NOVELA CORTA, El Arte mudéjar y Teruel.
Ahora nos encontramos en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, donde asistimos a una interesante clase acerca del Mudéjar aragonés. El profesor, el catedrático experto en mudéjar, nos ha contado, entre otras cosas, lo siguiente: - La palabra mudéjar viene del árabe, de mudayyan, significando literalmente “sometido”. En el contexto de la España medieval designaba al musulmán bajo dominio cristiano, a quien, en virtud de un estatuto de protección, se le permitía practicar su religión, usos y costumbres, a cambio de un tributo. Este estatuto, que les fue otorgado a los musulmanes tras la toma de Toledo por Alfonso VI de Castilla en 1085 –hasta entonces los habitantes musulmanes de un territorio conquistado se consideraban cautivos de guerra-, era el equivalente cristiano del estatuto de protección (dimma en árabe) de que gozaban los no musulmanes, es decir los judíos y los cristianos o mozárabes (del árabe musta’rab, que significa arabizado), en al-Andalus, es decir, en los territorios de la Península bajo dominio islámico. Si este estatuto de protección garantizaba a las comunidades religiosas musulmanas de la España cristiana (como a las judías y cristianas o mozárabes de al-Andalus) autonomía jurídica y significaba, por lo tanto, un gran progreso en la sociedad medieval, mantenía, no obstante, a esas comunidades en una situación de sometimiento e inferioridad respecto de la sociedad mayoritaria. En el caso de los mudéjares, el estatuto de protección que se les otorgó estaba en gran parte motivado por la necesidad de que contribuyeran al poblamiento de territorios recién conquistados y prestaran su concurso en determinados oficios, fundamentalmente como agricultores y artesanos, en los que eran sumamente diestros. El grado de aculturación de los mudéjares difería según las épocas, los territorios y los diferentes niveles culturales dentro de una misma comunidad, en la que las autoridades religiosas y jurídicas, representadas por los alfaquíes, constituían la elite como guardianes no sólo de la fe, sino también de la lengua árabe y de la cultura araboislámica. En líneas generales, los valencianos y granadinos hablaban el árabe en la vida cotidiana y escribían todos sus documentos en esta lengua, mientras que los aragoneses y castellanos habían perdido en general el uso de la lengua árabe y utilizaban en sus escritos el aljamiado, es decir, la lengua romance que hablaban a diario, pero con caracteres árabes. El mudejarismo marcó profundamente la vida cotidiana de la mayoría cristiana y dejó su impronta no sólo en la arquitectura y en otras artes, sino también en la literatura, los hábitos y gustos gastronómicos, las modas vestimentarias y el mobiliario, objetos decorativos y enseres domésticos. Tras la caída, en 1492, del reino nazarí de Granada, último reducto del poder político islámico en la Península Ibérica, y la expulsión de los judíos el mismo año, sólo quedaba ya la población mudéjar como cuerpo extraño al resto de la sociedad y obstáculo para la homogeneidad religiosa de España. Por ello, en 1502, para los mudéjares del Reino de Castilla, y en 1526, para los del Reino de Aragón, se dictaron decretos de conversión, en virtud de los cuales los mudéjares que no aceptaran el bautismo se veían obligados a abandonar el país.Los convertidos, en su mayoría por la fuerza, pasarían desde entonces a ser los llamados moriscos. Etc., etc., etc. Dicho lo cual, al darse por terminada la clase, nos juntamos una serie de amigos en la entrada, dando paso así a nuestros pensamientos y opiniones. Uno de ellos asegura que: - Merecía la pena asistir a esta clase. Yo me cuestiono el asunto desde otro punto de vista, por lo que dejo caer lo siguiente: - Sería interesante una visita a Teruel, capital del mudéjar aragonés. Elementos emblemáticos de la arquitectura mudéjar aragonesa son las torres, que abundan en el paisaje urbano turolense. Y todos a una, como Fuenteovejuna, aprueban la sugerencia. Pero el más perspicaz del grupo pone el punto sobre la “i” y fija las condiciones de nuestra salida: - Mañana es sábado, por lo que todos tenemos el día libre. Podemos quedar a las 9:00 horas de la mañana, haciendo el esfuerzo de madrugar, y para esa hora ya tendré el coche de mi padre. ¡Bien! Así quedamos. Ya refugiado en mi casa, consulto algunos libros y obtengo las siguientes conclusiones: - La distribución del arte mudéjar por la geografía peninsular es muy irregular. Las primeras experiencias toledanas y leonesas fueron seguidas por Castilla y Andalucía, para lograr luego otro potente núcleo de desarrollo en Aragón. Los monumentos del mudéjar aragonés comparten algunos rasgos materiales, técnicos, estructurales y decorativos. El uso del ladrillo imprime un carácter especial a la arquitectura mudéjar que la diferencia claramente del resto de arquitectura medieval europea, si bien, en lo que concierne a la estructura, muchos edificios del siglo XIV asimilan el concepto espacial de la arquitectura gótica catalana, caracterizado por la definición de grandes ambientes unitarios. Así, encontramos naves anchas cubiertas con bóvedas de crucería realizadas en ladrillo. Los contrafuertes que sostienen la cubierta casi no se perciben desde el exterior, debido a la presencia de profundas capillas entre ellos. De esta forma se obtiene un muro exterior continuo que envuelve asimismo la zona de la cabecera. La cohesión estructural y volumétrica cuaja en la tipología de iglesia fortaleza. Se trata de edificaciones de planta rectangular, con capillas entre contrafuertes y cabecera recta con triple capilla; sobre las capillas, una tribuna corrida se exterioriza mediante arquerías apuntadas. La fuerza del mudéjar aragonés se deja sentir aún en construcciones