional no se hicieron esperar, y en 1957 ganó el primer premio de escultura de la Bienal de São Paulo, en Brasil, con la serie Propósito experimental. Su particular forcejeo con el volumen y el espacio llegaría a su cenit en series como Desocupación de la esfera (1957-1958) y Cajas vacías o Cajas Metafísicas (1958), en las que el objeto quedaba desmaterializado casi por completo en favor de un espacio que él entendía metafísico y espiritual. Eduardo Chillida (1924-2002) Escultor español, considerado uno de los más importantes del siglo XX. Desde que se diera a conocer en la escena internacional allá por los años cincuenta, la obra de Chillida ha quedado representada en los principales museos y colecciones de arte de Europa y Estados Unidos. Asimismo, sus trabajos han sido comentados y analizados tanto por parte de los historiadores y críticos de arte como por poetas de la talla de Octavio Paz, Gabriel Celaya y José Ángel Valente, entre otros, y filósofos tan importantes como Martin Heidegger o Gaston Bachelard. Galardonada en innumerables ocasiones y expuesta en numerosos museos y retrospectivas, su obra constituye un legado de referencia ineludible en el panorama artístico contemporáneo. Para muchos fue el mejor escultor español de la segunda mitad del siglo XX. A lo largo de sus más de cincuenta años de trayectoria creativa, Chillida exploró conceptos (opuestos para algunos, complementarios para él) como los de vacío y volumen, luz y sombra, límite e infinitud. El material del que estaban hechos sus trabajos (aun indagando en componentes tan diversos como el hierro, la piedra, el alabastro, el acero o el hormigón) no fue para él un fin en sí mismo, como tampoco lo fueron esas formas austeras y arcanas tan definitorias de su trabajo. Más allá de la materia y la forma, lo que quiso expresar Chillida a través de sus obras fue una concepción ética, mística y trascendental de la existencia. Francis Picabia (1879-1953) Francis Picabia comenzó su carrera artística en el ámbito del impresionismo y el fauvismo, con obras fáciles que le proporcionaron un gran éxito comercial. Pero su temperamento inquieto y subversivo le llevó a buscar caminos más comprometidos, por lo que entró en la órbita del cubismo de Picasso y Braque con obras caracterizadas por la incorporación de elementos simbólicos y de títulos y frases sin ninguna relación con el tema. Sus contactos con Marcel Duchamp en Nueva York (donde estuvo en varias ocasiones durante la década de 1910) y con el grupo dadaísta que Tristan Tzara lideraba en Zurich lo llevaron a decantarse por el dadaísmo como tendencia artística preferida. A este período corresponde su estilo más característico, llamado maquinista por centrarse en la representación de máquinas, que en ocasiones son símbolos de los seres humanos y a veces hacen referencia al mito del maquinismo, del desarrollo industrial a ultranza. Pero quizá, más que a la creación artística, la influencia de Picabia en las generaciones posteriores se deba a la tarea intelectual, de provocación cultural, que llevó a cabo desde las revistas 391, fundada por él en Barcelona en 1917, y 491, fundada en París en colaboración con André Breton. A partir de 1919 frecuentó en París el grupo surrealista, y en 1924 realizó la memorable escenografía para la película Entr'acte, de René Clair. En 1925 se estableció en la Costa Azul, donde desarrolló un nuevo estilo pictórico que se ha definido como de los monstruos y las transparencias, y más tarde volvió de nuevo al surrealismo. Su pintura es, por ello, muy variada, con constantes cambios de temática y estilo, aunque dentro, casi siempre, del mundo de lo imaginario y lo simbólico. Las ideas que pregonó desde sus publicaciones contribuyeron a la difusión de las vanguardias. Julio González (1876-1942) Escultor y pintor español. Figura fundamental de la renovación escultórica del siglo XX, Julio González es especialmente reconocido por su permanente experimentación a nivel formal y su aportación de nuevos materiales a la actividad creadora. En sus primeras obras escultóricas en hierro, Julio González abordó principalmente dos temáticas: las naturalezas muertas y las máscaras. En las