PRÓLOGO AL LIBRO DE "MIS RELATOS".
En este Prólogo, que agrupa una pequeña obra de teatro y dos relatos cortos, vamos a platicar un rato sobre el relato. Mi intención, como he plasmado en este prólogo, era redactar un libro de unas 300 páginas que agrupara varios relatos de mi autoría, como son: - ¡Una boda que se las trae! - Aires de romería. El Rocío. - Y, por último, Con faldas y ¡a lo loco! Pero antes de desbrozar este contenido, como he dicho anteriormente, vamos a hablar un rato sobre el relato. En un sentido muy general, la palabra Relato se traduciría por una 1. “Comunicación con palabras o narración oral que se hace de algún hecho o suceso”. También se entiende por Relato, en lo que respecta a la Literatura, a toda “Breve narración literaria”. Y, por último, según la Narratología, se trata de una “Disposición orgánica y formal de los elementos narrativos, ordenados y relacionados entre sí con el fin de reflejar una estructura de pensamiento particular”. En marzo del 2020 nos confinaron en nuestras casas. Nosotros, que somos amantes de la escritura, especialmente de la escritura a mano, pensamos que deberíamos de poner nuestro pequeño granito de arena para ayudar a la gente a pasar de la mejor manera posible, o al menos la más entretenida posible, dicho confinamiento. Nos gusta escribir, pero llevar a cabo una novela larga, es una tarea que está al alcance de muy pocos. Sin embargo un relato corto puede escribirlo cualquiera y es muy entretenido. Para ello hay que utilizar la imaginación, enfrentarse a una hoja en blanco, pensar en una estructura, empezar a escribir, corregir, mejorar… Es una actividad placentera en la que el tiempo, como sucede al leer, siempre que te guste obviamente, se pasa de forma agradable. La creación de relatos no es tediosa. Al contrario: a quien escribe le surgen un sinfín de sentimientos. Una historia alegre produce alegría, nostalgia e incluso tristeza mientras que una historia de miedo ambienta la cabeza y te sumerge en las tinieblas. Las historias tristes producen tristeza, quizá tanta como sufrirlas, en algunos casos. Los relatos históricos te llevan a tiempos pasados y las eróticos, excitan. Quien escribe un cuento infantil revive su infancia, aunque sólo sea una parte de ella. La autoría es la primera en experimentar todas esas sensaciones. Escribir un relato corto es ameno, divertido, entretenido. Aprenderás muchas cosas sobre tu propio ser y sobre tus sentimientos y te hará mejor persona. Podemos describir el relato como una narración de acciones que suceden a unos personajes en el espacio y en el tiempo. En ellos, el narrador posee el papel más importante. Un relato corto debe resolverse, generalmente, en 1200-1700 palabras, siendo así más extensos que un cuento pero menos que una novela. Cuando una persona le cuenta algo a otra, está relatando una situación, es decir, construyendo un relato. “Salí de mi casa y, cuando iba a subirme al tren, escucho un grito. Apenas me doy vuelta para mirar qué había ocurrido, veo que un hombre viene corriendo con una cartera y una mujer que le grita desde atrás. Un relato corto suele tener entre 1000 y 10.000 palabras. Labov (1972) considera como relatos simples a aquellos que contienen solamente cláusulas narrativas, es decir aquellas que están ordenadas siguiendo la secuencia temporal. En cambio, los relatos desarrollados tienen varias secciones que, si se dan en su totalidad, son: resumen, orientación, evaluación y coda. Un relato consta de una anécdota (el evento que se cuenta), personajes (a quienes ocurre la anécdota), escenarios (lugares donde ocurre la anécdota) y un narrador (la voz que cuenta la anécdota). Este último es su rasgo distintivo frente a otras formas literarias. La estructura narrativa es la que muestra hechos de cierta manera cronológica. Generalmente, inicia presentando a los protagonistas (introducción), después el desarrollo y por último el desenlace. Pero una vez de proseguir hacia delante, conviene que tengamos claras las siguientes ideas. Un relato es una narración, oral o escrita, de hechos ocurridos o imaginarios. El relato hace referencia a la historia tal se manifiesta en el discurso narrativo, lo cual implica que incluye la información sobre los hechos, pero no las circunstancias, descripciones, etc., que forman parte de ese discurso, las cuales, siendo parte del discurso, no