RELATO BREVE, "Un día de verano y playa"
Hoy le convenzo a mi compañera, a Clara, para pasar este día de verano al sol, disfrutando de todo lo que nos ofrece nuestra Bahía de La Concha. Ahora son exactamente las diez de la mañana. Nuestros dos retoños todavía permanecen en sus respectivas camas; son un niño, Aitor, de seis años y una niña, Igone, de cuatro. Pero, como he dicho, en esta casa todavía reina la paz, aunque Clara se ha encerrado en la cocina para preparar algo de comida. Las tortillas de patatas le salen estupendas y están para chuparse los dedos. Además, mi compañera, que nunca se complica la vida, empanará unos filetes, que junto a la fruta completan nuestras respectivas comidas. Todo ello lo pone en fiambreras, que después irán a su bolso de playa. De momento hay que despertar y desentumecer a los dos guerreros de la casa, que son un par de intrépidos niños, turbulentos y volcánicos. De Aitor me ocupo yo, a quien destapo y ayudo a vestirse, aparte de obligarle a que se asee. Hoy, le he puesto su traje de baño y ropa ligera y fina, pues el sol no va a dar tregua. Otro tanto hace Clara con Igone, su vivo reflejo. Bueno, pues a desayunar el correspondiente Cola-Cao y unas galletas. Pero la paz parece que huye, pues ya se escuchan las primeras quejas, los murmullos y sus protestas. Que esto sí, que esto no, nunca hay al respecto una decisión unánime, que asegure la concordia. Nuestros diablillos nos vuelven locos, siempre andamos yendo y viniendo. Como hemos insinuado al principio de nuestro relato, nos encontramos en San Sebastián, donde las temperaturas nunca son extremas. En general, el del País Vasco es un clima bastante benévolo. Las temperaturas suaves en verano permiten disfrutar de sus bellas y famosas playas, las montañas o simplemente pasear por la ciudad sin grandes agobios por el excesivo calor. De hecho, muchos turistas que provienen de las provincias del sur del Estado Español se acercan hasta el País Vasco para huir de las altas temperaturas. Las máximas en verano se sitúan de media entre los 23 y los 27ºC, excepto en olas de calor muy concretas. Las temperaturas medias se acercan a los 20ºC en la costa y a los 18 en la Llanada Alavesa. Las mínimas van de los 12 a los 16 grados centígrados. Y llega la hora de los agobios, de las riñas… Hay que prepararse para pasar el día al sol. Clara mete en su bolso la crema solar, las toallas y la comida; los demás trastos van por cuenta propia. Aitor, como siempre, coge sus platillos volantes, así como las palas y dos pelotas de tenis. Igone se conforma con su cubo, el rastrillo y la pala, y además se ciñe a la cintura un pequeño flotador. El resto de cosas nos las repartiremos entre Clara y yo, como la nevera portátil, la vajilla de pícnic, los vasos, los cubiertos y un termo, que irán a parar a mi bolsa de deportes. Clara, por su parte, lleva las fiambreras y los tápers, la crema solar y las toallas. En suma, hechos un cisco bajamos al garaje por el montacargas, dejando en el coche lo visto y lo no visto, y donde nos acomodamos los cuatro. Igone, nada más subir al coche, ya nos da la lata: - Papá tengo ganas de pis-pis. A lo que le replico en tono severo: - Pitufa ahora te toca esperar a que lleguemos al muelle. Y nos ponemos en marcha camino del Puerto, pues nuestra idea consiste en pasar la mañana en la isla de Santa Clara. El puerto de San Sebastián se encuentra en el extremo oriental de la bahía de La Concha, al pie de la estatua del Sagrado Corazón que corona el monte Urgull. Es un puerto pequeño de forma triangular, con una zona pesquera y otra de recreo. Además, este puerto guipuzcoano cuenta con 400 plazas de atraque y están ocupadas en todo momento. Por otro lado, es interesante saber que, desde el puerto, parten salidas en barco para todo aquel que quiera disfrutar de un agradable trayecto por la bahía. En definitiva, se trata de un puerto pesquero con una dársena deportiva en las faldas del monte Urgull. Al sur del monte Urgull, la dársena deportiva de Donostia se encuentra ubicada en el puerto de Donostia, en pleno centro de la ciudad y formando parte de la bahía de la Concha. Algunas actuaciones realizadas a lo largo de los años no son compatibles con su carácter de "puerto histórico". Situado en el fondo de la concha que abre entre el Monte Urgull y el Monte Igueldo a 1,5 millas al WSW del anterior, con una bocana de 150 metros y 12 metros de sonda. En el centro de la bahía se sitúa la Isla de Santa Clara de poco más de 400 metros de largo, tendida al NE-SW. El puerto está situado al S del monte Urgull. La bocana del puerto de una anchura de 20 m con 3 m de calado da acceso a una dársena triangular de no muy grandes