del siglo XVI. Incluso en la siguiente centuria, tras la expulsión de los moriscos, las bóvedas de algunas iglesias aragonesas se recubren con decoración de yeserías, manifestando así la pervivencia de la que ha sido calificada como “expresión artística genuinamente hispánica”. Estas afirmaciones toman cuerpo en el conjunto de edificios mudéjares de la ciudad de Teruel, declarados patrimonio de la humanidad. Compuesto por las torres de El Salvador, San Martín y San Pedro, el mudéjar de la ciudad de Teruel culmina en su catedral o antigua iglesia de Santa María de Mediavilla, de raigambre almohade, con una peculiar estructura en la techumbre de armadura de par y nudillo, única en Aragón. Tras lo cual, afirmo con el pensamiento: - Esto es correcto. Pero no soy el único que se documenta al respecto. Suena el teléfono: - Rin, rin, rin. Descuelgo y otro conocido me dice lo siguiente: - Oyes, la profusión de la decoración cerámica de los exteriores, común a todos los monumentos que integran el conjunto, la equipara a la que se desarrolla en el arte islámico de Oriente a partir del siglo XII. Presente ya en los edificios más antiguos, como son las torres de Santa María de Mediavilla y de San Pedro, la cerámica ornamental turolense demuestra la antigüedad de los alfares de la ciudad, sobre todo en lo que concierne a su serie de cerámica verde y manganeso de tradición islámica cordobesa, claro indicativo de la penetración las corrientes artísticas del sur. La misma influencia que también se manifiesta en el sistema estructural de las torres de San Martín y de El Salvador, con un alminar como soporte del cuerpo de campañas. Este influjo sureño se explica por la conformación de la morería turolense, nutrida de una fuerte inmigración exterior que llegó hasta la ciudad atraída por los privilegios fiscales de la política de Pedro III el Grande. La aceptación de estas influencias conformó un patrimonio personalísimo que aunó, mediante el uso del ladrillo, con carácter constructivo y ornamental, y la azulejería decorativa, el pasado morisco peninsular con la tradición islámica de Oriente. Esto es lo que yo he obtenido por mi cuenta. ¡Bien, está bien! Ambos se despiden hasta el día siguiente. Yo, por mi parte, me detengo en el estudio detallado de la catedral de Teruel. - La catedral de Santa María está situada cercana a la plaza mayor, en el centro de la ciudad, haciendo gala de su advocación antigua de iglesia Santa María de media villa, ya que no adquirió el rango de catedral hasta el año 1587, fecha en que se creaba la diócesis de Teruel. Como en el caso de San Pedro, la torre de Santa María es también el elemento más antiguo de todo el conjunto y fue construida entre 1257 y 1258, cerrando asimismo una campaña edilicia románica desarrollada durante la primera mitad del siglo XIII. Aunque aquí las tres naves de época románica no fueron demolidas sino consolidadas, reduciéndose a la mitad el número de los arcos de separación de las mismas y recreciéndose sus muros en altura, que conforman las tres naves actuales, de las que la central se cubre con la famosa techumbre mudéjar. Los análisis recientes han dado la fecha de 1250 para esta torre de Santa María, que coincide con su datación documental. Junto con la coetánea de San Pedro constituye el arquetipo más antiguo de torre mudéjar turolense, entre cuyos elementos peculiares destaca en primer lugar el arco apuntado de su parte inferior, que deja pasar bajo el mismo el trazado viario, una fórmula que cuenta con suficientes precedentes en la arquitectura de la época, incluida la italiana. De este modo las torres campanario se integran de manera perfecta en el sistema urbano. Asimismo hay que destacar los aspectos ornamentales de raigambre islámica, ya señalados para la torre de San Pedro, es decir, los arcos de medio punto entrecruzados y la cerámica en verde y manganeso aplicada como decoración arquitectónica en sus diversas formas de azulejos, discos o platos y fustes. En el interior de la catedral la techumbre mudéjar que cubre la nave central constituye una obra singular y única en el mudéjar hispánico. Tras el recrecimiento de las naves en altura y la instalación de la techumbre mudéjar, las obras de la catedral continuaron hacia la cabecera, realizándose el crucero y los ábsides en 1335. Hay que esperar a la Edad Moderna, cuando la necesidad de una iluminación más potente para el nuevo retablo mayor del escultor Gabriel Joly, realizado en primorosa talla de madera en su color y asentado en el año 1536, obliga a plantear la construcción de un nuevo cimborrio. Fue diseñado por el maestro Juan Lucas, alias Botero, y construido en 1538 bajo la dirección de Martín de Montalbán. Este cimborrio de la catedral de Teruel es, por cronología, el segundo de los aragoneses, tras el de La Seo de Zaragoza, cuya estructura de raigambre musulmana reproduce, si bien al exterior son más evidentes ya los nuevos elementos formales del Renacimiento, como los bustos clipeados. Es la única manifestación del mudéjar turolense que por cronología queda fuera del siglo de esplendor medieval. - En el centro de la ciudad se halla la Torre de Santa María, la catedral. Fue construida entre 1257 y 1258, destacando algunas particularidades como el arco apuntado de la parte inferior, la decoración en tonalidades verdes o los arcos de medio punto entrecruzados. Sobre los arcos de la torre, doy con lo siguiente: - Hay que destacar los aspectos ornamentales de raigambre islámica que aparecen en la torre de la catedral turolense, es decir, los arcos de medio punto entrecruzados y la cerámica en verde y manganeso aplicada como decoración arquitectónica en sus diversas formas de azulejos, discos o platos y fustes. En resumidas cuentas: - La antigua iglesia de Santa