miércoles, 14 de mayo de 2025

NOVELA, La comunidad de las Carmelitas descalzas.

CAPÍTULO PRIMERO Nos encontrábamos en casa de mis padres los tres hermanos: Francisco, de 23 años, Leticia, de 21, y yo, Jorge, de 25. Todos en mi familia sabían que ya tenía muy avanzada la tesina de Licenciatura, y que me codeaba con las Carmelitas descalzas de la Parte Vieja de San Sebastián, favor que debía a José Luis Rodríguez San-Pedro, al que todos conocían. Luis Enrique, por su parte, había estudiado los aspectos institucionales de dicho convento, que se fundó el 16 de julio de 1663, gracias al legado de Dña. Simona de Lajust. Yo, en concreto, estaba investigando los aspectos socioeconómicos desde 1663 hasta nuestros días. Aclararemos que una monja de clausura es una religiosa que ha dedicado su vida a la oración y a la vida monástica, viviendo en un convento o monasterio en una forma de vida aislada del mundo exterior. Se caracteriza por su compromiso con la pobreza, la obediencia y la castidad, y su vida se centra en la contemplación y el servicio de Dios. ¡Tic, toc, tic, toc! Ya daban las 2:00 en el reloj de la entrada, concretamente del vestíbulo, el cual comunicaba con el pasillo. En los edificios, se llama pasillo a los espacios cuya función principal es la circulación, y sirve para comunicar diferentes habitaciones o estancias, o incluso diferentes elementos en una misma estancia. Como todos los días, nos sentábamos en la mesa del comedor las cinco personas indicadas. Un pequeño comedor, en el que no cabía ni una televisión, que, por cierto, no realizaba las funciones del salón. Un comedor pintado al gotelé, pues esta técnica se utiliza por su capacidad para disimular las imperfecciones en las paredes. Se aclara que mi padre, Ángel, tiene 50 años y es conductor de autobuses, en una línea urbana, que recorre varias calles de esta ciudad, por gracia de la Compañía del Tranvía de San Sebastián; mi madre, Luisa, de 45 años, se dedica a las labores del hogar. Se trata de una mujer que no tiene dobleces, que nunca pone al descubierto su iniciativa privada. Hoy, según nos ha chivado la misma Luisa, hay lentejas y, después, filetes con pimientos. La comida gusta a todos, por lo que tendremos una sobremesa tranquila y sosegada. Comemos en veinte minutos –sin tiempo casi de masticar- y, después, las interrogantes vuelan por el aire de dicho comedor. Si digo la verdad, nos encontramos sentados alrededor de la mesa de este comedor. Jugaremos a las preguntas y las respuestas. La primera en rasgar el aire es mi hermana Leticia, muy afín al Opus Dei, pues estudia medicina en su Facultad de Pamplona. No es una devota casquivana, pues todo en ella era como un bocado de aire fresco. No obstante, es un trasto de mujer que hace la pregunta siguiente: - ¿Qué significa ser monja de clausura? Yo, Jorge, le respondo tranquilo, sin aceleración alguna: - Mujer que en la Iglesia se consagra a Dios por medio de la profesión de los tres consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia) y vive en una clausura estrictamente definida, ordenada a una vida íntegramente dedicada a la contemplación. Mi hermano Francisco formula la pregunta siguiente en estos términos: - ¿Cuánto cobra una monja de clausura? Francisco tiene algo de huraño, por lo que le viene que ni al pelo el taller de reparación de coches en el que trabaja. De los tres hermanos, es el único que no ha pasado por una universidad, aunque ello le suponga muchos sacrificios al cabeza de la casa, pues mi padre depende de un modesto sueldo, que le dan en cocheras. En las nuevas cocheras de Marrutxipi, la primera planta está totalmente descubierta y tiene una capacidad para 44 autobuses, de los cuales 38 pueden ser articulados. Yo, de nuevo, respondo a esta pregunta: - No obstante, se ha desvelado que las monjas y monjes son "autónomos totalmente" y no reciben ningún salario: "No recibimos sueldo de ningún sitio. Ni del Estado, ni de la X de la Iglesia, ni del Obispado ni nada". No os he confesado que yo estudié Geografía e Historia en las instalaciones del E.U.T.G., que dependen de la Universidad de Deusto, en Bilbao. No he sido un alumno brillante, pero tampoco le he hecho el juego a los suspensos. Gracias a Dios, estaba en casa, por lo que no necesité los servicios de un colegio mayor. Un Colegio Mayor es un centro residencial adscrito a una universidad. Estos centros tienen características diferentes según el país, por ejemplo en la ausencia o presencia de confesionalidad religiosa. Yo, todas las noches, pernoctaba en mi habitación, en casa de mis padres, ahorrándole sufrimientos al cabeza de familia. En el E.U.T.G., el ambiente era muy familiar, por lo que durante la carrera no sufrí crisis alguna. Nos convalidaron el Título haciendo un examen en la Universidad de Deusto, que depende de los jesuitas. DeustoUniversidad, es una referencia de excelencia y calidad académica, garantizando la mejor formación y acompañamiento en dichos estudios. Y, aquí estoy, pendiente aún de la defensa de mi tesis de Licenciatura. Tras un pequeño respiro, mi hermana Leticia se pone los guantes de boxeo y pronuncia: - ¿Cuáles son los dos tipos de monjas? De nuevo salgo a la palestra: - Al igual que ocurre con los canónigos, las diferencias en la observancia de las reglas dieron lugar a dos tipos: la canonesa regular, que tomaba los votos religiosos tradicionales, y la canonesa secular , que no tomaba votos y, por tanto, permanecía libre de poseer propiedades y casarse, si así lo deseaba. Y la curiosidad ronda la nariz de mi padre, quien formula lo siguiente: - ¿Cuáles son los requisitos para ser monja de clausura? Mi padre era un hombre de temperamento flemático, que es aquel en el que predomina la flema, lo cual influye en el carácter del ser humano desde la infancia… Los temperamentos flemáticos se caracterizan por dar personas tranquilas, equilibradas y pacíficas, que rara vez se enfadan y mantienen la calma en situaciones difíciles. Son personas racionales, perseverantes y suelen evitar el conflicto. Aunque no son líderes naturales, son buenos observadores y comunicadores, y su elocuencia puede ser una de sus fortalezas. Como parezco el eco del túnel, respondo que: - Ser católica, soltera, tener entre 18 y 35 años de edad. La candidata debe tener la gracia de la vocación y el deseo de predicar, en la Iglesia y en el mundo, el amor misericordioso de Dios, mediante el testimonio de vida, con obras, palabras y con la oración. Luis Enrique Rodríguez San Pedro ha sido invitado a tomar el café, por lo que puede echarme una mano. Luis Enrique había hecho la misma carrera que yo, sólo que este había hecho buenas e importantes amistades, como la de Tellechea, pues quería quedarse en la universidad. Yo, en muchas ocasiones, le tildaba de ser un ‘pelota’, aunque él se lo tomaba a risa. De hecho, Leticia plantea la pregunta siguiente: - ¿Cómo se llama cuando una mujer se vuelve monja? En este caso, para marcar la tradición, de nuevo respondo yo mismo: - Monacato femenino es una locución que se emplea para hacer referencia a la situación de las mujeres en el estado, actividad, institución y dignidad monástica, definidos en el sustantivo «monacato». Concretamente, mi hermana cursaba 3º de medicina, como se ha dicho, en la Universidad de Pamplona. La carrera le estaba costando muchos sustos, pues ya se sabe que el Opus Dei exige mucho a sus alumnos. El Opus Dei (del latín, ‘Obra de Dios’) es una prelatura personal de la Iglesia Católica. El nombre completo es Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. El Opus Dei fue fundado en Madrid el 2 de octubre de 1928 por Monseñor José María Escrivá de Balaguer. La madre, Luisa, un tanto cohibida, plantea también sus inquietudes. Una mujer de temperamento melancólico, que es abnegada, perfeccionista y a a aEsabnegado, anaperfeccionista y analítico. analítica. Es muy sensible emocionalmente. Es propenso a ser introvertido, sin embargo, puede actuar de forma extrovertida. No se lanza a conocer gente, sino que deja que la gente venga a él. - ¿Cómo se la llama antes de ser monja? Sí, ahora responde Luis Enrique: - El Noviciado es el periodo de la verdadera iniciación religiosa, como Sierva de María. Así comienza la Novicia a formar parte de nuestra familia religiosa, desde el punto de vista canónico. Francisco se anima también y formula su pregunta: - ¿Cuándo se jubila una monja? Tomo la palabra de Luis Enrique y respondo yo mismo, Jorge: - Cuando una mujer o un hombre se consagra a Dios, lo hace para siempre. Por este motivo, las monjas y monjes no se jubilan, de sus labores diarias en el monasterio. Para la administración pública si son jubiladas, y esta pensión es uno de los únicos ingresos que reciben los conventos y monasterios españoles. Leticia, la más caprichosa de todos, plantea otra inquietud: - ¿Quién paga a una monja? Y, como los dineros no son el fuerte de Luis Enrique, hago frente a la siguiente pregunta. Luis Enrique desde mi corto punto de vista era un ‘hijo de papá’, pues yo en aquella época militaba en el PCE, partido político de ideología comunista, que se formó el 14 de noviembre de 1921. Se comprende, pues, todo lo que atacaba a Luis Enrique, cuyo padre era un notable abogado de la Ciudad. La iglesia, el Convento, es una empresa y debe pagar, por ley, a sus trabajadores. Mamá, Luisa, no muy convencida, plantea su formulación: - ¿Cuántos años se estudia para ser monja? Luisa era una mujer muy simple, la cual se guiaba por unos principios básicos. Amar a los hijos, respetar y obedecer al marido, etc., etc. Ella no había dejado las cuatro paredes de esta casa, en ningún momento, por lo que era una persona muy acomplejada, tímida hasta cierto punto, que carecía absolutamente de las virtudes de un líder. Carecía, por ejemplo, de iniciativa, por lo que siempre andaba a arrastras de su esposo. Pregunta a la que contestará Luis Enrique, que siempre parecía perdido en estos derroteros: - La formación a la vida consagrada son solo tres años y para muchas el estudio se termina allí, con la evidente consecuencia de que su destino será el del servicio doméstico, de trabajos físicos. Luego están aquellas que pueden continuar gracias a las becas y que mejoran sus estudios, generalmente en Roma. Ahora plantea su formulación papá, Ángel: - ¿Qué necesito para ser monja? Contestará Luis Enrique: - Discernimiento Inicial y Llamado Espiritual. El primer paso en el viaje para convertirse en monja es discernir un llamado genuino de Dios. ... - Requisitos y Calificaciones. ... - El Proceso de Formación. ... - El Papel de la Oración y la Comunidad. ... - Los Consejos Evangélicos. ... - Conclusión. Ahora se adelanta, de nuevo, Leticia y pregunta: - ¿Cuáles son los votos de clausura? Se hace también con el control Luis Enrique, para quien: - Los votos son tres: pobreza, obediencia y castidad. Imitan, en el religioso, la vida de Jesucristo, según los consejos evangélicos. Francisco plantea una pregunta alucinante: - ¿Cómo vivir en un convento sin ser monja? Luis Enrique, que se ha adueñado del espacio, responde que: - ¿Se puede habitar en un convento sin los votos de una monja? Se puede. El único requisito es que tu cuenta corriente esté bien nutrida y saneada. El resto es sólo cuestión de echarle imaginación. En la actualidad, los conventos continúan siendo lugares de vida religiosa y espiritual, aunque su número ha disminuido en comparación con el pasado. En España, por ejemplo, se calcula que se cierra una media de entre 20 y 22 monasterios cada año. Los conventos, especialmente los de clausura, enfrentan desafíos como la disminución y envejecimiento de las comunidades religiosas, así como dificultades económicas. A pesar de estos desafíos, los conventos siguen siendo importantes espacios de oración, contemplación y, en algunos casos, de trabajo artesanal. En algunos conventos, las monjas o monjes mantienen actividades como la elaboración de productos artesanales, dulces o textiles, para generar ingresos y mantener la vida de la comunidad. Además, los conventos han sido tradicionalmente lugares de acogida para personas que buscan consuelo espiritual o asesoramiento religioso, y siguen ofreciendo esa posibilidad en algunos casos, a través de locutorios o encuentros. En resumen, aunque los conventos han experimentado una disminución, siguen siendo relevantes en la sociedad por su función religiosa, espiritual, y, en algunos casos, económica. Dicho lo cual, papá, Ángel, plantea su formulación: - ¿Cómo es la vida de una monja de clausura? Ángel era una persona dicharachera, es decir, que tenía una conversación animada y ocurrente. Le corto el paso a Luis Enrique, y respondo yo mismo, Jorge: - El día de una monja de clausura comienza temprano, antes del amanecer. Se levantan para rezar y meditar, y luego comienzan sus tareas diarias. Estas tareas pueden incluir oración, lectura, trabajo manual y servicio a la comunidad. Las monjas de clausura también dedican tiempo a la reflexión y el estudio de la Biblia. Leticia, por su parte, plantea: - ¿Cuál es la diferencia entre una monja y una hermana? Reclamando mi sitio, salgo de nuevo a la palestra: - Una monja es una religiosa que vive una vida contemplativa y de claustro en meditación y oración para la salvación de los demás; mientras que una hermana religiosa vive en una vocación activa tanto de oración y servicio, a menudo con los necesitados, enfermos, pobres y sin educación. Ahora, Luis Enrique revelándose contra el orden establecido, plantea una pregunta: - ¿Qué pasa si una monja quiere dejar de serlo? Evidentemente, respondo yo mismo, Jorge: - Una monja puede abandonar libremente su convento de clausura si así lo decide y, posteriormente, acudir a la dispensa de los compromisos adquiridos a través de un procedimiento que se pide a la Santa Sede, según ha explicado a Efe el profesor de Derecho Canónico de la Universidad de Navarra, José Antonio Fuentes. Y, Francisco plantea la última pregunta, la cual se sale de este contexto: - ¿Cuánto cobra un cardenal? Respondo yo mismo, Jorge: - Si bien el Vaticano nunca ha publicado cifras oficiales, medios como Il Messaggero indican que el salario habitual de un cardenal se sitúa en torno a los 5.500 euros, cantidad que se verá afectada por esta reciente disposición. Y, en este punto, termina la reunión, por lo que cada uno se va a su lugar propio. Luis Enrique, por su parte, vivía en la calle Urbieta, muy cerca de la Catedral del Buen Pastor, que se encuentra en Urdaneta Kalea, 12 (20006-Donostia). La Catedral del Buen Pastor es un bello ejemplo de arquitectura neogótica, siendo el neogótico un estilo inspirado en el Gótico, cuyo florecimiento debe mucho a las corrientes del romanticismo nacionalista. En su casa, vivían los padres y los dos hermanos, ya que Luis Enrique sólo tenía un hermano varón. Su padre era un prestigioso abogado de esta ciudad, pero su madre parecía totalmente dedicada a las labores del hogar. Por otro lado, nosotros nos encontrábamos ahora mismo en la plaza de Cataluña, en el barrio de Gros, en un piso no muy grande, pues tenía 3 habitaciones, un pequeño salón, cocina y un WC. El barrio de Gros es un barrio de la ciudad de San Sebastián, que se encuentra situado en la parte oriental de la localidad y está delimitado al norte por el mar Cántabrico, al sur por el barrio de Egia, al este por monte Ulía y al oeste por el río Urumea. Con el tiempo fue transformándose, pasando de ser un barrio fundamentalmente industrial a uno de servicios y siendo una de las zonas más valoradas de San Sebastián. En el sector inmobiliario, es de destacar el elevado importe de los inmuebles de esta zona, superando los 7000 euros de media el metro cuadrado. La actividad comercial es muy dinámica y, en los últimos años, Gros se ha convertido en una zona de copas y en una ruta obligada para los amantes de los buenos pinchos. En Gros también se encuentra la playa de la Zurriola, la más joven de las tres playas Donostiarras, concurrida de amantes y profesionales del surf y el Palacio de Congresos Kursaal. Así, pues, dadas las circunstancias presentes cada uno se fue a su rincón de costumbre, pues todavía eran las cuatro y media de la tarde. CAPÍTULO SEGUNDO Para no llevarnos a equivocación, recordaremos ahora que la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, también llamada Orden de los Carmelitas, es una orden religiosa católica que surgió alrededor del siglo XII cuando un grupo de ermitaños, inspirados por el profeta Elías, se retiraron a vivir en el monte Carmelo, considerado el jardín de Palestina; de hecho Karm-El significa “la viña de Dios” en las lenguas semíticas de la zona. Se tilda a sus frailes y monjas –sin la reforma teresiana- de Carmelitas de la Antigua Observancia. En el siglo XVI español, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz impulsaron la reforma de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, fundando así la Orden de los Carmelitas descalzos. Cabe señalar que la Orden de los Carmelitas Descalzos no es una rama bajo la égida de los Carmelitas, dado que tras la reforma impulsada por santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz se fundó como una orden nueva, cuya existencia quisieron infructuosamente eliminar en 1577 los carmelitas no reformados encarcelando al santo fray Juan de la Cruz para que se retractase de la reforma teresiana. Las Carmelitas descalzas son monjas, cuya vida está consagrada a Dios por los votos solemnes. La orden fue fundada en torno a 1560 por un grupo de monjas recogidas alrededor de Santa Teresa de Jesús, figura carismática de mujer y religiosa, que quería dar nueva vida a la orden carmelita restableciendo las antiguas reglas y reformando las opciones de vida. En parte tomó su inspiración de la reforma realizada por San Pedro de Alcántara en la orden franciscana. Luego, las religiosas Carmelitas descalzas eran miembros de la orden Carmelitana, que había sido reformada por Santa Teresa de Jesús a mediados del siglo XVI. El monasterio de la Encarnación de Ávila, donde era monja la santa, en aquella época dejaba bastante que desear en su disciplina, al igual que otros muchos. Por eso, Teresa sintió la inspiración de trabajar por la reforma de la Orden fundando una casa donde se introdujera la estrecha observancia, con la implantación en todo su rigor de la regla primitiva aprobada por Inocencio IV. Animada en su ideal por algunas personas como el dominico San Luis Beltrán, se decidió a poner manos en la obra. Frente a enormes dificultades, ayudada por el célebre teólogo dominico Domingo Báñez y por mediación de un Breve favorable de Pío IV, en 1563 estableció el convento de san José de Ávila, el primero de la reforma. La obra se reafirmó con la confirmación del papa el año 1565. Armada Teresa con la aprobación pontificia y el permiso de su general, Juan B. Rossi, fundó su segundo convento en Medina del Campo y, tras él, el de Malagón. Superando toda clase de obstáculos, Teresa continuó trabajando sin cesar en la formación de nuevas casas reformadas. Al morir en 1582, la obra de la santa estaba plenamente consolidada. Las Carmelitas descalzas son monjas de clausura y se dedican principalmente a la oración contemplativa. La espiritualidad de la orden es fuertemente deudora de la figura de María, a la cual se dirige como ejemplo de vida en comunión y devoción. La vida de las Carmelitas descalzas está ligada a horarios y actos específicos, los cuales marcan el tiempo litúrgico y el trabajo, sin olvidar el jardín o el huerto. Ellas están obligadas a mantener siempre un clima de silencio y oración. Clausura monástica o clausura conventual son expresiones propias de la terminología monástica y conventual. Como otras acepciones de la palabra "clausura", indica el concepto de "cierre". La misma etimología tiene la palabra "claustro". Indican, por tanto, la forma de vida que llevan las monjas de clausura (monja de clausura, reclusa) en referencia a la obligación que tienen de no salir de su monasterio o convento y del impedimento de que personas ajenas a la orden puedan entrar en su espacio de residencia y de la mezcla de sexos en la misma orden. También se denomina “clausura” al recinto dentro de estas instituciones donde las religiosas se aíslan del exterior (habitualmente se refiere a la parte a donde no se permite pasar a personas de distinto sexo al de las monjas titulares). La clausura tiene la finalidad de mantener un clima de recogimiento, silencio, oración y otros recursos ascéticos para la búsqueda de la unión mística con Dios. A pesar de esta separación física con "el mundo", las religiosas pretenden estar íntimamente unidas a la humanidad y a sus problemas a través de sus oraciones, que son ofrecidas como intercesión. Entre las órdenes religiosas que practican la vida monástica de clausura, en la actualidad tenemos como ejemplos (en el caso de las comunidades femeninas) las monjas anunciadas, las agustinas, benedictinas, carmelitas, clarisas, cartujas, concepcionistas, jerónimas, mínimas, visitandinas y de Iesu Communio, entre otras. En cierta ocasión, en alguno de nuestros paseos, en esta ocasión por Riberas de Loyola, se entabló la siguiente conversación entre Luis Enrique y yo, Jorge, manteniéndola en los siguientes términos: Abriéndola yo mismo, le pregunto lo siguiente a Luis Enrique: - ¿Qué hacen las carmelitas descalzas? Luis Enrique me contesta que: - Además de la oración comunitaria y personal, la contemplación y la adoración de Dios, las monjas de clausura realizan deberes y tareas necesarias para el bienestar común de sus hermanas, como cuidar el jardín, coser, pero en algunos casos también la creación de productos que se venden fuera del monasterio. Pero vuelvo a preguntarle sobre otra cuestión: - ¿Cuál es la diferencia entre carmelita y carmelita descalzo/a? Y, como en la ocasión anterior, Luis Enrique me dirá que: - La Orden Carmelita, institución católica romana, data del siglo XIII y toma su nombre de los monjes y eremitas que residieron durante mucho tiempo en el Monte Carmelo, en Tierra Santa. El término «descalzos», que significa «sin zapatos», se refiere a que esta rama de la orden solía ir descalza o con sandalias. Ahora planteo lo siguiente: - ¿Cuáles son las ramas de la Orden de los carmelitas descalzos? Luis Enrique me explicará que: - Los Carmelitas descalzos se dividen en tres ramas: frailes (Primera Orden), monjas contemplativas (Segunda Orden) y hermanos terceros o seglares (de la Venerable Orden Tercera de los Carmelitas o del Carmelo Seglar). Tras lo que le planteo lo que sigue: - ¿Qué significa hacerse carmelita descalza? Luis Enrique, que ha realizado en el plano institucional un trabajo sin parangón, contesta que: - Se caracteriza principalmente por el deseo de buscar a Dios a través de todo lo que acontece; de hacer de la vida un trato de amistad con Él, y de esta relación hace que deriven todos sus afectos. Pero incansablemente acudo al trabajo realizado por Luis Enrique, al proponerle la siguiente pregunta: - ¿Cuáles son las reglas de las carmelitas descalzas? Luis Enrique, que se ha leído la regla de san Alberto, propone las siguientes: • Desarrollar la dimensión contemplativa de su vida, en diálogo abierto con Dios. • Vivir como hermanos, llenos de caridad. • Meditar día y noche en la Palabra del Señor. • Rezar juntos o solos varias veces al día. • Celebrar la Eucaristía todos los días. • Hacer trabajo manual, como lo hizo el apóstol Pablo. En otro sentido, riberas de Loyola se encuentra situado en la vega del río Urumea, cuyas orillas son recorridas por un auténtico paseo, en las que el sol, cuando luce, suele incrustarse de lleno. De hecho, el barrio de Riberas se encuentra situado entre los barrios de Amara Nuevo y Loyola, perteneciendo a este primero. Siguiendo el cauce del río Urumea, tras cruzar el Área Romántica, nos adentramos en el barrio de Amara. Uno de los más grandes de la ciudad, donde se puede alejar uno del ajetreo turístico y empaparse del ambiente donostiarra. Joven, fresco y moderno son los tres adjetivos que describen Riberas de Loyola, que constituye una de las zonas residenciales más nuevas de la ciudad. Ubicado a orillas del río Urumea, como ya se ha dicho, este barrio está amparado por una de las arquitecturas más modernas de la ciudad. Por otra parte, os recuerdo que Luis Enrique es una persona de temperamento flemático y muy irónica. Este tipo de temperamento está basado en un tipo de sistema nervioso lento y equilibrado que se caracteriza por tener una baja sensibilidad pero una alta actividad y concentración de la atención; es característico de su sistema nervioso una baja reactividad a los estímulos del medio, y una lenta correlación de la actividad a la reactividad, es introvertido y posee baja flexibilidad a los cambios de ambiente. Además, es tranquilo, por lo que nunca pierde la compostura y casi nunca se enfada. Por su equilibrio, es el más agradable de todos los temperamentos. Trata de no involucrarse demasiado en las actividades de los demás, pues, por ejemplo, cuando yo tomé contacto con este convento él me dio entera libertad para que yo hiciera mis propios planteamientos. Por lo general suele ser una persona apática, además de tener una buena elocuencia, lo que yo denominaba tener mucha verborrea. No busca ser un líder, aunque puede llegar a ser uno de los más capaces. En otro sentido, mis monjas vivían en el convento de Sta. Ana y Sta. Teresa, que se encuentra en las faldas del monte Urgull, detrás de la basílica de Santa María. Este Convento se construyó sobre la basílica de Santa Ana cuyos orígenes se remontan al siglo XIII, o a tiempos anteriores. En 1660 la Orden de las Carmelitas Descalzas se pudieron instalar y fundar el nuevo convento de Santa Ana y Santa Teresa gracias a la herencia de Juan de Amézqueta y Simona de Lajust. La basílica de Santa Ana era, además de templo religioso, el lugar de reunión del concejo municipal, por lo menos hasta finales del siglo XVI. En definitiva, en 1663 las monjas de clausura fundaron el convento de Santa Ana y Santa Teresa, que se encuentra pegado al monte Urgull, en la Parte Vieja de San Sebastián. Unos años más tarde las monjas recibieron el apoyo de otro mecenas, de Miguel de Arizteguieta, quien, al parecer, gastaría unos 30.000 escudos en la construcción de la iglesia actual, que vendrá a suplir a la antigua basílica de Sta. Ana, en la que se estableció la fundación, edificándose, a la vez, un nuevo convento adjunto a ella. Así, pues, con esta ayuda las monjas encargaron a Santiago de Senosiain la construcción de un nuevo convento, que pasaría a llamarse convento de Santa Ana y Santa Teresa. Las complicadas obras, por su ubicación en las faldas de Urgull, comenzaron en el año 1661 y finalizaron en 1691. Para complicar todo aún más, la noche del 7 de diciembre de 1688 un rayo calló en el polvorín del castillo de la Mota, provocando daños en los templos y viviendas más próximos a Urgull y retrasando las obras del convento de Santa Ana y Santa Teresa. En el posterior incendio de 1813, se destruyó la nave de la basílica de Santa Ana, que estaba integrada en el convento. Ya en 1881, se reconstruyó la fachada del campanario, que le da su fisonomía actual. Y, por último, en 2020 las diez últimas monjas Carmelitas descalzas cerraron el convento, al no haber relevo