lunes, 3 de junio de 2024

EL COVID 19 Y SU INFLUENCIA EN EL TXOKO (artículo médico).

LA PANDEMIA DE COVID 19 En diciembre de 2019 fueron reportados una serie de casos de pacientes hospitalizados con una enfermedad nueva caracterizada por neumonía e insuficiencia respiratoria, a causa de un nuevo coronavirus (SARS-CoV-2), en la provincia de Hubei, China. El 11 de febrero de 2020, la Organización Mundial de la Salud nombró este agente etiológico como COVID-19 (Coronavirus Disease, 2019). Posteriormente, y a pesar de las extensas medidas de contención, la enfermedad ha continuando avanzando hasta afectar al resto de los países de Asia, Medio Oriente y Europa. El 11 de marzo, la COVID-19 fue declarada como pandemia en una rueda de prensa mundial por Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la Organización Mundial de la Salud. El primer paciente registrado en España con COVID-19 se conoció el 31 de enero de 2020. Se trataba de un caso leve e importado, de un paciente alemán ingresado en La Gomera, Islas Canarias. Nueve días después se detectó un nuevo caso en Palma de Mallorca, Islas Baleares, también importado. El 24 de febrero aparecieron los primeros casos en la península, con una subsecuente circulación comunitaria exponencial del virus, afectando principalmente a la Comunidad de Madrid, País Vasco y Cataluña. Según los últimos datos del Ministerio de Sanidad, a la fecha 5 de abril de 2020, en España existen 135032 casos confirmados, 59662 pacientes hospitalizados, 6931 en UCI y 13055 muertes asociadas a la infección por COVID-191. La mayor parte de los casos se concentran en la comunidad de Madrid, con 38723 casos confirmados, y en Cataluña, con 26824 casos confirmados. Sin embargo, un estudio reciente del Imperial College (Londres, Reino Unido) estima una cifra de 7 millones de infectados en España2. El 14 de marzo se decreta el estado de alarma y confinamiento de la población. Como consecuencia, se ha registrado una disminución progresiva del número reproductivo básico (R0) de > 2,0 a 0,98 el 4 de abril, que es el promedio de casos secundarios de COVID-19 causados por un caso primario. La tasa de contagios ha logrado disminuirse de 40% (previa al confinamiento) a 3,2% el 6 de abril. La Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) ha realizado una serie de acciones con el objetivo de reducir el impacto de la pandemia en las UCI y el sistema sanitario español. El Plan de Contingencia para los Servicios de Medicina Intensiva3 ha sido una herramienta muy útil para que las UCI conocieran el incremento de actividad asistencial que tendrían que afrontar y cómo adaptarse de forma planificada. «Desear lo mejor, pero prepararse para lo peor» ha sido el lema de muchas UCI del país. Las recomendaciones éticas para la toma de decisiones en una situación tan excepcional ha sido la base de los protocolos de la mayoría de los hospitales. Asimismo, la SEMICYUC ha elaborado diferentes recomendaciones, propias o en conjunto con otras sociedades, para el manejo de la neumonía por COVID-19 en el paciente crítico, incluyendo el manejo de la vía aérea, la ventilación mecánica no invasiva4, la analgosedación y el traslado interhospitalario, entre otros. Todo este material se encuentra disponible en un espacio específico en la web de la SEMICYUC5. La Junta Directiva de la SEMICYUC se ha mantenido en contacto mediante teleconferencia semanal con los jefes de servicio para conocer directamente la situación en cada UCI del país y compartir información. La atención a los pacientes críticos con neumonía por COVID-19 durante la pandemia ha sido el reto más importante afrontado por la Medicina Intensiva en toda su historia. Los intensivistas, en colaboración con muchos otros profesionales, han desplegado hasta un 300% más de camas de críticos en los hospitales, lo que ha supuesto un reto a nivel asistencial y logístico sin precedentes. Sin embargo, han existido muchas otras dificultades. El tratamiento de la neumonía por COVID-19 tiene una evidencia muy limitada6 al tratarse de una enfermedad nueva, lo que ha obligado a una permanente actualización de los protocolos asistenciales. También, el incremento de consumo