martes, 4 de junio de 2024

RELATO CORTO, "Santuarios de Loyola y de Aranzazu".

Hoy, estoy solo en casa. Aquí, sólo se oyen los maullidos de Cascabel, un gato muy zalamero que me llena la soledad. En muchas ocasiones, sin un sentido aparente, acabo hablando con él hasta de mis íntimas inquietudes. Pero falsearía la realidad, sino hablara también de Scoty, un fox terrier de pelo duro, que es más fiel que un viejo amigo. Estas dos mascotas son mis amigos más próximos. Puede parecer pequeño, pero el fox terrier de pelo duro a pesar de tener el lomo corto, es musculoso e irradia fuerza. Su pelaje grueso y duro es predominantemente blanco con negro, fuego o negro con manchas color fuego. Los machos adultos pueden alcanzar los 39 cm de altura y pesan unos 8 kg, las hembras son algo más pequeñas. Siempre alerta y listo para la acción, el fox terrier de pelo duro es un perro activo que necesita mantenerse ocupado. Si se aburre se buscará las distracciones él solito, ya sea excavar, ladrar o buscar otro «entretenimiento». Es un terrier atrevido y extrovertido que se muestra amistoso con las personas, aunque no es infrecuente que asome su fuerte instinto de caza. Desarrollado a partir de un terrier de trabajo de pelo duro negro y fuego oriundo de Gales, Derbyshire y Durham, el fox terrier de pelo duro se usa desde el siglo XIX para evitar que el zorro se esconda al salir de su madriguera y poder continuar así la caza. En un principio se clasificó como fox terrier con dos variedades (pelo liso y pelo duro) y los cruces entre ambas eran habituales, pero actualmente se consideran razas distintas con estándares propios. El nombre «terrier» deriva del latín terra, que significa «tierra». Los terriers pequeños, como el fox terrier de pelo duro, se criaron originalmente para poder introducirse bajo tierra, en el interior de los agujeros en el que viven los zorros y tejones. Por tanto, tenían que ser lo bastante pequeños para caber en esos agujeros, lo bastante valientes para plantar cara de frente a un zorro o tejón aterrorizado y lo bastante diestros para obligarlos a salir de su madriguera. Por lo tanto, no es de extrañar que muchos terriers se crean mucho más grandes y aterradores de lo que su tamaño real indica. Yo suelo jugar con él cuando bajo a la huerta. Aclararé que los huertos urbanos son espacios al aire libre o de interior destinados al cultivo de verduras, hortalizas, frutas, legumbres, plantas aromáticas o hierbas medicinales, entre otras variedades, a escala doméstica. Este terruño, aunque no me guste recordarlo, cayó en mis manos al abrir la herencia de mi madre. No obstante, a quien se le siente menos es a Cascabel, un gato común europeo. Considerados como grandes compañeros, es habitual cruzarse con estos felinos en casas de familiares, amigos o en la calle, ya que son una de las razas más extendidas en las ciudades de toda Europa. Sin embargo, poseen una gran capacidad de adaptación, por lo que también pueden acomodarse a vivir en el campo o en un chalet de las afueras. Este gato puede ser un compañero tan fiel como cariñoso. Su origen, evidentemente, es Europa. Su peso varía entre 3 y 5 kg. Su esperanza de vida es de 15 a 18 años. Su tipo de pelo es corto, fino y sedoso. Su carácter lo distingue como activo, inteligente, tímido y curioso. La cola es gruesa y la complexión, fuerte. Deseo hablaros, ahora, de mi huerta urbana. Esta práctica se da en el centro o en la periferia de las ciudades, al igual que otros ejemplos de agricultura urbana y periurbana (AUP) como la acuicultura, la ganadería y la silvicultura que proporcionan pescado, carne, lácteos y madera a la comunidad. Los primeros huertos urbanos surgieron con la Revolución Industrial y se popularizaron varias décadas después, durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, cuando las metrópolis británicas y norteamericanas los promovieron entre sus habitantes con fines propagandísticos y para garantizar el suministro de alimentos a la población sin depender de las importaciones. Estos cultivos —conocidos como Jardines de la victoria— llegaron a cubrir casi el 40% del consumo de verduras en Estados Unidos. Los huertos urbanos como ejemplos de sostenibilidad ciudadana nacieron en los años 60 vinculados al ecologismo y los movimientos que reivindicaban un mundo más natural, justo y solidario. Grupos como las Green Guerrillas estadounidenses fueron pioneros en transformar la agricultura doméstica en una vía para la autogestión, la inclusión social y la vida comunitaria. Desde entonces, los huertos urbanos son mucho más que cultivos de ciudad. Estas parcelas se han convertido en lugares para el ocio, la desconexión, la educación medioambiental y el desarrollo de terapias en entornos naturales. Hoy es habitual que muchos ciudadanos participen activamente en huertos urbanos privados o comunitarios, e incluso que los ayuntamientos los contemplen dentro de sus planes urbanísticos sostenibles. Así, pues, gozo de dos mascotas y de un pequeño huerto urbano. Hoy, típico día de invierno, los cielos están cubiertos, el día es fresco y lluvioso. En el País Vasco el invierno suele comenzar bastante antes del solsticio y se adelanta a Noviembre, e