jueves, 7 de noviembre de 2024

PRÓLOGO AL LIBRO "DESDE MIS RELATOS".

Introducción En este Prólogo, a los relatos siguientes: 1. Dónde duermen las marionetas de todo el mundo. 2. Nuestros recuerdos: 100 años de moda y de juegos. 3. El arte mudéjar y Teruel. 4. El carnaval de Cádiz., vamos a centrarnos en las ideas: el relato y la narratología. Así, pues, yendo al principio diremos que, según la narratología, en una primera aproximación al término, el término "relato" suele usarse como sinónimo de cuento o narración breve. Sin embargo, desde una perspectiva narratológica, "relato" equivale a la estructura narrativa, es decir, a la disposición orgánica y formal de los elementos que intervienen en el diseño de la ficción (en cuanto imagen de la realidad) que la novela ofrece. Éste ha sido el cometido básico de los textos narrativos, en cualquier época o cultura: la función del género épico (tanto en verso como en prosa) es la de contar; o lo que es lo mismo: ordenar unos hechos en una linealidad temporal para que sean conocidos por un receptor. Da lo mismo que el texto sea un cantar de gesta, un cuento folclórico, una novela corta o un poema de clerecía: la dimensión narrativa con que se configura la realidad argumental que se transmite exige, necesariamente, construir una organización formal de la que dependen tres principios básicos: 1) la ordenación de los hechos para que sean recibidos en esa gradación que la obra propone, 2) la relación de unos hechos con otros, en un proceso que será tan complejo como las significaciones que el autor precise analizar, y 3) la configuración de una visión del mundo, de un proyecto de realidad, de una estructura de pensamiento a través del modelo narrativo conseguido. Estas tres características se exigen una a la otra y, de alguna manera, permiten comprender el modo en que un autor consigue que su obra comunique no sólo líneas argumentales específicas, sino lo que es más importante: una imagen, total y absoluta, del mundo reflejado en esa creación, que es el plano por el que el lector puede acceder a una realidad distinta a la suya. La estructura como imagen del mundo Una obra narrativa tiene que configurar, por tanto, una estructura formal que, en sí, sea portadora de una imagen del mundo. Este proceso no tiene por qué ser siempre premeditado, aunque esto sea lo habitual. Como ya se ha apuntado, la simple acción de contar determina ya unas pautas en la presentación de esos hechos; con intencionalidad precisa se eligen unos datos para ofrecerlos antes que otros, porque se considera que o son más importantes o los siguientes se entenderán mejor desde las perspectivas de los primeros. Quien obra guiado por estos principios está ya, aunque no lo sepa, estructurando una visión de la realidad, para que sea asimilada del modo en que él (como autor, es decir re-creador) quiere que sea entendida. Hasta en una narración oral son necesarios estos factores organizativos. Por supuesto, los cuentos tradicionales (con sus esquemas fijos de motivos y funciones narrativas) utilizan esquemas de ordenación muy simples, ajustados a las necesidades de recepción y también de asimilación memorística de esas líneas argumentales; cuando se produce el paso de la oralidad a la composición escrita, las técnicas narrativas van acumulando matices de complejidad, vinculados siempre a la evolución (cultural y psicológica) del público al que se dirigen estas obras. En cierta forma, describir la progresión sufrida por las estructuras formales que configuran este plano del relato permitiría atisbar las transformaciones operadas en el interior de los grupos sociales, que proyectaban su visión de la realidad en esos modelos organizativos. La estructura como producto de la voluntad de autoría El relato no sólo gobierna la naturaleza textual de los géneros literarios, provocando las necesarias modificaciones en esos grupos de obras, sino que es producto de una voluntad de autoría, que desde el nivel de la narración (en cuanto proceso de escritura) controla los elementos formales y las distintas fuerzas que se ponen en juego en el texto que está configurando. Es decir, el relato, como estructura, es una marca genérica por una parte, pero es también un proceso articulatorio de cada obra particular, surgido de la manipulación consciente de un autor de una serie de factores o aspectos (narrador, personajes, segmentos enunciativos y descriptivos, diálogos, capitulación) de los que dependen los soportes de la visión de la realidad que va a comunicar. Relato y narración Desde un punto de vista operativo, en donde termina el plano de la narración comienza el del relato, y eso ocurre justo en el momento en que el autor ha entregado al narrador el control de todos los elementos organizativos que encauzan la disposición de la historia. Porque el relato cumple una finalidad básica: como se ha indicado, configura una imagen del mundo pero no de una forma teórica, sino práctica, es decir, esa visión de la realidad va incorporada a las líneas argumentales que se transmiten. Es necesario, en este punto, distinguir entre "narrar" y "contar", porque en términos narratológicos no son acciones equivalentes: en principio narrar se asocia con el "saber" del que surge el proceso de escritura, mientras que contar presupone "decir"; por ello, la acción de narrar la realiza el autor, mientras que la de contar la desempeña el narrador. De este modo, cuando se pretende averiguar el modelo estructural que conforma la visión del mundo que cada texto narrativo pone en práctica, a quien se debe acudir es a la figura del narrador, porque es el responsable de la organización de todos los