viernes, 8 de agosto de 2025

NOVELA, Qué hay en el más allá.

CAPÍTULO PRIMERO Hoy no vamos a malgastar nuestro tiempo, por lo que ahora nos vamos a centrar en la persona de José, nuestro infatigable protagonista. ¿Por qué? Por lo atrevida que es su postura profesional, social, religiosa, etc. En realidad, José es uno de tantos pilotos, que siempre acababa metiéndose en jaleos insospechados que podían haberle dado un buen disgusto, como así fue. Este piloto apagaba fuegos en los montes de Aragón y tan pronto manejaba aviones, como helicópteros, etc. Lo cierto es que siempre andaba huyendo de sí mismo. Pero vayamos ¡poco a poco! José conocía el IRUF Aragón, o Índice de Riesgo por Uso del Fuego en Aragón, que es un sistema que informa sobre el riesgo de incendios forestales en la comunidad autónoma de Aragón. Este índice se utiliza para regular las quemas agrícolas y forestales, indicando si es seguro o no realizar este tipo de actividades en función del riesgo. Pero ¿cómo funciona el IRUF Aragón? En principio el IRUF se calcula para las 38 comarcas de Aragón. El índice se representa con colores: verde (riesgo bajo, se puede quemar con viento flojo), y rojo (riesgo alto, no se puede quemar). Las personas, como es el caso de José, pueden suscribirse para recibir el IRUF diariamente por correo electrónico. ¿Qué implica el IRUF para las quemas? En primer lugar, se deben cumplir con todos los requisitos establecidos por el Gobierno de Aragón para las quemas, que incluyen una faja de seguridad, notificación a colindantes, cumplimiento de horarios y vigilancia. El caso es que existe un periodo autorizado para quemas, que suele ser entre el 16 de octubre y el 31 de marzo, pero puede variar según la época del año. Las quemas tienen horarios restringidos, por ejemplo, entre el 16 y el 31 de octubre, de 8:00 a 16:00 horas. Se debe quemar con viento en calma y asegurar que no se produzca propagación del fuego. El IRUF es una herramienta fundamental para la prevención de incendios forestales. En realidad, ayuda a minimizar los riesgos asociados a las quemas agrícolas y forestales. Además, permite a los ciudadanos tomar decisiones informadas sobre cuándo y cómo realizar quemas, minimizando el impacto ambiental y el riesgo de incendios. En resumen, el IRUF es un sistema de información sobre el riesgo de incendios forestales en Aragón, que ayudar a regular las quemas agrícolas y forestales para prevenir incendios. Como hemos dicho, el ámbito de actuación de José era el de la Comunidad Autónoma de Aragón. Las quemas de residuos vegetales con continuidad espacial fuera de la época de peligro solicitadas mediante un Anexo se podrán ejecutar, una vez autorizadas, entre el 16 de octubre y el 31 de marzo del año siguiente. Por otro lado, en Aragón, las barbacoas en montes y alrededores están prohibidas entre el 1 de abril y el 15 de octubre, debido al riesgo de incendios forestales. Fuera de esa época, solo se permiten en días con bajo riesgo de incendio (verde) y en zonas habilitadas como áreas recreativas con barbacoas de obra. Durante la época de peligro (1 de abril-15 de octubre), solo se permiten barbacoas en áreas recreativas específicamente equipadas para ello. En resumen, para hacer una barbacoa en Aragón, es fundamental conocer la época de peligro de incendios y el índice de riesgo diario, además de asegurarse de que la zona elegida esté habilitada y no genere molestias a terceros. Entonces, solo se pueden realizar las quemas en la época de peligro bajo de incendio forestal por motivos de seguridad, prevención, control fitosanitario, gestión del combustible vegetal, como medida de protección del monte u otros motivos que se puedan considerar. Con carácter general se prohíbe el uso del fuego en campo desde una hora antes de la puesta del sol hasta una hora antes de su salida, debiendo permanecer la noche sin llama visible. No obstante, y en contra de lo que se piensa generalmente, los incendios forestales tienen su lado positivo. Entre otras cosas, regulan la temperatura y la humedad, con lo que se equilibra el clima; proporcionan alimento, medicina y refugio a los seres vivos; y son fuente de materia prima en muchas actividades humanas. Así, pues, el fuego puede tener una influencia positiva en la Naturaleza, pues ayuda a mantener la biodiversidad. Sin embargo, el 95% de los incendios forestales son producidos por la mano del hombre, siendo dentro de estos los principales escenarios fogatas y colillas de cigarrillos mal apagadas, el abandono de tierras, la preparación de áreas de pastoreo con fuego, etc. Los incendios pueden ser superficiales, subterráneos, de copa o aéreos y mixtos (superficiales y de copa o subterráneos y superficiales). Solo se pueden realizar las quemas en el campo en la época de peligro bajo de incendio forestal por motivos de seguridad, prevención, control fitosanitario, gestión del combustible vegetal, como medida de protección del monte u otros motivos que se puedan considerar. CAPÍTULO SEGUNDO Los medios aéreos cada día que pasa son más importantes a la hora de extinguir un fuego forestal. La extinción de incendios forestales implica una serie de acciones coordinadas para controlar y apagar fuegos en áreas naturales, utilizando diversos medios terrestres y aéreos. Estas acciones buscan eliminar los factores que alimentan el fuego (combustible, oxígeno y calor), utilizándose métodos como la eliminación de combustible, la sofocación con agua o espuma, y el enfriamiento. Las principales misiones que realizan los medios aéreos dependiendo de su tipología, ya sean de propiedad o contratados por el ministerio, en la lucha contra los incendios forestales son: lanzamiento de agua y/o retardante, coordinación, observación y transporte de personal. Para la extinción de un incendio forestal, podríamos decir básicamente, que sería necesaria la destrucción del llamado triángulo del fuego, formado por tres factores: El combustible, el comburente u oxígeno y la energía de activación, en definitiva el calor existente. Un helicóptero de extinción de incendios puede llevar desde unos cientos hasta miles de litros de agua, dependiendo de su tamaño y modelo. Los modelos más pequeños pueden llevar alrededor de 700-1000 litros, mientras que los más grandes, como los bombarderos tipo 1, pueden transportar más de 2.500 litros. Algunos helicópteros especializados, como el Sikorsky S-64 Skycrane, pueden llevar hasta 10.000 litros o más. Lo normal es que los helicópteros equipados con un dispositivo Bambi Bucket, una bolsa plegable, pueden llevar entre 700 y 1.000 litros de agua. Los helibaldes, que son dispositivos de descarga de agua, pueden tener capacidades similares a los Bambi Beckets, con capacidades que van desde 1.200 hasta 1.300 litros. En otro sentido, las brigadas forestales reciben tantos nombres como diferentes son las administraciones en las que prestan su servicio: Retenes contra incendios, Brigadas de Emergencia, Cuadrillas forestales, etcétera. Las fases de extinción de un incendio forestal se pueden resumir en cuatro etapas principales: incendio activo, incendio estabilizado, incendio controlado y finalmente, incendio extinguido. 1. Incendio Activo: Este es el momento inicial donde el fuego se propaga rápidamente y está fuera de control. En esta fase, la prioridad es la detección temprana y la movilización de recursos para evitar que el fuego se expanda. 2. Incendio Estabilizado: En esta fase, aunque el fuego no está controlado, su avance se ajusta a las previsiones y a la estrategia de extinción establecida. Se busca limitar el área afectada y reducir la intensidad del fuego. 3. Incendio Controlado: El fuego ya no avanza ni se propaga y permanece contenido dentro de los límites establecidos por los equipos de extinción. Se trabaja en la consolidación del perímetro y en la eliminación de focos secundarios. 4. Incendio Extinguido: Se considera que un incendio está extinguido cuando se han apagado todos los focos de ignición y no hay peligro de reavivación. Se realiza una vigilancia exhaustiva para asegurar que el fuego no se reactive. Además de estas fases, es importante mencionar los métodos de extinción que se utilizan, como la eliminación del combustible, la sofocación del oxígeno o la refrigeración del foco del incendio. La rapidez en la detección, la movilización de recursos y la efectividad de las tácticas de extinción son claves para minimizar el impacto de los incendios forestales. Eso nos da como resultado 4 posibles métodos de extinción del fuego: • Eliminación del combustible… • Sofocación del comburente… • Refrigeración o enfriamiento de la energía… • Inhibición de la reacción en cadena. Por otro lado, se calcula, como ya hemos dicho, que las actividades humanas ocasionan el 99% de los incendios forestales y sólo el resto tiene como causa fenómenos naturales como descargas eléctricas y la erupción de volcanes. Por otra parte, un Avión anfibio Tipo 1 (FOCA) es un avión bimotor turbohélice diseñado específicamente para incendios forestales ampliamente utilizado por países de ámbito Mediterráneo. Se caracteriza por su elevada maniobrabilidad gracias a su elevada superficie alar y su gran eficacia y versatilidad en incendio forestal dada su naturaleza anfibia que le permite cargar directamente en ríos, embalses o en el mar. Disponen de un depósito para carga de agua con capacidad entre los 5.500 y 6000 litros con la posibilidad de realizar descargas únicas o parciales, así como equipos de inyección de espumógeno. Su velocidad de crucero está alrededor de los 300 km/h y su autonomía de vuelo en incendio es de cuatro horas. Los modelos utilizados son Canadair CL-215T y Bombardier 415. CAPÍTULO TERCERO Como hemos dicho en el comienzo de este libro, José siempre andaba huyendo de sí mismo. Aparentemente, era un hombre que nunca perdía el control, pero su seguridad se tambaleaba con el más pequeño soplo de aire. Su firmeza era fruto de una falsa ilusión; en sus misiones se jugaba la vida porque, en cierto modo, no sabía qué hacer con ella. Pero su inconsciencia no era fruto de una tontería. José era soltero y no tenía ningún hijo, y no lo ocultaba en ningún lugar. Su eterna novia era la suerte de la que tanto presumía. Él sí presentía el peligro, pero ¡uf!, ¡uf!, yo le pedía a la casualidad que no fallara nada. José no era creyente –en el sentido cristiano-, por lo que siempre hablaba de la fortuna, del azar… José, si caía en desgracia, no iba a dejar una viuda, ni huérfanos, ni nada de nada. ¿Qué hacía cuando no había nada que hacer? Es decir, ¿cómo empleaba su tiempo libre? En esos ratos arreglaba y limpiaba su avión; nada de juergas y no bebía ni una gota de alcohol, salvo sus cervezas. Su avión era su próximo destino y, como él mismo decía, moriría estrellado contra el cielo. Siempre tenía a la Guardia Civil encima, pues era un maniático haciendo piruetas con su máquina. Tan pronto aterrizaba en un aeropuerto, como lo hacía en una autopista. Aunque su formación era militar, desde luego José no lo aparentaba. Él no esperaba a nadie, ni preguntaba por alguien. Si reventaba el motor de su avión, él sería el único afectado. Era muy presuntuoso y muy gallardo. Las malas lenguas decían de él que era un perfecto chulo, un chaval sin educación alguna. José pilotaba en su helicóptero Sikorski y en su avión, un Cessna montado en USA, que dormía todos los días en su base de Tarazona. Pero, para no aburrir a los lectores, permítanme unas palabras sobre Tarazona. Tarazona se emplaza en el extremo occidental de la provincia de Zaragoza, a 86 kilómetros de la capital, a 10 de la provincia de Soria por la N-122 y a tan solo 7 de la Comunidad Foral de Navarra por la N-121-C. Es capital de la Comarca de Tarazona y el Moncayo. Situada en el valle medio del río Queiles, a 14 km de las faldas del Moncayo y a 15 km del Real Monasterio de Santa María de Veruela, Tarazona es una encrucijada de caminos entre Aragón, La Rioja, Navarra y Castilla y León. Con una superficie de 244,01 km2, el municipio comprende la ciudad de Tarazona y los barrios rurales de Tórtoles y Cunchillos, antiguos municipios independientes, y de Torres de Montecierzo, núcleo de población lindante con la Comunidad de La Rioja. Según el último censo, Tarazona tiene 10.864 habitantes. El casco urbano de la ciudad desciende desde un promontorio rocoso en la orilla izquierda del Queiles hasta las terrazas próximas al río en ambas orillas. Del sistema defensivo que la protegió desde la Edad Media se conservan varios lienzos de muro y puertas del recinto amurallado del barrio del Cinto. El extenso término municipal de Tarazona presenta diferentes ecosistemas. Desde las zonas áridas más cercanas al río Ebro hasta las cumbres del Moncayo se encuentran marcados contrastes. Entre ambos extremos se pueden observar las dehesas del Somontano, el Parque natural del Moncayo y la vega del Queiles. Ello proporciona a Tarazona una gran biodiversidad en su flora y fauna. Entre su patrimonio artístico destaca el casco histórico medieval de la ciudad de Tarazona y, en especial, la catedral mudéjar de Santa María de la