ENSAYO FILOSÓFICO, La sociología de Ortega y Gasset
Se trata del pensador español más importante del siglo XX, y quizá de todos los tiempos. Se le ha reprochado carecer de sistema, pero él habría respondido: “Sistema…, ¿qué es sistema?”. Escribió sobre todo lo inimaginable: política, música, pintura, novela, teatro, costumbres, creencias, paisaje… Y escribió con un estilo inconfundible e inimitable: dio al castellano una elegancia que ni los clásicos ni los modernos habrían podido imaginar. Se esté o no de acuerdo con sus ideas, nadie podrá resistirse al deleite que proporciona la lectura de sus textos. En suma, escritor polifacético, ensayista y filósofo español. Estudia filosofía en Madrid y más adelante en Leipzig, Berlín y Marburgo. Aprende de los neokantinos y de ahí le viene una especial admiración por la ciencia, admiración que nunca pasó de lo meramente retórico. Vuelve a España con la idea de europeizarla y goza de gran prestigio, que, unido a la gran plataforma editorial heredada de su familia, la editorial Revista de Occidente, le coloca como líder cultural de su época. En esa editorial aparecieron traducidas obras de Dilthey, Bergson, Husserl, Heidegger, etc. Enseñó en la Universidad de Madrid hasta 1936. Madrileño, era hijo de Ortega y Munilla, un afamado periodista que había dirigido Los Lunes del Imparcial –donde habían estrenado sus plumas la mayor parte de los escritores pertenecientes a la generación del 98- y más tarde El Imparcial, que precisamente había sido fundado por el abuelo materno de Ortega, Eduardo Gasset. De modo que su afición por el ensayismo periodístico la llevaba en las venas, y no es extraño que, como continuador de una tradición familiar, su hijo José Ortega Spotorno fuera el fundador, en 1975, del diario El país. El caso es que con hitos importantes en la historia de la filosofía en nuestro país, como fue en la España romana la del pensador estoico Séneca, figuras de la filosofía árabe como Avempace o Averroes, o de la filosofía judía como Maimónides; con momentos de protagonismo como el que caracterizó la labor de la Escuela de Traductores deToledo en la baja Edad Media, o con personajes del Renacimiento como LuisVives o Francisco Suárez, es para algunos a partir del siglo XX cuando puede hablarse propiamente de una Filosofía española. La razón de ello se encontraría en que no es hasta este momento que empieza a elaborarse un pensamiento filosófico escrito en nuestro idioma. Y es asimismo a comienzos de este siglo, en el seno de la Generación del 98, y a partir de un movimiento de recuperación cultural e inserción en Europa iniciado a finales del XIX, cuando comienza a darse una línea de pensamiento creativo propio que alcanza su plenitud en personalidades como Miguel deUnamuno, José Ortega y Gasset o Xavier Zubiri. Aspectos como la realidad individual como punto de partida de la reflexión filosófica, la desorientación humana y la preocupación por el horizonte existencial, la creatividad y el proyecto vital, la superación de un modelo de racionalidad teórica y abstracta, la ampliación del conocimiento más allá de los límites establecidos por las ciencias naturales o del espíritu, etc., serán cuestiones abordadas por Unamuno, desarrolladas con rigor sistemático por Ortega y Gasset, y que darán pie a profundas reflexiones como las de María Zambrano. Circunstancias como la guerra civil española y sus numerosas víctimas, la dictadura y el exilio, hacen que el panorama se fragmente y que se altere un fecundo proceso que se fue consolidando a lo largo de varias generaciones del siglo XX: las generaciones del 98, del 14 y del 27. La filosofía española actual es heredera de aquel proceso de maduración, se encuentra vinculada a un ámbito más amplio de filosofía elaborada en castellano, que incluye el pensamiento hispanoamericano, y en su compleja variedad, sus principales representantes son el reflejo de las diferentes corrientes de la filosofía contemporánea: filosofía analítica, marxismo, hermenéutica, posmodernismo, etc. No obstante, lo cierto es que la Historia de la filosofía española contemporánea va ligada estrechamente a la figura del filósofo José Ortega y Gasset; con su detallado conocimiento de la realidad de la filosofía fuera de nuestro país y su dedicación a la divulgación cultural, fundamentalmente a través de La Revista de Occidente, Ortega llevó a cabo una importan,te aportación a la renovación cultural y la aproximación de la filosofía nacional al contexto europeo. Con gran influencia, su legado es patente en el curso que la filosofía ha llevado desde entonces en este país; su propia obra determinó una corriente de pensamiento central en el panorama filosófico nacional e hispanoamericano. Ortega siguió detenidamente el debate filosófico europeo, con preferente atención al panorama alemán, pero también la obra de los intelectuales españoles de su época, especialmente los de la llamada Generación del 98, como Miguel Unamuno, de los que hereda su preocupación por el problema de España, así como por otros asuntos que centran su filosofía. Nociones como la orteguiana razón vital, o su sentido deportivo y festival de la existencia, pueden ser entendidos como continuidad de argumentos unamunianos como el de la lucha entre la razón y el corazón, o el sentimiento trágico de la vida. En su estancia en Alemania, por otro lado, Ortega profundizó, entre otros, en el conocimiento de la filosofía vitalista de Nietzsche, la fenomenología de Husserl, el historicismo de Dilthey, o la filosofía kantiana. Esta aproximación será fundamental para explicar la apertura de la filosofía española al pensamiento alemán. Lo innegable es que en 1902, a los diecinueve años, empezó a colaborar en periódicos y revistas. Tras doctorarse en Filosofía y Letras, estudió, como ya hemos dicho. Durante dos años en varias universidades alemanas, donde fue discípulo predilecto de los más importantes filósofos neokantianos (la influencia de Kant en Ortega es innegable, aunque Ortega trasciende la filosofía de Kant). Y, volviendo sobre nuestros pasos, no hay que olvidar que en 1910 (con veintisiete años) obtiene la cátedra de Metafísica de la Universidad de Madrid, desde donde, a través de conferencias, artículos, cursos y libros, ejerce una influencia capital tanto en España como en América. En 1915 fundó el semanario España, portavoz de la Liga de Educación Política, que dirige durante un año. Dos años más tarde, el diario El Sol, con capital vasco, que influirá de modo determinante en la vida política hasta el advenimiento de la República en 1931 (a la que saludó con uno de sus más famosos artículos, el titulado DelendaestMonarchia); y por último, en 1923, la Revista de Occidente (considerada, junto a N.R.F., TheCriteriony Sur, una de las mejores del siglo XX), que ha seguido publicándose -con algunos paréntesis- hasta nuestros días. Como puede imaginarse, su pensamiento político, a través de múltiples artículos de gran resonancia, influyó decisivamente en la cultura y la política -así como en el examen y la crítica de las corrientes vanguardistas- de la España de su época, a la vez que trasladaba con brillantez al mundo intelectual español los movimientos europeos más importantes. Vicente Cacho Viu, repasando tal estado de cosas, éstas le permiten sostener que “Ortega obtiene en 1910 la cátedra de Metafísica en la Universidad Central de Madrid y comenzó una intensa labor intelectual como escritor de filosofía, que combina con su dedicación al periodismo y a la política. Entre otras publicaciones culturales, en 1923 funda la Revista de Occidente, una revista de divulgación cultural publicada en España e Hispanoamérica que cuenta con importantes colaboraciones, como en su momento las de Bertrand Russell o Edmund Husserl. Fundó un partido de intelectuales llamado La liga de Educación Política, se opuso a la dictadura de Miguel Primo de Rivera y, en la Segunda República creó, junto a Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala, la Agrupación al Servicio de la República. Fue elegido diputado en la República pero dimitió decepcionado. Con la guerra civil se exilia de España viviendo en Francia, Holanda, Argentina y Portugal. En 1945 regresa a España, donde funda el Instituto de Humanidades; en este periodo imparte conferencias por Europa y Estados Unidos, y coincide con Martin Heidegger en unos encuentros de filosofía.”