RELATO BREVE, "Un grupo de estudiantes de Arquitectura".
A continuación os presento a un grupo de estudiantes, colegas en la Escuela de Arquitectura. Entre ellas, nos encontramos en la de Madrid, que pertenece a la Universidad Politécnica. Pero, antes de ocuparnos de nuestros amigos, vamos a decir algo sobre la Arquitectura. Estrictamente la Arquitectura se puede definir como el arte o la ciencia de proyectar y construir edificios perdurables. Frente al resto de las artes, la arquitectura integra un fin estético con un claro fin utilitario; así presenta un aspecto técnico que sigue unas determinadas reglas, propias de su asociado la construcción, con el objeto de crear obras adecuadas a su propósito, al tiempo que como arte debe ser capaz de provocar un placer estético. Atendiendo a estos dos conceptos no se debe confundir la definición de Arquitectura como resultado, con la de las técnicas que hacen posible este resultado. En este sentido cabe preguntarse si toda construcción, por elemental que sea, es arquitectura, para concluir que por el contrario Arquitectura es el resultado de una intención consciente de crear, mientras que el simple conjunto de conocimientos sobre materiales y técnicas, medio para la ejecución del edificio ideado, es construcción. Atendiendo a estos dos conceptos el tratadista romano Vitrubio fijó en el siglo I a.C. las tres condiciones básicas de la arquitectura: Firmitas, utilitas, venustas ('resistencia, funcionalidad y belleza'). Y siguiendo estas dos premisas la arquitectura se ha materializado, en todas las culturas, con unas características peculiares. En las sociedades más desarrolladas ha producido variedades de estilos, de técnicas y de propósitos. Todo ello constituye lo que denominamos la Historia de la Arquitectura, frente a lo que se conoce como Teoría de la Arquitectura. Pese a la claridad que aparentemente presenta la palabra arquitectura, definida como el arte de construir, no existe estrictamente una definición convincente y que ofrezca una validez universal. Cada etapa o cada corriente ha producido sus propias definiciones. Como tal, el concepto de arquitectura como ‘arte de construir’ fue empleado por Alberti en el primer tratado que existe, estrictamente, sobre teoría de la arquitectura, De re aedificatoria (1485); este autor, incluso en el propio título, desdeña, la idea de que la arquitectura fuera una simple aplicación matemática, como había expuesto Vitrubio. Sin embargo la denominación de arquitectura como ‘arte de construir’, procede de la tradición neoclásica francesa y no se incluye en los tratados escritos hasta después de 1750; pero es en el Renacimiento donde se empiezan a separar estas cuestiones, hasta entonces raramente se establece la distinción entre arquitectura y construcción, la arquitectura como arte y la construcción como técnica, al igual que es el momento en el que se varía la consideración del artista, que pasa de ser un trabajador manual a una persona que trabaja con el intelecto. La arquitectura frente a las otras artes responde, en primer lugar, a una necesidad básica del hombre de cobijo y seguridad; y en segundo lugar, a una necesidad estética, de modo que ambas se convierten en un fenómeno inherente a la historia de la cultura, de la civilización, del pensamiento y de la religión, durante siglos. Así la arquitectura, con independencia de las diferencias que determinan las distintas técnicas constructivas y los diferentes estilos estéticos, presenta una unidad temática entre las realizaciones, sean de culturas contrarias o de diversos períodos; es decir, todas las culturas y los distintos periodos han construido viviendas, palacios, templos, edificios públicos, etc., aunque estas construcciones presenten una disparidad formal y estilística tan enorme, como la existente entre un zigurat mesopotámico y una catedral gótica. Una de las características determinantes de la arquitectura a lo largo de los siglos y que, de alguna forma, la distancia del resto de las denominadas Bellas Artes, es que está construida para perdurar; esta idea determina que muchos edificios no siempre hayan desempeñado el mismo papel que actualmente les atribuimos, y que por supuesto cuando se construyeron apenas valoraran la función artística ya que imperaba, ante todo, la función utilitaria. Éste sería el caso de una gran parte de la arquitectura doméstica y específicamente de la denominada arquitectura popular, o los ejemplos, tan de moda, de rehabilitación de edificios históricos a los que se asignan nuevos usos, palacios convertidos en museos, conventos utilizados como oficinas, castillos transformados en hoteles, murallas destinadas a parques, etc. Pero no sólo se ha alterado su uso, sino también su aspecto, integrándose dentro de la memoria arquitectónica colectiva, con una imagen distinta de lo que fue el edificio original. Es difícil imaginar el efecto que producirían los templos griegos con su pintura original después de nuestra costumbre de verlos degradados y con sus materiales al descubierto. Muchos edificios medievales o barrocos no presentaban sus materiales vistos, especialmente cuando habían sido construidos con ladrillo, sino que estaban enlucidos y, con frecuencia, encalados. Sin embargo, la moda por los materiales vistos y el rechazo de los revestimientos de la arquitectura contemporánea ha determinado que en las intervenciones realizadas en los monumentos para su conservación se hayan seguido unos criterios que alteran y modifican sensiblemente la apariencia original de los edificios. Éstos abandonan la función para los que