RELATO BREVE, "Una vuelta por el Paeo Nuevo [de San Sebastián]"
El Paseo Nuevo es un fabuloso paseo que bordea todo el monte Urgull. Desde el Aquarium da toda la vuelta por la parte de atrás de Urgull para acabar en un extremo de la Parte Vieja, junto al Kursaal. Es uno de los paseos más bonitos y tranquilos de la ciudad ya que todo el paseo transcurre junto a la bahía de la Concha y el mar Cantábrico. El paseo se puede realizar tranquilamente andando en 40 minutos si salimos desde el puerto y damos toda la vuelta hasta el Kursaal. Por el paseo pueden circular también coches aunque es una zona muy tranquila para andar sin ningún riesgo ya que la circulación es bastante escasa. El Paseo Nuevo se ha hecho muchas veces famoso por las imágenes que salen en televisión y miles de fotografías que circulan por internet con impresionantes olas golpeando el paseo cuando las mareas vivas formas grandes olas haciendo que el choque de estas olas con el paseo formen un espectáculo fantástico aunque también algo peligroso si no se toman las medidas oportunas. Los dos momentos de pleamar y bajamar que corresponden a cada día son ampliamente conocidos en las zonas costeras, donde parte de las actividades pesqueras dependen, en gran medida, de su ritmo. De forma sencilla, puede calcularse el momento de pleamar si se añade 50,5 minutos a la hora en la que tuvieron lugar el día anterior; mientras que los periodos de mareas vivas (o de aguas altas) corresponden con las etapas de Luna llena o y/o Luna nueva, y los de mareas muertas (o bajas) corresponden con los cuartos menguante y creciente. Estos fenómenos comprobados por el hombre a lo largo de la historia, prueban la existencia de una relación de causalidad entre las mareas y nuestro satélite. En muchas ocasiones las mareas son comparadas con otros fenómenos ondulatorios de características más excepcionales y, sobre todo, locales como pueden ser los tsunamis, la marejada o los seiche. Después de haber dado estas notas introductorias, por mi parte destacaré que me encuentro al principio del Paseo de Salamanca, en el extremo que está junto al Kursaal. Estoy muy dubitativo: daré la vuelta al Paseo; no daré la vuelta al Paseo… Lo cierto es que hay un sirimiri muy pertinaz, que en este caso cala y empapa. El sirimiri es una lluvia fina y persistente que suele caer frecuentemente sobre Donostia, y que no consigue que los donostiarras saquen sus paraguas (solo lo hacen cuando ya cae más fuerte). Sirimiri es un término de uso común en el País Vasco que se cree es de origen onomatopéyico: en euskera, «txirri-txirri», «txirriki-txirriki». Para nosotros los Donostiarras, significa “poco a poco, pero continuamente”, y de ahí la grafía txirimiri, que se ha transformado en sirimiri al pasar al castellano. Detrás del sirimiri, llega la lluvia. San Sebastián es la capital española en la que más días llueve al cabo del año, 185, sí, sí, ya no hablo de sirimiri, hablo de lluvia ya que más de la mitad de los días que tiene un año (aunque sea bisiesto), según nos informan los datos medios de la Agencia Estatal de Metereología referidos al periodo 1981-2010. Hoy, el cielo está grisáceo, encapotado completamente. Cielo muy nuboso o cubierto, es decir, la luz ambiental es de poca intensidad. Las lloviznas ocasionales pueden estropearnos el paseo que queremos dar. El viento es de componente norte, de flojo a moderado. Las temperaturas máximas no registran cambios. Hoy, a las 10:00 horas, se registran 7º. Para dar una vuelta, las condiciones atmosféricas son inmejorables. ¡Recalcaremos!: Temperatura media: 6º C, Temperatura máxima media: 10º C, Temperatura mínima media: 4º C, Acumulación de lluvia: 95 mm, Viento medio: 16 km/h. Mañana amanecerá a las 8:24 y anochecerá a las 18:19, datos que indican que ya hemos estrenado el invierno. El Paseo Nuevo recorre el tramo costero que se encuentra a los pies del Monte Urgull, entre el final de la calle Aldamar y, rodeando todo el monte, prosigue sobre el puerto, para concluir en la trasera del Gran Casino actual Ayunyamiento). Fue inaugurado en tres tramos entre 1916 y 1919 siendo la Reina María Cristina la encargada de inaugurar el primer tramo. El último tramo, el del paseo de los Curas que enlaza con el Aquarium, no se realizó hasta 1922. En primera instancia se le bautizó como Paseo del Príncipe de Asturias, aunque con la llegada de la República se le cambió el nombre a Paseo de la República, y finalmente, adoptó el nombre de Paseo de Primo de Rivera. Sin embargo, los donostiarras siempre lo han conocido como el Paseo Nuevo, oficializándose este nombre en 1979. El Paseo Nuevo es un Paseo de San Sebastián que comienza en el paseo de Salamanca y termina en el Muelle, junto al Aquarium. Bordeando el mar, al pie del monte Urgull. Destaca en el mismo la zona situada frente a la calle de Aldamar, popularmente conocido como "El Rompeolas". Existía en ese lugar, sobre el mar, una pequeña plazoleta llamada "El Tambor", mirador donde rompían las olas, formando impresionantes espectáculos los días de galerna, ante el numeroso público que se congregaba en sus proximidades. Una galerna es un temporal súbito, con fuertes ráfagas de viento del oeste, que suele azotar algunas zonas del mar