Huerta, el palacio episcopal y la fachada de la casa consistorial. Cabe destacar también el castillo de Trasmoz, que data de la reconquista cristiana de la comarca en el siglo XII, y el monasterio de Veruela, uno de los tres grandes monasterios cistercienses aragoneses y que está ubicado dentro del término municipal de Vera de Moncayo. En suma, pues, es la segunda comarca aragonesa de menor extensión. Engloba a 16 municipios. Su territorio se asienta en la cara norte del sistema Ibérico en la cuenca del río Queiles. Parte de su territorio está ocupado por el Parque del Moncayo, que se localiza en la provincia de Zaragoza (Aragón, España), en su límite con la provincia de Soria, ocupando parte de las comarcas de Aranda, Campo de Borja y Tarazona y el Moncayo. Se asienta en las laderas del monte Moncayo, el pico más elevado del sistema Ibérico, concretamente en su vertiente norte, más fría y húmeda. Tiene una extensión de 11.144 hectáreas. Se creó el 27 de octubre de 1978 como Parque Natural de la Dehesa del Moncayo, cambiando a su denominación actual el 31 de mayo de 1998. Su principal patrimonio natural y turístico es el Moncayo, sierra cuya principal cumbre alcanza la altitud de 2316 metros, siendo el techo del sistema Ibérico. Su entorno, declarado parque natural en su vertiente aragonesa, posee una gran biodiversidad, como ya hemos dicho, con más de 1.500 especies vegetales, algunas de ellas prácticamente endémicas de esta sierra. CAPÍTULO CUARTO Pues, ¡bien! Aquí vivía y merodeaba, en sus días de calma, el piloto llamado José. Cuando había acción, José pilotaba su Sikorsky o su Cessna. Tenía propensión a usar un adjetivo posesivo para referirse a ambos aparatos, que, en realidad, pertenecían a la Tercera Región Aérea con centro en Zaragoza. Esa forma de hablar parecía que le daba mayor seguridad y confianza en sí mismo. Desde luego, estos dos aparatos siempre estaban lustrosos y listos para la acción. El Sikorsky S-76 Spirit es un helicóptero multipropósito de tamaño medio y origen estadounidense, diseñado por la Sikorsky Aircraft Corporation a mediados de la década de 1970. El S-76 dispone de dos motores, tanto el rotor principal como el rotor de cola son de cuatro palas, y cuenta con tren de aterrizaje retráctil. Además, este helicóptero es capaz de volar prácticamente con cualquier tiempo atmosférico. También es muy maniobrable y capaz en asuntos internacionales, por ejemplo. Por su parte, el Cessna 310 fue el primer avión bimotor de Cessna fabricado tras la Segunda Guerra Mundial. El 310 voló por primera vez el 3 de enero de 1953, iniciándose las entregas en 1954. Con los motores gemelos nacía una línea de aeronaves modernas y elegantes con innovadoras características, como motores con tubo de escape aumentador de empuje o el almacenamiento de todo el combustible en depósitos de punta alar. En 1964, el sistema de escape del motor fue modificado para que fluyera bajo el ala en lugar de emplear los tubos aumentadores, considerados demasiado ruidosos. Pues, así, se equipaba un piloto ya civil como José. Él, con estos dos aparatos, fardaba un montón, pero no invitaba a subirse a nadie. En el caso de que el helicóptero Sikorsky fuera destinado a apagar fuegos en los montes, se le colocaba un arnés con forma de bañera que servía para contener el agua, con la que se apagaban los fuegos que aparecían en los montes, principalmente en época de estío. ¡Bien! Por ahora, diremos también que el clima de las poblaciones de la provincia de Zaragoza es de tipo continental con importantes fríos en invierno y veranos muy calurosos. La pluviometría es irregular y escasa. El viento dominante en la zona es el cierzo, que en algunas poblaciones del Valle del Ebro puede superar los 100 kilómetros por hora. El viento cierzo es un fenómeno meteorológico característico de la ciudad de Zaragoza, que aparece con cierta frecuencia y puede llegar a alcanzar rachas máximas de viento de hasta 100 km/h durante dos o tres días consecutivos. Este viento del Moncayo constituía de hecho la única traba importante con que contaban en la zona los distintos vuelos de sus aviones. Pero no hemos dicho casi nada de José. Se trataba de una persona extrovertida, es decir, se dice extrovertido de quien tiene la tendencia a mostrar o comunicar sus sentimientos, a disfrutar las interacciones sociales y concentrar la atención en los objetos externos más que en sus propios pensamientos o sentimientos. Era una persona tranquila, que nunca buscaba bronca, por lo que, a veces, sufría ciertas tomaduras de pelo. En sus días como piloto militar, había conseguido el grado de comandante, lo cual no le impidió dejar el ejército. Evidentemente, había pasado por una base aérea escuela, que es una instalación militar que combina las funciones de una base aérea, que sirve de apoyo a las aeronaves militares, con las de una escuela de formación para personal militar aeronáutico. En España, existen ejemplos como la Academia Básica del Aire y del Espacio (ABA) en la Base Aérea de León, la Academia General del Aire (AGA) en San Javier, y la Escuela de Técnicas de Mando, Control y Telecomunicaciones (EMACOT) en la Base Aérea de Zaragoza. Concretamente, la Escuela de Técnicas de Mando, Control y Telecomunicaciones (EMACOT) se encuentra en la Base Aérea de Zaragoza y se dedica a la formación en mando y control aéreo, informática y telecomunicaciones. Pero sin despistarnos, José era una persona despreocupada, que no se contagiaba del lujo ajeno. Siempre iba vestido desastrosamente mal, por lo que se comprende que llevar un uniforme no fuera de su gusto. Tenía una cazadora de merino que usaba continuamente, creando tendencia. Cada una no solo define estilos, sino que también amplía las posibilidades de crear nuevos looks fácilmente y sin necesidad de renovar el fondo de armario. Usaba pantalones militares por sus múltiples bolsillos, que conjuntaba con unas botas Panamá Jack de cuero auténtico, que eran muy cómodas y versátiles. Se afeitaba un día, no, otro, sí, por lo que siempre parecía un desarrapado, un desaliñado. No obstante, era muy educado y muy amable, por lo que nadie le hacía ascos. En el fondo era un romántico, pues siempre estaba ayudando a alguna mujer. Quiero decir un “romántico vago”. Comía correctamente, al menos de cara a los demás. No era muy detallista y quisquilloso, por lo que no tenía grandes sentimientos. Era muy activo y no le importaba trabajar a día completo. En las largas horas que pasaba en la Base, esperando noticias negras, solía hacer crucigramas y otros juegos que aparecían en el periódico. Si se nos escapa algún detalle, pido perdón de antemano. Sí solía beber cerveza en cantidades astronómicas, por lo que la sed no le secaba el gaznate. Aunque está de más decirlo, no escupía en ningún sitio. José, antes de incorporarse a la base de Tarazona, hizo unas prácticas en Las Canarias, en las que aprendió muchísimo. Por otra parte, las Montañas del Fuego son el insólito resultado de las erupciones en el sur de Lanzarote en los siglos XVIII y XIX. Todo un espectáculo de cráteres rojos, coladas de lava y paisajes lunares que reflejan el arder de la tierra y su fuerza incontrolable. Sus 200 kilómetros de extensión forman parte del Parque Nacional de Timanfaya, donde puede contemplarse una de las mayores actividades de vulcanismo del mundo, tanto por la inmensa cantidad de materiales arrojados por el fuego, como por su espectacular duración: seis años entre 1730 y 1736, donde las entrañas de la isla no dejaron de rugir. Alzado sobre la tierra se encuentra el Islote de Hilario, desde el que se observa un mar de lava de 25 cráteres que impacta al viajero al igual que lo fascina, pues a pesar de lo abrupto y sobrecogedor del panorama, pocos lugares del mundo contienen tanta energía latente y dormida. Una experiencia exclusiva para sentir toda la fuerza y la energía volcánica del Parque Nacional de Timanfaya, donde el visitante puede acceder en grupos reducidos a espacios habitualmente restringidos durante la Ruta de los Volcanes. Acompañados de nuestro guía, tendremos la oportunidad de hacer una parada en uno de los lugares más sorprendentes del parque, el volcán de Montaña Rajada. Ascender a pie por el sendero nos conduce hasta el impresionante mirador del Mar de Lava, desde donde el visitante contempla el regalo que ofrece la visión del mar. Tras conocer en detalle aspectos relativos a la geología, botánica y vulcanismo del parque y disfrutar con las demostraciones geotérmicas del calor que aún emana del corazón del volcán, visitaremos el “Refugio de Tinecheide”, en el Islote de Hilario, origen primigenio de lo que hoy es el centro de las Montañas del Fuego, para finalizar con un aperitivo con en el qué degustaremos productos locales maridados con vinos de Lanzarote. En pleno Parque Nacional de Timanfaya, se encuentran las Montañas del Fuego, donde pudo disfrutar del espectacular paisaje, comprobar de primera mano la actividad volcánica, así como degustar platos cocinados al calor del volcán. En definitiva, José está muy bien preparado. Ahora se encuentra en el dentista, por lo que podemos subir la voz. CAPÍTULO QUINTO José sólo se pone nervioso cuando se recibe un aviso sobre algún incendio tremendo. Hoy, casualmente, se ha localizado un fuego en las laderas del Moncayo. Entonces, dado el caso, José chilla desde la cabina: - Vamos chico, quita los frenos de las ruedas. En una hora tengo que estar combatiendo el fuego. José no toma café y ningún estimulante. Con la cantidad de cerveza que ingiere, si le uniera un psicótropo podría darle un ictus cerebral. Sigue chillando desde su cabina: - Vamos Santiago, Mario y Ramón. Si atacamos entre todos ese fuego, que se localiza en el Parque Natural de Mocayo, haremos retroceder al fuego más deprisa. Lo primero es localizar el pantano más próximo al fuego. Los cuatro aviones despegan a la vez. Se dirige a sus compañeros: - Cerca de las faldas del Moncayo, se encuentra el pantano de Yesa, donde podremos llenar de agua nuestros depósitos. Llegan al valle medio del río Queiles, donde deben llenar sus bañeras, según un orden fijado de antemano por el Jefe supremo de la base. Cuando le toca, José llena la bañera y sus depósitos. E inmediatamente los cuatro aparatos en formación militar arriban a las laderas del Moncayo, repitiendo la operación varias veces. Nos encontramos en el Parque Natural de Moncayo, que es uno de los más emblemáticos y valiosos de la Comunidad. Su carácter de montaña aislada entre la frontera del valle del Ebro y la meseta castellana, y unido a su elevada altitud, su especial orientación y su variedad geológica, le confieren unas características especiales únicas en el ámbito geográfico en el que se encuentra, a caballo entre el mundo Eurosiberiano propio de las zonas del Norte de Europa, húmedo y frío, y el cálido y seco Mediterráneo. Además, esta variedad de ambientes propicia la vida de una gran diversidad de especies animales, que encuentran en los bosques del Moncayo refugio y alimento. Un buen número de aves forestales como el arrendajo, los carboneros y herrillos, pinzones vulgares o petirrojos. Entre los bosques se esconde el abundante corzo, el jabalí, el zorro, el tejón, la garduña o la gineta. Igualmente importantes para la conservación son las colonias de murciélagos forestales y asociadas a cavidades. Se comprende, por tanto, que un incendio en semejante paraje constituye una auténtica pérdida, entre otras cosas, económica. Un hidroavión Canadair CL-415T, del ejército español, en servicio contraincendios La extinción de incendios forestales es una actividad de cuidado medioambiental y de seguridad pública que atañe a un diverso grupo de profesionales. .Su ejecución gira en torno a tres ejes: el análisis para la extinción, las acciones para la extinción y las unidades intervinientes. Ahora el viento es fuerte y constante. Sus ejes de propagación son las divisorias hidrográficas o crestas y las oportunidades de control están en los flancos del perímetro del fuego, en el comienzo de cada nueva cuenca. El frente principal (la cabeza) se controlará donde se acabe la cresta y, el crecimiento de los flancos en las crestas de segundo orden que dividen las cuencas de primer orden. En aquellos lugares que tenemos oportunidad de ataque al incendio (en nuestro análisis), procedimos a establecer los rodales resistentes al paso del fuego. En ellos, podremos anclar (controlar perimetralmente) lo incendios que se produzcan. Lo haremos mediante podas, claras, repoblaciones y quemas. Por tierra varios retenes de brigadas forestales se dirigen al mismo sitio. Las Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales (BRIF) son unidades helitransportadas de personal altamente especializado en la extinción de incendios. Proporcionan un servicio de apoyo a las comunidades autónomas, pudiendo actuar en cualquier punto del territorio nacional, incluyendo las Islas Canarias. Las BRIF (Brigadas de Refuerzo en Incendios Forestales) fueron creadas en el año 1992 pues los grandes incendios acaecidos en España a finales de los ochenta y primeros de los noventa