RELATO BREVE, La ALHAMBRA DE GRANADA.
Desde hace un tiempo mi esposa, Ana, y yo, Ignacio, residimos en Granada por motivos de trabajo. Aunque no salgan las vacantes, en Granada se está de primera, pues, a parte de la Alhambra, contamos con Sierra Nevada. Como no vamos a saltar a trompicones de un sitio a otro, procuraré centrarme en la Alhambra, que es pan con mucha miga. Por otro lado, estamos esperando a un grupo de amigos, que se han desplazado especialmente desde el País Vasco, con la única finalidad de conocer l’Alhambra. Por supuesto, les ofreceremos todo lo que esté en nuestra mano, para que así no se sientan extranjeros en esta Tierra de nadie. Evidentemente, yo haré de guía del grupo, haciendo todas las presentaciones de todo lo que tengamos a mano, por lo que he tenido que comprarme algunas monografías sobre este Palacio nazarí. Nuestros amigos trabajan en la fotografía, por lo que sus reportajes gráficos ya tienen mucho valor, aunque el coche, un Opel Kadett, deberá quedarse aparcado en el barrio del Salvador, por ejemplo, que se extiende a los pies del Albaicín y cuyos habitantes se han dedicado tradicionalmente al sector servicios. Los esperamos mañana, a la hora de comer, por lo que aún tengo un tiempo para impregnarme de este tema. Antes que nada, vamos a dar una breve nota sobre la restauración de la Alhambra. Al respecto diremos que José García Ayola (1853-1900), conocido como Ayola, fue pionero de la fotografía andaluza y abrió su estudio en Granada en 1873. En 1881viajó a París a perfeccionar su oficio y, a su regreso, se especializó en la toma de panorámicas urbanas. Su colección de imágenes de la Alhambra se reprodujo en el Panorama Nacional, un lujoso álbum publicado en Barcelona en 1896. La fotografía de Ayola es realista y carece de recursos fáciles; materiales y espacios son los únicos protagonistas de la escena. Sus primeros planos de cerámicas, yeserías o celosías de la Alhambra, a medio camino entre el inventario y el arte, resultaron decisivos en el proceso de restauración del monumento que habían iniciado, en 1847, Rafael y Mariano Contreras. Yéndonos al terreno, al entrar por el patio de Alberca y visitando primero la Galería de los Secretos, se pasa a la sala de Embajadores y al patio de los Leones, desde donde se llega a la sala de los Abencerrajes y a la de la Justicia, con sus dos curiosos monumentos y un maravilloso tejado calado. Luego se llega a la joya del conjunto, las zonas privadas de los reyes árabes, con el apartado dormitorio del rey y de la reina, el tocador y las bellas ventanas con celosías que se abren al maravilloso jardincillo de Lindaraja (las violetas y las flores de naranjo perfumaban el aire) y a los exquisitos baños. Es algo con lo que soñar y supera todas las expectativas. La Alhambra se encuentra rodeada con murallas y torres de un profundo tono rojizo que destacan magníficamente en contraste con el cielo azul intenso. La restauración del cinturón amurallado y de este palacio sin igual ha sido llevada a cabo por un artista de primer orden llamado Contreras y esta confianza ha sido bien otorgada ya que es imposible contemplar un trabajo mejor realizado y de una forma más perfecta, siendo muy difícil distinguir entre las partes antiguas y las nuevas. Si él está disponible para completarla, las generaciones futuras verán la Alhambra restaurada en forma muy parecida a su prístina belleza. Dicho lo cual, apuntaremos dos ideas muy importantes: 1) La Alhambra fue al tiempo fortaleza militar y residencia real ricamente decorada, como lo demuestran los mocárabes de la Sala de los Abencerrajes. Extramuros, los emires granadinos construyeron una casa de campo, el Generalife, una hermosa sucesión de jardines, albercas y fuentes. Y 2) la cerámica y el agua adquirieron gran importancia en la ornamentación arquitectónica de la España musulmana. Un buen ejemplo son, respectivamente, el zócalo de la Sala de las Dos Hermanas y la fuente del patio de Comares. El recinto de la alcazaba, concebido ya en el siglo XIII, contrasta en austeridad y solidez con los palacios nazaríes. Por otra parte, la fuente de los Leones ha recuperado su aspecto original tras la restauración de sus esculturas. Esta fuente da nombre al patio construido a su alrededor por Muhammad V entre 1370 y 1380. De planta rectangular, está rodeado por una galería de 124 columnas de mármol que soportan arcos y arquerías decorados con mocárabes. En otro sentido, el patio de Comares o de los Arrayanes es el núcleo