María de Mediavilla, luego catedral de Teruel, posee rasgos propios del gótico meridional, pues se define a partir de una amplia y espaciosa nave cubierta con una de las más bellas techumbres de madera, enriquecida con decoraciones pictóricas de temas profanos. El cimborrio, una obra de filigrana, cuya construcción fue dirigida por el maestro Miguel de Montalbán en 1538, se inspira en el de la Seo zaragozana y, junto con el de Tarazona, manifiesta la fuerza y pervivencia del mudéjar en plena época moderna. Y, así, me doy por satisfecho tras estas primeras pesquisas. Al día siguiente, en el campus de la Universidad nos damos cita cinco estudiantes, todos compañeros. El conductor del vehículo nos sorprende con Citroën C-3. Por primera vez está disponible como eléctrico, con 113 caballos y 320 kilómetros de autonomía. Aquí nos vamos a centrar en las versiones que tienen motor de combustión. De estas últimas hay dos. La de acceso a la gama tiene un motor de gasolina 1.2 Puretech de 101 caballos con cambio manual de seis marchas. A finales de año llegará la versión Hybrid, que tiene una potencia idéntica, pero incluye un motor eléctrico de 29 caballos en su sistema de propulsión y dispone de distintivo ECO. Este C3 tiene cambio automático. Hay dos acabados disponibles con denominación You y Max, respectivamente. El primero quizás te resulte algo espartano, aunque Citroën no ha descuidado el apartado de ayudas a la conducción. El acabado Max dispone de un sistema de infoentretenimiento con pantalla integrada, asientos más cómodos y con una tapicería de mayor calidad, llantas de 17 pulgadas (en lugar de 16) y otros elementos como pintura exterior bitono, elevalunas eléctricos y climatizador. Uno de nosotros pregunta: - Cómo llegar a Teruel. A lo que el conductor le responderá inmediatamente: - Desde Huesca y Zaragoza: Por la A-23 hacia Teruel o por la N-232en dirección Alcañiz para tomar la A-222, que enlaza con la N-420en Montalbán y llega a Teruel. Nos montamos en el vehículo y emprendemos nuestro viaje, en el que silenciosamente vamos contemplando el paisaje. Yo advierto algunas curiosidades, pero lo que más me llama la atención es que los seis llevamos notas sobre algunas particularidades del mudéjar aragonés. Uno de los curiones que va en el coche acerca de la ciudad de Teruel nos cuenta lo siguiente: - Teruel es la capital de la provincia que lleva su mismo nombre, está situada en la Comunidad de Aragón. Cuenta con una población de alrededor de treinta mil habitantes y se sitúa a 915 m. sobre el nivel del mar. Las primeras referencias a Teruel aparecen en las crónicas musulmanas del siglo X, aunque su pasado es celtíbero y tuvo ocupación romana. Una de las leyendas más extendidas sobre su origen es que, en tiempos lejanos, la ubicación de las villas se realizaba sirviéndose de un animal salvaje; se perseguía a éste y, en el lugar donde era cazado, se erigía un santuario alrededor del cual se construía el asentamiento. Su nacimiento como núcleo de importancia hay que situarlo en la Reconquista, cuando el rey Alfonso II decide fundar una villa con el fin de organizar las fronteras del Reino ante la conquista de Valencia por los almohades. En 1171 el rey entra en Teruel, finalizando la dominación musulmana de la ciudad, si bien la población islámica permaneció mayoritariamente en ella. Fruto de esta coexistencia fue un extraordinario arte mestizo, del que Teruel conserva numerosos ejemplos. Se trata del mudéjar, del que se conservan cinco torres, las mejores de las cuales son las llamadas de San Salvador y de San Martín, edificadas en el siglo XII. Es también digna de mención la catedral, de construcción posterior, cuya torre es uno de los mejores monumentos del arte aragonés. Contiene además un excelente artesonado, fechado en el primer cuarto del siglo XIV. Y, así, entre unas cosas y otras llegamos a Teruel, capital. Paramos el coche junto a la torre de El Salvador, de quien uno de nosotros comenta que: - La torre de El salvador, construida en los inicios del siglo XIV, muestra la tipología tradicional de este tipo de torre –planta cuadrada u octogonal similar a la de los alminares musulmanes, con un remate en el cuerpo de campanas-, y la característica esencial que distingue al mudéjar aragonés: el abundante uso del ladrillo como material constructivo. Por mi parte, como protagonista y narrador, añado lo siguiente: - De la fábrica medieval de la parroquia de El Salvador tan sólo se ha conservado esta torre mudéjar, ya que la iglesia actual fue edificada de nuevo en estilo barroco, tras hundirse la primitiva el 24 de mayo de 1677. La torre de El Salvador no se halla datada documentalmente, aunque por sus características formales, muy similares a la San Martín (1315-16), se le asigna la misma cronología. En todo caso estas fechas concuerdan con la noticia, publicado por Alberto López Polo, según la cual el 11 de abril de 1277, el obispo de Zaragoza, don Pedro Garcés, autorizaba al racionero de la parroquia de El Salvador, mosén Pedro Navarrete, a obtener fondos en toda la diócesis para destinarlos a la obra de la iglesia y campanar de la misma. Una inscripción sobre la piedra sillar que refuerza la base de la torre nos informa de que esta obra de consolidación fue realizada en el año 1650. La torre ha sido restaurada varias veces en el siglo XX, la última a cargo de los arquitectos Antonio Pérez y José María Sanz. Su interior ha sido dispuesto para la visita turística, por lo que esta torre de El Salvador es la más adecuada para subir hasta el cuerpo de campanas y constatar la estructura interna, similar a la de los alminares de época almohade. Se comprueba que está formada por dos torres, la exterior de ladrillo y la interior de mampostería de yeso, quedando entre ambas