viernes, 8 de noviembre de 2024

SOLAPAS Y CONTRAPORTADA AL "LIBRO DE MIS CUENTOS".

Solapas Yo soy IGNACIO RAMÓN ECHEBURÚA ESTÉVEZ. Antes que nada, voy a presentarme, pues conociéndonos un poco nuestra comunicación será más ágil. Cursé estudios de Bachillerato en Ciencias, en los Marianistas de San Sebastián. Una vez abado el COU, vigente entonces, hice PRESCUELA de ARQUITECTURA en la Fundación San Pablo de Madrid, en el curso 1975-76, pasando al año siguiente a la Escuela de Arquitectura, sita en la Universidad POLITÉCNICA de Madrid. Pese al éxito que obtuve en el curso académico 1976-77, pues aprobé todas las asignaturas, al año siguiente me desplacé a la Universidad de Zaragoza, llevándome conmigo una profunda crisis personal, que remonté al cabo del tiempo en la ciudad de Zaragoza. Aquí cambié las Ciencias por las Letras y estudié Filosofía y Letras, especializándome en Historia Moderna. Me licencié con una tesina sobre la dote de las religiosas de clausura, centrándome en las Carmelitas descalzas de San Sebastián (Guipúzcoa). Entre unas cosas y otras saqué de nota media de esta carrera un Sobresaliente cum Laude, siendo publicada una recensión en la revista "Estudios" del Departamento de Historia Moderna. Corriendo el tiempo, empecé a dar clases de Latín a los alumnos suspendidos por los jesuítas de Donostia, siendo ayudado como profesor por un sinfín de personas de la Ciudad. En un intérvalo que duró siete años, trabajé como representante de ventas en una empresa fotográfica, a la par que escribía mi segundo libro de poesía, que presenté al Concurso literario Ciudad de Irún. El primero, titulado "Libertad: ¿utopía?, lo escribí en Zaragoza, siendo estudiante universitario. Pero como todo cambia en la vida, más adelante dejé la poesía y me especialicé en el ensayo, ya trabajando como operario de la empresa Gureak siendo mi primer objeto de estudio la vida y la producción literaria de José Ortega y Gasset, ensayo que muy pronto verá la luz. Otras publicaciones jalonan estos años de trabajo por cuenta agena, empezando por la presentación de otro escritor procedente de Cerezo de Río Tirón (Burgos), presentación que se encuentra en la revista n° 9 (navidad de 2006), de la Asociación Cultural Cerasio. Asimismo, en estos tiempos hice la Presentación de la obra de una escultora vasca, Marta Gómez, que participaba en el Concurso que convocó el Ayuntamiento de Oiartzun, para engalanar el camino que conduce desde esta Localidad hasta las minas de Peñas de Aya, o minas de Arditurri. . Y, ya en un último apretón de tuerca, se sitúan el libro titulado "El griego y su Literatura clásica", que publicó la editorial PC de Palma de Mallorca, en su sede de Barcelona. En estos tiempos, se sucedieron las publicaciones en la revista "Comunicación" de la ONG Why not, así como las realizadas para la Cruz Roja de Guipúzcoa, destacando entre ellas la titulada "Nuestros recuerdos: 100 años de moda y de juegos". Al mismo tiempo, preparaba el libro titulado "Astronomía", cuya edición corrió a cargo de la editorial Autografía de Barcelona, 2022, libro que ha puesto a la venta la Librería Lagun que se encuentra en la C/ Urdaneta, 3 (20006-Donostia) y que regenta Elena Recalde. Se encuentra en 'prensas' otro libro, el titulado "Historia de la física", que verá la luz en junio de este año 2023, y que edita la misma editorial Autografía. De esta Editorial es también el libro titulado “JOSÉ ORTEGA Y GASSET y la razón histórica”, que vio la luz en enero de 2024. Dado el gran número de libros elaborados, no sería sorprendente que alguno de ellos participara en algún Concurso literario, como el convocado por la editorial Anagrama de Barcelona. Contraportada Los cuentos folclóricos en la Edad Media española La posición de puente entre Occidente y Oriente, entre las culturas cristiana, judía y árabe, hizo que la cuentística medieval española fuese especialmente rica e interesante, y que la Península ejerciese de puerta de entrada en Europa de numerosos cuentos originarios del extremo Oriente y de la India, que pasaron además por Persia, Siria y el mundo árabe. La primera gran colección de cuentos españoles de la Edad Media fue la Disciplina