primeras se aprecia la influencia del cubismo, y en las segundas, del arte negroafricano. En 1929, con las series El beso y El sueño, se alejó definitivamente del cubismo para adentrarse en la abstracción. Sin embargo, no puede calificarse a González de artista abstracto, ya que su constante ir y venir entre la figuración y la abstracción lo convierte en un escultor singular. En 1937 presentó su escultura La Montserrat en el Pabellón de España de la Exposición Internacional de París, con la que quiso expresar el dramatismo de la guerra civil y abordar desde el arte la problemática social española. De 1939 son sus Hombres-cactus, expresión de una época que puede describirse como un surrealismo matérico. Piet Mondrian (1872-1944) Pintor holandés. Por educación y trayectoria vital, sus primeras obras participaron de la tradición paisajista holandesa y de su interés por los efectos lumínicos. En 1907, el conocimiento de la obra de los pintores postimpresionistas cambió por completo sus antiguas nociones sobre el color, cuyo tratamiento abordó a partir de entonces de manera mucho más audaz. Tras contemplar las primeras obras cubistas de Braque y Picasso, en 1912 decidió trasladarse a París y adaptar los preceptos del cubismo, interesado en reducir las formas individuales a una fórmula general. Aunque plásticamente su obra respetaba los principios cubistas, desde 1913 experimentó un claro avance hacia la abstracción que culminó en 1917 con el abandono definitivo del referente externo. La Primera Guerra Mundial le hizo regresar a los Países Bajos, donde conoció a Theo van Doesburg. Junto a él y otros dos artistas (Van der Leck y Huszar), fundó la revista y movimiento De Stjil, desde los cuales defendieron el rechazo completo de la realidad circundante como referente de la obra y la reducción del lenguaje pictórico a sus elementos básicos. Este estilo, bautizado por el propio Mondrian como neoplasticismo, pretendía alcanzar la objetividad real liberando a la obra de arte de su dependencia de la percepción individual momentánea y del temperamento del artista. EL MUSEO GUGGENHEIM DE BILBAO No puede cuestionarse el peso que tiene el País Vasco en el Arte Contemporáneo español, sede de museos como el Guggenheim de Bilbao o, aunque de dimensiones menores, el Chillida-Leku, o el ARTIUM de Vitoria. Vamos a acercarnos a Bilbao, ya que en el autobús este trayecto es de una hora aproximadamente. Ni qué decir tiene, que vamos a trasladarnos al Museo Guggenheim. Y, yendo al grano de la cuestión, téngase en cuenta lo que se va a decir a continuación. Convertido en símbolo del nuevo Bilbao, el Museo Guggenheim Bilbao constituye uno de los proyectos culturales más ambiciosos del siglo XX. La colección permanente del museo incluye fundamentalmente obras de los artistas más prominentes de las últimas cuatro décadas y se complementa con fondos prestados por la Solomon R. Guggenheim Foundation y con las programaciones especiales que auspicia la Fundación. Además, algunas salas del Museo Guggenheim Bilbao están dedicadas a montajes monográficos y otras albergan obras realizadas expresamente para este Museo. El arte contemporáneo vasco y estatal también están representados con una selección de obras que, como nuevas adquisiciones de la colección permanente, proporcionan una amplia visión de las tendencias más actuales del arte. El Museo Guggenheim cuenta con una colección propia y singular, al tiempo que complementa las colecciones del resto de instituciones Guggenheim. Los fondos del Museo cuentan con obras de algunos de los artistas más importantes de la segunda mitad del siglo XX, como Eduardo Chillida, Yves Klein, Willem de Kooning, Robert Motherwell, Robert Rauschenberg, James Rosenquist, Clyfford Still, Antoni Tàpies y Andy Warhol, por citar algunos. En cuanto a las exposiciones permanentes destacan las siguientes obras: La materia del tiempo, de Richard Serra, Instalación para Bilbao, de Jenny Holzer, Puppy, de Jeff Koons, Fuente de fuego, de Yves Klein, Mamá, de Louise Bourgeois, Tulipanes, de Jeff Koons, Arcos Rojos, de Daniel Buren o Escultura de niebla, de Fujiko Nakaya. El Museo Guggenheim Bilbao acoge, entre otras