lunes, 1 de enero de 2024

HISTORIA DEL ORIENTE PRÓXIMO, LITERATURA JUVENIL, "Palestina en la Antigüedad"

INTRODUCCIÓN Palestina, desde un punto de vista geográfico e histórico, es el nombre que recibe el territorio comprendido aproximadamente entre el mar Mediterráneo y el valle del río Jordán (de oeste a este), y entre el río Litani y el Néguev, sin incluir el Sinaí (de norte a sur). La región ha tenido muchos nombres desde tiempos remotos. Pero fue nombrada Palestina en el año 135 d.C. por el emperador romano Adriano tras sofocar la revuelta de Bar Kojba. Desde entonces, y hasta la creación del Estado de Israel y el establecimiento de la Autoridad Nacional Palestina en el siglo XX, la región fue casi siempre parte de algún reino o Imperio mayor y, solo la depresión excepcionalmente, constituyó por sí misma una unidad política independiente, como el Reino de Jerusalén durante las Cruzadas. En esta región se constituyen tres zonas geomorlógicas, de Oeste a Este: la llanura litoral mediterránea, la cordillera central y el valle del Jordán, la depresión más profunda de la Tierra. A estas tres regiones hay que sumar la del desierto del Néguev, constituido por una planicie y montañas de naturaleza calcárea, situadas al Sur de la zona. Las regiones áridas suponen más de la mitad del territorio. No obstante, aun siendo desierto buena parte del territorio, en los valles abundan los lirios y árboles como pinos, olivos, acacias y eucaliptos. La retama crece esporádicamente en el desierto del Néguev. EL ARTE DE PALESTINA Palestina, nombre derivado de "peleset" o "pelishtim" (Filistea, filisteos) se aplicó en la Antigüedad a la tierra comprendida entre Egipto y Fenicia y entre el mar Mediterráneo y el desierto sirio-arábigo. Esta circunstancia de ser una región puente, y por lo tanto de paso obligado, determinó no sólo el tipo de vida de las gentes que la ocuparon (cananeos, amorreos, hebreos, filisteos), sino también el de su cultura y civilización, marcada sobre todo por las influencias siria, egea y egipcia primero, y helenística y romana después. La Arqueología de Palestina pudo desarrollarse realmente a partir de 1838, gracias a los trabajos de campo del teólogo americano E. Robinson y de su discípulo E. Smith y a las primeras prospecciones y excavaciones de F. de Saulcy (1850-1863). Más tarde, en 1890, con F. Petrie, un inglés que había trabajado en Egipto, la arqueología palestina progresó espectacularmente, obteniéndose a partir de entonces cada vez mejores logros (trabajos del dominico francés L. H. Vincent y otros eruditos). Tras la Primera Guerra Mundial se inició, de hecho, la edad de oro de la arqueología en Tierra Santa, gracias a los estudios, entre otros, del británico J. Garstang, del norteamericano W. F. Albright y del alemán H. Steckewe. La segunda gran guerra colapsó los trabajos arqueológicos de campo, pero aquellos difíciles años y los subsiguientes se dedicaron a la publicación de variados informes y trabajos de conjunto. A partir de 1950 R. de Vaux, K. M. Kenyon, J. B. Pritchard, Y. Yadin y otros grandes científicos prosiguen en Israel y en Jordania la labor de excavaciones y estudios. Son todavía escasos los conocimientos que se poseen de la Prehistoria de Canaán, la tierra prometida a los israelitas por Yahweh, según la Biblia. Huellas de ocupación las hay en zonas del mar Muerto, de Galilea y del sur del Carmelo, lo mismo que poblados neolíticos sedentarios en Jericó -la ciudad más antigua del mundo, según la Arqueología-, en Teleilat Gasul y otros puntos. Los habitantes del III milenio no llegaron a constituir ninguna unidad ni étnica ni política, distribuyéndose en variados y pequeños Estados, temerosos de la potencia egipcia, aunque a finales de tal milenio hubieron de sucumbir ante los cananeos y luego los amorreos, quienes hicieron suya la cultura del Bronce Antiguo. Hacia el siglo XIX a. C. arribaron a sus tierras los hebreos, dirigidos por Abraham, quienes por diferentes causas luego pasaron a Egipto, aprovechando la emigración de los hicsos. Tras la salida de Moisés de Egipto (Éxodo), en la segunda mitad del siglo XIII a. C., los hebreos, agrupados en anfictionías, conquistaron Canaán poco a poco; a ellos seguirían los filisteos, una rama de los Pueblos del Mar, que lograron asentarse en las costas del sur. La conquista del país por estos dos pueblos supuso el fin de la historia cananea de Palestina. Durante una serie de años, los hebreos dirigidos por sus