martes, 1 de octubre de 2024

RELATO, MIS QUERIDOS ABUELOS.

Hoy, con mucho cariño, paciencia y trabajo, os voy a hablar de mis abuelos. El Día de los Abuelos o Día del Abuelo es un día conmemorativo dedicado a las personas mayores dentro de la familia, que complementa al Día de la Madre y al Día del Padre. Esta jornada se celebra solo en algunos países, con diferencias en la denominación, motivación y fecha. En algunos países de cultura cristiana se ha elegido el 26 de julio, por ser el día en el que la liturgia católica conmemora a san Joaquín y a santa Ana, padres de la Virgen María y, por tanto, abuelos de Jesús. Adicionalmente, la ONU promueve la celebración a nivel internacional de una jornada que recuerda a las personas mayores en general: el Día Internacional de las Personas de Edad, que tiene lugar el 1 de octubre. En España, el Día de los Abuelos se celebras el 26 de julio. Este día coincide con santa Ana y san Joaquín, padres de la Virgen María y, por tanto, abuelos maternos de Jesús. A ellos se les considera los “patrones” de todos los abuelos. Aunque no se ha celebrado siempre, fue la ONG Mensajeros de la Paz quien promovió esta festividad en 1998. En esta conmemoración se quiere erradicar el edadismo, reconocer el rol de los abuelos/as como agentes socializadores de los nietos/as, fomentar la riqueza del intercambio intergeneracional para el bienestar mutuo, y advertir que ejercer de abuelo/a es un derecho y no una obligación. En el Día Mundial de los Abuelos y Abuelas, CONFEMAC, junto a ayuntamientos y entidades de todo el territorio nacional que se han adherido a esta campaña, ha redactado un manifiesto que recoge las bondades y privilegios de ser abuelo y abuela, reconociendo la educación en valores a través de las relaciones intergeneracionales; pero también para advertir que ejercer de abuelo y abuela no tiene que ser una obligación ni una sobrecarga, sino un disfrute con beneficios mutuos. Asimismo, recogiendo las manifestaciones populares de un estudio realizado por la Confederación, este manifiesto acoge la necesidad de erradicar el edadismo cuando se llaman abuelos y abuelas a personas mayores sin conocer su situación: La del 26 de julio es una de las ocho campañas, relacionadas con las personas mayores, que ha puesto en marcha CONFEMAC a disposición de ayuntamientos y entidades de todo el territorio nacional, bajo el lema común: “Personas mayores, con los MISMOS derechos”. • Ser abuelo/a no significa ser mayor, sino tener nietos/as. Llamar abuelos/as a las personas mayores es edadismo, una forma muy sutil de etiquetarlas de la misma manera sin entender su diversidad. • Las personas mayores tienen derecho a tener un trato personalizado. Reivindicamos separar a imagen de la palabra “abuelo y abuela”, como sinónimo de “persona mayor”; porque las personas mayores son diversas, heterogéneas, y al igual que a una mujer o un hombre por tener 30 años y estar en edad de procrear no se les llama comúnmente mamá o papá, a las personas mayores no se las puede llamar abuelos/as. • Ser abuelo o abuela es un privilegio innegable, pero ejercer de abuelo o abuela no debe ser una obligación y, por ende, una sobrecarga en muchos casos. Desde CONFEMAC pensamos que ejercer o no como tales no es una atribución de los hijos sino un derecho de las personas mayores. • Considerar el mérito y las fortalezas de los abuelos y abuelas que actúan como como agentes socializadores de los nietos/as a través de la transmisión de valores, proveedores de cuidados, factores que influyen en su bienestar psicológico y en su salud. • Admitir que la relación de abuelos/as con los nietos/as fomenta los niveles de satisfacción y supone un beneficio mutuo cuando existe realmente un intercambio intergeneracional de experiencias. • Reconocer la labor que en muchos casos están desempeñando los abuelos/as como ayuda a las familias actuales y a la sociedad en general. • Apoyar la actividad de las personas mayores voluntarias en programas intergeneracionales que fomentan un conocimiento mutuo y retroalimentación de dos generaciones que tienen mucho que aportarse, desmontando ciertos estereotipos como el conocido «batallitas del abuelo/a» Por