actividades, exposiciones, conciertos, festivales, conferencias, proyecciones y talleres. El Museo Guggenheim Bilbao es obra del arquitecto estadounidense Frank Gehry y representa un magnífico ejemplo de la arquitectura más vanguardista del siglo XX. Con 24.000 m2 de superficie, de los que 11.000 están destinados a espacio expositivo, el edificio representa un hito arquitectónico por su audaz configuración y su diseño innovador, conformando un seductor telón de fondo para el arte que en él se exhibe. En conjunto, el diseño de Gehry crea una estructura escultórica y espectacular perfectamente integrada en la trama urbana de Bilbao y su entorno. La construcción del Museo Guggenheim Bilbao tuvo lugar entre octubre de 1993 y octubre de 1997 y el emplazamiento elegido, en una curva de un antiguo muelle de uso portuario e industrial, supuso la recuperación de la ría del Nervión para la ciudad y su reurbanización para la cultura y el ocio. Debido a la complejidad matemática de las formas curvilíneas proyectadas por Gehry, éste decidió emplear un avanzado software inicialmente utilizado en la industria aeroespacial, CATIA, para trasladar fielmente su concepto a la estructura y facilitar su construcción. Para la piel exterior del edificio, el arquitecto eligió el titanio tras descartar otros materiales y comprobar su comportamiento en unas muestras que había en el exterior de su propio estudio. El acabado de las cerca de 33.000 finísimas planchas de titanio consigue un efecto rugoso y orgánico, al que se suman los cambios de tonalidad del material según la atmósfera reinante. Los otros dos materiales empleados en el edificio, piedra caliza y vidrio, armonizan perfectamente, logrando un diseño arquitectónico de gran impacto visual, hoy día convertido en verdadero icono de la ciudad en todo el mundo. Frank Gehry está considerado como uno de los arquitectos más importantes e influyentes del mundo, y es internacionalmente célebre por su arquitectura personal, que incorpora nuevas formas y materiales y es especialmente sensible con su entorno. El Museo Guggenheim Bilbao es una de sus obras más conocidas. Gehry ha sido galardonado con los más prestigiosos premios en el campo de la arquitectura, como el Pritzker, que le fue otorgado en 1989 o el Premio Imperial Japonés, que le fue concedido en 1992. En la actualidad, su estudio, Gehry Partners LLP, está ubicado en Los Ángeles y Gehry continúa diseñando y dirigiendo proyectos para clientes de todo el mundo. Una vez en el Vestíbulo, que sirve de distribuidor, el visitante accede al Atrio, auténtico corazón del Museo y uno de los rasgos distintivos del diseño arquitectónico de Frank Gehry. Se trata de un gran espacio diáfano de volúmenes curvos que conectan el interior y el exterior del edificio mediante grandes muros cortina de vidrio y un gran lucernario cenital. Los tres niveles del Museo se organizan en torno a este Atrio central y se conectan mediante pasarelas curvilíneas, ascensores de titanio y cristal, y torres de escaleras. El Atrio, que también funciona como espacio expositivo, sirve como eje que ordena las 20 galerías que alberga el Museo, algunas de aspecto más clásico y líneas ortogonales y otras de volumetrías más orgánicas e irregulares. El juego de volúmenes y perspectivas permite disponer de espacios interiores en los que, sin embargo, el visitante no se siente en absoluto desbordado. Esta diversidad de salas ha demostrado su enorme versatilidad en las manos expertas de comisarios y diseñadores, que han encontrado la atmósfera idónea, tanto para presentaciones de obras de gran formato y medios contemporáneos como en muestras de carácter más sosegado o íntimo. Además del espacio dedicado a la exhibición artística y un edificio anexo de oficinas y administración, el Museo cuenta con una sala de orientación al visitante llamada Zero Espazioa, un Auditorio de 300 butacas, una Tienda-Librería, cafetería, un restaurante tipo Bistró y un restaurante gastronómico con una estrella Michelin. El Museo está rodeado de atractivos paseos y plazas en una zona de reciente urbanización, superado su pasado industrial. La plaza y la entrada principal del Museo se encuentran enfilando la calle