a nivel mundial de muchos fármacos habituales en Medicina Intensiva como los empleados en analgosedación ha obligado a buscar alternativas menos óptimas. La asignación de recursos en situación de escasez7 ha supuesto un distrés moral añadido a la sobrecarga de trabajo. A pesar de que los elementos de protección individual son imprescindibles para la seguridad del personal asistencial, su elevado consumo ha obligado a hacer un uso muy racional8. Cabe destacar que en España ha existido un porcentaje importante de personal sanitario infectado por COVID-19, alrededor de un 14%1. En cuanto a la adquisición de equipamiento sanitario, principalmente respiradores, ha sido muy escaso debido a la gran demanda mundial y la escasa producción local. Se ha tenido que recurrir a equipamiento antiguo, junto con respiradores de quirófano, respiradores de transporte, adaptaciones de ventiladores de ventilación no invasiva e incluso anecdóticamente a ambúes mecanizados. En el momento actual nos siguen preocupando diversas situaciones dado la saturación actual de las UCI: el fin del confinamiento puede provocar un aumento de número de casos, las patologías graves diferentes a la infección por COVID-19 han disminuido temporalmente pero habrá que volver a atenderlas y la capacidad de atención a nuevas catástrofes temporalmente es prácticamente nula. En definitiva, los intensivistas españoles han demostrado que, a pesar de las circunstancias adversas, han sido capaces de organizarse, colaborar con otros especialistas y adaptarse con resiliencia para poder atender a todos los pacientes críticos con neumonía por COVID-19. Debemos de empezar a prepararnos para retornar los hospitales a la normalidad, un proceso que no será ni fácil ni rápido, pero que debería contemplar el mantener unos equipamientos suficientes para atender otras catástrofes en el futuro. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- La COVID-19, también llamada enfermedad por coronavirus 2019, es una enfermedad causada por un virus. El virus se llama coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave de tipo 2, o, más comúnmente, SARS-CoV-2. Comenzó a propagarse a finales de 2019 y se convirtió en una enfermedad pandémica en 2020. El virus que causa la COVID-19 se propaga más comúnmente por pequeñas gotas de líquido que se trasladan a través del aire entre las personas que están en contacto estrecho. Muchas personas con COVID-19 no presentan síntomas, o presentan una enfermedad leve. Pero para los adultos mayores y las personas con ciertas afecciones médicas, el COVID-19 puede provocar la necesidad de atención en el hospital, o la muerte. Mantenerse al día con la vacuna contra la COVID-19 ayuda a prevenir enfermedades graves, la necesidad de atención en el hospital debido a la COVID-19, y la muerte por COVID-19. Otras formas que pueden ayudar a prevenir la diseminación de este coronavirus incluyen una buena circulación de aire interior, distanciamiento físico, uso de mascarilla en el entorno adecuado y buena higiene. Los medicamentos pueden limitar la gravedad de la infección viral. La mayoría de las personas se recuperan sin efectos a largo plazo, pero algunas presentan síntomas que continúan durante meses. Los síntomas típicos de COVID-19 suelen aparecer entre 2 y 14 días después del contacto con el virus. Estos son algunos de los síntomas: Tos seca. Falta de aire. Pérdida del sentido del gusto o el olfato. Cansancio extremo, llamado fatiga. Síntomas digestivos como malestar estomacal, vómitos o diarrea, que es cuando las heces son blandas. Dolor, como dolores de cabeza y dolores corporales o musculares. Fiebre o escalofríos. Síntomas parecidos a los del resfriado, como congestión, secreción nasal o dolor de garganta. Es posible que las personas solo presenten algunos síntomas o ninguno. Las personas que no presentan síntomas pero dan positivo en la prueba de COVID-19 se denominan asintomáticas. Por ejemplo, muchos niños que dan positivo no presentan síntomas de la enfermedad COVID-19. Las personas que presentan síntomas se consideran presintomáticas. Ambos grupos aún pueden transmitir la COVID-19 a otras personas. Algunas personas pueden tener