dimensiones dividida por un espigón central que forma dos espacios, el pesquero “Muelle de la Jarana” y el deportivo de “La Lasta”. La ocupación es total por embarcaciones de residentes y es difícil encontrar plaza. En período estival el R.C. Náutico fondea 131 boyas al S de la Isla de Santa Clara, con servicio de botero y uso de los servicios del Club que alquila a embarcaciones de corta estancia. Es necesario contactar disponibilidad. El Real Club Náutico de San Sebastián es uno de los principales dinamizadores de la actividad náutica en estas aguas, tanto en su sección de vela con escuela abierta todo el año, como en piragüismo, kayac de mar, actividades subacuáticas y pádel surf. Operan empresas de chárter a vela y motor y es posible el alquiler de material de buceo o contratar una embarcación para una jornada de pesca con o sin patrón. No podemos dejar de mencionar el gran evento del remo de banco fijo que tiene concretada sus fechas en el mes de septiembre y que atrae a la Bahía de la Concha a las mejores tripulaciones y aficiones de la cornisa Cantábrica y Atlántica de la modalidad de remo de banco fijo, la Bandera de La Concha: también conocida como la olimpíada del remo. Dos dársenas, una destinada a pesqueros y la otra destinada a embarcaciones de recreo. Atención: la dársena destinada a embarcaciones de recreo no admite embarcaciones en tránsito. El puerto dispone de un total de 375 amarres. El Real Club Náutico de San Sebastián dispone de 131 boyas para embarcaciones de vela y a motor habilitado durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre, y servicio de botero de 24 horas como amarres de cortesía para embarcaciones en tránsito. También se puede fondear por libre sobre arena por el S de la isla de Santa Clara y acercarse a tierra con el auxiliar. En este caso se tendrá cuidado de no acercarse al cordón de boyas que balizan la distancia a la playa. Saliendo desde el puerto de Donostia, se realizará una excursión de 30 minutos hasta la isla de Santa Clara en barco y se disfrutará de una visita de la Bahía de Donostia/San Sebastián totalmente diferente. En la isla se puede tomar el sol, darse un baño, pasear y visitar sus acantilados. Además, es de especial interés visitar la obra de Cristina Iglesias Hondalea. Excavada en el interior de la casa del faro vaciada, incorpora la peculiar geología y ecología de la costa vasca y la bravura de las aguas del océano que rodean la isla. Una vez llegados al Puerto, papá procede a aparcar el coche, concretamente en la calle Ijentea. Tras lo cual, hecho un exabrupto diciendo: - No os dejéis nada en el coche: bolsos, juegos… Y Clara les anuncia lo siguiente: - Allí está la taquilla, costando cada boleto 7 euros. Procurando elevar la moral de la tropa, les explico lo siguiente: - Vamos a montarnos en un catamarán, que es una embarcación o buque multicasco con dos cascos paralelos de igual tamaño. Es una embarcación de geometría estabilizada, derivando su estabilidad de sus dos quillas, en lugar de una quilla con bulbo de los veleros monocasco. Lo vais a pasar estupendamente bien. Clara saca los billetes y la tropa se sube al catamarán San Sebastián, recordándonos que: - El catamarán Ciudad de San Sebastián cuenta con capacidad para 120 personas, lo que lo convierte en el barco de transporte de personas más grande de Euskadi. Se trata de rutas en catamarán en Donostia/San Sebastián para visitar la Bahía de La Concha y la costa vasca. Yo, personalmente, les agrego que: - Estos paseos son una de las experiencias náuticas más demandadas de Gipuzkoa. La ruta en catamarán por la bahía y la costa de Donostia San Sebastián nos permite conocer algunos de los rincones más emblemáticos de la ciudad desde un punto de vista original y diferente. Durante el recorrido, existe la posibilidad de escuchar una audioguía para conocer todos los puntos de interés que visitamos. Yo y Clara les decimos a grito pelado: - Portaros bien y no hagáis ninguna travesura. El trayecto resulta delicioso y puede considerarse una experiencia única. En otro sentido, la Isla Santa Clara, en euskera Santa Klara Uhartea, es uno de los espacios más emblemáticos de la capital guipuzcoana. Un lugar, al que los y las donostiarras vuelven año tras año. Todo un icono de la ciudad. Sin lugar a duda, una de las islas más importantes y llamativas de nuestra costa. Si estáis buscando qué ver en San Sebastián, se recomienda a ojos cerrados visitar la isla, ya que nos encantará. La isla Santa Clara cuenta con capítulos históricos de lo más interesantes. Y es que además de su catalogación como Centro Histórico de Interés Nacional, debemos mencionar que la Isla acogió a todas aquellas