ENSAYO DE HISTORIA, Vocabulario de la Prehistoria y la Protohistoria.
De manera cierta, la Prehistoria designa el período de la historia humana anterior a la aparición de la documentación escrita.La Prehistoria es la parte de la Historia que estudia la vida del hombre primitivo, desde su aparición en la Tierra, hasta la invención de la escritura. Abarca el período más largo del desarrollo de la humanidad, durante el cual se realizaron los primeros progresos, como la aparición del lenguaje y la domesticación de animales y plantas. Teniendo en cuenta los materiales utilizados en la confección de utensilios y armas, los grados culturales alcanzados y los modos de vida, la Prehistoria ha sido dividida en dos edades: Edad de la Piedra y Edad de los Metales. La Prehistoria es la etapa de la Historia de la humanidad donde se inician las relaciones sociales para satisfacer las necesidades más elementales de supervivencia con actividades productivas de trabajo colectivo. Es conocida a nivel científico como el primer modo de producción llamado “comunidad primitiva”, que se inicia con la evolución humana hasta la invención de la escritura y los metales. La transición para la “historia propiamente dicha” se da a través de un período llamado protohistoria, que es el período de la humanidad que está en tránsito a la historia, y caracterizado por la aparición de los primeros signos escriturarios. El término Prehistoria muestra, por lo tanto, la importancia de la escritura para la civilización occidental. Dado que no existen documentos de ese tiempo en la evolución humana, su estudio depende del trabajo de los arqueólogos y antropólogos, como por otros científicos, que analizan restos humanos y utensilios preservados para determinar lo que aconteció durante dicho período. La Edad de Piedra, desde los orígenes del hombre hasta la aparición del uso de metales, se subdivide en Paleolítico , Mesolítico y Neolítico. La identificación de edades de los metales concedía gran importancia a la metalurgia como factor desencadenante de transformaciones socioeconómicas, una idea que ha perdido crédito, por lo que el uso de metales tiende a ser considerado como un elemento o indicio más de los procesos y cambios sociales y culturales. En cambio, desde un punto de vista económico, se otorga gran importancia a las innovaciones y transformaciones en tecnología agraria. El término Prehistoria designa el período de la historia humana anterior a la aparición de la documentación escrita, así como la disciplina que se ocupa del estudio de la historia de ese período a través de los restos de cultura material y paleoambientales, es decir, de la arqueología y ciencias afines . La Prehistoria es por tanto la historia anterior a la invención de la escritura, así como la finalidad de la Prehistoria en cuanto disciplina es la misma que la de la historia: el estudio e interpretación de las sociedades y culturas del pasado. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la existencia de la Prehistoria como disciplina independiente es algo propio de algunas tradiciones académicas (entre ellas la española). En América, en cambio, el estudio de la Prehistoria se incluye en la antropología y la arqueología. La delimitación de la Prehistoria en cuanto período histórico es variable en el tiempo y en el espacio. El límite inferior, que cada vez se retrotrae más, se encuentra en unos 2,5 millones de años en África oriental, pero en otras zonas es mucho más reciente; el poblamiento de América, por ejemplo, es de hace unos 30.000 años. El límite superior señala la aparición de la escritura en Oriente Próximo hacia el 3200 a.C., pero en otras zonas es muy posterior, y llega a los siglos XVIII y XIX d.C. para algunas áreas del África negra y Siberia. El uso del criterio de la escritura en la distinción entre Prehistoria e historia es por otra parte problemático, ya que culturas muy complejas de América o de África, que difícilmente pueden ser consideradas prehistóricas, quedan técnicamente situadas, bien en la Prehistoria –o que supone equipararlas a las sociedades del Neolítico o de la Edad de los Metales-, bien a la Protohistoria, otro concepto también problemático y que aplica de distintas formas. En fin, la Prehistoria abarca el larguísimo intervalo de tiempo -¿un millón de años?- que media entre la aparición del hombre sobre la Tierra y el hallazgo del primer documento escrito. La prehistoria como ciencia data del siglo pasado y fundamenta sus conclusiones en el análisis de los restos materiales (utensilios, viviendas, enterramientos, manifestaciones artísticas, etc.), con que ha podido hacer la siguiente clasificación de las fases culturales del hombre prehistórico: 1) prechelense, chelense y achelense, en el paleolítico inferior (el abbevillense es el período del Paleolítico Inferior en el que aparecen los bifaces); 2) musteriense (periodo del Paleolítico Medio en el que se difundió notablemente la técnica llamada de Levallois para trabajar la piedra. En cifras aproximadas, puede situársele entre el 100 y el 40.000 a.C.), en el paleolítico medio; auriñaciense (período inicial del Paleolítico Superior), solutrense (período del Paleolítico Superior, caracterizado por la perfección de la talla del sílex y por la creación de los tipos de punta en hoja de laurel y con pedúnculo y aletas) y magdaleniense (nombre del último período en que tradicionalmente se divide el Paleolítico Superior; suele considerarse que durante su transcurso alcanza su apogeo el arte rupestre), en el paleolítico superior; 4) neolítico o culminación de la Edad de Piedra; y 5) la Edad de los Metales –el bronce hacia 1800 a.C.; el hierro hacia 1100; cultura de Hallstatt, en Austria, a la que sigue, 400 años más tarde, la de La Tène, en Suiza-, con que el hombre atraviesa el umbral de la historia. Está representado sobre todo por objetos decorados y grabados murales (pinturas rupestres). La periodización de la Prehistoria del Nuevo Mundo parte de planteamientos muy diferentes. No se basa en la evolución tecnológica, sino que describe estadios de desarrollo cultural, denominados Lítico, Arcaico, Formativo y Clásico, cada uno de ellos subdividido convencionalmente en tres períodos, que indican una evolución: antiguo, medio y final o reciente. Las periodizaciones de Asia también se basan en grupos culturales. Por otra parte, el término paleolítico también viene del griego, significando‘antiguo’ y ‘piedra’, término que fue acuñado por J. Lubbock en 1865 para subdividir la Edad de Piedra, que