síntomas que empeoran entre 7 y 14 días después de que comienzan los síntomas. La mayoría de las personas con COVID-19 tienen síntomas de leves a moderados. Pero la COVID-19 puede causar complicaciones médicas graves y provocar la muerte. Los adultos mayores o las personas que ya padecen afecciones médicas corren un mayor riesgo de sufrir enfermedades graves. La COVID-19 puede ser una enfermedad leve, moderada, grave o crítica. En términos generales, la COVID-19 leve no afecta la capacidad de los pulmones para llevar oxígeno al cuerpo. En la enfermedad moderada de COVID-19, aunque los pulmones también funcionen correctamente, hay signos de que la infección está en lo profundo de los pulmones. La COVID-19 grave significa que los pulmones no funcionan correctamente y la persona necesita oxígeno y otros cuidados médicos en el hospital. La enfermedad crítica de COVID-19 significa que los pulmones y el sistema respiratorio han fallado y hay daño en todo el cuerpo. En raras ocasiones, las personas que contraen el coronavirus pueden desarrollar un grupo de síntomas relacionados con órganos o tejidos inflamados. Esta enfermedad se conoce como síndrome multisistémico inflamatorio. Cuando los niños padecen esta enfermedad, se denomina síndrome inflamatorio multisistémico infantil, abreviado como MIS-C por sus siglas en inglés. En adultos, se conoce como MIS-A por sus siglas en inglés. La COVID-19 está causada por la infección por el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave, también llamado SARS-CoV-2. El coronavirus se transmite principalmente de persona a persona, incluso de alguien que está infectado pero no presenta síntomas. Cuando las personas con COVID-19 tosen, estornudan, respiran, cantan o hablan, su aliento puede estar infectado con el virus de la COVID-19. El coronavirus transportado por el aliento de una persona puede aterrizar directamente en la cara de otra persona cercana, por ejemplo, después de un estornudo o una tos. Las gotitas o partículas que exhala la persona infectada podrían ser inhaladas por otras personas si están muy juntas o en áreas con poca circulación de aire. Una persona puede tocar una superficie que tiene gotitas respiratorias y luego tocarse la cara con manos que tienen el coronavirus. Es posible tener COVID-19 más de una vez. Con el tiempo, las defensas del cuerpo contra el virus de la COVID-19 pueden desvanecerse. Una persona puede estar expuesta a una cantidad tan grande del virus que este atraviese su defensa inmunitaria. Cuando un virus infecta a un grupo de personas, el virus se copia a sí mismo. Durante este proceso, el código genético puede cambiar aleatoriamente en cada copia. Estos cambios se llaman mutaciones. Si el coronavirus que causa la COVID-19 cambia de manera que las infecciones previas o las vacunas sean menos efectivas para prevenir la infección, las personas pueden volver a enfermarse. Aclaramos que un virus es un microorganismo infeccioso que consta de un segmento de ácido nucleico (ADN o ARN) rodeado por una cubierta proteica. Un virus no puede replicarse solo; por el contrario, debe infectar a las células y usar componentes de la célula huésped para fabricar copias de sí mismo. Con frecuencia, un virus termina matando la célula huésped en el proceso, lo que causa daño en el organismo huésped. Algunos ejemplos bien conocidos de virus que causan enfermedades en seres humanos incluyen el SIDA, la COVID-19, el sarampión y la viruela. El virus que causa la COVID-19 puede infectar a algunas mascotas. Gatos, perros, hámsteres y hurones se han contagiado de este coronavirus y han presentado síntomas. Es raro que una persona contraiga COVID-19 a través de una mascota. El principal objetivo de la vacunación es disminuir la gravedad y mortalidad por COVID-19, protegiendo especialmente a aquellos grupos más vulnerables. La vacunación es doblemente importante ya que protege directamente a cada persona vacunada, pero también protege de forma indirecta al resto de la población. Cuantas más personas se vayan inmunizando, menor probabilidad habrá de que el resto (en particular los más vulnerables a padecer enfermedad grave) se expongan al virus, o al menos a altas