. Algunas de sus obras importantes son: Meditaciones del Quijote (1914), El tema de nuestro tiempo (1921), España invertebrada (1922), Kant (1924), La deshumanización del arte (1925), La rebelión de las masas (1929), Estudios sobre el amor (1939), Ideas y creencias (1940), e Historia como sistema (1940). Obras póstumas son: El hombre y la gente (1957), ¿Qué es filosofía? (1958), La idea de principio en Leibniz (1958), y Origen y epílogo de la filosofía (1960). Casi al tiempo que publica La rebelión de las masas -en la que estálatente la conmoción que provoca el ascenso de las grandes ideologías totalitarias: comunismo y fascismo- funda en 1930, junto con Gregorio Marañón, Pérez de Ayala y Antonio Machado, la Asociación al servicio de la República, que contará con su propio órgano periodístico, titulado Crisol. La guerra civil le alejó de España -Francia, Holanda, Argentina, Portugal…- y desde 1945 permaneció algunas temporadas, que alternaba con cursos en Estados Unidos. Alemania y Suiza, hasta su regreso definitivo a Madrid en 1948. Nunca recuperó su cátedra de Metafísica. Murió en el otoño de 1955, y la Universidad española se conmovió de tal modo que a los pocos meses hervía en todos los claustros un clamor -pronto sofocado, pero jamás vencido- frente a la dictadura y en favor de la libertad. Aunque se haya tachado a veces a Ortega de pusilánime, lo cierto es que él fue el pivote sobre el que se levantó la larga y difícil oposición al franquismo. Ha sido Ortega en la filosofía española un gran difusor de ideas y una especie de patriarca del pensamiento español contemporáneo. Su maestría literaria tampoco es prenda para echar en saco roto. Por lo demás, como se dice en el Diccionario de filosofía contemporánea, dirigido por M. A. Quintanilla, “fue uno de los grandes teóricos del liberalismo europeo no democrático”. El quehacer intelectual de Ortega y Gasset puede fragmentarse en varias partes, que serían: a) El problema de España, b) La filosofía. Ideas y creencias, c) El perspectivismo, d) Las categorías de la vida, ye) Razón vital e histórica. • El cuanto al problema de España lo cierto es que a finales del siglo XIX surge en el ámbito intelectual un debate en torno al ser de España; un debate vinculado al fin de la época colonial española y el surgimiento de los nacionalismos vasco, catalán y gallego. Este debate es propiciado por el regeneracionismo, representado por Joaquín Costa, quien ve en la integración en Europa la solución para España. La conciencia de crisis y la búsqueda de la regeneración nacional son constantes entre aquellos autores que, como Unamuno dentro de la Generación del 98 y Ortega y Gasset algo después (Generación del 14), hicieron de lo español y su esencia, uno de sus principales objetos de reflexión. Para Unamuno España es una realidad histórica que ha dejado su impronta en la Historia Universal, una realidad ligada históricamente al catolicismo, encarnada de modo ideal en la figura de Don Quijote, y que implica un modo característico y propio de entender el mundo. Frente a la historia visible, Unamuno destaca la intrahistoria, lo que ocurre a la sombra de lo conocido públicamente, y que es lo protagonizado por millones de vidas anónimas a diario. El carácter periférico de su geografía y la distancia frente a una Europa más desarrollada política y culturalmente, dio paso a un debate sobre el horizonte europeo de España y el papel de España en Europa. Lo español es caracterizado por muchos en términos opuestos a lo europeo: visceralidad frente a crítica, genio frente a talento, arte frente a ciencia…, etc. La idea de la europeización de España, sinónimo de su modernización, es interpretada con cautela por Unamuno, quien ve el peligro de una disolución de lo español en la plena asunción de lo europeo y quien, en defensa de lo propio, reclama una interacción en la que se acentúa la exigencia de españolizar a Europa. Por su parte, Ortega y Gasset encuentra en el contexto europeo la solución a los problemas nacionales. Su visión de Europa se halla ligada a los conceptos de civilización y cosmopolitismo; frente al engreimiento nacional defiende la integración intelectual y científica en un continente cuyo ejemplo de desarrollo lo representa Alemania. Dicha integración no significa la supremacía de lo extranjero, sino la integración en un continente en el cual España habría de ser, igualmente, un miembro influyente que exportaría a Europa su cultura. Con un carácter anecdótico señalaremos que el cantante y compositor Joan Manuel Serrat interpretó dos canciones con letra del poeta Antonio Machado en un concierto celebrado en Santiago en 1969 de Chile: “Del pasado efímero” y “Españolito”. En los textos se refleja el tema de España, una preocupación común a los autores de la Generación del 98, como Machado o Unamuno. Frente a la imagen del hombre de casino trasnochado y vacío que representa a la España de la Restauración, en el primer poema, se yergue en el segundo la figura del nuevo español preconizado por el Regeneracionismo. • En cuanto al punto segundo, en el que se aborda su “Filosofía. Ideas y creencias”, la filosofía, y el conocimiento en general, tienen su punto de partida en la vida humana, en la propia existencia. El ser humano se encuentra desorientado y necesita saber a qué atenerse. Recurre a la filosofía en la búsqueda de una explicación completa que desvele el ser de la realidad. Uno de los planteamientos más característicos de José Ortega y Gasset es el de la distinción que establece entre ideas y creencias. Para poder orientarse en el mundo y hacerse cargo de la situación, el ser humano necesita saber a qué atenerse, pero la representación que se hace de la realidad parte de dos tipos de pensamiento diferentes: las ideas y las creencias. Por un lado tenemos las ideas, representaciones de la realidad que ponemos en cuestión y son objeto de reflexión; por otro lado tenemos las creencias, que damos por válidas sin planteárnoslas, y que constituyen la base de nuestra vida: son el fundamento de nuestra representación de la realidad y de nuestra conducta. Con el paso del tiempo, algunas de las ideas dejan de estar sometidas a la crítica racional y acaban convirtiéndose en creencias. • En lo tocante al perspectivismo destacaremos que el afán por un conocimiento pleno y objetivo, ¿no ha quedado a estas alturas ya definitivamente desterrado del horizonte de la filosofía?, ¿rebajado a la condición de anhelo humano inalcanzable? Parece difícil, llegados a este momento de la historia del pensamiento, mantener la ilusión por una razón ilimitada, al modo cartesiano, capacitada para una aprehensión plena de lo real. El conocimiento no puede comprenderse sino desde su arraigo en la vida humana. El filósofo pretende distanciarse de las dos interpretaciones opuestas que la modernidad nos ofrece de la relación existente entre la cultura y la vida. Por un lado el relativismo, ligado al vitalismo, que supone la negación de la razón y el conocimiento objetivo; por otro lado el culturalismo, enraizado en el racionalismo, que se resuelve en el olvido de la vida y la interpretación de la verdad como una realidad absoluta y separada del individuo. El primero, afirmando la vida, niega el valor objetivo de la cultura. El segundo, para salvar la cultura, niega la vida. Ortega defiende el enraizamiento de la cultura en la propia realidad vital de la que ésta surge, dándose una plena continuidad entre ambas realidades. La cultura, partiendo del hecho biológico del pensamiento, posee un carácter trascendente en cuanto aspira a la objetividad. La razón no es lo opuesto a la vida, sino una función de la misma. Respecto al conocimiento, mientras el racionalismo pretende la consecución de una verdad objetiva que ha de tener su punto de partida en un yo puro e invariable, el relativismo supone que el individuo deforma necesariamente la realidad y que ésta queda irremediablemente inaccesible. Ambos deben ser superados. En el planteamiento de Ortega, la razón pura racionalista es sustituida por una razón vital que hunde sus raíces en la existencia concreta y que es el origen del conocimiento. No es el yo puro y abstracto el que conoce, sino un yo concreto, sujeto al acontecer con las cosas del mundo y cuya vida se encuentra ligada a unas circunstancias particulares. De los elementos que integran la realidad éste retiene un cierto número de ellos, quedando el resto de los fenómenos ignorados. La realidad sólo puede ser vista bajo una determinada perspectiva; sin embargo esto no es para Ortega una limitación, sino una característica acorde con su dimensión vital e histórica. No habría verdad integral sino desde la unión de las perspectivas individuales, de las verdades parciales. El individuo y su generación se encuentran con una realidad determinada por las circunstancias. Son éstas las que determinan sus propias opciones y, de acuerdo con ellas, las perspectivas fieles a su momento histórico. Frente a una vida guiada por esquemas morales abstractos o la convención, Ortega reclama la fuerza de la vida, la capacidad de