principal del palacio de Comares. Sede oficial del soberano, este palacio albergó también las dependencias del poder ejecutivo. En un subterráneo al nordeste del patio, se encuentran los baños. Y en el Generalife, el agua, motivo principal del patio de Comares y de los baños, es casi omnipresente en fuentes y albercas. En la zona norte del patio de los Leones, dentro ya del otro palacio nazarí, se encuentra la Sala de las Dos Hermanas, con el hermoso mirador de Lindaraja. Cerrado por oriente el mismo patio, se encuentra la Sala de los Reyes, cuya bóveda está decorada con pinturas de los reyes nazaríes. ¡Bueno!, por hoy basta. Nuestros amigos son puntuales, dóciles… y ya tienen que estar a punto de llegar. Suena el interfono: - Pi, pi, pi. Efectivamente, es la 1.00 y 55 minutos del mediodía. Pero, ¡bien! Me entenderéis mejor si os digo que en el Opel Kadett vienen dos matrimonios, el primero compuesto por Alma y Fernando, el segundo integrado por Idoia y Luis. Estas dos parejas trabajan en el mundo de la fotografía, gracias a las cámaras digitales. Sus reportajes son bienvenidos. Evidentemente, nos sentamos en la mesa para comer. Tras darle mucho a la lengua, se queda en que nuestra visita a la Alhambra tendrá lugar mañana, procurando madrugar ese día. Se comerán unos bocatas sobre la marcha, intentando apurar a tope la jornada. Desde luego, no desvío la responsabilidad del abrir el camino, e ir marcando el itinerario y las paradas. Bueno, pues, ¡hasta mañana! Sin embargo, a la noche, en la cama, no puedo evitar el echarle una última mirada a los apuntes que he confeccionado días atrás: - La Alhambra de Granada constituye un conjunto monumental único en España. Surgida primero como castillo, se convirtió después en palacio y más tarde en una pequeña ciudad, residencia de los sultanes nazaritas. Su historia, poblada de leyendas y embrujos, la ha convertido en un fetiche del turismo mundial. Dos millones de personas la visitan todos los años. - Los conjuntos monumentales de la Alhambra y el Generalife en la ciudad de Granada, obra de los sultanes nazaríes realizada hace más de seis siglos, constituyen la fase final del arte hispanomusulmán en la que el Islam de España alcanza todo su esplendor y fuerte personalidad. La atracción y el interés que estos conjuntos han suscitado en la sensibilidad del hombre contemporáneo, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, difícilmente encuentran parangón en otro conjunto monumental y las consecuencias de esta fascinación han sido considerables tanto sobre la práctica de la arquitectura y de la ornamentación en los siglos XIX y XX dando lugar al revival alhambresco, como sobre la misma valoración e interpretación de estos monumentos. Por esta razón cualquier aproximación al conocimiento de la Alhambra, aunque carezca de intenciones eruditas, no puede prescindir de una mínima referencia a su fortuna crítica, ya que la historia del gusto contemporáneo subyace en cualquier interpretación actual. - La Alhambra es una ciudad palatina fortificada que sirvió como residencia de la corte de los sultanes nazaríes. Se emplaza en la parte más elevada de una colina que se alza en la margen izquierda del río Darro, frente a la alcazaba del Albaycín. Se recomienda acceder a la Alhambra por la Puerta de la Justicia, emplazada en el lienzo sur de la muralla y realizada en el año 1348. Desde aquí se llega a la Puerta del Vino, hoy aislada, y frente a cuya fachada oriental se alza la alcazaba, obra de Muhammad I. La alcazaba tiene planta rectangular irregular y consta de dos recintos: uno exterior a modo de barbacana y otro interior, más elevado, fortificado por altas torres entre las que destacan la del Homenaje y la de la Vela. El interior de la alcazaba funcionaba como patio de armas. Adosada al lado norte de la alcazaba encontramos la Puerta de las Armas. La visita a la zona de palacios árabes se inicia por el mexuar, estancia donde se reunía el consejo de visires. Desde aquí se pasa al llamado Cuarto Dorado, palacio que fue muy reformado en época de Fernando el Católico. La siguiente estancia es el Palacio de Comares donde se ubica la famosa Torre de Comares y el patio de la Alberca o de los Arrayanes, espacio de planta rectangular con una gran alberca en el centro. En el pórtico norte encontramos la sala de la barca, adosada a la Torre. En el ángulo entre los palacios de Comares y Leones se halla el Baño Real, con tres partes claramente diferenciadas. - El Palacio de Leones