personas que resultaron contagiadas por la peste que asolo la ciudad en 1597. Los enfermos fueron cobijados en una pequeña ermita que se situaba en el mismo espacio en el que hoy en día encontramos el faro. En lo alto de la isla. Según diferentes hipótesis esta ermita fue construida en 1362 como consecuencia de la masiva construcción de este tipo de templos por parte de la orden de los franciscanos. Una ermita, que en el siglo XVII pasó a ser gestionada por las monjas del convento de San Bartolomé. Expertos geólogos afirman que antiguamente no era la única isla existente en Donostia San Sebastián y es que según algunos estudios, Urgull también era isla hasta que se unió a tierra por diferentes procesos de sedimentación. Ahora tomará de nuevo la palabra mamá, quien apuntará que: - Esta pequeña isla de 5,6 hectáreas cuenta con embarcadero, baños, duchas, socorristas, bar, restaurante, merendero y mucho más. Como veis, cuenta con todas las comodidades necesarias para disfrutar de un bonito día en familia. ¡Nuestro plan! Protegida por dos colosos, Igeldo y Urgull, la Isla Santa Clara, se encuentra en el corazón de la Bahía de la Concha, en el centro. Una ubicación, desde la que se divisa prácticamente toda la ciudad. Esta pequeña isla ha sido moldeada durante siglos por el mar y el viento para ofrecernos uno de los espacios más atractivos de toda la ciudad. Un pequeño paraíso natural, que, capitaneado por el idílico faro que encontramos en su punto más alto nos ofrece unos intensos tonos verdes y azules que se fusionan en el horizonte de San Sebastián. La playa de la isla de Santa Clara es una de las 4 playas de San Sebastián, junto a Ondarreta, La Concha y la Zurriola. Un pequeño arenal, que únicamente esta visible durante la marea baja. Esta playa cuenta con todos los servicios que podemos encontrar en el resto de playa de nuestro litoral: socorristas, duchas, baños, bar… En el caso de que visitéis la isla con marea alta, no os preocupéis, la playa desaparecerá pero en su lugar aparecerá la piscina de agua natural. Como veis, el baño siempre está garantizado en la isla. La isla de Santa Clara es un islote junto a la ciudad de San Sebastián, situada en el centro de la Bahía de La Concha, de 5,1 hectáreas de superficie y que alcanza los 48 metros de altitud, siendo bastante escarpada debido a sus reducidas dimensiones. El islote es hogar de una subespecie endémica de lagartija. Antiguamente era una península, ya que se unía por tierra con el actual paseo. En la actualidad posee un embarcadero y una pequeña playa que sólo aparece con las bajamares y que, sin embargo, cuenta con servicio de socorrismo, duchas e incluso un bar, debido al gran número de personas que en verano se acercan a esta isla (comunicada durante el verano con el puerto de San Sebastián mediante un servicio regular de barco cada media hora). Aparte del pequeño muelle y las dotaciones asociadas al período estival, la única construcción de la isleta es un faro que se yergue en su cima, perteneciente a la Entidad portuaria de Pasajes. En la zona alta de la isla existen campas con numerosas mesas. Desembarcamos en la Isla y Clara emprenderá sus labores, requiriendo la colaboración de todos: - Haber a echarse la crema solar. Ya sé que tú, Aitor, para llevar la contraria a todos, no querrás protegerte la piel. –Les pone crema por la cara, los brazos y las piernas-. A continuación saca de su bolso las toallas y entrega a cada uno la suya, añadiendo: - Cuidad las toallas y no las mojéis innecesariamente. La peque balbucea unas palabras y se escapa a la playa con su cubo, su rastrillo y su pala, gritando: - Ahora no tengo sed. ¿Puedo bañarme dentro de un ratito? Momento en que yo intervengo: - ¡Cuidado! Con las olas y las corrientes, que te estrellan en las rocas. No obstante, no te vayas muy lejos. Interviene otra vez la madre para decirles: - ¿Tenéis hambre? Si os apetece, os preparo inmediatamente unos bocatas de foie-gras. Pero la desbandada ha sido general. Yo me voy un rato con Aitor para jugar a la pala y ambos desaparecen también. Clara, que es muy presumida, se tumba a tomar el sol, luciendo un traje de baño muy sexy. Durante muchos años, el Faro de la Isla de Santa Clara ha permanecido vacío y abandonado. Inspirándose en la naturaleza salvaje de la Isla, tan cerca de la ciudad, y en la notable geología de la costa vasca, la escultora Cristina Iglesias ha realizado una obra que transforma el interior de la Casa del Faro restaurándolo y convirtiéndolo en un sobrecogedor entorno escultórico. Los estratos geológicos fundidos y las secuencias del agua transportan al visitante a una experiencia de tiempo profundo. Llegar a la Isla en