Cantábrico, especialmente en el golfo de Vizcaya, por lo general en el otoño. Construido el Paseo Nuevo en tres veces, entre los años 1914 y 1919, recibió el nombre de paseo del Príncipe de Asturias. Con la caída de la monarquía, se le denominó paseo de la República, y el 15 de junio de 1937 se aprobó el nombre de paseo de José Antonio Primo de Rivera. El 9 de julio de 1979 se le reconoció, oficialmente, el nombre con el que siempre lo habían conocido los donostiarras. El mar aparentemente está en calma, ya que las olas que rompen en la escollera lo hacen muy débilmente. Se entiende por escollera, la obra hecha con piedras echadas al fondo del agua, para formar un dique de defensa contra el oleaje. Los muros de escollera son elementos de contención a base de rocas mampuestas que ayudan a drenar y soportar terrenos. El agua ofrece un color añil o índigo, pero las aguas no parecen revueltas. Añil es la denominación tradicional de las variedades oscuras y profundas del color azul; antiguamente se le llamaba también glasto. En tiempos pasados, los pescadores llegaban hasta este Paseo Nuevo, pero hoy no me he tropezado con ninguno. También suelen ocupar el puente del Kursaal, donde pescan o pescaban corcones. Los Mirlotos eran conocidos también en Asturias como corcones y en Galicia como Peones y como Sulas en Cantabria. Es uno de los pescados más cotizados de los últimos años en Asturias, pescados en el mar Cantábrico y procedentes normalmente de la Rula de Avilés; en algunas ocasiones los adquirimos en cofradías del País Vasco. El término ‘cofradía’ procede de dos palabras latinas cum fratris, que literalmente significa 'con hermanos'. Posteriormente, el vocablo, no exclusivamente religioso, ha pasado a denominar la asociación, congregación o hermandad de seglares, unidos por fines religiosos o benéficos, dentro y bajo la jurisdicción directa de la Iglesia (diócesis o cabildo), regida por estatutos, constituciones u ordenanzas aprobadas por sus miembros y, en ocasiones, confirmadas por bula papal. La gran vitalidad de que gozaron las cofradías en la España medieval y moderna se refleja en la existencia de más de 25.000 cofradías censadas en el año 1770, en el reino de Castilla, y de unas 7.000 en el de Aragón. El Golfo de Vizcaya da lugar a una ensenada formada por las aguas del océano Atlántico en el O de Europa, que baña la costa francesa de Aquitania y la fachada septentrional de España, hasta enlazar con el dominio marítimo marginal del Cantábrico y que finalmente se abre en el NO hacia la masa oceánica. Aquitania (en francés, ‘Aquitaine’; en español, ‘Aquitania) es una región del SO de Francia formada por los departamentos de Dordoña, Gironda, Landas, Lot y Garona, y Pirineos Atlánticos, con una extensión superficial de 41.400 km2 y una población aproximada de 2.910.000 habitantes; por tanto, la densidad de población está cerca de 71 hab/km2. Su capital es Burdeos y se encuentra al SO en el País vasco-francés. Conforma un cuerpo de agua triangular con un área que supera ligeramente los 223.000 km2 y cuya profundidad máxima alcanza los 4.735 m. Sus aguas se hallan intensamente afectadas por una corriente oceánica que discurre de N a S. La profundidad es mayor en la parte española, en la cual la costa se interrumpe bruscamente sobre el frente oceánico, mientras que la plataforma continental es más extensa en el sector francés, cuyas costas son menos abruptas y más regulares. Así, la plataforma continental alcanza los 160 km de anchura en la costa francesa mientras que se reduce a una media de 65 en la española. La costa se encuentra bajo la zona de acción de un clima típicamente marítimo, muy bien caracterizado por la presencia de unos inviernos templados y unos veranos frescos. Destaca la actividad pesquera. La plataforma continental es la zona marina que se extiende bordeando los continentes desde el límite del área de bajamar hasta enlazar con el talud continental. Asi pues, se trata de la región externa de un continente que se prolonga bajo el nivel del mar, y que se extiende aumentando su profundidad, desde la línea de costa hasta el talud continental, donde comienza el de mar abierto propiamente dicho. Su profundidad puede variar de unos lugares a otros entre 20 y 550 m, la media es de 130 m y convencionalmente, cuando no existe un límite claro y la plataforma se extiende paulatinamente hacia mar abierto, el límite se sitúa alrededor de los 200 m de profundidad. El clima oceánico o atlántico, también llamado marítimo, o británico, es un tipo de clima templado húmedo propio de latitudes templadas común en las regiones próximas al océano e islas donde el viento sopla constantemente hacia el continente, caracterizado por pequeñas o moderadas oscilaciones térmicas diurnas y anuales que lo diferencian del clima continental, además de poseer humedad relativa elevada. Hay abundantes precipitaciones a causa de la proximidad al océano, en las costas occidentales u orientales de los continentes. Los inviernos son fríos pero no gélidos y los veranos frescos o cálidos con una oscilación térmica anual mediana de unos 10 °C aproximadamente. Las precipitaciones son abundantes y están bien distribuidas aunque con un máximo invernal. En otro