lunes, 26 de mayo de 2025

NOVELA, El advenimiento de la ultraderecha.

CAPÍTULO PRIMERO Hoy nos encontramos en una de las dictaduras militares de América Latina, en cualquiera de ellas, en la segunda mitad del siglo XX. La gran mayoría fueron apoyadas por Estados Unidos, quienes encontraron en ellas principalmente sus recursos naturales inagotables. No obstante, vamos a ir matizando sobre la marcha las afirmaciones anteriores. Está claro que América Latina ha sido históricamente una región muy castigada por los regímenes dictatoriales. Numerosos golpes de Estado en prácticamente todos los países de la zona han dado paso a juntas militares o dictadores que han impuesto su ley a través de la fuerza, perpetuándose décadas en el poder mediante la represión. Para entender la magnitud de esta dinámica basta con poner el foco en los países que no han sucumbido a este tipo de poder militar en la segunda mitad del siglo XX, las cuales se pueden contar con los dedos de una mano: México, Belice y Costa Rica —aunque no exentas de conatos de dictaduras—. Gradualmente y en el contexto de la Guerra Fría, América Latina fue tomada por gobernantes que durante años violaron sistemáticamente los derechos humanos de sus ciudadanos, en un contexto en el que la tensión entre Estados Unidos y la Unión Soviética marcaba todas las disputas geopolíticas. Precisamente, los norteamericanos, con el objetivo de combatir el comunismo y frenar los Gobiernos izquierdistas de la región, brindaron apoyo militar, técnico y financiero a muchos de estos regímenes dictatoriales. De hecho, Estados Unidos entrenó a cerca de 125.000 militares en América Latina entre 1950 y 1998. Bajo la Doctrina de Seguridad Nacional, los estadounidenses también lanzaron la Operación Cóndor, uno de los planes diseñados desde Washington para acabar con la oposición de los regímenes que le eran afines. - La Guerra Fría fue un conflicto político e ideológico entre Estados Unidos y la Unión Soviética (URSS) que duró desde 1947 hasta 1991. Este período de tensión global se caracterizó por una lucha de influencia y supremacía entre ambos bloques, el capitalista liderado por EE.UU. y el comunista liderado por la URSS. La Guerra Fría surgió tras la Segunda Guerra Mundial, donde los Estados Unidos y la URSS emergieron como las dos superpotencias. No fue una guerra en el sentido tradicional de enfrentamiento militar directo, sino una competencia global que se manifestó en diversos ámbitos: político, económico, militar, ideológico y propagandístico. El conflicto principal era la lucha entre el capitalismo y el comunismo, dos sistemas económicos y políticos con ideologías antagónicas. Se produjeron diversos conflictos indirectos (guerras proxy) en diferentes partes del mundo donde EE.UU. y la URSS apoyaban a diferentes facciones con el objetivo de expandir su influencia, como la Guerra de Corea y la Guerra de Vietnam. Ambas potencias invirtieron grandes recursos en el desarrollo de armas nucleares, lo que generó una constante tensión y el riesgo de un conflicto nuclear. La competencia por la exploración espacial también fue un aspecto importante de la Guerra Fría, con logros como el lanzamiento de Sputnik por la URSS y el programa Apolo de EE.UU. La caída del Muro de Berlín en 1989 fue un símbolo clave del fin de la Guerra Fría. El colapso de la Unión Soviética en 1991 marcó el fin oficial de la Guerra Fría. - El Plan Cóndor, también conocido como Operación Cóndor, fue una campaña de represión política y terrorismo de Estado llevada a cabo a partir de 1975 por varios gobiernos dictatoriales latinoamericanos con el respaldo del gobierno de Estados Unidos y que incluía operaciones de inteligencia y el asesinato de opositores en el continente americano. El Plan Cóndor se constituyó en una organización clandestina internacional para la estrategia del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política, el peronismo, el sindicalismo, las agrupaciones estudiantiles, la docencia, el periodismo, el campo artístico, la teología de la liberación y el movimiento de derechos humanos. Las dictaduras sudamericanas se coordinaron en los años setenta a través de la Operación Cóndor para reprimir opositores bajo el pretexto de luchar contra la subversión y el comunismo. El descubrimiento del plan en las décadas siguientes apuntó al apoyo de Estados Unidos. La Operación Cóndor o Plan Cóndor fue una campaña de represión y terrorismo de Estado de las dictaduras de Sudamérica en los años setenta y ochenta con apoyo de Estados Unidos. La idearon las cúpulas de los regímenes y sus servicios secretos que, alentados por Washington, llevaron a cabo torturas, asesinatos y desapariciones forzosas, entre otros crímenes. Se trató de un sistema coordinado para anular a la izquierda que se fraguó y desarrolló en secreto, y empezó a destaparse en los años noventa- De esta forma llegaron al poder Alfredo Stroessner en Paraguay en 1954, Humberto de Alencar Castelo Branco en Brasil —instaurando la Quinta República Brasileña— en 1964, Hugo Banzer en Bolivia en 1971, Juan María Bordaberry en Uruguay en 1973, Augusto Pinochet en Chile en 1973 o Jorge Rafael Videla en Argentina en 1976. Se aclara lo siguiente: - Alfredo Stroessner fue un militar, político y dictador paraguayo. Lideró su país como presidente de facto desde el 15 de agosto de 1954 hasta el 3 de febrero de 1989, cuando fue derrocado por un golpe de Estado. El 3 de febrero de 1989, Stroessner fue derrocado en un golpe militar encabezado por el general Andrés Rodríguez. Se exilió en Brasil, donde murió en 2006. En el momento de su muerte, Stroessner era el acusado en varios casos de derechos humanos en Paraguay. En el año 1947, Stroessner fue uno de los comandantes que defendió al gobierno del presidente Higinio Morínigo contra una importante parte de las Fuerzas Armadas, apoyadas por civiles del Partido Liberal, del Partido Comunista y del actual Partido Revolucionario Febrerista en lo que se llamó la guerra civil paraguaya. Por otra parte, el Movimiento Popular Colorado (MOPOCO) tiene sus raíces en el año 1959, cuando un grupo de jóvenes colorados, en pleno contexto de la dictadura de Alfredo Stroessner, lograron obtener la presidencia del Comité Central de la Juventud Colorada mediante propuestas de corte reivindicatorio. - Por su parte, Humberto de Alencar Castelo Branco (1897-1967) fue el primer dictador militar tras el golpe militar de 1964. Durante su régimen dictatorial, permaneció en el poder de 1964 a 1967. En 1963, rodeado de presiones Goulart designó a Humberto de Alencar Castelo Branco (1897-1967) como Jefe del Estado Mayor del Ejército, creyendo que al ceder algo de espacio a los uniformados ganaba tiempo en el difícil equilibrio que debía generar día a día su gobierno de tinte progresista. Sin embargo, acceder a los resortes del Estado fue la plataforma para el Golpe de Estado de 1964. En forma inmediata designan como jefe de la Policía a Ranieri Mazzilli (1910-1975) quien da curso a un armado represivo anti-militantes como no se había visto hasta allí. Aún así, el propio Congreso retificó al golpista Castelo Branco indicándole que debía cumplir el resto del período de Goulart por lo que asumió formalmente la Presidencia el 15 de abril de 1964. En apenas unos días bombardeó la vida cotidiana de decretos que abarcaron todos los aspectos de la vida política y civil. El flamante dictador prohibió a los partidos políticos y persiguió en forma contundente a todos los que tuvieran ideología de izquierda o estuvieran ligados a organizaciones sindicales obreras y de trabajadores en general. La Doctrina de Seguridad Nacional diseñada por el Pentágono estadounidense se aplicaba en forma simultánea a la pérdida de independencia internacional del país. El alineamiento con la Casa Blanca en plena guerra fría fue más obsceno incluso que cuando se enviaron tropas para unirse a los aliados en la Segunda Guerra Mundial. - Hugo Banzer fue un político y militar boliviano. Ocupó la presidencia de Bolivia en dos períodos: de 1971 a 1978, mediante golpe de Estado, y nuevamente de 1997 a 2001, como presidente elegido. Entre las víctimas están el líder político y sindical Marcelo Quiroga Santa Cruz y el dirigente político Carlos Flores Bedregal, cuyos cuerpos siguen en paradero desconocido. El régimen de García Meza (1980-1981) fue sólo uno de los varios gobiernos militares y autoritarios que dominaron Bolivia entre 1964 y 1982. El Abrazo de Charaña, del 8 de febrero de 1975, fue un compromiso de que a cambio de la reanudación de relaciones diplomáticas, Chile debía presentar una propuesta para dar a Bolivia un acceso soberano al mar. De golpe, pareció que la situación estratégica y geopolítica de la zona cambiaba de manera drástica. En 1970, se enfrentaron en Bolivia dos proyectos de país. El primero, encabezado por el general Alfredo Ovando Candia, Marcelo Quiroga Santa Cruz y José Ortiz Mercado, que nacionalizó el petróleo, instaló los primeros hornos estatales de fundición de estaño y elaboró la Estrategia para el Desarrollo Nacional. Luis García Meza Tejada (Presidente de Facto de Bolivia) fue sentenciado a 30 años de prisión. Luis Arce Gómez (ministro del interior) fue sentenciado a 30 años de prisión. - Juan María Bordaberry fue un político y ganadero uruguayo. Fue presidente constitucional de 1972 a 1973 y dictador de 1973 a 1976 durante la dictadura cívico-militar en Uruguay. Este 27 de junio se cumple el 50 aniversario de uno de los momentos más oscuros en la historia de Uruguay: el golpe de Estado perpetrado por el presidente Juan María Bordaberry y apoyado por las fuerzas militares. Un levantamiento que tuvo éxito y que permitió que se instaurara una dictadura cívico-militar que duraría hasta el año 1985 y en la que se cometerían asesinatos arbitrarios, torturas a disidentes políticos y un sinfín de violaciones a los derechos humanos. - Augusto Pinochet fue un militar, político y dictador chileno en el período comprendido entre 1973 y 1990. Durante este periodo, fueron cometidas sistemáticas violaciones a los derechos humanos, se limitó la libertad de expresión, se suprimieron los partidos políticos y el Congreso Nacional fue disuelto. Durante el gobierno de Salvador Allende, los medios de comunicación masivos desempeñaron un papel fundamental en cuanto a la formación de criterio de la población. Prensa, radio y televisión apoyaron abierta y directamente a la derecha e izquierda chilenas polarizando las diferencias entre ambos sectores. Una vez que Salvador Allende asumió la presidencia, la noticia sirvió como pretexto para defender los intereses de la burguesía, que se encargó de decidir cuáles noticias debían tener una circulación preferencial y manejaron constantemente la ironía, el ridículo, el apodo ofensivo y el insulto. Incluso, documentos desclasificados de la CIA de Estados Unidos revelan que el gobierno estadounidense financió periódicos y revistas de derecha en perjuicio del gobierno de Allende. Tras liderar un golpe de Estado el 11 de septiembre de 1973, Augusto Pinochet dirigió el país por 17 años mediante un régimen dictatorial caracterizado por violaciones a los derechos humanos y la implementación de un modelo económico neoliberal. - Por último, Jorge Rafael Videla fue un militar y dictador argentino, miembro de la Junta Militar de 1976 a 1978 y presidente de facto de 1976 a 1981. Durante la presidencia de facto de Jorge Rafael Videla se prohibieron y quemaron libros, se persiguió y desapareció a los intelectuales opositores. El 29 de abril de 1976 en Córdoba, una pila de libros ardió en el Regimiento de Infantería Aerotransportado de La Calera. El golpe de Estado argentino de 1976 fue un golpe de Estado que derrocó a Isabel Perón como presidenta de Argentina el 24 de marzo de 1976. Se instaló una junta militar para reemplazarla; ésta estuvo encabezada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el general de brigada Orlando Ramón Agosti. El «flagelo subversivo», la «demagogia», la «corrupción», el «caos», el «vacío de poder», la «carencia de soluciones» institucionales, la «irresponsabilidad en el manejo de la economía», fueron algunos de los argumentos utilizados por los golpistas para derrocar al gobierno constitucional. En Argentina, seis golpes de Estado tuvieron lugar en el siglo XX: en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. El último impuso el terrorismo de Estado, con violaciones de DD. HH. y 30 000 desapariciones. Nunca Más es el nombre del informe elaborado en 1984 por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de las Personas (CONADEP), creada por el presidente Alfonsín para investigar la represión desarrollada por el estado argentino durante la última dictadura militar, entre 1976 a 1983. El gobierno de facto, constituido como Junta Militar, estaba formado por los comandantes de las tres armas: el general Jorge Rafael Videla (Ejército), el almirante Emilio Eduardo Massera (Marina) y el brigadier Orlando Ramón Agosti (Aeronáutica). El plan de Estados Unidos surtió efecto, pero no en toda América Latina. El ejemplo más evidente fue la revolución cubana de Fidel Castro, que en 1959 depuso a Fulgencio Batista para imponer una nueva dictadura que al poco tiempo fue apoyada por la Unión Soviética. De hecho, el mandato de Castro se extendió hasta 2006, convirtiendo a Cuba en el país latinoamericano que estuvo más tiempo bajo un mismo dictador en la segunda mitad del siglo XX. . Fidel Castro fue un político, revolucionario, marxista, y abogado cubano. Tras derrocar la dictadura de Fulgencio Batista mediante una guerra de guerrillas durante la Revolución cubana, ejerció el poder ejecutivo en su país durante casi 50 años, como primer ministro y presidente. La dictadura de castro duró desde 1959 hasta el 2 de diciembre de 1976. Cuba es un Estado socialista presidido por Miguel Díaz Canel, quien es actualmente el jefe de Estado, jefe de Gobierno, primer secretario del Partido Comunista de Cuba y comandante en jefe (jefe supremo) de las fuerzas armadas. El Ministerio del Interior es el principal órgano para la seguridad y el control del estado. El gobierno de Castro enfatizó los proyectos sociales para mejorar el nivel de vida de los cubanos, a menudo en detrimento del desarrollo económico. Se hizo especial hincapié en la educación, y durante los primeros 30 meses de su gobierno, se abrieron más aulas que en los 30 años anteriores. Cuba cuenta con un sistema político socialista desde 1961, basado en el principio de "un Estado, un partido". Cuba se define constitucionalmente como una república socialista marxista-leninista de partido único con poderes semipresidenciales. El Partido Comunista de Cuba (PCC) es un partido político marxista-leninista cubano, fundado en 1965 por Fidel Castro con sus antecedentes en el Primer Partido Comunista de Cuba creado en 1925 por Julio Antonio Mella y Carlos Baliño. Ideológicamente marxista-leninista y nacionalista cubano, Fidel Castro también se desempeñó como primer secretario del Partido Comunista de Cuba desde 1965 hasta 2011. Bajo su administración, Cuba se convirtió en un estado comunista de partido único; la industria y los negocios fueron nacionalizados, y se implementaron reformas socialistas en toda la sociedad. Fidel Castro (1926-2016) fue un político, revolucionario, marxista, y abogado cubano. Tras derrocar la dictadura de Fulgencio Batista mediante una guerra de guerrillas durante la Revolución cubana,] ejerció el poder ejecutivo en su país durante casi 50 años,] como primer ministro (1959-1976) y presidente (1976-2008). Es considerado por diversas fuentes como dictador. Mientras que en el socialismo se busca hacer reformas para ir desapareciendo las diferencias económicas, en el comunismo se busca la abolición definitiva de las clases sociales y de la propiedad privada (y no solo su regulación). Aunque la teoría marxista sugería que las sociedades industriales eran los lugares más adecuados para la revolución social (ya sea a través de una transición pacífica o por la fuerza de las armas), el comunismo tuvo éxito principalmente en países subdesarrollados con pobreza endémica, como la República de China. A grandes rasgos, América Latina latía al unísono. Pero, en este caso, vamos a fijar nuestras miradas en la Argentina de 1976, que se convirtió en el paraíso de Jorge Rafael Vidala. Y vamos a centrar nuestra obra de teatro en estas latitudes porque sólo en ellas se ha pasado de ser una vergonzosa dictadura militar a ser la representante de los nuevos vientos de Extrema Derecha, vientos de los que participa también la vieja Europa. - Javier Milei es un economista, político y docente argentino. Es el presidente de la Nación Argentina desde el 10 de diciembre de 2023 y líder del partido político La Libertad Avanza. La vida de Milei atrajo mucha atención y a veces controversia, y ha sido descrita como excéntrica, y cosechó un gran número de seguidores por su estilo grandilocuente, sus apariciones en televisión y su historia como músico de rock; apeló a los problemas de corrupción en Argentina. El canciller, oficialmente ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto del Gobierno de Milei, es Gerardo Werthein. Javier Milei declaró en campaña que sus aliados serían Estados Unidos e Israel. El Partido Libertario (Argentina) apoya a Milei. Los libertarios son escépticos a la idea de que la sociedad obtiene más beneficios que perjuicios del Estado (al que identifican con la burocracia y el poder político) y frecuentemente proponen el gobierno limitado —un gobierno que permita todo acuerdo voluntario y que emplee la fuerza sólo para la protección. En este sentido, el liberalismo libertario es el concepto forjado para describir cómo fue que la explosión y expansión de las fuerzas productivas después de la gran guerra, condujo al sistema capitalista a autorizar y a desarrollar potencialidades antes latentes y reprimidas, permitiendo así cierto grado de progreso ... Son anarcocapitalistas: La Irlanda celta, la Islandia medieval, las ciudades libres de la Europa medieval, la Pensilvania temprana, el Viejo Oeste estadounidense, y la República de Cospaia. El término minarquista quizás es más frecuentemente usado para denominar a los libertarios, que buscan y defienden la existencia de un Estado que proteja la libertad individual sin violentarla él mismo, y para diferenciarse de los anarcocapitalistas, que consideran que el Estado es inherentemente una violación de la libertad ... La anarquía política es el desorden en un Estado, donde resulta que nadie tiene suficiente autoridad como para dirigir y hacer cumplir las leyes, y entonces y como consecuencia, el pueblo se conduce como quiere, sin subordinación, sin supervisores, y sin efectiva policía. El minárquico es partidario de la monarquía; se emplea también como sustantivo; están relacionados con él el monarquismo y la visión realista; el Antónimo es antimonárquico. El anarquismo es una ideología política que busca conseguir la emancipación del hombre de todo tipo de organización jerárquica que limite coactivamente la libertad del ser humano. Pero vamos a dejar total libertad a nuestros protagonistas, para que sean ellos quienes con sus impertérritas indagaciones nos den las claves de este sorprendente y congestivo fenómeno que está viendo el renacimiento de la Extrema Derecha en casi todas las latitudes. El término libertario se caracteriza por su polisemia. Etimológicamente, la palabra «libertario» significa «partidario de la libertad», y puede ser un antónimo de autoritario, de determinista, o de esclavista, lo que dependerá del significado de la palabra «libertad» que se esté usando. En otro sentido, la acción tiene lugar en el Aula Magna de la universidad de Buenos Aires y el careo se establece entre un grupo de estudiantes de Ciencias Políticas y su tutor, accidentalmente un catedrático de Ciencias de la Información. CAPÍTULO SEGUNDO Este profesor fija con perfecta claridad el inicio del debate: - Os doy unos pasos preliminares. Jorge Rafael Videla ingresó en el ejército siendo muy joven, y a los diecinueve años era oficial de infantería. Formó parte de la Secretaría de Defensa (1958-1960), dirigió la Academia Militar hasta 1962, y en 1971 ascendió a general. Nombrado jefe de Estado Mayor en 1973, y comandante en jefe del ejército un año más tarde, en marzo de 1976 dirigió el golpe de Estado que derrocó a la viuda del general Perón, María Estela Martínez de Perón, y se convirtió en presidente de la Junta Militar que pasó a detentar el poder. Videla disolvió el congreso y prohibió toda actividad política y sindical, además de establecer un férreo control militar de la central obrera (CGT). El nuevo régimen favoreció las inversiones multinacionales e impulsó el comercio exterior a costa del desmantelamiento de la industria nacional, y no pudo controlar una galopante inflación ni el abrumador incremento de la deuda exterior. Las Fuerzas Armadas eliminaron a las guerrillas izquierdistas y peronistas y a todo tipo de oposición política mediante una feroz e indiscriminada represión, que supuso uno de los períodos más tenebrosos de la historia argentina, con miles de muertos, desaparecidos y exiliados. Nombrado presidente de la República en 1980, cesó en el cargo al año siguiente, sustituido por el general Roberto Eduardo Viola. Restaurada la democracia en el país, fue juzgado por su responsabilidad en el golpe militar de 1976 y por violación de los derechos humanos. Condenado a cadena perpetua en diciembre de 1985, fue amnistiado al cabo de cinco años gracias a la llamada ley de Punto Final. En octubre de 1998 volvió a ser denunciado y detenido por el rapto de niños nacidos en cautividad durante su mandato, delito que no se contemplaba en las medidas de amnistía política de los años 1989 y 1990. Por su avanzada edad se le concedió arresto domiciliario hasta que en 2008, a causa de la gravedad de las imputaciones que pesaban sobre él, hubo de ingresar de nuevo en prisión. Tras cuatro años encarcelado en la base militar de Campo de Mayo, pasó al penal de Marcos Paz, donde falleció. Momento en el que toma la palabra un alumno llamado Andrés: - No se puede negar el enorme sufrimiento que infringió a la población argentina en general, desde los sorprendentes vuelos de sus escuadrones de helicópteros, desde donde se arrojaban al mar a sus opositores, hasta el sufrimiento agónico de las madres de la Plaza de Mayo. Le sucede en la palabra Héctor Alterio, quien con serenidad dibujó el siguiente panorama: - La adopción en mayo de 1955 de medidas anticlericales terminó con el apoyo de los católicos. Tras algunos meses de disturbios, Perón fue obligado a ceder el poder a una Junta Militar, que lo expulsó del país. La Junta ilegalizó el partido peronista y persiguió el sindicalismo, lo que provocó en los años siguientes una fuerte lucha obrera y sindical. En las elecciones de 1958 triunfó Arturo Frondizi y en las de 1962 el Partido Justicialista consiguió la mayoría, pero los militares anularon los resultados, cerraron en Parlamento y asumieron en poder. El aumento de la tensión social les obligó en 1971 a negociar con los sindicatos, que exigieron la convocatoria de elecciones. Se celebraron en 1973 y las ganó Héctor Cámpora, que preparó el camino para el regreso de Perón y su segunda esposa María Estela