RELATO BREVE, Arte rupestre en Gipuzkoa.
En el presente coloquio intervienen cuatro personas, a saber, el profesor titular Agustín Beltrán, el profesor ayudante Felipe Albistur, el investigador Enrique Echeverría y el narrador. Según el profesor Agustín Beltrán, prehistoriador de la Universidad Complutense de Madrid: - En algunos Territorios hermanos de Gipuzkoa, como Bizkaia, Navarra o Zuberoa, se conocían desde hacía años célebres cavernas con arte paleolítico. Gipuzkoa no contaba aun con ninguna manifestación de arte rupestre a comienzos de los años 60. Por eso el 28 de octubre de 1962 constituye una fecha importante para la investigación de la Prehistoria gipuzkoana. Ese día tres estudiantes donostiarras, F. Aranzadi, J. Migliaccio y J.C. Vicuña, miembros de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, descubrían las primeras figuras de arte rupestre del Territorio en la cueva de Altxerri (Aia), a tiro de piedra del casco urbano de Orio. Gipuzkoa se sumaba así a los Territorios de Euskal-Herria que poseían este Patrimonio singular. Siete años más tarde, el 8 de junio de 1969, esta vez dos jóvenes azpeitianos, A. Albizuri y R. Rezabal, del Grupo cultural Antxieta de esa localidad, que venían realizando prospecciones arqueológicas en la zona, bajo el asesoramiento de la Sociedad de Ciencias Arazandi, descubrían el magnífico conjunto de pinturas rupestres de Ekain (Deba), muy cerca del casco urbano de Zestoa. Ahora el Patrimonio artístico paleolítico de Gipuzkoa mostraba un gran esplendor y estas cuevas pasaban a los anales de los grandes conjuntos parietales de Europa Occidental. Pero tal y como señala el investigador Enrique Echeverría de la U.P.V.: - Altxerri y Ekain son dos cuevas distintas por muchos motivos. El soporte rocoso es muy diferente, frágil en Altxerri y compacto en Ekain. En Altxerri domina el grabado y en Ekain la pintura. En Altxerri dominan los bisontes y en Ekain los caballos. En Altxerri hay múltiples superposiciones de figuras y en Ekain se respetan unas a otras. En Ekain las figuras se reducen a media docena de especies y en Altxerri hay más de una docena. Algunas figuras de Altxerri muestran un carácter expresionista, cosa desconocida en Ekain. Altxerri parece ser algo posterior a Ekain. Le quita la palabra de la boca el profesor Beltrán, quien apostilla que: - Es menester llegar al Paleolítico superior, época que comienza hace unos 40.000 años y llega hasta hace unos 10.000, para dar un salto en nuestro conocimiento acerca de la cultura espiritual de esa fase de la humanidad. Es durante él, en efecto, cuando se da una de las manifestaciones cumbres de toda la Prehistoria, que más ha admirado a sabios y profanos: el arte. Los primeros prehistoriadores no creían tan siquiera que aquellas magníficas pinturas que en 1878 se descubrieron en Altamira fueran auténticas. Algunos de ellos consideraron un impostor a quien decía haberlas descubierto. Tuvieron que pasar casi 20 años para que los grandes prehistoriadores de la época admitieran que era realmente el ser humano del Paleolítico Superior, el hombre de Cromagnon, el autor de aquellas figuras. Acerca del Hombre de Cro-Magnon, Felipe Albistur, profesor ayudante, apunta lo siguiente: - Con este nombre se denomina a los antiguos pobladores que habitaban distintos territorios durante el paleolítico superior. El nombre procede del lugar del primer descubrimiento, situado en un abrigo del valle del Vézère, cerca de Les Eyzies, en Dordoña (Francia), cuyos primeros trabajos comenzaron en el año 1868. Es considerado como una de las distintas razas o tipos pertenecientes a la especie sapiens, rama que se caracteriza por una amplia variabilidad morfológica. La característica principal de este grupo racial es, ante todo, su elevada altura. Otro de los caracteres que lo determinan es un cráneo pentagonoide, con escaso abombamiento de la bóveda craneal, por lo que resulta un cráneo bajo en relación a su longitud. La cara es baja y muy ancha, al igual que las órbitas, que tienen una forma cuadrangular. La frente presenta arcos superciliares muy desarrollados. La nariz suele ser estrecha y prominente, mientras que el mentón está bastante desarrollado. Todos estos rasgos coinciden tanto con las descripciones realizadas para los restos encontrados en Dordoña como para los perteneciente a Boussé-Rousse, en la región de