viernes, 2 de febrero de 2024

ENSAYO FILOSÓFICO, El existencialismo

El existencialismo o filosofía de la existencia es una amplia corriente filosófica contemporánea que se consolida en Europa inmediatamente después de la primera guerra mundial, se impone en el período que transcurre entre ambas guerras, y se expande hasta convertirse en una moda durante las dos décadas siguientes a la segunda guerra mundial. Si tenemos en cuenta el momento en que nació y se desarrolló, de inmediato comprenderemos que el existencialismo expresa y se hace consciente de la situación histórica de una Europa desgarrada física y moralmente por dos guerras; de una humanidad europea que entre ambas guerras experimenta en muchos de sus territorios la pérdida de libertad, ocasionada por regímenes totalitarios que con signos opuestos la atraviesan desde los Urales hasta el Atlántico, desde el Báltico hasta Sicilia. La época del existencialismo es una época de crisis: la crisis de aquel optimismo romántico que durante todo el siglo XIX y la primera década del XX garantizaba el sentido de la historia, en nombre de la Razón, lo Absoluto, la idea o la humanidad, fundamentaba valores estables y aseguraba un progreso seguro eimparable. El idealismo, el positivismo y el marxismo son filosofías optimistas, que se jactan de haber captado el principio específico de la realidad y el sentido progresivo absoluto de la historia. Pero lo que nos interesa ahora es hacer un breve bosquejo de lo que va a ser el existencialismo en el siglo XXI. A la filosofía existencialista le espera un ascenso cultural importante. Este hecho se relaciona con la crisis sistémica contemporánea, cuyos efectos destructivos propician cuestionamientos sobre la condición antropológica de la existencia y su sentido, lo que constituye el núcleo de interés principal del existencialismo. La filosofía contemporánea ha proseguido la doble dirección que se indica a continuación. Mientras la fenomenología ha tendido a pensar que la existencia refiere a predicaciones reales, en la filosofía analítica (Rusell, Quine) se ha propuesto que al no expresar la existencia una propiedad de los objetos (como el ser redondos de los balones) el significado de “existir” El existencialismo considera que el hombre es un ser finito, “arrojado al mundo”, que se ve continuamente afectado por situaciones problemáticas o absurdas. El existencialismo se interesa justamente por el hombre, por el hombre en su singularidad. El hombre del existencialismo no es el objeto que sirve de ejemplo a una teoría, el miembro de una clase o un ejemplar de un género reemplazable por cualquier otro ejemplar del mismo género. El hombre que toma en consideración la filosofía de la existencia tampoco es un mero instante del proceso de una razón omnicomprensiva o una simple deducción del sistema. La existencia es algo imposible de deducir; la realidad no se identifica con la racionalidad ni se reduce tampoco a ella. Al mirar con alguna atención la historia de las ideas es claro que se encuentran tesis existencialistas, en el sentido moderno, desde los tiempos de la Grecia clásica hasta nuestros días y, si se analizan las filosofías de otras configuraciones civilizatorias, distintas a la Griega, se observan enfoques existencialistas, sea en el orden de las teorías filosóficas como en el arte y la literatura; piénsese, por ejemplo, en la Epopeya de Gilgamesh (2500-2000 a.C.), en la mitología talamanqueña en Costa Rica o en el Popul Vuh que recoge narraciones míticas del pueblo quiché. Si restringimos la mirada a la historia greco-helenística y Occidental, la mayéutica de Sócrates, el “siento, luego existo” de Agustín de Hipona o el acto de existir de Tomás de Aquino, también denotan cierto énfasis existencialista, a pesar de que el conjunto de sus pensamientos no puede ser calificado como existencialista debido a que se inscribe en tradiciones metafísicas distintas, platónicas en el caso de Agustín, y Aristotélica en el Aquinate. Si nos atenemos al sentido moderno y contemporáneo occidental, no universal, el existencialismo adquiere notas precisas y diferenciadoras poco tiempo después de la Primera Guerra Mundial. Es común mencionar a Blaise Pascal (1623-1662), Sören Kierkegaard (1813-1855) y Federico Nietzsche (1844-1900) en su condición de precursores, y a pensadores como Karl Jaspers (1883-1969), Martín Heidegger (1879-1976), Gabriel Marcel (1889-1973), Albert Camus (1913-1960) y Jean Paul Sartre (1905-1980) como algunos de sus representantes más destacados en el siglo XX. En el ámbito de la creación literaria (cuentos, novelas, poesía) los escritores han generado obras muy relevantes donde predominan temáticas existencialistas, entre ellos puede citarse a Fiódor Dostoyevski (1821-1881), Hermann Hesse (1867-1962), Rainer María Rilke (1875-1926), Miguel de Unamuno (1864-1936) y León Felipe (1884-1968), y es sabido que en Latinoamérica la producción literaria abunda en temáticas existencialistas vinculadas a procesos históricos e intimistas, como ocurre en algunas de las obras de Juan Carlos Onetti (1909-1994), Ernesto Sábato (1911-2011), Jorge Luis Borges (1899-1986), Gabriel García Márquez (1927-2014) y Mario Vargas Llosa (1936-). Pero téngase muy presente que la no identificación entre realidad y racionalidad se ve acompañada por otros tres puntos que son característicos del pensamiento existencialista: 1) la centralidad de la existencia como modo de ser del ente finito que es el hombre; 2) la trascendencia del ser (el mundo y/o Dios) con el cual se relaciona la existencia; 3) la posibilidad como modo de ser constitutivo de la existencia, y por lo tanto como categoría insubstituible para el análisis de la existencia misma. He dicho que el núcleo de interés principal de las distintas tendencias existencialistas es la condición antropológica de la existencia humana y, por lo tanto, el existente humano o Ser-ahí (Dasein) en cuanto tal. No es la esencia del Ser-ahí lo que interesa al existencialismo, sino el existir a través del cual esa esencia se construye o se descubre. Tomando como base este planteamiento los autores existencialistas suelen realizar agudas críticas a las corrientes de pensamiento que pretenden conocer lo que es el ser humano a través de conceptos abstractos. No es la abstracción intelectiva la vía para comprender a la persona, sino lo que la persona manifiesta al vivir. En este sentido no interesa teorizar, sino vivenciar, para de ese modo descubrir las categorías mentales en las cuales se da cuenta de la condición antropológica. Este enfoque privilegia la subjetividad sobre lo objetivo, la acción y no la contemplación, el proyecto existencial, en suma. Es ese existente humano que se proyecta y temporaliza mediante la acción existencial lo que denomino sujeto existencial. El sujeto existencial es una realidad primaria y fundante de toda otra realidad histórica, y es a partir de ella que se obtienen conocimientos sobre el vivir y el convivir. Tomar cualquier otra realidad intrahistórica como primaria, sea la economía, la política, la ideología, la religión u otra, es equivocado porque ninguna de ellas existe por sí misma, sino solo como un derivado de la acción existencial o proyecto del sujeto existencial. Dasein es un vocablo alemán que en el lenguaje corriente significa "existir" (como verbo) o "existencia" (como sustantivo). M. Heidegger lo convirtió en concepto central de su obra fundamental SeinundZeit (Ser y Tiempo), y desde entonces el vocablo alemán ha entrado frecuentemente en su forma original en el vocabulario filosófico. En realidad expresa más el hecho de existir que la idea de existencia. El término viene referido con propiedad solamente al ser humano, pues implica la conciencia de la existencia. Sólo el hombre puede decir del Dasein que es "mío", o "soy yo mismo". Solamente él es capaz de preguntarse por el "ser" (Sein), y por el "sentido del ser" (Sinn des Seines). De esta forma Heidegger quiere expresar con el término "la entidad que cada uno de nosotros por sí mismo es". Sin duda, el término es intraducible en el sentido en que ha sido empleado por Heidegger. Hay que tratar de evitar reducir la analítica del mismo a una antropología o a una