ser uno mismo y el imperativo de la invención como características de una vida auténtica. “La vida humana es faena poética, invención del personaje que cada cual, que cada época tiene que ser” (O.C. vol 8, p29). • En torno a las categorías de la vida Ortega piensa que toda actividad supone la de la vida; ésta es la realidad radical de la que, según Ortega, se debe partir. Se trata de la vida particular y concreta de cada individuo; sus categorías deberán ser, así, distintas a las estáticas del ser en general, tal como fueron concebidas por Parménides. Deberán dar cuenta de ese mutuo dinamismo entre yo y el mundo. La vida es, en primer lugar, algo transparente ante sí misma; es lo más patente que existe. Esta se nos muestra de manera inmediata y no requiere, por lo tanto, de justificación racional alguna. Por otro lado, vivir no es sólo ser, sino enterarse que se es; un descubrimiento incesante de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Nuestro encuentro con el mundo supone la ocupación con lo que hay en el mundo, vivir es convivir con una circunstancia. En su relación con el mundo, la vida no nos es dada hecha y ésta conlleva la decisión, el mundo vital se resuelve en cada instante en un poder hacer esto o lo otro. La vida va ligada a la necesidad de tomar decisiones que son previas a la acción, la vida es proyecto. Todo ello le permite afirmar a Julián Marías que, para Ortega y Gasset, nuestras posibilidades tienen un límite. Nuestra vida se da en un entorno en el que se nos presentan cosas agradables y desagradables, cosas que nos afectan para bien, o para mal; vivir significa convivir con una circunstancia que nos es dada, sólo dentro de ella podemos tomar decisiones. La vida es estar abiertos al futuro; es a la vez, fatalidad y libertad, el ser libre dentro de una fatalidad dada. En su condición temporal, la vida es indeterminada y no se puede prever, se encuentra abierta al futuro y consiste en un continuo hacerse, en decidir lo que vamos a ser. El paso del tiempo y el cambio en las perspectivas constituye un aspecto esencial de la realidad humana. No posee naturaleza, sino historia, ya que es un ser que es radicalmente movilidad y cambio. El concepto de razón será sometido por Ortega a una revisión en consonancia con sus nociones de razón vital e histórica. En sus Obras Completas, vol. 8, pág. 44, puede leerse lo que sigue:"Me encontré, pues, con esta doble averiguación fundamental: que la vida personal es la realidad radical y que la vida es circunstancia. Cada cual existe náufrago en su circunstancia. En ella tiene, quiera o no, que bracear para sostenerse a flote." • Y, por último, sobre la razón vital e histórica destacaremos que frente a la contraposición entre la vida y la razón, propia del irracionalismo, o de una concepción de la razón puramente abstracta, desligada de la vida y de la historia, Ortega sostiene, como hemos visto, un concepto de razón vinculado a la vida. En su encuentro con el mundo, el ser humano requiere saber a qué atenerse; la razón es el instrumento con que cuenta para orientarse y dar salida a los problemas con los que se encuentra. Ortega se propone la conciliación de la racionalidad con la vida. José Luis Molinuevo, que fundó y ha sido Director del Centro de Estudios Orteguianos, continúa lo que estábamos diciendo en los siguientes términos: El conocimiento, aun siendo racional, se encuentra plenamente arraigado a la vida, su raciovitalismo no comprende a la razón sino como razón vital. Ambos aspectos, lo racional y lo vital han de tener cabida en esta concepción. La razón es el instrumento vital para el conocimiento del mundo, sin embargo debe concederse también un espacio para los aspectos no racionales de la existencia, aspectos presentes incluso en la misma ciencia. El mundo cultural entraña la subjetividad en cuanto que parte de las peculiaridades de los individuos, pero no por eso deja de ser aspiración a la verdad y a la objetividad. Es necesario que la cultura y la vida queden vinculadas, de modo que la vida sea culta y la cultura sea vital. La razón, arraigada a la vida, se da siempre en el marco de una determinada circunstancia, nunca desligada de ella, y es por eso que se trata de una razón histórica. No se tratan como en el idealismo hegeliano, de una razón anterior, pura y conceptual, que se cumple en la historia, sino de una razón viviente que se desarrolla y progresa a lo largo de la historia humana. El ser humano no tiene naturaleza, sino historia, su realidad es mundadiza. El ser humano, individual y social, se encuentra sometido al devenir histórico. Avanza desde el pasado hacia el futuro, hacia lo que ha de ser. El presente se explica desde un pasado que lo comprende; la historia es un sistema de experiencias humanas que forman una cadena inevitable y única. Entendida como un continuo hacerse, la vida humana es un proyecto inacabable, que va abriéndose progresivamente a nuevos horizontes. En suma, pues, apartándonos de las cinco divisiones que hemos hecho con su pensamiento, para Ortega, la crisis profunda que atravesaba Europa tenía raíces meramente filosóficas y únicamente se podía resolver con la superación del idealismo. La desmoralización que sufre la humanidad es el lado oscuro del crecimiento de la vida. Su filosofía dio origen al raciovitalismo, como una tercera etapa de la historia de la filosofía, que continuó luego del realismo y el idealismo. Se fundamentó principalmente en la crítica del idealismo pues lo veía como un enemigo del hombre. En su pensamiento existe la relación entre el ser realista y vivir al mismo tiempo. Además, José Ortega enseñó que una buena educación que no sea personalizada no se puede considerar como educación, porque para que exista, debe haber un rostro que afecte al alumno o al mismo profesor. José Ortega y Gasset desarrolló una metafísica de acuerdo con la razón vital que iba más allá del idealismo filosófico sin caer en el realismo. Esta metafísica afirma que la realidad última o radical de la cual cualquier otra realidad extrae sus raíces no puede reducirse a ninguna idea o teoría, sino que es «mi vida» en el sentido biográfico, no biológico. Por otra parte, para Ortega y Gasset, si la técnica no existiera el hombre no hubiera tampoco podido existir. Provocó entre sus estudiantes discusiones con la mente abierta y una serie de confrontaciones entre las ideas. En sus diferentes meditaciones de la técnica y otros ensayos sobre ciencia y filosofía, distingue varias fases en la evolución de la misma, y en la evolución de las culturas y sociedades. Los estadios de la técnica según Ortega son: • La técnica del azar: fase que corresponde a las sociedades primitivas. • La técnica del artesano: los actos técnicos se desarrollan y el ser humano adquiere conciencia de la técnica como algo especial. • La técnica del técnico: la máquina es el instrumento más importante. En pocas palabras, y como hemos visto, José Ortega y Gasset ha sido el filósofo que ha logrado tener mayor influencia sobre el pensamiento y los pensadores latinoamericanos durante la primera parte del Siglo XX. Además, ha sido el pensador de lengua española más conocido y apreciado durante su época, dentro de los ambientes de la filosofía alemana, incluyendo al propio Heidegger. En muchos de sus análisis de filosofía de la historia y la política, logró adelantarse a su tiempo describiendo y sugiriendo opciones y puntos de vista que hoy en día son una realidad y propuestas de futuro, como es el caso de la Unión Europea, cuyos fundamentos filosóficos y políticos fueron magistralmente presentados en su obra Meditación de Europa. Sobre todo, su importancia para nuestra época, más allá de sus posiciones conservadoras de sus obras, radica en la vigencia que tiene la tesis central de su pensamiento, que es la idea de La Razón Vital. A continuación, centrándonos en las obras de José Ortega y Gasset, vamos a proceder al análisis sociológico de estas; en suma, al análisis del pensamiento orteguiano, desde el punto de vista social. «Meditaciones del Quijote» es una de las cumbres de la literatura en español. Su publicación en 1914 consagró a José Ortega y Gasset como portavoz de la generación de intelectuales que se levantaba contra la «vieja política». Europa, ciencia, competencia eran sus lemas. Ortega quería «salvar» algunos momentos culminantes de la cultura española. Entre ellos, el «estilo poético» de Cervantes, en el que encontraba «una filosofía y una moral, una ciencia y una política» con las que emprender una modernidad distinta a la idealista. Concretamente, el texto “Vieja y nueva política” es un texto fundacional, en el que Ortega presenta el proyecto político de su generación intelectual, la de 1914, la generación