RELATO BREVE, El 8 de marzo.
Me encuentro reunido con mi familia y, atiendo a todas sus preguntas, pues pretendo dar el verdadero significado del 8 de marzo, Día de la Mujer. Sus preguntas son como dardos, que se clavan muy profundo, pero que destapan el verdadero significado de esta fecha. Mi mujer, Mertxe, se encuentra sentada en el único butacón que se encuentra en mi despacho y recogidos sobre la mesa se encuentran Aitor, de veinte años, y Gurutxe, de veintitrés, nuestros dos hijos. La conversación discurre en los términos que señalaremos seguidamente. Yo, como Sociólogo que soy, hago la pertinente introducción al tema: - La celebración del 8 de marzo supone la reivindicación de los derechos de las mujeres. De todas las mujeres. El objetivo es sensibilizar a la sociedad y potenciar la igualdad real de género. Así, se reclama la reducción de las desigualdades de género. Como se puede comprender esta fiesta empapa su significación del término ‘feminismo’, al cual nos referiremos seguidamente. El feminismo es un movimiento político que implica la lucha por la liberación de las mujeres de su sometimiento por las estructuras sociales, políticas y simbólicas del patriarcado. El feminismo ha supuesto el cuestionamiento de las instituciones y tradiciones fundacionales del patriarcado a través de un largo proceso histórico de concienciación femenina y lucha política. La Historia tradicional, escrita por y para hombres, silenció la voz de las mujeres o las relegó al orden de la excepcionalidad cuando algunas de ellas escribieron y pensaron para denunciar de forma más o menos explícita su sometimiento o su sentimiento de alteridad respecto a la civilización patriarcal. Desde el siglo XV, algunas de estas mujeres “excepcionales”, elevaron la voz para expresar su rechazo a las tradiciones que sustentaban la inferioridad femenina y la conveniencia de la sujeción de las mujeres a los varones. Por su parte, Aitor se llena de valor y pregunta: - ¿Cuál es el origen del Día Internacional de la Mujer? Evidentemente, le contesto yo mismo: - Los orígenes de este día datan de 1910, cuando un grupo de mujeres de 17 países se reunieron en Dinamarca con dos motivos: fortalecer el avance en la igualdad de género y la defensa de los derechos de las mujeres e impulsar la universalidad del voto femenino. Dicho lo cual, ya he hecho alusión a la ‘igualdad de género’, por lo que seguidamente les aclararé todo lo respecta al ‘género’, que hace referencia a las expectativas que tienen los miembros de una sociedad acerca del tipo de trabajos que son apropiados, o las posiciones de poder, prestigio o influencia que pueden ocupar hombres y mujeres, en razón, precisamente, de que unos son hombres y otras son mujeres. El género, en otras palabras, es una asignación de roles por razón de sexo, siendo lo tradicional esperar que los hombres se dediquen a la provisión de alimentos o recursos para la familia y las mujeres al cuidado y educación de la prole. Aunque pueda haber diferencias biológicas entre hombres y mujeres que hagan “natural” esta división del trabajo, estas diferencias biológicas no explican la variedad de situaciones sociales en que se encuentran unos y otras en distintas sociedades o en una misma sociedad a lo largo del tiempo. Por eso se dice que el género es una construcción social: porque, por encima de cualquier diferencia biológica que se quiera suponer, las sociedades estrechan o alargan el campo de actividades que las personas pueden ejercer lícitamente en razón de su sexo. Empleando otros términos, en el pensamiento feminista, los estudios sobre el género lo son de las distintas posiciones (epistemológicas, políticas, etc.) que, con base en el dimorfismo sexual, han sido configuradas social y culturalmente. La igualdad de género no solo es un derecho humano fundamental, sino que es uno de los fundamentos esenciales para construir un mundo pacífico, próspero y sostenible. Se han conseguido algunos avances durante las últimas décadas, pero el mundo está lejos de alcanzar la igualdad de género para 2030. Las mujeres y niñas constituyen la mitad de la población mundial y, por tanto, también la mitad de su potencial. Pero la desigualdad de género prevalece y estanca el progreso social. De media, las mujeres ganan un 23 % menos que los hombres en el mercado laboral mundial y dedican el triple de horas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado que los hombres. La violencia y la explotación sexuales, el reparto desigual del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado y la discriminación en los cargos públicos siguen suponiendo enormes obstáculos. Todas estas desigualdades se han visto agravadas por la pandemia de la COVID-19: han aumentado las denuncias por violencia sexual, las mujeres han asumido más trabajo de cuidados debido al cierre de escuelas, y el 70 % del personal sanitario y social del mundo son mujeres. Al ritmo actual, se calcula que se tardará 300 años en acabar con el matrimonio infantil, 286 años en subsanar las lagunas de protección jurídica y eliminar las leyes discriminatorias, 140 años en que las mujeres estén representadas en pie de igualdad en puestos de poder y liderazgo en el lugar de trabajo y 47 años en lograr la igualdad de representación en los parlamentos nacionales. Es necesario un liderazgo político, unas inversiones y unas reformas políticas integrales para desmantelar las barreras sistémicas que impiden alcanzar el Objetivo. La igualdad de género es un objetivo transversal y debe ser un elemento clave en las políticas, presupuestos e instituciones nacionales. Y, llegados aquí, Gurutxe tomará ahora la iniciativa, preguntando: - ¿Cuál es la historia del Día Internacional de la Mujer? Volviendo a la carga, le digo que: - El 8 de marzo de 1917, las amas de casa rusas