viernes, 8 de diciembre de 2023

LITERATURA JUVENIL, "La Mitología griega"

Si tenemos en cuenta que la mitología, palabra que viene del griego “mithologia” (tratado sobre los mitos o fábulas) remite, etimológicamente, al estudio de los mitos, podemos sentar que la mitología recoge el conjunto de relatos míticos de una determinada cultura o civilización, tanto sobre los dioses como sobre los héroes. Consecuentemente, podremos decir que se entiende por mito, del griego “mithos”, cuya etimología remite a significados como “palabra”, “discurso”, todo relato acerca de los orígenes de cualquier tipo de realidad (desde el origen del universo y del ser humano, hasta el de un objeto cualquiera). Tal relato tiene las características de apelar a lo sobrenatural, como elemento explicativo, y de recurrir a un lenguaje ambivalente, lo que le lleva a incurrir en contradicciones. Platón, en la "República", se refiere al mito, al principio del libro III, al explicar las razones por las que no se debe autorizar su difusión en la sociedad ideal, con estos términos: "Razón por la cual hay que atajar el paso a esta clase de mitos [...] que hablan de los dioses, de los démones y héroes y de las cosas de ultratumba". En cuanto discurso carente de fundamento racional el mito se opone al Logos. Por su parte, Píndaro constata que los mitos, oportunamente adornados con bellas mentiras por parte de los poetas, triunfan sobre la verdad a los ojos de la opinión pública. Herodoto, a su vez, utiliza la palabra mito para desacreditar una explicación inverificable o una serie de aventuras increíbles. Imitando en esto a Tucídides, los historiadores de la Antigüedad opusieron siempre el mito a la historia. Así, pues, en la especulación filosófica, el mito se entiende como una forma no perfecta de verdad, y como una categoría autónoma y originaria de acceso a la verdad. Mediante esta forma expresiva, el mito pretende una explicación o interpretación de la realidad cósmica y humana. Su finalidad varía: los mitos teogónicos relatan el origen e historia de los dioses; los mitos cosmogónicos explican el origen y evolución del mundo; los mitos escatológicos, las prostrimerías del hombre y el fin del mundo; los mitos morales intentan sacralizar en su origen las normas de conducta individual y social. El mito no constituye un proceso privativo de etapas culturales primitivas, ya que nuestra civilización crea también mitos. Pero para los griegos no hay ruptura entre el mito considerado como una ficción y la historia como la narración de la verdad histórica. Para ellos, el tiempo de los dioses y el tiempo de los hombres se inscriben en el mismo continuum. En realidad, todos los grupos culturales humanos han desarrollado una mitología. Esta ocupa un lugar intermedio entre la religión y el folclore, empezando con el intento de dar explicación a las fuerzas de la naturaleza y terminando por divinizarlas. Así, Zeus es primero el cielo, después una fuerza existente en el cielo y, por fin, un dios armado con el poder del cielo. Las mitologías griega y romana son antropomorfas, pero los dioses superan a los hombres en belleza, fuerza y poder, aunque conservan sus vicios y pasiones. A los dioses acompañan los héroes, inferiores a ellos, pero superiores a los hombres, mezcla de historia y de leyenda. La mitología constituye, en resumen, un mundo vasto y misterioso, poblado de seres fantásticos que encarnan los anhelos, los terrores y las esperanzas de los hombres. Por todo ello en un sentido vulgar, el término mito equivale a mentira (de aquí mitomanía: tendencia a mentir u ocultar la verdad). Sin embargo, histórica y filosóficamente, el mito se trata de un saber (o expresión del mismo), en forma predominantemente plástica o imaginativa, con un sentido metafórico de inspiración generalmente religiosa. Por último, se llama mitología al tratado de los mitos o al conjunto ordenado de los mismos. Se llama así también a las diversas religiones de los pueblos antiguos, y eminentemente a la primitiva religión grecorromana. Ahora vamos a hablar sobre los dioses del Olimpo, inspirándonos, para ello, en la mitología griega, que constituye el pandemónium de todas las mitologías terrestres. Así, pues, como arreando es gerundio, vamos, sin más preámbulos, con la cuestión que nos ocupa. Los griegos fueron de origen campesino y su religión conservó siempre el carácter que le dieron en un principio aquellos hombres apegados a la tierra. El campesino, apenas levantado, se asoma a la puerta de su casa y en la madrugada de la mañana, con temor y respeto, eleva su mirada hacia la colina cercana. Allí, en la altura, reside un dios todopoderoso, Zeus, que puede convocar todas las nubes y distribuir las lluvias. Al pasar cerca de un montón de piedras (un herma), parecido a todos los que a través de los campos jalonan su camino, se inclina, recoge una piedra y piadosamente la coloca sobre las otras; este montículo es sagrado: Hermes, el dios de los viajeros, lo habita. También es sagrada la tumba donde descansa algún muerto conocido, un héroe local. El campesino camina observando atentamente a su alrededor. El río que atraviesa, la fuente donde se abreva, están poblados de divinidades. La diosa Deméter protege el campo que va a sembrar. Un gesto suyo, torpe o descuidado, en el mundo viviente y sensible que lo rodea, puede ofender a un dios, herirlo y desatar su cólera. Si sube a la montaña penetra en el ámbito menos familiar de los dioses que allí viven. Las divinidades de la naturaleza se agitan constantemente a su alrededor. Las ninfas de las aguas y de los bosques pasan escoltadas