RELATO CORTO, Un día en el Museo del Prado.
Estamos invadidos por un vendaval, es decir, por un viento fuerte que sopla del sur, con tendencia al oeste, y que no llega a ser temporal declarado. Se trata, pues, de un viento muy fuerte, que aparece acompañado de lluvia, nieve o granizo. Los vendavales son aumentos repentinos y sostenidos de la velocidad del viento que pueden alcanzar intensidades muy altas y direcciones poco habituales. Son fenómenos relativamente habituales en Europa que pueden ser más frecuentes y más intensos con el cambio climático. Según expertos, un vendaval no tiene un tiempo exacto de duración, puesto que este puede llegar a durar tan solo unos minutos o en casos más extremos puede durar, unas tres o cuatro horas. En este caso, hay que alejarse de casas viejas o en mal estado. Hay que evitar los muros, techos endebles y ligeros, así como las vallas publicitarias, y si se vive cerca de una hay que mantenerse alerta. Asimismo, hay que alejarse de los árboles ya que las grandes ramas podrían romperse y caer. En suma, hay que evitar el tránsito por parques o avenidas arboladas. En general se da el nombre de vendaval a todo viento fuerte que sopla de la mar, como por ejemplo, el suroeste que se experimenta en las costas de España, bastante fuerte en invierno. El caso es que a la media hora todo se ha pasado. Nos encontramos en la provincia de Madrid, en su capital, en la Villa de Madrid. De acuerdo con la clasificación climática de Köppen, el clima de Madrid en el periodo 1991-2020 se puede considerar como clima semiárido frío (BSk), pero en oeste en transición entre el clima semiárido frío (BSk) y el clima mediterráneo típico (Csa), tendiendo más al primero. Otras fuentes describen el clima de Madrid como mediterráneo continentalizado, diferenciándolo del clima mediterráneo típico (que se da en zonas cercanas a la costa), por tener una mayor amplitud térmica anual y menor cantidad de precipitaciones debido a su altitud y lejanía del mar. El clima de Madrid está muy influido por las condiciones urbanas. La temperatura media (periodo de referencia: 1981-2010) se sitúa alrededor de los 14,5 y 15 °C.[ Los inviernos son moderadamente fríos, con temperaturas medias en el mes más frío (enero) de alrededor de los 6 °C. Las heladas son frecuentes en diciembre y enero y las nevadas ocasionales durante el invierno (entre 1 y 4 días de nieve al año). En este mes la media de temperaturas máximas se sitúa en torno a 10 °C y la de mínimas alrededor de 3 °C. Los veranos son muy calurosos. Los meses más cálidos son julio y agosto, aunque julio es ligeramente más cálido. En este mes, las medias superan los 25 °C, con temperaturas máximas medias de entre 32 y 33,5 °C y temperaturas mínimas medias de alrededor de los 17 a 19 °C. En algunos momentos del día se pueden superar los 35 °C durante el verano. La amplitud térmica diaria es importante en la periferia urbana (llegando a superar los 13 °C), pero se ve reducida en el centro de la ciudad por el efecto antrópico (bajando incluso de los 10 °C). La amplitud térmica anual es alta (entre 19 y 20 °C, cifra propia de la Meseta Sur) como consecuencia de la gran distancia al mar y la altitud (en torno a los 650 metros). Madrid disfruta de unas 2800 horas de sol anuales, que la convierten en una de las ciudades con más horas de sol de la península. Las precipitaciones anuales se sitúan alrededor de los 400 mm, con un mínimo marcado en verano (especialmente en julio y agosto). Es la segunda capital más seca de Europa, después de Atenas. El máximo de precipitación se da en otoño (de octubre a diciembre) y en los meses primaverales de abril y mayo. La humedad media durante el año se sitúa alrededor del 57 %, con una gran oscilación entre las épocas frías, mucho más húmedas, y las