Jueces pudieron ir haciéndose con el control de las tierras y, finalmente, con la aparición de la monarquía (Saúl, David, Salomón) lograron crear un poderoso reino. Sin embargo, la falta de unidad entre sus diferentes tribus, provocó la ruptura política, escindiéndose el país en dos reinos minúsculos: Israel, al norte, que acabó siendo destruido por los asirios en el año 722 a. C., y Judá, al sur, que cayó ante los neobabilonios en el 587 a. C. Después de unos años de cautividad (586-538 a. C.), los judíos -nombre aplicado ya a los habitantes de Israel y Judá- regresaron a Palestina, aunque políticamente continuaron dependiendo de la potencia persa. Luego, sometido el país por Alejandro Magno, los asmoneos (Matatías y Judas Macabeo) se sublevaron en el 168 a. C. contra el dominio seléucida, de quienes al fin se logró cierta autonomía. Sin embargo, en el 63 a. C. Roma hizo de Palestina un Estado vasallo, nombrando en el 39 a Herodes el Grande como Rey de los judíos. POBREZA DE LA ESCULTURA PALESTINA Palestina, nombre derivado de "peleset" o "pelishtim" (Filistea, filisteos) se aplicó en la Antigüedad a la tierra comprendida entre Egipto y Fenicia y entre el mar Mediterráneo y el desierto sirio-arábigo. Esta circunstancia de ser una región puente, y por lo tanto de paso obligado, determinó no sólo el tipo de vida de las gentes que la ocuparon (cananeos, amorreos, hebreos, filisteos), sino también el de su cultura y civilización, marcada sobre todo por las influencias siria, egea y egipcia primero, y helenística y romana después. La Arqueología de Palestina pudo desarrollarse realmente a partir de 1838, gracias a los trabajos de campo del teólogo americano E. Robinson y de su discípulo E. Smith y a las primeras prospecciones y excavaciones de F. de Saulcy (1850-1863). Más tarde, en 1890, con F. Petrie, un inglés que había trabajado en Egipto, la arqueología palestina progresó espectacularmente, obteniéndose a partir de entonces cada vez mejores logros (trabajos del dominico francés L. H. Vincent y otros eruditos). Tras la Primera Guerra Mundial se inició, de hecho, la edad de oro de la arqueología en Tierra Santa, gracias a los estudios, entre otros, del británico J. Garstang, del norteamericano W. F. Albright y del alemán H. Steckewe. La segunda gran guerra colapsó los trabajos arqueológicos de campo, pero aquellos difíciles años y los subsiguientes se dedicaron a la publicación de variados informes y trabajos de conjunto. A partir de 1950 R. de Vaux, K. M. Kenyon, J. B. Pritchard, Y. Yadin y otros grandes científicos prosiguen en Israel y en Jordania la labor de excavaciones y estudios. Son todavía escasos los conocimientos que se poseen de la Prehistoria de Canaán, la tierra prometida a los israelitas por Yahweh, según la Biblia. Huellas de ocupación las hay en zonas del mar Muerto, de Galilea y del sur del Carmelo, lo mismo que poblados neolíticos sedentarios en Jericó -la ciudad más antigua del mundo, según la Arqueología-, en Teleilat Gasul y otros puntos. Los habitantes del III milenio no llegaron a constituir ninguna unidad ni étnica ni política, distribuyéndose en variados y pequeños Estados, temerosos de la potencia egipcia, aunque a finales de tal milenio hubieron de sucumbir ante los cananeos y luego los amorreos, quienes hicieron suya la cultura del Bronce Antiguo. Hacia el siglo XIX a. C. arribaron a sus tierras los hebreos, dirigidos por Abraham, quienes por diferentes causas luego pasaron a Egipto, aprovechando la emigración de los hicsos. Tras la salida de Moisés de Egipto (Éxodo), en la segunda mitad del siglo XIII a. C., los hebreos, agrupados en anfictionías, conquistaron Canaán poco a poco; a ellos seguirían los filisteos, una rama de los Pueblos del Mar, que lograron asentarse en las costas del sur. La conquista del país por estos dos pueblos supuso el fin de la historia cananea de Palestina. Durante una serie de años, los hebreos dirigidos por sus Jueces pudieron ir haciéndose con el control de las tierras y, finalmente, con la aparición de la monarquía (Saúl, David, Salomón) lograron crear un poderoso reino. Sin embargo, la falta de unidad entre sus diferentes tribus, provocó la ruptura política, escindiéndose el país en dos reinos minúsculos: Israel, al norte, que acabó siendo destruido por los asirios en el año 722 a. C., y Judá, al sur, que cayó ante los neobabilonios en el 587 a. C. Después de unos años de cautividad (586-538 a. C.), los judíos -nombre aplicado