por la “dama de los lugares salvajes”. Artemisa, y el marino que osa aventurarse en el mar se somete a los caprichos de un dios irritable y celoso: Poseidón. Las olas del mar están pobladas de nereidas y sirenas que poseen la seducción mortal de los mundos desconocidos. Ante esta naturaleza extraña, a menudo hostil, el griego se siente seguro en su casa, protegido por Zeus, y cerca de sus genios domésticos. Los griegos viven entre los innumerables dioses que ellos mismos han esparcido por el mundo. Unos son humildes divinidades de la caza y de los campos, asociadas a la existencia cotidiana; otros, grandes dioses más lejanos, que suelen manifestarse por ciertos signos: truenos, relámpagos o sueños y hasta se mezclan con los hombres, ¿Este extranjero, este mendigo —se suelen preguntar— no será un dios disfrazado? Los griegos le atribuyen a la mayoría de los dioses, apariencia y sentimientos humanos. En los tiempos primitivos de su civilización, el griego había sentido la debilidad del hombre frente a las fuerzas desconocidas que lo asedian y amenazan. Incapaz de explicarlas, las atribuye a voluntades superiores a la suya, es decir, a voluntades divinas. Las venera bajo todas las formas en que se manifiestan: en la piedra, en el animal, en el viento, en el rayo. Después las va modelando a su imagen; un dios que tiene forma de hombre puede inspirar temor y respeto, pero no el horror a lo desconocido. La Mitología griega son creencias y observancias rituales de los antiguos griegos, cuya civilización se fue configurando hacia el año 2000 a.C. Consiste principalmente en un cuerpo de diversas historias y leyendas sobre una gran variedad de dioses. La mitología griega se desarrolló plenamente alrededor del año 700 a.C. Por esa fecha aparecieron tres colecciones clásicas de mitos: la Teogonía del poeta Hesíodo y la Iliada y la Odisea del poeta Homero. La mitología griega tiene varios rasgos distintivos. Los dioses griegos se parecen exteriormente a los seres humanos y revelan también sentimientos humanos. A diferencia de otras religiones antiguas como el hinduismo o el judaísmo, la mitología griega no incluye revelaciones especiales o enseñanzas espirituales. Prácticas y creencias también varían ampliamente, sin una estructura formal — como una institución religiosa de gobierno — ni un código escrito, como un libro sagrado. Los griegos creían que los dioses habían elegido el monte Olimpo, en una región de Grecia llamada Tesalia, como su residencia. En el Olimpo, los dioses formaban una sociedad organizada en términos de autoridad y poderes, se movían con total libertad y formaban tres grupos que controlaban sendos poderes: el cielo o firmamento, el mar y la tierra. Los doce dioses principales, habitualmente llamados Olímpicos, eran Zeus, Hera, Hefesto, Atenea, Apolo, Artemisa, Ares, Afrodita, Hestia, Hermes, Deméter y Poseidón. Las injerencias de los dioses en las hazañas de los héroes -Hércules, Aquilea, Eneas, Perseo, etc.- inspiraron numerosas narraciones, cuyo conjunto forma la mitología. Los mitos son muy variados y ejemplifican la maldad, las calamidades, el castigo, el heroísmo, la fortuna, etc. Los griegos no se limitan a concebir los dioses a su imagen. A los más importantes les atribuyen una personalidad, una historia y múltiples aventuras. Los relatos maravillosos que cuentan estas historias, estos mitos, cuyo conjunto forma la mitología, se habían elaborado lentamente en el curso de siglos oscuros, durante los cuales se formó el pueblo griego. Divinidades indoeuropeas, como Zeus, prehelénicas y cretenses como Deméter y más tarde las asiáticas, se habían incorporado confundiéndose a veces con otras. Muertos ilustres fueron elevados a la categoría de semidioses y aparecieron también numerosas leyendas nuevas. Así se acumuló un conjunto de creencias, de tradiciones poéticas, de cuentos populares. Con esta materia, maleable como la arcilla, poetas y artistas modelaron la imagen definitiva de los dioses. Homero definió y precisó su personalidad; Hesíodo, sus lazos de parentesco, y más tarde bajo el buril de los escultores, estas sombras nacidas de la imaginación de un pueblo acabaron por perfilarse en el mármol y en el bronce y adquirieron una forma concreta. Los mitos de los dioses no dejaron de evolucionar, mientras la civilización griega mantuvo su impulso creador. La mitología ofrece primero una explicación del origen del universo, de los dioses y de los hombres.En un principio todo estaba mezclado en una masa confusa que los griegos llamaban caos. Primeramente se liberaron Nix (la noche de lo alto) y su hermano Erebo (oscuridad de los infiernos); poco a poco los dos se separaron. Erebo desciende; Nix se instala en una esfera inmensa que se divide en dos mitades una es Urano (la bóveda celeste); la otra, Gea (la tierra). De su unión nacen los titanes (Océano, Yapeto, Cronos), los cíclopes, los monstruos de cien brazos, los gigantes y otras divinidades fantásticas que la mitología distribuye sobre la tierra. Cronos destrona a su padre, y por temor a sufrir una suerte parecida devora a cada uno de sus hijos. Rea, su esposa, puede llegar a salvar el último de ellos, Zeus; Cronos en su lugar devora una piedra, envuelta en pañales que aquélla le ofrece; Zeus se esconde en una caverna de Creta; más tarde obliga a su padre, por efecto de una droga, a dar nuevamente vida a todos sus hijos. Con la ayuda de éstos, y la de los cíclopes y los gigantes, emprende la tarea de destronar a su padre, empresa que apoyan los otros titanes. Zeus, después vence a los titanes y a los gigantes y puede reinar como dueño sobre