jueves, 11 de julio de 2024

RELATO BREVE, Los sanfermines, Fiesta de fiestas.

Sanfermín es una de las fiestas más grandes del mundo, que se celebra en Pamplona del 6 al 14 de julio, y a la que no se puede faltar por lo menos una vez en la vida. Dicen quienes han vivido las fiestas de Sanfermín en Pamplona que son unas de las más grandes del mundo. Las razones de que Sanfermín ocupe un lugar entre las siete fiestas con más fama mundial es que hay mucha juerga ininterrumpida durante nueve días… La fiesta no se detiene. Sin embargo, antes de entrar en la materia que nos ocupa, vamos a dar algunos datos sobre Pamplona. Esta, situada en la zona central de la provincia de Navarra y a 449 metros sobre el nivel del mar, se encuentra bordeada por el río Arga. Junto con su comarca, Pamplona está en la denominada Cuenca de Pamplona, en medio de un cinturón montañoso. Esta ciudad aparece bañada por los ríos Arga, Elorz y Sadar, y también por regatas y barrancos, que permiten el crecimiento de huertas prácticamente en cualquier punto de la ciudad. En lo que se refiere a infraestructura, Pamplona cuenta con tres universidades: la Universidad Pública de Navarra, la Universidad de Navarra y el Centro Asociado de la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Con más de tres kilómetros cuadros de parques y jardines, es una de la ciudades donde más abundan las zonas verdes. También destaca por el alto nivel de sus instalaciones sanitarias con el Hospital de Navarra y Virgen del Camino que comparten su buen hacer con la Clínica Universitaria. Su pasado se remonta a la Prehistoria. Lugar habitado desde al menos dos milenios antes de Cristo, parece ser que tuvo el nombre de Iruñea, lo que significaría "la ciudad". Ya desde muy antiguo aparecen referencias a la población, siendo citada por Estrabón como capital del territorio de los vascones. En tiempo de los romanos se produce un asentamiento de estos sobre el de los vascones, a cargo del general Cneo Pompeyo. Éste, entre los años 75 y 74 a.C., construye una fortificación para asentar a sus legiones, en guerra contra las de Sertorio. Nace así la ciudad de Pompaelo o Pompailon -"ciudad de Pompeyo"- una urbe que prospera gracias a su posición privilegiada, en el cruce de caminos entre la Galia, el Cantábrico y el Ebro. Arrasada por las invasiones bárbaras, tras ser reconstruida se convierte en sede episcopal bajo el dominio visigodo. La invasión musulmana hace de Pamplona una ciudad tributaria del poder musulmán. Los emires de Córdoba alternan etapas de confrontación con otras de paz, en los que la nobleza cristiana de Pamplona se ve obligada a pagar tributos. Nuevamente la ciudad es destruida, esta vez en el año 778, a cargo de Carlomagno. Éste, que regresa de Zaragoza camino de Francia, destruye las murallas y saquea a sus habitantes. Presionada por musulmanes y francos, los pamploneses se decantan por una política de alianzas, que les permita mantener su independencia. Así, de la unión mediante matrimonio de un miembro de la dinastía vascona de los Iñigo y de otro los Banu Qasi de Tudela, nace el primer rey del reino de Pamplona, Iñigo Ximénez, también conocido como Iñigo Arista. A lo largo del siglo X se produce la expansión del primitivo reino de Pamplona. Uno de sus promotores es Sancho Garcés I, quien hace de Pamplona la capital permanente del reino. Esta expansión sitúa al reino de Pamplona como un posible rival para el poder del califa de Córdoba, por lo que en el año 924 Abd al-Rahman III lanza un ataque que destruye nuevamente la ciudad. La destrucción de Pamplona hace que la antigua ciudad pase a ser una pequeña aldea, que se denominará Iruña y, más adelante, La Navarrería. Este núcleo primitivo permanecerá bajo control del obispo hasta que en 1319 sea transferido a la Corona. Con el tiempo, diversas repoblaciones promovidas por los monarcas y el hecho de que Pamplona se encuentre en el Camino de Santiago hacen que Pamplona crezca poco a poco, creándose nuevos núcleos de pobladores junto a la ciudad primitiva. Uno de estos núcleos, el de San Cernín, está formado sobre