Menton, también en Francia. Algunos autores añaden al grupo de Cro-Magnon los llamados Hombres de loess, cuyos esqueletos fueron descubiertos en la antigua Checoslovaquia, y los hallazgos de la raza Grimaldi. No obstante, como señala el profesor titular Beltrán: - Estas manifestaciones nos acercan más al espíritu de aquel hombre, aunque la investigación del arte prehistórico tropieza con incógnitas graves, entre las cuales la que más destaca es precisamente una de las que más nos interesa: ¿Por qué o para qué pintaron y gravaron aquellos hombres? ¿Qué motivaciones les movieron a efectuar estas figuras? También queremos tocar este punto en este recorrido que hacemos por el arte paleolítico gipuzkoano, en el que se encuentran manifestaciones muy importantes del mismo. Sin embargo, Enrique Echeverría no deja las generalidades afirmando que: - La PREHISTORIA (del latín prae, “antes de”, y de historia, “historia, investigación, noticia”, este último un préstamo del griego) es una ciencia basada en el estudio, con métodos arqueológicos, de las sociedades que han existido antes de la escritura. Los tiempos prehistóricos, por tanto, preceden a las denominadas épocas históricas, con una enorme diferencia temporal en favor de los primeros. Si con el nombre de Prehistoria se quiere indicar antes de la Historia, se intuye de inmediato que es un nombre aberrante. La Historia es la narración o el estudio de lo hecho por todos los hombres a partir del momento en que deben ser considerados como tales. Los investigadores que durante un siglo y medio se han ocupado en la búsqueda de los testimonios de las más antiguas etapas del devenir de la Humanidad han sido conscientes de la incongruencia de tal denominación. Por ello, se inventaron otros nombres, como Paleohistoria, Etnohistoria, Paleoetnología, etc., que tuvieron poco o ningún éxito. Hay, además, una ambivalencia en el concepto; por una parte, Prehistoria indica los tiempos anteriores a lo que comúnmente se llama Historia, pero por otra, designa la disciplina científica que los estudia. El nombre Prehistoria, con sus limitaciones, es ahora de uso corriente tanto en las lenguas neolatinas como en inglés, y tiene su traducción al alemán: Urgeschichte. - De este modo, investigar en Prehistoria es trazar las historias de la Humanidad desde sus orígenes hasta la aparición de los primeros textos escritos, momento éste en el que empieza la Protohistoria, con fronteras muy imprecisas según las áreas geográficas. Desprovista de documentos escritos, la Prehistoria se basa fundamentalmente en el método arqueológico del examen de los vestigios de la presencia humana, generalmente conseguidos en las excavaciones. Mediante el estudio de las estratigrafías, heredado de la Geología, se ha ido estableciendo una cronología base que, a su vez, ha sido perfeccionada, desde hace medio siglo, por modernos métodos de datación, entre los que destaca el uso del método del Carbono Catorce (C14). Felipe Albistur hace sus aportaciones al tema que se traen entre manos: - En dicha escala de tiempo se insertan los diversos climas, con su fauna y vegetación (como la Paleontología animal y su analítica o la Paleobotánica, que afina sus métodos en la Palinología), los diversos tipos humanos (Paleoantropología) y las sucesivas industrias que los hombres produjeron (Paleolítico, Mesolítico, Neolítico...), con sus respectivas evidencias: objetos de piedra y hueso, manifestaciones artísticas, cerámicas, primeras utilizaciones del metal... en los más variados aspectos. En la actualidad, los prehistoriadores se esfuerzan en estudiar y determinar la vida socio-económica de los diferentes grupos humanos: estructuracion del espacio y organización de los hábitats, explotación del medio natural y configuración de los territorios o técnicas de explotación de las materias primas, intentando definir las culturas o civilizaciones que les diferencian en el tiempo y en el espacio. - Hasta 1851 no apareció el nombre de Prehistoria, que fue utilizado por primera vez por Daniel Wilson en su libro The Archaeology and Prehistoric Annals of Scotland, aunque quien realmente lo impuso fue Sir John Lubbock (1834 1913) en su gran obra Prehistoric Times, aparecida en 1865. La denominación, aún con su contradicción interna, quedó consagrada y se propagó gracias a las numerosas ediciones y traducciones de aquel bello