fueron creados, y en muchos casos también su aspecto, y adquieren el valor que les concede la Historia de la Arquitectura y es este valor el que determina su conservación y, en casos, su adaptación a nuevas funciones. A menudo se ha acometido el estudio de las obras de arquitectura desde el concepto, nacido en el siglo XVIII, de monumento, es decir, obras aisladas que en sí mismas o por el arquitecto que las construyó merecen tener este calificativo; siguiendo esta idea sobre las construcciones excelentes, la historia de la arquitectura, y a través de ella la valoración de la Arquitectura, se ha realizado mediante el estudio de obras muy concretas, paradigmáticas de un estilo, y de un conjunto de grandes arquitectos. Así la arquitectura, que es en sí misma una actividad continua y orgánica de la labor humana, enraizada dentro de las más profundas necesidades del hombre, tanto físicas como espirituales, ha sido entendida como una sucesiva reunión de construcciones singulares, de arquitectos destacados y de estilos que surgen como respuesta rebelde al estilo anterior, como profunda reacción. Ésta es actualmente, y ha sido, la historia de la arquitectura, tal y como se puede ver en los párrafos que siguen. Pero por encima de esta visión, la arquitectura, como ya se ha señalado, es un todo continuo y orgánico, que responde no sólo a la necesidad humana de cobijo, sino a la necesidad más amplia de civilización. La historia de la arquitectura ha olvidado durante mucho tiempo una parte fundamental y muy numerosa de las construcciones realizadas por el hombre, en realidad se puede decir que la historia de la arquitectura se ha ido componiendo como una historia de olvidos. Por una parte, ha olvidado un enorme conjunto de construcciones, enorme en cuanto a número y en cuanto a repercusión, que fueron reflejo de cada uno de los estilos artísticos en los que se engloban, pese a no ser obras sobresalientes de los mismos; a través de estas construcciones se puede conocer la repercusión real de un estilo artístico, la adaptabilidad de sus propuestas a las necesidades y a las costumbres de una determinada comunidad, o la incidencia que la nueva estética tiene en esa comunidad. Pero la historia de la arquitectura no sólo ha olvidado esto, sino también el enorme conjunto de construcciones que quedan englobadas de forma genérica en lo que se denomina arquitectura popular, pese al sinfín de matices que este conjunto presenta y a las dificultades que existen para trazar la línea que separa las construcciones populares de las que no lo son. A esto hay que añadir que la historia de la arquitectura se ha escrito muchas veces como una historia de la estética de la arquitectura, olvidando, aunque disimuladamente, su componente de funcionalidad; el arquitecto es ante todo un intelectual, un artista, y la arquitectura es por encima de cualquier otra consideración “arte”. Con estas visiones restrictivas la historia de la arquitectura ha amputado de su estudio amplios conjuntos de construcciones que explican cada una de las culturas a las que pertenecen desde sus motivos más propios e internos, pero que además nos hablan de sus desarrollos económicos, de sus necesidades y creencias religiosas, de sus formas de gobierno, etc. La arquitectura se convierte en una de las fuentes más ricas y complejas desde la que se puede abordar la historia de las civilizaciones. Pese a los nuevos planteamientos que las metodologías modernas han introducido en el estudio de la Historia del Arte, en general, y de la Historia de la Arquitectura en particular, lo cierto es que esta historia, valorada en su conjunto, está todavía por escribir. Y son los problemas y los condicionamientos de la arquitectura del presente los que van determinando un lento cambio de actitud hacia la percepción de las obras del pasado. Así, han sido los profundos problemas urbanísticos que plantean las nuevas ciudades, y las despiadadas destrucciones de las ciudades históricas, los que han determinado un creciente auge de los estudios de urbanismo histórico, unido esto a la necesidad de entender cada arquitectura construida en el contexto general de la ciudad. La degradación, mutilación y alteración experimentada por la ciudad histórica ha llevado a la reconsideración de conjunto y no de monumento, como categoría de protección, pero también como forma de abordar el estudio y el conocimiento de las arquitecturas; de la obra concreta se da paso al estudio de la ciudad, la ciudad entendida como obra de conjunto. Dicho lo cual, os voy a presentar a este grupo de colegas, que comparten no sólo Facultad sino de lugar de procedencia también. Entre ellos, se encuentra Enrique, que, por ser su primer año en Madrid, hace Pre-escuela en la fundación San Pablo, muy cerca del actual Tribunal Constitucional. Se trata de un joven de 17 años, que presenta un carácter nervioso, es decir, emotivo, inactivo y primario, que está pagando aún la novatada de los estudiantes de arquitectura. Por el contrario, Ramón presenta un carácter apasionado, es decir, emotivo, activo y secundario. Joven brillante, que aprobó a la primera el análisis de formas, lo cual constituye una jugada magistral y que con 19 años acaba de comenzar 2º de Arquitectura, en la Universidad Politécnica, que es una Universidad pública, que se encuentra muy cerca del Arco de Moncloa. La Politécnica fue fundada en 1975 al agrupar diversos centros ya centenarios, que estaban adscritos a distintos organismos. Entre ellos, figura también Antonio, que está terminando el grado de Aparejador en dicha Institución. Nos encontramos