último, en este manifiesto se quiere reconocer la labor de los bisabuelos/as, que en muchos países se celebra el 29 de febrero, una fecha que se eligió mundialmente porque un bisabuelo/a es como tener «un abuelo más«, tal y como ocurre con los años bisiestos, que tienen un día de más. Actualmente, y aunque esta imagen está sesgada en la sociedad, la mayoría de los abuelos/as siguen trabajando y en activo, y gracias a la alta esperanza de vida, los bisabuelos/as vienen a cumplir funciones de abuelos/as (“Abuelos/as y Abuelitos/as” suelen diferenciarlos los nietos/as). Vaya por delante nuestro reconocimiento a esas personas que han sido abuelos y abuelas por segunda vez y siguen transmitiendo la educación en valores. Llegados aquí, podemos usar nuestra creatividad y preguntarnos: ¿Qué tiene la palabra abuelo? Y, después de meditarlo con tranquilidad y paciencia, podemos contestar a lo siguiente: Padre o madre de uno de los padres de una persona. Por otra parte, viene a nuestra mente la pregunta siguiente: ¿Qué significado tiene el abuelo? Respondiendo que es el padre del padre o de la madre. Asimismo, hombre de edad avanzada. Pero ¿Qué simboliza el abuelo? Además, los abuelos representan la dedicación. Debido, como decíamos antes a su longevidad y que, ya no trabajan, pueden dedicar más tiempo a sus nietos y nietas, ejercitar su paciencia y jugar con ellos. En el Día de los Abuelos, honramos y celebramos a aquellos seres queridos que han sido testigos de nuestras vidas desde el principio. Los abuelos son los guardianes de nuestra historia familiar, portadores de sabiduría y amor incondicional. Entonces, ¿qué representa ser abuelo? Es la vida de una persona que ha de vivir y crecer empapada del amor de los que le rodean, para tener todas las garantías para desarrollarse armónicamente ser feliz. El rol de los abuelos y abuelas en la vida de una persona es más que importante. Apoyo emocional, consuelo, orientación, transmisión de tradiciones e identidad familiar figuran entre sus funciones más destacadas. La Real Academia Española define a la palabra abuelo como el “padre o madre de uno de los padres de una persona”. Pero, ¿cuál es el origen de ese término? David Marín, lingüista senior de Babbel, plataforma de aprendizaje de idiomas, nos explica que historia hay detrás de esto. El especialista mencionó que la palabra abuelo tiene su origen en el latín "avolus", un diminutivo de "avus", que significa abuelo. "Avus", en tanto, está relacionado con el término protoindoeuropeo “awo”, que hacía referencia a un adulto mayor miembro del grupo familiar. En su evolución hacia el español, "avolus" se transformó primero en "avuelo" en el español antiguo y, finalmente, en "abuelo". “Este tipo de cambio fonético es característico de la evolución del latín vulgar hacia las lenguas romances, donde las consonantes y las vocales experimentaron transformaciones o se suavizaron con el tiempo”, detalló. Por lengua materna se entiende la primera lengua que aprende un ser humano en su infancia y que normalmente deviene su instrumento natural de pensamiento y comunicación. Con el mismo sentido también se emplea lengua nativa y, con menor frecuencia, lengua natal, explicaron desde el Centro Virtual Cervantes. La madre influ¿Por qué “materna” y no “paterna”? Según Marín, la expresión "lengua materna" se utiliza porque, “tradicionalmente, en muchas culturas las madres han sido las principales cuidadoras y responsables de la educación temprana de los niños, lo que incluye la enseñanza del idioma”. “Este rol materno es crucial en el desarrollo lingüístico del niño desde sus primeros años de vida. La madre influye significativamente en la adquisición del lenguaje de los hijos. El término 'lengua materna' refleja, por tanto, esta realidad social y cultural en la que la madre es vista como la primera fuente de aprendizaje del idioma”, amplió el vocero de Babbel. El término 'lengua materna' refleja una realidad social y cultural en la que la madre es vista como la primera fuente de aprendizaje del idioma. En ese contexto, también las abuelas ejercen una función fundamental. El lingüista sostuvo que en muchas sociedades ellas desempeñaron “un