de la rabia y de la idea, como la calificó certeramente Antonio Machado, en una coyuntura en la que el reformismo intentaba abrirse camino y despejar un nuevo horizonte. A parte, la reedición de “La deshumanización del arte” incluye, además del ensayo que da título al volumen, una serie de artículos que Ortega no recogió en ninguno de sus libros. En ellos se comprueba la persistencia con que supo extraer de la experiencia del arte notas relevantes para el curso de sus formulaciones filosóficas. En esta nueva edición -revisada conforme a los originales- se incluye el discurso La verdad no es sencilla, publicado recientemente con carácter póstumo, y un apéndice, inédito hasta la fecha, al ensayo Sobre el punto de vista en las artes. Como consecuencia, por lo tanto, especialmente decisivo es el año de 1914, año de la Gran Guerra, que ve como una quiebra de los ideales ilustrados. En sus escritos “Vieja y nueva política”, “Meditaciones del Quijote” y “Ensayo de Estética”, a manera de prólogo expone su programa de una modernidad tina alternativa. Ésta, resumida en su célebre frase “Yo soy yo y mi circunstancia”, consiste en una tarea cultural de fidelidad al presente y a las cosas. La situación de Europa y la marcha de la política española hacen que entre en crisis su socialismo ético, llevándole a escribir laamarga frase de que “un ideal ético no es un ideal político”. Por otra parte, “El tema de nuestro tiempo”ahonda y aclara la metafísica de la razón vital. Las distintas facetas que el lector irá hallando la necesaria exaltación de la vida, las críticas al racionalismo y al relativismo, la entrada en escena de la razón vital, la reforma radical de la filosofía que el perspectivismo de la realidad nos aporta se presentan en el libro con la habitual mano maestra del autor, con esa claridad que él llamaba la cortesía del filósofo. Junto con “La rebelión de las masas” (también publicado por Austral), constituye el pensamiento fundamental de uno de los grandes filósofos españoles de todos los tiempos. En 1923, Ortega y Gasset ofrece el análisis de su época como “El tema de nuestro tiempo”, consistente en la necesidad de superar el idealismo y volver a la vida, núcleo de su teoría de la razón vital. Por otro lado, la “España invertebrada”, obra ya clásica, que ha ejercido una enorme influencia sobre nuestra historiografía y constituye el punto de partida de ulteriores y resonantes polémicas acerca del singular destino de la nación española. Esta nueva edición, revisada y corregida conforme a los originales, incluye un texto que nunca se había reproducido (una Conclusión al capítulo ¿No hay hombres o no hay masas?) y añade, como apéndice, la serie de artículos sobre El poder social en los que Ortega desarrolló un tema apuntando en el capítulo inicial de la segunda parte de España invertebrada. En 1921, don José publica en forma de libro su diagnóstico de la situación de España con el expresivo título de “España invertebrada”. Ahí afirma que una sociedad es tal si está vertebrada en minorías dirigentes y masas que las siguen. En otro sentido, José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-1955), doctor en Filosofía y Letras, amplió estudios las Universidades de Leipzig, Berlín y Marburgo, consiguiendo a los veintisiete años la cátedra de Metafísica de la Universidad Central. En 1923 funda la Revista de Occidente, una de las publicaciones culturales de mayor prestigio internacional. La rebelión de las masas, publicado por primera vez en 1930, es la obra más difundida y famosa de Ortega. Como nos explica Julián Marías en su introducción, el libro va pareciendo más verdadero, más fiel a la realidad a medida que pasa el tiempo. La razón de su renovada actualidad confirma el carácter filosófico de esta obra frente al significado político que con frecuencia se le ha atribuido erróneamente. "Pienso que toda vida -dice Ortega-... se compone de puros instantes, cada uno de los cuales está relativamente indeterminado respecto al anterior, de suerte que en él la realidad vacila..., y no sabe bien si decidirse por una u otra entre varias posibilidades. Así, pues, en 1930 publica en forma de libro su obra más difundida internacionalmente “La rebelión de las masas”. Ahora el hecho de nuestro tiempo es la desvertebración, la rebelión de las masasy la deserción de las minorías. Pero Ortega busca situarse en el punto medio: observa en el fenómeno de las masas, por una parte, la subida del nivel histórico que incorpora lo que antes eran formas de vida y de cultura de las aristocracias, y, por otra, la desmoralización de la existencia vulgar. “La meditación de la técnica” contiene las reflexiones de José Ortega y Gasset sobre un fenómeno de invasora presencia en el mundo contemporáneo. Trata, en suma, de inscribir el hecho de la técnica en el marco de una antropología filosófica, fundada en el sistema orteguiano, para así contribuir a la comprensión del momento histórico contemporáneo. El volumen incluye, además del curso "Qué es la técnica?", desarrollado en 1933 en la Universidad de Santander, otros textos afines: la conferencia "El mito del hombre allende a la técnica" pronuncida en Darmstadt y varios ensayos sobre el conocimiento científico, que prueban la permanente atención que Ortega prestó a las novedades de la ciencia contemporánea. En esta nueva edición el texto se ha revisado y corregido conforme a los manuscritos originales o las primeras ediciones. La principal novedad es una "Introducción" al curso "¿Qué es la técnica?", sólo editada póstumamente. Frente a los críticos de la razón instrumental, encontramos en él una valoración positiva de la técnica expuesta en esta obra (publicada como libro en 1939).Las importantes transformaciones que trajeron consigo la revolución industrial y el desarrollo de una sociedad de consumo hicieron que la técnica se convirtiese en tema de reflexión filosófica para comprender el mundo contemporáneo. El avance científico-tecnológico era un pilar del progreso pero también un elemento transformador de un mundo sencillo y, a veces, añorado. La Gran Guerra mostró a la humanidad que los inventos técnicos también podían producir grandes males. Ortega y Gasset fue uno de los primeros filósofos en analizar la importancia que la técnica tiene en la evolución humana. Lo hizo desde su comprensión del hombre como ser histórico que ya en su mismo origen es técnico porque es capaz de ensimismarse y crear una sobrenaturaleza. José Ortega y Gasset es uno de los grandes pensadores de la unidad europea. En sus primeros escritos señaló que España tenía que europeizarse para modernizarse. En "La rebelión de las masas" propuso, a finales de los años veinte del pasado siglo, la constitución de los Estados Unidos de Europa. Es idea que nunca abandonó y a la que volvió en sus últimos escritos, tras la Segunda Guerra Mundial, como su conferencia "De Europa meditatioquaedam" y un pequeño librito titulado "Cultura europea y pueblos europeos", que hasta hace muy poco sólo se conocía en alemán. Junto a estos textos de madurez y algún otro como su última conferencia, "La Edad Media y la idea de Nación", se compendian aquí textos juveniles y de su primera madurez que muestran la evolución del pensamiento europeísta y europeizador del filósofo español. A partir del exilio de 1936, y de modo particular al recalar finalmente en Lisboa en 1943, Ortega emprende una investigación sobre el presente y pasado del hombre occidental. Su diagnóstico es una crisis de creencias, como suelo en que estamos y sobre el que se edifican las ides que tenemos (“Ideas y creencias”). El puesto que Ortega asignaba al texto de “Ideas y creencias” (figuras como capítulo inicial de su proyectado libro "Aurora de la razón histórica") revela la decisiva importancia que atribuía a este estudio. No es, pues, menester encarecer su excepcional relieve entre la obra capital del filosófo. Basta con recordar que en ulteriores libros Ortega volvería sobre la significación de los conceptos de "idea" y de "creencia" para precisar y ampliar su esclarecedor alcance metódico. Sin embargo, aunque vivimos en una época de crisis, no se trata de vivir de la crisis, dice Ortega. Y así propugna una revitalización de los ideales europeos en la Alemania destruida por la II Guerra Mundial (“Meditación de Europa”). “Historia como sistema” afronta la crisis de la razón occidental y la crítica que de la misma hace nuestro filósofo. Pensar es dialogar con las circunstancias, así emerge la filosofía de Ortega, como manifestación y diagnóstico de la crisis (no sólo de las ciencias o de los fundamentos) alcanzando al modelo de razón y al hombre de la modernidad. Inicia su crítica al racionalismo, al fisicismo y al naturalismo positivista; y