jueves, 5 de septiembre de 2024

NOVELA BREVE, Una excursión al Monasterio de Piedra.

A su paso por Nuévalos, el río Piedra forma un espectacular paraje natural en torno a un monasterio fundado por monjes cistercienses en el siglo XII. Dejándose llevar por el rumor del agua. Cascadas, grutas y bellísimos saltos de agua conviven en un insólito vergel donde la vegetación reina en medio de un paisaje árido. Uno de los destinos turísticos más frecuentados de Aragón es el monasterio de Santa María de Piedra, fundado en 1164 por Alfonso II el Casto de Aragón. La protección de la corona catalano-aragonesa propició que el monasterio fuera, en el siglo XIII, uno de los cenobios más ricos de Aragón, y que disfrutara de derechos absolutos sobre la pesca del Jiloca o detentara el monopolio de la industria del tinte en la Corona de Aragón. La Desamortización de 1835 permitió que el edificio y las tierras colindantes pasaran a manos de la familia Muntadas, que estableció allí la primera piscifactoría de España y ajardinó el entorno aprovechando las cascadas que produce el río Piedra –algunas tan espectaculares como la Cola de Caballo, de más de 50 metros de altura- al atravesar el agreste territorio del parque. De las antiguas dependencias monacales, transformadas hoy en hostería, se conservan los restos del palacio abacial, la iglesia y el claustro gótico, al que se abre la sala capitular. El río Piedra a su paso por los terrenos del monasterio se precipita por un sinfín de desniveles de terreno originados unas veces por la erosión del mismo río y otras por el interés de la familia Muntadas por ajardinar el entorno. Salvando la catarata de la Cola de Caballo, la más espectacular, hay que distinguir las cascadas de La Trinidad, el Baño de Diana, la gruta del Artista, la gruta del Iris, una gran cueva natural sobre cuya boca se deja caer una gran cortina de agua, y el lago del Espejo. Aguas arriba del Jalón y el Jiloca, en el valle de Calatayud, Ateca, Alhama de Aragón y Ariza marcan el camino hasta Nuévalos y el embalse de la Tranquera. Muy cerca, el monasterio cisterciense de Santa María de Piedra se alza en un paraje de ensueño, cobijado por bosques, prados y alamedas que el río Piedra, en numerosas cascadas, va dejando a su paso. El abandono del monasterio, una fundación del siglo XII que era en el XIII uno de los más ricos de Aragón, tras la Desamortización pareció condenar el paraje como tantos otros, pero Federico Muntadas adquirió el edificio y el paraje circundante en el último tercio del siglo XIX y, con trabajo, peculio y buen gusto, lo convirtió en lo que hoy es: uno de los lugares más hermosos y visitados de la provincia de Zaragoza. Guiado por la información reseñada, este fin de semana voy a ir con mi compañera a ver el tan cacareado Monasterio de Piedra. El lugar parece verdaderamente idílico, un paraje de ensueño en medio de la naturaleza. Mi pareja se llama Inés, siendo un año menor que yo. Es una ecologista ciega, que sólo piensa en el bienestar de la –naturaleza. Así, pues, le propongo mi plan e inmediatamente le parece estupendo. Sin embargo ella me mantiene en duro interrogatorio, pues en cuestiones ecológicas es muy intransigente. Desde la capital aragonesa la forma más cómoda de llegar a este enclave natural, considerado uno de los más bonitos de Europa, es en coche, pues se encuentra a una hora y 20 minutos. Concretamente, el Monasterio de Piedra está situado a 114 kilómetros de Zaragoza, capital. Mientras yo pienso en estos pormenores, Inés me pregunta: - ¿Cuánto tiempo se necesita para ver el Monasterio de Piedra? A lo que yo contesto en los siguientes términos: - La media de la visita completa, con los jardines y cascadas, es de unas dos horas y media, aunque obviamente depende de cada persona y suele extenderse un poco más. La zona interior monumental del monasterio se ve en una media hora. Sin descanso, Inés vuelve a la carga: - ¿Cuánto cuesta la entrada al Monasterio de Piedra? Le contesto: - 18’50 €, los adultos, de 12 a 64 años. Momento en que la oigo rabiar, pues para ella con la naturaleza no se juega. Sin embargo, suelta la última impertinencia: - ¿Qué ropa llevar al Monasterio de Piedra? A lo que replico: - Es importante ir con una ropa cómoda para caminar, llevar