ya a los habitantes de Israel y Judá- regresaron a Palestina, aunque políticamente continuaron dependiendo de la potencia persa. Luego, sometido el país por Alejandro Magno, los asmoneos (Matatías y Judas Macabeo) se sublevaron en el 168 a. C. contra el dominio seléucida, de quienes al fin se logró cierta autonomía. Sin embargo, en el 63 a. C. Roma hizo de Palestina un Estado vasallo, nombrando en el 39 a Herodes el Grande como Rey de los judíos. LA CUESTIÓN PALESTINA La paz entre Egipto e Israel no sólo no liquidó el conflicto iniciado en 1948 sino que en cierto sentido lo agravó. De la cuestión palestina no se había tratado más que en un intercambio de cartas que pronto se demostró incapaz de resolver nada. Fue el testimonio de la desgana de Sadat por seguir haciendo depender los intereses propios de las reivindicaciones palestinas. Pero los israelíes no hicieron nada por avanzar en solucionar el problema. En 1977 por vez primera ganó las elecciones el Partido religioso Likud, en gran parte por la corrupción laborista ligada a su larga permanencia en el poder pero también por la creciente inmigración de judíos procedentes del mundo árabe y más confrontados con él. El líder del Likud, Menahen Beguin, que había participado en atentados terroristas contra los británicos, pronto dejó claro su propósito de, en la práctica, incorporar Gaza y Cisjordania al Estado de Israel. Por otro lado, fue aumentando la distancia entre los dirigentes políticos israelíes y el contexto internacional. A fines de 1974, Arafat intervino por vez primera en la ONU en defensa de la instauración del Estado palestino; ya no se hablaba, por tanto, tan sólo de la cuestión de los refugiados. Los Estados Unidos se decían ya partidarios de una patria palestina que incluyera Cisjordania y Jordania. La Comunidad Europea llegó a más pidiendo que al proceso de paz se incorporara la OLP; en 1980 Austria e Italia la reconocieron desde el punto de vista diplomático. Mientras tanto, perduraba el terrorismo propiciado por esta organización y Menahen Beguin, tras firmar la paz con Egipto, como para compensar cesiones anteriores, trasladó la capital de Israel a Jerusalén (1980), se anexionó el Golán (1981) y fomentó la colonización judía en los territorios ocupados, en parte por razones estratégicas pero también con un propósito de ampliación de la tierra reclamada de forma permanente. En esta tarea jugó un protagonismo muy importante su ministro de Agricultura Ariel Sharon. Pero lo más grave desde el punto de vista del derramamiento de sangre durante este período fue, sin duda, el estallido de una auténtica guerra civil en el Líbano. Éste había sido en el pasado un modelo de convivencia intercultural gracias a un sistema complicado de equilibrios político-constitucionales. La presidencia, por ejemplo, quedaba reservada a un cristiano maronita, mientras que el primer ministro debía ser un musulmán sunita. De esta manera, se podía mantener una apariencia de Estado democrático occidentalizado cuando la población musulmana, sin duda, hubiera preferido la vinculación con Siria que, por otra parte, estaba justificada desde el punto de vista histórico, pues ya se había producido durante la colonización francesa. Pero dos cambios decisivos hicieron inviable este Estado, considerado antes como un oasis de paz en una región del mundo frecuentemente convulsa. En primer lugar, el peso demográfico creciente de la población musulmana parecía quitar justificación al predominio o, al menos, al poder compartido con los cristianos. Pero, sobre todo, en 1968-1969 y más aún en 1970, cuando los palestinos fueron expulsados de Jordania, su implantación en el Líbano supuso la creación de un Estado dentro del Estado con los campos de refugiados convertidos a menudo en fortalezas desde las que actuaban las guerrillas de castigo a los israelíes. Éstos llegaron a decir que los palestinos disponían de 80 tanques en el Sur del Líbano y otros tantos lanzadores de misiles. En abril de 1975, tras un desfile de las fuerzas palestinas por las calles de Beirut dotadas incluso de armas pesadas, tuvo lugar el asesinato de un líder musulmán por parte de las "Falanges" cristianas y desde este momento ya resultó inviable un Estado que acabó por disolverse en una serie de comunidades autónomas que combatían entre sí. A partir de 1976 las potencias vecinas intervinieron mediante actos de fuerza para defender sus intereses o para intentar una paz precaria. Lo hizo