martes, 15 de julio de 2025

NOVELA, El Arte mudéjar y Teruel.

CAPÍTULO PRIMERO Ahora nos encontramos en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zaragoza, donde asistimos a una interesante clase acerca del Mudéjar aragonés. El profesor, el catedrático experto en mudéjar, nos ha contado, entre otras cosas, lo siguiente: - La palabra mudéjar viene del árabe, de mudayyan, significando literalmente “sometido”. En el contexto de la España medieval designaba al musulmán bajo dominio cristiano, a quien, en virtud de un estatuto de protección, se le permitía practicar su religión, usos y costumbres, a cambio de un tributo. Este estatuto, que les fue otorgado a los musulmanes tras la toma de Toledo por Alfonso VI de Castilla en 1085 –hasta entonces los habitantes musulmanes de un territorio conquistado se consideraban cautivos de guerra-, era el equivalente cristiano del estatuto de protección (dimma en árabe) de que gozaban los no musulmanes, es decir los judíos y los cristianos o mozárabes (del árabe musta’rab, que significa arabizado), en al-Andalus, es decir, en los territorios de la Península bajo dominio islámico. Si este estatuto de protección garantizaba a las comunidades religiosas musulmanas de la España cristiana (como a las judías y cristianas o mozárabes de al-Andalus) autonomía jurídica y significaba, por lo tanto, un gran progreso en la sociedad medieval, mantenía, no obstante, a esas comunidades en una situación de sometimiento e inferioridad respecto de la sociedad mayoritaria. En el caso de los mudéjares, el estatuto de protección que se les otorgó estaba en gran parte motivado por la necesidad de que contribuyeran al poblamiento de territorios recién conquistados y prestaran su concurso en determinados oficios, fundamentalmente como agricultores y artesanos, en los que eran sumamente diestros. El grado de aculturación de los mudéjares difería según las épocas, los territorios y los diferentes niveles culturales dentro de una misma comunidad, en la que las autoridades religiosas y jurídicas, representadas por los alfaquíes, constituían la elite como guardianes no sólo de la fe, sino también de la lengua árabe y de la cultura araboislámica. En líneas generales, los valencianos y granadinos hablaban el árabe en la vida cotidiana y escribían todos sus documentos en esta lengua, mientras que los aragoneses y castellanos habían perdido en general el uso de la lengua árabe y utilizaban en sus escritos el aljamiado, es decir, la lengua romance que hablaban a diario, pero con caracteres árabes. El mudejarismo marcó profundamente la vida cotidiana de la mayoría cristiana y dejó su impronta no sólo en la arquitectura y en otras artes, sino también en la literatura, los hábitos y gustos gastronómicos, las modas vestimentarias y el mobiliario, objetos decorativos y enseres domésticos. Tras la caída, en 1492, del reino nazarí de Granada, último reducto del poder político islámico en la Península Ibérica, y la expulsión de los judíos el mismo año, sólo quedaba ya la población mudéjar como cuerpo extraño al resto de la sociedad y obstáculo para la homogeneidad religiosa de España. Por ello, en 1502, para los mudéjares del Reino de Castilla, y en 1526, para los del Reino de Aragón, se dictaron decretos de conversión, en virtud de los cuales los mudéjares que no aceptaran el bautismo se veían obligados a abandonar el país. Los convertidos, en su mayoría por la fuerza, pasarían desde entonces a ser los llamados moriscos. Etc., etc., etc. Las aclaraciones las hacía Rosa, la única señorita que integraba nuestro grupo: - Así, mozárabe es un término acuñado Dicho lo cual, al darse por terminada la clase, nos juntamos una serie de amigos en la entrada, dando paso así a nuestros pensamientos y opiniones. Uno de ellos asegura que: - Merecía la pena asistir a esta clase. Yo me cuestiono el asunto desde otro punto de vista, por lo que dejo caer lo siguiente: - Sería interesante una visita a Teruel, capital del mudéjar aragonés. Elementos emblemáticos de la arquitectura mudéjar aragonesa son las torres, que abundan en el paisaje urbano turolense. Y todos a una, como Fuenteovejuna, aprueban la sugerencia. Pero el más perspicaz del grupo pone el punto sobre la “i” y fija las condiciones de nuestra salida: - Mañana es sábado, por lo que todos tenemos el día libre. Podemos quedar a las 9:00 horas de la mañana, haciendo el esfuerzo de madrugar, y para esa hora ya tendré el coche de mi padre. ¡Bien! Así quedamos. Ya refugiado en mi casa, consulto algunos libros y obtengo las siguientes conclusiones: - La distribución del arte mudéjar por la geografía peninsular es muy irregular. Las primeras experiencias toledanas y leonesas fueron seguidas por Castilla y Andalucía, para lograr luego otro potente núcleo de desarrollo en Aragón. Los monumentos del mudéjar aragonés comparten algunos rasgos materiales, técnicos, estructurales y decorativos. El uso del ladrillo imprime un carácter especial a la arquitectura mudéjar que la diferencia claramente del resto de arquitectura medieval europea, si bien, en lo que concierne a la estructura, muchos edificios del siglo XIV asimilan el concepto espacial de la arquitectura gótica catalana, caracterizado por la definición de grandes ambientes unitarios. Así, encontramos naves anchas cubiertas con bóvedas de crucería realizadas en ladrillo. Los contrafuertes que sostienen la cubierta casi no se perciben desde el exterior, debido a la presencia de profundas capillas entre ellos. De esta forma se obtiene un muro exterior continuo que envuelve asimismo la zona de la cabecera. La cohesión estructural y volumétrica cuaja en la tipología de iglesia fortaleza. Se trata de edificaciones de planta rectangular, con capillas entre contrafuertes y cabecera recta con triple capilla; sobre las capillas, una tribuna corrida se exterioriza mediante arquerías apuntadas. La fuerza del mudéjar aragonés se deja sentir aún en construcciones del siglo XVI. Incluso en la siguiente centuria, tras la expulsión de los moriscos, las bóvedas de algunas iglesias aragonesas se recubren con decoración de yeserías, manifestando así la pervivencia de la que ha sido calificada como “expresión artística genuinamente hispánica”. Estas afirmaciones toman cuerpo en el conjunto de edificios mudéjares de la ciudad de Teruel, declarados patrimonio de la humanidad. Compuesto por las torres de El Salvador, San Martín y San Pedro, el mudéjar de la ciudad de Teruel culmina en su catedral o antigua iglesia de Santa María de Mediavilla, de raigambre almohade, con una peculiar estructura en la techumbre de armadura de par y nudillo, única en Aragón. Tras lo cual, afirmo con el pensamiento: - Esto es correcto. Pero no soy el único que se documenta al respecto. Suena el teléfono: - Rin, rin, rin. Descuelgo y otro conocido me dice lo siguiente: - Oyes, la profusión de la decoración cerámica de los exteriores, común a todos los monumentos que integran el conjunto, la equipara a la que se desarrolla en el arte islámico de Oriente a partir del siglo XII. Presente ya en los edificios más antiguos, como son las torres de Santa María de Mediavilla y de San Pedro, la cerámica ornamental turolense demuestra la antigüedad de los alfares de la ciudad, sobre todo en lo que concierne a su serie de cerámica verde y manganeso de tradición islámica cordobesa, claro indicativo de la penetración las corrientes artísticas del sur. La misma influencia que también se manifiesta en el sistema estructural de las torres de San Martín y de El Salvador, con un alminar como soporte del cuerpo de campañas. Este influjo sureño se explica por la conformación de la morería turolense, nutrida de una fuerte inmigración exterior que llegó hasta la ciudad atraída por los privilegios fiscales de la política de Pedro III el Grande. La aceptación de estas influencias conformó un patrimonio personalísimo que aunó, mediante el uso del ladrillo, con carácter constructivo y ornamental, y la azulejería decorativa, el pasado morisco peninsular con la tradición islámica de Oriente. Esto es lo que yo he obtenido por mi cuenta. ¡Bien, está bien! Ambos se despiden hasta el día siguiente. Yo, por mi parte, me detengo en el estudio detallado de la catedral de Teruel. - La catedral de Santa María está situada cercana a la plaza mayor, en el centro de la ciudad, haciendo gala de su advocación antigua de iglesia Santa María de media villa, ya que no adquirió el rango de catedral hasta el año 1587, fecha en que se creaba la diócesis de Teruel. Como en el caso de San Pedro, la torre de Santa María es también el elemento más antiguo de todo el conjunto y fue construida entre 1257 y 1258, cerrando asimismo una campaña edilicia románica desarrollada durante la primera mitad del siglo XIII. Aunque aquí las tres naves de época románica no fueron demolidas sino consolidadas, reduciéndose a la mitad el número de los arcos de separación de las mismas y recreciéndose sus muros en altura, que conforman las tres naves actuales, de las que la central se cubre con la famosa techumbre mudéjar. Los análisis recientes han dado la fecha de 1250 para esta torre de Santa María, que coincide con su datación documental. Junto con la coetánea de San Pedro constituye el arquetipo más antiguo de torre mudéjar turolense, entre cuyos elementos peculiares destaca en primer lugar el arco apuntado de su parte inferior, que deja pasar bajo el mismo el trazado viario, una fórmula que cuenta con suficientes precedentes en la arquitectura de la época, incluida la italiana. De este modo las torres campanario se integran de manera perfecta en el sistema urbano. Asimismo hay que destacar los aspectos ornamentales de raigambre islámica, ya señalados para la torre de San Pedro, es decir, los arcos de medio punto entrecruzados y la cerámica en verde y manganeso aplicada como decoración arquitectónica en sus diversas formas de azulejos, discos o platos y fustes. En el interior de la catedral la techumbre mudéjar que cubre la nave central constituye una obra singular y única en el mudéjar hispánico. Tras el recrecimiento de las naves en altura y la instalación de la techumbre mudéjar, las obras de la catedral continuaron hacia la cabecera, realizándose el crucero y los ábsides en 1335. Hay que esperar a la Edad Moderna, cuando la necesidad de una iluminación más potente para el nuevo retablo mayor del escultor Gabriel Joly, realizado en primorosa talla de madera en su color y asentado en el año 1536, obliga a plantear la construcción de un nuevo cimborrio. Fue diseñado por el maestro Juan Lucas, alias Botero, y construido en 1538 bajo la dirección de Martín de Montalbán. Este cimborrio de la catedral de Teruel es, por cronología, el segundo de los aragoneses, tras el de La Seo de Zaragoza, cuya estructura de raigambre musulmana reproduce, si bien al exterior son más evidentes ya los nuevos elementos formales del Renacimiento, como los bustos clipeados. Es la única manifestación del mudéjar turolense que por cronología queda fuera del siglo de esplendor medieval. - En el centro de la ciudad se halla la Torre de Santa María, la catedral. Fue construida entre 1257 y 1258, destacando algunas particularidades como el arco apuntado de la parte inferior, la decoración en tonalidades verdes o los arcos de medio punto entrecruzados. Sobre los arcos de la torre, doy con lo siguiente: - Hay que destacar los aspectos ornamentales de raigambre islámica que aparecen en la torre de la catedral turolense, es decir, los arcos de medio punto entrecruzados y la cerámica en verde y manganeso aplicada como decoración arquitectónica en sus diversas formas de azulejos, discos o platos y fustes. En resumidas cuentas: - La antigua iglesia de Santa María de Mediavilla, luego catedral de Teruel, posee rasgos propios del gótico meridional, pues se define a partir de una amplia y espaciosa nave cubierta con una de las más bellas techumbres de madera, enriquecida con decoraciones pictóricas de temas profanos. El cimborrio, una obra de filigrana, cuya construcción fue dirigida por el maestro Miguel de Montalbán en 1538, se inspira en el de la Seo zaragozana y, junto con el de Tarazona, manifiesta la fuerza y pervivencia del mudéjar en plena época moderna. Y, así, me doy por satisfecho tras estas primeras pesquisas. CAPÍTULO SEGUNDO Al día siguiente, en el campus de la Universidad nos damos cita cinco estudiantes, todos compañeros. El conductor del vehículo nos sorprende con un Citroën C-3. Por primera vez está disponible como eléctrico, con 113 caballos y 320 kilómetros de autonomía. Aquí nos vamos a centrar en las versiones que tienen motor de combustión. De estas últimas hay dos. La de acceso a la gama tiene un motor de gasolina 1.2 Puretech de 101 caballos con cambio manual de seis marchas. A finales de año llegará la versión Hybrid, que tiene una potencia idéntica, pero incluye un motor eléctrico de 29 caballos en su sistema de propulsión y dispone de distintivo ECO. Este C3 tiene cambio automático. Hay dos acabados disponibles con denominación You y Max, respectivamente. El primero quizás te resulte algo espartano, aunque Citroën no ha descuidado el apartado de ayudas a la conducción. El acabado Max dispone de un sistema de infoentretenimiento con pantalla integrada, asientos más cómodos y con una tapicería de mayor calidad, llantas de 17 pulgadas (en lugar de 16) y otros elementos como pintura exterior bitono, elevalunas eléctricos y climatizador. Uno de nosotros pregunta: - Cómo llegar a Teruel. A lo que el conductor le responderá inmediatamente: - Desde Huesca y Zaragoza: Por la A-23 hacia Teruel o por la N-232en dirección Alcañiz para tomar la A-222, que enlaza con la N-420en Montalbán y llega a Teruel. Nos montamos en el vehículo y emprendemos nuestro viaje, en el que silenciosamente vamos contemplando el paisaje. Yo advierto algunas curiosidades, pero lo que más me llama la atención es que los seis llevamos notas sobre algunas particularidades del mudéjar aragonés. Uno de los curiones que va en el coche acerca de la ciudad de Teruel nos cuenta lo siguiente: - Teruel es la capital de la provincia que lleva su mismo nombre, está situada en la Comunidad de Aragón. Cuenta con una población de alrededor de treinta mil habitantes y se sitúa a 915 m. sobre el nivel del mar. Las primeras referencias a Teruel aparecen en las crónicas musulmanas del siglo X, aunque su pasado es celtíbero y tuvo ocupación romana. Una de las leyendas más extendidas sobre su origen es que, en tiempos lejanos, la ubicación de las villas se realizaba sirviéndose de un animal salvaje; se perseguía a