provocaron revueltas para pedir el fin de la guerra y poder tener alimentos. A partir de ese año, los países comenzaron a instaurar este día hasta que, en 1975, la ONU declaró oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. No conforme del todo, Gurutxe soltará otro bombazo: - ¿Por qué no se debe felicitar en el Día de la Mujer? Y yo respondo que: - No se debe felicitar en el Día de la Mujer porque los colectivos feministas consideran que una felicitación, regalar chocolates o flores, lejos de empoderar el movimiento, invisibiliza las desigualdades que viven millones de mujeres en todo el planeta, en cambio solicitan que se difundan los derechos de las mujeres, cuestionar las diferencias que existen. El Día de la Mujer se celebra para recordar que las mujeres han luchado mucho tiempo por tener los mismos derechos que los hombres. Es un día para pensar cómo podemos hacer que todas las personas sean tratadas igual, sin importar si son niñas o niños. Por su parte, Mertxe que no está en la higuera, añade que: - Fue un 8 de marzo de 1917 (un 23 de febrero, según el calendario juliano que se utilizaba en Rusia), cuando las mujeres rusas se declararon en huelga, pidiendo Pan y paz. Cuatro días después, el zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Se toma esta fecha en recordación al 8 de marzo de 1857, cuando 129 obreras textiles de la fábrica Cotton de Nueva York fallecen en un incendio mientras se manifestaban en contra de la extensa jornada laboral, los bajos salarios, las precarias condiciones de trabajo y las diferencias que sufrían en comparación a los hombres. Según Gurutxe: - ¿Cómo decir feliz día de la mujer sin ofender? Momento en que yo contesto lo siguiente: - Se citan cinco premisas: • Hoy y siempre, honramos la contribución invaluable de las mujeres a la sociedad. • Mujeres: creadoras, líderes, inspiradoras… • El progreso no tiene género… • Las mujeres no necesitan ser salvadas, necesitan ser respetadas y apoyadas. • Hoy celebramos la fuerza silenciosa que cambia el mundo: la de las mujeres. Mertxe, haciéndose un lugar, preguntará por su parte: - ¿Por qué el Día Internacional de la Mujer no se festeja? A lo que yo salto que: - Al no ser un día de celebración y festejo, se recomienda que los hombres no regalen flores o algún tipo de presente con el pretexto del Día Internacional de la Mujer, teniendo siempre presente la razón del 8 de marzo. A diferencia de otras festividades marcadas en el calendario, el Día Internacional de la Mujer no se festeja. Por el contrario, es una fecha en la que se invita a recordar la lucha que han encabezado las mujeres desde hace décadas atrás. Más pausadamente, Mertxe apunta la historia de esta fecha, advirtiendo que: - El 8 de marzo de 1875, cientos de mujeres trabajadoras de una fábrica de textiles de Nueva York marcharon por las calles contra los bajos salarios, menos de la mitad de lo que cobraban los hombres. Esa jornada acabó con la vida de 120 mujeres debido a las brutales cargas policiales. El 8 de marzo de 1908, un suceso transcendental marcó la historia del trabajo y la lucha sindical en el mundo entero: 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, luego de que se declararan en huelga con permanencia en su lugar de trabajo. En 1922, Vladimir Lenin declaró el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer para honrar el papel de la mujer en la Revolución rusa de 1917; posteriormente, el movimiento socialista y los países comunistas lo celebraron en esa fecha. La festividad se convirtió en una fiesta mundial generalizada tras su promoción por las Naciones Unidas en 1977. La misma Mertxe nos da las siguientes frases famosas del Día de la Mujer: - “Una mujer con voz es, por definición, una mujer fuerte”, frase de Melinda Gates. “Las mujeres tienen derecho a estar en todos los lugares donde se toman decisiones”, frase de Ruth Bader Ginsburg. Y, por último, “El poder que tienes es ser la mejor versión de ti misma que puedas ser, para poder crear un mundo mejor”, frase de Ashley Rickards. Un pequeño lema para el Día de la Mujer es el siguiente: “¡Levantaos, mujeres del mundo! ‘Celebremos la diversidad, celebremos a las mujeres’.” Aitor, que no quiere entrar en trifulcas, se pregunta: - ¿Cuál es el color que distingue al Día de la Mujer? A lo que yo silabeo las siguientes frases: - Comencemos señalando que el color morado se ha utilizado tanto el día 8 de marzo por el Día internacional de la Mujer, y también se ha utilizado el 25 de noviembre, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Por otra parte, ¿cuáles son los Derechos Humanos de las Mujeres? Los diez Derechos Humanos de las Mujeres son: • Derecho a la Educación • Derecho a la Salud. • Derecho al Desarrollo. • Derecho al Trabajo. • Derecho a la Participación Política. • Derecho a una Vida Libre de Violencia. • Derechos sexuales y Derechos Reproductivos. - El 9 de marzo de 1994 la Comisión de Derechos Humanos de la ONU condenó por primera vez formalmente el antisemitismo y la xenofobia, por lo que la historia también es noticia. En el ambiente resuena la petición que dice: - ¿En España cuándo se autorizó la matriculación de las mujeres en una universidad? Responderá Mertxe, quien domina los aspectos históricos: - El Decreto del 8 de marzo de 1910 fue un real decreto en España que autorizó por igual la matrícula de alumnos y alumnas, permitiendo acceder a ambos sexos a la Enseñanza Superior en igualdad de condiciones. En el ambiente hierve el asunto del lazo lila, fijándose que: - La leyenda sostiene que el color del humo que salía del incendio era morado ya que las telas con las que estaban trabajando en la fábrica eran moradas, por lo que se habría adoptado ese color en el lazo en homenaje a las mujeres fallecidas. Hoy en día resulta imposible ver un lazo lila y no