las escaleras, con la torre interior dividida en tres estancias en altura, cubiertas, una con bóveda de crucería y otras dos con cañón apuntado. - Esta disposición va coronada en lo alto por el cuerpo de campanas. Algunas notas formales corroboran el carácter evolucionado y tardío de esta torre, la más reciente de todas las turolenses si no tenemos en cuenta la desaparecida y efímera torre de San Juan, conocida como "la fermosa", construida en 1343-44 y destruida, ya en 1366, con motivo de la ocupación de la ciudad por las tropas castellanas durante la guerra entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. Así, el arco de la parte baja, que da paso a la calle, ya no cierra con bóveda de cañón apuntado, como en las otras, sino con bóveda de crucería sencilla. Mayor madurez artística se advierte asimismo en el sistema decorativo, en el que alcanzan cada vez mayor extensión los grandes paños ornamentales en ladrillo resaltado. Ello sucede tanto con los paños de arcos mixtilíneos entrecruzados como con las series de lazos de cuatro formando estrellas de ocho puntas combinadas con cruces. Incluso las bandas en zig-zag se potencian al hacerse dobles. Por lo demás, la cerámica aplicada sigue la tendencia formal ya presente en la torre de San Martín, es decir, una mayor variedad de piezas, menor formato de las mismas y más amplia gama de colorido. Con todos estos elementos formales se logran efectos de falta de peso y de movilidad luminosa, que son pervivencia de la estética islámica en la arquitectura mudéjar. Dando un paseo, nos acercamos a la iglesia de San Pedro, de la que, según otra voz, se nos comunica que: - La iglesia de San Pedro responde a una tipología cercana a la iglesia fortaleza, con sus sólidos contrafuertes y su ábside rematado por torreones. Además, el cimborrio de la catedral y el ábside de la iglesia de San Pedro son dos ejemplos de cubrición del mudéjar aragonés. La escasez de piedra en la geografía aragonesa fomentó el uso del ladrillo y el desarrollo de las técnicas derivadas de su realización e instalación, lo que afectó no sólo a los elementos constructivos, sino también a la decoración exterior, en la que, junto al ladrillo resaltado, aparecerá un prolijo uso de la cerámica ornamental, propiciado por la amplia producción alfarera de la zona. Pero inmiscuyéndome en el monólogo, remato que: - La iglesia de San Pedro, de 1196, cuenta con un bonito ábside gótico-mudéjar, y junto a ella se puede ver el sarcófago que contiene los restos de los dos personajes más famosos de la ciudad, los "amantes de Teruel", Isabel de Segura y Diego Marcés de Marcilla. En los siglos XVII y XVIII Teruel sufrió importantes remodelaciones urbanísticas y reformas en todos los edificios religiosos, levantándose además palacios de influencia renacentista. El año 1883 es un año importante para Teruel, ya que se convierte en capital de la provincia. La Guerra Civil fue especialmente cruenta en la ciudad; en una de sus ofensivas, en el otoño-invierno de 1937, los ejércitos republicanos consiguieron conquistarla. Sin embargo, y en uno de los inviernos más crudos que se recordaban, las tropas franquistas la reconquistaron. Actualmente, Teruel está llevando a cabo campañas destinadas a atraer la atención de la opinión pública debido a su abandono respecto de otras capitales de provincia; de momento, su campaña de "Teruel Existe" al menos ha llamado la atención de los medios de comunicación sobre la situación en que se encuentra toda la región. Otro compañero retoma la palabra y nos asegura que: - La torre de San Martín, construida hacia 1315 y reparada a mediados del siglo XVI por Quinto Pierre Vedel, es un ejemplo sobresaliente del mudéjar turolense. La torre de San Martín está compuesta por una torre interior con estancias superpuestas y otra exterior que engloba la rampa de escaleras que corre entre ambas; el arco apuntado que se abre en su cuerpo inferior permite una circulación más cómoda por los alrededores de la iglesia. Arcos apuntados, bóvedas, bovedillas, contrafuertes, todos los elementos constructivos están hechos en ladrillo mediante un complejo sistema de aproximación de hiladas. Yo, por mi parte, señalo que: - Hacia el norte de la ciudad medieval de Teruel, dominando la calle longitudinal de Los Amantes, sobre la que se eleva, muy próxima a la puerta de Daroca, la torre mudéjar de San Martín es, como en el caso de El Salvador, el único resto mudéjar de la parroquia de su nombre, habiendo sido transformada por completo la iglesia en época barroca. Esta torre fue construida entre 1315 y 1316 según la documentación turolense. Su reparación es la más antigua conocida, puesto que según datos documentales, utilizados ya por José María Quadrado, la torre fue profundamente reparada por el ingeniero y arquitecto francés Quinto Pierres Vedel, entre 1549 y 1551. La reparación consistió básicamente en construir en la parte baja de la misma un muro de piedra sillar en talud, que le sirve de apeo. Se adquirieron entonces unas casas al monasterio de la Santísima Trinidad para desembarazar la torre de construcciones anejas y proporcionarle una plaza ante la misma, idea urbanística moderna. En el siglo XX ha sido objeto de diversos estudios y restauraciones, destacando los de Ricardo García Guereta en 1926. La torre de San Martín sigue por un lado fiel al sistema turolense de abrir un arco en la parte baja para dar paso a la calle, pero por otro introduce una destacada novedad estructural, la de alminar almohade, ya vista en la torre de El Salvador y que las diferencia del arquetipo antiguo de las torres de Santa María y San Pedro. También son muy notables las novedades ornamentales, sobre todo en la labor de ladrillo resaltado, donde es evidente el influjo almohade en las