papel crucial en la transmisión de la lengua y la cultura, especialmente en comunidades tradicionales donde varias generaciones viven juntas o en proximidad”. Actualmente, destacó, “las abuelas no sólo ayudan a cuidar a los nietos, sino que también transmiten conocimientos y tradiciones orales, como historias, canciones, refranes y leyendas que son fundamentales para la preservación del idioma y la cultura”. Por otra parte, mencionó, “en muchas culturas indígenas y rurales las abuelas son las guardianas de la lengua y las tradiciones, y su papel es esencial para mantener viva la herencia cultural de la comunidad”. "Yayo Además de "abuelo" y "abuela", la RAE reconoce varios términos y acepciones relacionados a estas figuras. “Estos términos y sus variantes reflejan la importancia de los abuelos en la estructura familiar y en la transmisión de valores y conocimientos a las generaciones más jóvenes. Además, subrayan el respeto y el cariño que se les tiene en diversas culturas y regiones del mundo hispanohablante”, dijo Marín al tiempo que detalló tres de ellas: Abuelito/a: forma diminutiva y cariñosa de abuelo/a. Este término se usa a menudo para expresar afecto y respeto, subrayando la cercanía emocional con la persona mayor. Tata: término coloquial utilizado en algunas regiones para referirse a los abuelos. Es una forma familiar y afectuosa que refleja la relación cercana entre abuelos y nietos.En muchas culturas indígenas y rurales las abuelas son las Yayo/a: otra forma coloquial y afectuosa de llamar a los abuelos, especialmente en algunas zonas de España. Similar a "abuelito/a", "yayo/a" conlleva un tono cariñoso y familiar. ¡Maravillados y embelesados, los abuelos de todo el mundo contemplamos al recién nacido! Es la vida de una persona que ha de vivir y crecer empapada del amor de los que le rodean, para tener todas las garantías para desarrollarse armónicamente y ser feliz. A muchos nos ha dejado huella aquella frase de de Saint-Exupéry: Lo esencial es invisible a los ojos. Tratemos de abrir los ojos del corazón para ir descubriendo nuevos sentimientos que nos amplíen la visión de la vida. Y no miremos sólo con los sentidos, contemplemos también con la inteligencia y, así, veremos más allá de lo que es perceptible, y al mismo tiempo ampliaremos la capacidad más propia del ser humano: la capacidad de amar. La contemplación es imprescindible para ser feliz; nos aligera el espíritu y nos da equilibrio y serenidad personal. Vamos siempre acelerados y nos conviene detenernos, ponderar y vibrar con una nueva ternura. ¡Y, qué mejor motivo que el nacimiento de un nieto! La experiencia de ser abuelos nos permite sentirnos jóvenes porque se renuevan los ánimos. Y, aparte de la juventud del alma, se renueva la del cuerpo: no hace falta hacerse ningún tipo de tratamiento de estética —si no es del todo imprescindible— porque esta alegría íntima que tenemos los abuelos se expande hacia fuera. Es un privilegio seguir hacia delante y no mirar atrás. Muchos de nosotros recuperamos el optimismo, sonreímos más y difundimos la buena nueva de un nacimiento a los cuatro vientos. La edad cronológica es la que tiene nuestro cuerpo, la mental depende de nuestros objetivos. Se puede ser viejo no siéndolo, si uno pierde el interés y curiosidad por la vida. Por fortuna se puede ser joven siendo mayor si se está dispuesto a aprovechar que ya no se ha de ir con el mismo ritmo de la época laboral y se practican con más calma las aficiones que teníamos arrinconadas, y éstas, ¿por qué no compaginarlas con las de ejercer de abuelos? Tenemos la clave para saber cuál es nuestro papel; con la edad hemos ido adquiriendo la madurez suficiente para pasar por alto las banalidades y valorar lo que es esencial, a la vez hemos aprendido a animarnos solos, sin recibir constantes elogios - como necesitan las criaturas – y así poder comprender todo lo que vaya sucediendo en las relaciones con los hijos casados y con los nietos. Es de Tolstoi esta frase que puede ayudarnos a encontrar nuestro lugar y ser realistas: El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace. Amemos el papel que nos toca hacer. Podemos imaginarnos qué vida tan desgraciada