incluso, casi siempre, existen ramalazos invernales ya en el mes de Octubre. El invierno de nuestra región climática se caracteriza en los mapas isobáricos por la retirada hacia el sur del anticiclón de las Azores, con lo que queda libre la vía de entrada en Europa de los vientos atlánticos, acompañados de las borrascas y frentes nubosos que traen con ellos. Producen en la costa de Europa el típico tiempo del invierno, con semanas en las que se alternan con rapidez días frescos y lluviosos con cortos episodios de cielos despejados en los que el sol apenas tiene tiempo de calentar la tierra y el aire. En lo que se refiere a las temperaturas mínimas, la costa vasca se caracteriza por la moderación térmica invernal, con medias de las mínimas rondando los 5ºC. Sin embargo, en cuanto pasamos las sierras de la divisoria, en Alava/Araba, las temperaturas mínimas nocturnas rondan en los días de invierno la temperatura de congelación. Pues ¡bien! Pese al ligero sirimiri que atenaza al día, estoy un tanto agobiado de estar encerrado en casa. Pego un salto de la cama al suelo, y me dispongo a darme un pequeño garbeo. Me visto y preparo. Me calzo las botas de trabajo, me visto un pantalón vaquero y cojo el kaiku y el chubasquero. El kaiku o chaqueta vasca ha sido durante generaciones la prenda de abrigo más utilizada por los arrantzales y baserritarras del Pais Vasco, esta prenda era confeccionada generalmente a mano por las amamas vascas. Para la confección de estas prendas de abrigo, se utilizaba generalmente la lana de oveja, aprovechando las cualidades espectaculares de este material, es biodegradable y sostenible, es un regulador natural de la temperatura que te mantiene seco y caliente en invierno. Los colores más clásicos son el kaiku verde con cuadros negros. Podía haberme vestido con el mendigoizale típico que es una prenda de abrigo confeccionada con lana utilizada principalmente por los montañeros vascos desde principios del siglo XX se cree que esta prenda proviene de la modificación de una chaqueta muy parecida que se confeccionaba de forma artesanal la cual recibia el nombre de chaqueta de damas, esta prenda tenía en la parte delantera un dibujo en forma de cuadritos que podrían haber sido sustituidos por los seis escudos de las provincias vascas que lleva el mendigoizale. Pero lo cierto es que no me atrevo a salir sin el chubasquero, que es impermeable de calidad para los días más lluviosos. Y, una vez vestido, cojo la cadena y prendo a mi fox terrier. Le susurro unas palabras: - Tranquilo, nervioso, ¡tranquilo! Y nos vamos a tomar viento, más concretamente, apuntamos hacia la Estación de Autobuses, y ésta se encuentra al lado del barrio de Amara, o de la vieja Estación del Norte. Aquí tengo aparcado el coche. En el asiento trasero coloco a Scoty y yo me siento al volante. Miro posibles itinerarios y, por fin, me dirijo al Santuario de Loyola. - Qué te parece Scoty si hoy nos vamos hacia Azpeitia. El perro contesta afirmativamente: - Guau, guau, guau… Hoy, nos dirigimos hacia Azpeitia, a 52 km de San Sebastián. ¡Bien! Situada al pie del monte Erlo, Azpeitia es uno de los municipios más extensos de Gipuzkoa. Merece la pena que visitemos su casco viejo, con la plaza Mayor porticada, la iglesia de San Sebastián de Soreasu y la casa torre de Emparan. Luego, en Azpeitia hay construcciones de relieve, aunque la edificación de mayor trascendencia es el santuario de Loyola, que se encuentra en las afueras de dicha localidad. Hablando del santuario de Loyola podríamos escribir muchas páginas, pero, como la extensión nos obliga, nos ceñiremos exclusivamente a las ideas más sobresalientes, olvidándonos, aunque sea momentáneamente, del municipio de Azpeitia. Del impresionante conjunto monumental que constituye este Santuario, obra del arquitecto italiano Carlo Fontana, destaca la basílica. En estilo barroco, de planta circular, y rematado por una majestuosa cúpula, fue erigido en el siglo XVII en honor a san Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús. El conjunto alberga en su interior la casa en la que naciera el santo, en 1491, conocida como Santa Casa. Pensemos que uno de los personajes vascos más notables de la historia es Iñigo de Loyola (san Ignacio), fundador de la Compañía de Jesús (jesuitas), actualmente extendida por todo el mundo. Loyola es uno de los lugares más destacados del País Vasco, no solo de Gipuzkoa, tanto desde el punto de vista histórico, como por sus tradiciones y, también, por el entorno natural en que se encuentra. En vista de todo ello, sostenemos que esta visita puede ser emprendida teniendo en cuenta diferentes puntos de vista. En principio, por nuestra parte nos centraremos en el Santuario y, en segundo lugar, en la Casa Torre de los Loiola. Os sorprenderá encontrar el Santuario en mitad del Valle de Urola, rodeado de montañas y en un entorno idílico. El conjunto de Santuario está edificado en torno a la Casa Torre medieval, en la que Iñigo de Loyola nació en 1491. El centro del Santuario está ocupado por la Basílica, que data de 1738, con su majestuosa cúpula. La Basílica cuenta, como hemos dicho, con una cúpula de 24 metros de diámetro y 62 de altura además de dos inmensas