sentido, son famosas las olas del Paseo Nuevo. Hay que enfrentarse a ellas debidamente equipados, pues arrastran todo lo que pillan delante, aunque ya las hemos mencionado. Con motivo de los temporales que suelen azotar a la costa cantábrica, podemos ver en los puntos habituales, ya citados, el típico espectáculo de las olas golpeando contra la costa, que siempre se producen cuando hay un temporal de este tipo. Las olas se forman por el movimiento ondulatorio de la superficie del mar en la inter-fase agua-aire, existente en las grandes masas de agua de la superficie terrestre, ya sean mares u océanos. Responden al movimiento organizado y colectivo de moléculas de agua que, originado principalmente por el viento, se propaga a lo largo de dicha superficie. Las olas trazan crestas y senos, es decir, umbrales máximos y mínimos. Se caracterizan generalmente por su longitud de onda que es la diferencia horizontal existente entre dos crestas; por su altura o desnivel vertical tanto entre las crestas como entre los senos; por su periodo o tiempo que transcurre entre el paso de dos crestas sucesivas por un mismo sitio; por su velocidad de propagación y, finalmente, por su empinamiento, que se define por la relación existente entre la altura y la longitud de onda. Jorge Oteiza (1908-2003), poeta, escultor, cineasta, ensayista, agitador de ideas, imaginador de futuros... Las palabras y las fechas no valen para definir a Oteiza. Puede decirse que nació en Orio en 1908, que fue un niño asustadizo y un joven que tuvo que hacerse cargo de su familia, que se interesó por la arquitectura pero se matriculó en medicina, que aproximándose a la treintena se orientó hacia el arte, que vivió en Madrid y en 1935 se marchó a Sudamérica, donde se casó con Itziar Carreño –su guía en la tierra– y regresó al País Vasco en 1948. Y se puede recordar que ya para entonces estaba volcado en la escultura, pero decidió abandonarla en 1960, tras dictaminar el final del arte contemporáneo. Pero rompió su promesa y volvió, siguió imaginando y proponiendo mil caminos nuevos para el arte y para la vida. Se enfadó con algunos, fue querido por muchos y admirado por casi todos. Se le fue Itziar, se hizo viejo, se hizo leyenda, nos legó su obra y su pensamiento, su mirada única, original como pocas, y se murió en primavera. Pero para entonces ya era inmortal. Casi a la entrada del Paseo Nuevo, haciéndolo desde el Puerto, se encuentra una obra colosal de Oteiza, su Construcción Vacía. Aunque la Construcción Vacía de Jorge Oteiza se instaló en el Paseo Nuevo de San Sebastián en octubre del 2002, la obra es una reproducción a escala monumental de una pieza perteneciente a la serie de once esculturas realizadas por el artista en 1957, que fue premiada aquel año en la IV Bienal de Sao Paulo (Brasil). La obra consta de dos piezas de acero que pesan 12,5 y 10,5 toneladas, respectivamente, y está instalada sobre una plataforma de hormigón recubierta de madera. Desde que a principios de los años noventa Oteiza retomó su relación con San Sebastián, bastante deteriorada en años anteriores por diversas circunstancias, se habían barajado varias alternativas para paliar su inexplicable ausencia del paisaje donostiarra. Finalmente, fue el propio artista quien eligió esta ubicación, convirtiendo su Construcción Vacía en la puerta que Donostia abre al mar. La Construcción Vacía de Jorge Oteiza Embil fue adquirida por el Ayuntamiento en 2001, se colocó en el Paseo Nuevo en octubre de 2002. Se trata de una de las obras de la serie presentada para la Bienal de Sao Paulo de 1957, en la que el autor recibió el Premio Internacional de Escultura. Título original: Construcción vacía con cuatro unidades planas negativo-positivo. Obra formada por planos verticales y horizontales que se articulan entre sí formando un espacio. Detrás de la Construcción vacía de Oteiza, antiguamente había una pequeña ermita, dedicada a Stela Maris, y una reproducción de El Cano, que en la actualidad se encuentra en Getaria. El Cano fue el primer marino que dio la vuelta completa a la Tierra. Por otra parte, aquí suele concentrarse la gente para visualizar las regatas que tienen lugar en la primera quincena del mes de septiembre. En esta zona, se encuentra el Cementerio de los Ingleses. Bastante deteriorado como consecuencia del paso del tiempo, de la inestabilidad de las laderas del monte, este recinto acoge, a la sombra de una placa conmemorativa, a los oficiales ingleses de la Legión Cóndor caídos principalmente en las batallas libradas en los alrededores de la ciudad, sobre todo en la batalla de Oriamendi (1837) entre Hernani y Andoain. También están enterrados aquí otros ingleses que murieron en otras batallas. Gracias a una vieja película recientemente restaurada, sabemos que la inauguración del Cementerio de los Ingleses, en 1924, revistió gran solemnidad. Con el buque inglés Malcom fondeado en la bahía, presidieron el acto las reinas María Cristina y Victoria Eugenia, así como el infante don Jaime, varios embajadores y las autoridades locales. Tras retirar una bandera donostiarra, se descubrió la placa conmemorariva, escrita en castellano e inglés, dedicada «a la memoria de los valientes soldados británicos que dieron