constituyen propiamente el relato. En el relato puede ofrecerse la historia completa o incompleta, puede mantenerse el orden de los acontecimientos o alterarse, puede contarse varias veces el mismo suceso, etc. El relato está presente en todas las culturas y épocas, manifestándose en diversos subgéneros narrativos: mito, leyenda, fábula, cuento, novela, epopeya, historia, tiras cómicas, cine, noticias, conversación, etc. Para estudiar la pluralidad de relatos se han propuesto distintos métodos de análisis: el morfológico (V.Propp), el actancial (A. J. Greimas), el lógico (C. Brémond), el genético (Levi Strauss), el gramatical (Todorov y Van Dijk, con la lingüística del texto), etc. Según Romera Castillo, los relatos pueden ser: a) singulativos: un único discurso relata un solo acontecimiento; b) competitivos: varios discursos relatan un único acontecimiento (como en las novelas de Beckett); c) iterarios: un discurso único y diversos acontecimientos (como en las obras de Proust). En otro sentido, esta obra titulada Mis relatos es una combinación de relatos que nos lleva por diferentes escenarios y momentos clave de la vida cotidiana, con un fuerte enfoque en el costumbrismo español, las tradiciones populares y las relaciones humanas. La narrativa mezcla comedia, drama y crítica social a través de episodios que se desarrollan en contextos variados, desde las tradiciones populares de Andalucía hasta los enredos de una boda en Madrid. Sobre el costumbrismo literario español en el siglo XIX se pueden decir muchas cosas. El costumbrismo del XIX se emparienta, de modo tangencial, con el romanticismo y el realismo literarios. Los estudiosos han señalado varias causas para el nacimiento de este movimiento, que intenta pintar en cuadros o escenas una realidad española (matritense primero, de provincias después) y que participa más del tipo que de la individualidad y especificidad psicológica. Con antecedentes remotos en el realismo de formas novelísticas como la picaresca, el surgimiento del costumbrismo se relaciona con dos hechos cruciales: la existencia de una sociedad en vías de transformación, donde las revueltas políticas, los desengaños y pasiones ciudadanas son abundantes (nos referimos a la época posterior a la invasión napoleónica); y el desarrollo del periódico, que permite transmitir de manera más directa que el ensayo, la novela epistolar o el discurso como modelos de exposición de ideas triunfantes en la centuria anterior, impresiones o ideas. Su carácter de género independiente y autónomo queda subrayado por el hecho de que sus cultivadores tuvieron conciencia de escribir algo diferenciado de la novela. Mesonero Romanos, en su Panorama (a modo de manifiesto del género), lo definió por su rapidez, agilidad y cuidado estilístico. Los críticos han definido con posterioridad otros elementos formales y discursivos. En especial, la mediación que se produce entre el mensaje y el receptor a través de la figura de un narrador omnisciente (que se presenta por lo general escondido tras un seudónimo) a quien liga con el lector una complicidad, a modo de guiño, basada en la pertenencia a un mismo sistema de coordenadas culturales, espacio-temporales y morales. La crítica también ha discutido, en el terreno del contenido, el grado de conformismo político e ideológico del género, que fluctúa desde la queja de Larra, al sosiego de Mesonero Romanos y el lirismo romántico de Estébanez Calderón. También se han señalado las diferencias entre el llamado género costumbrista y la novela de costumbres, que procura el análisis de conflictos sociales y humanos individualizados en los personajes, frente a la ausencia de caracteres del costumbrismo, en aras de la esquematización de la realidad y su abstracción en tipos. Serafín Estébanez Calderón, "Pulpete y Balbeja" (Escenas andaluzas). Entre los autores y obras más representativos podemos citar a Larra (El Duende Satírico del Día, 1928); Mesonero Romanos (Panorama, Mis ratos perdidos, Escenas matritenses); Estébanez Calderón (Cartas españolas, Escenas andaluzas), Sebastián Miñano y Bedoya (Lamentos políticos de un pobrecito holgazán), Antonio María Segovia, Santos López Pelegrín, Los españoles pintados por sí mismos (publicada por Boix en 1843,1844), Antonio de Trueba, Vicente Barrantes, Luis Taboada, Luis Mariano de Larra e Isidoro Fernández Flórez. A