designa el uso de la piedra tallada, en contraposición a Neolítico, que indica la aparición de la piedra pulida. El Paleolítico es la fase más larga de la Prehistoria: abarca desde la aparición de los primeros representantes del género homo hace unos 2,5 millones de años hasta el final de la glaciación Würm y el cambio climático del Holoceno hace unos 10.000 años. La definición y subdivisión del Paleolítico en cuanto fase tecnotipológica en la periodización arqueológica de la Prehistoria se circunscribe al Viejo Mundo. Desde un punto de vista económico y social, el Paleolítico se caracteriza por una economía depredadora y las poblaciones de cazadores-recolectores. Algunos autores consideran que en los inicios del Paleolítico Superior (40.000-35.000 a.C.) se produjo un importante punto de inflexión que se asocia a cambios tecnológicos y aumento de la eficiencia en las industrias de lascas . Esta “revolución del Paleolítico Superior” se caracteriza por la aparición de prácticas de caza cooperativas, el incremento de la densidad de población y la aparición de la variabilidad cultural. Las divisiones culturales ya no son estrictamente funcionales, sino que aparecen el estilo y el arte; la aparición de estilos locales en la fabricación de útiles implica la existencia de tradiciones diversificadas en la transmisión del saber. Paleolítico es todo lo relativo a la primitiva Edad de Piedra, o sea de la piedra tallada. Su duración fue de varios cientos de miles de años, y dio paso al mesolítico hacia el 12.000 a.C. Es lo relativo al primer período prehistórico que ocupa todo el pleistoceno, desde la aparición del hombre sobre la Tierra hasta el final de las glaciaciones. Se denomina también edad de la piedra tallada, ya que los instrumentos líticos, que fueron durante mucho tiempo sus objetos más típicos, eran obtenidos mediante una técnica de tallado, antes de la aparición del pulido en los períodos siguientes. Se distinguen varias fases, caracterizadas por el modo de obtener instrumentos líticos: la más arcaica, llamada paleolítico inferior, el paleolítico medio y el paleolítico superior, momento en que se desarrolló el arte prehistórico. En la Prehistoria, el Paleolítico es el período de la piedra tallada. Comprende desde los orígenes de la historia humana hasta los 10 mil años a.C. En aquel tiempo la piedra fue el principal material que se usó para fabricar cuchillos, puntas, lanzas y raspadores. Unas veces se empleaba la piedra tal y como se encontraba en la naturaleza y otras veces era tallada, con el auxilio de piedras más duras que el sílex. El hombre paleolítico tenía las siguientes características: • En este periodo de la Prehistoria vivían en las cavernas o cuevas, por lo que se conocen también con el nombre de cavernario o troglodita. • Se alimenta de raíces, frutos silvestres, semillas, etc. Cazaban animales salvajes y pescaban en los ríos y lagos. Eran recolectores, cazadores y pescadores. • Se cubrían el cuerpo con la piel de los animales que cazaban. • Aprendían a tallar la piedra para confeccionar sus utensilios y armas. Tallaban también los huesos y maderas con los cuales hacían punzones, arpones y cuchillos. • Se trasladaban permanentemente de un lugar a otro, en busca de alimento. Eran nómadas o errantes. • Descubrieron el fuego, sea provocado por los rayos, lava volcánica, la inflamación del carbón o frotando el sílex y la pirita de hierro. • Se organizó en pequeños grupos llamados clanes. El clan estaba dirigido por el más fuerte. • En sus momentos de descanso dibujaban y pintaban en las paredes y techos de las cavernas. Estas obras de arte rupestre, que han llegado a nuestros tiempos, reproducían escenas de su vida cotidiana. Son famosas las pinturas rupestres de Altamira (España), descubiertas en 1879. El concepto cazadores-recolectores designa a las sociedades de economía predadora, que obtienen sus recursos de la caza de animales salvajes, de la recolección de plantas silvestres y ocasionalmente de la pesca. Es un concepto fundamental en la definición del Paleolítico cuando toda la población mundial era cazadora-recolectora. Estas poblaciones fueron quedando relegadas desde el Neolítico con la expansión de las sociedades productoras de alimentos que practican la agricultura y la ganadería, pero han perdurado hasta la actualidad en grupos residuales de aborígenes australianos, bosquimanos africanos o esquimales. La interpretación de la organización social de los grupos de cazadores-recolectores en la Prehistoria se basa en la Arqueología y sobre todo en la Antropología. Eran grupos de unos 30 ó 50 individuos, nómadas o seminómadas, que habitaban en cuevas, abrigos o cabañas precarias al aire libre, y que explotaban los recursos naturales de territorios amplios. Según la teoría del evolucionismo cultural contemporáneo, la forma de sociedad de los cazadores-recolectores corresponde al primer estadio de desarrollo sociocultural, el de las sociedades de bandas: sociedades igualitarias, con una economía de subsistencia en la que las formas de integración siguen principalmente pautas de reciprocidad, en las que no existe el poder político, sino formas de liderazgo circunstancial por parte de las personas de mayor prestigio, y cuya organización social básica es la banda patrilineal (filiación por línea paterna), exogámica (matrimonio fuera del grupo consanguíneo), virilocal y patrilocal (residencia de la unidad doméstica según la residencia masculina). En estas sociedades el parentesco no está jerarquizado, y tiene más importancia la residencia que la descendencia, por lo que la patrilocalidad refuerza la cohesión del grupo de cazadores y la exogamia amplía la red de relaciones de parentesco. Las creencias y ritos de los cazadores-recolectores prehistóricos han sido asociados al chamanismo . En cualquier caso, hay que tener en cuenta que la analogía etnográfica puede dar a extrapolaciones no fundamentadas. La Edad de Piedra es la parte de la Prehistoria en la que el hombre utilizó preferentemente la piedra como material para hacer sus utensilios, herramientas, armas y otros instrumentos cotidianos. En esta Edad se distinguen dos períodos importantes: el paleolítico y el neolítico. La identificación de edades de los metales concedía gran importancia a la metalurgia como factor desencadenante de transformaciones socioeconómicas, una idea que ha perdido crédito, por lo que el uso de metales tiende a ser considerado como un elemento o indicio más de los procesos y cambios sociales y culturales. En