un calzado cerrado para no resbalar ni tropezar y un chubasquero para la temporada de invierno. Pero Inés tiene todavía otro cartucho, por lo que lo dispara y pregunta: - ¿Cuándo es la mejor época para ir al Monasterio de Piedra? Y yo, sin ningún titubeo, le contesto lo siguiente: - Por último, no debe dejarse de visitar el Monasterio de Piedra de Zaragoza en cualquier época del año, aunque se recomienda hacerlo especialmente en primavera y otoño, que luce espectacular, debido al caudal de sus cascadas. En suma, se recomienda escoger un día de buen tiempo para visitar este Monasterio, entre los meses de junio y septiembre. Dicho lo cual, Inés descarga su batería, pensándoselo más o menos. Ya hemos quedado para ir en un domingo cualquiera, que nos levantemos tempranito, sobre las 8:00 horas de la mañana. El Monasterio de Piedra es un establecimiento turístico ubicado en un antiguo monasterio cisterciense que se halla en el municipio zaragozano de Nuévalos en la comarca de Calatayud, en Aragón. Dedicado a Santa María la Blanca, fue fundado en 1194 por trece monjes cistercienses llegados del monasterio de Poblet, en el antiguo castillo de Piedra Vieja y junto al río Piedra. Se abandonó en 1835 debido a la desamortización de Mendizábal, comprado por un particular cinco años después y reconvertido en establecimiento turístico. Se catalogó como Monumento Nacional el 16 de febrero de 1983. Eclesiásticamente está incluido en el Arciprestazgo del Alto Jalón, Diócesis de Tarazona. Es uno de los enclaves turísticos más visitados de Aragón. La construcción del cenobio se desarrolló a lo largo de tres etapas: • La gótica primitiva (siglo XIII) • La gótica renacentista (siglo XVI) • La clásica-barroca (siglo XVIII) Al recinto amurallado se accedía por la torre medieval del homenaje y la iglesia, destruida en los primeros decenios de 1800, comunicaba con el claustro abierto de grandes arcos apuntados y sus capiteles con labrados follajes imitados del bizantino, así como con las distintas dependencias. También destaca la magnífica escalera principal que se despliega en dos anchos ramales sostenida toda por arcos y cobijada por una hermosa bóveda. La fundación del Monasterio de Piedra se relaciona con un doble marco histórico: Es parte del fenómeno de las repoblaciones de la segunda mitad del siglo XII y también es un brillante capítulo de la expansión de los cistercienses por la península ibérica. En 1186, Alfonso II de Aragón el Casto, y su esposa, Sancha de Castilla, donaron a los monjes de Poblet el castillo de Piedra (castrum Petrae) con el objeto de fundar allí un monasterio cisterciense. El 10 de mayo de 1194, bendecidos por el abad Pedro Masanet salieron del monasterio catalán doce monjes, a la cabeza de los cuales estaba Gaufredo de Rocaberti, I abad de Piedra. En mayo de 1195 se ratifica la donación y el deseo real de la fundación de un monasterio que siguiera la Regla de san Benito. Los edificios empezaron a construirse en 1203. En 1218 las obras estaban suficientemente avanzadas como para que los monjes pudieran ocupar los edificios. El 16 de diciembre de 1218 se hizo la ceremonia de traslación de la comunidad desde Piedra Vieja a Piedra Nueva. La consagración de la iglesia abacial fue presidida por el IV abad de Piedra, Jimeno Martín; por el arzobispo de Tarragona, Esparago de la Barca, que actuó en nombre de Jaime I de Aragón; por el obispo de Zaragoza, Sancho Ahones; y por el obispo de Albarracín, Domingo Ruiz de Azagra, que había sido monje profeso en Piedra. Fue aquí, en el Monasterio de Piedra, donde por primera vez se cocinó el chocolate en Europa en 1534. Cuando Hernán Cortés viajó a México fue acompañado por Fray Jerónimo Aguilar que envió al abad del Monasterio de Piedra el primer cacao junto a la receta para cocinarlo. Y se ha propuesto que Jerónimo de Pasamonte pudo componer en dicho monasterio el Quijote apócrifo, publicado en 1614 bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda. En 1808, debido a la Guerra de la Independencia, el monasterio fue desalojado. Fue en este periodo cuando se derrumbó la bóveda central de la iglesia y se profanaron imágenes. En el "Trienio Liberal", entre 1820 y 1823 los monjes fueron obligados a dejar el convento, continuando con el