pusieron de relieve la necesidad de creación de unidades especializadas que actuaran como refuerzo a las CCAA en los grandes incendios forestales y otras situaciones de especial complejidad, como la simultaneidad de incendios. Para su puesta en marcha se tomó como referencia a los “Hot Shot Crews”, brigadas helitransportadas del Servicio Forestal de los Estados Unidos (USFS). Las dos primeras BRIF se ubicaron en las bases de Prado de los Esquiladores (Cuenca) y La Pata del Caballo (Huelva) y ambas fueron dotadas de un helicóptero pesado, mejorando así su autonomía, su rapidez de actuación y capacidad de extinción. Con el paso de los años el número y la ubicación de las BRIF se han adecuado tanto a la evolución de los dispositivos de las comunidades autónomas como al cambio en la incidencia de los incendios forestales Estos trabajadores utilizan el extintor de incendios, que es un equipo para apagar fuegos. Consiste en un recipiente metálico (bombona o cilindro de acero) que contiene un agente extintor de incendios a presión, de modo que al abrir una válvula el agente sale por una boquilla (a veces situada en el extremo de una manguera) que se debe dirigir a la base del fuego. Generalmente tienen un dispositivo para prevención de activado accidental, el cual debe ser deshabilitado antes de emplear el artefacto. De forma más concreta se podría definir un extintor como un aparato autónomo, diseñado como un cilindro, que puede ser desplazado por una sola persona y que usando un mecanismo de impulsión bajo presión de un gas o presión mecánica, lanza un agente extintor hacia la base del fuego, para lograr extinguirlo. Hay de muchos tamaños y tipos, desde los muy pequeños, que suelen llevarse en los automóviles, hasta los grandes que van en un carrito con ruedas. El contenido varía desde 1 a 250 kilogramos de agente extintor. Mientras, los aviones evolucionan sobre ellos. Han salido gentes de todas las casas de los alrededores, con cubos, palas, rastrillos… Lo cierto es que una vez queda perimetrado el fuego, los aviones pueden emprender su retorno a la base. Sin embargo, una brigada contra incendio es el grupo de trabajadores organizados en una Unidad interna de protección civil, capacitados y adiestrados en operaciones básicas de prevención y protección contra incendio y atención de emergencias de incendio, tales como identificación de los riesgos de la situación de emergencia por ... La brigada de investigación de incendios forestales está dirigida por un técnico BRIF con formación forestal universitaria y experiencia previa al frente de unidades helitransportadas de extinción. A su mando, y en permanente contacto durante la extinción, se encuentran dos cuadrillas, cada una de ellas constituida por 7 bomberos forestales y 1 capataz bombero forestal. En suma, pues, las Brigadas de Refuerzo de Incendios Forestales de España son las brigadas antiincendios de la empresa pública Tragsa. Dependen del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, con la función de prestar apoyo a las comunidades autónomas en la lucha contra incendios forestales. Emprendiendo el retorno a la base, José rompe la formación, como hace en todas las ocasiones que puede. Entonces, aprieta el acelerador del Cessna y dibuja en el cielo un torbellino, ejecuta varios dibujos más en el cielo, entre ellos un bucle, y aprieta el paso. Llegando a la base, hace el pino en el aire, lo cual resulta ser una gran desgracia, pues su avión se estrellará contra el suelo. De la base sale un camión que ayudará todo lo que pueda. Una vez llegado el camión de auxilio, los bomberos, en primer lugar, tienen que sacar al piloto de la cabina. Pero cuando éstos llegan al avión sólo pueden certificar su muerte, la muerte de José. Según parece, el piloto no se ha enterado de nada. Desde luego, en su avión no hay ni el más mínimo trazo de iconología cristiana. CAPÍTULO SEXTO Yo era un buen amigo de José. Cuando me dieron la noticia, se me encogió el alma. Yo, aunque soy agnóstico, sentí que un funeral cristiano debía recibir mi amigo, lo cual constituyó una verdadera obligación. Su ateísmo consiste, en su sentido más amplio, en la ausencia de la creencia en la existencia de las deidades. En sentido estricto, es el rechazo de la creencia de que cualquier deidad exista. En una definición aún más restringida, el ateísmo es específicamente la postura que defiende que no existen las deidades. El estado de la cuestión sobre el ateísmo no es hoy el preconizado y previsto por Lalande, ya que el término ateísmo goza en el lenguaje filosófico y no filosófico de hoy de un prestigio creciente, lo cual permite suponer que posee todavía un significado, o, mejor, un conjunto complejo de significados. La definición del término 'ateísmo', por tanto, con toda su resonancia doctrinal, vital y afectiva, trasciende ampliamente el convencionalismo y abarca actitudes de fondo referentes a las relaciones entre hombres y entre doctrinas. En definitiva, el ateísmo es la ausencia de creencia en la existencia de dioses o deidades. No es una religión ni una creencia organizada, sino una postura individual ante la idea de un ser superior. Los ateos pueden tener diversas razones para no creer, como la falta de evidencia o argumentos filosóficos y éticos. El término ateísmo surgió a fines del siglo XVI, pero la noción de ateísmo, en alguna de sus muchas formas, y sobre todo la acusación de ateísmo son bastante anteriores. Algunos filósofos griegos, como Anaxágoras, y luego Sócrates, y el propio Aristóteles, fueron acusados de impiedad, lo que no es muy distinto de ateísmo, si se entiende por ello la negación, supuesta negación, o descuido, de los dioses de la ciudad. El averroismo, o lo que se entendía por tal desde el siglo XIII al XV, sirvió a menudo como acusación de algo similar a una especie de ateísmo. Durante bastante tiempo 'ateísmo' y 'spinozísmo' fueron considerados sinónimos, considerándose también como sinónimos 'ateísmo' y 'panteísmo'. Toda idea de separación de la Iglesia y el Estado fue equiparada al ateísmo, por eso muchos consideraron ateo a Hobbes. La religión natural, el deísmo y el librepensamiento fueron también consideradas manifestaciones de un ateísmo más o menos pronunciado. En general se ha identificado también ateísmo y materialismo. La dificultad de encontrar una definición unívoca para el término 'ateísmo' fue advertida con claridad por Lalande, quien, después de haber definido el ateísmo como "la doctrina que consiste en negar la existencia de Dios", añadía ya en un plano crítico: "La definición de este término no puede ser más que verbal, dado que el contenido de la idea de ateísmo varía necesariamente en correlación con las diversas concepciones de Dios y de su modo de existencia (...). El término reviste en nuestra opinión sólo un valor histórico, que es preciso determinar en cada caso particular, en vez de un significado teorético definido. Lo que para uno es afirmación de la divinidad puede ser para otro ateísmo. Se ajusta más, por tanto, a las polémicas religiosas que a la discusión filosófica, de la cual, por lo demás, tiende a desaparecer". Pero estas observaciones apuntadas en el Vocabulario de Lalande incluían algunas reservas. Para Jules Lachelier, por ejemplo, "lo que varía no es tanto el contenido filosófico de esta idea como el uso más o menos malévolo que se hace del término contra tal doctrina o tal persona". Por su parte, Louis Boisse declara: "No creemos que este término deba desaparecer del lenguaje, ni siquiera de la discusión filosófica, ni tampoco que solamente se pueda dar de él una definición verbal. Es imposible que a un término que ha ocupado durante tanto tiempo el pensamiento de los hombres no corresponda, también hoy, algún significado". El estado de la cuestión sobre el ateísmo no es hoy el preconizado y previsto por Lalande, ya que el término ateísmo goza en el lenguaje filosófico y no filosófico de hoy de un prestigio creciente, lo cual permite suponer que posee todavía un significado, o, mejor, un conjunto complejo de significados. La definición del término 'ateísmo', por tanto, con toda su resonancia doctrinal, vital y afectiva, trasciende ampliamente el convencionalismo y abarca actitudes de fondo referentes a las relaciones entre hombres y entre doctrinas. De lo que aquí se trata, siguiendo a Girardi, es de llegar a una definición lo suficientemente amplia de ateísmo como para que pueda ser aplicada a todas las corrientes a las que el lenguaje filosófico actual designa habitualmente como ateas, y por otro, lo suficientemente precisa para permitir distinguir estas corrientes de las demás y circunscribir los problemas que a ellas se refieren. Por ello se hace necesario realizar dos precisiones importantes. La primera es que el ateísmo será descrito en términos negativos más que positivos, aunque su naturaleza no puede ser más que fundamentalmente positiva. La segunda es que la exposición se ve obligada a definir y clasificar actitudes vitales, concretas, y muy complejas, lo que conlleva que todas las distinciones que puedan proponerse en este campo serán, por tanto, abstracciones. El punto de partida para la definición de ateísmo que aquí se adopta es aceptar la distinción habitual entre ateísmo teorético, consistente en la negación doctrinal de Dios, y ateísmo práctico, es decir, la actitud del que vive como si Dios no existiera. Las diversas definiciones de ateísmo práctico pueden reducirse a la propuesta por Louis Boisse en sus observaciones a la voz athéisme del Vocabulario de Lalande como "actitud de todos aquellos que viven como si Dios no existiese. En el importante texto de Bossuet: 'Existe un ateísmo escondido en todos los corazones, que se difunde a todas las acciones: Dios no cuenta para nada', el ateísmo no consiste en negar la existencia de Dios, sino en negar el valor de su intervención en la conducta humana". Según esta definición, la calificación de ateo práctico puede atribuirse a personas que afirman la existencia de Dios. Para comprender este ateísmo práctico hay que hacer una primera distinción entre la práctica y la teoría de la práctica. La actitud atea práctica consiste en vivir como si Dios no existiera mientras que la doctrina que excluye todo influjo divino sobre la conducta humana puede considerarse como la teorización de esa actitud. Que esa teorización de la actitud no puede reducirse al ateísmo teorético lo muestra el hecho de que la teorización de tal práctica no es incompatible con la afirmación de Dios. A Dios se le puede reconocer como una realidad en sí, un Ser supremo, una Causa primera, y al mismo tiempo como un ser que no interfiere en la existencia real, es decir, se le puede considerar como Ser pero no como Valor, explica la realidad, pero no cambia en nada la vida. Es un Dios al que a veces se ha denominado Dios de la filosofía oponiéndolo al Dios de la religión. El ateísmo puramente práctico es una conducta que se opone a la doctrina profesada por el sujeto, aunque conecta en el plano intelectual con su mentalidad como actitud fundamental que impone las valoraciones y decisiones en el horizonte de los problemas del sujeto. El ateísmo práctico se sitúa, ante todo, en el plano de la mentalidad y por tanto, en el plano de las orientaciones existenciales de fondo, y significa vivir como si Dios no existiera. Esto quiere decir que la vida del ateo práctico está orientada habitualmente por un sistema de valores del cual Dios está ausente. Este ateísmo práctico no es fácil identificarlo en las conductas concretas ya que la decisión de que Dios esté ausente de un sistema de valores determinado no es una cuestión objetiva sino subjetiva. Hay valoraciones que para unos se hallan en conflicto con la fe en Dios que para otros son postuladas por esa misma fe. Un sistema de valores que unos consideran extraños con Dios y la religión para otros se encuentran fundados en la voluntad de Dios. Y viceversa, un sistema de valores que para unos sólo puede estar fundamentado en Dios para otros es autónomo. Así puede ocurrir con ciertos gestos religiosos, que considerados objetivamente son actos de reconocimiento de Dios, pueden no significar para otros sujetos más que comportamientos externos adoptados por razones sociales. Lo que no puede establecerse es la equivalencia entre ateísmo práctico e inmoralidad. Ante todo, muchos autores sostienen la posibilidad de una moral que prescinda de Dios: Bayle, Kant, Max Scheler, Marx, incluso muchos tomistas. No todos se muestran de acuerdo en sostener que "si Dios no existe, todo está permitido" (Dostoievsky). Por el contrario, es posible comportarse honrada y generosamente sin que esa conducta provenga de una relación con Dios. Puede ocurrir, en segundo lugar, que algunas personas permanezcan fieles, por costumbre o por temperamento, a ciertos principios, aun reconociendo que dichos principios no pueden justificarse en el plano teórico. En tercer lugar, es difícil establecer en la esfera subjetiva una línea de demarcación entre conducta moral y conducta inmoral, sobe todo teniendo en cuenta que no se trata de juzgar actos