el Universo. La era de los monstruos primordiales termina. Comienza la de los hijos de Cronos, los olímpicos que encuentran en su reino una primer raza de hombres cuya creación se atribuye el titán Prometeo, hijo de Yapeto. El titán sustrae para ello una partícula de fuego arrancada a la rueda del sol. Zeus, furioso, lo encadena sobre el Cáucaso, donde un águila le devora sin descanso su hígado que vuelve a crecer. Zeus extermina a los hombres enviando el diluvio; solamente sobrevive Deucalión, hijo de Prometeo, y su mujer; quienes arrojan por encima ‘de sus hombros piedras que se transforman en hombres y mujeres. Así aparece una nueva humanidad que no le debe nada a los grandes dioses pero que, nacida de la acción de los titanes, está ligada a los olímpicos por un cierto parentesco. Los dioses y los hombres son de naturaleza semejante, pero los dioses son más poderosos y están mejor dotados. Los contemporáneos de Homero y de Hesíodo consideraban al mundo como una inmensa ciudad. Los dioses son los aristócratas; los hombres los plebeyos. Estas dos clases de barreras no son infranqueables. Los dioses pueden aliarse con los simples mortales, y por sus hazañas, los hombres, es decir los héroes, pueden elevarse a la categoría de dioses. Los grandes dioses que residen en la cima del Monte Olimpo son los descendientes de un mismo antepasado, Cronos, y forman un verdadero genos alrededor de Zeus. A él pertenecen sus hermanos (Poseidón y Hades), sus hermanas (Hestia, Deméter, Hera) y sus hijos (Apolo y Atenea). Después de la derrota de Cronos, Zeus conserva su autoridad sobre el universo entero como jefe de un clan. En esta familia divina cada miembro tiene su personalidad y sus atributos. Zeus, armado del rayo, es el dueño del cielo. Poseidón, provisto de un tridente, domina el mar. Hades reina sobre el mundo subterráneo y el mundo de los muertos. Hestia, diosa del hogar, permanece inmóvil en el Olimpo, como el hogar en la casa de los hombres. Deméter protege la tierra cultivada; Hera, esposa de Zeus, vela sobre el matrimonio. En seguida vienen los hijos de Zeus; Apolo, el dios resplandeciente, preside la adivinación, la medicina, la música, y la poesía. Artemisa, la luna, es la diosa de la naturaleza salvaje; la bella Afrodita representa el amor, la naturaleza fecunda. La sabia y fría Atenea simboliza la inteligencia y la razón. Es una diosa guerrera, armada dé lanza y de escudo, y en la paz es la protectora de los artesanos. Hermes, mensajero del Olimpo, ayuda a los viajeros, a los mercaderes y guía las almas en el camino de los infiernos. El brutal Ares es el dios de la guerra; Hefaisto, el herrero cojo, el dios del fuego y de todas las artes y artesanos que se servían de aquel elemento en su trabajo, especialmente los fundidores de bronce. Dionisio, el recién llegado, personifica la viña, el vino y la vegetación. Alrededor de estos grandes dioses se reúnen una cantidad de divinidades menores: las ninfas rodean a Artemisa, los sátiros forman la bulliciosa escolta de Dionisio, y el cortejo de Apolo, que es el padre de Esculapio, el dios de la medicina, lo integran las musas (Melpómene, Talía, Calíope, Erato, Clío, Euterpe, Tersícore, Polimnia y Urania). Considerados por la leyenda como hijos de un dios o de una diosa, los héroes o semidioses fueron sin duda en su origen personajes ilustres a los que sus conciudadanos después de su muerte les dedicaron un culto: los semidivinizaron. Estaban vinculados con una ciudad o una región y sobre ellos se contaban las más sorprendentes aventuras. Teseo, el héroe de Atenas, había vencido al Minotauro y unificado el Ática. Con sus compañeros, los argonautas, Jasón, el héroe de Tesalia, había partido para la lejana Cólquide, donde conquistó el vellocino de oro. Estos mitos conservan sin duda un fondo histórico. Parecen representar unos el fin de la tutela cretense sobre el Ática, y otros la expedición aquea en busca de los metales preciosos del Cáucaso. Tradicionalmente se entiende que la mitología es el conjunto de las leyendas y que una leyenda es todo relato de sucesos que son inciertos e incomprensibles, pero sobre los cuales existe una tradición que los presenta como acaecidos. Leyenda, en sentido amplio, y mito, en su sentido más amplio, son una misma cosa. La mitología clásica es el conjunto de leyendas o mitos griegos y romanos que tuvieron vigencia como tales leyendas en cualquier momento del ámbito temporal que va desde los orígenes de la civilización griega y romana hasta el año 600 d.C. Mitografía es el conjunto de obras literarias que tratan de la mitología. En particular, mitografía es el conjunto de obras literarias griegas y latinas desde los orígenes hasta el siglo XII d.C., que tratan de la mitología clásica, ya sea en forma sistemática, ya en alusiones o en utilizaciones de cualquier clase o extensión. Aunque podemos ver otro concepto de mitografía: la investigación científica de las leyendas o conjunto de los estudios modernos sobre ellas. Los datos ofrecidos por la mitografía en sentido restringido son el material básico para la mitología clásica y junto a ellos toda clase de indicios o datos (iconográficos: representaciones pictóricas y escultóricas; epigráficos, etc.). Todos los mitos o leyendas contienen tres elementos comunes: • Falta de comprobabilidad: esto afecta a parte de las leyendas, pero hay partes claramente imposibles (Helena nació de un huevo). • Pretensión de veracidad: todos pretenden ser ciertos en su totalidad, tal y como los cuenta el mito. • Tradicionalidad: todos han sido narrados por muchas personas y vueltos a narrar por otras. La