cargas víricas. La vacunación frente al nuevo coronavirus comenzó el 27 de diciembre de 2020 en todas las Comunidades Autónomas. La primera vacuna en ser administrada en nuestro país fue la desarrollada por Pfizer/BioNTech (Comirnaty). Después llegaron las elaboradas por Moderna (Spikevax), AstraZeneca (Vaxzevria) y Janssen. El 20 de diciembre 2021, la Comisión Europea autorizó una nueva vacuna, Nuvaxovid, del laboratorio Novavax. Todas las vacunas disponibles en España son eficaces y seguras y por eso han sido autorizadas por la Comisión Europea tras el dictamen favorable de la Agencia Europea de Medicamentos. Las vacunas fueron llegando de manera progresiva, por lo que desde el principio se estableció un orden de prioridad para ir vacunando a la población en función del riesgo de enfermedad grave y el riesgo de exposición fundamentalmente. Con el fin de reforzar la protección de los más vulnerables cuanto antes, la elección de la vacuna a aplicar no puede ser una elección individual sino que debe basarse en la eficacia y la indicación de las vacunas para los diferentes grupos de población. Los principales factores de riesgo de la COVID-19 son: • Si alguien con quien vives tiene COVID-19. • Si pasas tiempo en lugares con poca circulación de aire y un mayor número de personas cuando el virus se está propagando. • Si pasas más de 30 minutos en contacto cercano con alguien que tiene COVID-19. • Muchos factores afectan el riesgo de contraer el virus que causa la COVID-19. El tiempo que dura el contacto, si el espacio tiene buena circulación de aire y todas tus actividades afectan el riesgo. Además, si tú o las otras personas usan mascarillas, si alguien tiene síntomas de COVID-19 y lo cerca que estén unos de otros afecta el riesgo. El contacto cercano incluye sentarse y hablar uno al lado del otro, por ejemplo, o compartir un automóvil o dormitorio. Parece ser raro que las personas contraigan el virus que causa la COVID-19 por contacto con una superficie infectada. Si bien el virus se elimina en los desechos, llamados heces, la infección por COVID-19 en lugares como un baño público no es común. Algunas personas corren un mayor riesgo de enfermarse de COVID-19 gravemente que otras. Esto incluye personas de 65 años o más, así como bebés menores de 6 meses. Esos grupos de edad tienen el mayor riesgo de necesitar atención en el hospital a causa de la COVID-19. Un factor de riesgo es un atributo o característica de una persona, entorno, producto, actividad o proceso que aumenta la probabilidad de que se produzca una lesión o enfermedad. Esto significa que un factor de riesgo puede contribuir a una mayor probabilidad de que una persona se enferme o se lesione. No se conocen todos los factores de riesgo de una enfermedad grave por la COVID-19. Personas de todas las edades que no tienen otros problemas médicos han necesitado atención en el hospital por la COVID-19. Los factores de riesgo conocidos de enfermedades graves incluyen personas que no han recibido la vacuna contra la COVID-19. La enfermedad grave también supone un mayor riesgo para las personas que tienen: • Enfermedad de células falciformes o talasemia. La enfermedad de células falciformes conocida también como anemia de células falciformes (o SCD, por sus siglas en inglés) es un grupo de trastornos sanguíneos hereditarios que afecta la hemoglobina, la proteína que transporta el oxígeno por todo el cuerpo. Normalmente, los glóbulos rojos tienen forma de disco y son lo suficientemente flexibles como para desplazarse fácilmente a través de los vasos sanguíneos. Con la enfermedad de células falciformes, los glóbulos rojos adquieren forma de media luna debido a una mutación genética. Estos glóbulos rojos falciformes no se doblan ni se mueven con facilidad y pueden bloquear el flujo de sangre al resto del cuerpo. El bloqueo del flujo de sangre a través del cuerpo puede causar problemas graves, como accidentes cerebrovasculares , problemas de los ojos, infecciones y episodios de dolor conocidos como crisis de dolor. Por su parte, la talasemia es un trastorno sanguíneo hereditario que hace que tu cuerpo tega menos hemoglobina de lo normal. La hemoglobina permite