todo por comerciantes y artesanos. En 1129 el rey Alfonso I el Batallador le concede privilegios. Otro núcleo, el de San Nicolás, es también favorecido en 1189. Las relaciones entre los tres barrios son difíciles, dando lugar a frecuentes disputas, en cuyas refriegas se llega a destruir el núcleo de la Navarrería, en 1276. La situación de enfrentamiento finaliza el 8 de septiembre de 1423, cuando el monarca Carlos III el Noble (Privilegio de la Unión) declara la integración para siempre de los tres núcleos en una sola población, sujetos a una misma jurisdicción. Pamplona es una de las principales paradas de la ruta Jacobea. Dispone de aeropuerto y se encuentra bien comunicada con varias autopistas. El 6 de julio con el lanzamiento del Txupinazo comienzan las fiestas de San Fermín. Y, por la trascendencia que va a tener, añadiremos que el origen de la iglesia de san Cernín de Pamplona se remonta al medievo, aunque la guerra civil de Pamplona provocó su destrucción. Esta circunstancia explica que en muchos documentos aparezca fechada en el siglo XIV. De este edificio es importante resaltar su estructura, ya que responde al esquema de iglesia-fortaleza, como lo demuestran sus dos torres, cuyas almenas fueron derruidas en el siglo XVIII. En su pórtico gótico acoge las figuras de San Saturnino y Santiago. Sobre éste se levanta una bóveda de terceletes del siglo XVI. En sus capiteles aparecen representadas imágenes de la infancia y la pasión de Cristo. En frente de la iglesia, en el suelo hay una placa que señala la existencia de un pozo en ese lugar, donde se bautizó a San Saturnino. Su planta se levanta sobre una única nave, rematada con una bóveda sexpartita. En su interior se venera la Virgen del Camino, copatrona de la ciudad, y de la que hay una imagen románica. Dicho lo cual, Yo (el narrador) y, mi amigo íntimo, Javier hemos decidido darnos un garbeo por las fiestas de Sanfermín, para lo que vamos a acercarnos a Pamplona, donde se cuecen los dichos sanfermines. Además, Javier pertenece a una comparsa, por lo que algún conocimiento tiene al respecto. La fiesta es algo íntimo y consustancial al ser humano. Se adhiere a las gentes, vivan en aldea, villorrio o capital, como la piel a la carne, y forma y modela a su antojo la capa externa, vistosa y abigarrada de la sociedad. Si bien es cierto que en el origen de toda fiesta subyace un profundo sentimiento religioso, una actitud grave de admiración y homenaje hacia las fuerzas externas no controladas, sean éstas naturales o foráneas, sean éstas paganas o, gracias al cristianismo, trasmutadas en santoral, no todas las fiestas han nacido ni se han desarrollado de la misma manera. Después de hechos los preámbulos, Javier, como una cotorra, me dice que: - Las Fiestas de San Fermín, popularmente conocidas como Sanfermines, son una Fiesta de Interés Turístico Internacional en honor a San Fermín de Amiens que se realiza, anualmente, en la ciudad de Pamplona, capital de Navarra, de la que es copatrón. Los festejos comienzan con el lanzamiento del chupinazo desde el balcón del Ayuntamiento de Pamplona, a las 12 del mediodía del 6 de julio, y terminan a las 00:00 horas del 15 de julio con el Pobre de mí, una canción de despedida. Yo, sin perder un segundo, añado a lo que él me ha dicho, que: - El origen de los sanfermines tiene que ver en parte con la veneración que sentían los vascones hacia san Fermín, hijo y primer obispo de Iruñea/Pamplona, que murió martirizado en la ciudad francesa de Amiens, donde habría bautizado a más de 3.000 personas. Hay que señalar que en esto de los topónimos ninguna población vasconavarra se salva del peso de su historia ni de su tradición lingüística. Las referencias a Yrunea o Irunnia aparecen ya en inscripciones numismáticas de la época romana, referidas a un poblado vascón que existía antes del siglo VIII a.C. El nombre original es anterior al latino Pompaelo, dado a la ciudad por el general y político romano Pompeyo en el año 75-74 a.C., y del que deriva la actual Pamplona. En realidad, tres celebraciones independientes están en su origen: Los