Iparragirre, una de las principales vías que cruza diagonalmente Bilbao, extendiendo el casco urbano hasta la puerta misma del Museo. Una vez en la plaza, el visitante accede al Vestíbulo descendiendo una amplia escalinata, un recurso infrecuente que, en este caso, resuelve con acierto la diferencia de cota entre la ría del Nervión, en cuya ribera se sitúa el Museo, y el nivel de la ciudad, haciendo factible una espectacular estructura que, sin embargo, no rebasa la altura de las construcciones circundantes. La parte más alta del edificio está coronada por un gran lucernario en forma de flor metálica que cubre el Atrio, uno de los rasgos más característicos del edificio. El exterior del Museo, cuyo perímetro puede recorrerse íntegramente, presenta diferentes configuraciones desde las distintas perspectivas y sirve también para la exhibición artística, albergando piezas de creadores como Louise Bourgeois, Eduardo Chillida, Yves Klein, Jeff Koons o Fujiko Nakaya. La parcela en la que se sitúa el edificio está surcada en uno de sus extremos por el Puente de La Salve que, desde 2007, sirve de soporte a la intervención escultórica encargada por el Museo a Daniel Buren titulada Arcos rojos / Arku Gorriak. Bajo el puente discurre la sala 104, una enorme galería libre de columnas que alberga la instalación escultórica de Richard Serra La materia del tiempo, y que se topa en su extremo con una torre, un remate escultórico del diseño arquitectónico que abraza el colosal puente y lo integra, de forma eficaz, en el edificio. Desde otro punto de vista, añadiremos que el Museo Guggenheim de Bilbao se trata de un museo de arte moderno y contemporáneo inaugurado el 18 de octubre de 1997 y situado sobre la margen izquierda de la ría de Bilbao, antiguamente ocupada por astilleros y depósitos portuarios. Se encuentra ubicado en un emblemático edificio diseñado por el arquitecto canadiense, afincado en los Estados Unidos, Frank O. Gehry, quien concibió su diseño como un conjunto de edificios de piedra caliza conectados entre sí, que forman una compleja estructura que sostiene una cubierta de titanio con una superficie de 26.000 m2. La Solomon R. Guggenheim Fundation, creada en 1937, posee una de las mejores colecciones de arte moderno del siglo XX, resultado de compras y donaciones que han ido enriqueciendo la colección original, como las de Nierendorf (1948), Dreier (1960), Tannhauser (1978), Peggy Guggenheim (1979), Panza di Biumo (1990) y la Robert Mapplethorpe Fundation (1992). Además del Museo de Bilbao gestiona dos en Nueva York (el Solomon R. Guggenheim Museum y el Guggenheim Museum SoHo), uno en Las Vegas (Guggenheim Hermitage Museum), uno en Berlín y otro en Venecia (Peggy Guggenheim Collection). La colección incluye piezas de artistas como Picasso, Kandinsky, Chagall, Paul Klee, Kirchner, Delaunay, Brancusi, Calder, Dubuffet, Albers y Pollock, entre otros. El Museo Guggenheim Bilbao mantendrá su propia colección en la que ya se encuentran obras de los americanos Mark Rothko, Clyfford Still y Willem de Kooning y del pintor neoexpresionista alemán Anselm Kiefer. El edificio del museo ocupa uno de los extremos del antiguo territorio industrial denominado Abandoibarra que, a pesar de formar parte del corazón de Bilbao, nunca había sido de uso urbano. Limitado por el puente de La Salve, importante vía de acceso a la ciudad, éste se integra dentro de la construcción mediante una galería que pasa por debajo, y que se eleva después en una torre básicamente ornamental. La estructura atornillada está formada por un entramado de tubos metálicos de acero al carbono, cada uno con una longitud y orientación propia. Las 33.000 placas de titanio que recubren gran parte del museo y cuyo peso supera las sesenta toneladas se sujetan a la estructura por medio de grapas. De los 24.000 m2 construidos, 11.000 son ocupados por diecinueve galerías distribuidas en tres plantas que combinan espacios de perfil rectangular con otros de proporciones singulares, dando al museo una versatilidad excepcional. El impresionante edificio es el resultado de cuatro años de trabajo y una inversión cercana a los 23.000 millones de pesetas y su construcción ha