pensar en la lucha por los derechos y la igualdad de las mujeres. Tras muchas huelgas, reivindicaciones y heroínas que se han dejado la piel para mejorar la situación de todas, el lazo lila se ha consolidado como símbolo de la lucha feminista. Se deja muy claro que: - Los motivos más frecuentes de discriminación son la apariencia, las creencias religiosas y el sexo para las mujeres; en contraste, para los hombres son la apariencia, la manera de hablar y la edad. A nivel nacional, sólo el 17.3% de las mujeres de 18 años y más perciben mucho respeto hacia los derechos de las mujeres. Aitor llevará el tema a otro campo, preguntando: - ¿Qué es el feminismo? Tema del que me hago cargo yo mismo: - El feminismo es un movimiento político, social, académico, económico y cultural, que busca crear conciencia y condiciones para transformar las relaciones sociales, lograr la igualdad entre las personas, y eliminar cualquier forma de discriminación o violencia contra las mujeres. Dentro del concepto del feminismo, destacamos el respeto a la mujer. Es decir, el valor que en la sociedad se le debe dar a la mujer por ser persona que toma decisiones propias y asume responsabilidades, al igual que el hombre. Pero este punto merece una batalla detallada, por lo que yo mismo asiento lo que sigue. El feminismo representa el conjunto de posiciones en todas las ramas del saber, incluida la filosofía, que denuncia, en primer lugar, el sesgo que la cultura occidental ha sufrido debido a la preponderancia cultural, social e institucional de los varones y que propone, en segundo lugar, análisis distintos en diversos campos a la luz de una diferente, y no desigual, consideración de los géneros. El feminismo de la igualdad propone que la igualdad real de géneros (en el disfrute de derechos y en la estructura social) es la estrategia para tal programa, mientras que el feminismo de la diferencia reclama que las mujeres tienen una visión, percepción o actitud ante los problemas, diferente a la de los hombres y que aquella debe ser promovida frente a ésta. Volviendo a los aspectos históricos, Mertxe defiende que: - Fue el 8 de marzo de 1910 cuando se permitió por primera vez la matriculación de las mujeres en las universidades públicas. En otro sentido, la primera manifestación autorizada en España por el 8 de marzo tras la Guerra Civil, fue en 1978, pero un año antes ya se celebró un acto en el Pozo del Tío Raimundo, en Madrid, en el que se dio un mitin, convocado por la plataforma de organizaciones feministas. Llegó el 8 de marzo de 1978. Con total claridad, el panorama es el siguiente: - Las mujeres cuentan solo con dos tercios de los derechos que tienen los hombres. De hecho, los 3.900 millones de mujeres en el mundo enfrentan obstáculos legales que afectan a su participación económica. En otro sentido: - El feminismo es un movimiento por los derechos de las mujeres con el objetivo de terminar con la subordinación femenina fruto del sistema patriarcal de dominación masculina. A la hora de definir ambos conceptos, machismo y feminismo, es importante tener en cuenta que feminismo no es lo opuesto a machismo. Por el contrario, el feminismo es un movimiento social e ideología que reivindica el rol de la mujer en el ámbito privado y público. Dejaremos bien claro que el machismo es un término de uso social y académico que engloba al conjunto de actitudes, normas, comportamientos y prácticas culturales que refuerzan y preservan la estructura de dominio masculino y hetero normado sobre la sexualidad, la procreación, el trabajo y los afectos. El machismo es una ideología que considera a la mujer un ser inferior en uno o varios aspectos con respecto al hombre. El machismo se basa en un conjunto de creencias, prácticas sociales, conductas y actitudes que promueven la negación de la mujer como sujeto. Los ámbitos en los que se margina al género femenino pueden variar y en algunas culturas se dan todas las formas de marginación al mismo tiempo. Podemos hallar las raíces del término en la palabra macho, que designa a los individuos masculinos de cualquier especie. Esta ideología no solamente atenta contra el género femenino, sino contra todas aquellas actitudes catalogadas como femeninas que desarrolle un individuo de cualquier género. El machismo desprecia toda actitud o forma de vida de un varón que no esté alineada con el estereotipo de masculino: fuerte, superior, proveedor. Estos simplificados criterios han sido empleados como fundamento para elaborar esquemas sociales estereotipados sobre los que asentar la superioridad innata del hombre, por razón de las funciones que desempeña en el mantenimiento del núcleo familiar y por razones de carácter biológico o fisiológico. Desde esta perspectiva, incluida por las tesis del Darwinismo social, se sostiene que el hombre ha ido desarrollando, a través de la evolución, una serie de facultades naturales asociadas a la agresividad e inteligencia. Mientras que la mujer, supuestamente, no habría necesitado poseerlas puesto que no las requería para el desempeño de sus funciones. De esta manera, el hombre se fue convirtiendo en sujeto, mientras que la mujer quedaba reducida a objeto histórico, social y económico. El progresivo cambio de roles en las sociedades modernas está permitiendo que esta perspectiva tradicional se vaya alterando. Un factor elemental para esta modificación de valores estereotipados lo constituye la progresiva incorporación de la mujer al mundo del trabajo. Su incorporación en las sociedades industriales avanzadas tras la Primera Guerra Mundial, ha traído como consecuencia que, a medio y largo plazo, estas desempeñen ocupaciones y tareas que, hasta ese momento, le habían estado vedadas. Y, lo que es más importante, se proceda a la reestructuración de los hábitos y costumbres dentro