también con José María, con un carácter flemático, o no emotivo, activo y secundario, siendo una persona terriblemente reflexiva, que con 20 años está pasando el ecuador de su carrera. Y, por último, nos topamos con Ángel, que repite el 2º curso. Y la verdad es que los hemos hallado en plena conversación, llevando la palabra Antonio, quien asevera lo siguiente: - Pese a sus limitaciones actuales, la historia de la arquitectura ha permitido conocer una parte del legado arquitectónico recibido. Sin embargo, la distinción entre la Historia y la Teoría de la arquitectura es una invención relativamente reciente, por lo que el estudio histórico de la arquitectura es también una disciplina incipiente. Estrictamente, como idea no surge hasta la mitad del siglo XVIII, cuando en 1758 Julien-David LeRoy publicó Les Ruines des plus beaux monuments de la Grèce, escrito donde se analizan los edificios de la época de Vitrubio desde dos perspectivas diferenciadas, la de la historia y la de la teoría de la arquitectura. Aunque la separación académica de ambas disciplinas no se produjo hasta 1818, cuando se establecieron dos cátedras diferenciadas en la Escuela de Bellas Artes de París; precedente de este hecho es el curso específico sobre Historia de la Arquitectura que, desde 1750, impartía Jacques-Francois Blondel, que consideraba la Historia de la Arquitectura como una sucesiva enumeración de referencias literarias. No obstante, Ramón se inquieta ante la contestación que le va a dar a compañero, en los siguientes términos: - Sin embargo, el moderno concepto de Historia de la Arquitectura deriva, como se ha indicado, del movimiento intelectual del siglo XVIII que desarrolló los conceptos de razón, naturaleza, y hombre, a través de los cuales se llegó a la teoría del evolucionismo y a su aplicación a cada rama del conocimiento. Las ciencias, especialmente naturales y sociales, fueron consideradas en su secuencia histórica. En la filosofía de la arquitectura, como en el resto de las filosofías, la introducción del método histórico no solamente facilitó la enseñanza de estos temas, sino que también favoreció la elaboración de la especulación teórica. Persuadidos por estas ideas, a los estudiosos les resultaba más interesante hablar de la historia de la arquitectura que de la arquitectura en sí misma, más cautivador discutir las diferencias o coincidencias de cada época arquitectónica que reflexionar sobre métodos prácticos que resolvieran los problemas del momento. Y no conforme con la mayoría, José María aporta su granito de era, señalando que: - La importancia concedida a la historia, desde el pensamiento evolucionista, y a partir de él por el movimiento romántico, tuvo como resultado, en arquitectura, no sólo el desarrollo de los estudios de historia de la arquitectura, sino una actitud activa hacia ese pasado que se concretó en los denominados estilos historicistas, los “neos”, con especial incidencia del neogótico que, en su faceta más racional, pragmática y científica, ayudó a la conclusión y restauración de muchas catedrales europeas, y al conocimiento profundo de este estilo con la división de escuelas regionales y cronologías, así como a la solución de ciertos problemas estructurales aportados por estudiosos como Eugène Emmanuel Violet-Le Duc. A lo que Ángel, sintetizando los diversos sentires, replicará que: - Si se ha definido la Arquitectura como 'el arte y la técnica de construir edificios', se debe precisar que en este hecho emplea los recursos de la práctica y expresión requeridos por la civilización donde se produce. Toda sociedad sedentaria posee técnicas de construcción, produce arquitectura, ya que éste es un hecho necesario incluso en las culturas menos desarrolladas. El hombre, obligado a luchar contra los elementos, consigue con la arquitectura no sólo una defensa eficaz contra el medio, sino también una forma de humanizarlo, requisito y símbolo del desarrollo de una civilización. En suma, pues, nos encontramos con un círculo de intelectuales, que saben lo que se traen entre manos, y que si hubieran de pecar en algo sería en la pijotería, que entendemos como el dicho de unas personas, que en su vestuario, modales, lenguaje, etcétera, manifiesta afectadamente gustos propios de una clase social adinerada. Nuestros amigos se encuentran en la estación de Chamartín, a la espera del tren que les conducirá a sus destinos. El clima de Madrid, según algunas fuentes, es un clima mediterráneo de interior o clima mediterráneo continentalizado, el cual difiere del clima mediterráneo típico principalmente por una mayor amplitud térmica, tanto anual como diaria, lo cual es consecuencia principalmente de la lejanía a la costa y también de la altitud. En nuestro caso, el día es moderadamente frío, con una temperatura media de 6º C, siendo, por lo tanto, frecuentes las heladas y muy ocasionales las nevadas. No está de más decir que nuestros seis arquitectos van abrigados hasta la bandera. Madrid cuenta con una amplia estructura ferroviaria que permite el acceso a la capital desde todos los puntos de España y ofrece la posibilidad de moverse cómodamente por su interior. Las dos principales estaciones son Atocha y Chamartín, que acogen trenes de Media Distancia, Larga Distancia Alta Velocidad y Cercanías. La estación cuenta con una gran oferta comercial y de restauración, además de disponer de una bolera, Bowling Chamartin, y de un gran centro de ocio en su planta superior, MEEU, en el que se engloban varios espacios dedicados al ocio y la gastronomía, incluyendo una pista de patinaje sobre ruedas. Desde