barco y contemplar las rocas y las olas desde los senderos que conducen al Faro es esencial para la idea de Iglesias y de su escultura para este lugar único. Más allá de la transformación del Faro, la Isla, tan presente en la ciudad, mantiene al mismo tiempo su misterio, y permanece intacta. Se puede disfrutar de una visita guiada de la obra y su entorno, que incluye una travesía comentada a través de la bahía de La Concha, un itinerario guiado por la isla para conocer en detalle sus activos naturales y el acceso a la Casa del Faro: Hondalea. La Isla de Santa Clara y la obra Hondalea suponen un marco inmejorable para el desarrollo de actividades didácticas y de educación ambiental con grupos organizados, garantizando unos criterios de especial cuidado con el entorno. Excavada en el interior de la casa del faro vaciada, la obra de Iglesias incorpora la peculiar geología y ecología de la costa vasca y la bravura de las aguas del océano que rodean la isla. La obra de Cristina Iglesias aporta una renovada concepción de la práctica de la escultura. Su búsqueda del compromiso poético y simbólico entre las obras y el espacio se materializa siempre en un despliegue estético, visual y dinámico. Cristina Iglesias, desde su propio lenguaje escultórico, interviene y transforma un lugar remoto dentro Es importante subrayar la importancia de la intención de la escultora al realizar esta obra. Con ella, la artista quiere poner en valor un espacio público mediante una incursión controlada, ofreciendo, además, una perspectiva diferente de la ciudad. Por otro lado, su intervención evoca la idea del arte como refugio, como lugar de encuentro, idea siempre presente en la obra de Cristina Iglesias.de la ciudad, convirtiéndolo en un símbolo de la defensa de causas ecológicas y de la conservación medio ambiental. La obra de Cristina Iglesias consolidará el valor de la franja costera de la ciudad. Busca convertir un lugar icónico de la misma y transformarlo en un espacio de reflexión y comunicación con la ciudad y el mar. Esta nueva situación dará pie al desarrollo y organización de actividades educativas y artísticas (talleres, conferencias, presentaciones, encuentros, etc.) que versen en torno a las diferentes manifestaciones artísticas, así como a la sostenibilidad, el medioambiente, el cuidado de los mares y océanos. Cristina Iglesias, es una artista nacida en San Sebastián, que aporta una renovada concepción de la práctica de la escultura. Su búsqueda por el compromiso poético y simbólico entre las obras y el espacio, se materializa siempre en un despliegue estético, visual y dinámico. Su obra se encuentra en importantes colecciones públicas y privadas. Ha realizado exposiciones individuales en museos nacionales e internacionales. Además, ha expuesto en innumerables galerías. Cristina Iglesias cree que el arte puede participar en la defensa de causas ecológicas y también en la de recuperación de edificios y/o lugares que están abandonados. Así lo hizo con la Torre del Agua en Toledo, por ejemplo, y así lo hace ahora en la Casa del Faro. Su intención es que el proyecto sea un espacio, un lugar, donde se viva una experiencia única, y que, al mismo tiempo, genere diálogo y nos haga conscientes de la necesidad de proteger los mares y el entorno que nos rodea y habitamos; al mismo tiempo que recupera un espacio público de la urbe, algo remoto, pero en el centro de la ciudad. La obra, evoca, además, la idea del arte como refugio, presente también en otras creaciones de Cristina Iglesias. Al mismo tiempo, supone la renovación, y consolidación de un edificio, que se encontraba en un estado crítico, al tiempo que crea un punto de interés que incrementa su valor y el potencial de la isla. La Casa del Faro es una obra sostenible, que dialoga con la naturaleza. Es sostenible y la cubierta se ha realizado con placas solares translúcidas. La Isla de Santa Clara es un espacio de singular belleza, emplazado en el punto donde convergen tierra y mar, y en el que se concentra en una reducida superficie una gran riqueza natural. Paseando por los senderos que se abren entre prados y bosquetes se pueden contemplar especies arbóreas propias del entorno, adaptadas a la salinidad y a los fuertes vientos marinos, conviviendo con árboles y plantas introducidas por el ser humano en su afán por domesticar el medio. En los acantilados costeros, coloreados por el amarillo del hinojo marino y el rosa pálido de los brezos, alborotan las aves marinas desde sus nidos. En los arenales y rasas que rodean la Isla, unas veces sumergidos y otras veces expuestos al aire libre, según el capricho de las mareas, se despliega un embriagador ecosistema en