fecha del 600 d.C. para cerrar el ámbito temporal coincide con el comienzo de la Edad Media. El mito está entre la historia y la novela. La historia se caracteriza por su certeza y la novela, por su ficción. El mito participa de ambas características. El mito en sentido amplio se divide en tres especies: • Mito propiamente dicho, es el relato acerca de dioses o de fenómenos de la naturaleza más o menos divinizados (Zeus, Hera, Atenea,…). • Leyenda, propiamente dicha, es el relato acerca de héroes, heroínas o personajes similares, caracterizados siempre como seres humanos notables dentro de su colectividad y con nombre propio (Edipo, Orestes, Jasón…). • Cuento popular, es el relato acerca de personajes humanos indeterminados, a veces sin nombre propio, pero de notable interés por sus hazañas o cualidades (un cazador, un pastor,…). Estos tres subtipos pueden mezclarse en una misma narración mítica, por lo que esta división a veces no es demasiado efectiva. Y ahora, por último, hablaremos brevemente sobre el origen de la mitología. Los orígenes del mito son diversos: • Los mitos intentan explicar las fuerzas o fenómenos de la naturaleza y las cualidades o realidades morales del hombre individual y de sus experiencias sociales (simbolismo). Según esto, los dioses representarían ideas o símbolos; Apolo y Hefesto, el fuego; Posidón, el agua; Hera, el aire; Atenea, la inteligencia; Afrodita, el deseo, etc. • Los mitos explican hechos triviales de la vida corrienten que se convierten en hazañas o rarezas por confusión en la tradición oral de la leyenda. Por ejemplo, Pasifae, la mujer de Minos, no tuvo relaciones con un toro, de las que nacería el Minotauro, sino con un joven llamado Toro. • Los mitos de los dioses proceden de algunos gobernantes que por su enorme poder acabaron siendo considerados como dioses, de ahí su elevado número. Según Hesíodo existen cinco edades en el origen del hombre. La primera, la de oro, corresponde a la felicidad, la justicia y a la feliz convivencia de dioses y hombres. Las siguientes serían la de plata, la de bronce, la de los héroes y la de hierro, que es la contemporánea a Hesíodo, culmen de desdichas e injusticias. Un elemento añadido al mito de las edades es Prometeo, el hijo del titán Lápeto, protagonista de dos desacastos a Zeus. En su afán de ayudar a los hombres primitivos, Prometeo comete el primer desacato: convence a los hombres de que ofrezcan a Zeus una de las dos partes en las que han dividido el buey que le han consagrado. Una tiene la carne y la otra los huesos cubiertos con la piel y la grasa del animal. Zeus elige esta última e, irritado por el engaño, castiga a los hombres quitándoles el fuego sagrado (quizás la razón) y los medios de subsistencia. Prometeo, entonces, comete el segundo desacato: devuelve el fuego sagrado a los hombres. Zeus, en respuesta, castiga a los hombres enviándoles la primera mujer: Pandora (regalo de todos, como la llamó Hermes), acompañada de una tinaja llena de males. A Prometeo le reserva otro castigo mucho peor: estar encadenado a una roca durante cuatrocientos años donde un águila le devorará a diario las entrañas, que renacerán todos los días para que el suplicio no acabe. Finalmente será liberado por Hércules, que acabará con el águila de un flechazo y le liberará de sus ataduras. Pandora es ofrecida en matrimonio al hermano de Prometeo (el que ve las cosas antes), Epimeteo (el que ve las cosas después), que la acepta y de los que nacerá Pirra, la primera nacida mortal. Pandora, en casa de Epimeteo, destapa la tinaja y de ella salen todos los males, excepto la Esperanza que queda dentro porque ella la cierra antes de que salga. Según el cómico Filemón, Prometeo creó a los hombres con barro a imagen de los dioses y Hefesto a la mujer, Pandora. Presentes en todas las culturas, los mitos se sitúan entre la razón y la fe, pero son considerados sagrados. Los principales tipos de mito se refieren al origen de los dioses, del mundo y el fin de todo. En ese aspecto se define mitología como el conjunto de los mitos propios de un pueblo, de una civilización, de una religión. En el estudio de las mitologías clásicas, la griega, y por herencia, la romana, fue una de las más fantásticas que un pueblo ya produjo. Comprendiendo un conjunto de mitos, leyendas y entidades divinas y/o fantásticas, con dioses, semidioses y héroes, presentes en la religión practicada en la antigua Grecia, los mitos fueron creados y transmitidos originalmente por tradición oral. El principal propósito de este fantasioso mundo mitológico era explicar fenómenos naturales, culturales o religiosos que no tenía explicación natural y, así, se constituye, por su riqueza narrativa y conceptual, en una de las más interesantes mitologías mundiales. Los antiguos griegos adoraban a muchos dioses, todos con formas y atributos humanos, que llenaban el cielo, la tierra, el mar y el inframundo. En sus diversas leyendas, historias y canciones, cada uno de los antiguos dioses griegos tenía su propia identidad, tal como forma física, genealogía, intereses, personalidad y otros atributos peculiares de cada uno. Sin embargo, esas descripciones podían tener variantes locales que, hasta con cierta frecuencia, llevan a descripciones diferentes en partes distintas del mundo griego antiguo. En general, a pesar de casi humanos, eran seres eternos y prácticamente inmunes a enfermedades y heridas, capaces de volverse invisibles, de alcanzar varios lugares casi instantáneamente y de asumir actitudes a través de seres humanos sin el conocimiento de ellos. También los antiguos griegos decían que sus