que los glóbulos rojos transporten oxígeno. La talasemia puede causar anemia, lo que te hace sentir con fatiga. Si tienes talasemia leve, es posible que no necesites tratamiento. • Enfermedades cardíacas graves y posiblemente presión arterial alta. La presión arterial es una medición de la fuerza ejercida contra las paredes de las arterias a medida que el corazón bombea sangre a su cuerpo. Hipertensión es el término médico que se utiliza para describir la presión arterial alta. Si se deja sin tratamiento, la presión arterial puede llevar a muchas afecciones médicas. Estas incluyen enfermedades del corazón, accidente cerebrovascular, insuficiencia renal, problemas en los ojos y otros problemas de salud. Las lecturas de la presión arterial generalmente se dan como dos números. El número superior se denomina presión arterial sistólica. El número inferior se llama presión arterial diastólica. Por ejemplo, 120 sobre 80 (escrito como 120/80 mm Hg). Uno o ambos números pueden ser demasiado altos. • Enfermedades crónicas renales, hepáticas o pulmonares. • Las personas con demencia o alzhéimer también corren un mayor riesgo, al igual que aquellas con afecciones del cerebro y del sistema nervioso como los accidentes cerebrovasculares. Fumar aumenta el riesgo de una COVID-19 grave. Además, las personas cuyo índice de masa corporal indica que tienen sobrepeso u obesidad pueden también tener mayor riesgo. Estos términos, demencia y alzéimher, se utilizan a menudo de manera indistinta, pero en realidad tienen significados diferentes. La demencia no es una enfermedad específica. Es un término general que describe una amplia gama de síntomas. Estos síntomas afectan a la capacidad de una persona para hacer las actividades cotidianas por sí misma. Si bien el término "demencia" es general, la enfermedad de Alzheimer es una enfermedad específica del cerebro. Se caracteriza por causar síntomas de demencia que empeoran progresivamente con el tiempo. La enfermedad de Alzheimer primero afecta a la parte del cerebro asociada con el aprendizaje, por lo que los primeros síntomas suelen incluir cambios en la memoria, en el pensamiento y en la capacidad de razonamiento. A medida que la enfermedad avanza, los síntomas se agravan e incluyen confusión, cambios en el comportamiento y otras dificultades. Otras enfermedades o situaciones que aumentan el riesgo de enfermar gravemente a causa de la COVID-19 incluyen las siguientes: • Cáncer o antecedentes de cáncer. Todos estamos compuestos de billones de células que a través del transcurso de nuestras vidas crecen y se reproducen de la manera en que corresponda. Cuando una célula presenta alguna anomalía o ha envejecido, por lo general la célula perece (muere). El cáncer surge cuando algo sale mal en este proceso, ocasionando que las células anormales se reproduzcan y las células viejas no perecen como debería suceder. A medida las células cancerosas se reproducen de forma descontrolada, eventualmente pueden superar en número a las células sanas, Esto hace que al cuerpo le resulte difícil funcionar de la manera que debería hacerlo. • Diabetes tipo 1 o tipo 2. La diabetes es una enfermedad metabólica crónica caracterizada por niveles elevados de glucosa en sangre (o azúcar en sangre), que con el tiempo conduce a daños graves en el corazón, los vasos sanguíneos, los ojos, los riñones y los nervios. • Sistema inmunitario debilitado por trasplantes de órganos sólidos o de médula ósea, ciertos medicamentos o VIH. ¿Qué es el sistema inmunitario? El sistema inmunitario protege el cuerpo de su hujo de invasores externos tales como bacterias. virus, hongos y toxinas (sustancias químicas producidas por los microbios). Está constituido por diferentes órganos, células y proteínas que trabajan conjuntamente. • Embarazo. • Esta lista no es exhaustiva. Los factores relacionados con un problema de salud también pueden aumentar el riesgo de sufrir una enfermedad grave por COVID-19. Algunos ejemplos son una afección cuando las personas viven en un hogar grupal, o la falta de acceso a atención médica. Además, las personas con más de un problema de salud o las personas mayores que también tienen problemas de