cambio, desde un punto de vista económico, se otorga gran importancia a las innovaciones y transformaciones en tecnología agraria. Mesolítico es un término introducido por H. Westtropp en 1865, poco después de que fueran acuñados los de Paleolítico y Neolítico, para designar una fase intermedia entre esos dos períodos. Su uso se consolidó a principios del siglo XX, cuando se descubrieron las primeras culturas de cazadores-recolectores de la época postglacial. Desde los años treinta, la acuñación del término Epipaleolítico definió el contenido de ambos conceptos. Ambos se aplican al periodo comprendido entre el Paleolítico Superior y el Neolítico, pero Mesolítico se adscribe a los grupos humanos que dan los primeros pasos hacia la producción de alimentos, en tanto que Epipaleolítico se refiere a los grupos humanos que continúan con la actividad cazadora-recolectora de finales del Paleolítico Superior. Debido a que para fijar los límites inferiores del Neolítico es preciso contar con restos de especies ya modificadas biológicamente por la domesticación, los procesos de domesticación propiamente dichos quedan incluidos en el Mesolítico. No obstante, hay que tener en cuenta que no todas las tradiciones investigadoras hacen esa distinción rigurosa entre Mesolítico y Epipaleolítico, por lo que culturas epipaleolíticas en sentido estricto son a veces denominadas mesolíticas; utilizado así, Mesolítico designa simplemente el período. En pocas palabras, el mesolítico es el período prehistórico, que separa el Paleolítico del Neolítico, y cuya duración suele situarse entre el 8.000-4.000 a.C. en Europa, si bien su cronología es variable e imprecisa. La voz Neolítico viene asimismo del griego, significando ‘nuevo’ y ‘piedra’, siendo este término introducido por J. Lubbock en 1865 en la subdivisión de la Edad de Piedra que, si bien indicaba inicialmente la aparición de la técnica del pulimento de la piedra, pronto designó la fase general de la periodización arqueológica de la Prehistoria comprendida entre el Paleolítico (o el Mesolítico, tras la introducción de esa fase intermedia) y la Edad de los Metales. De los rasgos genéricos atribuidos tradicionalmente al Neolítico a partir de las primeras investigaciones en Europa –cerámica, piedra pulimentada, animales y plantas domésticos, asentamientos estables campesinos, así como nuevas formas de religiosidad, ritual y arte-, los que son definitorios para la adscripción de una cultura arqueológica al Neolítico son los relacionados con la producción de alimentos basada en la explotación de especies y animales domésticos, en tanto que los demás no aparecen siempre –o aparecen otros-, debido a la diversidad de culturas neolíticas en el mundo. El concepto de revolución neolítica, acuñado por Gordon Childe para indicar las consecuencias económicas, sociales, políticas y culturales ocasionadas por la introducción de técnicas de producción de alimentos, ha dotado al término Neolítico de un contenido histórico que amplía la definición arqueológica precedente. Así, se denomina revolución neolítica a la primera transformación radical de la forma de vida de la humanidad, que pasa de ser nómada a sedentaria y de tener una economía recolectora (caza, pesca y recolección) a productora (agricultura y ganadería). Este proceso tuvo lugar hace más de 9000 años (VIII milenio a.C.) como respuesta a la crisis climática que se produce en el comienzo del Holoceno, tras la última glaciación y que, en términos relacionados con la historia de la cultura, corresponde al paso del período Paleolítico (piedra tallada) al Neolítico(piedra nueva) y de ahí su nombre. Se mantiene el uso técnico del término en las periodizaciones arqueológicas, pero Neolítico designa también un estadio de la evolución sociocultural. La incidencia de la revolución neolítica en la historia es equiparable a la de la revolución industrial; el Neolítico representa el proceso de implantación del modo de vida campesino que conformó las condiciones de vida de la mayor parte de la humanidad hasta la sociedad industrial. Con respecto a las etapas precedentes de la Prehistoria, la evolución interna del Neolítico se caracteriza por una serie de cambios fundamentales: incremento de la capacidad productiva gracias a la agricultura y el pastoreo, patrones demográficos expansivos, creciente complejidad de las relaciones sociales, revolución urbana, aceleración de los procesos de cambio cultural. La cuestión de los orígenes y difusión del Neolítico es central. Se distinguen varias áreas nucleares, en las que de modo autónomo se produjo la revolución neolítica mediante procesos de domesticación locales: el Creciente Fértil, situado al norte del desierto arábigo, desde Palestina y Siria hasta Mesopotamia e Irán occidental (milenios IX-VIII a.C.: oveja, trigo, centeno, cebada); este de Asia y China (milenio VII a.C.: mijo, arroz); Mesoamérica (México y América Central, milenios VII-VI a.C.: frijol, calabaza, chile, maíz); Perú (milenio VI a.C.: calabaza, chile, frijoles); áreas tropicales del África subsahariana (milenio III a.C.: sorgo) y del Pacífico occidental (milenio III a.C.: tubérculos). El desarrollo del Neolítico en estas áreas estuvo muy relacionado con la propia complejidad de los procesos de domesticación y con las condiciones biogeográficas locales. La identificación de distintas áreas nucleares ha llevado a la formulación de diversas teorías que proponen interpretaciones globales de la revolución neolítica. Muchas de ellas, funcionalistas, han otorgado gran importancia al papel de los procesos adaptativos a los cambios ambientales del Holoceno; otras, neodarwinistas , subrayan los aspectos biológicos del proceso de domesticación; otras, en cambio, destacan los procesos sociales o ideológicos. El desarrollo del Neolítico fuera de las áreas nucleares se debió a procesos de difusión (aculturación) ocurridos rápidamente: en unos cinco milenios las formas de vida de los cazadores-recolectores quedaron relegadas. Las características concretas de la implantación del Neolítico en distintas zonas han sido analizadas a partir de varias teorías. Una línea explicativa destaca el mecanismo de la colonización agraria: la exportación de las innovaciones neolíticas por poblaciones emigrantes que, debido a su superior potencial productivo y reproductivo, desplazan o asimilan a las poblaciones locales. Pero también han sido puestos de relieve otro tipo de mecanismos que no precisan del desplazamiento físico de poblaciones, y que permiten explicar