particulares, sino una actitud en su conjunto. Por último, ni siquiera una conducta gravemente inmoral puede ser suficiente para denunciar la ausencia de Dios en una vida, ya que, si esa inmoralidad puede ser vivida conscientemente como rebelión contra Dios y al mismo tiempo acompañada por el remordimiento inspirado en razones de orden religioso no es lícito afirmar que Dios esté ausente de la misma. El contexto psicológico de la acción forma parte de la acción misma. El ateísmo práctico implica también la ausencia del sentido del pecado y, por consiguiente, de remordimiento. Ateísmo práctico e indiferencia religiosa son, pues, actitudes próximas ya que poseen en común el sentimiento de que Dios no es un valor; consecuentemente, su afirmación o negación no son importantes, no cambian gran cosa. Se distinguen por el hecho de que el indiferente no adopta ninguna postura en el plano teorético, mientras que el ateo práctico, en el sentido más corriente de la expresión, afirma teóricamente la existencia de Dios, pero lo que ocurre es que esta diferencia teórica no tiene alcance religioso. Por consiguiente, el ateísmo práctico sería la actitud de aquellos que viven habitualmente como si Dios no existiera o, en otras palabras, que no reconocen un alcance existencial al problema de Dios, bien afirmen la existencia del mismo, bien se abstengan de plantearse el problema. El ateísmo especulativo-práctico sería la teorización de tal actitud, es decir, una toma de posición doctrinal, no directamente con respecto a la afirmación de la existencia de Dios, como hace el ateísmo teorético, sino con respecto al valor existencial de Dios y de la afirmación del mismo. CAPÍTULO SEPTIMO Abriendo un paréntesis, señalaremos lo siguiente sobre el agnosticismo. En un sentido muy amplio puede decirse que agnóstico significa 'el que no sabe', y agnosticismo 'la posición de acuerdo con la cual no se sabe, se renuncia o no se pretende tener conocimiento acerca de las cosas que no pueden alcanzarse por hallarse más allá de las posibilidades del conocimiento científico'. Los agnósticos no tienen intención de ir más allá de los límites impuestos en una fase determinada de la evolución de la ciencia; como los dogmas expresados en las religiones positivas o en muchas doctrinas metafísicas van más allá de dichos límites, se hallan fuera de, y más allá de, toda posibilidad de conocimiento. Al ir adquiriendo un perfil más preciso a partir del siglo XIX, el significado general de "agnosticismo" se ha desglosado en otros tres significados principales. Según el primero de ellos, agnosticismo sería 'la doctrina que sostiene la incognoscibilidad radical de lo trascendente', es decir, la doctrina que mantiene una actitud que se abstiene de todo juicio sobre las proposiciones religiosas y las relega a un plano considerado inaccesible para la razón humana. Agnosticismo puede significar también, en segundo lugar, 'la doctrina que sostiene que lo trascendente, la cosa en sí, el noúmeno, etc., son entidades que no pueden conocerse'; de modo que no niega la metafísica, pero la relega al reino de lo afectivo suponiendo la existencia de una necesidad metafísica ineludible que no podrá ser satisfecha. Este tipo de agnosticismo puede ser de dos tipos: el que afirma que lo trascendente no es accesible a ninguna facultad y resulta impenetrable, tanto para el conocimiento como para la voluntad o la vida afectiva, y el que afirma que si bien el entendimiento es impotente para penetrar la realidad en sí, ésta queda abierta a otras actividades espirituales. En tercer lugar, se puede llamar agnosticismo a la 'doctrina que afirma que la propia pregunta por lo trascendente carece de sentido'. Este agnosticismo radical afirma que ni siquiera puede preguntarse por la cosa en sí, porque toda interrogación de esta clase carece de contenido significativo. Una de las obras en español que con más claridad y brevedad ha formulado el significado del agnosticismo fue el libro de Enrique Tierno Galván ¿Qué es ser agnóstico? Éstas son sus principales tesis: 1º) El agnóstico es 'un hombre sin fe en la sustancia trascendente'. Ser agnóstico es admitir que Dios es una hipótesis, sin admitir la existencia del contenido de la hipótesis por falta de posibilidad de una verificación convincente. Si alguien admitiera la posibilidad de la verificación, es decir, del conocimiento verdadero, ya no sería agnóstico. El agnóstico se despreocupa de la posibilidad de la existencia de Dios porque no admite la posibilidad de verificarlo. El agnóstico no se plantea cuestiones cuya verificación no es posible. 2º) El agnóstico es 'un hombre asentado en la finitud con la firmeza de quien no admite el conocimiento de otra realidad' y, por tanto, no siente la tragedia teológica de estar escindido entre la vida como destino en el mundo y la vida como destino fuera del mundo, ya que todo para él es mundo, es decir, finitud. 3º) El agnóstico mantiene una actitud de serenidad vital ante la muerte, es decir, acepta los acontecimientos como hechos que se dan sin causa ni dirección anterior al mundo. No es que no reconozca las contradicciones existentes en el mundo, sino que no las considera excedentes al mundo. El agnóstico explica las contradicciones del mundo desde hipótesis cuyos significados son verificables, es decir, admisibles como reales según las exigencias de la razón. Esta actitud de racionalidad da la serenidad sin resignación, ya que la resignación conlleva desconfianza, rencor y sospecha sobre la racionalidad, mientras que la serenidad derivada de la aceptación de la finitud conlleva comprensión de los sucesos del mundo. 4º) El agnóstico no admite el misterio -lo que no sabe por razón de su esencia- ni el enigma -lo que no se sabe porque encubre el sentido que manifiesta-. Para el agnóstico lo que no se sabe es ignorancia, lo que se desconoce porque no se poseen los elementos necesarios para obtener una explicación satisfactoria. El agnóstico admite que se puede ser ignorante respecto a las posibilidades de lo mundanal y se esfuerza por disminuir la cantidad de ignorancia racionalizando la finitud como única realidad posible. 5º) El agnosticismo es un 'humanismo'. No puede haber otro humanismo más que el agnóstico, ya que cualquier otra idea que pretenda saciar al hombre de su finitud resulta contradictoria con lo que lo humano es. El ser agnóstico aparece como el único camino posible para el humanismo, en cuanto a la referencia común de que nada humano deja de ser humanamente entendido, según lo pida la especie y el sentido de lo específico. 'Humanismo' significa 'entender a los hombres sin que tal entendimiento signifique trasponerlos a una realidad que contradiga la exclusividad de la finitud'. Para ser humanos y practicar el humanismo es necesario estar, como el agnóstico, instalado en la finitud. La valoración del hombre y de las cosas que sirven al hombre no está perturbada por lo definitivo, ya que en la finitud no hay nada definitivo salvo el instante, es decir, la posibilidad de que la duración permanezca. Debido a que no hay nada definitivo el agnóstico mantiene una relación puramente convencional con las normas que ordenan la vida, es decir, las normas no son en ningún caso dogmas que expresen lo invariable; la relación del agnóstico con ellas no es de inmutabilidad, sino de responsabilidad. 6º) Para el agnóstico todo lo que pertenece a la finitud es respetable, siempre que no destruya sus bienes. Hay, por tanto, una responsabilidad anterior a la que se tiene ante los valores morales y es la responsabilidad respecto de lo finito, la conciencia de una obligación primordial y originaria. El primer ámbito de responsabilidad ante lo finito es el referido al propio cuerpo como primera toma de conciencia de la necesidad de sobrevivir físicamente. El segundo ámbito de responsabilidad es el proceso de valoración de la especie como cultura. 7º) El agnóstico, por estar perfectamente instalado en la finitud, conoce bien la génesis de la conciencia responsable y procura integrar su personalidad en el trabajo y el efecto añadido de aproximarse a la especie. Por ello el agnóstico tiene una clara idea de que el gasto del mundo no da al hombre conciencia de lo que es, sino que es el ahorro del mundo lo que da fuerza y vitalidad. Se ha descuidado el mundo por culpa de la estética, pero poco a poco el hombre se va educando para cuidar del mundo y de esta educación saldrá un arte del cuidado en el que lo esencial será la finitud. 8º) El agnóstico cuenta con una capacidad especial para percibir lo concreto, ya que lo concreto es la finitud en sus formas, y sólo en la percepción de lo concreto aparece la intensidad de la especie en cuanto vida. 9º) El agnóstico rechaza la actitud vital consistente en la "pereza del ser" que se refleja en la dimisión de cualquier responsabilidad. No cabe "pereza del ser" ante lo finito, siempre ha de darse la existencia de un cuidado, ya que el descuido ante lo finito será equivalente a la enajenación absoluta, a dejar de ser. Es a través del trabajo y en la objetividad, en las obras, como se conoce la finitud y se manifiesta la conciencia responsable de lo finito, es decir, lo contrario a la "pereza de ser". 10º) El agnóstico tiende al materialismo marxista como única epistemología correcta para interpretar la finitud sin pretender salirse de sus límites y condiciones. Si intenta eludir esta epistemología, se coloca al borde de caer en concepciones trascendentalistas, en psicologismos que enajenan de todo sentido específico o en actitudes que corresponden a la conciencia irresponsable de lo finito. 11º) El agnóstico cree en la utopía del mundo. La idea de que el mundo finito puede ser totalmente conocido implica la admisión de cierto impulso utópico hacia un estado perfecto y la concepción de una globalidad en que se relaciona el sentido de las partes. El agnóstico confía en que el conocimiento completo de lo finito lleve a una utilización del hombre en el mundo que coincida absolutamente con las exigencias de la especie. 12º) El agnóstico acepta el padecimiento de la finitud sin construir sobre este hecho algo que rechace o contradiga la propia finitud. El agnóstico sabe que cualquier estructura de lo finito es perecedera, incluyendo la especie humana: nada de lo que hay puede perdurar en la eternidad. Ser humano exige ver lo perecedero y el mismo perecimiento como elementos de la propia condición. No hay nada más humano y que mejor defina la finitud que perecer. No hay nada que más contradiga al hombre y a su finitud esencial que la sobre-vida u otra vida. CAPÍTULO OCTAVO En otro orden de cosas, se ha practicado ya la autopsia al cadaver de su amigo. Una autopsia es un procedimiento médico que emplea la disección, con el fin de obtener información privada anatómica sobre la causa, naturaleza, extensión y complicaciones de la enfermedad que sufrió en vida el sujeto y que permite formular un diagnóstico médico final o definitivo para dar una explicación de las observaciones clínicas dudosas y evaluar un tratamiento dado.Usualmente es llevada a cabo por un médico, especialista denominado anatomopatólogo. En suma, pues, una autopsia es un examen médico detallado de un cadáver para determinar la causa y la forma de la muerte, así como cualquier enfermedad o lesión presente. También puede ser utilizada para investigación o propósitos legales. El procedimiento implica la revisión externa e interna del cuerpo, incluyendo la extracción de muestras para análisis. Una autopsia, también llamada necropsia examen post mortem, es un procedimiento médico que involucra la disección del cuerpo para examinar sus órganos y tejidos. Se realiza para: • Determinar la causa de la muerte, especialmente en casos de muerte súbita, sospecha de criminalidad, o muertes no certificadas. • Identificar enfermedades o lesiones que puedan no haber sido evidentes durante la vida del individuo. • Investigar posibles negligencias médicas o irregularidades en la atención médica. • Proporcionar información para casos judiciales. • Investigación y educación médica. Luego, José, su amigo, murió el 20 de enero de 2024. Felipe sacaba un pañuelo usado del bolsillo y se secaba una y otra vez el sudor, como si no pudiera tomarse una tregua. Pero vamos a hacer un alto en el camino. En la misma base aérea, hay una capilla pequeña, que yo llené de flores blancas que camuflaran su ateismo práctico. La celebración tuvo lugar a los tres días de su muerte. Allí nadie comentó nada. Nos reunimos en esa pequeña capilla: el jefe de la base y los tres o cuatro amigos más cercanos. Yo en este acto, me increpaba: - “Polvo eres y en polvo te convertirás”. En la Homilía, el gran jefe leyó la lista de misiones que había cumplido su amigo José. Avanzando este acto, yo no comulgué, por no ofender a Dios. Fue enterrado en un pequeñito cementerio que tiene la base, en uno de sus lados. ¡Lo necesitaba, pero ya no estaba entre nosotros! Investigando en sus últimos deseos, apareció en una pequeña maleta, que estaba debajo de su cama, una serie de cartas, sin dirección alguna. Entre aquel