salud tienen una mayor probabilidad de sufrir una enfermedad grave. Las complicaciones de la enfermedad grave de COVID-19 pueden incluir: • Síndrome de dificultad respiratoria aguda, cuando los órganos del cuerpo no reciben suficiente oxígeno. El síndrome de dificultad respiratoria o síndrome de distrés respiratorio es un trastorno respiratorio de los recién nacidos prematuros en el cual los sacos de aire (alvéolos) de sus pulmones no permanecen abiertos por la falta o la producción insuficiente de la sustancia que los recubre (surfactante). • Shock causado por la infección o problemas cardíacos. El choque cardiogénico, también conocido como choque cardíaco, ocurre cuando el corazón no puede bombear suficiente sangre y oxígeno al cerebro y otros órganos vitales. Esta es una emergencia potencialmente mortal. Es tratable si se diagnostica de inmediato, por lo que es importante conocer las señales de advertencia • Reacción exagerada del sistema inmunitario, llamada respuesta inflamatoria. La respuesta inflamatoria (inflamación) se presenta cuando los tejidos son lesionados por bacterias, traumatismo, toxinas, calor o cualquier otra causa. El tejido dañado libera químicos, entre ellos histamina, bradiquinina y prostaglandinas. • Coágulos sanguíneos. Los coágulos sanguíneos son masas que se presentan cuando la sangre se endurece pasando de líquida a sólida. Un coágulo sanguíneo que se forma dentro de una de las venas o las arterias se denomina trombo. También se puede formar en el corazón. • Lesión renal. La lesión renal aguda es la disminución rápida de la función renal en días o semanas que causa la acumulación de productos nitrogenados en la sangre (azoemia) con o sin reducción de la diuresis Después de una infección por COVID-19, algunas personas informan que los síntomas continúan durante meses o que desarrollan nuevos síntomas. A este síndrome a menudo se le ha llamado COVID prolongada o post-COVID-19. Es posible que escuche que lo llamen COVID-19 de larga duración, condiciones post-COVID o PASC. Eso es la abreviatura de secuelas post-agudas del SARS-CoV-2. El especialista precisó que incluso las y los pacientes con casos moderados de la infección pueden desarrollar PASC. Los síntomas incluyen fatiga, problemas gastrointestinales, lagunas mentales y/o incapacidad para concentrarse. También, depresión, ansiedad, dificultades para dormir y, en casos extremos, deterioro de la capacidad pulmonar. “Los síntomas, a veces, surgen mucho después del momento de la infección o evolucionan con el tiempo y persisten durante meses”, continuó Fauci. Y añadió: “Pueden variar desde leves hasta incapacitantes”. Otras infecciones, como la gripe y la polio, pueden llevar a enfermedades a largo plazo. Pero el virus que causa la COVID-19 solo se ha estudiado desde que comenzó a propagarse en 2019. Por eso, continúa la investigación sobre los efectos específicos de los síntomas a largo plazo de la COVID-19. La gripe es una enfermedad que afecta desde la antigüedad a las personas y a otras especies animales (aves, cerdos...) y que causa epidemias cada año, principalmente durante los meses de invierno. Esta enfermedad la producen distintos tipos de virus que además pueden combinarse entre ellos dando lugar a una nueva gripe. La gripe es muy contagiosa ya que se transmite fácilmente de una persona a otra a través de las gotitas de saliva o secreciones que expulsamos al hablar, toser o estornudar. Por su parte, la polio es una enfermedad causada por un virus que afecta principalmente a los nervios de la médula espinal o del tronco cerebral. En su forma más grave, la polio puede hacer que una persona sea incapaz de mover ciertas extremidades, lo que también se denomina parálisis. Los investigadores creen que el síndrome post-COVID-19 puede ocurrir después de una enfermedad de cualquier gravedad. Recibir la vacuna contra la COVID-19 puede ayudar a prevenir el síndrome post-COVID-19. Ahora, vamos a ocuparnos de LA INSATISFACCIÓN CON LA VIDA DURANTE LA PANDEMIA POR LA COVID 19. La pandemia y sus repercusiones económicas están relacionadas con la insatisfacción con la vida y la ansiedad. Del 14 de marzo al 21 de junio del 2020 en España se