los casos en los que las innovaciones neolíticas son adaptadas, de diversa manera, a las tradiciones culturales de las poblaciones locales. El Neolítico es el periodo de la piedra pulida en la prehistoria. Comprende desde los 10 mil años a.C. hasta los 3 mil años a.C. Durante ese período ocurrieron cambios importantes que transformaron la vida humana. El hombre Neolítico tenía las siguientes características: • Empezó a construir sus primeras viviendas, generalmente toscas, abandonando paulatinamente las cavernas. Las viviendas más curiosas se levantaron sobre los pilotes hundidos de lagos de Alemania, Suiza e Italia. A estas construcciones se les llamó palafitos . También levantaron monumentos megalíticos, como los dólmenes (mesas de piedra) y los menhires (filas, círculos o hileras de piedra), posiblemente para rendir ciertos cultos. • Utilizó algunas fibras vegetales, como el lino en la elaboración de telas, que empezaron a utilizarse en la confección de vestidos, en lugar de las pieles de animales. • Aprendió a pulir la piedra, para confeccionar sus utensilios, armas y herramientas. El pulido se realizaba limando la piedra con arena húmeda o con el roce de piedras más duras. • Descubrió la agricultura, en forma rudimentaria y casual, con la intervención de la mujer. Es posible que al transportar o al consumir los frutos silvestres, dejaron caer inadvertidamente, algunos de ellos en tierra húmeda y que al germinar la semilla, lo vieran crecer. De este modo se inició el cultivo de los campos en la prehistoria; originalmente se emplearon palos puntiagudos para remover la tierra donde se arrojaban las semillas. Más tarde se inventó el arado , tirado por animales. • Domesticó algunos animales con los que organizó la ganadería actual. De este modo domesticó a la oveja, a los perros, la cabra, el cerdo y el buey. Al final de este período apareció la rueda, revolucionando con ellos el intercambio y la comunicación. • Se hizo sedentario, gracias a la actividad agrícola y ganadera. En adelante dejó de ser errante porque la agricultura y la ganadería necesitaban de bastante cuidado y vigilancia en el campo. Naturalmente, este cambio se operó inicialmente en pequeños grupos y paulatinamente se iría generalizando a otros. • Socialmente surgió una mayor organización. Los hombres que vivían de la tierra se concentraron en grupos cada vez más grandes. Dentro del grupo se creó una autoridad. Así nacieron los dirigentes apoyados por una clase guerrera y los productores, que trabajaban la tierra para beneficio de todos. • Se inventó la cerámica mediante el endurecimiento de la arcilla, por la acción calorífica del fuego. La revolución neolítica, que supuso la aparición de la agricultura y de la ganadería, es considerada la primera revolución agrícola. No obstante, el concepto de ‘revolución agrícola’ (o de revolución agraria, término que es más preciso, ya que incluye la ganadería), se suele emplear para designar las posteriores transformaciones técnicas y del mundo rural que permitieron aumentos sustanciales de la productividad agraria . A veces se consideran las sucesivas transformaciones como partes de una sola revolución agrícola; otras se distingue entre varias revoluciones agrícolas. En las sociedades rurales tradicionales, cuando había un crecimiento de la población, el aumento de los productos necesarios para la subsistencia se obtenía mediante la extensión de las superficies cultivadas. Las innovaciones técnicas (rotación trienal , molinos, etc.) favorecieron esa ampliación, pero afectaron mucho menos a la productividad del trabajo o al rendimiento del suelo. La innovación técnica, o su aplicación, se veía además frenada por las formas de propiedad de la tierra y por las prácticas agrarias comunitarias. La primera revolución agrícola es la que marcó la ruptura con la agricultura tradicional, y fue uno de los prerrequisitos de la revolución industrial en especial (aunque no sólo) por permitir la producción de un excedente de alimentos capaz de alimentar a una población en crecimiento y cada vez más urbanizadas. Las transformaciones agrarias se iniciaron en el siglo XVI en Inglaterra y se aceleraron desde la segunda mitad del siglo XVII. Desde un punto de vista técnico fue esencial la disponibilidad de abonos, debida a las importantes dotaciones de ganado en el campo inglés, pero lo decisivo fue la integración, ya en el siglo XVIII, de la ganadería en la explotación agrícola (la concurrencia entre ganadería y agricultura había sido tradicionalmente uno de los principales frenos al incremento de la productividad agraria). A ello se sumaron otras innovaciones, como el plantío de forrajes, que también acrecentaba la fertilidad del suelo, o la rotación de múltiples cultivos, que permitió superar el sistema trienal y prescindir del barbecho . Para la aplicación de éstas y otras técnicas (algunas de las innovaciones ya eran conocidas desde los siglos XV y XVI) fueron fundamentales los cambios en la estructura de la propiedad y de las explotaciones agrarias, en particular los derivados del largo proceso de cercamientos que llevó a la formación de propiedades compactas, no sujetas a reglamentaciones comunitarias y orientadas a la producción para el mercado. La figura tradicional del campesino pequeño propietario o arrendatario fue desapareciendo, mientras que se fueron consolidando las del propietario, gran arrendatario-empresario y trabajador asalariado, lo que llevó a una profunda remodelación de la sociedad rural. La necesidad de disponer de materiales más duros que la piedra y la búsqueda de metales preciosos llevó al hombre a descubrir otros metales, cerca del año 4000 a.C. Este nuevo momento de la humanidad, la Edad de los Metales, ha sido dividido en tres edades: edad del cobre, edad del bronce y edad del hierro. La Edad de Cobre o Calcolítico se aplica de manera genérica a culturas de Oriente Próximo y Europa (milenios IV y III a.C.). La Edad del Bronce se refiere a culturas del Próximo Oriente (3200-1100 a.C.) y de Europa (2250-850 a.C.); en ella se desarrollan sociedades complejas, de “jefaturas”, con relaciones de parentesco jerarquizadas y poderes centralizados, según el esquema del evolucionismo cultural contemporáneo. Edward Burnett Tylor (Camber well, 1832-Wellington, 1917) fue un antropólogo británico, que es considerado, junto con el norteamericano Lewis Henry Morgan (1818-1881), como uno de los padres de la antropología moderna. La Edad del Hierro indica la generalización del uso del hierro en armas y herramientas. La expresión se utiliza para Europa, desde el siglo VII a.C. hasta la incorporación, en distintas épocas, al Imperio romano (por lo que en el Mediterráneo es contemporánea a las colonizaciones fenicias, griegas y cartaginesas); en la Europa nórdica dura hasta el siglo VI d.C. Se aplica también al África subsahariana (500 a.C.