naves a ambos lados construida según los planos del arquitecto italiano Carlo Fontana. Las obras se iniciaron en el año 1681 y se finalizaron en octubre de 1888. Esta joya barroca se compone de un cuerpo rectangular formado por el templo circular y el gran pórtico y las dos alas destinadas a dependencias. Una amplia escalinata da acceso al pórtico semicircular. El interior nos muestra el Templo Circular. Así, el arte romano de Bernini, del que Carlo Fontana fue alumno aventajado, lo podemos encontrar en el corazón de Gipuzkoa. El retablo mayor barroco, de mármol, está presidido por una imagen en plata de San Ignacio, regalo de la Real Compañía Gipuzkoana de Caracas, una entidad de comercio con América clave en la historia de Gipuzkoa. Se complementa con varios altares de mármol, herrajes y verjas magníficas y un órgano Cavaille-Coll. Os proponemos que, si disponéis de tiempo, realicéis la llamada “Ruta de los tres templos”, visitando también los cercanos santuarios de Arantzazu y La Antigua (en Zumárraga). Tres estilos para los tres santuarios guipuzcoanos. El románico, en La Antigua de Zumárraga, el barroco, en Loiola, y la vanguardia, en Arantzazu. Una ruta por los valles de los ríos Urola y Deba, que está repleta de arte y espiritualidad. La conocida como “Casa Natal” trasladará tu imaginación a la época feudal a través del linaje del Santo, el de la familia de Oñaz y Loyola, que se conoce desde el siglo XIII. Sus muros de casi dos metros de espesor, troneras, e incluso bombardas antiguas te harán sentir que accedes a una fortaleza medieval, como de hecho era el edificio originalmente. La tronera es una abertura para disparar los cañones practicada en una muralla. Los miles de visitantes que se acercan hasta Loiola a lo largo del año tienen una parada obligada en la Casa de San Ignacio. El 25 de diciembre de 1491 nació en ella Iñigo de Loiola. Esta importante construcción se halla rodeada en su totalidad por las paredes de la fachada exterior del Santuario, lo que imposibilita su visión desde el exterior. Accediendo a través de una puerta lateral a la Basílica los visitantes se encontrarán con un pequeño patio presidido por una escultura de Iñigo de Loiola convaleciente en la camilla y, a su lado, la puerta de acceso a la Casa de San Ignacio. Además de su importancia como cuna del santo, la casa-torre de Loyola tiene una amplia e importante historia que se pierde en los tiempos como casa solariega de los poderosos Loiola. Conservada casi en su totalidad, muestra en su fachada claras influencias del estilo mudéjar, consecuencia de su última reconstrucción, allá por el siglo XV. La Santa Casa se halla muy transformada interiormente. Varias de sus dependencias son ahora oratorios y en ellos se conservan reliquias y recuerdos de la familia. En definitiva, la Casa Torre de los Loiola es la casa en la que nació san Ignacio en el año 1491, como hemos dicho. Se encuentra dentro de los límites del Santuario y, actualmente, alberga un pequeño museo en el que se da a conocer la vida de los Loiola, parientes mayores del bando oñacino, y su personaje más ilustre, san Ignacio. Al igual que muchas de las torres medievales, la de los Loiola es de planta cuadrada, con cuatro pisos y tejado a cuatro aguas. Tras la orden de Enrique IV de desmochar todas las construcciones de defensa, el abuelo de Ignacio de Loiola mandó destruir la parte de arriba y reconstruirlo en ladrillo, en estilo mudéjar. Es por ello que el edificio tiene dos estilos: gótico, en la parte baja, y mudéjar, en la superior, correspondiendo inicialmente al siglo XII. Ignacio concibió de modo vago lo que sería la Compañía de Jesús primeramente en Manresa (ilustración del Cardoner, 1522), perfiló algunos rasgos en París (votos de Montmartre, 1534) y, de forma definitiva, estableció la Congregación de Clérigos Regulares con voto especial de obediencia al papa en Roma en 1539. Los compañeros decidieron elegir un superior, formando una Orden religiosa. Ignacio redactó la Fórmula del Instituto de la Compañía de Jesús, que fue aprobada por Paulo III el 3 de septiembre de 1539, pero con la limitación de que el número de miembros profesos no pasara de sesenta, con la bula de aprobación Regimini militantis Ecclesiae, del 27 de septiembre de 1540. El 19 de abril de 1541 fue elegido como general de la nueva Orden. De los nueve compañeros del fundador que aparecen en la bula, cuatro eran españoles: el soriano Diego Laínez, el navarro Francisco Javier, el toledano Alfonso Salmerón y el palentino Nicolás Alfonso de Bobadilla. La fundación fue una empresa colectiva, si bien Ignacio fue admitido siempre como la cabeza, en gran medida porque inspiraba seguridad y por su carácter bondadoso, que hacía que los adeptos crecieran a su alrededor. En el santuario de Loyola se llevan a cabo retiros espirituales, estancias de grupos religiosos y celebraciones litúrgicas especiales para peregrinos, todo esto sin contar con su nutrida biblioteca. No está de más que digamos algo sobre LOS JESUITAS. La Compañía de Jesús es la orden, fundada en Roma, en 1540, por san Ignacio de Loyola, quien elaboró las Constituciones, que fijan sus pautas espirituales. En su época revolucionó el