dado prestigio internacional a las empresas que lo han realizado. El 4 de noviembre de 1998 el Consejo de Ministros le concedió a esta institución la Medalla de oro al Mérito de las Bellas Artes, por el gran éxito de público que obtuvo en su primer año de existencia, con casi un millón y medio de visitantes. En cuanto al significado del Guggenheim exponemos que la ría del Nervión, la vía de agua que dio vida a la capital, estaba a finales de los años ochenta a punto de perder su penúltimo pulmón económico: el 9 de mayo de 1988, con casi cien años de historia, los astilleros Euskalduna (fundados en 1890), situados al principio junto a los que tenía el padre de Sabino Arana, decretaron el cierre patronal en favor de una reconversión industrial, en unos tiempos en los que el cabotaje había muerto y ya no había Armada que encargase buques. Justo allí encima, en lo que fueron los hangares de los astilleros y de la grúa, se ha construido el museo, un edificio futurista de Frank O. Gehry destinado a albergar las mejores obras del arte contemporáneo. La idea de los responsables del Museo Guggenheim Bilbao (la Solomon R. Guggenheim Foundation y el Cobierno Vasco) es que su colección y sus exposiciones atraigan hacia la capital vizcaína turismo cultural. Ante todo, el edificio de Gehry, un arquitecto que ha roto moldes al incorporar a sus proyectos formas y materiales innovadores sin perder de vista el contexto, ya merece ser visto por sí mismo, independientemente del museo. Sus salas han conocido variados movimientos artísticos, como el cubismo, el suprematismo, el dadaísmo, etc., etc. En sus colecciones exterioriza su plan de vida, ya que se trata de un Museo vivo, que, aparte de su colección permanente, sabe echar mano de otros recursos. El pop-art tiene como sus principales artistas: Richard Hamilton, Roy Lichtenstein, Tom Wesselmann y Andy Warhol. EL CHILLIDA-LEKU Y cambiando de escenario, sobre el Chillida-Leku diremos lo siguiente: Eduardo Chillida inicia estudios de arquitectura que no acabará nunca. En 1948 viaja a París, donde entabla amistad con Pablo Palazuelo. En 1950 vuelve a San Sebastián, contrae matrimonio y, al año siguiente se instala en Villaines-sous-Bois, un pueblo francés. En 1952 se instala definitivamente en España. Se autocalifica como arquitecto del vacío. Su obra se inspira en la naturaleza. El igual que Gargallo y Julio González, emplea el hierro forjado, aunque utiliza también otros materiales como madera, granito, hormigón e incluso alabastro. Fiel admirador de la escultura de Brancusi; se ha señalado que su obra se mueve entre las influencias del arcaísmo griego y de la escultura contemporánea de Henry Moore. Junto a Jorge Oteiza es el escultor vasco más destacado del siglo XX. El Museo Chillida Leku es el lugar donde se encuentra el corpus de obra más amplio y representativo de Eduardo Chillida. Chillida Leku es un museo fundado en vida por el propio artista, creador del Peine del Viento, tras quince años de trabajos de restauración y acondicionamiento del caserío Zabalaga en las afueras de Hernani, a pocos kilómetros de San Sebastián. El escultor buscaba un hogar para sus obras –un “lugar” (en euskera, leku)– donde las generaciones futuras pudieran conocer y experimentar su arte en un emplazamiento inigualable. Dentro del edificio pueden visitarse las obras de menor tamaño, dibujos o incluso sus primeras esculturas de torso. Pero su verdadera personalidad radica en el exterior, donde se exhiben esculturas al aire libre. Se trata de un lugar especial en el que se exponen no sólo sus esculturas más queridas, sino la esencia de su obra. Este edificio histórico que data del siglo XVI está rodeado por 11 hectáreas de terreno a lo largo de las cuales pueden admirarse cerca de 40 esculturas originales del artista entre las que destacan Buscando la luz I (1997) o Lotura XXXII (1998) realizadas con acero corten, un material con fuertes resonancias del pasado industrial de la región. Entre los años 2011 y 2019 ha permanecido cerrado al público general y solo se podía acceder con cita previa. En abril de 2019 reabre sus puertas tras un proceso de actualización dirigido por el arquitecto argentino