hechos que van a ser presentados. Incluso, un narrador tradicional, omnisciente y en tercera persona, impone la lógica regulación de acontecimientos y conecta los hechos mostrados en función de unos intereses determinados. Resulta obvio, que la complejidad de un relato (en cuanto estructura) depende de las funciones que se otorguen al narrador, o, mejor dicho, de las informaciones de que se dote a esa figura. Los relatos en primera persona poseen una enorme dificultad porque la imagen del mundo que transmiten se canaliza desde una sola perspectiva, que no tiene por qué ser la más acertada: es lo que ocurre en el caso de La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo J. Cela, novela en la que el narrador, sin decir dónde se encuentra, construye unas memorias en principio con la sola finalidad de explicar este arranque: "Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo". La unidad del relato y de la historia Relato e historia (disposición de los hechos argumentales) se imbrican necesariamente, hasta el punto de conformar un solo plano: a medida que se van desarrollando las líneas argumentales, el lector descubre las claves de la visión de la realidad que la novela configura, y son esas perspectivas las que permiten un acceso, más profundo, a los valores que la obra plantea o analiza. De esta relación entre relato e historia queda fuera la narración, aunque de hecho englobe a los otros dos elementos a través de la presencia del autor en todo el proceso creador de la novela, pero la narración, como configuración estilística de la obra, no se inmiscuye en la estructura ni en el argumento. Otro ejemplo: La colmena posee una entidad lingüística y expresiva derivada de la conciencia de estilo que, en torno a 1945, Camilo José Cela había alcanzado, tras los proyectos textuales alzados en la familia de Pascual Duarte y en Pabellón de reposo; son otros ahora los recursos elegidos para mover ese torbellino de vidas que cruza los espacios reducidos (los cafés, los burdeles, los mundos interiores de las familias) del Madrid de la postguerra; tan pronto se envuelve a los personajes con una floritura verbal, como se destroza su apariencia con una mueca grotesca y desagradable; el narrador contempla ese recorrido de seres, sin rumbo y sin sentido, para que el autor los envuelva en ese eficaz tejido de antítesis narrativas. El relato surge, así, de la voluntad organizativa con que es dotado el narrador; el relato muestra las líneas de su pensamiento, distinto siempre al del autor; de hecho, el autor escribe para que piensen otros por él (ya sea el narrador, ya los personajes) y ello implica realizar una serie de selecciones y de combinaciones en el material lingüístico para que se convierta en un orden temático. Del autor depende siempre la visión estilística que el texto adquiere, del narrador las líneas de pensamiento con que la realidad es mostrada. Por ello, el autor ejerce un dominio sobre el significante formal, mientras que el narrador aplica un control sobre el significado textual. En síntesis, cualquier texto narrativo posibilita una lectura que depende de la estructura con que ha sido conformado. El relato constituye, en consecuencia, el soporte de la realidad que la historia transmite. El relato El relato breve es un escrito corto que captura un evento o momento temporal. Tiene un lenguaje descriptivo, con detalles e imágenes vívidos. Los relatos breves pueden ser escritos autónomos, pues no se tratan tanto de hacer avanzar una trama, sino de centrarse en los detalles más finos. Al pensar en escritores, solemos imaginarnos a alguien que pasa años construyendo una trama cautivadora con giros y sorpresas que atrapan a sus lectores desde las primeras páginas. Pero no todo escrito tiene que ser del tamaño de una novela. A veces, menos es más. Los relatos breves se conocen en inglés como "vignette", que en francés significa ‘vid pequeña’. En español tenemos una palabra del mismo origen: las viñetas, que son las decoraciones de hojas y ramas de una vid puestas en los contornos de las páginas de los libros, o bien, también son los recuadros con dibujos que conforman una historieta. Que no te sorprenda encontrar "viñeta" como si fuera lo mismo que "relato breve"; es tan solo una mala traducción de "vignette" (porque suenan parecido). El relato breve es un escrito corto que captura un evento o momento temporal. Tiene un lenguaje descriptivo, con detalles e imágenes vívidos. Los relatos breves pueden ser escritos autónomos, pues no se tratan tanto de hacer avanzar una trama, sino de centrarse en los detalles más finos. Pero también se pueden encontrar escondidas en novelas y cuentos como parte de una narración más grande; como si hicieras zoom en un personaje o acontecimiento en particular. Es fácil pensar que un relato breve es como un cuento corto, pero tienen diferencias importantes. La mayoría de los cuentos tienen entre mil y diez mil palabras, y tienen la estructura de una novela: inicio, mitad y final. Los relatos breves, por otro lado, son simplemente un momento en el tiempo. No tienen que seguir una estructura narrativa típica porque no cuentan una historia: solo describen y muestran imágenes. Los relatos breves son una excelente manera de practicar tu escritura creativa, ya sea que te quedes con los cuentos o te aventures a escribir una novela que sea un éxito en ventas. Concéntrate en los detalles granulares optando por mostrar en vez de contar a tu lector lo que está sucediendo. ¡En poco tiempo habrás creado tu primer relato breve! --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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