generacional, terminando con cuatro siglos de presencia en San Sebastián. El convento actualmente es propiedad de la Diputación de Guipúzcoa. Las monjas Carmelitas en clausura. Urgull es una montaña situada entre la Parte Vieja de San Sebastián y el Paseo Nuevo, junto al mar Cantábrico. El monte fue vendido por el Estado al Ayuntamiento en el año 1915, comenzando la destrucción de las fortificaciones, que se han conservado en gran parte gracias a un accidente ocurrido en la voladura de un cuartel. En el año 1963, centenario del derribo de las murallas, gran parte de las fortificaciones fueron rehabilitadas. Lo cierto es que al menos un convento al mes cierra sus puertas. La falta de relevo generacional, sumado a la inflación, ha provocado que para estas comunidades de religiosas sea imposible la supervivencia en una sociedad en la cada vez hay menos vocación. Según los datos de la Conferencia Episcopal Española (CEE), en el año 2016, había 865 conventos de clausura; en 2023 apenas quedan 700. Son zonas verdes de paz en medio de las ciudades o pueblos, sin embargo, como toda sociedad, viven en sus propias carnes la dificultad económica. Además, los inmuebles necesitan un mantenimiento del que ellas no disponen. El paso de los años ha ido vaciando estos grandes conventos, pero no ha traído nuevas inquilinas. Es uno de los problemas de la vida contemplativa de la Iglesia: las religiosas cada vez son más mayores y no tienen quién les haga el relevo. El convento es la casa o conjunto de edificios en que viven las religiosas de una orden en comunidad. Consta de una iglesia y un coro, un cementerio, un claustro, una sala capitular para su reunión, un refectorio común, celdas individuales, una enfermería, una biblioteca y un locutorio para las visitas. A diferencia de los monasterios, suelen estar en las ciudades. Los conventos surgen cuando las órdenes mendicantes se instalaron en las ciudades en el siglo XIII. Al no depender de un abad, recibieron el nombre de convento. Más tarde, este término se extendió a las casas que pertenecían a congregaciones cuyos miembros no emitían votos solemnes y perpetuos, que no eran regulares ni estaban sometidos a clausura, como las Hermanas de la Caridad. Por extensión, se ha llegado a denominar conventos a las casas regulares de los monjes, cuyo nombre correcto es el de monasterios. Un claustro es un tipo de patio que en sus cuatro lados tiene una galería porticada con arquerías que descansan en columnas o dobles columnas. Por otro lado, la sala capitular es una estancia de gran importancia, donde los monjas se reunían para discutir asuntos importantes de la comunidad, leer la regla de su orden y llevar a cabo ceremonias relevantes. Se encuentra ubicada generalmente en el ala oriental del claustro, a menudo en la prolongación del transepto de la iglesia. Por otra parte, se llama refectorio, palabra proveniente del latín, de refectus (refresco), a la sala destinada a comedor de las religiosas. En otro sentido, el locutorio es una habitación o departamento de los conventos de clausura, por lo común dividido por una reja, en el que los visitantes pueden hablar con las monjas. CAPÍTULO TERCERO Hemos obtenido algunas conclusiones del capítulo anterior, las cuales nos permiten afirmar que el convento de Santa Teresa de Donostia-San Sebastián se encuentra abrazado a las faldas del monte Urgull, junto a la altiva basílica de Santa María del Coro, pasando desapercibido para los miles de personas que hormiguean a diario entre las calles de la Parte Vieja. En sus entrañas, se esconden las pistas para conocer los orígenes de San Sebastián. Durante una intervención arqueológica, aquí se encontraron los enterramientos más antiguos de la ciudad, así como restos de su pasado romano. Como hemos dicho, en 1662 se comenzaron las obras para acondicionar el nuevo convento, usándose la cripta bajo la basílica como lugar de sepelio para Simona de Lajust. La cripta es una capilla subterránea que sirve de cámara sepulcral. Posteriormente, en el fatídico verano de 1813, la nave de la basílica de Santa Ana, que se encontraba integrada en el complejo de Santa Teresa, quedó destruida por la sinrazón de las guerras, perdiéndose una parte de nuestra historia. Antes de proseguir, aclaramos que se llama nave a cada uno de los espacios que, delimitados por muros o columnas en fila, se extienden a lo largo de un edificio. El transepto es un galicismo que se refiere al crucero. Además, una cripta es una capilla subterránea que sirve de cámara sepulcral. El convento fue construido con sillares de arenisca. La arenisca o psamita es una roca sedimentaria compuesta principalmente por granos de arena compactados, de tipo detrítico, de color variable, que contiene clastos de tamaño arena. Tras las lutitas, son las rocas sedimentarias más comunes en la corteza terrestre. Además, la iglesia del convento tiene planta de cruz latina, destacando en su fachada el campanario reconstruido en 1881. Se llama ‘campanario’ a la torre destinada a sostener las campanas. Aunque varios expertos consideran la reconstrucción del campanario desafortunada, su silueta se ha convertido en una parte indisoluble del perfil de la Ciudad. Por fin, en 1991 se realizó la última intervención en el conjunto conventual, esta vez a manos del arquitecto José Ignacio Linazasoro y teniendo muy buena aceptación. El complejo está catalogado con “protección especial” y, además, posee el Grado A por pertenecer al Conjunto Monumental de la Parte Vieja y Puerto. Este conjunto formado por iglesia, convento y otras dependencias fue construido en varias fases: la iglesia y el convento datan del último tercio del siglo XVII, mientras que el patio y el claustro son del siglo XVIII. Las intervenciones arqueológicas desarrolladas entre 2001 y 2005, dieron con una necrópolis utilizada entre los siglos X y XV, encontrándose los restos humanos más antiguos de la ciudad, que estaban enterrados en sepulturas de lajas. Las sepulturas de lajas, están elaboradas, abriendo una fosa en la tierra, generalmente de forma rectangular, a la cual se le refuerza todo el perímetro interior, con lajas de piedra puestas verticalmente, luego se cubriría con otras lajas. Es el tipo de enterramiento más extendido en la Edad Media. Además, esta intervención arqueológica desenterró restos de cerámica y ladrillos romanos, desentrañando otra pieza del puzle para descubrir el origen de Donostia-San Sebastián. Insistiremos en el hecho de que en el siglo XVI, el área que ocuparía el futuro convento de las Carmelitas Descalzas era propiamente extramural. La cerca medieval tenía su esquina noroeste en la casa torre Oquendo, hoy Gaztelubide, y entre esta y la iglesia de Santa María, entonces gótica, se abría la puerta de Santa Ana. La basílica homónima se hallaba unos metros detrás y, cuando a finales del siglo XVI el Concejo Municipal dejó de reunirse en su primer sobrado o piso, para hacerlo en la Lonja frente al Muelle, ante la torre del Puyuelo, quedó vacante la 'cassa' de Santa Ana. A comienzos del siglo XVII, Franciscanos y Jesuitas quisieron instalarse en ella, pero habría que esperar a 1654 para que, gracias a la fortuna que dejaría en herencia el matrimonio sin hijos del capitán Juan de Amézqueta y de doña Simona de Lajust, se pudiera fundar allí el convento de las Carmelitas Descalzas. Fallecidos ambos mecenas, se firmaron las capitulaciones para la fundación el 22 de noviembre de 1660. Estas indican, entre otras cosas, que la villa obtiene de manera perpetua el patronato del convento, permitiéndole vigilar sus actividades económicas. Por ello pueden verse los escudos de Donostia en los laterales del altar principal de la iglesia de Santa Teresa. Había que frenar, por entonces, el poder financiero de las parroquias y conventos con sus actividades bancarias, sus captaciones de herencias y donaciones varias, que podían acaparar la propiedad del suelo, paralizando así el desarrollo de las urbes y provocar además violentos movimientos sociales. Dicho lo cual, recuerdo los largos e interminables paseos y caminatas que nos dábamos Luis y yo, circunvalando, por ejemplo, el Paseo Nuevo. Si aquel día llovía, solíamos acabar en la plaza de la Constitución, en la Parte Vieja, en cuyos soportales podíamos guarecernos. Si el día salía espléndido, nadie nos quitaba nuestro paseo alrededor de La Concha. Lo cierto es que Donostia/San Sebastián cuenta con un enorme número de zonas verdes urbanas, de fácil acceso y de encomiable belleza. Hablamos de sus parques y jardines, pulmones verdes de la ciudad y reflejo de su sostenibilidad. En Donostia, tenemos la fortuna de contar con 21m2 de superficie verde por habitante: Jardines y paseos arbolados, 3 montes y 20 espectaculares parques que se reparten por toda la ciudad. En una de aquellas ocasiones, Luis Enrique y yo, Jorge, mantuvimos la siguiente conversación, evidentemente dedicada a las monjas de clausura. Ambos habíamos tenido la ocasión de experimentar la seducción que ejercía en nosotros, por ejemplo, el término “monja de clausura”. Así, pues, le pregunté a Luis Enrique lo siguiente: - ¿Qué significa monja de clausura? A lo que él me contestó: - Estos términos indican la forma de vida que llevan las monjas de clausura, en referencia a la obligación que tienen de no salir de su convento y del impedimento de que personas ajenas a la orden puedan entrar en su espacio de residencia… Entonces, le hice la pregunta siguiente: - ¿Qué se hace en un convento de clausura? Luis Enrique respondió que: - Además de la oración comunitaria y personal, la contemplación y la adoración de Dios, las monjas de clausura realizan deberes y tareas necesarias para el bienestar común de sus hermanas, como cuidar el jardín, coser, pero en algunos casos también la creación de productos que se venden fuera del monasterio. Mi siguiente pregunta fue: - ¿Qué es la clausura en la Iglesia? Luis Enrique respondió lo siguiente: - En la Iglesia se entiende por clausura la disciplina que regula el acceso de las personas al sector reservado a las monjas en las órdenes religiosas. Yo, hecho un cabezón, le planteé: - ¿Qué monja dejó los hábitos y se mudó a España? Luis Enrique dio un repaso mental a esta cuestión y dijo que: - La monja Cristina Scuccia, cuyo triunfo en la versión italiana del concurso televisivo “La Voz” en 2014 dio la vuelta al mundo, ha colgado los hábitos y ahora vive en España, donde sigue cantando y trabaja como camarera para ganarse la vida. En otro sentido, Luis Enrique, como ya hemos dicho, había estudiado la historia de las instituciones conventuales y no cabe duda de que las instituciones y su historia importan, no ya como elemento fundamental a la hora de explicar la evolución sociopolítica de un convento, sino como factor determinante del desarrollo económico, el bienestar y la prosperidad. Tradicionalmente, la historia de las instituciones se ha venido explicando desde un enfoque eminentemente jurídico, planteamiento que ha hecho que estas materias resultasen poco atractivas y de difícil asimilación. Una “institución” se refiere a un organismo o entidad establecida con un propósito específico, que puede ser público o privado, y que generalmente cumple funciones de interés público, especialmente en el ámbito de la beneficencia. En esencia, son las estructuras que dan forma a la sociedad, estableciendo normas y roles para guiar el comportamiento de las personas y facilitar la convivencia. Luis Enrique había estudiado también las instituciones sociales, que son un sistema de convenciones sociales duraderas y organizadas, dirigidas por una organización reconocible dentro de la sociedad. Superan la dimensión de los individuos que las forman, y necesitan ajustarse permanentemente debido al carácter conflictivo de la historia. Las instituciones sociales se recrean culturalmente durante los procesos activos y temporales de cada época social. Una asociación religiosa, organización religiosa o comunidad religiosa es una organización de un conjunto de personas que apoyan a una misma religión. Las actividades religiosas, que cuentan con alguna infraestructura, deben ser gestionadas por grupos organizados, que aparecen establecidos a varios niveles, desde el puramente local hasta el nacional o internacional. Las comunidades más pequeñas pueden ser parte de comunidades religiosas más grandes, incluso globales. El término puede usarse para todas las religiones. Por otro lado, el significado de “institución” puede variar según el contexto. Luego, las preguntas siguientes tomaron el aspecto de ser necesarias y muy técnicas, entablándose el siguiente diálogo a la vez que recorríamos los jardines de Miramar. En principio hice una pregunta muy simple: - ¿Qué es una institución? A dicha pregunta Luis Enrique contestaría que: - Una institución es cualquier tipo de organización humana, que implica relaciones estables y estructuradas entre las personas, que se mantienen en el tiempo, con el fin de cumplir una serie de objetivos explícitos o implícitos. La pregunta siguiente no se haría de esperar: Carmelitas descalzas - ¿Cuál es el concepto de institución? Como en el caso anterior, Luis Enrique contestó de manera explícita: - Las instituciones son las reglas del juego en la sociedad o, más formalmente, son las restricciones humanamente concebidas que moldean la interacción humana. Por lo tanto, estructuran incentivos en el intercambio humano, ya sea político, social o económico [...] La siguiente pregunta que hice fue muy sencilla: - ¿Qué es una institución según la RAE? Pregunta a la que Luis Enrique contestó: - El establecimiento o fundación de algo. Seguidamente planteé lo que sigue: - ¿Qué es la historia de la institución? Luis Enrique nos dice que: - La historia de las instituciones es la especialidad historiográfica cuyo objeto son las instituciones. Especialmente son objeto de esta especialidad las instituciones políticas, que de hecho permiten periodizar la historia (historia política). La pregunta que sigue no la pensé demasiado: - ¿Qué sería una institución? Según Luis Enrique: - Organismo que desempeña una función de interés público, especialmente benéfico o docente. Organismo, organización, fundación, entidad, asociación, sociedad, ente. La siguiente pregunta es muy sencilla de contestar: - ¿Qué tipos de instituciones hay? Pregunta que tiene la contestación siguiente: - Existen varios tipos de instituciones, políticas, jurídicas, legislativas, académicas y científicas, económicas, financieras y religiosas. A continuación planteé: - ¿Qué forma tiene una institución? Contestando Luis Enrique que: - Las instituciones se conforman por las normas formales e informales que dirigen la conducta de los individuos para tener un equilibrio y establecer un orden social, político y económico; tienen un poder legítimo, son independientes y trascienden a través del tiempo. Seguidamente le pregunté: - ¿Qué se entiende por institucionalidad? Por último, José Luis responde lo siguiente: - La institucionalidad se define como aquellas reglas formales como leyes, decretos y reglamentos, y las reglas informales que incluyen procedimientos y normas de conducta ya sean morales y/o éticas, y que tienen como objetivo limitar la forma de actuar de las personas con la finalidad de maximizar la riqueza o el ... Se recuerda que José Antonio Maravall fue un historiador y ensayista español, figura central de la segunda mitad del siglo XX en la historia de las ideas. Antes de pasar al capítulo siguiente, indicaremos que con privilegiadas vistas sobre la Bahía de la Concha, el parque de Miramar es una parada obligatoria en todos los paseos por el litoral de San Sebastián. Gobernados por un espectacular palacio inspirado en las casas de campo inglesas –no en vano fue ideado por Selden Wornum, súbdito británico-, los jardines de Miramar descienden suavemente hacia el mar, entre senderos de gravilla y parcelas floridas. El Palacio de Miramar fue construido en 1893 a petición de la reina María Cristina de Austria, quien veraneaba en San Sebastián. Tras barajar otros lugares como el Monte Urgull o Aiete, la reina se decantó por este lugar donde había una ermita que tuvo que ser trasladada. Hoy en día, si visitas el barrio del Antiguo, la encontrarás entre sus calles. Si estás en cualquier punto de la Bahía de La Concha y alzas la vista hacia la ciudad, los ojos se te irán directos al Palacio Miramar. Por su historia, por su arquitectura, pero sobre todo, por las vistas desde su jardín y su mirador natural, es un lugar que no debe faltar entre tus recuerdos de la ciudad. CAPÍTULO CUARTO Como he dicho en otro lugar, en mi tesina de Licenciatura investigué, sobre todo, los aspectos económico-sociales de un Convento del Antiguo Régimen: las Carmelitas descalzas de San Sebastián, lo cual daba a mi tesina una envergadura mayor a la de Luis Enrique. La empresa era harto difícil, pues los períodos de devaluación y de inflación se suceden en nuestra Historia económica con una velocidad extraordinaria. Dicho lo cual, las preguntas que nos hacíamos Luis Enrique y yo –Jorge- cambiarían de signo, pues si importante era el aspecto institucional, también lo eran los aspectos socio-económicos de estas comunidades. Mi hilo conductor había sido un estudio pormenorizado de la dote religiosa y, al respecto, Luis Enrique preguntaría, por ejemplo: - ¿Qué es la dote y quién la paga? Mi contestación fue directa: - La "dote religiosa" se refiere al patrimonio o conjunto de bienes que una persona aporta a una orden religiosa o convento al ingresar en la vida religiosa. Esta dote sirve para la manutención de la religiosa y se considera similar a la dote nupcial que una mujer aporta al matrimonio. Luis Enrique mascullaba muy mal todos estos aspectos, por lo que pregunta de nuevo: - Pero ¿qué es la dote? Mi contestación no fue ampulosa: - Congrua o patrimonio que se entrega al convento o a la orden en que una profesa va a tomar estado religioso. Luis Enrique sigue preguntando: - ¿Hay analogías con la dote nupcial? Yo mismo le sugiero lo siguiente: - La dote religiosa sí se compara con la dote nupcial, ya que ambas representan un aporte económico o de bienes para el futuro sostén y bienestar de la persona. Luis Enrique seguirá preguntando sobre asuntos relacionados con la dote: - ¿Cuál es la definición de dote (religiosa)? Contestando yo mismo que: - La dote religiosa es el conjunto de bienes o dinero que una persona aporta al convento u orden religiosa al tomar estado religioso. Luis Enrique, atrapado por sus rollos mentales, se fijará en otros aspectos: - ¿Cuál es la historia de la dote religiosa? Apunto sólo que: - En el pasado, las dotes religiosas eran una importante fuente de ingresos para las comunidades religiosas. Luis Enrique se fijará en: - ¿Cuáles son los tipos de dote? Contesto lo siguiente: - La dote puede ser en forma de dinero, bienes materiales, o incluso tierras. Por último Luis Enrique se hace una última pregunta: - ¿Cuál es la importancia de la dote religiosa? A la que yo contesto de la siguiente materia: - Una mujer que ingresa a un convento puede aportar una suma de dinero como dote para su sustento. - Una persona que ingresa a una orden religiosa puede aportar tierras o bienes como dote para el beneficio de la orden. Pero nos quedaría en el tintero una última cuestión: - ¿Cuál es la importancia de la dote religiosa? Pregunta a la que contesto que: • La dote religiosa es importante para la supervivencia y el sostenimiento de la vida religiosa. • A lo largo de la historia, ha sido una fuente de ingresos y apoyo económico para las comunidades religiosas. • Refuerza la idea de que la vida religiosa implica no solo una renuncia a la vida secular, sino también una contribución económica a la comunidad. Recorríamos el parque de Cristina Enea, que es el vecino ‘green’ de Egia. Se trata del mayor y más boscoso parque urbano de la ciudad, un regalo que hizo el Duque de Mandas a San Sebastián (de ahí que lleve el nombre de su esposa) a condición de que se respetara su aspecto original. Y así ha sido: el parque guarda el mismo encanto de antaño, con una completa red de senderos. Y en la parte alta, junto a la antigua vivienda todavía pueden apreciarse los pavos reales que campan por el lugar con total libertad. Lo cierto es que el periodo post-tridentino se caracterizó por un aumento de vocaciones religiosas femeninas, traducido en la proliferación de monasterios y conventos, una vez que las nuevas fundaciones se adaptaban con una mayor facilidad al modo de vivir monástico defendido por Trento y por la coyuntura contrarreformista. También en San Sebastián las opciones de vida religiosa se multiplicaron a partir de mediados del siglo XVI, realidad que en la ciudad se manifestaba ya desde el primer cuarto del siglo XIV. Este es el contexto en el cual nos proponemos apreciar el reflejo del estatus social de los progenitores/dotadores, el importe de la dotación y cómo estaban formadas las dotes en el devenir de las comunidades de clausura que optaban por ingresar a sus descendientes en Donostia/San Sebastián durante el periodo moderno. El paso del Cuatrocientos al Quinientos resultó ser un marco importante en la vida de la ciudad de San Sebastián. Si la política, la diplomacia, la cultura y el urbanismo atestiguaron esa vivacidad, del mismo modo también lo hicieron las instituciones religiosas, en particular las comunidades regulares que se afirmaron definitivamente en el San Sebastián del Quinientos. Las descripciones realizadas en el periodo moderno transmiten informaciones claras sobre la población eclesiástica regular. Una de esas descripciones es de finales del siglo XVI y su responsable fue la propia estructura eclesiástica. En 1663 aparece otro relato sobre el estado de la Diócesis de Pamplona, de igual naturaleza, y cuyos criterios son básicamente los mismos: se mencionan todos los monasterios, además de las respectivas dimensiones, el número de ciudades, pueblos, casas de misericordias, hospitales, clérigos y encomiendas. Debido a la importancia de esas comunidades como elementos estructurantes de la sociedad regional, los estudios realizados –cuyo objetivo ha sido un análisis más profundo sobre la manera y forma de cómo se estructuraron y establecieron en el tiempo y en el espacio- se presentan de extrema importancia para conocer la sociedad, las instituciones y las relaciones de poder. Tradicionalmente es más difícil estudiar comunidades femeninas que masculinas en una realidad en la que la clausura estricta limitaba los datos referentes a la vida religiosa y social, pero en la actualidad las monjas son objeto de una inusitada atención por parte de la historia de la familia, atenta a los conventos como solución de las casas pudientes para colocar a parte de su excedente femenino, y de la historia de la mujer, que ha tomado conciencia de la importancia de los conventos como ámbitos femeninos, más allá de que lo fueran religiosos, en donde eran las mujeres las que decidían su gobierno y administración y, lo que es más significativo, donde la documentación, incluso la contable, era elaborada por mujeres. Su estudio, no obstante, permite plantear cuestiones importantes, entre las que sobresalen la relación entre la estabilidad del patrimonio de las comunidades y su perfil económico y social, el origen social de las religiosas, la atracción por la vida consagrada influenciada por la existencia previa de religiosas en la familia, la existencia de redes familiares en los monasterios y conventos -patentes en la jerarquización y cesión de puestos o en el prolongamiento de la estratificación social secular en el convento-, la formación otorgada por la vida conventual en un mundo cotidiano reglado y vigilado desde arriba, los tiempos y los espacios de relacionamiento con el mundo exterior, etc. Al seguir siendo primordiales las cuestiones vinculares y de masculinidad en el contexto demográfico del Antiguo Régimen -sobre todo en lo que se refiere a las familias más poderosas- los monasterios fueron fundamentales dado que existían dotes matrimoniales muy elevadas y muchas hijas en edad de casarse. Elegir una vida religiosa permitió la observación individual, introducida en el universo conventual, además de la integración en diversos sistemas de relación (de la familia al convento), en una articulación en red que hizo posible la creación de redes de poder (parentelares, por ejemplo). Dicha observación permite además apreciar comportamientos (de sumisión o dominio) procedentes de la integración o de la dependencia de la religiosa relacionados con la comunidad de la que formaba parte. A su vez, periodos de mayor auge de los reclutamientos, traducidos en un número superior de contratos de dote, presupusieron también mayores necesidades de mantenimiento, siempre proporcional al número de permanentes (proporción subrayada por Trento), hecho que también podrá comprobarse al analizar la evolución del patrimonio de la comunidad. Además de los 1.555 protocolos notariales de Oñate existentes hasta el año 1833 existe además, para estudio, una amplia red de documentación, en parte aún no catalogada. Ésta es una línea de investigación que continuaremos estudiando utilizando su comparación con los contratos dotales de matrimonio. Para el análisis del perfil socioeconómico de las comunidades indicadas antes se efectuó el análisis comparativo de los contratos dotales de los cenobios femeninos, todos dependientes del Ordinario local, entre 1550 y 1700, y el caso que mejor conocemos ya para este mismo periodo, que es el de Santa Teresa de San Sebastián. Un protocolo notarial es una colección ordenada de escrituras matrices (copias originales) autorizadas por un notario durante un año, conservadas en uno o más tomos encuadernados y foliados (con numeración). Son el registro oficial de las escrituras públicas que se autorizan en una notaría. La dote de entrada en religión, o dote monástica, ha sido el tema elegido para la presente novela, con cuestiones a las que intentamos poner límites tanto espaciales como cronológicos. Partimos de una realidad geográfica concreta, la Diócesis de Pamplona, estableciendo una conexión con las orientaciones tridentinas y sus consecuencias a nivel local respecto a las comunidades regulares femeninas y teniendo en cuenta la naturaleza diversa de las instituciones elegidas. La naturaleza diversa de estas instituciones nos llevó a intentar comprender las diferentes estrategias y/u objetivos de esas comunidades, además de sus relaciones con la realidad local y regional; datos que surgen a partir de los contratos de dote. Aquí se asienta, en la preferencia por áreas agrarias y rústicas, una de las distinciones dominantes que siempre se mantuvo en estos cenobios: aunque siempre atento a los rendimientos de sus bienes muebles y a las operaciones crediticias (convirtiéndose en institución prestamista pero también contrayendo préstamos a tasas variables aunque controladas), cumpliendo indicaciones de la Congregación según las coyunturas económicas. Mucho se está trabajando, particularmente en España, sobre las posibilidades de estudio otorgadas al análisis de las cartas de dote monástica en el periodo moderno para un mejor conocimiento del monacato femenino, desde diferentes puntos de vista, pero siempre con la consciencia de que se