la vida por la grandeza de su país y por la independencia y libertad de España». Se me ha olvidado citar el Museo de San Telmo, que se encuentra ante una preciosa plaza, la plaza de Ignacio de Zuloaga. El antiguo convento de San Telmo acoge hoy un museo, en el que, junto a una sección etnográfica de gran interés, se puede visitar una apreciable pinacoteca. Animados por los reyes y reinas de Castilla, los dominicanos llegaron a San Sebastián, que consideraban la ciudad como un centro comercial de gran importancia estratégica. Inicialmente, la orden tuvo problemas para obtener apoyo y financiación, y gracias al Sr. Alonso de Idiáquez y Yurramendi, pudieron comenzar a construir el convento en la ciudad: en el siglo XVI. Un monasterio típico del siglo XVI con una magnífica cúpula italiana y un claustro trapezoidal en la tribuna de los fundadores. En el siglo XIX fue la Guerra de Independencia contra los franceses. San Sebastián fue asediado y liberado por soldados británicos y portugueses, que terminó con un incendio el 31 de agosto de 1813. En ese incendio, casi toda la ciudad quedó destruida. Los dominicanos no pudieron pagar el costo de la reconstrucción del convento y en 1836, como resultado de la confiscación de Mendizabal, los dominicanos fueron demolidos y convertidos en un cuartel de artillería de San Telmo. Durante la Guerra de Independencia, en 1813, San Sebastián sufrió el saqueo de las tropas francesas, que provocaron en el convento grandes desperfectos. En 1836, con la Desamortización de Mendizábal, se produjo la exclaustración de los frailes y poco después el conjunto del monasterio se convirtió en cuartel de artillería. Desde entonces, el edificio se fue deteriorando gradualmente y el Ayuntamiento, consciente de esta situación, decidió en 1921 comprar San Telmo para construir un nuevo museo. La ceremonia de inauguración tuvo lugar el 3 de septiembre de 1932, y Manuel de Falla dio un concierto en el evento; Manuel de Falla era un amigo cercano del pintor Ignacio Zuloaga y la influencia del pintor fue decisiva para cubrir las paredes de la iglesia con los famosos lienzos de José María Sert. Uno de los aspectos más notables de este Museo es el propio edificio que lo alberga, el Monasterio de San Telmo. Fue construido, al pie del Monte Urgull, a mediados del siglo XVI, entre los años 1531 y 1551 según proyecto del hermano dominico Martín de Santiago, y gracias al mecenazgo del noble guipuzcoano Alonso de Idiáquez, Secretario de Estado del emperador Carlos V. Es un edificio de transición entre el estilo gótico y el renacentista. Su iglesia presenta una estructura goticista, aunque en alzado incorpora elementos plenamente renacentistas. El espléndido claustro herreriano, situado a los pies del templo, está declarado Monumento Nacional. La antigua capilla, rehabilitada como aula, presenta en la entrada los sarcófagos con estatuas yacentes del siglo XVI de sus fundadores: doña Gracia de Olazábal y don Alonso Idiáquez. El museo fue fundado en 1900 por la Sociedad Económica Vascongada de Amigos del País. A finales del siglo XIX, se realizaron exposiciones en San Sebastián y, con gran éxito, la empresa propuso a la Corporación Municipal la construcción de un Museo Municipal en San Sebastián. Inicialmente, el museo tenía un artículo de presupuesto muy pequeño y era imposible realizar compras de alto valor. Entonces, en vista de esta situación, el alcalde José Machimbarrena hizo un llamado a la gente de San Sebastián, lo que permitió a los ciudadanos comenzar a hacer contribuciones y depósitos. El museo se abrió con estos primeros objetos. En 1913 el edificio fue declarado Monumento Nacional. El Ayuntamiento lo adquirió en 1928, aunque hasta 1932 no se convirtió en Museo Municipal, para lo cual hubo que rehabilitar sus instalaciones. El Museo Histórico, Artístico y Arqueológico se inauguró el 5 de octubre de 1902, y la primera sede del museo se encontraba en la intersección de las calles Andia y Garibai . Poco a poco, el museo comenzó a consolidarse gracias a nuevas adquisiciones y contribuciones de particulares. Inmediatamente, el local se hizo pequeño y, en 1905, el Ayuntamiento comenzó a erigir un edificio para albergar la Escuela de Artes y Oficios, la Biblioteca Municipal y el museo. Este nuevo edificio fue construido en la calle Urdaneta según el diseño del arquitecto Domingo Aguirrebengoa y fue inaugurado en 1911. El museo se expandía constantemente y se quedaron sin espacio nuevamente. En 1932, comenzaron a considerar mudarse a otro lugar: en este caso, el convento dominico de San Telmo. De hecho, el ayuntamiento había comprado el edificio y se estaba preparando para ello. Para la inauguración, el 3 de septiembre de 1932, se le pidió al pintor José María Sert que cubriera las paredes de la iglesia. Para hacer esto, hizo 17 lienzos en París, usando desenfoques y sobre un fondo de metal. Estos lienzos representan once escenas que cuentan la vida y la historia de Gipuzkoa de una manera heroica y altiva: la gente de Gipuzkoa, sus hazañas y creencias. El museo actual data del convento dominico del siglo XVI. Se encuentra en el edificio de mediados del siglo XVI. El convento fue construido bajo los auspicios del Secretario de