Martínez, que ocuparon respectivamente la presidencia y vicepresidencia; pero la repentina muerte de Perón en 1974 alzó a ésta a la presidencia. La corrupción ministerial y el deterioro económico radicalizaron las posturas de los grupos extremistas: el Ejército Revolucionario del Pueblo, los montoneros y la Triple A. Se abrió una etapa de enfrentamientos entre la guerrilla y el Ejército, con centenares de muertos. En 1976 un golpe destituyó a la presidenta y comenzó una de las etapas más dramáticas de la historia de Argentina, como ya se ha dicho. Entre 1976 y 1983 el poder fue asumido por una Junta, a cuyo frente se pusieron sucesivamente los generales Jorge Rafael Videla, Roberto Eduardo Viola y Leopoldo Galtieri, que establecieron una dictadura, al margen de las instituciones. Prohibieron partidos y sindicatos y llevaron a cabo una de las represiones más sangrientas de Sudamérica. Hubo miles de muertos y desaparecidos. En 1982 tropas argentinas invadieron las islas Malvinas, colonia británica. La respuesta del gobierno británico no se hizo esperar y dio comienzo una breve guerra que agravó la crisis económica. Durante la dictadura la inflación sobrepasó el 250% anual, la deuda externa se sextuplicó y la producción y la industria se derrumbaron. Ahora, sale al paso nuestro catedrático y modera el discurso señalando –en un tono muy vituperado-: - Conviene definir con toda exactitud el término “desaparecido”. Así, pues, ‘desaparecidos’ son personas secuestradas por organizaciones paramilitares o parapoliciales de los que se sigue ignorando el paradero transcurridos varios años. En su mayoría han sido víctimas de dictaduras militares o regímenes totalitarios, que los eliminaron sin juicio. Aunque esta práctica se ha utilizado en países diversos, el término tuvo especial relevancia en América latina, en concreto en Argentina durante los gobiernos militares (1976-1983), donde miles de personas desaparecieron. Durante la presidencia de Raúl Alfonsín se creó una Comisión Nacional para su investigación, que presentó un informe en el que se denunciaba la desaparición de 8.960 personas y la existencia de 340 campos de concentración secretos en los que las fuerzas armadas y de seguridad torturaron y asesinaron a muchos de ellos. Y, este insigne catedrático sin cerrar valientemente la boca, se fijará en la persona de Jorge Rafael Videla, de quien comentará lo siguiente: - Jorge Rafael Videla (nació en Mercedes, Argentina, en 1925). Militar y dictador argentino entre 1976-1981.En 1973 fue nombrado jefe del Estado Mayor y en 1975 comandante en jefe del ejército. Participó en el golpe que derrocó a María Estela Martínez de Perón en 1976 y asumió la presidencia. Durante cinco estableció una sangrienta dictadura militar, prohibió la actividad política y sindical y eliminó a la oposición mediante la violencia, el secuestro, la tortura y el asesinato. Durante su mandato desaparecieron unas 6.000 personas. En 1981le sustituyó el general Roberto Viola, que continuó la política de terror. Tras el derrocamiento de la dictadura militar fue juzgado por violación de derechos humanos y condenado a cadena perpetua. En 1990 el presidente Menem le indultó, pero en 1998 fue de nuevo procesado por el secuestro de mujeres y niños, que entregó a familias del régimen. Se hace un profundo silencio en el aula. Pasados 5 minutos, un alumno prestigioso llamado Gregorio añadiría algo que sin duda hay que tener en cuenta: - El enfrentamiento del Ejército y la guerrilla traería unas consecuencias nefastas, pero no el equilibrio que necesita todo resurgir económico. En este sentido los montoneros constituían una guerrilla urbana armada argentina creada en 1970 por jóvenes peronistas. Luchó contra la dictadura militar (1976-1983) y sus miembros fueron duramente reprimidos. Por otra parte, Triple A son las siglas de la Alianza Anticomunista Argentina. Grupo terrorista de extrema derecha que llevó a cabo secuestros y asesinó a dirigentes sindicales y políticos. Estuvo implicado en la guerra sucia durante las dictaduras militares de los setenta y ochenta. El profesor inquiere algo a la clase para dar por concluido este análisis. Y señala: - Ahora, vamos a estudiar la Argentina antes de 1955 y después de la Guerra de las Malvinas, en 1982. ¿Quién se atreve a ir preparándonos estos dos escenarios?, pero esta vez desde el punto de vista económico. Waldo de los Ríos coge uno de los micrófonos que tiene la clase y, muy ducho en la materia, aseverará lo siguiente: - La derrota en la Guerra de las Malvinas y el desprestigio militar obligaron a celebrar elecciones multipartidistas, para las que previamente se legalizaron los partidos. En las presidenciales de 1983 obtuvo la victoria Raúl Alfonsín, de la Unión Cívica Radical. Reformó el Código de Justicia Militar para encausar a los militares por los crímenes cometidos durante la dictadura, tras descubrirse en 1982 en las afueras de Buenos Aires un cementerio con cientos de desaparecidos. Los juicios concluyeron en 1995 con la condena a prisión de los generales Videla y Emilio Massera y diversas penas para otros responsables, aunque muchos fueron indultados. Pero el desastre económico que vivía Argentina provocó la pérdida de confianza en el presidente y la victoria del peronista Menem, que, con vistas a mejorar la situación, puso en marcha un programa liberalizador y firmó en 1991un tratado con Brasil, Paraguay y Uruguay para crear Mercosur que empezó a funcionar en 1994. En 1999 la victoria del radical Fernando de la Rúa, al frente de una coalición entre la UCR y el FREPASO, acabó con diez años de peronismo. Su prioridad fue atajar la crisis, para lo que adoptó un plan de emergencia conocido como el “corralito”, que congeló temporalmente los depósitos bancarios para evitar la fuga de capitales. En 2003 ganó las elecciones presidenciales Néctor Kirchners, quien firmó un acuerdo con el FMI para regresar al sistema financiero internacional y depuró la cúpula militar, pero su principal reto fue reducir el desempleo, que afectaba al 30% de la población. Andrés, que ha escuchado todo con gran detenimiento, se suelta y nos explica en qué consiste el corralito financiero. Dice, pues, esta persona: - Se trata de un término popular, “corralito financiero”, con el que se conocieron las medidas de emergencia adoptadas por el gobierno de Argentina el 1 de diciembre de 2001, que confiscó temporalmente los depósitos bancarios para evitar la salida de capitales ante la grave situación que vivía el país y garantizar la liquidez a las instituciones. En enero de 2003comenzó una liberalización parcial que se completó a lo largo del año. Elena, otra de las alumnas, con gran determinación coge el micrófono y se dispone a hablar del período 1930-1955: - A partir de 1930 se inauguró una época de sucesivos golpes militares. En 1945 el general Farrell entra en la Segunda Guerra Mundial al lado de Alemania y Japón. Durante su presidencia adquirió popularidad el coronel Juan Domingo Perón, miembro de la Junta Militar; la simpatía que despertó, sobre todo entre los trabajadores, quedó demostrada en el apoyo que recibió el levantamiento liderado por su esposa, Eva Duarte de Perón (Evita), para solicitar su excarcelación. Una vez liberado aumentó su popularidad y consiguió ganar las elecciones presidenciales de 1946, con el respaldo del Ejército, la Iglesia y los obreros. En 1949 promulgó una Constitución, basada en el justicialismo peronista, ideología populista, que le otorgó amplios poderes. Puso en marcha una reforma agraria e implantó una política intervencionista tanto en el terreno económico, donde limitó el capital extranjero y nacionalizó sectores básicos, como en el político, pues sólo autorizó el Partido Único de la Revolución. Con estas reformas consiguió un gran apoyo hasta mediados de los años cincuenta, en que ciertos sectores de la Iglesia y el Ejército, partidarios de una mayor colaboración económica con Estados Unidos mostraron su desacuerdo con su política. Finalmente la adopción en mayo de 1955 de medidas anticlericales terminó con el apoyo de los católicos. Sin embargo, concediendo un descanso a nuestros interlocutores, aún se podrían decir más cosas de este fascinante país. Argentina es un país sudamericano de gran envergadura con un terreno que incluye las montañas de los Andes, lagos glaciales y praderas en las Pampas, la tierra tradicional de pastoreo de su famoso ganado. El país es conocido por el baile y la música del tango. Su gran capital cosmopolita, Buenos Aires, se centra en la Plaza de Mayo, rodeada por imponentes edificios del siglo XIX, como la Casa Rosada, el icónico palacio presidencial. Tomando el puesto de narrador, os recuerdo que Argentina, oficialmente República de Argentina, es un país soberano de América del Sur, ubicado en el extremo sur y sudeste de dicho subcontinente. Adopta la forma de gobierno republicana, democrática, representativa y federal. La economía argentina es la segunda más desarrollada e importante en Sudamérica. Según el Banco Mundial, su PIB nominal es el 27.º del mundo. Debido a su importancia geopolítica y económica, es uno de los tres estados soberanos latinoamericanos que forman parte del denominado Grupo de los 20 e integra además el grupo de los NIC o nuevos países industrializados. Es considerada una potencia regional. Nuestros interlocutores están ya anticipando sus conclusiones. Nuestro querido profesor recuerda a sus alumnos unas ideas fundamentales sobre el coloso del cono sur: - Su territorio continental americano, que abarca gran parte del Cono Sur, limita al norte con Bolivia y Paraguay, al nordeste con Brasil, al este con Uruguay y el océano Atlántico, al oeste con Chile y, siempre en su sector americano, al sur con Chile y las aguas atlánticas del pasaje de Drake. Pero este catedrático impresionante nos acerca la imagen que todos tenemos sobre la tradicional Argentina: - La llamada República Conservadora o República Oligárquica organizó un exitoso y moderno modelo agroexportador basado en la llamada división internacional del trabajo impuesta por el Imperio británico, orientado principalmente a la producción de carne y granos con destino al mercado británico. En el relato tradicional el país fue visto en esa época como «el granero del mundo». Este modelo económico generó una concentración de la riqueza en pocas manos y la exclusión social de las clases trabajadoras y de las poblaciones asentadas fuera de la región pampeana. La economía alcanzó altos niveles de crecimiento que atrajeron una gran corriente inmigratoria principalmente constituida por millones de italianos y españoles y en menor medida seguidos de europeos orientales y asiáticos occidentales. La población argentina, que representaba el 0,13 % de la población mundial en 1869, pasaría a representar el 0,55 % en 1930, proporción en la que, aproximadamente, se estabilizaría desde entonces. La prosperidad de la economía impulsó el crecimiento de una considerable clase media, integrada mayoritariamente por inmigrantes o sus descendientes Elena, más quisquillosa que nadie, pondrá los puntos sobre las ies: - En el siglo XVIII la multiplicación natural del ganado vacuno y equino cimarrón en las llanuras pampeanas, de la Banda Oriental del Río de la Plata y del sur de Brasil, provocó la aparición de un tipo especial de campesino independiente a caballo llamado gaucho —en el caso de los varones— y china —en el caso de las mujeres. Los gauchos desarrollaron una cultura de características propias, adhirieron y lucharían en la guerra de la Independencia y se enfrentaron a los estancieros para garantizar su derecho al acceso al ganado y la tierra, hasta ser vencidos en la segunda mitad del siglo XIX. Esta riqueza en ganado salvaje también llevó a la aparición de indígenas de tradición ecuestre en el Chaco, la Pampa y la Patagonia, que entablaron una dinámica de lucha intermitente por los recursos ganaderos con la población española y criolla. Hasta mediados del siglo XIX, gran parte de la Patagonia y las Pampas permanecieron bajo el control de diferentes pueblos indígenas: principalmente, chonks y luego también los mapuches en la Patagonia y ranqueles en la llanura pampeana hasta el último cuarto del siglo XIX. Destacando por su porte y preparación, nuestro insigne profesor mantiene vivo el diálogo en estas cabezas pensantes, proponiendo a continuación lo que sigue: - En Argentina, la victoria de Javier Milei en la segunda vuelta presidencial fue arrolladora. El político de extrema derecha le sacó casi tres millones de votos de ventaja al oficialista Sergio Massa y se impuso en 21 de las 24 provincias del país. ¿Cómo se explica el fulgurante ascenso del líder de La Libertad Avanza en tan solo dos años? ¿A qué se debe la derrota del peronismo? ¿Qué viene ahora para el país bajo el gobierno de Milei? Waldo de los Ríos, apesadumbrado y temblorosamente, sólo acierta a decir: - Giro a la extrema derecha: ¿qué viene para Argentina tras la elección de Javier Miley? En realidad, Argentina decidió entre una ruptura radical o más peronismo. Se hace un segundo profundo silencio en el Aula: No obstante, Héctor Alterio sube el volumen de voz y destaca lo siguiente: - Argentina aumenta su impuesto para el acceso a dólares en medio del debate por la dolarización. “Para dolarizar la economía se necesitan dólares y Argentina no tiene dólares.” Milei aplasta al peronismo y avisa: “Los cambios serán drásticos. Cabizbajo y pensativo, nuestro profesor para cambiar de escenario apunta lo siguiente: - Quizás, para comprender este cambio radical habría que hacer un análisis demográfico. En su historia, Argentina ha estado en poder de los criollos hispanos e italianos. Ya hemos ofrecido estos datos y el coloso argentino ha sido durante muchos siglos país de llegada, de llegada de mano de obra del continente europeo. Javier Milei y su vicepresidenta Victoria Villarruel tienen como plan de ajuste la eliminación de diez ministerios nacionales —Argentina tiene un total de 18— incluidos el Ministerio de Cultura, Ministerio de Género y Diversidades, Ministerio de Ciencia, Ministerio de Derechos Humanos y más. Además, propone recortar el presupuesto que se le otorga al CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas), lo que significa dejar de financiar a más de 12.000 becarios y 13.000 investigadores científicos y técnicos, según cifras del Ministerio de Economía de la Nación. No se trata solamente del recorte económico, lo que estuvo en juego en las elecciones del domingo 22 de octubre son los derechos fundamentales de la democracia argentina: educación, salud, transporte y miles de programas sociales culturales gratuitos. CAPÍTULO TERCERO Dicho lo cual, Andrés se agarra a la palabra y da el verdadero contexto de este fenómeno: - Tal vez pueda hablarse de un terremoto político con aroma a consolidación de la ultraderecha en Europa. Puede que, desde un ángulo geopolítico, el conflicto de nuestros días sea el de democracia frente a autoritarismo, una especie de nueva Guerra Fría entre sistemas políticos. Héctor Alterio pone todos los datos a punto: - La nueva primera ministra de Italia, la ultra Meloni, no podrá hacer experimentos en las carteras clave, pero imprime un carácter nacionalista y ultraconservador en las áreas relacionadas con los derechos civiles y el proteccionismo empresarial. La alerta antifascista permanente dificulta identificar las características propias de los movimientos de derecha radical actuales y su reducción al estereotipo impide hacerles frente. Elena, por su parte, precisa lo siguiente: - Desde hace unos veinte años la derecha radical populista vive un auge electoral sin precedentes, con una orientación xenófoba, autoritaria y euroescéptica. En las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, tres de estos movimientos se situaban a la cabeza en sus respectivos países, el Partido por la Independencia del Reino Unido (UKIP), el Partido del Pueblo Danés (DF) y el Frente Nacional francés (FN). En Francia, Marine Le Pen pasaba a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en las que obtuvo más de una tercera parte de los sufragios, a saber, casi once millones de votos. Marine Le Pen es una política y abogada francesa. Ha sido ampliamente definida como una política de extrema derecha. Actualmente se desempeña como diputada de la Asamblea Nacional por el 11º distrito electoral de Pas-de-Calais desde 2017. Fue presidenta de Agrupación Nacional (anteriormente Frente Nacional) hasta 2021, para lanzar su campaña en las elecciones presidenciales de 2022. Andrés reafirmará el análisis hecho por sus compañeros: - La ultraderecha euroescéptica y xenófoba liderada por Geert Wilders gana las elecciones en Países Bajos. La idea de crear un “Gran Países Bajos” absorbiendo el norte de Bélgica es una pretensión muy recurrente entre las élites ultranacioalistas de Países Bajos. El ultra Wilders saca pecho de la nueva política migratoria de Países Bajos: “Es la más estricta de la historia del país”. Países Bajos, atraído por el “modelo Meloni”: estudia enviar a los solicitantes de asilo rechazados a Uganda. Culmina con éxito la formación de Gobierno con la derecha radical de Wilders en Países Bajos. El Partido Popular Danés (en danés Dansk Folkeparti, DF) es un partido político danés de ideología nacionalista y populista de derecha. El partido fue fundado en 1995 por Pia Kjaersgaard, quien fue líder hasta 2012, cuando pasó el liderazgo a Kristian Thulesen Dahl. - Han votado como un solo hombre, o casi. El 26 de enero, los principales partidos daneses, de la derecha a la izquierda, aprobaron la ley que autoriza a las autoridades a requisar a los demandantes de asilo, cuando entren en territorio danés, los bienes que excedan de 1.340 euros por persona. Motivo: que los demandantes contribuyan a la financiación de su acogida. El Partido del Pueblo Danés (Dansk Folkeparti, DF) era un acérrimo partidario del texto. Nada extraño, puesto que esta formación de derecha populista ha hecho su caballo de batalla de la lucha contra la emigración. Con el paso del tiempo, y gracias a su creciente popularidad, el DF, que desde junio de 2015 es el segundo partido del país, ha arrastrado a su posición al resto de la clase política y ha obligado a las otras formaciones a definirse frente a su categórica posición. - Presente en el Parlamento desde 1998 y miembro desde entonces de varias coaliciones gubernamentales con la derecha clásica, el DF no es un recién llegado a la escena política de su país, a diferencia de los Demócratas de Suecia, formación de derecha radical en rápido ascenso los últimos años. Si el ritmo y la antigüedad de su surgimiento diferencian a estos dos movimientos, ambos tienen el mismo lema que comparten otros dos partidos populistas, el Partido del Progreso noruego (16,4% de votos en 2013) y los Auténticos Finlandeses (17,6% en 2015). Son formaciones políticas bien implantadas ya en unos países que, hasta ahora, se asociaban a elevadas prestaciones sociales, servicios públicos de calidad y lucha contra las desigualdades, al Estado de bienestar. Nuestro profe llevado por el dilema, opta por hablar de la Extrema derecha: - Extrema derecha, derecha radical o ultraderecha son términos políticos utilizados para describir movimientos o partidos políticos que promueven y sostienen posiciones o discursos ultraconservadores, ultranacionalistas y autoritarios considerados extremistas. Utilizado para describir las experiencias del fascismo y el nazismo, hoy en día la política de extrema derecha incluye el neofascismo, el neonazismo, la derecha alternativa, el supremacismo blanco y otras ideologías u organizaciones que presentan aspectos xenófobos, racistas, homofobos, machistas, teocráticos o reaccionarios. La política de extrema derecha puede conducir a la opresión, la violencia política, la limpieza étnica o el genocidio contra grupos de personas en función de su supuesta inferioridad o su percepción de amenaza para el grupo étnico nativo, la nación, el estado, la religión o cultura dominante o instituciones sociales conservadoras. Héctor Alterio llevado por la intuición, hace su personal aportación: - Las expresiones derecha o extrema derecha tienen su origen en el lugar donde se sentaban los diputados en el parlamento francés surgido tras la Revolución francesa: los monárquicos y los conservadores de la época se sentaban siempre en el lado derecho y los republicanos y liberales en el izquierdo. La extrema derecha se contrapone así a la izquierda radical, y es en cierto modo un movimiento antagónico a las ideas revolucionarias de la izquierda. Su origen ideológico reside en el pensamiento contrarrevolucionario conservador del francés Joseph de Maistre, quien, a partir de finales del siglo XVIII, reivindicación de la Edad Media como modelo, situando la ruptura en el fin del Antiguo Régimen con la Revolución de 1789, con una postura que se acercaba más al involucionismo político. Waldo de los Ríos nos da las claves de sus análisis: - El politólogo alemán Klaus von Beyme distinguió en 1988 tres olas en la historia de la ultraderecha después de la Segunda Guerra Mundial. Treinta años después el politólogo neerlandés Cas Mudde añadió una cuarta ola que se habría iniciado en el año 2000. El resto de los participantes aceptan sus puntos de vista, y guiados por su tutor, éste nos comenta: - La primera ola de la ultraderecha comenzó en 1945 y terminó hacia 1955. Se caracterizó por la existencia de pequeños grupos que se mantuvieron leales a la causa fascista a pesar de la derrota. Estos grupos, llamados neofascistas (aunque nada tenían de nuevos, pues seguían fieles a la vieja ideología nazi o fascista), se situaron en los márgenes del sistema político y de la sociedad debido al consenso antifascista alcanzado tras el final de la Segunda Guerra Mundial (el nunca más), y se agruparon inicialmente en asociaciones de apoyo a los excombatientes de la Wehrmacht. Los que constituyeron partidos neofascistas (algunos de los cuales fueron prohibidos por los tribunales como el alemán Partido Socialista del Reich o el neerlandés Movimiento Social Europeo Nacional), o no concurrieron a las elecciones, o cuando lo hicieron obtuvieron un escasísimo apoyo. La excepción la constituyó el Movimiento Social Italiano (MSI, siglas también leídas como Mussolini Sei Immortale -Mussolini, eres inmortal-). Lo encabezaba Giorgio Almirante, un antiguo cargo del gobierno fascista, y consiguió entrar en 1948 en el Parlamento de la recién proclamada República italiana, que no abandonaría (al revalidar su representación en todos los comicios) hasta que en 1995 se transformó en la "post-fascista" Alianza Nacional. Los partidos neofascistas europeos fundaron en 1951 el Movimiento Social Europeo, estimulados por el éxito del MSI italiano y en el que también participó el fascista británico Oswald Mosley (de la Unión Británica de Fascistas), pero fue una iniciativa que no tuvo ninguna repercusión, como tampoco la tuvo la propuesta del neofascista estadounidense Francis Parker Yockey de formar el Frente Europeo de Liberación en 1948. Fuera de Europa solo surgieron pequeños grupos neofascistas en América Latina muy influidos por el régimen salazarista de Portugal y el régimen franquista de España. Andrés, para no quedarse postergado, apunta lo siguiente: - La segunda ola de la ultraderecha (1955-1980) se caracterizó por el predominio del populismo de derecha, que se definía por su oposición a las élites de la posguerra. El ejemplo más importante del populismo de derecha lo constituyó el poujadismo, por el nombre del líder de la Unión de Defensa de Comerciantes y Artesanos Pierre Poujade. A diferencia de los partidos neofascistas, el poujadismo no era abiertamente antidemocrático, aunque uno de sus rasgos era el antiparlamentarismo (Poujade llegó a decir que la Asamblea Nacional de Francia era "el burdel más grande de París"). En 1955 se convirtió en un movimiento de masas llegando a alcanzar los cuatrocientos mil miembros y logrando dos escaños en las elecciones francesas de 1956, uno de ellos ocupado por el líder de las Juventudes Poujadistas Jean-Marie Le Pen. Con el advenimiento de la Quinta República Francesa en 1958, el poujadismo desapareció. En otros países europeos también surgieron partidos populistas de derechas como el Partido del Progreso (Dinamarca), que en 1973 logró el 15,9 % de los votos, o el Partido del Progreso (Noruega), que no pasó del 5% de los votos. Ambos partidos defendieron el neoliberalismo económico, oponiéndose a los impuestos altos y al sector público (el partido danés llegó a pedir la supresión del presupuesto de defensa) En Estados Unidos el populismo de derecha estuvo representado por la John Birch Society, por el senador Joseph McCarthy, y por los candidatos a la presidencia Barry Goldwater y el racista George Wallace, este último al frente del Partido Independiente Americano (con conexiones con el Ku Klux Klan (KKK) y el Citizens' Council). El neofacismo de la primera ola continuó estando presente durante la segunda ola en la escena política de los países occidentales, aunque sin abandonar la marginalidad. La excepción la constituyó en Europa el Partido Nacionaldemócrata de Alemania (NPD), fundado en 1964 por antiguos altos cargos nazis y que convirtió la oposición a la inmigración de origen no europeo en una de sus señas de identidad. Por las mismas fechas se fundó en Gran Bretaña el abiertamente racista Frente Nacional ("Alto a la inmigración" o "Hagamos Gran Bretaña grande de nuevo" eran algunos de sus lemas). Sin embargo, durante esta segunda ola, "las formaciones ultraderechistas no pasaban de ser un fenómeno político marginal. Los grupos neonazis apenas podían manifestarse por las calles sin ser detenidos y los partidos antiimigración no obtenían casi ningún apoyo electoral". Waldo de los Ríos aporta también su granito de arena: - Entre 1980 y 2000 se produjo la tercera ola de la ultraderecha, durante la cual los partidos europeos del populismo de derecha de la segunda ola fueron entrando en los parlamentos, especialmente durante la década de 1990 (años en los que alcanzaron un porcentaje medio de votos del 4,4 %, cuando en la década de 1980 apenas superaban el 2 %), y convirtiéndose para el final de la tercera ola en la ideología dominante de la extrema derecha. Su crecimiento se debió al aumento del desempleo provocado por las sucesivas crisis del petróleo de 1973 y 1979, y a los efectos del aumento de la inmigración. Los primeros en entrar en sus respectivos parlamentos fueron el flamenco Vlaams Blok en 1978, el Partido del Centro (Países Bajos) en 1982 (cuyo lema era "Los Países Bajos no son un país de inmigrantes. ¡Alto a la inmigración!") y el Frente Nacional (Francia) del antiguo poujadista Jean-Marie Le Pen en 1986 (que obtuvo el 9,6 % de los votos). Por otro lado, antiguos partidos conservadores tradicionales se transformaron en partidos de derecha radical, como el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) de Jörg Haider y el Partido Popular Suizo de Christoph Blocher. Tras las revoluciones de 1989 que provocaron la caída del comunismo en Europa Oriental, se formaron partidos de ultraderecha como el Partido Croata de los Derechos, el Partido Nacional Eslovaco o el Partido de la Gran Rumanía. Estos partidos se caracterizaban, además de por el populismo de derechas de la segunda ola, por el autoritarismo y el nativismo, por lo que se diferencian de la derecha populista de la segunda ola y se les conoce como los que "Criticaban a los inmigrantes y/o las minorías autóctonas [como los gitanos en el Este de Europa], así como a la élite europea y la nacional, al tiempo que se presentaban a sí mismos como la voz popular que decía lo que el pueblo piensa". Sin embargo, no lograron formar ninguna alianza internacional. Fuera de Europa, también creció la ultraderecha; en India, el Partido Popular Indio (BJP) se fundó en 1980, y en Australia, Pauline Hanson fundó en 1997 el One Nation Party. En Israel fueron prohibidos en 1994 los neofascistas Kach y su sucesor Kahane Chai del rabino Meir Kahane. El crecimiento de la ultraderecha durante la tercera ola, en concreto de los partidos de derecha radical populista, fue respondido por la sociedad y por el resto de formaciones políticas, por lo que estos partidos continuaron relegados a los márgenes del sistema político. Por ejemplo, en 1982 hubo una gran manifestación en La Haya frente a la sede del Parlamento para protestar por la entrada en el mismo del ultraderechista Partido del Centro de Hans Janmaat. Los manifestantes portaban pancartas en las que se podía leer: "Han vuelto" o "El racismo es odio a las personas". En 2000 la entrada en el gobierno de Austria del ultraderechista FPÖ provocó protestas multitudinarias y un boicot de la comunidad internacional. Dos años después, cuando el líder del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen alcanzó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Francia de 2002, se produjo una enorme movilización a favor del otro candidato, el gaullista Jacques Chirac, que obtuvo más del 80 % de los votos. CAPÍTULO CUARTO Elena, a la que el tema entusiasma, proclama lo siguiente: - La cuarta ola de la ultraderecha se inició hacia el año 2000 y llega hasta la actualidad. El historiador italiano Steven Forti la caracteriza por el predominio de la nueva extrema derecha, a la que propone llamar extrema derecha 2.0, porque uno de sus principales rasgos es "su capacidad de utilizar las nuevas tecnologías, sobre todo en lo que respecta a la propaganda política". Esta nueva extrema derecha constituye un fenómeno político radicalmente nuevo, que no hay que confundir con el fascismo del periodo de entreguerras ni con el neofascismo de la segunda mitad del siglo XX, aunque esto no quiere decir que no represente una amenaza para la pervivencia de la democracia liberal. Forti incluye en esta macrocategoría a los partidos que integran los grupos Identidad y Democracia y Conservadores y Reformistas Europeos del Parlamento Europeo (el Frente Nacional/Agrupación nacional francesa, la Liga italiana, el Partido de la Libertad de Austria y el de Holanda, Hermanos de Italia, Vox, Chega!, Fidesz, Ley y Justicia, Alternativa para Alemania, el Partido Popular Danés, los Demócratas Suecos, Partido del Progreso noruego, el Partido de los Finlandeses, la Nueva Alianza Flamenca, Solución Griega, etc.), así como el Brexit Party, el trumpismo y el bolsonarismo. Quedarían fuera de esta macrocategoría los grupos neofascistas y neonazis, "por la vinculación ideológica directa con el fascismo de entreguerras y por asumir la violencia como una herramienta imprescindible en su estrategia política"; así como los gobiernos (y los movimientos políticos que los respaldan) de Duterte en Filipinas, Modi en India, Erdogan en Turquía o Putin en Rusia, que Forti engloba dentro del autoritarismo competitivo ("regímenes que se basan en el recurso periódico a elecciones formalmente libres, pero cuya realización es fraudulenta"). En América Latina, la ultraderecha suele compartir los objetivos de los partidos y grupos de derechas; proyectos que, a su vez, cuentan con el visto bueno y, en ocasiones, el apoyo, de Estados Unidos. La principal diferencia de la cuarta ola respecto a las tres anteriores es que los partidos de ultraderecha han dejado de ser marginales. Los partidos tradicionales han empezado a adoptar algunos de sus postulados y a considerarlos posibles aliados en el gobierno o en la oposición, debido fundamentalmente a que la ultraderecha ha comenzado a tener un peso electoral y político cada vez mayor, incluso en países donde había tenido una escasa implantación. Otra de las características de la cuarta ola es la heterogeneidad de la ultraderecha, que incluye no solo a los predominantes partidos de derecha radical populista, sino también a partidos conservadores transformados en populistas (entre los que destacan el Fidesz húngaro y el PiS polaco, que han llegado a alcanzar el gobierno de sus respectivos países), y a partidos neofascistas como el griego Amanecer Dorado o el eslovaco Kotleba-Partido Popular Nuestra Eslovaquia. También hay que señalar como otra característica específica de la cuarta ola la importancia cada vez mayor de los partidos de ultraderecha en la formación de gobiernos, apoyando a gobiernos en minoría (como el DF danés o el PVV neerlandés), formando parte de gobiernos de coalición (como el FPÖ en Austria, la Unión Nacional Ataque en Bulgaria, la Concentración Popular Ortodoxa en Grecia o la Liga en Italia), o incluso formando gobiernos en solitario, como el Fidesz en Hungría o el PiS en Polonia. Fuera de Europa, tres de las democracias más pobladas del planeta han estado o están gobernadas por líderes ultraderechistas: Narendra Modi del BJP en India, Jair Bolsonaro en Brasil y Donald Trump en Estados Unidos. Por último, hay que destacar como característica de la cuarta ola que los partidos ultraderechistas han conseguido incluir sus temas en el debate público (la inmigración, la seguridad ciudadana, lo "políticamente correcto", la islamofobia, el "buenismo", el euroescepticismo, el terrorismo, etc.) y que la derecha tradicional ha asumido algunos de ellos en su agenda política. Lo mismo ha pasado con algunos de sus principios, como el nativismo, el populismo o el autoritarismo, llegando la derecha tradicional a aplicarlos cuando llegan al gobierno. Según Cas Mudde, "la desmarginación de la ultraderecha (en cuanto a su ideología, sus propuestas y su organización) característica de la cuarta ola ha hecho que las fronteras entre la derecha radical y la tradicional o convencional (y, en algunos casos, la izquierda, como ha sucedido en la República Checa o Dinamarca) se hayan vuelto cada vez más difíciles de establecer". Una parte importante de la ultraderecha en Europa se caracteriza por un gran sentimiento euroescéptico y antiglobalización, y una fuerte oposición a la inmigración de forma nacionalista y, en ocasiones, xenófoba y racista. Igualmente tiende a tener una ideología conservadora, en sus vertientes nacionalista, liberal o social. La ultraderecha tiene una fuerte presencia en países como Países Bajos, Austria, Italia, Francia, Reino Unido, Suecia, Finlandia, Bélgica, Alemania, España o Grecia. Este crecimiento de la ultraderecha ha provocado una enorme preocupación por el recuerdo de los episodios de la primera mitad del siglo XX. Andrés, por su parte, tampoco se quiere quedar el último, por lo que expone inmediatamente sus puntos de vista: - Según la politóloga española Beatriz Acha, la ultraderecha actual atenta «contra los principios esenciales de la democracia y amenazan la paz y la cohesión social». Acha pone el ejemplo del Asalto al Capitolio de los Estados Unidos de 2021, que puso en evidencia el riesgo que supone la extrema derecha «para la supervivencia de las democracias». «El peligro para la democracia y sus instituciones, si acceden al poder [los partidos de ultraderecha], es real», concluye Beatriz Acha. Muchos partidos políticos de ultraderecha adquieren unas posturas de defensa exacerbada de la identidad nacional y no abogan por el mantenimiento de las instituciones y las libertades democráticas. Otros dicen aceptar las normas democráticas y así lo perciben sus electores. Varios de los dirigentes de partidos de extrema derecha suelen negar tener algún tipo de relación con la ideología de tipo fascista. Sin embargo, «se encuentran incómodos en el marco de la democracia liberal. Aunque la respeten formalmente, no comulgan con algunos de los principios fundamentales que la sustentan, como la igualdad. De ahí que haya que ser cautos al considerarlos formaciones democráticas, pues defienden una ideología de la exclusión incompatible, incluso, con su versión meramente procedimental». La extrema derecha ha experimentado un crecimiento en las últimas décadas (los partidos de ultraderecha han llegado a superar el umbral del 20% de los votos en algunos lugares). Las causas de este crecimiento relativo (y oscilante) son difíciles de delimitar porque, según Beatriz Acha, los partidos implicados «tratan de evitar su categorización como extremistas/radicales», «por su carácter ubicuo (pasa en todos los países, en distinta medida) y por la dificultad de acotarlo: ¿representan lo mismo Le Pen, Salvini o Wilders? ¿podemos compararlos con los partidos que gobiernan en países como Polonia o Hungría? ¿podemos incluir también en este grupo a líderes como Trump, Bolsonaro y Putin?» En su análisis de la ultraderecha actual, el politólogo neerlandés Cas Mudde diferencia los términos ultraderecha (far right) y extrema derecha (extreme right). El término ultraderecha englobaría a todos los derechistas que son «antisistema», es decir, que son hostiles a la democracia liberal, mientras que la extrema derecha sería uno de los dos subgrupos en que Mudde divide a la ultraderecha y que estaría caracterizado por rechazar la esencia de la democracia, es decir, «la soberanía popular y el principio de la mayoría», y cuyo ejemplo más trágicamente famoso sería el fascismo. El otro subgrupo de la ultraderecha sería la derecha radical populista (populist radical right) que, a diferencia de la extrema derecha en la terminología de Mudde, acepta la esencia de la democracia, «pero se opone a elementos fundamentales de la democracia liberal, y de manera muy especial, a los derechos de las minorías, al Estado de derecho y a la separación de poderes». Este segundo subgrupo de la derecha radical populista (que el historiador italiano Steven Forti denomina «extrema derecha 2.0» por su «capacidad de utilizar las nuevas tecnologías, sobre todo en lo que respecta a la propaganda política») es el que, según Mudde, predomina en la ultraderecha del siglo XXI (dentro de lo que Mudde denomina cuarta ola de la ultraderecha iniciada en el año 2000 y que llega hasta nuestros días, y cuyos grandes «ejes temáticos» serían la inmigración, la seguridad, la corrupción y la política exterior, además de la cuestión del género). Así pues, la extrema derecha (extreme right) y la derecha radical populista (populist radical right), según Mudde, se distinguirían porque «mantienen posturas intrínsecamente diferentes respecto de la democracia» Cas Mudde señala los siguientes componentes de la ideología de la ultraderecha actual: • El nativismo, entendido como una combinación de nacionalismo y xenofobia, y cuyo ideal político sería la etnocracia ―y el monoculturalismo asociado a ella―. En algún caso el nativismo puede ir unido a una determinada religión como en la ideología “hindutva”. «Todas las ideologías de ultraderecha están construidas sobre una estricta contraposición entre nosotros y ellos, pero tanto ese "nosotros" como ese "ellos" pueden variar con el paso del tiempo. Los grupos cambian aquellos "otros" a quienes consideran una amenaza, pero, en ese proceso, no solo modifican el "ellos", sino que también transforman su "nosotros"». • La islamofobia, que constituye «el prejuicio más definitorio de la ultraderecha» actual, en cuanto que confunde Islam con islamismo. • El antisemitismo, aunque hay muchos partidos de ultraderecha, especialmente en Europa occidental, que no son antisemitas e incluso algunos se manifiestan filosemitas en cuanto consideran a Israel un modelo de etnocracia y un aliado natural en la lucha contra el Islam. • El etno-pluralismo, una nueva ideología definida por la Nouvelle Droite ―y cuyos oponentes lo consideran un «nuevo racismo»―, que «sostiene que las personas se dividen en grupos étnicos que son iguales en jerarquía, pero que deben mantenerse segregados unos de otros». Sin embargo, el racismo puro sigue presente entre la ultraderecha ―uno de los líderes del EKRE afirmó: «si eres negro, regresa a tu casa»; «quiero que Estonia sea un país blanco»―. • El autoritarismo, entendiendo por tal, «la idea de una sociedad ordenada de forma estricta y en la que por tanto, la vulneración de las órdenes de la autoridad será castigada con dureza». Así, «los autoritarios conciben casi todos los “problemas”… desde una óptica esencialmente de orden público». • El populismo, una ideología según la cual, «la sociedad está separada en último término en dos grupos homogéneos y antagónicos, que son el pueblo puro y la élite corrupta, y desde la que se defiende también que la política debería ser una expresión de la ‘’volonté générale” (voluntad general) del pueblo». Steven Forti coincide casi completamente con Mudde en los rasgos ideológicos que caracterizan a la derecha radical populista, que Forti prefiere llamar «extrema derecha 2.0» por su «capacidad de utilizar las nuevas tecnologías, sobre todo en lo que respecta a la propaganda política». Forti no incluye el populismo, aunque reconoce que utiliza «las herramientas populistas».Todas las formaciones de la extrema derecha 2.0 tienen de hecho unos mínimos comunes denominadores. Entre estos, podemos mencionar un marcado nacionalismo, el identitarismo o el nativismo, la recuperación de la soberanía nacional, una crítica profunda al multilateralismo —y en Europa, un alto grado de euroescepticismo—, la defensa de los valores conservadores, la defensa de la ley y el orden, la islamofobia, la condena de la inmigración tachada de "invasión", la crítica al multiculturalismo y a las sociedades abiertas, el antiintelectualismo y la toma de distancia formal de las pasadas experiencias del fascismo.Steven Forti propone añadir otras tres características (partiendo de la idea de que «la ultraderecha se propone socavar la cualidad del debate público, promover percepciones erróneas, formentar una mayor hostilidad y erosionar la confianza en la democracia, el periodismo y las instituciones. Lo que le permitirá tener el terreno mucho más abonado para la siguiente competición electoral»): • El objetivo de polarizar a la sociedad marcando el debate político con «temas divisivos» con la finalidad de «escorar hacia la ultraderecha la opinión pública» (en este punto tienen especial relevancia las guerras culturales, estrategia en la que la ultraderecha actual sigue la estela de la Nouvelle Droite de Alain de Benoist). Para ello la nueva extrema derecha recurre con frecuencia a las fake news, a la posverdad —el ultraderechista ruso Aleksandr Duguin ha afirmado: «la verdad es una cuestión de creencia [...] los hechos no existen»—, y además muestra una actitud que es percibida por muchos de sus seguidores como rebelde e incluso antisistema en cuanto que cuestiona lo «políticamente correcto» ―la «dictadura progre», según el líder de Vox Santiago Abascal― y hace suyas de forma provocadora y parasitaria batallas de la izquierda, como lo demostrarían fenómenos como el homonacionalismo o el ecofascismo. El político argentino Álvaro Zicarelli ha llegado a afirmar: «Hoy ser revolucionario es ser derechas». • El «exacerbado tacticismo: lanzan continuamente globos sonda en el debate público para ver si tienen recorrido y pueden cambiar de postura sobre temas cruciales en poco tiempo» (como por ejemplo el Frente Nacional o la Liga italiana que comenzaron rechazando el euro y la Unión Europea para acabar aceptándolos aunque sin abandonar su euroescepticismo), sin importarles incurrir en contradicciones (como Vox o la Liga que al principio de la pandemia del COVID-19 pidieron medidas más restrictivas a sus gobiernos y luego los tacharon de autoritarios cuando las adoptaron) ya que no les supone una disminución de su apoyo electoral. Por otro lado, cuando observan que una propuesta suya no cuenta con el respaldo de su electorado potencial ―y por tanto no polariza a la sociedad― la retiran, como sucedió en el caso de Vox cuando en 2019 propuso la liberalización de la venta de armas para que cada español pudiera disponer de una para autoprotegerse y luego se olvidó del asunto. • La crítica de la democracia liberal a la que las formaciones de extrema derecha tachan de no democrática por no responder, según ellos, a la «voluntad del pueblo». Por ello cuestionan, entre otros elementos propios de la democracia, la separación de poderes o el respeto a los derechos de las minorías. Su modelo sería la «democracia iliberal», cuya plasmación más acabada sería la Hungría de Viktor Orbán, «el único modelo exitoso al cual todas las formaciones ultraderechistas ―aún más en países miembros de la Unión Europea y la OTAN― pueden mirar», como sería el caso de la Polonia del PiS. No es casualidad que el ultraderechista estadounidense Steve Bannon haya aclamado a Orbán como «Trump antes de Trump». La politóloga española Beatriz Acha coincide con Mudde y con Forti en los rasgos que definen la ideología de la ultraderecha actual: «el término genérico de “ultraderecha” designa a formaciones que defienden temas como el rechazo a la inmigración y al proceso de construcción europea, el ultranacionalismo, la ley y el orden, la familia tradicional, y otros en los que podrían acercarse a las posiciones de partidos conservadores pero que en ellos siempre son mucho más radicales y extremas; y que, a diferencia de estos, mantienen posiciones mucho menos definidas ―si es que las tienen― en materia económica». De estos rasgos Acha destaca tres: «La obsesión anti-inmigratoria», ya que la inmigración es percibida como una amenaza a la identidad nacional y a la seguridad lo que conlleva el rechazo radical al multiculturalismo y la adopción de posiciones propias del racismo cultural (por ejemplo, el Partido por la Libertad, ha afirmado en su programa electoral: «Millones de holandeses han tenido ya suficiente de la islamización de nuestro país. Suficiente de la inmigración masiva y el asilo, el terror, la violencia y la inseguridad. Éste es nuestro plan… queremos gastar el dinero en el holandés común, en el ciudadano de a pie»; Alternativa por Alemania, por su parte, ha propuesto expulsar a los «extranjeros» de los que se «sospeche» que pertenecen a la «criminalidad organizada»). El «ultranacionalismo extremo, orgánico, holístico» «de carácter antidemocrático y etnocéntrico» que «se reviste de un tono especialmente agresivo». De ahí su defensa de la «preferencia nacional», el empeño por sustituir el derecho de suelo por el ius sanguinis y la propuesta de endurecer los trámites para la obtención de la nacionalidad y el asilo y la política migratoria en general. Otra consecuencia del ultranacionalismo, para los partidos de extrema derecha europeos, es la hostilidad al proceso de construcción europea ya que la pérdida de soberanía que implica la pertenencia a la Unión Europea «choca frontalmente con su defensa de la identidad/soberanía nacional». La hostilidad, que ha oscilado entre