trata de una fuente pertinente para el conocimiento de la naturaleza interna de las comunidades (edades de entrada más frecuentes, estatutos de entrada, indicación del origen social y geográfico de las ingresadas, evolución del tipo de bienes constantes en la dote, jerarquías internas,…) y también para un mejor conocimiento de la sociedad que las mantenía (composición de la dote, ocupaciones de padres o dotadores, importancia de la figura del tutor, presencia de las mujeres en los contratos o local de firma de esos mismos contratos). Esta propuesta de estudio de las dotes en religión, particularmente para el periodo moderno, tiene un significado mucho menos desarrollado en Portugal, siendo imperativo que se vaya enriqueciendo. En resumidas cuentas, por su analogía con la dote que la mujer aporta a su marido al casarse, se ha dado el nombre de “dote religiosa” a la suma de dinero o los bienes que una religiosa, o monja, ingresa, para su manutención, en el convento donde desea hacer su profesión. No se trata aquí de las donaciones más o menos generosas que la joven o su familia hacen al convento o a algunas de las buenas obras que éste lleva a cabo, ni de la cantidad pagada para el sostenimiento de la postulante o novicia hasta el momento de su profesión, sino de una suma (generalmente fija) reservada para el sustento de un religioso que, por su profesión, se ha convertido en miembro de la comunidad. El Consejo de Trento no habla de dote religiosa. Sin embargo, desde finales del siglo XVI la prescripción relativa al número fijo de religiosos había caído en desuso, y entró en uso la dote; y esto por dos razones. La primera fue la aceptación de religiosos “supernumerarios”, es decir, en número mayor que el que justificaban los recursos del convento; por lo tanto, era justo que se les exigiera la cantidad necesaria para su mantenimiento. La segunda razón radica en la disminución de los recursos de los antiguos conventos y en la falta de propiedad para las numerosas casas nuevas fundadas a finales del siglo XVI. Una prueba de la existencia simultánea de estas dos causas se encuentra en el decreto general de la Sagrada Congregación de los Obispos y Regulares, 6 de septiembre de 1604 (en Bizzarri, Collectanea, 269), ordenando que los religiosos supernumerarios depositaran una dote igual al doble de la de los demás y que ascendiera al menos a 400 ecus (alrededor de $400). Éste era el mínimo, y cada casa debía fijar su propia cifra, que se regularía según las circunstancias. Aunque depositada en el momento de recibir el hábito, el convento no adquiría posesión de la dote hasta la ceremonia de la profesión, y si la novicia se marchaba antes de profesar, se la devolvía. CAPÍTULO QUINTO Pero antes de meternos otra vez con mi tesina de Licenciatura, tenía algo escrito sobre “Nuestra formación académica”, hojas que me han gustado muchísimo. En cuanto a nuestra formación académica diremos que ésta giró en torno a la Escuela de los Annales, que buscaba en todo momento la historia total. La escuela francesa de los Annales ha sido una de las corrientes más influyentes dentro de lo que se denominó, en los años cincuenta y sesenta, la nueva historia. Frente a la historia política tradicional descriptiva y empirista, acumuladora de datos y narradora de hechos únicos, acontecimientos irrepetibles y grandes hombres, la nueva historia quiso afirmarse como ciencia acudiendo a las teorías y métodos de las ciencias sociales, llegando incluso a fundirse con ellas, y buscó en los sujetos colectivos y/o en las grandes estructuras económicas, sociales y mentales, las claves para un análisis histórico de las sociedades entendidas como un todo. Esta vocación de historia total podría considerarse una de las señas de identidad de los primeros Annales. La escuela de los Annales es una corriente historiográfica fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch en 1929, que ha dominado prácticamente toda la historiografía francesa del siglo XX y ha tenido una enorme difusión en el mundo occidental. Lleva su nombre por la revista francesa Annales d'histoire économique et sociale (después llamado Annales. Economies, sociétés, civilisations, y nuevamente renombrado en 1994 como Annales. Histoire, Sciences sociales), en donde se publicaron por primera vez sus planteamientos. La «Corriente de los Annales» se caracteriza por haber desarrollado una historia que ya no se interesa por el acontecimiento político y el individuo como protagonistas típicos del trabajo de la Historiografía contemporánea, sino, inicialmente, por los procesos y las estructuras sociales, y después por una amplia gama de temas cuyo acercamiento con las herramientas metodológicas de las Ciencias sociales le permitió estudiar. El historiador en esta corriente se adhiere a un modo de escribir la historia desde el planteamiento de problemas que resolver o preguntas que contestar, postura heredada de las ciencias naturales exactas y, en segundo término, de las sociales. Además, a diferencia de la historiografía clásica, estos autores toman conciencia de que no están escribiendo sobre el pasado reproduciéndolo fielmente sino interpretándolo, partiendo de sus propios conceptos y subjetividad, así como de teorías, para escribir su versión del fenómeno histórico sobre el que trabajan. En cuanto a las fuentes, Annales amplió el abanico de recursos de los que es legítimo disponer. Si bien los documentos escritos siguen siendo un elemento muy importante en su base empírica, se incluyeron todos aquellos elementos que pudieran dar evidencia útil en la investigación. Así, la hoz habla del campesino, el vestido, de la dama o el acordeón, del músico. Se produjo historia geográfica, social, económica, cultural, demográfica, psicológica, etnográfica y política, pero esta última en un sentido distinto al clásico. La Corriente de los Annales es de trascendencia para el análisis de los estudios en ciencias sociales desarrollados en el siglo XX y dejó el camino abierto para que aparecieran una gran variedad de metodologías y enfoques dentro de la disciplina histórica. Para finales de siglo, esta atomización disciplinaria resultaría en un importante conflicto metodológico y epistemológico y en la crisis de la crítica posmoderna. Pero, sin irnos por los cerros de Úbeda, apuntaremos que cuatro historiadores, en concreto, han dejado una huella profunda en nuestro concepto de historiografía. Nos estamos refiriendo a Pierre Chaunu, a Pierre Vilar, a Fernand Braudel y a Marcel Bataillon. Pierre Chaunu fue un historiador francés, uno de los más prestigiosos hispanistas contemporáneos, ha desarrollado su labor docente en la Universidad de París-la Sorbonne. En su obra titulada Historia cuantitativa, historia serial (Fondo de Cultura Económica, México, 1987), el autor reúne en este volumen artículos y notas elaborados a lo largo de quince años, que proporcionan una visión congruente de la historia cuantitativa, disciplina que ha contribuido a reformular los datos históricos en el plano de la información estadística bajo una novedosa y estricta estructura metodológica. Su exhaustiva dedicación a la Historia Moderna y de España ha fructificado en obras tan importantes como: Histoire de l’Amérique Latine (1949); Les Philippines et les Pacifiques des Ibériques (XVeme, XVIIeme, XVIIIeme siècles) (1960-66); L’Amérique et les Amériques de la Préhistoire à nos jours (1964); Conquista y explotación de los nuevos mundos: el siglo XVI (1973); La independencia de América Latina (1973); La expansión europea: siglos XIII-XV (1977); Église, culture et société: essais sur Réforme et Contre-réforme, 1516-1620 (1981) o su fundamental La España de Carlos V (1973). Asimismo ha colaborado en obras colectivas como L’Espagne au temps de Philippe II (1965). Pero, sin duda, su obra más importante ha sido su monumental estudio en doce volúmenes Seville et l’Atlantique, 1504-1650, realizado con la colaboración de su esposa. Esta obra ha servido como guía para los estudios contemporáneos sobre el tráfico entre la monarquía hispánica y el Nuevo Continente. Asimismo Chaunu ha estudiado la trascendencia de la religiosidad en la Historia en obras como Baptême de Clovis, baptême de la France: de la religion d’État à la laïcité d’État (1996); Au coeur religieux de l’histoire(1986) o Ce que je crois (1982). Pierre Chaunu pertenece a una de las generaciones de historiadores más renovadores de la historiografía contemporánea: la de la escuela francesa posterior a la II Guerra Mundial, concentrada alrededor de la célebre revista Annales. Su profundo interés por la renovación de los estudios históricos y su conocimiento acerca de sus diversas corrientes tanto en Europa como en América Latina le han llevado a publicar trabajos de Teoría de la Historia e Historiografía, tales como: Las grandes líneas de la producción historiográfica en América Latina (1965); Les dépasséments de l’Histoire Quantitative: retrospective et prospective (1972); De l’Histoire a la prospective: la méditation du futur c’est la connaissance du présent (1975); Historia, ciencia social: la duración, el espacio y el hombre en la época moderna (1986); Historia cuantitativa, historia serial (1987); L’historienne en cet instant (1985); Histoire et décadence (1982) o La memoria de la eternidad (1979). En estos trabajos Chaunu ha plasmado su preocupación por la función social que la Historia debe desempeñar en el conocimiento y mejora de la sociedad humana. Pierre Vilar nació en Frontignan, en 1906, y murió en Saint-Palais, en el año 2003. Este historiador francés, en 1965, fue nombrado catedrático de la Sorbona. Sus investigaciones sobre historia de la economía, bajo la influencia de autores socialistas y basadas en la metodología marxista, fueron definidas por el propio Pierre Vilar como teoría de la historia total. De sus trabajos sobre historia española destacan: Historia de España (1947), Ensayos sobre la Cataluña del siglo XVIII (1975) y Cataluña en la España moderna (3 vols., 1962), su obra principal. En 1996 fue objeto de un homenaje en reconocimiento a su dilatada carrera, organizado por el Institut Joan Lluís Vives. Además, Pierre Vilar elaboró distintas tablas de precios de los siglos XVI y XVII, para dejar constancia así de la deflación que causaba la llegada del oro americano a la Península. Por su parte, Fernand Braudel nació en Lunéville-en-Ornois, en 1902 y falleció en París, en el año 1985. Aunque coincidió con Marc Bloch y Lucien Febvre en los mismos principios historiográficos y entró a formar parte de la dirección de la prestigiosa e influyente revista Annales, Braudel puso de manifiesto las limitaciones de esta escuela al desarrollar su metodología y promover el estudio de los fenómenos de larga duración (sobre todo del medio geográfico y de los aspectos económicos y sociales) con el objetivo de llegar a una "historia total", capaz de integrar todos los elementos de las demás ciencias sociales. La tesis doctoral de este Historiador francés giraba en torno a la historia diplomática y la política mediterránea de Felipe II de España. En 1947, pudo leer su tesis, que dos años más tarde se publicaría con el título de La Méditerranée et le monde mediterranéen a l'époque de Philippe II (El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II). El trabajo causó una gran impresión en la comunidad de historiadores del momento. Presentado en tres volúmenes, era un detallado análisis de un vasto ámbito geográfico (el Mediterráneo y su área de influencia) durante un largo período (la segunda mitad del siglo XVI) en el que el autor escalonó magistralmente los fenómenos estructurales, coyunturales y episódicos, aportando así un excelente análisis de conjunto. Para Braudel los fenómenos estructurales eran los que afectaban de modo más amplio y duradero la vida de las sociedades, conformando lo que él llamaba L'histoire lourdé (la historia densa o lenta). Braudel hablaba de una especie de estructura terciaria, sometida a distinta aceleración evolucionista, por la que la sociedad debía ser estudiada en relación con el medio geográfico, las relaciones sociales y las diferentes actuaciones políticas del momento. En 1951, junto a su maestro Lucien Febvre, fundó el Centre de Recherches Historiques (Centro de Estudios Históricos), lo que aseguró la publicación de varias colecciones de historia económica y social. Hasta el año 1956, año de la muerte de Lucien Febvre, fue considerado el segundo historiador de Francia. A partir de ese año su preeminencia se manifestó con la dirección de la famosa revista Annales. Economies. Societés. Civilisations (Anales. Economías. Sociedades. Civilizaciones), fundada por Lucien Febvre y Marc Bloch en 1929. En el año 1967 publicó su segunda obra importante: Civilisation matérielle, économie et capitalisme: siècles XV-XVIII (Civilización material, economía y capitalismo: de los siglos XV hasta el XVIII), estructurada en tres volúmenes. Esta obra se concibió bajo un plano completamente distinto a la anterior. Según Braudel, las culturas correspondían a un estado elemental de organización social, mientras que las civilizaciones están situadas en un peldaño más alto. El libro es la resultante de toda una serie de cursos hechos durante varios años en el Colegio de Francia. También fueron numerosas sus contribuciones de carácter metodológico, entre las que se cuentan el revolucionario ensayo La historia y las ciencias sociales (Histoire et sciences sociales: la longue durée, 1958), que abrió vastísimos y fecundos campos para la reflexión historiográfica. Asimismo, se han manejado obras de Marcel Bataillon, historiador francés que nació en Dijon, en 1895, y murió en París, en el año 1977. Los estudios de este Hispanista francés sobre textos españoles de diversos autores de los siglos XV y XVI han contribuido a renovar los estudios hispánicos en Francia. Su tesis doctoral trataba sobre Erasmo en España (1937) y ya es un clásico. En los últimos años de su vida, Marcel Bataillón volvió a los estudios sobre Erasmo y el erasmismo, dedicándole de nuevo páginas de indudable penetración y acierto. Tal fue así que, en el año 1978, se publicó póstumamente Erasmo y el erasmismo. En esta obra, además de dar una visión de conjunto admirable sobre la definición del erasmismo y su influencia en la represiva España, precisa más aún si cabe la gran deuda de Vives para con Juan Valdés, y de El Lazarillo de Tormes, o el propio Cervantes para con Erasmo de Rotterdam. El autor acaba la obra resaltando las nuevas desdichas del pensamiento erasmista en una España que se debatía entre dos reinados y dos actitudes diferentes: abierta (Carlos V), y cerrada (Felipe II). La producción bibliográfica de Marcel Bataillón es ingente además de descansar en una erudición segurísima, pero distinguiéndose, sobre todo, por la elegancia de la hechura, su composición nítida, la expresión precisa y pintoresca, de un gran valor literario por sí misma. Su posición siempre fue original, manteniéndose apartado de las influencias y de las modas que reinaban en la ciencia histórica. De toda su obra destacan los siguientes títulos más significativos, todos traducidos al castellano: Estudios sobre Bartolomé de las Casas (Barcelona, 1976), El hispanismo y los problemas de la historia de la espiritualidad (Madrid, 1977), La vida del Lazarillo de Tormes (París, 1968), El padre de las Casas y la defensa de los indios (Barcelona, 1985), Pícaros y picaresca (Madrid, 1969). Así, pues, quedaban bien claras sus enseñanzas. No obstante, en 1988, la propia revista se hizo eco en un editorial de la necesidad de una reflexión, dada la existencia de una crisis general en las ciencias sociales que se atribuía al abandono de lo que habían sido paradigmas dominantes en su época de mayor esplendor -el estructuralismo y el marxismo-, y la consiguiente incertidumbre que esa crisis sembraba en la historia. ¡Bien! De todas estas enseñanzas deriva un concepto propio, más o menos, que dice que el método, enfoque o punto de vista histórico se caracteriza por la idea de que sólo la historia permite entender adecuadamente la realidad. Sus tesis básicas son: • Sólo la comprensión del pasado permite entender el modo de ser y el comportamiento de las cosas presentes; • la realidad presente está compuesta de capas o niveles, y las más antiguas determinan a las más recientes o superficiales. Este enfoque se ha aplicado de forma diversa en varias disciplinas científicas: en geología con W.Smith; en biología permitió la aparición del evolucionismo y en psicología también permitió el psicoanálisis. En definitiva, pues, la escuela de los Annales ha sido el movimiento historiográfico más importante del siglo XX. Ciertamente ha compartido con el materialismo histórico, y con el materialismo , y con sectores neopositivistas significativos como la New Economic History, lo que se ha dado en llamar la "revolución historiográfica del siglo XX, que hoy algunos quisieran borrar de la historia de la historiografía, pero justo es reconocer la preeminencia de Annales en cuanto a organización y radicalidad en el combate contra la vieja historia historizante, positivista, acontecimental, que le ha supuesto una enorme irradiación internacional en el pasado siglo, debida también a su capacidad para generar amplios consensos asumiendo como propios enfoques como la historia social de origen marxista o el cuantitativismo neopositivista. Precisamente, la pérdida de influencia pública en los últimos años de la historia en Francia en favor de la sociología o la filosofía, tiene que ver con una desconexión con la sociedad, que ilustra lo que decíamos antes: la escuela de Annales se ha acabado junto con el siglo XX, pero, como el Cid Campeador, puede ganar todavía batallas después de muerta. Por lo tanto, no debería extrañar a nadie que nuestros relatos contemplaran datos procedentes de otras materias, como la sociología, la economía, la psicología, etc. Pues, al fin y a la postre, todo historiador es producto de una época y de una mentalidad colectiva. Y, sobre el concepto de mentalidad vamos a anotar unas palabras: Acuñado para oponerse a la clásica historia intelectual, el término mentalidad, como muchas otras propuestas de los Annales, careció de una acepción unívoca; se dejó impregnar de la influencia sucesiva de la psicología social, la etnología, la geografía y la “larga duración” braudeliana, y acabó convertido en un cajón de sastre que tan pronto remitía a una historia social -total- de las mentalidades como a un análisis estático que fragmentaba al máximo los objetos de estudio. Si durante un tiempo el núcleo de los debates en torno al concepto de mentalidad estuvo en su confrontación, por un lado con la historia intelectual o la historia de las ideas, y, por otro, con la de las ideologías en su sentido marxista, a partir de los años setenta el concepto de mentalidad ha sido confrontado y desplazado por el de cultura. La historia social de la cultura se convertía en una historia cultural de lo social muy deudora de la concepción de cultura del antropólogo C. Geertz: una norma de significados transmitidos históricamente, personificados en símbolos; un sistema de concepciones heredadas expresadas en formas simbólicas por medio de las cuales los hombres se comunican, perpetúan y desarrollan su conocimiento de la vida y sus actitudes con respecto a ésta. En definitiva, pues, esta es la teoría de la Historia que se desprende de la presente novela que hemos elaborado. Con más claridad y precisión, ¡imposible! El materialismo dialéctico, obra de Marx y Engels, considera que no existe más realidad fundamental que la materia; pero la materia no es una realidad inerte, sino dinámica, que contiene en sí la capacidad de su propio movimiento, como resultado de la lucha de los elementos contrarios (siendo la contradicción la esencia de la realidad) que se expresa en el movimiento dialéctico. El materialismo dialéctico nos propone, pues, una interpretación de la realidad concebida como un proceso material en el que se suceden una variedad infinita de fenómenos, a partir de otros anteriormente existentes. Se opone al Idealismo, (en el que el movimiento de la realidad va de la idea a la cosa y a su reconciliación); y se opone al materialismo mecanicista, al concebir la materia como una realidad dinámica. Por su parte, el materialismo histórico, obra de Marx y Engels, se propone explicar la historia desde la producción práctica de la existencia, invirtiendo la relación, tradicional en la época de Marx, entre la existencia real y la idea que los seres humanos se hacen de su existencia (o los ideales que conciben en torno a su realización). La historia no es, así, ni una colección de hechos, como parecían concebirla los empiristas, ni una sucesión de categorías, como la concebían los idealistas; tampoco el resultado de la acción aislada de los considerados "personajes históricos". La historia es el resultado del modo en que los seres humanos organizan la producción social de su existencia. CAPÍTULO SEXTO De la misma forma que hemos desarrollado la dote religiosa, consideraría un punto muy interesante si logramos traer aquí las conclusiones de mi tesina de Licenciatura. Esta fue defendida ante un Tribunal, compuesto de cinco miembros, en la Universidad de Deusto y obtuvo un sobresaliente cum laude, siendo publicada una recensión en la revista Estudios del departamento de Historia moderna. Lo mismo sucedió con el trabajo que realizó Luis Enrique, sólo que este era un año más joven que yo, por lo que fue defendido el año anterior. ¡Bien! Quiero destacar, sin embargo, que la formación clásica de Luis Enrique era muy superior a la mía. Conocía perfectamente la Grecia y la Roma clásicas, y no le resultaban extraños ni Virgilio, ni Horacio, ni nada de nada. De hecho, el término “clásico”, en el arte griego, se refiere al período que cubre desde mediados del siglo V hasta el 323 a.C., fecha de la muerte de Alejandro. Más exactamente, la era clásica es el periodo de la historia cultural europea comprendido entre el siglo VIII a.C. y el siglo V d.C. que comprende las civilizaciones entrelazadas de la antigua Grecia y la antigua Roma, conocidas juntas como el mundo grecorromano. No obstante, la figura de Luis Enrique se correspondía perfectamente con la de una persona clásica, es decir, con la que siente reverencia por la buena educación en sus relaciones con los demás. No es que estas personas sientan temor ante la posibilidad de molestar a alguien sino que dudan de que hacerlo sea constructivo y no están interesados en victorias simbólicas. Dicho de otra manera: Una persona clásica es aquella que se mantiene fiel a lo tradicional, a las reglas y costumbres establecidas, y suele ser considerada como un modelo a seguir por sus cualidades de equilibrio, orden y belleza. Una persona clásica se caracteriza por su elegancia atemporal, su sobriedad y su enfoque en la calidad y la sofisticación. Esta persona se aferra a los valores y normas establecidos, evitando la extravagancia y las tendencias efímeras, es decir, prefiere un estilo clásico y duradero, que no pasa de moda, en lugar de seguir las tendencias pasajeras. Busca la calidad en sus elecciones, tanto en la ropa como en otros aspectos de la vida, y se distingue por su estilo sobrio y refinado. En otro sentido, metiéndonos, ya, con la cuestión que nos ocupa, consideramos que es interesante anotar aquí, para situarnos cronológicamente, que el largo proceso fundacional de las Carmelitas descalzas de San Sebastián culminó oficialmente el 19 de julio de 1663, en que, con la asistencia del obispo de Pamplona, por aquel entoces D. Diego de Tejada y Laguardia, tuvo lugar la entrada a la clausura de las Madres fundadoras. Pero, remontándonos a los orígenes, hemos de aclarar que, “Vivían en la villa de San Sebastián y mediado el siglo XVII el Capitán D. Juan de Amézqueta y doña Simona de Lajust”, quienes “decidieron fundar un convento de Carmelitas descalzas”, pudiéndose situar “entre los años 1650/51 estas primeras iniciativas”. Sin embargo, el primero de ambos cónyuges, don Juan, fallecería a comienzos de 1654, haciéndolo su esposa el 31 de enero de 1657, “antes de lograr ver cumplido su devoto deseo”. Así, pues, el legado fundacional quedaba integrado por una serie de bienes que se podían agrupar en cuatro partidas, de la siguiente manera: Primeramente, nos encontramos con diecinueve escrituras de censos que importaban un total de 11.746 ducados y medio de plata y 100 de vellón, y que redituaban anualmente 65.515 reales y medio de vellón, de las que tres de ellas no producían interés alguno. En segundo lugar figuran una serie de casas, o fincas urbanas, evaluadas en 48.935reales de plata y 39.471 de vellón, y cuyos arrendamientos anuales sumaban la cantidad de 302 ducados de vellón. Además, debemos contabilizar las fincas rústicas, o hacienda raíz cuyo valor se estimaba en unos 22.000 reales de plata y 73.000 de vellón, y que devengaba al año entre 7.000 y 9.000 reales de vellón. En este punto, hemos de aclarar que, aunque dicha hacienda raíz constituía el apartado que más rentas generaba, éstas eran, sin embargo, las más fluctuables y aleatorias de las percibidas de la mencionada herencia, lo cual determinó su venta en subasta pública. Quedaba, también, un juro, situado sobre el uno por ciento de la avería de Sevilla, que debería haber supuesto, en torno a 1660, unos 153.120 maravedís anuales de intereses, aunque éstos no se pudieron cobrar en 112 años. Y, por último, tenemos que considerar el metálico hallado al hacer el inventario de los bienes de la susodicha Fundadora y el obtenido en la venta en almoneda de sus bienes muebles; partidas que suponían 99.574 reales de plata y 12.340 y medio de vellón. Podemos concluir, entonces, que todos estos caudales eran los que avalaban el cumplimiento de las mandas del testamento de Doña Simona de Lajust, en las que quedan plasmados sus deseos de erigir una nueva fundación. Sin embargo, todavía nos quedan diversos puntos por aclarar. Digamos que las fincas urbanas, o casas, suponían el 20,78 % del total invertido, generando el 14,50 % del total de réditos percibidos, y que las fincas rústicas, o hacienda raíz, representaba, en cambio, el 19,52 % del valor total en que se tasaba la susodicha herencia, produciendo el 34,992 % de los intereses totales que devengaba, Y, en este mismo sentido, el capítulo de censos importaba el 35,89 % de lo invertido, redituando el 28,44 %, mientras que el juro de Sevilla representaba el 23,79 % y sus dividendos alcanzaban el 22,12 %. Por lo tanto, colegimos de lo dicho que, el legado testado por Dña. Simona de Lajust, para la ejecución material de la Fundación y su pervivencia posterior, rendía anualmente unos 23.000 reales de vellón de intereses, de los que tenemos que descontar los 5.000 del juro de Sevilla, por encontrarse en mal estado. Pero, aunque en nuestra Tesina hemos roído hasta los huesos los avatares que sufre dicho legado, para no caer en tecnicismos y en precisiones, que son de difícil comprensión para nuestros lectores, ahora y aquí vamos a situarnos en los inicios del siglo XVIII. Es de suma importancia lo que nos dice Don Manuel Saenz Izquierdo, Vicario de la Comunidad, en el año 1711. Este, en el Libro de la Fundación, y bajo el epígrafe “De los effecttos y rentas de este Convento” nos deja la siguiente observación: - “Según el estado en que oy está este Convento de vienes temporales, así los de su primera fundación, como los que después se an adquirido, tendrá de renta anal: en censsos, juros, casas y hacienda, catorce mil reales poco más o menos, aunque algunos zenssos están en concursos y otros [son] de difícil cobranza; y será el gasto anal de diez y nueve a vente mil reales, supliéndolo la divina Providencia lo que falta con la labor de manos y caridades de los bienechores.” Como se puede advertir, los testimonios son claros: los 11.000 reales de vellón, que las religiosas percibían anualmente, resultaban ser una cantidad insuficiente para el sostenimiento de la Comunidad. Este déficit crónico se compensaba con las limosnas que las religiosas percibían y con la labor de manos, acudiendo, generalmente, a las dotes para costear las obras mayores. Al respecto Domínguez Ortiz nos aclara lo siguiente: - Las monjas “Dependían de rentas, por lo general muy mal administradas, de limosnas y de las dotes de las nuevamente integradas. La mayoría de los conventos de monjas eran pobres y no admitían más que a las que pudieran aportar una dote capaz de asegurarles un mínimum vital. Las puertas estaban abiertas para cualquier varón que se sintiera llamado a la vida religiosa. Las mujeres, en una gran proporción, no podían hacer lo mismo. Esta es la única razón de la expresada diferencia” Don Miguel de Aristeguieta al parecer, gastaría unos 30.000 escudos en la construcción de la iglesia actual, que vendrá a suplir a la antigua basílica de Sta. Ana, en la que se estableció la fundación, edificándose, a la vez, un nuevo convento adjunto a ella. Sin embargo, no todos los acontecimientos posteriores fueron tan positivos. En 1668 estallaría el polvorín del Castillo de la Mota, resistiéndose nuestro Convento, que se encontraba a sus pies, del que “cayeron todas las celdas, menos unas dos o tres, y sentidas las bóvedas de la sacristía” Asimismo, entre las numerosas contrariedades, hay que computar la pérdida que sufrirían los censos por la real pragmática de 13 de febrero de 1705, por la que sus intereses se fijaron en un 3%; o, los numerosos gastos que ocasionó a la Comunidad la guerra contra los franceses de 1719. Incluso, más adelante, tuvieron que afrontar los nuevos gastos que provocó el huracán que asoló la Ciudad, en 1775; pudiéndose añadir, todavía, a estas desgracias, el haber salido inciertos determinados créditos que se consideraron cobrables y la carestía que sufrieron los bastimentos durante todo el siglo XVIII. Aclaramos, antes de seguir hacia delante, que un juro es una especie de pensión perpetua que se concedía sobre las rentas públicas, ya por merced graciosa, ya por recompensa de servicios, o bien por vía de réditos de un capital recibido. Además, el censo es un contrato en desuso, que se constituye cuando una persona contrae la obligación de pagar a otra una cierta cantidad de dinero anual, reconociendo el capital correspondiente, y gravando una propiedad suya con la responsabilidad del dinero y del capital. El censo es a la vez un contrato y un derecho real. La manutención de un convento de clausura, en España, se basa principalmente en la autosuficiencia y en la ayuda de la comunidad exterior. Las monjas de clausura no reciben un salario y viven de la producción del convento, de donaciones y, a veces, de la venta de productos de artesanía. El detalle de la manutención es el siguiente: • Provisión de la comunidad: Las monjas de clausura suelen tener huertos, patios y otros espacios donde cultivan alimentos. • Donaciones: Reciben donaciones de fieles y de personas que les apoyan, tanto económicas como de productos. • Venta de productos: Algunos conventos venden productos artesanales, como dulces, tejidos, velas, etc. • Actividad productiva: Algunas comunidades se dedican a la producción de alimentos o a otras actividades productivas para generar ingresos. • Sostenimiento de la comunidad: Los ingresos generados se utilizan para cubrir los gastos del convento, como alimentación, medicinas, reparaciones, etc. Para hacernos una idea aproximada del funcionamiento interno de la Comunidad, vamos a transcribir aquí algunos de los artículos que conforman sus Estatutos, - “que son breve resumen de las leyes por las que se regula su vida religiosa”. Así, pues, en el artículo 40 se nos dice: - La Comunidad de Madres Carmelitas de San Sebastián, como todas las Comunidades de la Orden, se compone de dos clases de religiosas: las coristas, obligadas al rezo coral del Oficio Divino, y las legas, destinadas a ciertos oficios domésticos, como la cocina, etc., etc. Estas últimas no pueden pasar de tres en cada Comunidad y las Coristas de diez y ocho, siendo de veinte y uno el número máximo de la Comunidad. Para pertenecer a ella necesita ser admitida por la misma Comunidad y aprobada por el Prelado Diocesano. La aspirante hace al entrar en el Convento seis meses de postulantado, luego un año de noviciado y, si merece la aprobación de la Comunidad, pasa a hacer la profesión simple con votos temporales. Cumplidos tres años de votos simples y, no antes de los veinte y uno de su edad, si nuevamente merece la aprobación de la Comunidad, hará la profesión solemne de votos perpetuos. En el mismo sentido, los artículos 50, 60 y 70 rezan lo que sigue: - Art. 50: La Comunidad es autónoma en su régimen interior y sólo, para resolución de asuntos que se consignan en el código de Derecho Canónico y en las propias Constituciones, necesita recurrir al propio Prelado, que, en la actualidad, gira la Visita Canónica una vez, por lo menos, cada trienio y preside las elecciones. La Comunidad se gobierna por una Superiora local, llamada Priora, y otras tres religiosas, llamadas Clavarias, que constituyen su consejo, todas las cuales son elegidas por las religiosas capitulares, con sufragio directo y secreto. Los cargos son trienales, pero cabe la reelección. Cuando en el Capítulo Conventual se trata de elecciones, o resolución de asuntos propuestos a la deliberación de la Comunidad, tienen voz y voto todas las religiosas coristas que hayan hecho la profesión solemne. - Art. 60: Aunque las religiosas, practicando la virtud de la pobreza evangélica, viven vida modesta y económica, no renuncian al derecho de tener bienes y rentas necesarias al sostenimiento de la Comunidad. Por tanto, la Comunidad goza de la facultad de adquirir, enajenar, poseer y administrar toda clase de bienes y derechos provenientes por cualquier título gratuito u oneroso, para aceptar legados y celebrar toda clase de contratos que las leyes reconozcan a las personas jurídicas y sean necesarios para el mantenimiento de sus miembros, el sostenimiento del culto divino y demás fines de la Comunidad. Los medios con que cuenta la Comunidad, para su sostenimiento, son los bienes aportados al haber social en concepto de dotes, el trabajo personal de las religiosas, el socorro que reciben de sus familias y algunas limosnas de los bienhechores. Los bienes de la Comunidad son comunes a todas las religiosas que la constituyen, sin que ninguna de ellas, ni pariente suyo ni heredero pueda reclamar participación alguna, a ex(c)epción de los bienes dotales, caso de abandonar la Comunidad. Podrá, sin embargo, la religiosa dejar el hábito y abandonar la Comunidad, pero no sin graves causas y dispensas de la S. Sede. El fondo social, propiedad siempre de la Comunidad, será administrado, según las normas del régimen interior, por una religiosa que lleva el nombre de Procuradora, la cual habrá de rendir cuentas trimestrales al consejo, o sea, a la Reverenda Madre Priora y M.M. Clavarias. - Art. 70: La Priora, y, en su defecto, la Superiora, es la representante legal de la Comunidad, para la defensa de sus derechos y bienes, en todos los actos que correspondan a la corporación o a sus miembros, como personas jurídicas. Para acreditar su personalidad bastará el testimonio del acuerdo del consejo, refrendado por la Secretaría de la Comunidad. Por acuerdo del mismo consejo, podrá la Superiora delegar su representación, para determinados negocios, a otra persona de confianza, religiosa o seglar. Y, para concluir estas líneas, como todo comentario sobra, señalaremos, por considerarlo un detalle importante, que normalmente las dotes se imponían en diferentes censos, con cuyos intereses era con lo que propiamente subsistían las religiosas. En otro orden de cosas, a lo largo de la historia los monasterios fueron fundados principalmente por reyes, obispos o nobles. Las razones de cualquiera de ellos para fundar un monasterio podían ser su propio interés, con el fin de reservar allí un enterramiento, lo cual supondría el rezo perpetuo de los monjes por la salvación de su alma; o también para dar cobijo a una princesa viuda, soltera o bastarda, en el caso de los reyes. A veces el motivo de fundación o de protección de un determinado monasterio se debía a razones políticas o de guerra ya que muchos de ellos se situaron en lugares fronterizos de Castilla con León o con Navarra, como fue el caso del monasterio de Matallana (en la provincia de Valladolid), situado en la frontera castellano-leonesa, o el de Bujedo en la frontera castellano-navarra. Los obispos tuvieron también gran interés en la construcción de un monasterio sobre el que ejercer su autoridad, especialmente en el periodo feudal lo que garantizaba territorio e ingresos; la nobleza tenía un afán en la salvación de su alma y la de su familia, además de demostrar su gran influencia política y su gran poder al patrocinar una de estas grandes obras. Los votos monásticos (pobreza, castidad y obediencia) hacían particularmente adecuado el destino monástico de los hijos segundones, con independencia de la sinceridad o no de su vocación, que de este modo no disputaban la herencia de los primogénitos, manteniendo indivisos los patrimonios (institución del mayorazgo). Esta estrecha identificación entre clero y nobleza, ambos estamentos privilegiados, pervivió como un fenómeno de larga duración durante toda la Edad Media y la Edad Moderna hasta el final del Antiguo Régimen. Hay otros monasterios que van surgiendo por sí solos, a partir de un oratorio alrededor del cual se va formando una comunidad. Es el caso del monasterio de San Juan de Ortega que en su origen fue un humilde oratorio fundado por este santo para guardar las reliquias de San Nicolás de Bari y que la llegada de más gentes para cuidar el lugar hizo que se formara una comunidad con la necesidad de levantar las dependencias de un monasterio. O a partir de anacoretas, en algunos casos dúplices, que se dejaban guiar por alguna regla, como el Real Monasterio de Santa María de Vallbona (Vallbona de les Monges); el monasterio de Santo Domingo de Ocaña (Toledo) del siglo XVI tiene la particularidad de haber sido fundado por un vecino que quería tener cerca a los predicadores. En otro sentido, aclararemos que el “vellón” es una aleación de un metal noble (generalmente plata, más raramente oro) con otro metal no precioso (generalmente cobre o zinc). Si el metal que predomina es el de más valor, hablamos de vellón rico; caso de predominar el metal no precioso, hablamos de vellón pobre. El vellón sirvió de sustrato material para una de las monedas más populares en la España imperial: la blanca (equivalente a medio maravedí). Por otro lado, la Avería es un impuesto establecido sobre el comercio de Indias para subvenir los gastos acarreados por la protección armada del mismo. Por otra parte, el “ducado” era una moneda de oro utilizada en España hasta finales del siglo XVI y también en Venecia, Austria y otros países. Su valor era de 11 reales castellanos o 375 maravedíes. Por otra parte, el “escudo de oro” es una moneda de oro, acuñada por España desde el siglo XVI, con un peso de 3,4 gramos y valor de 544 maravedíes. Esta moneda fue utilizada en todo el Imperio español, donde también fue acuñada paulatinamente en las cecas de México, Lima y Potosí hasta inicios del siglo XIX. Hemos empleado las siguientes equivalencias: - 1 real de plata: 1,5 reales de vellón. - 1 ducado de plata: 1,5 ducados de vellón- - 1 ducado de plata: 11 reales de plata. - 1 ducado de vellón: 11 reales de vellón. Lo cierto es que las religiosas de Santa Ana y Santa Teresa tenían en su convento una pequeña huerta ubicada entre el monte Urgull y el convento. Yo, si recuerdo bien las cosas, en una ocasión me llevé un saco de plástico lleno de verdura (tomates, judías, habas). Le tenía mucho cariño a esta huerta la que fuera en otro tiempo priora de esta comunidad Mª Jesús Bereciartúa, a la que me unían unos lazos muy especiales, de gran amistad. Por lo demás, estas monjas fabricaban ciertos ungüentos, que, por ejemplo, ayudaban a la cicatrización de las heridas. Pero, sobre todo, cosían prendas, como hábitos, casullas, estolas… que utilizaban los seglares de esta Diócesis. Como hemos visto, estas monjas no nadaron en la abundancia en ningún momento. Sin embargo, no tenían ningún tipo de animal, por lo que sus rentas siempre habían sido, más bien, escasas. Todo lo demás, ya está dicho en algún momento. En ciertos momentos, Luis Enrique me atosigaba con mil preguntas de economía. Recorriendo el Parque de Aiete, por ejemplo, Luis llegó a preguntarme lo siguiente: - ¿A cuánto equivale un ducado? Respondiéndole que: - El ducado del siglo XVI y de comienzos del siglo XVII, tendría una equivalencia actual a unos 196 euros (según el precio del oro en peso en 2023 de 54.54 € por gramo de 22 K). Luis Enrique, aunque tenía un alma muy clásica, no tenía ni idea de estadística o de matemáticas, por lo que a veces me parecía un personaje venido de otro planeta. Había entrado en el Seminario de esta ciudad, pero al año se salió, por lo que no hizo la carrera de los curas. Sí fue seminarista, es decir, novicio, pero careció de la vocación suficiente para hacerse sacerdote. Como íbamos diciendo, Luis Enrique plantea lo siguiente: - ¿Cuántos euros son 100 ducados? Para contestarle, había que realizar ciertas operaciones. El ducado castellano fue una moneda de oro creada por los Reyes Católicos, con un valor de 375 maravedís (11 reales castellanos). En época de Carlos V, el escudo o corona será la moneda que represente el patrón oro, y el ducado quedará relegado a moneda de cuenta. - Cien ducados serían un millón de euros. Pero Luis Enrique no se quedaría conforme y plantearía otra interrogación: - ¿Qué significa ducado? Después de reflexionar un tanto le diría que: - Territorio o lugar sobre el que recaía el título de duque o en el que ejercía jurisdicción un duque. No obstante, Luis Enrique seguiría en su línea, como se aprecia en su pregunta: - ¿Cuántos reales era un ducado? A la que contestaría que: - El ducado castellano fue una moneda de oro creada por los Reyes Católicos, con un valor de 375 maravedís (11 reales castellanos). Apelando a otras cuestiones, Luis Enrique se sacaría de la manga su última pregunta: - ¿Qué es el Antiguo Régimen? A la que yo, Jorge, respondería en mi línea de la siguiente manera: - El Antiguo Régimen fue el sistema político, social y económico predominante en Europa desde la Edad Media hasta la Revolución Francesa, caracterizado por la monarquía absoluta, la sociedad estamental y una economía agraria. Luis Enrique era un punto y sigue. Nunca daba por finalizado un debate o, más bien, una clase magistral. El parque de Aiete, según se recuerda, es uno de esos lugares en los que reina el silencio y la tranquilidad. Paseando por sus jardines de estilo francés, rodeando el estanque con cisnes y patos, visitando su cueva y la original cascada, y adentrándonos en el bosque húmedo de árboles centenarios y sequoias de gran tamaño. Pensarás que has salido de la ciudad por lo tranquilo que resulta. La historia del Parque de Aiete se entrelaza profundamente con la del Palacio de Aiete, el cual se erige como una pieza central en este entorno verde. Construido en 1878, el palacio y sus jardines han sido testigos de numerosos eventos históricos y han servido de residencia a varios miembros de la realeza y figuras políticas. Los jardines del parque, diseñados por el jardinero real Pierre Ducasse, quien se inspiró en su experiencia en Versalles, reflejan una mezcla de estilos paisajísticos que eran populares en la aristocracia europea del siglo XIX. Ducasse albergó estanques, grutas, cascadas, praderas verdes y jardines con una flora con más de 100 especies diferentes de árboles y plantas. En realidad, cortamos esta conversación porque ahora tenemos que abrir el capítulo siguiente. CAPÍTULO SÉPTIMO Ahora, me voy a tomar un tiempo, pues voy a construir aquí mi 1ª autobiografía, pues en realidad no he dicho nada sobre mi persona. No escribiré nada sobre alguno de los personajes de esta novela, ni sobre Luis Enrique, ni sobre Jorge… Directamente soy el autor de esta obra. Esta biografía corresponde al autor de esta novela, quien les habla sin ningún menoscabo. Es decir, voy a escribir mi primera autobiografía, por una razón fundamental. Yo ya tengo 65 años, por lo que algunas de mis experiencias ya pueden ser contadas abiertamente. Además, yo ya puedo decir algo, pues mis vivencias se agolpan en mi interior. No soy el refranero castellano, pero sí un modelo a seguir. La “autobiografía” es un género que emprende el recuento de los principales episodios de unas vidas, haciéndose énfasis en las situaciones vitales importantes para el autor. Se le considera una forma de escritura que existe entre la literatura y la historia, muy próximo a las memorias, el diario íntimo y la biografía. Así, pues, se trata de una biografía o una narración retrospectiva que hace una persona sobre su existencia, de la propia vida. Hay una relación de identidad entre autor, narrador y protagonista. Como género resulta afín al “Diario” y las “Memorias”. Espero no perder mi estrella, pues sólo así llegaremos a un puerto seguro. No voy a seguir un orden cronológico, pues ya a mis años resulta más difícil de argumentar. Mi cabeza está llena de recuerdos, que no siempre siguen un orden cronológico. La cronología es una de las ciencias auxiliares de la historia, cuya finalidad es determinar el orden temporal de los acontecimientos históricos y es fundamental para la historia. Quizás, lo que pierda así en frescura, lo gane en espontaneidad. Para no perdernos en divagaciones estériles, iremos al meollo de la cuestión. Yo nací en el año 1958, por lo que ahora tengo, como ya he dicho, 66 años. Vine al mundo en San Sebastián (Guipúzcoa), por lo que soy un vasco más, ¡claro!, que no nacionalista, pues el nacionalismo atonta a las personas, haciéndoles perder su identidad. Concretamente, nací en el barrio de Gros, en la calle Marino Tabuyo. Por cierto, Marino Tabuyo Goitia fue una personalidad guipuzcoana (San Sebastián, 1860-1920). Ponente de la Comisión de Etnografía Vasca en el I Congreso de Estudios Vascos (Oñati, 1918). Alcalde de Donostia-San Sebastián entre 1910 y 1914. En sesión municipal de 19 de diciembre de 1949, el Ayuntamiento donostiarra le dedicó una calle en la capital, que comienza en la Avda. de Navarra y termina en la Avda. De Ategorrieta. Mi familia, entonces, representaba a la nueva clase media, emergente en el franquismo de los años 60. Yo no conocí ni directa ni indirectamente las cartillas de racionamiento, tan populares en los años de represión franquista. Mi madre, en mis primeros años, frecuentaba La Gota de Leche, institución netamente franquista, que proporcionaba a las madres biberones de leche, con los que atender a sus respectivas proles. Concretamente, La Gota de Leche de San Sebastián fue la segunda de España tras la de Barcelona. Se inauguró en 1903 en un pabellón del mercado de San Martín de San Sebastián y fue una iniciativa en la que colaboraron la Diputación Provincial, el Ayuntamiento de San Sebastián y las Cajas de Ahorro Provincial y Municipal. El Centro contó también con una consulta de pediatría. La leche se maternizaba y esterilizaba y la gente pobre recibía la leche gratuitamente, aunque a cambio debían llevar a los bebés a la consulta de pediatría. Mi casa no debió existir nunca, y no se podía tomar en consideración cualquier cosa que viniera de ella. Lo digo con la mente fría, de quien recapitula algunas situaciones. Mi padre no era hombre para estar casado y mi madre pertenecía a la clase acomodada, que estableció el franquismo, una niña bien. Si abordo las cosas tal y como son, mi madre ocupó mi corazón desde mi primera infancia hasta la fecha de su óbito. Pero en esas relaciones siempre había algo que las entorpecía. Yo, de niño, fui el vasco bonachón, que nunca se olvidaba de hacer los recados de la casa. Mi madre siempre se escudaba en su mal estado de salud, para apartarse del núcleo familiar. Lo cierto es que padecía un vértigo de Ménièur, enfermedad que era un problema de oído interno, que podía causar mareos, lo cual se conoce como vértigo de Ménièur, y pérdida auditiva. En la mayoría de los casos, el síndrome de Ménièur afectaba a un solo oído. Esta enfermedad puede ocurrir a cualquier edad, pero suele aparecer entre los 40 y los 60 años. En Madrid, en los últimos años se solìa cortar el nervio vestibular Se trata de una neuroctomía selectiva del nervio vestibular. Es una operación para seccionar el nervio del equilibrio (vestibular) sin alterar la audición del paciente. En Barcelona se situaba la Clínica de Antolí Candela, que en su momento operó a mi madre del oído, señalando que el nervio vestibular ya estaba cortado, por lo que se limitó a hacer un raspado del oído interno. Mi madre tomaba la Biodramina, como el goloso que come bombones. Por si esto no fuera poco, sus piernas presentaban unas acusadas várices. Las várices, también llamadas venas varicosas o varices, son venas hinchadas y retorcidas que se encuentran justo debajo de la piel. En San Sebastián, el doctor Samaniego la operó quirúrgicamente en varias ocasiones, en una de las últimas se había reventado una variz, causando un estropicio insalvable. Con esas dos deficiencias es suficiente para explicar su endeble salud física. Si a una persona especial le unes más especialidades, resulta un sujeto estrambótico, que nadie tiene en consideración. Algo así pasaba con mi madre, que se fue distanciando de sus hijos y de su marido. Me he fijado en ella, en primer lugar, porque para mí mi madre era una santa mujer, que me tenía arrebatado el seso. Le hacía muchos recados, la acompañaba en sus paseos, iba con ella al médico, etc., etc. Pero mis relaciones con ella le habían causado una espina, que no tardaría en aparecer. El primer parto de mi madre fue un desastre, el que correspondía a mi persona. Yo, en un momento del parto, me puse cianótico, acusando una aguda insuficiencia respiratoria. Pero, gracias a Dios, se superaron estos obstáculos, al menos de momento. En este parto, entre otras cosas, se utilizaron fórceps, que era un instrumento en forma de tenaza, que se usa para extraer la criatura en los partos difíciles. Ya niño, tuve la fortuna de caer enfermo (un catarro de bronquios) y de que mis padres me pusieran en manos de Germán Alorax, cardiólogo militar. Éste me veía en su casa, que estaba perfectamente equipada. Pues al tal Señor se le puso en las narices diagnosticarme un agujero de Botal. Concretamente, el foramen oval de Botal es una abertura en el tabique interauricular que durante la vida intrauterina permite el paso de la sangre desde la aurícula derecha a la aurícula izquierda. Según el Dr. Alorax, estimaba que esta enfermedad no permitía la exacta fusión de los huesos cerebrales, entre otras cosas. Él veía en mi cabeza la huella de que estos huesos habían soldado mal, preocupándose además de las arritmias, del dolor en el brazo izquierdo, etc., etc. El caso es que semejante diagnóstico fue aceptado al pie de la letra por mis queridos papás. En esta época dejé, incluso, la clase de gimnasia que se nos impartía en el colegio. Duramente, pero ya empezaban mis fracasos en la vida. Además, dicho diagnóstico determinó una conducta muy especial en mi madre. Según ella, tenía hijos normales y uno, menos inteligente y más torpe. Fueron unos años en que salía de un psicólogo, para entrar en la consulta de un psiquiatra. Sí, recuerdo en particular haberme sometido al test de Rorschach, pues lo único que recuerdo es que eran un conjunto de láminas coloreadas, de arte no figurativo; muy agradables. El caso es que este sinfín de fracasos no terminarían hasta que fui sometido a un cateterismo de corazón, en la Facultad de Medicina del Opus Dei. Sólo, entonces, empezó a tambalearse el diagnóstico que años atrás diera Alorax. Inconscientemente, volvía a formar parte del núcleo familiar. No obstante, nunca jamás volví, por ejemplo, a hacer ningún tipo de ejercicio. Así, se comprende que en la actualidad mis hábitos sean sumamente sedentarios. ¡Bien! Yo siempre he sido más o menos controlado por mi corazón, quien en gran medida ha determinado mi vida. El corazón está formado por cuatro cavidades, dos aurículas y dos ventrículos. Las aurículas están separadas entre sí por un tabique interauricular y los ventrículos, por un tabique interventricular. Entre la aurícula y el ventrículo hay una válvula llamada auriculoventricular. A las aurículas llegan las venas y de los ventrículos salen las grandes arterias. Entre el ventrículo y su salida arterial existe una válvula llamada semilunar. El corazón se divide en corazón derecho e izquierdo. Por otra parte, la circulación pulmonar o circulación menor es la que transporta la sangre no oxigenada desde el ventrículo derecho hacia la arteria pulmonar y la distribuye en los vasos capilares de los alvéolos pulmonares, donde se oxigena y emprende el camino de vuelta a través de las venas pulmonares hasta alcanzar la aurícula izquierda del corazón, completando el circuito. La función de la circulación pulmonar es asegurar la oxigenación sanguínea por la hematosis pulmonar. La circulación pulmonar más la circulación sistémica forman el sistema circulatorio. La embolia pulmonar (EP) es la obstrucción de una arteria del pulmón (arteria pulmonar) por una acumulación de material sólido transportado a través del torrente sanguíneo (émbolo), generalmente un coágulo sanguíneo (trombo) o, raramente, alguna otra sustancia. A grandes rasgos, el mal que me aqueja es que mi corazón drena el causal sanguíneo, por lo que una parte del mismo se estanca en el pulmón derecho. Pero esto ha sido así, incluso desde mi nacimiento. Por el corazón, me libré de la mili siendo sometido a examen médico en el Hospital Militar de San Sebastián (hoy sede de los Juzgados de la Ciudad) En los primeros años de matrimonio, la familia nos mudamos de Marino Tabuyo a una calle del Centro, que entonces se conocía como Hermanos Iturrino, encontrándose al lado de un cine, tal vez, el Novelti. Los hermanos Iturrino fueron fundadores de la Falange Española de San Sebastián y militantes del “S.E.U.” Por otro lado, nosotros, los hermanos constituíamos un ejército peligroso, pues éramos revoltosos y traviesos. Por entonces, la hija preferida de mi padre era mi hermana Mamen. No había follón en el barrio en que no estuviéramos metidos algunos hermanos. Las montábamos desde la misma casa, en el