Siria a partir de 1976 para ejercer un papel de árbitro, pero también para testimoniar su pretensión hegemónica en el seno del mundo musulmán. La ambigüedad de esta actuación se aprecia también en que si, por un lado, una misión de esta intervención era procurar moderar el entusiasmo revolucionario de los palestinos, también los sirios contribuyeron a facilitar la expansión de la influencia integrista iraní. Por su parte, Israel, que había llevado a cabo operaciones de castigo en el Sur del Líbano en junio de 1982, realizó una operación militar -"Paz en Galilea"- que afirmó querer desalojar al adversario palestino. Pero aunque ésos eran los objetivos declarados, pronto se ampliaron pretendiendo establecer un poder fuerte en Líbano. Hasta 80.000 israelíes intervinieron con unos 1.300 tanques; sufrieron más de un centenar de muertos y consiguieron un éxito espectacular, pero a cambio de no pocos inconvenientes. Después de prometer que la operación no tendría más que un carácter limitado, llegaron hasta Beirut y se enfrentaron con la aviación siria, a la que redujeron a la impotencia. Pronto la operación provocó la profunda desunión en la propia opinión pública israelí. Israel logró el abandono del Líbano por la OLP pero no la reconstrucción de este Estado: a los pocos meses fue asesinado Bechir Gemayel, el dirigente de las milicias cristianas, que debía cumplir esta misión. En septiembre de 1982 los "falangistas" libaneses asaltaron dos campos de refugiados palestinos cercanos a Beirut en Sabra y Shatila produciendo una auténtica carnicería. Un informe independiente de origen israelí culpó a su propio Ejército -Sharon incluido- de, al menos, no haber tomado más medidas oportunas para evitar que un suceso así, previsible, tuviera lugar. 400.000 israelíes -más del 10% de la población de este país- se habían manifestado en protesta por lo sucedido. Finalmente, las tropas israelíes se retiraron aun conservando una franja de protección en el Sur del Líbano; en el ínterin sus relaciones con el aliado norteamericano habían empeorado mucho. Tampoco la intervención de una fuerza internacional resolvió la cuestión. Formada por contingentes de cuatro países occidentales acabó siendo víctima de atentados por parte de grupos terroristas -como el de octubre de 1983, que costó casi trescientos muertos entre norteamericanos y franceses- mientras que la presencia siria, que los apoyaba o al menos tenía alguna conexión con ellos, seguía siendo predominante en el interior. En definitiva, la irresolución del conflicto palestino había tenido como consecuencia el traslado de la crisis a un país vecino que había sido ejemplo de convivencia. Líbano no se recuperaría de esa situación sino mucho tiempo después, cuando empezó a encauzarse la situación en el conjunto de Oriente Medio. Del hebreo Pelishtim y el greco-latino Philistea, fue en su origen un adjetivo que designaba el litoral de Jaifa, el "país filisteo”. Esta palabra denominó poco a poco toda la extensión geográfica situada entre el Líbano y el mar Rojo y fue aceptada oficialmente por los romanos después de la rebelión judía del 138 a.C. de Bar-Koshba. Antes, en los textos antiguos, al país se le llamaba Haru, Retenu o Amurru y más tarde Canaán. En el Antiguo Testamento se habla de país de "Israel" y en época helenística y el Nuevo Testamento, de Judea. En el Antiguo Testamento se habla de la distancia desde "Dan a Berseba", cuando se quiere hablar de la longitud del país, unos 260 km. Palestina está al sur del Líbano, limita al este con Jordania y al oeste con Egipto y el mar Mediterráneo. Entre el Mar Muerto y el Mediterráneo. La extensión del país está dominada por la depresión de río Jordán, que forma el mar de Galilea y el mar Muerto y la parte norte del desierto del Sinaí. Es llamada en la Biblia Tierra de Canaán o de Promisión, y más modernamente Judea y Tierra Santa. Hasta el siglo XXIII a.C., grupos semitas originarios de Caldea meridional, emigraron extendiéndose por todo el Oriente Próximo. Una fracción de ellos, los descendientes de Jacob (Israel), se establecieron en Egipto, donde permanecieron hasta el fin de la dominación de los hicsos. Dirigidos por su profeta Moisés, los israelitas abandonaron entonces Egipto, atravesaron el desierto del Sinaí y fueron conquistando progresivamente Palestina, expulsando o sometiendo a los pueblos establecidos en esa región (filisteos, amonitas, moabitas, amalecitas, etc.). En el primer período de la