simple filosofía de la existencia. A veces ha sido traducido como 'realidad humana', o también como 'ser ahí' (traducción literal de Da 'ahí', y Sein 'ser'), enfatizando de esta forma la idea de Heidegger para quien el "ser en el mundo", es constitutivo del hombre, porque el hombre es sólo en cuanto es ahí. Así se entiende cómo para Heidegger la esencia del Dasein sea la Existencia. El Dasein es un término neutral, que no obliga a considerar al hombre como una entidad biológica, como una conciencia o como un ser esencialmente racional. El hombre está en el mundo, pero sin estar confinado a un lugar o tiempo: lo trasciende, y está aquí junto a otros eventos pasados o presentes. El Dasein en el sentido heideggeriano, no tiene ninguna esencia determinada. Su ser consiste en sus posibilidades, en lo que puede hacer de sí mismo. La característica básica del Dasein es su apertura para percibir todo aquello que se encuentra en su presencia. Esta presencia le constituye en un ser abierto a diversas posibilidades, es decir, a la libertad en su modo de ser. En realidad nada se estructura como definitivo, porque es la propia apertura de la presencia, en sentido ontológico, la que abre siempre las posibilidades, tanto en dirección a la autenticidad como a la inautenticidad. La presencia en el movimiento del ser es absorbida por la angustia que implica un reconocerse como un ser-para-la-muerte, pero es precisamente en esa dirección como el individuo se totaliza. Aclarado el sujeto existencial como núcleo del análisis existencialista cabe formular la siguiente pregunta ¿A través de que método de investigación se esta en capacidad de observar e interpretar los rasgos determinantes de ese sujeto? Tal método no puede basarse en la abstracción general de los conceptos porque estos se alejan de la vivencia inmediata del sujeto existencial, subsumiendo su realidad en categorías universales del entendimiento lógico-formal. El sujeto existencial no es primariamente un concepto referido a una realidad, sino una acción o proyecto que, al expresarse, se concreta, y es por esto por lo que en el existencialismo se abandona el racionalismo para de ese modo centrarse en el estudio de las experiencias concretas del sujeto existencial. Y es a través de esas experiencias que se descubren los existenciales o rasgos estructurales de la condición antropológica: finitud, temporalidad, proyecto, angustia, autenticidad, soledad, libertad, decisión, compromiso, esperanza, trascendencia, estar en el mundo y estar abocado a la muerte, entre otros. Importante es recordar que los autores existencialistas tienen en alta estima el método fenomenológico de Edmund Husserl (1859-1938), pero en ellos no se trata, como en Husserl, de una investigación descriptiva e intuitiva de las esencias, sino de la indagación existencialista de las experiencias del sujeto existencial, las cuales pueden tomarse como vivencias emocionales e intelectivas (Jaspers, Sartre, Marcel) o como estructuras determinativas del existente humano (Heidegger). Las diferencias entre las distintas corrientes del existencialismo son significativas, algunas decisivas, como la que separa a las tendencias inmanentistas y ateas respecto a las que postulan una inmanencia trascendental o abierta a la posibilidad de Dios, pero existen rasgos comunes que permiten englobar a todas bajo el vocablo de existencialismo. Enuncio los más importantes: • La existencia precede a la esencia. • El sujeto existencial es un proyecto de realización determinado por la temporalidad y las situaciones límite (enfermedad, vejez, muerte). • La vivencia experiencial se impone sobre la intelección abstracta. • Primado de la subjetividad. • Preeminencia de la libertad sobre los condicionantes histórico-sociales. • Prioridad de la acción frente a la especulación, de la realidad frente al pensamiento y de la voluntad frente a la inteligencia. Estos rasgos no son los únicos, pero en su conjunto permiten visualizar al existencialismo como una filosofía de la acción que privilegia lo concreto y la experiencia. Y es en este punto donde cabe plantear lo que considero es una de las observaciones críticas más relevantes que se le puede hacer a esta corriente filosófica. Al enfatizar la importancia de la acción y de las experiencias existenciales enlazándolas, como es lógico, a las expresiones vitales o de vida, es indispensable contar con una cosmovisión sobre la historia humana dentro de la cual las acciones y experiencias adquieren sentido y horizonte, pero esto, precisamente, falta en el existencialismo, con lo cual su análisis de la condición humana se reduce a un estudio del sujeto existencial en tanto individuo, sin aclarar, como es debido, las interacciones del individuo con las estructuras colectivas de la historia y con otros individuos. Esta es la gran insuficiencia o vacío del existencialismo en el siglo XX. En este punto de mi comentario cabe preguntar si existe o es factible crear una teoría de la Historia tomando como fuente los análisis existencialistas. No pretendo ofrecer una respuesta definitiva a tan complejo asunto, pero sí indicar el perfil general de lo que sería una teoría de la Historia que pudiese derivarse del existencialismo o ser complementaria con sus análisis de la condición humana. No obstante, ante de dar una contestación a la pregunta que me planteo, por ser concomitante con ésta seguidamente vamos a ver que entiende el existencialismo por historicidad. El concepto de historicidad es uno de los conceptos clave a la hora de dar cuenta de las teorías historicistas de autores como Dilthey, Mannheim, Troeltsch, etc. En este ámbito se ha empleado en al menos dos sentidos: para designar todo lo característico de lo histórico, por un lado, y como rasgo general de todo lo real en cuanto real, por otro. En el primero de estos sentidos, se ha supuesto que la historicidad es el nombre con el que caracterizar todos los rasgos de la historia humana. En el segundo, se ha supuesto que todo lo real tiene como propiedad fundamental la historicidad. Un concepto tal podría parecer en principio inútil o redundante, ya que no agrega gran cosa al simple concepto de historia o de "lo histórico". Sin embargo, con el concepto de historicidad muchos han pretendido referirse al ser histórico. Se convertiría de esta forma en un concepto ontológico que tendría su justificación en la medida en que la filosofía de la historia destaca los problemas ontológicos por encima de otros de cualquier tipo (gnoseológicos, lógicos, etc.). Por otra parte, es necesario revisar aquí el tratamiento que Heidegger hace del vocablo "historicidad" (en sus dos formas, Geschichtlichkeit e Historizität), ya que en este autor tal concepto adquiere más alcance posiblemente que en cualquiera otro que se haya ocupado de él. La primera cuestión es establecer la diferencia que existe entre esas dos palabras alemanas que pueden traducirse en castellano por "historicidad". Historizität hace referencia al carácter de la Historia en cuanto una serie de cuestiones que se plantea el Dasein (el ser-ahí, que viene a identificarse con el hombre en cuanto que ser-en-el-mundo). Pero, por otra parte, el hombre se plantea tales cuestiones relativas a la Historizität porque está determinado en su ser por la Geschichtlichkeit, y aquí entra en juego entonces el segundo término. Parece que la historicidad es previa a la historia, ya que, en palabras del propio Heidegger, "Historicidad quiere decir la 'estructura del ser', del 'gestarse', del 'ser ahí' en cuanto tal, sobre la base del cual antes que nada, es posible lo que se dice una 'historia mundial' y pertenece históricamente a la historia mundial". En otras palabras, y según la opinión de Ferrater Mora, "la historicidad no es para Heidegger simplemente la característica de la historia en cuanto lo pasado, sino el rasgo fundamental de lo que puede llamarse 'la posibilidad de constituir la historia'. La historicidad no resulta de la historia, sino que ésta resulta de aquélla". De esta forma, dada la significación que el concepto de historicidad tiene en el historicismo, no puede decirse que la idea de historicidad en Heidegger sea propiamente historicista, ya que el historicismo