libro. También se debe a Lubbock la distinción entre Paleolítico y Neolítico. Toma la palabra Agustín Beltrán, quien nos dice que: - Aquella fecha de 1865 marcó un cambio de conyuntura, motivado también por la entrada en escena de una nueva y más amplia generación de investigadores que llenaron toda la segunda mitad del siglo XIX. El más destacado de todos ellos fue Edouard Lartet (1801-1871), que pasó de la Paleontología a la Prehistoria. En 1860 presentó, en el marco de la Academia de Ciencias de París, una comunicación titulada Sur l´ ancienneté géologique de l´espèce humaine dans l` Europe occidentale. Al año siguiente, Lartet propuso una clasificación de los tiempos paleolíticos basada en los restos de los mamíferos más característicos de cada etapa. Junto al inglés Henry Christy (1810-1865), en el libro Reliquiae Aquitanicae (publicado en varias entregas entre 1865 y 1875), dio a conocer muchos yacimientos paleolíticos del valle del río Vézere que, en algunos casos, incluían piezas de Arte Mueble. - Notable también, en el campo de la Prehistoria, fue la aportación de Edouard Piette (1827-1906), que excavó en yacimientos pirenaicos (Lorthet, Arudy, Mas d´Azil, entre otros) y de Las Landas (Brassempouy), llegando a reunir una gran colección que legó al Musee des Antiquités Nationales. Sus aportaciones al conocimiento del Arte Mueble y sus intentos de clasificación quedaron reflejados en su magnífica obra póstuma: L´Art pendant l´Age du Renne (1907). En los intentos para fijar un marco cronológico y cultural al Paleolítico destaca la figura de Gabriel de Mortillet (1821-1898). En 1872 estableció para el Paleolítico las siguientes etapas: Chelense, Achelense, Musteriense, Solutrense, Magdaleniense y Touraniense. Todos ellos eran nombres epónimos de yacimientos a los que sólo le faltaba el Auriñaciense, entre el Musteriense y el Solutrense. Por lo que respecta al Touraniense, poco definido, fue sustituido más adelante por el Aziliense. Para el Neolítico estableció dos períodos, el Tardenoisiense y el Robenhausiense, el primero de los cuales se ha mantenido mientras que el segundo ha caído en desuso. Hay que decir que, en sus líneas esenciales, el sistema de Mortillet viene manteniéndose desde hace más de un siglo. Su libro Le Préhistorique, antiquité de l´homme (1883) tuvo una gran influencia y difusión, siendo reeditado varias veces. Anteriormente había fundado la primera revista de la especialidad: Materiaux pour l´histoire primitive et philosophique de l´homme (1864). Yo mismo hago mi puesta en valor: - Estos tres investigadores, a los que cabría añadir otros contemporáneos, representan la época de la elaboración de un conocimiento científico de la ciencia de la Prehistoria realmente notable. A aquella generación de pioneros le sucedió otra de investigadores más exigentes, lo que hizo avanzar los datos de la Prehistoria y su interpretación a pasos de gigante. Para limitarnos a Europa occidental, hay que señalar algunos personajes egregios. Entre ellos destaca Emile Cartailhac (1845-1921), autor de una amplia y valiosa bibliografía. En 1869 compró a Mortillet su revista, cambiando su título por Materiaux pour l´histoire naturelle et primitive de l´homme y publicando sus fascículos hasta 1890 (año en que se fusionó en una nueva revista, L'Anthropologie, que aún existe). Cartailhac promocionó, desde 1867, los primeros congresos internacionales de Prehistoria. Buen conocedor de la Península Ibérica, escribió Les ages préhistoriques de l´Espagne et du Portugal (1886) y Monuments mégalithiques des Iles Baléares (1892). Erró al considerar como un fraude las pinturas de Altamira que había encontrado Marcelino Sanz de Sautuola en 1879, actitud que años más tarde rectificó noblemente, contribuyendo a la reivindicación y estudio de la cueva cantábrica. Hay que señalar a algunos de sus contemporáneos, como los franceses Marcellin Boule (1861-1942), Louis Capitan (1854-1929), Conde H. Bégouen (1863-1956), V. Commont (1866-1918), el español Juan Vilanova y Piera (1821-1893) y el hispano-belga Louis Siret (1860-1934). La cueva de Altamira es una cueva con pinturas rupestres próxima a Santillana del Mar (Cantabria), descubbierta en 1879. Las 150 pinturas de la cueva pertenecen al paleolítico superior y se encuentran en un techo a 1,20-2 m de altura. Se trata de figuras polícromas de animales (bisontes en