tendríamos si a menudo nos dijéramos: “¡ojalá fuera más joven!”, “¡ojalá mis nietos me vinieran a ver más!,“¡ojalá no me hubiera casado!”, “¡ojalá mis hijos vivieran en casa !”, “¡ojalà tuviera una situación social diferente!”, “¡ojalá mi hija o mi hijo se hubieran casado con uno de los hijos de mis amigos!”, “¡ojalá este nieto no fuera adoptado!”, “¡ojalá mi marido o mi mujer fuera de otra manera!”, “¡ojalá yo tuviera una salud de hierro”! y así mil ejemplos de quejas y de pensamientos negativos que nos convertirían en lloricas e infelices. Debemos aprender a hacer de abuelos; muchos no tenemos demasiado clara cual es nuestra tarea. Al comienzo nos equivocamos a menudo: o pecamos de excesiva amabilidad y resultamos pelmazos, o de demasiado preocupados y transmitimos desasosiegos, o de muy lejanos por miedo a intervenir y parecemos bastante secos, y un largo etcétera, según la propia personalidad. ¡Que difícil nos resulta tener la cordura para ser oportunos en las acciones! A todos nos cuesta encontrar el término medio. Y nos preguntamos: ¿los abuelos servimos para malcriar o para educar? Parece de sentido común que la respuesta es “no” en los dos casos; a no ser que, por alguna excepción, se deba sustituir a los padres. Los abuelos no somos los mal criadores oficiales ni los responsables de la educación de los nietos, la responsabilidad es de los padres. Nosotros, ¿cómo lo diría?, seriamos como un brazo que se alarga para continuar allí donde no llegan ellos. Con esta actitud podemos encontrar nuestra realidad. Se comprenden situaciones en que los abuelos son necesarios para la buena marcha de los hijos y nietos cuando hay conflictos o situaciones extraordinarias que requieran la plena disponibilidad de los mayores. Ahora bien, la mayoría de los problemas del “síndrome del abuelo esclavo” se resolverían con una auténtica comunicación. Seria la sinceridad de decir un “no puedo” y saber pedir cuando empiezan a surgir problemas físicos y psicológicos derivados del agotamiento. No pueden olvidar los padres jóvenes que los abuelos no se atreven a decir que no pueden complacerles, por miedo a dejar de sentirse útiles o perder el cariño de los nietos; por tanto, deben estar atentos a las necesidades de sus mayores y, a la vez, es fundamental ser agradecidos y valorarles el beneficio de su entrañable tiempo. Seria ideal realizar actividades conjuntas las tres generaciones para reírse, disfrutar y pasarlo bien. De esta manera – al vivir una comunicación sin prisa, más relajada y confiada - menos abuelos, de buena voluntad, se romperían por el camino. No podemos olvidarnos que reunirnos para comer alrededor de la mesa también es un elemento de cohesión familiar, de reforzar vínculos afectivos y de crear climas de confianza serenos y sinceros. Ser prudentes en el empleo de la palabra es fundamental para preservar la autonomía del joven matrimonio, para potenciar su prestigio y para secundar los objetivos educativos que crean oportunos para sus hijos. Siempre acertaremos si llegamos a la conclusión de que lo que queda no son las prédicas ni las recomendaciones, sino lo que se ve, o sea, el testimonio que se ha sabido dar. Por tanto, el consejo para todos los que ejercemos de abuelos es el de predicar con el ejemplo, tener buen humor, optimismo, afrontar los problemas con serenidad, no asesorar si no nos lo piden, ser afectuosos y cuando hemos cometido un error, deshacer la equivocación y decir: «Me he equivocado, perdona». El afecto a manos llenas sí que perdura en el corazón de los hijos y de los nietos. Los consejos no vale la pena darlos, se deben vivir, es más valioso dar testimonio que pronunciar mil palabras. Es la manera de que los nietos descubran los valores de la discreción y de la prudencia. Y digo los nietos porque nuestros hijos ya lo habrán hecho hará algunos años, nos conocemos perfectamente ya que convivieron en nuestro hogar. ¿Y cómo transmitimos las raíces? Normalmente no diciendo frases tan temibles como: “En mis tiempos éramos mejores...”, “Lo de ahora es un desmadre, antes esto no pasaba”. Tendremos que permanecer atentos para transmitir la cultura de la vida, adaptada a los cambios vigentes pero con los