cálidas, que resultan muy secas. La velocidad media del viento anual se sitúa entre 7 y 10 km/h. Doy toda esta información, pues hoy, en concreto, queremos visitar toda la familia el Museo del Prado, por lo que habrá que salir de casa bien arropado, con una gabardina, por lo menos, y con paragüas. Así, pues, hoy saldremos de casa toda la familia: mi esposa Betsavé y los dos hijos que tenemos, un joven llamado David, de 19 años, y Carmen, de 21 años, escritora y corresponsal oficial de su entorno de trabajo. Las dos carreras universitarias que remueven el ambiente, son la mía y la de Betsavé. No obstante, David es un vendaval, es una persona muy inquieta, y tiene mucha fuerza y energía, poseyendo una personalidad arroyadora. Carmen es la que maneja el PC casero, con una facilidad que es digna de admiración. En suma, pues, salimos de casa tempranito y con miedo a que nos pille el temporal. ¡Bien! Cuando estamos muy próximos a la puerta de entrada, yo hago la primera presentación del museo del Prado, concretamente, desde el paseo del Prado. Les cuento lo siguiente: - El Museo del Prado es uno de los museos más importantes del mundo, dedicado fundamentalmente a la pintura. Se dice que no es la pinacoteca más completa, pero sí la más rica por la acumulación de obras maestras. Su colección se centra en pintura anterior al siglo XX, especialmente española, italiana y flamenca. Algunas de las obras maestras que exhibe son: El caballero de la mano en el pecho del Greco; Las Meninas, La rendición de Breda, Las hilanderas, La fragua de Vulcano y El triunfo de Baco, de Velázquez; La maja desnuda, La maja vestida, La familia de Carlos IV, La carga de los mamelucos, Los fusilamientos en la Moncloa, Pinturas negras de Goya; Las tres Gracias, El juicio de Paris, La adoración de los magos de Rubens; el Autorretrato, los Adán y Eva, de Durero; el Descendimiento de Rogier van der Weyden; El jardín de las delicias, El carro de heno, La mesa de los pecados capitales, Extracción de la piedra de la locura, de El Bosco; Carlos V en Mühlberg, La bacanal de los andrios, Ofrenda a Venus, Danae recibiendo la lluvia de oro, de Tiziano; La familia de Felipe V de Louis-Michel van Loo; obras de Hyacinthe Rigaud, Watteau, Boucher, Poussin, Georges de La Tour Claudio de Lorena; Rafael o El Lavatorio de Tintoretto. Además del capítulo pictórico, posee una notable colección de escultura, con obras grecorromanas, renacentistas y de otros periodos, así como colecciones de dibujos, estampas y artes decorativas. El primero en saltarse la norma es mi hijo David, quien formula su pregunta de la manera siguiente: - ¿Qué día es gratis el Museo del Prado? Pregunta que yo mismo contesto: - De lunes a sábado, de 18 a 20 h; y domingos y festivos, de 17 a 19 h; el 12 de octubre (Día de la Hispanidad); el 19 de noviembre (Aniversario del Museo del Prado) y el 18 de mayo (Día Internacional de los Museos) también es gratis. El mismo David vuelve a la carga: - ¿Cómo hago para entrar gratis al Museo del Prado? Y yo, una vez más le contesto: - Entrada gratuita tienen: 1. Los menores de 18 años. 2. Los estudiantes con edad comprendida entre 18 y 25 años. 3. Los estudiantes mayores de 25 años de grado y posgrado en rama de arte. 4. Personas con discapacidad igual o superior al 33%. 5. Las personas en situación legal de desempleo. 