conquista, el pueblo hebreo estuvo gobernado por Jueces: Gedeón, Josué, Sansón, Samuel. El primer rey israelita de Palestina fue Saúl, bajo cuyo reinado continuaron las luchas entre israelitas (monoteístas) e idólatras. David, que le sucedió, hizo de Jerusalén la capital de su imperio. El reinado de su hijo, el gran Salomón, constructor del templo (935 a.C.), señala el apogeo de la civilización israelita y es la época de máximo esplendor de Palestina. A la muerte de Salomón, Palestina quedó dividida en dos reinos: Israel al norte y Judá al sur. El rey caldeo Nabucodonosor II conquistó Palestina en el 587 a.C. y llevó cautivo al pueblo hebreo a Babilonia, donde este permaneció 70 años. Los israelitas sufrieron después la dominación macedónica, y la de los seleúcidas de Siria, que desencadenaron contra ellos terribles persecuciones religiosas. Palestina fue entonces escenario de violentas luchas: los israelitas, sublevados bajo la dirección de los hermanos Macabeos, lograron reconquistar Jerusalén (164 a.C.), pero fueron finalmente sometidos. Las disensiones entre los reyes helenísticos de Judea provocaron la intervención de Roma, que estableció un protectorado sobre Palestina. En el año 70 de nuestra era, los hebreos se rebelaron contra Roma. La guerra acabó con la toma de Jerusalén, tras un terrible asedio dirigido por Tito, que destruyó el Templo. Al dividirse el Imperio Romano, Palestina pasó a depender de Bizancio, a quien la arrebataron los conquistadores árabes musulmanes. Palestina Prima o Palestina I. Provincia romano-bizantina desde 390 hasta el siglo VII. Dejó de pertenecer al Imperio Sasánida en 614, pero fue incorporada de nuevo en 628, antes de su pérdida final durante la conquista musulmana de Siria en 636. El área se organizó bajo el Imperio romano tardío como parte de la Diócesis de Oriente, en la que se incluyó junto con las provincias de Isauria, Cilicia, Chipre (hasta 536), Euphratensis, Mesopotamia, Osroene, Phoenice y Arabia Pétrea. Bajo Bizancio, una nueva subdivisión dividió aún más la provincia de Cilicia en Cilicia Prima, Cilicia Secunda. En el siglo VI, Siria Palestina se dividió en Siria Prima, Siria Salutaris, Phoenice Lebanensis, Palestina Prima, Palestina Secunda y eventualmente también Palestina Salutaris. A pesar de la dominación cristiana, en los siglos IV y V los samaritanos desarrollaron una semiautonomía en la región montañosa de Samaria, que gradualmente se convirtió en una serie de revueltas abiertas. Las cuatro principales revueltas samaritanas durante este período causaron la casi extinción de la comunidad samaritana, así como importantes pérdidas cristianas. A fines del siglo VI, los bizantinos y sus aliados cristianos gasánidas tomaron una clara ventaja en la lucha. En 614, Palestina Prima y Palestina Secunda fueron conquistadas por un ejército conjunto de judíos y sasánidas. El evento conmocionó a la sociedad cristiana, ya que muchas de sus iglesias fueron destruidas y la verdadera Cruz fue llevada por los persas a Ctesifonte. Después de la retirada de las tropas persas y la posterior rendición de los rebeldes judíos locales, el área fue re-anexada por Bizancio en 628. El control bizantino de la provincia se perdió de nuevo e irreversiblemente en 636, durante la conquista musulmana de Siria. La provincia de Palestina Prima incluía una población mixta de habla griega y aramea, con cristianos griegos y romanos formando uno de sus mayores grupos demográficos. Los samaritanos fueron el segundo grupo dominante, que poblaron la mayor parte de la región montañosa de Samaria, que sumaban alrededor de un millón en los siglos IV y V. También hubo minorías de judíos, cristianos gasánidas y nabateos. Los judíos formaron una mayoría en la vecina Palestina Secunda (Galilea), mientras que los gasánidas y nabateos habitaban el desierto árabe al sur y al este. Sin embargo, anteriormente la mayoría de los judíos de la Antigüedad habían sido exiliados a Babilonia después de guerras con los romanos, lo que condujo a la creación del Talmud farisaico de Babilonia. Dependiendo del momento, se advierte una notable presencia militar romana o persa. Durante el período bizantino, Palestina Prima se convirtió gradualmente en un centro de cristianismo, atrayendo a numerosos monjes y eruditos religiosos del Cercano Oriente y el sur de Europa, y abandonando los cultos helenísticos y romanos previos. El arrianismo y otras formas de cristianismo se encontraron también en un