éste y, en el lugar donde era cazado, se erigía un santuario alrededor del cual se construía el asentamiento. Su nacimiento como núcleo de importancia hay que situarlo en la Reconquista, cuando el rey Alfonso II decide fundar una villa con el fin de organizar las fronteras del Reino ante la conquista de Valencia por los almohades. En 1171 el rey entra en Teruel, finalizando la dominación musulmana de la ciudad, si bien la población islámica permaneció mayoritariamente en ella. Fruto de esta coexistencia fue un extraordinario arte mestizo, del que Teruel conserva numerosos ejemplos. Se trata del mudéjar, del que se conservan cinco torres, las mejores de las cuales son las llamadas de San Salvador y de San Martín, edificadas en el siglo XII. Es también digna de mención la catedral, de construcción posterior, cuya torre es uno de los mejores monumentos del arte aragonés. Contiene además un excelente artesonado, fechado en el primer cuarto del siglo XIV. Y, así, entre unas cosas y otras llegamos a Teruel, capital. Paramos el coche junto a la torre de El Salvador, de quien uno de nosotros comenta que: - La torre de El salvador, construida en los inicios del siglo XIV, muestra la tipología tradicional de este tipo de torre –planta cuadrada u octogonal similar a la de los alminares musulmanes, con un remate en el cuerpo de campanas-, y la característica esencial que distingue al mudéjar aragonés: el abundante uso del ladrillo como material constructivo. Por mi parte, como protagonista y narrador, añado lo siguiente: - De la fábrica medieval de la parroquia de El Salvador tan sólo se ha conservado esta torre mudéjar, ya que la iglesia actual fue edificada de nuevo en estilo barroco, tras hundirse la primitiva el 24 de mayo de 1677. La torre de El Salvador no se halla datada documentalmente, aunque por sus características formales, muy similares a la San Martín (1315-16), se le asigna la misma cronología. En todo caso estas fechas concuerdan con la noticia, publicado por Alberto López Polo, según la cual el 11 de abril de 1277, el obispo de Zaragoza, don Pedro Garcés, autorizaba al racionero de la parroquia de El Salvador, mosén Pedro Navarrete, a obtener fondos en toda la diócesis para destinarlos a la obra de la iglesia y campanar de la misma. Una inscripción sobre la piedra sillar que refuerza la base de la torre nos informa de que esta obra de consolidación fue realizada en el año 1650. La torre ha sido restaurada varias veces en el siglo XX, la última a cargo de los arquitectos Antonio Pérez y José María Sanz. Su interior ha sido dispuesto para la visita turística, por lo que esta torre de El Salvador es la más adecuada para subir hasta el cuerpo de campanas y constatar la estructura interna, similar a la de los alminares de época almohade. Se comprueba que está formada por dos torres, la exterior de ladrillo y la interior de mampostería de yeso, quedando entre ambas las escaleras, con la torre interior dividida en tres estancias en altura, cubiertas, una con bóveda de crucería y otras dos con cañón apuntado. - Esta disposición va coronada en lo alto por el cuerpo de campanas. Algunas notas formales corroboran el carácter evolucionado y tardío de esta torre, la más reciente de todas las turolenses si no tenemos en cuenta la desaparecida y efímera torre de San Juan, conocida como "la fermosa", construida en 1343-44 y destruida, ya en 1366, con motivo de la ocupación de la ciudad por las tropas castellanas durante la guerra entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. Así, el arco de la parte baja, que da paso a la calle, ya no cierra con bóveda de cañón apuntado, como en las otras, sino con bóveda de crucería sencilla. Mayor madurez artística se advierte asimismo en el sistema decorativo, en el que alcanzan cada vez mayor extensión los grandes paños ornamentales en ladrillo resaltado. Ello sucede tanto con los paños de arcos mixtilíneos entrecruzados como con las series de lazos de cuatro formando estrellas de ocho puntas combinadas con cruces. Incluso las bandas en zig-zag se potencian al hacerse dobles. Por lo demás, la cerámica aplicada sigue la tendencia formal ya presente en la torre de San Martín, es decir, una mayor variedad de piezas, menor formato de las mismas y más amplia gama de colorido. Con todos estos elementos formales se logran efectos de falta de peso y de movilidad luminosa, que son pervivencia de la estética islámica en la arquitectura mudéjar. Dando un paseo, nos acercamos a la iglesia de San Pedro, de la que, según otra voz, se nos comunica que: - La iglesia de San Pedro responde a una tipología cercana a la iglesia fortaleza, con sus sólidos contrafuertes y su ábside rematado por torreones. Además, el cimborrio de la catedral y el ábside de la iglesia de San Pedro son dos ejemplos de cubrición del mudéjar aragonés. La escasez de piedra en la geografía aragonesa fomentó el uso del ladrillo y el desarrollo de las técnicas derivadas de su realización e instalación, lo que afectó no sólo a los elementos constructivos, sino también a la decoración exterior, en la que, junto al ladrillo resaltado, aparecerá un prolijo uso de la cerámica ornamental, propiciado por la amplia producción alfarera de la zona. Pero inmiscuyéndome en el monólogo, remato que: - La iglesia de San Pedro, de 1196, cuenta con un bonito ábside gótico-mudéjar, y junto a ella se puede ver el sarcófago que contiene los restos de los dos personajes más famosos de la ciudad, los "amantes de Teruel", Isabel de Segura y Diego Marcés de Marcilla. En los siglos XVII y XVIII Teruel sufrió importantes remodelaciones urbanísticas y reformas en todos los edificios religiosos, levantándose además palacios de influencia renacentista. El año 1883 es un año importante para Teruel, ya que se convierte en capital de la provincia. La Guerra Civil fue especialmente cruenta en la ciudad; en una de sus ofensivas, en el otoño-invierno de 1937, los ejércitos republicanos consiguieron conquistarla. Sin embargo, y en uno de los inviernos más crudos que se recordaban, las tropas franquistas la reconquistaron. Actualmente, Teruel está llevando a cabo campañas destinadas a atraer la atención de la opinión pública debido a su abandono respecto de otras capitales de provincia; de momento, su campaña de "Teruel Existe" al menos ha llamado la atención de los medios de comunicación sobre la situación en que se encuentra toda la región. Otro compañero retoma la palabra y nos asegura que: - La torre de San Martín, construida hacia 1315 y reparada a mediados del siglo XVI por Quinto Pierre Vedel, es un ejemplo sobresaliente del mudéjar turolense. La torre de San Martín está compuesta por una torre interior con estancias superpuestas y otra exterior que engloba la rampa de escaleras que corre entre ambas; el arco apuntado que se abre en su cuerpo inferior permite una circulación más cómoda por los alrededores de la iglesia. Arcos apuntados, bóvedas, bovedillas, contrafuertes, todos los elementos constructivos están hechos en ladrillo mediante un complejo sistema de aproximación de hiladas. Yo, por mi parte, señalo que: - Hacia el norte de la ciudad medieval de Teruel, dominando la calle longitudinal de Los Amantes, sobre la que se eleva, muy próxima a la puerta de Daroca, la torre mudéjar de San Martín es, como en el caso de El Salvador, el único resto mudéjar de la parroquia de su nombre, habiendo sido transformada por completo la iglesia en época barroca. Esta torre fue construida entre 1315 y 1316 según la documentación turolense. Su reparación es la más antigua conocida, puesto que según datos documentales, utilizados ya por José María Quadrado, la torre fue profundamente reparada por el ingeniero y arquitecto francés Quinto Pierres Vedel, entre 1549 y 1551. La reparación consistió básicamente en construir en la parte baja de la misma un muro de piedra sillar en talud, que le sirve de apeo. Se adquirieron entonces unas casas al monasterio de la Santísima Trinidad para desembarazar la torre de construcciones anejas y proporcionarle una plaza ante la misma, idea urbanística moderna. En el siglo XX ha sido objeto de diversos estudios y restauraciones, destacando los de Ricardo García Guereta en 1926. La torre de San Martín sigue por un lado fiel al sistema turolense de abrir un arco en la parte baja para dar paso a la calle, pero por otro introduce una destacada novedad estructural, la de alminar almohade, ya vista en la torre de El Salvador y que las diferencia del arquetipo antiguo de las torres de Santa María y San Pedro. También son muy notables las novedades ornamentales, sobre todo en la labor de ladrillo resaltado, donde es evidente el influjo almohade en las composiciones. Además, la decoración cerámica muestra un importante avance sobre la etapa anterior, al enriquecer la gama cromática y la variedad de las piezas aplicadas, disminuyendo por otra parte su tamaño. Según otro alumno aventajado: - Las decoraciones de tradición hispanoárabe constituyen uno de los elementos formales que mejor contribuyen a la caracterización de la arquitectura mudéjar aragonesa. El repertorio de ornamentos que presentan los edificios turolenses, sobre todo en las torres de San Martín y El Salvador supone la revitalización del arte de las taifas. No se han descartado, sin embargo, paralelismos con la arquitectura sículo-normanda en lo que atañe a las combinaciones de arquerías. Las lacerías y mocárabes de ladrillo y cerámica vidriada forman parte de un sistema de revestimiento mural que disimula las estructuras arquitectónicas y otorga a la ornamentación un papel fundamental en la estética mudéjar, como lo tuvo también en el arte musulmán. Haciendo una reconstrucción de “Teruel mudéjar”, tendríamos que levantar las siguientes ideas: - A lo largo de un siglo, entre 1250 y 1350 aproximadamente, la ciudad de Teruel vivió al compás de su desarrollo urbano un extraordinario periodo de esplendor del arte mudéjar, de valor tan excepcional que la UNESCO le ha otorgado, en 1986, el título de Patrimonio de la Humanidad. El mudéjar es un fenómeno singular, privativo del arte español, nacido y desarrollado en la España medieval cristiana como consecuencia de la pervivencia de lo islámico, una realidad artística nueva en la que se funden elementos formales de Oriente y de Occidente y que, como apostillase Menéndez Pelayo, constituye el único estilo artístico del que España puede presumir como propio. La riqueza y diversidad del mudéjar hispánico encuentra en la ciudad de Teruel un foco singular de inusitada importancia. El mudéjar turolense se halla en relación tan estrecha con las circunstancias históricas de la fundación y del desarrollo urbano de la ciudad que los primeros pasos para su mejor comprensión deben darse, en sentido estricto, recorriendo el solar medieval de la ciudad. El nombre de Teruel deriva del topónimo árabe Tirwal, con el que las fuentes árabes se refieren a un núcleo poblacional islámico del que no se ha podido establecer su emplazamiento ni su verdadera dimensión. Así, pues, tal como defiende el malogrado historiador medievalista Antonio Gargallo, la ciudad de Teruel fue fundada de nuevo por el rey aragonés Alfonso II, tras alcanzar por conquista estas tierras altas del Sur de Aragón en el año 1171, decidiendo asentar un núcleo de población cristiana en esta zona de frontera, a modo de avanzadilla aragonesa frente al poder de los almohades, que se mantenía intacto en la ciudad de Valencia, concediéndole su fuero en el año 1177. - Estas circunstancias históricas de la fundación de la ciudad van a reflejarse tanto en el plano urbano como en la estructura social de su población medieval y en sus manifestaciones artísticas. El recinto medieval, emplazado sobre una alta muela bordeada de profundos barrancos, en la margen izquierda del río Turia, responde al modelo de ciudad cristiana ideal, impulsado a partir de este momento por la Corona de Aragón en la repoblación del Levante peninsular. Es una ciudad de planta rectangular amurallada, de trazado hipodámico, sólo roto por el relieve en su cota más alta, al sureste, mientras en el resto se mantiene el trazado regular de sus calles, con cuatro puertas principales de entrada en el centro de sus lados, orientadas a los cuatro puntos cardinales, y que reciben los nombres de puerta de Daroca (al Norte), de Zaragoza (al Este), de Valencia (al Sur) y de Guadalaviar (al Oeste), conservándose en la actualidad tan sólo la primera de las citadas. Desde estas puertas parten las calles principales, que se cortan transversalmente en el centro, donde se abre la plaza mayor o del mercado, hoy denominada plaza del Torico. La ciudad quedó repartida en nueve parroquias, con la principal dedicada a Santa María de Mediavilla, actual catedral, en su centro teórico, mientras las ocho restantes se distribuían cuatro a cada lado, con una perfecta integración de su arquitectura en el plano urbano. En efecto, una de las notas peculiares del urbanismo turolense consiste en que las torres de las iglesias se elevan en su parte baja sobre un gran arco apuntado, que permite el paso de la calle bajo el mismo, con lo que estos campanarios mudéjares, además de su función religiosa, jugaban un importante papel de control viario. - Al no existir una ciudad musulmana anterior sobre este solar, como se ha defendido, tampoco hubo en origen una aljama de moros ni un espacio cerrado para la morería. Precisamente el carácter peculiar de la morería turolense consiste en que se formó por moros inmigrados, primero por moros cautivos, procedentes de la reconquista de Valencia, redimidos por el trabajo y después, en 1285, por una campaña de repoblación mudéjar apoyada por el rey Pedro III. Por esta razón los mudéjares no fueron alojados en una morería cerrada y emplazada fuera de los muros de la ciudad, como era lo habitual, sino en régimen abierto, dispersos por el caserío, con una particular concentración al Norte, entre la puerta de Daroca y la iglesia de San Martín. Esta condición de inmigrados de los mudéjares turolenses ha dejado una profunda huella en las características formales del arte mudéjar, verdadero foco de novedades estructurales y ornamentales llegadas de fuera. Por lo que respecta a la estructura social de la población, al tratarse de una ciudad de frontera frente al Islam, ha de valorarse asimismo el peso político de los caballeros villanos, que intervinieron de un modo decisivo en la reconquista levantina y en la configuración de una sociedad militarizada, tal como se corrobora en las escenas de cabalgada, torneo y caza representadas en la techumbre mudéjar