-1800 d.C.); en la Edad del Hierro tardía (1000-1800) se desarrollaron algunas sociedades estatales (Estado). El cobre es el primer metal en reemplazar a la piedra. Su uso se difundió rápidamente debido a su fácil obtención y a su gran maleabilidad; es decir, podía ser trabajado y modelado sin mayor dificultad. Además se le podía encontrar en estado puro, o sea, separado de otros minerales. Al aumentar la demanda del cobre, se tuvo que buscar en los yacimientos. Allí se encontraba mezclado con otros minerales. Para separarlo se recurrió al fuego. Nació así la metalurgia. La necesidad de endurecer el cobre indujo a una serie de ensayos de aleaciones con otros metales. Mezclado el 90% de cobre con el 10% de estaño se obtuvo el bronce. Con esta nueva aleación se comenzó a fabricar nuevas armas, ornamentos y utensilios. Este período de la prehistoria está caracterizado por la metalurgia del bronce para la fabricación de armas, herramientas y adornos, iniciado en Armenia y Kurdistán entre el IV y el II milenio a.C. Siguió a la edad del cobre y precedió a la del hierro. La fabricación de objetos de bronce, aleación de cobre y estaño, fue posible por la existencia de importantes intercambios comerciales de ambas materias primas. La industria del bronce favoreció la aparición de los primeros grandes Estados de la historia: Sumer, Egipto, Minos, Micenas y la dinastía Chang en China. En Occidente también surgieron importantes culturas: Wessex, Armórica, Europa central (cultura de los campos de urnas), y ya hacia el año 1000 a.C., la cultura de los palafitos en Suiza y la de las turberas en Escandinavia. En la península Ibéricatuvo dos relevantes manifestaciones: Los Millares y El Argar. Con el conocimiento del hierro el hombre mejoró notablemente sus herramientas y armas. El dominio de la naturaleza se hizo con menos esfuerzo y la cultura alcanzó un notable desarrollo. Precisamente fueron los hititas los primeros en utilizarlo. Más tarde fue conocido en Asia Menor y en Europa. El uso de este metal tuvo un doble efecto en la humanidad. Por un lado, se comenzaron a crear industrias tales como la alfarería y la fabricación de instrumentos de metal. Nació así el comercio. Las poblaciones densas formaron ciudades y se amplía la cultura. En sentido estricto, la Protohistoria es el período en el que no existen testimonios escritos directos producidos por las culturas estudiadas (o si existen textos, sellos y epigrafías, la escritura no ha podido ser descifrada), pero sobre el que si se conservan textos escritos de otras culturas de la época, por lo que se estudia a partir de los datos arqueológicos y de las fuentes escritas indirectas. Es el caso, por ejemplo, de las culturas ibéricas de España antes de la conquista romana, sobre las que hay referencias en autores griegos y latinos. El término se usa de manera ambigua y descriptiva para indicar el período que se sitúa entre el final de la Prehistoria y el inicio de la época histórica. Por otra parte, la tradición francesa incluye en la Prohistoria la Edad de los Metales, contemporánea al uso de la escritura en Oriente Próximo (e incluso el Neolítico, aunque no haya testimonios escritos antes del 3200 a.C.). En esta tradición, Protohistoria ha adquirido un sentido genérico, con un contenido metodológico que indica las diferencias conceptuales entre el estudio de las culturas de cazadores-recolectores del Paleolítico y el de las culturas productoras de alimentos del Neolítico y de la Edad de los Metales. La historia temprana de los pueblos y culturas de la Humanidad es en gran medida producto de su propia "protohistoria", período que suele denominar el momento espacio-temporal que establece el nexo entre la "prehistoria" y la "historia". Pero los límites cronológicos entre estos tres períodos, Prehistoria-Protohistoria-Historia, son casi siempre difusos y, sobre todo, diferentes en cada región, cultura o civilización. Para salvar esta acusada diversidad los historiadores suelen hacer coincidir el comienzo de la protohistoria con el Neolítico, mientras que el comienzo de la historia se retrasa generalmente hasta la aparición de la civilización urbana, considerando ésta como una fase avanzada de la evolución de las primitivas comunidades agrícolas. Otro criterio menos arbitrario, en principio, ha sido la existencia o no de "escritura", que distinguiría las fases propiamente históricas de las precedentes, aquellas cuyo testimonio se reduce a restos de cultura material no escrita, que se correspondería con sociedades y economías menos evolucionadas. Según este criterio se distinguirían básicamente dos tipos de sociedades: las "ágrafas", que no conocieron el "uso" de la escritura, y las "literarias", que dejaron ya documentos escritos, símbolo de una determinada "civilización". No obstante, entre unas y otras se situarían precisamente las protohistóricas, sociedades ágrafas pero con un cierto grado de civilización, deducible a través de testimonios escritos de otras civilizaciones referidos a aquéllas. Con el fin de establecer diferencias claras entre ambas los historiadores suelen asignar el concepto de "civilización" al conjunto de elementos que permiten reconstruir los modos de vida característicos de una sociedad histórica determinada, mientras que se reserva el de "culturas" para identificar a un grupo humano en un espacio y tiempo no bien definidos, lo que explica en parte que a menudo su estudio se ligue a interpretaciones contradictorias como "aislamiento" y "paralelismo" entre unas regiones y otras. En efecto, el análisis de las culturas protohistóricas es clave para determinar en qué momento de la evolución se encuentra la organización social de una determinada comunidad o, lo que es lo mismo, si se ha traspasado el límite "natural" de relación con el medio y en qué medida los indicadores sociales (familia, grupos, aldea) y económicos (uso de metal, tipo de producción cerámica) denotan la existencia de una comunidad con un cierto grado de organización política. Por elemental que pueda parecer, el momento protohistórico se sitúa en la trayectoria de un proceso económico que va desde el estadio de "producción de alimentos", destinados