6. Personal docente en activo. David ofrece una postura incontestable: - ¿Qué día es gratis el Museo del Prado 2025? Belsavé, un tanto cansada por la impertinencia de su hijo, entra en la discusión: - El Museo del Prado retoma en 2025 esta iniciativa cultural. Con la colaboración de la Comunidad de Madrid y Samsung, el museo abre de manera gratuita las noches del primer sábado de cada mes distintos espacios expositivos en un programa que pretende extender el conocimiento de la institución de manera secuenciada. David hace gala de su impertinencia: - ¿Cuánto cuesta el Museo del Prado? Betsavé, que ya se llenado de paciencia, responde: - Entrada general: 15 euros. Reducida: 7,5 euros. Audioguía: entrada + 5 euros. Visita guiada: entrada + 10 euros. David, a lo cabezón, pregunta de nuevo: - ¿El Prado alguna vez es gratuito? Betsavé le responde de nuevo: - El Museo del Prado, el Museo Reina Sofía (MNCARS) y otros museos estatales abren sus puertas gratis entre semana y fines de semana. Así que no hay excusa para perderse las excepcionales obras de arte que se exhiben en la capital de España. Ahora le toca chanda a Carmen, quien hace la pregunta siguiente: - ¿Cuánto tiempo se tarda en ver el Museo del Prado? Betsavé le indica lo siguiente: - Duración: 90 minutos. Carmen continúa preguntando: - ¿Merece la pena visitar el Museo del Prado? Betsavé le comunica su punto de vista: - Incluso para quienes no son amantes del arte, una visita al Prado es imprescindible para sumergirse en la cultura, la historia y la estética españolas. Vale la pena ir con la misma actitud que al Met o al Museo del Prado: no se puede ver todo, así que elige algunos lugares destacados y disfrútalos. Carmen continúa diciendo: - ¿Cuánto cuesta la entrada al Prado? Betsavé le indicará que: - De lunes a viernes las entradas en boletería están a 370 pesos y comprando por la web a 320 pesos; sábados y domingos los precios aumentan a 420 y 370 pesos, respectivamente. Carnen continúa mareando la perdiz y pregunta de nuevo: - ¿Cuánto pagan los jubilados en el Museo del Prado? Betsavé le dará la respuesta: - Museo del Prado: cuenta con una entrada reducida de 7,5 euros para las personas mayores de 65 años. Sin embargo se puede ir de manera gratuita en la visita de lunes a sábado de 18.00 a 20.00 h y domingo y festivos de 17.00 a 19.00 h. Ahora se hace con la palabra Carmen, que plantea: - ¿Qué ver en el Museo del Prado en una hora? Su padre le hará saber que: - La Crucifixión - Juan de Flandes (1510) Sala 057. - El caballero de la mano en el pecho - El Greco (1580) Sala 008B. - Las meninas - Velázquez (1656) Sala 012. - El sueño de Jacob - José de Ribera (1639) Sala 009. - El 3 de mayo en Madrid o “Los fusilamientos” - Goya (1814) Sala 064. Carmen continúa en su línea: - ¿Cuánto cuesta ser amigo del Museo del Prado? Su padre le chivará lo siguiente: - Coste de la matrícula. 223€. - Amigos del Museo del Prado, estudiantes, profesores y mayores de 65 años. Retoma el asunto su hija Carmen: - ¿Qué línea de metro va al Museo del Prado? Su padre le contesta que: - En metro (Línea 1): la parada Atocha-Estación del Arte se encuentra a 7 minutos a pie del museo. Puedes bajarte aquí desde la Línea 1 de metro, que conecta con gran parte de la ciudad. Ahora, retoma su punto de vista David de nuevo: - ¿Qué no se puede meter en el Museo del Prado? Su padre, que no le quita la pestaña, contestará a David: - Patinetes o bicicletas. - Maletas o bultos de 40 x 40. - Animales, excepto los autorizados. David formula la última pregunta de este bloque: - ¿Cuánto tiempo se pasa en el Museo del Prado? Su padre le advertirá lo siguiente: - Lo ideal, sería al menos dos horas para ver todas las salas con tranquilidad y poder leer y entender lo que estás viendo. También te proponemos el itinerario del Museo del Prado en dos horas. Por supuesto, si eres amante del arte, podrás estar aquí horas y horas incluso una jornada completa admirando todas las obras. David resucita clamando lo siguiente: - ¿Cuál es el horario del Mercado del Prado? Contestando a esta pregunta su padre: - Abrimos todos los días a partir de las 10hs. De Domingo a Jueves cerramos las cocinas a las 00hs. En la siguiente, Carmen hilvana que: - ¿Cuál es la obra más