a las ideas fetiche de progreso y utopía. Crítica a la modernidad, el hombre desafía su existencia como un drama («desilusionado vivir») y encuentra en la historia misma «su original y autóctona razón». La vida guía a la razón (vital, narrativa, histórica) y la verdad se descubre en la historia. De este modo, la historia es un factor de inteligibilidad, de comprensión y explicación de la realidad. Su caracterización del ser humano como animal etimológico le lleva a una investigación de sus raíces y posibilidades históricas y sociales. La razón histórica guía ese proceso y muestra que el hombre no tiene naturaleza sino historia (“Historia como sistema”) que no es algo hecho sino por hacer. Si la razón vital analiza las estructuras generales de la vida humana, la razón histórica las aplica a épocas e individuos concretos narrándolo (razón narrativa) en forma de biografía. “En torno a Galileo” haremos hincapié en lo siguiente: En 1983 Ortega quiso conmemorar el tercer centenario de la condena de Galileo dictando un curso sobre aquella primera generación de hombres -Descartes, Bacon, el propio Galileo- que vivieron y pensaron, desde una nueva perspectiva histórica, la Edad Moderna, abandonando las convicciones teológicas que habían sostenido el mundo medieval, por una nueva fe: la fe en la "razón pura". El estudio de los cambios y crísis históricos en general, y muy especialmente los de esa Modernidad que, según Ortega, toca a su fin con el siglo XX, constituyen las líneas de reflexión por las que avanza este curso en doce lecciones. El estudio (“Origen y epílogo de la filosofía”) de las sociedadesen el pasado y el presente le permite recuperar un modelo de pensamiento intuitivo como complemento y alternativa a la crisis del racional. El análisis del hombre en sociedad (“El hombre y la gente”) muestra la existencia de unos campos pragmáticos previos en los que se inserta toda posibilidad de teoría, y que vivimos sumergidos en un océano de usos, que forman nuestro mundo social y son nuestra apertura al universo. En esta obra póstuma, Ortega aborda uno de los temas fundamentales del pensamiento contemporáneo: la naturaleza del hecho social. En un lugar situado entre Weber y Durkheim, Ortega reconoce la fuerza de la sociedad como entidad propia, la importancia de la tradición y su cultura, pero no renuncia a situar al individuo como agente final de cualquier cambio. "¿Qué es filosofía?" es la obra que mejor compendia el pensamiento maduro de José Ortega y Gasset, su filosofía de la razón vital, la cual parte del hecho de que la realidad radical es la vida de cada uno. Frente al ser estático, permanente e idéntico a sí mismo que habían buscado tradicionalmente los filósofos, frente a la sustancia, Ortega dice que la vida es un gerundio, un "siendo", un constante hacerse, un quehacer que da mucho que hacer porque obliga al hombre a ejercer su libertad para ser sí mismo, para cumplir su vocación. Con este libro, que nació de un curso de 1929, Ortega se situó en el núcleo del debate filosófico del siglo XX. Se ofrece aquí en una nueva versión fiel a los manuscritos que dejó el filósofo. En suma, pues, José Ortega y Gasset (Madrid, 1883-1955), doctor en Filosofía y Letras, amplió estudios en las universidades de Leipzig, Berlín y Marburgo, consiguiendo a los veintisiete años la cátedra de Metafísica de la Universidad Central de Madrid. En 1923 funda Revista de Occidente, una de las publicaciones culturales de mayor prestigio internacional.¿Qué es filosofía? nació en 1929 en la Universidad de Madrid. La suspensión de las actividades académicas por causas políticas y la dimisión de Ortega le obligaron a continuar el curso en un teatro.¿Qué es filosofía? contiene un análisis radical de la actividad filosófica y es la mejor vía para conocer el pensamiento orteguiano. A ello nos ayuda en su Introducción Ignacio Sánchez Cámara, mostrando cómo Ortega persigue una radical reforma de la filosofía, que consiste en la superación del idealismo y en la crítica de la modernidad. Ortega nos marca el rumbo, sin duda fértil, por donde pueden evitarse los escollos del racionalismo moderno sin recaer en el irracionalismo ni en el relativismo. Por su parte, el prospecto que divulgaba la creación del “Instituto de Humanidades”, última de las empresas creadas por Ortega, prometía la intervención inaugural de su fundador mediante un curso de doce lecciones “Sobre una nueva interpretación de la Historia (Exposición y examen de la obra de A. Toynbee)”. Pero el alcance del curso (1948-49) excedió con mucho a ese anuncio, pues el examen consistió, principalmente, en una crítica de la obra de Toynbee desde las propias doctrinas de Ortega y el despliegue de sus personales ideas acerca de la ciencia histórica y el proceso de los pueblos -en particular el romano- , con frecuentes excursiones de intención sistemática a la crisis del tiempo presente. José Ortega y Gasset nació y vivió en Madrid (1883-1955). Filósofo y escritor, viajó de joven a Alemania, donde recibió en su formación la influencia decisiva de la corriente neokantiana. Ortega desarrolló una intensa actividad intelectual desde las aulas y la prensa y tomó parte activa en las polémicas de su tiempo. Autor prolífico, la mayor parte de su obra la forman ensayos y artículos periodísticos, donde creó un estilo filosófico y dotó a la lengua de una riqueza de la que carecía hasta aquel momento. Acerca de la caza agregamos al estudio “Sobre la caza” (así denominado por su autor en su versión alemana) dedicado especialmente a la montería, atendiendo a “LA CAZA SOLITARIA CON CAN Y ESCOPETA”. Además, las corridas de toros, por la sin par originalidad del castizo espectáculo, interesaron viva y tempranamente a Ortega. Considerado por Ortega como el medio de apertura del ser humano al mundo, sus reflexiones sobre el amor se desarrollan en múltiples ramas: la propia filosofía, la ciencia de los valores o estimativa, su teoría sobre los sentimientos, la historia del amor o el enamoramiento. El volumen ilumina la importancia y la riqueza de perspectivas del filósofo ante el tema erótico en el corpus de su obra. Sus reflexiones sobre el amor se desarrollan en múltiples ramas: la propia filosofía, la ciencia de los valores o estimativa, su teoría sobre los sentimientos, la historia del amor o el enamoramiento. “Estudios sobre el amor” es una recopilación de textos publicados por el filósofo en el diario madrileñoEl Sol y enLa Nación de Buenos Aires entre 1926 y 1927. Su primera edición española llegaría en 1941, culminando en su incorporación a lasObras completas de 1947. Los ensayos que acompañan a esta edición, que sigue la versión definitiva del texto, abarcan prácticamente toda la obra orteguiana, desde 1904 hasta 1952, y a través de ellos se ilumina la importancia y la riqueza de perspectivas del filósofo ante el tema erótico en el corpus de su obra. En estos “Estudios sobre el amor” la palabra ideal es la intersección de lo sentimental, lo ético y lo estético. Hay tantos ideales como cosas, y no son, por tanto, privativos de los seres humanos. Luego las cosas y los demás no son tampoco ciegos, saben lo que quieren, y el amor consiste en la perspicacia misma que descubre ese querer de ellas y de los demás. Es entonces cuando se trata de un amor auténtico. Estos son raros. Pero, cuando esto sucede, se puede decir con el poeta: Tú eres mi mejor yo. Esta edición limitada al propio “Estudios sobre el amor”, publicado inicialmente en Buenos Aires en 1939, se convertiría en uno de los libros más difundidos y estudiados de Ortega y Gasset. “La idea de principio en Leibniz” está pensada en principio como una trilogía de la cual solo llegó a publicarse, póstumamente, la primera de sus partes. Ortega no ahorra críticas esenciales y de sistematicidad a la fenomenología, pero no puede dejar de reconocer un diagnóstico y una meta común con Husserl. Tal era la pretensión de acudir “a las cosas mismas” -en tanto que el propio Ortega sostenía que las cosas eran las maestras del ser humano-, o la cuestión de reivindicar la intuición como “principio de los principios”, sin caer, eso sí, en el error de confundir la falsaria “conciencia de” con la más realista “coexistencia con” la cosa. Su reconocimiento es menor aún con la reinterpretación de la fenomenología que Heidegger hizo en su hermenéutica a de la facticidad, pero al ex rector de Friburgo le reprocha sobre todo que su tanatocentrismo pusiera las bases de una filosofía de la existencia preñada de patetismo o de fulgores románticos, provincianos y trágicos -golpeando de paso con ello al propio Unamuno-, y que se alejara de la pretensión de Husserl de establecer la filosofía como una ciencia estricta de las esencias. Seguidamente, vamos