cuarto que siempre fue del servicio, o bien en el mismo parque de Alderdi-Eder. Los jardines de Alderdi-Eder (“lugar hermoso” en euskera) se encuentran situados frente al Ayuntamiento de la ciudad y a la bahía de La Concha, siendo una de las estampas más típicas de la ciudad. El caso es que mi madre para cascarnos utilizaba el palo de barrer la casa, y mi padre se valía de la hebilla de su cinturón de cuero. Se nos aporreaba, tanto por uno como por otro, brutalmente y sin piedad. Pero, también es verdad, que nosotros éramos más malos que la tiña y las palizas que nos echaban nos tiraban hacia delante. Estos años coincidieron con los del crecimiento económico de mi padre. El piso de Iturrinos era céntrico y estaba muy bien distribuido. Mi padre se compró un Peugeot 404, que mantuvo en acción hasta tres meses antes de su muerte. Mi madre, por ejemplo, tenía dos chicas de servicio, que la ayudaban en los cuidados de la casa. Por estos años, también, mi padre construyó la marquesina que protegía la terraza. Además, montó en plena Avda. de la Libertad una joyería, relojería y platería con el nombre de “Echeburúa”. La tienda tenía en su interior una de las mejores colecciones de bronces de San Sebastián. Pero en la tienda coincidieron Laura Monzón García y mi padre, quien no lo confesó nunca, pero fueron amantes y le dejó en su testamento 8 millones de las antiguas pesetas. Además, mi padre que no escatimaba nada en él, se marchaba frecuentemente de cacería a los montes de Toledo. Está claro que fueron amates y, no está probado del todo, pero el hijo que tenía Laura, Iñaki, no se sabía si había sido concebido por mi padre, o por el Espíritu Santo. Mi madre, a esa gitana, le prohibió el acceso al núcleo familiar, siendo lo único que sacó de ella. Por otra parte, nosotros, los hermanos, no utilizábamos La Concha; nos bañábamos y nos refrescaban en las pistas del Tenis, que contaban con una buena piscina. Mi padre le comentaría a su hermano Pedro que había amasado un pequeño capital de 50 millones de pesetas. Mi padre se montó en Amara una sociedad gastronómica para él y sus amigos. Era una auténtica pasada como entraba y salía el dinero. Tras la calle Hermanos Iturrino, mi padre se compró un piso en el edificio Continental, en la calle Zubieta, mientras él mantenía su oficina frente al mercado de San Martín, aunque allí no entramos ninguno de nosotros. El Hotel Continental fue un edificio hotelero del centro de San Sebastián, en la calle Zubieta número 22. La fachada principal daba al Paseo de la Concha y también estaba cerca del balneario La Perla. Se inauguró en 1884 en el siglo xix. Fue nombrado el segundo hotel que abrió en la ciudad a finales del siglo xix, tras la apertura del antiguo Hotel Londres y de Inglaterra (o Hotel du Palais) en 1876. Mi padre seguía permitiéndose de todo, mientras ataba corto a su esposa, a quien daba la paga mensual. Los follones y los jaleos en aquella casa no nos dejaron en paz. El comía en una mesita cuadrada que tenía en el comedor, frente a La Concha. Sus plebeyos tenían su comedor propio, el cual daba a uno de los patios interiores de la casa. Yo, en particular, no disfruté de ese piso, pues me encontraba en la Universidad de Zaragoza, haciendo Geografía e Historia. La soledad nos acorralaba por todas partes. Menos dinero y más amigos. Por otra parte, yo estudié el Bachillerato en Marianistas, al que se entraba por la mitad de la cuesta de Aldapeta. Junto con Jesuitas, eran los dos colegios mejores de Donostia. Aunque, como he dicho, no practiqué la gimnasia, esporádicamente sí participé en alguna sogatira y lanzando el peso. En Marianistas estudió también mi primo Enrique Echeburúa Odriozola. En Marianistas empecé en párvulos y terminé haciendo el C.O.U. Esos años no constituyen ningún síntoma de felicidad. WE es un itinerario de educación en el buen común, el encuentro y el cuidado de la Tierra para los alumnos y alumnas de 3 a 18 años de los colegios Marianistas. En el año 2012 los tres colegios marianistas de la zona, Compañía de María, Marianistas y Villa Belén, decidimos unir nuestras fuerzas y tradición educativa para formar el colegio que hoy somos, Aldapeta Maria ikastetxea. Este nuevo proyecto educativo, inspirado en la tradición de la Escuela Cristiana Vasca, nació para dar una educación de calidad y con valores a las generaciones del futuro. En Aldapeta Maria ikastetxea creemos que los proyectos educativos no se definen por la cantidad de actividades que se desarrollan, sino por la calidad de los ideales que los mueven y que luego, efectivamente, se concretan en una secuencia de propuestas didácticas. Apostamos por una educación integral que nos lleva a mirar a nuestros alumnos y alumnas en todas sus potencialidades de desarrollo como personas en todas sus dimensiones. Formamos parte de la asociación de colegios cristianos de Euskadi “Kristau Eskola” y de la red de Colegios Marianistas de España. En párvulos tuve dos amiguetes: Iñigo Alonso y Fernando Ayesa. Éramos unos pipiolos, que para divertirnos nos escapábamos al “BARRANCO”, una especie de talud arenoso que impedía la entrada a cualquiera. Ya en Bachillerato me uní a Múgica, a Gofer, el Pintor, y a otros. En esa cuadrilla todas las tardes acabábamos en la Parte Vieja, pues ya teníamos alguna solvencia. Los últimos años en esta institución, los recuerdo porque estudié demasiado, generalmente en Bibliotecas públicas. Se puede decir, entonces, que estuve más solo que la una, pues mi nuevo amigo Múgica pertenecía al PNV. Los nacionalismos no constituyen para mí un plato agradable. La relación con Mújica guardaba las formas en demasía, éramos hombres de Partido y teníamos tres dedos de frente. No obstante, esos años fueron los más normalizados del ciclo de Marianistas. En torno a los 17 años, mi hermano Oscar se enganchaba a mi cuadrilla, que entonces contaba con Txema Olaizola. Pero Txema era un titiritero, poco formal y serio. Se hacían mutuamente regalos y todo iba viento en popa. Además, a los 17 años formalicé mi noviazgo con Adita, a la que quise con locura. Adita, cada tres meses, se daba un garbeo por Donostia. Todavía aún no habíamos traspasado la puerta de entrada a la Universidad. Adita se hizo muy amiga de una directora de las Escolapias, creo que se llamaba Geli, y entre las dos se repartían los turnos, las chandas… Fueron años buenos para Adita, que ganó algún trofeo de tenis por dobles en Logroño. En carnaval, se disfrazó de pipicalzaslargas. Siempre que venía a Donostia se hospedaba en San Bartolomé, con las monjas del colegio, que está en la parte baja de la cuesta de Aldapeta. A los dos nos apasionaba la fotografía y siempre que estábamos juntos caía algún carrete. Oscar, mi hermano, en muchas ocasiones, nos acompañaba al uno o a la otra. No fueron especialmente años de grandes lecturas, aunque mi madre pertenecía al Círculo de Lectores, por lo que llegando a algún trato con ella no era difícil coger algún libro interesante. Adita, un tiempo después, se matriculó en la Universidad de Zaragoza, concretamente, en la Facultad de Medicina. Aprobó el M.I.R. y sacó la plaza en la Residencia Sanitaria de Segovia, de otorrinolaringólogo, por lo que vivimos juntos cuatro años en la Ciudad del Eresma y del Clamores. Fueron años tranquilos y se llevaron muy bien. Ella solía comer a base de pintxos en la Residencia Sanitaria. Y yo, personalmente, me preparaba la comida en casa. Me llamaba, me llama y me llamará la atención la suma facilidad que tenía Adita para conocer gente nueva. En su departamento era la única otorrino que estaba haciendo el M.I.R. Tenía una facilidad asombrosa de captar gente, facilidad que a mí me parecía algo inaudito. Por otro lado, en el mismo Segovia conseguí clases de latín, a una obrera que trabajaba en los montes de la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Trini estudiaba en el Colegio Universitario de Segovia, concretamente Geografía e Historia, por lo que el latín no era una asignatura troncal. En el mismo Segovia, aprovechamos tanto el tiempo que visitamos casi todos los monumentos de la Ciudad. Es más, recuerdo una excursión nuestra para ver el monasterio de Veruela. Queríamos saborear el Romanticismo, aunque predominaba la obra de Espronceda. A la tarde de ese mismo día saboreamos Tarazona. Donde íbamos con mucha frecuencia era a la Granja de San Ildefonso, pues allí los pisos eran más baratos que en la ciudad de Segovia. Adita y yo nos borbonizamos. Por otra parte, los 8 años que conviví con Adita fueron claros y no rebuscados. Adita fue mi amiga, mi compañera, aunque nuestra convivencia esconde algunos puntos conflictivos, sobre los que volveremos después. Adita y yo también convivimos en Zaragoza, que era nuestra ciudad universitaria, resultando una convivencia ideal. Adita tuvo tres amigas: Mª Luz, Viky y Pilar. Adita se abría en sentimientos, que te permitían en principio compartirlo todo. Evidentemente, las tres mencionadas fueron mis compañeras, me ayudaron todo lo que pudieron, y, en todo momento fueron imparciales. Con ellas tenía una absoluta confianza, que me permitía llevarlas agarradas del brazo como si fueran mis novias, En aquel momento, muchos pisos de Zaragoza estaban ocupados por estudiantes, por lo que se prestaban habitaciones para mantener unas relaciones sexuales sanas, que cooperaban a una mayor interiorización del entorno. La casa era propiedad de Elias, pero la amueblamos entre Adita y yo. En Zaragoza, Adita y yo fuimos el puntal de muchos pisos de estudiantes, que adquirián así nuevos colores. El primer golpe de Adita consistió en administrarme MINILIP, gracias al seguro médico de su padre, con el que Adita falsificaba las recetas médicas, Desde luego, estas centraminas me ayudaban a estudiar, pero yo les culpo de la insuficiencia renal que padezco. Me volví iracundo, desconfiado, un nervioso de pro, mi personalidad cayó en la introspección, etc., etc. Y, sobre todo, rehuía cualquier relación social. Con esas centraminas se llevaron a cabo todo tipo de negocios, más o menos limpios. Y, por otra parte, cometimos el robo de una buena biblioteca, valiéndonos de un supuesto libro que había sido enteramente vaciado. Adita todos los días llevaba una vida similar: A la mañana permanecia en casa dedicada a las labores domésticas. Comiamos y sobre las tres y cuarto de la tarde Adita comenzaba a atusarse. Para las tres y media estaba en la calle, donde permanecía hasta las nueve de la noche. Cuando retornaba a casa, todos los recados habían sido cumplidos. Un régimen de coas que se mantuvo todo el tiempo que permanecimos en la Capital del Ebro. Por otro lado, Adita se relacionaba mucho con Pilar en la localidad de Soto de Cameros. Al terminar su carrera de médico, su padre la apuntó para hacer sustituciones en los pueblos de La Rioja, utilizando las A.P.D. El caso es que le tocó Rincón de Soto, en donde conocía a los dos médicos titulares pasándose por la Farmacia, donde saludó a Ángel, el farmacéutico titular. Le firmaron un contrato de un mes, del 1 de octubre al 31 del mismo mes. Fue aquí donde Adita conoció a Paca, en un día con un calor exagerado, entre los toldos que inundaban la casa de su tía. Entre el calor exagerado, la luz en los toldos que guardaba su tía y un ardor exagerado, las dos se lo debieron pasar muy bien, en una habitación de la casa. En Rincón, Adita y yo nos lo montamos muy bien, pues aprovechamos un vacío de la consulta para funcionar en la sala de consulta. Pero, Adita tardó mucho en sacar de su conciencia la experiencia con Paca y lo hizo cuando estábamos ya asentados otra vez en Zaragoza. Lo cierto es que nuestra vida en pareja, a cuenta del mencionado incidente, se deterioró muchísimo. La desconfianza y los celos cercenaban nuestros gestos de cariño y se apoderaban inusitadamente de cualquier modo de confianza. Todo se volvió turbio, y nuestra pareja, sometida a todo este bombardeo en un sinfín de tomas y dacas, se fue al garete en muy poco tiempo. Nuestros respectivos progenitores intentarían buscar la paz de nuevo, pero yo reaccioné de muy malas maneras. Todavía pido perdón al destino por mi furibundo ataque y por la mala insidia con que arremetí contra la familia Martínez Torre. La separación matrimonial se produce cuando una pareja casada decide dejar de convivir. Esta suele ser la antesala a un divorcio, aunque bastará con una reconciliación para que la separación deje de producir efectos. Las separaciones pueden tener dos formas: Separación de hecho. El caso es que Adolfo Prego de Oliver y Tolivar, juez de 1ª Instancia del Juzgado nº2 de Segovia, sería la persona encargada, en 1983, de dar por sentada nuestra separación matrimonial, a la que se llegaría de mutuo acuerdo entre las partes. Para mí, la separación matrimonial constituyó, en aquel entonces, un fin, que, aunque consensuado, yo no acabé de digerir. El tiempo se encargaría de poner el fin a este contencioso matrimonial, que quedaría cerrado en los Autos nº 133/1983. Sin embargo, nuestro hijo, Javier, vendría al mundo el 13 de diciembre de 1982, en plena separación matrimonial. Sobre mi hijo ¡qué decir! Cuando era un niño, solía hacer numerosos viajes con él. Pero con relación a él, también me equivoqué. Yo debí de haberle dado a Adita la parte que estipuló el juez, en concepto, entre otras, cosas de alimentos, vestido, etc., etc. Yo, por aquel entonces, pensaba que Adita tenía un sueldo fuerte y sólido, al que nada iban a generar mis aportes económicos. Entonces, Adita debía comprender que mi parte lógicamente la disfrutara yo con el hijo de los dos. Y, si soy totalmente sincero, nunca aboné a mi exmujer las cantidades que el juez había fijado. Para que se me entienda diré que, el divorcio de mutuo acuerdo es aquel que se lleva a cabo cuando ambos cónyuges están de acuerdo en divorciarse, y cuando también existe acuerdo sobre los aspectos esenciales que hay que regular como consecuencia del divorcio, esto es: custodia de los hijos, pensión de alimentos, pensión compensatoria, atribución del uso… Por eso, si soy totalmente sincero, yo le debo a Adita una libertad que ha rozado todos los límites. En la actualidad, puedo decir que ella me ha dejado totalmente hacer y deshacer. No obstante, hay algo que me salva, porque yo nunca le negué nada a mi hijo. Mi hijo y yo estuvimos en Estoril (Portugal), en la Inauguración de Disneyland París, etc., etc. En otro sentido, abordaremos a continuación otros aspectos corrosivos de mi personalidad. Yo empecé a escribir poesía desde mi ingreso en la Facultad de Letras, de la Universidad de Zaragoza. Cuando nos moviamos por la escuela oficial, una vez cojido un pupitre se daba un lapso de diez minutos entre una clase y la posterior. Me llevaba un cuaderno especial, así como un buen boli. Yo me solía colocar en estas clases en los últimos lugares de la bancada, Me hacía el tonto, mientras mis versos colonizaban el papel. Mi primer estudio de poesía se tituló “Libertad; ¿poesía?” y lo saqué adelante entre el tiempo que separaba una clase de otra. Lo presenté al concurso de irún, en poesía en castellano. La Kutxa anduvo mucho tiempo detrás de mí, pero las vías de comunicación se perdieron debido al cambio constante de pisos, en los que aguantaba como máximo dos años. Yo tengo un carácter y un temperamento muy fuertes, tolerando mal los chistes. Mi vida no ha sido muy afortunada, por lo que una infinidad de sueños se han explotado. Las relaciones con mi padre han sido un desastre. Mi padre, al terminar la carrera universitaria, se escudaba en el hecho de que tenía que ponerme a trabajar inmediatamente, para así llevar algún dinero a casa .Pero ¡¡el trabajo no salía!! y mi padre se desesperaba, insultándome a destajo. Casi siempre que aparecía su madre, mi abuela Francisca, montaba en cólera, intentando que me llevara con ella. Mi abuela Francisca tenía algo que hacer para que su retoño recuperara la felicidad. El caso es que se me encerró en el caserío la friolera de ocho años. El caserío es lo más desagradable que he pasado en esta vida. Por no tener nada, mi abuela Francisca no me había dado ni la llave de entrada a semejante chabola. Entonces, para dar las clases particulares tenía que buzonear en distintos barrios. Todo lo preparaba y montaba yo mismo. Mi abuela, en una ocasión, me dejó el comedor para dar dichas clases, pero en vista del follón que monté, mi abuela preservando sus bienes también me echó, esta vez, del caserío de Herrera, que volvía a quedar enteramente en sus manos. Yo seguí buzoneando, pero ya en adelante tenía que impartir mis clases en las casas de mis alumnos, lo cual el problema logístico era evidente. Por otra parte, en Herrera yo no tenía nada que hacer. Me aburría como un tonto, aunque mi abuela intentó bajarme a la huerta para plantar tomates. Tenía, además, media docena de gallinas y, en épocas pretéritas, tuvo una pareja de cerdos. La amona hablaba perfectamente el euskera, su castellano adoptaba el estilo indio (por ejemplo, tú querer pilete). La abuelita Paz era del PNV y sus juicios contradictorios eran una burla. Si la abuelita Paz, por casualidad, adoptaba el euskera en una conversación conmigo, yo en la misma conversación adoptaba el latín. La buena Señora juraba en euskera como un animal prefabricado. Fueron 8 años terribles, sin conversación verbal, sin sentimientos, etc.,etc. En realidad, yo aprendí fotografía con Manolo Villa y con su socio Agustín. Un día, mirando los anuncios del periódico, di con uno verdaderamente chocante. Ya desde el principio Manolo comía aparte del grupo. Éste había conquistado a Marìa Luisa, una vecina de Pasajes Antxo, y generalmente comían juntos. Este trabajo no llevaba el contrato, por lo que el trabajador no tenía ningún derecho (por ejemplo, al subsidio de desempleo), No era mi caso, pero la Guardia Civil y todos los camorristas del país conocían a la perfección nuestros movimientos. Ésta era una empresa que traía de cabeza a los inspectores de trabajo o de hacienda. La idea era una perfecta tontería. Pero generaba grandes ingresos. Pues todo el juego consistía en hacer una buena foto a un niño, a un menor de edad. Pero poniendo la parada, todo el mundo venía a ese punto para cualquier consulta. Con esta empresa de fotografía permanecí medio-agarrado la friolera de diez años. Cuando la empresa se disolvió metí las manos a los bolsillos, y caminé tranquilo. Era la Cueva de Alí-babà y los 40 ladrones. Sorpresas, todos los días nos levantábamos con una, ocurriendo otra al acostarnos. Fueron realmente unos años salvajes, en los que, por ejemplo, nos duchábamos una vez por semana, generalmente, los sàbados a la tarde. Aunque yo intentaba pintar el panorama de otro color, la realidad se imponía a lo bruto, El vicio de Manolo eran las máquinas de jugar, en un bar, por ejemplo, en las tragaperras. El vicio de María Luisa era el alcohol, empezando por el vermuth, siguiendo la ginebra, muchos gym tonic, etc., etc. Se puede decir que el vicio puede ser el quid de la cuestión. En una de las entradas a Canarias, por ejemplo, nos esperaba la Guardia Civil, que cuando nos vieron solos fueron capaces de preguntarnos: - Ustedes no portan nada extraño. Respondiéndoles: - No, no llevamos nada que declarar. Se dieron la vuelta los números, y mis queridos amigos llevaban un arsenal impresionante. Hablando de otras cosas, yo voy a un centro de Salud Mental, pues padezco según mi psiquiatra un trastorno bipolar, que, por si acaso, me ha dado algunos sustos. He estado hospitalizado en varias ocasiones. Pudiéndose decir del mismo, que el trastorno bipolar se mueve entre la depresion y la manía. Es un trastorno del estado del ánimo, es una enfermedad crónica y recurrente que se manifiesta principalmente por episodios alternantes de sintomatología depresiva (episodios depresivos) y periodos de exaltación del humor e incremento de la vitalidad (episodios maníacos o hipomaníacos). El trastorno bipolar comienza a manifestarse típicamente en la adolescencia, 3ª o 4ª década de la vida. El primer episodio puede ser maníaco, depresivo o mixto lo que conllevará a que este trastorno debute con una determinada sintomatología. En general, los episodios maníacos predominan en la juventud e inicio de edad adulta y los episodios depresivos predominan en edades más avanzadas, aunque se han descrito primeros casos de manía por encima de los 65 años. Yo, evidentemente, tomo todos los días tres tandas de medicación, que me tienen bien equilibrado y ausente de cualquier síntoma. Esta minusvalía me permitiría entrar en GUREAK, que es un grupo empresarial de economía social que inició su actividad en Guipúzcoa, y que se vio impulsado por la Asociación Guipuzcoana en favor de las personas con discapacidad (Atzegi). Fue fundado en 1975 y está formado por sociedades mercantiles sin ánimo de lucro y diversificadas en el campo de la industria, servicios y marketing. Ofrece servicios integrales en diversos mercados con el fin último de generar oportunidades laborales y potenciar la inclusión sociolaboral de personas con discapacidad. Este grupo empresarial surgió como respuesta a una inquietud de padres y madres que formaban parte de Atzegui y no sabían qué harían con sus hijos una vez terminada su etapa escolar. En los inicios del año 2023 trabajaban 6.000 personas, el 84% de las cuales tenía alguna discapacidad. Hasta el año 2023 generaban un volumen de negocio superior a 240 millones de euros. Los socios principales son las más importantes instituciones de la provincia: - 32,19%, Asociación Guipuzcoana de personas con discapacidad (Atzegi). - 20,12%, Diputación Foral de Guipúzcoa. - 19,88%, Unión. - 19,15%, Fundación Kutxa, - 4,51%, Ayuntamiento de San Sebastián. No obstante, Gureak es un grupo empresarial vasco que genera y gestiona oportunidades laborales estables y convenientemente adaptadas a las personas con discapacidad, prioritariamente para personas con discapacidad intelectual en Gipuzkoa. Gureak es un grupo sólido y diversificado con presencia principalmente en los sectores de industria, servicios y marketing. Nuestros negocios y actividades son competitivos y persiguen las más altas cotas de rentabilidad social y eficiencia en la gestión. En sus más de 40 años de trayectoria y con cerca de 6.000 trabajadores, Gureak ha constituido un modelo empresarial de inclusión sociolaboral que hoy es referente en Europa por el equilibrio entre su competitividad y altas cotas de autofinanciación, y su apuesta por el desarrollo sociolaboral de las personas con más necesidades de apoyo. Pues, ¡bien! Aquí estuve trabajando la friolera de 9 años, en unas condiciones un tanto deplorables. Los sueldos son verdaderamente ridículos y están muy por debajo de cualquier mercado laboral. Además, herramientas brillantes como la autopromoción funcionan verdaderamente mal. Y, voy a acabar esta autobiografía, volviendo a la figura de mi padre. Lo dejamos retirado en el edificio Continental, de la calle Zubieta. Si hay que hacer algo de justicia a los atacados por el terrorismo ésta sería, por lo menos, recordarlos en todo momento. Mi suegro se llamaba Elías y siempre fue un objetivo de la banda. En una ocasión, le llamaron a Elías desde la Comisaría, para que realizara un servicio. Pero Elías era un quejique nato y al recibir la llamada se puso a toser como un desesperado. El caso es que echaron mano de otro. Pues, bien. En la calle Laurel de la Senda de los Elefantes, la E.T.A. los estaba esperando y fueron asesinados los tres polis. Elías ni se inmutó y no fue al funeral. Pero a Elías lo cazaron ya muy mayor y le pusieron una bomba. No lo sé porqué Adita y su familia reaccionaron frente a mí como si fuera un perfecto desconocido. A mí se me dijo que había muerto de un cáncer de estómago. Elías fue uno de los grandes estigmas de las dos familias. Q Pero, por otra parte, mi padre fue buscado en Euzkadi hasta debajo de las piedras, El suelo donde ahora se establece Arco Amara, era propiedad de mi padre. Según él, Soto, concejal de H.B., le dijo textualente: - “Cualquier muro que se eleve del suelo 50 cm será inmediatamente volado por la Organización” Mi Padre, entonces, metió a la familia en un coche y salió para Aranda de Duero, donde permaneció 10 años. Aquí, la grandeza de mi padre ya estaba por los suelos. Edificó 60 viviendas que eran VPO, constituyendo la primera vez que mi padre se acogía a semejantes medidas. Pero mi padre, que no era un hombre muy despierto, se dedicó a mandar a San Sebastián las ganancias que obtenía en Aranda, Además, para no llevarnos la contraria a nadie, se dedicó a jugar con Laura, su secretaria. En Aranda, una comisión de vecinos, que pretendía esos dineros, armaba los grandes ciscos en la oficina de mi padre. El mismo se llamaba Ramón y murió en el Hospital Aránzazu de San Sebastián, de un coágulo cerebral, que empezó su labor destructora en el intestino. Coincidí en el funeral con mi primo Aitor y éste muy delicadamente me dijo: - “A tu padre el whisky le gustaba demasiado”, Y, sí, sí, Aitor no había disimulado sus sentimientos ni un ápice. Cuando murió, Ramón tenía 62 años. Todas mis publicaciones se pueden consultar en la dirección electrónica de mi blog, que es: http://ignacioecheburua.blogspot.com/ Yo tengo dos correos electrónicos que son: ignacioecheburua@gmail.com/, ignacioecheburua@yahoo.es/ CAPÍTULO OCHO Yo tuve una estupenda amistad con las Carmelitas de la Parte Vieja, aunque yo solía estar generalmente con Mª Jesús Bereciartúa. Asistí al convento movido por los documentos antiguos que custodiaban las paredes de alguna habitación. Efectivamente, este convento guardaba documentación muy pretérita e, informándome bien, decidí hacer un estudio socio-económico a través de la dote. Sus religiosas eran maravillosas, me ofrecían pastas y vino dulce, además de un conjunto de documentos muy potente. Tres años estuve asistiendo al convento, no existiendo nada particular que contar. Las carmelitas, en cambio, no consiguieron nada para erradicar mi descrédito, para atajar la poca fidelidad que mostraba, por ejemplo, por la fe cristiana. Ellas seguían llevando una vida rutinaria y muy monótona. Mi ateísmo era cosa dura, pues no se extinguía así como así. Puedo decirlo, aunque parezca un anacronismo. Pero decidí intentar hacer una tesis Doctoral utilizando otra documentación que también se custodiaba en dicho convento. Pero los posibles proyectos se adaptaron muy mal a las tropelías de la realidad. De todas maneras, las visitas continuaron sucediéndose. Concretamente hasta la muerte de una monja que había sido el baluarte de la fundación, la ya conocida Mª Jesús. El convento de Santa Teresa de San Sebastián se construyó sobre la basílica de Santa Ana, cuyos orígenes se remontan al siglo XIII. En 1660 la Orden de las Carmelitas Descalzas se pudieron instalar y fundaron el nuevo convento de Santa Ana gracias a la herencia de Juan de Amézqueta y Simona de Lajust. Dicho lo cual, paso a reunirme con mi amigo íntimo, Luis Enrique Rodríguez San-Pedro, con quien compartiría un diálogo y, además, un paseo. Hoy, nos vamos a mover en el Paseo Nuevo, enfilándolo a la altura de la Sociedad Fotográfica de Guipúzcoa. Dando los primeros pasos, Luis Enrique interviene machaconamente, preguntando lo siguiente: - ¿Qué significa la palabra juro? Como siempre, le contesto apresuradamente: - Afirmar o