se dispone en dirección este-oeste, ordenándose sus dependencias en torno a un patio rectangular en cuyo centro se ubica la famosa Fuente de los Leones. El patio está rodeado por pórticos en todos sus lados, destacando los pabellones que avanzan hacia el jardín en sus lados cortos. En estos laterales encontramos la sala de los Mocárabes y la sala de los Reyes mientras que en los lados largos se hallan la sala de las Dos Hermanas y la sala de los Abencerrajes. Al salir de la casa Real Vieja encontramos el Partal, conjunto que corresponde al sultanato de Muhammad III junto a la desaparecida mezquita aljama, espacio hoy ocupado por la iglesia de Santa María de la Alhambra, diseñada por Juan de Herrera en el siglo XVI. La mezquita de La Alhambra era de tres naves en dirección a la quibla, más ancha la central. El Partal responde a la tipología de palacio sin patio y básicamente está formado por un pabellón real en relación íntima con una alberca y jardines. Anexo a los palacios nazaríes encontramos el palacio de Carlos V, proyectado por Pedro Machuca. El arquitecto eligió una planta cuadrangular con un patio circular, tomando como referentes las ideas renacentistas italianas de Alberti y Rafael. Muhammad II será el encargado de construir el Generalife, edificado fuera del recinto de la Alhambra en dirección noreste. El palacio está emplazado en medio de la zona de huertas y se distribuye básicamente en dos terrazas. En la inferior se disponen dos patios cuadrangulares y en la superior se ubica el Patio de la Acequia, de planta rectangular, con un pabellón originalmente en el centro. El patio se organizaba como patio de crucero, con cuatro cajas de jardín ochavadas. El patio se rodeaba de pabellones, destacando el ubicado en el lado norte. - La caída de la otrora esplendorosa capital de los omeyas, Córdoba, y el avance general de la reconquista cristiana hacen que Granada y su territorio se convierta en el último reducto musulmán en la península Ibérica. Muhammad I es el fundador de la dinastía nazarí, responsable de la edificación de una de las maravillas del arte mundial: la Alhambra. Pero ante la insistencia de Ana, me tapo bien tapado y a dormir. Al día siguiente , la fecha anunciada, se prodigan los - Buenos días. Y la interrogación de siempre: - ¿Qué tal habéis dormido? Nos preparamos y, aparcamos ante la Alhambra. Ignacio toma las riendas y, en primer lugar, les habla a todos de GRANADA NAZARITA: - Elvira es el nombre dado por los musulmanes a la antigua ciudad romana de Iliberris. Desde la entrada de los musulmanes en Hispania, Elvira-Iliberris y los enclaves cercanos de Qastilla y Garnata comenzaron, especialmente a partir del siglo XI, cuando se instalaron en ella los ziríes, a constituir una gran ciudad, capital de un virreinato dependiente de Córdoba, hasta la disgregación del califato omeya, en que pasó a ser centro de uno de los reinos de taifas, el de Granada, creado en el año 1013. Mucho más tarde, por allí pasaron también almorávides y almohades y, en 1241, Muhammad I, el fundador de la dinastía nazarí, se asiente en Elvira para organizar su propio reino. A partir de entonces, el reino de Granada va adquiriendo mayor importancia. La caída de la otrora esplendorosa capital de los omeyas, Córdoba, y el avance general de la reconquista cristiana hacen que Granada y su territorio se conviertan en el último reducto musulmán en la península Ibérica. La Granada de época nazarita, que así se llama la última dinastía musulmana reinante, ha atraído desde siempre la atención de muchos curiosos, que veían en ella y sus monumentos un lugar paradisíaco, emplazada en un lugar de excepcional belleza -dominando una fértil vega, con las blancas cumbres de Sierra Nevada a su espalda- donde sus pobladores se daban a una vida de ocio, cultivando a un tiempo el lujo, el refinamiento y la erudición. - Esta visión, ya presente en textos de contemporáneos, se vio continuada por la labor de viajeros y aventureros románticos, que recreaban en sus obras una Granada embriagadoramente sensual y misteriosa. Si ya el cosmopolita Ibn Batuta decía hace ocho siglos que Granada "no tiene semejante en todo el Universo", mucho más tarde románticos como Víctor Hugo siguieron considerándola "la más hermosa". Y, sin duda, centro y origen de este orientalismo ideal fue la Alhambra, el palacio de los reyes de Granada, una residencia pensada para el disfrute de los sentidos. El ya mencionado Muhammad I fue uno de los impulsores de la construcción