actos religiosos en honor a San Fermín, desde antes del siglo XII, las ferias comerciales y las corridas de toros, documentadas ambas desde el siglo XIV. La Iglesia celebraba el 10 de octubre la festividad de San Fermín, patrono de Navarra. Los sanfermines nacieron así, en la época medieval, como feria comercial y fiesta secular, usando para ello las fechas de fiestas religiosas cristianas, que a su vez usaban fechas festivas de orígenes anteriores, como la del paganismo vasco y latino. A comienzos del siglo XIII se celebraban unas ferias comerciales tras la noche de San Juan, entre el día 23 y el 24 de junio, coincidiendo el comienzo del verano, y posteriormente se pasaron a celebrar a partir de la festividad de San Pedro, el 29 de junio. Como las ferias eran lugares de encuentro de mercaderes, ganaderos y aldeanos, eran también pretexto para festejar y comenzaron a organizarse corridas de toros como parte de la tradición. Hay otra fecha emparentada al final del verano, el 10 de octubre, en que se organizaba una feria en Pamplona, de siete días de duración, desde el año 1324, por privilegio del rey Carlos I de Navarra y IV de Francia. En 1381 por privilegio del rey Carlos II de Navarra, pasó a ser feria franca, coincidiendo también entonces con festividades religiosas. Estas dos ferias y fiestas, al inicio y al final del verano, se unificaron en 1592 para aprovechar el mejor tiempo, comenzando el día séptimo del séptimo mes: el 7 de julio. Aunque todavía en la actualidad, a finales del verano, se celebran "San Fermín txikito" (pequeños sanfermines) solo celebrado por los propios navarros. El Ayuntamiento de Pamplona solicitó al obispo en 1591 trasladar la celebración al 7 de julio a lo que el prelado accedió. En aquella fecha se celebraban ferias en Pamplona con corridas de toros. De esta forma, se produjo la coincidencia entre la celebración religiosa y el bullicio ferial, en el que los toros jugaban un papel esencial. Durante mucho tiempo se ha creído que la festividad de San Fermín se celebraba el 24 de septiembre. Dada la actual confusión, Javier pondrá un poco de orden, al confesarme que: - El patrón de Pamplona, San Saturnino o San Cernin, obispo de Toulouse y mártir, mantiene una celebración mucho más modesta en el 29 de noviembre. Para muchos de los visitantes, este hecho causa la confusión de pensar que es San Fermín el patrono de la ciudad cuando es copatrón de toda Navarra junto con San Francisco Javier. Lo cierto es que: - El año comienza en Pamplona un 6 de julio. Tras escuchar el chupinazo, los mozos y mozas se anudan el pañuelo al cuello. La ciudad, entonces, adquiere impulso y velocidad durante siete días, y en los restantes se sueña con los sanfermines que han de venir. Por otra parte, los gigantes y cabezudos forman parte de la tradición festiva pamplonesa. Gustan mucho a los más pequeños, que los persiguen por las calles de la ciudad. Los Gigantes de Pamplona, con sus 164 años de historia, son uno de los símbolos más emblemáticos de la fiesta. Son unas figuras de madera, cartón y tela con porte altivo que van con su cohorte de kilikis, cabezudos y zaldikos. Juntos forman la Comparsa, comitiva que no falta una sola mañana a su cita sanferminera y que, por otro lado, sale a la calle para otras grandes ocasiones puntuales. Detrás de cada pareja de gigantes están los comparseros, gaiteros y txistularis que marcan su paso. Al respecto, por mi parte le confieso que: - Los gigantes actuales fueron realizados por Tadeo Amorena, tras propuesta de él mismo en marzo de 1860, y que tras el éxito de la primera pareja tuvo el encargo del Ayuntamiento de Pamplona de realizar las otras tres parejas para los sanfermines de ese mismo año. Cuatro parejas que representaban a las razas del mundo y a los continentes, aunque no hay pareja que represente a Oceanía: la blanca, la pareja de reyes de Europa, la amarilla la pareja de reyes de Asia, la mora-negro-africana, la pareja de reyes de África (caracterizados por tez morena, pero no negra) y la indio-americana, la pareja de reyes de América (estos últimos son los