valores de siempre. Tarea difícil pero no imposible cuando en la vida de los abuelos existe un buen contenido de simpatía, de honestidad, de sinceridad, de firmeza, de austeridad, de bondad, de respeto, de solidaridad, de paz y de justicia. Son nuestras raíces las que se proyectan de un pasado a un presente con la confianza de que nuestros hijos y nuestros nietos las prolongarán. Es fácil transmitirlas porque, normalmente, les atrae el sentimiento y el ánimo con que vivimos el legado que abuelos y padres recibimos de generaciones anteriores. Se trata de que niños y adolescentes, al reconocer sus raíces, encuentren su identidad y el lugar que ocupan respecto a sus ascendientes. Es su memoria biográfica. Todos necesitamos más que nunca de la experiencia y presencia de los adultos y de los mayores que están cerca de nosotros. Si el abuelo —que es portador de todo el bagaje de sabiduría—, queda arrinconado y nadie le escucha perderíamos, sensatez, madurez y reflexión. Valoremos con esperanza el privilegio de ser abuelos, capaces de ser conciliadores de la vida familiar, capaces de estar disponibles para dar ternura, fomentar la auto estima de los nietos para recorrer con seguridad el camino de la vida. Los términos abuelo y abuela son los nombres con los que los hijos designan al padre y a la madre de sus padres, y se les llama, respectivamente, abuelo paterno o materno y abuela paterna o materna. Los padres llaman nietos a los hijos de sus hijos. los abuelos forman parte importante de la familia extensa. En las culturas tradicionales, los abuelos han tenido un rol claro en relación con el cuidado de los nietos. Esto ha tendido a desaparecer, con el desarrollo de la familia nuclear. El trato más familiar hace que, en lugar de las palabras abuelo y ABuela, se utilicen términos más cariñosos y cercanos, tales como: yayo, tata, abu, abue, abuelito, nono, neno, papito, puzo, papá (nombre del abuelo). En los casos en que los padres no pueden brindar el cuidado adecuado a sus hijos, los abuelos pueden tener el papel de mantenedores o tutores, y es por eso que, desde 1998, la organización no gubernamental Mensajeros de la Paz celebra cada 26 de julio el día del Abuelo. Un término muy relacionado con el de abuelo es el de senectud. Ahora podemos preguntarnos ¿qué se entiende por senectud? La palabra senectud proviene del vocablo romano “senex” que significa más viejo y que se refería a las personas de entre 60 y 80 años. Por lo tanto, la definición de senectud puede ser la siguiente: Es el periodo de la vida humana que sigue a la madurez. Generalmente, se entiende que comienza sobre los 65 años. Si nos preguntamos ¿cuál es la diferencia entre vejez y senectud? habría que contestar lo siguiente: El significado de senectud se utiliza como sinónimo de tercera edad, términos que hacen referencia a 3 etapas: 60 a 70 años: senectud. 72 a 90 años: la vejez. más de 90 años: ancianos. Ahora nos preguntamos ¿cuándo es la senectud?, teniendo que responder la vejez es una etapa de la vida que comienza a los 60 años y es considerada la última etapa de vida y forma parte del envejecimiento. Para quienes trabajamos con y para personas mayores será indispensable que contemos con una idea clara de estos conceptos. Ahora podemos pensar ¿qué significa la palabra Senecto? Se considera senecto a la persona que se encuentra en un proceso de envejecimiento normal, como el lento y progresivo declinar en los aspectos biológicos, psicológicos y sociales. Entonces, ¿cuáles son las 4 etapas de la vejez? Primera Etapa: prevejez o jubilación. Segunda Etapa: Vejez temprana. Tercera Etapa: vejez intermedia. Cuarta Etapa: vejez avanzada o fragilidad. Así, pues, ¿qué edad es el comienzo de la vejez? Vejez: de los 72 a los 90 años. ancianos: de los 90 en adelante. Lógicamente, ¿qué pasa en la senectud? Está correlacionado con el avance del paso de los años y configura las transformaciones físicas, cognitivas, emocionales y sociales del individuo que, inexorablemente, se relacionan con la pérdida de las capacidades corporales y funcionales graduales y de disminución de la densidad ósea, el tono muscular y la fuerza. Ahora, tendremos que contestar a ¿qué quiere