el 23 de diciembre de 2020, la estación pasó a llamarse Madrid-Chamartín-Clara Campoamor, en recuerdo de esta política, abogada y escritora madrileña, defensora de los derechos de la mujer española e impulsora del voto femenino en España en el siglo XX. Nuestros estudiantes, cargando el paralés, el escalímetro, la escuadra, el cartabón y demás material de trabajo, se dirigen a Vitoria-Gasteiz, donde les esperan sus correspondientes familias. Entre sus estudios, está EL PALACIO DEL HIELO DE SEVILLA. Patinar sobre hielo es uno de los planes más divertidos y clásicos que se pueden hacer en Navidad. Una actividad que puede realizarse solo o en compañía de familiares y amigos, que combina a la perfección con el ambiente festivo que se vive en esta época del año. Y es que, Sevilla, que ya está inmersa en las fiestas navideñas con el alumbrado de sus calles y la puesta en marcha de una amplia variedad de planes, contará un año más con pistas para patinar sobre hielo en estas fechas. Por cuarto año, 'Sevilla On Ice' vuelve a la capital hispalense para deleitar a niños y mayores con su mágico ambiente navideño, en el que no solo destaca su pista de patinaje, sino otras muchas atracciones y puestos instalados en el Muelle de las Delicias. Y es que no son pocos los entretenimientos que ofrece este parque temático invernal, erigiéndose como los más llamativos su noria de 50 metros (la más grande de toda Andalucía) y sus dos pistas de hielo. Una de dimensiones pequeñas, para niños de 2 a 8 años, y otra más grande, para mayores, siendo en ambas obligatorio el uso de guantes (a dos euros cada par en el propio recinto). Con respecto a las entradas, en la pista grande cada una da derecho a una sesión de una hora, mientras que en la pista pequeña las sesiones son de 30 minutos. Y para no perdernos en otros asuntos, vamos a decir algo de la Universidad Politécnica de Madrid, cuyas facultades o escuelas imparten mayoritariamente enseñanzas técnicas, ya que en su creación agrupó estas enseñanzas, mientras que las ciencias experimentales y las humanidades fueron agrupadas en la Universidad Complutense de Madrid. La Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid prepara y expide el título de Arquitecto y el título propio de “Diseñador de interiores”, así también como el título propio de “Fachadas Tecnológicas y Envolventes Sostenibles además”, además de doctorados y diversos másteres de postgrado. El actual edificio se creó en 1844 y es la escuela de arquitectura más antigua de España. El actual edificio se inauguró en 1936 y posee una nutrida biblioteca que cuenta con muy diversos fondos. El Centro está situado en la Avenida Juan de Herrera, 4, en la Ciudad Universitaria de Madrid, teniendo aproximadamente 4000 alumnos, lo que la convierte en la escuela con más alumnos de la UPM. Situada en primera línea de frente, quedó muy dañada en la guerra civil. El edificio se reinauguró en 1942. En la reconstrucción, el ladrillo visto que formaba la fachada estaba tan destrozado que hubo de ser tapado con un aplacado de piedra, lo que hace el aspecto del edificio distinto que el de los demás edificios de la época en la Ciudad Universitaria. En él sigue la institución, denominada desde 1957 Escuela Técnica Superior e integrada en 1966 en el Instituto Politécnico de Madrid, que se convirtió en la Universidad Politécnica de Madrid en 1971. En este espacio de tiempo, nuestros amigos se sentaron y acomodaron en su respectivo vagón, por lo que como si se tratara de un nudo gordiano reanudaron su conversación. Tomó la palabra Enrique, quien apuntó que: - La historia de la arquitectura ha olvidado durante mucho tiempo una parte fundamental y muy numerosa de las construcciones realizadas por el hombre, en realidad se puede decir que la historia de la arquitectura se ha ido componiendo como una historia de olvidos. Por una parte, ha olvidado un enorme conjunto de construcciones, enorme en cuanto a número y en cuanto a repercusión, que fueron reflejo de cada uno de los estilos artísticos en los que se engloban, pese a no ser obras sobresalientes de los mismos; a través de estas construcciones se puede conocer la repercusión real de un estilo artístico, la adaptabilidad de sus propuestas a las necesidades y a las costumbres de una determinada comunidad, o la incidencia que la nueva estética tiene en esa comunidad. Pero la historia de la arquitectura no sólo ha olvidado esto, sino también el enorme conjunto de construcciones que quedan englobadas de forma genérica en lo que se denomina arquitectura popular, pese al sinfín de matices que este conjunto presenta y a las dificultades que existen para trazar la línea que separa las construcciones populares de las que no lo son. Precisando lo dicho por Enrique, Ángel añadiría que: - A esto hay que añadir que la historia de la arquitectura se ha escrito muchas veces como una historia de la estética de la arquitectura, olvidando, aunque disimuladamente, su componente de funcionalidad; el arquitecto es ante todo un intelectual, un artista, y la arquitectura es por encima de cualquier otra consideración “arte”. Antonio, que como ya se ha dicho cursaba Aparejador o Arquitectura Técnica, replicó lo siguiente: - Con estas visiones restrictivas la historia de la arquitectura ha amputado de su estudio amplios conjuntos de construcciones que explican cada una de las culturas a las que pertenecen desde sus motivos más propios e internos, pero que además nos hablan de sus desarrollos económicos, de sus necesidades y creencias religiosas, de sus formas de gobierno, etc. La arquitectura se