especial) y cazadores, y aprovechan los resaltes de la roca para crear una sensación de relieve. Felipe Albistur, que no está en las antípodas, nos advierte que: - Fruto del ambiente científico de este grupo fue el surgimiento de un investigador irrepetible: el abate Henri Breuil (1877-1961). Su primer gran logro fue la reclasificación de las industrias del Paleolítico Superior (lo que se llamó batalla del Auriñaciense) y del Paleolítico Inferior (nueva definición del Chelense, que pasó a denominarse Abbevilliense), y la individualización de las industrias de Lascas, Levalloisiense y Tayaciense. Autentificó la existencia de un Arte Parietal en la cueva de La Mouthe (Dordoña) y, junto a E. Cartailhac, realizó en 1902 un trascedental viaje de estudio a Altamira (Santillana del Mar, Cantabria), cayo arte había encontrado en 1879 Marcelino Sanz de Sautuola (1831-1888), dándolo a conocer en un folleto que dió lugar a polémicas (1880). Cartailhac y Breuil publicaron en 1906 la primera gran monografía sobre la cueva cantábrica, La caverne d' Altamira á Santillane, près Santander (Espagne), que era el libro más voluminoso publicado hasta entonces sobre un tema de Prehistoria. Como nos cuenta Agustín Beltrán: - Casi al mismo tiempo, Breuil, junto a D. Peyrony y L. Capitan, descubrió y estudió las cuevas de Font de Gaume y de Les Combarelles (Dordoña), en 1901 y 1902, respectivamente; también estuvo asociado al descubrimiento e investigación de las cuevas pirenaicas de Tuc d´Audoubert (1912) y de Trois Freres (Ariege, 1916). El hecho conocido de la existencia del Arte Mueble cobró una nueva dimensión con los trabajos de Breuil, al quedar totalmente demostrado que el hombre del Paleolítico Superior había elegido el interior de las cavernas para representar un Arte Rupestre (o Parietal), de una gran complejidad y con un bestiario de un extremo realismo. El hallazgo de la cueva de Lascaux (Montignac, Dordoña) en 1940 fue, en este aspecto, el punto culminante de la extraordinaria carrera científica del abate Breuil. Efectuó largas estancias y viajes por España, estudiando especialmente su arte rupestre postpaleolítico. La mayoría de sus trabajos pudieron realizarse gracias al Institut de Paléontologie Humaine, fundado en París (1910) por el príncipe Alberto I de Mónaco (que sufragó las grandes excavaciones de la cueva de El Castillo, localizada en la villa cántabra de Puente Viesgo). Breuil estudió numerosos yacimientos paleolíticos no sólo en Europa sino también en China, donde contribuyó al descubrimiento del hombre de Chu Ku Tien (el Sinanthropus pekinensis), y en África del Sur, donde se dedicó especialmente al estudio de su arte prehistórico. Sus más de 800 escritos acreditan su enorme papel en los avances de la Prehistoria durante toda la primera mitad del siglo XX. Muchos de ellos fueron publicados en la revista L´ Anthropologie, que, como el Institut de Paléontologie Humaine, dirigió durante muchos años M. Boule y cuyo redactor principal fue en aquel tiempo Raymond Vaufrey (1890-1967). Entre sus muchos colaboradores hay que citar a los españoles J. Cabré y F. de Motos o a los ingleses Miles Burkitt y W. Verner. El más famoso de todos sus discípulos fue el alemán Hugo Obermaier (1877-1946), que trabajó con Breuil en diversos lugares de España y fue catedrático de la Universidad de Madrid, además de ser autor, entre muchos trabajos, de un libro de amplia difusión: El hombre fósil (1915 y 1925), traducido al inglés y al alemán. Breuil y Obermaier escribieron en castellano la segunda gran monografía de Altamira (1935). Obermaier tuvo un discípulo que trabajó con él en España: el alsaciano Paul Wernert (1889 1972). Para este período hay que citar, en España y entre otros, a Hermilio Alcalde del Río (1366 1947), autor del descubrimiento de numerosas cuevas en la región cantábrica como la de El Castillo, en Puente Viesgo (1903); Juan Cabré Aguilo, descubrirlor del "arte levantino" en Cretas (Teruel), el mismo año 1903; Eduardo Hernández-Pacheco (1872-1965), geólogo y prehistoriador; Pedro Bosch Gimpera (1891-1974), con un importante magisterio primero en España y después en México. Algo más jóvenes e igualmente destacados fueron sus discípulos Luis Pericot García (1899-1978), con su excavación novedosa de la cueva de El Parpalló (Gandía, Valencia) en los años 1929-1931, y Alberto del Castillo Yurrita (1899-1976), que estudió la cultura del vaso campaniforme. - Se conoce con el nombre de cultura del vaso campaniforme la cultura arqueológica prehistórica asociada al Calcolítico y al período inicial de la Edad del Bronce en Europa Occidental. Su cronología e interpretación son controvertidas, habiendo generado al respecto abundante literatura. Gracias a la revisión sistemática de los datos proporcionados por el radiocarbono en vasos campaniformes de toda Europa, se ha podido establecer que los más antiguos serían los encontrados en el área del bajo Tajo (Portugal), con una cronología que iría del 2900 al 2500 a. C. Según otros autores, su aparición se situaría, en cambio, sobre el 2400 a. C., desapareciendo hacia el 1800 a. C. Advierte Enrique Echeverría que: - Si en sus primeras etapas la Prehistoria fue una ciencia esencialmente francesa y con sus objetivos puestos en la Europa occidental y el mundo mediterráneo, desde finales del siglo XIX y en la primera mitad del XX se hizo universal. Durante el presente siglo se han multiplicado los descubrimientos en los más diversos territorios y países, en particular al hacerse más comunes los estudios de lo que algunos denominan incorrectamente Prehistoria exótica. Muchos pueblos sin historia escrita han encontrado en la arqueología prehistórica sus más profundas raíces. Además, la enseñanza de la Prehistoria se ha instaurado en las universidades de todo el mundo. Ténganse en cuenta los referentes que necesitan ciertos países de reciente creación que sólo poseen una parcial historia escrita desde los siglos XVIII y XIX. Cualquier país, cualquier pueblo, necesita estar en posesión de un pasado sobre el que construir su identidad mediante hechos y evidencias que, en ocasiones, se convierten en imaginarios colectivos e, incluso, puedeh llegar a convertirse en mitos mediante una operación fáustica. Esto es fácil para los países que poseen un pasado escrito. En los que no lo tienen, ocupan aquel lugar la Prehistoria, la Arqueología de tiempos más recientes y la Etnología. Los resultados pueden llegar a causar la incomodidad y la confusión de quienes gobiernan territorios delimitados por las modernas colonizaciones, como es el caso de muchas naciones que han accedido a la independencia en el siglo actual. - El ya citado hallazgo de las pinturas de Altamira, por su belleza y muy esmerada elaboración, sumió en la duda a muchos investigadores. Demostrada la autenticidad, y gracias a nuevos descubrimientos, pronto se contó con unas pinacotecas troglodíticas con centenares de obras de arte que utilizaban siempre el soporte de la roca. La pintura rupestre usaba colorantes minerales y carbones vegetales, con una sabia utilización de las técnicas pictóricas: las llamadas policromías; Altamira y Lascaux, por ejemplo, son en realidad diferentes gradaciones de dos colores. Presentes tanto en el Arte Parietal como en el Mueble, los grabados van de las figuras de simple línea incisa a los relieves. Mientras que el Arte Parietal es propio de la Europa occidental (Francia, Península Ibérica y, en menor medida, Italia), el Arte Mueble se extiende desde la misma hasta Siberia. En él destacan las Venus, figuritas femeninas con caracteres hipertrofiados (senos, vientre, nalgas) y casi supresión de la cabeza y las extremidades. Estas estatuillas no llegaron a pasar los Pirineos, pero se conocen más de un centenar (Brassempouy, Sireuil, Willendorf, Peterefels, Gonnesdorf, Savignano, Kostienki, Gagarino, etc.). Ahora se sabe que el arte rupestre existió tambien al aire libre, aunque de él solo se han conservado los grabados (Domingo García, en Segovia; Foz de Coa, en Portugal; etc.). Según Agustín Beltrán: - Desde los comienzos de su descubrimiento ha habido intentos de sistematización de este arte del Paleolítico Superior. Abandonado el sistema cronológico-evolutivo que para él estableció el abate Henri Breuil, actualmente se utiliza el minuciosamente elaborado por André Leroi Gourhan (1911-1986). Tras una fase no figurativa (incisiones con un cierto ritmo sobre objetos muebles), siguen cuatro Estilos que se encadenan en el tiempo. El estilo I reune las obras más primitivas; el estilo II representa una evolución hacia la figura sintética; en el estilo III, el artista sigue con mayor fidelidad las proporciones de la realidad visual; y el estilo IV es la imposición total del