caracterizados como negros). Pero, ya, en un sentido puramente técnico, Javier, trasgrediendo las normas, me susurrará lo siguiente: - La fiesta tiene que ver con los toros, así como con un rito de paso que consiste en correr delante de los astados, en jugarse la vida sintiendo el aliento del animal en la nuca, para demostrar la valía –esto es, la hombría del joven- y preparar su entrada en la comunidad de adultos. Hay estudiosos del tema que indican que el toreo a pie nació en tierras navarras, y poetas como Gabriel Celaya que en su obra Cantatas minoicas, guiado y cegado más por la sombra de los mitos que por la luz de la razón, emparenta a los vascos con los herederos de Teseo, el héroe que venció al Minotauro en un intrincado laberinto de Creta. Una de las actividades más famosas de los sanfermines es el encierro que consiste en una carrera de personas a lo largo de un recorrido de 849 metros delante de los 6 toros que serán lidiados por la tarde en la corrida de toros y 6 cabestros o mansos que culmina en la plaza de toros. Los encierros tienen lugar todos los días entre el 7 y el 14 de julio, y comienzan a las ocho de la mañana, con una duración de entre dos y cuatro minutos, si bien en los últimos años debido a las medidas de seguridad introducidas es muy raro que sobrepasen los tres minutos. Por mi parte, le aclararé que: - El encierro es el momento más importante, peligroso y delicado de la fiesta. Toros bravos, que por la tarde van a salir al ruedo a enfrentarse a los mejores diestros, corren por la mañana, junto a cabestros y pastores, entre una marea de gente venida de todos los lugares del planeta. Los mozos son jóvenes y atletas, sabedores de que el momento es grave, como bailar en el filo de la navaja. A quien ve el espectáculo desde la orilla de su casa, cómodamente instalado delante del televisor, bien pudiera parecerle que el mundo se ha vuelto loco o que tal hazaña tiene mucho de farsa y de combate amañado. Mas para el corredor es la prueba más seria de su vida. Es una manera de gritar a los demás que ya forma parte de la cofradía de los hombres y que como tal debe ser considerado. Las carreras, generalmente, son rápidas. En unos cuantos minutos acaba todo, pero a veces vienen los toros torcidos y sólo el capote del santo evita mayores desgracias. La procesión de san Fermín es el único acto de las fiestas de carácter religioso. Se inicia a la 10 de la mañana del 7 de julio, partiendo de la iglesia de San Lorenzo, donde en la capilla de San Fermín se venera la imagen del patrón de Pamplona y de Navarra. Pero antes de esa hora, la corporación municipal -vestida de gala- se desplaza hasta el atrio de la catedral donde recoge al cabildo, y unidos marcha por la calle Curia, Mercaderes y Mayor hasta la iglesia de San Lorenzo. Una de las canciones más populares de España, que enseña a niños y adultos el uso del calendario, es la que comienza de esta manera: “1 de enero, 2 de febrero, 3 de marzo, 4 de abril, 5 de mayo, 6 de junio, 7 de julio san Fermín…”. Sin embargo, no siempre se han celebrado los sanfermines el 7 de julio. Hasta el año 1591 la fiesta se celebraba el 10 de octubre. Parece ser que las inevitables lluvias otoñales obligaron al cambio de fecha, insertándola dentro de las celebraciones del solsticio de verano. A partir de entonces los sanfermines conocieron diversa suerte. Casi hasta la posguerra, la mitad de la población pamplonesa corría los encierros, lo cual ahora es imposible, dado el gentío que transita por las calles. Por mi parte, yo le apostillo que: - Fueron pasando los siglos, sin grandes cambios en los sanfermines. Desde 1950, aproximadamente, los sanfermines vienen evolucionando tanto como la sociedad. Han perdido mucho de su componente religioso, aunque la procesión sigue siendo multitudinaria y presenta algunos "momenticos" especialmente entrañables, como la jota que se canta al santo en la Plazuela del Consejo o el Agur jaunak interpretado en su honor en el lugar, frente a la iglesia de San Cernin en que se dice que fue bautizado. El "riau-riau", con el que el pueblo acompañaba, a