carácter monástico de las órdenes religiosas a través de un apostolado más dinámico y de una mayor y mejor preparación de sus miembros, acorde con un mundo en transformación. Con una estructura de gobierno centralizada, a cargo de un propósito general vitalicio, la Compañía desarrolló una gran actividad misionera en India, Japón y América e hizo de la enseñanza la principal arma de la Contrarreforma. Yendo al grano de la cuestión, se denomina jesuita al miembro de la Compañía de Jesús, orden religiosa de clérigos regulares, fundada por san Ignacio, como ya hemos indicado, con el objeto de formar una milicia al servicio del papa para la difusión del cristianismo y la defensa de la Iglesia; su regla fue aprobada por Paulo III (1539) y definitivamente con la bula Regimini militantis, de 1540. La Orden está organizada según una jerarquía con un general a la cabeza. Expulsados en el siglo XVII de casi todos los Estados por su influencia política, fueron suprimidos por Clemente XIV en 1773, y restablecidos por Pío VII en 1814. Dedicados a la educación y a la instrucción de la juventud, los jesuitas han instituido escuelas, colegios y universidades. En 1591, la Compañía de Jesús administraba 36 fundaciones (noviciados, colegios y casas profesas) y contaba con 1.105 miembros. El colegio más importante era el de Alcalá, con 104 personas. Los jesuitas españoles -la Milicia de Cristo- eran 2.100 a principios del siglo XVII, con un centenar de fundaciones. El final del siglo XVI y todo el XVII fueron el “siglo de oro” de la Compañía, que gozó de la protección de los monarcas y de Olivares, cuyo confesor era el padre Aguado. Felipe IV había hecho fundar en 1623 los Estudios Reales de Madrid (o Colegio Imperial), que harían la competencia a las universidades. Los jesuitas habían puesto en práctica métodos pedagógicos basados en las humanidades, que perseguían desarrollar las capacidades de cada estudiante: la ratio studiorum, “raíces de virtud y letras”. En el siglo XVII los colegios de la Compañía acogían a nobles y príncipes. En su obra misionera, los jesuitas, en virtud de un voto de obediencia al papa, estaban obligados a aceptar todas las misiones apostólicas. Así, Francisco Javier partió para evangelizar China, donde pereció como mártir “lejos, entre los gentiles”. El padre Mastrili fue decapitado en Japón en 1637. En las Indias, en Paraguay en particular, los jesuitas protestaron por los malos tratos de que eran objeto los indios guaraníes. La creación de reducciones, en 1609, autorizadas por Felipe III y gobernadas exclusivamente por los jesuitas, provocó polémicas y conflictos con las autoridades de la península. Se crearon colegios en Potosí en 1623 y en Puebla en 1625. En tiempos de Carlos III se ordenó la detención de los jesuitas de la península. El papa suprimió la orden en 1773. La Compañía se restableció en 1814. Se comprende, por lo tanto, la grandísima biblioteca que se custodia en Loiola. 150.000 tomos convierten a la Biblioteca de los Jesuitas de Loiola en una referencia importantísima para numerosos investigadores e historiadores, que desde finales de 1997, cuando la biblioteca quedó abierta al uso del público, se dan cita en Loiola. La biblioteca alberga y conserva publicaciones de todo tipo, entre los que se incluyen algunos incunables, que son libros impresos antes de 1500. Si son anteriores a 1470 se llaman paleotipos. Es destacable la sección denominada Biblioteca Vasca, con más de 10.000 libros escritos tanto en euskara como en castellano u otros idiomas, todos ellos relacionados con la cultura y temas vascos. Abreviadamente, por lo tanto, Azpeitia es la cuna de san Ignacio de Loiola, fundador de la Compañía de Jesús, siendo el Santuario de Loyola el mejor exponente arquitectónico del barroco en el País Vasco y uno de los más singulares del mundo en ese estilo. Y, una vez llegados hasta aquí, no nos resistiremos a dar una pinceladas gordas de la biografía de san Ignacio. Íñigo López de Recalde, vulgarmente conocido por san Ignacio de Loiola, nació en Loyola (Gipuzkoa) en 1491 y murió en Roma en el año 1556; fue, además, el fundador de la Compañía de Jesús. Es decir, Iñigo de Loyola nació en Loyola (Azpeitia) hacia 1491 (probablemente el 25 de diciembre) y muerto en Roma el 31 de julio de 1556. Fue bautizado como Iñigo López de Regalde. Su primera dedicación fueron las armas, siguiendo la tradición familiar. Sin embargo, tras resultar gravemente herido en la defensa de Pamplona contra los franceses (1521), cambió por completo de orientación: la lectura de libros piadosos durante su convalecencia le decidió a consagrarse a la religión. Se retiró inicialmente a hacer penitencia y oración en Montserrat y Manresa, donde empezó a elaborar el método ascético de los Ejercicios espirituales (1522). Las primeras actividades de San Ignacio de Loyola difundiendo el método de los ejercicios espirituales le hicieron sospechoso de heterodoxia (asimilado a los «alumbrados» o a los seguidores de Erasmo de Roterdam): en Castilla fue procesado, se le prohibió la predicación (1524) y hubo de interrumpir sus estudios. Por último, señalaremos que la Compañía reproducía la estructura militar en la que Ignacio había