composiciones. Además, la decoración cerámica muestra un importante avance sobre la etapa anterior, al enriquecer la gama cromática y la variedad de las piezas aplicadas, disminuyendo por otra parte su tamaño. Según otro alumno aventajado: - Las decoraciones de tradición hispanoárabe constituyen uno de los elementos formales que mejor contribuyen a la caracterización de la arquitectura mudéjar aragonesa. El repertorio de ornamentos que presentan los edificios turolenses, sobre todo en las torres de San Martín y El Salvador supone la revitalización del arte de las taifas. No se han descartado, sin embargo, paralelismos con la arquitectura sículo-normanda en lo que atañe a las combinaciones de arquerías. Las lacerías y mocárabes de ladrillo y cerámica vidriada forman parte de un sistema de revestimiento mural que disimula las estructuras arquitectónicas y otorga a la ornamentación un papel fundamental en la estética mudéjar, como lo tuvo también en el arte musulmán. Haciendo una reconstrucción de “Teruel mudéjar”, tendríamos que levantar las siguientes ideas: - A lo largo de un siglo, entre 1250 y 1350 aproximadamente, la ciudad de Teruel vivió al compás de su desarrollo urbano un extraordinario periodo de esplendor del arte mudéjar, de valor tan excepcional que la UNESCO le ha otorgado, en 1986, el título de Patrimonio de la Humanidad. El mudéjar es un fenómeno singular, privativo del arte español, nacido y desarrollado en la España medieval cristiana como consecuencia de la pervivencia de lo islámico, una realidad artística nueva en la que se funden elementos formales de Oriente y de Occidente y que, como apostillase Menéndez Pelayo, constituye el único estilo artístico del que España puede presumir como propio. La riqueza y diversidad del mudéjar hispánico encuentra en la ciudad de Teruel un foco singular de inusitada importancia. El mudéjar turolense se halla en relación tan estrecha con las circunstancias históricas de la fundación y del desarrollo urbano de la ciudad que los primeros pasos para su mejor comprensión deben darse, en sentido estricto, recorriendo el solar medieval de la ciudad. El nombre de Teruel deriva del topónimo árabe Tirwal, con el que las fuentes árabes se refieren a un núcleo poblacional islámico del que no se ha podido establecer su emplazamiento ni su verdadera dimensión. Así, pues, tal como defiende el malogrado historiador medievalista Antonio Gargallo, la ciudad de Teruel fue fundada de nuevo por el rey aragonés Alfonso II, tras alcanzar por conquista estas tierras altas del Sur de Aragón en el año 1171, decidiendo asentar un núcleo de población cristiana en esta zona de frontera, a modo de avanzadilla aragonesa frente al poder de los almohades, que se mantenía intacto en la ciudad de Valencia, concediéndole su fuero en el año 1177. - Estas circunstancias históricas de la fundación de la ciudad van a reflejarse tanto en el plano urbano como en la estructura social de su población medieval y en sus manifestaciones artísticas. El recinto medieval, emplazado sobre una alta muela bordeada de profundos barrancos, en la margen izquierda del río Turia, responde al modelo de ciudad cristiana ideal, impulsado a partir de este momento por la Corona de Aragón en la repoblación del Levante peninsular. Es una ciudad de planta rectangular amurallada, de trazado hipodámico, sólo roto por el relieve en su cota más alta, al sureste, mientras en el resto se mantiene el trazado regular de sus calles, con cuatro puertas principales de entrada en el centro de sus lados, orientadas a los cuatro puntos cardinales, y que reciben los nombres de puerta de Daroca (al Norte), de Zaragoza (al Este), de Valencia (al Sur) y de Guadalaviar (al Oeste), conservándose en la actualidad tan sólo la primera de las citadas. Desde estas puertas parten las calles principales, que se cortan transversalmente en el centro, donde se abre la plaza mayor o del mercado, hoy denominada plaza del Torico. La ciudad quedó repartida en nueve parroquias, con la principal dedicada a Santa María de Mediavilla, actual catedral, en su centro teórico, mientras las ocho restantes se distribuían cuatro a cada lado, con una perfecta integración de su arquitectura en el plano urbano. En efecto, una de las notas peculiares del urbanismo turolense consiste en que las torres de las iglesias se elevan en su parte baja sobre un gran arco apuntado, que permite el paso de la calle bajo el mismo, con lo que estos campanarios mudéjares, además de su función religiosa, jugaban un importante papel de control viario. - Al no existir una ciudad musulmana anterior sobre este solar, como se ha defendido, tampoco hubo en origen una aljama de moros ni un espacio cerrado para la morería. Precisamente el carácter peculiar de la morería turolense consiste en que se formó por moros inmigrados, primero por moros cautivos, procedentes de la reconquista de Valencia, redimidos por el trabajo y después, en 1285, por una campaña de repoblación mudéjar apoyada por el rey Pedro III. Por esta razón los mudéjares no fueron alojados en una morería cerrada y emplazada fuera de los muros de la ciudad, como era lo habitual, sino en régimen abierto, dispersos por el caserío, con una particular concentración al Norte, entre la puerta de Daroca y la iglesia de San Martín. Esta condición de inmigrados de los mudéjares turolenses ha dejado una profunda huella en las características formales del arte mudéjar, verdadero foco de novedades estructurales y ornamentales llegadas de fuera. Por lo que respecta a la estructura social de la población, al tratarse de una ciudad de frontera frente al Islam, ha de valorarse asimismo el peso político de los caballeros villanos, que intervinieron de un modo decisivo en la reconquista levantina y en la configuración