el que conviven gran variedad de algas y animales acuáticos. La geología, responsable de la formación de las rocas que constituyen el sustrato de la Isla, es también quien la ha configurado como un elemento diferenciado del resto de los relieves costeros. Pero su papel aún no ha terminado, como demuestran las bellas y elaboradas estructuras alveolares que hoy en día se siguen produciendo. La escultura se encuentra dentro del edificio de la casa del faro de la isla de Santa Clara, ocupando todo el espacio del edificio. La escultura está formada por un gran vaso de bronce que recrea, de forma artística, imágenes del fondo de la bahía donostiarra y de la costa cercana. En el interior del vaso, el agua fluirá siguiendo el ritmo de las mareas. Dicho lo cual, nos vamos con la familia Torrente Ballester. Hablando, hablando… ya son las dos del mediodía, por lo que Clara se pone en guardia: - Todos a comer –grita Clara-. ¡Ya son las dos del mediodía! Extiende un mantel, más o menos bonito, y saca del bolso los tápers y las fiambreras, la tortilla de patatas y los filetes empanados. Improvisando sobre la marcha va montando los distintos bocadillos que le cogen de menor a mayor. Así, se monta una comida playera, en la que no puede faltar para beber la Coca-cola, que saco de la nevera portátil. - ¡Todos servidos! –replica Clara-. Y el Señor Torrente individualiza mucho más la situación, precisando que: - Ya hemos disfrutado todos de una mañana playera, por lo que hay que ir recogiendo, ya que a la tarde queríamos visitar el Aquarium. ¡Venga!, todos en marcha. La pitufilla no ha perdido ninguno de sus objetos playeros, y yo y mi hijo hemos estado casi toda la mañana jugando con las palas y las pelotas. Así, pues, la familia se va ordenando y preparando, ya lista para coger una de las motoras que pasa cada media hora por el embarcadero. A tontas, a tontas, ya son las tres y media de la tarde. De momento, el coche no hay que moverlo, lo que significa un problema menos. A las cuatro de la tarde arribamos de vuelta al Puerto, y nos dirigimos directamente al Aquarium, lugar que disfrutarán muy especialmente los dos chiquillos. Cuando se encuentran en su entrada, obligatoriamente el padre pasa por la taquilla, momento en que exclama: - El precio para una familia es ¡exagerado! 14 euros los adultos y 10 euros los estudiantes. El padre no exclama nada más por encontrarse delante sus dos hijos, pero el ceño lo frunce bien. Al final del Puerto de Donosti se encuentra el Aquarium, un edificio frente al mar con varias alturas. La visita empieza en una planta que cuenta con paneles, maquetas y explicaciones históricas sobre el mar y la pesca, para después bajar a lo mejor del lugar: los diversos acuarios. Antes de entrar en ellos, debe aprovecharse la visita para gozar de una excelente vista de la Bahía, la isla de Santa Clara y el monte Igeldo. Devuelta al local de los acuarios, hay acuarios pequeños que son interesantes, siempre que te los dejen ver otros visitantes a los que les gusta tocar los cristales. Lo mejor –y más espectacular- es el túnel, donde nadan los tiburones, las rayas y otra fauna marina que parece estar encima de ti. Como nos acompañaban los dos peques, la visita es imprescindible. El Acuario Donostia, en San Sebastián, es un cautivador mundo marino. Es una visita obligada para todas las edades. El Aquarium de San Sebastián es uno de los equipamientos más visitados de Euzkadi con 300.000 visitas al año. El mismo recoge en su emblemático edificio, construido en 1928, dos plantas dedicadas al patrimonio marítimo y marino de Gipuzkoa, destacando el esqueleto de una ballena franca, así como una amplia oferta de acuarios dedicados al mar Cantábrico, en los que podrás contemplar más de 200 especies, con su famoso túnel de 360º, a lo que hay que sumar una amplia variedad de especies tropicales. Es el 2º museo más visitado de todo el País Vasco con 340.000 visitas anuales, sólo por detrás del Guggenheim. Se trata del Aquarium más antiguo de España y el 2º de Europa. El Aquarium intenta contextualizar la historia marítima y marina de San Sebastián y Guipúzcoa. Más de la mitad del edificio está dedicada a la navegación y pesca ballenera vasca, con decenas de maquetas, armas de piratas, artilugios de pesca, fósiles, e incluso el esqueleto de una ballena franca. El Aquarium-Palacio de Mar se construyó en el 1928 y fue inagurado por los reyes de España por aquel entonces: el Rey Alfonso XIII y la Reina Victoria Eugenia. Está en un lugar emblemático en el puerto de San Sebastián. Se encuentra a los pies del Monte Urgull, y justo al borde del mar en el muelle donostiarra. El palacio de mar fue renovado profundamente