del seno familiar con el consiguiente reparto de tareas domésticas y responsabilidades familiares entre ambos sexos o entre todos los miembros de una familia sin que en esa distribución medien discriminaciones de componente sexista. El término machismo se utiliza hoy en día, principalmente, para referir aquellos comportamientos discriminatorios de los varones con respecto a la mujer en sus relaciones interpersonales, ya sea en el ámbito laboral, familiar o comunitario. El vocablo sexismo vino a sustituir al anterior en tanto refiere a la desigual e injusta estructura de poder existente en las sociedades humanas que impide un igualitario ascenso social a mujeres y hombres. En otro orden de cosas, volviendo al feminismo, apuntaremos que las implicaciones que en el mundo del pensamiento ha tenido el movimiento de liberación de las mujeres han sido muy amplias. Las feministas han creado un discurso nuevo desde el que actualmente abordan con una perspectiva revolucionaria tanto las cuestiones relacionadas con la ciencia como las relacionadas con la filosofía. En el ámbito de la literatura, los estudios feministas han producido el rescate de los escritos de mujeres para intentar crear con ellos la genealogía de la expresión de la experiencia femenina. Se ha revisado asimismo el sexismo en el lenguaje y las formas lingüísticas que coadyuvan al sometimiento y ocultación de las mujeres desde un punto de vista simbólico y material. Esta renovación ha incluido de forma preferente a los estudios históricos sobre las mujeres y a una renovación epistemológica de la ciencia histórica. La historia de género ha rescatado del olvido el pasado de las mujeres y las estrategias de sometimiento del patriarcado, mientras que la historia feminista, más cercana al feminismo de la diferencia, se esfuerza actualmente por rescatar la experiencia femenina en la historia, sus formas de expresión y sus espacios de libertad dentro del patriarcado. En el resto de las ciencias sociales y de la educación, las feministas han incorporado nuevas perspectivas de análisis científico. La antropología, la psicología, la sociología o la economía se han poblado de estudios centrados en las mujeres desde la década de los ochenta. Sin embargo, esta efervescencia creativa ha implicado casi únicamente a mujeres. La ciencia se ha opuesto a incorporar los hallazgos epistemológicos de los estudios feministas al corpus de las disciplinas científicas. En la mayoría de los países occidentales, los estudios feministas siguen desarrollándose en los ámbitos reducidos de los grupos feministas universitarios, y su discurso renovador permanece marginal ante la resistencia de la Academia científica. Ya en otro momento, Mertxe, que realizó estudios de Geografía e Historia, nos puntualiza que: - Las 5 formas de respetar a las mujeres son doce acciones con gran impacto para la Generación de la Igualdad: • Compartir el cuidado… • Denunciar los casos de sexismo y acoso… • Rechazar el binarismo de género… • Exigir una cultura de igualdad en el trabajo… • Ejercer tus derechos políticos… • Comprar con responsabilidad. Los valores principales de las mujeres son honestidad, libertad y familia. Las mujeres deben poder vivir sin temor a la violencia de género, que abarca la violación y otros actos de violencia sexual, la mutilación genital femenina (MGF), el matrimonio forzado, el embarazo forzado, el aborto forzado y la esterilización forzada. Ante las preguntas de mis hijos, respecto al caso español se observa que. - Acerca de la primera mujer en ir a la universidad en España, corría el año 1872 y la joven Maria Elena Maseras Ribera, hija de un veterinario y una maestra de Vila-Seca (Tarragona), logró matricularse en la facultad de Medicina como sus hermanos mayores. Aprovechó un vacío legal en la facultad, ya que tenía un permiso del rey Amadeo de Saboya para cursar Bachillerato. A finales del siglo XIX, el camino para el acceso de todas las mujeres a instituciones educativas estaba en proceso. Elena Maseras terminó sus estudios en 1878, pero no fue hasta 1882 cuando pudo obtener el título que le habilitaba. - Sin embargo, hay un sinfín de cosas mucho más simples que hasta hace cuarenta años una mujer no podía hacer en España. Por ejemplo, abrir una cuenta bancaria, comprar una casa o ¡evitar que un marido despechado diera a los hijos en adopción! En efecto, una abusiva ley dictaminaba que los hijos eran del padre, y punto. - El machismo es una actitud de prepotencia con respecto a las mujeres. El sexismo no es tan evidente. Es un comportamiento individual o colectivo que desprecia un sexo en virtud de su biología, perpetua la dominación de los varones y la subordinación de las mujeres. Sobre la mujer, en concreto, se puntualiza que: - La mujer que se respeta a sí misma está rodeada de personas positivas, es decir, que le hacen bien y llenan su vida de elementos esperanzadores. Recuerda que siempre habrá personas tóxicas que intentarán dañarte; sin embargo, esto es algo que no se debe permitir. Lo mejor es alejarse sin dar explicaciones. Ser mujer es sinónimo de resiliencia, fortaleza y, sobre todo, confianza: confianza en nuestras propias destrezas y capacidades. En la mayoría de los ámbitos, ser mujer implica que debemos trabajar más para alcanzar las mismas metas que los hombres y ello es sólo una prueba tangible de nuestro gran potencial. Una mujer que confía en sí misma no se compara con los demás ni se critica constantemente, sino que se acepta y se valora a sí misma. Una mujer segura de sí misma ve los obstáculos como oportunidades de crecimiento y aprendizaje, y confía en su capacidad para superarlos. Las mujeres tienen un papel fundamental en la sociedad y en la vida de las personas. Contribuyen en áreas como la educación, la salud, la economía y la política, y