exclusivamente a la subsistencia de la comunidad, hasta la "producción de objetos en serie", destinados a satisfacer la demanda de un incipiente "mercado", restringido a las necesidades de los grupos más acomodados de la comunidad. Ahora bien, el elemento diferencial de este largo proceso se sitúa precisamente a su término, de tal modo que este estadio de desarrollo separa con claridad las culturas prehistóricas y protohistóricas de la civilización histórica, propiamente dicha. En ésta el ánalisis del "factor económico" explica mejor que cualquier otro (relación con el "medio", características del grupo humano) la progresiva complejidad del entramado social, mejor incluso que la hipótesis de sucesivas "migraciones" o "invasiones", cuya incidencia en la evolución de las comunidades primitivas no siempre es clara. Por ello, en las últimas décadas ha ganado terreno el concepto de "aculturación", con el que se pretende sustituir el lento proceso de adaptación al medio, por parte de un nuevo grupo humano, por otro no menos lento de adaptación cultural, que puede durar incluso siglos. En suma, pues, se considera por prehistoria y protohistoria al tiempo anterior a la aparición de la escritura, es decir, de la que no se conservan ningún tipo de fuentes escritas. Hemos explicado por separado qué es prehistoria y qué es protohistoria, teniendo en cuenta que al no habernos llegado fuentes escritas, todo lo que conocemos a día de hoy ha sido gracias a los hallazgos arqueológicos que a lo largo de la historia se han ido descubriendo, y de lo poco que se ha escrito y conservado de aquellas culturas más cercanas a estas, como es el caso de los celtas, y sobre todo de los griegos y romanos. Entonces, se conoce por Protohistoria al periodo de transición entre la prehistoria y la historia, que es cuando empiezan a aparecer las primeras fuentes escritas en torno a los siglos VI a.C. y IV a.C. El término Protohistoria se refiere a una fase no muy bien definida que se situaría alfinal de la Prehistoria y el comienzo de la Historia Antigua. El promotor de este términoha sido el arqueólogo francés Jean Guilaine, para quien durante elperíodo denominado protohistórico una civilización o cultura aún no ha desarrolladoningún sistema de escritura, pero en otras culturas ya fue señalada su existenciaen sus propias fuentes escritas; p. ej., en Europa se considera que los celtas y las tribusgermánicas fueron protohistóricas cuando comenzaron a aparecer en las fuentesgriegas y romanas. También se conoce como protohistórico al período de transiciónentre el advenimiento de la alfabetización en una sociedad y los escritos de losprimeros historiadores. Los límites temporales de la Protohistoria son algo difusos, soliéndose presentar varias interpretaciones:1. Según la interpretación clásica, la Protohistoria estudiaría aquellos grupos humanoságrafos (sin escritura) de los que se tienen noticias escritas gracias a fuentes indirectascontemporáneas. Esta definición limita la Protohistoria a la Edad del Hierro.2. Para la escuela francesa, las sociedades protohistóricas europeas serían aquellas quese desarrollaron a la vez de las que ya utilizaban la escritura en el antiguo PróximoOriente. Se trataría así de una prehistoria reciente que abarcaría desde el Calcolítico ala Edad del Hierro.3. Por último, según una interpretación más moderna y amplia, la Protohistoriaestudiaría a aquellas sociedades que se hallaban en la transición hacia la cultura escritay, a su vez, en proceso de formación del estado. En Europa, igualmente, haríareferencia a la Edad de los Metales (cobre, bronce y hierro), pero para el resto delmundo tendría unas connotaciones más dilatadas.Este término puede referirse también a un período del que se han hallado documentoshistóricos fragmentarios o externos, que no necesariamente incluyen un sistema deescritura desarrollado, p. ej. los Proto-Tres Reinos de Corea, la cultura Yayoi o los grupos del Mississippi registrados por los primeros exploradoreseuropeos; así mismo dentro de este período en Europa sedesarrollaron numerosas entidades políticas semicentralizadas, que coincidieron con elinicio de la escritura y la metalurgia, esas sociedades produjeron inicialmentedocumentos epigráficos breves y, posteriormente, crónicas extensas, considerándose que apartir de este momento se adentran ya en la Historia Antigua. En un artículo de TimothyTaylor se expone lo siguiente: “Debido a la existencia en algunas, pero no en todas, las sociedades de escriturahistórica durante el primer milenio antes de Cristo, el período a menudo se hadenominado “protohistórico” en lugar de prehistórico. Por supuesto, la comprensióndel pasado obtenida a través de la arqueología es de naturaleza muy diferente a lacomprensión derivada de los textos históricos. Tener ambos tipos de evidencia es unabendición y un desafío”. En el resumen de un artículo posterior sobre “la esclavitud en las regiones del Egeo, Carpato-balcánica y Póntica del primermilenio”, Taylor,principalmente un arqueólogo, declara que: “He dado el paso bastante inusual de confiar en lo que los autores clásicos nos dicenque sabían”. Como ocurre con la Prehistoria, a veces es difícil determinar cuándo una cultura puedeconsiderarse prehistórica o protohistórica. Los datos varían considerablemente de unacultura a otra, de una región a otra e incluso de un sistema de cálculo de fechas a otro.En su forma más simple, la Protohistoria sigue la misma cronología que la Prehistoria yse basa en el avance tecnológico de un pueblo en particular con respecto a lametalurgia. El desarrollo de la metalurgia ha sido denominado Edad de los Metales ydividido en tres grandes edades: Edad del Cobre o Calcolítico, Edad del Bronce y Edaddel Hierro. En otro orden de cosas, el término protohistoria es utilizado por la moderna historiografía para designar al período más moderno de la Prehistoria. Su definición cronológica es objeto de controversia entre las distintas escuelas historiográficas. De forma genérica, el término "protohistoria" suele referirse al período final de la Prehistoria inmediatamente anterior a la invención de la escritura en una cultura dada. La protohistoria marcaría, pues, el tránsito entre las épocas del pasado de una cultura de las que sólo conservamos testimonios materiales (arqueológicos) y la invención de formas escritas de codificación del lenguaje, que marca el inicio de la Historia Antigua. Este período de transición estaría definido por la conservación de testimonios literarios indirectos