importante del Museo del Prado? Su madre le ayudará en esta elección: - Se trata de la obra "Degollación de San Juan Bautista y banquete de Herodes", de Bartholomäus Strobel el Joven. En la siguiente pregunta, Carmen apuntará más fino: - ¿Qué es la tarjeta Feam? Su madre le descubrirá el secreto: - Se trata de un carnet, propiedad de la Federación Española de Amigos de los Museos (FEAM), con el cual el portador puede entrar de manera gratuita a una serie de museos en España, además conlleva otros beneficios y ventajas, como descuentos en hoteles, librerías o editoriales. Carmen plantea que: - ¿Por qué no se pueden sacar fotos en el Prado? Su padre le dará la razón: - Cuando se ha consultado a sus responsables a través de redes sociales, alegan que esta medida se toma para evitar aglomeraciones que mermen la calidad de la visita, además de flashes accidentales que puedan dañar la obra. Carmen forrada de dulzura y suavidad, levanta la siguiente pregunta: - ¿Cuál es la pieza más famosa del Museo del Prado? Su padre le sacará de dudas: - Las Meninas de Velázquez es probablemente la pintura más representativa y famosa del Museo del Prado. Es uno de los lienzos más grandes, con más de 3 metros de ancho y casi 3 metros de alto, del pintor sevillano y de su obra maestra. Carmen, para finalizar este apartado, pondrá de manifiesto que - ¿Dónde están las estatuas de Las meninas en Madrid? Su padre le echará una mano: - Las actuales meninas están diseminadas por todo Madrid: en la plaza de la Independencia (Puerta de Alcalá) está la “Menina secreta”, de Lorenzo Caprile; y en la calle Goya “Mi corazón es España”, de la pintora Mayte Spínola. En la Plaza Mayor está la “Menina Postal”, decorada enteramente con sellos, de Luigi Cuchillo. Ahora toma la palabra Betsavel, quien aporta su punto de vista sobre el Museo del Prado en los siguientes términos: - Construido en 1785 bajo el reinado de Carlos III por Juan de Villanueva para Museo de Ciencias Naturales, en estilo clasicista. Durante la Guerra de la Independencia fue utilizado como arsenal y tras ser restaurado en 1819, durante el reinado de Fernando VII, se dedicó a pinacoteca. La entrada principal al Museo está presidida por la estatua de Velázquez y en su interior alberga unas 3.000 obras pictóricas, lo que lo convierte en uno de los más ricos del mundo. El tesoro principal lo constituyen las obras de la Escuela española, que abarca desde el siglo XV hasta Goya y tiene entre sus principales representantes a: Ribera (con unos 60 cuadros), El Greco (con más de una treintena de obras religiosas), Diego de Velázquez (con medio centenar de obras entre las que destacan Las Meninas, Las Hilanderas, La Rendición de Breda y El retrato ecuestre del príncipe Baltasar Carlos, entre otras), Murillo (con innumerables obras maestras como La Inmaculada Concepción de Soult), Goya (con más de 120 cuadros que abarcan retratos, como La maja vestida, La maja desnuda o La familia de Carlos IV, famosos cartones de tapices, el famoso cuadro de El 3 de mayo de 1808 en Madrid, sus pinturas negras, y una rica colección de dibujos). En la Gran Galería se exponen pinturas de la escuela barroca española de Murillo, Carreño, Ribera, etc. También se encuentran representadas otras famosas escuelas con obras de sus principales maestros, tales como la Escuela Italiana, con pinturas de Fray Angélico, Mantegna y Messina. También se muestran ocho cuadros de Rafael. La Escuela Veneciana está representada por Tintoretto, Giorgione, Paolo Veronese, Tiépolo y Tiziano, de éste último obras tan importantes como La Venus recreándose en la música, los retratos de Carlos V y Felipe II, El retrato ecuestre de Carlos V, entre otros. La Escuela de los antiguos maestros holandeses también representada con obras tan famosas como el