declaró un estado de alarma motivado por la crisis desencadenada por la covid-19. El 24 de octubre del mismo año empezó un segundo estado de alarma. La encuesta realizada en internet «Vivir y trabajar en tiempos de coronavirus» (LWCV, por sus siglas en inglés) recoge información sobre los efectos de la pandemia entre marzo y diciembre del 2020, con una muestra final de 4.683 encuestados. Durante el primer estado de alarma, la insatisfacción con la vida, medida en una escala de 1 a 10, presentó una media de 3,97 y el 27% de los encuestados afirmaban haber sufrido ansiedad o depresión. Durante el segundo estado de alarma, estas cifras ascendieron al 4,6 y el 45%, respectivamente. La ansiedad y la depresión están vinculadas sobre todo a los problemas de salud, mientras que la insatisfacción con la vida tiene que ver mayoritariamente con los problemas económicos. El trastorno depresivo (o depresión) es un trastorno mental común. Implica un estado de ánimo deprimido o la pérdida del placer o el interés por actividades durante largos períodos de tiempo. La depresión es distinta de los cambios habituales del estado de ánimo y los sentimientos sobre el día a día. Por su parte, la ansiedad (del latín anxietas, 'angustia, aflicción') es un mecanismo de defensa natural del organismo frente a estímulos externos o internos que son percibidos por el individuo como amenazantes o peligrosos, y se acompaña de un sentimiento desagradable o de síntomas somáticos de tensión. Las personas que se mostraban más insatisfechas con la vida eran las que habían perdido el empleo debido a la covid-19 o las que experimentaban soledad. Perder el trabajo hace aumentar significativamente la insatisfacción en todas las edades, especialmente en el grupo de 35 a 44 años. Haber pasado la covid-19 o tener familiares o conocidos infectados no guardaba relación con la insatisfacción con la vida. Las relaciones más significativas con la ansiedad y la depresión no se daban con las personas diagnosticadas con covid-19 sino más bien con quienes tenían síntomas de covid o mala salud en general. Las mujeres, las personas que habían experimentado soledad y las que habían perdido el trabajo eran las que tenían mayores probabilidades de sentir ansiedad o hallarse deprimidas. A lo largo de nuestra vida es natural sentir insatisfacción, bien sea en relación a nuestra vida personal, sentimental o profesional. Sin embargo, cuando esa insatisfacción dura demasiado tiempo termina por crearte malestar, limita tu vida y cada vez sientes más dificultad en tus relaciones o contigo mismo. ¿Por qué te sientes insatisfecho o insatisfecha? ¿Cómo superar esa sensación? En principio, esta emoción, estado de ánimo y también interpretación sobre lo que está ocurriendo no es del todo negativa. La insatisfacción forma parte de nuestra vida y nos ayuda a descubrir qué es lo que necesitamos cambiar en nuestras vidas; pero... ¿es realmente ese cambio algo que quieres o lo que te da miedo afrontar? La insatisfacción te ayuda a conseguir cambios concretos que necesitas, pero si esa insatisfacción terminar por ser constante, el problema es otro. Entre los que sí trabajaban, tanto el aumento como la disminución de la carga de trabajo estaban relacionados con la ansiedad y el estrés. El estrés es un sentimiento de tensión física o emocional. Puede provenir de cualquier situación o pensamiento que lo haga sentir a uno frustrado, furioso o nervioso. El estrés es la reacción de su cuerpo a un desafío o demanda. A pesar de que vivir con la pareja estaba relacionado con menor insatisfacción, también se asociaba a mayor ansiedad. En el primer año de la pandemia por COVID-19, la prevalencia mundial de la ansiedad y la depresión aumentó un 25%, según un informe científico publicado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Hacer ejercicio diariamente se relacionaba con una menor propensión a experimentar insatisfacción, ansiedad o depresión. Entre el primer y el segundo estado de alarma aumentaron las medias de insatisfacción con la vida y los niveles de ansiedad y depresión. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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