de la catedral. Estructura social y arte mudéjar andan intrínsecamente relacionados. - Podemos entrar en el recinto medieval de la ciudad desde el Oeste, por la desaparecida puerta de Guadalaviar; a muy escasa distancia se alza la torre mudéjar de El Salvador, que domina vigilante la calle a la que da nombre en el recorrido hasta la plaza mayor. De la fábrica medieval de la parroquia de El Salvador tan sólo se ha conservado esta torre mudéjar, ya que la iglesia actual fue edificada de nuevo en estilo barroco, tras hundirse la primitiva el 24 de mayo de 1677. La torre de El Salvador no se halla datada documentalmente, aunque por sus características formales, muy similares a la San Martín (1315-16), se le asigna la misma cronología. En todo caso estas fechas concuerdan con la noticia, publicado por Alberto López Polo, según la cual el 11 de abril de 1277, el obispo de Zaragoza, don Pedro Garcés, autorizaba al racionero de la parroquia de El Salvador, mosén Pedro Navarrete, a obtener fondos en toda la diócesis para destinarlos a la obra de la iglesia y campanar de la misma. Una inscripción sobre la piedra sillar que refuerza la base de la torre nos informa de que esta obra de consolidación fue realizada en el año 1650. La torre ha sido restaurada varias veces en el siglo XX, la última a cargo de los arquitectos Antonio Pérez y José María Sanz. Su interior ha sido dispuesto para la visita turística, por lo que esta torre de El Salvador es la más adecuada para subir hasta el cuerpo de campanas y constatar la estructura interna, similar a la de los alminares de época almohade. - Se comprueba que está formada por dos torres, la exterior de ladrillo y la interior de mampostería de yeso, quedando entre ambas las escaleras, con la torre interior dividida en tres estancias en altura, cubiertas, una con bóveda de crucería y otras dos con cañón apuntado. Esta disposición va coronada en lo alto por el cuerpo de campanas. Algunas notas formales corroboran el carácter evolucionado y tardío de esta torre, la más reciente de todas las turolenses si no tenemos en cuenta la desaparecida y efímera torre de San Juan, conocida como "la fermosa", construida en 1343-44 y destruida, ya en 1366, con motivo de la ocupación de ciudad por las tropas castellanas durante la guerra entre Pedro I de Castilla y Pedro IV de Aragón. Así, el arco de la parte baja, que da paso a la calle, ya no cierra con bóveda de cañón apuntado, como en las otras, sino con bóveda de crucería sencilla. Mayor madurez artística se advierte asimismo en el sistema decorativo, en el que alcanzan cada vez mayor extensión los grandes paños ornamentales en ladrillo resaltado. Ello sucede tanto con los paños de arcos mixtilíneos entrecruzados como con las series de lazos de cuatro formando estrellas de ocho puntas combinadas con cruces. Incluso las bandas en zig-zag se potencian al hacerse dobles. Por lo demás, la cerámica aplicada sigue la tendencia formal ya presente en la torre de San Martín, es decir, una mayor variedad de piezas, menor formato de las mismas y más amplia gama de colorido. - Con todos estos elementos formales se logran efectos de falta de peso y de movilidad luminosa, que son pervivencia de la estética islámica en la arquitectura mudéjar. Próxima a la plaza mayor, hacia el Sureste, la torre de San Pedro se eleva a los pies de la iglesia y su construcción, datable a mediados del siglo XIII, pondría fin a una primera campaña edilicia románica, de la que sólo se ha conservado la torre. Por su tipología y decoración, esta torre de San Pedro ha sido relacionada siempre con la de Santa María, que según la documentación turolense fue construida entre 1257 y 1258. Esta torre de San Pedro se puede datar, según los últimos análisis, en 1240, por lo que algunos estudiosos defienden su precedencia cronológica sobre la de Santa María. El cuerpo original de campanas fue macizado en el año 1795 para sobreponerle un remate de sobrio carácter neoclásico. Tras la guerra civil española de 1936-39, el arquitecto Manuel Lorente Junquera eliminó el remate neoclásico, recuperando el cuerpo original de campanas. Hoy, de nuevo, la torre ha sido restaurada. - Con todos estos elementos formales se logran efectos de falta de peso y de movilidad luminosa, que son pervivencia de la estética islámica en la arquitectura mudéjar. Próxima a la plaza mayor, hacia el Sureste, la torre de San Pedro se eleva a los pies de la iglesia y su construcción, datable a mediados del siglo XIII, pondría fin a una primera campaña edilicia románica, de la que sólo se ha conservado la torre. Por su tipología y decoración, esta torre de San Pedro ha sido relacionada siempre con la de Santa María, que según la documentación turolense fue construida entre 1257 y 1258. Esta torre de San Pedro se puede datar, según los últimos análisis, en 1240, por lo que algunos estudiosos defienden su precedencia cronológica sobre la de Santa María. El cuerpo original de campanas fue macizado en el año 1795 para sobreponerle un remate de sobrio carácter neoclásico. Tras la guerra civil española de 1936-39, el arquitecto Manuel Lorente Junquera eliminó el remate neoclásico, recuperando el cuerpo original de campanas. Hoy, de nuevo, la torre ha sido restaurada por Antonio Pérez y José María Sanz. Esta torre, como las demás, abre en la parte baja en arco apuntado, aquí de doble rosca, dejando pasar la calle bajo la misma. Comparte con la de Santa María una estructura interior de tradición cristiana, constituida por una sola torre, dividida en pisos. También comparte con la de Santa María el sistema ornamental, en el que destaca el friso de arcos de medio punto entrecruzados, cuyo precedente formal islámico se encuentra en la fachada de la mezquita de la Aljafería de Zaragoza, así como la aplicación de la cerámica mudéjar en su serie verde y manganeso. - Entre los elementos de interés ornamental de la torre se cuenta una serie de capiteles en piedra tallada. Mariano Navarro Aranda ya llamó la atención sobre uno de ellos, en el que se representa una hamsa o mano de Fátima, tema que, según Juan Antonio Souto, fue introducido por los almohades, con representación en la cerámica esgrafiada de la primera mitad del siglo XIII y que simboliza básicamente la fe del Islam y la protección contra los maleficios. La actual fábrica mudéjar de la iglesia de San Pedro sustituyó a la anterior de época románica, ya aludida; a la fábrica actual se refieren, sin duda, algunas noticias documentales exhumadas por Alberto López Polo, como la de su construcción, en 1319, la obligación de edificar su claustro por parte de Francisco Sánchez Muñoz en 1383 y, por último, la consagración de la iglesia en 1392. Todas estas noticias casan bien con las características estructurales y formales de la actual iglesia de San Pedro, que sigue la tipología de iglesia-fortaleza mudéjar establecida en la iglesia parroquial de Montalbán, particularmente en la zona del ábside. Este ábside es de planta poligonal, de siete lados, con capillas entre los contrafuertes, y con la característica tribuna o andito sobre las capillas. Por el exterior este ábside de San Pedro se halla muy decorado, con paños de ladrillo resaltado, y con contrafuertes que se alzan en forma de torreoncillos octogonales, más esbeltos y desarrollados que en la iglesia parroquial de Montalbán, a los que imitan, con un aire orientalizante. - Tanto el interior de la iglesia como el del claustro fueron objeto de una reforma modernista en la primera década del siglo XX, en la que intervinieron el arquitecto Pablo Monguió Segura y el pintor decorador Salvador Gisbert, una actuación que modificó profundamente todo el conjunto. En la actualidad se trabaja con lentitud en un vasto proyecto de restauración del monumento. La catedral de Santa María está situada cercana a la plaza mayor, en el centro de la ciudad, haciendo gala de su advocación antigua de iglesia Santa María de media villa, ya que no adquirió el rango de catedral hasta el año 1587, fecha en que se creaba la diócesis de Teruel. Como en el caso de San Pedro, la torre de Santa María es también el elemento más antiguo de todo el conjunto y fue construida, como se ha dicho, entre 1257 y 1258, cerrando asimismo una campaña edilicia románica desarrollada durante la primera mitad del siglo XIII. Aunque aquí las tres naves de época románica no fueron demolidas sino consolidadas, reduciéndose a la mitad el número de los arcos de separación de las mismas y recreciéndose sus muros en altura, que conforman las tres naves actuales, de las que la central se cubre con la famosa techumbre mudéjar. Los análisis recientes han dado la fecha de 1250 para esta torre de Santa María, que coincide con su datación documental. Junto con la coetánea de San Pedro constituye el arquetipo más antiguo de torre mudéjar turolense, entre cuyos elementos peculiares destaca en primer lugar el arco apuntado de su parte inferior, que deja pasar bajo el mismo el trazado viario, una fórmula que cuenta con suficientes precedentes en la arquitectura de la época, incluida la italiana. - De este modo las torres campanario se integran de manera perfecta en el sistema urbano. Asimismo hay que destacar los aspectos ornamentales de raigambre islámica, ya señalados para la torre de San Pedro, es decir, los arcos de medio punto entrecruzados y la cerámica en verde y manganeso aplicada como decoración arquitectónica en sus diversas formas de azulejos, discos o platos y fustes. En el interior de la catedral la techumbre mudéjar que cubre la nave central constituye una obra singular y única en el mudéjar hispánico, tanto por su estructura como por su decoración, confluyendo en ella dos tradiciones artísticas, la islámica de raíz oriental y la cristiana de raíz occidental, que se funden en una manifestación artística nueva. Ha sido denominada "Capilla Sixtina" del arte mudéjar. Aunque se carece de referencias documentales sobre su realización, todos sus elementos apuntan a una cronología relativa situable en el último cuarto del siglo XIII. Por lo que hace a la crítica de autenticidad, durante la última guerra civil de 1936-39 una bomba destrozó la última sección de los pies, restaurándose posteriormente de forma abusiva toda la techumbre, entre 1943 y 1945, por técnicos de Regiones Devastadas. Últimamente, entre 1996 y 1999, se ha realizado una campaña de intervención bajo la dirección técnica del Instituto del Patrimonio Histórico Español, habiéndose llevado a cabo una destacada labor de estudio, limpieza, consolidación y tratamiento de esta techumbre. - Estructuralmente conforma una armadura de madera de par y nudillo, con dobles tirantes, dentro de la tradición de la carpintería almohade. No es muy frecuente la conservación de armaduras de este tipo tan antiguas, habiéndose señalado algunos ejemplos coetáneos en la ciudad de Toledo (en la iglesia de Santiago del Arrabal y en la sinagoga de Santa María la Blanca). En el caso de la catedral de Teruel, cuyas naves habían sido recrecidas sin dotarlas de los contrafuertes necesarios para su posible abovedamiento, esta techumbre aportaba una solución de cubierta muy adecuada ya que su estructura reparte la carga por igual sobre los muros. Mayor es todavía el interés artístico de la ornamentación tanto geométrica como vegetal y, en particular, la figurada, que atesora un repertorio de imágenes sin igual. Aplicada al temple sobre la madera y en estilo gótico lineal, no predominan las imágenes sagradas, entre las que destaca un ciclo de la Pasión, sino las profanas, con representación de las diferentes clases sociales y de sus actividades. Llaman la atención las escenas de cabalgada, torneo y caza de los caballeros villanos, así como los diversos oficios y trabajos de los carpinteros, de los pintores o de los músicos. Otras imágenes, de carácter alegórico o simbólico, proceden de la tradición figurativa de los bestiarios o pueden estar relacionadas con los temas literarios. Sin embargo, no se aprecia un orden coherente en la disposición de las imágenes en el espacio de la techumbre y los estudiosos han discutido sobre su función y significado general. - En una valoración global de esta obra no hay que olvidar el horizonte histórico que la hizo posible, es decir, de la ciudad y de la sociedad turolenses en torno a 1285. Tras el recrecimiento de las naves en altura y la instalación de la techumbre mudéjar, las obras de la catedral continuaron hacia la cabecera, realizándose el crucero y los ábsides en 1335. Hay que esperar a la Edad Moderna, cuando la necesidad de una iluminación más potente para el nuevo retablo mayor del escultor Gabriel Joly, realizado en primorosa talla de madera en su color y asentado en el año 1536, obliga a plantear la construcción de un nuevo cimborrio. Fue diseñado por el maestro Juan Lucas, alias Botero, y construido en 1538 bajo la dirección de Martín de Montalbán. Este cimborrio de la catedral de Teruel es, por cronología, el segundo de los aragoneses, tras el de La Seo de Zaragoza, cuya estructura de raigambre musulmana reproduce, si bien al exterior son más evidentes ya los nuevos elementos formales del Renacimiento, como los bustos clipeados. Es la única manifestación del mudéjar turolense que por cronología queda fuera del siglo de esplendor medieval. Hacia el Norte de la ciudad medieval, dominando la calle longitudinal de Los Amantes, sobre la que se eleva, muy próxima a la puerta de Daroca, la torre mudéjar de San Martín es, como en el caso de El Salvador, el único resto mudéjar de la parroquia de su nombre, habiendo sido transformada por completo la iglesia en época barroca. - Esta torre fue construida entre 1315 y 1316 según la documentación turolense, como se ha dicho. Su reparación es la más antigua conocida, puesto que según datos documentales, utilizados ya por José María Quadrado, la torre fue profundamente reparada por el ingeniero y arquitecto francés Quinto Pierres Vedel, entre 1549 y 1551. La reparación consistió básicamente en construir en la parte baja de la misma un muro de piedra sillar en talud, que le sirve de apeo. Se adquirieron entonces unas casas al monasterio de la Santísima Trinidad para desembarazar la torre de construcciones anejas y proporcionarle una plaza ante la misma, idea urbanística moderna. En el siglo XX ha sido objeto de diversos estudios y restauraciones, destacando los de Ricardo García Guereta en 1926. La torre de San Martín sigue por un lado fiel al sistema turolense de abrir un arco en la parte baja para dar paso a la calle, pero por otro introduce una destacada novedad estructural, la de alminar