el euroescepticismo suave y la rabiosa eurofobia, ha aumentado tras la crisis migratoria de 2015 en Europa y el éxito del Brexit. «La defensa de la ley y el orden». «El endurecimiento de las penas a criminales, el establecimiento de la pena de muerte o el aumento de los recursos policiales para reforzar la seguridad ciudadana son temas recurrentes en sus discursos». Como Forti, Beatriz Acha también añade a los rasgos propuestos por Mude la crítica a la democracia liberal. «Cierto es que la mayoría de ellos no aboga por recurrir a la violencia para subvertir los regímenes democráticos. Ahora bien, como los propios expertos reconocen, se encuentran incómodos en el marco de la democracia liberal. Aunque la respeten formalmente, no comulgan con algunos de los principios que la sustentan, como la igualdad. De ahí que haya que ser cautos al considerarlos formaciones democráticas, pues defienden una ideología de la exclusión incompatible, incluso, con su versión meramente procedimental». También coincide con Forti en no considerar el populismo como un rasgo esencial de la ultraderecha y además advierte —en lo que vuelve a estar de acuerdo con Forti— que «el concepto de populismo aplicado a la ultraderecha dificulta a veces su análisis, por su imprecisión y amplia extensión (se aplica a muchos otros partidos)». Y añade que «puede conferir cierta legitimidad a los partidos de ultraderecha, cuando no una imagen de moderación. Prueba de esto es que los propios ultraderechistas aceptan de buen grado esta denominación (mientras rechazan violentamente la de "extremistas" o "ultras")». Acha pone el ejemplo de Jörg Haider, primer líder del FPÖ austríaco. Waldo de los Ríos tiene en su pensamiento La agenda política de la extrema derecha actual, por lo que nos dice: - Según la politóloga española Beatriz Acha, la ultraderecha actual atenta «contra los principios esenciales de la democracia y amenazan la paz y la cohesión social». Acha pone el ejemplo del Asalto al Capitolio de los Estados Unidos de 2021, que puso en evidencia el riesgo que supone la extrema derecha «para la supervivencia de las democracias». «El peligro para la democracia y sus instituciones, si acceden al poder [los partidos de ultraderecha], es real», concluye Beatriz Acha. Muchos partidos políticos de ultraderecha adquieren unas posturas de defensa exacerbada de la identidad nacional y no abogan por el mantenimiento de las instituciones y las libertades democráticas. Otros dicen aceptar las normas democráticas y así lo perciben sus electores. Varios de los dirigentes de partidos de extrema derecha suelen negar tener algún tipo de relación con la ideología de tipo fascista. Sin embargo, «se encuentran incómodos en el marco de la democracia liberal. Aunque la respeten formalmente, no comulgan con algunos de los principios fundamentales que la sustentan, como la igualdad. De ahí que haya que ser cautos al considerarlos formaciones democráticas, pues defienden una ideología de la exclusión incompatible, incluso, con su versión meramente procedimental». La extrema derecha ha experimentado un crecimiento en las últimas décadas (los partidos de ultraderecha han llegado a superar el umbral del 20% de los votos en algunos lugares). Las causas de este crecimiento relativo (y oscilante) son difíciles de delimitar porque, según Beatriz Acha, los partidos implicados «tratan de evitar su categorización como extremistas/radicales», «por su carácter ubicuo (pasa en todos los países, en distinta medida) y por la dificultad de acotarlo: ¿representan lo mismo Le Pen, Salvini o Wilders? ¿podemos compararlos con los partidos que gobiernan en países como Polonia o Hungría? ¿podemos incluir también en este grupo a líderes como Trump, Bolsonaro y Putin?». En su análisis de la ultraderecha actual, el politólogo neerlandés Cas Mudde diferencia los términos ultraderecha (far right) y extrema derecha (extreme right). El término ultraderecha englobaría a todos los derechistas que son «antisistema», es decir, que son hostiles a la democracia liberal, mientras que la extrema derecha sería uno de los dos subgrupos en que Mudde divide a la ultraderecha y que estaría caracterizado por rechazar la esencia de la democracia, es decir, «la soberanía popular y el principio de la mayoría», y cuyo ejemplo más trágicamente famoso sería el fascismo. El otro subgrupo de la ultraderecha sería la derecha radical populista (populist radical right) que, a diferencia de la extrema derecha en la terminología de Mudde, acepta la esencia de la democracia, «pero se opone a elementos fundamentales de la democracia liberal, y de manera muy especial, a los derechos de las minorías, al Estado de derecho y a la separación de poderes». Este segundo subgrupo de la derecha radical populista (que el historiador italiano Steven Forti denomina «extrema derecha 2.0» por su «capacidad de utilizar las nuevas tecnologías, sobre todo en lo que respecta a la propaganda política») es el que, según Mudde, predomina en la ultraderecha del siglo XXI (dentro de lo que Mudde denomina cuarta ola de la ultraderecha iniciada en el año 2000 y que llega hasta nuestros días, y cuyos grandes «ejes temáticos» serían la inmigración, la seguridad, la corrupción y la política exterior, además de la cuestión del género). Así pues, la extrema derecha (extreme right) y la derecha radical populista (populist radical right), según Mudde, se distinguirían porque «mantienen posturas intrínsecamente diferentes respecto de la democracia». Cas Mudde señala los siguientes componentes de la ideología de la ultraderecha actual: El nativismo, entendido como una combinación de nacionalismo y xenofobia, y cuyo ideal político sería la etnocracia ―y el monoculturalismo asociado a ella―. En algún caso el nativismo puede ir unido a una determinada religión como en la ideología “hindutva”. «Todas las ideologías de ultraderecha están construidas sobre una estricta contraposición entre nosotros y ellos, pero tanto ese "nosotros" como ese "ellos" pueden variar con el paso del tiempo. Los grupos cambian aquellos "otros" a quienes consideran una amenaza, pero, en ese proceso, no solo modifican el "ellos", sino que también transforman su "nosotros"» La islamofobia, que constituye «el prejuicio más definitorio de la ultraderecha» actual, en cuanto que confunde Islam con islamismo. El antisemitismo, aunque hay muchos partidos de ultraderecha, especialmente en Europa occidental, que no son antisemitas e incluso algunos se manifiestan filosemitas en cuanto consideran a Israel un modelo de etnocracia y un aliado natural en la lucha contra el Islam. El etno-pluralismo, una nueva ideología definida por la Nouvelle Droite ―y cuyos oponentes lo consideran un «nuevo racismo»―, que «sostiene que las personas se dividen en grupos étnicos que son iguales en jerarquía, pero que deben mantenerse segregados unos de otros». Sin embargo, el racismo puro sigue presente entre la ultraderecha ―uno de los líderes del EKRE afirmó: «si eres negro, regresa a tu casa»; «quiero que Estonia sea un país blanco»―. El autoritarismo, entendiendo por tal, «la idea de una sociedad ordenada de forma estricta y en la que por tanto, la vulneración de las órdenes de la autoridad será castigada con dureza». Así, «los autoritarios conciben casi todos los “problemas”… desde una óptica esencialmente de orden público». El populismo, una ideología según la cual, «la sociedad está separada en último término en dos grupos homogéneos y antagónicos, que son el pueblo puro y la élite corrupta, y desde la que se defiende también que la política debería ser una expresión de la ‘’volonté générale” (voluntad general) del pueblo». Steven Forti coincide casi completamente con Mudde en los rasgos ideológicos que caracterizan a la derecha radical populista, que Forti prefiere llamar «extrema derecha 2.0» por su «capacidad de utilizar las nuevas tecnologías, sobre todo en lo que respecta a la propaganda política». Forti no incluye el populismo, aunque reconoce que utiliza «las herramientas populistas».Todas las formaciones de la extrema derecha 2.0 tienen de hecho unos mínimos comunes denominadores. Entre estos, podemos mencionar un marcado nacionalismo, el identitarismo o el nativismo, la recuperación de la soberanía nacional, una crítica profunda al multilateralismo —y en Europa, un alto grado de euroescepticismo—, la defensa de los valores conservadores, la defensa de la ley y el orden, la islamofobia, la condena de la inmigración tachada de "invasión", la crítica al multiculturalismo y a las sociedades abiertas, el antiintelectualismo y la toma de distancia formal de las pasadas experiencias del fascismo. Steven Forti propone añadir otras tres características (partiendo de la idea de que «la ultraderecha se propone socavar la cualidad del debate público, promover percepciones erróneas, formentar una mayor hostilidad y erosionar la confianza en la democracia, el periodismo y las instituciones. Lo que le permitirá tener el terreno mucho más abonado para la siguiente competición electoral»): El objetivo de polarizar a la sociedad marcando el debate político con «temas decisivos» con la finalidad de «escorar hacia la ultraderecha la opinión pública» (en este punto tienen especial relevancia las guerras culturales, estrategia en la que la ultraderecha actual sigue la estela de la Nouvelle Droite de Alain de Benoist). Para ello la nueva extrema derecha recurre con frecuencia a las fake news, a la posverdad —el ultraderechista ruso Aleksandr Duguin ha afirmado: «la verdad es una cuestión de creencia [...] los hechos no existen»—, y además muestra una actitud que es percibida por muchos de sus seguidores como rebelde e incluso antisistema en cuanto que cuestiona lo «políticamente correcto» ―la «dictadura progre», según el líder de Vox Santiago Abascal― y hace suyas de forma provocadora y parasitaria batallas de la izquierda, como lo demostrarían fenómenos como el homonacionalismo o el ecofascismo. El político argentino Álvaro Zicarelli ha llegado a afirmar: «Hoy ser revolucionario es ser derechas». El «exacerbado tacticismo: lanzan continuamente globos sonda en el debate público para ver si tienen recorrido y pueden cambiar de postura sobre temas cruciales en poco tiempo» (como por ejemplo el Frente Nacional o la Liga italiana que comenzaron rechazando el euro y la Unión Europea para acabar aceptándolos aunque sin abandonar su euroescepticismo), sin importarles incurrir en contradicciones (como Vox o la Liga que al principio de la pandemia del COVID-19 pidieron medidas más restrictivas a sus gobiernos y luego los tacharon de autoritarios cuando las adoptaron) ya que no les supone una disminución de su apoyo electoral. Por otro lado, cuando observan que una propuesta suya no cuenta con el respaldo de su electorado potencial ―y por tanto no polariza a la sociedad― la retiran, como sucedió en el caso de Vox cuando en 2019 propuso la liberalización de la venta de armas para que cada español pudiera disponer de una para autoprotegerse y luego se olvidó del asunto. La crítica de la democracia liberal a la que las formaciones de extrema derecha tachan de no democrática por no responder, según ellos, a la «voluntad del pueblo». Por ello cuestionan, entre otros elementos propios de la democracia, la separación de poderes o el respeto a los derechos de las minorías. Su modelo sería la «democracia iliberal», cuya plasmación más acabada sería la Hungría de Viktor Orbán, «el único modelo exitoso al cual todas las formaciones ultraderechistas ―aún más en países miembros de la Unión Europea y la OTAN― pueden mirar», como sería el caso de la Polonia del PiS. No es casualidad que el ultraderechista estadounidense Steve Bannon haya aclamado a Orbán como «Trump antes de Trump». La politóloga española Beatriz Acha coincide con Mudde y con Forti en los rasgos que definen la ideología de la ultraderecha actual: «el término genérico de “ultraderecha” designa a formaciones que defienden temas como el rechazo a la inmigración y al proceso de construcción europea, el ultranacionalismo, la ley y el orden, la familia tradicional, y otros en los que podrían acercarse a las posiciones de partidos conservadores pero que en ellos siempre son mucho más radicales y extremas; y que, a diferencia de estos, mantienen posiciones mucho menos definidas ―si es que las tienen― en materia económica». De estos rasgos Acha destaca tres: «La obsesión anti-inmigratoria», ya que la inmigración es percibida como una amenaza a la identidad nacional y a la seguridad lo que conlleva el rechazo radical al multiculturalismo y la adopción de posiciones propias del racismo cultural (por ejemplo, el Partido por la Libertad, ha afirmado en su programa electoral: «Millones de holandeses han tenido ya suficiente de la islamización de nuestro país. Suficiente de la inmigración masiva y el asilo, el terror, la violencia y la inseguridad. Éste es nuestro plan… queremos gastar el dinero en el holandés común, en el ciudadano de a pie»; Alternativa por Alemania, por su parte, ha propuesto expulsar a los «extranjeros» de los que se «sospeche» que pertenecen a la «criminalidad organizada»). El «ultranacionalismo extremo, orgánico, holístico» «de carácter antidemocrático y etnocéntrico» que «se reviste de un tono especialmente agresivo». De ahí su defensa de la «preferencia nacional», el empeño por sustituir el derecho de suelo por el ius sanguinis y la propuesta de endurecer los trámites para la obtención de la nacionalidad y el asilo y la política migratoria en general. Otra consecuencia del ultranacionalismo, para los partidos de extrema derecha europeos, es la hostilidad al proceso de construcción europea ya que la pérdida de soberanía que implica la pertenencia a la Unión Europea «choca frontalmente con su defensa de la identidad/soberanía nacional». La hostilidad, que ha oscilado entre el euroescepticismo suave y la rabiosa eurofobia, ha aumentado tras la crisis migratoria de 2015 en Europa y el éxito del Brexit. «La defensa de la ley y el orden». «El endurecimiento de las penas a criminales, el establecimiento de la pena de muerte o el aumento de los recursos policiales para reforzar la seguridad ciudadana son temas recurrentes en sus discursos». Como Forti, Beatriz Acha también añade a los rasgos propuestos por Mude la crítica a la democracia liberal. «Cierto es que la mayoría de ellos no aboga por recurrir a la violencia para subvertir los regímenes democráticos. Ahora bien, como los propios expertos reconocen, se encuentran incómodos en el marco de la democracia liberal. Aunque la respeten formalmente, no comulgan con algunos de los principios que la sustentan, como la igualdad. De ahí que haya que ser cautos al considerarlos formaciones democráticas, pues defienden una ideología de la exclusión incompatible, incluso, con su versión meramente procedimental». También coincide con Forti en no considerar el populismo como un rasgo esencial de la ultraderecha y además advierte —en lo que vuelve a estar de acuerdo con Forti— que «el concepto de populismo aplicado a la ultraderecha dificulta a veces su análisis, por su imprecisión y amplia extensión (se aplica a muchos otros partidos)». Y añade que «puede conferir cierta legitimidad a los partidos de ultraderecha, cuando no una imagen de moderación. Prueba de esto es que los propios ultraderechistas aceptan de buen grado esta denominación (mientras rechazan violentamente la de "extremistas" o "ultras")» Acha pone el ejemplo de Jörg Haider, primer líder del FPÖ austríaco, cuando manifestó: Visto así somos populistas, porque pensamos con la cabeza del ciudadano, porque luchamos por la aprobación del ciudadano, porque no nos fiamos, como hacen los viejos partidos, de la presión que ejercen el poder y la comodidad, que convierten en manejable al ciudadano. CAPÍTULO QUINTO Este apartado será desarrollado por el docente o guía que todos tenemos en la cabeza. De este modo, será el catedrático encargado quien cierre este Seminario sobre la Extrema derecha, quien lo ha conducido con perspicacia y puntería. Lo cerrará el valorado y perseguido alumno Gregorio predicando lo siguiente: - Los partidos políticos no son la única forma de articulación de la ultraderecha, aunque constituyen su núcleo central en el siglo XXI. También existen los movimientos sociales de ultraderecha, que están bien organizados pero que a diferencia de los partidos no se presentan a las elecciones, y las subculturas ultraderechistas, que carecen de organización. Dentro de los movimientos sociales se encuentran las organizaciones intelectuales, las organizaciones mediáticas y las organizaciones políticas. Las organizaciones intelectuales «están centradas en desarrollar ideas de ultraderecha y en innovar en ese terreno y en formar sobre todo a los activistas ultraderechistas». La más importante sería la Nouvelle Droite cuyos orígenes se remontan a la fundación del GRECE en París en 1968 y cuya figura principal es Alain de Benoist. A la Nouvelle Droite habría que sumar diversos think tanks de Estados Unidos, como el islamófobo Gatestone Institute de John Bolton, la American Renaissance de Jared Taylor o el National Policy Institute de Richard B. Spencer (estas dos últimas organizaciones ligadas a la alt-right). En Europa hay que citar dos centros educativos superiores de ultraderecha: el Instituto de Ciencias Sociales, Economía y Política de Marion Maréchal-Le Pen y la Universidad de Cultura Social y Mediática del sacerdote católico polaco Tadeusz Rydzyk. En cuanto a las organizaciones mediáticas hay que destacar los sitios web estadounidenses Stormfront (neonazi), Breitbart News (de derecha radical), The Daily Stormer (neonazi), InfoWars (conspirativa), y VDARE (supremacista blanca). En Europa destacan Junge Freiheit y Gazeta Polska, y en Israel Arutz Sheva. En cuanto a las organizaciones políticas de ultraderecha, que suelen estar estructuradas como los partidos políticos pero que se diferencian de estos en que no se presentan a las elecciones (o han dejado de hacerlo), hay que subrayar que la mayoría de ellas son marginales y cuentan con muy pocos activistas. Algunas de las más conocidas son el Movimiento Nacionalsocialista de Estados Unidos, la Liga de Defensa Inglesa (EDL), la alemana PEGIDA o la japonesa Zaitokukai. Sin embargo hay una organización política de ultraderecha con muchos afiliados y muy poderosa: la Nippon Kaigi (‘Conferencia Japón’). También destaca el movimiento identitario —ideológicamente un derivado de la Nouvelle Droite— que está activo en varios países europeos y en Estados Unidos y Canadá —en estos dos últimos países en conexión con la alt-right—. Y las últimas referencias que haga este catedrático experto en Ciencias de la Comunicación serán las siguientes: - La valoración positiva de la violencia constituye un elemento esencial del fascismo (y del nazismo). Y en las últimas décadas, según Cas Mudde, «la violencia ultraderechista ha adquirido un carácter más planificado y regular, y una mayor letalidad, como lo demuestran los atentados terroristas cometidos en, entre otros lugares, Christchurch (Nueva Zelanda), Pittsburgh (Estados Unidos) y Utoya (Noruega). Mudde cita un estudio de un especialista en terrorismo de la Universidad de Oslo en el que se han contabilizado 578 incidentes violentos protagonizados por la ultraderecha entre 1998 y 2015 en Europa occidental y en los que hubo 303 muertos. En otro estudio, referido a Estados Unidos, se constata que hubo 368 muertos causados por activistas de ultraderecha entre 1990 y 2013 ―de hecho en Estados Unidos la ultraderecha ha sido responsable de más violencia política que la extrema izquierda; lo mismo ocurre en Alemania, Suecia o India―. La mayor parte de las víctimas, tanto en Europa occidental como en Estados Unidos, eran personas percibidas por los ultraderechistas como «degeneradas» (feministas, izquierdistas, homosexuales, personas sin techo…) o «extranjeras» (inmigrantes, refugiados, minorías étnicas), como en los pogroms antigitanos de Europa del Este o en los pogroms contra musulmanes y sijs en India. Hay partidos de extrema derecha en los que la violencia forma parte esencial de su ideario y de sus actividades, como el griego Amanecer Dorado, los Lobos Grises, el ala juvenil del Partido del Movimiento Nacional (MPH) turco, o el partido judío Kach. Mudde afirma que «el terrorismo de ultraderecha se ha convertido en una amenaza creciente en los últimos años». Suele ser obra de «lobos solitarios», como en el tiroteo en Macerata de 2018 en el que resultaron heridos seis inmigrantes africanos ―el perpetrador fue un antiguo candidato de la Liga―, pero la policía ha desarticulado organizaciones terroristas ultraderechistas, como Clandestinidad Nacionalsocialista de Alemania, Acción Nacional de Gran Bretaña o Abhinav Bharat de India. También ha participado en acciones terroristas la estadounidense Liga de Defensa Judía y su heredero israelí, el partido Kach que fue finalmente prohibido. Uno de los protagonistas de la violencia ultraderechista son los grupos paramilitares. Los europeos, aunque usan uniformes, no están armados ―aunque hay excepciones como el Batallón Azov, encuadrado en la Guardia Nacional ucraniana― y varios de ellos están (o estaban) ligados a determinados partidos, como la Guardia Húngara fundada por Jobbik, mientras que otros no, como los escandinavos Soldados de Odín. En cambio en Estados Unidos están fuertemente armados por lo que son más conocidos como milicias, la mayoría de las cuales tienen una marcada orientación anti-gobierno federal, aunque tras acceder Donald Trump a la presidencia en enero de 2017 muchas pasaron a apoyar al nuevo presidente, como los Oath Keepers o los Three Percenters. La actitud anti-gobierno federal es compartida por el movimiento de los sovereing citizens (‘ciudadanos soberanos’) que también han protagonizado incidentes violentos con armas de fuego. En Alemania existe un movimiento similar al de los “sovereing citizens” conocido como Movimiento Ciudadanos del Reich, algunos de cuyos miembros también han estado implicados en tiroteos con fuerzas del orden. Sin embargo, el grupo paramilitar más numeroso y más violento se encuentra en India. Es la Asociación de Voluntarios Nacionales (RSS), próxima al BJP, cuyos militantes ‘’hindutva’’ han participado en numerosos actos violentos contra colectivos que perciben como enemigos nacionales, como las personas que comen carne de vacuno (la vaca es un animal sagrado en el hinduismo) o la minoría musulmana (sus militantes participaron en la demolición de la mezquita Babri Masjid en 1992 por lo que la RSS fue ilegalizada durante un año). El diputado federal Jair Bolsonaro, estrella de la extrema derecha y uno de los políticos más populares de Brasil, aspira a presidir el país 2018. El 4 de abril, el diputado del Partido Social Cristiano (PSC) Jair Messias Bolsonaro pronunció un discurso de alto voltaje en el Club Hebraica de Río de Janeiro. El discurso, que motivó titulares, representó otro adoquín en el camino de controversias que define su carrera política. Ante unas 500 personas, afirmó que los que residen en las reservas son «parásitos», que los quilombolas (miembros de la comunidad negra, descendientes de esclavos fugitivos) «ni siquiera son aptos para la cría», que las ONG y los movimientos sociales