Estado del Emperador Carlos V, Alonso de Idiáquez, y los dominicanos decidieron dedicarlo a San Telmo (San Elmo), el santo patrón de los marineros. En 1836, como resultado de la Confiscación de Mendizabal, la conexión de la orden religiosa con el edificio se cortó y se convirtió en un cuartel militar. A finales del siglo XIX, el edificio de San Telmo sufrió graves daños y muchos ciudadanos pidieron al Ayuntamiento que hiciera algo al respecto. Por esta razón, en 1913 la torre y el claustro fueron declarados Monumentos Nacionales y hoy estas dos partes aún pertenecen al Estado. En 1928, el Ayuntamiento decidió comprar las partes restantes de San Telmo e inauguró el Museo Municipal en 1932. Muy cerca del Museo de San Telmo, tras cruzar la mencionada plaza de Zuloaga, se encuentra la Sociedad Fotográfica de Guipúzcoa, que es una agrupación cultural, sin ánimo de lucro, cuyos fines primordiales son el fomento de las actividades relacionadas con el mundo de la imagen, tanto en su aspecto fotográfico como videográfico. La Sociedad Fotográfica de Gipuzkoa comenzó su gestación en el año 1945, reuniéndose cuatro amantes de la fotografía. La Junta Constitutiva, y los primeros Estatutos son aprobados a finales de 1947, funcionando desde entonces como una entidad definida. Aunque legalmente no fue aprobada, por la situación política de aquellos años, hasta el 21 de Abril de 1948. Citaremos también la Unión Artesana, la decana de nuestras Sociedades Populares, que antecede en treinta años a la siguiente. La actualidad de la Unión Artesana viene marcada por su traslado a un nuevo local. El de Soraluze, 1 lo tienen arrendado en 5500 euros mensuales, cifra alta a la que responden gracias al alquiler del ambigú. Pero la normativa para locales públicos obligaba a unas obras costosísimas para dotarse de salidas de seguridad, nuevo sistema eléctrico y servicios de todo tipo. El nuevo arrendamiento, con plazo corto de reversión, hacía preferible buscar un nuevo emplazamiento y la directiva lo acabó encontrando bien cercano, en la calle Euskal Herria, 7. Aquí se trasladaron en el otoño de 2006. De los actuales 300 socios, alrededor de ochenta renunciaron, en su mayoría por la derrama de 1800 euros. Porque el nuevo local se adquirió en propiedad. Veintidós socios con más de cincuenta años de pertenencia, o mayores de 75 años, no abonan cantidad alguna. Iñaki Santesteban, el que fuera presidente hasta hace bien poco, ha liderado el proceso. El 16 de marzo de este año Jose Antonio Ibircu Murua ha asumido el cargo presidencial. La sociedad gastronómica o txoko es una institución privada masculina a la que las mujeres sólo pueden acceder en ocasiones especiales, aunque los socios tienen libertad para invitar a quien quieran. Nacidas en el siglo XIX en Donostia-San Sebastián y enclavadas generalmente en el casco viejo de las ciudades, congregan a los descendientes de los legendarios “cocineros de sociedad”, que mantienen viva la ortodoxia culinaria vasca. Varones que jamás cocinarían en sus casas, cocinan aquí para los amigos y para ellos mismos y de esta manera convierten la gastronomía en la base de sus relaciones. Aunque es un tipo de cocina aficionada, la mayoría de comidas acostumbran a ser suculentas. Las sociedades gastronómicas en San Sebastián surgieron como alternativa popular a las sidrerías y las tabernas. En el siglo XIX, la clase alta y la burguesía acudía a los cafés o al casino, mientras que las clases populares acudían a las sagardotegis (sidrerías) que estaban a las afueras de la ciudad y a las tabernas donde se servía vino y se encontraban en el interior de la ciudad. Las sociedades nacieron a raíz de que el ayuntamiento estableció un estricto régimen de horarios. Las ventajas de cambiar las sociedades por tabernas eran significativas: afinidades comunes con los socios, consumiciones más ecónomicas, mayor camaradería, no hay el estricto control horario, etc. Así, se dieron las circunstancias para que poco a poco nacieran las diferentes sociedades. La primera sociedad fue La Fraternal, creada en 1857, en cuyos estatutos se reconocia como una sociedad de "comer y cantar". Sin embargo, en 1870 un incendio destruyó su sede y dio lugar a la creación de la Unión Artesana. La sociedad más antigua de la ciudad y todavía vigente en nuestros días. Un siglo después, en los años 70 y 80 del siglo XX es cuando se produce la verdadera explosión de las sociedades y su configuración gastronómica tal y como las conocemos ahora. Se crean casi 200 nuevas sociedades en tan sólo diez años, extendiéndose desde la Parte Vieja a otros barrios. En Donostia hay actualmente unas 120 sociedades repartidas en los diferentes barrios. Sin embargo, las principales sociedades están en la Parte Vieja. Son sociedades de grandes con unos 250 socios e incluso más. La gastronómica, Unión Artesana, Artzak Ortzeok, Gaztelupe, Gizartea, etc. son algunos de estos ejemplos. Sin embargo, algunas sociedades se crean haciendo referencia a una región en concreto, por ejemplo Casa de La Rioja, Casa de Álava o Casa de Galicia. Algunas de estas sociedades disponen de sus propios cocineros que están a disposición de los socios, aunque, lo normal es que sean los propios socios quienes cocinen. Es