convierte en una de las fuentes más ricas y complejas desde la que se puede abordar la historia de las civilizaciones. José María, que era el más puesto en la materia, fundamentaría lo que sigue: - Pese a los nuevos planteamientos que las metodologías modernas han introducido en el estudio de la Historia del Arte, en general, y de la Historia de la Arquitectura en particular, lo cierto es que esta historia, valorada en su conjunto, está todavía por escribir. Y son los problemas y los condicionamientos de la arquitectura del presente los que van determinando un lento cambio de actitud hacia la percepción de las obras del pasado. Así, han sido los profundos problemas urbanísticos que plantean las nuevas ciudades, y las despiadadas destrucciones de las ciudades históricas, los que han determinado un creciente auge de los estudios de urbanismo histórico, unido esto a la necesidad de entender cada arquitectura construida en el contexto general de la ciudad. La degradación, mutilación y alteración experimentada por la ciudad histórica ha llevado a la reconsideración de conjunto y no de monumento, como categoría de protección, pero también como forma de abordar el estudio y el conocimiento de las arquitecturas; de la obra concreta se da paso al estudio de la ciudad, la ciudad entendida como obra de conjunto. Y acto seguido dicha conversación tomó otros derroteros, mucho más comunes. Los cinco compañeros increparon a éste, a Enrique, que: - Nos imaginamos que en Pre-escuela tendrás las mismas asignaturas que se dan en 1º en la Escuela, a saber, Cálculo, Álgebra, Geometría descriptiva, Dibujo técnico y Análisis de formas. Contestando Enrique que: - Sí, estáis en lo cierto. Ya sabéis, no obstante, que la Fundación Universitaria San Pablo (CEU) nace con la intención de contribuir a la mejora de la sociedad a través de la formación impartida en sus centros docentes, ofreciendo un modelo educativo de acuerdo con los principios cristianos, los valores que nos trasmite el Evangelio, y actuando en la vida pública a favor de la justicia y en defensa del ser humano. Afirmación que pone al rojo el avispero. Antonio, muy mal humorado, saltará que: - La Fundación San Pablo al igual que el Opus Dei son instituciones religiosas. ¡Es así! Enrique, un tanto molesto, les indicará a sus compañeros que: - Los fines de la institución se concretan en la búsqueda de la excelencia académica y profesional, la innovación en sus proyectos educativos y la formación de los alumnos en valores y virtudes humanas. ¡Joder! No olvidéis que el CEU es una institución benéfico-docente sin ánimo de lucro y con más de 90 años de experiencia en el campo de la enseñanza. Los promotores de la Fundación CEU San Pablo pertenecen a la Asociación Católica de Propagandistas, organismo creado en 1908 por el Padre Ayala. Luego, -como afirma José María- “Tanto monta monta tanto Isabel como Fernando”. Por esta razón –señala Ángel-, para evitar la caída en el adoctrinamiento estamos en la Politécnica de Madrid. Y cambiando de tercio, Ángel pregunta al conjunto: - ¿Qué llevasteis la experiencia del Análisis de formas? Ramón, que, como hemos dicho, lo aprobó a la primera, antes de escuchar ninguna opinión, apostilla que: - El análisis de formas permite la clasificación (principalmente automática) de formas geométricas, por ejemplo, usando un ordenador para detectar objetos de forma parecida a partir de una base de datos o partes que encajan entre sí. Muy bullanguero, Antonio insiste en que: - Yo me libré de esa pedrada. - Además –insiste el mencionado Antonio-, yo soy un futuro Aparejador. No tiene ningún sentido atar a dos gallinas por la pata y a un taburete para representar una serie de 20 objetos inanimados, o abstractos. Ramón, sentando cátedra, expresará que: - Así se procura que los estudiantes puedan expresarse plásticamente y comunicarse mediante técnicas artísticas de manera eficaz. De modo tal, que hayan desarrollado habilidades de aprendizaje que les permitan adquirir por sí mismos, en el futuro, los conocimientos relativos al proyecto de espacios y el dibujo de detalles. La práctica en el análisis de la forma facilita al alumno la capacidad de abstraer, razonar y estructurar información en planos y croquis, lo que le permite abordar materias, como Taller de Proyectos con un mayor grado de autonomía y capacidad de comprensión. Por nuestra parte, aclaramos que un Aparejador es un técnico titulado que interviene con funciones propias en la construcción de edificaciones. Las tres titulaciones de aparejador, arquitecto técnico e ingeniero de edificación se corresponden a la misma profesión. Antiguamente se llamaban aparejadores, y aún son muchos los que gustan de conservar esta denominación. Desde los años 60 somos arquitectos técnicos, denominación que mantenemos hoy en día. Y aunque recientemente, con la modificación de los estudios universitarios y su adaptación al entorno europeo, se ha introducido la titulación de Ingeniero de Edificación, este título sigue correspondiendo a la misma profesión: la Arquitectura Técnica. En otro sentido, se llama abstracto al arte no figurativo, es decir, al que sostiene que un conjunto de líneas, colores y formas, sin ninguna relación con formas identificables, puede expresar adecuadamente emociones íntimas, sugestiones, etc. Su apogeo, en torno a los años veinte y sobre todo alrededor de Mondrian, Kandinsky, etcétera, lo llevó a la subdivisión en ciertas tendencias, algunas de las cuales –también llamadas abstractas- aún mantenían débiles vínculos con el mundo natural. En algo se reafirman los seis: - Somos Arquitectos por vocación, que es la preferencia o inclinación personal hacia un determinado estado o carrera. Me imagino –añade José María- que todos habréis oído hablar del “Espacio Mínimo Habitable”, frase que más pertenece a la especulación que a la Arquitectura. Sobre la vocación de estos futuros arquitectos, daremos algunas ideas. Una vocación depende de los intereses, aptitudes y gustos de una persona, condicionando el futuro del mismo. La vocación es el deseo e inclinación por parte de las personas a cierta profesión, carrera o acción. La vocación de una persona está compuesta por ciertos aspectos que van a depender de las aptitudes de cada uno. • Los gustos personales son aquellos que brindan placer y una sensación confortable. Otro de los aspectos a tratar cuando hablamos de vocación son los intereses peculiares de cada persona, los temas por los que sentimos más curiosidad o aquellos que nos llaman más la atención impulsando la motivación para la investigación o desarrollo del mismo. • La vocación de cada sujeto va a estar relacionada, además, con la personalidad y las habilidades de la persona en cuestión. Dentro de las habilidades encontramos la fácil comprensión del tema, las ideas y la imaginación, la confianza y la autonomía. La personalidad del sujeto tiene que ver con el comportamiento del mismo en su entorno y la forma de interpretar y sentir las diferentes situaciones. La vocación es aquella atracción por la que deseamos hacer, nuestra inspiración, nuestros sueños y anhelos. La vocación es la forma en que nuestros valores y la formación como personas salen a la luz y son expresadas a través de la profesión elegida. Estos sueños y deseos (distintos en todas las personas) se relacionan con la vida, entendiendo a tal como un hecho que existe, que es real, y sobre todo, muy relevante. Cumplir con el deseo que plantea nuestra alma de emprender y enfrentar esta vocación a la que estamos destinados, implica llevar a cabo la realización de la profesión elegida, saciando la curiosidad y el placer que esto conlleva, además del gusto por hacer lo que uno ama. Para tener vocación hacen falta tres puntos fundamentales: gusto, aptitud y entrega. Cuando cierta persona presenta una vocación fuerte, investiga el tema, plantea diferentes puntos de vista a los preexistentes, plantea hipótesis, y trata de imponer sus propias ideas. Siente que más allá de los hechos desafortunados que pueden cruzarse en su camino, saldrá adelante, y lo realizará a su manera y con plenitud. Además, cree y asegura que su vocación es necesaria para la vida de las demás personas. La vocación es un llamado interno que está directamente relacionado con la forma de ser de una persona. Es la forma de relacionarse con la identidad de cada uno y los deseos personales. Cuando uno responde ese llamado para cumplir los anhelos, sentimos una sensación de realización, de estar cumpliendo con la tarea que nos fue asignada en esta vida y que nuestro esfuerzo y dedicación no es en vano. Cumplir con el llamado de la vocación nos hace sentir que la vida tiene un sentido. Tener vocación para cierta tarea es una constante motivación a realizarla día a día, convirtiéndose en una pasión y un único propósito en la vida, recibiendo una gratificación por el ejercicio de dicha actividad. La demanda interna o llamado que toda persona reciben algún momento de su vida para desarrollar al máximo y aumentar funcionalmente sus propias habilidades se conoce como vocación humana. No solamente hace referencia a lo profesional. Cada uno de nosotros, los seres humanos, tenemos una vocación que es única y que nos hace ser nosotros mismos, comprometiendo nuestra propia vida con la de las demás personas, el entorno y la relevancia. ¿Cuánta casa necesitamos? Thoreau y Le Corbusier no necesitaban tantos metros. En concreto, se le debe a Le Corbusier la creación del “espacio mínimo habitable”. Bajo el título '¿Cuánta casa necesitamos?' de la editorial Gustavo Gili, un grupo de estudiantes disecciona dos cabañas de Thoreau y Le Corbusier que tienen en común la idea del espacio mínimo y su relación con la naturaleza. “¿Cuánta casa necesitamos? supone una contribución crítica a la reflexión sobre el tamaño cada vez mayor de las viviendas”, así termina la introducción de este libro, que llega de la mano de la editorial Gustavo Gili. En 1952 Le Corbusier regaló a su esposa una cabaña en la Costa Azul, el Cabanon, un edificio prefabricado de estructura de madera, con unas dimensiones de 3,66 metros por 4,36 metros. Cien años antes, el escritor, poeta y naturalista Henry David Thoreau se construyó una para sí mismo que le costó 28 dólares y medía prácticamente lo mismo que la de Le Corbusier, en Walden Pond, Massachusetts. Estas dos construcciones, sirvieron de inspiración a los estudiantes de la Escuela de Arquitectura de Texas Tech University y a su profesor, Urs Peter Flueckiger, a la hora de diseñar una cabaña ecológica y económica, con el mismo espíritu con el que Thoreau y Le Corbusier construyeron las suyas. “Este libro explora tres soluciones de vivienda mínima y sus aproximaciones proyectuales”, cuenta el propio Flueckiger en la introducción, “a través de dibujos y fotografías, el libro desvela similitudes sorprendentes entre los tres proyectos.” El tren continúa su trayecto. En nuestro vagón, se hace un silencio total, que va a durar varios minutos. Unos van al WC, otros estiran las piernas, hay quien se prepara un bocadillo, etc. Al cabo de unos diez minutos, todos volvemos a ocupar nuestros sitios, sintiendo que nuestros puntos de vista están