decir senescente? Pues quiere decir proceso de envejecimiento. En el ámbito de la biología, la senescencia abarca el envejecimiento de las células hasta que dejan de dividirse, pero no mueren. Con el tiempo grandes cantidades de células envejecidas o senescentes se acumulan en los tejidos del cuerpo. OTRA PAREcida, ¿QUÉ SIGNIFICA SENILITUD? Degeneración progresiva de las facultades físicas y psíquicas. Y ahora nos preguntamos ¿cuándo empieza la senescencia? Cuando nuestras células reciben un daño que supera su capacidad de adaptación, éstas experimentan un fenómeno llamado “senescencia celular”, en el cual dejan de cumplir su función normal e inician una respuesta inflamatoria. La senilidad, derivada del latín "senilis", hace referencia a una serie de cambios tanto físicos como cognitivos asociados con el envejecimiento avanzado. En el ámbito médico, este término a menudo se utiliza para describir la disminución de la función mental y física que puede acompañar a la vejez. Sin embargo, es importante aclarar que el término "senilidad" ha evolucionado con el tiempo y hoy en día es más preciso y adecuado hablar de demencia o de enfermedades neurodegenerativas específicas, como la enfermedad de Alzheimer. En medicina moderna, se utiliza con mayor frecuencia el término "demencia" para describir estas alteraciones cognitivas severas que interfieren con las actividades diarias. La demencia es un término general que abarca una serie de enfermedades y afecciones, incluyendo la enfermedad de Alzheimer, que es la forma más común. Estas afecciones se caracterizan por la pérdida progresiva de las habilidades cognitivas y de memoria, que afectan la capacidad del individuo para funcionar de manera independiente. Es crucial señalar que, aunque la demencia es más común en la vejez, no es una parte normal del envejecimiento. Los cambios en el cerebro que causan demencia son el resultado de enfermedades neurodegenerativas y otros procesos patológicos. Los avances en la investigación médica han llevado a una mejor comprensión de estas enfermedades y a mejoras en su diagnóstico y tratamiento. Además de los cambios cognitivos, la senilidad también ha sido asociada con una disminución en la función física. Esto puede incluir la disminución de la fuerza muscular, la movilidad reducida, y una mayor vulnerabilidad a las enfermedades y a las lesiones. Sin embargo, muchas de estas disminuciones en la función física también pueden ser el resultado de enfermedades crónicas, como la enfermedad cardíaca y la diabetes, que son más comunes en la vejez. Es esencial distinguir entre los cambios en la salud y la función que son normales con la edad, y aquellos que son el resultado de enfermedades y afecciones médicas. Los profesionales de la medicina, en particular los geriatras y los neurólogos, desempeñan un papel crucial en el diagnóstico y el tratamiento de las condiciones asociadas con la senilidad. La atención médica de calidad para los adultos mayores debe centrarse en la promoción de la salud y la independencia, la prevención y el manejo de las enfermedades crónicas, y el mantenimiento de la función física y cognitiva en la medida de lo posible. Senectud, término proveniente del latín 'senectus', se refiere a la última etapa de la vida humana, el envejecimiento o, como se denomina en términos médicos, la gerontología. Aunque el envejecimiento es un proceso natural e inevitable de la vida, los efectos y experiencias de la senectud pueden variar considerablemente de una persona a otra. El envejecimiento del cuerpo humano implica una serie de cambios fisiológicos graduales y continuos que afectan a todos los sistemas del cuerpo. Entre estos cambios se encuentran la disminución de la capacidad de los tejidos para regenerarse, la reducción de la función inmunológica, los cambios en el metabolismo y la función endocrina, y el deterioro de la función cardiovascular y neurológica. Sin embargo, es importante recalcar que, si bien estos cambios son una parte normal de la senectud, no deben confundirse con la enfermedad. Un envejecimiento saludable puede acompañarse de vitalidad y buena salud. La senectud no solo abarca los cambios físicos y