almohade, ya vista en la torre de El Salvador y que las diferencia del arquetipo antiguo de las torres de Santa María y San Pedro. También son muy notables las novedades ornamentales, sobre todo en la labor de ladrillo resaltado, donde es evidente el influjo almohade en las composiciones. Además, la decoración cerámica muestra un importante avance sobre la etapa anterior, al enriquecer la gama cromática y la variedad de las piezas aplicadas, disminuyendo por otra parte su tamaño. Como recordaba Francisco Íñiguez, estas torres no son otra cosa que un alminar islámico al que se le ha superpuesto un cuerpo cristiano de campanas. La de San Martín es, sin duda, el arquetipo más logrado, incluido un defecto inicial, el no haber resuelto adecuadamente la cubierta del cuerpo de campanas ya que, a fin de cuentas, constituye un elemento extraño al sistema de trabajo mudéjar. CAPÍTULO TRES Ahora, vamos a hablar exclusivamente sobre el Arte mudéjar, en general. Las particulares circunstancias de la historia medieval de España, con la presencia del Islam sobre el solar hispánico durante ocho siglos, desde la invasión musulmana en el año 711 hasta la reconquista cristiana de Granada en el año 1492, dejaron una profunda huella en la cultura española, que determinada corriente historiográfica ha minusvalorado sistemáticamente, a pesar de lo cual el eminente historiador Ramón Menéndez Pidal tuvo que definir a España en un conocido estudio como eslabón entre la Cristiandad y el Islam. Durante estos ocho siglos España quedó dividida entre la Cristiandad y el Islam, dos culturas enfrentadas política y religiosamente. Pero el estudio de la historia militar y política de la Reconquista enmascara y oculta, con frecuencia, otra historia de enseñanzas más ricas, la de los contactos culturales entre cristianos y musulmanes. En un primer momento comunidades de cristianos (mozárabes) y de judíos vivirán como tributarios bajo dominio musulmán, época en la que numerosos cristianos se convertirán al Islam (muladíes). Pero después, cuando la balanza, política se inclina del lado cristiano con el progresivo avance de la reconquista serán los musulmanes vencidos (moros o mudéjares) y los judíos quienes vivan como súbditos de los reyes castellanos y aragoneses. Es esta rica historia de civilización, de formas de vida y de cultura, que se desarrollan a ambos lados de las fronteras políticas, y que en períodos de paz establecen cordiales relaciones de vecindad y contactos culturales profundos, la que ahora nos interesa en primer lugar. El arte mudéjar es un estilo artístico que se desarrolló en los reinos cristianos de la península Ibérica y que incorporaba influencias, elementos o materiales de estilo hispano-musulmán. Fue la consecuencia de las condiciones de convivencia existentes en la España medieval. Se trata de un fenómeno exclusivamente hispánico que tiene lugar entre los siglos XII y XVII, como mezcla de las corrientes artísticas cristianas (románicas, góticas, renacentistas) y musulmanas de la época y que sirve de eslabón entre el arte cristiano y el islámico. Las características del arte mudéjar son: 1. La utilización de materiales blandos como ladrillo, yeso, cerámica o madera, lo que facilita la profusión decorativa. 2. El uso de ciertos elementos arquitectónicos y de ciertos temas decorativos. Para unos historiadores, se trata de un epígono del arte islámico, y para otros, de un período de arte cristiano en el que aparecen la decoración islámica, ya que lo practicaban los mudéjares, gentes de religión musulmanay cultura árabe-bereber que permanecían en los reinos cristianos tras la conquista de su territorio y, a cambio de un impuesto, conservaban su religión y un estatus jurídico propio; pero también lo practican los moriscos y los cristianos que aprendieron las técnicas propias del arte musulmán. CAPÍTULO CUARTO El arte mudéjar es un estilo artístico de inspiración musulmana desarrollado en la España medieval cristiana entre los siglos XI y XVI. Por extensión también designa al arte hispanoamericano inspirado en él. La palabra "mudéjar" procede del árabe mudayyan "aquél a quien se la ha permitido quedarse", se aplica a los musulmanes a los que, tras la reconquista, se les permitió permanecer en territorio cristiano conservando su religión y un status jurídico propio. El término, pues, define una relidad étnico-religioso-jurídica pero no artística, de forma que, en sentido estricto, es claramente aplicable por los historiadores, pero no en el terreno artístico. A pesar de su acepción, los historiadores del Arte, tras numerosos debates, se han decidido por mantenerlo, ahora bien, entendiendo el arte mudéjar como una realidad artística fruto de la convivencia de dos comunidades -musulmana y cristiana- en la España medieval. Los soportes culturales de cada una de estas comunidades eran completamente diferentes, pero, además, fueron variando a lo largo del tiempo lo que generó un proceso de selección y asimilación de elementos que dio lugar a la manifestación más genuinamente española. Así pues, el resultado fue la conjunción de elementos procedentes de ambas culturas, lo que conformó un arte completamente nuevo, autónomo y diferenciado de los anteriores. Los límites de este proceso artístico son bastante ambiguos, si bien se pueden establecer unas fechas marco. El límite inferior se sitúa en la conquista del reino de Taifa de Toledo en 1085 por Alfonso VI. En cambio, el límite superior es más impreciso al contar con dos fechas claves: una, la conversión forzosa de los musulmanes, hecho que se produjo en 1502 en la Corona de Castilla y 1526 en la Corona de Aragón y, otra, la expulsión definitiva de los moriscos o conversos en 1609-1610. El origen del arte mudéjar se halla en la aceptación cristiana del arte islámico debido, en gran parte, al proceso de reconquista y repoblación del territorio, a lo que se unió la atracción ejercida por las manifestaciones artísticas de los sometidos. Es evidente que la conquista del territorio islámico desvelaba ante los cristianos una sociedad más avanzada que la suya, del mismo modo que las nuevas ciudades sometidas ofrecían edificios que pasaban a ser utilizados por los cristianos sin apenas transformaciones. Prácticamente, sólo las mezquitas eran susceptibles de variar la orientación musulmana - el sureste - por la cristiana -este-; en cambio, las alcazabas y palacios pasaban directamente a convertirse en las residencias de los monarcas y la nobleza cristiana. Una vez superada la fase que pudiera denominarse de "reutilización", se asiste a un proceso constructivo en el que produce la selección del repertorio artístico. Entre los elementos seleccionados figura el material y el sistema de trabajo. El uso del ladrillo, la mampostería, la argamasa, el yeso, la madera y la cerámica constituyen los fundamentos de la nueva arquitectura. Todos ellos son de honda tradición hispanomusulmana, lo que suponía una mayor baratura de los materiales, una mayor rapidez de ejecución, una abundancia y un menor costo de la mano de obra mudéjar. Existe, pues, una razón económica, al adecuarse a los materiales autóctonos ejecutados por una mano de obra más competitiva y mejor capacitada. No obstante, sus alarifes no fueron necesariamente mudéjares, puesto que también están documentados cristianos y judíos. El proceso de selección no acaba aquí, se extiende tanto a lo estructural y ornamental como a los modos de comportamiento de la nueva sociedad. En ambos casos desempeñó un papel determinante la función a que estaban destinadas las nuevas obras y la valoración positiva de la estética musulmana por los grupos sociales que las promovían. Prueba de ello es la utilización de tipologías diversas, siendo lo más frecuente que en la arquitectura palatina se adoptaran modelos de tradición hispanomusulmana - califal, taifa y almohade- mientras que en la arquitectura religiosa se emplearon modelos cristianos -románicos y góticos- asociados a elementos de inspiración islámica como las armaduras de madera, los repertorios ornamentales o la estructura de las torres campanarios. Al mismo tiempo, detrás de estas construcciones aparecen siempre dos grupos sociales, nobleza y pueblo, claramante diferenciados del alto clero -obispos y abades- cuyas catedrales, monasterios y conventos se rigen por patrones artísticos europeos. A partir de estos presupuestos se procede a la asimilación y transformación de la cultura y su repertorio artístico, hecho que, por otra parte, es la norma del arte islámico al entrar en contacto con la cultura de otros pueblos. La consecuencia fue la creación de un sistema propio, de una realidad artística caracterizada por la unidad dentro de la diversidad. Para atender a la diversidad, se ha venido dividiendo tradicionalmente el análisis artístico en focos regionales, con el fin de profundizar en las características y personalidad del mudéjar en cada zona. No obstante, aunque esta sistematización es importante, no contempla la necesaria unidad implícita en el proceso, por lo que dificulta la visión total y globalidora del fenómeno artístico y anula la influencia ejercida por los distintos focos entre sí. Consecuencia de la diversidad es la rivalidad a que han sido sometidos los focos leonés y toledano respecto a la primogenitura en el origen del arte mudéjar. A pesar de la trascendencia de este tema, no contempla la posibilidad de la existencia de obras previas, perdiéndose de vista, de igual manera, que ambos focos forman parte del mismo proceso repoblador, en el cual, conforme la Corona de Castilla reconquistaba el territorio islámico, se producía indefectiblemente un trasvase de técnicas, tipologías y repertorios ornamentales. Por otra parte, al profundizar en la unidad dentro de la diversidad, y seguir criterios formulados por la historiografía francesa, se ha buscado una vía de análisis más sociológica que distingue entre el mudéjar cortesano y el popular. El mudéjar cortesano representa la vertiente más uniforme de este proceso artístico y estaba patrocinado por los grupos dominantes -la corte o los grandes señores territoriales- quienes se encargaban de introducir los nuevos repertorios. En cambio, el mudéjar popular contempla aquellas manifestaciones populares que se desarrollaban de forma más espontánea y en las que el sustrato local tenía una fuerte impronta, por lo que se suscitaron variedades regionales agrupadas bajo distintos focos: leonés, castellano viejo, toledano, aragonés, extremeño y andaluz. De esta forma, pese a la imperfección de este modelo de análisis, se evitan las dificultades añadidas que conllevan otros criterios como el de evolución artística y cronológica, el que clasifica el arte mudéjar en función de sus materiales, así como aquél que atiende al origen de sus componentes artísticos -califal, taifa, almorávide, almohade, románico y gótico-. Bien es cierto, que todos y cada uno de estos criterios, contemplan aspectos importantes de las obras mudéjares que, por otra parte, son dignos de tener en cuenta. Pero, al mismo tiempo, desdibujan el panorama general de este proceso artístico, sobre todo si se tiene en cuenta que una gran mayoría de las obras carecen de fecha precisa o son fruto de inercias artísticas en las que los materiales o los componentes artísticos forman parte de razones económicas y estéticas. En cualquier caso, siguiendo el criterio de unidad es necesario señalar, en primer lugar, los rasgos que caracterizan el arte mudéjar. De esta forma, se hace más inteligible el desarrollo de esta manifestación artística, tanto en su vertiente cortesana como popular. El lugar más destacado está ocupado, sin duda, por el ladrillo, cuyo papel tanto estructural como ornamental, es la constante fundamental, por lo que requiere una atención específica a lo largo de este proceso. Complementan el papel primordial que ostenta el ladrillo, el uso de techumbres de madera, yeserías y cerámica vidriada. Las techumbres de madera constituyen la nota más diferenciadora de la arquitectura mudéjar y se utilizan en todo tipo de construcciones, ya sean civiles o religiosas. Todas ellas se agrupan en dos tipologías: una, denominada alfarje, que se usa para cubrir techos planos, y otra, a dos aguas, conocida como de par y nudillo, que se caracteriza por su forma trapezoidal. Para aumentar la resistencia de estos dos faldones se añaden, a veces, en los lados menores del rectágulo, otros dos faldones más en cuya arista se coloca una viga a la que se denomina lima que puede ser una (lima bordón) o doble (limas moamares). Como consecuencia, este tipo puede ser también denominado armadura de limas, a cuatro aguas o de forma de artesa -que no debe confundirse con artesonado o decoración de artesones o casetones-. A su vez, estas techumbres reciben el calificativo de armaduras apeinazadas o ataujeradas, dependiendo que su decoración de lazo sea ensamblada o clavada. Por su parte, las yeserías constituyen verdaderos tapices decorativos de palacios y capillas. En ellos se funden motivos islámicos y góticos que incluyen tramas vegetales -la doble palma y las digitaciones de tradición almohade- y flora naturalista gótica - hojas de vid o roble-. También tienen cabida temas figurados como animales, seres fantásticos o escenas cortesanas, e incluso la epigrafía. Consecuencia de ello es la existencia de una serie de escuelas vinculadas a cada uno de los focos regionales, entre los que destacan Castilla y Andalucía por la mayor abundancia y antigüedad de sus manifestaciones. A partir del siglo XV, la introducción de motivos flamígeros unifican el repertorio y las escuelas entre sí. La cerámica vidriada cumple un papel ornamental y funcional al ser aplicada generalmente como zócalos o arrimaderos de palacios y capillas, conservándose también en algunas solerías. Para su ejecución se emplearon dos procedimientos: el alicatado o piezas recortadas que se combinan entre sí y el azulejo o losetas vidriadas cuya decoración se establece previamente siguiendo la técnica de cuerda seca o de cuenca o arista. Hasta el siglo XV coexistieron ambos procedimientos, generalizándose los azulejos de cuenca o arista a partir del siglo XVI. Una variante de esta cerámica arquitectónica -fustes, discos o paños ornamentales- singulariza la arquitectura religiosa aragonesa, aunque aparece también en Toledo y Andalucía. Junto a estos elementos que definen la arquitectura mudéjar existen otras manifestaciones artísticas que la complementan y que fueron prolongación de activos talleres de la época islámica. En ellos se produjeron alfombras, tejidos, muebles, cerámica, así