finales de la centuria, el género acabaría por desaparecer, aunque sus mejores exponentes ya se habían producido más de un tercio antes de su defunción definitiva. Evidentemente, en este costumbrismo hemos querido recalar. Advertiremos que en la obra de teatro titulada ¡Una boda que se las trae!, dentro del más genuino colorismo y pintoresquismo, se han tocado diversos temas, que van desde las relaciones homosexuales, los celos, los prostíbulos, etc. Esta obrita de teatro nos presenta un relato moderno y desenfadado, centrado en los enredos y complicaciones que surgen en una boda, donde los secretos del pasado y las tensiones familiares crean situaciones cómicas y a veces dramáticas. La boda, celebrada en un lujoso restaurante de Segovia, se convierte en el escenario de una serie de eventos inesperados, en los que los protagonistas deben lidiar con antiguos romances, problemas financieros y la presión social que acompaña a este tipo de celebraciones. La obra está escrita con un estilo directo y claro. Los diálogos, especialmente en los episodios de la boda, son ágiles y reflejan de manera realista las dinámicas de los personajes. Los pasajes de la boda son ligeros, con un tono irónico que complementa las situaciones de enredo. En su conjunto, la obra explora temas como las relaciones familiares, las tradiciones culturales, y el amor en sus diferentes formas, desde la devoción religiosa hasta los secretos no resueltos del pasado. La habilidad del autor para combinar lo cotidiano con lo extraordinario, utilizando el humor y la reflexión, hace que la lectura sea entretenida y profunda a la vez. Por otra parte, las descripciones en Aires de romería, El Rocío capturan con precisión la atmósfera de la celebración andaluza, permitiendo que el lector sienta el fervor y la alegría de los peregrinos. En este relato las descripciones capturan con precisión la atmósfera de la celebración andaluza, permitiendo que el lector sienta el fervor y la alegría de los peregrinos. Uno de los puntos fuertes de esta obra es su capacidad para plasmar la cultura española de manera auténtica, presentando tanto sus tradiciones como sus conflictos cotidianos. Por ejemplo, en Aires de romería: El Rocío, la historia está profundamente enraizada en el folclore andaluz, mostrando los preparativos para la famosa romería del Rocío. Finalmente, el último relato que se presenta en este libro aborda un tema de Salud Mental muy actual. Si nos preguntasemos ¿qué se entiende por salud mental?, habría que señalar lo siguiente: La salud mental incluye nuestro bienestar emocional, psicológico y social. Afecta la forma en que pensamos, sentimos y actuamos cuando enfrentamos la vida. También ayuda a determinar cómo manejamos el estrés, nos relacionamos con los demás y tomamos decisiones. Y si alguien se interesara por ¿qué causa una mala salud mental?, habría que contestarle que la mala salud mental se asocia asimismo a los cambios sociales rápidos, a las condiciones de trabajo estresantes, a la discriminación y los mandatos de género, a la exclusión social, a los modos de vida poco saludables, a los riesgos de violencia y mala salud física y a las violaciones de los derechos humanos. Se trata, en definitiva, de un relato muy polémico, que está fundado en los diferentes diagnósticos que son ejercidos por el Dr. Echeverría y por Elena, su paciente. Así, que, quede claro que en nuestro siglo los sectores burgueses antimarxistas volvieron a utilizar lo popular y castizo, como ya sucedió en el XIX. Todos los fascismos totalitaristas apelaron a los símbolos y productos tradicionales, utilizaron el impulso atávico del etnocentrismo para cohesionar internamente y luego para derramarlo agresivamente hacia fuera, extrapolaron los mitos épicos, el exhibicionismo popular, y, en Alemania, un sentido orgiástico pagano que en España, con una Iglesia fuerte y poderosa, se reconvirtió en acendrada y católica religiosidad. En Alemania, no casualmente cuna del Volksgeist y no casualmente nación joven como tal, con un urgente imperativo de cohesión interna, el nazismo arrasó. Como en Italia, nación asimismo joven. En España, por la misma época, sucede lo mismo. Tras el 39, España se vuelve a cerrar, por designio del poder autóctono y porque el exterior le hace el vacío. La desolación interior y el trauma de un país esquizofrénico y archipobre se vuelven