los sones del "Vals de Astráin", al Ayuntamiento en cuerpo de ciudad, retardando lo más posible su marcha desde la Casa Consistorial hasta la iglesia de San Lorenzo, para celebrar aquí las Vísperas del Santo, ha tenido que suspenderse porque en los últimos años había sido ocasión de protestas y disturbios. Ahora bien, recientemente se está volviendo a festejar -originalmente, por iniciativa de clubs de jubilados-, aunque sin la corporación municipal. El éxito de esta fiesta tan singular, y un tanto bárbara, donde el orden cotidiano, provinciano y foral de una ciudad bastante conservadora durante todo el año se subvierte y queda trastocado, a imagen de las ferias medievales, es debido a la literatura, concretamente a la obra titulada Fiesta, escrita por un aventurero, amigo de la caza y de la jarana, llamado Ernest Hemingway, que tiene erigido un busto a la entrada de la plaza de toros. Destaca en el libro una frase, la que define y definirá ahora y siempre los sanfermines: “Al mediodía del sábado 6 de julio, la fiesta estalló. No hay otra manera de expresarlo…”. Efectivamente, al mediodía del 6 de julio estalla el cohete lanzado desde el balcón central del Ayuntamiento, y los mozos y mozas brindan con champán –por ello algunos graciosos han cambiado el nombre de chupinazo por el de champanazo-, se anudan el pañuelo rojo al cuello, y ahí comienzan 200 horas ininterrumpidas de pasión, desmesura y libertad. Anteriormente, hasta 1941, los cohetes se lanzaban desde la plaza del Castillo –allí estaba Hemingway, sentado en la terraza del café Iruña-. El representante encargado de tan alta y benéfica misión grita en el momento en que el cohete inicia su ascensión a los cielos un ostentoso “Viva san Fermín” o “Gora san Fermín”, que es lo mismo. El caso es que: - El chupinazo es el cohete que se lanza el día 6 de julio de cada año a las doce del mediodía desde el balcón de la casa consistorial de Pamplona para señalar el inicio de las fiestas de san Fermín o sanfermines. Congrega gran número de público y se retransmite en directo por televisión. Es el chupinazo más famoso del mundo. Javier, en cambio, me puntualiza que: - El primer chupinazo disparado desde la Casa Consistorial fue en 1941, entre 1901 y 1940 se hacía desde la plaza del Castillo. En 1979, el primer alcalde de la democracia en Pamplona, el socialista Julián Balduz estableció que el encargado de lanzar el chupinazo se eligiese entre los concejales del ayuntamiento pamplonés, y de mayor a menor representación. Balduz ha sido el único alcalde de Pamplona que no ha lanzado el chupinazo, ya que lo cedió a una edil de UCD en 1981 y a una compañera de partido en 1983. A pesar de las medidas que se toman para evitar en lo posible accidentes y, en consecuencia, daños irreparables, es frecuente que tras el encierro haya un notable ir y venir de ambulancias, médicos y personal sanitario, para recoger y cuidar a los mozos heridos. El ambiente en las calles cercanas a la plaza de toros, tras los 825 metros de carrera, recuerda a veces por su crudeza a las escenas posteriores a una batalla: jóvenes en el suelo, llorando de dolor o rabia. La mayor parte de los accidentes son, sin embargo, leves y deben su causa, sobre todo, a la aglomeración de gentes que, en su afán de abrirse paso como sea, impiden al prójimo correr como quiere o protegerse adecuadamente de los toros. Yo le explico que: - El encierro era obligado en todas las plazas de toros los días que había corrida antes de existir los medios de transporte motorizados. Los toros eran llevados a pie desde las ganaderías hasta prados cercanos a la localidad del festejo. La noche anterior o la misma mañana del festejo eran trasladados a la plaza de toros. Luego vinieron los trenes y los camiones y este acto fue desapareciendo en la gran mayoría de las poblaciones excepto en algunas como Pamplona. Aquí el encierro fue convirtiéndose poco a poco en el espectáculo que hoy conocemos. En gran parte por la idiosincrasia del pueblo navarro. El primer encierro de las fiestas es el del día 7 de julio y el último el del día 14. Lo