montónde papeles, que bien podían formar un Diario, se encontraban también unos cuantos libros, que en mi retiro yo no leí, sino que tragué de prisa y corriendo. Los sobres no llevaban membrete alguno y no estaban dirigidas a nadie en particular. Yo, como un pillo que roba una manzana, me hice con esas cartas y varios libros, pero no pedí permiso a nadie, llevándomelas a mi casa. Además, parece que le cojí miedo a volar, pues no volví a ofrecerme para algna misión. Mataba mis ratos haciendo de mecánico de la base. La muerte de José fue para mí un auténtico aldabonazo, difícilmente superable. Me refugiaba en mi casa, donde cogía las cartas con la intención de seguir leyéndolas recostado en una cómoda. Concretamente, sobre estos libros diré algo. Marie Johanne Croteau-Meurois es autora del libro titulado CRÓNICAS DE LO INVISIBLE. Encuentros con el más allá y sus manifestaciones. Después de Almas atrapadas, Marie-Johanne Croteau-Meurois nos ofrece de nuevo el relato de sus sorprendentes contactos con los universos de lo invisible, los de la vida después de la muerte. La autora nos hace partícipes de otros encuentros inquietantes, de esta forma, aprendemos a descodificar mejor el porqué de los múltiples niveles de conciencia a los que accedemos cuando dejamos este mundo. ¿El Infierno, el Purgatorio y el Cielo son solo mitos? Este nuevo libro, acompañado de comentarios de la autora, servirá de guía a través del laberinto que en ocasiones deben recorrer las almas de los difuntos para dejar la Tierra y acceder a su propia luz. Narradas de una manera auténtica y sencilla, las experiencias como barquera de almas de Marie-Johanne Croteau-Meurois nos enseñan con amor a comprender mejor el sentido de nuestra vida y a pacificar su final con un impulso de esperanza. Por otra parte, Juan Antonio Herrero Brasas es autor del libro titulado Dios y el más allá en el pensamiento contemporáneo. A lo largo de los siglos, pero principalmente en los últimos tiempos, se ha mantenido el debate sobre la pregunta de si existe Dios. Este libro busca contribuir, con reflexiones lúcidas y sugerentes, a ese repetitivo diálogo entre ciencia y fe. El autor aborda primero los argumentos centrales sobre la existencia de Dios y del más allá, poniendo de manifiesto su total actualidad. Hace, después, un análisis intelectual, con un cierto alejamiento de las doctrinas al uso, de la creencia en el Dios cristiano y un sucinto estudio de la relación entre la teología y las corrientes culturales de la postmodernidad. Después se centra en la ética y la religión, examinando conceptos como la belleza, la bondad, la virtud, la verdad y la mentira, muchas veces asumidos de modo acrítico. Por último, reflexiona sobre la religión y la cultura tomando como ejemplo tres destacadas figuras femeninas de la Francia moderna que han tenido un extraordinario impacto a nivel mundial: Bernadette Soubirous, Teresa de Lisieux y Simone Weil. Por otro lado, Sebastián D’Arbo y Diego Peñalver son autores del libro titulado MÁS ALLÁ DE LA MUERTE. El final de la trilogía parapsicológica. La película Más allá de la muerte (1986) certificaba la manera única, personal y magistral de hacer cine del director catalán Sebastià D’Arbó. Como divulgador de los fenómenos paranormales del mundo de la parapsicología y de las llamadas Ciencias Ocultas, D’Arbó llevó a la gran pantalla un tema sobre el que todas las personas, alguna vez en su vida, nos hemos preguntado: ¿Qué hay más allá de la muerte? Culminó con esta cinta la trilogía de cine parapsicológico que inició con Viaje al Más Allá (1981) y El Ser (cuando lo imposible se hace realidad) (1982). Basada en los testimonios de miles de personas que, a lo largo de decenas de años, han sido sometidas a estudios científicos y psicológicos, Sebastià D’Arbó expuso en la película esa descripción del viaje que experimentaron aquellos que traspasaron el umbral de la muerte… y regresaron para explicarlo. Todo ello en el guion más arriesgado de la filmografía del director, en el que el misterio sobre el más allá se cruza con la historia de una de las sectas nazis más perversas de todos los tiempos: la Sociedad de la Thule. En Más allá de la muerte. El final de la trilogía parapsicológica se recoge toda la información posible acerca de la producción y rodaje, así como los testimonios de parte del equipo técnico y artístico que trabajaron en aquella fantástica película, todo ello recogido, documentado y explicado por Diego Peñalver y el propio Sebastià D’Arbó. En otro sentido, Nicole Dron es autora del libro titulado GUÍA SOBRE LA MUERTE Y EL MÁS ALLÁ. Este libro contiene las respuestas a numerosas preguntas sobre “Tafti, la sacerdotisa”, que ya se ha convertido en un libro de culto. Las técnicas de Tafti son tan poderosas que literalmente abruman a los lectores. Esta colección de respuestas, servirá para llegar a una comprensión más profunda y práctica que facilitará el camino para la consecución de los objetivos. La intensidad de las vivencias de los lectores, quedan de manifiesto en los diferentes testimonios incluidos. Sin duda, estamos ante una inestimable ayuda para la puesta en funcionamiento de las diferentes técnicas de forma más efectiva. Las técnicas de la carismática y arrogante sacerdotisa Tafti ya han ayudado a miles de personas en todo el mundo a confiar en sus capacidades para configurar la realidad. Por último, Jorge Blaschke es autor del libro titulado MÁS ALLÁ DE LO QUE TÚ SABES. Descubre tus otras realidades y el nexo entre la física cuántica y la percepción espiritual. Nos encontramos ante una obra exhaustivamente documentada que profundiza sobre el ser humano y la realidad que lo rodea desde los campos de la física, la psicología, la psiquiatría y la química, para responder a nuestras preguntas fundamentales: ¿qué es la realidad?, ¿de dónde venimos? y ¿hacia dónde vamos? Adentrándose en estas áreas del conocimiento, el libro plantea respuestas, abre nuevas incógnitas y dibuja caminos a seguir para resolver esos interrogantes. También figuraba entre la escasa Bibliografía que José conservaba, una interesante obra titulada El fatalismo trágico de Miguel de Unamuno, que se debe a Varios Autores, que exponen la doctrina filosófica según la cual todo en el mundo y en la vida del hombre está determinado de antemano por lo que se conoce como el hado, azar o destino. CAPÍTULO NOVENO En general, el fatalismo es una creencia filosófica o religiosa según la cual existe un destino que debe cumplirse inexorablemente, siendo inútiles los esfuerzos por evitarlo. En la antigüedad el fatalismo fue defendido por los filósofos estoicos, quienes consideraban que todo ocurría según un entramado de causas y efectos que no eran sino la expresión del orden de la razón universal. De tal modo, era imposible sustraerse a dicho orden, aunque sí era posible reaccionar a las circunstancias determinantes y entendenderlas aplicando la razón. El término fatalismo (formado a partir de la raíz latina fatum, que significa 'destino') y su derivado «fatalista» es la creencia en una necesidad que, negando la libertad, se impondría irremediablemente al ser humano. En sentido corriente, el fatalismo se refiere a la creencia en el determinismo de los acontecimientos, dirigidos por causas independientes de la voluntad humana, sea este determinismo procedente de fuerzas sobrenaturales como los dioses, de las leyes naturales, del ambiente o de las experiencias adquiridas en el pasado. Esta noción de fatalismo conlleva una connotación negativa, tanto en el lenguaje corriente como en el filosófico. En cambio, ha prevalecido la postura del determinismo que postula la concatenación de eventos según el principio lógico de la causalidad. En el siglo XIX la noción de fatalismo adquirió una connotación peyorativa en la cultura filosófica, y se opondrá al determinismo, que verá en el fatalismo una creencia supersticiosa ajena a la ciencia El determinismo se refiere a la determinación condicional de los acontecimientos en virtud del principio de causalidad que hace que una consecuencia se derive necesariamente en cuanto el antecedente es efectivo: si A (la causa) se realiza, entonces B (el efecto) tendrá lugar. El determinismo permite la subsistencia de la razón (en tanto que el devenir está gobernado por un principio inteligible) y de la acción (pues la consecuencia solamente es necesaria en la medida en que lo sea el antecedente). El fatalismo, en cambio, establece la determinación incondicional del suceso, sea cual sea la determinación del antecedente, tesis que excluye la razón (en la medida en que la relación causal no es comprensible) y la acción (¿para qué molestarse en forzar lo inevitable?). Si bien esta noción tiene hoy connotaciones negativas, no siempre fue así, como muestra el fatalismo antiguo de los estoicos o el materialismo de los filósofos franceses de la Ilustración. - Y yo que había sido su mejor amigo, jamás le escuché musitar el más mínimo rum-rum. El miedo, que es una emoción desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro e incluso pasado, no alimentaba mínimamente su ansiedad. El miedo es una emoción primaria derivada de la aversión natural al riesgo o la amenaza, manifestada en todos los animales, lo que incluye al ser humano. La máxima expresión del miedo es el terror. Resumiendo toda esta cuestión, por nuestra parte añadiremos que el fatalismo es una doctrina filosófica según la cual todo en el mundo y en la vida del hombre está determinado de antemano por lo que se conoce como el hado, azar o destino. El hombre no es dueño de su destino. El único recurso que le queda es contentarse con la suerte que le ha tocado. El fatalismo hace depender todos los acontecimientos únicamente de una causa absoluta más o menos voluntariosa. Esta doctrina se relaciona con la del determinismo, pero hay una diferencia conceptual entre ambas: el determinismo explica un hecho haciéndolo depender necesariamente de otro hecho singular antecedente, mientras que el fatalismo condiciona la totalidad de los hechos a una única causa necesaria, que incluso puede ser una voluntad libre. Entendido así, el fatalismo es una consecuencia necesaria de toda metafísica monística. Históricamente, el fatalismo ha jugado, en la vida de la humanidad, un papel reaccionario: por una parte incitaba a la pasividad, al considerar que la vida del hombre ya estaba planificada desde arriba; por otra, favorecía el fanatismo religioso, pues algunos, convencidos de formar parte del grupo de los elegidos, se creían también avocados al dominio y a la victoria sobre los demás. Se distinguen cuatro clases de fatalismo: mitológico, astrológico, filosófico y teológico. • La primera forma del fatalismo es la que muestra la mitología griega: por encima de las numerosas divinidades, incluso por encima de Zeus, está el azar, o la fatalidad. Es el signo destinado a garantizar la unidad cósmica, puesta en peligro por el politeísmo. • El fatalismo astrológico hace depender el destino del hombre de la posición de los astros en el momento de su nacimiento. De la situación de Venus o Marte, etc., depende que un hombre sea adúltero, homicida, etc. Esta idea de la correlación de todos los seres del universo, vacía a las acciones humanas de todo tipo de responsabilidad ética. • El fatalismo filosófico es un fatalismo rígido y coherente se da por primera vez en el estoicismo. Así Zenón define el destino como "una fuerza que mueve la materia de modo uniforme y constante, de tal modo que se puede llamar indistintamente providencia y naturaleza". Igualmente el monismo naturalista y la concepción del tiempo cíclico entienden la sabiduría como el "amor al destino" (amor fati). El fatalismo fue combatido en sus formas cosmológica y astrológica por filósofos como Plotino y Proclo, en nombre de los derechos del alma, así como por el Cristianismo, empeñado en defender el valor original y libre de la persona. No hay que olvidar que el tema del fatalismo estuvo siempre ligado al del libre albedrío. Las doctrinas fatalistas reaparecieron en el Renacimiento italiano y alemán. El propio término "fatalismo" se originó en Francia, a principios del siglo XVIII, como una derivación de "fatal", para discutir las doctrinas de Spinoza y de Leibniz. Otros filósofos modernos que de alguna forma han reivindicado el fatalismo, son Nietzsche, con su doctrina del "amor fati" y Spengler, con la doctrina del destino. • En contra de la doctrina de Bayle, que afirmaba la necesidad de Dios para crear y la necesidad para crear de la manera que lo hizo, Leibniz, distinguió tres clases de fatum ('hado'): el fatum mahometano, el fatum estoico y el fatum cristiano. En el fatum mahometano el destino del hombre está decretado por Alá, quien ordena todo lo que va a suceder en la vida del hombre. En el fatum estoico, el hombre no tiene más remedio que aceptar el curso de los acontecimientos, puesto que no puede cambiarlos. En el fatum cristiano, Leibniz expone que cada cosa tiene un cierto destino regulado por la providencia de Dios. En contra del fatum estoico, el cristiano se esfuerza por aceptar con alegría