juegan un papel importante en la formación de la familia y en la crianza de los hijos. Yo me encargo de hacer un pequeño resumen, que dice lo que sigue. El 8 de marzo, millones de mujeres de todo el mundo saldrán a las calles por y para la igualdad. Desde la celebración de los derechos adquiridos, gracias a la lucha de muchas mujeres, las manifestaciones reclamarán su consolidación y la necesidad de seguir avanzando hacia una sociedad sin brechas de género, una sociedad más igualitaria y, en definitiva, con mayor calidad democrática. Se trata de una reivindicación de los derechos de las mujeres. De todas las mujeres. El objetivo es sensibilizar a la sociedad y potenciar la igualdad real de género. Así, se reclama la reducción de las desigualdades de género. En este sentido, en el 8M también se recuerda que las violencias contras las mujeres, en especial la violencia de género y la violencia sexual, son la expresión más amarga de las sociedades machistas, con convicciones profundamente patriarcales. La manifestación del 8M es una jornada de unión de las mujeres de todo el mundo, sin importar su procedencia, su raza, su profesión ni su nivel de ingresos. El 8M es una jornada de celebración y también de lucha. El 8M como día internacional de la mujer fue adoptado por la Asamblea General de la ONU en 1977, aunque dos años antes ya lo había empezado a conmemorar. Su origen está en las manifestaciones de las mujeres que, especialmente en Europa, reclamaban a comienzos del siglo XX el derecho al voto, mejores condiciones de trabajo y la igualdad entre mujeres y hombres. Según argumenta Naciones Unidas, celebrar el 8 de marzo el día de la mujer está estrechamente vinculado a los movimientos feministas durante la Revolución Rusa de 1917. Fue un 8 de marzo de 1917 (un 23 de febrero, según el calendario juliano que se utilizaba en Rusia), cuando las mujeres rusas se declararon en huelga, pidiendo Pan y paz. Cuatro días después, el zar se vio obligado a abdicar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto. Desde los primeros años del siglo XX, mujeres de EEUU y Europa protagonizaron protestas, manifestaciones y encuentros que fueron sembrando la semilla del 8M: mujeres de todo el mundo unidas, reclamando su igualdad frente a los hombres, según recoge Naciones Unidas. Para terminar correctamente este breve relato, vamos a comentar aquí un libro de Francisco CÁNOVAS SÁNHEZ, titulado SIEMPRE ESTUVIMOS AQUÍ. La lucha de las mujeres por la igualdad, que ha sido editado por Alianza Editorial, Madrid, 2025, y cuya presentación se debe a la pluma de Manuela Carmena, exalcaldesa de Madrid. Durante los siglos XIX y XX las mujeres españolas protagonizaron un proceso de transformación demográfica, económica, educativa, social y cultural que fue construyendo el camino hacia la libertad y la igualdad. Siempre estuvimos aquí explora paso a paso, etapa a etapa, los grandes hitos de esta lucha en contra de las desigualdades. El libro está organizado en dos partes complementarias y conectadas. En la primera parte se exponen, con rigor y amplitud de miras, los condicionantes económicos, jurídicos, sociales, políticos y culturales que trataron de recluir a las mujeres en el espacio doméstico y frenaron su incorporación a la ciudadanía plena. A continuación, se recuperan las huellas de veinticinco mujeres extraordinarias merecedoras, como muchas otras, de reconocimiento y estima, que procedentes de todas las capas de la sociedad protagonizaron su lucha desde todas las profesiones. Ilustrado con imágenes de época y presentado por Manuel Carmena, Siempre estuvimos aquí combina el rigor histórico y la escritura fluida y empática con el propósito de acercar este largo proceso de lucha por la igualdad al mayor número de lectoras y lectores, especialmente jóvenes, que probablemente no tienen conciencia de los obstáculos que tuvieron que afrontar las mujeres. Las conquistas jurídicas, educativas, laborales, sociales y políticas alcanzadas, con muchos sacrificios, no deberían ser olvidadas y deberían constituir referencias para acometer los nuevos retos de nuestro tiempo. Por otra parte, advertiremos que Francisco Sánchez Cánovas es Doctor en Historia, ha sido profesor en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Miguel Hernández (Alicante). Colaboró estrechamente con José María Jover, uno de los maestros de la historiografía contemporánea y es autor de numerosos estudios históricos, sociales y culturales. Entre sus publicaciones destacan: " Los partidos políticos en la era isabelina " (1981), " El Partido Moderado " (1982), " Los Decretos de Nueva Planta en los países de la Corona de Aragón " (1985), " La Reina del triste destino " (2005), " Yo… A contibuación reproducimos íntegra y tal cual ha sido redactada por Manuela Carmena, la Presentación de este libro. Esta Presentación se titula Yo también estuve con todas vosotras, y Manuela Carmena escribe en ella lo siguiente: “Acabo de releer este libro. Estoy abrumada y a la vez fascinada. ¡Madre mía! Qué cantidad de vida encierra, qué cantidad de proyectos, obras y alegrías. Cuántos fracasos también, cuánto dolor. Este libro, que tiene dos claras partes, comienza con una detallada información sobre el contexto de las vidas que vamos a descubrir. Se trata de enmarcar a nuestras protagonistas en el marco social en el que vivieron. Dibujar el conjunto de hechos políticos, jurídicos, sociales y culturales que acaecieron y, a la vez, introducir algo importante y original: la constatación de que la historia es mucho más que los grandes acontecimientos que hemos estudiado en los libros de texto. La historia del feminismo es en gran parte la historia de las asociaciones de las mujeres. Estas, tal y como el autor nos relata, surgen y desaparecen a lo largo de la historia de España. Provocan