sido educado, pero al servicio de la propagación de la fe católica, amenazada en Europa por las predicaciones de Lutero, que habían puesto en marcha la Reforma protestante. Las Constituciones que Ignacio le dio en 1547-50 la configuraron como una orden moderna y pragmática, concebida racionalmente, disciplinada y ligada al papa, para el cual resultaría un instrumento de gran eficacia en la «reconquista» de la sociedad por la Iglesia en la época de la Contrarreforma católica. Pero no podemos irnos, sin aclarar antes dos conceptos fundamentales. ¡Primero! El Barroco es el estilo que se desarrolló durante el siglo XVII y primera mitad del XVIII. Sus características especiales hicieron que fuera menospreciado por la crítica neoclásica, por lo que la palabra ha pasado a tener un contenido peyorativo que va perdiendo poco a poco. Acaso las dos ideas matrices del Barroco sean la de movimiento, que imprime a todos sus elementos, y -en Arquitectura- la pérdida de papel constructivo de muchos de ellos, a favor de una mayor riqueza ornamental e ilusionista. Y ¡segundo! En cuanto al mudéjar, su estilo característico se basó, desde el punto de vista de los materiales, en el uso preferente del ladrillo, la cerámica, la madera y el yeso. Resumiendo, por lo tanto, y realzando la voz, sintetizaremos que san Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, nació en 1491 en la Santa Casa, una mansión de piedra cercana a Azpeitia. En el siglo XVII se construyó a su alrededor la basílica de San Ignacio y las habitaciones de la aristocrática familia Loyola se convirtieron en capillas (en la de la Conversión fue donde el joven Ignacio, convaleciente de una herida de guerra, vivió una profunda y decisiva experiencia religiosa). La basílica es, con diferencia, la obra de carácter religioso más importante realizada en el País Vasco, demostrativa, al ser un proyecto encargado a Carlo Fontana, de que la mayoría de creaciones artísticas de interés han procedido casi siempre de fuera del país; su realización se encargó a J. Begrand e Ignacio Ibero, y es posible que también participara de alguna manera J. B. de Churriguera. La fachada ondulante, su tratamiento homogéneo en desarrollo vertical, la regulación del espacio exterior y la disposición interior del templo tendente a la unidad son los valores primordiales del barroco que se destila en Loiola. Esta magna obra permitió que en ella se especializaran y entrasen en contacto con el pensamiento artístico europeo arquitectos locales como Martín Zaldúa o Sebastián Lecuona, no ya como mero seguimiento y dirección de obras sino con un carácter más participativo. La Compañía de Jesús fue una orden religiosa de la Iglesia católica, fundada en el año 1534 por el sacerdote español Iñigo López de Loyola, que cambió posteriormente de nombre por el de Ignacio de Loyola, y sancionada canónicamente por el papa Pablo III (1534-49) el 27 de septiembre del año 1540, mediante la bula Regimini militantis Ecclesiae. La Compañía nació poco antes de la celebración del importante concilio de Trento (1545-63), y posteriormente a la revolución religiosa emprendida por el monje agustino Martín Lutero, en el año 1517. La frase emblemática o divisa de la Compañía fue Ad maiorem gloriam Dei ('Para la mayor gloria de Dios'), en la que se resumía desde un principio el principal objetivo de dicha congregación, que no fue otro que el de difundir la fe católica por medio de la predicación y la enseñanza, además de constituirse como el principal instrumento de la Iglesia católica para frenar la expansión de la Reforma protestante. Debido a su principal actividad en el ámbito de la educación, la Compañía, a lo largo de todo su devenir histórico, aportó notables pensadores y obras, no sólo en el terreno de la teología, sino también en disciplinas profanas. Ignacio fue beatificado el 27 de julio de 1609, y canonizado el 12 de marzo de 1622, juntamente con Francisco Javier, Teresa de Jesús, Felipe Neri e Isidro Labrador. La imagen de Ignacio se ha falseado a través de la historia tanto por los que han pretendido una leyenda áurea como los que se han dejado llevar por la leyenda negra, por los que viven en la exaltación gloriosa de los amigos como por los de la falsa crítica de los adversarios y enemigos. En el contexto barroco es donde se ha creído que comenzó a desdibujarse la imagen de Ignacio, toda vez que el barroco pretendía, en su afirmación católica, exaltar lo heroico y extraordinario. Reflejo de esto aparece en la literatura y el arte en sus diversos campos, como la arquitectura, escultura, pintura, teatro y música. Las fiestas celebradas en ese año y con ocasión del primer centenario (en 1640) supusieron un triunfalismo no deseado por el padre general Mucio Vitelleschi (1615-1645). Volviendo al monasterio de San Ignacio de Loyola, los Ejercicios espirituales de Ignacio orientan la espiritualidad de la Compañía. En los Ejercicios se recogen muchos modos de orar, pero el rasgo común que los caracteriza es la relación entre oración y realización de la voluntad de Dios en la acción, y su referencia a Cristo como principio de discernimiento. En este sentido, tienen plenitud las palabras de Ignacio “en todo amar