de la Alhambra, cuando decidió levantar su residencia oficial junto a una vieja fortaleza existente desde hacía varios siglos. Monarcas posteriores como Abu I-Hayyay Yusuf I y su hijo y sucesor Muhammad V fueron los responsables de la mayor parte del magnífico conjunto que actualmente se conoce, incluido el Patio de los Leones. El resultado fue excelente y aún hoy pueden apreciarse la exuberancia de sus jardines, la mezcla justa de barroquismo y sencillez de las construcciones, la belleza inconmensurable de un conjunto sabiamente integrado en el entorno. Además, los arquitectos musulmanes se encargan de hacer de Granada una de las ciudades más importantes de su tiempo. Todavía hoy, Granada reúne uno de los conjuntos de arquitectura islámica más notables de España, con restos de murallas, puertas, mezquitas, casas, palacios, baños, infraestructuras, etc. - ________________________________________ - Muy cerca de la Alhambra se encuentran tres áreas urbanas que ya en época islámica funcionaban de manera autónoma, casi como ciudades en sí mismas. Se trata del Albaicín, la Medina y la Rabad al-Fajjarin, conjuntos de especial significación. Restos todavía visibles de la época califal son el Corral del Carbón -un grupo de viviendas levantadas en torno a un patio común-, los preciosos baños árabes del Bañuelo o el campanario de la iglesia de San José -un antiguo alminar de época zirí, con sillería de gran factura-. Asimismo, quedan muestras de construcciones públicas, como algunas puertas en ángulo. Granada era una gran ciudad en el siglo XV, rodeada por murallas y con un número indeterminado de puertas. En su interior, siguiendo a Caro Baroja en "Los moriscos del Reino de Granada", vivía una población "abigarrada, heterogénea, desconfiada". Organizada en barrios, muchas de sus calles eran oscuras y muy estrechas, pues las casas se arracimaban y juntaban hasta casi cerrar el paso. Algunas de ellas, además, estaban en práctico abandono "ante la indiferencia de una clase rica avarienta y una plebe angustiada por la carestía de los víveres, lo desmesurado de los impuestos y la estrechez del ámbito familiar", continúa Caro, siguiendo a Ibn al Jatib. Ciertamente la vida no debió resultar fácil en la Granada nazarita, pues la presión continua del enemigo castellano hacía a su población estar sometida al pago de tributos y a frecuentes incursiones de las tropas castellanas para capturar ganado y otros botines de guerra. Además, convertida en el último reducto musulmán, debieron llegar a ella multitud de gentes musulmanas expulsados de sus tierras por la reconquista, como las que se asentaron en el Albaicín hacia 1227, huyendo de las tomas de Baeza y Úbeda por Fernando III. Algunos autores calculan para este periodo una población cercana a los 50.000 habitantes, una cifra nada desdeñable. Dicho lo cual, callo aunque sea momentáneamente. Fernando protesta en los siguientes términos: - Bien, bien, bien. Y la Alhambra ¿dónde está? Ignacio le responde: - No se entenderá bien la Historia del arte si no se han limado bien todos los aspectos políticos. Dicho lo cual, continúo con mi discurso. Voy a tratar ahora sobre LA ALHAMBRA VISTA DESDE EL ALBAICÍN. - Conocemos bastante la producción artística granadina y especialmente su complejísimo palacio real, la Alhambra; en ella se resumen y exasperan tendencias espaciales, decorativas, funcionales y semánticas que el Islam había desarrollado desde los ya lejanos tiempos de las residencias omeyas; la compleja concatenación de patios y salones, las contradictorias relaciones con el paisaje, el uso consciente de la iluminación natural, el brillante resultado formal de baratos recursos tecnológicos, la habilidosa integración de aportaciones foráneas, etc., constituyen, en unas escasas hectáreas de difícil topografía, todo un recital de arquitectura, servida y vestida por una decoración y unos elementos mobiliares de la mejor calidad compositiva. - ¿Se me entiende bien?, pues el silencio es general. Por su parte, Luis defiende que: - Dicho entramado es un gran lío, sobre todo para las mentes que no se ejercitan. El rollo que tenía preparado, lo terminaré cuando veamos LA MAGIA DE LA ALHAMBRA - El interés ilustrado del siglo XVIII por la recuperación del pasado monumental, no sólo del mundo clásico, queda patente en la famosa expedición de 1766-67, impulsada, por la Academia de San Fernando de Madrid, que estaba integrada por los arquitectos José de Hermosilla y sus discípulos Juan de Villanueva