dioses tenían las mismas pasiones, defectos y cualidades de los hombres, por lo que siempre han sido incluidos en las aventuras, las características que definen el significado de la palabra mitología, desde el punto de vista de la fabulosa historia de los dioses, semidioses y héroes de la antigüedad grecorromana. Los mismos griegos han dado forma a sus dioses y, a diferencia de otras mitologías, tenían dioses humanizados, haciendo del cielo un ambiente familiar. Las principales deidades habitaban el Monte Olimpo y formaban la corte de Zeus (Júpiter en la mitología romana), el dios supremo. Además de las muchas divinidades secundarias, había también semidioses, dioses ilegítimos, hijos de dioses con mortales, que por eso dependían de los dioses. Dentro de esos conceptos religiosos bien diversificados, cabía una verdadera democracia de pensamientos, desde los materialistas hasta los que creían en el juicio después de la muerte. Esta evolución ocurrió durante cerca de 25 siglos, desde el segundo milenio a.C., hasta el cierre de las escuelas paganas por el emperador bizantino Justiniano (329). El enorme alcance de la mitología griega, va desde los primeros dioses y las sangrientas guerras de Troya y Tebas, a historias como Hermes y el sufrimiento de Deméter por Perséfone niño. Sus dioses representaban fuerzas y fenómenos de la naturaleza y también los impulsos y pasiones humanas. Ellos vivían en el Olimpo desde allí controlaban todo lo que pasaba entre los mortales. El Panteón Griego incluía semidioses, héroes y numerosas entidades, como los sátiros y ninfas, espíritus de los bosques, de las aguas o de las flores. El Monte Olimpo, transliterado Ólympos, y en mapas modernos, Olimbos Oros (Olimbosoros), es la montaña más alta de Grecia, con la cumbre Mitikas, que en griego significa nariz, como su pico más alto, a una altitud de 2.912 metros. Está localizado en la ciudad de Litochoro, que acabó por recibir el nombre Ciudad de los Dioses, debido a su localización próxima a la base del monte, y a cerca de 100 kilómetros de distancia de Tesalónica, segunda mayor ciudad griega y próxima al mar Egeo. En la mitología griega, era el hogar de los Doce Dioses del Olimpo, los principales dioses que constituyen el panteón griego. Los griegos pensaban en el Monte Olimpo como una mansión de cristales donde sus dioses moraban. La mitología griega llegó a ser completamente desarrollada alrededor del siglo VIII-VII a.C., cuando tres colecciones de mitos surgieron: la Teogonía (de Hesíodo) y la Ilíada y la Odisea (ambas de Homero). Aunque los primeros datos existentes sobre la religión griega partan de esas leyendas, es posible rastrear la evolución de creencias antecedentes. En el comienzo de la filosofía griega, en el siglo VI a.C., mientras algunos pensadores como Heráclito, los Sofistas y Aristófanes, ironizaban las creencias populares, otros, como Platón y Aristóteles, desarrollaban conceptos científicos acerca de la divinidad, sin embargo eso no afectaba la religiosidad popular, especialmente evidenciada en los festejos tradicionales. VIDA ETERNA La religión antigua aceptaba de modo casi universal la creencia en algún tipo de vida tras la muerte. Los enterramientos permanecieron sin cambios fundamentales a través de toda la antigüedad clásica, pero el modo en el que el difunto continuaba su existencia se debatió incesantemente. En el mundo de Homero la cremación y/o enterramiento del cuerpo permitía que el alma ingresase en el Hades, la residencia subterránea de los muertos a la que todos los mortales debían acudir. A los héroes se les dispensaba de este destino ingrato viéndose transportados al Elíseo, las Islas de los Bienaventurados, para llevar una vida de placeres inagotables. De acuerdo con Hesíodo, antaño, algunas categorías de mortales se habían visto favorecidas con alguna forma de existencia agradable. Además, uno de los Himnos Homéricos (siglo VII a.C.) establece que los iniciados en los secretos de los misterior eleusinos podían contemplar el futuro con confianza en la felicidad tras la muerte, mientras que quienes "hacen el mal y no honran a Perséfone" se ven condenados al castigo eterno. Los filósofos, especialmente Diógenes de Sínope "el Cínico" y Platón pusieron en duda el derecho automático de los iniciados a la inmortalidad. Esto llevó a un mayor énfasis en el buen comportamiento como un criterio de selección adicional, pero no alternativo. Platón estaba profundamente influido por teorías sobre la reencarnación y el origen divino del alma que se habían divulgado a lo largo del siglo VI a.C. con la introducción del orfismo y que él expone en el Fedón. Mientras que las ideas platónicas sobre la inmortalidad se adaptaron con facilidad a las especulaciones que siguieron sobre la naturaleza del alma, la creencia de Aristóteles en la vida eterna deriva de una experiencia puramente intelectual que tuvo escaso impacto en el pensamiento popular posterior. HADES El mundo de los muertos en la escatología griega. Sin embargo, el nombre designaba habitualmente al dios que dominaba este ámbito más que al lugar en sí. Es hijo de Crono y Rea y hermano de Zeus, Posidón, Hera, Hestia y Deméter. Con Zeus y Posidón, es uno de los tres soberanos que se repartieron el imperio del Universo después de su victoria sobre los Titanes. Mientras Zeus obtenía el Cielo y Posidón el Mar, a Hades se le atribuyó el mundo subterráneo, los Infiernos, o Tártaro. Hades al nacer, había sido, como sus hermanos, tragado por Crono y luego expulsado (Crono). Participó en la lucha contra los Titanes, y los Cíclopes lo armaron con un casco que volvía