a llenar de casticismo: es la zarzuela, el sainete, la canción española y el cine. Es la españolada. La sección femenina busca y captura y en ocasiones “pule” el folklore. España es diferente, es la reserva espiritual de Europa, o sea, del mundo, el pueblo dilecto de Dios, aunque tan sufrido. Si el nazismo se incoa en una Alemania destruida por la I Guerra Mundial, la españolada se incoa en las convulsiones del primer tercio de siglo y estalla en una España arruinada por la guerra civil. Y se incoa en los dos bandos: Miguel de Molina representó el casticismo de todo tipo de vencidos mientras otras estrellas representaron el casticismo de los vencedores. Los intelectuales de la generación del 50 discrepan: dan testimonio de la España real, de nuevo en contra de la oficial de pandereta, pero sus productos, sórdidos y deprimentes, no conectan con la sensibilidad castiza. El obrero ceñudo y anónimamente mal vestido no es un modelo castizo. El ensimismamiento de posguerra da en casticismo tanto popular como arqueológico, tanto espontáneo como inducido, en cualquier caso repelido por los jóvenes sectores intelectuales progresistas. El desarrollismo de los 60, el turismo, los tratados bilaterales con los EEUU, etc., generan muchas novedades. De un lado, un casticismo turístico rentable, que más que rito de identidad es negocio que sale barato: el capital a invertir lo da el país por definición y el ingenio de la propia persona. De otro lado, una sociedad que va accediendo al confort, que se fija cada vez más en los dorados modelos de vida que salen en las comedias americanas. El casticismo va quedando cada vez más como producto de escenario, como espectáculo que no va más allá de las tablas. Los modelos humanos del casticismo rompen los límites de la sociedad tradicional. La españolada de gitanos y de folklóricas desgraciadas echadas a la mala vida por traición de señoritos va siendo sustituida por otro tipo de españolada: la de catetos obnubilados por las suecas en bikini; la de la gran familia urbana que alegremente se las ingenia para vivir feliz con su prole kilométrica; la de sor Citroen, monja castiza moderna; la de la niña Marisol, que en sus películas pasa de cantar lo de siempre siendo pobre a promocionar socialmente y cantar cosas actuales con su voz castiza y con amplias y vaporosas faldas de cintura inconcebiblemente escueta. Las madres populares de los 60 y 70 siguen alucinando con María de la O, pero para sus hijas prefieren el modelo Marisol, intermedio entre lo de siempre y los nuevos niños peludos y contestados, hippies burgueses que no respetan a sus mayores, se pasan el día vegetando y conspirando y no se casan por la Iglesia. Lo popular se va haciendo cada vez menos tradicional, menos castizo. Por otra parte, los intelectuales de la nueva generación, la del 68, son distintos a los del 50. Las ideas de la izquierda intemacionalista se van dando la mano con la reivindicación de las culturas minoritarias subyugadas por el imperialismo capitalista, de las culturas regionales oprimidas por el centralismo. El economista judeoamericano Alvin Toffler opina que mundialmente se tiende a las macroestructuras y a las microestructuras: a lo supranacional y a lo infranacional. Las estructuras capitalistas, cuya vanguardia son los Estados Unidos, tienden a sociedades pluralistas que asimilan y capitalizan las diferencias internas. Lo castizo es otro producto de consumo inserto en un consumo general que, como advierte Herbert Marcusse, hace al hombre unidimensional: una máquina de consumir con rapidez y variedad, sin criterio, sin sistema de valores, a merced del sistema de producción. Surge otra vez el miedo intelectual a la deshumanización, junto con la satisfacción e insatisfacción popular ante una vida vacía, proyectada como camino electrodoméstico hacia el electrodoméstico de oro. A niveles artísticos e intelectuales el cansancio de la razón pura, el cuestionamiento del funcionalismo y del mito tecnológico, la necesidad de rehabilitar la tradición y el concepto de la identificación con el medio irán cuajando en ese movimiento del último cuarto del XX que se autodenomina posmodernidad y que muchos intelectuales puros (o puramente marxistas) consideran reaccionario y narcotizante. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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