realmente difícil para un turista acceder y comer en una sociedad tal y como lo hacen los donostiarras, ya que es necesaria ir con un socio. Sin embargo, actualmente las sociedades y diversas compañías de tours turísticos organizan visitas guiadas a las sociedades con la posibilidad de comer. Por otro lado, el 23 de mayo de 1920 la Sociedad Artesana celebró sus Bodas de Oro. Sería interminable seguir la crónica hasta nuestros días porque lo contado hasta ahora demuestra el humor, la originalidad, la alegría festiva y el compañerismo reinantes. Ésta es la trayectoria del más popular y decano de las sociedades populares donostiarras. Esta veterana sociedad cuenta actualmente (1994) con unos 400 miembros. A las mujeres se les permite la entrada -aunque no a la cocina- y son las encargadas de izar la bandera el día de San Sebastián, con una tamborrada de 115 elementos. En el Puerto se encuentra el Aquarium de San Sebastián, que está situado en uno de los emplazamientos más pintorescos de la ciudad, el muelle de San Sebastián, y junto a la Parte Vieja, con una variada y extensa oferta gastronómica, y a pocos minutos del centro de la ciudad. Se trata de un edificio frente al mar, con varias alturas. Este emblemático edificio, construido en 1928, está distribuido en 3 plantas. En la planta 0, se encuentran la recepción taquillas, una zona de consignas y la tienda de souvenirs. La segunda y primera están dedicadas al patrimonio marítimo y marino de Gipuzkoa, destacando el esqueleto de una ballena franca, así¬ como una amplia oferta de acuarios dedicados al mar Cantábrico, en los que podrás contemplar más de 200 especies, con su famoso túnel de 360º, a lo que hay que sumar una amplia variedad de especies tropicales. En este túnel, entre tiburones, rayas y otra fauna marina, éstos parece que están encima de ti. El Aquarium-Palacio del Mar de San Sebastián ofrece un recorrido didáctico por el mundo marino a través de una variada muestra de flora y fauna. Aquí encontrarás hasta 200 especies marinas, un impresionante túnel de 360º e incluso un auténtico esqueleto de ballena. Además, el Puerto está formando parte de la bahía de La Concha, al sur del monte Urgull. La vieja cofradía donostiarra de mareantes, maestres de navíos, pilotos y mercaderes surgió en el puerto fluvial, hoy desaparecido, de Santa Catalina, sobre el río Urumea hacia el siglo XIII. Fue promovido en las décadas finales del siglo XII por un grupo de armadores bayoneses que aportaban su superior técnica mercantil-marítima. Refrendaron la concesión, hecha por Sancho el Sabio de Navarra, de un fuero de abierta orientación mercantil y financiera. De esta manera se fundó la Cofradía de Santa Catalina cuya sede estaba en la antigua iglesia de Santa Catalina. Se llamó de esta manera por el hecho de que en los siglos XII y XIII era el puerto fluvial de Santa Catalina, sobre el Urumea, el que preferían para su tráfico los mercaderes y mareantes donostiarras, con preferencia a los puertos de Urgull y de Pasajes. Cuando, pasado un tiempo, las naos se hacían de mayores proporciones y requerían muelles de mayor calado para el atraque, sería la misma cofradía la que fijó su atención en las mejores condiciones que reunía para naos de gran tonelaje el abrigo que se escondía bajo el monte Urgull, Por este motivo financió la construcción de un guardamar, primero, y luego de un cay en tal lugar, con lo que el viejo puerto sobre el Urumea venía naturalmente a perder en importancia frente al de la Concha. Al desplazarse el centro de gravedad del tráfico marítimo donostiarra, la Cofradía de Mareantes estimó oportuno trasladar también su sede, pero conservando su advocación de Santa Catalina. Está nueva sede estaba situada en la Iglesia de Santa María desde 1642. Esta vieja corporación, que fue el predecesor del Consulado donostiarra de 1682 , agrupaba a cuantos tenían relación con el tráfico marítimo: «maestres de naos, mercaderes, pilotos y mareantes» -según reza la Ordenanza de 1489-, «capitanes, pilotos, dueños de naos y bajeles, maestres de chalupas y marineros, armadores de navíos y bajeles, cargadores de hacienda para cualquier parte, los que armasen en corso» -conforme agrega la Ordenanza de 1642-.Se hallaba presidida por un Mayordomo que ejercía la Jurisdicción en el Muelle.Sus atribuciones fueron reguladas por una real cédula de Enrique IV, expedida en San Sebastián el 15 de abril de 1463. Entre otras atribuciones, la Cofradía podía recaudar arbitrios para el sostenimiento y reparo de los servicios de muelles, habiendo al efecto un arancel que fijaba los derechos que debían abonarse por las distintas clases de mercaderías que entraban o salían por los muelles donostiarras. Fue con tales recursos y gracias al espíritu de iniciativa de la vieja asociación como se fueron cubriendo las sucesivas etapas en las obras de construcción y consolidación de los muelles del puerto de San Sebastián durante la segunda mitad del siglo XV y primera mitad del XVI. La Cofradía fue objeto de varias reformas legislativas en los siglos XV y XVI que redujeron su influencia ya que en determinados momentos históricos en que la vida de la ciudad giraba en torno al puerto, la cofradía se había convertido en un