y Pedro Arnal. La intención inicial de recuperar los retratos de los sultanes nazaríes, todavía conservados en la Alhambra, se vio notablemente ampliada con un escrupuloso levantamiento de planos y alzados tanto de la Alhambra como de la mezquita de Córdoba. Este trabajo pone de manifiesto el carácter abierto de la crítica neoclásica al enfrentarse con un mundo artístico tan radicalmente distinto de sus presupuestos estéticos, aunque se intentó eludir el aspecto ornamental del arte nazarí, centrándose particularmente en medidas y proporciones. Las láminas realizadas en el viaje serán editadas en el año 1780, por orden del Conde de Floridablanca, bajo el título "Las antigüedades árabes en España", impresión que fue objeto de un informe elogioso por parte deJovellanos en 1786, y ampliada con una segunda parte en 1804. Las antigüedades árabes tuvieron una considerable difusión en el extranjero y su título inspiró sin duda la obra del arquitecto y anticuario irlandés James Cavanah Murphy, "The Arab Antiquities of Spain", publicada en Londres en 1813-15; esta obra póstuma de Murphy, fallecido en 1814, que había estudiado durante los siete años de su estancia gaditana el arte hispanomusulmán, cambia radicalmente el punto de vista de la crítica neoclásica española al poner el acento en la ornamentación nazarí, desencadenando además una importante discusión historiográfica sobre el origen hispanomusuhnán del arco apuntado en el estilo gótico, discusión que se ha prolongado hasta el XX con autores como Elie Lambert, que han defendido el origen hispanomusulmán de la bóveda de crucería. - Sobradamente conocida es la distorsión apasionada que el período romántico introduce en el tema; junto a las obras literarias de Lord Byron, de Henry J. G. Herbert, o de Teófilo Gautier, hay que destacar la fortuna crítica de los famosos "Cuentos de la Alhambra" (1832) del ensayista e historiador norteamericano Washington Irving, que popularizó en esta obra varias leyendas nazaríes. Por otra parte, los grabados idealizados de pintores como David Roberts (1836-37) y John F. Lewis (1835-36) y los libros de viajes difundieron por Europa una imagen no verdadera de la Alhambra, sino romantizada de acuerdo con sus propias percepciones. Entre los viajeros del período romántico merece destacarse la presencia de Richard Ford con su familia entre 1830 y 1833, que alternaba los inviernos en Sevilla con los veranos en Granada. Su obra "The Handbook for travellers in Spain", asimismo ilustrada, editada en Londres en 1845, superó con creces la modestia del manual, que lleva por título, convirtiéndose en una de las guías sobre España más leídas en el siglo XIX. La difusión de una imagen más objetiva y más real de la Alhambra, en definitiva más analítica, según palabras de la investigadora Tonia Raquejo, se debe al arquitecto, litógrafo e impresor Owen Jones, quien tras dos viajes a Granada en 1834 y 1837, realiza su obra "Plans, Elevations, Sections and Details of the Alhambra", publicada en Londres en 1842-45, con un total de 104 cromolitografías. - Esta incorporación del color en la reproducción de la arquitectura constituye una de sus mayores novedades, aunque sin duda la mayor consecuencia práctica fue la presentación de un sistema de ornamentación -el alhambresco-, que el autor se propuso difundir entre los arquitectos y decoradores como una alternativa a la práctica arquitectónica y ornamental del siglo XIX. Nace así el neoalhambresco, estilo del que el mismo Owen Jones es el máximo representante como responsable de la decoración interior del Palacio de Cristal en Hyde Park para la Gran Exposición de Londres de 1851, y posteriormente de una Alhambra en miniatura, que con el nombre de Patio de la Álhambra construyó en 1854 para la reinstalación del palacio de Cristal en Sydenham, donde se reproducía el patio del palacio de Leones con su fuente, la sala de los Reyes y la sala de Abencerrajes con su famosa cúpula de mocárabes. Pero además la labor docente de Owen Jones en la Escuela de Diseño cristalizó en uno de los manuales teóricos más influyentes del siglo XIX, "The Grammar of Ornament", publicado en 1856, que junto con sus cromolitografías de la Alhambra se convierten en fuente inagotable de motivos para el nuevo estilo. A partir de este momento numerosas villas aristocráticas, hoteles, casinos, teatros, cines, salones de recreo, particularmente en Inglaterra y España, se levantan en el nuevo estilo alhambresco, que requiere una ingente