a través de otras culturas contemporáneas o posteriores que sí conocían la escritura. Según esto, el período comprendido por la Protohistoria se define por la complementariedad de los testimonios arqueológicos, que constituyen la base principal de nuestro conocimiento de estas épocas remotas, y las informaciones literarias, a menudo elaboradas en forma de mitos. La vaguedad con que los historiadores y arqueólogos utilizan el término ha producido confusión a la hora de establecer los límites entre la Prehistoria y la Historia en Europa. La historiografía francesa, por ejemplo, suele adscribir a la Protohistoria las Edades del Bronce y del Hierro, es decir, desde el III milenio hasta el siglo I a.C., último período de la Prehistoria europea, contemporáneo de la escritura en culturas del Próximo Oriente. Aunque no existen textos escritos antes del 3000 a.C., algunos autores han llegado a extender el marco temporal de la Protohistoria hasta el período Neolítico. Pese a estas ambigüedades motivadas por su reciente acuñación, el concepto de Protohistoria posee importantes potencialidades explicativas y categoriales para el estudio de las épocas de transición entre las culturas de cazadores-recolectores del Paleolítico, las sociedades preliterarias no depredadoras del Neolítico y la Edad de los Metales y las culturas literarias, que se solaparon en el tiempo en distintos ámbitos geográficos. Seguidamente hablaremos de las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad.La capacidad de crear y comunicarse mediante símbolos estaba ya presente entre los neandertales. Sólo así pueden entenderse sus ofrendas y rituales funerarios, pero será el Hombre moderno quién utilice toda su capacidad de comunicación mediante signos y símbolos, incluyendo los signos verbales, el lenguaje hablado. La principal evidencia de esto la encontraremos en la expresión artística, en el arte. Se creará y desarrollará un arte sobre todo tipo de soportes portátiles -esculturas, adornos, instrumentos, placas de piedra...- e inamovibles, como las paredes y techos de las cuevas o las grandes rocas de algunos lugares. Se recurrirá a diversas técnicas, como el grabado, la talla y el esculpido, el modelado en barro (a veces posteriormente cocido), el dibujo y la pintura. Trabajará sobre materias diversas como el hueso, el marfil, la arcilla y las rocas duras. Podemos imaginar otras obras realizadas sobre madera, piel o cuero e incluso sobre el propio cuerpo, pero nada de esto se ha conservado; de hecho conocemos muy pocas obras de las realizadas al aire libre, bastantes objetos portátiles y un número suficiente pero sin duda reducido y parcial, del arte ejecutado en el interior de las cuevas. Cuando hablamos de arte paleolítico nos referimos a éste como si fuera un fenómeno único, olvidando a veces que empezó hace 35.000 años y desapareció sin aparente continuidad hace unos 10.000 años. El sur de Francia y el norte de España constituyen un foco excepcional que ha deparado hasta el momento el mayor y más importante conjunto de cuevas con pinturas, esculturas y grabados; se trata del núcleo principal del llamado arte rupestre paleolítico. No obstante los yacimientos de arte rupestre se extienden por toda la península ibérica. En 2006 se publicaron los resultados de un estudio de más de veinte años que atestiguó la existencia de pinturas y grabados en una veintena de yacimientos (entre los que destacan la Pileta y Ardales) en la serranía de Ronda (Málaga), con unos 30.000 años de antigüedad. La importancia de este estudio radicó en la gran cantidad de pinturas datadas (más de 4.000) y, sobre todo, en el hecho de que muchas de las cuevas estuvieron habitadas, ininterrumpidamente, durante más de 25.000 años, conservándose muestras artísticas de todo el periódo, sin que faltase ninguna época. El 85% de las muestras son elementos gráficos abstractos. Estos hallazgos suponen la mayor muestra de arte rupestre de la costa mediterránea europea. Se trata de un arte basado en la figuración y, más explícitamente, en la representación de figuras de animales, siempre fácilmente identificables. Predominan ciervos, caballos, bisontes, uros, cabras y rebecos; son muy escasos los mamutes y renos; otras representaciones, incluyendo las humanas, son escasas o tienen carácter singular. Encontraremos numerosos signos y calificaremos como tales tanto aquello que no podemos identificar lo que representa como lo que interpretamos como esquemas o partes del cuerpo humano: signos vulvares y fálicos. Son muy diversos, pero hay semejanzas y coincidencias en distintas cuevas y regiones confirmando cierta comunidad cultural. En todos los casos podemos intuir su valor simbólico, pero no identificarlo. Un pequeño divertículo de la cueva de Tito Bustillo sólo está ocupado por representaciones inequívocamente vulvares, fenómeno que podemos ver en alguna otra cueva francesa o en uno de los más profundos e inaccesibles rincones de la de Bedeilhac. A mitad de camino entre el signo y la figura, Angles-sur-Anglin concentra varias representaciones femeninas en un mismo reducido ámbito. Como signos humanos podemos considerar las improntas de manos de distintas cuevas de Francia y España (Altamira, Castillo, Fuente del Salín y La Garma, todas en Cantabria). Suelen tener una cronología antigua que puede superar los 20.000 años. Se realizaban en positivo o negativo, tanto marcando la mano embadurnada de pintura como salpicando o soplando pintura alrededor de una mano apoyada en la roca, igual a como en la actualidad lo siguen haciendo los aborígenes australianos. Pese a esto, buena parte de los signos aluden a ideas o realidades que no podemos reconocer y cuya dispersión es a veces regional, indicando un vínculo cultural como en el caso de los claviformes cántabro-pirenaicos, y a veces inexplicable. La figura humana resulta en proporción anormalmente escasa, en muy pocas ocasiones alcanza el grado de realismo que vemos en los animales, son formas humanas, en algún caso con el falo erecto, con ciertos rasgos animales (¿cazadores disfrazados?, ¿brujos y hechiceros?). Existen varios grabados así en Altamira y en otras cuevas de Cantabria. Pese a lo anterior no podemos dejar de citar la cueva de La Marche (Francia). Allí se conocen más de 50 representaciones de rostros humanos, preferentemente de perfil pero también en visión frontal, y otras tantas representaciones de cuerpo completo. Hay alguna escena de cópula, pero en general parecen representaciones aisladas. Unas son como bocetos, otras