de una sociedad militarizada, tal como se corrobora en las escenas de cabalgada, torneo y caza representadas en la techumbre mudéjar de la catedral. Estructura social y arte mudéjar andan intrínsecamente relacionados. - Podemos entrar en el recinto medieval de la ciudad desde el Oeste, por la desaparecida puerta de Guadalaviar; a muy escasa distancia se alza la torre mudéjar de El Salvador, que domina vigilante la calle a la que da nombre en el recorrido hasta la plaza mayor. De la fábrica medieval de la parroquia de El Salvador tan sólo se ha conservado esta torre mudéjar, ya que la iglesia actual fue edificada de nuevo en estilo barroco, tras hundirse la primitiva el 24 de mayo de 1677. La torre de El Salvador no se halla datada documentalmente, aunque por sus características formales, muy similares a la San Martín (1315-16), se le asigna la misma cronología. En todo caso estas fechas concuerdan con la noticia, publicado por Alberto López Polo, según la cual el 11 de abril de 1277, el obispo de Zaragoza, don Pedro Garcés, autorizaba al racionero de la parroquia de El Salvador, mosén Pedro Navarrete, a obtener fondos en toda la diócesis para destinarlos a la obra de la iglesia y campanar de la misma. Una inscripción sobre la piedra sillar que refuerza la base de la torre nos informa de que esta obra de consolidación fue realizada en el año 1650. La torre ha sido restaurada varias veces en el siglo XX, la última a cargo de los arquitectos Antonio Pérez y José María Sanz. Su interior ha sido dispuesto para la visita turística, por lo que esta torre de El Salvador es la más adecuada para subir hasta el cuerpo de campanas y constatar la estructura interna, similar a la de los alminares de época almohade. - Se comprueba que está formada por dos torres, la exterior de ladrillo y la interior de mampostería de yeso, quedando entre ambas las escaleras, con la torre interior dividida en tres estancias en altura, cubiertas, una con bóveda de crucería y otras dos con cañón apuntado. Esta disposición va coronada en lo alto por el cuerpo de campanas. Algunas notas formales corroboran el carácter evolucionado y tardío de esta torre, la más reciente de todas las turolenses si no tenemos en cuenta la desaparecida y efímera torre de San Juan, conocida como "la fermosa", construida en 1343-44 y destruida, ya en 1366, con motivo de la ocupación de ciudad por las tropas castellanas durante la guerra entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. Así, el arco de la parte baja, que da paso a la calle, ya no cierra con bóveda de cañón apuntado, como en las otras, sino con bóveda de crucería sencilla. Mayor madurez artística se advierte asimismo en el sistema decorativo, en el que alcanzan cada vez mayor extensión los grandes paños ornamentales en ladrillo resaltado. Ello sucede tanto con los pañosde arcos mixtilíneos entrecruzados como con las series de lazos de cuatro formando estrellas de ocho puntas combinadas con cruces. Incluso las bandas en zig-zag se potencian al hacerse dobles. Por lo demás, la cerámica aplicada sigue la tendencia formal ya presente en la torre de San Martín, es decir, una mayor variedad de piezas, menor formato de las mismas y más amplia gama de colorido. - Con todos estos elementos formales se logran efectos de falta de peso y de movilidad luminosa, que son pervivencia de la estética islámica en la arquitectura mudéjar. Próxima a la plaza mayor, hacia el Sureste, la torre de San Pedro se eleva a los pies de la iglesia y su construcción, datable a mediados del siglo XIII, pondría fin a una primera campaña edilicia románica, de la que sólo se ha conservado la torre. Por su tipología y decoración, esta torre de San Pedro ha sido relacionada siempre con la de Santa María, que según la documentación turolense fue construida entre 1257 y 1258. Esta torre de San Pedro se puede datar, según los últimos análisis, en 1240, por lo que algunos estudiosos defienden su precedencia cronológica sobre la de Santa María. El cuerpo original de campanas fue macizado en el año 1795 para sobreponerle un remate de sobrio carácter neoclásico. Tras la guerra civil española de 1936-39, el arquitecto Manuel Lorente Junquera eliminó el remate neoclásico, recuperando el cuerpo original de campanas. Hoy, de nuevo, la torre ha sido restaurada. - Con todos estos elementos formales se logran efectos de falta de peso y de movilidad luminosa, que son pervivencia de la estética islámica en la arquitectura mudéjar. Próxima a la plaza mayor, hacia el Sureste, la torre de San Pedro se eleva a los pies de la iglesia y su construcción, datable a mediados del siglo XIII, pondría fin a una primera campaña edilicia románica, de la que sólo se ha conservado la torre. Por su tipología y decoración, esta torre de San Pedro ha sido relacionada siempre con la de Santa María, que según la documentación turolense fue construida entre 1257 y 1258. Esta torre de San Pedro se puede datar, según los últimos análisis, en 1240, por lo que algunos estudiosos defienden su precedencia cronológica sobre la de Santa María. El cuerpo original de campanas fue macizado en el año 1795 para sobreponerle un remate de sobrio carácter neoclásico. Tras la guerra civil española de 1936-39, el arquitecto Manuel Lorente Junquera eliminó el remate neoclásico, recuperando el cuerpo original de campanas. Hoy, de nuevo, la torre ha sido restaurada por Antonio Pérez y José María Sanz. Esta torre, como las demás, abre en la parte baja en arco apuntado, aquí de doble rosca, dejando pasar la calle bajo la misma. Comparte con la de Santa María una estructura interior de tradición cristiana, constituida por una sola torre, dividida en pisos. También comparte con la de Santa María el sistema ornamental, en el que destaca el friso de