como objetos de metal y cuero. Las alfombras parecen proceder de Alcaraz, y desde mediados del XV, de Chinchilla. Según su decoración se agrupan en dos series denominadas: del Almirante y de tipo Holbein. Al igual que las alfombras, los guadamecíes decoraban las habitaciones y las preservaban del frío o el calor al revestir las paredes. También se utilizaron como cojines, almohadones y frontales de altar. El material del que se fabricaban era piel de carnero curtida que se doraba y policromaba. El mobiliario medieval era escaso y fácilmente transportable. Se conservan algunas piezas como arcas, arcones, puertas y armarios, en los que es frecuente la decoración de lazo, bien apeinazada o bien ataujerada. Al mismo tiempo, también se utilizó la taracea con incrustaciones sobre la madera de piezas de marfil, hueso o de otras maderas de diferentes colores. Esta técnica se aplicó en objetos de lujo como cajitas, arquetas, arcas y sillas. La cerámica vidriada produjo, junto a la cerámica arquitectónica, una gran variedad de piezas de uso doméstico. Los talleres más importantes fueron los de Paterna y Manises. En este último centro se produjo una de las cerámicas de lujo más importantes de la Edad Media que, incluso, rivalizaba con las vajillas de metales preciosos usadas por la monarquía y la nobleza. Se trata de la loza de Manises, cuyo proceso de producción con tres cochuras, la última a baja temperatura y con fuego reductor, seguía la técnica islámica utilizada en la cerámica conocida como de reflejo metálico. Un carácter menos lujoso tenían las piezas cerámicas realizadas en verde y manganeso, técnica con la que durante el califato de Córdoba se produjeron sus mejores obras. Sus centros productores fueron Teruel, Paterna y Manresa. Los monarcas cristianos, al conquistar las ciudades islámicas, quedaron deslumbrados por sus palacios, en los que se instalaron y convirtieron en sus propias residencias. Testimonio de ello es la utilización de los palacios y la Almunia Real de Toledo por el monarca castellano Alfonso VI o la de los reyes de Aragón de la Aljafería de Zaragoza. En sus residencias, los monarcas acometieron con el paso del tiempo reformas, bien adaptando obras anteriores o bien contruyendo otras nuevas, aunque en cualquiera de los casos el modelo a imitar fue el islámico. Así sucede con Alfonso XI al construir el Palacio de Tordesillas, a partir de 1340, o con Pedro I en el Alcázar de Sevilla, entre 1355 y 1357. Si el primero refleja el influjo de la tradición almohade, el segundo representa plenamente la arquitectura mudéjar y su desarrollo cortesano, así como ejemplifica los logros conseguidos por los alarifes mudéjares toledanos y sevillanos a partir de presupuestos almohades, y las novedades nazaríes introducidas por los artistas granadinos proporcionados por Muhammad V al rey castellano Pedro I; refleja, pues, el intercambio permanente que se produjo entre las dos comunidades. La misma pauta fue seguida por los grandes señores territoriales, a imitación de la monarquía, de forma que, durante los siglos XIV y XV, reforman las antiguas fortalezas, construyen nuevos castillos y levantan en las ciudades sus palacios urbanos. Ejemplo de ello son los castillos de Escalona (Toledo) o Belmonte (Cuenca) y los palacios de los Ayala -actual convento de Santa Isabel de los Reyes- o el llamado del Rey don Pedro, ambos en Toledo. Este proceso constructivo desplegado por los estamentos más elevados de la sociedad determina la creación de un modelo de palacio mudéjar cuyas características están plenamente definidas a partir de mediados del siglo XIV. Este palacio se caracteriza por su carácter cerrado en el exterior, sus muros de ladrillo y su portada en piedra en la que se superponen puerta y ventana, coronada por un alero de madera. En el interior, su distribución gira en torno a un patio, alrededor del cual se disponen las estancias. Éstas seguirán dos modelos: uno, más habitual, de sala estrecha y alargada acotada en sus extremos por alcobas, y otro de salón cuadrado que puede ir rodeado por habitaciones. En la búsqueda de un efecto de lujo y riqueza, todas sus estancias van revestidas mediante un zócalo de azulejería a partir del cual se desarrollan las yeserías hasta el arranque de la techumbre de madera; se completa el adorno con alfombras y tapices. Otras construcciones patrocinadas por reyes y nobles son los oratorios o capillas privadas y las capillas funerarias, incorporadas a palacios, monasterios, catedrales o iglesias como símbolo de religiosidad o para perpetuar la memoria de sus linajes. En ellas, al igual que en los palacios, la impronta islámica es la dominante al inspirarse en la qubba musulmana - espacio cúbico cubierto por cúpula-. Destaca entre los oratorios como ejemplo más antiguo la capilla de la Asunción en la Claustrilla del monasterio de las Huelgas de Burgos. Entre las capillas funerarias merece señalarse la Capilla Real en la mezquita de Córdoba, cuyo modelo se expande por Andalucía, sobre todo en Sevilla, y alcanza incluso a Castilla. Asociados a las capillas funerarias y en otras ocasiones adosados a una nave de un recinto eclesiástico, aparecen sepulcros mudéjares caracterizados por su decoración con yeserías. El testimonio más antiguo corresponde al enterramiento de Fernandus Petri (m. 1242) en la capilla de Belén en el convento de Santa Fe de Toledo. En los enterramientos, dada la costumbre de amortajarse, se ha podido constatar el lujo alcanzado por los tejidos hispanomusulmanes y mudéjares, como ha quedado demostrado por los restos exhumados en el Panteón Real de las Huelgas de Burgos. Otra comunidad que merece una atención a parte es la judía. Sus medios ecónomicos le permitieron disfrutar de una situación privilegiada que le posibilitó para acometer importantes empresas artísticas pese a haber estado, muy a menudo, condicionada por la intrasigencia religiosa. Sus escasos vestigios artísticos demuestran la adopción de las nuevas fórmulas mudéjares, hecho que queda patente en las tres sinagogas conservadas. Todas ellas incorporan las nuevas corrientes artísticas del momento al haber estado patrocinadas por miembros vinculados a las cortes de los distintos monarcas. La sinagoga de Santa María la Blanca, de Toledo (siglo XIII), testimonia la temprana llegada de la estética almohade a Castilla. La sinagoga de Córdoba, de comienzos del XIV, se inserta en la corriente cordobesa que aplica una rica decoración de yeserías de raigambre almohade. Y, finalmente, la sinagoga del Tránsito, en Toledo (1356), que constituye una perfecta síntetis de las tres culturas al utilizar la organización geométrica, los motivos vegetales hispanomusulmanes, la flora gótica toledana y la decoración epigráfica en hebreo. Frente a la arquitectura palatina dominada por la influencia islámica, existe otra arquitectura de carácter popular, eminentemente religiosa, que toma como inspiración los modelos cristianos, sean románicos o góticos. Pese a su inspiración cristiana, no se puede afirmar, como han propuesto algunos autores, que se trate de un románico en ladrillo, ni de un gótico-mudéjar. Es evidente que la estructura del edificio por su función litúrgica y su concepción general, basada en cualquiera de estos dos estilos artísticos, podría suscitar dudas. No obstante, la impresión estética de estas construcciones, fruto de los materiales, así como los elementos y motivos ornamentales permiten hablar de una arquitectura religiosa mudéjar con un carácter completamente autónomo. La arquitectura religiosa mudéjar se caracteriza por estar asociada a zonas rurales o a barrios de las ciudades. Esto propicia la utilización de modelos locales que se repiten prácticamente de forma invariable y que determinan su escasa evolución. Al mismo tiempo, este hecho favorece el empleo de materiales baratos -ladrillo, yeso y madera- y la mano de obra capacitada en su uso. A estas características socioeconómicas de la arquitectura religiosa se unen las formales, en las cuales el empleo del ladrillo adquiere un auténtico protagonismo. Se trata de su utilización como elemento constructivo -muros, pilares, arcos, voladizos- y como motivo decorativo -arquerías ciegas, frisos, paños ornamentales-. Este valor del ladrillo se halla complementado por el uso de la madera para realizar las techumbres de las iglesias y por las yeserías generalmente asociadas a sepulcros y capillas. A partir de estos rasgos genéricos, el marcado cáracter local de la arquitectura religiosa determina la existencia de unas variantes regionales en las que son más patentes las influencias románicas o góticas, o bien las califales, taifas o almohades. De un modo general, se puede apreciar la existencia de una impronta predominante en cada uno de los focos: del románico en Castilla y el área toledana, cisterciense y almohade en Sevilla, así como taifa y del gótico mediterráneo en Aragón. Las iglesias mudéjares conservadas se localizan fundamentalmente en dos áreas geográficas: una corresponde a la denominada "Tierra de Campos", cuyos edificios se relacionan plenamente con el modelo derivado de Sahagún; la otra se vincula con la llamada "Tierra de Pinares", al sur del Duero, donde aparecen distintos centros, cada uno de los cuales manifiesta rasgos de acusada personalidad, tales como Toro, Cuellar, Olmedo y Arévalo. Las torres de las respectivas iglesias presentan gran originalidad, sobre todo en los primeros ejemplos de Sahagún - San Tirso y San Lorenzo-, tanto por ubicarse sobre el presbiterio como por estar formadas por arquerías abiertas. Con posterioridad el cuerpo aparece completamente liso y se decora en ocasiones con arcos ciegos -San Martín de Arévalo-. En el interior destaca el sistema para cubrir los tramos de la escalera mediante cañones rampantes de tradición románica. CAPÍTULO QUINTO Pero, nos lo vamos a tomar con paciencia, y volviendo sobre nuestros pasos, diremos que no es un estilo artístico unitario, sino que posee características peculiares en cada región, entre las que destacan el mudéjar toledano, leonés, aragonés y andaluz. Desde la península ibérica, también viajó a Canarias y a la América española. En el siglo XIX, junto con otros estilos historicistas apareció el neomudéjar. El término «arte mudéjar» lo acuñó Amador de los Ríos, en 1859, cuando pronunció su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando sobre El estilo mudéjar, en arquitectura El arte mudéjar es el más representativo de España en la época medieval, no es grandioso, sino peculiar y más personal. Esta peculiaridad viene dada por su carácter fronterizo entre el norte cristiano y los musulmanes. Existen distintas variantes de mudejarismo: el románico de ladrillo (León, Valladolid, Ávila y Segovia), el arte mudéjar occidental (desde el Tajo hasta Portugal), el mudéjar aragonés (con características propias, entre otras, la profusión de elementos ornamentales de cerámica vidriada, y mayor desarrollo en los valles del Ebro, Jalón y Jiloca), Extremadura, Andalucía (Granada, Córdoba y Sevilla), la Comunidad Valenciana (Castellón, Valencia y Alicante) y por último el mudéjar canario, con un control gremial más laxo dónde destaca la carpintería hispanomusulmana, a través de los techos, balcones y ajimeces. Mudéjar es el término que designa a los musulmanes que permanecieron viviendo en territorio reconquistado por los cristianos en la península ibérica, durante el proceso de avance de los reinos cristianos hacia el sur (denominado Reconquista) durante la Edad Media. A estos musulmanes se les permitió seguir practicando el islam, utilizar su lengua y mantener sus costumbres. Se solían organizar en comunidades denominadas aljamas o morerías con diversos grados de autogobierno, según las condiciones de rendición o de subordinación. Desde el punto de vista económico, la gran mayoría de los mudéjares desarrollaban labores agrícolas o de artesanía (albañilería, carpintería y oficios textiles). Con el transcurso del tiempo, las condiciones de convivencia y tolerancia hacia los musulmanes en las zonas cristianas se hicieron más duras, restringiéndose los contactos sociales y económicos entre comunidades. Desde el punto de vista económico, la gran mayoría de los mudéjares desarrollaban labores agrícolas o de artesanía (albañilería, carpintería y oficios textiles). Con el transcurso del tiempo, las condiciones de convivencia y tolerancia hacia los musulmanes en las zonas cristianas se hicieron más duras, restringiéndose los contactos sociales y económicos entre comunidades. En alguna región como Aragón existe una clara relación entre las construcciones mudéjares y la abundante mano de obra islámica que permaneció en esta zona. Sin embargo, en el caso de Andalucía, no existe una relación tan clara, ya que los musulmanes que permanecieron tras la conquista fueron muchos menos, aunque una parte significativa de la escasa población mudéjar estaba dedicada a labores relacionadas con la construcción, alcanzando casi un 50 %, por lo que puede concebirse más bien como una rendición cultural ante el vencido. Se da un nuevo tipo de material, el ladrillo, y una nueva decoración superpuesta a elementos constructivos cristianos y musulmanes. Las estructuras arquitectónicas y los materiales son modestos, pero se logra un gran realce mediante el trabajo ornamental del ladrillo, yeso y madera: ajedrezados, espinas de pez, frisos de esquinillas, arcos ciegos, redes de rombo y cruces cristianas. El mudéjar supone una reacción nacional en contra de los estilos europeos que se estaban introduciendo. Hasta el siglo XII se fomenta un estatus tolerante hacia los alarifes musulmanes, en el siglo XIII los reyes cristianos van a comenzar a conocer la cultura islámica y se va produciendo un alejamiento de los influjos europeos y un acercamiento hacia la vida musulmana. Se supone que el yeso fue introducido en la península ibérica por los musulmanes, procedente de Oriente y en concreto probablemente de Irán. Su utilización fue abundante durante la dominación islámica, continuando durante el periodo de los reinos de Taifas. Desde aquí se difundió a los territorios cristianos. Las yeserías más antiguas que se conocen en tierras de Castilla y León son las del claustro de San Fernando en el monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas (Burgos), datadas entre 1230 y 1260. El ladrillo ha sido considerado el material mudéjar por excelencia, empleándose tanto con fines decorativos como constructivos. El ladrillo era muy usado en Oriente por influencia de la cultura mesopotámica y también en la época