auténtico «grupo de presión» en San Sebastián. A lo largo del siglo XVIII d. C. se sucedieron varios proyectos de mejora del puerto impulsados por el Consulado de San Sebastián, que además de nuevas dársenas llegaron a plantear el cierre de la boca occidental de la bahía, idea ya propuesta por la villa en el siglo XVII. Ninguno de ellos llegó a ejecutarse. Enclavado en el Puerto se encuentra también el Museo Marítimo Vasco, anteriormente Museo Naval, que se sitúa en la Casa Torre del Consulado, un edificio originario del siglo XVIII. Se trata de uno de los pocos edificios que se salvó de la quema de San Sebastián a manos de las tropas anglo-portuguesas en 1813 y a lo largo de su historia ha albergado diversas actividades, casi todas ligadas a actividades relacionadas con el mar, desde las tareas propias de control portuario a escuela náutica, pasando por auxilio marítimo o domicilio del capataz y encargado de muelles. Desde 1991 alberga este museo dedicado a la divulgación y difusión, para todos los públicos, de la historia y del conjunto del patrimonio marítimo vasco. Para llevar a cabo esta misión, entre finales de 2018 y principios de 2019 se realizan diversas obras de acondicionamiento y transformación del edificio, entre otras, la habilitación de un nuevo espacio expositivo en la buhardilla del museo. De este modo, el museo cuenta con dos salas de exhibición, donde presenta diferentes exposiciones temporales de larga duración. Actualmente, la colección del Museo Marítimo Vasco está compuesta por alrededor de 6.000 piezas, entre grabados, pinturas, fotografías, postales, carteles, metalografías, cartas náuticas, planos, instrumentos de navegación, embarcaciones y objetos etnográficos. A excepción de las embarcaciones, desde 2013 se ha ido depositando en Gordailua, Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa. Junto a la desembocadura del Urumea, dos cubos gigantes, de cristal, a la orilla de la playa de la Zurriola, atraen las sorprendidas miradas. La atracción de los Cubos de Moneo descansa en su belleza arquitectónica. El Kursaal es un edificio que llama la atención poderosamente. Dos grandes cubos de cristal, diseñados por Rafael Moneo, que generaron tanta polémica como el Guggenheim en Bilbao. Sin embargo, se ha convertido, al igual que el edificio de Ghery, en un elemento tractor para el turismo. Mario Botta, Norman Foster, Arata Isozaki, Juan Navarro Baldeweg , Luis Peña Ganchegui y Rafael Moneo presentaron a finales de los 80 sus propuestas para insuflar vida al solar en el que se había levantado el Gran Kursaal, un casino de principios del siglo XX reconvertido, cuando se prohibió el juego, en sede de múltiples actividades. Derribado pasó ya a ser propiedad municipal. Hoy, con capacidad para casi 2.000 personas y 20 salas, el nuevo Kursaal , obra de Rafael Moneo, sirve también de elemento tractor para el turismo. Dos cubos gigantes, de cristal, a la orilla de la playa de la Zurriola, atraen las sorprendidas miradas. Una belleza arquitectónica que le ha valido varios premios, entre otros, recibió en 2001 el Premio de Arquitectura Contemporánea Mies van der Rohe por su carácter excepcional. Un edificio emblemático, dotado con avanzada tecnología, que es reconocido dentro y fuera de nuestras fronteras. A eso también ha contribuido el hecho de que sea la sede del Festival de cine o de Jazzaldia. Iker Goikoetxea, su director, responde a las preguntas de Altum. En centro de la bahía de La Concha, se encuentra la isla de Santa Clara, a escasos 500 metros de la costa, en el que se concentra en una reducida superficie una gran riqueza natural. Se trata de un espacio de singular belleza, emplazado en el punto donde convergen tierra y mar, y situado en medio de la bahía de La Concha. Protegida por los montes, Igueldo y Urgull, con solamente 5.6 hectáreas y 48 m de altitud, es uno de los espacios más representativos de Donostia. La acción continuada del oleaje formó una gran bahía, en la que existían Urgull y Santa Clara. Sin embargo, la acumulación natural de arena tras la primera, y su posterior urbanización, dejaron a Santa Clara como la única isla en medio de la bahía. Se sabe que en el siglo XIV existía una ermita dedicada a Santa Clara (de ahí su nombre) y que, en 1597, año en que San Sebastián fue asolada por la peste, acogía a los contagiados. También fue utilizada con polvorín e incluso cementerio de herejes, excomulgados y suicidas que no podían ser enterrados en tierra consagrada. Hoy en día, el único edificio que encontramos es la Casa del Faro. El faro que estuvo habitado durante más de 100 años y fue automatizado durante los años 60. Actualmente acoge la obra de la escultora donostiarra Cristina Iglesias, Hondalea. Cabe mencionar que en 1974 fue declarada Centro Histórico de Interés Nacional y durante la temporada estival cuenta con bar-restaurante, baños, duchas, socorristas… La isla es un lugar muy querido para los donostiarras, ya que es típico pasar el día en la isla en familia o en cuadrilla. Darse un baño, hacer un picnic en una de las muchas mesas de la que dispone, o desconectar de la ciudad paseando por los senderos que se abren entre prados y bosquetes, son solo algunos de los placeres de los que