ambiente hostil. Las variantes de la religión mosaica todavía estaban en libertad a partir del siglo IV hasta el VI, practicadas por comunidades de samaritanos y judíos. Sin embargo, con el declive de las poblaciones samaritana y judía por las guerras y la conversión árabe en los siglos VI y VII, la religión también disminuyó. A fines del período bizantino, se podían encontrar menos sinagogas y muchas fueron destruidas en eventos violentos. La ciudad de Hebrón es notable por ser una de las últimas ciudades judías restantes, aunque la Cueva de los Patriarcas se había convertido en una Iglesia. Palestina Salutaris o Palestina Tertia. Provincia romana, que cubría el área del Neguev (Edom), el Sinaí, excepto la costa noroeste y el suroeste de Transjordania, al sur del Mar Muerto. La provincia, una parte de la Diócesis de Oriente, se separó de Arabia Pétrea en el siglo VI y existió hasta las conquistas árabes musulmanas del siglo VII. En 105, los territorios al este de Damasco y al sur del Mar Rojo se anexaron del reino nabateo y se reformaron en la provincia de Arabia con una capital, Petra y Bostra (norte y sur). La provincia fue ampliada por Septimio Severo en 195, y se cree que se dividió en dos provincias: Arabia Menor o Arabia Pétrea y Arabia Maior, ambas sujetas a legados imperiales clasificados como consulares, cada uno con una legión. Tras la reorganización del Imperio de Diocleciano (293), Petra se convirtió en su capital. En el siglo III, los nabateos habían dejado de escribir en arameo y comenzaron a escribir en griego, y en el siglo IV se habían convertido parcialmente al cristianismo, proceso que se completó en el siglo V. Petra disminuyó rápidamente bajo el dominio romano tardío, en gran parte debido a la revisión de las rutas comerciales marítimas. En 363, un terremoto destruyó muchos edificios y paralizó el vital sistema de gestión del agua. El área se organizó bajo el Imperio romano tardío como parte de la Diócesis de Oriente (314), en la que se incluyó junto con las provincias de Isauria, Cilicia, Chipre (hasta 536), Euphratensis , Mesopotamia, Osroene, Phoenice y Arabia Pétrea. Durante el dominio bizantino en el siglo IV se introdujo el cristianismo en la población. Se establecieron ciudades basadas en la agricultura y la población creció exponencialmente. Bajo Byzantium (desde 390), una nueva subdivisión dividió aún más la provincia de Cilicia en Cilicia Prima, Cilicia Secunda; Siria Palaestina se dividió en Siria Prima, Siria Salutaris, Phoenice Lebanensis, Palaestina Prima, Palaestina Secunda y, finalmente, también Palaestina Salutaris en el siglo VI. Palaestina Tertia incluyó el Neguev, el sur de Transjordania que una vez fue parte de Arabia Pétrea, y la mayor parte del Sinaí con Petra como la residencia habitual del gobernador y el arzobispado metropolitano. Los árabes musulmanes vieron como los restos de los nabateos de Transjordania y el Neguev se habían transformado en campesinos. Sus tierras se dividieron entre los nuevos reinos tribales árabes de Qahtanite de los vasallos bizantinos, los árabes gasánidas y los vasallos himvaritas, el reino árabe de Kindah en el norte de Arabia, formando parte de la provincia de Bilad al-Sham. Palestina Secunda o Palestina II. Provincia romano-bizantina desde 390, hasta su conquista por los ejércitos musulmanes en 634-636. Palestina Secunda, una parte de la Diócesis del Este, comprendía aproximadamente Galilea, el Valle de Jezreel, Bet Shean Valley y la parte sur de la meseta del Golán, con su capital en Escitópolis (Bet Shean). La provincia experimentó el ascenso del cristianismo bajo los bizantinos, pero también fue un próspero centro del judaísmo, después de que los judíos fueron expulsados de Judea por los romanos en los siglos I y II. Siria-Palestina se organizó bajo el Imperio romano tardío como parte de la Diócesis de Oriente, en la que se incluyó a las provincias de Isauria, Cilicia, Chipre (hasta 536), Euphratensis, Mesopotamia, Osroene, Phoenice y Arabia Pétrea. Bajo Bizancio, una nueva subdivisión dividió aún más la provincia de Cilicia en Cilicia Prima, Cilicia Secunda; Siria Palestina se dividió en Siria Prima, Siria Salutaris, Phoenice Lebanensis, Palestina Prima, Palestina Secunda y, finalmente, también Palestina Salutaris en el siglo VI. Las principales ciudades de la provincia fueron Escitópolis, Cafarnaún y Nazaret. En los siglos V y VI, los bizantinos y sus aliados cristianos gasánidas tuvieron un papel importante