producción industrial de cerámicas, solerías, arrimaderos, textiles y arte mueble en general. - Pero esta nueva dimensión de la magia de la Alhambra, que ya no sólo suscita obras literarias o ilustraciones gráficas como en el período romántico, sino que da lugar a una ingente recreación arquitectónica, va a tener una importante repercusión sobre el propio monumento. El académico Rafael Contreras Muñoz (1826-1890), especializado en el estudio de la ornamentación nazarí, pionero asimismo del neoalhambresco hispánico, fue nombrado restaurador adornista de la Alhambra. Rafael Contreras es responsable de numerosas intervenciones en el palacio nazarí, entre las que destaca la espectacular restauración de la sala de las Camas en el Baño Real, realizada entre 1848 y 1866, donde cambió todos los motivos ornamentales a su capricho e intentó restituir el color original sin conseguirlo. Este criterio restauracionista de la intervención monumental practicado por Rafael Contreras se prolonga, desde 1880 hasta 1910, a través de las intervenciones de su hijo, el arquitecto Mariano Contreras Granja, quien asimismo continuará los trabajos del taller de reproducciones creado por su padre, taller sumamente célebre, que extendió entre los viajeros y visitantes la fama de la ciudad palatina de Granada. El siglo XIX, apasionado por la Alhambra, nos legaba una visión falseada por la literatura romántica, por los grabados idealizados y por las restauraciones adornistas, conocida con el nombre de alhambrismo, que, a pesar de las deformaciones introducidas, indujo al público a gozar de la belleza pintoresca y exótica del monumento, por lo que constituye ya un patrimonio irrenunciable de la historia de la Alhambra. Pero quedaba por delante una ingente labor por recuperar la autenticidad del monumento, tarea a la que se han dedicado numerosos conservadores, historiadores del arte, arqueólogos y filólogos hasta nuestros días, una empresa sin concluir que pretende abrir una nueva interpretación del conjunto monumental. - Pues, por mi parte, aquí he terminado. Ignacio reitera su buena voluntad, aunque a Luis se le ocurre otro método para comprender la Alhambra - Si en vez de tanta conferencia, te centras en algunos aspectos propios del DICCIONARIO DE TÉRMINOS DE ARTE, se podría seguirte aunque fuera de lejos. Ignacio retoma la palabra y dice lo siguiente: - Como vosotros queráis. Empezaré, pues, con la palabra Al-Andalus que hace alusión a la parte de España bajo dominio musulmán a partir del año 711. Tras la Reconquista, este término se aplica solamente a Andalucía. Todos a coro gritan: ¿qué es el Albaicín? A lo que Ignacio responde lo que sigue: - Albaicín (origen incierto: Covarrubias sostiene que la palabra procede de Baeza, el barrio de los moros procedentes de Baeza). El Albaicín (el antiguo Rabat al-Bayyazin) es el barrio moro de Granada, situado en una colina. En el siglo XVI, y hasta su expulsión en 1569, numerosos moriscos habitaban allí. Durante la guerra de Granada, el Albaicín se sublevará, y la plaza de Bib el Bonut será un lugar estratégico. ¡Nada más! El resto de los presentes forma un quórum, en el que es elegido quién habla, con la pregunta preparada por todos. Ahora habla Ana, la mujer de Ignacio e insiste en la voz limpieza de sangre. Por supuesto, le contesta Ignacio: - Ser cristiano viejo es tanto como no contar entre los ascendientes ningún judío o converso ni musulmán. Es decir, es cristiano viejo el que no tiene ningún ascendiente judío o moro. GUERRA DE GRANADA: La GUERRA DE GRANADA fue el conjunto de campañas militares que tuvieron lugar entre 1482 y 1492, emprendidas por la reina Isabel I de Castilla y su esposo, el rey Fernando II de Aragón, en el interior del reino nazarí de Granada, que culminaron con la rendición del sultán Boabdil, quien había oscilado entre la alianza, el doble juego, la contemporización y el enfrentamiento abierto con ambos bandos. en 1496. La victoria cristiana tuvo como consecuencias la integración en la Corona de Castilla del último reino musulmán de la península ibérica, finalizándose el proceso histórico de la Reconquista que los reinos cristianos habían comenzado en el siglo VIII. Ese hecho motivó que el papa Alejandro VI concediese a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos en 1496. Los diez años de guerra no fueron un esfuerzo continuo: solían marcar un ritmo estacional de campañas iniciadas en primavera y detenidas en el invierno. Además, el conflicto estuvo sujeto a numerosas