arcos de medio punto entrecruzados, cuyo precedente formal islámico se encuentra en la fachada de la mezquita de la Aljafería de Zaragoza, así como la aplicación de la cerámica mudéjar en su serie verde y manganeso. - Entre los elementos de interés ornamental de la torre se cuenta una serie de capiteles en piedra tallada. Mariano Navarro Aranda ya llamó la atención sobre uno de ellos, en el que se representa una hamsa o mano de Fátima, tema que, según Juan Antonio Souto, fue introducido por los almohades, con representación en la cerámica esgrafiada de la primera mitad del siglo XIII y que simboliza básicamente la fe del Islam y la protección contra los maleficios. La actual fábrica mudéjar de la iglesia de San Pedro sustituyó a la anterior de época románica, ya aludida; a la fábrica actual se refieren, sin duda, algunas noticias documentales exhumadas por Alberto López Polo, como la de su construcción, en 1319, la obligación de edificar su claustro por parte de Francisco Sánchez Muñoz en 1383 y, por último, la consagración de la iglesia en 1392. Todas estas noticias casan bien con las características estructurales y formales de la actual iglesia de San Pedro, que sigue la tipología de iglesia-fortaleza mudéjar establecida en la iglesia parroquial de Montalbán, particularmente en la zona del ábside. Este ábside es de planta poligonal, de siete lados, con capillas entre los contrafuertes, y con la característica tribuna o andito sobre las capillas. Por el exterior este ábside de San Pedro se halla muy decorado, con paños de ladrillo resaltado, y con contrafuertes que se alzan en forma de torreoncillos octogonales, más esbeltos y desarrollados que en la iglesia parroquial de Montalbán, a los que imitan, con un aire orientalizante. - Tanto el interior de la iglesia como el del claustro fueron objeto de una reforma modernista en la primera década del siglo XX, en la que intervinieron el arquitecto Pablo Monguió Segura y el pintor decorador Salvador Gisbert, una actuación que modificó profundamente todo el conjunto. En la actualidad se trabaja con lentitud en un vasto proyecto de restauración del monumento. La catedral de Santa María está situada cercana a la plaza mayor, en el centro de la ciudad, haciendo gala de su advocación antigua de iglesia Santa María de media villa, ya que no adquirió el rango de catedral hasta el año 1587, fecha en que se creaba la diócesis de Teruel. Como en el caso de San Pedro, la torre de Santa María es también el elemento más antiguo de todo el conjunto y fue construida, como se ha dicho, entre 1257 y 1258, cerrando asimismo una campaña edilicia románica desarrollada durante la primera mitad del siglo XIII. Aunque aquí las tres naves de época románica no fueron demolidas sino consolidadas, reduciéndose a la mitad el número de los arcos de separación de las mismas y recreciéndose sus muros en altura, que conforman las tres naves actuales, de las que la central se cubre con la famosa techumbre mudéjar. Los análisis recientes han dado la fecha de 1250 para esta torre de Santa María, que coincide con su datación documental. Junto con la coetánea de San Pedro constituye el arquetipo más antiguo de torre mudéjar turolense, entre cuyos elementos peculiares destaca en primer lugar el arco apuntado de su parte inferior, que deja pasar bajo el mismo el trazado viario, una fórmula que cuenta con suficientes precedentes en la arquitectura de la época, incluida la italiana. - De este modo las torres campanario se integran de manera perfecta en el sistema urbano. Asimismo hay que destacar los aspectos ornamentales de raigambre islámica, ya señalados para la torre de San Pedro, es decir, los arcos de medio punto entrecruzados y la cerámica en verde y manganeso aplicada como decoración arquitectónica en sus diversas formas de azulejos, discos o platos y fustes. En el interior de la catedral la techumbre mudéjar que cubre la nave central constituye una obra singular y única en el mudéjar hispánico, tanto por su estructura como por su decoración, confluyendo en ella dos tradiciones artísticas, la islámica de raíz oriental y la cristiana de raíz occidental, que se funden en una manifestación artística nueva. Ha sido denominada "Capilla Sixtina" del arte mudéjar. Aunque se carece de referencias documentales sobre su realización, todos sus elementos apuntan a una cronología relativa situable en el último cuarto del siglo XIII. Por lo que hace a la crítica de autenticidad, durante la última guerra civil de 1936-39 una bomba destrozó la última sección de los pies, restaurándose posteriormente de forma abusiva toda la techumbre, entre 1943 y 1945, por técnicos de Regiones Devastadas. Últimamente, entre 1996 y 1999, se ha realizado una campaña de intervención bajo la dirección técnica del Instituto del Patrimonio Histórico Español, habiéndose llevado a cabo una destacada labor de estudio, limpieza, consolidación y tratamiento de esta techumbre. - Estructuralmente conforma una armadura de madera de par y nudillo, con dobles tirantes, dentro de la tradición de la carpintería almohade. No es muy frecuente la conservación de armaduras de este tipo tan antiguas, habiéndose señalado algunos ejemplos coetáneos en la ciudad de Toledo (en la iglesia de Santiago del Arrabal y en la sinagoga de Santa María la Blanca). En el caso de la catedral de Teruel, cuyas naves habían sido recrecidas sin dotarlas de los contrafuertes necesarios para su posible abovedamiento, esta techumbre aportaba una solución de cubierta muy adecuada ya que su estructura reparte la carga por igual sobre los muros. Mayor es todavía el interés artístico de la ornamentación tanto geométrica como vegetal y, en particular, la figurada, que atesora un repertorio de imágenes sin igual. Aplicada al temple sobre