en la represión de las revueltas samaritanas en la vecina Palestina Prima. En el siglo VI, los gasánidas cristianos formaron una confederación vasallo bizantina con una capital en el Golán, formando un estado de amortiguación entre el Imperio bizantino y las tribus árabes. En 614, tanto Palestina Prima como Palestina Secunda fueron conquistadas por un ejército conjunto sasánida judío. El líder de los rebeldes judíos era Benjamín de Tiberíades, un hombre de "inmensas riquezas" según fuentes de la Edad Media, y Nehemiah ben Hushiel, un exilarca judío. Fue un golpe para la sociedad cristiana, ya que muchas de sus iglesias fueron destruidas según las fuentes cristianas de ese período. Después de la retirada de las tropas persas y la posterior rendición de los rebeldes judíos locales, el área fue brevemente unida a Bizancio en 628. El control bizantino de la provincia se perdió de nuevo e irreversiblemente en 636, con la conquista musulmana de Siria. Más tarde se reorganizó aproximadamente como el distrito militar Jund al-Urdunn de la provincia de Bilad al-Sham (Siria) del Califato Rashidun. Antes del siglo VI, la provincia de Palestina Secunda incluía principalmente a judíos, así como a una población mixta de habla griega y aramea, que en su mayoría practicaban el cristianismo. Los judíos habían hecho de Galilea y Gaulanitis su centro desde la derrota de la revuelta de Bar Kochba del siglo II y floreció durante los siglos IV y V, a medida que el control bizantino del área se debilitaba, proporcionando una gran autonomía para las poblaciones locales. Las partes nororientales de la provincia también estaban habitadas por paganos que vivían en mayor número en las provincias vecinas de Fenicia y Fenicia Libani, al norte. Los gasánidas, cristianos árabes del Yemen, se establecieron en Gaulanitis o Gaulanítida (Altos del Golán), así como en los antiguos territorios de la provincia de Arabia Pétrea, creando un reino cliente bizantino. Anteriormente, la conversión del emperador Constantino había puesto en movimiento eventos que hicieron de Palestina un gran escenario en el desarrollo de la iglesia cristiana, como no lo había sido desde el 70. Solo unos pocos herejes judíos (minim), probablemente incluyendo cristianos judíos, habían vivido en algunas ciudades de Galilea como Séforis y Cafarnaún. Sin embargo, a partir del siglo IV, el gobierno bizantino respondió al interés cristiano en Tierra Santa embarcándose en un programa masivo de mecenazgo, especialmente en la construcción de iglesias, que alentó a los cristianos a trasladarse a Palestina. Con menos éxito, la política imperial trató de alentar a los judíos a convertirse al cristianismo ofreciendo protección y recompensas. Finalmente, como resultado del asentamiento cristiano en las proximidades de Nazaret y Cafarnaún y Tabgha, Galilea perdió su mayoría judía. Una pequeña minoría de paganos, ya fueran romanos y helenistas no cristianos o los habitantes de Iturea, estuvo poblando la provincia durante los primeros tiempos del gobierno bizantino. A principios del siglo VII, la provincia experimentó un colapso demográfico significativo debido a las consecuencias de la guerra persa y bizantina y la rebelión judía. Tras la restauración efímera del dominio bizantino, los ejércitos musulmanes provocaron la huida de una parte importante de los cristianos del norte hacia los territorios del norte de Siria y Anatolia aún gobernados por los bizantinos. La provincia de Palestina Secunda fue un próspero centro del judaísmo durante los siglos IV y V, donde se compiló el Talmud de Jerusalén. La principal autoridad judía, el Sanedrín, existió en Tiberíades hasta principios del siglo V, antes de ser abolida por las autoridades bizantinas. El último Nasi (presidente) del Sanedrín fue Gamaliel VI, que murió en 425. Después de su muerte, el emperador bizantino Teodosio no permitió un sucesor y en 429 puso fin al patriarcado. En el extremo opuesto de los territorios frecuentados por los estados mesopotámicos se encuentra Palestina, que a lo largo de la primera mitad del II Milenio experimenta una época de fuerte presencia egipcia, como consecuencia de la actividad expansiva de los faraones de la XII dinastía que, sin embargo, no establece un imperio territorial, sino intensos lazos comerciales con los centros en los que se articulan las redes del tráfico caravanero entre Mesopotamia y el Mediterráneo, como Alalakh, Ugarit, Biblos, Meggido, Gaza y tantos