negar algo, poniendo por testigo a Dios, o en sí mismo o en sus criaturas. Pero Luis Enrique está dispuesto a darme el día, por lo que formula la segunda pregunta: - ¿Qué significa un juro? Yo, Jorge, respondo inmediatamente: - Un juro no puede considerarse un título, sino más bien un certificado. Era un papel por el que se definía un privilegio a favor de la persona citada en él. La pregunta de Luis no se hace esperar: - ¿Qué es pagar un censo? La cual es contestada de forma inmediata por Jorge: - Un censo, en el sentido usado en la España de esos siglos, no era sino una renta anual derivada de una operación de crédito, de un préstamo, y cuyo pago se aseguraba afectándolo a un bien inmueble. Se plantea otra noción, pero Luis Enrique plantea su obligada interrogación: ¿Cuánto es un maravedí? Atino en la respuesta: - El resumen es que 1 maravedí viene a ser, aproximadamente, 10 céntimos de euro. Haciendo equivalencias con las monedas: Un Real (34 maravedís) es 3,4 euros, un Ducado (375 maravedís) 37,5 euros y un Escudo (que son unos 400 maravedís) 40 euros. Ahora le toca chanda a Luis Enrique, quien plantea: - ¿Qué quiere decir maravedís? Contesto al vuelo: - MMoneda española usada de 1172 a 1854, que inicialmente fue de oro y pronto pasó a ser unidad de cuenta cuyo último valor fue 1/34 de real. - oneda española usada de 1172 a 1854, que inicialmente fue de oro y pronto pasó a ser unidad de cuenta cuyo último valor fue 1/34 de real. - Moneda española usada de 1172 a 1854, que inicialmente fue de oro y pronto pasó a ser unidad de cuenta cuyo último valor fue 1/34 de real. - Moneda española usada de 1172 a 1854, que inicialmente fue de oro y pronto pasó a ser unidad de cuenta, cuyo último valor fue 1/34 de real. Toma posición Luis Enrique preguntando: - ¿Qué era el maravedí español? Jorge responde que: - El maravedí fue una antigua moneda española que se originó como una moneda de cuenta en la península ibérica en torno al siglo XI. Inicialmente, no era una moneda física, sino una moneda de cuenta utilizada para realizar cálculos y contabilidad. Seguidamente Luis Enrique se ofusca, aunque plantea otra pregunta: - ¿Cuánto vale un maravedí? Mi respuesta no se hace esperar: - 1 maravedí de vellón=0,20 euros. Nuestra charla económica de hoy ha tocado su punto y final. A continuación nos concentraremos exclusivamente en nuestro paseo. El Paseo Nuevo es una emblemática vía peatonal que bordea el tramo costero a los pies del Monte Urgull ofreciendo unas vistas espectaculares del mar Cantábrico. Este paseo conecta el final de la calle Aldamar, rodea todo el monte Urgull, pasa por el puerto y finaliza en la trasera del Gran Casino –el Ayuntamiento de nuestros días-. La construcción se llevó a cabo entre 1916 y 1919. En definitiva, el Paseo Nuevo es testigo de la interacción entre el mar y la ciudad, consolidándose como uno de los lugares más emblemáticos de San Sebastián. Desde allí, en uno de sus recodos, en los que forma una gran explanada, ya casi lindando con el Puerto, se pueden ver los gabarrones y la isla de Santa Clara. Aclaramos, no obstante, que los gabarrones son estructuras flotantes de recreo que nuestro Ayuntamiento despliega en la Bahía de La Concha entre mediados de junio y septiembre. Están fabricados de plástico y, hasta los año 70, eran de madera y metal. El primer gabarrón lo instaló el Real Club Náutico de esta ciudad y perduró entre 1896 y 1905. A partir de 1928, fue el Ayuntamiento el encargado de su instalación y mantenimiento. Por otro lado, la isla de Santa Clara es un islote, que se encuentra junto a la ciudad, situada en el centro de la bahía de La Concha, de 5,1 hectáreas de superficie y que alcanza 48 metros de altitud, siendo bastante escarpada debido a sus reducidas dimensiones. No hemos pretendido otra cosa que dar a conocer, aunque sea someramente, uno de los muchos paseos de San Sebastián, en el que yo y Luis Enrique perdíamos nuestras almas. En algunas ocasiones, buscábamos las riberas del río Urumea; en otras, nos adentrábamos en alguno de los parques de esta maravillosa ciudad. Dichos paseos permiten la reflexión, lenta y pausada, y muchísimas de nuestras conversaciones. En otro orden de cosas, en capítulos anteriores nos hemos centrado en el planteamiento de la clausura, pero nuestro razonamiento va más allá, desprendiéndose múltiples consecuencias como la de la libertad religiosa. La libertad religiosa es el derecho a profesar las ideas religiosas y a practicar el culto que cada uno quiera, o a no practicar o profesar ninguno. La libertad religiosa tiene por objeto la fe y la práctica de la religión, y hace referencia a una libertad o inmunidad de coacción respecto a los demás ciudadanos y a los poderes públicos. Forma parte de una categoría más amplia que es la libertad de pensamiento, esto es, el derecho que tiene todo ciudadano de poseer sus propias ideas y juicios sobre las distintas realidades del mundo y de la vida. Por tanto, dentro de la genérica libertad de pensamiento se engloban no sólo la libertad religiosa, sino también la libertad de conciencia, o sea el derecho del individuo a actuar de acuerdo con su juicio moral y la consiguiente inmunidad de coacción frente al Estado. Según la actitud que el Estado asume frente a esta libertad, hallamos el criterio para determinar el carácter totalitario o no del mismo. A lo largo de los siglos XVI y XVIII se produjeron grandes cambios, entre ellos la separación Iglesia-Estado, la Revolución Americana y la Revolución Francesa, lo que desencadenó un nuevo modelo de Estado. Esa transformación se debió en gran parte a la lucha por el reconocimiento de la libertad de creencias de los individuos, o lo que es lo mismo, a que cada uno pudiera elegir o no las creencias religiosas que estuviesen más en consonancia con sus propias convicciones. Tras un período de persecuciones fundadas en cuestiones religiosas, muchos ciudadanos europeos emigraron a tierras americanas con el propósito de intentar encontrar allí un reconocimiento a sus propias creencias. Todo ello provocó que en el año 1649 se aprobara el Acta de Tolerancia de Maryland, en la cual se reconocía el libre ejercicio de la libertad religiosa y la prohibición de que se obligara a alguien a asumir unas creencias que fueran en contra de su conciencia. Dicha libertad quedó recogida y garantizada en las declaraciones y constituciones de vocación universal: las primeras que lo plasmaron fueron la Declaración de Derechos Norteamericana (1776) y la Declaración Francesa de los Derechos del Hombre (1789), en las cuales se estableció la libertad religiosa para todos los ciudadanos por igual y se reconocieron las ideas y creencias como un ámbito inviolable de la persona. Con posterioridad ha sido recogida y regulada en la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948), el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) y la Declaración sobre la eliminación de todas formas de intolerancia y discriminación fundadas en la religión o las convicciones (1981), entre otras normas internacionales. La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) reconoce el derecho de toda persona a la libertad de pensamiento, conciencia y religión. Este derecho incluye el tener o no tener una religión o creencia, y por tanto el poder cambiar de religión o creencia; también recoge su texto el derecho de manifestar la religión o la creencia a través de la enseñanza, la práctica, el culto o la observancia. Este derecho abarca tanto el aspecto individual como el colectivo, así como el ámbito privado o público (art. 18/DUDH). Lo que se quiere regular es la radical convicción personal, cualquiera que sea su origen o contenido, a la vez que destacar que la libertad de creencias es una libertad pública reconocida y garantizada. Lo que se constata en el Preámbulo de la Declaración, al reconocerse una libertad de creencias, es la protección de las libertades basadas en una religión o en un sistema ideológico, filosófico o ético. Así se garantiza una única libertad pero con diversas manifestaciones; se quiere amparar la libertad de elección de la propia cosmovisión o concepción de la vida, garantizando el conjunto de creencias religiosas o creencias de origen filosófico, ideológico, etc. Observamos que en este caso, como en otros textos legales, para hacer mención al derecho de libertad religiosa se han utilizado un variado número de términos: pensamiento, conciencia, religión, creencias, convicciones etc., y ello para abarcar del modo más amplio y general las distintas manifestaciones religiosas, filosóficas e ideológicas, resumiendo tanto las convicciones teístas como las no teístas, procurando que el derecho protegido comprenda, sin limitaciones, la autodeterminación personal en el campo de las ideas y creencias. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos ha llegado más lejos, distinguiendo dentro del derecho de libertad religiosa tanto el hecho de tener una religión como la libertad de manifestarla. Señala que el primero es un derecho absoluto e ilimitado que se encuentra dentro del ámbito inviolable de la autonomía y autodeterminación personal, mientras que la segunda tiene una proyección social, siendo una libertad limitada por el orden público y los derechos y libertades fundamentales de los demás. Dentro del Derecho comunitario hay que mencionar el Tratado de Amsterdam, de 2 de octubre de 1997, que reconoce el derecho a las libertades anteriormente expuestas. Además, la Unión Europea ha adoptado el criterio de respetar las confesiones religiosas, haciendo compatible la libertad religiosa con la confesionalidad o laicismo estatal. En el régimen jurídico español, la Constitución de 1978 (CE) reconoce y protege los derechos y libertades en materia religiosa, tanto a los individuos como a las colectividades, mediante una serie de preceptos inspirados en el espíritu de libertad. Entre ellos, se encuentra reconocido como un derecho fundamental la libertad religiosa en el artículo 16.1, que garantiza dicha libertad a los individuos y a las comunidades sin más limitaciones en sus manifestaciones que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley. En desarrollo de este derecho fundamental se publicó en 1980 la Ley Orgánica de Libertad Religiosa (LOLR), y ello en razón de que el artículo 81/CE dice que el desarrollo de los derechos fundamentales y de las libertades públicas debe ser realizado mediante leyes orgánicas. Esta Ley vino a sustituir a la de 1967, que subordinaba la libertad religiosa a la confesionalidad del Estado, y que diseñaba una confesión religiosa a la que debían adaptarse todas. La Ley Orgánica de Libertad Religiosa sienta las bases de un régimen jurídico en el Derecho español, con normas comunes a todas las confesiones y reconociendo su personalidad jurídica en el ámbito civil una vez inscritas en el Registro de Entidades Religiosas que se ha creado para tal efecto en el Ministerio de Justicia. De esa forma, y una vez alcanzado tal reconocimiento, pueden suscribir acuerdos o convenios de cooperación con el Estado, siempre que cumplan los requisitos de haber alcanzado un determinado número de creyentes y un notorio arraigo en España. Las confesiones están sometidas a la LOLR, que les concede plena autonomía para establecer sus propias normas de organización, e indica asimismo que se podrán extender a las confesiones con las que existan acuerdos los beneficios fiscales previstos por el ordenamiento jurídico general para las entidades sin fin de lucro y demás de carácter benéfico. El texto legal, dividido en ocho artículos, dos disposiciones transitorias, una disposición derogatoria y una disposición final, garantiza la igualdad y la no discriminación por motivos religiosos, así como el no poder ser coaccionado por tales motivos. También reconoce el derecho de toda persona a profesar las creencias religiosas que libremente elija o no profesar ninguna, cambiar o abandonar la que se tenía, practicar los actos de culto y recibir asistencia religiosa, conmemorar sus festividades, celebrar sus ritos y recibir sepultura digna de acuerdo con sus propias creencias. Garantiza asimismo la enseñanza e información de las confesiones, el derecho de reunión y las manifestaciones con fines religiosos. La libertad religiosa tiene como únicos límites la protección del derecho de los demás al ejercicio de sus libertades públicas y derechos fundamentales, así como el orden público protegido por el ordenamiento, a través de la seguridad, la salud y la moral pública. La protección jurídica de la libertad religiosa se manifiesta en una serie de garantías institucionales y una especial tutela judicial y penal. Así, cabe resaltar que el artículo 16/CE no puede ser suspendido en los supuestos de declaración de estado de excepción. Además de la LOLR, existen otras leyes reguladoras que protegen la libertad mencionada, entre las cuales podemos citar las siguientes: Ley Reguladora del Derecho a la Objeción de Conciencia y de la Prestación Social Sustitutoria, leyes relativas al derecho a la educación, leyes de la protección de la intimidad personal y familiar, etc. En cuanto a las garantías jurisdiccionales, hay que mencionar que son las correspondientes a cualquiera de los derechos fundamentales, sin dejar de mencionar las garantías parlamentarias y el recurso ante el Defensor del Pueblo. En suma, por lo tanto, la libertad religiosa o libertad de culto es un derecho fundamental que se refiere a la opción de cada ser humano de elegir libremente su religión, de no elegir ninguna (irreligión), o de no creer o validar la existencia de un Dios (ateísmo y agnosticismo) y ejercer dicha creencia públicamente, sin ser víctima de opresión, discriminación o forzar su cambio. Este concepto va más allá de la simple tolerancia religiosa que permite, como una concesión graciable, el ejercicio de religiones distintas a la impuesta oficialmente, en situaciones de confesionalidad del Estado propias del Antiguo Régimen. En las democracias modernas generalmente el Estado garantiza la libertad religiosa a todos sus ciudadanos, pero en la práctica la elección del credo está dado generalmente por costumbres familiares y sociales, asociándose frecuentemente ciertas sociedades a ciertas religiones. Además las situaciones de discriminación religiosa o intolerancia religiosa siguen siendo muy frecuentes en distintas partes del mundo, registrándose casos de intolerancia, preferencia de una religión sobre otras y persecución a ciertos credos o a quienes no siguen ninguno. La libertad de culto o libertad religiosa originalmente nace identificada con la libertad de conciencia, sin agotarse esta en aquellas. En efecto, la asociación entre moral y religión instrumentalizada en el derecho, lleva a la identificación del problema de la imposición jurídica de la religión con la afectación de la reserva de la libertad de conciencia de parte de todas las personas. Lo anterior se manifestó en la consagración por parte de las colonias angloamericanas, por ejemplo Rhode Island, de la reserva de la libertad de conciencia frente a la legislatura temporal. Sin perjuicio de lo anterior, la libertad de conciencia actualmente rebasa dichos límites, hacia cuestiones como los presos de conciencia o la desobediencia civil. CAPÍTULO NUEVE Yo, desde luego, no entré en la clausura del convento de Santa Teresa. Las monjas me pasaban los libros y documentos a través del torno. Había una ingente cantidad de libros y papeles, que en la actualidad descansan en el Seminario diocesano, donde son bien cuidados. En el convento se guardó y conservó, durante siglos, un rico archivo. Los primeros documentos eran del siglo XVI, y correspondían a la familia de la fundadora Simona de Lajust y su marido Juan de Amézqueta. Es de notar que, aunque las monjas tuvieron que salir del convento en varias ocasiones por las guerras, nunca abandonaron a su suerte el archivo, sino que lo pusieron a buen recaudo, trasladándolo u ocultándolo. En las remodelaciones de 1990 se habilitó para su documentación un cuarto en la torre. Por otra parte, el Archivo General de la Orden de Carmelitas Descalzos se encuentra en el Convento de San Hermenegildo de Madrid. Este archivo alberga documentos de la Congregación Española de Carmelitas Descalzos, incluyendo información sobre sus fundaciones y misioneros. Además, se ha creado una página web para facilitar el acceso a los documentos y herramientas de investigación. El Archivo General de la Orden de Carmelitas Descalzos es una fuente importante para la investigación histórica y religiosa, especialmente sobre la Orden y sus fundaciones. El archivo cuenta con documentación de la Congregación Española y también con información sobre la antigua Provincia de San José de los Carmelitas Descalzos de Cataluña y Baleares. Para facilitar el acceso a los documentos, el archivo ha creado una página web con un reglamento, calendario, formularios para peticiones de acceso y fotografía de los documentos. También están disponibles para consulta en línea dos publicaciones importantes, el "MONASTICON" y el "NOMENCLATOR MISSIONARIUM". El archivo está trabajando en la digitalización de su colección y la creación de una sección "WikiCarmel", que servirá como un banco de datos sobre la historia de la Orden. En definitiva, en el Convento de San Hermenegildo de Madrid se conservaba el Archivo General de la Congregación Española de Carmelitas Descalzos Buena parte de este archivo, con motivo de la francesada y luego de la desamortización de Mendizábal (1836) fue a parar a diversos depósitos nacionales o particulares (Biblioteca Nacional, Archivo Histórico Nacional, Soto de la Marina…), y una parte muy importante ingresó en el Convento de Burgos. El Convento de San Hermenegildo de Madrid era la Casa General de los Carmelitas Descalzos de la Congregación Española (existente ésta desde 1600), y en él vivía el P. General, representante de toda España, Portugal y Nueva España (México), con los Definidores Generales, uno de cada provincia religiosa. Las Provincias OCD antiguas eran en 1600: Castilla la Vieja (titular S. Elías); Andalucía (titular el Santo Ángel); Portugal (titular S. Felipe); Nueva España (titular S. Alberto); Castilla la Nueva (titular el Espíritu Santo); la Corona de Aragón (titular S. José); más tarde, en 1685, bajo el mandato de un General catalán, éste promovió la división de la provincia de la Corona de Aragón en dos: Cataluña por un lado (con su noviciado de Barcelona y su Santo Desierto del Cardó, en la diócesis de Tortosa), y Aragón y Valencia por otro (con su noviciado de Zaragoza), formando sendas provincias: la de S. José de Cataluña (quedándose con el titular primigenio) y la de Aragón y Valencia, con un nuevo titular: "Santa Teresa de Jesús" -puesto que ya había sido beatificada en 1614 y canonizada en 1622)-; y como esta nueva Provincia no tenía "Santo Desierto", buscó fundar uno, el que hoy conocemos como "Desierto de Las Palmas" (en la diócesis de Tortosa hasta 1960). También Andalucía era una sola provincia y luego se partió en dos (la Alta [titular S. Ángelo, mártir] y la Baja). Ya en el siglo XVIII, la provincia de S. Joaquín de Navarra se desgajó de Castilla la Vieja; y, por último, la más joven de todas: una parte de Castilla la Nueva se creó como provincia de Santa Ana de Murcia, de corta duración, apenas un siglo, por la desamortización y la consecuente enajenación de los conventos. Este convento de San Hermenegildo fue derribado en 1870, sobreviviendo la Iglesia que se reformó en la de San José (al inicio de la Gran Vía). Índices de Descripción • Órdenes y congregaciones religiosas • Carmelitas Descalzos • Conventos Según lo que recuerdo, en el Archivo de las Carmelitas descalzas destacaba, sobre manera, el Libro de las Fundaciones, que es obra de santa Teresa de Jesús. Este Libro contiene el relato de viajes y nuevos Carmelos fundados por santa Teresa de Jesús. Es el «libro de la Santa andariega«, que recorre en carromato los caminos de Castilla, La Mancha, y Andalucía. Escrito sobre la marcha, por entregas, a medida que va fundando. Lo empieza en Salamanca, 1573, y lo culmina en Burgos, un par de meses antes de su muerte. Por el vivaz relato teresiano desfila todo tipo de personajes, desde el rey y los obispos, hasta los arrieros y trotacaminos, pasando por superiores, amigos y opositores. Así como la vida social y religiosa de su tiempo. Está presente y comunicativa, sobre todo, ella, TERESA, siempre al habla con el lector. Pero como protagonista indiscutible de todo: Dios. Destaca también el Libro de Visitas Canónicas. En el contexto de la Iglesia Católica, una visita canónica es la inspección que un superior eclesiástico realiza a personas o lugares bajo su jurisdicción para asegurar el cumplimiento de las leyes y normas de la Iglesia, manteniendo la fe y la disciplina, y corrigiendo posibles abusos. La persona encargada de esta visita se llama visitador. La visita canónica tiene como objetivo verificar el cumplimiento de las normas y costumbres religiosas, asegurando que se respeta la fe y la disciplina dentro de la comunidad. Si se detectan abusos o incumplimientos, la visita canónica permite tomar medidas correctivas y aplicar los remedios necesarios. Este proceso ayuda a mantener la unidad y el orden dentro de la Iglesia, asegurando que se siguen las prácticas y normas establecidas. Además de la supervisión, la visita canónica puede incluir un acompañamiento y animación a las comunidades, buscando fortalecer la fe y el compromiso religioso. A través de la visita, el superior puede conocer de primera mano la realidad de las comunidades y centros, lo que le permite tomar decisiones más informadas y adecuadas. En muchas órdenes religiosas, la visita canónica es un momento de reflexión y diálogo entre el gobierno general y las comunidades, buscando fortalecer la unidad y el carisma. Se menciona también el Libro de Biografías, que recoge una breve semblanza de cada una de las coristas que pasan por el convento. En el ámbito religioso, una "corista" se refiere a una persona, generalmente una mujer, que forma parte de un coro que canta en una iglesia o convento, participando en el canto de las horas canónicas o en otros servicios religiosos. La palabra “corista” se usa para describir a alguien que canta en un coro, especialmente en el contexto apuntado. Citaremos también la Regla de las Carmelitas Descalzas, que establece un camino de vida contemplativa y eclesial, con la oración y la contemplación como pilares fundamentales. La Regla, junto con las Constituciones, guía a las monjas en su vocación de vivir en amistad con Cristo, buscando la unión con Dios a través de la oración, la contemplación y la inmolación. Este documento de las Constituciones describe la vocación y el espíritu de las Carmelitas Descalzas. Explica los orígenes de la orden en el Monte Carmelo y cómo santa Teresa de Jesús renovó la orden en el siglo XVI para enfocarse en la oración contemplativa y la vida en comunidad. También describe el carisma teresiano y cómo tanto santa Teresa como san Juan de la Cruz contribuyeron a definir la identidad espiritual y la misión de las monjas. El resumen concluye que las Carmelitas Descalzas están llamadas a vivir en oración constante y a la contemplación. En Internet se encuentran las Constituciones de las Monjas Descalzas de la Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo adaptadas según las disposiciones del Concilio Vaticano II y las normas canónicas vigentes aprobadas por la Sede Apostólica. El libro de los Confesores, los cuales no pertenecían a la orden del Carmelo descalzo, ya que eran sacerdotes seglares nombrados por el obispo de Pamplona. El Libro de la Fundación, que recoge los inicios de esta fundación entre 1660 y 1663. Etc., etc., etc. Para leer toda esta sarta de Libros y documentos, no se necesita saber paleografía, que es la ciencia que estudia las inscripciones y los textos antiguos para interpretarlos y determinar su origen, autor y otra serie de características físicas. Sólo ofrecen alguna dificultad determinadas abreviaturas. Todo este material se conserva en muy mal estado, pues fundamentalmente es atacado por la humedad. Un archivo es el conjunto de documentos que produce una persona o una institución en el curso de su actividad. Ésta es una definición sencilla de archivo que podemos dividir en cuatro apartados para entrar en su explicación pormenorizada: 1.- Conjunto de documentos primarios que tienen una relación funcional u orgánica. Es de gran interés entender que la relación de los documentos entre sí es tan fuerte que hace que carezca de valor el documento independiente si no es entendiéndolos como conjunto de documentos que se desarrollan como producto de un trámite. 2.- La procedencia del documento archivístico es fundamental para entender la diferencia entre este centro de información y otros en el conjunto de los centros de documentación ya que establece la relación entre los documentos y el productor a través de la actividad realizada, igualmente este principio resulta básico para la posterior organización de la documentación en el depósito del archivo. 3.- Los productores de la documentación serán los que definan la tipología del archivo; si una persona privada, un archivo privado; si la administración, un archivo de la administración; si una empresa, un archivo de empresa; si la iglesia, un archivo eclesiástico, cualquier persona o institución puede ser el generador de un archivo. 4.- La conservación de los documentos es responsabilidad de los productores del documento, siempre que esto no se respete se debe aplicar la legislación vigente sobre la defensa del Patrimonio Documental. 5.- Un rasgo definitivo para definir la especificidad del archivo es la valoración del documento donde se destaca el valor probatorio del documento archivístico junto a valores como el administrativo, histórico o el informativo. No podemos olvidar que la palabra archivo también define el edificio o el lugar específico donde se guarda la documentación. Más problemáticos resultan significados que se prestan al error ya que podemos encontrar la palabra archivo definiendo una colección de documentos no necesariamente primarios sobre una persona o una generación cultural etc., o en tecnologías de la información como un archivo informático (archive file) o sólo como archivo histórico (historical archives), ya que para definir archivo de gestión o archivo de documentos públicos encontramos el termino inglés “ récord office “. Debemos entender que en el contexto actual, el archivo es un centro joven que aún cuenta con problemas de interpretación terminológica que sólo ha de resolver el tiempo y el mutuo acuerdo internacional. El concepto de archivo se ve afectado por dos aspectos como son el tiempo y el espacio: 1.- El tiempo ha sido un elemento fundamental ya que provoca que se defina un archivo en función de la época en que se desarrolla, este aspecto se comprende mejor al considerar un archivo como una parte fundamental de la administración, por consiguiente, según evolucionamos en el concepto de Estado y administración evolucionamos en el concepto de archivo. 2.