vicisitudes bélicas y civiles. En el bando cristiano fue decisiva la capacidad de integración en una misión común que emprendió principalmente la Corona de Castilla, apoyada por la nobleza castellana y el imprescindible impulso del clero, bajo la autoridad de la emergente Monarquía Católica. La participación de la Corona de Aragón fue de menor importancia: aparte de la presencia del propio rey Fernando, su participación consistió en la colaboración naval, la aportación de expertos artilleros y el empréstito financiero. En el bando musulmán fueron notables los enfrentamientos internos entre distintas facciones que favorecieron el éxito de sus contrarios. La protocolaria entrega de las llaves de la ciudad y la fortaleza-palacio de la Alhambra el 2 de enero de 1492 se sigue conmemorando todos los años en esa fecha, con un tremolar de banderas desde el Ayuntamiento de Granada. La guerra de Granada, a pesar de mantener muchos rasgos de la Edad Media, fue una de las primeras guerras de la Edad Moderna, por el armamento y tácticas empleadas (más que batallas en campo abierto, fueron decisivos los asedios resueltos con artillería, y las maquiavélicas maniobras políticas, aunque no faltaron ejemplos de heroísmo caballeresco, también propios de la época). Significó una etapa intermedia clave en la evolución bélica de Occidente entre la Guerra de los Cien Años y las Guerras de Italia. También era moderna la condición del ejército vencedor, al que, a pesar de su heterogénea composición, o precisamente por ella (acudieron todo tipo de fuerzas, desde las tradicionales, reunidas por los nobles, los concejos, las órdenes militares, los señoríos eclesiásticos; hasta otras como la recientemente organizada Santa Hermandad y auténticos mercenarios profesionales provenientes de toda Europa incluyendo un grupo de arqueros ingleses dirigidos por Lord Scale) se suele considerar como un precoz ejemplo de ejército moderno, permanente y profesional (para la historiografía más tradicionalista, con rasgos de ejército nacional, probablemente con abuso del término), en un momento en que se estaban definiendo las monarquías autoritarias que conformarán los estados-nación de Europa Occidental. España, en trance de formar su unidad territorial, fue uno de los principales ejemplos tras el matrimonio de los Reyes Católicos (1469) y su victoria en la Guerra de Sucesión Castellana (1479). La guerra de Granada fue utilizada para asociar al Reino de Castilla y al Reino de Aragón en un proyecto común, ofreciendo a la aristocracia una actividad al mismo tiempo lucrativa para ella y útil a la monarquía, que puede ser exhibida al mismo tiempo como empresa religiosa en conformidad con la nueva forma de identidad social más combativa: el espíritu del cristiano viejo. La guerra de Granada, al ser la última posibilidad de expansión territorial de los reinos cristianos frente a los musulmanes en la península ibérica significó el fin de la Reconquista, proceso histórico de larga duración que había comenzado en el siglo VIII. Aunque no faltaron operaciones militares más importantes, fueron puntuales y limitadas en extensión, como la toma de Antequera (1410), que sirvió fundamentalmente para prestigiar a Fernando I de Aragón de Trastámara, que añadió el nombre de la ciudad conquistada al suyo, como los generales romanos, siéndole muy útil para su elección como rey de Aragón en el compromiso de Caspe (1412); o la batalla de La Higueruela (1431), en el reinado Juan II de Castilla, que también en este caso fue objeto de un aparato propagandístico desproporcionado en beneficio del valido Álvaro de Luna. El enfrentamiento entre Cristianismo e Islam dotaba al conflicto de un rasgo inequívocamente religioso, que la implicación vigorosa del clero se encargó de remarcar, incluyendo la concesión por el papado de la Bula de Cruzada. Terminada la guerra, Isabel y Fernando recibieron el título de Católicos (1496) por el papa valenciano Alejandro VI, de la familia Borgia, en un reconocimiento del ascenso de España como potencia europea homologable, en lo que tampoco era ajena la política de "máximo religioso" de los Reyes, que había producido la expulsión de los judíos en 1492, poco después de la toma de Granada. La presión sobre los conversos, a través de la recién instaurada Inquisición española, estaba siendo particularmente dura desde el primer auto de fe (Sevilla, 1481). Por si esto fuera poco, el Papado también les concedió el Nuevo Mundo descubierto y por descubrir (de nuevo en ese mismo año) a cambio de su evangelización, todo ello en el conjunto de documentos conocido como Bulas Alejandrinas. Las referencias a la recuperación de Jerusalén no dejaron de estar presentes como un horizonte retórico. Como proceso histórico, el avance territorial español no se detuvo con la toma de Granada y continuó de hecho durante el siglo siguiente, al seguir existiendo las fuerzas sociales que alimentaban esa necesidad expansiva. Esa expansión pudo verse en el exterior que, junto a los azares dinásticos que reunieron diversos territorios europeos, formó el Imperio español: la simultánea conquista de las Islas Canarias y la posterior Conquista de América ("descubierta" el 12 de octubre de 1492, en la expedición prevista en las Capitulaciones de Santa Fe firmadas por Colón y los Reyes frente a la Granada asediada); de la toma puntual de plazas del norte de África; además de la conquista del cristiano reino de Navarra en 1512. Fue experimentada en las guerras de Granada una nueva formación militar mixta de artillería e infantería dotada de armamento combinado (picas, espingardas, más tarde arcabuces...), con utilización menor de la caballería que en las guerras medievales, y con soldados mercenarios sometidos a una disciplina diferente a la del código de honor del vasallaje feudal, y sin olvidar contingentes no combatientes, en ocasiones numerosísimos: hasta 30.000 "obreros" en 1483, encargados de recoger o quemar cosechas (las famosas talas para debilitar la economía enemiga) y realizar otras tareas con valor táctico y estratégico. Esta innovadora unidad militar fue conocida posteriormente como tercios. A los pocos años se utilizaron con éxito en las Guerras de Italia al mando de un militar experimentado en las campañas andaluzas: Gonzalo Fernández de Córdoba o el Gran Capitán. De todos modos, aunque se ha insistido en ello abundantemente por la historiografía, no conviene exagerar el precedente: las entrenadas tropas de choque castellanas de las Guerras de Granada seguían siendo esencialmente la caballería real y señorial, y las milicias a pie, en su mayor parte eran de reclutamiento concejil, en gran parte no combatiente, y su rendimiento fue mediocre. Para Ladero Quesada fue la última hueste medieval de Castilla, claramente diferente de los cuerpos profesionales del siglo siguiente. Lo que sí puede considerarse una clara muestra de la forma moderna de hacer la guerra es el volumen de medios empleados: hasta 10.000 caballeros y 50.000 infantes, y más de 200 piezas de artillería construidas en Écija con ayuda de técnicos franceses y bretones. Los artilleros pasaron de ser cuatro en 1479 a 75 en 1482 y 91 en 1485, muchos de los cuales proceden de Aragón, Borgoña o Bretaña. La cantidad de animales de tiro y carga también se contaba por decenas de miles (hasta 80.000 mulas requisadas en un año). La guerra fue casi completamente terrestre. Aunque hubo una considerable presencia naval de buques castellanos (del Atlántico andaluz, vascos y de otros puertos cantábricos) y aragoneses, no pasaron de realizar una eficaz función de bloqueo, vigilancia y corso, dificultando la relación de los granadinos con sus posibles aliados del otro lado del Estrecho, que tampoco demostraron mucho interés por intervenir. En cuanto a los costes financieros, fueron inmensos. Ladero Quesada aventura una cifra de mil millones de maravedíes para la Corona y otro tanto para los demás agentes que intervinieron. Se consiguió recaudar, además de los ingresos ordinarios (siempre en maravedíes): 650 millones con la Bula de Cruzada, 160 millones con subsidios o décimas del clero (habitualmente exento) y 50 millones de las juderías y comunidades mudéjares. Solo los esclavos vendidos tras la toma de Málaga significaron más de 56 millones. Siendo insuficientes, se recurrió al crédito tanto en Castilla (de forma obligatoria a concejos, a la Mesta, a las colonias de mercaderes extranjeros y a algunos nobles) como fuera de ella (16 millones en Valencia) y la emisión de juros con un interés entre el 7 y el 10%. Dicho lo cual, Ignacio debiera dejar evolucionar sus conceptos. Él tiene que hacer el esfuerzo de adaptarse a sus alumnos. Pues éstos no son versados en estas cuestiones. Hacha la correspondiente visita a Alhambra, el guarda sus papeles e inicia un contacto íntimo con sus compañeros, a los que enseñará empleando el tú a tú. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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