están robando la riqueza del país y que la única manera de combatir la delincuencia es armando a la población. Organizado por el Club Hebraica, el acto que protagonizó Bolsonaro a principios de abril dio pie a mucho debate. Fernando Lottenberg, presidente de la Confederación Israelita de Brasil, calificó el evento de «error» y se produjeron manifestaciones para condenar que el club judío invitase a un líder de extrema derecha conocido por su relación con grupos neonazis: en 2015, salió en defensa del profesor Marco Antônio, conocido simpatizante nazi que se presentó en una audiencia de la Comisión de Derechos Humanos ataviado como Adolf Hitler; este mismo año, Bolsonaro dio su apoyo a grupos de cabezas rapadas que preguntaban abiertamente por qué es legal el Partido Comunista en Brasil, pero no un partido nazi. «Admirador» confeso de Hitler, él y dos de sus hijos, Carlos Flávio y Eduardo Bolsonaro, ambos políticos, apoyan abiertamente la eugenesia. El discurso en el Club Hebraica le ha valido dos demandas presentadas por el Partido Comunista Brasileño (PCB), el Partido de los Trabajadores (PT) y la Coordinación Nacional de las Comunidades Quilombolas Negras (Conaq), y ha provocado protestas de grupos judíos que se han manifestado frente a la sede del club. Esto ha venido a añadirse a la larga lista de demandas y protestas que Bolsonaro ha logrado provocar en sus 26 años de vida política. A Bolsonaro, ex-capitán del Ejército, se lo conoce por sus opiniones «polémicas» desde los albores de su carrera política, tras su arresto en 1986 acusado de planear la colocación de un artefacto explosivo en un oleoducto y en un cuartel del ejército en Río de Janeiro. Entre sus muchas declaraciones controvertidas, se lo recuerda sobre todo por afirmar que «la única razón por la que no violó» a una congresista fue «porque ella no se lo merecía» –explicó más tarde que no se lo merecía porque «era muy fea»–; por decir que el presidente Fernando Henrique Cardoso debería ser «fusilado en una plaza pública»; por llamar «animales» a los activistas negros y añadir que deberían «regresar al zoológico»; por declarar que la homosexualidad se debe a «no haber recibido suficientes palizas»; y por confesar que «no le preocupaba» que alguno de sus hijos saliera con mujeres afrodescendientes o que resultase ser gay «porque les dio una educación adecuada». Para él, los refugiados haitianos, africanos y de Oriente Medio en Brasil son «la escoria de la humanidad» y debería «encargarse de ellos» el ejército. Defensor a ultranza de la dictadura militar brasileña y de las actuaciones a menudo violentas de la actual policía militar, algunas de sus afirmaciones más atrevidas se refieren al periodo oscuro de 1964-1985. El golpe de Estado de 1964 fue, según él, «una revolución», y no duda en elogiar a Carlos Brilhante Ustra, el más infame de los torturadores brasileños durante los 21 años de régimen militar, como uno de los mayores héroes del país. En su opinión, el error de la dictadura no fue utilizar la tortura, sino no haber liquidado a los «rojos». Durante una audiencia de la Comisión de la Verdad sobre personas «desaparecidas» durante la dictadura, Bolsonaro declaró que solo «los perros buscan huesos”. El grueso de su discurso de odio, sin embargo, se dirige a la comunidad LGBT: en una entrevista en Playboy, afirmó que preferiría ver a sus hijos morir en un accidente que ver a uno de ellos «aparecer un día con un chico con bigote», y que si veía a «dos hombres en la calle tomados de la mano» les «daría su merecido». En otra entrevista de 2014, sostuvo que los homosexuales «deberían inclinarse» ante la mayoría. Y en una de 2013 sostuvo que «90% de los niños adoptados por parejas LGBT» se convierten en esclavos sexuales; de ahí que legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo sería «legalizar el abuso infantil». A pesar de todo ello –o quizás precisamente por ello–, Bolsonaro se ha convertido en uno de los personajes políticos más populares de Brasil. Sus fans lo llaman «el Mito» y su apoyo popular no para de crecer. De una intención de voto de 6,5% el pasado mes de octubre, Bolsonaro pasó a 13,7% en febrero, superado solo por el ex-presidente Luiz Inácio Lula da Silva. Pero mientras que Lula, con una intención de voto de 30,8%, está en declive, Bolsonaro sigue en ascenso. En Facebook, la red social más popular en Brasil, Bolsonaro tiene más de 4 millones de seguidores: más que Lula, que tiene 2,8 millones, pero algo menos que el ex-candidato presidencial y actual senador Aécio Neves, del (Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), que tiene 4,3 millones. Pero aunque Bolsonaro –ahora en su séptimo mandato– ha sido diputado federal durante más de 26 años, la mayoría de sus seguidores lo perciben, a diferencia de Neves, como ajeno a la política tradicional. Su ascenso sigue un patrón bien conocido, común a otros populistas de derecha –incluido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump–. Bolsonaro, otrora considerado un chiste, ha ido cobrando importancia al conectar con los votantes que no se sienten representados por ninguno de los otros candidatos y se muestran receptivos ante su «sinceridad» y «valentía» para «decir las cosas como son». Al igual que Geert Wilders en los Países Bajos, Marine Le Pen en Francia, Nigel Farage en el Reino Unido y Donald Trump en EEUU, el motor de la campaña de Bolsonaro es la supuesta amenaza contra la «identidad nacional». Pero mientras que los líderes mencionados apuntan a una amenaza externa –la inmigración–, Bolsonaro añade varias amenazas internas –las reservas de los pueblos nativos, el comunismo y los gays– y promete acabar con la vieja y corrupta estructura política. A quien más se parece, sin embargo, es al presidente Trump: ninguno de ellos muestra algún tipo de autocontrol al decir lo que piensan, por ofensivo o contrario a los hechos que sea. Durante su discurso en el Club Hebraica, Bolsonaro insistió en que no dijo lo que dijo «para complacer a nadie». Acogido positivamente por una parte importante del electorado, el mismo atrevimiento que le granjea tanta polémica también le reporta popularidad, sobre todo entre los jóvenes: en el grupo de edad 16-24, hoy lo apoya 20,4%. Estos jóvenes seguidores –a los que la izquierda llama en tono de burla «Bolsominions», mantienen fuertes lazos con la ultraderecha brasileña. La mayoría de ellos son proarmas, antiinmigración y ferozmente homófobos. Las páginas ultraconservadoras de Facebook como Orgulho Hetero, Faca na Caveira y Politicamente Incorreta están ayudando activamente a construir «el Mito», y en WhatsApp las afirmaciones fuera de contexto de Bolsonaro se propagan rápidamente debido a su tono alarmista. - Ahora, vamos a hablar ya de Donald Trump. Este es un empresario, personalidad televisiva y político conservador estadounidense. Miembro de Partido Republicano, es el 47º presidente de los Estados Unidos desde el 20 de enero de 2025. Anteriormente desempeñó el mismo cargo desde el 20 de enero de 2017 hasta el 20 de enero de 2021 como el 45.º presidente. En 2020 se convirtió en el primer presidente estadounidense que no ganó la reelección inmediata desde George H. W. Bush (1992), tras perder las elecciones presidenciales de 2020 ante Joe Biden. Sin embargo, cuatro años después, ganó las elecciones de 2024 venciendo a Kamala Harris, convirtiéndose así en el segundo presidente en ejercer durante dos mandatos no consecutivos junto con Grover Cleveland (1892). Asimismo, Trump es la primera persona que ejerce la presidencia en la historia de Estados Unidos siendo condenado penalmente por el sistema judicial. Durante su carrera empresarial, Trump construyó, renovó y gestionó numerosas torres de oficinas, hoteles, casinos y campos de golf. Fue accionista principal de los concursos de belleza Miss USA y Miss Universo desde 1996 hasta 2015, y prestó el uso de su nombre en la marca de varios productos. De 2004 a 2015, participó en The Apprentice, un reality show de la NBC. En 2016, la revista Forbes lo enumeró como la 324.ª persona más rica del mundo (la 113.ª de los Estados Unidos), con un valor neto de 4500 millones de dólares. En política interna, Trump ordenó permitir la extracción de petróleo en el Ártico de Alaska, causando el rechazo de científicos y grupos ambientalistas. También aprobó el proyecto del Oleoducto Keystone XL, criticado por sus riesgos ambientales, aunque posteriormente dicho proyecto fue cancelado por la administración de Joe Biden.[] Trump dice no creer en la existencia del calentamiento global En materia migratoria, Trump redujo de manera significativa los asilos y la cantidad de solicitudes y admisiones de refugiados que permite Estados Unidos; intentó eliminar la ciudadanía estadounidense automática que adquieren los hijos de personas extranjeras que nacen en suelo estadounidense, aunque no logró llevarlo a cabo debido a que no tuvo el apoyo necesario, sin embargo en su campaña presidencial de 2024 prometió volver a intentarlo; amplió el muro fronterizo entre México y Estados Unidos; y ordenó una prohibición de viajar a ciudadanos de varios países de mayoría musulmana, citando preocupaciones relativas a la seguridad, aunque una versión modificada de la prohibición fue implementada después de desafíos legales. En materia de salud, Trump dejó sin efecto legal la disposición del mandato de seguro individual de la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible y su manejo de la pandemia de COVID-19 fue ampliamente criticado; se le acusó de haber minimizado la amenaza y la gravedad de la pandemia, así como de haber promovido la desinformación y dar recomendaciones contrarias a la de las organizaciones científicas y médicas. Durante su gestión de la pandemia del COVID-19, Estados Unidos alcanzó la tasa de desempleo más alta desde la Gran Depresión de la década de 1930, aunque previo a la pandemia se había registrado la menor tasa de desempleo en 50 años. Trump hizo docenas de nombramientos judiciales, incluidos Neil Gorsuch, Brett Kavanaugh y Amy Coney Barrett a la Corte Suprema. Los tres jueces conservadores designados durante el mandato de Trump fueron cruciales para la derogación de la sentencia Roe vs. Wade de 1973 que establecía el aborto como derecho constitucional y que garantizaba su práctica a nivel nacional. Después de que Trump destituyese al director del FBI James Comey, el Departamento de Justicia nombró a Robert Mueller asesor especial para investigar la coordinación o los vínculos entre la campaña de Trump y el gobierno ruso en su interferencia electoral; a lo que Trump negó repetidamente las acusaciones. Trump perdió las elecciones presidenciales de 2020 tras ser derrotado en el colegio electoral y haber obtenido siete millones de votos menos que su rival Joe Biden. Sin embargo, Trump se negó a admitir su derrota afirmando falsamente que el demócrata había ganado gracias a un fraude electoral, presionando a funcionarios del gobierno, planteando docenas de impugnaciones legales infructuosas y obstruyendo la transición presidencial. Durante el recuento de los votos electorales el 6 de enero de 2021, Trump instó a sus seguidores a marchar hacia el Capitolio, que luego asaltaron, lo que obligó a evacuar el Congreso temporalmente y resultó en la muerte de cinco personas y numerosos heridos. Trump finalmente se vio obligado a retirar su apoyo a los asaltantes. Horas antes de la toma de posesión de Joe Biden, Trump prometió «volver», además de haber realizado 73 indultos, y haber conmutado 70 sentencias. Al hacer campaña, la política energética de Trump abogó por el apoyo interno a fuentes energéticas tanto fósiles como renovables a fin de frenar la dependencia del petróleo del Medio Oriente y convertir a Estados Unidos en un exportador neto de energía. Sin embargo, después de su elección, su Plan de Energía de América Primero no mencionó la energía renovable y en su lugar se centró en los combustibles fósiles. Los ambientalistas expresaron su preocupación porque Trump anunció planes para realizar grandes recortes presupuestarios en programas que investigan la energía renovable y para revertir las políticas de la era Obama, dirigidas a frenar el cambio climático y limitar la contaminación ambiental. Trump fomentó argumentos que niegan la existencia del cambio climático producido por el hombre, diciendo que el calentamiento global como concepto es un «engaño», y que este fue «creado por y para los chinos para hacer que el sector industrial estadounidense pierda competitividad». Ha sido criticado por estas declaraciones, que son discordantes con la opinión de la comunidad científica. Trump rechaza el consenso científico sobre el cambio climático y su jefe de la Agencia de Protección Ambiental, Scott Pruitt, no cree que las emisiones de carbono sean la principal causa del calentamiento global. Aunque admite que el planeta se está calentando, Pruitt cree que el calentamiento no es necesariamente dañino y podría ser beneficioso. Según numerosos estudios, especialistas en medio ambiente no están de acuerdo con su postura. El 1 de junio de 2017, Trump anunció la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París, lo que lo convirtió en la única nación del mundo que no ratificó el acuerdo. El 25 de enero de 2017, Trump ordenó la construcción de un muro en la frontera entre Estados Unidos y México para impedir la entrada de inmigrantes indocumentados procedentes de América Latina. Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, al término del mandato de Trump se habían construido 727 kilómetros del llamado «nuevo sistema de muro fronterizo», si bien en su inmensa mayoría fueron sustituciones o reparaciones de estructuras preexistentes que estaban deterioradas, por lo que en realidad se habían construido unos 129 kilómetros de muro nuevo, de los que 53 corresponden a vallas secundarias y 76 a barreras primarias totalmente nuevas. Dos días después del comienzo de la construcción del nuevo sistema de muro, el 27 de enero, Trump decretó un veto migratorio que suspendía la acogida de refugiados durante 120 días y negaba la entrada al país a ciudadanos de siete países que son mayoritariamente musulmanes (Siria, Irán, Sudán, Libia, Somalia, Yemen e Irak) durante 90 días. En marzo, Trump emitió una nueva orden revaluando la anterior. En septiembre, Corea del Norte, Venezuela y Chad fueron incluidas en dicho veto migratorio- Durante varios meses hubo modificaciones a la orden original (en las que se recogía, por ejemplo, la exclusión de Irak y Sudán del veto) y litigios en los tribunales por la aplicación de los decretos. El 4 de diciembre de 2017, la Corte Suprema habilitó la entrada en vigor de la tercera versión del veto migratorio. A pesar de no haber podido finalizar el muro que había prometido en su campaña, la inmigración durante su gobierno sí se redujo en comparación a administraciones anteriores, sobre todo en 2019, periodo en el que se detuvo el doble de inmigrantes ilegales en la frontera sur. Además, el Departamento de Seguridad Nacional especificó que hubo una reducción de 155 330 personas en materia de visados para inmigrantes entre 2016 y 2019, una disminución de 86 894 personas en lo que respecta a permisos de residencia entre 2016 y 2018 y una caída de 62 583 personas en lo referido a la entrada de refugiados entre 2016 y 2018. Trump es conservador, se opone al aborto, excepto en casos de violación, incesto y circunstancias que ponen en peligro la salud de la madre. Se comprometió en designar a jueces que trataran de revocar el fallo en Roe v. Wade algo que consiguió ya que los jueces designados por él derogaron el fallo posteriormente a su presidencia. Trump apoya personalmente el «matrimonio tradicional», pero considera que la legalidad a nivel nacional del matrimonio entre personas del mismo sexo es un tema «resuelto». Durante su administración se suspendieron las políticas públicas de identidad de género que habían sido impulsadas durante el gobierno de Obama, empezando por derogar el concepto legal de género de los programas federales, cuyas medidas apoyaban la implantación de baños, vestuarios y dormitorios transgénero en los colegios, la inclusión de mujeres transgénero en competiciones deportivas y equipos femeninos, el reclutamiento de hombres transgénero en el ejército, las cirugías de reasignación de sexo en hospitales, etc, medidas todas ellas duramente criticadas por movimientos evangélicos y católicos conservadores. Las nuevas políticas de Trump consideraban definir el género sobre la base de la biología fundamentada únicamente en la ciencia, y no en cualquier ideología. No obstante, estas políticas se toparon con la oposición de colectivos LGBT y organizaciones civiles y de derechos humanos, desencadenando numerosas marchas y movilizaciones. Trump apoya una amplia interpretación de la Segunda Enmienda y dice que se opone al control de armas en general. Trump se opone a la legalización de la marihuana para fines recreativos, pero no si es para fines medicinales. Está a favor de la pena capital, así como el uso del «submarino» y métodos de tortura «muchísimo peores». Durante la pandemia de COVID-19 Trump dió cheques para los ciudadanos de $600 y $1200 dólares, proponiendo llegar a $2000, los cheques incluían su nombre. Durante el mismo período se mostró contrario a los confinamientos por la pandemia de COVID-19 y a la obligación del uso de mascarillas El asalto al Capitolio de los Estados Unidos fue un acontecimiento que se produjo el 6 de enero de 2021 cuando partidarios del entonces presidente saliente de los Estados Unidos, Donald Trump, irrumpieron en la sede del Congreso violando la seguridad y ocupando partes del edificio durante varias horas. El suceso interrumpió una sesión conjunta del poder legislativo para contar el voto del Colegio Electoral y certificar a Joe Biden como presidente electo, Trump esperaba que el vicepresidente Mike Pence objetara los resultados para que la elección la decidieran las legislaturas de los Estados con un voto cada una, después de que Pence no evitara la certificación de Biden, los seguidores de Trump llamaron a «colgar a Mike Pence».Más tarde el mismo día, el presidente hizo un llamado a que sus seguidores se fueran en paz, empatizando con su enojo por unas «elecciones fraudulentas». Twitter decidió suspender permanentemente a Trump de su plataforma el 8 de enero de 2021, decisión que causó polémica, otras redes sociales como Instagram y YouTube se le sumaron, sin embargo Facebook aseguró que la suspensión durará dos años. Twitter restauró la cuenta de Trump tras la compra de la compañía por parte de Elon Musk, aunque este no ha publicado recurrentemente en la red social. Meta le devolvió sus cuentas de Facebook e Instagram tras dos años, en los cuales se evaluó la situación y se procedió a devolverlas. En marzo de 2023 YouTube retiró el veto al canal de Donald Trump. CAPÍTULO SEXTO - Ahora, dentro del caso español, vamos a platicar sobre VOX y Santiago Abascal. VOX es un partido político español de ideología ultraconservadora, y ultranacionalista fundado el 17 de diciembre de 2013. Está calificado por especialistas como un partido de ultraderecha, de derecha radical populista o de extrema derecha. VOX es la voz de la España Viva. Un movimiento de extrema necesidad que nace para poner a las instituciones al servicio de los españoles, en contraste con el actual modelo que pone a los españoles al servicio de los políticos. VOX es el partido del sentido común, el que pone voz a lo que piensan millones de españoles en sus casas; el único que lucha contra la corrección política asfixiante. En VOX no les decimos a los españoles cómo tienen que pensar, hablar o sentir, les decimos a los medios y a los partidos que dejen de imponer sus creencias a la sociedad. Nuestro proyecto se resume en la defensa de España, de la familia y de la vida; en reducir el tamaño del Estado, garantizar la igualdad entre los españoles y expulsar al Gobierno de tu vida privada. Somos la España que no necesita mirar encuestas ni leerse un periódico para saber cuál es el discurso de moda. Nuestro discurso nace de nuestras convicciones, al margen de si éstas son más o menos populares. En definitiva, VOX es el partido de la España viva, libre y valiente. Nadie puede negar que la incorporación de España a la Unión Europea ha traído grandes beneficios a España. Pero en VOX no podemos dejar de reconocer que el rumbo de UE. en los últimos años también ha producido perjuicios. Sin embargo, algunos medios de tendencia conservadora prefieren referirse al partido como de derecha. El presidente del partido es Santiago Abascal, y su vicepresidente y secretario general es Ignacio Garriga. A nivel de la Unión Europea, Vox es miembro del partido político a escala europea ultraderechista Patriotas.eu, que está en el Parlamento Europeo en el grupo parlamentario Patriotas por Europa desde julio de 2024, tras las elecciones europeas de junio del mismo año.] En la anterior legislatura del Parlamento Europeo había estado integrado en el Partido de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR). El origen de Vox se remonta a la plataforma reconversión.es fundada en julio de 2012 y promovida por un colectivo del que formaban parte cuadros y militantes del Partido Popular entre los que se encontraban Alejo Vidal-Quadras (conocido anticatalanista), Santiago Abascal (entonces presidente de la Fundación para la Defensa de la Nación Española, DENAES) y José Antonio Ortega Lara. La plataforma proponía llevar a cabo un proceso de recentralización que acabara con el Estado de las Autonomías. Vox se registró como partido político el 17 de diciembre de 2013, el mismo día en que quien después sería su presidente, Santiago Abascal, disolvió la fundación pública creada por el gobierno de Esperanza Aguirre (PP) llamada Fundación para la Defensa de la Nación Española. Vox surgió entre algunos de los críticos socialconservadores de Rajoy en el seno del PP, erosionado por la crisis económica, e inició su andadura con el objetivo de «recoger el voto de la derecha desencantada con las políticas del PP». Desde el principio contó con el apoyo decidido de la plataforma activista ultracatólica HazteOír, que acogió la rueda de prensa con la que el 16 de enero de 2014 Vox se presentó ante los medios de comunicación a través de sus dirigentes Cristina Seguí, José Antonio Ortega Lara, José Luis González Quirós, Santiago Abascal e Ignacio Camuñas. A su vez HazteOír y Vox tienen vínculos con la organización secreta paramilitar, ultracatólica y de extrema derecha de origen mexicano El Yunque Como ha destacado Carles Ferreira, de la Universidad de Kent, los fundadores de Vox, «próximos al expresidente José María Aznar», «criticaban al PP de Rajoy por ser demasiado moderado en cuestiones como los valores tradicionales, la unidad nacional o la libertad económica. La expresión que hizo fortuna más tarde, ya creado Vox, fue la de referirse al PP como «la derechita cobarde». Implícitamente reivindicando estar a la derecha de los populares —por el supuesto viaje al centro de estos últimos— evitaron, sin embargo, situarse al lado de la ultraderecha y preferían llamarse a sí mismos «el centro-derecha nacional». Su primer manifiesto, en este sentido, se formuló en términos relativamente aceptables