Tríptico de El Bosco, El jardín de las Delicias. La Escuela alemana muestra obras de maestros como Durero. La Escuela flamenca presenta unos 86 cuadros entre los que sobresalen varias obras de Rubens, como Las tres Gracias y El jardín del Amor; más de una veintena de van Dyck; y otras tantas de Jacob Jordaens y de Jan Breughel. La Escuela holandesa tiene su máximo representante en Rembrandt. La Escuela francesa de los siglos XVII y XVIII está representada por las obras de Poussin, Claudio Lorena y Watteau, entre los más destacados. Y la Escuela inglesa con obras de Georges Romney, Henry Raeburn y Thomas Lawrence. Además de las citadas colecciones pictóricas en el Museo del Prado se exponen una importante colección de esculturas egipcias, griegas y romanas, así como una impresionante colección de piezas únicas de orfebrería, heredadas por Felipe V de su padre, el Gran Delfín de Francia, en el denominado Tesoro del Delfín, en los sótanos del Museo. Dirá David lo siguiente: - Al tratarse de una pinacoteca se necesitarán conocimientos de pintura. Una pinacoteca es el lugar donde se exhibe y guarda una colección de pinturas de modo permanente y público. Por otra parte, la pintura es el arte de aplicar los pigmentos o colores sobre una superficia (Se obtienen diferentes modalidades). Pero salto yo, y les convenzo a mis hijos que voy a hacer una exposición sobre el Museo del Prado, que quiero que sea lineal: - El edificio, obra de Juan de Villanueva, es uno de los más bellos monumentos arquitectónicos cortesanos, con un aspecto exterior, severo y elegante, digno de las innumerables maravillas que contiene. En la fachada principal destaca una doble galería con peristilo dórico, cuya parte baja se encuentra adornada por bustos y hornacinas, al frente de la cual se halla la estatua del pintor Velázquez; pero más conocida que ésta es la fachada septentrional, flanqueada por la figura de Goya, por ser la que da acceso a los visitantes. La disposición interior del edificio es igualmente suntuosa, con el imponente vestíbulo y la galería principal que dan acceso a las salas. - El Museo del Prado se amplió con el claustro de los Jerónimos en el año 2007, según el proyecto de Rafael Moneo, ganador del concurso presentado en noviembre de 1998. En las obras de ampliación han participado maestros como Oriol García, Víctor Martín, Juan Carralón, Isaac Escalante, Fernando Capa, entre otros. No obstante, el plan general de ampliación de la pinacoteca contempla, además, la renovación del Casón del Buen Retiro y la incorporación del edificio del Museo de Ejército. Dicho lo cual, pues yo, el padre, soy el narrador, por lo que prosigo con lo siguiente: La idea de fundar en Madrid un museo de pintura para albergar las colecciones reales partió del rey intruso José Bonaparte, quien pensó en hacer un museo accesible al público siguiendo el modelo del Louvre parisino, y designó el Palacio de Buenavista como sede de la pinacoteca. Las turbulencias de la Guerra de la Independencia española retrasaron el proyecto, que retomó Fernando VII, quien lo llevó a feliz término a la vuelta de su dorado exilio, con la idea de contentar a los "modernos y cultos" ilustrados. El estado paupérrimo de las arcas del erario impidió la restauración del Palacio de Buenavista que había sido incautado a Godoy, así que se decidió instalar el museo en el edificio destinado a Gabinete de Historia Natural, obra de Villanueva y quizá el más acabado ejemplo de neoclasicismo de su autor, que, aunque había servido como cuartel general para las tropas de Murat, resistió bravamente los embates de la barbarie francesa. El lugar había sido escogido no sólo por el bullicio ciudadano, sino por su belleza, pues unos años antes habían quedado concluidas las obras proyectadas por Hermosilla, que