a estudiar los puntos concomitantes que tiene la obra de Ortega y Gasset y la Sociología, como Ciencia Humana. Para ello hemos escogido algunos términos orteguianos y nos hemos ido al Diccionario de Sociologia, para consultarlos minuciosamente. Así, pues, ¡empezamos! Generación Generación en José Ortega y Gasset sería el conjunto de individuos que son capaces de identificarse entre sí en función de dos criterios, que serían una edad similar y una serie de símbolos o elementos culturales compartidos. Sería el conjunto de individuos que son capaces de identificarse entre sí en función de dos criterios, que serían una edad similar y una serie de símbolos o elementos culturales compartidos. Las generaciones coexisten en el tiempo y se van formando a lo largo de la historia, que no se puede entender solo como la sucesión de generaciones que se transmiten el protagonismo en la misma. Son muchas las generaciones que cohabitan en cada presente y todas ellas interactúan entre sí. Este concepto lo expone Ortega de un modo especial en La idea de la generación, donde podemos leer: “Ahora bien, el conjunto de los que son coetáneos en un círculo de actual convivencia es una generación. El concepto de generación no implica, pues, primariamente más que estas dos notas: tener la misma edad y tener algún contacto vital. Aún quedan en el planeta grupos humanos aislados del resto. Es evidente que aquellos individuos de esos grupos que tienen la misma edad que nosotros, no son de nuestra misma generación porque no participan de nuestro mundo. Pero esto indica, a su vez: 1°, que si toda generación tiene una dimensión en el tiempo histórico, es decir, en la melodía de las generaciones humanas, viene justamente después de tal otra —como la nota de una canción suena según sonase la anterior—; 2°, que tiene también una dimensión en el espacio. [...] Comunidad de fecha y comunidad espacial son, repito, los atributos primarios de una generación. Juntos significan la comunidad de destino esencial.” Ahora podemos preguntarnos: ¿Cuál fue la influencia de Ortega y Gasset en la filosofía española e Iberoamericana del siglo XX? En la década de los años 20 España se encuentra bajo la dictadura de Miguel Primo de Rivera. Ortega, en este período de falta de democracia, escribe en La rebelión de las masas que la historia, el progreso, se llevan a cabo por el trabajo de las minorías. Si va a haber una renovación, entonces, esto debe ser hecho por los mejores, que van a ser, sin embargo, reclutados de una manera liberal-democrática. Ortega teme que las masas van a pedirle todo al estado y que este les conceda todo a cambio de obediencia ciega: esto causaría un fracaso para emancipar a las masas. Su visión de la vida es básicamente libertaria con referencias principalmente anarquistas presentes en todos sus escritos. Trae consigo el liberalismo y el socialismo: el liberalismo debe perseguir una emancipación total del individuo (cualquiera que sea la clase a la que pertenezca), el socialismo debe abandonar el estado de estadolatría y terminar persiguiendo un igualitarismo excesivamente extremo. El advenimiento de las masas al pleno poder social es un hecho que debemos reconocer: provoca una crisis en la Sociedad Europea porque las masas no pueden liderar la sociedad. Esto no significa que puedan elegir a sus propios representantes. El problema es la hiperdemocracia: eso es la emancipación sin asumir la responsabilidad. El fenómeno de la aglomeración se produce durante este período: ciudades llenas, trenes completos, hoteles completos, las masas están en los lugares públicos. Esto no es malo, es una indicación de la civilización, «aunque el fenómeno es lógico, natural, no se puede negar que no ocurrió antes». Esto no se debe a un auge demográfico sino a la masificación de la sociedad (estos individuos preexistían, pero aún no formaban una masa). En todo esto hay un elemento negativo: los mejores (según sus cualidades) son absorbidos por la masa, «los actores son absorbidos por el coro». Cuando Ortega habla de masa no se refiere a la clase obrera, porque «la masa es el hombre promedio». La Masa no es solo un hecho cuantitativo, sino también cualitativo que define una media que tiende hacia abajo. El componente de la masa no se siente como tal y, por lo tanto, se siente con todo a gusto: no se da cuenta de la condición del conformismo en el que se derrumbó. En este escenario, sin embargo, una minoría elegida debe salir: es parte del hombre que continuamente se esfuerza por abandonar el coro y convertirse en el protagonista, cualquiera que sea su clase y su censo. Ortega no rechaza la visión liberal democrática, teme la hiperdemocracia que se manifiesta en la masa que quiere gobernar con clisés. La vida del hombre-masa se ve privada de la voluntad de progresar y de participar en un proceso de evolución de la sociedad. La Masa no entiende que si ahora se puede disfrutar de ciertas ventajas esto se debe al progreso: pero para progresar se necesita esfuerzo. Las masas, por otro lado, consideran el progreso como algo natural, que no ha costado ningún esfuerzo. No «agradecen» a los que hicieron posible este esfuerzo, es decir, el liberalismo (entendido como individualismo, esfuerzo individual de los mejores elementos). La Masa cree que el progreso es algo irreversible. Pero la política requiere mediación y razonamiento, mientras que el hombre-masa concibe la política solo como una acción directa. No respeta a los que sostienen, no está dispuesta a poner en juego sus ideas. La novedad política en Europa consiste en la desaparición de los debates: este es el régimen que agrada al hombre-masa. El liberalismo se opone a todo esto: el propósito de la política debe ser hacer posible la coexistencia a través del debate. Tiene que haber derecho a discrepar. Primero vienen los individuos, luego la colectividad. El liberalismo es «el llamamiento más noble que resonó en el mundo» a coexistir con el adversario, acepta al adversario y le da la ciudadanía política. Es bueno, de hecho, que exista una oposición. La Masa, sin embargo, odia a muerte lo que es ajeno a ella: no da la ciudadanía política a quienes tienen opiniones discrepantes. Vivimos en la era del «señor satisfecho»: piensa en todo el estado, uno no debe cuidar nada, debe limitarse a ser conformista. Tal individuo es un «niño mimado»: da el bienestar y el progreso por sentado, cree que la vida no requiere competencia y que no es necesario que surjan los mejores. El progreso no es una cosa fácil, pero la masificación, en cambio, induce a sentirlo. El estado es el mayor peligro para los que quieren salir del coro: ya no es un medio (como en la concepción liberal), sino que se ha convertido en un fin. El hombre-masa recibe del estado todo y esto lo induce a la aprobación y la falta de activismo. Amenaza con olvidar que el estado no puede resolver todos los problemas. El estado también absorbe la sociedad civil y el individuo ya no tiene un espacio para crecer y demostrar sus capacidades. La masa y el estado se identifican entre sí: un ejemplo práctico es la Italia de Mussolini. Ortega no es un enemigo del estado (especialmente desde que fue construido por los liberales), pero cree que debe ser articulado con continencia. «A través del estado, una máquina anónima, las masas gobiernan autónomamente»: nadie es responsable y uno pierde la individualidad y la singularidad. Ortega ejerció una notable influencia en los autores de la generación del 27. Entre las obras que más influyeron en estos escritores destacan España invertebrada (1921) y La deshumanización del arte (1925) cuyas ideas y postulados serán asumidos por dicha generación. Su estilo elegante y pulcro al escribir será una de las características que usarán estos escritores al crear sus obras. La Revista de Occidente (fundada por Ortega en 1923, y de la que fue en parte redactor) será leída por los escritores de la generación del 27 por contener artículos actuales de gran interés cultural, así como por su original presentación estética. Hombre masa Ortega y Gasset, aunque nació en 1883, pertenece a la generación del siglo XX. El pensamiento de este filósofo sostiene que desde el siglo XIX, aproximadamente los cambios históricos, científicos y tecnológicos se comienzan a producir con gran rapidez y el ritmo de vida se comienza a acelerar mucho más que en épocas anteriores en una medida que no tiene precedentes. Sin embargo la vida individual y colectiva del hombre no ha evolucionado de la misma forma. Se conoce más y se hacen más cosas pero ese saber y ese hacer afecta a la mayoría de las personas. El hombre masa surge como una realidad como resultado de ese desnivel entre el progreso de la época y el de los hombres. Las