es más bien la posición en la que se reconoce la historicidad como fundamento de lo histórico. En otro sentido, y contestándome lo siguiente a la pregunta que nos hemos formulado anteriormente: Mientras el naturalismo historicista postula la existencia de un orden natural de causas y efectos que determina el devenir de los hechos y sucesos, y les otorga sentido; los análisis existencialistas enfatizan la libertad creativa de las personas respecto a las condiciones sociales y las causalidades históricas, y esto implica que de los existencialismos se desprende un enfoque sobre la historia donde se privilegia la indeterminación creativa y la innovación constante. Una eventual teoría existencialista de la Historia no es naturalista ni determinística, esta es la primera y más importante conclusión que cabe obtener. Si la historia humana no es un orden determinístico o causal, entonces ¿cuál es su naturaleza? ¿De que se habla cuando se habla de historia humana? Desde una perspectiva existencial es plausible referirse a la historia como un sistema abierto, indeterminado y probabilístico donde las posibilidades se despliegan de acuerdo con tendencias y propensiones vinculadas a las acciones humanas, sean estas individuales y/o grupales. La eventual teoría existencialista de la Historia, por lo tanto, debe incorporar una praxeología o teoría de la acción humana. Un enfoque como el indicado parece guardar relación directa con conceptos como Ser-ahí, soledad, angustia, condiciones existenciales, situaciones límite, libertad, tiempo, posibilidad, creatividad, indeterminación, incertidumbre, sincronía y vacío existencial, tan importantes en los análisis realizados por personajes como Nietzsche, Kierkegaard, Heidegger, Sartre, Jaspers, Marcel y otros. Que la historia sea un proceso constante de creación de posibilidades en condiciones probabilísticas es, quizás, el concepto apropiado a los análisis existencialistas que los existencialistas del siglo XX tanto necesitaron, pero no descubrieron. Y concluyo con una observación. El legado existencialista para el siglo XXI requiere incorporar las historias de otras civilizaciones y otras modernidades distintas a las derivadas de la tradición griega clásica. Con esto resumo los requisitos indispensables del eventual ascenso existencialista durante el siglo XXI: crear una teoría de la historia, crear una praxeología o teoría de la acción, e incorporar el legado de los análisis existencialistas presentes en otras configuraciones civilizatorias. Estos tres agregados harían del existencialismo en el siglo XXI algo que, en términos culturales, sería mucho más potente que lo conocido bajo ese nombre en el siglo XX. Sin embargo, una vez llegados aquí, nos atrapa la cabeza otra interrogación: ¿Cómo se configura la noción de “existencia” en el interior del existencialismo? Lo primero que hay que señalar es que la existencia es algo constitutivo del sujeto que filosofa, y el único sujeto que filosofaes el hombre. Por eso, se trata de algo exclusivo del hombre, ya que el hombre es el único sujeto que filosofa. Además, la existencia es un modo de ser finito; es posibilidad, un “poder ser”. La existencia, justamente,no es una esencia, algo dado por la naturaleza, una realidad predeterminada e inmodificable. Las cosas y los animales son y continúan siendo lo que son. El hombre, empero, será aquello que él haya decidido ser. Su modo de ser -la existencia- es un “poder ser”, un salir fuera -como escribió Pietro Chiodi- hacia la decisión y la autoplasmación, un exsistere. La existencia es un “poder ser”, y por ello, es “incertidumbre, problematicidad, riesgo, decisión y empuje hacia delante”. Sin embargo ¿empuje hacia dónde? Precisamente aquí, prosigue Chiodi, comienzan a dividirse las distintas tendencias del existencialismo, según las respuestas que ofrezcan a esta pregunta: Dios, el mundo, uno mismo, la libertad. O la nada. En otro orden de cosas, vamos a dedicar unas palabras a un intelectual vasco, único y verdadero representante del existencialismo español. Nos estamos refiriendo a Miguel de Unamuno, catedrático de Lengua y Literatura griegas en la Universidad de Salamanca. Y lo vamos a hacer comentando sus obras principales. No obstante, antes de cualquier otra cosa vamos a hablar de la filosofía de Unamuno. La filosofía de Unamuno no fue sistemática, sino una negación de cualquier sistema y una afirmación de fe “en sí misma”. Se formó intelectualmente bajo el racionalismo y el positivismo, y durante la época de su juventud escribió una serie de artículos, en los cuales se apreciaba claramente su simpatía por el socialismo y expresaba una gran preocupación por la situación en la que se encontraba España. La influencia de filósofos como Adolf von Harnack provocó el rechazo de Unamuno por el racionalismo. Tal abandono queda de manifiesto en su obra San Manuel Bueno, mártir, donde los personajes principales simbolizan las tres virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y la metáfora de la nieve cayendo sobre el lago ilustra su postura en favor de la fe —la montaña sobre la cual la nieve crea formas, paisajes, frente al lago, donde ésta se disuelve y se transforma en nada—. Su pensamiento religioso se ha inscrito en el existencialismo cristiano. Para él la muerte es algo definitivo, la vida acaba. Sin embargo, pensaba que la creencia de que nuestra identidad sobrevive a la muerte es necesaria para poder vivir. Desde luego, se necesita creer en un Dios, tener fe, lo cual no es racional; así siempre hay conflicto interior entre la necesidad de la fe y la razón que niega tal fe.Del mismo modo, el sentimiento y la razón son como el agua y el aceite: no se pueden mezclar ("piensa el sentimiento y siente el pensamiento"). Es considerado uno de los predecesores de la escuela existencialista que, varias décadas después, encontraría su auge en la filosofía europea como reflejo de las dudas que sobre la condición humana suscitaron las grandes guerras mundiales. Así, llegó a decir que estudió danés para leer directamente a Søren Kierkegaard, a quien en sus obras solía llamar, en su peculiar y cordial estilo, «hermano»; sin embargo, la raíz de su interés por los idiomas nórdicos es muy anterior a su descubrimiento del filósofo, y tiene que ver con su lectura de las obras del filósofo sefardí danés Georges Brandes y el teatro del noruego Henrik Ibsen que incitó en él su amigo nordicófilo Ángel Ganivet, como ha señalado el biógrafo del escritor bilbaíno Emilio Salcedo. Durante la guerra y a partir de agosto de 1936, Unamuno comenzó a tomar apuntes para un libro que no llegaría a escribir y en el que plasma su testamento político: El resentimiento trágico de la vida. Notas sobre la revolución y la guerra civil españolas. Sus obras más puramente filosóficas son: • Del sentimiento trágico de la vida (1912) y • La agonía del cristianismo (1925). Por ello, vamos a comenzar nuestro análisis refiriéndonos a estas dos obras.Como apunta Fernando Savater en el prólogo a la edición de Del sentimiento trágico de la vida, los escritores más notables de una época pasan al morir por un purgatorio de duración variable tras el cual se instalan para siempre en la gloria de los elegidos o en el infierno del olvido. La colisión entre el pensamiento científico, incapaz de dar un sentido a la vida, y la moral religiosa carente de justificación personal provoca en Unamuno la cuestión urgente del sentido de la existencia. El antagonismo irreconciliable entre el corazón y la razón, entre el todo y la nada, lleva a Unamuno al abismo de la desesperación, donde el hombre debe luchar siguiendo el ejemplo vitalista de Don Quijote, cuya fe se basa en la incertidumbre.A Miguel de Unamuno sin duda le ha correspondido la gloria y "Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos", publicada en 1913, es la obra en que su voz inconfundible resuena con mayor intensidad y hondura. Escrita en un momento de dificultad personal, en La agonía del cristianismo Miguel de Unamuno se enfrentó a las contradicciones que siempre le obsesionaron y trató de racionalizar sus propios convencimientos religiosos. Esta lucha interna, dramática, contradictoria a veces y clarividente