deterioro del conjunto. El monasterio de Piedra fue un real patronato desde su fundación hasta su tercera y última desamortización en 1836. Ese mismo año, la reina regente María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, siendo Isabel II menor de edad, admitió la promulgación del decreto de disolución de órdenes masculinas y la desamortización de bienes eclesiásticos. El decreto de Mendizábal de 1835 significó el fin definitivo de la Congregación de Piedra. Los edificios conventuales fueron administrados por funcionarios entre 1835 y 1843, fecha en la que fueron subastados y adquiridos por Pablo Muntadas Campeny por 1 250 000 reales. Desde 1844, Juan Federico Muntadas, hijo de Pablo Muntadas, consolidado como propietario de Piedra, transformó la huerta en un jardín paisajista y las dependencias conventuales en una instalación hostelera e hidroterápica, a lo que añadió la construcción de una piscifactoría, que fue pionera en España. Los nuevos usos turísticos frenaron su degradación, consolidaron edificaciones y lo han preservado hasta la fecha de forma notable. Catalogado como Paraje Pintoresco Nacional el 28 de diciembre de 1945, y como Monumento Nacional el 16 de febrero de 1983, la Orden de 17 de septiembre de 2009, del Departamento de Educación, Cultura y Deporte, del Gobierno de Aragón, completa la declaración originaria de bien de interés cultural, en la categoría de Monumento. Por último, se le concede la categoría de Jardín Histórico el 27 de enero de 2010. Haciendo el estudio por sus partes constitutivas, diremos que la Iglesia es de estilo románico tardío (siglo XIII), su planta, típica cisterciense, tiene forma de cruz latina, con crucero, ábside central poligonal reforzado con grandes pilares y cuatro ábsides laterales de cabecera plana. Sus dos naves constan de seis tramos las laterales y tres la central. En su construcción se usaron sillares de caliza muy porosa, actualmente en avanzado estado de deterioro. En la fachada sudoeste hay un pórtico tardorrománico con arco de medio punto y cinco arquivoltas abocinadas apoyadas en columnas con capiteles decorados con motivos vegetales. El acceso actualmente se realiza desde el claustro. Aclaramos que se dice ’cisterciense’ de la arquitectura difundida por la Orden del Císter, caracterizada por su austeridad y que marcó la transición al estilo gótico. Momento en el que Inés suelta su lengua y me avasalla con otra tanda de preguntas, siendo la siguiente: - ¿Qué características tiene la arquitectura cisterciense? Con un tono lacónico, le contesto que: - Arquitectónicamente, las características de estas iglesias son: Nave central con bóvedas de cañón apuntadas (en el periodo inicial, románicas) o bóvedas de crucería ligeramente ojivales con nervaduras y ventanas laterales (en el segundo periodo, góticas). A la que sigue otra pregunta más: - ¿Qué significa ser cisterciense? La pienso y le contesto que: - Integrante de la Orden benedictina del Císter, fundada en Francia por san Roberto de Molesmes en 1098 y reformada por san Bernardo en el siglo XII. Ella, como es costumbre, suelta el tranquillo y continúa preguntando: - ¿Qué es la regla cisterciense? Le digo que: - La orden cisterciense (en latín: Ordo Cisterciensis, O. Cist.), igualmente conocida como orden del Císter o incluso como Santa orden del Císter (Sacer Ordo Cisterciensis, S.O.C.), es una orden monástica católica reformada. Tienen como regla la de san Benito, la cual aspiran seguir en forma estricta. Inés había estudiado Ciencias Biológicas y yo, Geografía e Historia. En realidad me tocaba a mí bregar con estos temas. No obstante, cuando mi compañera coge carrerilla, es difícil de parar, siguiendo la pregunta: - ¿Cuál es el tipo de decoración típica que uno encontraría en una abadía cisterciense? Pregunta sencilla de contestar: - Las iglesias cistercienses construidas en el siglo XII eran extremadamente sencillas, sin adornos escultóricos ni figurativos y, por lo general, de una elegancia austera. Su amplia difusión geográfica fue el principal medio de difusión del arco apuntado, en previsión de la construcción gótica en toda regla. A la que siguió la siguiente: - ¿Qué vestían los monjes cistercienses? Sin pestañear si quiera, le apunto que: - Las vestimentas de