la madera y en estilo gótico lineal, no predominan las imágenes sagradas, entre las que destaca un ciclo de la Pasión, sino las profanas, con representación de las diferentes clases sociales y de sus actividades. Llaman la atención las escenas de cabalgada, torneo y caza de los caballeros villanos, asícomo los diversos oficios y trabajos de los carpinteros, de los pintores o de los músicos. Otras imágenes, de carácter alegórico o simbólico, proceden de la tradición figurativa de los bestiarios o pueden estar relacionadas con los temas literarios. Sin embargo, no se aprecia un orden coherente en la disposición de las imágenes en el espacio de la techumbre y los estudiosos han discutido sobre su función y significado general. - En una valoración global de esta obra no hay que olvidar el horizonte histórico que la hizo posible, es decir, de la ciudad y de la sociedad turolenses en torno a 1285. Tras el recrecimiento de las naves en altura y la instalación de la techumbre mudéjar, las obras de la catedral continuaron hacia la cabecera, realizándose el crucero y los ábsides en 1335. Hay que esperar a la Edad Moderna, cuando la necesidad de una iluminación más potente para el nuevo retablo mayor del escultor Gabriel Joly, realizado en primorosa talla de madera en su color y asentado en el año 1536, obliga a plantear la construcción de un nuevo cimborrio. Fue diseñado por el maestro Juan Lucas, alias Botero, y construido en 1538 bajo la dirección de Martín de Montalbán. Este cimborrio de la catedral de Teruel es, por cronología, el segundo de los aragoneses, tras el de La Seo de Zaragoza, cuya estructura de raigambre musulmana reproduce, si bien al exterior son más evidentes ya los nuevos elementos formales del Renacimiento, como los bustos clipeados. Es la única manifestación del mudéjar turolense que por cronología queda fuera del siglo de esplendor medieval. Hacia el Norte de la ciudad medieval, dominando la calle longitudinal de Los Amantes, sobre la que se eleva, muy próxima a la puerta de Daroca, la torre mudéjar de San Martín es, como en el caso de El Salvador, el único resto mudéjar de la parroquia de su nombre, habiendo sido transformada por completo la iglesia en época barroca. - Esta torre fue construida entre 1315 y 1316 según la documentación turolense, como se ha dicho. Su reparación es la más antigua conocida, puesto que según datos documentales, utilizados ya por José María Quadrado, la torre fue profundamente reparada por el ingeniero y arquitecto francés Quinto Pierres Vedel, entre 1549 y 1551. La reparación consistió básicamente en construir en la parte baja de la misma un muro de piedra sillar en talud, que le sirve de apeo. Se adquirieron entonces unas casas al monasterio de la Santísima Trinidad para desembarazar la torre de construcciones anejas y proporcionarle una plaza ante la misma, idea urbanística moderna. En el siglo XX ha sido objeto de diversos estudios y restauraciones, destacando los de Ricardo García Guereta en 1926. La torre de San Martín sigue por un lado fiel al sistema turolense de abrir un arco en la parte baja para dar paso a la calle, pero por otro introduce una destacada novedad estructural, la de alminar almohade, ya vista en la torre de El Salvador y que las diferencia del arquetipo antiguo de las torres de Santa María y San Pedro. También son muy notables las novedades ornamentales, sobre todo en la labor de ladrillo resaltado, donde es evidente el influjo almohade en las composiciones. Además, la decoración cerámica muestra un importante avance sobre la etapa anterior, al enriquecer la gama cromática y la variedad de las piezas aplicadas, disminuyendo por otra parte su tamaño. Como recordaba Francisco Íñiguez, estas torres no son otra cosa que un alminar islámico al que se le ha superpuesto un cuerpo cristiano de campanas. La de San Martín es, sin duda, el arquetipo más logrado, incluido un defecto inicial, el no haber resuelto adecuadamente la cubierta del cuerpo de campanas ya que, a fin de cuentas, constituye un elemento extraño al sistema de trabajo mudéjar. EL ARTE MUDÉJAR Las particulares circunstancias de la historia medieval de España, con la presencia del Islam sobre el solar hispánico durante ocho siglos, desde la invasión musulmana en el año 711 hasta la reconquista cristiana de Granada en el año 1492, dejaron una profunda huella en la cultura española, que determinada corriente historiográfica ha minusvalorado sistemáticamente, a pesar de lo cual el eminente historiador Ramón Menéndez Pidal tuvo que definir a España en un conocido estudio como eslabón entre la Cristiandad y el Islam. Durante estos ocho siglos España quedó dividida entre la Cristiandad y el Islam, dos culturas enfrentadas política y religiosamente. Pero el estudio de la historia militar y política de la Reconquista enmascara y oculta, con frecuencia, otra historia de enseñanzas más ricas, la de los contactos culturales entre cristianos y musulmanes. En un primer momento comunidades de cristianos (mozárabes) y de judíos vivirán como tributarios bajo dominio musulmán, época en la que numerosos cristianos se convertirán al Islam (muladíes). Pero después, cuando la balanza, política se inclina del lado cristiano con el progresivo avance de la reconquista serán los musulmanes vencidos (moros o mudéjares) y los judíos quienes vivan como súbditos de los reyes castellanos y aragoneses. Es esta rica historia de civilización, de formas de vida y de cultura, que se desarrollan a ambos lados de las fronteras políticas, y que en períodos de paz establecen cordiales relaciones de vecindad y contactos culturales profundos, la que ahora nos interesa en primer lugar. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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