en 1998 con una obra que costó 1.300 millones de pesetas (casi 8M€ de aquella época). Se introdujo el gran tanque con el túnel de metacrilato y se amplió la superficie del museo escavando 20.000 m3 por debajo de lo que hoy es el Paseo Nuevo. El Aquarium empieza con una exposición sobre los marineros vascos, la Pesca de Ballenas y fósiles marinos. En la primera sala te sorprenderá los huesos de una ballena franca que cuelgan sobre la sala principal. La ballena fue cazada en aguas de San Sebastián en 1878 y colgada en el Aquarium en el año 1933. Ahora, en 2020 y aprovechando la pandemia del Coronavirus, fue limpiado al detalle y restaurado. No podía faltar el Oceanarium, un gran tanque de 32x16x8 metros con imponentes tiburones en su interior. Esta «pecera» tiene más de 1.5 millones de litros y cuenta con más de 7.000 peces de 47 especies diferentes. Los ejemplares de tiburones Toro son las estrellas del Aquairum. Se llaman ‘Txuri‘ y ‘Conchita‘ y aprovecharon el cierre e intimidad durante la pandemia para aparearse, algo muy inusual en aquariums. Además fueron pillados en vídeo. Incluido el túnel de cristal donde te pueden pasar los tiburones y otros pececillos por encima. Otros tanques con especies tropicales como manglares, ríos tropicales o arrecifes sin dejar de lado los acuarios dedicados al mar Cantábrico. A los niños les encantan los acuarios y poder descubrir tan de cerca a animales tan diferentes a los que estamos acostumbrados a ver. El Aquarium de San Sebastián ofrece varios programas con actividades especiales para niños. La actividad de dormir en el Aquarium tiene un poco de todo. Empieza con una visita guiada a las 20 horas, luego una pequeña cena-picnic (llevada por los participantes) para terminar durmiendo en el túnel, debajo de los tiburones. Por la mañana hay un desayuno a cargo del Aquarium. Y, realizada la visita completa, el padre pregunta a Aitor: - Qué te ha parecido. ¡Sorprendido! A lo que Aitor responde inmediatamente: - La visita es amena y no se hace larga ni pesada. Lo mismo hace Clara, dirigiéndose a su hija Igone: - Y ¿a ti que te ha resultado más llamativo? Igone relamiéndose aún, con palabras entrecortadas contesta: - Está entretenido, es moderno, con mucha información de valor y está muy cuidado. En suma, los cuatro han salido contentos y satisfechos. Se dirijen, pues, a la calle Ijentea, donde permanece aparcado el coche. Al asomarse al Ayuntamiento, su reloj marca las seis y cuarto de la tarde, por lo que el padre propone lo siguiente: - Antes de subir a Intxaurrondo, podemos dar un paseo por los jardines de Alderdi-Eder. Su compañera le replica: - ¡Está bien!, pero poneros ya las chaquetas y jerseys pues ya está refrescando. Un tiovivo, un estanque, fuentes y gran variedad de plantas conforman los jardines de Alderdi-Eder, frente al Ayuntamiento y la bahía de la Concha. Parque situado en pleno centro de Donostia, junto a la playa de La Concha, que es perfecto para descansar mientras se ve a los artistas callejeros. Los árboles tienen pensamientos dilatados, prolijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchemos. Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquiere una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es. Oler a hierba recién cortada al pasar por un jardín o descansar en el banco de un parque es, para mí, un placer difícil de describir; una sensación casi purificadora, me atrevería a decir que hasta sanadora, que me hace recordar la presencia de la naturaleza en la ciudad, cotidiana y permanente, la conexión de la naturaleza con la ciudad, de lo verde con la gama de grises del asfalto. En nuestra ciudad, San Sebastián, tenemos la fortuna de contar con 21 m2 de superficie verde por habitante, casi el doble de la media que la OMS establece como indicador de calidad de vida. Un tesoro individual y colectivo, que nos pertenece a todas y a todos, que hemos heredado de nuestros antepasados en algunos casos, que hemos podido crear en nuestro tiempo, en muchos otros, y que dejaremos en herencia a las generaciones venideras. Montes, bosques, parques, jardines, zonas verdes en calles y plazas; grandes, pequeños, cerca del mar, junto al río, verde San Sebastián en toda la ciudad, a lo largo y ancho de todos los barrios. Verde muy donostiarra, intenso, fresco, luminoso, que brilla con las gotas de rocío y salitre; verde que se respira en las páginas de esta guía de parques y jardines de San Sebastián, que invita a conocerlos, a pasearlos, a olerlos, a disfrutarlos… y a cuidarlos. Seamos conscientes de nuestro patrimonio natural, de la importancia de descubrir, valorar y preservar los espacios verdes de San Sebastián. Será una manera