Luis Laplace, conocido por sus trabajos de interiorismo y restauración respetuosa y sostenible, desarrollados en intenso vínculo con el arte. El arquitecto Jon Essery Chillida, nieto de Eduardo Chillida, y el paisajista holandés Piet Oudof han participado en el proceso de reacondicionamiento junto a Laplace. La Colección Chillida-leku está compuesta por 391esculturas y más de 300 obras en papel, entre gravitaciones, grabados y dibujos.Las Exposiciones permanentes están integradas por esculturas y otras obras de Eduardo Chillida en acero-hierro, alabastro, acero inoxidable, piedra, hormigón, madera, papel, tierra, yeso y fieltro. En definitiva, el Museo Chillida-leku es un gran espacio de jardines y bosques y un caserío (Zabalaga) remodelado, donde el escultor Eduardo Chillida Juantegui distribuyó una gran muestra de su obra. Está situado en las inmediaciones de Hernani, provincia de Guipúzcoa. Inaugurado el 16 de septiembre de 2000, tras 10 años de actividad, el 31 de diciembre de 2010 cerró sus puertas debido a la crisis económica. El 30 de noviembre de 2017 se dio a conocer que Chillida-Leku reabriría en 2018, siendo la galería suiza Hauser & Wirth la representante exclusiva de la obra de Eduardo Chillida. Sin embargo, la reapertura se pospuso para el 17 de abril de 2019. El 23 de agosto de 2019, el museo fue seleccionado por la revista estadounidense Time en su lista World’s Greatest Places 2019 como uno de los mejores lugares del mundo para visitar, tratándose de la única representación española. El museo se distribuye a lo largo de una parcela de 13 hectáreas. En el exterior se muestran 40 esculturas de muy diferentes tamaños. Las más grandes son Buscando la luz de 27 toneladas y 9 metros de alto y Lotura XXXII de 60 toneladas, y otras como Estela V no miden más de un metro. Los materiales de las esculturas del exterior son el acero y la piedra, predominantemente granito rosa. Las esculturas de los jardines se pueden tocar, por lo que el visitante siente la fuerza de los materiales. En el interior del caserío se muestran las obras más delicadas del artista. Muchas de ellas están fabricadas en materiales que no podrían soportar las inclemencias meteorológicas, como son la madera, el alabastro o la lana. Además, hay un exposición de estudios del cuerpo humano en pintura y escultura. El caserío data del siglo XVI y tiene el nombre de Zabalaga. Chillida buscaba un edificio en el que mostrar su obra, y cuando lo descubrió se encontró con este caserío de 1543 en estado de ruinas. Con la ayuda del arquitecto Joaquín Montero desarrolló un proyecto de restauración y creó un gran espacio interior, dividido en dos plantas. La planta baja abarca toda la superficie, mientras que la alta cubre solo una parte de ésta. Pero un análisis detallado de la obra de Chillida nos diría que en 1948, buscando un ambiente creativo más propicio al que se vivía en la España franquista, se trasladó a París. Allí entabló amistad con el pintor Pablo Palazuelo y, además de conocer de primera mano la obra de artistas como Picasso, Julio González o Constantin Brancusi, sintió una especial fascinación por la escultura arcaica griega del Louvre. En esa primera y efímera etapa realizó en yeso y terracota una serie de esculturas aún influidas por la tradición figurativa. Con todo, aquellos sondeos artísticos no satisficieron a Chillida. Agotado y frustrado, decidió abandonar la capital francesa para volver a su tierra natal. Tiempo después, rememorando aquellos años, diría: «Me di cuenta de que París, así como mis frecuentes visitas al Louvre, me llevaban hacia la blanca luz de Grecia, del Mediterráneo. Comprendí que aquél no era mi lugar y le dije a Pili: “Volvamos a casa, estoy acabado”. Al llegar comprendí por qué me sentía acabado: mi país tiene una luz negra, el Atlántico es oscuro». En 1951 se instaló en el País Vasco con su esposa, Pilar Belzunce, con la que había contraído matrimonio un año antes. En la localidad guipuzcoana de Hernani comenzó a trabajar en la fragua de Manuel Illarramendi, quien le enseñó los seculares secretos del arte de la forja. Aquel mismo año, Chillida alumbró su primera escultura abstracta, Ilarik: una austera