más cerca de lo que parece, lo que tiende a restablecer nuestra acostumbrada conversación. La hora de llegada es la dos en punto del mediodía, por lo que todavía podemos hacernos eco de algunas investigaciones. José María propondría abordar la distinción entre la Historia y la Teoría de la Arquitectura. Para que no se le escape el problema de las manos, él mismo toma la iniciativa: - Pese a sus limitaciones actuales, la historia de la arquitectura ha permitido conocer una parte del legado arquitectónico recibido. Sin embargo, la distinción entre la Historia y la Teoría de la arquitectura es una invención relativamente reciente, por lo que el estudio histórico de la arquitectura es también una disciplina incipiente. Estrictamente, como idea no surge hasta la mitad del siglo XVIII, cuando en 1758 Julien-David LeRoy publicó Les Ruines des plus beaux monuments de la Grèce, escrito donde se analizan los edificios de la época de Vitrubio desde dos perspectivas diferenciadas, la de la historia y la de la teoría de la arquitectura. Aunque la separación académica de ambas disciplinas no se produjo hasta 1818, cuando se establecieron dos cátedras diferenciadas en la Escuela de Bellas Artes de París; precedente de este hecho es el curso específico sobre Historia de la Arquitectura que, desde 1750, impartía Jacques-Francois Blondel, que consideraba la Historia de la Arquitectura como una sucesiva enumeración de referencias literarias. Según Ramón: - Sin embargo, el moderno concepto de Historia de la Arquitectura deriva, como se ha indicado, del movimiento intelectual del siglo XVIII que desarrolló los conceptos de razón, naturaleza, y hombre, a través de los cuales se llegó a la teoría del evolucionismo y a su aplicación a cada rama del conocimiento. Las ciencias, especialmente naturales y sociales, fueron consideradas en su secuencia histórica. En la filosofía de la arquitectura, como en el resto de las filosofías, la introducción del método histórico no solamente facilitó la enseñanza de estos temas, sino que también favoreció la elaboración de la especulación teórica. Persuadidos por estas ideas, a los estudiosos les resultaba más interesante hablar de la historia de la arquitectura que de la arquitectura en sí misma, más cautivador discutir las diferencias o coincidencias de cada época arquitectónica que reflexionar sobre métodos prácticos que resolvieran los problemas del momento. Esos seis colegas en algún momento de sus estudios, deberá abordar la Historia del Arte, por lo que Ángel, quitándose la careta, asentará lo siguiente: - La importancia concedida a la historia, desde el pensamiento evolucionista, y a partir de él por el movimiento romántico, tuvo como resultado, en arquitectura, no sólo el desarrollo de los estudios de historia de la arquitectura, sino una actitud activa hacia ese pasado que se concretó en los denominados estilos historicistas, los “neos”, con especial incidencia del neogótico que, en su faceta más racional, pragmática y científica, ayudó a la conclusión y restauración de muchas catedrales europeas, y al conocimiento profundo de este estilo con la división de escuelas regionales y cronologías, así como a la solución de ciertos problemas estructurales aportados por estudiosos como Eugène Emmanuel Violet-Le Duc. Al que contestará el personaje más reflexivo del grupo. - Si se ha definido la Arquitectura como 'el arte y la técnica de construir edificios', se debe precisar que en este hecho emplea los recursos de la práctica y expresión requeridos por la civilización donde se produce. Toda sociedad sedentaria posee técnicas de construcción, produce arquitectura, ya que éste es un hecho necesario incluso en las culturas menos desarrolladas. El hombre, obligado a luchar contra los elementos, consigue con la arquitectura no sólo una defensa eficaz contra el medio, sino también una forma de humanizarlo, requisito y símbolo del desarrollo de una civilización. Enrique, el Benjamín del grupo, queriendo parar este trasiego, asentará que: - La Arquitectura surge sólo cuando existe la necesidad de ella, para colmar las expectativas de un individuo o de un grupo. Las leyes económicas evitan que los arquitectos, para emular a otros artistas, realicen obras para las cuales la demanda es inexistente o sólo potencial. Así, los tipos y usos de la arquitectura dependen de las necesidades sociales; los tipos están establecidos no por los arquitectos sino por las sociedades; la sociedad fija las necesidades y asigna al arquitecto el trabajo de descubrirlas, transformarlas en idea y llevarlas a la práctica. Atendiendo a estas necesidades podemos decir que los tipos básicos de arquitectura son: doméstica, religiosa, social, industrial, comercial, etc. De momento, el tren hace un parón obligado, pues ha arribado a Miranda de Ebro, donde unos suben y otros bajan. Miranda de Ebro es un municipio de la provincia de Burgos, en la comunidad autónoma de Castilla y León. Está situado en la comarca del Valle del Ebro, al noreste de la provincia, junto a los límites con Álava y La Rioja. En el plano económico tiene un marcado carácter industrial y es un importante nudo de comunicaciones, especialmente ferroviario. En un radio de 80 km se encuentran las ciudades de Bilbao, Burgos, Logroño y Vitoria; y a 130 km las de Pamplona y San Sebastián. Luego, se encuentran a hora y media de su destino definitivo. Durante el resto del trayecto, la mayoría mirarán a través de los cristales o pasarán el rato con mil tonterías. Sólo una persona, Ángel, con un carácter fuerte, una gran fuerza de voluntad fruto de la