realismo, tanto en las proporciones como en el movimiento. La presencia de signos en todos ellos demuestra que en estas obras de arte se refleja un lenguaje simbólico y codificado, incluido el bestiario que es su temática principal (entre los más antiguos símbolos estarían las manos). Leroi Gourhan veía, además, que los santuarios, es decir, las cavernas, estaban organizados respecto a las representaciones, y que éstas encerraban una concepción dual en la que interpretaban dos principios: uno masculino y otro femenino. - Cuando, hacia el 9000 a.C., se produjeron los cambios climáticos que dieron paso al Holoceno (esto es, las condiciones climáticas actuales), el arte desapareció y sus autores emigraron o cambiaron sus métodos de vida, obligados por el nuevo paisaje ecológico. Cortando el tema, Enrique Echeverría se mete con otras cuestiones: - En otro sentido, el PALEOLÍTICO es una etapa de la Prehistoria caracterizada por el uso de útiles de piedra. Durante esta larga etapa, la más extensa de la historia de la Humanidad, el hombre practicó una economía depredadora basada en la recolección de los frutos y en la caza de animales salvajes. Este período, incluido en la Era Cuaternaria o Pleistoceno, tuvo su origen aproximadamente hace unos dos millones de años y, considerando los efectos climáticos y la situación cultural de los hombres, debió de terminar hace unos diez mil años. - El Paleolítico o Edad de la Piedra antigua, es el periodo más largo de la historia humana ya que ocupa el 99,7 % del desarrollo de nuestra especie. Cronológicamente corresponde al estudio de las culturas que hubo en el planeta desde la aparición del género Homo, hace tal vez unos 2,5 millones de años, hasta el inicio del Holoceno, hacia el 10.000 (abreviatura del inglés Before Present 'antes del presente'). Tradicionalmente este periodo se identifica con la larga etapa depredadora del hombre, aquella parte de su pasado en la que vivió de la explotación de los recursos naturales, sin llegar a producir alimentos mediante la domesticación de animales y plantas. En tan dilatado tiempo nuestra especie alcanzó sus rasgos físicos actuales, colonizó casi todo el planeta y desarrolló sus capacidades intelectuales, tal y como las conocemos hoy en día. El hombre paleolítico no sólo fabricó instrumentos más o menos sofisticados, sino que también dominó el fuego, inventó la navegación, construyó las primeras viviendas, practicó ritos religiosos, creó algunas de las obras maestras del arte universal y desarrolló el lenguaje hablado. En definitiva, todas las constantes de la humanidad aparecieron durante el Paleolítico mediante un lento proceso evolutivo, cuyas circunstancias sólo pueden ser descubiertas y explicadas tras sofisticadas investigaciones en las que es preciso recurrir a todos los recursos de la ciencia contemporánea. Si se tienen en cuenta las profundas transformaciones por las que han pasado las sociedades humanas en esta larga etapa, no es exagerado considerar que se trata, sin duda, de la fase más crucial de nuestra historia y que en ella hay que buscar las explicaciones últimas sobre lo que somos como especie. El narrador advierte que: - Desgraciadamente, debido a la característica parquedad de restos que se poseen para la reconstrucción de las sociedades del Paleolítico, el rasgo que puede ser mejor controlado acerca de ellas es sin duda la evolución tecnológica. No es de extrañar, por tanto, que los instrumentos recuperados en las excavaciones arqueológicas sean la base de las sistematizaciones que se han ensayado para esta etapa. En la actualidad este criterio arqueográfico se ha visto complementado con consideraciones cronológicas y antropológicas para elaborar el esquema tripartito más aceptado en el Viejo Mundo: • Paleolítico Inferior: Corresponde en general a las primeras manifestaciones culturales. Es la etapa más larga del Paleolítico, y de la evolución humana por tanto, ya que dura en África desde finales del Plioceno hasta el Pleistoceno Medio avanzado. A nivel antropológico se caracteriza por la convivencia de diferentes tipos de homínidos (véase: evolución humana), aunque termina con la supervivencia exclusiva de los primeros Homo sapiens, generalmente de tipo arcaico, y de sus equivalentes europeos (los neandertales). En Europa su separación respecto a la etapa siguiente no está clara, puesto que los