- El espacio, o lo que es igual, el lugar donde nos encontremos también resulta importante para poder ajustar la definición del archivo. Hoy no es lo mismo un archivo para un Estado absolutista como para un estado democrático que defiende el libre acceso a los documentos y, por consiguiente, ha de preparar esa documentación para ser consultada por el usuario como una parte importante de los servicios que se le pueden dar a un ciudadano, ya sea informándole de los trámites que le afectan en la documentación, o facilitando su acceso a la documentación histórica, lo que le permite sentirse parte de su propia historia. Por tanto, debemos entender al archivo como algo vivo que ha evolucionado con su tiempo. En el año 1801 un investigador lo define como “ el tesoro del príncipe“, por tanto su fin es servir a la corona únicamente y no garantizar el derecho a la información de los ciudadanos. En el Reino Unido, Jekinson (1922) define el archivo a través de los documentos: “Son documentos acumulados por un proceso natural en el curso de la tramitación de los asuntos de cualquier tipo, público o privado, en cualquier fecha, y conservados después para su consulta bajo la custodia de las personas responsables de los asuntos en cuestión o por sus sucesores". En Cuba, el norteamericano Shellemberg publicó un tratado de archivística en el año 1958 en el que consideraba al archivo por sus documentos como: “todos los libros, papeles, mapas, fotografías u otros materiales documentales, sin consideración de sus características o formas físicas, hechos o recibidos por cualquier institución pública o privada en secuencias de sus obligaciones legales o en conexión con la transacción de sus propios asuntos y preservados o apropiados para su conservación por esa institución o sus legítimos sucesores, como evidencia de sus funciones, políticas, decisiones, procedimiento, operaciones u otras actividades, o por el valor informativo de los documentos que contenga“. Esta nueva visión del archivo que se implanta hacia la mitad del siglo XX es el inicio de un “nuevo” centro, en el se pueden destacar los siguientes puntos fundamentales: 1.- El papel destacado de la documentación administrativa. 2.- La edad de los documentos. 3.- La continuidad de la documentación. 4.- Se acepta cualquier soporte documental. 5.- Se considera determinante el organismo productor. 6.- Se establece la responsabilidad de conservar la documentación. 7.- Se destaca el valor legal de la documentación. 8.- Igualmente se considera el valor informativo de los documentos. La evolución del concepto de archivo alcanza su punto culminante con esta etapa, no obstante, a partir de la progresiva aceptación de los principios básicos aquí establecidos las sucesivas definiciones tienden a reducirse progresivamente, lo que deja paso sólo a lo realmente fundamental del archivo. Son dos los objetivos del archivo 'conservar' e 'informar'. Se han de entender los dos como indisolubles ya que el objeto fundamental de trabajo en el archivo es: sus documentos se han de conservar para poder gestionar adecuadamente su información. Debemos de entender, no obstante, que en un archivo hoy la conservación ha de estar plenamente consolidada y los esfuerzos se han de dirigir hacia la información tratando de servir al ciudadano en sus derechos básicos. Para poder desarrollar estos objetivos la documentación se ha de conservar, programar, evaluar, organizar, transferir, seleccionar, clasificar, describir y, por supuesto, se ha de servir a la administración y al ciudadano en la forma que se establezca en la legislación ya sea para facilitar la toma de decisiones o como objeto de consulta o investigación. Según el Real Decreto 263 / 1996: “Los medios o soportes en que se almacenen documentos deberán contar con medidas de seguridad que garanticen la integridad, autenticidad, calidad, protección y conservación de los documentos almacenados. En particular, asegurar la identificación de los usuarios y el control de accesos”. Según la Ley del Patrimonio Histórico Español. BOE de 29 de junio de 1985: “Documento es toda expresión en lenguaje natural o convencional y cualquier otra expresión gráfica, sonora o en imagen, recogida en cualquier tipo de soporte material, incluso los soportes informaticos”. Tomando como ejemplo la documentación administrativa -ya que en todos los países la administración es la mayor generadora de documentos-, se establecen con escasas diferencias sucesivas etapas en la vida de los documentos que se corresponden con distintos depósitos o archivos. Es el lugar por excelencia para producir documentación con un claro fin de gestión, la documentación por tanto es muy activa en aspectos administrativos ya que se localiza normalmente en la tramitación del expediente, otros valores de la documentación como el histórico están latentes en estos primeros momentos de la vida del documento, pero no por ello han de ser olvidados. Los profesionales cercanos al proceso documental son gestores de la Administración con una formación archivística en el aspecto más directo y archiveros que controlan la producción documental con un conocimiento global del proceso documental. El tiempo de permanencia de los documentos en esta fase y primer estadio de este ciclo vital es de cinco años, si no menos, ya que la actividad de la documentación será la encargada de determinar en que momento ha de transferirse a la siguiente fase. En organizaciones administrativas con un importante volumen de gestión, la documentación no puede permanecer en oficinas ocupando un lugar con un elevado coste para la institución si no se consulta en la proporción adecuada, por tanto. se centraliza en depósitos donde llegan las distintas oficinas a hacer esporádicas consultas, permitiendo que su tratamiento archivístico sea más cómodo y económico; con ello se consigue una gestión más adecuada. En este lugar normalmente localizado en el mismo edificio pero con estanterías móviles o compactos, profesionales archiveros disponen la documentación según la producción orgánica o funcional. Se puede considerar que la documentación en esta fase adquiere una mayor edad ya que permanece en este lugar durante quince años, lo que permite que aunque esté activa, se pueda realizar una visión de conjunto de la gestión documental de la institución. Este nuevo lugar donde se concentra la documentación es un archivo de archivos ya que los distintos archivos centrales han enviado sus fondos para que se realicen durante los próximos quince años los principales trabajos archivísticos de valoración y selección o eliminación organizada de los documentos, sin duda un trabajo que no tiene paso atrás y que ha de acometerse por equipos de profesionales archiveros, en aplicación estricta de las normas archivísticas. Estos trabajos son posibles al producirse un “enfriamiento“ en la vida de los documentos que permiten un estudio científico y evaluación de los distintos valores documentales. Es la última fase en la vida del documento y último lugar donde se depositan aquellos que han superado la selección y que permanecerán a perpetuidad como testigos históricos de la gestión desarrollada en su ciclo vital. En esta fase la pertenencia de la documentación en sentido estricto al Patrimonio Documental da lugar a un tratamiento diferente centrado en la descripción y la recuperación de la información que debe satisfacer fundamentalmente la demanda de mundos muy diversos como la investigación científica, el ocio cultural, la educación o consultantes esporádicos que pueden necesitar datos administrativos puntuales que les afectaron en el desarrollo de su vida profesional. Aunque existe el archivo desde que se crea la escritura, no fue hasta el siglo XIX cuando se alcance la idea actual que tenemos de esta institución. Aunque un solo hecho histórico no puede ser el detonante de la corriente de pensamiento actual del archivo, debemos considerar la enorme influencia que en los últimos años del siglo XVIII, y a lo largo del siglo XIX, dejaron la decisiones culturales que se tomaron en la Revolución Francesa: 1.- Conservación de la documentación con conciencia de su valor histórico y servicio público. 2.- Libre acceso de los ciudadanos a la documentación histórica. 3.- Creación de una Administración Pública que se responsabilice de proteger la documentación. 4.- Legislación archivística destacando los valores del documento. 5.- Creación de un Archivo Nacional que centralice la documentación. Estos hechos trascienden del momento histórico en que se producen y se desarrollan en la historia reciente en cuestiones más concretas: creación de redes de archivos en las administraciones públicas, sistemas de archivos, conservación de la documentación como bien público, garantía de derecho a la información de los ciudadanos, puntos que se asumen en la gestión y legislación actual de los países democráticos y que son imprescindibles para entender el archivo en la actualidad. El mayor reto del archivo en el futuro es su adaptación a los cambios producidos en la gestión electrónica de los documentos que tiene forzosamente que suponer una evolución importante en los aspectos legales y técnicos de la documentación. Para conseguir esto lo mejor es plantearse un archivo integral que esté presente en todas las fases del documento y que participe de forma activa en las gestión de la documentación. En conclusión, se debe considerar que el archivo es un centro vivo, siempre en constante evolución que está capacitado para garantizar a través de la gestión y conservación de los documentos, los derechos de los ciudadanos y difundir la cultura identificando al ciudadano con su historia y su entorno actual. CAPÍTULO DÉCIMO Asimismo se ha venido cuidando la biblioteca de esta comunidad. Aunque dicha la verdad, nosotros nunca realizamos alguna consulta en dicha biblioteca. Se sabe que la antigua fue muy expoliada en la Guerra de la Convención de 1794. A lo largo del siglo XIX se fue reponiendo con obras de espiritualidad de la Orden, santa Teresa y san Juan de la Cruz y santos destacados como san Agustín, san Francisco de Asís, santa Clara o san Ignacio de Loyola. A comienzos del siglo XX entraron las obras de Teresita de Lisieux, con un nuevo espíritu. El Concilio supuso una renovación teológica evidente. La biblioteca ya contaba con secciones de teología, eclesiología o mariología. Ahora se adquirieron obras de los grandes teólogos como Rahner, Schillebeecks, Yves Congar… Entre los españoles han gozado de nuestras simpatías Torres Queiruga y Juan de Dios Martín Velasco. También el jesuita González Faus y Casaldáliga. Asimismo obras de frailes de la Orden como el liturgista Jesús Castellano o el General Camilo Maccise. Por supuesto que se recibía la Revista de Espiritualidad y otras publicaciones. Los centenarios y canonizaciones sucesivas de santa Teresa, san Juan de la Cruz, Teresa de Lisieux, Edith Stein o Isabel de la Trinidad supusieron nuevas adquisiciones. Las biografías del hermano Lorenzo de la Resurrección, francés del siglo XVII, y la de Rafael Kalinowsky, cuentan entre las que han ayudado a la comunidad de San Sebastián a profundizar en su vida carmelita. El convento estaba, asimismo, subscrito a revistas diversas: entre ellas Espiritualidad (carmelitas); Monte Carmelo (carmelitas); Reseña Bíblica (Verbo Divino); Sal Terrae (jesuitas); Vida religiosa (claretianos) o Vida Nueva (PPC). Por estas épocas se impartieron a las Carmelitas de Urgull diversos cursos y charlas. José M.ª Zunzunegui, sacerdote diocesano, lo hacía periódicamente, con temas como la Liturgia de las Horas, la Fenomenología o el cardenal Newman. También José M.ª Múgica, profesor de moral en la Universidad Pontificia de Salamanca, con conferencias sobre la Vida consagrada y el Espíritu Santo. Otras charlas, cursos y ejercicios espirituales corrieron a cargo de carmelitas como José Vicente Rodríguez, Luis Aróstegui, Salvador Ros y otros. El profesor de la Universidad civil de Salamanca, Luis E. Rodríguez-San Pedro, nuestro leal y sincero amigo, mantuvo la amistad con la comunidad desde 1977, y tuvo algunas disertaciones sobre contextos históricos de la espiritualidad cristiana o sobre la creciente influencia de las religiones orientales. Por otro lado, las religiosas recibían numerosas visitas. Entre ellas las de grupos de confirmación y de oración de las parroquias cercanas de Santa María y San Vicente. Acudían también a la iglesia grupos conformados a partir de la espiritualidad de Taizé y del Padre Garrido. Hubo personalidades especialmente vinculadas a la Comunidad en ciertas épocas. No obstante, se sucedieron también años oscuros por la entrada de la droga a partir de la década de 1980. Al estar el convento en un lugar solitario y, al mismo tiempo, muy cercano a la Parte Vieja de la ciudad, los drogadictos y otros marginados alcohólicos se instalaban en el mismo atrio de la iglesia. Mantenemos que el atrio es un recinto cerrado, y generalmente porticado, que precede a la entrada de un edificio. Con todo, la última profesión había sido una excepción en largas décadas de sequía. Y hubo que recurrir a la recepción de hermanas procedentes de otros conventos como alternativa a las nuevas vocaciones. Era inevitable percibir el desfase que había, a pesar del esfuerzo y la voluntad de algunas hermanas. Se había perdido el concepto de formación e incluso se alentaba, por parte de algunos confesores, a proseguir en una vida que no terminaba de afrontar los grandes retos que se avecinaban, apelando a un providencialismo quizás desfasado. Los cambios sociales estaban siendo demasiado grandes y demasiado rápidos. Mientras, seguíamos con la vida habitual del convento, en la medida de lo posible. Los conciertos de la Quincena Musical en la Semana Grande de San Sebastián, que se habían iniciado en 1982, se mantuvieron hasta el final. El Donosti Ereski o agrupación de música gregoriana, también. Así como el Conjunto de Música barroca. Con todos ellos compartimos una hermosa amistad. La buena acústica de la iglesia contribuía al éxito de todos estos conciertos, así como otros puntuales. De 2009 a 2018 fallecieron siete hermanas. Quedaban otras siete, de las que dos eran vocaciones de San Sebastián, que habían entrado antes de 1960. Se solicitó ayuda temporal a las comunidades carmelitas de Perú, con el deseo de poder mantener el equilibrio de nuestro Carmelo del Castillo, tan querido por tantas personas. Pero diversas opiniones e intereses malograron este intento tardío e insuficiente. Fue una tormenta perfecta. Las edades y la falta de salud hicieron el resto. Así el 18 de mayo de 2020, después de que hubieran salido las hermanas más delicadas, salieron las otras siete hermanas que quedaban. He de decir, en honor de la verdad, que mi amigo Luis Enrique, con el tiempo, obtendría una plaza de profesor en la Universidad Civil de Salamanca, por lo que sus relaciones con Tellechea Idígoras debieron dar el resultado esperado. La Universidad de Salamanca está considerada como la tercera universidad pública española en Enseñanza y Aprendizaje, según el ranking de la Fundación CYD y cuenta con gran proyección nacional e internacional. Salamanca es famosa por su universidad, que se fundó en 1218 y que es, además, la tercera universidad más antigua de Europa. La universidad ha influido en la historia de Salamanca y, hoy en día, tiene una gran importancia en su ambiente y en su vida diaria. Luego, la Universidad de Salamanca, entre las mejores de España según la revista Forbes, mantiene el sexto puesto en el ranking general y consigue el tercero en el ranking de universidades públicas. Además, es la única universidad pública de Castilla y León que figura en el ranking. Por mi parte, corriendo el tiempo, empecé a dar clases de Latín a los alumnos suspendidos por los jesuítas de Donostia, siendo ayudado como profesor por un sinfín de personas de la Ciudad. Todos sabemos que mientras la Conferencia Episcopal tuvo fuerza en el Ministerio de Educación y Ciencia, el latín formó parte de las asignaturas obligatorias del Currículo. Básicamente, les enseñaba a los chavales a traducir a los clásicos. En Jesuitak Donostia se ofrece un Modelo Pedagógico centrado en la atención individualizada y el aprendizaje significativo conectado con la realidad. Nuestro querido convento de Carmelitas descalzas de Santa Teresa admitió MM. coristas y hermanas legas, pero sobre éstas no se dice nada en ninguna parte. De las MM. coristas ya se ha hablado en otro momento. En el contexto religioso, “lega” se refiere a un miembro de una orden religiosa que no ha recibido sagradas órdenes. Estas legas, especialmente en órdenes monásticas, suelen dedicarse a labores manuales y asuntos seculares para permitir que las demás religiosas se dediquen a la vida contemplativa. Las legas se diferencian de los otros miembros del clero regular (monjas) que sí han recibido sagradas órdenes. En las órdenes religiosas, las legas desempeñan un papel crucial en la gestión de la comunidad, ocupándose de tareas prácticas como la limpieza, el cuidado de los edificios, la cocina, etc., lo que libera a las religiosas para el ministerio y la oración. En la Iglesia católica, se puede hablar de “hermanas legas” (mujeres). El término “lega” se usa principalmente en el contexto de las órdenes religiosas, no para referirse a cualquier persona que no sea religiosa. El término “lega” no está relacionado con la libertad de culto, que es el derecho a elegir y practicar la religión que se desee, o incluso no practicar ninguna, sin coacción. El concepto de biblioteca ha conocido múltiples variaciones a lo largo del tiempo, y con él, las diferentes formas de organización de la misma. También el bibliotecario ha evolucionado hasta convertirse en un especialista en técnicas de información y normas bibliotecarias, que en muy poco recuerda al erudito y conservador de los primeros tiempos. Hasta el siglo XIX se utilizó el término librería como sinónimo de biblioteca (hasta el fin del Medievo, esta voz tan sólo servía para aludir a la Biblia), término que, aún hoy día, subsiste en el mundo anglosajón como library. No obstante, cuando en el siglo XIX se comienza a hablar de las bibliotecas como instituciones de carácter público para ser utilizadas de forma gratuita por todos los ciudadanos, todavía se llamarán librerías a las bibliotecas privadas. En la actualidad, tanto la biblioteca como el profesional están sumidos en un proceso de continuo cambio debido a la importancia alcanzada por las ciencias y técnicas de la información y comunicación. A pesar de la etimología de la palabra biblioteca (biblio=libro y teka=caja o depósito), una biblioteca no es un mueble o un edificio para guardar libros. La UNESCO define la biblioteca como "una colección organizada de libros, impresos y revistas, o de cualquier clase de materiales gráficos o audiovisuales; y sus correspondientes servicios de personal para proveer y facilitar el uso de tales materiales, según lo requieran las necesidades de información, investigación, educación y esparcimiento de los usuarios". Por su parte, la American Library Association (ALA) habla de "Colección de material de información organizada para que pueda acceder a ella un grupo de usuarios. Tiene personal encargado de los servicios y programas relacionados con las necesidades de información de los lectores". Manuel Carrión en Manual de Bibliotecas dice que la biblioteca es "una colección de libros debidamente organizada para su uso", definición que contiene los elementos básicos de la biblioteca: la colección, la organización y su disponibilidad. Dicha Biblioteca conventual no contenía ningún incunable y ningún códice, básicamente era Literatura mística, es decir, pertenecía al movimiento literario que trata del proceso de perfección del alma, la cual, inspirada por el amor, busca unirse con Dios. El paso intermedio, en este camino, está representado por la ascética. Tiene su mayor apogeo en España durante el siglo XVI, aunque en otros países de Europa había comenzado antes. Esta experiencia se vierte tanto a través de paradojas como de símbolos, alegorías, etc. Nuestros más excelsos representantes de creaciones místicas son Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, mientras que se suele considerar a Fray Luis de León como asceta. Básicamente, pues, se trataba de Literatura religiosa, que comprende la literatura cuyo contenido se centra en cuestiones relacionadas con la religión; en el caso de la occidental, la doctrina en la que se fundamenta suele ser la cristiana, hecho que se concreta en múltiples manifestaciones: literatura bíblica, teocéntrica, trinitaria, cristocéntrica, mariana, sobre vida de santos, devocionarios, etc. En sus estanterías, por último, puede encontrarse también Literatura mariana, que está constituida por el conjunto de obras literarias en torno a María. Se producen ya en el cristianismo primitivo, pero se hacen muy frecuentes durante la Edad Media (canciones, himnos, leyendas, etc.). Los milagros de María pasan a ser un tema central de muchas obras europeas. En España tenemos como ejemplo los Milagros de Nuestra Señora, de Berceo. Pero, antes de cerrar el presente capítulo, aclararemos por último que un “incunable” es la edición de cualquier obra realizada desde la invención de la imprenta hasta principios del siglo XVI; por lo general, son publicaciones de gran valor para los bibliófilos. Por otro lado, un “códice” es la forma de los libros medievales que sustituyó a los papiros. Agrupaba varios cuadernillos constituidos por cuatro pergaminos plegables que se cubrían con tapas de madera. CAPÍTULO DÉCIMO Esta forma de vida religiosa se basa en la separación del mundo material en favor de una unión más estrecha con Dios, pero también en un estilo de vida caracterizado por la sencillez ascética, por la renuncia a los placeres y comodidades del mundo exterior, por los votos de pobreza, castidad y obediencia. Los conventos en los que viven las monjas generalmente están cerrados al público, pero hoy en día, en algunos casos, es posible que personas de afuera vayan a hablar con estas religiosas al salón o pequeñas habitaciones llamadas “locutorios”, buscando consuelo y consejo espiritual. Además de la oración comunitaria y personal, la contemplación y la adoración de Dios, las monjas de clausura realizan deberes y tareas necesarias para el bienestar común de sus hermanas, como cuidar el jardín, coser, pero en algunos casos también la creación de productos que se venden fuera del monasterio. También se da mucha importancia al silencio, que juega un papel fundamental en la espiritualidad de estas religiosas. Constituye el ambiente en el que viven y el medio a través del cual se abren a la presencia de Dios: un silencio profundo e interior, que no es sólo la ausencia de ruidos exteriores, sino un estado de tranquilidad indispensable para entrar en contacto con la presencia divina. Como especificamos más arriba, esta vida se basa en un delicado equilibrio entre oración y trabajo, marcado por un ritmo bien estructurado. El famoso “ora et labora” de la regla de san Benito, patrono del monacato occidental, y de su hermana santa Escolástica. Si bien cada orden o congregación posee sus horarios y acciones diarias, podríamos decir que más o menos comúnmente la jornada de una monja de clausura comienza temprano, a las 5:00 de la mañana, con una oración personal, meditación y en determinadas órdenes el canto de alabanzas a Dios. A las 8:00 se celebra misa común, a las 8:30 desayunan juntas. Después, cada monja se dedica a sus tareas específicas, hasta la hora de comer, alrededor del mediodía. Después del almuerzo, a una de las monjas se le asigna la lectura de un texto espiritual mientras las demás escuchan en silencio, creando un espacio de reflexión y estudio. Luego hay un momento de recreación donde las monjas se reúnen para pasar tiempo juntas. A las 18.00 horas se reza el oficio y a las 22 horas las monjas se preparan para ir a dormir y adentrarse en el silencio de la noche. La oración está repartida según el nombre de las horas que recibían en la antigua Roma: Maitines, antes del amanecer; laudes, al amanecer; prima, primera hora después del amanecer sobre las 6:00 horas de la mañana; tercia, tercera hora después de amanecer, sobre las 9:00 horas; sexta (un dato de color, del nombre de esta hora deriva la palabra siesta), mediodía, a las 12:00 horas después del Ángelus en tiempo ordinario o el Regina Coeli en Pascua; nona, sobre las 15:00; vísperas, tras la puesta del sol, habitualmente sobre las 18:00 después del Ángelus en tiempo ordinario o el Regina Coeli en pascua; y completa: antes del descanso nocturno, a las 21:00. Además de la oración, las monjas de clausura también se dedican a trabajos manuales, útiles y necesarios para la vida común, pero también a la producción de objetos litúrgicos, la creación de iconos, la producción de dulces y productos que luego se venden fuera del monasterio y proporcionan sustento a la comunidad. Las monjas de clausura renuncian a los lazos familiares y las relaciones para abrazar la vida religiosa, pero no son ajenas a la comunidad en la cual está el monasterio y a los problemas del mundo exterior. Acogen a los visitantes en el claustro por motivos espirituales o prácticos, para recibir ayuda material o vender sus productos. Estos encuentros con el mundo exterior les ofrecen la oportunidad de compartir su fe y ser una inspiración para quienes buscan una vida más profunda de espiritualidad. El silencio protege la vida monástica de influencias externas que podrían distraer a las monjas de su vocación. Les ayuda a concentrarse y sumergirse en la oración. A través del silencio, aprenden a discernir y a seguir el camino espiritual. Pero el silencio es también una oportunidad para la caridad fraterna dentro de la comunidad monástica, porque promueve el entendimiento mutuo, el intercambio de pensamientos y sentimientos y el crecimiento de las relaciones con otras monjas. En el silencio se crea un espacio de respeto mutuo y de escucha, que permite una verdadera comunión de corazones. A pesar de su vida de clausura, las monjas tienen la oportunidad de informarse sobre lo que sucede en el mundo exterior. Pueden leer periódicos y escuchar la radio para mantenerse al día de eventos y noticias importantes. También, la gran mayoría de los monasterios poseen sus accesos a la red, aunque algunos llamados “De estricta observancia” no poseen muchos de estos servicios. Ha llegado el momento de preguntarse: ¿Cómo ser una monja de clausura? Contestando a esta pregunta, diremos ahora que el camino es un proceso que requiere tiempo, discernimiento y un profundo compromiso espiritual. En primer lugar, es importante experimentar una fuerte atracción hacia la vida contemplativa. Este deseo puede manifestarse desde una edad temprana o puede desarrollarse gradualmente a lo largo de la vida. Cualquier mujer puede convertirse en monja de clausura. También pueden tomar votos viudas y muchas otras mujeres de diversos estilos de vida. Lo importante es que la persona tenga un deseo sincero de dedicarse por completo a Dios por medio del silencio y de seguir la estricta vida de clausura con devoción y compromiso. A continuación se busca la guía de un director espiritual o una comunidad religiosa para iniciar un período de discernimiento, durante el cual se evalúa la vocación a la vida