lo que Dios dispone. Al hablar de fatalismo, necesariamente se encuentra el problema teológico de la predestinación. El cosmologismo impersonal de los griegos da paso aquí al voluntarismo de una deidad que determina la vida y el destino de los hombres. Unos son creados para la salvación y otros, para la condenación. El elegido, bajo el influjo de la gracia, no puede no pecar. El condenado, privado de la gracia, no puede obrar el bien. Consecuentemente, desde el punto de vista de la obra redentora de Cristo, éste habría muerto solamente por los predestinados a la gloria. Los primeros en lanzar estas afirmaciones fueron Lucido (s. V) y Godescalco (s. IX). Pero la expresión más radical y sistemática se encuentra en algunos reformadores protestantes, especialmente en Calvino, quien afirmaba: "no todos los hombres son creados en las mismas condiciones; unos son destinados a la vida eterna, mientras que otros los son a la condenación perpetua". En todo caso, desde el punto de vista de la teología cristiana, resulta difícil conciliar la bondad de Dios con la maldad del hombre; la libertad del hombre, con la omnisciencia de Dios. Y más difícil todavía resulta dentro del islamismo, donde se tiene como afirmación fundamental que la vida del hombre está previamente trazada por la voluntad de Alá. Martín Baró caracteriza esta actitud de la siguiente manera: "El Fatalismo es aquella comprensión de la existencia humana según la cual, el destino de todos, está ya predeterminado y todo hecho OCUlTede un modo ineludible". Un fatalista -si existe uno tal- piensa que nada puede hacer respecto del futuro. El pensamiento fatalista es la creencia según la cual todo sucede por ineludible predeterminación o destino. Un fatalista es alguien que cree que, haga lo que haga, el resultado será el mismo porque está predeterminado. Los fatalistas comparten la sensación de impotencia para cambiar el mundo. En filosofía, un fatalista es alguien que tiene creencias específicas sobre la vida, el destino y el futuro. El determinismo es una idea científica moderna, y el fatalismo es una idea filosófica o religiosa más antigua. El determinismo se basa en la idea de causa y efecto. Afirma que el pasado causa el presente, y el presente causa el futuro de una manera estricta que no permite que el azar o el libre albedrío cambien nada. Concepción filosófica en la que el mundo y la vida del hombre están sujetos a lo que disponga el destino o hado. En la mitología occidental antigua era común la idea de que los hados rigen la existencia de los hombres y hasta de los dioses. CAPÍTULO DÉCIMO Está claro que para escribir ese montón de papeles, José tuvo que llenarse de valor. Prestaba atención al clima de soledad que le rodeaba y, sobre todo, a la angustia, a la noción del pensamiento existencialista que refiere, en Kierkegaard a un sentimiento nacido de la conciencia de la absoluta distancia entre el individuo y Dios y que requiere un salto de fe. Heidegger la entiende como la inquietud radical de la propia existencia ante la que hemos de responder con autenticidad. Desde el punto de vista psicológico, la angustia en un estado de inquietud o ansiedad en el que se encuentra un sujeto que espera de manera inminente un acontecimiento dramático del que generalmente no conoce ni su origen ni las consecuencias que puede tener. Este acontecimiento es vivido como una amenaza aunque no obedezca a un peligro real. Normalmente existe una gran desproporción entre la intensidad de la angustia y su objeto. La reacción afectiva del individuo se caracteriza por el desconcierto, la incertidumbre y el pavor, y suele ir acompañada de síntomas somáticos como palpitaciones, palidez, dificultad respiratoria, sudores o temblores, etc., que se producen como respuesta a situaciones traumáticas. La angustia no sólo es una defensa del individuo que le avisa de un posible peligro y le advierte de la necesidad de apartarse de él, sino también una manifestación externa de las dificultades del individuo para resolver sus conflictos. Por otra parte, hizo colección de frases cristianas, pero irreverentes. Al ser un hombre, nadie custodiaba sus pertenencias. Le había interesado la figura de Satán, al que nombra de todas las formas posibles. Satanás, llamado también el adversario o el diablo, es el enemigo de toda rectitud y de todos los que desean seguir a Dios. Es un hijo espiritual de Dios que una vez fue un Angel “que tenía autoridad delante de Dios”. Sin embargo, en el concilio de los cielos celebrado en la vida preterrenal, Lucifer, como se conocía a Satanás entonces, se rebeló contra Dios. Desde aquel momento, ha intetado destruir a los hijos de Dios en la tierra y procurar su miseria. Una cuestión primordial en el conlicto de Dios y Satanás es el albedrío. El albedrío es un valioso don de Dios, es esencial en Su plan para Sus hijos. En la rebelión de Satanás contra Dios, Satanás “pretendió destruir el albedrío del Hombre”. Él dijo: “Redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra. Satanás persuadió a “la tecera parte de las huestes del cielo” a volverse contra el Padre. El resultado de esta rebelión fue que Satanás y sus seguidores fueron desterrados de la presencia de Dios y se les negó la bendición de recibir un cuerpo físico. El Padre celestial le permite a Satanás dirigir su oposición. Dado que Satanás “busca que todos los hombres sean miserables como él, él y sus seguidores intentan apatarnos de la rectitud. Satanás dirige su oposicion más intensa contra los aspectos del plan de felicidad del padre Celestial. Nadie tiene que ceder a las tentaciones de Satanás. Toda persona tiene el poder de elegir lo bueno en vez de lo malo, y el Señor ha prometido que ayudará a todos los que le busquen mediante la oración sincera y la felicidad. En el Nuevo Testamento se identifica a Satanás con el diablo y con la "serpiente antigua seductora" que parece evocar a la que provocó el pecado original de Adán y Eva: "Entonces hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón, pero no pudieron prevalecer, y no hubo puesto para ellos en el cielo. Y fue precipitado el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero, y sus ángeles fueron precipitados con él" (Apocalipsis 12:7-9). Las advertencias sobre la caída final de Satanás frente a Cristo están presentes ya en los Evangelios, como prueba, por ejemplo, Lucas 10:18 "Yo veía a Satanás cayendo como un rayo del cielo". En determinados pasajes del Nuevo Testamento se utilizan otras denominaciones del Diablo: Belcebú ('el dios de las moscas', versión degradada del dios Baal) y Lucifer. Los primeros padres y los teólogos cristianos medievales elaboraron completas teorías acerca de los antecedentes y poderes de Satanás. En diversos concilios quedó estableció que fue, en sus orígenes, un ángel bueno creado por Dios, que por sus pecados fue expulsado del paraíso y convertido en la personificación del mal. Santo Tomás de Aquino afirmó que "los demonios son sustancias intelectuales no unidas a cuerpo alguno". Y en el IV Concilio de Letrán (1215) quedó establecido que "el diablo y otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza ciertamente buena, pero ellos se hicieron por sí mismos malos". La doctrina de la Iglesia católica acerca de Satanás tuvo un período de máxima efervescencia entre los siglos XIV y XVII, en que fueron más frecuentes también los procesos por brujería, hechicería y posesiones diabólicas. Después, su discusión y comentarística fue haciéndose cada vez más marginal, aunque su existencia no ha sido oficialmente puesta en cuestión, y fue hasta expresamente mencionado en el Concilio Vaticano II (1962-1965), así como en diversos documentos firmados por los papas Pablo VI (1897-1978) y Juan Pablo II (1920). En cualquier caso, los teólogos cristianos actuales tienden a interesarse, más que por la existencia y las obras personales de Satanás, por el poder de destrucción colectiva del mal, y a considerar los supuestos casos de posesiones diabólicas o de obras y ritos satánicos como patologías nerviosas o psíquicas, o muestras de una religiosidad conscientemente invertida o pervertida. Incluso ha habido intelectuales modernos, como Giovanni Papini (1881-1956), que han intentado (en obras como Il Diavolo, de 1953) reivindicar en cierta medida la figura del demonio y establecer correlaciones entre su simbolismo y una parte de los impulsos y de la personalidad de todos los seres humanos. Está claro que el demonio es un ser o personaje de carácter imaginario, espiritual, sobrenatural o mágico que, en diversos sistemas religiosos y tradiciones culturales, se considera capaz de influir en las actividades humanas, con fines por lo general malignos y destructivos. Según algunos especialistas, la palabra griega deriva de una raíz daio que significa "dividir" o "distribuir". Según otros, procede de la raíz das "enseñar", que puede relacionarse a su vez con el sánscrito dasmnat "sabio". La demonología de los primeros tiempos del cristianismo estuvo estrechamente vinculada con la hebrea y con la de las religiones sincréticas de Oriente. La fuente básica y primordial era, naturalmente, el relato bíblico del Génesis (6:1-4), que afirmaba que "cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la tierra y les nacieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí cuantas de entre ellas más les gustaron [...] En aquel tiempo había gigantes en la tierra, y también después que los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres, y ellas les engendraron hijos. Son éstos los héroes famosos ya desde antiguo". La interpretación que numerosos comentaristas judíos (especialmente el autor del primer libro del apócrifo Enoch) y cristianos (entre ellos Justino, Atenágoras, Taciano, Minucio Félix, Tertuliano e Ireneo), dieron de este fragmento fue que los hijos impuros de aquella mezcla de seres angélicos y humanos fue una raza de gigantes de la que a su vez saldría otra de demonios. En los mismos siglos de orígenes del cristianismo, la figura de Satán fue progresivamente identificándose con la de la serpiente que provocó la caída y la expulsión del hombre del Paraíso. Los diablos aparecen en el Nuevo Testamento como causantes de diversos tipos de posesión maligna y de enfermedades nerviosas y psíquicas, como la epilepsia y la locura, según los relatos de Mateo 12:28 y de Lucas 11:20. San Pablo, por su parte, se refirió a Satanás y a sus demonios como fuerzas cósmicas, y a Satanás como cabeza del reino del mal, y como precursor, bajo la forma del Anticristo, de la segunda llegada de Cristo. El cristianismo popular de la época continuó, al mismo tiempo, dejándose impregnar por las variadas y pintorescas demonologías de los pueblos vecinos. Entre los siglos IV y V, San Agustín (354-430) se extendió sobre las jerarquías demoníacas y sobre la contraiglesia de Satanás, con sus inversiones sacramentales, rituales y morales. Estas cuestiones irían cobrando cada vez mayor peso dentro de la teología cristiana, hasta llegar a la edad de oro de las creencias y de los tratados demonológicos, que coincidió con la de mayor incidencia y represión de las creencias y actividades de brujería y hechicería (puesto que la acusación principal de los procesos por estas cuestiones fue la del pacto con el diablo), y que puede situarse entre los siglos XIV y XVII. A partir del siglo XII, fueron de la mano las creencias generalizadas sobre el aspecto físico del diablo, sus descripciones literarias, y sus representaciones iconográficas. Así es como llegó a hacerse tópica su figura antropomórfica masculina, de gran delgadez, escaso pelo, piel oscura, brillante y metálica, ojos penetrantes, gesto maligno o amenazante, con la cabeza dotada de una o de varias parejas de cuernos, rabo y pezuñas de animal. Antes de que se fijase este modelo iconográfico, las descripciones que los teólogos habían dado del demonio eran extraordinariamente pintorescas. Así, San Furseo los describió como de largos cuellos, y con cabezas parecidas a calderas decobre. Y Santa Brígida afirmó que sus cabezas eran como fuelles provistos de largos tubos, y que sus brazos semejaban a serpientes, sus piernas a prensas, y sus pies a garfios. Cuando se representaba al demonio en ademán de recibir la adoración de las brujas en el transcurso del sabat o aquelarre, se le representaba habitualmente como macho cabrío gigantesco, barbado, majestuoso y maloliente. La constante presencia del demonio en la literatura y en la cultura de los países cristianos (desde las distintas y antiguas versiones del mito de Fausto y Mefistófeles hasta la cinematografía actual) ha hecho que su figura haya estado siempre en proceso de constante desarrollo, y que siga siendo un mito plenamente vigente en la actualidad. En otro sentido, Lucifer es el nombre personal atribuido en algunas tradiciones cristianas al demonio o diablo. Este nombre nació de una traducción y de una interpretación inadecuadas del libro de Isaías (XIV:12). Efectivamente, en el pasaje que dice: "¿Cómo caíste, Lucífero, hijo de la aurora?", se ha interpretado con sentido onomástico el adjetivo "lucífero", es decir, 'hijo de la luz' o 'del amanecer'. A partir de San Jerónimo se produjo una identificación entre Lucifer y Satanás. Y algunas tradiciones apócrifas opusieron también Lucifer, como personificación de los ángeles rebeldes caídos, a Luzbel, representante de los ángeles leales a Dios. A lo largo de la historia, Lucifer ha sido considerado también como una personificación individual entre otros muchos demonios. Así, algunos demonólogos, como el alemán Peter Binsfeld (ca. 1540-1603), establecieron correlaciones entre demonios y pecados capitales, en que Lucifer encarnaba el Orgullo, Mammón, la Avaricia, etc. Por último, el diablo es un ser o personaje de carácter imaginario, espiritual o mágico que, en diversos sistemas religiosos, se considera capaz de influir en las actividades humanas, con fines por lo general malignos y destructivos. El nombre diablo deriva, según algunos especialistas, del radical indoeuropeo dv, de donde proceden también Div, Deva, Divus y otras voces que identifican a los seres y elementos sagrados o divinos. El mismo radical designa también la idea de "luz". Sin embargo, derivan igualmente de la misma raíz el ario dhvan y el griego thanatos, que significan 'muerte', el germánico devan 'morir', el ario dvi 'temer', o el griego deos 'terror'. Las voces derivadas de la familia diablo como designadoras del espíritu del mal bíblico comenzaron a aplicarse en la Septuaginta (versión griega del Pentateuco redactada hacia el siglo III a. C.) y en algunas de sus primeras traducciones al latín. También en el Nuevo Testamento comenzó a ser usado el término como denominación del espíritu del mal. Así, en el Apocalipsis (12:7-9) se identifica a Satanás con el Diablo y con la "serpiente antigua seductora" que parece evocar a la que provocó el pecado original de Adán y Eva: "Entonces hubo una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lucharon contra el dragón, pero no pudieron prevalecer, y no hubo puesto para ellos en el cielo. Y fue precipitado el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero, y sus ángeles fueron precipitados con él". La palabra de origen griego diablo tuvo en sus orígenes un sentido diferente de otra palabra de origen también griego, demonio. Mientras que esta última pudo ser usada, durante mucho tiempo, como denominador genérico de todo tipo de seres espirituales, tanto positivos como negativos, diablo nació con el sentido de espíritu maléfico, de "antagonista" del bien por antonomasia. Pero no nos llevemos a engaño, pues para mi amigo José todo esto estaba en relación con el Anticristo. (Del griego anti, contra, en lugar de, y Christós, Cristo). Como se deduce de su etimología, el término Anticristo significa "contrario a Cristo"; es decir, se trata, tal como más tarde quedará conformado en la tradición, de un supuesto personaje, real o fabuloso, adversario y contradictor de Cristo, que comenzará su acción terrena en los últimos tiempos del mundo. Hay que evitar la confusión, presente en algunas formas antiguas y modernas de este término (en las que aparece escrito como Antecristo, con el prefijo latino ante, antes de), que hace de éste un personaje anterior al propio Cristo, idea descabellada que en nada concuerda con el auténtico desarrollo de esta figura apocalíptica. El uso general de este término como nombre propio ha coexistido con su empleo como sustantivo común, sobre todo en plural, para designar como "anticristos" a todos aquellos que, desde una perspectiva cristiana, se oponen a la fe, niegan a Cristo o caen en pensamientos y actitudes heréticas. Ha sido frecuente también a lo largo de la tradición emplear el término Anticristo no sólo para referirse a ese futuro personaje de los tiempos últimos, sino que, dadas sus características como prototipo de maldad, ha servido para designar, en lo que podría calificarse de uso retórico o figurado de esta palabra, a personajes históricos revestidos con rasgos negativos en su actuación social, religiosa o política (por ejemplo, Nerón, Simón el Mago, Federico II, Lutero, Hitler, Sadam Hussein, etc.); incluso, en determinados momentos ha sido empleado como improperio lanzado contra el adversario (como en el caso de Elipando de Toledo que denomina así a Beato de Liébana o el del mozárabe Álvaro de Córdoba, que se lo aplica, en general, a los musulmanes). El Anticristo supone, en relación con el binomio Dios / Satanás, una traslación de esta oposición al plano apocalíptico (Cristo / Anticristo), que convierte a este último en un personaje real que resulta así una réplica inversa del primero. De un modo simplificado, omitiendo las variaciones y matices que confluyen en el Anticristo a lo largo de los siglos en los numerosos autores y escritos que han abordado su figura, pueden resumirse así los aspectos fundamentales de su imaginaria biografía: será engendrado por padres judíos procedentes de la tribu de Dan, aunque el espíritu diabólico penetrará en el útero materno en el instante mismo de su concepción. Su lugar de nacimiento se ha situado tradicionalmente en la ciudad de Babilonia (a veces, en Roma), mientras que Corozaín y Betsaida aparecen como las ciudades en donde será educado y enseñado, sobre todo en el conocimiento de las artes mágicas y adivinatorias. El Anticristo muy pronto destacará por su elocuencia y gran capacidad de persuasión, así como por su enorme sabiduría, superior a la de cualquier hombre. Tendrá también el don de realizar milagros y prodigios (entre ellos los hay muy curiosos, como conseguir que hablen las estatuas o hacer que descienda fuego del cielo). Así mismo, su inmenso poder le permitirá enriquecer a sus seguidores y discípulos, en tanto que a sus oponentes les infligirá terribles castigos y suplicios. Como émulo de Cristo, iniciará su predicación y reinado cuando alcance la edad de treinta años, durante un período de tres años y medio, al cabo de los cuales Cristo o el arcángel San Miguel le darán muerte (en el monte de los Olivos, según diversas tradiciones occidentales que tienen como fuente principal a Jerónimo). Todavía quedarán cuarenta y cinco días (lo que se ha denominado "el refrigerio de los santos"), entre su muerte y la destrucción del mundo, para que los hombres reflexionen y tengan la oportunidad de convertirse a la fe cristiana antes de la celebración del Juicio final. La aparición del Anticristo en el mundo ha sido generalmente asociada en todas las épocas a los momentos de graves crisis sociales y religiosas. La opresión causada por las guerras, hambres, epidemias, tiranías, corrupción eclesiástica, catástrofes naturales, etc. han sido elementos muy frecuentes en la irrupción de temores apocalípticos y también de esperanzas mesiánicas. Una razón divina se alegaba casi siempre para explicar el cercano nacimiento y reinado del Anticristo: los terribles pecados cometidos por los hombres, que darán lugar a que Dios permita la actuación en el mundo de este inicuo personaje. Su gobierno, a veces, según las más dispares opiniones, podía venir precedido de un Anticristo previo (al que se suele denominar en los textos como Anticristo mixto o místico), que solía personalizarse en un gobernante opresor o en un rey tirano. Algunos escritos ofrecen también la intervención de un Emperador escatológico o Emperador de los Últimos Días (llamado Encubierto o Nuevo David en ocasiones), que suele reinar durante un extenso período de paz (edad dorada o milenio), seguido después por el reinado del Anticristo. Dos escritos alcanzaron una gran importancia en la Edad Media en la difusión de esta idea: la Tiburtina (s.IV) y el Pseudo Metodio (s.VII). Otro elemento importante que se incorporó en la Edad Media a las tradiciones apocalípticas fue el de las quince señales o signos que habrán de preceder al Juicio. Son una serie de prodigios que advertirán a los hombres de que los tiempos últimos han llegado; entre ellos figuran el ascenso impetuoso de las aguas del mar, ríos de fuego en dirección hacia el ocaso del sol, árboles que sudan un rocío sangriento, piedras rotas que chocan entre sí, montañas reducidas a polvo, muertos que se levantan de sus tumbas, etc. En el medievo se propagaron extensamente estos repertorios de signos del día último, tanto en versiones latinas como romances. Un ejemplo de estas últimas lo suministra el conocido autor del mester de clerecía Gonzalo de Berceo (s. XIII) en su obra De los signos que aparecerán antes del Juicio. La venida del Anticristo fue además objeto de cálculos constantes, de profecías y vaticinios que proclamaban su llegada inmediata. Muchos fueron los que en su tiempo, que algunos situaban al final del sexto milenio desde la creación del mundo, creyeron que el final se acercaba. Ejemplos de esta creencia hallamos en Joaquín de Fiore, Arnaldo de Vilanova, fray Vicente Ferrer, etc. CAPÍTULO ONCEAVO Ahora comprendo totalmente a mi amigo José. Así, el fatalismo se convirtió en su doctrina filosófica, según la cual todo en el mundo y en la vida del hombre está determinado de antemano por lo que se conoce como el hado, azar o destino. El hombre no es dueño de su destino. El único recurso que le queda es contentarse con la suerte que le ha tocado. El fatalismo hace depender todos los acontecimientos únicamente de una causa absoluta más o menos voluntariosa. Esta doctrina se relaciona con la del determinismo, pero hay una diferencia conceptual entre ambas: el determinismo explica un hecho haciéndolo depender necesariamente de otro hecho singular antecedente, mientras que el fatalismo condiciona la totalidad de los hechos a una única causa necesaria, que incluso puede ser una voluntad libre. Entendido así, el fatalismo es una consecuencia necesaria de toda metafísica monística. Pues ¡no hay más nada que decir! José, ahora estará privado de Dios. No obstante, no olvidemos que en estos años, en Europa impera el existencialismo. El existencialismo es la corriente filosófica que se desarrolla en Europa en la primera mitad del siglo XX y que alcanza su apogeo en Francia tras la segunda guerra mundial, que considera que la existencia es el modo de ser propio y característico del ser humano, que es entendido como pura libertad de elección, en tanto pura subjetividad, rechazando, pues, toda posibilidad de que sea asimilado a un mero objeto o "cosa". Antes de plantarme en otro sitio, aunque fuera llevándome este mar de dudas e inquietudes definiré, aunque sea brevemente el término “metafísica”, para dar por bien concluido este relato. La Metafísica es una parte de la filosofía que se ocupa de lo que Aristóteles denominó Filosofía Primera, es decir: la ciencia que se ocupa del estudio del "ser en cuanto ser" y del estudio de los entes eternos e inmateriales (Motor Inmóvil). Aristóteles consideró dichos estudios como el objeto de la ciencia o saber supremo. En la medida en que para Aristóteles el ser es fundamentalmente sustancia, ésta se convertirá en el objeto principal de la metafísica. A partir del siglo XVII se prefiere el uso del término "ontología" para referirse al estudio del "ser en cuanto ser", quedando el estudio de los entes eternos e inmateriales bajo el campo de la denominada " teología racional". El término metafísica tuvo su origen en la denominación -" meta ta physiká"- con la que Andrónico de Rodas catalogó los libros de Aristóteles que trataban de dicha Filosofía Primera. Al tratar de ordenar el conjunto de las obras aristotélicas se encontró con que dichos libros no podían ser incluidos bajo ninguna de las categorías establecidas, por lo que decidió catalogarlos después de los libros correspondientes a la Física, refiriéndose a ellos como "los de después de la Física" ("ta meta ta physiká). Y, por último, el término “monismo”, que procede del griego “monos”, significa etimológicamente uno. El monismo es la doctrina filosófica que defiende que todas las cosas son uno, como la filosofía de Parménides, la de Spinoza o la de Hegel. Pero para cerrar adecuadamente este libro, seguidamente vamos a dar algunas ideas relativas al monismo. Es éste un término de moderna acuñación, a pesar de que el concepto que expresa es tan antiguo como la filosofía misma. Parece ser que fue Wolff el primero que utilizó la palabra "monista" para hacer referencia a aquellos filósofos que sólo admiten la existencia de una sola sustancia. En general, una concepción monista de la naturaleza es opuesta a una concepción dualista de la misma (no lo es tanto, como se verá, a las concepciones pluralistas), aunque Wolff opinaba que, a pesar de sus radicales diferencias, monistas y dualistas comparten la característica de ser dogmáticos En realidad, la admisión de la existencia de una sola sustancia puede entenderse con dos sentidos. Por un lado, serían monistas los que entienden "una sustancia" en el sentido de que tal sustancia es una. Por otro, y ésta ha sido una interpretación más frecuente en la historia de la filosofía, son tildados de monistas aquellos que defienden que hay una sola especie de sustancia o de realidad, independientemente del número de realidades que haya. Monistas del primer tipo serían Parménides