invisible al que lo llevaba. Este casco de Hades, semejante al de Sigfrido en la mitología germánica, fue usado después por otras divinidades, como Atenea, e incluso por héroes, como Perseo. En los Infiernos, Hades reina sobre los muertos. Es un amo despiadado, que no permite a ninguno de sus súbditos volver a la tierra, entre los vivos. En su nombre, administran justicia en el Hades, Minos, rey de Creta, Éaco, rey de la isla Egina y Radamanto, hermano de Minos. Es asistido por demonios y genios múltiples que están a sus órdenes, por ejemplo, Caronte, el barquero, el can Cerbero, etc.. A su lado reina Perséfone, no menos cruel. Contábase que había sido raptada tiempo atrás en los llanos de Sicilia mientras jugaba y cogía flores con sus compañeras (Ver, Deméter). Perséfone, hija de Deméter, es sobrina suya. Hades estaba enamorado de ella, pero Zeus, padre de Perséfone, no había consentido en el matrimonio, porque le repugnaba, contrariamente a Deméter, que la joven se viese eternamente encerrada en la mansión de las sombras; por eso Hades resolvió raptarla. Tal vez le ayudó en el rapto el propio Zeus, que se convirtió secretamente en cómplice suyo. Más tarde, Zeus ordenó a Hades que Perséfone fuese devuelta a su madre, pero Hades había tomado sus precauciones, haciendo que su esposa comiera un grano de granada, pues, quienquiera que hubiese visitado el imperio de los muertos y tomado en él un alimento cualquiera, no podía volver ya al mundo de los vivos. Al final se llegó a una solución, la diosa permanecería seis meses con Hades, etapa que corresponde al otoño e invierno, y seis meses con su madre, período que comprende la primavera y el estío. Se creía que su unión había sido infecunda. Raramente interviene Hades en las leyendas. Exceptuando el relato del rapto, que pertenece al ciclo de Deméter, sólo se encuentra en otro mito, relacionado esta vez con el de Heracles. La Ilíada cuenta que, cuando el descenso del héroe a los Infiernos, Hades quiso impedirle la entrada en su reino y se enfrentó con él en la "puerta" de la morada infernal; pero Heracles lo hirió de un flechazo en el hombro, por lo cual el dios hubo de ser conducido a toda prisa al Olimpo, donde Peán, el "dios que cura", le aplicó un bálsamo milagroso, que le cicatrizó rápidamente la herida. Algunas variantes muestran a Heracles abatiendo a Hades de una pedrada. Sea lo que fuere, la victoria quedó para el hijo de Zeus. Hades, cuyo nombre significa "el Invisible", era raramente mencionado, ya que, de hacerlo se temía excitar su cólera. Por eso se le designaba por medio de eufemismos. Su separación del mundo de los vivos era absoluta y tanto en el extremo occidente como en las entrañas de la tierra permanecía aislado e invisible para los mortales. El sobrenombre más corriente era el de Plutón, "el Rico", aludiendo a las riquezas inagotables de la tierra, tanto las de la tierra cultivada como las de las minas que encierra. Esto explica que Plutón sea representado a menudo sosteniendo un cuerno de abundancia, símbolo de esta riqueza. La creciente importancia de las creencias en el más allá dentro de las religiones mistéricas y de salvación, influyó de manera decisiva en la configuración y función del mundo de los muertos. Se atrevieron a hollar su reino Heracles, Pirítoo, Teseo, Orfeo y Eneas. También tenía los apelativos de Agelasto y Agesilao. OLIMPO "el luminoso". Es el monte más alto de Grecia, situado entre las regiones griegas de Tesalia y Macedonia. Para la mitología griega, el Olimpo era el hogar de los dioses olímpicos, los principales dioses del panteón griego, presididos por Zeus. Los griegos creían que en él se había construido mansiones de cristal en las que moraban los dioses. Como ocurre con otros aspectos y elementos de la mitología el número e identidad de los dioses que habitaban ese Olimpo, el llamado "Concilio de los dioses", es impreciso de acuerdo con la tradición. Parece que su número era de doce. La tradición fue agregando dioses que fueron reemplazando a algunos otros para que el número de dioses olímpicos quedara estable en doce: Zeus, Hera, Poseidón, Ares, Hermes, Hefesto, Afrodita, Atenea, Apolo y Artemisa son siempre considerados dioses olímpicos. Hestia, Deméter, Dioniso, Hades, Perséfone, Hebe, Asclepio y Heracles después de ser divinizado, son los dioses variables que completaban la docena. De todos los dioses sólo Hestia, Deméter, Hera, Hades, Poseidón y Zeus eran hijos de Crono y Rea. Se puede incluir en la lista a Hades, pero no posee trono en el Olimpo, ya que, a pesar de ser uno de los dioses más importantes, su morada en el mundo subterráneo de los muertos hacía su relación con los olímpicos más delicada. Hestia fue uno de los doce Olímpicos durante mucho tiempo, aunque terminó cediendo su lugar a Dionisio. Perséfone pasaba la tercera parte del año en el inframundo, provocando así el invierno, y se le permitía volver al Olimpo durante los restantes meses para que pudiera estar con su madre, Deméter. Hoy Olimbos, 2919 m, el más alto de la península balcánica. O desde los poemas homéricos, el Olimpo es considerado como la mansión de los dioses, en particular como la morada de Zeus. En él, por ejemplo, el dios pesa los destinos de Aquiles y Héctor, y desde su altura precipita a Hefesto cuando éste quiere intervenir en favor de Hera, etc. Sin embargo, poco a poco la residencia de los dioses se va diferenciando de la montaña tesalia, y el término Olimpo se aplica, de manera general, a las "moradas celestes" donde reside la divinidad. En el plano concreto, sobre mitología afirmamos lo siguiente: Historia fabulosa de