monástica y se profundiza la comprensión de la espiritualidad contemplativa. Se requiere un período de formación inicial, durante el cual se aprende la regla de la orden, se estudia las escrituras, se profundiza en las prácticas espirituales y se vive la vida comunitaria. Este período puede durar varios años y puede incluir también un noviciado, durante el cual se introduce más profundamente en la vida monástica y se participa en las actividades comunitarias. Finalmente, tras finalizar la formación, se hacen los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, un compromiso de vivir esa vida por el resto de su existencia. Las Carmelitas Descalzas se dedican principalmente a la oración contemplativa. La espiritualidad de la orden está fuertemente arraigada en la figura de María, a quien acuden como ejemplo de vida en comunión y devoción. La vida de las Carmelitas Descalzas está ligada a tiempos y actos precisos, que marcan el tiempo litúrgico y de trabajo dentro de la casa, en los talleres, en el huerto. Se les exige mantener siempre un clima de silencio y oración. En algunos monasterios las monjas carmelitas descalzas elaboran deliciosas mermeladas y otros productos obtenidos de cultivos y huertas. Y los venden en la tienda del monasterio. También hay monasterios de clausura de diversas órdenes y con diferentes espiritualidades, como las Adoratrices, Benedictinas, Clarisas, Concepcionistas, Pasionistas, Dominicas, Visitandinas, Trapenses, Redentoristas, etc... Acá podemos citar los versos de Fray Luis de León, cuando en dichos versos titulados “la escondida senda” nos refiere a la vida de clausura con las siguientes palabras: “Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido/ y sigue la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido! /Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado / ni del dorado techo se admira /fabricado del sabio moro, en jaspes sustentado”. En otro orden de cosas, la religiosa promete a Dios los tres votos de castidad, pobreza y obediencia, aceptados por la Iglesia, con los cuales el cristiano se consagra a Dios y se le abre un camino expedito para el servicio eficaz de Dios y de la Iglesia, porque por ellos la religiosa se entrega enteramente a Dios, para emplear toda su vida exclusivamente a su servicio. Por los votos, dice el Concilio, o por otros sagrados vínculos análogos a ellos a su manera, se obliga el fiel cristiano a la práctica de los tres consejos evangélicos antes citados, entregándose totalmente al servicio de Dios sumamente amado, en una entrega que crea en él una especial relación con el servicio y la gloria de Dios. De aquí la importancia que tienen los votos, cuya eficacia está en la plena observancia de los mismos. Sobre la relación que debe existir entre la religiosa y los votos, son dignas de atenta consideración las palabras de Pablo VI: Es necesario que apreciéis muchísimo los votos religiosos y concedáis gran importancia a su práctica y ejercicio. Porque de ningún otro modo podéis llevar una vida que se ajuste al estado que habéis elegido, y en el cual de tal manera debéis vivir, que os ayude eficazmente en el progreso hacia la caridad perfecta y que los fieles reciban de ello un testimonio de vida cristiana y se exciten a ella. Aunque las condiciones de vida de los hombres en estos últimos tiempos han cambiado no poco y, por consiguiente, el modo de vivir de los religiosos se ha de acomodar necesariamente a ellas, sin embargo, todo cuanto se deduce de la naturaleza misma de los consejos evangélicos conserva toda su fuerza y no se puede, en manera alguna, menoscabar”. Los votos religiosos, según estas augustas palabras, constituyen para cada religiosa la ley de la vida, y es necesario practicarlos y ejercitarlos de manera que ellos informen toda la vida. Pero esto no podrá conseguirse, si no se les aprecia, y si no se tiene de ellos una gran estima. Podrán variar algunas cosas accidentales, pero lo esencial de ellos debe permanecer, de modo que ellos sean para la religiosa un medio eficaz para su propia perfección, y al mismo tiempo un claro testimonio de vida sobrenatural para los demás cristianos. Es una ley de sana psicología, según la cual la religiosa, no contenta con la profesión hecha un día, debe rememorar con frecuencia la decisión tomada y renovar la consagración que de sí misma hizo a Dios para servirle plenamente y cumplir con perfección su divina voluntad; de lo contrario esa profesión podría convertirse en meramente externa, y lo meramente externo no basta. Esta consagración no ha de ser de meras palabras, sino que ha de consistir en una real entrega de la religiosa al servicio exclusivo del Señor, cuyos planes se extienden al bien eterno de todos los hombres, ni debe ser forzada, desde el momento que por ella se hace a Dios sumamente amado, de manera que sea el amor quien la vivifique. La religiosa hizo su entrega a Dios respondiendo libremente a la invitación divina, y con magnanimidad y sin ninguna reserva la religiosa consagró a Dios todo su poder de amar, toda su capacidad de poseer y la facultad de seguir su propia voluntad en la disposición de su vida, con el fin servirle, de santificarse y de ayudar a los demás a revestirse de Cristo. Es, pues, muy conveniente que estos sentimientos, para que sigan teniendo influjo en la vida, sean renovados con frecuencia. Pero esto no lo harán si los votos no son amados, y si son más bien considerados como una carga. La profesión de los votos ha de ser un testimonio perenne de la vida eterna y lo será cuando la religiosa se presente al mundo sin considerar sus votos como una traba, sino más bien viendo en ellos su mejor gala. Una religiosa que se presenta como tal, ¡cuánto bien hace a los del mundo! Cuando ellos ven que la religiosa está contenta con la manera de vivir que ha escogido, se sienten con deseos de llevar ellos también una vida conforme a las exigencias del Evangelio. Una tal religiosa no puede menos de hacer un apostolado muy fecundo. Cuando, por el contrario, la religiosa o no practica sus votos o los considera como un impedimento, se convierte en motivo de confusión y de escándalo, induciendo a los del mundo, no a seguir las huellas de Jesucristo, sino más bien las que ya han emprendido del mundo. Digno de ser considerado es este diferente proceder de la religiosa, a fin de que él sea, no un tropiezo, sino más bien un aliciente para una vida superior y para el deseo de los verdaderos bienes del Cielo. Es muy interesante escuchar dentro y fuera de la Iglesia católica muchos comentarios sobre la vida de las monjas de clausura, como: “¿para qué sirven? ¿no hacen nada útil...?”. Pero estas mismas personas que denostan el monacato católico hablan loas del monacato budista, y se los oye decir: “¡Ah! Ellos se apartan del mundo, oran sin cesar, ¡qué maravilla!”. De estos dos pensamientos surgen dos temas interesantes para analizar esta forma de vida. Para la actualidad lo que “sirve” es algo que genera abundante dinero y que de él se obtiene algo práctico. Por tanto, y siguiendo esta línea de pensamiento, la música no genera nada “práctico”: no puedo clavar un clavo con la novena Sinfonía de Beethoven; la filosofía tampoco genera nada práctico… y así infinitas cosas. Y el otro punto genera otra pregunta: ¿Por qué se critica al monacato cristiano, es decir a los monjes y monjas católicos, ortodoxos, y reformados y se alaba al monacato oriental? Eso es un misterio que habría que preguntar a los que critican a uno y alaban al otro. Creo que lo hacen desde cierta animadversión y poco estudio en profundidad sobre el tema. Las monjas de clausura radican en el corazón oculto de las Iglesias católicas y ortodoxas y poseen su mayor compromiso con la oración y la contemplación, quienes desempeñan un papel fundamental en la vida espiritual de todos los fieles. La mayoría de las personas, al oír hablar de las monjas de clausura y, más en general, del aislamiento religioso, sienten una sensación de consternación, algunos de piedad y se escuchan comentarios tales como: “debió sufrir un mal de amores” o “Que iba a hacer de su vida, la pobre… nada, y ahí techo y comida no le han de faltar” En nuestro mundo frenético, que cambia a una velocidad de la luz y casi sin dejar tiempo para asimilar información, para absorber los acontecimientos y sus efectos, es difícil imaginar la vida de quienes deliberadamente eligen distanciarse de todo eso, alejarse, y dejarse fluir desde una ermita de silencio y aislamiento. ¿Pero es realmente así cómo se vive en los conventos de clausura? Si bien por un lado es cierto que aún hoy las monjas de clausura, a menudo también llamadas “religiosas contemplativas”, desempeñan un papel muy particular dentro de las Iglesias católica u ortodoxa, viviendo en comunidades separadas del mundo exterior y dedicándose a orar por la salvación de todos; también es cierto que sus tareas y su contribución al mundo moderno han cambiado respecto al pasado, con una mayor apertura que conduce también al encuentro con quienes vivimos en este mundo de inmediatez y vamos muchas veces en búsqueda de ayuda a esos oasis de paz. Esta forma de vida religiosa se basa en la separación del mundo material en favor de una unión más estrecha con Dios, pero también en un estilo de vida caracterizado por la sencillez ascética, por la renuncia a los placeres y comodidades del mundo exterior, por los votos de pobreza, castidad y obediencia. Los monasterios en los que viven las monjas generalmente están cerrados al público, pero hoy en día, en algunos casos, es posible que personas de afuera vayan a hablar con las religiosas en el salón o pequeñas habitaciones llamadas “locutorios”, buscando consuelo y consejo espiritual. Luis Enrique y yo nos vamos a pasear un rato al Parque Tecnológico de Miramón. El Parque Tecnológico de San Sebastián, SA es una empresa fundada en 1994 e inaugurada en 1997, que nace con el objetivo de contribuir al desarrollo socioeconómico y con ello incrementar la calidad de vida de las personas de su entorno. Los socios que lo integran son el Gobierno Vasco a través de la Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial, SA (Spri), la Diputación Foral de Gipuzkoa, el Ayuntamiento de Donostia-San Sebastián y la entidad financiera KUTXA. De este modo, hemos vuelto a hablar de las monjas de clausura, pero lo hemos hecho desde otro punto de vista, por lo que estas palabras pueden resultar prácticamente nuevas. En el diálogo que, como siempre, se establece entre los dos, Luis Enrique toma la iniciativa: - ¿Qué dice la Regla de las Carmelitas descalzas? Pregunta que yo contesto en los términos siguientes: - Una comunidad de Carmelitas Descalzas es un grupo de monjas contemplativas que siguen la regla de San Alberto de la Orden de los Carmelitas Descalzos. Estas monjas se dedican a la oración, la vida contemplativa y la santificación a través de la vida en comunidad. Acto seguido, invirtiendo el orden, yo planteo: - ¿Qué fue la orden de las Carmelitas descalzas? Ahora ya, contestará Luis Enrique en los términos siguientes: - La orden de las Carmelitas descalzas surgió en el año 1156, cuando el cruzado Bertoldo, sacando provecho de que en el Monte Carmelo vivían, desde los tiempos del profeta Elías, varios hombres alejados del mundo fundó a su lado una asociación de personas tradicionales que eligieron llevar una vida monástica. Dicho lo cual, plantearé yo mismo la segunda pregunta: - ¿Qué es la Orden de los Frailes Carmelitas descalzos (OCD)? De nuevo responde Luis Enrique: - La Orden de los Carmelitas Descalzos (O. C. D.), oficialmente Orden de los Carmelitas Descalzos de la Santísima Virgen María del Monte Carmelo, nació en España en el siglo XVI por la reforma que Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz hicieron de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Otra vez plantearé otra pregunta: - ¿Cuál es el lema de los Carmelitas descalzos? Luis Enrique, que va a la suya, contesta: - El lema de los Carmelitas descalzos es: Zelo Zelatus Sum Pro Domino Deo Exercituum, que significa Soy celoso por el Señor Dios de los ejércitos. Ahora pregunto otra vez: - ¿Cuál es el escudo de los Carmelitas descalzos? Entonces, Luis Enrique trae el siguiente escudo: Y, así, vamos a cerrar la presente novela, porque nosotros somos terribles. Nuestra conversación sigue y sigue… --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- FOTOGRAFÍA para la solapa Diseño de portada Nombre del autor: Ignacio Ramón Echeburúa Estévez Nombre del autor en la portada (3): Ignacio R. Echeburúa. Título del libro (3): Una comunidad de Carmelitas descalzas. Texto solapa portada (Máximo 400 caracteres con espacios) Biografía del autor. Sólo voy a citar mis últimas publicaciones. En esta última órbita, se sitúa el libro titulado “El Griego y su Literatura Clásica”, que sacó a la calle la Editorial pc de Palma de Mallorca, en su sede de Barcelona. Le siguió un libro sobre “ASTRONOMÍA”, que editó en junio de 2022, la Editorial Autografía de Barcelona. Asimismo, los tres libros siguientes han sido publicados por la Editorial Autografía. En junio de 2023 vio la luz el libro titulado “Historia de la física”. Este libro tiene 282 páginas y forma parte de la colección Fondo de la editorial. Se puede adquirir en librerías online como Librería Oxford, Buscalibre y Agapea. En enero de 2024 salió a la calle el libro titulado “JOSÉ ORTEGA Y GASSET y la razón histórica”. Ortega nos dice que necesitamos una razón que sea capaz de describir los sentidos del mundo humano, que nos permita entender la realidad humana. A la razón pura le es imposible captar al hombre en su singularidad, en sus realizaciones históricas, la razón pura no nos sirve; la razón matematizante... Por otro lado, “Mis Relatos” es mi única obra de narrativa, la cual contiene tres relatos cortos, como son “¡Una boda que se las trae!”, “Aires de romería: El Rocío” y, para terminar, “Con faldas y ¡a lo loco!”. Fue puesta en la calle en marzo de 2025 por la mencionada Editorial Autografía, en la categoría de Ficción. Ya está en la editorial el libro titulado “Nuevos Relatos”, que saldrá a la calle en septiembre de este año y contendrá cinco narraciones, cuyos títulos son: a) El Gernika; b) EL suicidio de un filósofo; c) En una casa que no quiero recordar; d) San Juan de Gaztelugatxe, y e) Deporte Rural Vasco. Por último, quiero indicar que Ediciones Europa acaba de enviarme una propuesta editorial por la que se compromete a publicarme el título “Mis Cuentos”, que se integra por las narraciones siguientes: a) Leyendas y sagas de la mitología nórdica, b) Los vikingos y su mitología, y c) La vida desde los inicios, para los niños. Su correo electrónico es: editor3@grupoeditorialeuropa.es/ Sin embargo, tengo redactada mi primera novela, de la que no falta ni un detalle, que se titula “Una comunidad de Carmelitas descalzas”, incorporando a este título sendas fotografías. Son sus dos personajes centrales Jorge y Luis Enrique, quienes con diálogos llenos de frescura y sinceridad nos abren las puertas del convento de Santa Teresa de San Sebastián. Dicha novela, que se trata de ser una novela histórica, se encuentra en la bandeja de entrada, pero aún no tiene un destinatario concreto. Y, últimamente, se ha redactado otra novela, titulada Un catamarán nuevo, con una extensión parecida a la anterior, aunque el nº de capítulos se queda en seis. Esta novela puede considerarse una novela histórica, que es tenida por aportación del Romanticismo. La aparición en 1814 de Waverly, de W. Scott, marca el comienzo de una nueva manera de literaturizar la historia, aunque ya desde épocas remotas lo histórico había sido fuente de datos o argumentos para la narración, tal como ocurre con la tragedia y la epopeya griega, los cantares de gesta o, incluso, los dramas del Siglo de Oro, como Fuenteovejuna, por ejemplo. Sin embargo, el relato histórico romántico tuvo gran aceptación, pues agregó otros ingredientes a la trama propios de la narrativa gótica y de temática sentimental, enmarcando personajes que representaban el tipo medio de las sociedades. Suele considerarse la primera novela histórica española la de Rafael Húmara, Ramiro conde de Lucena (1823). Pero de aparición posterior pueden citarse muchas otras, como El doncel de don Enrique el Doliente (1834), de Larra y Sancho Saldaña (1834), de Espronceda; llega hasta el Realismo con los Episodios nacionales, de Pérez Galdós. Este subgénero narrativo fue especialmente aprovechado para los folletines, que la hicieron parecerse cada vez más a simples relatos fantásticas. También en Hispanoamérica, a lo largo del siglo XX, aparecen novelas históricas importantes, recordando ciertas tradiciones nacionales. Esta narrativa vuelve a adquirir auge en el siglo XX, a partir de 1970; así Extramuros (1978), de J. Fernández Santos; Urraca (1982), de L. Ortiz; Mansura (1984), de F. de Azúa, etc. 02. Contraportada Texto de la contraportada (4) (Máximo 500 caracteres con espacios) Sinopsis Precisamente, esta forma de relato breve es la principal aportación del siglo XVIII en España, ya que poco más es lo que puede buscarse aparte de un puñado de traducciones de diferentes lenguas. En Europa, tras la estela cervantina, varios son los autores que prefiguran la magna novela del siglo XIX; entre ellos, destacan por derecho propio dos escritores británicos: Henry Fielding, con su Tom Jones (1749), y Laurence Sterne gracias a su fascinante Tristam Shandy (1760-1767). Mucho es también lo que se estaba progresando en Francia y Alemania, aun cuando sea más conocida la aportación francesa durante ese periodo en el terreno erudito y científico; con todo, no puede olvidarse esa exitosa obra que es el de Émile (1762), novela educativa (su subtítulo es De l’éducation) del suizo Rousseau traducida por toda Europa; talante similar tiene La nouvelle Héloise (1761). Alemania, por su parte, pasará de una producción novelesca excesivamente dependiente de la que veía la luz en Inglaterra y Francia al comienzo del siglo para ir ofreciendo obras originales al cierre de esa centuria. Los experimentos de algunos de los novelistas del siglo XVIII enriquecieron el arte que cultivaban en una medida mucho mayor de lo que hasta aquí se decía; de hecho, ha sido error común el de enfocar el conjunto de la novela decimonónica como el de una unidad sin fisuras, cuando de ningún modo fue así. No obstante, las transformaciones más importantes se produjeron en la primera mitad del siglo XX, momento en que el género mostró un dinamismo y fortaleza que no resistían parangón: de aquellas novelas de evasión que, en el pasado, consumían jovencitas ensoñadoras y recibían la crítica de los moralistas y los preceptistas literarios, se pasa a obras complejas y profundamente intelectuales. La novela se transforma en la vía predilecta para la difusión de un ideario o de datos históricos a menudo recientemente cosechados; con tal función, la novela sólo tolera la compañía de investigaciones histórico-filológicas del más alto nivel (a veces no siente ningún sonrojo ante ellas, cargada como aparece de una rigurosa documentación histórica y erudita) o el ensayo filosófico. La gran novedad de nuestra centuria es que la novela ha pasado definitivamente de ser el género literaria más modesto y menos linajudo del panorama literario a constituirse en el predilecto de escritores, lectores y editores, lo que ha deparado una amplia oferta que satisface cualquier tipo de gustos y expectativas. Si atendemos a la forma de la novela, sólo la del Renacimiento y, especialmente, la del Barroco se atrevió a experimentar con los más diversos materiales y a incluir en su marco relatos de menor extensión, junto a epístolas, discursos, poemas y hasta piezas teatrales completas. La libertad de la novela del siglo XX es infinitamente mayor y su complexión realmente diversa, con obras de una enorme brevedad (Pedro Páramo, Réquiem por un campesino español o La familia de Pascual Duarte, por poner tres ejemplos en nuestra lengua) o de una gran extensión (dos casos bien conocidos y citados son los de Rayuela y La saga-fuga de J.B.), con cambios en la disposición de los materiales (ya cerrada, ya abierta, como el texto de Cortázar), cambios en la narración de diverso signo, como en el punto de vista, el espacio, el tiempo, con flash-back, etc. (de todo ello, vale el paradigma de la última obra citada de Torrente Ballester). Esta novela, bautizada por parte de la crítica como novela estructural o estructuralista, tiene sus antecedentes en Proust, Joyce, Dos Passos (uno de los grandes de la novela-río o roman-fleuve), Kafka, James o Virginia Woolf. El fin a tales pesquisas narrativas vino con el nouveau roman francés de los años cincuenta, colmo de la experimentación en la novela. Desde entonces, la novela ha profundizado en el realismo o bien ha procedido a la inversa, ha dado en experimentos únicos o ha retomado géneros ya existentes (novela histórica, policiaca, gótica, etc.); en cualquier caso, ha logrado ganarse una libertad y una autonomía absolutas, pues, como ya apuntaba Henry James hace años, nada puede decir cómo se hace hoy una novela de éxito. Texto solapa contraportada (5) (Máximo 300 caracteres con espacios) Aquí el autor puede colocar un breve resumen del libro o a algún invitado hablando sobre el libro o el autor. Los hermanos de Jorge, que tiene 25 años, son Francisco, de 23, y Leticia, de 21. Su padre se llama Ángel, tiene 50 años y conduce autobuses de la Compañía del Transporte de San Sebastián y la madre se llama Luisa, tiene 45 años y se dedica a las labores del hogar. Sólo los encontramos unidos en el capítulo I en el Juego de pensamientos. Por lo demás, los dos protagonistas de esta novela son el YO, es decir Jorge, y su amigo Luis Enrique Rodríguez San-Pedro, con quien protagoniza diálogos llenos de sinceridad y lealtad, en los que nos va descubriendo todos los secretos de un convento de clausura. No obstante, en el capítulo VII el autor de la obra se impone de manera clara y concisa a todos los personajes de su novela, brindándonos su biografía, la biografía del autor real de esta novela. Los dos personajes centrales se encuentran realizando sus tesinas de Licenciatura, yo, sobre los aspectos socio-económicos de un convento del Antiguo Régimen, a través de la dote religiosa; Luis Enrique, sobre los aspectos institucionales de la primera fundación, que concluye en 1663. No obstante, estos dos personajes son analizados a tope desde el punto de vista psicológico. Los dos recurren a sus entrañables paseos, por lo que se pinta un aspecto de San Sebastián, sus parques públicos, que son descritos minuciosamente, pues el convento nos carga la atmósfera, con sus aires enrarecidos. En ella, a diferencia del cuento o incluso de la novela corta, se relata una acción prolongada y de cierta complejidad, muchas veces ramificada en historias secundarias cuyos eventos son vividos por los personajes en un espacio concreto y dentro de un tiempo que aparece como elemento fundamental de la narrativa. La novela aparece enunciada por un narrador, el YO, que es parte de la ficción construida por el autor. En realidad, el personaje más importante es la clausura, de la que se hace un análisis pormenorizado. Sin embargo, se ha pretendido encontrar un orden natural, por lo que los distintos capítulos se encuentran ordenados de manera precisa. La obra contiene 10 capítulos, que permiten dividir lógicamente la trama. Sin duda, se trata de uno de mis relatos, origen de esta novela, cuya redacción ha sido minuciosamente ampliada. Por ejemplo, en el capítulo X se brinda al lector otro punto de vista de la clausura. Es el único momento en el que se contrastan los contenidos. Se usan las fuentes que se encuentran en un cuarto de la torre campanario. Pues Jorge tiene publicada su Tesina en la revista “Estudios”, del departamento de Historia Moderna, en la Universidad de Deusto 03. Respuesta al cuestionario de portada¿Qué concepto -o conceptos- pretende transmitir en su libro Que, aunque los conventos de clausura se cierran apresuradamente, toda sociedad necesita tener unos referentes muy claros de los valores que defiende, por lo que la vida contemplativa es un referente de ciertos valores, que son consustanciales a la sociedad del siglo XXI. El término valor fue utilizado posteriormente en filosofía, a partir del siglo XIX, preferentemente en el ámbito de la reflexión ética, desplazando el uso de términos como “bien” y “bueno”. En este sentido, el valor es aquella cualidad que apreciamos en un objeto moral; es decir, es una cualidad, no una cosa; y se manifiesta en relación con la conducta humana, que hace patente dicha cualidad. Los valores, en cuanto cualidades de los objetos morales, son objetivos, están jerarquizados y se presentan polarizados (la belleza se opone a la fealdad, por ejemplo). La sociedad del siglo XXI defiende unos valores que hunden sus raíces en la vida contemplativa. Todos quisiéramos tener un tiempo de clausura en cada día en que nos movemos en el planeta Tierra. La reflexión serena y tranquila, iluminada por la clausura, es uno de los valores que defiende nuestra sociedad contemporánea, frente a la aceleración del tiempo, que ahoga a determinados individuos. ¿Qué significa el título del libro? El título de esta novela es Una comunidad de Carmelitas descalzas, puede ser la de Donostia, la de Zarautz, etc., pues lo hemos concretado todo en una comunidad de Carmelitas descalzas. Estas fueron reformadas por Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, comenzando por el convento de Ávila. La comunidad de Carmelitas descalzas de San Sebastián fue una de las afectadas por dicha reforma, por lo que en 1663 hacía casi un siglo que había muerto santa Teresa de Jesús, que lo había hecho en Alba de Tormes en el año 1582. Luego, el convento de Donostia/San Sebastián abrigaba todas las circunstancias, que afectaban a dicha reforma Teresiana. Además, de un tiro nos damos de bruces con la Santa. ¿Cuál es el público principal al que va dirigido el libro? Esta novela le viene idealmente a todos los que defienden la tradición. Es una novela pensada en todo el público piadoso de San Sebastián, es decir, sensible a la religión. No nos olvidemos que los dos protagonistas eran alumnos de la E.U.T.G., ambiente propicio a las reformas jesuíticas, siendo los jesuitas la orden salida de Trento. Además, la Santa remaba a favor de su reforma Teresiana, en un periodo de Contrarreforma, en que se trastocó todo lo relacionado con la religión. ¿Qué palabras le gustaría que su libro sugiriese a quién lo viese? Describa el libro en tres palabras Mis tres palabras serían, remanso de paz. EDIT O RIAL En caso de que haya algún elemento imprescindible o prohibido para la portada, coméntelo en las siguientes líneas. También si tiene alguna sugerencia concreta sobre la tipografía, el diseño, etc... ATENCIÓN Envíe hasta 5 imágenes que sean de su agrado (pueden ser portadas de otros libros, portadas de discos de música, carteles de películas o cualquier creación gráfica de su agrado). Anexe también una fotografía del autor para la solapa. ---------------------------------------------------------------------------------------------- Anexe las imágenes en el e-mail

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