o Spinoza; del segundo, los que afirman, por ejemplo, que todas las cosas son en último extremo materiales. El primer tipo de monismo -en palabras de José Ferrater Mora- podría llamarse "monismo cuantitativo", mientras que el segundo sería un "monismo cualitativo". Puede parecer a primera vista que el monismo cuantitativo en los términos anteriormente descritos implica de por sí un monismo cualitativo, puesto que decir que sólo hay una cosa equivale a decir que sólo hay un tipo de realidad. Pero tal idea se complica frecuentemente cuando los monistas de este tipo mantienen que, a pesar de haber una única realidad, ésta puede tener distintas (dos o más) propiedades. Así, aunque la sustancia es una, las propiedades son en cambio plurales. En cuanto al monismo cualitativo, no presupone un monismo cuantitativo, ya que el primero afirma que hay un solo tipo de realidad, pero que hay muchas cosas, aunque todas éstas sean del mismo tipo. Por eso podríamos decir que el monismo cualitativo va unido a un "pluralismo predicativo". Además de la distinción planteada entre monismo cualitativo y cuantitativo, hay quien ha establecido también otras diferencias claras entre corrientes consideradas monistas. Así, por ejemplo, la que enfrenta a monistas idealistas, por un lado, y a monistas materialistas, por otro. Los primeros consideran que la única sustancia que existe es el espíritu, mientras que los segundos afirman que lo único que existe es la materia. En segundo lugar, se establece también una diferencia entre monismo gnoseológico y monismo metafísico; el primero reduce cualquier realidad a otra, que puede ser el sujeto (en el caso de los idealistas) o el objeto (en el caso de los realistas), mientras que el monismo metafísico reduce cualquier realidad a las ya citadas de espíritu o materia (o incluso a otra que se sitúe más allá de ambas). Nicolai Hartmann clasifica las doctrinas monistas en "monismo místico" y "monismo panteísta". El principal representante del primero de ellos sería Plotino, cuya noción de "lo Uno" es el principio que da lugar a la oposición sujeto-objeto mediante el proceso de las emanaciones. El ya citado Spinoza sería, por el contrario, el principal representante del monismo panteísta, al solucionar el problema del dualismo entre cuerpo y alma mediante el uso de la noción de sustancia infinita, en cuyo seno se albergan los atributos y sus infinitos modos. En cuanto al monismo en tiempos más recientes, es posible detectarlo en ciertas corrientes que sin negar la Naturaleza ni el mecanismo a que está sometida, la engloban en la unidad superior y comprehensiva de una teleología. De cualquier forma, ha sido mucho más frecuente detectar en esta época una tendencia acusada hacia monismos materialistas más que espiritualistas. Ernst Haeckel, por ejemplo, se considera partidario de lo que él llama un monismo naturalista, según el cual la solución de toda dualidad es la afirmación de la materia como única realidad y la atribución a dicha materia de las categorías tradicionalmente espirituales. Por último, el monismo también ha sido defendido últimamente por ciertas corrientes cercanas al empiriocriticismo y a la filosofía de la inmanencia. Se trata en este caso de un monismo "neutralista", que niega cualquier tipo de diferencia entre lo físico y lo psíquico, y que analiza el significado de ambos términos en el seno de una descripción neutral de los fenómenos. Diseño de portada Nombre del autor: Ignacio Ramón Echeburúa Estévez Nombre del autor en portada: Ignacio R. Echeburúa Título del Libro: Qué hay en el más allá. Texto solapa portada (máximo 400 caracteres con espacios). Biografía del autor: Sólo voy a citar mis últimas publicaciones. En esta última órbita, se sitúa el libro titulado “El Griego y su Literatura Clásica”, que sacó a la calle la Editorial pc de Palma de Mallorca, en su sede de Barcelona. Le siguió un libro sobre “ASTRONOMÍA”, que editó en junio de 2022, la Editorial Autografía de Barcelona. Asimismo, los tres libros siguientes han sido publicados por la Editorial Autografía. En junio de 2023 vio la luz el libro titulado “Historia de la física”. Este libro tiene 282 páginas y forma parte de la colección Fondo de la editorial. Se puede adquirir en librerías online como Librería Oxford, Buscalibre y Agapea. En enero de 2024 salió a la calle el libro titulado “JOSÉ ORTEGA Y GASSET y la razón histórica”. Ortega nos dice que necesitamos una razón que sea capaz de describir los sentidos del mundo humano, que nos permita entender la realidad humana. A la razón pura le es imposible captar al hombre en su singularidad, en sus realizaciones históricas, la razón pura no nos sirve; la razón matematizante... Por otro lado, “Mis Relatos” es mi única obra de narrativa, la cual contiene tres relatos cortos, como son “¡Una boda que se las trae!”, “Aires de romería: El Rocío” y, para terminar, “Con faldas y ¡a lo loco!”. Fue puesta en la calle en marzo de 2025 por la mencionada Editorial Autografía, en la categoría de Ficción. Ya está en la editorial el libro titulado “Nuevos Relatos”, que saldrá a la calle en septiembre de este año y contendrá cinco narraciones, cuyos títulos son: a) El Gernika; b) EL suicidio de un filósofo; c) En una casa que no quiero recordar; d) San Juan de Gaztelugatxe, y e) Deporte Rural Vasco. Por último, quiero indicar que Ediciones Europa acaba de enviarme una propuesta editorial por la que se compromete a publicarme el título “Mis Cuentos”, que se integra por las narraciones siguientes: a) Leyendas y sagas de la mitología nórdica, b) Los vikingos y su mitología, y c) La vida desde los inicios, para los niños. Su correo electrónico es: editor3@grupoeditorialeuropa.es/ Sin embargo, tengo redactada mi primera novela, de la que no falta ni un detalle, que se titula “Una comunidad de Carmelitas descalzas”, incorporando a este título sendas fotografías. Son sus dos personajes centrales Jorge y Luis Enrique, quienes con diálogos llenos de frescura y sinceridad nos abren las puertas del convento de Santa Teresa de San Sebastián. Dicha novela, que se trata de ser una novela histórica, se encuentra en la bandeja de entrada, pero aún no tiene un destinatario concreto. Y, últimamente, se ha redactado otra novela, titulada Un catamarán nuevo, con una extensión parecida a la anterior, aunque el nº de capítulos se queda en seis. Asimismo, tengo otras dos novelas en su correspondiente borrador: El advenimiento de la ultraderecha, obra bien documentada, que acontece en el aula magna de la Universidad de Buenos Aires, donde dialogan un grupo de alumnos y su catedrático en ciencia política; y Una cuadrilla de amigos, en la que se hace un estudio de la verdadera amistad, colándonos en una cuadrilla de txikiteo, contándose con seis protagonistas: Juan, Fernando, Moncho, Emilio, Ricardo e Iñaki, que soy yo mismo (el narrador). Texto de la contraportada (máximo 500 caracteres con espacios). Sinopsis: José es el principal protagonista, aunque Yo soy el narrador. José es piloto de aviación, tipo al que se describe con una gran minuciosidad. José está enfocado a la extinción de fuegos forestales, aclarándose que un incendio forestal es un fuego que se propaga sin control en terrenos forestales o rurales, afectando la vegetación, la fauna y, en algunos casos, poniendo en peligro a las personas y propiedades. Nos centramos, sobre todo, en los medios aéreos, que son utilizados para su extinción. Se da una descripción detallada tanto de los helicópteros como de los aviones. Además, nos detenemos en Tarazona y en el Parque Nacional del Moncayo, en una de cuyas laderas se desarrolla un fuego forestal. Por ejemplo, el Sikorsky S-64 Skycrane es un helicóptero grúa estadounidense bimotor, diseñado para el transporte de cargas pesadas. Se da muchísima importancia a las brigadas forestales. Sus compañeros en estas misiones son Santiago, Mario y Ramón, aunque ni musitan. El caso es que José, haciendo una cabriola aérea, se estrella contra el suelo. Tomará el relevo su amigo íntimo Felipe. Digamos que en esta 2ª parte nos detenemos en el análisis del ateísmo, del agnosticismo… La intimidad de José es violada por su amigo Felipe, que se hace con una serie de cartas y de textos de José, lo que da pie para hablar de la angustia que siente éste, así como para descubrirnos algo de Satanás o Lucifer, del demonio o diablo, etc. La filosofía que se expone con sumo cuidado, es el fatalismo, aunque se menciona, nada más, al existencialismo. Texto solapa contraportada (máximo 300 caracteres con espacios): Un incendio forestal es un fuego no deseado que se propaga sin control en un área cubierta de vegetación leñosa (bosques, matorrales, etc.). Se caracteriza por su rápida propagación, alta intensidad y capacidad de causar daños extensos a los ecosistemas forestales. Todo incendio forestal requiere cuatro elementos esenciales para su existencia y propagación: • Combustible: La vegetación leñosa, hojarasca y otros materiales inflamables que alimentan el fuego. • Oxígeno: El gas que sustenta la combustión. • Calor: La energía que inicia y mantiene el fuego. • Reacción en cadena: El proceso químico que libera energía y sostiene el fuego. Además, la forma de un incendio forestal puede variar según las condiciones del terreno y el tipo de vegetación: • Incendio de corona: Se propaga a través de las copas de los árboles. • Incendio de superficie: Se propaga a través de la hojarasca y el sotobosque. Incendio subterráneo: Se propaga a través de las raíces y la materia orgánica en el suelo. Los incendios forestales se clasifican según su intensidad y comportamiento: • Incendios de baja intensidad: Se propagan lentamente con una llama baja y causan daños limitados a la vegetación. • Incendios de media intensidad: Se propagan con mayor velocidad y producen llamas más altas, pero rara vez alcanzan las copas de los árboles. • Incendios de alta intensidad: Se propagan rápidamente con llamas muy altas y pueden alcanzar las copas de los árboles, causando daños extensos. ¿Qué concepto –o conceptos- pretende transmitir en su libro? En la 2ª parte, la parte propiamente filosófica, se aborda el ateísmo, que es la postura filosófica que niega la existencia de Dios, de dioses o de cualquier ser supremo o sobrenatural. También rechaza las doctrinas o creencias religiosas basadas en la existencia de entidades divinas. Se trata también del agnosticismo, afirmándose que el agnosticismo no afirma la existencia de Dios, pero tampoco la niega de plano, pues considera que este conocimiento se escapa a la comprensión humana. Y, por último, se trata con todo lujo de detalles del fatalismo, que es una creencia que sostiene que la totalidad de los acontecimientos se producen por acción del destino o por una predeterminación que no puede evitarse. Según esta creencia, los sucesos van más allá de la voluntad humana, y el ser humano está sometido a fuerzas superiores o independientes a él. El fatalismo también puede referirse a una actitud resignada de la persona que no ve posibilidad de cambiar el curso de los acontecimientos adversos. ¿Qué significa el título del libro? El título de este libro es “Qué hay en el más allá”, que viene a ser la pregunta eterna que se plantea el ser humano. De 2024 es la película titulada “El más allá”, que nos dice que Claire Hiller se siente aliviada cuando su hija Robin es reanimada tras un fatal accidente, pero el pavor se apodera de ella cuando sospecha que algo oscuro la ha seguido desde el borde de la muerte. Con otras palabras: Una madre sospecha que algo oscuro ha seguido a su hija, que muestra un comportamiento perturbador, desde una experiencia cercana a la muerte. La pregunta sobre si el más allá existe es una cuestión filosófica y religiosa que no tiene una respuesta única y universalmente aceptada. La existencia del más allá es un tema central en muchas creencias y tradiciones, pero también es objeto de debate y escepticismo en otros ámbitos. ¿Cuál es el público principal al que va dirigido el libro? El público principal viene a ser todo el mundo, pues quien más, quien menos, en algún momento de su vida se ha planteado la eterna pregunta que atenaza al ser humano: ¿Qué sentido tiene mi existencia? Mi vida aquí tiene continuación en el más allá, es decir, después de la muerte. Las religiones monoteístas generalmente creen en la vida después de la muerte, donde el alma o espíritu continúa viviendo en un reino celestial o infernal, dependiendo de las acciones en vida. El término «más allá» describe el estado de ser tras la muerte. Muchas culturas y religiones tienen el concepto de «más allá». Según otras tradiciones, el más allá se encuentra en un inframundo sobrenatural, un reino de los muertos situado en las profundidades de la tierra, o incluso «arriba» en el cielo, por lo que estos términos suelen entenderse como hechos concretos. Describa el Libro en tres palabras: 40 días después de la muerte, según la tradición el alma comenzará a encontrar su destino eterno. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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