educación, secundario y con el carácter típico de un flemático, se sentó en un rincón del vagón, abrió su portafolios y empezó a leer y a ordenar una serie folios, que trataban del conocimiento de la historia de la arquitectura, desde los inicios de la civilización hasta la actualidad. Les ayudarán a sus compañeros a entender una de las formas de expresión más visibles y duraderas de la historia del ser humano. Además, podrán tener una mejor perspectiva sobre las edificaciones más representativas del mundo. Por otro lado, la arquitectura es considerada una de las siete artes universales. El diccionario de la RAE define esta técnica como “el arte de proyectar, diseñar y construir edificios”. La historia de la arquitectura comienza con la necesidad del hombre de hacerse sedentario y se transforma en las expresiones de las diferentes culturas que más perdurarán en el tiempo. Y, así como ha mutado el estilo arquitectónico, también ha cambiado nuestra percepción sobre la arquitectura en sí. En el post de Ángel, se cuenta sobre todo la evolución de la historia de la arquitectura occidental y las características de las diferentes etapas. Pues ¡bien! Ángel, un tanto aceleradamente, preparará este post para que antes de despedirse los seis, se encuentre en manos de todos. Por nuestra parte, vamos a despedirnos definiendo algún término, como “estética de la arquitectura”. El filósofo Scruton planteó en 1979 que existía un error en el desarrollo que la estética de la arquitectura había tomado. Sujeta al romanticismo moderno esta no trataba de la experiencia completa de la idea y objetivación de la arquitectura sino de las formas más superficiales de la experiencia como el expresionismo, la contemplación o la decoración. Para explicarlo mejor, Scruton describe unos rasgos diferenciadores con los que cuenta la arquitectura que la diferencia de las demás artes: la funcionalidad, localización, técnica y exposición pública. La funcionalidad en la arquitectura sería la dimensión que la rescata de la apreciación estética del simple decorado que, bajo esta visión, una ventana o puerta carecían de sentido estético sin el adorno u ornamentación respectiva. En la localización, a diferencia de las demás artes, aparecería el compromiso irrenunciable del edificio con su entorno y que, visto desde la estética romántica moderna, el diálogo con el contexto sería solo, como mencionó alguna vez Schopenhauer, no más que el efecto de un ‘estilo’. La técnica, más allá de la manifestación de la competencia humana, sería el rasgo que indicaría que muchos cambios en la arquitectura son independientes de la simple transformación o inspiración artística, descubrimientos como el hormigón armado concluyen en giros estéticos sin precedentes y muchas veces hasta impredecibles. Por otro lado, la visión estética moderna no explicaría el rasgo público de la arquitectura más allá de la búsqueda de audiencia y la expresión de la individualidad. La arquitectura no estaría ‘atrapada’ a los caprichos del autor como las demás artes, sino a las formas públicas que la vuelven irrenunciablemente política e impositiva (Ruskin). ¿Qué es, entonces, la arquitectura vista fuera de la dimensión estética romántica moderna? Lo lógico sería recurrir al juicio razonable, pero nada escapa de la experiencia y del sentir, por lo que para Scruton, la apreciación arquitectónica, al igual que lo expresado por Kant, escaparía de la noción de objetividad para su argumentación, por lo que la universalización del concepto de arquitectura que el modernismo proclamó constituiría un despropósito. Es finalmente la apreciación estética empírica la que le otorga el sentido ‘extra funcional’ al edificio enfocado específicamente en el ideal de un orden no solo estético sino moral. La belleza se convierte así en el imperativo de perfección y significado en un mundo caótico: el edificio no es más que la expresión individualista del autor frente al desorden de la ciudad a la que se le exige reflejar el deseo de un orden público común. Así, la apreciación arquitectónica no sería más que la construcción crítica desde el ‘ideal arquitectónico’ contemporáneo: el ‘qué es la arquitectura’ quedaría transformado en ‘cuándo es arquitectura’ en coherencia con las dimensiones y valores de la sociedad actual. Y, finalmente, se oye “Txu, txu, txu”, por lo que entendemos que hemos llegado a Vitoria/Gasteiz, que es la consiguiente capital de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Se recogen las últimas cosas, que se encuentran tiradas por el vagón, y se oyen las primeras palabras en euskera, como “Zorionak” o “Agur”. Y, ya sobre el andén, tienen lugar los consiguientes deseos y despidos. ¡Todo son buenos deseos! Las características del clima de Vitoria están influenciadas por su configuración orográfica, de modo que las sierras que la limitan por el norte, la defienden de la influencia oceánica, mientras que por el sur también existe solución de continuidad con el clima mediterráneo continentalizado característico de las regiones centrales de la península. En resumen, se establece un microclima de inviernos fríos y húmedos y veranos frescos, semejante al de los páramos de la orla marginal de la meseta. A título anecdótico, enclavada en un cruce de caminos, ha sido a lo largo de la historia un importante punto estratégico tanto en el plano militar como en el comercial y cultural. Es una ciudad con una intensa historia que se manifiesta en un valioso patrimonio monumental. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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