biológicos, sino que también implica cambios psicológicos y sociales. Estos pueden incluir la adaptación a la jubilación, la pérdida de seres queridos, los cambios en las relaciones sociales y el afrontamiento de los desafíos cognitivos que a veces pueden acompañar al envejecimiento. En esta etapa de la vida, el apoyo social, el mantenimiento de un estilo de vida activo y saludable y el acceso a cuidados de salud apropiados pueden jugar un papel crucial en la promoción de la salud y el bienestar. En la medicina, el estudio y la atención de la senectud se engloban dentro de la geriatría, una especialidad que se centra en la salud y el cuidado de los adultos mayores. Los geriatras, médicos especializados en esta área, tienen una formación especializada en los aspectos únicos de la salud de los adultos mayores. Ellos reconocen que las personas mayores pueden tener diferentes necesidades de atención médica que las personas más jóvenes y están capacitados para tratar afecciones médicas complejas, gestionar múltiples medicamentos y coordinar el cuidado entre varios profesionales de la salud. Es importante destacar que la senectud no es un estado de enfermedad, sino una etapa natural y fundamental de la vida. La visión de la senectud ha cambiado considerablemente en las últimas décadas, con un enfoque creciente en el envejecimiento saludable y activo. Se entiende cada vez más que la calidad de vida en la senectud depende en gran medida de factores como el acceso a la atención médica, el apoyo social, el mantenimiento de un estilo de vida activo y una alimentación saludable, y el control de enfermedades crónicas. La medicina moderna ofrece una variedad de herramientas y recursos para apoyar a las personas en la senectud. Estos incluyen medicamentos para controlar enfermedades crónicas, terapias físicas y ocupacionales para mantener la movilidad y la funcionalidad, y servicios de apoyo psicosocial para mantener la salud mental y el bienestar emocional. El término vejez se refiere a la experiencia de ser viejo/a. La sociología de la vejez es la parte de la sociología que analiza los procesos y relaciones que tienen lugar en torno a las personas que alcanzan una edad que convencionalmente suele ser los 65 años, que es la edad más común para la jubilación. La vejez y las personas viejas se constituyen en tema de interés para la investigación de una forma creciente. Los primeros estudios tuvieron un carácter negativo. Muchos se realizaron con muestras de personas ancianas enfermas, en residencias. Las investigaciones más recientes rompen con los estereotipos negativos anteriores. Un aspecto a resaltar es el creciente protagonismo social de las personas ancianas. Es la nueva vejez. Sin embargo, todavía existen grupos (entre las mujeres más ancianas sobre todo) que experimentan pobreza, enfermedad, aislamiento y soledad. En España la sociología de la vejez está surgiendo con fuerza. Ignasi Casals publicó el primer libro con el título de Sociología de la ancianidad (1982).Todos los aspectos relativos a la experiencia de la vejez y el proceso de envejecimiento necesitan un análisis profundo tanto de la situación como de las causas y consecuencias, así como de los cambios que se producen. Políticas y servicios sociales para las personas ancianas (su creación, modificación, y análisis crítico) son hoy campos de estudio fundamentales. Los cuidados de salud formales e informales son en este momento un tema de debate de máxima actualidad, cuando se discute sobre los cambios en los sistemas de bienestar. Otro objetivo de la sociología de la vejez puede ser el análisis del papel de la ideología en la construcción del rol de viejo/a. la extensión de la idea de crisis demográfica aparece acompañada del descubrimiento de las personas ancianas como personas activas, que conservan vigor y fortaleza suficientes para seguir trabajando más allá de los 65 años, y que se supone desean seguir haciéndolo. . Puede que si el derecho a la jubilación se acabó convirtiendo en una obligación, el derecho a la actividad se acabe considerando un deber social. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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