podemos disfrutar a pocos minutos en motora desde el puerto. Algunos moluscos, como las lapas, karrakelas, percebes, mejillones y otros crustáceos, como los balanos o bellotas de mar, se fijan fuertemente a las rocas, de manera que son capaces de quedar expuestos al aire libre durante la marea baja ya que mantienen la humedad en su interior. Distintas especies de cangrejos (cuadrado, nécora, centollo y barbudos) pueden desplazarse por encima de las rocas o sumergidos en el agua. Durante la marea baja es habitual que se formen pequeños charcos o pozas que son en sí mismos pequeños oasis de vida donde es fácil encontrar diferentes especies de estrellas de mar y erizos de mar, anémonas, kiskillas, cangrejos, e incluso pequeños peces que han quedado aislados durante la bajamar. Cuando la zona intermareal vuelve a sumergirse, su pequeña profundidad hace que se acerquen seres como holoturias (pepinos de mar), pulpos e incluso liebres de mar, junto con numerosas especies de peces de roca. El corcón es el más fácil de distinguir dado el gran tamaño que suele alcanzar, pero también veremos a las muxarras (sargo), parabeltxas (oblada), salmonete, lubina, grupos de sabirones, doncellas danzando entre las aguas o diferentes tipos de gobio descansando en el fondo. La naturaleza areniscosa de las rocas de la isla, conjugada con la alta humedad y salinidad del viento que las azota ha hecho que se generen unas extraordinarias estructuras alveolares con forma de celdillas complejas que recuerda los panales de abeja. El proceso es conocido como haloclastia, que consiste en la disgregación de la superficie rocosa por el crecimiento de cristales de sal, cuando el sol evapora la humedad marina depositada por la brisa del mar. La obra Hondalea, de Cristina Iglesias, que puede disfrutarse en la Casa del Faro, está basada precisamente en estas estructuras. Citaremos, por último, el río Urumea, que atraviesa, entre otros, el puente del Kursaal. El río Urumea es un río del N de España, de la vertiente cantábrica, con 55 km de longitud. Nace en las proximidades del monte Esacurri, en la provincia de Navarra, y toma dirección N hasta la frontera con la de Guipuzcoa (País Vasco), donde forma el embalse de Añarbe y se encamina hacia el NO. Pasa por Hernani y Astigarraga, y atraviesa la capital de Guipuzcoa, San Sebastián, en la cual vierte al Cantábrico. En resumidas cuentas, el Paseo Nuevo de San Sebastián es un fabuloso paseo que bordea todo el monte Urgull. Desde el Aquarium da toda la vuelta por la parte de atrás de Urgull, para acabar en un extremo de la Parte Vieja, junto al Kursaal. Es uno de los paseos más bonito y tranquilo de la Ciudad, ya que todo el paseo transcurre junto a la bahía de La Concha y el mar Cantábrico. El paseo se puede realizar tranquilamente andando en 40 minutos si salimos desde el puerto y damos toda la vuelta hasta el Kursaal. Por el paseo pueden circular también coches aunque es una zona muy tranquila para andar sin ningún riesgo para los niños ya que la circulación es bastante escasa. Es una buena zona para tratar de buscar un sitio para aparcar el coche si se quiere visitar el centro ya que suele haber sitio y aunque hay OTA (la hora), es un aparcamiento de larga estancia más económico que otras zonas. El mar Cantábrico es un dominio marítimo marginal perteneciente al océano Atlántico, y que baña las costas del N de la Península Ibérica y del SO de Francia. Se expande desde el cabo de Estaca de Bares en La Coruña (A Coruña) hasta Landes (Francia). Las profundidades medias de este mar no superan los 2.000-3.000 m aunque las máximas registradas llegan a superar los 5.100 m. La plataforma continental va hundiéndose de manera progresiva frente a las costas españolas y a la vez logrando mayor amplitud hacia el dominio de la costa francesa. Las diferencias también se muestran en las características del litoral; mientras que la costa española es alta, acantilada y abrupta (influenciada por la salida de las aguas de diversos ríos al mar como sucede en los casos del Nalón, el Pas, o el Nervión), la francesa es muy baja y uniforme. En el caso del ámbito costero español destaca, entre otros, el puerto de Pasajes. Además otros cabos son interesantes como los de Higuer, Machichaco, Mayor y Peñas. Incluye el golfo de Vizcaya. Entre sus numerosísimos puertos (muchos de ellos sólo pesqueros) destaca, entre otros, el de Pasajes. La costa se ha desarrollado como una importante zona turística por la enorme profusión y atractivo de sus playas (La Concha, Zarauz, etc.). En el Paseo Nuevo podemos encontrar una conocida escultura de Jorge Oteiza, como hemos comentado. Junto a la escultura se encuentra el parking al aire libre en el que podemos dejar el coche para visitar el paseo, el puerto o la Parte Vieja. Este parking es de pago por horas aunque a diferencia del resto de las calles, es de larga estancia y se puede poner OTA (la hora) por más tiempo de lo normal, por lo que si quieres visitar San Sebastián durante unas horas el Paseo Nuevo puede ser un buen lugar donde estacionar tu coche y comenzar a descubrir sus principales sitios que visitar. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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