masas no se refieren solamente a las clases obreras, como lo interpreta el marxismo, como el grupo social protagonista del cambio social con el propósito de arrebatarle a las clases altas sus privilegios. El problema es mucho más amplio, porque el concepto de masa no es cuantitativo sino cualitativo y además es una cualidad individual que tiene necesariamente una dimensión también social. El hombre masa, para Ortega y Gasset, es el que no está al mismo nivel de sí mismo, el que se encuentra a mitad de camino entre el ignorante y el sabio, que cree saber y no sabe, y el que no sabe lo que debería saber. Para este filósofo, la época moderna es el enemigo más grande del hombre actual porque son tiempos de retórica y mucha confusión. Es un tiempo de irreverencia por creer que es la cumbre de la civilización y por la convicción del determinismo histórico. Pero la vida se caracteriza por siempre para adelante y nada puede detenerse ni seguir avanzando sin rumbo. Los ideales tienen que estar supeditados a la realidad, a la circunstancia, y el siglo XX se caracteriza por la racionalidad más pura, algo que la mente ha creado en forma abstracta. En el siglo XX se concreta una antigua aspiración social, la presencia pública y decisiva de la mayoría, cambio que no se realizó de un día para otro sino que fue lento, porque nada en la realidad se hace y se deshace en poco tiempo. El concepto de “hombre masa” fue acuñado por el filósofo español José Ortega y Gasset en su obra “La rebelión de las masas”. Según Ortega y Gasset, el hombre-masa es el que no está al mismo nivel de sí mismo, el que se encuentra a mitad de camino entre el ignorante y el sabio, que cree saber y no sabe, y el que no sabe lo que debería saber. Es el hombre que carece de iniciativa propia, que no aporta al progreso de la sociedad o de la historia, sino que vive de las innovaciones que introduce el hombre selecto. Cuando desaparece el poder espiritual, mantenido por las instituciones eclesiásticas, según Ortega tendría que surgir la culturalización de la sociedad con el fundamento de una ética que brinde un ideal moral para vivir. Sin embargo, el siglo XX aprovechó la desaparición del poder espiritual para cambiarlo por el poder material, canalizando ese sentimiento hacia la política, y hay poca diferencia entre el fanático religioso y el fanático político. Según Ortega y Gasset, el capitalismo del siglo XIX ha contribuido a arruinar y desmoralizar a la humanidad, y por esta razón surge el marxismo que asume esta realidad alienante, con una fórmula limitada, al proponer apoderarse de los medios de producción para mejorar los salarios y no para recuperar la dignidad del hombre. La teoría de Marx tenía sentido pero no el marxismo, porque para Marx, el socialismo tiene el objetivo de auxiliar al capitalismo. El socialismo marxista es amigo íntimo del capitalismo porque los extremos se juntan y terminan siendo la misma cosa. El capitalismo del siglo XIX ha producido una inmensa riqueza pero ha empobrecido la conciencia moral del hombre. En lugar de la ética en la sociedad priman el interés y la utilidad, objetivos que no alcanzan para el mantenimiento del equilibrio social sin la posibilidad de generar un poder espiritual. El día que para la gente hacer dinero no sea más la preocupación central de su vida tendrá la humanidad la oportunidad de ver surgir a una nueva categoría de hombre más sabio y alcanzar su propia altura. Gustave Le Bon (1841-1931) El nombre de Gustave Le Bon está asociado con varios de los hechos más importantes del siglo XX en el mundo. Sus planteamientos y sus estudios alentaron la ideología nazi. Se especula que el libro Mi lucha, de Adolfo Hitler, se inspiraba en la obra de Le Bon. Gustave Le Bon nació en Nogent-le Rotrou (Francia) el 7 de mayo de 1841. Se formó como médico, pero dedicó gran parte de su vida al estudio de la sociología, la psicología, la física y la antropología. Fue médico militar durante la guerra franco-alemana y sus primeras investigaciones las dedicó a la fisiología. Luego se enfocó a la arqueología y a la antropología. El propio gobierno francés lo envió a Oriente como arqueólogo. Visitó una gran cantidad de países de esa zona del mundo. También viajó mucho por Europa y África. De sus pesquisas y observaciones comenzaron a surgir una serie de libros . El más famoso de ellos fue Psicología de las masas. Buena parte de la obra de Gustave Le Bon está dedicada a justificar el colonialismo de las potencias europeas. Su principal argumento para ello era el planteamiento de que existen razas superiores. Se valió para probarlo de gran cantidad de conjeturas y de evidencias bastante cuestionables. Le Bon era un convencido del determinismo geográfico. Básicamente planteaba que solo bajo ciertas condiciones geográficas podían aparecer hombres y mujeres verdaderamente inteligentes, bellos y moralmente desarrollados. Tales condiciones eran las de Europa y la raza superior eran los arios. Gustave Le Bon también estaba convencido de que existían varias razas humanas bien diferenciadas. No se refería a rasgos físicos o genéticos variables, sino que realmente pensaba que cada raza era una especie aparte. Por supuesto, también creía que había razas superiores e inferiores. Si las razas superiores se mezclaban entre sí, o con una de las inferiores, los resultados podían ser buenos. En cambio, si se mezclaban dos o más razas inferiores, la consecuencia era un pueblo degenerado. Gustave Le Bon se hizo particularmente famoso por la publicación de su libro Psicología de las masas. Su planteamiento básico era que los seres humanos desarrollan en colectivo comportamientos que jamás desarrollarían individualmente. En otras palabras, los grupos tienen una influencia determinante sobre los individuos. Señala que las principales razones por las cuales el “yo” se pierde en el “nosotros” son las siguientes: • El ser humano percibe a la masa como un poder invencible. Deja de sentirse responsable porque en ella es una figura anónima. • Las masas contagian su manera de sentir y actuar a quienes las conforman. Eso se da de manera inconsciente y permite que la masa sea manipulada por un líder. • La masa sugestiona e hipnotiza al individuo. Formar parte de una masa lleva a experimentar sentimientos de omnipotencia. • En la masa lo irreal predomina sobre lo real. Es compacta y no se rompe por diferencias internas. • La masa se percibe como un mecanismo de supervivencia. No pertenecer a la masa es visto como un grave peligro. Es de anotar que el propio Sigmund Freud escribió toda una obra para poner en tela de juicio la psicología de las masas de Gustave Le Bon. La obra de Freud se llama Psicología de las masas y análisis del yo. A pesar de que Gustave Le Bon se definía como un demócrata, lo cierto es que sus planteamientos alentaron notablemente a la ideología nazi, el fascismo y todos los sectores que se desprendieron de esa matriz. En últimas, Le Bon planteaba que las masas eran un rebaño servil y que por lo mismo no podían existir sin un amo. Señalaba que ese amo o líder debía ser alguien con fuerte personalidad, creencias muy definidas y una voluntad poderosa. De otro lado, los planteamientos de Le Bon sobre el inconsciente alcanzaron gran difusión y notoriedad. En ese terreno hizo importantes aportes, que por un lado fueron retomados por el aparato de propaganda nazi, pero por el otro, sentaron bases importantes para la actividad publicitaria. Le Bon murió en 1931. Probablemente nunca imaginó que sus planteamientos iban a servir para alentar el holocausto nazi. Mucho menos pasó por su cabeza que su propio país, Francia, iba a ser víctima de la discriminación de los arios. Masa La rebelión de las masas es el libro más conocido de José Ortega y Gasset. Se comenzó a publicar en 1927 en forma de artículos en el diario El Sol, y en el mismo año como libro. Está traducido a más de veinte lenguas. Se centra en su concepto de "hombre-masa", las consecuencias del desarrollo que habrían llevado a que la mayoría suplantara a la minoría, carácter de estas masas, "muchedumbre", y de las aglomeraciones de gente y a partir de estos hechos, analiza y describe la idea de lo que llama hombre-masa: masa y el hombre-masa que la compone. En 1937, escribe un "Prólogo para franceses" y un "Epílogo para ingleses", los cuales deben leerse después del propio libro, pues carecen de sentido propio. Según Julián Marías, la obra de Ortega está incompleta y sería El hombre y la gente el que lo completaría. La rebelión de las masas está escrito y publicado en la época de ascensión del fascismo. Mussolini se hallaba ya en el poder y desde España se miraba a Italia, desde la derecha radical y sectores de la oligarquía económica (el mundo