otros. En muchos de ellos se han descubierto materiales egipcios, pero hasta el momento el que presenta un mayor influjo cultural nilótico es Biblos, que desde mucho tiempo atrás mantenía estrechas relaciones con los egipcios. Estos se abastecían aquí de madera de cedro para la construcción, siguiendo el procedimiento denominado como economía del don y el contradón, una especie de intercambio de regalos entre individuos normalmente del mismo estatus que pretende mantener el equilibrio y la reciprocidad sin dar la apariencia de actividades comerciales. La literatura egipcia contemporánea, como el cuento de Sinuhé o los textos de execración, da una imagen de la región sirio-palestina habitada por gentes bárbaras, nómadas dirigidos por jefes tribales, vinculados a hábitats urbanos. Este proceso de urbanización se acelera a lo largo del siglo XIX, con la consolidación del sistema de economía palacial. Estas ciudades-estado no imponen la sedentarización de los pastores que deambulan por los territorios interestatales y que terminan infiltrándose en el Delta del Nilo, aprovechando el declive del poder central egipcio tras la desaparición de la XII dinastía. Precisamente los jefes tribales de tales grupos recibirán el nombre de hicsos, que significa jefes de los países extranjeros. Estos hicsos, asentados en el Delta, establecen una capital propia en Avaris y terminan configurando una línea dinástica en Egipto septentrional. Algunos autores han pretendido establecer una relación entre estos nómadas y los patriarcas bíblicos. El problema fundamental se plantea en torno a la incertidumbre cronológica de los patriarcas. En efecto, los estudiosos de la Biblia discuten el origen del periodo patriarcal y mientras unos lo sitúan como consecuencia de la caída de la III dinastía de Ur -para justificar así la salida de Abraham de la ciudad sumeria- en torno al 2000, otros consideran que no son más que un par de siglos anteriores a Moisés, es decir, de la segunda mitad del siglo XV. Ningún argumento irrefutable puede inclinar la balanza, por lo que la adopción de una solución intermedia -frecuente en la actualidad- no es necesariamente la mejor, frente a lo que postula la máxima de la "aurea mediocritas". En cualquier caso, parece aceptable que los patriarcas son pastores de ganado menor en vías de sedentarización, como resultado del aumento de la cabaña bovina y de la práctica de una agricultura estacional. Temporalmente, una parte de la tribu vive en las zonas de pastoreo, mientras que el resto continúa en las aldeas que progresivamente se van haciendo más complejas y conviven con otros centros típicamente urbanos, como pone de manifiesto la arqueología, con la abundancia de centros fortificados. Se trata, por tanto, de una sociedad dimorfa, en la que se integran y se repelen dialécticamente las formas culturales y de relación social propias de la ciudad y de la tribu. ESTADO DE PALESTINA En noviembre de 1988 el Consejo Nacional de la OLP proclamó en Argel la creación del Estado Palestino y anunció su renuncia al terrorismo. En abril de 1989 eligió a Arafat presidente. La Asamblea General de la ONU lo reconoció y aprobó la denominación de Palestina en los textos de la ONU. A partir de 1991, tras su participación en la Conferencia de Paz sobre Oriente Próximo, celebrada en Madrid, inició conversaciones con el jefe del gobierno israelí Isaac Rabin para alcanzar la paz. En 1993 firmaron un acuerdo por el que Arafat reconoció el Estado de Israel y se comprometió a poner fin a la intifada; a cambio Israel reconoció a la OLP y prometió gestionar la autonomía de Gaza, Cisjordania y Jericó. En mayo de 1994 el Ejército israelí comenzó su retirada de Gaza y Jericó, pero quedó pendiente la de Cisjordania por las protestas de los colonos y las presiones del Likud. El asesinato de Rabin en 1995 a manos de un extremista judío y el nombramiento de Netanyahu, líder del Likud, como jefe del gobierno israelí en mayo de 1996 paralizaron las negociaciones. Arafat fue sustituido como primer ministro de la Autoridad Nacional Palestina por Mahmud Abbas, a quien en octubre de 2003, tras presentar su dimisión, sustituyó Ahmed Qurea, conocido como Abu Alá. En noviembre de 2004 muere Arafat y unos meses después Mahmud Abbas es elegido presidente de la Autoridad Nacional Palestina. El compromiso de su programa era reanudar el proceso de paz con Israel y poner fin a la intifada. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio