miércoles, 10 de abril de 2024

ENSAYO, "Arqueología"

Si alguna vez te has preguntado qué es la arqueología, primeramente, debes conocer que se trata de una de las ciencias que estudia el pasado del hombre a partir del análisis de evidencias materiales que han sido preservadas con el tiempo. Por esta razón, su campo de estudio es muy valioso porque, a través de él, nuestra sociedad puede comprender las culturas y formas de vida de civilizaciones milenarias. Aunque ha habido grandes avances, esta profesión no se originó a partir de la evolución de la tecnología, su metodología de estudio es interesante para muchos individuos. Esto es así porque la arqueología ha logrado grandes hallazgos por medio del manejo de herramientas de excavación, como piquetas y palas. Por ello, en este artículo hablamos sobre qué es un arqueólogo, cómo llegar a convertirse en uno y cuáles son sus funciones. Un arqueólogo es un profesional que posee diversos conocimientos teóricos y metodológicos en historia, los cuales le permiten estudiar distintos artefactos, edificaciones, paisajes y documentos históricos que pueden ser de gran relevancia. Su objetivo principal es analizar restos de tejidos, fósiles, esqueletos, herramientas y cerámicas para determinar su procedencia e historia. Generalmente, el trabajo de un arqueólogo no se basa solo en encontrar y recuperar artefactos antiguos, sino también en realizar mediciones, recopilar muestras e investigar acerca de la ubicación de la excavación a fin de conocer los datos históricos y significados de los hallazgos, así como determinar su autenticidad. La arqueología requiere amplios conocimientos en diversos campos de estudio. Por este motivo, las funciones de un arqueólogo variarán dependiendo de su especialización. Por lo tanto, para entender mejor qué es arqueología, mostramos una lista de las funciones más comunes que realizan estos profesionales: • Determinar las áreas de excavación mediante el análisis y evaluación de fotografías aéreas, registros históricos y datos de levantamientos geográficos. • Supervisar los artefactos extraídos en el lugar de la excavación para evitar daños y mantener un registro. • Desarrollar hipótesis científicas gracias a la información obtenida en el análisis de datos. Probar dichas hipótesis por medio de excavaciones e investigaciones del área de excavación. • Gestionar y supervisar al personal en el proceso de excavación. • Trabajar en instituciones académicas o museos para educar acerca de civilizaciones antiguas o artefactos importantes en la historia de la humanidad.Investigar y entrevistar a diversos expertos especializados en el período de tiempo o región en el que se está trabajando. • Escribir informes y presentaciones académicas acerca de hallazgos importantes a fin de difundir conocimientos. • Llevar a cabo un análisis y recopilar datos para comprender mejor el área y las culturas en las que se trabaja. • Utilizar la tecnología para evaluar las aplicaciones de planificación de los desarrolladores y asegurarse de no causar daños en los sitios arqueológicos. El campo laboral de la arqueología es variado gracias a todos los conocimientos que se adquieren en historia del arte y humanidades, geografía, geología, etnología y lingüística. Algunos arqueólogos pueden elegir si abocarse al estudio de lugares o enfocar su trabajo hacia períodos cronológicos específicos, lo que les permite trabajar en diversos sectores. Algunos de los sitios en los que trabaja un arqueólogo son: • Áreas de excavación. • Institutos académicos. • Laboratorios. • Museos. • Organismos o empresas privadas. Para comprender mejor qué es la arqueología es importante saber que las áreas de excavación son el lugar de trabajo más habitual de los arqueólogos. Esto se debe a que existen muchos lugares históricos en todo el mundo que requieren la evaluación y supervisión de estos profesionales. En virtud de todos los conocimientos avanzados en historia que poseen los arqueólogos, las universidades y escuelas constantemente solicitan sus servicios. En este caso, el profesional puede ser educador a tiempo completo o desempeñarse en otro sector, impartiendo conocimientos sobre arqueología a tiempo parcial. Una vez que los artefactos históricos son recuperados por los arqueólogos, se les somete a un análisis exhaustivo. Por ello, los arqueólogos pasan buena parte de su tiempo en laboratorios, trabajando con maquinaria específica que les permite evaluar el estado de los artefactos y examinarlos para descubrir información relevante. Con respecto a los museos, un arqueólogo puede realizar sus funciones en distintos puestos. Por ejemplo, estos profesionales tienen la capacidad de impartir valiosos conocimientos a los visitantes del museo, colaborando en el diseño de exhibiciones y verificando que los artefactos históricos se encuentren en buen estado al momento de su exhibición. Muchas veces los arqueólogos suelen ser solicitados por organismos y empresas privadas al momento de llevar a cabo un proyecto de excavación para que evalúen las posibilidades de encontrar artefactos históricos en la zona. Para ello, el profesional visita el lugar, lo inspecciona y determina si existen artefactos importantes que deben ser extraídos. El salario de un profesional en arqueología depende del área laboral en la que se especialice y de cuánta experiencia posea. Generalmente, si opta por un empleo de tiempo completo, un arqueólogo gana $58,411 por año en los Estados Unidos. La arqueología es una de esas profesiones en la que la experiencia laboral puede ser medida por logros académicos e investigaciones. Por lo tanto, mientras mayor sea el nivel de estudio del profesional, mayor será su salario. La arqueología es una disciplina académica que requiere una gran inversión de tiempo en investigaciones y estudios. Existen una serie de requisitos mínimos que debe cumplir un individuo para convertirse en arqueólogo. Si estás considerando dedicarte a esta carrera, esto es lo que necesitarás: 1. Obtener un título universitario. 2. Participar en un proyecto de excavación. 3. Obtener un título avanzado. 4. Optar por unirte a asociaciones de arqueología. 5. Elaborar un curriculum. Trabajar como arqueólogo requiere conocimientos y habilidades importantes que solo se pueden obtenerse por medio de una licenciatura en arqueología o una rama similar, como la antropología o la historia. Este título le otorga al profesional la confianza necesaria para participar de forma segura en excavaciones, tomando precauciones para no dañar los artefactos. Participar en un proyecto de excavación es una de las mejores formas de asegurarse de que se tiene el potencial necesario para desarrollar una carrera en arqueología. Además de tratarse de un área muy teórica, la arqueología requiere mucha práctica y experiencia. Por lo tanto, es recomendable formar parte de una excavación mientras que aún se está estudiando. La arqueología es una profesión con la que puedes acceder a un amplio panorama laboral con solo la licenciatura. Sin embargo, obteniendo una maestría o un doctorado, el arqueólogo tiene más oportunidades de desarrollo profesional. Además, los sectores que ofrecen buenas oportunidades laborales suelen solicitar conocimientos especializados que solo puede otorgar un título avanzado. Las asociaciones de arqueología permiten al individuo tener valiosos contactos con personas importantes en el campo de arqueología y, a su vez, compartir información e investigaciones que le prepararán para destacar y encontrar buenas oportunidades en el sector laboral. Algunas de las asociaciones más conocidas son: • Instituto Arqueológico de América (AIA): Esta es una organización arqueológica fundada en 1879 y reconocida como la más grande y antigua del mundo. Esta organización supervisa alrededor de 100 sociedades locales en Estados Unidos, Canadá y otras partes del mundo. • Sociedad de Arqueología Americana (SAA): Esta asociación está actualizada con todos los avances de la investigación arqueológica, trabajando en beneficio de los intereses de los arqueólogos. Asimismo, se reúnen anualmente para que los profesionales en esta área puedan compartir intereses e información relacionada con el campo de la arqueología. Al elaborar un currículum tienes la oportunidad de impresionar y mostrar a tus posibles empleadores todo lo que has aprendido y las áreas en las que sobresales. Por lo tanto, debes enfocarte en mostrar las actividades arqueológicas más destacadas en las que has participado, así como el área en la que te especializas. Los estudiantes de arqueología son aptos para contribuir y participar como voluntarios en diversas actividades sobre el terreno como excavaciones, sondeos o exploraciones, las cuales le otorgan méritos académicos que podrían utilizar a su favor al momento de elaborar un currículum. En resumen, la arqueología es una disciplina cuyo estudio y análisis es fundamental en el desarrollo de nuestra sociedad. Gracias a ella, podemos observar y entender comportamientos y formas de vida de civilizaciones antiguas que nos permiten estar preparados para actuar de manera efectiva ante situaciones venideras. Ahora, en un terreno más técnico, señalaremos que la arqueología es la ciencia que estudia todo lo que se refiere a las artes y a los monumentos de la antigüedad. Su definición clásica es la de una ciencia auxiliar de la Historia, que estudia los monumentos no literarios de la Antigüedad. En realidad, incluso los monumentos literarios pueden ser objeto de estudio arqueológico, si son considerados en su aspecto material. Contra lo que se suele suponer, la arqueología no está adscrita a época alguna: así, existen una arqueología prehistórica, otra clásica, otra medieval, etc., cada una de las cuales ha desarrollado sus técnicas peculiares. También existen arqueologías especializadas como la industrial, la urbana, etc., que no se adscriben a época concreta. En resumidas cuentas, la arqueología es una disciplina que se ocupa del estudio de las sociedades y culturas del pasado, de todos los períodos históricos y áreas geográficas, a partir de los restos de cultura material, de los datos hallados en el medio natural, así como de fuentes epigráficas, numismáticas y liteerarias. Según los períodos, las áreas , las teorías o los objetivos, se distinguen numerosas arqueologías y especialidades: Arqueología Prehistórica, Arqueología Clásica, Arqueología Medieval, Arqueología Industrial, Arqueología de la Muerte, Arqueología Experimental, Arqueología Marxista, Nueva Arqueología o Arqueología Procesual, Arqueometalurgia, Arqueozología, Arqueometría, etc. Fin primordial de la arqueología es la obtención de materiales que permitan reconstruir la historia de la humanidad. Tal propósito se consigue en el marco histórico con la búsqueda de testimonios escritos, complementados por restos materiales. La arqueología, que empezó a desarrollarse como rama de la filología, no adquirió rango de ciencia independiente hasta 1785. No es nuevo el interés del hombre por su pasado, como lo demuestran las colecciones de antiguos babilonios y egipcios. Como ejemplo de excavaciones en la época clásica, se cita el descubrimiento y traslado a Rhencia de las tumbas de Delos (424 a.C.), según relata Tucídides. Por cierto, que tanto Dionisio de Halicarnaso como el propio Tucídides titularon Archaelogía a sendas obras históricas. La invasión napoleónica abrió en Egipto las puertas a la arqueología, que en Italia recibió gran impulso en el siglo XVIII con las excavaciones de Pompeya y Herculano. La primera fase de la arqueología moderna, que duró hasta la I Guerra Mundial, se caracterizó por el perfeccionamiento gradual de técnicas de excavación más precisas. Entre los adelantos de la arqueología egipcia deben citarse los franceses Champollion, Mariette, De Morgan y Maspero, así como el alemán Lepsius. Las excavaciones de De Morgan en Susa iniciaron la exploración del Irán, mientras que las de Winckler en Turquía presentan a los hititas como uno de los grandes pueblos del segundo milenio antes de nuestra era. Uno de los procedimientos modernos más acreditados en la arqueología es el de la impresión, por medio de pulverizaciones de resina sintética sobre la superficie explorada. La resina, una vez solidificada, puede enrollarse y trasladarse al lugar donde se puede estudiar con detenimiento el relieve de las excavaciones. Otras nuevas técnicas cuentan con el uso del carbono 14 y de otros radio-isótopos para fijar la fecha de los hallazgos, así como del magnetómetro para localizar objetos enterrados por las alteraciones que provocan en los campos de fuerza. La Antropología arqueológica es una rama de la antropología que estudia, combinando los métodos y técnicas de esta ciencia con los de la arqueología, el comportamiento y el sistema sociocultural de los grupos humanos en el pasado. Entre los antropólogos evolucionistas del siglo XIX estuvo firmemente arraigada la idea de que había una estrecha relación entre la etnología (rama de la antropología que debía estudiar la cultura de los pueblos "primitivos" contemporáneos), y la arqueología (ciencia que debía especializarse en el estudio de la cultura de los pueblos prehistóricos ya desaparecidos). Pero con el desarrollo de las nuevas escuelas antropológicas del siglo XX, la cuestión fue tornándose crecientemente polémica. Mientras que la escuela culturalista heredaba, con matices, la concepción evolucionista y seguía combinando los métodos y objetivos de ambas ciencias, otras corrientes, como la funcionalista británica, rechazaron de manera tajante los métodos arqueológicos e historicistas como operativos en el campo antropológico. Sin embargo, a partir de las décadas de 1940 y 1950, se produjo en Estados Unidos un profundo replanteamiento de la cuestión, que llevó a Gordon R. Willey y a Philip Phillips a proclamar, a partir de 1953, que "la arqueología americana es antropología o no es nada". Años antes, en 1948, Walter W. Taylor, en A Study of Archaeology (Un estudio de arqueología), había abierto el camino a esta concepción, en la que profundizarían después un célebre artículo de Lewis R. Binford titulado Archaeology as Anthropology (La arqueología como antropología) publicado en 1962, y diversos estudios fundamentales de Watson, LeBlanc y Redman (1971), Paul S. Martin (1971), Gordon R. Willey y J. Sabloff (1974), entre otros. En Europa, la situación se desarrolló por cauces muy diferentes. Tras intentos sumamente originales, pero conceptualmente débiles, de conciliar la antropología evolucionista con la arquelogía y el pensamiento cristiano, como fue el impulsado por el francés Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955), comenzaron a proliferar, en el dominio germano-austríaco (Menghin) y en el británico (Crawford, Piggot, Zeuner), profundas y muy desarrolladas teorías arqueológicas con objetivos mucho más prehistoricistas que antropológicos. Este tipo de concepciones generaron un profundo desarrollo técnico y una extraordinaria especialización (con sus ventajas y sus inconvenientes) de la ciencia arqueológica. Una orientación sumamente original y renovadora, nacida también en Gran Bretaña, fue la del prehistoriador de origen australiano Vere Gordon Childe (1892-1957), cuyo ideario marxista condujo a la teoría de que tanto la arqueología como la antropología no eran otra cosa que historia. Sus teorías, expuestas en títulos como The Aryans (Los arios) (1926), The Danube in Prehistory (El Danubio durante la prehistoria) (1929), Whathappened in History (Lo que ha sucedido en la historia) (1942), Prehistoric Migrations in Europe (Migraciones prehistóricas en Europa) (1950), New light onthemostancient East (Nueva luz sobre el más antiguo Oriente) (1954) y The Dawnof American civilization (La aurora de la civilización europea) (1957), fueron extraordinariamente influyentes en sucesivas generaciones y escuelas de arqueólogos, y condicionaron el método y los objetivos de la llamada "nueva arqueología" o "arqueología social", que podría englobar teorías muy diferentes entre sí, como las neomarxistas de Bartra y Godelier, el materialismo cultural de Marvin Harris o la llamada "arqueología social latinoamericana", que se ha mostrado muy activa en la recuperación y estudio arqueológicos de las culturas tradicionales amerindias. Aunque la actitud hacia la antropología de escuelas tan heterogéneas no fue uniforme, la mayoría de ellas se caracterizaron por defender que la arqueología, más que a la órbita de la antropología, pertenecía a la órbita de la historia. Las duras y sólidas críticas que K. Flannery y C. Morgan realizaron de la "nueva arqueología" o "arqueología social" tuvieron continuidad en las que estos mismos recibieron de investigadores posteriores, y dan idea de un panorama actual complejísimo en que afloran constantemente nuevas perspectivas y propuestas sustentadas no sólo por especialistas individuales, sino incluso por escuelas perfectamente articuladas. Hoy en día puede hablarse de una arqueología espacial, ambiental, ecológica, del paisaje, estructural, simbólica, contextual, feminista, fantástica, posmoderna, etc., así como de una arqueozoología, una arqueobotánica, una etnoarqueología, etc. No todas, pero sí muchas de estas subdisciplinas, tienen una relación muy estrecha y evidente con la ciencia antropológica. La creciente complejización del concepto de "arqueología", paralela a la que también ha desarrollado el concepto de "antropología", hace que su relación constituya una cuestión, presente o latente, defendida o rechazada, de las más problemáticas pero también de las más enriquecedoras dentro del campo de ambas. En España, la antropología (sobre todo la antropología física y la material) y la arqueología fueron disciplinas que estuvieron muy relacionadas desde sus mismos inicios hasta hoy en día. La nómina de los antropólogos y etnólogos que se han dedicado también a la investigación arqueológica en nuestro país es impresionante, y da idea de la íntima asociación metodológica y comunicación disciplinar que existe entre ambas ciencias: Antonio Machado y Núñez (1812-1896), Juan Vilanova y Piera (1821-1893), Gregorio Chil y Naranjo (1831-1901), Manuel Almagro de la Vega (1834-1895), Juan Bethencourt Alfonso (1847-1913), Víctor Grau-Bassas (1847-1918), Braulio Vigón (1849-1914), Francesc Camps i Mercadal (1852-1929), Domingo Sánchez Sánchez (1860-1947), Aurelio de Llano Roza de Ampudia (1868-1936), César Morán Bardón (1882-1951), José Miguel de Barandiarán (1889-1991), Juan Uría Ríu (1891-1979), José María Pérez de Barradas (1897-1981), Elías Serra Ráfols (1898-1972), Luis Pericot García (1899-1978), Fermín Bouza-Brey (1901-1973), Xosé Filgueira Valverde (1906-1995), XaquínLourenzo Fernández (1907-1989), Jesús Taboada Chivite (1907-1976), Manuel Ballesteros Gaibrois (1911), Julián San Valero (1913), Pedro Armillas García (1914-1984), Julio Caro Baroja (1914-1995), Pedro Carrasco Pizana (1921), August Panyella Gómez (1921), José Alcina Franch (1922), etc. Además, también han realizado investigaciones en nuestro país especialistas extranjeros célebres por su interdisciplinariedad en los campos de la antropología y la arqueología. Entre ellos figuraron René Verneau (1852-1938), Hugo Obermaier (1877-1946) y Eugeniusz Frankowski (1884-1962). Pero antes de meterme con otras cuestiones, quiero hacer alusión a dos métodos que se utilizan para datar los diferentes objetos que esconde un yacimiento arqueológico. Me refiero al carbono 14 y a la dendrocronología. Empezando, pues, por el carbono 14, se trata de un isótopo radiactivo del carbono natural, cuyo período de desintegración es conocido, y que se encuentra en toda materia orgánica. Desde el momento en que ésta deja de vivir, el C 14 comienza a desintegrarse, pudiéndose, por lo tanto, medir el tiempo que hace de la muerte del material que se estudia. Las muestras tomadas para efectuar dichas mediciones deben serlo con exquisito cuidado con objeto de impedir cualquier contaminación, aun superficial, con materia orgánica viva (polen, excrementos, etc.). Por su parte, la dendocronología (viene del griego, significando ‘árbol’ y ‘tiempo’) es una técnica que extrae datos cronológicos del estudio de los anillos que, en el interior de los troncos de los árboles, marcan las diversas fases de su crecimiento, variando en anchura y color según la edad de la planta, la humedad de las estaciones, su duración, etcétera. Si bien se dispone de una serie o secuencia suficientemente homogénea y continua, los resultados llegan a ser sorprendentemente precisos y alejados en el tiempo. En otro orden de cosas, fue hace algunos años cuando los yacimientos de la sierra de Atapuerca empezaban a ofrecer sus primeras informaciones. La existencia del homo antecesor dejaba boquiabiertos a todos los que se enteraban de la noticia. Ya desde un principio, se trataba de un gran yacimiento paleontológico, cuyas excavaciones fueron dirigidas desde un principio por el paleontólogo vasco José Luis Arsuaga, autoridad internacional en la materia. Pues ¡bien! Los yacimientos de la sierra de Atapuerca se encuentran a unos 15 km al este de la ciudad de Burgos. Comenzaron a tener especial relevancia científica y social a partir del hallazgo de los restos de la Sima de los Huesos en 1992, y del hallazgo, dos años después, de los restos humanos (de más de 900.000 años) que definieron una nueva especie conocida como Homo antecessor. En el año 2000 la UNESCO declaró a los yacimientos de la sierra de Atapuerca Patrimonio de la Humanidad. Para promover y contribuir a ese reconocimiento, el 26 de julio de 1999 se constituía la Fundación Atapuerca, por iniciativa de los tres codirectores del Proyecto: Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell, con el objetivo amplio de respaldar y difundir el Proyecto Atapuerca. En los yacimientos de la sierra de Atapuerca se han encontrado restos fósiles y evidencias de la presencia de cinco especies de homínidos diferentes: Homo sp. (aún por determinar, 1.300.000 años), Homo antecessor (850.000 años), preneandertal (500.000 años), Homo neanderthalensis (50.000 años) y Homo sapiens. El SACE es un sistema administrativo dependiente de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, creado para la gestión integrada y colaboración entre centros, equipamientos, servicios y departamentos, con el objetivo de poner en valor, explotar y enriquecer los recursos culturales y científicos asociados a los yacimientos arqueo-paleontológicos de la sierra de Atapuerca. Los yacimientos de la sierra de Atapuerca son un enclave excepcional para el estudio de la evolución humana, tal y como reconocieron la UNESCO, con la declaración de Patrimonio de la Humanidad el 30 de noviembre del año 2000, y en 2007, la Junta de Castilla y León con la denominación de Espacio Cultural. Además, en sus inmediaciones trascurre el Camino de Santiago, la ruta de peregrinación más importante de Europa, declarada Patrimonio de la Humanidad en 1993. Las campañas de excavación de los yacimientos de la sierra de Atapuerca —que llevan realizándose de forma sistemática desde 1978— se desarrollan entre la segunda quincena de junio y finales del mes de julio. Durante ese periodo buena parte del equipo de gestión de la Fundación se dedica a la campaña y a la logística, comunicación, gestión de visitas especiales y organización de actos institucionales y de divulgación relacionados con las excavaciones y con las necesidades del EIA. Este equipo está integrado por cerca de 300 profesionales, en su mayoría doctores y licenciados en disciplinas relacionadas con la evolución humana. La Fundación dota al EIA de los materiales, equipos y servicios necesarios para las labores de excavación e investigación en la sierra de Atapuerca, complementando la ayuda pública que facilita la Junta de Castilla y León, de quien dependen las excavaciones. Gracias a los patronos y colaboradores de la Fundación que prestan su apoyo de forma especial en esta época, las excavaciones se desarrollan con la máxima efectividad. Los yacimientos de la sierra de Atapuerca son conocidos desde finales del siglo XIX. En los años cincuenta el Grupo Espeleológico Edelweiss (GEE), de Burgos, empezó catalogar y cartografiar la Cueva Mayor. En 1962, miembros del GEE comunican la existencia de fósiles en la Trinchera de Ferrocarril a las autoridades. Diez años más tarde el GEE descubre la Galería del Sílex y en 1976 localizaron restos craneales de homínidos en la Sima de los Huesos. Pero no es hasta el año 1976 cuando comienza la historia del Proyecto Atapuerca, cuando el ingeniero de minas, Trinidad Torres, encontró en la Sima de los Huesos restos humanos. Se lo comunicó al paleontólogo Emiliano Aguirre y desde ese mismo momento es cuando Emiliano Aguirre apuesta por estudiar e investigar los yacimientos de la sierra de Atapuerca. Por ello, en 1978 elaboró un proyecto de investigación dando comienzo a las primeras excavaciones en los yacimientos de esta sierra burgalesa. Emiliano Aguirre estuvo al frente de las excavaciones hasta el año 1991, año en el que se jubiló y dejó la dirección del Proyecto de Investigación de Atapuerca a Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell, vicepresidentes y fundadores de la Fundación Atapuerca. Los tres codirectores crearon un equipo de excavación multidisciplinar, el cual obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en el 1997. El Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) está integrado por cerca de 300 especialistas de 22 nacionalidades distintas de 30 disciplinas diferentes. Trabajan durante la excavación cada verano en los yacimientos de la sierra de Atapuerca, y el resto del año desde universidades y centros de investigación con los que la Fundación colabora. La Fundación otorga ayudas económicas para la investigación, destinadas a la formación de los jóvenes investigadores del EIA que aseguran la continuidad del Proyecto Atapuerca. Desde enero del 2000 a diciembre de 2021, la Fundación ha facilitado ayudas a 87 ayudas miembros del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) que han estudiado o están estudiando la información obtenida en la exploración de los yacimientos de la sierra de Atapuerca, para profundizar en el conocimiento de la evolución humana. De estos investigadores 51 ya han leído sus tesis doctorales, y muchos trabajan en centros de investigación o universidades de todo el mundo. Dependiendo de las disponibilidades presupuestarias, este programa ampara anualmente entre siete y 10 investigadores que se suman al EIA. Actualmente, y gracias a las aportaciones de los patronos y colaboradores de la Fundación, el Programa de Ayuda a la Investigación de la Fundación Atapuerca ampara a ocho jóvenes científicos del EIA. Miembros del EIA que en 2022 están llevando a cabo sus investigaciones gracias al Programa de Ayuda a la Investigación de la Fundación Atapuerca. Llegados aquí, vamos a describir todos los hallazgos que nos brinda el Yacimiento paleontológico de Atapuerca. Conjunto de yacimientos arqueológicos y paleontológicos del Pleistoceno situados en la sierra española del mismo nombre, en el término municipal de Ibeas de Juarros, a 16 km. al este de la ciudad de Burgos. En el nivel TD6 del yacimiento Gran Dolina se han descubierto los restos humanos más antiguos de Europa, datados en 800.000 años antes del presente (final del Pleistoceno inferior). Estos restos fueron descritos en 1994 como una nueva especie por el Equipo Investigador de la Sierra de Atapuerca, a la cual se le dio el nombre de Homo antecessor y documentan la práctica de canibalismo más antigua que se conoce. Por otra parte, el yacimiento de la Sima de los Huesos, de 300.000 años de antigüedad, ha proporcionado la muestra más amplia y completa de fósiles humanos anteriores al Pleistoceno superior. Los restos de la Sima de los Huesos corresponden a una población de la especie europea del Pleistoceno medio Homo heidelbergensis, antecesora directa de los neandertales (Homo neanderthalensis). La Sierra de Atapuerca es una pequeña elevación de calizas del Terciario superior cuya cota máxima no supera los 1100 m. Durante el Mioceno se desarrolló en ella un sistema kárstico que ha estado recibiendo aportes del exterior desde el último tercio del Pleistoceno inferior. Esto ha hecho posible que en los diferentes rellenos de las cavidades de la Sierra de Atapuerca haya ido quedando registrada la historia del último millón y medio de años. Las cuevas de Atapuerca han sido conocidas desde antiguo, la primera noticia escrita de un hallazgo arqueológico en las mismas data de 1863 en un periódico local. Sin embargo no fue hasta la década de los 70 del siglo XX cuando se reconoció la importancia del enclave. Un hecho fundamental para las presentes excavaciones fue la construcción de una trinchera para un ferrocarril minero entre 1896 y 1901. Esta trinchera cortó la Sierra de Atapuerca en su ángulo SW, seccionando a su paso varias cavidades colmatadas, y dejando los sedimentos expuestos en sección. En 1976 el ingeniero de minas Trinidad de Torres planteó una excavación de los rellenos expuestos en busca de fósiles de oso para su tesis doctoral. Torres entró también en el complejo de Cueva Mayor, y en una pequeña cavidad bautizada como la "Sima de los Huesos" encontró una mandíbula humana. Este hallazgo llevó al profesor Emiliano Aguirre, quien se dio cuenta inmediatamente de su importancia, a plantear un proyecto de investigación centrado en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca. Un objetivo fundamental del proyecto era crear un equipo de científicos españoles que fuera capaz de excavar y estudiar tan excepcionales yacimientos. El éxito de la empresa del profesor Aguirre se manifiesta en que, tras su jubilación, la dirección del proyecto fue asumida por tres de los científicos que se formaron gracias a su empeño: Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. La calidad científica y la relevancia social de los trabajos del Equipo Investigador de la Sierra de Atapuerca fue reconocida en 1997 mediante la concesión al mismo del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica. El complejo arqueo-paleontológico de la Sierra de Atapuerca comprende varios yacimientos dispersos en un área no mayor de 1 Km2. Puede distinguirse un subconjunto de yacimientos compuesto por los situados en la Trinchera del Ferrocarril, que tienen como característica común el ser rellenos cuya sección queda expuesta en el corte de la trinchera. Estos yacimientos son: Sima del Elefante, Trinchera Galería, Gran Dolina y Trinchera Penal. La Sima de los Huesos, situada a 250 m de la entrada S de la trinchera, no fue afectada por la construcción de ésta y por tanto sigue siendo una cueva, que forma parte de un sistema más grande llamado Cueva Mayor. Un sexto yacimiento es el de la llamada Cueva de El Mirador, situado en un abrigo rocoso de varios cientos de metros cuadrados de superficie. La Sima del Elefante presenta una secuencia estratigráfica compleja, cuyos niveles inferiores datan del Pleistoceno inferior y los superiores del Pleistoceno Medio. Este yacimiento, de gran interés paleontológico, destaca por una gran riqueza en fósiles de aves y carnívoros en muy buen estado de conservación. El yacimiento de Trinchera Galería fue excavado de forma sistemática entre los años 1979 y 1995. Consiste en una Galería horizontal que estuvo conectada con el exterior en su extremo S por una sima vertical (Sector TN) y cuyo extremo N conecta con una sala conocida como Covacha de los Zarpazos. La secuencia tiene de 6 a 13 metros de potencia y en ella se distinguen varios niveles fértiles de edad comprendida entre 350.000 y 200.000 años. La colección obtenida en Galería supera los 1400 objetos líticos y los 6000 restos de grandes mamíferos, a los que hay que sumar una abundante colección de fósiles de pequeños mamíferos, aves, reptiles y anfibios. Destaca también la presencia de dos restos humanos fragmentarios. Se trata de una mandíbula y un fragmento de cráneo de características muy similares a las de los fósiles que se encuentran en la Sima de los Huesos. La industria lítica es de tipo Achelense, que se caracteriza por útiles líticos de gran tamaño como bifaces y hendedores, aunque aparecen también artefactos de pequeño y mediano tamaño como raederas, puntas y denticulados, así como cantos rodados de cuarcita empleados como percutores. La materia prima predominante es el sílex, obtenido en la misma Sierra de Atapuerca o sus inmediaciones. Los útiles fueron elaborados fuera de Galería y llevados allí para ser utilizados. Los estudios de desgaste de las piezas de industria lítica de Galería han demostrado una utilización no prolongada de las mismas en acciones relacionadas con la carnicería. A lo largo de los 150.000 años representados en la secuencia de Galería se observa el paso de unas condiciones cálidas a otras progresivamente más frías y húmedas, que corresponden a uno de los varios ciclos climáticos que han caracterizado al Pleistoceno. A pesar de las fluctuaciones climáticas, la fauna es muy similar en los distintos niveles de Galería y corresponde a un conjunto faunístico típico del Pleistoceno medio. Galería funcionó durante el Pleistoceno medio como una trampa natural, en la que caían mamíferos de mediano y gran tamaño a través de la sima situada al sur, principalmente caballos y cérvidos. Tanto los homínidos como varias especies de carnívoros, fundamentalmente cánidos, acudían regularmente a la cueva con el fin de carroñear los restos de los animales caídos. Se trata, por tanto de un lugar visitado esporádicamente por los homínidos, no de un campamento o refugio. El yacimiento de la Gran Dolina consiste en una secuencia estratigráfica de 18 m de potencia, cuyos niveles inferiores datan del final del Pleistoceno inferior y los superiores del final del Pleistoceno medio. Pese a su nombre, no se trata de lo que en geología se conoce como una dolina, sino de una cavidad kárstica colmatada de sedimentos. En la secuencia se distinguen 11 niveles estratigráficos denominados TD1-TD11, desde la base a la parte superior. En el nivel TD7 se ha detectado un cambio en la polaridad magnética de los sedimentos, interpretado como el límite Matuyama-Brunhes que define, por convenio, el paso del Pleistoceno inferior al Pleistoceno medio. Por tanto, los niveles TD1 a TD6 datan del Pleistoceno inferior (más de 780.000 años), mientras que los niveles TD7 a TD11 son más recientes de esa fecha. Los niveles del Pleistoceno medio (TD7-TD11) presentan una riqueza variable de restos arqueológicos y paleontológicos. Los niveles TD10 y TD11 proporcionan una importante colección de útiles líticos y restos de mamíferos, así como abundantes restos de pequeños vertebrados. La industria lítica de TD10 y TD11 es de tipo Musteriense y está realizada fundamentalmente sobre sílex. TD9 es totalmente estéril, pero los niveles TD7 y TD8 destacan por su gran riqueza paleontológica y el magnífico estado de conservación de los restos fósiles. Respecto a los niveles del Pleistoceno inferior, TD6 ha proporcionado los restos humanos más antiguos de Europa, encontrados entre los años 1994 y 1996 en la excavación de un pequeño sondeo de 6 m2, junto con abundantes restos de animales y útiles líticos. Sin embargo, hay pruebas de presencia humana aún más antigua en este mismo yacimiento, ya que en una excavación realizada en la parte baja de Gran Dolina en los años 1991-1992 se hallaron varios útiles líticos en el nivel TDW4 junto con abundantes fósiles de mamíferos en muy buen estado de conservación. La industria lítica de los niveles del Pleistoceno inferior es de tipo Olduvayense es decir, el más primitivo que se conoce. El objetivo principal de los homínidos que fabricaron esta industria lítica era obtener buenos filos cortantes a partir de cantos rodados de cuarcita seleccionados en los cauces de los ríos o núcleos de sílex. A lo largo de la secuencia de Gran Dolina se reflejan varios cambios climáticos que se corresponden a las diversas fluctuaciones climáticas del Pleistoceno. Sin embargo estas fluctuaciones no tuvieron la misma intensidad en el sur de Europa que en latitudes más altas, como demuestra la gran estabilidad en la fauna que se observa a lo largo de la secuencia de Gran Dolina. En ninguno de los niveles aparecen representadas las especies de la "fauna glacial", que se estableció en Europa hace 800.000 años, y que en los periodos glaciales se extendía por toda Europa Central, compuesta por animales adaptados a la vida en estepas muy frías. Por el contrario, en todos los niveles aparecen especies como el gamo o el ciervo rojo que en Europa Central se consideran típicas de periodos cálidos. Existe, sin embargo una transición en la fauna entre los niveles TDW4-TD8 y TD10-TD11. El nivel TD9 se depositó en una etapa durante la cual la cueva estuvo cerrada, y por tanto este nivel no contiene fósiles. El nivel TD8 tiene una edad de unos 600.000 años, mientras que TD10 se sitúa en torno a los 350.000. Existe, por tanto, una discontinuidad en el registro fósil, y las especies que aparecen en TD10 y TD11 son formas más evolucionadas de las mismas especies que aparecen en la parte baja de Gran Dolina. Así, en los niveles TDW4 a TD8 aparece una especie de roedor llamada Mimomyssavini, mientras que en los niveles superiores aparece su descendiente Arvicola kantiana, que a su vez es el antepasado directo de la rata de agua (Arvicolasapidus) que habita actualmente en la Península Ibérica. La presencia de la especie Mimomyssavini en los niveles inferiores indica para ellos una antigüedad superior a los 500.000 años, edad en la que se extinguió dicha especie. El yacimiento de Trinchera Penal se encuentra justo enfrente de Gran Dolina. Se trata de un relleno mucho más pequeño, y que podría corresponder a la otra parte de la misma cavidad seccionada por la Trinchera del Ferrocarril. El yacimiento de El Mirador está situado en la vertiente este de la Sierra. Es un abrigo natural cuyos niveles superiores tienen materiales y restos humanos de la edad del bronce. En 1999 se comenzó un sondeo de 6 m2 con el fin de conocer su estratigrafía y planificar su excavación en extensión. La Sima de los Huesos propiamente dicha es una pequeña cavidad de apenas 20 m2 de superficie, en cuyo interior se han encontrado numerosos restos humanos pertenecientes a 32 individuos entremezclados con restos de varias especies de carnívoros, fundamentalmente osos. Las dataciones realizadas por métodos radiométricos indican una edad para los fósiles de la Sima de los Huesos de unos 300.000 años. El acceso a esta pequeña cavidad se realiza a través de un conducto vertical de unos 12 m de altura por 2 m de diámetro, y una rampa de elevada pendiente. Las condiciones del yacimiento son tan excepcionales que han permitido recuperar incluso los huesos del oído (martillo, yunque y estribo) de uno de los individuos, algo insólito en un yacimiento paleoantropológico. Sin embargo, los esqueletos no aparecen en conexión anatómica, sino desarticulados, la mayoría de los huesos se encuentran fragmentados y entremezclados con los restos de otros individuos. Al final de la campaña de 1998 el número de fósiles humanos encontrados en la Sima de los Huesos ascendía a cerca de 2800. Entre los hallazgos más espectaculares se encuentran el llamado "cráneo 5", recuperado en 1992, que es uno de los más completos de todo el registro fósil, y una pelvis masculina completa que constituye otra pieza única. Con todo, la especie más abundante en el yacimiento de la Sima de los Huesos no es el hombre sino el oso (Ursusdeningeri), de la cual se han encontrado restos pertenecientes a más de 160 individuos. La abundante presencia de osos no es difícil de explicar, ya que estos animales emplean las cuevas para hibernar, y no es infrecuente que mueran durante ese periodo crítico del año. Por el contrario, el origen de una acumulación de fósiles humanos tan excepcional ha sido motivo de debate desde su descubrimiento. Descartadas algunas de las explicaciones propuestas inicialmente, como una catástrofe natural que hubiera atrapado en el interior de la cueva a un pequeño grupo de homínidos, o una acumulación por grandes predadores, la hipótesis que parece más plausible es la de una acumulación intencionada de cadáveres por parte de los miembros del grupo al que perteneciera el individuo muerto. De confirmarse esta hipótesis, supondría la documentación del rito funerario más antiguo del que tenemos noticia. En 2006, un equipo de científicos españoles y suecos consiguieron extraer el ADN más antiguo de un fósil animal, que en concreto pertenecía a osos del yacimiento de la Sima de los Huesos datados en 400.000 años de antigüedad. Hasta ahora, este tipo de muestras genéticas se había obtenido de fósiles mucho más modernos, de unos 100.000 años. En las campañas de excavación de 1994 a 1996 se recuperaron 86 restos humanos procedentes del nivel TD6 del yacimiento de la Gran Dolina. Los fósiles humanos se encontraron mezclados con restos de animales e industria lítica en una capa que pasó a denominarse "Estrato Aurora", en honor de la investigadora que descubrió el primero de los restos humanos. Los fósiles humanos corresponden a un total de 6 individuos, dos de ellos son adultos jóvenes de menos de 20 años, dos son adolescentes o preadolescentes de 11 y 12-13 años respectivamente, y los dos últimos individuos son niños de 3 a 4 años. La edad del estrato Aurora, próxima a los 800.000 años, hace de estos fósiles los más antiguos de Europa y confirma de manera incontestable la presencia humana en este continente al final del Pleistoceno inferior. Este descubrimiento rebatió las hipótesis que habían sido propuestas por algunos científicos y según las cuales la colonización humana de Europa no se produjo antes de hace 500.000 años. Los fósiles humanos de TD6 presentan una combinación de caracteres que no se había observado en ningún fósil humano conocido hasta la fecha de su descubrimiento. Es de particular importancia la morfología del maxilar siglado ATD6-69. Este ejemplar, correspondiente al individuo de 12-13 años, presenta una depresión debajo de la órbita del ojo conocida como "fosa canina" que resulta de una posición adelantada de la región nasal combinada con una posición retrasada de las placas infraorbitarias, y que hace que los pómulos aparezcan bien marcados. Una morfología semejante sólo se conoce en el hombre moderno (Homo sapiens). Sin embargo, los homínidos de Gran Dolina presentan también una serie de caracteres primitivos y algunos que les relacionan con fósiles europeos más modernos. Entre los primeros hay que señalar el gran tamaño de los dientes, la complejidad de los pliegues del esmalte y de las raíces de los premolares inferiores, los incisivos laterales superiores en forma de pala y el gran tamaño de los caninos superiores. Si la morfología del maxilar juvenil relaciona a los fósiles de gran Dolina con Homo sapiens, la del maxilar adulto los relaciona con los homínidos del Pleistoceno medio europeo y los neandertales. En efecto, el maxilar adulto ATD6-58 presenta una fosa canina mucho menos marcada que el juvenil, recordando la morfología que se observa en los fósiles de la Sima de los Huesos. La combinación de caracteres observada en los fósiles de Gran Dolina llevó al Equipo Investigador de Atapuerca a definir una nueva especie para clasificar estos restos. La nueva especie fue bautizada Homo antecessor. Antecessor es una palabra latina que significa "explorador", "pionero", "el que va en avanzadilla" y hace referencia a que esta especie fue la primera en colonizar el continente europeo. Así pues, el Homo antecessor presenta una serie de caracteres primitivos que le relacionan con los homínidos africanos de más de un millón de años, y en particular con el Homo ergaster, junto con algunos caracteres que le relacionan con el Homo sapiens y con los homínidos de la Sima de los Huesos y de otros yacimientos europeos del Pleistoceno medio (Homo heidelbergensis). Esto convierte al Homo antecessor en una pieza clave para entender la evolución humana en el último millón de años. Según la interpretación propuesta por el Equipo Investigador de Atapuerca, el Homo antecessor evolucionó en África a partir de Homo ergaster hace más de 1 millón de años. Hace 1 millón de años, una población de Homo antecessor colonizó Europa y siguió una evolución independiente y paralela a la que siguieron las poblaciones que se quedaron en África. La población Europea desarrolló una morfología facial derivada, caracterizada por una gran proyección hacia delante de la cavidad nasal, acompañada de las placas infraorbitarias, desapareciendo así la fosa canina y determinando que no se diferencien los pómulos. Esta población dio lugar a los homínidos europeos del Pleistoceno medio (Homo heidelbergensis) que a su vez dieron origen a los neandertales (Homo neanderthalensis). Por otro lado, las poblaciones de Homo antecessor que permanecieron en África, aisladas genéticamente de las Europeas, conservaron la morfología de la cara presente en los individuos juveniles también en el estado adulto y evolucionaron independientemente para dar lugar a nuestra especie, Homo sapiens. En el nivel TD6 de Gran Dolina se ha documentado la práctica de canibalismo más antigua que se conoce. Los fósiles de Homo antecessor aparecen fragmentados, y en su superficie se observan impactos de percusión y marcas de corte producidas por el empleo de útiles líticos para descarnar los cadáveres. Los huesos largos aparecen abiertos longitudinalmente con el fin de poder acceder a la médula ósea, una sustancia muy nutritiva. Existen varios argumentos que permiten rechazar que no se tratase realmente de canibalismo sino de un tratamiento de los cadáveres previo al enterramiento, como sucede en algunas culturas de la época histórica. También se puede descartar que el canibalismo tuviera un carácter ritual, que es el caso más frecuente en las culturas en que se practica. En primer lugar, la posición de los cortes e impactos indica un aprovechamiento intensivo de los cuerpos, con fractura de los huesos para extracción de médula. En segundo lugar, el procesamiento es idéntico al que se observa en los restos de animales que aparecen en el mismo estrato, aparte de las lógicas diferencias derivadas de la distinta anatomía de homínidos y ungulados. Por último, los restos humanos aparecieron mezclados con restos de animales que fueron indudablemente consumidos por humanos, y con diversos útiles líticos. Es decir, los restos humanos no recibieron un tratamiento diferente del que se dio a las sobras de la comida. Queda, por tanto, establecido que se trató de un caso de canibalismo con fines puramente nutritivos, aunque es más difícil establecer si fue un hecho aislado, motivado por una etapa de hambruna, o bien si fue esta una práctica habitual y prolongada. El hecho de que junto a los restos de Homo antecessor se hayan encontrado los de varios animales consumidos por humanos parece descartar la posibilidad de que se tratase de un periodo de escasez de alimentos, y habla a favor de la segunda hipótesis. La excepcional muestra de fósiles humanos de la Sima de los Huesos, que representa en torno al 95% de todos los fósiles humanos del Pleistoceno medio de Europa, ha aportado datos clave para la interpretación de la evolución humana en este continente. También permite conocer aspectos de la biología de las poblaciones del Pleistoceno medio que no estaban al alcance de los investigadores hasta su descubrimiento. Los homínidos de la Sima de los Huesos son morfológicamente similares a otros fósiles europeos de edad parecida, que se agrupan en la especie Homo heidelbergensis. La arquitectura general del cráneo es de tipo primitivo, sus paredes son muy gruesas, la región facial está muy desarrollada en comparación con la cerebral, la frente es huidiza y existe un torus supraorbitario (reborde óseo situado a la altura de las cejas) muy marcado, la barbilla carece de mentón. Sin embargo, también se aprecian algunos caracteres evolucionados de tipo neandertal en estado incipiente, como la forma del torus supraorbitario, que no está deprimido en su región central, y de la articulación de la mandíbula, así como una zona del occipital cuya morfología recuerda a la que se observa en neandertales (fosa suprainíaca). Otros rasgos "neandertalianos" son la proyección de la parte media de la cara, conocida como prognatismo mediofacial y la presencia en las mandíbulas de un espacio entre el tercer molar y la rama ascendente, llamado espacio retromolar. La capacidad craneana oscila entre 1125 cm3 y 1390 cm3, dependiendo de los individuos. El conjunto de caracteres sitúa a Homo heidelbergensis en la misma línea evolutiva que Homo neanderthalensis, de hecho se interpreta que se trata de una línea directa antecesor-descendiente, lo que se llama un línea anagenética. Los 32 individuos encontrados en la Sima de los Huesos pertenecieron a una misma población biológica, lo cual proporciona una ocasión única de realizar estudios paleodemográficos. A partir del estudio del estado de desarrollo y desgaste de los dientes se ha llegado a establecer una distribución de las edades de muerte de los 32 individuos. Así, 3 individuos (9,4%) murieron entre los 4 y los 11 años; 17 individuos murieron entre los 12 y los 20 años (53%); 9 individuos entre los 20 y 30 años (28%), los tres individuos restantes (9,4%) no sobrepasaron los 40 años. Mientras que la proporción de sexos en el conjunto de la muestra se aproxima mucho a la relación 1:1, de los individuos muertos entre los 15 y los 19 años 7 eran femeninos y tan solo 1 era masculino. Esta elevada tasa de mortalidad entre las mujeres jóvenes podría estar relacionada con problemas durante el embarazo y parto. Se han detectado diversas patologías en la población de la Sima de los Huesos. Aparte de los traumatismos, una patología extraordinariamente frecuente es la llamada artropatía degenerativa temporomandibular que afecta a la articulación de la mandíbula y se manifiesta por una dificultad para abrir totalmente la boca, y se acompaña de intensos dolores. Lo más sorprendente es que esta patología se observa incluso en individuos muy jóvenes, en concreto en un adolescente de 14 años. También es muy frecuente la lesión denominada criba orbitalia relacionada con procesos de anemia. Otra anomalía relacionada con el estado de salud de la población es la conocida como hipoplasia del esmalte, que se manifiesta como unos surcos en la corona de los dientes producidos por fenómenos de estrés fisiológico durante periodo de formación del diente. El estrés puede deberse a una alimentación deficiente, traumatismos o infecciones. La hipoplasia del esmalte indica que un 30% de los individuos pasaron un episodio de estrés fisiológico importante antes de los 5 años y medio. Este porcentaje es algo menor que el observado en neandertales y muy inferior al que se produjo en ciertas poblaciones humanas de época histórica, incluso del siglo pasado. Además, en un porcentaje de individuos elevado se observa un episodio de estrés de intensidad variable hacia los 3 años y medio. Un máximo similar se observa en muchas poblaciones humanas modernas en una edad comprendida entre 1 y 3 años y se relaciona generalmente con la etapa de destete y la transición a una alimentación semejante a la del adulto. En julio de 2007 se descubrieron fragmentos de un nuevo cráneo de hace unos 500.000 años. Con éste son dieciseis los cráneos hallado en Atapuerca, mientras que en el resto de Europa occidental apenas han aparecido unos fragmentos en los últimos 30 años, lo que da idea de la riqueza de los yacimientos de esta sierra burgalesa. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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