siempre, coloca en el lugar oportuno, aunque distante y traumático, al no siempre bien entendido Miguel de Unamuno. Dicho con otras palabras: Su punto de partida es una vivencia existencial, por la que el hombre se comprende a sí mismo como arrojado en este mundo. En el horizonte, una realidad: la nada anterior al nacimiento y posterior a la muerte. La vida es, finalmente, un tiempo encerrado entre dos nadas. Y en ella el hombre tiene que hacerse a sí mismo, tiene que tomar decisiones, tiene que existir. El proceso de secularización de la sociedad, tan acelerado en la Historia reciente, no impide que la religión cristiana siga teniendo un valor de referencia cultural determinante. Creyentes y/o practicantes o no, incluso en el caso de opuestos frontalmente a él, el cristianismo ha moldeado nuestra formación, buena parte de las ideas, categorías y lugares comunes que estructuran nuestra mentalidad, y su influencia se mantiene férreamente en el ritmo de nuestro calendario anual. Por tanto nunca estará de más una cuidada reflexión filosófica sobre esta religión tan acentuadamente ideológica. Este sentido el libro de Unamuno no ha dejado de tener actualidad. Don Miguel redactó este pequeño pero sustancioso ensayo durante su exilio en Francia a causa de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). En principio la obra iba destinada al público de habla francesa para lo cual fue oportunamente traducida por Jean Cassou, intelectual hispanofrancés que más tarde jugaría un importante papel en relación con el exilio español de 1939. Muy probablemente la ambigüedad de su título contribuyó a la popularización del libro pues se puede interpretar como alusión a un declive religioso en una época en que de hecho se estaba produciendo como consecuencia de la segunda revolución industrial y de la masiva urbanización. Pero en realidad el término agonía es utilizado aquí en su sentido etimológico de combate interior del creyente por su propia fe: un tema predilecto del autor y muy relacionado con el argumento de su obra de ficción San Manuel Bueno, mártir. Unamuno analiza la religión cristiana en función de varios ejes conceptuales e históricos: fe/duda; colectividad/individualidad; judaísmo/helenismo; carnalidad/espiritualidad; resurrección (judía, farisaica)/inmortalidad (griega, platónica)… Dualidades que caracterizan una religión marcada por la contraposición en cierto modo beligerante, por la dialéctica entre opuestos, en definitiva por esa lucha o agonía que es el avatar –en cada creyente- de la Pasión de Cristo. Así, el ensayo explora y explota los innumerables vericuetos en la via crucis de la fe escéptica por la realidad tozuda de la mortalidad terrenal, echando mano de la exégesis y de la crítica histórico-filosófica. Hasta encontramos alguna resonancia psicoanalítica, por ejemplo en la evocación del canto de los trapenses de Dueñas, que tanto debió conmover al autor. Este saca partido de toda su utilería lingüística y de su capacidad lógico-deductiva para atacar el asunto, pero no pierde la empatía con el humano que cree o no cree, o quizás cree creer o no creer, y que en el fondo es un trasunto del mismo autor. Por eso el libro puede ser visto simultáneamente como introspección personal –incluyendo sus propias fobias y filias circunstanciales-, o bien como trabajo de antropología filosófica. Muy apreciables son la solvencia y comodidad con las que Unamuno se movía en la cultura de lengua francesa, a la vez sin ápice de afrancesamiento superfluo. Es muy posible que su origen vasco –al igual que el vasco-occitano en el caso inverso de su traductor el mencionado Jean Cassou- contribuyera a ello, y que el propio autor contemplara esta circunstancia a modo de pasarela cultural. Desde luego no perdió oportunidad de subrayar la trascendencia de autores y personajes históricos vascos de ambos lados de la Muga en la configuración de corrientes y movimientos cristianos. En La agonía del cristianismo, escribe Unamuno lo siguiente: “Terriblemente trágicos son nuestros crucifijos, nuestros Cristos españoles. Es el culto a Cristo agonizante, no muerto. El Cristo muerto, hecho ya tierra, hecho paz, el Cristo muerto enterrado por otros muertos, es el del Santo Entierro, es el Cristo yacente en su sepulcro; ¡pero el Cristo al que se adora en la cruz, es el Cristo agonizante, el que clama consummatumest! …” Para completar el círculo diremos que publicado en francés en 1925, "La agonía del cristianismo", uno de los ensayos capitales de Miguel de Unamuno (1864-1936), no apareció en nuestro idioma hasta 1931. Obra que, como señala el propio autor en el prólogo correspondiente a la edición española, reproduce gran parte de lo expuesto en "Del sentimiento trágico de la vida", pero «en forma más concreta y, por más improvisada, más densa y más cálida», en este libro de lucha, de agonía en el sentido etimológico del término, vivo, vibrante y contradictorio, el lector encontrará, en perpetua guerra interior, al Unamuno escéptico, agónico, polémico, dialogando consigo mismo. En otro orden de cosas, Unamuno nos ha dejado una importante obra narrativa, que, en orden cronológico, sería la siguiente: Desde 1886 escribió un total de 87 cuentos y relatos cortos. De ellos, en 1913 seleccionó solo veintiséis para su libro El espejo de la muerte.Destacan el que da título al libro o Revolución en la biblioteca de Ciudámuerta. • Paz en la guerra (1897), obra en la cual utiliza el contexto de la tercera guerra carlista (que conoció en su niñez) para plantear la relación del yo con el mundo, condicionado por el conocimiento de la muerte. • Amor y pedagogía (1902), que une lo cómico y lo trágico en una reducción a lo absurdo de la sociología positivista. • Recuerdos de niñez y mocedad (1908) es una obra autobiográfica. En ella el autor vasco reflexiona sobre los primeros años de su vida en Bilbao. • El espejo de la muerte (1913), libro de cuentos. • Niebla (1914), obra clave de Unamuno, que él caracteriza con el nombre «nivola» para separarla de la supuesta forma fija de la novela. • En 1917 escribe Abel Sánchez, donde invierte el tema bíblico de Caín y Abel para presentar la anatomía de la envidia. • Tulio Montalbán (1920) es una novela corta sobre el problema íntimo de la derrota de la personalidad verdadera por la imagen pública del mismo hombre. • También en 1920 se publican tres novelas cortas con un prólogo de gran importancia: Tres novelas ejemplares y un prólogo. • La última narración extensa es La tía Tula (1921), donde se presenta el anhelo de maternidad ya esbozado en Amor y pedagogía y en Dos madres. • Teresa (1924) es un cuadro narrativo que contiene rimas becquerianas, logrando en idea y en realidad la recreación de la amada. • Cómo se hace una novela (1927) es la autopsia de la novela unamuniana. • San Manuel Bueno, mártir (1930), en la que habla de un sacerdote que predica algo en lo que él no logra creer. • Don Sandalio, jugador de ajedrez (1930). • Diario íntimo (póstumo), escrito hacia 1897, publicado en 1970. En la época literaria que rodeaba al autor por entonces, se exigían unos rígidos patrones de procedimiento a la hora de escribir y publicar una novela: una temática particular, líneas de tiempo y acción específicas, convencionalismos sociales... una especie de guion no escrito pero aceptado por todos. Y esto suponía a Unamuno un corsé del que pretendería desprenderse de alguna forma, para expresarse en sus páginas como estimara oportuno. Su solución fue inventar un nuevo género literario, al que bautizó como «nivola», y de esta forma, no podría obtener crítica ninguna en lo referente a reglas de estética o composición, porque solo debería atender a las reglas que él mismo hubiese diseñado para su nuevo género. Sin embargo, y a pesar de su importancia, sólo vamos a comentar algunas nivolas de Unamuno. Empezaremos con San Manuel Bueno, mártir, que constituye, sin duda alguna, un punto culminante en la creación literaria de Miguel de Unamuno. Porque él mismo declaró: «Tengo la conciencia de haber puesto en ella todo mi sentimiento trágico de la vida cotidiana». Pero, al mismo tiempo, porque aquí culmina el proceso de renovación del género novelístico que Unamuno había comenzado a principios de siglo. En esta edición se ofrece el texto que el propio autor revisó para Espasa en 1933, cotejado con el manuscrito que se conserva en la Casa-Museo de Salamanca. Sin duda, se trata de una de las obras imprescindibles de Unamuno, una conmovedora historia sobre el conflicto entre la razón y la fe.Considerada por muchos el testamento espiritual de Miguel de Unamuno, esta pequeña obra maestra aborda la dialéctica entre la fe y la duda a través de la vida de un protosanto moderno llamado don Manuel, párroco de un pueblecito de la provincia de Zamora. Quien nos trasmite sus recuerdos de ese hombre excepcional es la última de sus discípulas, y su relato crea una auténtica tensión dramática gracias a la riqueza espiritual de los personajes«San Manuel Bueno, mártir» es una novela breve considerada por crítica y lectores como la cima de la narrativa unamuniana. Publicada en 1931, la obra plantea una de las preocupaciones capitales del autor, la existencia de Dios, a través de la figura de un sacerdote que ha perdido la fe, pero es capaz de fingirla e incluso alcanzar fama de santo para proteger la inocente creencia de sus feligreses, para quienes la fe religiosa equivale a la paz. La fuerza del conflicto central (encarnación de lo que en el siglo XX se llamaría la duda existencial, el silencio de Dios o la pérdida de la fe) favorece la vigencia del libro, donde aparece también una amorosa, y muy actual, atención al paisaje, dispuesto todo ello con gran sencillez compositiva, lo que facilita la lectura. Por otra parte, publicada en 1919, "Abel Sánchez" no tuvo una feliz acogida, debido probablemente (como el propio autor escribía en 1920) a que «las gentes huyen de la tragedia cuando ésta es íntima». Sin embargo, el paso del tiempo ha situado esta impresionante parábola del conflicto fratricida entre las grandes obras de Miguel de Unamuno (1864-1936). En suma, una de las más conmovedoras obras de Miguel de Unamuno, que puede ser leída como una historia de pasión o como la historia de una pasión."Abel Sánchez" supone la incorporación a la trayectoria novelística de Unamuno de un nuevo modo narrativo: el confesional. Un tema que pertenece al acervo de la cultura y que ha sido abordado por la literatura en todos los géneros recibe aquí un doble tratamiento, ya que puede ser leída como otra versión de la vieja historia de Caín y Abel -una historia de pasión- o como el análisis de la interioridad de un personaje -la historia de una pasión-. Más allá todavía de ello, Unamuno trata de penetrar en lo que se ha señalado como vicio histórico de los españoles, la envidia y el cinismo. Por su parte, “Niebla”, obra de Miguel de Unamuno, es uno de los ejemplos clásicos más eminentes de la novela moderna. La ficción deja aquí de ser un puro vehículo narrativo, transmisor de historias, para convertirse en un universo textual de fecundas sugerencias. El título, Niebla, expresa con claridad el propósito novelesco de desdibujar lo visible y materializar, en cambio, lo impalpable. En este ambiente vemos moverse a un hombre esencialmente frustrado, Augusto Pérez, sobre cuya muerte nos vemos obligados a pronunciarnos. Miguel de Unamuno escribió "Niebla", en 1907, y desde su primera publicación en 1914 no ha dejado de reeditarse y se ha traducido a multitud de idiomas, lo que prueba su interes y vigencia, pero ¿que es "Niebla"? Su autor la calificó de "novela malhumorada", de "nivola", de "rechifla amarga". La realidad supuesta de "Niebla" es la de un caso patológico en busca de su ser a traves del diálogo, pero el autor ha organizado esta anecdota en un juego de espejos, un laberinto de apariencias y simulacros donde al final lo único real es el propio acto de lectura que estamos realizando, en el que Unamuno da a sus lectores importancia de re-creadores, de eslabón final de la cadena narrativa.La denominación "nivola" ha propiciado que, desde su publicación, Niebla quedase expuesta a malinterpretaciones varias e incluso se la motejase de rareza, exclusivamente unamuniana, en el panorama de la literatura española contemporánea. Antes al contrario, Unamuno conjugó en ella, con precisión calculada e intención palmaria, todas las características definitorias de la novela modernista europea. Partiendo de su entronque con el Quijote, el presente estudio pone de relieve y en perspectiva los rasgos modernistas de Niebla: la parodia de la novela realista y del positivismo, la construcción ontológica de la identidad, la metaficción y la conciencia literaria, el propósito de innovación artística, además de la interiorización narrativa. Y, por último, publicada en 1897, "Paz en la guerra" fue la primera novela de Miguel de Unamuno (1864-1936), quien vertió en sus páginas muchas de sus experiencias de niñez y su recuerdo de algunos momentos decisivos de la historia del pueblo vasco. En el prólogo a esta edición de esta obra centrada episódicamente en el sitio que sufrió Bilbao en 1874, en el curso de la última guerra carlista, y que aún sigue arrojando luz sobre la cuestión vasca,Unamuno consideró siempre esta obra "como su más importante esfuerzo de reflexión sobre el País Vasco".Publicada en 1897, PAZ EN LA GUERRA fue la primera novela de Miguel de Unamuno (1864-1936), quien vertió en sus páginas muchas de sus experiencias de niñez y su recuerdo de algunos momentos decisivos de la historia del pueblo vasco. Así, pues, a modo de última síntesis, señalaremos que la obra de Unamuno abarca varios géneros: la poesía, la narrativa, el ensayo y el teatro. No obstante, un elemento presente en todos ellos es el hecho de presentar los problemas básicos de la filosofía del autor en las formas de los diferentes géneros, ya novelados, ya dramatizados, ya planteándoselos a sí mismo en verso o en prosa. Estos temas, que encontraremos una y otra vez en el transcurso de estas líneas, son, básicamente, la angustia del autor por entender un mundo encaminado a la muerte y la búsqueda de un creador que no consigue ver por más que lo busca. Esta desazón se manifestará a través de problemas concretos como el de la libertad del ser humano (esencial en Niebla), la necesidad de elegir entre la verdad y la mentira, o el afán de superar la muerte a través de la propia obra, de la paternidad y del sacrificio por los demás. Este sacrificio, como el realizado por los protagonistas de La Tía Tula o San Manuel Bueno, mártir, con frecuencia imbricado en la necesidad de elegir entre lo real -que mata por su crudeza- o la mentira que permite seguir viviendo, tiene también una vertiente política que será la que lleve al autor a enfrentarse con la dictadura de Primo de Rivera y a ahondar tanto en la historia como en el carácter nacional. En este intento, destaca de su obra su interés por lo que llamará la "intrahistoria", es decir, por la historia de los personajes anónimos que han llevado a cabo con su vivir anónimo la existencia del país más allá de la historia oficial.La interrelación de estos temas hace difícil la separación por géneros, toda vez que las preocupaciones son las mismas en verso, en prosa narrativa y ensayística o en teatro. La obra ensayística de Unamuno es la expresión pura de su pensamiento filosófico y de sus preocupaciones personales. Al servicio de tal pensamiento pone Unamuno su prosa, honda y combativa, de tono íntimo y confesional, con la que busca no tanto convencer como expresar sus propias contradicciones, que son la base de su pensamiento. En tal extremo, es capital la publicación en 1913 de Del sentimiento trágico de la vida, obra en la que el autor expresa la incompatibilidad de mantener la fe religiosa en un mundo predominantemente racional. Para Unamuno, es inconpatible el consuelo de la religión con la verdad que ofrece el mundo racional. Por ello, el hombre vive en el dilema de obedecer a la razón o a la necesidad de un consuelo frente al vacío que la razón deja. La forma en la que Unamuno resuelve el dilema es mediante la decisión de mantener la creencia por propia decisión: lo autodestructor del escepticismo autoriza a construir unas creencias y a comportarnos de acuerdo con ellas. Las cuestiones religiosas de Unamuno alcanzaron nueva cota en la publicación de La Agonía del Cristianismo (1930), en la que analiza el conflicto entre razón y fe en el cristianismo moderno. Otros de sus ensayos, tales como Vida de Don Quijote y Sancho (1905), En torno al casticismo (1912) o Por tierras de Portugal y España, intentan ahondar en el carácter nacional a través de personajes como Don Quijote o a través de la contemplación del paisaje. Y, por último, la novelística de Unamuno supone la primera gran ruptura con el realismo, sobre todo a partir de Amor y Pedagogía (1902), toda vez que la inicial Paz en la guerra (1897) todavía responde al plan realista de novela con un escenario concreto y unos ambientes reales y convenientemente descritos. La novela de Unamuno supone la “esencialización” de todo ello en aras de la presentación, desarrollo y resolución de un conflicto de carácter filosófico, o al menos ideológico, que ocupa a los protagonistas. En el caso de Amor y Pedagogía, el conflicto se plantea en tono casi burlesco: se trata de la imposibilidad de separar la concepción de un hijo del amor y del sentimiento, que es lo que intentará el protagonista a través de la selección de todo lo necesario (desde la propia madre) para que su hijo sea un superdotado. Ante las críticas que la obra alcanzó, que hicieron especial hincapié en que aquello no era una novela, el autor decidió llamar a las suyas "nivolas" y definirlas como "relatos dramáticos acezantes, de realidades íntimas, entrañadas, sin bambalinas ni realismos". Con todo, no será hasta 1914 que publique su siguiente novela, Niebla, en la que plantea la libertad del individuo frente a un creador que puede destruirlo cuando y como quiera. Después de Niebla, Unamuno se centra en indagar sobre lo que constituye la existencia auténtica. Es lo que desarrolla en Tres novelas ejemplares y un prólogo (1920), planteando la posibilidad de ser por querer ser. Antes, no obstante, ha publicado Abel Sánchez (1917), que titula "novela" y en la que aplica el mito de Caín y Abel a la relación entre dos amigos, aunque dotándola de características que la amplían a toda la sociedad española. El tema de la identidad ocupará todavía al autor en relatos como "Tulio Montalbán y Julio Macedo", de 1920, o en las novelas La Tía Tula, que verá la luz en 1921, y San Manuel Bueno, Mártir (1931). Sin embargo, lo verdaderamente importante es que el término “existencialismo” fue utilizado en la década de los 40 con Jean-Paul Sartre y Albert Camus, quienes son considerados en la actualidad como los máximos exponentes del existencialismo. Entre los años 40 y 50, el existencialismo actúa como respuesta a la crisis existencial a la que se vio sometida la humanidad durante y después de los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial. El existencialismo no tiene una definición clara y universalmente acordada. Generalmente, denota un movimiento cultural que floreció en Europa a mediados del siglo XX. Como corriente filosófica, el existencialismo surgió entre el siglo XIX y el siglo XX en Europa. Con una base reflexiva en la importancia de la libertad individual y la existencia concreta de los seres humanos, se expresó también en el campo literario. Autores como Jean Paul Sartre o Albert Camus dotaron a este movimiento de una estética y narrativa que expresaba sus principales características. Para empezar, es importante que demos una mirada al origen del existencialismo como una forma de ver y entender el mundo. Esta corriente ha sufrido múltiples cambios y variaciones desde su surgimiento a finales del siglo XIX, hasta su apogeo a mediados del siglo XX.Uno de sus principales exponentes tanto a nivel filosófico como a nivel literario es Jean-Paul Sartre, pensador francés galardonado con el Premio Nobel de Literatura en el año 1964. Su propuesta del existencialismo se condensa en la máxima: “la existencia precede a la esencia”. Con ello quería resaltar el valor de la existencia individual; primero está el compromiso del ser humano y sus acciones, pues en su existencia se define a sí mismo. En la misma línea, autores como Martin Heidegger contribuyeron a la constitución del existencialismo con textos como Ser y tiempo. Podríamos definir el existencialismo como un movimiento filosófico y literario que pone como punto central la existencia, donde el hombre tiene un grado de libertad que lo compromete a sus acciones. Adicionalmente, tanto Heidegger como Sartre indagaron en la idea de la angustia existencial: la inquietud ineludible que tenemos como seres humanos por estar condenados a la muerte y a una vida que se erige entre el pasado y el futuro. Este sería el motor de la existencia y lo que lleva a que los seres humanos tomemos determinación sobre el horizonte de posibilidades que nos entrega el futuro.Ahora que sabemos qué significa el existencialismo, pasemos a conocer su expresión propiamente literaria. Si bien se suele reconocer la obra de Sartre, La Nausea, o la narrativa de Albert Camus como unas de las principales obras de este movimiento, hay autores que unas décadas antes sentaron las bases en su literatura. En primer lugar, las novelas del escritor checo Franz Kafka y del escritor ruso Fiódor Dostoyevski ya estaban cargadas con la fijación por el individuo y el pesimismo propio del existencialismo. Nos encontramos con personajes entregados a una realidad que los sume en angustias, cuestionamientos y luchas contra su propia existencia. En otras palabras, hombres y mujeres que son libres, pero enfrentan la determinación de sistemas burocráticos o de circunstancias de la vida que los hacen caer a nivel emocional. En segundo lugar, encontramos autores propios del siglo XX. Por ejemplo, Albert Camus destacó tanto como ensayista y novelista con obras sus obras referentes del existencialismo literario como El extranjero, La peste y El mito de Sísifo. Algunos críticos también clasifican el trabajo del español Miguel de Unamuno dentro de esta corriente. El existencialismo literario fue un movimiento polifónico, por ello se suele clasificar en tres tipos diferentes: • Ateo: que cuestiona la existencia de Dios, pues el ser humano puede encontrar sentido a la vida sin apelar a un ser superior. • Cristiano: pone a Dios como un ser supremo y a la religión como un canal de valores que permite darle sentido a la vida de los seres humanos. • Agnóstico: encuentra un punto medio entre el ateo y el cristiano, pues comparte la posibilidad de la existencia de Dios, pero el fundamento de la existencia y los valores lo encuentra en el intelecto humano. Algunos filósofos existencialistas hallaron en la literatura el camino idóneo para transmitir su pensamiento, y el existencialismo ha sido un movimiento tan vital y amplio en literatura como en filosofía. El novelista ruso del siglo XIX Fiodor Dostoievski es quizá el mayor representante de la literatura existencialista. En el siglo XX las novelas del escritor judío-checo Franz Kafka presentan temas de angustia, culpa y soledad que reflejan la influencia de Kierkegaard, Dostoievski y Nietzsche. También se puede apreciar la influencia de Nietzsche en las novelas del escritor francés André Malraux y en las obras de teatro de Jean Paul Sartre. La obra del escritor Albert Camus está asociada a este movimiento debido a la importancia en ella de temas como el absurdo y futilidad de la existencia, la indiferencia del universo y la necesidad del compromiso en una causa justa. En primer lugar, las novelas del escritor checo Franz Kafka y del escritor ruso Fiódor Dostoyevski ya estaban cargadas con la fijación por el individuo y el pesimismo propio del existencialismo. Nos encontramos con personajes entregados a una realidad que los sume en angustias, cuestionamientos y luchas contra su propia existencia. En otras palabras, hombres y mujeres que son libres, pero enfrentan la determinación de sistemas burocráticos o de circunstancias de la vida que los hacen caer a nivel emocional. En segundo lugar, encontramos autores propios del siglo XX. Por ejemplo, Albert Camus destacó tanto como ensayista y novelista con obras sus obras referentes del existencialismo literario como El extranjero, La peste y El mito de Sísifo. Algunos críticos también clasifican el trabajo del español Miguel de Unamuno dentro de esta corriente. Para terminar veamos resumidamente y recojamos cuáles son las principales características del existencialismo literario. Como advertimos anteriormente, esta no es una corriente de pensamiento homogénea. Sus diferentes referentes y autores han expuesto una visión diferente del existencialismo desde sus obras que no se reducen a una técnica especifica de escritura o racionamiento. A pesar de su carácter polisémico, estas son sus puntos de encuentro más representativos: • El hombre es libre. • La existencia es fuente de la vida y toda reflexión filosófica. • Las decisiones y acciones que se toman a nivel particular son fundamentales en la ética y los valores del ser humano. • Las sensaciones como la angustia, en el existencialismo, son claves para la comprensión de la realidad y son el fundamento para el desarrollo de la existencia. • Entiende la existencia como una constante proyección que siempre está en movimiento. Las características de la literatura contemporánea son un punto de vista más personal, más narradores o el empleo de recursos narrativos innovadores, etcétera. La literatura contemporánea es aquella que se ha compuesto en las épocas recientes y en la actualidad. El límite puede considerarse que se ubica a finales del siglo XIX, pero en general se toma como momento clave el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Este tipo de escritura más cercana a nosotros tiene ciertos rasgos destacables y queremos explicaros cuáles son las características de la literatura contemporánea, además de poneros algunos ejemplos. Las características de la literatura contemporánea vienen marcadas por el cambio de forma de vida de la sociedad a partir de la Segunda Guerra Mundial. Al fin y al cabo, cuando comiences a escribir tus propios textos, deberás tener en cuenta la época en la que estás sumergido, ya que eso te ayudará a adquirir un buen estilo literario. Algunas de los características más importantes a tener en cuenta de la literatura contemporánea son las siguientes. • Las obras de la literatura contemporánea reflejan los puntos de vista sociales y políticos de sus autores, sin necesidad de reprimir las ideas. Estas ideas y conceptos se muestran a través de los personajes, las relaciones que estos tienen con respecto a los eventos que los rodean y los mensajes socioeconómicos de los libros que se publican en sí. • En la mayoría de las obras se elimina la figura de un narrador que todo lo sabe, eso hace que no exista solamente un único punto de vista y que el lector sea capaz de empatizar mejor con la historia. Existen tantos puntos de vista como narradores. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones, el autor se encuentra en desacuerdo con la realidad que describe y desea mostrarla abiertamente a sus lectores para que estos hagan algo al respecto. • La literatura contemporánea nace de un rompimiento radical con las técnicas narrativas que se habían usado hasta el momento. Este tipo de escritos emplean recursos narrativos vanguardistas, como la modificación de la línea del tiempo y la presentación del mundo interior de los personajes a través de los monólogos interiores de estos. Un personaje no solamente se define por lo que hace o por cómo habla, sino que podemos adentrarnos directamente en sus pensamientos más profundos. • El realismo como técnica narrativa representa un gran avance de la literatura contemporánea del siglo XX. No hace falta que los personajes vivan grandes eventos en sus vidas, sino que su forma de ver la vida y de relacionarse con los demás, ya es suficientemente interesante para los lectores. Esta revolucionaria técnica está marcada por un profundo carácter social y político. • La mayoría de los temas sobre los que habla la literatura contemporánea, tienen que ver con los problemas por los que está pasando un sector de la sociedad en ese mismo momento. Los problemas que nos agobian ahora son los que se tratan en los libros, como la globalización, el género, la raza, la desigualdad, el cambio climático, el medioambiente, el terrorismo, las guerras, etc. • Las obras de la literatura contemporánea hablan de cómo vivió la sociedad el final de la Segunda Guerra Mundial. Por un lado, se ve la desesperación de las personas que lo han perdido todo o los grupos étnicos que todavía están discriminados; sin embargo, por otro lado, se puede ver el estilo de vida próspero que siguió a la guerra para muchas familias. Este estilo próspero, siempre tiene sus raíces en la devastación que la guerra trajo al mundo. Te dejamos el contexto histórico de la literatura contemporánea para que entiendas mejor el entorno en el que nació. • En la literatura contemporánea no encontramos una línea muy definida entre la ficción y la no ficción, por lo que estos límites tienden a difuminarse. Este concepto se conoce como "los cruces". Los escritores de ficción basan sus historias en eventos de la vida real e incluso pueden incluir material completamente auténtico. Por otro lado, los autores de no ficción hacen que las figuras históricas cobren vida al incorporar sus pensamientos, diálogos o escenas imaginarias. Algunos ejemplos de las obras más famosas de la literatura contemporánea pueden ayudarte a entender bien las características de este estilo de escritura. Te recomendamos que elijas el que más te llame la atención, que vayas a la biblioteca a buscar el libro y que te atrevas a adentrarte en su mundo: • La tregua de Mario Benedetti • La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa • Canto General de Pablo Neruda • El Túnel de Ernesto Sábato • Obras completas de Jorge Luis Borges • Huasipungo de Jorge Icaza Coronel • Rayuela de Julio Florencio Cortázar • Hombre de maíz de Miguel Ángel Asturias • Cien años de soledad de Gabriel García Márquez • Cómo matar a un ruiseñor de Harper Lee • Crónicas de los Cazalet de Elizabeth Jane Howard • Tokio Blues de Haruki Murakami • Por quién doblan las campanas de Ernest Hemingway • El siglo de las luces de Alejo Carpentier • Llámame por tu nombre de André Aciman • La casa de los espíritus de Isabel Allende • Los pilares de la tierra de Ken Follett Ahora te descubrimos a los principales autores y obras de literatura. Ahora que ya conoces las características de la literatura contemporánea y has visto algunos ejemplos, ¿identificas cuáles de las obras que te has leído pertenecen a esta época?. Si estás interesado en seguir aprendiendo más acerca de este tema no dudes en consultar nuestro apartado de historia de la literatura, donde te presentaremos todas las épocas por las que ha ido pasando la literatura y cuáles son las características de cada una de ellas. La literatura contemporánea encuentra su origen cuando estalla la Segunda Guerra Mundial. Este es uno de los hechos principales que desencadenan el cambio de mentalidad social. • Gabriel García Márquez (1927-2014) y Cien años de soledad (1967). • Jean-Paul Sartre (1905-1980) y La Náusea (1938). • Primo Levi (1919-1987) y La tregua (1963). • Albert Camus (1913-1960) y El extranjero (1942). • George Orwell (1903-1950) y Rebelión en la granja (1945). Ahora vamos a tratar el resumen breve de la Metamorfosis de Franz Kafka, uno de los libros más singulares de la Europa del siglo XX, y sin duda uno de los más controvertidos de su autor, que ya es mucho, puesto que ninguna de sus obras suele dejar indiferente a nadie. Porque las autorías de este escritor checo doctorado en Derecho reflejan de una forma muy particular sus singularidades, puesto que todo en su vida iba en contra a su verdadera vocación, la literatura. Un trabajo burocrático que no le deja tiempo para escribir, una familia en contra de la actividad artística, un judío en un país mayoritariamente cristiano, una vida al comienzo de un convulso siglo XX lleno de inestabilidad y guerras… Sin duda, la obra de Kafka refleja una visión del mundo verdaderamente particular y que merece la pena ser estudiada en detalle. Vamos ya conociendo el resumen breve de la Metamorfosis de Franz Kafka, un influyente autor del siglo XX. La novela corta cuenta la historia de Gregorio Samsa, un viajante comercial que con su empleo mantiene a toda su familia. Sin embargo, su vida cambia de forma radical cuando una mañana amanece convertido en insecto. En un principio, el protagonista permanece en su cuarto, ya que la transformación le asusta. De hecho, durante un tiempo, incluso ignora las llamadas de su familia, y le cuesta levantarse de la cama. No obstante, y pese a la falta de control de su nuevo cuerpo, poco a poco intenta ponerse en pie e incluso llega a abrir la puerta.Una vez Gregorio abre la puerta, su jefe se marcha presa de la sorpresa y el enfado nervioso, mientras su madre se desmaya y su padre se enoja tanto que lo vuelve a encerrar en el cuarto. El género literario al que pertenece recibe el nombre de Épico-Novela; el tipo de narración empleada es ficticia, pero algunos sucesos se pueden transportar a la vida real. El autor relata la historia de Gregor Samsa, que ve como su vida cambia radicalmente al convertirse en un gigantesco escarabajo, encerrado en su habitación mientras sus familiares, aterrados, tardan en asimilarlo. Llegado este punto, Gregorio es abandonado por toda la familia. No obstante, gracias a su relación con su hermana, Grete, sobrevive, pues esta chica le sigue dando de comer y atiende sus necesidades. Sin embargo, la muchacha siente repugnancia por el estado de su hermano.Un día, madre e hija deciden limpiar la habitación de Gregorio para que pueda subir mejor por las paredes y no tenga obstáculos. Sin embargo, aprovecha la coyuntura para escapar del cuarto, cosa que enfada a su padre, que lo vuelve a introducir lanzándole manzanas.Una de las manzanas hiere a Gregorio, que queda imposibilitado para moverse. Además, el trato de la familia, que sufre penurias económicas y de la criada, es cada vez peor, y el cuidado menos intenso.Ante los apuros económicos de la familia, deciden alquilar habitaciones, ya que los problemas de salud les impiden poder trabajar. Sin embargo, una noche Gregorio escapa y asusta a los inquilinos, que no quieren pagar las jornadas de hospedaje ni la comida.Este hecho enfada a la familia, y deja a Gregorio en un estado de melancolía tremenda. Así pues, el insecto decide dejar de comer hasta morir. Una vez la criada lo encuentra, lo tira a la basura, mientras la familia habla sobre el chico sin querer saber qué fue de su cuerpo. La imagen que se tiene de Franz Kafka es el reflejo de sus novelas, un hombre sombrío y atormentado, como sus personajes. Sin embargo, no era así, más bien se comportaba de forma jovial y cordial, con una actitud alegre, vital y bromista, lo que le ayudó a superar su vida familiar.Eso sí, su dolor interno se refleja en su obra, como el caso de la soledad, el sentimiento de culpa, el deseo insatisfecho, la búsqueda de la belleza y el arte… Todo ello se observa en otras novelas, como el Castillo, América o El Proceso. La metamorfosis se publica en 1912. El narrador es omnisciente. En su estilo, destacan las descripciones detalladas. La historia es lineal y el lenguaje es sencillo. El ttema principal es la deshumanización del hombre en el mundo contemporáneo. Y, como temas secundarios figuran el autoritarismo, la soledad, el arte, la inteligencia, la explotación y la esperanza. Ahora vamos a descubrir los temas principales de La Metamorfosis de Kafka. Siempre se ha interpretado entre los estudiosos de este escritor checo que esta obra tenía mucho del autor en ella, con ciertos toques casi autobiográficos. Por ello muchos especialistas la separan en dos sentidos, uno social, referido a la visión del autor hacia la sociedad que lo rodea, y otro existencial, más centrado en una concepción pesimista. Sea como fuera, algunos consideran que hay hasta más de 100 interpretaciones de este pequeño cuento que toca un número de temas bastante importante. Por ello muchos estudiosos ven en el mismo un aspecto muy complejo de la personalidad del autor, un hombre de salud endeble que se ve a sí como encerrado por un padre autoritario, cuidado por su hermana (a él le sucedió lo mismo cuando enfermó de tuberculosis), un hombre que vive en un cuerpo endeble, de aspecto repulsivo, que sufre el desprecio de los demás. Pese a que hay muchos temas principales en La Metamorfosis de Kafka, quizás uno de los más importantes que trata es la autoridad y el desprecio de la sociedad hacia los demás. De hecho, el autor tenía una ideología socialista que le llevaba a preocuparse por el trato que se daba a las clases obreras.En esta obra encontramos a un personaje principal que se encuentra humillado bajo el yugo de un poder autoritario, quién dado su puesto en la escala social, está totalmente sometido y degradado. Encontramos un sistema social autoritario que no conoce la clemencia y que se encuentra en diversos personajes, desde el apoderado del almacén hasta el jefe de Gregorio, el protagonista, y su propio padre. De hecho, mientras está encerrado, apenas le echan de menos, por lo que acaba hundido en sus propios pensamientos y entristecido mientras enferma. A través de La Metamorfosis, se puede comprender la deshumanización a que se encuentra sometido el hombre en la sociedad capitalista, lo constituye el tema principal. Como temas secundarios aparecen el terror de la sociedad a un hombre envuelto en sus problemas y sufrimientos. El abandono. El poder donde los más fuertes se imponen sobre los débiles. El abandono del Estado a los hombres humildes. Veamos otros temas principales de La Metamorfosis de Kafka, ya que el autor crea un entorno complejo del que se pueden extraer muchas lecturas. Otro aspecto que se toca con profusión en la obra cumbre del autor checo es la soledad en sociedad. Es curioso como viviendo entre otras personas, muchos individuos se pueden sentir solos y abandonados. Esto mismo es lo que le sucede al personaje principal, abandonado a su suerte en cuarto en el que no recibe visitas, no tiene amigos, no tiene con quien hablar. De hecho, tampoco antes de la metamorfosis tenía amistades, solo conocidos del trabajo y poco más. Pero se observa en la obra que no solo Gregorio sufre la soledad cuando se transforma o antes. La familia, necesitada y sin dinero, tampoco tiene a quien acudir. Así que observamos que los personajes de la novela sufren un terrible aislamiento social, e incluso familiar, ya que tampoco entre ellos hay una comunicación muy fluida. También podemos encontrar en la obra una fuerte presencia del egoísmo. Los personajes no son en absoluto agradecidos, e incluso se observa que la familia de Gregorio, el protagonista, tenía dinero ahorrado que le era ocultado, pese a que este es la única fuente de ingresos. E incluso los inquilinos utilizan la fealdad del Gregorio transformado para no pagar su pensión, pese a que no les resulta especialmente escandalosa su situación. Además, en un sentido existencial, encontramos otros temas importantes en la obra de Franz Kafka. Uno de ellos es la condena, ya que Kafka considera que el hombre nace condenado, con cierto toque indolente, casi como si su destino estuviese ya escrito, de ahí que el hecho de convertirse en insecto no le resulte especialmente llamativo. También hay mucho de culpa, puesto que Gregorio tiene un fuerte sentido de ella, siendo un hombre sumiso que se considera a sí mismo obligado y condenado, sea inocente o no, de todo cuanto le sucede. Encontramos también algo de vergüenza, ya que este es el sentimiento real de Gregorio, puesto que su metamorfosis no le preocupa salvo por lo que piensan los demás de él, y este es el punto clave de su tormento, no tanto lo que opina él como lo que consideran los demás, sobre todo su familia. También encontramos otros temas con cierta presencia, como la muerte, la incomunicación, la autocomplacencia o la insolidaridad. En su libro “La desesperación del comentarista” (TheCommentator’sDespair), el crítico Stanley Corngold da cuenta de más de 159 interpretaciones. Los rasgos principales serían: 1. Protagonista perdido y abandonado a circunstancias que no controla (autoritarismo, burocracia, egoísmo…). 2. Valor simbólico de toda la obra. 3. Narración objetiva y sin adornos retóricos. 4. Escasez de acción. Tiempo lineal. Espacio cerrado. 5. Eje central: un individuo desdibujado y acorralado en su incapacidad. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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