explanaron los terrenos y cubrieron el foso sobre el que se elevaba el edificio y que, más tarde, provocaría aquellos problemas de humedad que afectaron al museo. Un decenio después, Ventura Rodríguez dio término a la reforma proyectada al levantar las fuentes de Cibeles, Apolo y Neptuno, que constituyen, junto al Museo, el delicioso Jardín Botánico y el fulgurante Observatorio, uno de los más emblemáticos entornos culturales de la Villa y Corte. Se proyectó la inauguración del museo para noviembre de 1819 con trescientos once cuadros, según consta en el sucinto catálogo redactado por el conserje, Luis Eusebi; bajo la dirección del marqués de Santa Cruz se habían trasladado previamente muchos cuadros de la colección real, que fue completándose con sucesivas aportaciones: en 1827 Fernando VII ordenó a la Academia de Bellas Artes de San Fernando la entrega de muchas de sus pinturas y, a lo largo de ese mismo año, continuaron exigiéndose nuevas donaciones; en 1837 se traen cuadros de El Escorial y, en dos años más tarde, los envíos escurialenses siguen llegando. Los fondos del museo fueron enriquecidos con nuevas aportaciones de las colecciones reales de los palacios de La Granja y Aranjuez y con el tesoro del Delfín, las alhajas que Felipe V había heredado de su padre y que habían sido sustraídas por los franceses en 1813. La regencia de María Cristina supuso un considerable avance en los trabajos, pero el aumento de pinturas iba exigiendo la redacción de un nuevo catálogo, del que se hizo cargo Pedro de Madrazo, cuyo hermano era director del museo. A los ya cuantiosos fondos de este templo del arte se añadieron las obras procedentes de los conventos desamortizados de Madrid, Toledo, Ávila y Segovia, lo que obligó a disponer del edificio vulgarmente conocido como Museo de la Trinidad, sito en la calle Atocha; esta medida no duró mucho tiempo, un Real Decreto ordenó que los fondos de la Trinidad fuesen trasladados al Prado. La Guerra Civil española obligó al museo a cerrar sus puertas, y las obras fueron evacuadas apresuradamente, primero a la ciudad del Turia, y luego a Ginebra, en cuyo museo se exhibieron con un éxito sin precedentes. Al término de la contienda, y en puertas de la Segunda Guerra Mundial, los cuadros fueron repatriados al museo, que quedó de modo casi idéntico a como estaba. En las salas del Prado quedan reflejadas las preferencias de los reyes españoles ya que, al fin y al cabo, las colecciones reales surtieron el patrimonio de la pinacoteca. Así por ejemplo, el interés por los maestros flamencos fue constante desde la época de los Reyes Católicos hasta Felipe II, lo que explica la abundante representación que encuentran los primitivos flamencos como El Bosco o Van der Weyden. De época posterior es Rubens, que además estuvo al servicio de la corte española como diplomático; lo mismo sucede con Tiziano, cuyos vínculos con el emperador Carlos V propiciaron la representación de sus obras en el museo. El carácter cortesano de las colecciones determinó la casi exhaustiva presencia de obras de Velázquez, Goya y tantos otros pintores de cámara real, como los retratistas Sánchez Coello y Pantoja de la Cruz. Por esta misma condición palaciega está marcada la casi total ausencia de las escuelas inglesas y francesas, y las de aquellos artistas cuyas naciones fueron rivales políticos de la nación española. Para completar la colección habría que hacer una reseña a las riquezas escultóricas del Prado, así como a las importantes piezas de tapicería flamenca, y a los dibujos, muchos de ellos aún no suficientemente estudiados. Una de las lacras del Museo del Prado es el problema de instalación de los fondos museográficos que ha provocado el incremento constante del tesoro artístico, puesto que el edificio no se