los cistercienses eran baratas y ásperas, y su guardarropa, frugal. Se adherían estrictamente al capítulo 55 de la Regla de San Benito, y cada monje tenía dos túnicas y dos cogullas, un escapulario para el trabajo, zapatos y medias. La túnica adicional permitía lavarse y vestirse por la noche, ya que el monje cisterciense dormía con su hábito puesto. Y, por último, mi compañera quiere respuesta - ¿a qué es el carisma cisterciense? Yo, un tanto desahogado, le digo que: - Creemos que el carisma cisterciense es una ventana a través de la cual monjes, monjas y laicos interactúan entre sí . Los miembros de las comunidades cistercienses laicas de todo el mundo miran a través de esta ventana en busca de orientación y apoyo, y a través de ella miran hacia su vida cisterciense en el mundo. Dicho lo cual, continúo hablándole del Monasterio-claustro de Piedra. Su planta, estilo y distribución es cisterciense, robusto y austero, característico del siglo XIII, de arcos apuntados con capiteles y ménsulas decorados con motivos vegetales. Ha sido restaurado recientemente. Planta cuadra con jardín central y cuatro pandas en las que se distribuyen la salas. Al norte, en la panda del mandatum, la iglesia; al sur, en la panda del servicio, la cocina, el refectorio y el calefactorio; al oeste, en la panda del trabajo, las bodegas y cilleros y al este en la panda del capítulo, la sala capitular. Llama la atención el pasillo llamado Callejuela negra o Callejón de los conversos, de estilo románico y perteneciente, según se cree, a un castillo anterior al monasterio. Este paso, paralelo a una de las galerías del claustro, se usaba para el acceso de los trabajadores conversos sin que tuvieran contacto con los monjes. El calefactorio era la única estancia que contaba con calefacción con el sistema de gloria. Sobre él se ubica la biblioteca y en estas dos estancias se hacía la vida monasterial fuera de las labores rutinarias, se usaba para mantener a los monjes enfermos o como barbería. Las celdas se ubicaban en el edificio (siglo XVII), convertido hoy en confortable hotel. Las columnas románicas del antiguo palacio abacial sustentan el nuevo palacio, de estilo neoclásico, construido en el siglo XVIII. La hermosa sala capitular (de principios del siglo XII) era el centro neurálgico de la vida monástica. Su cerramiento está soportado por cuatro columnas centrales de tipo palmeado. Uno de sus claves muestra un castillo musulmán, se cree que es el castillo de Piedravieja. Esta sala está situada en la galería oriental del claustro. Dos de sus grandes características son su portada central y sus ventanales laterales. El acceso al monasterio se efectúa por la llamada Torre del Homenaje, donde hay un acceso en el extremo noreste de la muralla. La torre se encuentra sobre el arco de la entrada. Desde el claustro, en el ángulo noreste, se puede contemplar la torre de estilo mudéjar. El río Piedra forma, al pasar por las inmediaciones del monasterio, un paraje de gran belleza paisajística, con muchas cascadas de agua que se dividen en innumerables hilos de agua o chorreras, siendo la cascada de la Cola del Caballo, con más de 50 metros, la de mayor altura. Sin embargo, es la cascada de La Caprichosa la que más interés genera. Ya desde principios del siglo XIV llegaban a la cascada numerosos viajeros en busca de un milagro, pues cuenta la leyenda que si el destino de la persona que lo pide es caprichoso, puede cumplir deseos. Y, así, entramos en lo que verdaderamente interesa a Inés. El río Piedra, llamado en su tramo alto, hasta Embid, río de San Nicolás del Congosto, es un afluente del Jalón por la margen derecha y perteneciente a la cuenca del Ebro. Tiene una longitud de 76 km y su caudal es muy irregular por ser un río de régimen pluvial mediterráneo. El agua del río tiene una alta concentración de carbonato cálcico y al salir del manantial se deposita sobre el suelo, las plantas, los musgos, etc, produciendo así un fenómeno cárstico de meteorización. El parque natural del Monasterio de Piedra fue creado por Juan Federico Muntadas. Unos senderos debidamente señalizados conducen por todo el parque, a lo largo de unos 5 km, a todos los sitios de interés del mismo. Estas cascadas están formadas por la disolución de las