hispano-árabe, tanto en la época califal, aunque con carácter servicial respecto a la piedra, como bajo los dominaciones almorávide y almohade, en las que el ladrillo adquiere más protagonismo. La utilización de la cerámica al servicio de la arquitectura fue una constante en la alfarería mudéjar, tanto en exteriores como en interiores, y con especial vistosidad y virtuosismo en portadas, torres, zócalos, arrimaderos, solerías y techumbres. Los centros productores más importantes fueron Paterna y Manises en Valencia; Teruel, Calatayud y Muel en Aragón, y Sevilla en Andalucía. Las principales técnicas usadas, procedentes del Arte hispanomusulmán, fueron el alicatado, la cuerda seca y la de cuenca y/o arista. Las primeras representaciones del mudéjar surgen en el siglo XII en la cuenca del Duero, con dos focos principales: las villas medievales de Cuéllar y Sahagún. En el caso de la primera, por estar situada a medio camino entre las ciudades de Segovia y Valladolid, representó una plaza de gran importancia, y en ella se implantó un emporio ganadero que le proporcionó una próspera economía a partir del siglo XII, lo que aportaría un importante número de construcciones, llegando al siglo XV con veinticuatro iglesias y con una población de 1700 habitantes. En sus construcciones, sobre todo en las puertas de la muralla de Cuéllar y especialmente en el arco de San Basilio, se advierten grandes similitudes con el mudéjar militar toledano. En lo que respecta a la segunda villa, está situada en el Camino de Santiago y se convirtió en un fuerte centro religioso y económico en los siglos XII y XIII, donde pudieron trabajar algunas cuadrillas de alarifes de Toledo para acelerar las obras que en ese momento se ejecutaban en ella. La rapidez de estos alarifes en las construcciones de ladrillo se impondría sobre la construcción de sillería romana. El primer brote conocido se realiza en torno al Duero y es conocido como románico de ladrillo. Los alarifes siguen las tipologías cristianas tanto en planta como en alzado utilizando pilares, arcos de medio punto, arcos ciegos exteriores y portadas con arquivoltas, con una progresión a la que se le llama abocinamiento. El mudéjar se consolida en el siglo XIII y se exporta hacia el sur y sureste, a tierras todas ellas llanas y con escasas canteras de piedra (Zamora, Valladolid, Ávila, Guadalajara, Madrid y oeste de Segovia, sin afectar apenas a Burgos, Palencia y Soria). El periodo más importante en la arquitectura mudéjar en España son los siglos XII, XIV y XV, que se debe a la calidad y bajo precio de los alarifes frente a constructores cristianos. Los alarifes son maestros en la utilización del ladrillo y tardan muy poco tiempo en hacer sus construcciones. La arquitectura mudéjar es fundamentalmente decorativa, introduce nuevas soluciones que ayudan a la arquitectura actual. Emplean materiales blandos y baratos como ladrillo, yeso y barro vidriado. Se diferencia de las grandes construcciones cristianas, es una arquitectura que no utiliza grandes sillares, sino albañilería. Se sustituye la gran bóveda por techumbre plana o armaduras. El ladrillo se usa con efecto decorativo y obliga a variar las proporciones de ábsides, muros y torres, siendo más pequeñas. Los muros inferiores tienen que ser más recios y sus torres más pequeñas. Estas edificaciones van apareciendo en León, Segovia, Ávila, etc. El verdadero mudéjar se da del siglo XIII al XV y tiene sus focos más importantes en Toledo, Andalucía y el valle del Ebro. En esta época se daba un dominio casi total y se produce un contacto entre los estilos europeos y musulmanes. Se van a levantar distintas tipologías como iglesias, sinagogas y mezquitas, que se funden en un estilo común: el mudéjar. Se empiezan a levantar esbeltas torres para las iglesias en Aragón que se asemejan a los alminares musulmanes. Se produce una fusión de elementos constructivos y decorativos, de elementos musulmanes y cristianos, correlativa con la espiritualidad entre las dos Españas. La Escuela de Traductores de Toledo y Alfonso X son el ejemplo más notable de esta cultura. Sobre el arte mudéjar, fue influyendo la situación de la frontera, siempre móvil, además de los diversos estilos europeos que van penetrando en España y que condicionan este arte. La posterior conquista de Andalucía dará un mudéjar más joven y con influencias directas de la arquitectura tradicional. Una figura de importancia en el mudéjar es el albañil y su mundo, en oposición con la cantería y los canteros. El "albañil", "el alarife" utiliza el ladrillo, el yeso, escayola, mampuesto, madera... Su situación de vencido lo transforma en mano de obra barata y en condiciones de construir lo que ordenen sus clientes, que serán iglesias, sinagogas, fortalezas, palacios, etc. Posteriormente los cristianos irán aprendiendo esta tradición. El mudéjar aragonés tiene una personalidad muy característica. Sorprende su colorismo, que recibe del uso de azulejos exteriores y los innumerables recursos que extraen del ladrillo. Originales torres de iglesias. El mudéjar aragonés se distribuye fundamentalmente en el valle medio del Ebro, el del Jalón y el del Jiloca en las provincias de Zaragoza y Teruel, hasta el punto de que el conjunto mudéjar de la capital de esta última provincia (donde descuellan sus torres de San Pedro, del Salvador, de San Martín y de la Catedral) fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1986, reconocimiento que en 2001 se amplió a otros monumentos de Aragón, destacando la colegiata de Santa María de Calatayud, la iglesia de Santa Tecla de Cervera de la Cañada, la de Santa María de Tobed y los elementos mudéjares de la iglesia de San Pablo, la Seo y la Aljafería de Zaragoza. La descripción de su importancia es la siguiente: • El desarrollo en el siglo XII del arte Mudéjar en Aragón es consecuencia de las condiciones políticas, sociales y culturales particulares que prevalecieron en España después del Reconquista. Este arte, influido por la tradición islámica, refleja también los varios estilos europeos contemporáneos, particularmente el gótico. Presente hasta el inicio del siglo XVII, está caracterizado por un uso extremadamente refinado e inventivo del ladrillo y de azulejos esmaltados en arquitectura, especialmente en los campanarios de iglesias. La justificación de la declaración está sustentada en el criterio IV de la misma organización, la UNESCO: • Criterio IV. Por ser un ejemplo excepcional de un tipo de edificio, conjunto arquitectónico o tecnológico o paisaje que ilustra un periodo significativo en historia humana. Sobre obras mudéjares tenemos lo siguiente: En Aragón Provincia de Teruel • Catedral de Teruel. • Las torres mudéjares de Teruel. • Torre de la iglesia de Muniesa. • Iglesia de Santiago Apóstol de Montalbán. • Torre de la iglesia de la Asunción Albalate del Arzobispo • Torre y capilla del Castillo Arzobispal de Albalate del Arzobispo Provincia de Zaragoza • En Zaragoza, el palacio de Pedro IV y el palacio de los Reyes Católicos de la Aljafería. • El Monasterio del Santo Sepulcro. • Ábsides, cimborrio y parroquieta de la Catedral de San Salvador. • Las iglesias de San Pablo, la Magdalena y de San Gil. • Catedral de Tarazona e iglesia de la Magdalena. • Ejemplos en Tauste, Utebo, Ricla, Romanos, Calatayud, Terrer y Daroca, destacando sus torres. • La torre mudéjar de la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora en Monterde. • En Paniza, la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. • Torre de la antigua iglesia de Monzalbarba • Torre de la iglesia parroquial de Plenas La arquitectura mudéjar aragonesa es una corriente estética dentro del arte mudéjar que tiene su centro en Aragón (España) y que ha sido reconocida en algunos edificios representativos como Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, en su acrónimo en inglés). La cronología del mudéjar aragonés ocupa del siglo XII al siglo XVII e incluye más de un centenar de monumentos arquitectónicos situados, predominantemente, en los valles del Ebro, Jalón y Jiloca, donde fue numerosa la población de mudéjares y moriscos, que mantuvieron sus talleres y tradiciones artesanales, y escaseó la piedra como material constructivo. Las primeras manifestaciones del mudéjar aragonés tienen dos orígenes: una arquitectura palaciega vinculada a la monarquía, que reforma y amplía el Palacio de la Aljafería manteniendo la tradición ornamental islámica y alarifes musulmanes y una arquitectura popular que enlaza con el románico que deja de construir en aparejo de sillería y comienza a elaborar sus construcciones en ladrillo dispuesto en muchas ocasiones en tracerías ornamentales de raigambre hispanomusulmana, lo que puede observarse en iglesias de Daroca que, siendo iniciadas en piedra, se remataron en el siglo XIII con paños mudéjares de ladrillo. El mudéjar arquitectónico en Aragón adopta esquemas funcionales preferentemente del gótico cisterciense, aunque con algunas diferencias. Desaparecen en muchas ocasiones los contrafuertes, sobre todo en los ábsides, que adoptan así una característica planta octogonal, con muros anchos que permiten sujetar los empujes y dar espacio a las decoraciones de ladrillo resaltado. En los lados de las naves los contrafuertes —muchas veces rematados en torrecillas, como sucede en el Pilar mudéjar— acaban generando capillas y no se aprecian al exterior. Es usual la existencia de iglesias de barrios (como el de San Pablo de Zaragoza) o núcleos urbanos pequeños que constan de una sola nave, y son las capillas situadas entre los contrafuertes las que dotan al templo de una cantidad de espacios de culto mayor. Por otro lado, es frecuente que sobre estas capillas laterales se encuentre una galería cerrada o ándito, con ventanas al exterior e interior del templo. Esta constitución recibe el nombre de iglesias-fortaleza, y su prototipo podría ser la iglesia de Montalbán. Es característico el extraordinario desarrollo ornamental que muestran las torres campanario, cuya estructura es heredada del alminar islámico: planta cuadrangular con machón central entre cuyos espacios se cubren unas escaleras por medio de bóvedas de aproximación, como sucede en los alminares almohades. Sobre este cuerpo se sitúa el campanario, normalmente poligonal. También existen ejemplos de torres de planta octogonal. En 1986, la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad al conjunto mudéjar de Teruel; en 2001, se extendió a otros nuevos sitios mudéjares aragoneses de Zaragoza y su provincia. La justificación de la declaración está sustentada en el criterio IV de la misma organización: - Criterio IV. Por ser un ejemplo excepcional de un tipo de edificio, conjunto arquitectónico o tecnológico o paisaje que ilustra un periodo significativo en historia humana. La descripción de su importancia figuraba consignada inicialmente en 2001 como: - El desarrollo en el siglo XII del arte Mudéjar en Aragón es consecuencia de las condiciones políticas, sociales y culturales particulares que prevalecieron en España después del Reconquista. Este arte, influido por la tradición islámica, refleja también los varios estilos europeos contemporáneos, particularmente el gótico. Presente hasta el inicio del siglo XVII, está caracterizado por un uso extremadamente refinado e inventivo del ladrillo y de azulejos esmaltados en arquitectura, especialmente en los campanarios de iglesias. y ahora (nov. 2019) como: - La aparición del arte mudéjar en Aragón, hacia el siglo XII, se debió a las peculiares condiciones políticas, sociales y culturales de la España de la Reconquista. Influenciado en parte por el arte islámico, el mudéjar también muestra huellas de las tendencias coetáneas de los estilos arquitectónicos europeos, en particular el gótico. Los monumentos mudéjares —cuya construcción se prolongó hasta principios del siglo XVII— se caracterizan por una utilización sumamente refinada e ingeniosa del ladrillo y la cerámica vidriada, sobre todo en los campanarios. En total, son 10 los monumentos mudéjares aragoneses incluidos expresamente e individualmente en la declaración de protección patrimonial: - Torre, techumbre y cimborrio de la catedral de Santa María de Mediavilla. - Torre e iglesia de San Pedro - Torre de la iglesia de San Martín - Torre de la iglesia del Salvador - Ábside, claustro y torre de la Colegiata de Santa María la Mayor - Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora o de Santa Tecla - Iglesia de Santa María - Restos mudéjares del Palacio de la Aljafería - Torre e Iglesia de San Pablo Apóstol - Ábside, parroquieta y cimborrio de la Catedral o Seo de San Salvador en su Epifanía Monumentos mudéjares de Aragón no incluidos expresamente en la Declaración de Patrimonio de la Humanidad: - PROVINCIA DE TERUEL - Albalate del Arzobispo: torre de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora y campanario y suelo de la capilla del Castillo-Palacio Arzobispal. - Báguena: torre de la iglesia de Santa María. - Burbáguena: torre de la iglesia de Nuestra Señora los Ángeles o de la Asunción de Nuestra Señora. - Camarillas: torre del santuario de la Virgen del Campo. - Godos: torre de la iglesia de Santa Elena. - Híjar: iglesia de Santa María la Mayor. - Jabaloyas: Ermita de la Virgen de los Dolores. - Montalbán: Iglesia del Apóstol Santiago - Muniesa: torre de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora - Navarrete del Río: Torre de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora - Olalla: torre de la iglesia antigua de Olalla. - Peñarroya de Tastavins: Ermita de la Virgen la Fuente. - Peralejos: torre de la iglesia de San Bartolomé Apóstol - San Martín del Río: torre de la iglesia de San Martín. - Teruel:torre de la iglesia de la Virgen de la Merced. - PROVINCIA DE ZARAGOZA - Alagón: Iglesia de San Pedro Apóstol. - Alfajarín: Iglesia de San Miguel Arcángel. - Alberite de San Juan: Ábside de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. - Alhama de Aragón: Torre de la iglesia de la Natividad de Nuestra Señora. - La Almunia de Doña Godina: Torre de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. - Ambel: iglesia de San Miguel Arcángel, palacio de la Orden de San Juan de Jerusalén y torre y portada izquierda del crucero de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario - Iglesia de Nuestra Señora del Castillo (Aniñón). - Ateca: Iglesia de Santa María, Torre de Santa María y Torre del Reloj - Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad (Azuara). - Belchite: Ruinas de la iglesia de San Martín de Tours, Ruinas de la torre del Reloj y Torre del santuario