proyectó como una pinacoteca en sus inicios. Los problemas suscitados de las forzosas ampliaciones y renovaciones afectan incluso a edificios aledaños como el claustro de la vecina iglesia de Los Jerónimos o el Museo del Ejército, cuya incorporación a los edificios museísticos solventarían en gran medida los problemas de acumulación de las obras de arte que se encuentran en los sótanos del museo o bien dispersas. Hoy, el Museo del Prado tiene fondos que se custodian en el propio edificio, otros que pueden contemplarse en el Casón del Buen Retíro (con pintura desde finales del siglo XVIII hasta comienzos del siglo XX) y otros en préstamo en distintos centros públicos de España y legaciones diplomáticas nacionales en todo el mundo. En 1998, se abrieron doce nuevas salas en el Museo del Prado para recoger la pintura flamenca, de la que esta institución posee fondos riquísimos, con obras de Rubens, Van Dyck, Jordaens o Rembrandt. El impulsor de estos importantes cambios fue el entonces director del Museo, el profesor Checa Cremades; quien les ha dado forma, el pintor Gustavo Torner. En enero de 2002, Miguel Zugaza fue nombrado nuevo director del Museo en sustitución de Fernando Checa que presentó su dimisión el 27 de noviembre de 2001 por desavenencias con el presidente del Patronato, Eduardo Serra. A lo largo de la historia de España, no es posible hablar de mecenazgo ni de una clientela estable -caso de la aristocracia italiana o francesa-, pero tampoco hubo una demanda burguesa como en los Países Bajos; pero sí existió el complejo fenómeno del mecenazgo de la realeza o de la Iglesia, independientemente de las razones que movieran a este estamento a hacer del arte un aliado para sus particulares intereses. La peculiaridad de estas circunstancias hace que las colecciones museísticas sean de tres tipos: el grueso lo integran las colecciones reales, seguidas por el conjunto eclesiástico y, por último, un tercer bloque lo componen adquisiciones, legados y compras. El patronazgo ejercido sobre la escuela española no se limitó al afán coleccionista de los monarcas, o a mantener un nutrido grupo de pintores alrededor del Rey, sino que se dictaron disposiciones para impedir el expolio de obras de arte por agentes extranjeros, como precisamente estaba sucediendo en Sevilla con los cuadros de Murillo. En el panorama que componen los fondos de pintura española del Museo del Prado, si se sigue un orden cronológico, se encuentra que la pintura medieval tiene escasa representación en comparación con otras etapas artísticas; sin embargo, la pintura manierista, que tiene como singular figura a El Greco, exhibe el conjunto de más calidad y más completo del mundo. Las figuras señeras y uno de los alicientes para visitar el museo son, sin duda, los representantes del Barroco, Zurbarán, Ribera, Murillo o Velázquez, del que salvo una docena de cuadros, el conjunto de su obra se exhibe íntegro; obras como Las Meninas, Las Lanzas o Las Hilanderas, han escrito páginas en la Historia del arte universal. El conjunto dieciochesco es también muy representativo con nombres como Bayeu, Maella o Francisco de Goya y Lucientes; del retrato a la pintura religiosa, de los frescos que se hallaron en la Quinta del Sordo al cuadro de gabinete incluyendo los cartones para tapices, más de una centena de obras, que tocan todos los géneros pictóricos, del maestro aragonés se encuentran reunidas en el museo. Cuadros de pintores de extraordinaria calidad adornan las paredes del viejo edificio levantado por Villanueva. Rafael Sanzio es uno de ellos, de cuyas manos existen varias obras, además aquellas de sus discípulos o de las procedentes de su obrador; de donde proceden cuadros como La Sagrada Familia o La Virgen de la Rosa, que fueron compras encargadas por la