cierto es que: - Una vez terminado el encierro, los mozos y mozas lo celebran como si hubieran triunfado en alguna batalla. No es para menos. Quien ha corrido delante de los toros por las calles de Pamplona algo necesita luego para que la sangre corra a ritmo normal, las piernas olviden su temblor, el miedo deje paso a la confianza o la alegría, y el sosiego se adueñe de nuevo de almas y corazones. Es el momento de comer algo fuerte con la ayuda o el empuje de algún vino navarro, rosado y en porrón a poder ser. Las estadísticas indican que se bebe mucho durante los sanfermines y no se equivocan nada en dicho punto. Pero también es verdad que se canta, se baila y se come, y todo ello ayuda a que el alcohol pase y no se quede. Por otro lado, sobre en Riau-Riau tenemos que preguntar a la primera persona que pasa delante nuestro, la cual nos aclara que: - El Riau-Riau se celebró por primera vez en 1914. El inicio de esta tradición se atribuye al carlista Ignacio Baleztena que, coreando el «Vals de Astráin», quiso interponerse en el avance de un Ayuntamiento políticamente contrario. El festejo cuajó rápidamente hecho que fue corroborado porque en la década de los años veinte hubo dos intentos de prohibición, que no llegaron a cumplirse, por parte de la Alcaldía. Sabemos que: - En la historia de este acto ha habido varias suspensiones que han perdurado hasta 2018. Antes de la década de los años 1990 solo se registró un parón entre 1932 y 1936, durante la Segunda República Española, debido a que la Corporación no participó en los actos religiosos. En 1972 fue suspendido por primera vez cuando se cumplieron 45 minutos en los que la Corporación apenas pudo avanzar unos metros desde el Ayuntamiento. A partir de esta fecha se sucedieron una serie de Riau-Riaus en los que la tónica general fue el poco avance de la Corporación y la cada vez más multitudinaria asistencia al acto. Así en numerosas ocasiones el acto tuvo que ser suspendido sin que la comitiva pudiera llegar hasta la Iglesia de San Lorenzo. El último Riau-Riau que consiguió este objetivo fue el de 1985, con una duración de tres horas y media, durante las cuales se interpretó, cantó y bailó el «Vals de Astráin» unas 180 veces. Finalmente: - En 1991, debido a altercados políticos cuando un grupo de personas intentó asaltar el Ayuntamiento y agredir a los ediles, el Riau-Riau tuvo que ser suspendido. No se volvió a celebrar hasta 1996, siendo alcalde Javier Chourraut, en el que por los mismos motivos tampoco pudo realizarse. Desde 1997 el Riau-Riau ha estado ausente oficialmente de las fiestas de San Fermín aunque cada año es uno de los temas candentes a la hora de planificar el programa festivo. Desde ese año la Peña Mutilzarra o la asociación de jubilados Yoar organiza un Riau-Riau alternativo, sin la participación de representantes políticos, pero con la gente de Pamplona que quiere conservar la tradición de acudir a Vísperas recorriendo el trayecto entre el ayuntamiento y la iglesia de San Lorenzo al son del Vals de Astrain. En 2006 se volvió a incorporar La Pamplonesa y la Comparsa de Gigantes y Cabezudos. En 2018 esta modalidad de carácter "popular y no oficial" celebró su 21.ª edición. Pero los sanfermines no acaban y empiezan en los encierros, por lo que le aventuro a mi amigo que: - Son muchas las actividades que se pueden desarrollar durante la fiesta, porque todo resto de autoridad desaparecía tras el riau-riau, desfile de la corporación municipal desde el Ayuntamiento hasta la iglesia de San Lorenzo para asistir a las solemnes vísperas del santo, acompañada por la banda tocando el vals de Astrain, donde la muchedumbre se rebelaba pacíficamente y hacía mofa y escarnio de sus gobernantes. Esto ya es agua pasada, porque el citado desfile se suspendió el año 1991 debido a actitudes no demasiado pacíficas de una parte de los congregados. A pesar de todo, siempre ha habido durante los sanfermines un ambiente sano y un tanto caótico en las calles, donde nada es lo que parece y donde todos –propios y extraños, viejos y jóvenes, hombres y mujeres- dejan de lado sus cuitas