y «primitiva» estela en la que el hierro y la madera (materiales con fuertes connotaciones míticas dentro de la tradición y la cultura vascas) se integraban desmintiendo la vieja jerarquía entre «estatua» y «peana». Esta obra supuso un antes y un después en su trayectoria artística, no sólo por la elección de los materiales mencionados, sino, sobre todo, porque en ella se asentaban, aunque de modo todavía incipiente, conceptos constitutivos de su obra posterior como el espacio, la materia, el vacío o la escala. Las exploraciones creativas iniciadas con Ilarik se irían redefiniendo y concretando en los años siguientes con piezas como Elogio del aire, Música callada o Rumor de límites. El reconocimiento internacional le vino también en los años cincuenta al exponer en galerías y museos de ciudades como París, Londres, Milán, Madrid, Nueva York o Chicago, entre otras, y participar en certámenes tan importantes como la Bienal de Venecia de 1958, en la que ganó el Gran Premio Internacional de Escultura, o la Documenta de Kassel de 1959. A fines de la década empezó a experimentar con nuevos materiales y soportes. En 1959 realizó Abesti Gogora, su primera escultura en madera. Ese mismo año, ejecutó también su primera obra en acero, Rumor de límites IV, y sus primeros aguafuertes. En 1963, nuevamente entraba en contacto con el mundo y la cultura egea, pero en esta ocasión (sin la mediación, quizá, de las ampulosas salas del Louvre) la luz cegadora y, para él, distante del Mediterráneo, se le reveló con nuevos esplendores. De aquel periplo por tierras griegas nacerían, dos años después, sus primeros alabastros, como los de la serie Elogio de la luz. Utilizando la técnica del vaciado, la misma que ya emplearon los grandes escultores de la Grecia clásica y el Renacimiento, Chillida horadó y modeló el bloque para que el espacio y la luz entraran en sus pétreas entrañas. Esta concepción prometeica del hecho escultórico, llevada, eso sí, a una escala titánica, sería la que iluminaría su inconcluso proyecto para la montaña de Tindaya, en Fuerteventura. En 1971 realizó su primer trabajo en hormigón. En los años subsiguientes, coincidiendo con los grandes encargos de escultura pública, este material sería empleado en un gran número de obras, como Lugar de encuentros III (Madrid, 1971), La casa de Goethe (Frankfurt, 1986), Elogio del agua (Barcelona, 1987), Elogio del horizonte (Gijón, 1990) o Monumento a la tolerancia (Sevilla, 1992). Asimismo, también utilizó el acero (uno de los materiales en los que trabajaba más a gusto) en la concreción de muchas de sus esculturas de los años ochenta y noventa, como el Monumento a los Fueros (Vitoria, 1980), Homenaje a Jorge Guillén (Valladolid, 1982), Helsinki (Helsinki, 1991), Homenaje a Rodríguez Sahagún (Madrid, 1993), Jaula de la libertad (Trier, 1997), Diálogo-Tolerancia (Münster, 1997) o Berlín (con esta obra, situada frente a la nueva Cancillería de la capital alemana e inaugurada póstumamente en 2002, Chillida quiso simbolizar el espíritu conciliador de la nueva Alemania unificada). En el año 1999, el Museo Guggenheim Bilbao celebró el 75º aniversario del escultor con una interesante retrospectiva en la que se presentaron más de doscientas obras. Esta exposición ha sido, hasta el momento, la más importante que se le haya dedicado al artista. En septiembre de 2000, Chillida vio realizado uno de sus grandes sueños. Aquel día, en Hernani, abrió sus puertas el centro que él mismo había bautizado como Chillida-Leku (Casa de Chillida). Este proyecto empezó a gestarse en 1984, cuando él y su esposa adquirieron un viejo caserío del siglo XVI, rodeado de prados y bosques, con la idea de crear un espacio que contribuyese a la divulgación de su obra y albergase de forma permanente una muestra representativa de la misma. El Museo Chillida-Leku no sólo fue el último legado de este artista universal que sin olvidar sus raíces supo reinventar la escultura para llenarla de nuevos significados, sino que en poco tiempo se ha convertido en uno de los nuevos referentes culturales del País Vasco. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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