de las finanzas, la empresa y terratenientes), también desde la burguesía conservadora, se anhelaba la existencia de un partido fascista en España.1 Al tiempo, en Rusia se ha dado ya la revolución bolchevique y Europa vive el apogeo de los movimientos de masas de izquierdas. Ortega y Gasset no se pronunció a favor del fascismo, al menos abiertamente, por el contrario, se pronunció en contra de la revolución bolchevique y del fascismo, tratando ambos fenómenos como revoluciones estériles, repetidas ya en la historia, incapaces de hacerla avanzar, teniendo los mismos defectos que esas otras revoluciones históricas, achacándoles su enfrentamiento con las tradiciones.2 También es cierto que como liberal conservador defendió públicamente el sistema liberal y el parlamentarismo; no obstante, su concepción elitista de la sociedad,3 sus ideas, principalmente las expuestas en La rebelión de las masas, por las propias ideas expuestas en él y por el momento de su publicación, momentos en los que se estaba dando forma a los diversos intentos de crear un partido fascista en España, fueron fuente de inspiración para los promotores de estas formaciones. Ramiro Ledesma Ramos, discípulo suyo y colaborador en Revista de Occidente,4 revista fundada por Ortega y Gasset, nunca ocultó su influencia; y José Antonio Primo de Rivera, cofundador de Falange Española, fue su "admirador entusiasta". En La rebelión de las masas, Ortega y Gasset desarrolla su idea del "hombre-masa", tomado en su conjunto —las masas populares— y en su individualidad. Para Ortega y Gasset uno de los males de su tiempo fue el que las clases populares accedieran a los espacios anteriormente reservados a las élites, desde restaurantes y salas de teatro a la posibilidad de toma de decisiones políticas, esto último mucho más grave. Diferencia entre las élites naturalmente formadas por hombres cualificados y las clases populares, también la burguesía, formadas por "individuos sin calidad"; aunque admita que en las clases populares puede encontrarse "almas egregiamente disciplinadas" y en las élites se esté produciendo el advenimiento de hombres-masa. Cada grupo social contaría con una minoría selecta de personas, minoría mayoritaria en las élites (que en su actualidad se estaría corrompiendo, poniendo como ejemplo el acceso de "intelectuales incualificados, incalificables y descalificados"), y en las clases obreras estarían surgiendo "almas egregiamente disciplinadas". El hombre-masa sería consecuencia de que en su tiempo habrían mejorado las condiciones de vida de las clases populares y la burguesía; según Ortega y Gasset, la comodidad de que disfrutaba, lo habría llevado a la abulia, pensando únicamente en él, en su bienestar, pidiendo todos los derechos sin reconocer sus obligaciones, despreciando las jerarquías. También, Ortega añora la ausencia de permeabilidad entre estratos sociales. Más allá de las influencias políticas y sociológicas, que siempre serán discutidas y discutibles, La rebelión de las masas como parte de la obra de Ortega y Gasset cuenta con numerosos seguidores, entre los que se contarían el grueso de sus discípulos. Julián Marías, uno de ellos, ha manifestado que «los diferentes escritos de Ortega son como las cimas de un iceberg, por debajo de las cuales queda operante, aunque oculta, la mole sumergida» advirtiendo que «La rebelión de las masas ha sido leído ignorante y malévolamente». Sociedad-masa El concepto de masa aparece a raíz de la Revolución francesa, y de la consiguiente consciencia que adquirieron los ciudadanos de los privilegios que tenía el clero y la nobleza: se consideraba como parte de la masa, pues, a cualquiera que no formara parte de los estamentos políticos, sociales y económicos tradicionales de la época. En la teoría política, el término se usaba para expresar la preocupación de estas mismas élites por el cambio dramático que se había producido desde la Revolución: en 1789, la Asamblea Nacional de Francia aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En este documento, entre otras cosas, se abolía el feudalismo, los diezmos y los privilegios señoriales, y se reconocía la igualdad para ocupar cargos públicos y hacer frente a impuestos y penas. En conclusión, los derechos hasta entonces exclusivos de la élite social se vieron reducidos. La visión pesimista de las altas clases sociales hacia la nueva situación se expresaba en expresiones como «tiranía de la mayoría» u «oclocracia» (‘gobierno de la muchedumbre’). Posteriormente, durante el siglo XIX, también se utilizaba el término de1sociedad de masas para describir al conjunto de la sociedad, con motivo de las tendencias igualitaristas del período de la Revolución industrial, que socavaban los valores de axiología tradicionales del Antiguo Régimen o sociedad preindustrial. Más ampliamente, el término puede aplicarse a cualquier sociedad dominada por la cultura de masas, los medios de comunicación de masas, la sociedad de consumo de masas y las instituciones impersonales de gran escala. A finales del siglo XIX, el término sociedad de masas se refería a la sociedad como una masa de individuos indiferenciados, de la que formarían parte como átomos. En el siglo XX, la neomarxista Escuela de Frankfurt desarrolló un enfoque crítico de la sociedad de masas, entendiéndola como una sociedad de individuos alienados mantenidos unidos por la cultura industrial que servía a los intereses del capitalismo. Según su punto de vista, el control debía pertenecer a las masas y no a la burguesía, que coartaba la libertad de expresión del «hombre masificado». Contrariamente, el3enfoque aristocrático, que contaba con [[Friedrich]] como máximo representante, consideraba que eran los intelectuales los que debían dirigir la sociedad, y no los «mediocres». Existen otras teorías de la sociedad de masas, como por ejemplo la expresada por el filósofo español José Ortega y Gasset en su libro La rebelión de las masas (1929). En este ensayo, diferencia tres conceptos. El primero de ellos es la sociedad-masa, homogénea a causa de la abundancia económica, el desarrollo tecnológico y la igualdad política. Según la óptica marxista, esto era debido a la proletarización de los individuos, aunque la teoría de la sociedad de masas lo atribuía a la influencia de los medios de comunicación. En segundo lugar, Ortega y Gasset definía el hombre-masa, un individuo sin tradiciones, valores ni individualidad o autonomía. Por último, introdujo el concepto de la minoría selecta: ... Al que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. José Ortega y Gasset lamentaba el declive de la alta cultura en la sociedad de masas. La crítica a la sociedad de masas se terminó convirtiendo en un tópico utilizado por todas las posiciones, hasta las más extremas, del espectro político. Por otra parte, lejano de la ideología de la Escuela de Frankfurt, y recogiendo las idea de Toqueville, se puede hablar de cómo la masa ha sido incorporada en la sociedad, aunque no ha resultado ser una sociedad masificada. Es decir, la masa es un conjunto conducido a través de los medios, pero dentro del cual siempre hay excepciones, individuos que quieren salir de la corriente donde se ven estancados. Sin embargo, las excepciones también forman parte de un conjunto, por tanto, se puede hablar de subconjuntos dentro de otros conjuntos, la individualidad del «yo único». Esto se debe en gran parte a la tarea mediatizadora de los medios, los grandes controladores de la opinión pública, que en ocasiones generan ellos mismos e incluso manipulan. Por ello, Bell dirá que la sociedad de masas se trata de una cultura de masas sin un centro de gravedad, sin un hilo central, porque precisamente es la variedad la que la conforma. La teoría de la aguja hipodérmica se llamó también teoría de la bala mágica, con el investigador en comunicación Harold Lasswell como referente. Hace referencia al enorme poder de manipulación e influencia de los medios de comunicación sobre la sociedad y su ideología. Esta teoría surgió a causa de las fuertes obras propagandísticas que se llevaron a cabo durante los períodos de la primera y segunda guerra mundial. El término de «bala mágica» se refiere a la información como una bala disparada a la cabeza del espectador, pasivo y vulnerable, siendo los medios de comunicación la pistola ejecutora. Así, con el análisis de estos términos (Generación, Hombre-masa, Gustav Le Bon, Masa y Sociedad-masa) hemos dado con la clave sociológica de José Ortega y Gasset. Ahora mismo, ¡las palabras sobran! De este modo, hemos investigado toda la personalidad de don José. -----------------------------------------------------------------------------------

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