son indudables retratos de personas con distintas narices, con barba o sin ella, con diversos cánones corporales. También las hay que parecen auténticas y magníficas caricaturas y la misma impresión producen los rostros de Marsoulas. Las figuras femeninas son minoritarias en el arte parietal, no así en el arte mueble, donde son raras las esculturas masculinas. En las figuras femeninas, que en modo alguno parecen retratos, se destacan los órganos sexuales, pero más aún parece hacerse hincapié en los atributos o representación de la gestación, de la maternidad, a través del embarazo. De carácter diferente son las representaciones de la cueva de La Madeleine, cuyas "venus" grabadas y casi en bajorrelieve, por su forma y postura pueden hacernos recordar algunos desnudos de Modigliani o Picasso en los que no es precisamente la maternidad lo que se exalta. Hoy en día conocemos que el arte rupestre es un fenómeno casi universal asociado a pueblos de cazadores y recolectores de los cinco continentes. Es también universal en el sentido temporal pues empieza con los primeros hombres modernos y aún sigue realizándose entre las comunidades culturales no agrícolas de los aborígenes de Oceanía y África. Ciñéndonos al arte del paleolítico su dispersión ha desbordado el ámbito cántabro -aquitano inicial y hoy sabemos que estaba presente desde la Rusia de los Urales hasta nuestra Andalucía. Incluso en España, lo que en principio parecía algo limitado a las regiones cantábricas hoy está atestiguado en diversos puntos de las provincias mediterráneas y del interior peninsular. Es aquí donde se han producido los más interesantes hallazgos recientes: nos referimos a los conjuntos de grabados sobre grandes rocas al aire libre en Siega Verde (Salamanca), Domingo García (Segovia) y valle del río Coa (Portugal, próximo a Siega Verde). Se trata en este caso del más importante conjunto al aire libre y modifica la sensación de arte exclusivamente cavernario que erróneamente se podía tener. En principio la mayoría del arte rupestre paleolítico se asocia con la cultura material solutrense y, sobre todo, con la magdaleniense. Ambas cubren el tiempo que va desde hace 22.000 hasta hace 10.000 años. En relación con la cronología, la posibilidad de datar el carbón de los pigmentos mediante partículas ínfimas del mismo abre un proceso de revisión respecto al esquema clásico, según el cual, lo más antiguo era lo más sencillo. Las fechas obtenidas para la cueva Chauvet (Vallon Pont d'Arc) que se remontan a 30.000 años, así como otras también muy antiguas, deben hacer recapacitar y superar la rígida identificación de estilos con cronología. El final de este arte tuvo que ver con los profundos cambios de formas de vida y cultura que se producen durante el tránsito al holoceno, y en los que el cambio climático desempeñó un papel importante Ningún arte, ni siquiera la mayoría de las artes decorativas o aplicadas, tienen sólo un valor ornamental o de simple adorno. Para el arte rupestre paleolítico esto se hace aún más evidente si reparamos que se ejecuta, mayoritariamente, fuera de los lugares de habitación, en sitios oscuros y de difícil acceso. Es, sin ninguna duda, un arte de máximo contenido simbólico. Se pensó pronto que las imágenes corresponderían a animales totémicos, pero la diversidad de especies figuradas en cada cueva impide esta interpretación. En todo caso es incuestionable que es un arte que reproduce casi exclusivamente animales que se desea cazar para alimentarse de ellos, y sabemos que se cazaban para esto. Estamos ante el arte de la humanidad cazadora, por lo que su lectura se ha intentado, en buena medida, a partir de la comparación o del conocimiento etnográfico de las sociedades cazadoras-recolectoras más o menos contemporáneas. Se trató de vincular todas las representaciones con ritos de magia simpática o propiciatoria, pero tal hipótesis puede rechazarse al verificar que hay numerosas cuevas en las que no hay proporción directa entre la fauna representada y la fauna consumida, como Lascaux (Francia) donde más del 90% de los restos de fauna, de alimentación, son de reno y esta especie apenas se representa en sus paredes. En Ekain (Guipúzcoa) una abrumadora mayoría de las imágenes son de caballos, mientras que los huesos hallados son de ciervo y cabra, y los de caballo inexistentes; y los ejemplos podrían multiplicarse. Claro que también estos datos son relativos pues habría que considerar la cantidad de carne que los acompañaba; no supone la misma cantidad de carne un mismo hueso de ciervo y de bisonte, y además ¿cómo valorar la importancia aparente de los bisontes polícromos de Altamira, de 150 cm de tamaño frente a los pequeños pero numeroso ciervos grabados por toda la cueva?. La explicación del arte vinculándolo a la caza y la importancia de ésta para los grupos humanos no cabe duda que es coherente y razonable en muchos lugares y aspectos, pero globalmente resulta insuficiente e insatisfactoria. No cabe duda que las figuras de animales tienen un valor añadido, una carga de significado que excede de la simple representación de un individuo de su especie. A. Laming-Emperaire y A. Leroy-Gourham a partir de los años sesenta interpretaron las figuras de cada conjunto, de cada cueva, como pertenecientes a un sistema simbólico, codificado y común para el que, mediante un análisis estructural, proponen la identificación de dos principios opuestos o complementarios que pueden corresponder a una misma visión cosmogónica dualista . Para el caso de Altamira, y para su conjunto de figuras polícromas se ha propuesto ver la representación de una manada que agrupa a individuos machos y hembras durante el celo. Esto, junto con otras consideraciones, permite asociar el conjunto pintado a ideas y ritos no sólo de fecundidad animal, sino de fecundidad y supervivencia del grupo humano o con ritos de iniciación o tránsito que tan importantes son para cualquier colectivo, incluso contemporáneo y tecnológicamente avanzado. En todo caso hay que considerar que una manifestación cultural tan amplia en el tiempo -más de 20.000 años- y el espacio -Europa, al menos- y producto de tantas generaciones de grupos humanos, difícilmente puede tener una única causa, una única interpretación. Su unidad aparente y su diversidad regional motiva la realización de un esfuerzo de revisión y análisis pormenorizado que en la actualidad se lleva a cabo. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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