los dioses, semidioses y héroes. O aplícase a la ciencia que se ocupa de la reunión, investigación e interpretación de los mitos. O sistema de creencias, ideas y ritos basado en los mitos, y característico de sociedades que se hallan en estadios de desarrollo sociocultural no avanzados. O disciplina científica que estudia los mitos y la mitología. O el concepto y la palabra mitología poseen una ambigüedad y ambivalencia que han provocado diversas polémicas entre los especialistas. Efectivamente, la palabra mitología se aplica para definir tanto el sistema credencial e ideológico basado en los mitos que distingue los estadios de evolución sociocultural más elementales de muchas sociedades, como la disciplina científica que, de manera sistemática, y desde cualquier perspectiva (comparatista, culturalista, funcionalista, estructuralista, psicológica, psicoanalítica, etc.) puede ocuparse del estudio de los mitos y del sistema que forman. La intersección de ambos niveles, es decir, de la mentalidad mítica original sometida a estudio, y de la mentalidad mitocrítica que asume ese estudio, ha constituido una cuestión preocupante para muchos críticos que han defendido su separación y la consideración pura e incontaminada por prejuicios críticos de las creencias míticas. Tal fue la propuesta del gran antropólogo polaco naturalizado británico Bronislaw Malinowski (1.884-1.942), representante máximo de la escuela funcionalista, que planteó el estudio de los mitos únicamente a partir de la función sincrónica que cumplen dentro del marco social. O, desde presupuestos muy diferentes, del especialista francés Marcel Detienne, que en L'invention de la mythologie (La invención de la mitología) (1.981) ha planteado una reinterpretación radicalmente autónoma de los sistemas mitológicos. Por otra parte, nunca ha estado completamente clara la diferencia entre mito, leyenda, y cuento. El gran antropólogo estructuralista francés Claude Lévi-Strauss (1.908) siempre partió de que el mito era una unidad de pensamiento diferenciada y reconocible por cualquier persona de cualquier lugar. Pero el historiador de las religiones Georges Dumézil (1.898-1.986) reconoció, al publicar su monumental Mito y Epopeya (1.968-1.973), que nunca había llegado a distinguir la diferencia entre un mito y un cuento. Por lo general, tiende a pensarse que si la creencia y el relato están situados en un plano mágico-religioso, estaremos ante un mito; que si está situado en un plano predominantemente histórico-local, lo que habrá será una leyenda; y que si se entiende como una pura ficción atemporal y sin vinculaciones geográficas, será un cuento. Pero lo cierto es que las frecuentes coincidencias argumentales, ideológicas y hasta poéticas entre mitos, leyendas y cuentos, hacen muchas veces poco discernibles unas fronteras que en bastantes ocasiones dependen sólo de la variable actitud ideológica y del inestable grado de creencia del narrador y del oyente hacia ellos. Tampoco hay un acuerdo básico para la distinción entre mitología y religión. Tiende a pensarse que la creencia mítica es más elemental y antecede a la creencia religiosa, y que atañe únicamente a la interpretación y validación de creencias cosmogónicas y fundacionales identificadas con un pasado protohistórico, mientras que la religión constituiría un sistema más complejo, englobador de creencias referidas tanto al pasado como al presente, y dotado de un sistema normativo, prescriptivo y moral globalmente operativo en el marco social. Sin embargo, el componente mítico resulta evidente en toda religión, incluido el cristianismo, y hay muchos críticos que no se han atrevido a establecer una distinción tajante entre mitología y religión. Pese a las dificultades para definir lo que es la mitología en términos claros y unívocos, lo cierto es que, en el fondo de creencias de todos los pueblos, sí es posible apreciar una serie de rasgos comunes y coherentes entre sí, y al mismo tiempo específicos y distintivos frente a los de otros pueblos, que hacen posible su categorización conceptual. Mitología sería, en consecuencia, el sistema de creencias, ideas y ritos referidos a su creación y orígenes que poseen todos los pueblos en estadio de evolución sociocultural no desarrollado, que guarda una lógica interna, que muestra una serie de coincidencias y de oposiciones con las mitologías de los pueblos del entorno, y que no ha desarrollado aún una dimensión normativa, prescriptiva y moral compleja propia de los sistemas religiosos. El término mitología puede aplicarse, en definitiva, a todo sistema de mitos que muestre rasgos de coherencia interna y de diferenciación externa con respecto a otros sistemas. Se podría hablar, por ello, de una mitología "universal" igual que de una mitología "indoeuropea", "europea occidental", "mediterránea", "hispánica", "española" o "gallega", o de una mitología "americana", "sudamericana", o "amazónica", según el objeto y método con que se plantee su consideración o estudio. El eje organizativo y cohesionador básico de toda mitología es seguramente el sistema de relaciones que se establecen entre los personajes (dioses, semidioses, héroes fundadores o culturizadores, y elementos cósmicos, naturales, animales,monstruosos, etc. animados o personificados) que la protagonizan, y que suelen reproducir o reflejar de manera fiel el sistema de parentesco, de poder y jerarquización social, y de tensión y rivalidad, de la comunidad correspondiente. CULTO A LOS MUERTOS Aunque todas las culturas han honrado a sus muertos de formas determinadas e incluso han sentido de forma diferente la