familia real. Desde mediados del siglo XVI abundan las obras de los maestros venecianos como Tiziano, Veronés y Tintoretto. En el siglo XVII pintan Guido Reni y el napolitano Luca Giordano, también el veneciano Tiépolo; la influencia clasicista de las familias Bassano y Carraci se dejó sentir más tarde: obras de todos estos pintores configuran el inventario italiano del Museo del Prado. El hecho de que hasta el siglo XVI los Países Bajos estuvieron bajo el gobierno de la Casa de Austria, explica la abundancia de pintura holandesa y flamenca del museo; sin embargo, estas colecciones son muy desiguales: la copiosidad de las obra flamenca contrasta con la escasez de la colección holandesa, debido a los avatares diplomáticos y a la distinta sensibilidad estética de los dos países; sólo un centenar de obras holandesas se hallan en El Prado, la mayor parte adquiridas durante el XVIII. Desde tiempos de los Reyes Católicos se revela una fuerte preferencia por lo flamenco, estima que perduró hasta el Barroco, cuyos pintores se dedicaron en general al género del retrato. Autores como Antonio Moro, Gossaert, El Bosco, cuyo tríptico El Jardín de las Delicias, El Carro del Heno y La Mesa de los Pecados Capitales, se antecede al surrealismo; el patetismo de obras maestras como el Triunfo de la Muerte de Brueghel "el Viejo"; o lo religioso, lo político y lo mitológico, que se dan la mano en composiciones de Rubens como Las Tres Gracias o San Jorge luchando con el Dragón, configuran la historia flamenca de el Prado, sin apenas lagunas significativas, como no sean las de Van Eyck. Como se indicó más arriba, la pintura flamenca del Prado se recoge en doce nuevas salas desde 1998. El museo posee una escasa, pero muy selecta, representación de pintores alemanes del XVI, entre los que destacan las figuras de Hans Holbein, Alberto Durero y Lucas Cranach, cuyas obras llegaron en forma de regalos o de adquisiciones reales; pero, posiblemente, sean Brueghel y Mengs los artistas alemanes que mejor representan la cultura de los países germánicos -la influencia del último se rastrea incluso en los cartones para tapices de Goya-. Detrás de la italiana y la flamenca, la francesa es la tercera escuela mejor representada entre las extranjeras con más de trescientas obras que recorren los siglos XVI al XIX. Simon Vouet es el primer autor a considerar, cuyas obras, de temática fundamentalmente religiosa, dan paso a las de Philippe de Champaigne, artífice de un tipo de naturalismo que alcanzó gran difusión en España. Los pactos y enlaces matrimoniales con el país vecino fueron motivo para la adquisición de numerosos cuadros de Poussin o Claudio de Lorena -Paisaje con Santa María Magdalena, Paisaje con San Antonio Abad-, encargados en un principio para decorar el Palacio del Buen Retiro. Durante la etapa rococó se hicieron adquisiciones de Boucher y Watteau -Fiesta en un Parque-, máximos representantes de este estilo amable y decorativista. La colección de pinturas decimonónicas que se expone en el Casón del Buen Retiro no es sino una pequeña parte de los extensos fondos propiedad del museo, parte de los cuales se hallan en los sótanos, en distintas instituciones oficiales de España y en embajadas y legaciones diplomáticas de España en todo el mundo; a estas obras del llamado "Prado disperso", se ha dedicado una especial atención en el transcurso de estos últimos años. Mención especial merecen los pintores Madrazo, Esquivel y Juan Antonio Ribera, cuya obra Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, se ha tenido tradicionalmente como la pieza cumbre del neoclásico español. Dicho lo cual, así doy por terminada mi exposición del Museo del Prado. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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