y servir”, porque la actividad del jesuita está orientada al servicio divino por amor, a cumplir la voluntad de Dios dedicándose por entero a ayudar a los hombres para que consigan la santidad a la que son llamados. Es una espiritualidad misional, de enviado, apostólica. El Camino Ignaciano recrea el itinerario que el caballero Ignacio de Loiola recorrió en el año 1522 desde su localidad natal, Azpeitia (Gipuzkoa), hasta la ciudad catalana de Manresa. Una peregrinación que comenzó después de su conversión espiritual en Loiola, y que tenía como meta final la ciudad santa de Jerusalén. Actualmente, el camino que se ha trazado a partir de las anotaciones personales del Santo, se inicia en la casa donde nació Ignacio en Loiola (Azpeitia) y nos conduce hasta la conocida como “Cova de San Ignacio”, en Manresa (cerca del Monasterio de Montserrat, en Catalunya). Se trata de un recorrido largo y exigente, de aproximadamente 675 kilómetros, que atraviesa 5 comunidades autónomas, y que se puede realizar en unos 30 días. El itinerario se inicia en tierras vascas y atraviesa dos de sus provincias, Gipuzkoa y Álava, antes de proseguir su andadura. Un total de 7 etapas y 150 kilómetros, balizados con las marcas del GR 120, que nos GRANDES RUTAS CAMINO IGNACIANO depararán una experiencia única. Podemos considerar el paso por Euskadi como el más abrupto de toda la peregrinación, pero nos permitirá conocer y recorrer las seis comarcas por las que se transita; Urola Garaia, Urola Erdia, Debagoiena, Llanada Alavesa, Montaña Alavesa y Rioja Alavesa. Una ruta realmente atractiva para aquellos peregrinos que desean buscar experiencias similares a las que ofrece el Camino de Santiago. Cuando el caballero Ignacio de Loyola emprendió el camino de la espiritualidad, en 1522, tomó la decisión de peregrinar a Jerusalén. La primera parte de esta peregrinación lo llevó a Manresa, donde permaneció 11 meses, desde mayo de 1522 hasta marzo de 1523. Recorrió el Camino Real hasta llegar a Barcelona, donde embarcó en un viaje que le llevaría de peregrino hasta Tierra Santa. Basándose en esa experiencia comenzó la escritura del Libro de los Ejercicios Espirituales. Cada vez hay más peregrinos que quieran emprender el camino que completó San Ignacio, a la búsqueda de una experiencia cultural y espiritual enriquecedora. El llamado Camino Ignaciano recrea el viaje que realizó Ignacio de Loiola en el año 1522 desde su localidad natal hasta la ciudad catalana de Manresa, donde la denominada “cueva de San Ignacio” recuerda al fundador de la Compañía de Jesús. El Camino Ignaciano, como otras rutas de gran recorrido, ofrece la oportunidad de vivir una experiencia no solamente viajera sino también de desarrollo e introspección personal. El Camino Ignaciano comienza en Loiola (Azpeitia) y atraviesa Euskadi en dirección Sur para, una vez en La Rioja, dirigirse hasta Manresa. Recrea la ruta que siguió San Ignacio en 1521. En este plan se propone recorrer las etapas 4 y 5 de este Camino atravesando la Montaña Alavesa. Se trata de una actividad que exige un mínimo de entrenamiento. La ruta propuesta comienza en Araia, asciende al puerto de Opakua, atraviesa la sierra de Entzia y desciende al Valle de Harana. Después de semejante itinerario, nos paramos para darnos un descanso. Juego con Scoty, pues suelo llevar encima su correa y su balón, reventado de tanto mordisco perdido. Evidentemente, hablo con mi perro. Un bocadillo lo hago cachos y se lo voy dando de comida a Scoty, al que le digo: - Qué ¡bribón! ¿Está bueno? El perro no me quita de encima ni un ojo. Se altera, salta, mordisquea… Yo le acompaño en la comida, pues el bocadillo de tortilla que me he hecho por la mañana, en mi casa, está formidable. Al fin de tanto manjar de viaje, me pongo otra vez al volante y me dirijo a Oñati, piedra angular de la cultura vasca. La Magnífica la Muy Noble y Leal Villa de Oñate, en euskera y oficialmente llamada Oñati, se ubica en el centro geográfico del País Vasco, a unos 80 kilómetros de su capital provincial San Sebastián y no lejos de los límites geográficos alaveses. Situada en un fecundo valle rodeado de algunas de las montañas de mayor altitud de los Montes Vascos, pertenece a la próspera Comarca del Alto Deba y, por su privilegiado emplazamiento, además de ostentar el honor de ser el municipio de mayor superficie de Gipuzkoa, es uno de los municipios mejor comunicados con las tres capitales vascas. Oñati es, por méritos propios, una de las localidades más turísticas d Euskadi, tanto por ubicarse en su término el Santuario de Nuestra Señora de Aránzazu, uno de los de mayor devoción entre vascos y navarros; como por su meritorio patrimonio histórico y monumental, el cual, le ha servido a la población para ser conocida con el apelativo de "La Toledo Vasca". Pese a que está atestiguada la presencia humana tanto en la propia villa oñatiense como en toda la Comarca del Alto Deba desde tiempos inmemoriales, para encontrar la primera mención documental de Oñati hay que remontarse al año 1200, cuando aparece citada, bajo el nombre de "Onati", en unas indulgencias promulgadas por el obispo de la sede riojana de Calahorra. El devenir histórico de Oñati durante el