clericalis del judío converso de Huesca Pedro Alfonso (siglo XII). Aunque sus 34 cuentos fueron escritos en latín, sus fuentes van desde Esopo hasta las colectáneas orientales de Barlaam y Josafat, Calila y el Sendebar, pasando por la Biblia y la tradición hebrea. A mediados del siglo XIII aparecieron las primeras adaptaciones al castellano de cuentos orientales: el Calila e Dimna y el Sendebar (al que se impondría el título de Libro de los engaños et los asayamientos de las mugeres). Algunos cuentos más se insertaron por la misma época en recopilaciones de sentencias como el Libro de los buenos proverbios, la Poridat de las Poridades y los Bocados de oro. Especialmente interesante es también el relato hagiográfico Barlaam y Josafat, adaptación de una narración hagiográfica enormemente difundida por todo Occidente, que lleva interpolados numerosos cuentos. La doncella Teodor es otra obra, de comienzos del XIII, que combina lo sapiencial y lo didáctico con la intercalación de cuentos. Aunque las primeras colecciones de cuentos españoles estuvieron dominadas por las fuentes orientales, a partir de mediados del siglo XIV aparecen nuevas recopilaciones de características distintas. Intenso cultivo tuvo la literatura de educación (o "de castigo") de príncipes ilustrada con ejemplos ("exempla"), sentencias, apólogos y cuentos morales, tanto en latín como en castellano. El Libro de los doce sabios iniciado hacia 1237, y destinado a educar al joven príncipe que con el tiempo se convertiría en Alfonso X el Sabio, fue el primero que se escribió en castellano, aunque mucho más rico e interesante sería el de los Castigos e documentos del rey don Sancho, compuestos entre 1292 y 1293 por orden de Sancho IV para ser utilizado en la educación de su hijo Fernando. El Libro del caballero Zifar (ca. 1300-1305), mezcla de novela de caballería, hagiográfica y bizantina, y relacionado también con los espejos de príncipes, incluye nada menos que 23 cuentos. Más tardía sería la recopilación de Castigos e doctrinas de un sabio a sus fijas, que parece inspirada en fuentes francesas. Pero la obra sin duda más importante de esta tradición sería el Libro de los enxiemplos del conde Lucanor et de Patronio (terminado en 1335) del infante don Juan Manuel, que bebe de todo tipo de fuentes orientales y occidentales y constituye un conjunto (de unos 50 cuentos) de elaboradísima unidad estilística e ideológica que está considerado como una de las obras más importantes de la Edad Media española. También en el Libro de buen amor (ca. 1330-1343) se insertan 34 cuentos, reelaborados de forma muy personal por su autor, Juan Ruiz. El Corbacho (ca. 1438) de Alfonso Martínez de Toledo es otra gran obra de la literatura medieval que incorpora numerosos exempla. Se tiene constancia, además, de que los sermonarios de los predicadores estaban también llenos de cuentecillos y apólogos. Los de Vicente Ferrer (1350-1419), por ejemplo, han merecido gran atención por parte de los estudiosos del cuento medieval. A finales de la Edad Media se da un fenómeno contradictorio. Aparecen, por un lado, colecciones de cuentos en castellano que deben mucho más a diversas fuentes occidentales y grecolatinas que a orientales. Una de ellas es el Libro de los gatos (segunda mitad del siglo XIV-primera mitad del siglo XV), que adapta las Fábulas latinas de Odo de Cheriton, escritas en el siglo XIII. También el Libro de los exenplos por a.b.c. (primer tercio del siglo XV) de Clemente Sánchez de Vercial y el Espéculo de los legos (mediados del XV) están directamente inspirados en diversas recopilaciones latinas. Pero, por otro lado, circularon también nuevas adaptaciones, bien diferentes a las del siglo XIII, de la tradición cuentística oriental. Destacan entre ellas la Scala Coeli de Diego de Cañizares, El libro de los siete sabios de Roma y el Exemplario contra los engaños y peligros del mundo. Los cuentos folclóricos en el Renacimiento y el Barroco español La literatura española de los Siglos de Oro nos ha preservado un extensísimo repertorio de cuentos folclóricos, la mayoría de los cuales corresponde a la modalidad de los humorísticos, y sólo una mínima parte a la