y pesares y se adentran y nadan sin complejos ni inhibiciones en la marea festiva. Recalcando ideas ya trazadas, le recuerdo a Javier que: - Los encierros de San Fermín tienen un origen medieval en la "entrada": los pastores navarros traían a los toros de lidia desde las dehesas de la Ribera de Navarra hasta la plaza Mayor, que servía de coso taurino al no existir una plaza de toros. La noche anterior a la corrida la pasaban acampados cerca de la ciudad y, al amanecer, entraban a la carrera arropados por los toros mansos (cabestros) y acompañados de gente que, a caballo o a pie, ayudaba con palos y gritos a encerrarlos en los corrales. En 1717 y 1731 se producen bandos que prohíben correr el encierro. En 1776 se construye el primer vallado hasta la plaza de toros, que estaba en la actual plaza del Castillo. Con el tiempo, a finales del siglo XIX, se pasó de correr detrás de ellos para ayudar a encerrarlos, a correr delante; así se convirtió en una costumbre popular. Ya en 1856 pasa a denominarse encierro (antes era entrada) y se corren por primera vez por la calle Estafeta. Dicen las crónicas que los primeros en desafiar las prohibiciones que impedían correr delante de los astados fueron los carniceros del Mercado de Santo Domingo, situado junto a la cuesta del mismo nombre. En 1867 el consistorio dicta un bando para reglamentar la carrera, y se documenta el primer "montón" en 1878. Lo más conocido es, por supuesto, el encierro. Antiguamente y lo dice la canción “el que se levante para las seis delante de los toros correrá”, la hora decisiva no era la de hoy que es a las ocho. Comienza en la subida de Santo Domingo. Los corredores, con el periódico en la mano, para ahuyentar al toro si se acercara demasiado, o para dirigirlo y encauzarlo si se desviara de su camino, rezan ante la pequeña imagen del santo, como buenos y sinceros devotos: A san Fermín pedimos por ser nuestro patrón nos guíe en el encierro dándonos su bendición. Javier, como conocedor de este mundillo, no niega que: - Poco después suena la campana de la torre de la iglesia de San Cernín, sube al cielo un cohete sencillo y salen los toros del corral. La carrera más famosa del mundo consta de 825 metros y atraviesa, además de la cuesta de Santo Domingo, la plaza Consistorial, las calles Mercaderes, Estafeta, que ofrece 300 metros en línea recta para lucimiento de los corredores de casta y linaje –los “divinos”-, Telefónica y por fin el Callejón de entrada a la plaza de toros. El recorrido dura unos tres minutos las mañanas tranquilas, y seis cuando los toros vienen desconfiados, ceñudos e insistentes. Cuando la manada entra en la plaza, los mozos y mozas de corazón recio, salidos ilesos de la contienda, se acomodan y respiran hondo; las ambulancias atienden a los heridos. Luego todos ellos se dirigen a la plaza del Castillo o hacia algún parque de los muchos y hermosos que hay en la ciudad para tomarse un tentempié o echar una cabezada en algún banco, parterre o trozo de hierba por insignificante que sea. Hay muy pocas normas para participar en el encierro: está prohibido a los menores de dieciocho años y a los que estén supuestamente bajo los efectos de la droga o del alcohol. A pesar de las prohibiciones no hay día en que no se produzca algún contusionado. Hay que reconocer, sin embargo, que la influencia del santo es poderosa y que su milagroso capote ha evitado más tragedias. No llegan a 20 las víctimas mortales en lo que va de siglo. En otro sentido, según mi parecer: - El café Iruña está considerado desde siempre como un lugar agradable, acogedor y castizo. Gracias a Ernest Hemingway tiene fama en el mundo entero. Situado en la plaza del Castillo, es el centro de todo. La fiesta acaba en el mismo lugar donde comenzó: delante del Ayuntamiento. Los mozos y mozas, acompañados de velas, como si de una manifestación fúnebre se tratase, cantan a coro “Pobre de mí, pobre de mí, / que se han acabado las fiestas / de San Fermín”. Suena la hora de la retirada después de 200 horas ininterrumpidas de juerga y diversión. Javier, por su parte, apostilla que: - Los días de juerga finalizan, como se ha dicho, cantando el “Pobre de mí, pobre de mí, / que se han acabado las fiestas / de San Fermín”. Una muchedumbre colorida se congrega en la plaza Consistorial, a las doce de la noche del día 14 de julio, para escuchar las fatales doce campanadas. Los pamploneses no olvidan lo que les da alegría y bienestar espiritual y se pasan casi todo el año soñando con los próximos sanfermines. Porque la pamplonesa, como la navarra, es raza generosa que se une para llevar adelante las más diversas empresas, desde una peña, un partido político, una orden religiosa o una ONG. Las pequeñas son el ejemplo más claro. Brillan durante la fiesta y son visibles en todos los lugares y audibles en especial durante las corridas de toros. Acuden a la plaza llevando los más extraños manjares y bocadillos, las más extravagantes bebidas en los recipientes más insospechados. Son en este festejo auténtico y salvaje, antiguo como los robles de Irati, fronterizo como los Pirineos, en esta algarada cálida y fértil, como la tierra navarra, el único atisbo de organización en esa república anárquica en la que se convierte Pamplona durante los sanfermines. Pero Javier se queja de que: - A las 23 horas, todas las noches, los visitantes se preparan para presenciar la quema de la correspondiente colección pirotécnica, de entre un cuarto de hora y 25 minutos de duración. Como casi todos los actos de las fiestas son gratis, aunque al Ayuntamiento le cuestan pasados los 24000 € la contrata de unas colecciones que además compiten por los premios en un concurso que está adquiriendo nivel y se presentan las mejores casas de Valencia, Zaragoza, Italia... Por otra parte, - En la primera década del siglo XXI se realizó un proyecto para la construcción de un museo de los sanfermines y centro temático del encierro, con la pretensión de recoger todo aquello relacionado con los sanfermines. Este proyecto se paralizó tanto por el pleno del ayuntamiento de Pamplona, como por el Parlamento de Navarra, dada la situación de crisis económica. Aunque ya hemos hablado de Hemingway y los sanfermines, conviene recordar que, - Ernest Hemingway vio por primera vez los Sanfermines de Pamplona con solo 24 años en 1923 acompañado de su primera mujer, Hadley Richardson. Esa estancia inspiraría varias de sus novelas y sería la primera de una serie de visitas que se prolongarían durante muchos años. Su última visita se produjo en 1959. Hemingway fue un gran admirador de las ferias taurinas, no se perdía una corrida. En 1926 publicó la novela que lo convertiría en un escritor de éxito, Fiesta (The sun also rises), que contribuiría a dar a conocer los Sanfermines a todo el mundo. El que sería premio Nobel de literatura en el año 1954 relata en Fiesta diversas escenas inspiradas en lo que pudo ver en los Sanfermines. A partir de entonces los Sanfermines dejarían de ser una fiesta de carácter eminentemente local para recibir año tras año una importante cantidad de visitantes extranjeros. A partir de la publicación de su novela, un alto número de norteamericanos decidieron visitar Pamplona en San Fermín. Entre ellos, destacan David Balck (40 visitas); Matt Carney; Alice Hall; Joe Disler; Ray Morton; el dramaturgo Arthur Miller y su mujer, entre otras celebridades norteamericanas. No obstante ser la más conocida, Fiesta no es la única novela, ni siquiera la primera, que describe los sanfermines. Existe una extensa literatura sanferminera escrita por autores de diversas nacionalidades, y en muy diversos géneros. Por último, Javier me recuerda que, - Durante el siglo XX solamente se suspendieron los Sanfermines en tres ocasiones. La primera vez fue en los años 1937 y 1938 debido a la Guerra civil española. La segunda vez fue el 11 de julio de 1978, por los incidentes producidos a raíz de la muerte de Germán Rodríguez. La tercera vez fue el 12 de julio de 1997, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco por parte de la banda terrorista ETA. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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