efectiva más de demostrar nuestro compromiso con el desarrollo sostenible de la ciudad y la lucha cotidiana contra el cambio climático. Es probablemente la estampa más típica de San Sebastián, abriéndose ante la fachada del Ayuntamiento y la bahía de La Concha. Aunque originalmente diseñado por Pierre Ducasse en 1885, es uno de los jardines históricos donostiarras que más variaciones ha experimentado. En la actualidad, su equilibrada disposición en jardines rectangulares y parterres geométricos cuajados de vistosos conjuntos florales sigue invitando al disfrute. Aunque las palmeras canarias destacan por su exuberancia, sin duda, los árboles más característicos son los tamarices de tronco retorcido, ramas flexibles y flores color rosa pálido. Esta especie, popularmente conocida como “tamarindos” aunque no guarda relación con aquel árbol centroafricano, fue introducida por su resistencia a los temporales, convirtiéndose en el emblema de la ciudad. Alderdi Eder también cuenta con un recoleto espacio con pérgolas, donde un grupo escultórico de leones parece custodiar el estanque azulejado con surtidor en forma de figura femenina y el busto del escritor José María Salaberría. Junto a la zona de juegos infantiles, un romántico tiovivo evoca los tiempos de la belle époque. El padre se atreve a preguntar a sus hijos: -Tamarindos, en España, sólo se encuentran en Santander y San Sebastián. Ahora que los tenéis a la vista, os atreveríais a decir algo de ellos. Los dos niños se miran a los ojos, pero enmudecen por completo. El padre se dirije, entonces, a Clara, quien le replica que: - A mi alrededor se encuentran innumerables Tamarindos (Tamarix gallica), una especie que se introdujo en 1885 como solución de jardinería, ya que las condiciones de viento y salinidad no eran adecuadas para la pervivencia de otro tipo de vegetación. Hoy se han convertido en un icono de la ciudad, pese a que su naturaleza arbustiva hace que precisen de tiempo para crecer y, sobre todo, de un cuidado y una poda continua para alcanzar formas parecidas a las de un árbol. Además, el padre aprovecha los conciertos que están dando algunas bandas de músicos, para interpelar a los tres miembros restantes sobre dicho fenómeno: - La música callejera o busking se refiere a actuar al aire libre, ¿alguno sabe decir algo al respecto? Toma de nuevo la palabra Clara, quien señala lo que sigue: - Si alguna vez visitas cualquier ciudad europea grande, seguramente se verán multitud de intérpretes y artistas actuando en la calle, desde solistas hasta grupos completos y compañías de teatro. El arte callejero es una excelente oportunidad para mostrar la música que se hace e incluso ganar algo de dinero (por donaciones, por supuesto). A lo que, entablándose una sincera conversación entre marido y mujer, él aprecia las siguientes características: - Hay tres cosas que se deben hacer si se quiere llevar la música a las calles de una ciudad: • Perfeccionar la actuación. Asegurarse de que se tiene material de calidad y muy ensayado. Alrededor de 30 minutos de música serán perfectos como punto de partida para una primera experiencia tocando en la calle. • Conseguir el equipo adecuado. Por supuesto que se puede tocar en la calle solo con un instrumento acústico y la voz. Sin embargo, hay calles sorprendentemente ruidosas, y es importante que los transeúntes puedan escuchar. La forma más fácil de amplificar el sonido es con un equipo que funcione con batería, y es aquí donde te seremos útiles. Desde amplificadores compactos hasta sistemas de PA alimentados por batería, estos dispositivos autosuficientes son ideales para actuar en la calle. • Revisar las normas del ayuntamiento de la ciudad o pueblo en que se encuentre uno. Cada localidad cuenta con políticas diferentes sobre el arte callejero. No arriesguarse a tocar sin conocer esta información, ya que podrían no permitir el continuar con el espectáculo. A lo que ella añade lo siguiente: - Hay algunos puntos que deben considerarse antes de la primera actuación en la calle: • Eligir el lugar donde se va a actuar. Encontrar una ubicación que sea adecuada para la actuación. ¿Vas a tocar a todo volumen? Escoge una calle principal por donde transiten muchas personas. ¿Tu espectáculo es más íntimo y tranquilo? Busca un lugar con un ambiente más relajado. • Respetar a otros artistas. Si te encuentras en una ciudad popular y hace buen día, es probable que haya otros artistas callejeros actuando al mismo tiempo que tú. Lo mejor es que no te instales demasiado cerca ni trates de tocar más fuerte, sino que encuentres un punto donde puedas actuar de forma cómoda, sin competir con otros músicos. Además, es importante