para el gran público al declarar que Vox era un proyecto que tenía por objetivos «cohesionar la Nación, conseguir la eficiencia del Estado, mejorar la calidad de las instituciones, garantizar la honradez de los responsables públicos e impulsar el crecimiento económico en beneficio de todos los ciudadanos». Alejo Vidal-Quadras, que el 27 de enero de 2014 abandonó el PP para unirse a Vox, resultó elegido a través de primarias presidente del partido y cabeza de lista para las elecciones al Parlamento Europeo de mayo. En dichas elecciones europeas quedó en undécima posición, con 246 833 votos (un 1,57 % del total), a unos 1500 votos de conseguir un escaño. Tuvo sus mejores resultados (en porcentaje de votos) en la ciudad autónoma de Melilla con un 5,96 % de los votos y en la Comunidad de Madrid con un 3,64 % (80 557 votos). Por el contrario, los peores resultados fueron en Cataluña con un 0,31 % de los votos y en el País Vasco con un 0,55 %. Ante este fracaso, Vidal-Quadras se desvinculó del partido y José Luis González Quirós empezó a ejercer sus funciones de forma provisional. Después, durante el verano, el partido sufrió una crisis interna, abandonando Ignacio Camuñas, Cristina Seguí, María Jesús Prieto Laffargue y el propio Vidal-Quadras el Comité Ejecutivo Nacional. Vidal-Quadras alegó cuando abandonó el partido que no quería contribuir a la dispersión del voto de la derecha ante el emergente «extremismo de izquierda de tintes totalitarios», en clara alusión al auge de Podemos. El 26 de julio se celebró una Asamblea para dar forma a unos nuevos estatutos. Según Carles Ferreira, el punto de inflexión en la progresiva radicalización de Vox se produjo en enero de 2017 cuando participó en el encuentro de la derecha populista radical europea en Alemania.] La cumbre euroescéptica tuvo lugar en Coblenza, donde Santiago Abascal mantuvo contactos con líderes de la extrema derecha europea como Marine Le Pen (FN); Frauke Petry (AfD) o Geert Wilders (PvV) En abril del año siguiente los dirigentes de Vox también se entrevistaron con Steve Bannon, jefe de estrategia de Donald Trump, quien, según Carles Ferreira, «claramente identificó a Vox con la tendencia de la nueva derecha en Europa» Otro elemento clave en la radicalización de Vox fue su posicionamiento absolutamente en contra del proceso soberanista de Cataluña. Vox desempeñó un papel activo en el ámbito judicial, y presentó diversas querellas criminales contra políticos independentistas catalanes. A causa de la convocatoria del referéndum del 1 de octubre por parte del ejecutivo catalán y de la proclamación de la República Catalana el 27 de octubre de 2017, Vox se personó como acusación popular contra el antiguo ejecutivo autonómico A lo largo de 2017 y 2018, Vox incorporó al partido a algunos cargos electos no adscritos provenientes de Ciudadanos (Cs) y del Partido Popular (PP), como la concejala del Ayuntamiento de Jaén Salud Anguita electa por Cs o el diputado en la Asamblea de Extremadura Juan Antonio Morales, antiguo preboste del PP extremeño y caballero de honor de la Fundación Nacional Francisco Franco. toponómico y la mesa del Parlamento de Cataluña. La irrupción mediática de Vox tuvo lugar el 7 de octubre de 2018 cuando celebró un gran acto del partido con más de 9000 asistentes en el Palacio Vistalegre de Madrid, al que acudieron, entre otros, el torero Morante de la Puebla, el escritor Fernando Sánchez Dragó, Salvador Monedero, y los periodistas Luis del Pino y Hermann Tertsch. Solo dos meses se inició el gran ascenso electoral de Vox. El 2 de diciembre de 2018, se celebraron elecciones al Parlamento de Andalucía. La candidatura de Vox obtuvo 12 escaños y cerca del 11 % de los votos. En concreto, Vox obtuvo su mayor éxito en los municipios con una fuerte inmigración de fuera de la Unión Europea, como en El Ejido, pero no en todos ellos porque, según la politóloga Beatriz Acha, «no sería el contacto directo y cercano con la población inmigrante lo que motivaría el voto a este partido, sino la percepción negativa del fenómeno», como lo demostraría los votos que recibió en los barrios con rentas medias y altas de las ciudades, en los que no suele haber inmigrantes. Con los resultados Vox se significó en la prensa como el primer partido de extrema derecha con representación en un parlamento autonómico español Como ha destacado Beatriz Acha, gracias a «sus espectaculares resultados» en las elecciones andaluzas «Vox se hizo conocido de la noche a la mañana en todo el país» El 23 de febrero de 2019, los afiliados del partido aprobaron por mayoría absoluta una reforma propuesta de los estatutos suprimiendo el procedimiento de primarias; según Abascal para controlar a los «arribistas» e «infiltrados». El gran salto a la política nacional se produjo el 28 de abril de 2019, cuando Vox logró el 10,26 % de los votos en las elecciones generales celebradas ese día, y entró por primera vez en el Congreso con 24 diputados. En las elecciones autonómicas del mes siguiente Vox logró el 10,44 % de los votos y 10 diputados en las elecciones a las Cortes Valencianas. Tras celebrarse las elecciones al Parlamento Europeo de 2019, Vox anunció el 13 de junio que sus tres eurodiputados (cuatro tras consumarse el Brexit) se integrarían en el Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos del que forman parte los partidos de ultraderecha PiS, Foro para la Democracia (FvD), Demócratas de Suecia, Organización Revolucionaria Interna de Macedonia – Movimiento Nacional Búlgaro, Solución Griega, Hermanos de Italia y Alianza Nacional (Letonia). Tras sus buenos resultados en la Región de Murcia Vox consiguió que en septiembre de 2019 se implantara allí el pin parental. La consolidación definitiva de Vox se produjo en las elecciones de noviembre de 2019 en las que consiguió doblar el número de diputados. Logró el 15,09 % de los votos y 52 diputados en el Congreso durante la XIV Legislatura (2019-20 El 7 de marzo de 2020 Santiago Abascal fue reelegido presidente, pues fue el único en recoger los avales y no fue necesario reeditar el proceso de primarias, por cuatro años más durante el congreso celebrado en Vistalegre (Madrid). En septiembre de 2020, Vox anunció la creación de un sindicato, de nombre «Solidaridad» –mismo nombre que el sindicato polaco anticomunista Solidarność– con la intención de atraer el voto obrero a su formación. La ideología del sindicato se basa en el obrero-lepenismo, está en contra de la inmigración ya que constituye mano de obra barata que penaliza al obrero español y también en contra de la Agenda 2030. También anunció la creación de su propia fundación, llamada Fundación Disenso. En octubre de 2020 Vox solicitó la intervención del Ejército y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para frenar la llegada de inmigrantes irregulares a las islas Canarias. La Armada Española respondió, recordando que «sus buques deben rescatar a las pateras, no bloquearlas»[] y que «hay cualquier barco de guerra de España se encuentra con una patera en una situación en donde la vida de los que están en ella está en peligro, su obligación de todo tipo es rescatarlos, y eso es lo que se haría». En el año 2020, el grupo parlamentario Vox se convirtió en el más activo del Congreso de los Diputados al registrar un total de 1337 propuestas, siendo la más destacada la moción de censura con Santiago Abascal como candidato, que no logró el apoyo de ningún otro grupo. En dicho año Vox también interpuso un recurso de inconstitucionalidad al Tribunal Constitucional para determinar si el estado de alarma decretado por el gobierno en marzo (a causa de la pandemia de la COVID-19) era o no constitucional. Finalmente el TC daría la razón a la formación de Abascal, declarando inconstitucionales en julio de 2021 varios preceptos del Real Decreto 463/2020 por el que se aprobó el primer estado de alarma. Tras las elecciones autonómicas catalanas de 2021, la Fiscalía abre una investigación por delito de odio al partido, tras los mensajes de Stop Islamización durante la campaña electoral. En las elecciones a la Asamblea de Madrid de 2021 celebradas el 4 de mayo Vox utilizó un cartel muy polémico en el que aparecían los rostros de un joven enmascarado con los ojos pixelados y el de una anciana con el rótulo entre ambos: «Un mena 4700 euros al mes. Tu abuela 426 euros de pensión/mes», datos que fueron desmentidos por la Consejería de Políticas Sociales, Familias, Igualdad y Natalidad de la Comunidad de Madrid. El cartel fue denunciado ante los tribunales por incitar al odio hacia ese colectivo, pero el 5 de julio la Audiencia Provincial de Madrid no lo consideró delictivo. En su resolución el tribunal alegó que los «menas» (menores extranjeros no acompañados) representan «un evidente problema social y político».El posterior recurso de la Fiscalía contra el archivo de las diligencias abiertas también fue desestimado por la Audiencia Provincial de Madrid. En agosto de 2021, la diputada de Vox en las Corts Valencianes solicitó su salida del grupo parlamentario por discrepancias ideológicas y por sentirse constantemente ninguneada. Al igual que en 2020, Vox interpondría otro recurso de inconstitucionalidad acerca del segundo estado de alarma que se decretó en España. El 27 de octubre el TC daría de nuevo la razón a Vox, declarando nulos determinados preceptos del Real Decreto 926/2020. El 29 de enero de 2022 Vox fue el anfitrión de una cumbre de la ultraderecha europea con la finalidad de unificar los dos grupos del Parlamento Europeo en que se encuentra dividida (Identidad y Democracia y Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos, este último al que pertenece Vox) pero no se logró alcanzar ese objetivo aunque sí se dio un paso adelante con la creación de una «oficina de coordinación» entre los dos grupos para votar conjuntamente en determinados temas. La cumbre tuvo lugar en plena crisis ruso-ucraniana de 2021-2022 sobre la que Santiago Abascal evitó pronunciarse remitiéndose al comunicado final que recogía un acuerdo de mínimos entre atlantistas, encabezados por el PiS, y prorrusos encabezados por el Fidesz: «Las acciones militares de Rusia en la frontera oriental de Europa nos han conducido al borde de una guerra». En marzo se suprimen las primarias en el partido para no <> territorial. A partir de ahí los poderes provinciales serán elegidos a dedo por la cúpula del partido. El 10 de marzo de 2022 Vox ocupó por primera vez la presidencia de un parlamento autonómico en virtud del pacto alcanzado con el PP de Castilla y León para gobernar conjuntamente esa comunidad autónoma (Vox ocupará la vicepresidencia y tres consejerías). En el programa de legislatura acordado se recogen varios de los puntos del ideario de Vox como las referencias a la «violencia intrafamiliar», a la «inmigración ordenada» o la reivindicación de «nuestra historia común, entendida como elemento integrador para la reconciliación, combatiendo cualquier intento de quienes tratan de utilizarla para dividir a los españoles». El 1 de abril de 2022 se celebró por vía telemática la Asamblea General Ordinaria de Vox en la que nadie se opuso a la propuesta de la dirección de que los delegados provinciales sean designados por el Comité Ejecutivo Nacional y no elegidos mediante primarias como hasta entonces. En febrero de 2022 estallaba una crisis dentro del Partido Popular a causa de un intento fallido del secretario general Pablo Casado de echar a Isabel Díaz Ayuso por un contrato millonario del cual se beneficiaba el hermano de la presidenta madrileña. Este hecho provocó una subida de Vox, que llegó a estar en algunos sondeos como segunda fuerza política, logrando el sorpasso al PP. Incluso pasados unos meses ambos partidos de derecha parecían igualar resultados en los sondeos, aunque como se preveía, poco a poco el PP acabaría remontando. El 20 de abril de 2022 Vox entró a formar parte de un gobierno por primera vez en su historia. Ese día tuvo lugar la toma de posesión de los cuatro representantes de Vox en el gobierno autonómico de Castilla y León: el vicepresidente, sin cartera, Juan García-Gallardo y los consejeros de Cultura, Gonzalo Santonja; de Agricultura, Gerard Dueñas; y de Industria y Empleo, Mariano Veganzones. El 19 de junio de 2022 Vox llegaba a las elecciones en Andalucía con Macarena Olona al frente y con el objetivo de formar gobierno con Juanma Moreno, al frente del PP andaluz. Vox mejoró sus resultados logrando 14 escaños (2 más que en las elecciones anteriores), pero la inesperada mayoría absoluta de Moreno evitó que Vox pudiera siquiera intentar formar parte del gobierno andaluz. Además, la victoria aplastante del PP hizo que ganasen más apoyos por parte de votantes socialistas y de Vox, haciendo bajar al partido de Santiago Abascal en los sondeos a niveles de las elecciones generales de 2019. En marzo vuelven a realizar una moción de censura en la que presentan al que fuera miembro del PCE, Ramón Tamames, como alternativa a la presidencia del Gobierno. Nuevamente cosechan un fracaso al obtener solo 53 votos a favor, los de sus diputados y uno del diputado tránsfuga de Ciudadanos Pablo Cambronero. El PP y los Partidos regionalistas UPN y Foro Asturias decidieron abstenerse por su parte. En las elecciones municipales y autonómicas del 28 de mayo de 2023 el partido mejora sus resultados a nivel general y se convierte en una formación clave para que el Partido Popular acceda a la mayoría de gobiernos autonómicos y municipales de España. Vox es fundamental en la investidura de la mayoría de los nuevos presidentes autonómicos del PP, habiendo realizado previamente un pacto específico para cada comunidad. Los pactos establecían una hoja de ruta a seguir de tendencia conservadora e incluso la entrada en el ejecutivo regional, formando un gobierno de coalición con el PP. De este modo, además de en Castilla y León, Vox pasa a formar parte de los gobiernos de Extremadura, Aragón y la Comunidad Valenciana. Como excepción, en la Región de Murcia Vox bloqueó la investidura del presidente del PP Fernando López-Miras al no dejarles éste formar parte del gobierno (finalmente si entraron en su gabinete). Vox entra también en algunos ayuntamientos, siendo los municipios más grandes el Ayuntamiento de Valladolid y el Ayuntamiento de Gijón (del que sería expulsado en octubre de 2023). Al día siguiente de las elecciones del 28-M, el presidente Pedro Sánchez convoca elecciones generales para el 23 de julio de 2023 En dichas elecciones Vox vuelve a presentar a Santiago Abascal como candidato a la presidencia del Gobierno. Las candidaturas presentadas por Vox obtuvieron el 12,4 % de los votos. La proporcionalidad del sistema electoral español les otorgó 33 escaños, el 9,4 % del Congreso de los Diputados. Vox se convirtió de nuevo en la tercera fuerza más votada a nivel nacional, aunque con 19 diputados menos respecto a los 52 que consiguió en las elecciones de noviembre de 2019. Con el número de diputados obtenidos no podrá recurrir ninguna norma al Tribunal Constitucional ni presentar mociones de censura. Según la cúpula del partido, y tal como se mostró en datos difundidos post-elecciones, su gran retroceso se debió principalmente al llamamiento por parte del Partido Popular al voto útil, que además hubiera abierto la posibilidad a un gobierno de coalición PP-Vox Además otros medios achacan el retroceso al haber estigmatizado a Vox como partido ultraderechista, a lo que ha contribuido las maneras de sus políticos, lo que ha provocado un rechazo en la ciudadanía. Personajes importantes dentro del Partido Popular también cargaron contra el líder popular, Núñez Feijóo, por demonizar y atacar excesivamente a Vox en su campaña electoral. Víctor Sánchez del Real, uno de los fundadores del Partido y que había sido excluido de las listas, hablaba de la realización de «experimentos» que habrían llevado al votante al descontento y a no votarles. El 8 de agosto de 2023, el hasta entonces portavoz de Vox en el congreso, Iván Espinosa de los Monteros, hace pública mediante una rueda de prensa su renuncia al cargo de diputado en el congreso, basando esta determinación en razones de carácter personal. No obstante, manifestó la intención de mantener su afiliación a Vox. Macarena Olona, que en su día también abandonó el partido por motivos de salud, le mostraba su apoyo y advertía que no toleraría los ataques de la formación al exportavoz como en su día recibió ella. Espinosa de los Monteros ya había hablado con Abascal advirtiéndole del ascenso del ala falangista, liderada por Jorge Buxadé y Javier Ortega Smith, en el partido. Esa misma teoría se vio apoyada por el que fuera portavoz parlamentario en las comisiones de Asuntos Económicos y vocal en las de Hacienda, Presupuestos o Pacto de Toledo, Rubén Manso que hablaba de una Partitocracia al estilo estalinista dentro del partido. En la Comunidad Valenciana ocurría con el ascenso del bando ultracatólico con José María Llanos y la destitución de Ana Vega en el mes de diciembre. En agosto de 2023 el exvicepresidente del partido, Juan Jara, pedía la dimisión de Abascal al que consideraba un estorbo para la consecución de los objetivos y tachaba de ser «un vago al que no le gusta trabajar» y cuyo deporte preferido es «el de traicionar a la gente», sobre todo por «la violencia institucional». El 10 de agosto de 2023, Juan Luis Steegmann, médico pro-vacunas que fue señalado por muchos votantes de VOX por ese motivo y al que le correspondía ocupar la vacante dejada por Espinosa de los Monteros, renunció a todos sus cargos en Vox y al acta de diputado. Finalmente en mayo de 2024, apoyándose en el papel que había cogido Buxadé en el partido y las declaraciones de García-Gallardo en las que pedía una «distribución equitativa de la propiedad privada», Steegmann dejaba también la militancia por el acercamiento del partido al «distribucionismo, el estatalismo y el neofalangismo que van contra de la base fundacional de Vox» El miércoles 16 de agosto, en la víspera de constituirse las Cortes, Abascal exigió que VOX contara con una vicepresidencia en la Mesa del Congreso. Un día después, tras votar a su propio candidato, Ignacio Gil Lázaro, se quedó sin ningún representante en la Mesa, pues el Partido Popular decidió no cederle un puesto que había sido pactado si votaban a Cuca Gamarra, pasando así a ser el único de los grandes partidos de carácter estatal (tercero en número de escaños) sin representación. Un mes después, en la sesión de investidura de Alberto Núñez Feijóo, Vox vota a favor del candidato, quedándose éste a cuatro diputados de la mayoría necesaria. Con este marco la tercera edición de la fiesta anual VIVA que se venía celebrando desde 2021 quedó anulada sine die. Si bien la versión oficial culpaba a «la imposibilidad de conocer el escenario político que viviremos en las próximas semanas» desde algunos medios se hablaba de una falta de ingresos y subvenciones públicas debido a la bajada de escaños. Esta bajada de escaños hacía que de ganar algo más de un millón cien mil euros pasara a cobrar algo menos de setecientos mil. Además perdía 3.274,75 euros mensuales por no tener la Vicepresidencia de la Mesa ni haber logrado ninguna secretaría. Tras descubrirse que Vox desvió un total de siete millones de euros a la fundación de Abascal, Fundación Disenso, dos cargos de la cúpula fueron cesados y pusieron en su puesto a Buxadé, confirmando así el ascenso del ala falangista. También fueron acusados de pitufeo, una práctica para blanquear dinero, en sus donaciones y de opacidad en dichas donaciones por el Tribunal de Cuentas Cuando se le pidió justificar los ingresos de 2019, año con mayores ingresos, se intentó hacer con recibos de 2022. Sobre esas mismas fechas la única consejera de Vox en Extremadura dimitía por discrepancias con la dirección nacional y dejaba el mensaje «Tres nombres; Audax, Ditalco y Minuro, han pasado a la historia como los más infames turdetanos. Roma no pagó traidores pero si la muerte de Viriato. El Pastor que llegó a Caudillo, y con honor defendió Hispania (Extremadura) de traidores y cobardes». También la dirección nacional cesó al portavoz adjunto del Parlament balear y líder del partido en Menorca, Xisco Cardona, por votar junto a su compañero Gabriel Le Senne medidas que ayudarían a la gobernabilidad del Partido Popular, su socio de Gobierno en el archipiélago, pero son contrarias a las directrices que le son mandadas desde la Península Xisco Cardona abandonaba Vox declarando «Nos hemos pegado un tiro en el pie y otro en la cabeza» También fue expulsada la jefa de prensa Carla Sarabia. Tras amagar con rebelarse otros miembros de Baleares y otras CCAAs, la dirección del partido decidió dar más autonomía a los representantes autonómicos. Santiago Abascal el día 7 de noviembre, tras encabezar las manifestación ilegal contra la Ley de Amnistía del día anterior en la que hubo incluso un detenido candidato de Vox, se gritaron consignas contra el Gobierno y Felipe VI y presencia de neonazis subvencionados de una plataforma afín al partido; llamó a las fuerzas y cuerpos del seguridad del Estado a la rebelión, delito tipificado en el Código Penal del Reino de España, para la que se iba a celebrar ese mismo día. En la manifestación, de nuevo ilegal, del día 7 también acudieron miembros de Vox como el eurodiputado Hermann Tertsch, el vicepresidente de Castilla y León y Pepa Millán, que volvió a llamar a la rebelión. El día 9, el líder del partido volvía a manifestarse ilegalmente frente a la sede del PSOE donde un grupo de personas tras exhibir simbología de extrema derecha y lanzar proclamas fascistas, rompieron el perímetro de seguridad, lanzaron objetos a los agentes y a la prensa y quemaron contenedores y motocicletas. Llegada las 22:00 la Policía, bajo el auspicio de la «Ley Mordaza» que no permite las manifestaciones a partir de esa hora, cargó por tercer día consecutivo contra los manifestantes. Ese mismo día sufría un intento de asesinato Alejo Vidal-Quadras, uno de los fundadores y exmiembro de Vox y a través de quien era financiado el partido por Consejo Nacional de Resistencia de Irán. Todo apuntaba según el propio Vidal-Quadras al Gobierno iraní. El día 13 de noviembre Vox y su sindicato Solidaridad, en el marco de la Ley de amnistía, hicieron un llamamiento a la huelga general que celebraron el día 24 de noviembre. A pesar de haber presentado la huelga en tiempo, al menos diez días antes, está era ilegal debido a que su reivindicación era estrictamente política, «Frente a la Igualdad. Frente a la traición», y no estaba relacionada con reivindicaciones laborales. Además habría otros requisitos que no cumpliría el sindicato (nunca han negociado convenios colectivos y no se presentaron a las elecciones a comités de empresa y delegados de personal). Un día después Vox se querelló contra el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, por la amnistía y pidió al Tribunal Supremo la suspensión cautelar de la investidura. Esta petición fue rechazada por el Tribunal, en la querella Santiago Abascal se olvido de poner qué delito cometió Pedro Sánchez, si es que es contra quien se iban a querellar, y por qué motivo se querellaba por lo que no salió adelante. Días después, el 4 de diciembre, Vox anunció que rompía relaciones con el PP por no colaborar conjuntamente en contra de la amnistía. Sin embargo mantienen su colaboración en las comunidades autónomas donde cogobiernan. Ese mismo mes Javier Ortega Smith, vicepresidente y concejal del Ayuntamiento de Madrid, buscó los avales con los que poder presentarse el año siguiente a secretario general del partido. En abril de 2024, cinco meses después de la dimisión de Xisco Cardona diputado de Vox en las Islas Baleares por diferencias con la Secretaría General, dimitió en bloque toda la dirección de Vox en la comunidad autónoma en un nuevo capítulo de desavenencias internas en Vox Baleares. A pesar de las disputas internas en esa región, en el ciclo electoral de 2024 marcado por 4 convocatorias electorales en menos de 4 meses, gallegas, vascas, catalanas y europeas), el partido consiguió mejorar, en mayor o menor medida, su resultado en todas ellas tanto en número de votos como en porcentaje. Así, si bien este crecimiento resultó insuficiente para entrar en el Parlamento de Galicia o aumentar sus diputados en los parlamentos vasco o catalán donde mantuvieron los que ya tenían, en el Parlamento Europeo consiguieron 2 escaños más que en las elecciones anteriores manteniéndose como la 3.