Medievo e incluso durante la Edad Moderna está marcado por el poder que ejercieron en el territorio los Condes de Oñate, los cuales, más que como simples señores feudales, llegaron a ostentar plenos poderes legislativos, militares, jurídicos e incluso religiosos en sus dominios, rindiendo solo vasallaje primero al rey navarro y posteriormente al castellano. Este poder casi absoluto ejercido por la Casa de Guevara al frente del Condado de Oñate es el principal motivo por el que buena parte de la cronología histórica oñatiense esté marcada por continuos levantamientos y revueltas populares y nobiliarias contra ellos, los cuales, de una manera u otra, con mayores o menores concesiones, siempre acabaron por ser sofocados. Este poder casi absoluto ejercido por la Casa de Guevara al frente del Condado de Oñate es el principal motivo por el que buena parte de la cronología histórica oñatiense esté marcada por continuos levantamientos y revueltas populares y nobiliarias contra ellos, los cuales, de una manera u otra, con mayores o menores concesiones, siempre acabaron por ser sofocados. Tras ser un importante feudo carlista durante la primera mitad del siglo XIX, en 1845, con la supresión de los derechos señoriales, Oñati y todo su territorio quedan definitivamente anexionados a la provincia de Gipuzkoa, a la cual pertenece en la actualidad. La Universidad del Santo Espíritu (Sancti Spiritus) es, sin lugar a dudas, el monumento más conocido de Oñati, habiéndose convertido, por méritos propios, en el principal icono de la villa. La existencia de dicha Universidad, en gran medida, fue el principal factor que determinó el desarrollo y el esplendor del que gozó Oñati durante la Edad Moderna, ya que durante siglos fue la única institución de esta naturaleza existente en el País Vasco. Su construcción y fundación, fechada entre 1540 y 1542, se debe a la labor del obispo Rodrigo Sáez de Mercado de Zuazola, natural de la propia Villa de Oñate y una de las principales personalidades humanistas del siglo XVI, el cual, para su empresa, supo ganarse la bula pontificia de Pablo III además de contar con el patrocinio del Emperador Carlos. Desde su fundación, en la Universidad se impartieron lecciones de Leyes, Teología, Cánones y, esporádicamente, de Artes y Medicina. Fue de carácter estrictamente católica hasta que, tras la Revolución de 1868, pasó a ser de libre enseñaza, pasando después a manos carlistas. Cerraría sus puertas en el año 1901, acogiendo en la actualidad el Instituto Internacional de Sociología Jurídica. Arquitectónicamente, se trata de una de las obras cumbres del Renacimiento vasco, siendo considerada un ejemplo de la transición del Plateresco al Manierismo. Fue declarado Bien de Interés Cultural en 1931. El conjunto se estructura en torno a un gran patio central cuadrangular de dos pisos, abriéndose a los corredores de cada una de sus cuatro crujías aulas, despachos y demás estancias funcionales, como las habitaciones, comedores y aula magna. El claustro abre al jardín central mediante una arquería de medio punto sobre columnas cilíndricas rematadas en capiteles clasicistas, disponiéndose en las enjutas medallones y blasones de variada temática. Esa misma estructura se repite en el claustro superior, caracterizado por su armónica balaustrada y por las originales gárgolas que penden de sus cornisas. El elemento más reconocible del edificio es su fachada principal, soberbia obra de estilo plateresco compuesta por una calle central en la que se habilita la portada y que queda flanqueada por dos monumentales pilastras en resalte animadas por hornacinas que acogen distintas esculturas de bulto redondo. Pilastras historiadas de similar naturaleza fueron levantadas en los ángulos de las torres laterales del conjunto. Obra del escultor Pierre Picart, por sus características recuerda al salmantino Convento de las Dueñas o al vallisoletano Colegio de Santa Cruz, respondiendo la iconografía de la fachada a un programa cuidadosamente elegido que vendría a exhortar al alumno en la necesidad de "ejercitarse en valores y virtudes que resultan de la síntesis pagana y cristiana".También sobresaliente es el retablo de la pequeña Capilla del Sancti Spiritus, obra de contratación y factura castellana que presenta escenas alusivas a la Virgen María, San Miguel y el propio Espíritu Santo, patrones de la institución. Pero, aunque la historia es mucha, no podemos olvidarnos de que situada en la comarca del Alto Deba, a los pies del monte Aloña, las abruptas pendientes que rodean el municipio esconden un excepcional casco histórico, jalonado por notables edificios, palacios e iglesias de gran valor arquitectónico. El pueblo de Oñati, esta situado al sudoeste de Gipuzkoa, en el País Vasco. Bergara, Arrasate-Mondragon, además de otros pueblos pequeños componen la comarca del Alto Deba o Debagoiena. El núcleo del pueblo está situado en un amplio valle rodeado por montañas y colinas; parece que ese es el origen de su nombre: ya que significa lugar con abundantes colinas. Se encuentra situada en el corazón de Euskal Herria, a 73 kilometros de San Sebastián, 64 de Bilbao, 101 de Pamplona y 52 de Vitoria. Con sus 108,2 kilómetros cuadrados, es