no monopolizar el espacio; 30 minutos es una buena duración si hay muchos músicos tocando en la misma zona. • Tener consideración por la gente local. Es probable que las tiendas y restaurantes aprecien la atmósfera creada por artistas talentosos, tan solo asegurarse de no tocar las mismas canciones en bucle y de que la actuación no molesta a sus clientes. • Acerca de ganar dinero: los artistas callejeros tienen permitido recibir donaciones voluntarias, ¡algunos músicos llegan a ganar una suma más que decente en un día! Sin embargo, no está permitido que artistas callejeros vendan CD ni merchandising, ya que esto requiere un permiso comercial. Sin embargo, el compañero le matiza que: - Ahora que se ha optimizado tu espectáculo y cuentas con los instrumentos adecuados, te presentamos las opciones que existen en cuanto a fuentes de alimentación al tocar en exteriores: • Tocar sin amplificación. Si se ha encontrado un lugar tranquilo y se tiene un instrumento potente, ¡simplemente, se empieza a tocar! Los coros y las bandas de viento metal llevan décadas actuando así. • Utilizar un amplificador que funcione con batería. Se conecta el teclado, micrófono, guitarra eléctrica o cualquier otro instrumento eléctrico a un amplificador con batería integrada. • Se decide por un sistema completo. Si para el espectáculo se necesita un sistema de PA completo, se puede llevar todo el equipo y conectarlo a una batería marina o a un generador. De esta forma, se dispondrá de la energía suficiente para alimentar el equipo completo. Mucho más brevemente, Clara interroga a su marido en los siguientes términos: - ¿Tocas la guitarra? Si necesitas un amplificador para darle forma a tu sonido y que cuente con entrada de micrófono vocal, puede que un amplificador de guitarra portátil sea la solución ideal para tus actuaciones callejeras. Ambos se dan un cariñoso beso y dan por concluida la conversación anterior. Paseando, paseando, se adentran en otros entornos. Siempre que se visita San Sebastián es una buena idea caminar por el paseo marítimo de la Concha, que ofrece un precioso recorrido por algunas de las residencias que antaño alojaron a personalidades de la época. Si inicias este paseo a pie desde los jardines de Alderdi Eder, podrás vislumbrar la noria, el tiovivo y pasarás cerca del Hotel de Londres y de Inglaterra, un clásico de la ciudad que, además, se encuentra muy cerca de la catedral. Lo curioso de este hotel es que ha llegado a alojar a personalidades tan conocidas como la reina Isabel II o a la mismísima Mata Hari. También Orson Welles o aristócratas de la época eligieron el establecimiento como lugar de descanso. La ubicación es otro de sus mayores atractivos gracias a la cual puede ofrecer una panorámica increíble de la ciudad. Está renovado pero su aire clásico y elegante, te transportará a una época gloriosa de la ciudad. Dejando el edificio del hotel a nuestras espaldas, podemos proseguir nuestro recorrido hasta casi finalizar el paseo marítimo. Ahí, a mano izquierda se camina hasta encontrar otro establecimiento, el palacio de Aiete y, a continuación, el Centro Cultural Aiete, situado en Aiete Pasealekua, 63, y en él podrás disfrutar de todo tipo de actividades culturales, festivales, teatro y museo. Su programación cultural es apta para todos los públicos, desde cine y festivales a exposiciones y ciclos de teatro. Proporciona un encuentro con la cultura en pleno corazón de la ciudad que permite a donostiarras y turistas completar su visita a los jardines Alderdi Eder y disfrutar de la ciudad desde esta otra perspectiva. Así, ponemos fin a la cabalgadura de este precioso día. De mutuo acuerdo, damos con el coche en la calle Ijentea, por supuesto. Nos acomodamos los cuatro en su interior y, subiendo al Alto de Ategorrieta, desde aquí nos desviamos a Intxaurrondo (que en castellano significa ‘nogal’). Situado al sur de Ategorrieta, limita por el oeste y el este con Egía y Altza, respectivamente. Perteneció al municipio de Alza hasta el año 1939, en el que fue anexionado a San Sebastián. El casi es que a raíz de la construcción de la variante, el barrio se volvió a dividir en dos grandes núcleos, conocidos como Intxaurrondo Norte y Sur; la variante de San Sebastián crea una barrera semejante a la mencionada trinchera del ferrocarril. Con esta última fase, prácticamente se ha urbanizado todo el suelo del barrio, excepto los espacios situados en los extremos, como son Ulía y el parque de Ametzagaña. Ya en el portal de nuestra vivienda, lo abrimos y subimos al piso en el que recogemos nuestro descanso. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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