creencia de otra vida tras la muerte según sus caracteres, religiosidad o vivencias, es, sin duda, la cultura egipcia la que más destaca en la antigüedad por la profunda perceptibilidad de sus creencias y sentimientos a través de los ritos y las manifestaciones artísticas a ellos dedicados. O al menos, de la que se tienen más testimonios conservados. Los muertos, según las creencias egipcias, necesitaban, además de su momificación y los rituales de enterramiento exigidos, una ayuda mágica constante para impedir que las fuerzas hostiles los aniquilasen. Para ello era necesario que se orara, realizaran libaciones y se ofreciera alimento diariamente puesto en mesas de ofrendas funerarias y en las capillas dedicadas a su culto. Había verdaderas fundaciones dedicadas a ocuparse de los servicios exigidos por los difuntos y como ello no bastaba, se escribía en las paredes de las tumbas, cercanas a las puertas de entrada, una fórmula funeraria que debía hacer aparecer mágicamente, a la llamada de quien lo leyera, el pan, la cerveza, la carne y los alimentos exigidos por el difunto. Estas creencias y rituales de culto a los muertos tuvieron una duración milenaria. Con el paso del tiempo, las necrópolis se quedaron desiertas, las tumbas saqueadas y vacías y otras creencias predicaban la importancia de la moral, una ética y unas normas de conducta que aseguraran la salvación en el Más Allá más que la seguridad de una tumba duradera. Pero para ello habría que llegar a los períodos helenístico y romano. MITOLOGÍA GRECORROMANA Y ORIGEN DE LA MISMA Conjunto de mitos y leyendas que los antiguos habitantes de Grecia y el Imperio Romano tenían para explicar el universo y el origen de los seres que lo habitaban. Se tiende a unificar la mitología romana y griega porque las diferencias que se pueden establecer entre una y otra se reducen, básicamente, al distinto nombre que recibe cada uno de los dioses. A pesar de que Grecia acabó siendo conquistada por Roma, se suele hablar de una colonización griega sobre la cultura latina, lo que incluía también el ámbito de lo religioso; además, hay que tener en cuenta que ambas partían de un tronco común cultural y lingüístico como era el indoeuropeo, por lo que el pilar fundamental, el panteón olímpico, era el mismo. De este modo, se puede hablar de la mitología romana como continuadora de la griega. La mitología griega, tal y como hoy se conoce, es una fusión de la indoeuropea, traída por los invasores griegos, y la religión mediterránea de los antiguos pobladores de la península y de las islas del Egeo. Además, desde el principio, el sistema politeísta estuvo abierto a influencias como la de la cultura oriental y la egipcia, lo que provocó que hubiera mitos discordantes atribuidos a una misma divinidad. Las tablillas micénicas, escritas con el sistema del silabario lineal B, muestran los nombres de los dioses que recibían culto en los palacios de Cnosos (Creta) y en Pilo (Peloponeso). Éstos coinciden, en gran medida, con los de los olímpicos Zeus, Poseidón, Hera, Atenea, Artemis, Hefesto, Ares y Dioniso; sin embargo, aparte de nombrarlos y dar unos escasos rasgos sobre los cultos locales, no proporcionan más datos, lo que no permite asociarlos a los mitos que actualmente se conservan. La falta de textos anteriores a los de Homero y Hesíodo hacen que no se pueda ir más allá de este origen, aunque los estudios comparatistas permitan identificar en ciertos casos si se trata de mitos indoeuropeos o de otras culturas. Se han elaborado distintas hipótesis que pretenden esclarecer la procedencia de las divinidades y cómo se ligaron unas con otras; entre ellas destacó, debido a su éxito inicial, la teoría de Robert Graves y sus seguidores. Este autor creía que existían unas grandes diosas originarias mediterráneas, que fueron desplazadas por los dioses masculinos indoeuropeos; no obstante, hoy en día, se han desestimado estas especulaciones por considerarse improbables y, lo que es más importante, indemostrables. Los orígenes indoeuropeos de gran parte de los dioses es, por el contrario, algo innegable. No sólo hay determinados rasgos de la cultura indoeuropea que conforman claramente la mitología grecorromana, sino que la etimología de muchos de los nombres de las divinidades lleva también a esta cultura. Según el comparatista francés Georges Dumézil, en la mitología de los antiguos indoeuropeos, los dioses estaban divididos en tres categorías que correspondían a un sector bien determinado de la vida. La primera función era la de la soberanía, la segunda la de la guerra y la tercera la de la producción y reproducción; probablemente esta visión tripartita correspondiera a una división de la sociedad en tres castas diferenciadas. La organización social no subsistió en la Grecia y la Roma antiguas; sin embargo, la mitología grecorromana conservó algunos vestigios de esta concepción trifuncional. En la oposición que se da entre Hera, representante de la soberanía por ser esposa de Zeus; Atenea, la diosa guerrera, y Afrodita, que asume la función productiva (reproductiva), se aprecia un buen ejemplo de esto. En general, se puede decir que la trifuncionalidad en un mito es indicativo de su origen indoeuropeo. En definitiva, hemos acabado nuestra erudición sobre la mitología, la clave de nuestro discurso. En concreto, hemos planteado el origen de la mitología grecorromana. Luego, hemos visto el significado que tiene la vida eterna para los griegos, analizando el culto a los muertos. Y, por último, en consecuencia hemos visto el Hades y el Olimpo.

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