reacción, pero sobre todo progreso. Así vemos cómo se entremezclan momentos claros y de oscuridad feminista, con destellos de creación de obras culturales interesantísimas, surgidas de mujeres que viven de forma contraría al aparente «deber ser». Se cita la histórica Junta de Damas madrileña como un elemento de control del modelo tradicional de mujer. Sin embargo, sabemos que las mujeres de aquella institución, como pudieron ser la propia duquesa de Osuna o su compañera en esos avatares, la condesa de Montijo, gestionaron de forma innovadora la inclusa madrileña. ¡Introdujeron el primer biberón! Así, vemos cómo en la dictadura, y desde posiciones contradictorias con las ideologías que la ampararon, surgen personas de talante feminista como Belén Landaburu, regidora de la propia Sección Femenina, de Falange. La segunda parte de este libro es pura investigación, diremos, de arqueología social. Nos regala la narración de las vidas de veintiséis mujeres únicas, cada una en lo suyo, y muchas absolutamente desconocidas hasta ahora. Sabemos que las vidas de las mujeres han quedado en infinidad de ocasiones ocultas u oscurecidas, bien por los hombres a la sombra de los que se las coloca o simplemente dejadas de lado. Esto ha sido así porque, en la historia del mundo, la propia identidad de la mujer ha sido cuestionada. Digamos que, aunque nos parezca mentira, la plena identidad de la mujer, su consideración como ser humano completo, ha sido cuestionada. No está mal recordar ahora que, en pleno siglo _____, es el padre Feijoo quien, en su libro Defensa de las mujeres (1726), reivindica a la mujer como ser humano completo. Dijo Feijoo que «muchos no dudan en llamar a la hembra animal imperfecto, y aun monstruoso, asegurando que el designio de la naturaleza, en la obra de la generación, siempre pretende varón; y sólo por error, o defecto, ya de la materia, ya de la facultad, produce hembra». Lo que le llevaba a rebatir con indignación: La teoría teológica de que, del mismo error físico, que condena a la mujer por animal imperfecto, nació otro error teológico, impugnado por S. Agustín, lib. 22 de Civit. Dei, c. 17, cuyos autores decían que, en la resurrección universal, esta obra imperfecta se ha de per feccionar, pasando todas las mujeres al sexo varonil; como que la gracia ha de concluir entonces la obra que dejó sólo empezada la naturaleza. Esta desnaturalización de la mujer siguió a lo largo de los siglos posteriores y, desgraciadamente, sabemos que continúa aún en vigor en países y culturas. Así, podemos calificar un libro de esta categoría como de investigación de vidas desconocidas de fabulosas mujeres. Es una investigación social ciertamente relevante. Y es relevante, porque el descubrimiento de lo sucedido y aún desconocido en la historia del mundo resulta necesario para aumentar el conocimiento y la sensibilidad de la humanidad ante la mujer. El conocimiento de vidas de mujeres anteriores a nuestros días deviene precisamente en magnífica levadura para que la mujer alumbre definitivamente, en el mundo, como ser humano potencialmente deslumbrante. Tengo que confesar que las chicas de mi tiempo agradeceremos siempre a aquellas que se nos dieran a conocer, en nuestra juventud vivida en la dictadura del general Franco, sus perfiles de mujeres inteligentes y activas, de profesionales brillantes y, afirmándolo o no, feministas. Yo era una jovencilla universitaria que se quedó fascinada cuando, al leer uno de los libros de la condesa de Campo Alange, supe de la vida de Clara Campoamor, de Victoria Kent, de Carmen de Burgos, de Elena Fortún y de otras más. Era un libro magnífico: La mujer en España. Cien años de su historia, editado aún en la dictadura. Presenta un importante paralelismo con el que hoy ha hecho el historiador Cánovas. Son libros descubridores de vidas de mujeres. Las mujeres de mi generación, que nacimos en los primeros años de la dictadura, fuimos niñas y jóvenes absolutamente ignorantes de la vida de mujeres que nos habían precedido como mujeres activas: abogadas, artistas, sindicalistas, científicas o escrito- ras absolutamente completas, y personas auténticas y valiosísimas. Nos encontramos con los resquicios de la cultura que trajo la República: nuestras abuelas feministas. La cultura siempre es líquida y se escurre de las manos de quienes la quieren manipular. Por eso los regímenes autoritarios y fascistas intentan ahogarla. Los libros siempre subsisten, aunque, como pasó en la dictadura, se prohíban o se quemen… Siempre queda alguno. Nosotras habíamos sido educadas en esa dictadura en la que nuestras madres habían sido limitadas a ser amas de casa. Hay que recordar que, durante mucho tiempo, las mujeres casadas no pudieron trabajar. En el marco de ese mundo oscuro concuerda que se prohibiera un libro tan inocente como Celia en el colegio, de Elena Fortún, y que se publicaran por el contrario libros retrógrados. Un excelso ejemplo de estos últimos es El decenio crítico (a los jóvenes de 16 a 26 años), firmado por un consiliario de Acción Católica, donde se decía que «la mujer viene a ocupar el punto medio entre el niño y el adulto». La aberración de habernos privado de nuestra identidad provocó sin duda la masculinización del mundo público o social. El encuentro con aquellas abuelas feministas nos convirtió en activistas de lo que sería el gran movimiento español del feminismo. Muchas de las vidas de las que habla nuestro autor fueron alentadas por las ideas del progreso desde el maravilloso Siglo de las Luces hasta nuestras dos Repúblicas. Y muy especialmente sin duda en la Segunda, aunque resultara tan pronto aniquilada por el golpe de Estado fascista dirigido por el general Franco. Las luces y el progreso alumbraron la capacidad femenina. Sin embargo, la represión de la dictadura