de la Virgen del Pueyo - Belmonte de Gracián: Torre, ábside y yeserías de la iglesia de San Miguel Arcángel y Torre de la ermita de la Virgen del Castillo. - Borja; Torre del Reloj, ábside y claustro de la Colegiata de Santa María, Iglesia de San Miguel, Casa de la Estanca y Ermita de San Jorge. - Calatayud: Iglesia de San Pedro de los Francos, Iglesia de San Andrés y Real Basílica-Colegiata del Santo Sepulcro. - Daroca: Torre de la colegiata de Santa María de los Sagrados Corporales, Iglesia de San Miguel o de San Valero, Iglesia de San Juan Bautista o de la Cuesta, Torre de la iglesia de Santo Domingo y Palacio de los Luna. - Fuentes de Ebro: Iglesia de San Miguel Arcángel. - Herrera de los Navarros: Iglesia de San Juan Bautista. - Illueca: Casa-palacio de los Luna e Iglesia de San Juan Bautista. - Leciñena: Torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. - Longares: Torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. - Magallón: Iglesia de Santa María de la Huerta. - Iglesia de Santa Ana (Mainar). - Maluenda: Iglesia de Santa María, Iglesia de Santa Justa y Santa Rufina, Iglesia de San Miguel y Torre del Palomar. - Mesones de Isuela: Torre de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora y Techumbre de la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles. - Morata de Jiloca: Iglesia de San Martín de Tours. - Moyuela: Torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Piedad. - Mozota: Iglesia de Santa María Magdalena. - Paniza: Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. - Peñaflor de Gállego: Torre de la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. - La Puebla de Alfindén: Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. - Ricla: Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. - Romanos: Torre de la iglesia de San Pedro Apóstol. - Sabiñán: Torre de la Iglesia de San Pedro Apóstol (Sabiñán) e Iglesia de San Miguel o de la Señoría. - San Mateo de Gállego: Iglesia de San Mateo Apóstol. - Sástago: Torre e iglesia del Monasterio de Rueda. - Tarazona: Claustro, exterior del cimborrio, galería norte de aireación de la nave principal y tramo medio de la torre de la Seo de Nuestra Señora de la Huerta, Torre de la Iglesia de Santa María Magdalena, Torre y antepecho del coro del Convento de Nuestra Señora de la Concepción e Iglesia del convento de Carmelitas Descalzas de Santa Ana. - Tauste: Iglesia de Santa María e Iglesia de San Antonio Abad o San Antón. - Terrer: Torre y ábside de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. - Torralba de Ribota: Iglesia de San Félix. - Torrellas: Torre e interior de la iglesia de San Martín de Tours. - Utebo: Torre de los Espejos e iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. - Velilla de Jiloca: Iglesia de San Juan Bautista. - Villamayor de Gállego Torre de la iglesia de la Asunción de Nuestra Señora. - Villanueva de Jalón: La Torre de la Iglesia de Santa María de la Huerta. - Villar de los Navarros: Iglesia de San Pedro Apóstol. - Zaragoza: Iglesias de Santa María Magdalena, San Miguel de los Navarros, San Gil Abad, Monasterio de la Resurrección o del Santo Sepulcro, yeserías de la cúpula y las techumbres de la iglesia de Santiago el Mayor, cúpula, bóvedas y arcos de la iglesia de Santa Teresa o de las Fecetas, Casa de Miguel Donlope —sede de la Real Maestranza de Caballería de Zaragoza—, Casa-palacio de la calle de las Armas, 32, Alfarje del palacio de los Condes de Sobradiel o de Gabarda —sede del Ilustre Colegio Notarial de Aragón—, Alfarje del bar Malabares, Torre de la iglesia de San Miguel Arcángel en Monzalbarba. - Zuera: Ábside y muros perimetrales de la iglesia de San Pedro Apóstol. - PROVINCIA DE HUESCA - Torre de la iglesia de Santa Ana (Alcubierre). - Alfarje del salón de "Tanto Monta" del Palacio Episcopal Viejo (Huesca). - Alfarje de la iglesia de Castro (La Puebla de Castro). - Torre de la iglesia de San Martín Obispo (Nueno). - Torre de la iglesia de San Miguel Arcángel (Montmesa). - Iglesia de San Pedro ad Víncula (Torralba de Aragón). Las particulares circunstancias de la historia medieval de España, con la presencia del Islam sobre el solar hispánico durante ocho siglos, desde la invasión musulmana en el año 711 hasta la reconquista cristiana de Granada en el año 1492, dejaron una profunda huella en la cultura española, que determinada corriente historiográfica ha minusvalorado sistemáticamente, a pesar de lo cual el eminente historiador Ramón Menéndez Pidal tuvo que definir a España en un conocido estudio como eslabón entre la Cristiandad y el Islam. Durante estos ocho siglos España quedó dividida entre la Cristiandad y el Islam, dos culturas enfrentadas política y religiosamente. Pero el estudio de la historia militar y política de la Reconquista enmascara y oculta, con frecuencia, otra historia de enseñanzas más ricas, la de los contactos culturales entre cristianos y musulmanes. En un primer momento comunidades de cristianos (mozárabes) y de judíos vivirán como tributarios bajo dominio musulmán, época en la que numerosos cristianos se convertirán al Islam (muladíes). Pero después, cuando la balanza política se inclina del lado cristiano, con el progresivo avance de la reconquista, serán los musulmanes vencidos (moros o mudéjares) y los judíos quienes vivan como súbditos de los reyes castellanos y aragoneses. En esta rica historia de civilización, de formas de vida y de cultura, que se desarrollan a ambos lados de las fronteras políticas, y que en períodos de paz establecen cordiales relaciones de vecindad y contactos culturales profundos, la que ahora nos interesa en primer lugar. CAPÍTULO SEXTO En otro orden de cosas, el Neomudéjar es un estilo artístico y arquitectónico que se desarrolló principalmente en la península ibérica a finales del siglo XIX y principios del XX. Se enmarca dentro de las corrientes orientalistas de la arquitectura historicista imperante en Europa por aquella época. El nuevo estilo se asoció especialmente a construcciones de carácter festivo y de ocio, como salones de fumar, casinos, estaciones de tren, plazas de toros o saunas. En España el estilo neomudéjar fue reivindicado como estilo nacional por estar basado en un estilo propio de España, el arte mudéjar, estilo que también se encuentra en Italia o Portugal, por ejemplo. Arquitectos como Lorenzo Álvarez Capra, Emilio Rodríguez Ayuso o Agustín Ortiz de Villajos vieron en el arte mudéjar algo únicamente español y empezaron a diseñar edificios utilizando rasgos del antiguo estilo, entre ellos las formas abstractas de ladrillo y los arcos de herradura. Sin embargo, lo que la historiografía ha considerado tradicionalmente como neomudéjar, son en muchos casos obras de estilo neoárabe (aunque no son el mismo estilo), puesto que utilizan elementos califales, almohades y nazaríes, siendo el único aspecto mudéjar el uso del ladrillo visto. Se ha considerado a la plaza de toros de Madrid de Rodríguez Ayuso y Álvarez Capra, obra de 1874, como el inicio del estilo neomudéjar, que sería continuado por otros arquitectos como Enrique María Repullés y Vargas, Joaquín Rucoba, Augusto Font Carreras, José Espelius Anduaga, Felipe Arbazuza o Aníbal González. VOCABULARIO Vamos a concluir este Libro dando el correspondiente Vocabulario de Términos Artísticos, pues el estudio del Arte mudéjar es una cuestión que pertenece al Mundo del Arte. Mozárabe (del árabe musta’rib, el que está hecho semejante a los árabes). Cristiano de España que vivía en territorio musulmán. La lengua mozárabe es la que se habla en el territorio de Al-Andalus. Al-Andalus Parte de España bajo dominio musulmán a partir del año 711. Tras la Reconquista, este término se aplicaba solamente a Andalucía. Ladrillo Paralelepípedo rectangular, hecho de arcilla cocida, que posee cualidades notables de consistencia, duración y rigidez. Bóveda de arista Obra arqueada que cubre espacios comprendidos entre muros o varios pilares. La originada por el cruce perpendicular de dos de cañón de la misma flecha. Contrafuerte Obra maciza de albañelería , a modo de pilastra, adosada al muro y que sirve para reforzarlo en los puntos en que éste soporta mayores empujes. Cabecera Testero de la iglesia o parte en que se halla el altar principal. Tribuna Galería sobre la nave lateral de un templo donde pueden alojarse los fieles. Arquería Hilera de arcos. Yesería mudéjar Es un trabajo ornamental debido a los alarifes de origen musulmán en sucesivos períodos del arte mudéjar. Siguiendo la tradición de trabajar el yeso como material de decoración, dejaron singulares ejemplos en toda la península Ibérica. Armadura de par y nudillo Es un tipo de estructura de madera utilizada en techos, especialmente en la arquitectura mudéjar, caracterizada por la disposición de vigas inclinadas (pares o alfardas) y elementos horizontales (nudillos) que rigidizan el conjunto. La armadura, de par y nudillo, está formada por vigas inclinadas de acuerdo con la pendiente del faldón de la cubierta y apoyadas en la cumbrera o vértice superior, entestando con las correspondientes del otro faldón. Estas vigas van colocadas a pequeños intervalos y se denominan pares o alfardas. Cerámica ornamental turolense Durante el periodo andalusí, la cerámica cambia radicalmente, tanto en formas como en decoración, incorporando de forma generalizada el esmaltado de las piezas. Durante la Baja Edad Media crecen de manera notable los alfares turolenses, con su característica cerámica esmaltada en verde y morado y un conjunto de tipologías y ornamentos que ilustran bien desde las costumbres en la mesa hasta la representación de la estructura social. Las producciones modernas y contemporáneas muestran las influencias orientales y francesas filtradas por talleres como los de Talavera o Reus. Alfar Taller de alfarería. Azulejo Baldosa o pieza vidriada para revestir superficies. Techumbre de la Catedral de Teruel La techumbre de la Catedral de Teruel es un elemento de sumo interés dentro del arte mudéjar, no solo aragonés, sino nacional. Su estructura de armadura de par y nudillo es única en Aragón. Por sus grandes dimensiones y su espléndida decoración que cubre todos los espacios, tanto en faldones, como en aliceres, canes-zapata y tirantes, se le considera la “Capilla Sixtina del arte mudéjar”. Nave Cada uno de los espacios que, delimitados por muros o columnas en fila, se extienden a lo largo de un edificio. Morisco Se entiende por morisco el musulmán o mudéjar converso o convertido al cristianismo, aunque la expresión más utilizada para designarlo fue en general la de “convertido de moro”, sin que se sepa con certeza cuando surgió el término morisco que acabaría imponiéndose. Disco Pieza cerámica, plato o cuenco, utilizada desde los almohades y en especial en el mudéjar. Arco apuntado Consta de dos porciones de curva que forman ángulo en la clave y cuyo intradós es cóncavo. Tiene dos centros. Cimborrio Construcción elevada sobre el crucero, que habitualmente tiene forma de torre de planta cuadrada u octogonal, rematada en chapitel. Busto clipeado Se refiere a un busto (escultura o representación de la cabeza y parte superior del torso) que está contenido dentro de un clípeo. Un clípeo, en este contexto, es un marco circular o medallón en el que se representa la figura. Por lo tanto, un busto clipeado es una pieza artística donde la figura del busto se enmarca dentro de este tipo de estructura circular. Ábside Parte de la iglesia situada en la cabecera. Generalmente tiene planta semicircular y suele ir cubierta con casquete de cuarto de esfera (bóveda de horno). También puede presentar planta poligonal. Renacimiento Movimiento cultural con el que se pone fin a la llamada Baja Edad Media, y que, en general, supone una recreación de los valores humanísticos, estéticos y de pensamiento de la Antigüedad clásica. Comienza en Italia con el siglo XV, aunque es evidente que las raíces del Renacimiento se hallan en la propia civilización medieval, creadora del primer humanismo. Fuste Parte de la columna que constituye el pie derecho, situado entre el capitel y la basa. Arco de herradura Ultrasemicircular, de arranques a igual altura. Neomudéjar Es un estilo artístico y arquitectónico que surgió en España, principalmente a finales del siglo XIX y principios del XX, como una reinterpretación del arte mudéjar. Se caracteriza por el uso de elementos del arte mudéjar como el ladrillo visto, arcos de herradura, decoración geométrica y cerámica, adaptándolos a nuevas construcciones. Valle del Jalón El río Jalón (en aragonés: Xalón o Exalón) es un río del nordeste de España, y el principal afluente del Ebro por la margen derecha. Tiene una longitud de 224 km y drena una amplia cuenca de 9338 km². Su caudal en Calatayud es de 6,42 m³/s, pero es muy irregular al ser un río de régimen pluvial mediterráneo. En otros pueblos cercanos como Calatorao su caudal es de 20,4 m³/s y cuando desemboca tiene casi el mismo caudal. Valle del Jiloca El Jiloca es una comarca de Aragón (España), en el noroeste de la provincia de Teruel, situada en el sistema Ibérico, alrededor del tramo medio del rio Jiloca. La comarca del Jiloca tiene una superficie de 1932,10 km² y una población de 12.390 habitantes. Su capital administrativa es Calamocha y la de desarrollo agropecuario es Monreal del Campo. Historicismo El historicismo, en el contexto del arte y la arquitectura, es un movimiento que se caracteriza por la imitación o recreación de estilos históricos, a menudo con un enfoque en la recuperación de estilos pasados, como el neogótico, neorrománico, etc.. En lugar de crear algo completamente nuevo, el historicismo busca inspiración en períodos anteriores y los incorpora a las obras contemporáneas, a veces mezclando diferentes estilos en un mismo proyecto, lo que se conoce como eclecticismo historicista. Neoclásico Estilo artístico inspirado en las formas del arte clásico que se desarrolló a fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Reproducía las formas solemnes y graves del arte grecorromano, aunque nunca se desprendió de una cierta frialdad impasible y de un academicismo muy peculiar. No obstante, sus realizaciones fueron notables por su grandiosidad y elegancia. Al neoclasicismo pertenece el napoleónico estilo Imperio, así como el burgués Biedermeier. Mampostería Fábrica de piedra sin labrar o con labra tosca, que se apareja o dispone de modo irregular. Cada una de las piedras que la forman se llaman mampuestos, a los que, para que se asienten bien, se les colocan, a menudo, unas pequeñas piedras a modo de calce llamadas ripios. Arco polilobulado Un