criterios evolutivos que se utilizaban hasta hace pocos años para su diferenciación (aparición de la técnica Levallois, útiles líticos de morfología estandarizada...) están hoy en día en revisión. • Paleolítico Medio: Es la fase en la que se desarrollan las primeras tradiciones culturales sincrónicas, normalmente detectadas en base a diferentes complejos industriales compuestos por los primeros instrumentos sistemáticos y por técnicas especiales de manufactura que implican estrategias mentales bien definidas. En Europa occidental se considera actualmente que ocupa desde finales del Pleistoceno Medio hasta la mitad de la última glaciación (250.000-35.000 B.P.), aunque, como ya se ha dicho, la aparición de dichos caracteres en esa cronología tiende a considerarse como algo convencional. Durante el Paleolítico Medio coexisten diferentes tipos de Homo, pero a nivel europeo solo parece existir el tipo neandertal o sus inmediatos antecesores (Homo heidelbergensis). En esta etapa se manifiestan las primeras inquietudes religiosas bajo la forma de prácticas funerarias. • Paleolítico Superior: Se corresponde con el desarrollo de las últimas sociedades del Pleistoceno (aproximadamente 35.000-10.000 BP), todas ellas compuestas ya por hombres anatómicamente modernos, salvo en sus primeros momentos. Aunque la variabilidad cultural de estos grupos es enorme, todos suelen compartir un buen número de rasgos comunes: creencias religiosas elaboradas, manifestaciones artísticas de todo tipo, adornos personales, instrumentos líticos y óseos altamente especializados, proliferación de herramientas compuestas y nuevas técnicas de manufactura cada vez más efectivas, así como una tendencia acelerada a especializarse en la explotación intensiva de los recursos de todo tipo de entornos geográficos. No hay que olvidar que es durante esta fase cuando el hombre colonizó América y Oceanía. Lo cierto, según Felipe Albistur, es que: - Cada una de las etapas en las que se subdivide el Paleolítico está compuesta por un número variable de industrias o complejos tecnotipológicos, que son las verdaderas unidades sobre las que se efectúan las reconstrucciones paletnográficas o sobre cuyo significado cultural se investiga y discute. A nivel conceptual, las industrias pueden considerarse asociaciones recurrentes de instrumentos que tienen un significado espacial y cronológico lo suficientemente definido como para poder identificarlos a nivel empírico. Esta combinación de un esquema tripartito convencional (marco cronológico revisable a medio plazo) y una dinámica industrial (unidades de estudio), forman la base disciplinar de la periodización del Paleolítico. Agustín Beltrán nos hace una sutil advertencia: - HOMBRE DE LAS CAVERNAS es un término no científico que se utiliza, en ámbitos y contextos no especializados, para designar a los hombres que, en época prehistórica, habitaban en las cuevas y cavernas que sirvieron de morada de la especie humana antes de que ésta desarrollase técnicas y conocimientos de construcción de otros tipos de vivienda. El nombre de hombres de las cavernas (o de cliff-dwellers en el mundo anglosajón) designa preferentemente a las poblaciones del Paleolítico y del Neolítico que, tras desarrollar las primeras técnicas agrícolas, pudieron sedentarizarse y establecer residencias permanentes en cuevas o cavernas acondicionadas para ser habitadas por pequeños grupos familiares o por comunidades no extensas, y para que les sirviesen de refugio frente a las inclemencias del tiempo y la amenaza de los animales salvajes. Por lo general, los hombres de las cavernas tenían sus cultivos en las cercanías de las cuevas que les servían de refugio. Se sabe que, en ocasiones, pudieron habitar en complejos de cuevas muy amplias, que les permitieron la compartimentación en espacios de usos múltiples (comunitarios, religiosos, almacenes), etc. Enrique Echeverría escribe el epílogo: - Sus restos paleontológicos se hallan atestiguados prácticamente en todo el mundo. En la actualidad, se considera que su núcleo habitado más importante, al menos a efectos de la investigación arqueohistórica, estuvo situado en el complejo kárstico de Atapuerca, en la provincia de Burgos (España). Esta cuestión ha quedado perfectamente enfocada. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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