política que vivimos en nuestro país fue devastadora, sobre todo en lo formal y aparente. Quizás por ese contraste, puede resultar coherente que me haya tocado a mí prologar este libro. Además, y por si fuera poco, da la coincidencia de que tuve la dicha de tratar a algunas de las mujeres retratadas en estas páginas. En la universidad despertábamos y empezábamos a conocer la verdadera historia de nuestro país. Comenzamos a mirarlo con ojos diferentes y a descubrir aspectos que nada tenían que ver con aquello que nos habían contado en nuestra niñez y adolescencia. A su vez, empezábamos a descubrir con nitidez la senda que ya había recorrido el feminismo. Por eso, empeñadas «minorías universitarias inquietas» (como se nos llamaba entonces) nos embarcamos en la ardua tarea de contribuir a acabar con la dictadura. Al tiempo, y con ello, comenzamos también a construir el feminismo. Desde el propio sindicato oficial (SEU), de cuño falangista, nos incorporamos a las más diversas actividades, a hacer actos culturales hablando de los derechos de la mujer. No siempre, pero muchas veces los pudimos realizar. Vivimos en ese mundo curioso, sin duda contradictorio, en el que, en las instituciones universitarias franquistas, habitaban estudiantes cada vez más interesados por la democracia y en las que, aunque pudiera parecer sorprendente, había también algunas afiliadas a la Sección Femenina que, reconociéndolo o no, mostraban un corazón feminista. Recuerdo en ese sentido al menos dos valiosas mujeres: Pilar Conde y Lolita Bermúdez Cañete. Todas esas actividades se autorizaban o no según fueran los acontecimientos políticos del momento. Recuerdo bien, por lo que me impactó, que siendo estudiantes universitarias visitamos a personas que nos parecían importantes por lo que pudieran significar de cambio. Estábamos empezando a descubrir otro mundo posible. No sé cuántas entrevistas hice. Guardo un maravilloso recuerdo de mis entrevistas con Mercedes Formica, Lili Álvarez y María Laffitte, la condesa de Campo Alange. Todas nos acogieron estupendamente. Supongo que les hacía gracia ver a esas jovencísimas universitarias interesadas en sus vidas y en los derechos de la mujer, por los que de una u otra forma ellas habían luchado. Tengo un recuerdo precioso de la entrevista con Mercedes Formica. Era una mañana de primavera tardía. Hacía uno de esos preciosos días de Madrid. Mercedes tendría entonces cincuenta y tantos. La recuerdo como una mujer afable y elegante. Nos invitó a un aperitivo en su magnífica terraza en un edifico casi en la esquina del paseo de la Castellana con María de Molina. Nos dio unas galletitas saladas en forma de pececitos. No las había visto nunca. A partir de ese momento, siempre me gustaron. Sentimos el dominio y el poder de seducción de aquella mujer. Pienso ahora que ni por un momento ella pudo imaginar que, tal y como se relata en este libro, aquella universitaria preguntona iba a ser, casi cincuenta años después, alcaldesa de Madrid. Tampoco que, siéndolo, decidiera dedicarle una calle en Madrid, mientras que otro alcalde, también de izquierdas, decidiera retirar el busto que le habían erigido en Cádiz, su ciudad natal. También recuerdo a la condesa de Campo Alange. Era una mujer entusiasta que nos animó a seguir con nuestras actividades desde la mansión en la que vivía: un precioso palacio con un gran jardín, en la calle Velázquez, convertido hoy en una casa de pisos lujosos sin identidad alguna. Y, por último, recuerdo también la impresión que me causó Lili Álvarez. Era una mujer interesante, reflexiva y cariñosa. También acogió muy bien a aquellas jovencísimas universitarias. Sin embargo, aquí sí que tengo que reconocer que, en aquel momento, no me atreví a comentarle cuánto me había impresionado su libro. Se llamaba El seglarismo y su identidad. Lo había leído estando aún en sexto de bachiller, en un momento en que mi arrastrada religiosidad empezaba a resquebrajarse de forma importante. Por supuesto, no sabía entonces la enorme influencia que, precisamente Lili Álvarez y su visión religiosa, tuvo también en la vida madura de Carmen Laforet. Solo lo supe mucho después. Pero no quedan ahí mis contactos con algunas protagonistas directas o indirectas del libro. He leído con un placer inmenso todo lo relativo a la vida de Encarnación Cabré. Conocí personalmente a Encarnita, porque durante algunos veranos fue mi vecina. Sin saber casi nada de su vida y de su inmensa valía profe sional, me habían hablado de ella Amelia Sánchez, madre de mi marido, Eduardo Leira, y también mi hijo Manuel. El matrimonio Francisco Morán y Encarnita Cabré vendieron a mis suegros, en los años 40, una preciosa casita de campo en San Rafael, al lado de la que ellos tenían. Eso hizo que los Morán y los Leira fueran vecinos durante muchos años. Más adelante, fue mi marido Eduardo quien heredó aquella casita y fue sobre todo mi hijo Manuel quien continuó la amistad con los Morán. Para mi hijo, Encarnación era la abuelita de los Morán. Él me contaba cosas de ella y, al hacerlo, la situaba como alguien importante que ocupaba mucho sitio en la familia. Me decía que hacía dibujos preciosos retratando a los pájaros que la visitaban. Siempre tenía un lugar de acogida para ellos, con montones de migas para atraerlos. Yo me encontraba alguna vez con ella. Siempre me resultó una anciana dulce y con una mirada de luminosa inteligencia. Ahora, que sé hasta qué punto su vida fue una aventura apasionante por los caminos de la arqueología profesional, lamento no haber podido hablar más con ella. Amelia —quien fue también profesora del Instituto Escuela— me hablaba de su aspecto. Mujer bonita y siempre llena de juventud, que seguía apareciendo un verano tras otro con sus bonitos tirabuzones. Un peinado quizás un poco demodé ya en aquellos años