calizas y la posterior precipitación de las mismas la cual ocurre al disminuir el caudal, con lo que la caliza disuelta va depositándose en capas sucesivas por las que discurre el agua formando innumerables saltos. Se trata de un fenómeno kárstico originado por las ligeras fluctuaciones en el propio caudal del río. Ese río es conocido como Río Piedra ya que contiene altas cantidades de carbonato cálcico que se deposita sobre el suelo, las plantas... y hace que se cree una costra dura. El parque también cuenta con varias grutas, descubiertas por el fundador del parque. Allí también se encuentra el llamado Lago Espejo. Recientemente, se pueden presenciar en las inmediaciones del parque espectáculos con aves, entre las que se encuentran lechuzas, águilas, buitres, búhos y alimoches. El parque natural, junto al conjunto del monasterio y el hotel anexo, es el espacio natural más buscado por los usuarios de internet en España; hecho que refleja la importancia y la fama del parque natural. El Parque, Jardín Histórico del Monasterio de Piedra, ofrece un espectacular recorrido a través de una exuberante naturaleza. Un paisaje sorprendente donde caminos y senderos cruzan cascadas, arroyos, lagos y grutas, a la sombra de árboles centenarios y una excepcional vegetación. Su insólito emplazamiento geológico alimentado por el Río Piedra, configura un espacio único con una asombrosa variedad de flora y fauna. No por casualidad se creó aquí hace 150 años la primera piscifactoría de España, y está considerado un ecosistema de extraordinaria riqueza biológica. La cascada de la Cola de Caballo es la joya de la corona de este parque. Aunque hay muchas cascadas en el mismo, esta es la más importante. No puedes irte del parque y no visitarla. Mide 90 metros y la puedes ver tanto por dentro, a través de la Gruta Iris, donde puedes ver y tocarla, o ya en el exterior tras atravesar un pasadizo. Te quedas sin palabras. El único problema es que para verla tienes que ir cuando no haya gran afluencia de gente, porque podrías estar más de una hora hasta poder verla. Lo ideal es ir muy pronto si es un festivo. En definitiva, se trata de un lugar idílico para llevar a cabo una escapada de relax. La ruta tiene muchos puntos mágicos , si bien es cierto que hay que andar bastante (2 horas aprox) con muchas escaleras y pasos angostos. En nuestro caso, nos quedamos en el hotel, lo cual fue un acierto total, ya que dispone de piscina gratuita (después de la caminata nos sentó genial) y aparte tiene otros servicios como spa y masajes. El desayuno fue muy bueno y el café, perfecto. Para cenar, estuvimos en el restaurante Reyes de Aragón, en la terraza donde se respiraba un ambiente sosegado y romántico; la comida fue espectacular. En resumen se puede decir que, en la localidad de Nuévalos, a escasos kilómetros de Calatayud, se emplaza el famoso Monasterio de Piedra, un antiguo cenobio cisterciense ubicado en un hermoso parque natural repleto de cascadas, bellísimos saltos de agua y grutas. Se trata de uno de los parajes más bellos y visitados de Aragón. El parque natural es un remanso de paz, un lugar ideal para relajarte, dejándote llevar por el rumor del agua que desciende por las diferentes cascadas. La llamada Cola de Caballo es la más famosa. En su interior existe una gran cueva natural con formaciones de estalactitas. En contraste con las cascadas podrás admirar las tranquilas aguas del Lago del Espejo. La primera impresión que tendrás al llegar aquí será la de sorpresa. Sorpresa al descubrir este insólito vergel donde el agua y la abundante vegetación reinan en medio de un paisaje árido. La misma sorpresa se encontraron los monjes que llegaron hasta este lugar y fundaron un monasterio cisterciense, allá por el siglo XII. Algunas de sus estancias se pueden visitar todavía hoy, como el claustro, la sala capitular, la cocina donde se elaboró el primer chocolate de Europa, la iglesia y su cripta, el refectorio o el lavatorio. Puedes complementar tu visita disfrutando de una exhibición de aves rapaces y recorriendo el Museo del Vino de la Denominación de Origen Calatayud, situado en la antigua bodega del monasterio. -----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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