de los maravillosos. Los repertorios más nutridos fueron los recopilados por Juan de Timoneda en sus colectáneas Sobremesa y alivio de caminantes (1563, ampliado en 1569), Buen aviso y protacuentos (1564) y El Patrañuelo (1565). Otra importante colección específicamente cuentística de la época es el Fabulario de Sebastián Mey. Además de estas colecciones en prosa, hay que señalar que también Cristóbal de Tamariz (muerto ca. 1569-1574) escribió varias novelle en verso que reelaboraban viejos chascarrillos, normalmente picantes, de arraigo indudablemente popular. El Libro de chistes de Luis de Pinedo, los Dichos graciosos de españoles (ca. 1540), el Floreto de anécdotas recopilado a mediados del siglo XVI, los Cuentos de Garibay, la Floresta española (1574) de Melchor de Santa Cruz, los Cuentos y anécdotas propios y ajenos recopilados por Juan de Arguijo (1567-1622), o la Silva curiosa (1583) de Julián Iñiguez de Medrano son también otras importantes, aunque no demasiado conocidas, recopilaciones de cuentos y, sobre todo, de chistes españoles del Siglo de Oro. Pero, además de colecciones específicamente cuentísticas, se conservan muchos otros cuentos interpolados dentro de obras de signo muy distinto. Por ejemplo, en las grandes colecciones paremiológicas del siglo XVI (las de Francisco de Espinosa, Hernán Núñez, Sebastián de Horozco y Juan de Mal Lara) o del XVII (las de Sebastián de Covarrubias, Gonzalo Correas o Luis Galindo). También son abundantísimos los cuentos que quedaron englobados dentro de obras misceláneas, eruditas, dialogadas, etc., como se aprecia, por ejemplo, en la traducción de El cortesano (1534) de Boscán, en el libro del mismo título (1561) de Luis de Milán, en El Scholástico de Cristóbal de Villalón (ca. 1505-después de 1558), en el Jardín de flores curiosas (1573) de Antonio de Torquemada, en El Galateo español (1582) de Lucas Gracián Dantisco (1543-1587), en la Miscelánea de Luis Zapata de Chaves (1526-1595), en Las seiscientas apotegmas (1596) de Juan Rufo, en El viaje entretenido de Agustín de Rojas Villandrando (1603), en las Clavellinas de Recreación (1614) y en el Tesoro de diversa lición (1636) de Ambrosio de Salazar, o en las Tardes apacibles de gustoso entretenimiento de Andrés García de la Iglesia (1663). Igualmente en los epistolarios jocosos de Francisco López de Villalobos (1473-ca. 1549), de don Francesillo de Zúñiga (muerto en 1532), de Eugenio de Salazar y Alarcón (ca. 1530-1602), etc. aparecen interpolados numerosos cuentos, en su gran mayoría humorísticos. Mención aparte merecen diversas grandes obras de los Siglos de Oro, que van desde La lozana andaluza de Francisco Delicado o el Lazarillo de Tormes hasta el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán, El Quijote de Cervantes, El donado hablador (1624-1626) de Jerónimo de Alcalá Yáñez (1571-1632) o diversas obras de Baltasar Gracián, que reelaboraron literariamente viejos cuentos tomados de la tradición folclórica. Muchas obras teatrales de los mayores dramaturgos de la época, como Gil Vicente, Lope de Rueda, Lope de Vega, Tirso de Molina o Calderón de la Barca, e innumerables entremeses anónimos, están también inspirados o tienen interpolada materia cuentística tradicional. Los cuentos folclóricos en el siglo XIX español La recopilación de cuentos folclóricos se inició en España al mismo tiempo que en casi toda Europa occidental (salvo en Alemania, que se adelantó), en la segunda mitad del siglo XIX. Uno de sus precursores fue el escritor Antonio de Trueba (1819-1889), autor de un volumen de Cuentos populares aparecido en 1859. Pero el más activo impulsor fue, sin duda, Antonio Machado y Álvarez, "Demófilo" (1846-1893), autor en colaboración con D. Federico de Castro de un volumen de Cuentos, leyendas y costumbres populares (1873) e impulsor de la Sociedad de El Folk-Lore Español (fundada en 1881) y de numerosas iniciativas de recuperación y estudio de las tradiciones populares que se realizaron en aquellas dos décadas. Por la misma época, Cecilia Böhl de Faber, que escribió bajo el seudónimo de Fernán Caballero (1796-1877), publicó volúmenes recopilatorios tan importantes como el de Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles (1877). En los años finales de aquel siglo, las revistas El Folk-Lore Andaluz (1882-1883) y El Folk-Lore Frexnense y Bético-Extremeño (1883-1884) abrieron también sus páginas a ejemplos muy interesantes de la cuentística popular española. Índice y catálogos de cuentos tradicionales hispánicos El cuento tradicional de España e Hispanoamérica, y, en general, de los pueblos de lengua hispánica, ha sido estudiado y tipologizado, a partir de la década de 1930, por numerosos investigadores. Cuenta con los siguientes índices, catálogos o repertorios: Ralph S. Boggs, Index of Spanish Folktales (Índice de cuentos folclóricos españoles) (1930); John E. Keller, Motif-Index of Mediaeval Spanish Exempla (1949); Terrence Leslie Hansen, The Types of the Folktale in Cuba, Puerto Rico, the Dominican Republic, and Spanish South America (Los tipos de cuentos folclóricos de Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Sudamérica española) (1957); Stanley L. Robe, Index of Mexican Folktales (Índice de los cuentos folclóricos mexicanos) (1973); James Wesley Childers, Tales from Spanish Picaresque Novels (Cuentos de las novelas picarescas españolas) (1977); Maxime Chevalier, Cuentos folklóricos españoles del Siglo de Oro (1983); Reginetta Haboucha, Classification of Judeo-Spanish Folktales (Clasificación de los cuentos folclóricos judeo-españoles) (1992); Edward J. Neugaard, Motif-Index of Medieval Catalan Folktales (Índice de motivos de los cuentos folclóricos catalanes de la Edad Media) (1993); Carlos González Sanz, Catálogo tipológico de cuentos folklóricos aragoneses (1994); y Julio Camarena Laucirica y Maxime Chevalier, Catálogo tipológico del cuento folklórico español I Cuentos maravillosos (1995). Recopilaciones de cuentos folclóricos españoles Tras las colecciones pioneras de Fernán Caballero o de Antonio Machado y Álvarez en el siglo XX, a las que siguieron algunos años de escaso impulso, la recolección y edición de cuentos folclóricos españoles cobró nueva fuerza a partir de la segunda década del siglo XX. Fue a partir de entonces cuando comenzaron a aparecer las grandes colecciones de Constantino Cabal, Los cuentos tradicionales asturianos (1921); Aurelio de Llano Roza de Ampudia, Cuentos asturianos recogidos de la tradición oral (1925); Marciano Curiel Merchán, Cuentos extremeños (1944); Aurelio M. Espinosa [padre], Cuentos populares españoles recogidos de la tradición oral de España (1946-1947); Arcadio de Larrea, Cuentos gaditanos (1959); Luis Cortés Vázquez, Cuentos populares de la Ribera del Duero (1952), Cuentos populares salmantinos (1979) y Leyendas, cuentos y romances de Sanabria (1981); Juan J. Sandubete, Cuentos de la tradición oral recogidos en la provincia de Cádiz (1981); Alfonso Prieto, Cuentos de la montaña leonesa y aledaños (1982); Joaquín Díaz y Maxime Chevalier, Cuentos castellanos de tradición oral (1983); Julio Camarena Laucirica, Cuentos tradicionales recopilados en la provincia de Ciudad Real (1984); Mª José Porro y otros, Cuentos cordobeses de tradición oral (1985); Juan Naveros Sánchez, Cuentos populares de la comarca de Baena (1985 y 1988); Aurelio M. Espinosa [hijo], Cuentos populares de Castilla y León (1987-1988); Emilia Cortés Ibáñez, Cuentos de la zona montañosa de la provincia de Albacete (1989); Alfonso Jiménez Romero, La flor de la florentena. Cuentos tradicionales recogidos en Arahal (1990); Pascuala Morote Magán, Cultura tradicional de Jumilla. Los cuentos populares (1990); Juan Rodríguez Pastor, Cuentos populares extremeños y andaluces (1990); Julio Camarena, Cuentos tradicionales de León (1991); José Manuel Fraile Gil, Cuentos de la tradición oral madrileña (1992); Carmen García Surrallés, Era posivé... Cuentos gaditanos (1992); Carlos González Sanz, Cuentos populares de Kampezu. Recogidos de boca de Macaria Iriarte (1993); Elvira Carreño Carrasco y otros, Cuentos murcianos de tradición oral (1993); y José Luis Puerto, Cuentos de tradición oral en la Sierra de Francia (1995). Dicho lo cual, damos por terminada esta contraportada. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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