pero que era el que a su marido le gustaba. Parece que ellas no hablaban de sus estudios, ni de sus carreras profesionales, ni de sus experiencias vitales previas a la guerra, ni de cómo se habían visto apartadas de sus puestos de trabajo en la posguerra. Solo cabe interpretar aquello como resultado del tiempo de silencio que se vivió en España. Ese «silencio» que, en este caso, afectaba a la vida profesional de dos mujeres con carrera e inteligencia. Los modelos sociales arraigan en las sociedades principalmente en sus aspectos formales. Desafortunadamente, los modelos políticos autoritarios y antidemocráticos destrozan sobre todo la imagen de las vidas públicas de las mujeres. Pensemos por un momento en el terrible destino de un país como Afganistán. Co- nocí, en el tiempo en el que fui relatora de la ONU, a algunas juristas afganas que hablaban de cómo era su mundo, anterior a la desgraciada irrupción de la cultura de los talibanes. Vi con ellas fotos del antes. Era una sociedad diversa, normalizada, con instituciones, como las universidades, semejantes a las de otros países en vías de desarrollo. Las dictaduras y los regímenes autoritarios imponen modelos culturales de los que siempre son víctimas las mujeres. Se impone una realidad aparente, de conformidad con las imposiciones políticas. Eso generó que, durante la dictadura de Franco, mujeres profesionales con éxitos en sus trayectorias vitales ni siquiera hablaran entre ellas. El mundo real que habían empezado a construir no encajaba en la pacata sociedad sobrevenida. Leyendo este libro me entero de que las autoridades franquistas depuraron al padre de Encarnita y que a ella no le permitieron recuperar su puesto de profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid. En la depuración de su padre, se mencionó que era sospechosa de haber realizado actividades de espionaje, dado que era rubia y parecía extranjera, y de ser «roja», ya que había sido profesora del Instituto-Escuela de Madrid. También estuve muy, muy cerca, de Matilde Ucelay. Mi marido Eduardo fue el íntimo amigo, en el colegio Estudio, del hijo pequeño de Matilde, Javier Ruiz Castillo. Me ha contado muchas veces lo que le fascinaba el bonito tablero de arquitecta que tenía Matilde en el cuarto de estar de su casa, a la que tantas veces fue Eduardo a comer. Siempre hemos comentado que esa imagen, de tablero en uso, quizás contribuyó a reforzar su vocación de arquitecto, profesión que lleva ejerciendo durante más de cincuenta años. Sin duda, también le ayudó a ser un auténtico feminista. De las veintiséis vidas que relata este libro, conozco, aunque no personalmente, a otras muchas mujeres. Siento profunda alegría que muchas más personas las vayan a conocer ahora. Todas me apasionan. Algunas me abren grandes interrogatorios. Por ejemplo, Carlota Sainz de Vinagra. Mujer que escribió, y mucho, pero muy poco sobre ella. Algo parecido le ocurrió a la gran Juana de Vega. Ambas escribieron de sus héroes, de sus maridos héroes: Juana, de Espoz y Mina, y, Carlota, de Torrijos. Sin embargo, mucho nos falta por saber de la vida, sin duda apasionante, que vivieron ellas dos (no sé si se conocieron o no) en Gran Bretaña. Fue allí donde se fueron, en su exilio político, los defensores de la libertad y de la Constitución de 1812. En ese excelso grupo de personas destacan personalidades bien interesantes, como Federico Rubio, también defensor de la libertad, que se formó allí y que acabó siendo el mejor médico de la España del siglo ___. ¿Qué hicieron en Gran Bretaña esas dos grandes damas de la política, entre la emigración y la constante conspiración para que España recuperara la libertad que les había mangoneado el absolutista Fernando VII? Pero encontramos en este libro muchas más mujeres con vidas tan apasionantes como desconocidas. Relegadas, cuando no olvidadas. Realmente emociona sacarlas a la luz, rememorar su legado. ¡Qué decir de la doctora Dolors Aleu o de Ana Carmona, la primera mujer futbolista de España! Ellas, y tantas otras, sufrieron límites, encontraron barreras que no siempre pudieron superar y, en demasiados casos, también sufrieron castigo y represión. Conocerlas va a significar darles una nueva vida, permitirles que nos hablen de tanto que callaron y que nosotras, las mujeres de hoy y las de mañana, queremos oír y saber. Sin haber sido reconocidas, nos abrieron camino y es difícil medir lo mucho que les debemos.” (Manuela Carmena, en septiembre de 2024). En otro sentido, en la Introducción al libro dicho Francisco Sánchez Cánova regoge el siguiente testimonio: “Durante los siglos ___ y __ las mujeres españolas protagonizaron un proceso de transformación demográfica, económica, educativa, social y cultural, más lento que el de los países europeos avanzados, que fue construyendo el camino hacia la libertad y la igualdad. Tras la desintegración del Antiguo Régimen, el Estado liberal español desarrolló en el primer tercio del siglo ___ una trayectoria condicionada por la debilidad de la industrialización, la inestabilidad política y el pacto de la emergente burguesía con la nobleza, lo cual retrasaría la consolidación de esas nuevas estructuras hasta finales de siglo. El régimen liberal proclamó la igualdad de los ciudadanos ante la ley y la supresión de los antiguos privilegios, pero las inercias de las ideas tradicionales y la propia singularidad del régimen, como ha señalado Guadalupe Gómez-Ferrer, propiciaron la discriminación de las mujeres.” Una vez hecho cumplido este motivo, considero que cualquier tipo de palabra sobra, pues tanto Francisco Sánchez Cánovas como Manuela Carmena son suficientemente ilustrativos al plasmar sus ideas e investigaciones en dicho libro. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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