ª fuerza más votada al aumentar su porcentaje de voto casi 3 puntos y medio. En julio de 2024 es condenado por el Tribunal de Cuentas a pagar más de 233.000 euros por infracciones muy graves por financiación irregular en 2018 y 2019. En una reunión en Madrid en febrero cargos y excargos del partido, bajo la denominación de Mesa del Movimiento Pro Refundación Vox y el lema Fuerza y Honor, exigieron mediante un comunicado una reunión con Abascal por su responsabilidad con la ruptura con el Partido Popular, su "mala praxis económica" y "el posicionamiento internacional" del partido en el grupo parlamentario de europeo de extrema derecha Patriotas por Europa. En el comunicado denunciaron la "ausencia" de democracia interna, el "miedo a represalias e injurias" hacia quien "se atreve a hablar", la "anulación" del derecho a opinar y la "nula transparencia" en el manejo de los fondos y concluían afirmando que "nada queda ya del espíritu de regeneración de la vida pública que inspiró la creación de Vox". Paralelamente y coincidiendo con la dimisión de Juan García-Gallardo, la plataforma Encuentra tu Vox formada por miembros de Vox Castilla y León, igualmente críticos con la deriva del partido, acusaron Vox de estar "desconectados de la realidad", instaron a "reafirmar su lealtad a los principios fundacionales del partido" y a que se restableciera en Un mes después la Fiscalía Anticorrupción abrió una investigación a Vox por financiación irregular, conocida como Caso Huchas de Vox, a fin de verificar si el partido disfraza una financiación ilegal con puestos callejeros. Finalmente el Tribunal de Cuentas multó a Vox con 862.000 euros por una infracción <> por no respetarlo Además salió a la luz que Vox incumplió el artículo 133.3 de la ley electoral al ocultar el préstamo de 6,5 millones de euros para financiar la campaña electoral de 2023 por parte del banco húngaro Magyar Bankholding, vinculado a Viktor Orbán. Los politólogos e historiadores que han estudiado la ideología de Vox coinciden en situarla en la extrema derecha, ultraderecha o derecha radical. Entre los rasgos que la identifican como ultraderecha o extrema derecha (o derecha radical) estos expertos (Cas Mudde, Universidad de Georgia; Xavier Casals, Universidad Ramon Llull; Beatriz Acha, Universidad Pública de Navarra; Cristina Monge, Universidad de Zaragoza; Jorge Urdánoz, Universidad Pública de Navarra; Steven Forti, Universidad Autónoma de Barcelona; Emilio Gentile, Universidad de Roma La Sapienza; Carles Ferreira, Universidad de Kent; Eva Anduiza, Universidad Autónoma de Barcelona; Louie Dean Valencia-García, Centre for Analysis of the Radical Right; Stuart J. Turnbull-Dugarte, Universidad de Southampton; José Rama, King's College de Londres; Andrés Santana, Universidad Autónoma de Madrid; Anne Applebaum, Instituto Legatum de Londres; Joan Maria Thomàs, Universidad Rovira i Virgili; Millán Arroyo, Universidad Complutense de Madrid; Belén Fernández, Universidad de La Coruña; y Mateo Ballester, Universidad Complutense de Madrid) han señalado los siguientes: Según la politóloga Beatriz Acha, «el ultranacionalismo es el hilo que cose sus propuestas, y que vincula a Vox con el ideario de otras formaciones de ultraderecha española y europea». Acha recuerda que ese fue el motivo por el que nació Vox: «la supuesta debilidad mostrada por los dirigentes populares hacia los nacionalismos de ámbito no estatal» (de hecho al principio Vox se llamó a sí mismo el «centro-derecha nacional»). «Un desacomplejado nacionalismo español vertebra y está constantemente presente en el discurso, las propuestas y la escenografía de Vox», subraya Carles Ferreira. «Nacionalismo español sin complejos», subraya Joan Maria Thomàs. Anne Applebaum y Xavier Casals coinciden en recordar que el primer lema de campaña utilizado por Vox fue Hacer a España grande otra vez, copiado del Make America Great Again de Donald Trump. Vox considera que la unidad nacional española está amenazada por los nacionalismos periféricos (Iván Espinosa de los Monteros le dijo a Anne Applebaum: «Nadie cuestiona la nación en otras partes del mundo, nadie cuestiona tus instituciones básicas, tu bandera, tu himno, tu presidente, tus instituciones democráticas, tu Tribunal Supremo. Estas son cosas que no se cuestionan en ninguna otra parte del mundo»). Como solución Vox propone acabar con el Estado de las Autonomías y establecer «un Estado fuerte» centralizado («Un solo Gobierno y un Parlamento para toda España») al servicio de las necesidades de la nación española, entendida esta no como el conjunto de los ciudadanos españoles sino de forma «esencialista» al incluir también a las generaciones muertas y a las que aún no han nacido. Así, Vox defiende la «España viva» que contrapone a la «anti-España» (los «separatistas» y los «comunistas»). En este sentido, sus miembros se reivindican a ellos mismos como «la resistencia ante la estrategia planificada de liquidar nuestra nación», porque como dijo uno de los oradores del mitin de Vistalegre de 2018, España «ni se discute ni se cuestiona: se defiende y se honora. La nación nos llama». Según Carles Ferreira, «el objetivo [de Vox] es alcanzar un Estado monocultural y mononacional» y para ello se propone suprimir «los proyectos nacionales alternativos de las minorías catalana y vasca». Y por eso defiende la ilegalización de los partidos y organizaciones que «persigan la destrucción de la unidad territorial de la Nación y de su soberanía», además de dotar de la «máxima protección legal a los símbolos de la nación», especialmente el himno, la bandera y la Corona, aseverando que «ninguna afrenta a ellos debe quedar impune». Y también la lengua española. Por eso Vox se opone al bilingüismo en los territorios que cuentan con lengua propia: «No vamos a consentir que conviertan a nuestro país, a nuestra nación, en una torre de Babel», se afirma en uno de sus manifiestos. También se propone un «plan integral para el conocimiento, difusión y protección» de la identidad nacional y de la aportación de España a la civilización y a la historia universal, con especial atención a las gestas y hazañas de nuestros héroes nacionales»-.Todo ello responde a una concepción de la españolidad «fuertemente arraigada en mitos etnonacionales» como la colonización de América o la Reconquista (en la campaña de las elecciones andaluzas de 2018 Vox publicó un video en el que aparecía Santiago Abascal montando a caballo, recreando la expulsión medieval de los musulmanes de España, al ritmo de la banda sonora de El señor de los anillos). La definición monocultural de la nación española también tiene como consecuencia el rechazo radical al multiculturalismo y la crítica a la sociedad abierta. Asimismo el ultranacionalismo de Vox le lleva a anteponer «las necesidades de España y de los españoles a los intereses de oligarquías, caciques, lobbys u organizaciones supranacionales», como se dice en uno de sus programas. Así, Abascal pidió «a la Unión Europea y a cualquier otra institución internacional respeto por nuestra soberanía, identidad y leyes». De ahí que Vox se identifique con las posiciones euroescépticas, como las que defiende el grupo de Visegrado (la primacía de los Estados sobre la Unión). Por otro lado, además de la oposición al Estado de las Autonomías, Vox ha asumido otros temas de la extrema derecha tradicional, como el irredentismo sobre Gibraltar o la exaltación de la españolidad de Ceuta y Melilla, ciudades donde propone construir un «muro infranqueable» para detener la «invasión migratoria» «La combinación de una posición etnonacionalista con un mensaje xenófobo es lo que convierte a Vox en una organización nativista», afirma Carles Ferreira. Sin embargo, la retórica xenófoba es menos acusada en Vox que en otros partidos europeos de extrema derecha, puntualiza Beatriz Acha. Según Ferreira, «Vox expresa una ideología nativista basada en la lucha contra los enemigos internos —el "separatismo"— y contra los enemigos externos —los "globalistas" y la inmigración, especialmente la musulmana—».«[Tenemos] un objetivo muy claro: ¡los españoles estarán primero! Y un compromiso irrenunciable, ¡el de que juntos haremos a España grande otra vez! ¡Viva España y viva el rey!», dijo al final de un discurso Javier Ortega Smith. El componente xenófobo se dirige fundamentalmente contra los musulmanes (islamofobia y así Vox pide que se excluya la enseñanza del islam en la escuela pública, que se prohíba abrir mezquitas financiadas por terceros países (o por nacionales de un país en el que no se permite abrir iglesias) y que se expulse a los imanes «que propaguen el integrismo, el menosprecio a la mujer, o la yihad». Con motivo de las elecciones andaluzas de 2018 Vox publicó un video en el que se mostraba un reportaje imaginario en que se anunciaba la conversión de la mezquita de Córdoba en un lugar de culto exclusivo para los musulmanes.[] Otro ejemplo de la islamofobia de Vox es el tuit que escribió Santiago Abascal dando crédito a la fake news de que el incendio de la catedral de Notre Dame de París había sido provocado y de que «cientos de musulmanes» lo estaban celebrando en la capital francesa. El texto decía: «Los islamistas que quieren destruir Europa y la civilización occidental celebrando el incendio de #NotreDame» (en referencia a una imagen que parecía mostrar personas con apellidos árabes publicando emoticones de risa bajo fotos del incendio en Facebook). «Tomemos nota antes de que sea tarde». La islamofobia se enmarca en el mensaje antiinmigración ―que Vox comparte con el resto de la ultraderecha europea― al considerar a los inmigrantes, especialmente si son musulmanes, una amenaza a la identidad y a la seguridad de los «nacionales». Por eso Vox defiende medidas como «la expulsión de los inmigrantes ilegales y de los que delinquen, el incremento del gasto en defensa, el fortalecimiento de las fronteras (incluyendo la construcción de un «muro infranqueable» en Ceuta y Melilla), el aumento de las exigencias para la concesión de la nacionalidad española, la supresión del arraigo como vía rápida para acceder a la misma, etc.». También se propone la eliminación del acceso gratuito a la sanidad para los inmigrantes ilegales y el copago para los legales con menos de diez años de residencia en España. Vox suele hablar de «invasión migratoria» —una expresión habitual entre la ultraderecha europea—por lo que propone aplicar «tolerancia cero» a la inmigración (ilegal), identificada con la delincuencia —y con el abuso del estado del bienestar—.Por eso se propone suspender el espacio Schengen para que no «lo aprovechen las mafias de la inmigración ilegal para introducir personas». Santiago Abascal así lo advirtió: «España quiere que nuestras abuelas puedan caminar tranquilamente por la calle sin que un delincuente, sea español o extranjero, aunque mayoritariamente son extranjeros, le tire del bolso» Una diputada de Vox puso como ejemplo la Polonia del PiS, partido ultracatólico con el que Vox mantiene buenas relaciones. En un Twit, que iba acompañado de un video en el que aparecía una multitud portando antorchas por las calles de Polonia (y que había descargado de un canal de propaganda nazi, lo que causó un pequeño escándalo), decía lo siguiente: «Polonia no alimentará extranjeros mientras nuestros hijos pasan hambre. Hay una Europa fiel a sus raíces. Que no se arrodilla ante la dictadura progre. En la cooperación de esas naciones libres y soberanas creemos. Sin que nadie venga a imponernos dogmas ideológicos». Otro ejemplo del nativismo de Vox fue el cartel que difundió en las elecciones a la Asamblea de Madrid de 2021 en el que aparecían los rostros de un joven enmascarado con los ojos pixelados y el de una anciana con el rótulo entre ambos: «Un mena 4700 euros al mes. Tu abuela 426 euros de pensión/mes». Un último ejemplo del nativismo de Vox es la propuesta de reducir un 10 por ciento las cotizaciones de las empresas si realizan nuevos contratos indefinidos «para trabajadores de nacionalidad española en situación de desempleo». En unos cursos impartidos por la Comunidad Autónoma de Castilla y León, con la garantía de Vox, se enseñó que «de ninguna manera Al-Andalus puede entenderse como una parte de España». Vox presentó una propuesta exigiendo que se suspendiera la nacionalidad española de todo persona procedente de un país supuestamente musulmán. Vox ha asumido la defensa de los valores tradicionales católicos en lo que evidencia «ciertas similitudes con el discurso de otros partidos de ultraderecha» «franquista y/o falangista», según la politóloga Beatriz Acha Una valoración que coincide con la del historiador Joan Maria Thomàs. El historiador italiano Emilio Gentile, por su parte, ha afirmado que «Vox profesa una ideología nacionalista de inspiración católica» Thomàs está de acuerdo: Vox pretende la «reforma del Estado en sentido ultranacionalista y católico». Louie Dean Valencia-García ha identificado a Vox como «nacionalcatólico». «Hoy nos dirigimos a todos aquellos creyentes que han visto profanados sus templos, insultada su fe e incluso arrancados sus símbolos religiosos», se dijo en el mitin de Vistalegre de 2018. Así, Vox se posiciona en contra de la eutanasia, del matrimonio entre personas del mismo sexo y del derecho al aborto y hace un fuerte énfasis en la defensa de la familia conformada por un hombre y una mujer, ya que según ellos, es el único tipo de familia ideal o válido y sitúa como una de sus prioridades la lucha contra la «ideología de género» ―dejando patente su radical antifeminismo― y contra el «lobby LGTBI». Por eso ha propuesto eliminar las subvenciones a las asociaciones feministas y LGTBI, que son a menudo descritas como «comunistas y radicales», y derogar la Ley Integral contra la violencia de género «y de toda norma que discrimine a un sexo de otro» (como alternativa se propone una ley de «violencia intrafamiliar»). El antiabortismo —unido a políticas pronatalistas— constituye otro elemento clave del discurso de Vox (hay que «promover la cultura de la vida», dice Vox) y sus líderes se manifiestan reiteradamente contra el derecho al aborto («es inaceptable matar a un niño en el vientre de la madre», dijo Santiago Abascal en 2015; «esas jóvenes madres abandonadas en sus dificultades, o directamente, empujadas sin piedad […] a la tragedia de permitir la muerte de su propio hijo para beneficio de esas malditas clínicas abortistas», dijo Ortega Smith en 2018). Estas prácticas le llevan a acosar a las mujeres que acuden a interrumpir de forma voluntaria su embarazo y por la que el Tribunal Constitucional tuvo que rechazar un recurso presentado por el propio partido en la que pena a los acosadores con penas de entre tres meses a un año de cárcel. Por último, Vox también es partidario de proteger la tradición de las corridas de toros y la caza como «actividad necesaria y tradicional del mundo rural». En conclusión, según Emilio Gentile, «Vox se inscribe en la extrema derecha católica tradicionalista en su concepción de la familia, en la prohibición absoluta del aborto, en su oposición al feminismo». Sus modelos en este terreno, según Steven Forti, serían el Fidesz húngaro y el PiS polaco, y no los partidos de ultraderecha del norte de Europa, mucho más tolerantes en cuanto a los valores/derechos civiles. Por ejemplo, la propuesta de Vox de establecer el que denomina pin parental se relaciona con la ley aprobada en Hungría que prohíbe hablar a los menores de 18 años de diversidad sexual y de género en las escuelas y medios de comunicación (con lo que «se vincula a la homosexualidad con la pornografía y la pederastia», apostilla Forti) y que a su vez había tomado como modelo la ley «contra la propaganda gay» aprobada en la Rusia de Vladímir Putin. En el tema de los «valores» Vox cuenta con el apoyo y la colaboración (nunca explícita) de la organización ultraconservadora CitizenGo, brazo internacional de HazteOir. Joaquín Leguina, expresidente de la Comunidad de Madrid por el PSOE ha negado que Vox sea un partido de extrema derecha. Según Carles Ferreira, Vox defiende «una aproximación al orden social basada en la ley y el orden». Rocío Monasterio, portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, declaró en el gran mitin de Vistalegre de 2018 que «[un país] se tiene que liderar con una mano de hierro para así garantizar a los nuestros un espacio de seguridad y de libertad». Así, Vox propone el endurecimiento de las penas contra la inmigración ilegal (al vincularla directamente con la criminalidad y el delito), contra los que ofenden los símbolos de España y contra los okupas (a los que Vox suele vincular a «los progres» y a «los podemitas»), además de propugnar el restablecimiento de la cadena perpetua, así como la «inhabilitación de por vida para ocupar cargos públicos a quienes hayan formado parte o apoyado a una organización terrorista o cualquier asociación mafiosa». También defiende el aumento del presupuesto destinado a las fuerzas de orden público y al Ejército, porque «la España viva quiere que su hogar sea defendido». Una moral autoritaria también está presente en su modelo educativo una de cuyas bases es la «disciplina» y «para eso tenemos que recuperar la autoridad del profesor y la autoridad de los padres». En cuanto a su concepción del sistema democrático, «en algunos puntos podría calificarse como iliberal y contraria al sistema constitucional vigente. Esto se hace especialmente visible en cuestiones como la ordenación territorial del Estado, los derechos de las mujeres y de las minorías o los ataques al pluralismo político y su retórica contra «los enemigos de España» —la izquierda y los nacionalistas—», afirma Carles Ferreira. Vox propugna la supresión del Tribunal Constitucional y del jurado. Existe cierto consenso entre los politólogos e historiadores en considerar que en Vox el populismo está menos presente que en otros partidos de la ultraderecha europea. Así se ha destacado que raramente utiliza la palabra «pueblo» y que prefiere emplear el término «España», más incluso que «los españoles», lo que constituye una prueba de que, como ha destacado Carles Ferreira, «su retórica es mucho más nacionalista que populista», valoración que comparte Beatriz Acha. «Efectivamente, la crítica a las élites es aquí menos acerada y se reviste siempre del componente nacional: se critica así a las izquierdas y a los "progres" que destruyen España, a las "balcanizadoras", y a las traidoras derechas que no han defendido con valentía la unidad de la nación». La dicotomía para Vox no es entre las élites y el «pueblo», sino entre la «nación española» y sus «enemigos». Sin embargo, Vox sí utiliza el «estilo populista» de hacer política «y se encuentra cómodo en el debate bronco y crispado», añade Beatriz Acha. Un ejemplo de retórica populista puede verse en el discurso de Rocío Monasterio en Vistalegre en 2018: «Los grandes partidos han caducado. Han caducado víctimas de la metástasis, de la carcoma de la corrupción […]. Han caducado por su aburguesamiento». Pero lo más frecuente es que la retórica populista vaya insertada en un marco discursivo nacionalista: «Os fastidia que vuestros impuestos paguen diecisiete Parlamentos y a miles de políticos inútiles y traidores», dijo Abascal en un mitin. Joan Maria Thomàs, sin embargo, sí considera el populismo un rasgo distintivo de la ideología de Vox por su continuada apelación a «los españoles» enfrentados a sus (presuntos, apostilla Thomàs) «enemigos», hasta el punto de que Thomàs califica a Vox de nacionalpopulista, siguiendo la terminología de Pierre André Taguieff. Se trata de un «populismo de extrema derecha» que «aúna antielitismo y xenofobia predominando la segunda sobre el primero, en el sentido de ser vistos los extranjeros dentro del país como más peligrosos que los "de arriba". Estos, a su vez, son presentados como expresión de otra extranjería: la representación del poder de la Unión Europea, de las multinacionales, de los Estados extranjeros, de la globalización, etc., dentro del propio país». El politólogo Jorge Verstrynge niega que Vox sea de extrema derecha y lo califica de populista. Vox no se fundó como un partido fascista ni franquista, pero «los líderes de Vox, sin embargo, practican un revisionismo histórico explícito en relación con el pasado autoritario de España» Así, Vox se ha posicionado radicalmente en contra de Ley de Memoria Histórica porque «no puede utilizarse el pasado para dividirnos, al contrario, hay que homenajear conjuntamente a todos los que, desde perspectivas históricas diferentes, lucharon por España», una referencia evidente, según Emilio Gentile, «a la rehabilitación de la "memoria franquista"». En efecto, Vox ha asumido las opiniones de los autores revisionistas como la de culpar a los socialistas de la guerra civil española. Santiago Abascal así lo reivindicó: «los españoles tenemos el derecho a interpretar nuestro pasado cada uno como quiera, sin que tenga que venir la izquierda a decirnos a todos cómo tenemos que hacerlo. […] Mi postura es que el responsable de la Guerra Civil fue el Partido Socialista Obrero Español, con el golpe del 34 primero y el asesinato de Calvo Sotelo —¡y el intento a Gil Robles!