el pueblo más extenso de Gipuzkoa. El centro urbano está a 231 metros sobre el nivel del mar pero algunos de sus barrios, Arantzazu por ejemplo, llegan a alcanzar casi los 700 metros. El punto más alto del municipio es la cima de Artzanburu, a una altitud de 1.368 metros. Otros atractivos para el visitante son la iglesia parroquial de San Miguel, con una mezcla de gótico, barroco y neoclásico; el monasterio de Bidaurreta, de grandes proporciones y fachada gótica esculpida en el siglo XVI; la imponente Plaza de los Fueros, presidida por el ayuntamiento, y la Plaza de Santa Marina, rodeada de hermosos palacios como Antia, Madinabeitia y Baruekua. En otro sentido, situado en un enclave de inigualable belleza paisajística a unos 10 kilómetros de la Villa de Oñati, el de Nuestra Señora de Aránzazu es uno de los santuarios marianos de mayor devoción entre los vascos, recibiendo al año un enorme volumen de visitantes y romeros al tratarse de una de las patronas de Gipuzkoa. Los orígenes del establecimiento devocional, custodiado por una comunidad franciscana desde su fundación, se remontan a principios del siglo XVI, sin embargo, su fortuna histórica no ha sido demasiado benévola ya que, en los siglos XVI, XVII y XIX sufrió distintos y pavorosos incendios que acabaron reduciéndolo a cenizas. El edificio actual es una espectacular obra contemporánea proyectada por los arquitectos Francisco Javier Sáenz de Oiza y Luis Laorga en el que, además, intervinieron en diferentes cometidos artistas de la talla de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida. Testimonio de la primigenia devoción a Nuestra Señora de Aránzazu es la imagen titular original, por suerte sí conservada. Se trata de una modesta Virgen gótica de piedra policromada de apenas 36 centímetros que acoge en su regazo al Niño Jesús y que porta en su mano derecha una esfera. Oñati es el municipio de mayor extensión de Gipuzkoa. Formado por un total de 16 barrios, el más conocido es, sin duda, Arantzazu. Se sitúa a nueve kilómetros del casco urbano, bajo el Parque Natural de Aizkorri-Aratz, y en él se encuentra el santuario en honor a la virgen que un pastorcillo vio en el siglo XV sobre un espino. La basílica de Arantzazu, levantada en los años 50 sobre un precipicio, es un impresionante conjunto de arte de vanguardia, pues en su construcción participaron artistas de la talla de Eduardo Chillida, Jorge Oteiza, Nestor Basterretxea y Lucio Muñoz. Desde Arantzazu parten varios senderos de montaña que van hasta los pastos de Urbia y, desde allí, hasta la magnífica crestería caliza de Aizkorri, un entorno natural de excepción declarado parque natural. En suma, ya han dado en mi reloj las 6 y media de la tarde. Me hubiera gustado que Scoty jugara por las campas de Urbia, pero la hora no nos lo permite. Nos tomamos un tente en pie en la plaza de Oñati que está a rebosar, ambientazo total. Nos encontramos a 82 km de San Sebastián. Cogemos el coche, nos ubicamos y marchamos hacia Donostia. Aquí nos espera Cascabel; un gato comporta una serie de gastos que deben tenerse en cuenta para asegurarte de que puedes hacerte cargo de tu mascota correctamente durante toda su vida. Para acertar sobre qué tipo de gato se debe tener, lo primero a considerar es que se trata de un animal de naturaleza solitaria y nocturna que evolucionó entre el desierto y la sabana. Esto supone que las características de los gatos son diferentes a las de los perros y, por supuesto, a las nuestras. Para nosotros, la importancia a la hora de decidir ser dueño de un gato no sólo está en los beneficios que aporta su compañía, sino también en que antes se deben conocer las necesidades de un gato con respecto a las de otros animales. Encontrar el gato perfecto o hacer una elección correcta puede ser todo un reto, y siempre pasa por saber cómo cuidar de él. .Como en el caso de los gatitos, se debe tener en consideración la atención veterinaria del gato, desde la esterilización (si todavía no está esterilizado) hasta la vacunación, pasando para las desparasitaciones y la identificación. Esta visita al veterinario es muy importante porque no es extraño que un gato de edad avanzada tenga alguna necesidad especial, así que habrá que tenerlo en cuenta. Ya en San Sebastián, tengo que subir toda la Avda. de Ategorrieta, para situarme en Altza y alcanzar el Paseo de Altza. Aparco el coche en la calle. Abro el portal, sintiendo ya la presencia de Cascabel, que se dejará acariciar del rabo a las orejas. El gato común europeo es un gato rústico, ¡uno de verdad! Es un gato afable, equilibrado, agradable e inteligente. Incluso se dice que es muy espabilado porque entiende rápidamente lo que su dueño le pide. Es un gato muy apegado a su familia, juguetón, cariñoso y lleno de alegría. ¡Este gato para una casa es un animal de compañía ideal! No me da tiempo a cambiarme de ropa, pues se cuela entre mis brazos suavemente. Siento que viene a darme las ¡Buenas Noches! Cascabel y Scoty conviven juntos, pero ni uno hace case del otro, ni el otro del uno. Dicho lo cual, lanzamos el final de este relato. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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