arco multilobulado (o arco polilobulado), también conocido como arco cuspide, arco polilobulado o arco festoneado, es un arco caracterizado por múltiples arcos circulares o formas de hoja (llamados láminas, lóbulos o cúspides) que se cortan en su perfil interior o intradós . Arte califal Al-Andalus y la invasión musulmana del siglo VIII supuso un hecho diferenciador con relación al resto de Europa. En España nace un arte islámico único e irrepetible: el arte andalusí o hispanomusulmán, que tiene en sus primeros siglos un representante magnífico: el arte califal. Arte almohade Se dice del seguidor de Aben Tumart, jefe musulmán que en el siglo XII fanatizó a las tribus occidentales de África y dio ocasión a que se fundase un nuevo imperio, acabando con el de los almorávides. Arte andalusí El arte andalusí es una forma de arte que se desarrolló en Al-Ándalus, la región de la península ibérica bajo el dominio musulmán desde el siglo VIII hasta el siglo XV. Esta forma de arte fue influenciada por las culturas árabe, berberisca y visigoda, creando un estilo único y distintivo. Torre de El Salvador de Teruel El estilo neomudéjar ha emergido como una tendencia arquitectónica apasionante que ha ganado popularidad entre los arquitectos y diseñadores de interiores, y la realidad es que lleva tiempo con nosotros. Queremos hacer un recorrido por el estilo neomudéjar: qué es, sus características distintivas y algunos edificios que presumen de este estilo único. El neomudéjar es una corriente arquitectónica que surge en la segunda mitad del siglo XIX en España, especialmente en Madrid. Se caracteriza por su uso del ladrillo visto y la influencia de la arquitectura hispanomusulmana en su decoración. Aunque inicialmente fue menos reconocido que otros estilos arquitectónicos de la época, como el neoclásico o el neogótico, el neomudéjar ha experimentado un resurgimiento en la actualidad debido a su singularidad y valor histórico. El estilo neomudéjar se distingue por su uso predominante del ladrillo visto, combinado con elementos decorativos como azulejos, cerámica y mampostería. Los edificios neomudéjares suelen destacar por sus arcos de herradura, polilobulados, ojivales y de medio punto, que añaden un carácter distintivo a su diseño. Además, la decoración neomudéjar incorpora motivos geométricos y florales propios de la arquitectura hispanomusulmana, creando una estética única y exótica. El estilo neomudéjar cuenta con una serie de características únicas que lo hacen tan especial. Algunas de ellas son las siguientes: • Período de construcción: los primeros edificios de estilo neomudéjar fueron principalmente construidos entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, especialmente durante la expansión urbana de Madrid. Es por eso por lo que hay grandes edificios en la ciudad que cuentan con este estilo. • Uso del ladrillo: el ladrillo es el elemento principal que define el estilo neomudéjar, utilizado tanto en la estructura como en la decoración de los edificios. La combinación de ladrillo visto con otros materiales como cerámica y azulejos crea un efecto visual llamativo y distintivo. • Presencia de arcos: los arcos de herradura, polilobulados, ojivales y de medio punto son características arquitectónicas distintivas del estilo neomudéjar, agregando un toque de elegancia y exotismo a los edificios. • Decoración geométrica: los edificios neomudéjares suelen presentar una decoración elaborada con motivos geométricos y florales, inspirados en la arquitectura hispanomusulmana. Estos detalles decorativos realzan la belleza y singularidad del estilo. • Colorido y cerámica: la cerámica con sus llamativos colores es un elemento destacado en la decoración neomudéjar, añadiendo vibrancia y vitalidad a los edificios. Los azulejos y cerámicas se utilizan para crear patrones decorativos en fachadas, cúpulas y otros elementos arquitectónicos. • Flexibilidad y adaptabilidad: el estilo neomudéjar se adapta a una variedad de usos arquitectónicos, desde viviendas y palacetes hasta fábricas y edificios industriales. Su versatilidad y eclecticismo lo convierten en un estilo arquitectónico único y adaptable a diferentes contextos urbanos. Edificios icónicos que presumen del estilo neomudéjar: En la ciudad de Madrid, existen numerosos edificios que cuentan con un estilo neomudéjar único. Los que más nos apasionan son los siguientes: • Depósito elevado de Chamberí. • Matadero y Mercado Municipal de Ganados. • Fábrica de cerveza El Águila. • Plaza de toros de Las Ventas En definitiva, el estilo neomudéjar es una tendencia arquitectónica fascinante que ha dejado un importante legado en ciudades como Madrid. Sus características distintivas y su influencia en la arquitectura española lo convierten en un estilo digno de explorar y admirar. Plaza de toros de Las Ventas ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ DISEÑO DE PORTADA Nombre del autor: Ignacio Ramón Echeburúa Estévez Nombre del autor en la portada: Ignacio R. Echeburúa Título del libro: El Arte mudéjar y Teruel Texto solapa portada (máximo 400 caracteres con espacios). Biografía del autor: Sólo voy a citar mis últimas publicaciones. En esta última órbita, se sitúa el libro titulado “El Griego y su Literatura Clásica”, que sacó a la calle la Editorial pc de Palma de Mallorca, en su sede de Barcelona. Le siguió un libro sobre “ASTRONOMÍA”, que editó en junio de 2022, la Editorial Autografía de Barcelona. Asimismo, los tres libros siguientes han sido publicados por la Editorial Autografía. En junio de 2023 vio la luz el libro titulado “Historia de la física”. Este libro tiene 282 páginas y forma parte de la colección Fondo de la editorial. Se puede adquirir en librerías online como Librería Oxford, Buscalibre y Agapea. En enero de 2024 salió a la calle el libro titulado “JOSÉ ORTEGA Y GASSET y la razón histórica”. Ortega nos dice que necesitamos una razón que sea capaz de describir los sentidos del mundo humano, que nos permita entender la realidad humana. A la razón pura le es imposible captar al hombre en su singularidad, en sus realizaciones históricas, la razón pura no nos sirve; la razón matematizante... Por otro lado, “Mis Relatos” es mi única obra de narrativa, la cual contiene tres relatos cortos, como son “¡Una boda que se las trae!”, “Aires de romería: El Rocío” y, para terminar, “Con faldas y ¡a lo loco!”. Fue puesta en la calle en marzo de 2025 por la mencionada Editorial Autografía, en la categoría de Ficción. Ya está en la editorial el libro titulado “Nuevos Relatos”, que saldrá a la calle en septiembre de este año y contendrá cinco narraciones, cuyos títulos son: a) El Gernika; b) EL suicidio de un filósofo; c) En una casa que no quiero recordar; d) San Juan de Gaztelugatxe, y e) Deporte Rural Vasco. Por último, quiero indicar que Ediciones Europa acaba de enviarme una propuesta editorial por la que se compromete a publicarme el título “Mis Cuentos”, que se integra por las narraciones siguientes: a) Leyendas y sagas de la mitología nórdica, b) Los vikingos y su mitología, y c) La vida desde los inicios, para los niños. Su correo electrónico es: editor3@grupoeditorialeuropa.es/ Sin embargo, tengo redactada mi primera novela, de la que no falta ni un detalle, que se titula “Una comunidad de Carmelitas descalzas”, incorporando a este título sendas fotografías. Son sus dos personajes centrales Jorge y Luis Enrique, quienes con diálogos llenos de frescura y sinceridad nos abren las puertas del convento de Santa Teresa de San Sebastián. Dicha novela, que se trata de ser una novela histórica, se encuentra en la bandeja de entrada, pero aún no tiene un destinatario concreto. Y, últimamente, se ha redactado otra novela, titulada Un catamarán nuevo, con una extensión parecida a la anterior, aunque el nº de capítulos se queda en seis. Asimismo, tengo otras dos novelas en su correspondiente borrador: El advenimiento de la ultraderecha, obra bien documentada, que acontece en el aula magna de la Universidad de Buenos Aires, donde dialogan un grupo de alumnos y su catedrático en ciencia política; y Una cuadrilla de amigos, en la que se hace un estudio de la verdadera amistad, colándonos en una cuadrilla de txikiteo, contándose con seis protagonistas: Juan, Fernando, Moncho, Emilio, Ricardo e Iñaki, que soy yo mismo (el narrador). Texto de la contraportada (máximo 500 caracteres con espacios). Sinopsis: En primer lugar nos encontramos en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras, en Zaragoza, donde se expone una lección magistral sobre el Arte mudéjar. Evidentemente, hay un grupúsculo que es más inquieto y dinámico que el resto de la clase, de donde parte la iniciativa de acercarse hasta Teruel, para conocer in situ el Arte mudéjar. En suma, pues, esta novela trata básicamente sobre el Mudéjar turolense, que es ni más ni menos que el Mudéjar aragonés. El pasado ha sido generoso con Teruel y deja un legado mudéjar que hoy es reconocido patrimonio de la humanidad. Cuatro torres, la de El Salvador y San Martín, la de San Pedro y la de la catedral de Santa María de Mediavilla, aparte de la techumbre y el cimborio de la misma, forman este conjunto mudéjar inigualable. El mudéjar se extiende hacia el norte (León, Ávila, Segovia, etc.) dando lugar a lo que se ha denominado "el románico de ladrillo". En otras ciudades como Sahagún, Toro, Cuéllar, Arévalo y Madrigal de las Altas Torres, encontramos focos de arte mudéjar. No obstante, nos hemos centrado exclusivamente en el Arte mudéjar aragonés. La Arquitectura Mudéjar de Aragón se incluyó en la Lista del Patrimonio Mundial en 1986 con las torres y la catedral de Teruel, y posteriormente se amplio en 2001. Los monumentos que integran este bien seriado son: Torre, techumbre y cimborrio de la Catedral de Santa María de Mediavilla de Teruel; Torre e iglesia de San Pedro de Teruel; Torre de la iglesia de San Martín de Teruel; Torre de la iglesia del Salvador de Teruel; Ábside, claustro y torre de la colegiata de Santa María de Calatayud; Iglesia parroquial de Santa Tecla de Cervera de la Cañada; Iglesia de Santa María de Tobed; restos mudéjares del Palacio de la Aljafería de Zaragoza; Torre e iglesia parroquial de San Pablo de Zaragoza y Ábside; parroquieta y cimborrio de la Seo de Zaragoza. Estos diez monumentos fueron seleccionados por ser los más representativos y los que mejor reflejan el fenómeno mudéjar como hecho histórico y cultural que debiera servir de ejemplo de paz y respeto entre los pueblos. Texto solapa contraportada (máximo 300 caracteres con espacios): El arte mudéjar es una manifestación artística única en el mundo, ya que no forma parte ni de la cultura occidental europea ni de la cultura islámica, sino que es el resultado de una situación social, política y cultural determinada, producida en un entorno y en una época concreta. Es el legado de la convivencia de tres culturas de raíces muy diferentes como son la cristiana, islámica y judía, cuyo valor radica en la pacífica convivencia que propició la fusión de elementos de tradición islámica con los lenguajes artísticos occidentales: el Románico, el Gótico, el Renacimiento y más tarde el Barroco. El legado oriental está presente, sobre todo, en la utilización de materiales sencillos como el ladrillo, el yeso, la cerámica y la madera, y en la ornamentación a base de motivos geométricos, vegetales, lazos o arquerías. Así mismo también es un símbolo de integración de la arquitectura, la cerámica, la talla y la pintura. ¿Qué concepto –o conceptos- pretende transmitir en su libro? La ciudad de Teruel destaca por su arte mudéjar presente en la Catedral de Santa María de Mediavilla y en sus cuatro torres mudéjares: Santa María de Mediavilla, San Pedro, San Martín y San Salvador. En la provincia de Teruel existen 236 municipios en la actualidad. El que cuenta con una mayor población es la capital provincial, Teruel, mientras que el segundo en importancia, Alcañiz, situado en el noreste de la provincia, sobrepasa los 16 000 habitantes. Cantavieja, en Teruel, ha sido reconocido por la Organización Mundial del Turismo como el más bonito de España debido a sus vistas espectaculares y a su arquitectura medieval. En una de las provincias más desconocidas de España, apostado en la roca a 1300 metros de altitud, está Cantavieja. Cantavieja, en Teruel, ha sido reconocido por la Organización Mundial del Turismo como el más bonito de España debido a sus vistas espectaculares y a su arquitectura medieval. En una de las provincias más desconocidas de España, apostado en la roca a 1300 metros de altitud, está Cantavieja. ¿Qué significa el título del libro? La palabra mudéjar es un término medieval que hace referencia al musulmán que vive en territorio cristiano conservando su religión a cambio de un tributo. También se conoce como mudéjar al estilo arquitectónico que floreció en España desde el siglo XII hasta el XVII, caracterizado por la conservación de elementos del arte cristiano y el empleo de la ornamentación árabe. En el contexto histórico de la España medieval, mudéjar se refiere a los musulmanes que permanecieron en territorio conquistado por los cristianos, mientras que morisco se refiere a los musulmanes que, tras la conquista, se convirtieron al cristianismo, a menudo forzosamente. Por otro lado, los Mozárabes eran tolerados por los musulmanes y formaban un grupo junto con los Judíos. Mudéjar, por otro lado, proviene de la palabra árabe “mudağğan”. Esta palabra se utilizaba para referirse a los musulmanes españoles que vivían en el reíno cristiano en España, después de la Reconquista. ¿Cuál es el público principal al que va dirigido el libro? El libro está pensado en la inmensa mayor parte del público lector. La aparición del arte mudéjar en Aragón, hacia el siglo XII, se debió a las peculiares condiciones políticas, sociales y culturales de la España de la Reconquista. Influenciado en parte por el arte islámico, el mudéjar también muestra huellas de las tendencias coetáneas de los estilos arquitectónicos europeos, en particular el gótico. Los monumentos mudéjares —cuya construcción se prolongó hasta principios del siglo XVII— se caracterizan por una utilización sumamente refinada e ingeniosa del ladrillo y la cerámica vidriada, sobre todo en los campanarios. Diez monumentos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. ¿Qué palabras le gustaría que su libro sugiriese a quien lo viese? Describa en libro en tres palabras: El Mudéjar aragonés es Patrimonio de la humanidad. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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