— después». La posición «revisionista» se pudo comprobar con motivo de la exhumación de Francisco Franco o en la defensa a ultranza de la carta que exmandos del Ejército —son «nuestra gente», dijeron los líderes de Vox— enviaron al rey Felipe VI en la que criticaban duramente al gobierno «social-comunista» de Pedro Sánchez por suponer un «grave riesgo para la unidad de España». Vox suele hacer más referencia a hechos de la historia medieval y moderna (como la Reconquista, la España imperial de los Austrias o la colonización de América) que a la historia contemporánea. En estos temas reproduce el relato de la historiografía conservadora del siglo XIX, que fue el que se impuso durante la dictadura franquista y que ha sido rebatido por la historiografía más reciente. Su finalidad es «argumentar» su discurso ultranacionalista español (nativista). Por ejemplo, como ha señalado Mateo Ballester, «las referencias a la Reconquista y a las luchas en tiempos de Carlos V y Felipe II contra potencias musulmanas proyectan una imagen de España como enemigo histórico del islam. Esta idea sustenta de forma implícita, en relación con el presente, el rechazo nativista de una comunidad cultural en su conjunto: la musulmana, algo que resultaría mucho más polémico si se expresara abiertamente». También utiliza el relato histórico conservador decimonónico (reproducido por el franquismo) en su «guerra cultural» contra la hegemonía progresista. Dentro de este marco en el 2024 intentaron crear en las comunidades autónomas donde formaban gobierno junto al PP (Castilla y León, Comunidad Valenciana y Aragón) las «Leyes de Concordia» con las que proponían suprimir el término 'dictadura', eliminar de los mapas el lugar de las fosas comunes de fusilados por el franquismo, no condenar las acciones que se llevaron a cabo durante dictadura, no obligar a retirar símbolos franquistas y retirar las subvenciones a organizaciones que lleven a cabo tareas en favor de la memoria democrática, entre otras medidas. La ONU reprobó estas leyes «contra los derechos humanos» e instó a España a adoptar las medidas necesarias contra ellas. En 2019, el portavoz de Vox en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros, declaró que su formación «no condena la revolución del 34, ni la Guerra Civil, ni el franquismo porque esto es materia de los historiadores» y el diputado Joaquín Robles López añadió que «no tiene sentido» condenar el Franquismo porque «somos herederos, nos guste más o menos, de nuestra historia y no se pueden coger 40 años y meterlos en el cubo de la basura». En mayo de 2022, Macarena Olona, se despidió del Congreso de los Diputados para liderar la candidatura de Vox en las elecciones andaluzas pronunciando una frase del fundador de la Falange Española de las JONS, José Antonio Primo de Rivera: «Ya hemos alzado la bandera, ahora toca defenderla con alegría desde Andalucía», para terminar con el brazo en alto coreando: «¡Viva España!» En noviembre de 2024, el diputado de Vox Manuel Mariscal Zabala afirmó en el Congreso de los Diputados que, «gracias a las redes sociales muchos jóvenes están descubriendo que la etapa posterior a la Guerra Civil no fue una etapa oscura, como nos vende este Gobierno», sino «de reconstrucción, de progreso y de reconciliación para lograr la unidad nacional». La presidenta del Congreso, Francina Armengol, le indicó: «Esta presidencia no va a admitir que en esta Cámara se haga apología del franquismo [...] A partir de ahora hago la advertencia a todos los diputados: no pueden hacer apología del franquismo, que fue una dictadura que causó terror, asesinatos y odio en este país y esta casa está precisamente para garantizar la democracia y los derechos de todos"». El 1 de abril de 2025, el diputado de Vox, Sergio Rodríguez, deseó un «Feliz Día de la Victoria» en el Parlamento de las Islas Baleares, en referencia al 1 de abril de 1939, fecha en la que se proclamó el final de la guerra civil y el comienzo de la Dictadura franquista en España: «Yo que soy muy bien mandado, obedeciendo al Gobierno de España y a su presidente Pedro Sánchez, en su año de celebración, hoy primero de abril les deseo un feliz día de la victoria». El presidente del Parlamento, Gabriel Le Senne, también de Vox, rechazó reprochar la intervención: «Yo no he apreciado más que una broma». El programa económico de Vox es claramente neoliberal, en contraste con las posiciones más estatistas de partidos de ultraderecha nórdicos como los Verdaderos Finlandeses o el Partido Popular Danés, aunque el neoliberalismo en el discurso de Vox «no es un asunto tan relevante como el nacionalismo, la xenofobia o la defensa de la ley y el orden», ha destacado Carles Ferreira. En el mitin de Vistaalegre de 2018 uno de los oradores aseguró, después de citar a Ronald Reagan, que «el compromiso de Vox es llevar a cabo una importante rebaja fiscal y así aumentar la renta disponible, es decir, aumentar la riqueza de todos los españoles». Además, la solución que propone para el desempleo se basa en «un apoyo firme a la iniciativa privada, verdadero motor de la creación de empleo». Al mismo tiempo el «comunismo» es asiduamente criticado en sus discursos como «garante de la miseria» Asimismo Vox mantiene una posición antiglobalización proteccionista, en lo que coincide con «dirigentes neoliberales y ultraconservadores de otros países», como Donald Trump. Por ejemplo, Vox defiende que las empresas españolas tengan prioridad en los concursos públicos. Según Xavier Casals, la ideología ultraderechista de Vox es el resultado de la «amalgama» de «elementos procedentes de cuatro áreas políticas». «En primer lugar, recurrió a temas en los que el PP incidió sin incorporarlos a su agenda (como el rechazo al aborto, a leyes como la de «memoria histórica» o matrimonio igualitario o propuestas de devolución de competencias autonómicas). En segundo lugar, adoptó temas propios del universo de la derecha radical y de la extrema derecha tradicional, visibles en el irredentismo sobre Gibraltar, la exaltación de la españolidad de Ceuta y Melilla o la oposición al Estado de las autonomías y al secesionismo. En tercer lugar, asumió temas de la ultraderecha occidental, como la exigencia de mayor control de la inmigración, la oposición implícita al Islam en sus alusiones a Lepanto o a la Reconquista (aunque Vox oficialmente solo rechaza la interpretación fundamentalista de este credo), su denuncia de la «ideología de género» (el rechazo del feminismo y de la ley de violencia de género) y el euroescepticismo del grupo de Visegrado. En cuarto y último lugar, el partido asumió dos ideas-fuerza de Donald Trump: el lema «hacer España grande otra vez» (remedo de «Make America Great Again») y la edificación de muros en Ceuta y Melilla pagados por Marruecos (a semejanza del muro que Trump pretende erigir entre Estados Unidos y México). Asimismo, Vox se relacionó con Steve Bannon (estratega electoral de Trump y exestratega jefe en la Casa Blanca), que tejió vínculos transnacionales entre fuerzas de ultraderecha antes de los comicios europeos de 2019». Por otro lado, como ocurre con el resto de los partidos de ultraderecha europeos, los dirigentes de Vox, entre los que se incluyen Javier Ortega Smith, Francisco Serrano, y tres de sus alcaldes, han rechazado en declaraciones a los medios la calificación de su partido como de extrema derecha. CAPÍTULO SEPTIMO Vamos a conversar un rato sobre Viktor Orbán y con Giorgia Melony, tras lo cual cerraremos este libro. Viktor Orbán es un jurista y politólogo húngaro y el actual primer ministro de Hungría. Se le ha descrito como un político altraconservador. En Budapest gobierna el Fidesz-Unión Cívica Húngara (en húngaro, Fidesz-Magyar Polgári Szövetség) es un partido político húngaro de ideología conservadora nacionalista y populista de derecha. Con el paso del tiempo, el partido ha sido descrito cada vez más como de extrema derecha por diversas fuentes. La República Popular Húngara (en húngaro: Magyar Népköztársaság) fue una república socialista desde el 20 de agosto de 1949 hasta el 23 de octubre de 1989. Estuvo gobernada por el Partido Socialista Obrero Húngaro, que estaba bajo la influencia de la Unión Soviética. Desde el 23 de octubre de 1989 Hungría es una democracia constitucional parlamentaria. El sistema político húngaro actual fue creado durante el cambio de régimen político, en 1989, según el modelo de Alemania Federal. La historia de Budapest es la historia de tres ciudades: Obuda, "antigua Buda", Buda, la ciudad alta situada a la orilla izquierda del Danubio, y Pest, la ciudad baja que se encuentra en el margen derecho del río. El 4 de abril de 1945 las últimas tropas alemanas fueron expulsadas de territorio húngaro por las divisiones soviéticas. El 1 de febrero de 1946 se abolió la monarquía y se proclamó la segunda república húngara. El PIB per cápita es un muy buen índicador del nivel de vida y en el caso de Hungría, en 2024, fue de 21.560 € euros, con el que se sitúa en el puesto 54 del ranking y sus habitantes tienen un bajo nivel de vida en relación al resto de los 196 países del ranking de PIB per cápita. De los países que forman el Grupo de los 27, Bulgaria, Dinamarca, Hungría, Polonia, República Checa y Rumanía no están dentro de la Eurozona, y por tanto, no tienen el euro como moneda oficial, de tal manera que en estos países se maneja una divisa diferente. Una de las especialidades más notables de Budapest es su impresionante arquitectura, que combina a la perfección diversos estilos de diferentes épocas, como el gótico, el renacimiento y el art nouveau. Sus emblemáticos monumentos, sus famosos baños termales y su exquisita gastronomía la distinguen de otras ciudades. El régimen comunista en la República Popular de Hungría llegó a su fin en 1989 mediante una transición pacífica a un sistema democrático. Tras la represión de la Revolución Húngara de 1956 por las fuerzas soviéticas, Hungría siguió siendo un país comunista. Con el debilitamiento de la Unión Soviética a finales de la década de 1980, el Bloque del Este se desintegró. En Hungría, miembro de la UE desde 2004, políticos populistas de derecha han comparado a la UE con la antigua Unión Soviética (URSS), considerada un antiguo opresor del país. Además, el retroceso democrático es un fenómeno presente en Hungría. El tipo de cambio está siempre sujeto a cambios, pero como orientación podemos decir que un forint húngaro vale aproximadamente 0,003 euros, lo que equivale aproximadamente a 300 forints por un euro. La tercera legislatura democrática húngara, de 1998 a 2002, tuvo en el Gobierno a Viktor Orbán, líder de la centroderechista Alianza de Jóvenes Demócratas, Fidesz. Un universitario destacado en las movilizaciones contra el antiguo régimen y con cierta fama de arrogante, Orbán ha tenido una sinuosa evolución ideológica, desde el radicalismo libertario y anticomunista hasta el conservadurismo social de hoy, pasando por un impreciso liberalismo. El treintañero primer ministro metió a Hungría en la OTAN, negoció la adhesión a la UE y dialogó con los países vecinos con minorías magiares, no obstante sus coqueteos con el euroescepticismo y el nacionalismo irredentista, una actitud esta última que ha vuelto a exponer, para irritación de rumanos y eslovacos. En abril de 2010, tras ocho años de dura oposición a los gobiernos socialistas, la Fidesz-MPSz ha ganado las elecciones con una mayoría absoluta sin precedentes, de dos tercios. Orbán retorna al poder dispuesto a ahuyentar la recesión y crear empleo mediante recortes de impuestos y burocracia, pero sin un ajuste fondomonetarista que otorgue prioridad a la lucha contra el déficit. Cualquier análisis comparado sobre el discurso antinmigración tiene que incluir a la Hungría de Viktor Orbán. En el caso de este país, como en el resto de sus vecinos, su historia reciente está plagada de guerras, conflictos, y cambios de fronteras, que han abonado un nacionalismo con orígenes en el siglo XIX pero multiplicado desde la crisis económica del año 2000, creciendo su apoyo popular y viendo nacer movimientos como el Jobbik o más recientemente la deriva ultranacionalista del Fidesz en el Gobierno. Hoy en día, alrededor del 25% de la población magiar vive fuera de las fronteras húngaras, lo que supone también un motivo de fricción con sus vecinos y un impulsor del discurso nacionalista. Hungría fue una potencia europea, como parte del Imperio Austrohúngaro, hasta el final de la Primera Guerra Mundial, cuando la derrota le llevó —por el Tratado de Trianon en 1920— a la pérdida de más de dos tercios de su territorio y al desplazamiento de 3,3 millones de húngaros que quedaron fuera de sus fronteras. Las noticias sobre este estadista húngaro nos llegan con cuenta gotas, por lo que no nos atrevemos a decir más nada. Vamos a recordar la figura de Giorgia Meloni, que es una periodista y política conservadora italiana que desempeña el cargo de presidenta del Consejo de Ministros desde octubre de 2022, siendo la primera mujer en ocupar este cargo. Se describe a sí misma como cristiana y conservadora, y asegura defender a «Dios, la patria y la familia». Se opone al aborto, la eutanasia, el matrimonio igualitario y a la familia homoparental, diciendo que las familias nucleares están encabezadas exclusivamente por parejas de hombres y mujeres. Su discurso incluye la retórica feminacionalista y la crítica al globalismo. Meloni apoya un bloqueo naval para frenar la inmigración; ella ha culpado al neocolonialismo como una causa detrás de la crisis migratoria europea. Partidaria de la OTAN, mantiene opiniones euroescépticas moderadas con respecto a la Unión Europea, a las que califica de eurorrealista, y estaba a favor de mejores relaciones con Rusia antes de la invasión rusa de Ucrania de 2022, tras la cual se comprometió a seguir enviando armas a Ucrania. Sin embargo, Meloni ha expresado puntos de vista controvertidos, como elogiar a Mussolini cuando tenía diecinueve años o cuando en el 2020 dijo que elogiaba a Giorgio Almirante, un jefe de gabinete de la República Social Italiana de Mussolini que elaboraba propaganda racista y cofundó el MSI. Sin embargo, Meloni ha dicho que ella y su partido condenan tanto la supresión de la democracia como la introducción de las leyes raciales italianas por parte del régimen fascista. Ya concretamente en 2009, su partido se fusionó con Forza Italia (FI) en el Pueblo de la Libertad (PdL) y asumió la presidencia de la sección juvenil del partido unido, llamada Italia Joven. En el mismo año votó a favor de un decreto ley contra la eutanasia. Como dato curioso, diremos que la región del norte de Italia conocida como Trentino, u oficialmente la Provincia Autónoma de Trento, pagará a residentes de Italia o italianos que vivan en el extranjero para renovar una de las muchas casas abandonadas en la región donde los Dolomitas se encuentran con los Alpes. Por otra parte, Italia es reconocida por su arte, su cultura y sus numerosísimos monumentos, entre ellos la torre de Pisa y el Coliseo romano; así como por su gastronomía (platos italianos famosos son la pizza y la pasta), su vino, su estilo de vida, su pintura, su diseño, cine, teatro, literatura y música, en particular, la ópera. En otro sentido, y de modo más general, debemos tener en cuenta que entre 1980 y 2000 se produjo la tercera ola de la ultraderecha, durante la cual los partidos europeos del populismo de derechas de la segunda ola fueron entrando en los parlamentos, especialmente durante la década de 1990 (años en los que alcanzaron un porcentaje medio de votos del 4,4 %, cuando en la década de 1980 apenas superaban el 2 %), y convirtiéndose para el final de la tercera ola en la ideología dominante de la extrema derecha. Su crecimiento se debió al aumento del desempleo provocado por las sucesivas crisis del petróleo de 1973 y 1979, y a los efectos del aumento de la inmigración. Los primeros en entrar en sus respectivos parlamentos fueron el flamenco Vlaams Blok en 1978, el Partido del Centro (Países Bajos) en 1982 (cuyo lema era “Los Países Bajos no son un país de inmigrantes. ¡Alto a la inmigración!”) y el Frente Nacional (Francia) del antiguo poujadista Jean-Marie Le Pen en 1986 (que obtuvo el 9,6 % de los votos). Por otro lado, antiguos partidos conservadores se transformaron en partidos de derecha radical, como el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) de Jörg Haider y el Partido Popular Suizo de Christoph Blocher. Tras las revoluciones de 1989 que provocaron la caída del comunismo en la Europa Oriental, se formaron partidos de ultraderecha como el Partido Croata de los Derechos, el Partido Nacional Eslovaco o el Partido de la Gran Rumanía. Estos partidos se caracterizaban, además de por el populismo de derechas de la segunda ola, por el autoritarismo y el nativismo, por lo que se diferencian de la derecha populista de la segunda ola y se les conoce como derecha radical populista. "Criticaban a los inmigrantes y/o las minorías autóctonas [como los gitanos en el Este de Europa], así como a la élite europea y la nacional, al tiempo que se presentaban a sí mismos como la voz popular que decía lo que el pueblo piensa". Sin embargo, no lograron formar ninguna alianza internacional. Fuera de Europa, también creció la ultraderecha; en India, el Partido Popular Indio (BJP) se fundó en 1980, y en Australia, Pauline Hanson fundó en 1997 el One Nation Party. En Israel fueron prohibidos en 1994 los neofascistas Kach y su sucesor Kahane Chai del rabino Meir Kahane. El crecimiento de la ultraderecha durante la tercera ola, en concreto de los partidos de derecha radical populista, fue respondido por la sociedad y por el resto de formaciones políticas, por lo que estos partidos continuaron relegados a los márgenes del sistema político. Por ejemplo, en 1982 hubo una gran manifestación en La Haya frente a la sede del Parlamento para protestar por la entrada en el mismo del ultraderechista Partido del Centro de Hans Janmaat. Los manifestantes portaban pancartas en las que se podía leer: "Han vuelto" o "El racismo es odio a las personas". En 2000 la entrada en el gobierno de Austria del ultraderechista FPÖ provocó protestas multitudinarias y un boicot de la comunidad internacional. Dos años después, cuando el líder del Frente Nacional Jean-Marie Le Pen alcanzó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Francia de 2002, se produjo una enorme movilización a favor del otro candidato, el gaullista Jacques Chirac, que obtuvo más del 80 % de los votos. La cuarta ola de la ultraderecha se inició hacia el año 2000 y llega hasta la actualidad. El historiador italiano Steven Forti la caracteriza por el predominio de la nueva extrema derecha, a la que propone llamar extrema derecha 2.0, porque uno de sus principales rasgos es "su capacidad de utilizar las nuevas tecnologías, sobre todo en lo que respecta a la propaganda política". Esta nueva extrema derecha constituye un fenómeno político radicalmente nuevo, que no hay que confundir con el fascismo del periodo de entreguerras ni con el neofascismo de la segunda mitad del siglo XX, aunque esto no quiere decir que no represente una amenaza para la pervivencia de la democracia liberal. Forti incluye en esta macrocategoría a los partidos que integran los grupos Identidad y Democracia y Conservadores y Reformistas Europeos del Parlamento Europeo (el Frente Nacional/Agrupación nacional francesa, la Liga italiana, el Partido de la Libertad de Austria y el de Holanda, Hermanos de Italia, Vox, Chega!, Fidesz, Ley y Justicia, Alternativa para Alemania, el Partido Popular Danés, los Demócratas Suecos, Partido del Progreso noruego, el Partido de los Finlandeses, la Nueva Alianza Flamenca, Solución Griega, etc.), así como el Brexit Party, el trumpismo y el bolsonarismo. Quedarían fuera de esta macrocategoría los grupos neofascistas y neonazis, "por la vinculación ideológica directa con el fascismo de entreguerras y por asumir la violencia como una herramienta imprescindible en su estrategia política"; así como los gobiernos (y los movimientos políticos que los respaldan) de Duterte en Filipinas, Modi en India, Erdogan en Turquía o Putin en Rusia, que Forti engloba dentro del autoritarismo competitivo ("regímenes que se basan en el recurso periódico a elecciones formalmente libres, pero cuya realización es fraudulenta"). En Iberoamérica, la ultraderecha suele compartir los objetivos de los partidos y grupos de derechas; proyectos que, a su vez, cuentan con el visto bueno y, en ocasiones, el apoyo, de Estados Unidos. La principal diferencia de la cuarta ola respecto a las tres anteriores es que los partidos de ultraderecha han dejado de ser marginales. Los partidos tradicionales han empezado a adoptar algunos de sus postulados y a considerarlos posibles aliados en el gobierno o en la oposición, debido fundamentalmente a que la ultraderecha ha comenzado a tener un peso electoral y político cada vez mayor, incluso en países donde había tenido una escasa implantación. Otra de las características de la cuarta ola es la heterogeneidad de la ultraderecha, que incluye no solo a los predominantes partidos de derecha radical populista, sino también a partidos conservadores transformados en populistas (entre los que destacan el Fidesz húngaro y el PiS polaco, que han llegado a alcanzar el gobierno de sus respectivos países), y a partidos neofascistas como el griego Amanecer Dorado o el eslovaco Kotleba-Partido Popular Nuestra Eslovaquia. La principal diferencia de la cuarta ola respecto a las tres anteriores es que los partidos de ultraderecha han dejado de ser marginales. Los partidos tradicionales han empezado a adoptar algunos de sus postulados y a considerarlos posibles aliados en el gobierno o en la oposición, debido fundamentalmente a que la ultraderecha ha comenzado a tener un peso electoral y político cada vez mayor, incluso en países donde había tenido una escasa implantación.[] Otra de las características de la cuarta ola es la heterogeneidad de la ultraderecha, que incluye no solo a los predominantes partidos de derecha radical populista, sino también a partidos conservadores transformados en populistas (entre los que destacan el Fidesz húngaro y el PiS polaco, que han llegado a alcanzar el gobierno de sus respectivos países), y a partidos neofascistas como el griego Amanecer Dorado o el eslovaco Kotleba-Partido Popular Nuestra Eslovaquia. Por último, hay que destacar como característica de la cuarta ola que los partidos ultraderechistas han conseguido incluir sus temas en el debate público (la inmigración, la seguridad ciudadana, lo "políticamente correcto", la islamofobia, el "buenismo", el euroescepticismo, el terrorismo, etc.) y que la derecha tradicional ha asumido algunos de ellos en su agenda política. Lo mismo ha pasado con algunos de sus principios, como el nativismo, el populismo o el autoritarismo, llegando la derecha tradicional a aplicarlos cuando llegan al gobierno. Según Cas Mudde, "la desmarginación de la ultraderecha (en cuanto a su ideología, sus propuestas y su organización) característica de la cuarta ola ha hecho que las fronteras entre la derecha radical y la tradicional o convencional (y, en algunos casos, la izquierda, como ha sucedido en la República Checa o Dinamarca) se hayan vuelto cada vez más difíciles de establecer". Una parte importante de la ultraderecha en Europa se caracteriza por un gran sentimiento euroescéptico y antiglobalización, y una fuerte oposición a la inmigración de forma nacionalista y, en ocasiones, xenófoba y racista. Igualmente tiende a tener una ideología conservadora, en sus vertientes nacionalista, liberal o social. La ultraderecha tiene una fuerte presencia en países como Países Bajos, Austria, Italia, Francia, Reino Unido, Suecia, Finlandia, Bélgica, Alemania, España o Grecia. Este crecimiento de la ultraderecha ha provocado una enorme preocupación por el recuerdo de los episodios de la primera mitad del siglo XX. Dicho lo cual, damos por finalizado este capítulo, y así, también, ponemos el punto y final al presenta estudio y libro.----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

0 comentarios:

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

<< Inicio