sábado, 27 de septiembre de 2025

CUENTO, Libro de mis cuentos.

Prólogo Ahora vamos a tratar un poco del CUENTO. El cuento es una narración en prosa, oral o escrita, que presenta de forma breve y concisa un argumento ficticio y completo. La voz proviene del verbo contar, procedente a su vez del latín computare, cuyo sentido original era el de 'numerar'. Posteriormente, a la acepción numérica se le añadiría la de 'relatar acontecimientos reales o ficticios'. Los cuentos folklóricos en la antigüedad La cultura humana ha producido y transmitido cuentos desde la época prehistórica. De hecho, los antropólogos, historiadores y psicólogos no tienen la menor duda de que entre los instrumentos y cauces de transmisión de cultura, conocimientos y moral de los pueblos de la prehistoria figuraba en un lugar destacado el cuento. A falta de documentación escrita que ofrezca pruebas concretas sobre este hecho, la literatura etnológica moderna generada en torno a los pueblos primitivos contemporáneos ha podido documentar abundantísimos textos míticos, leyendísticos y cuentísticos transmitidos oral y ritualmente en el seno de sociedades no letradas de todo el mundo. Por otro lado, en las primeras tradiciones literarias escritas de las civilizaciones antiguas se han conservado o hay abundantes alusiones a cuentos folclóricos. Como reveló Gaston Maspéro en su volumen de Les contes populaires de l'Egypte ancienne (Los cuentos populares del antiguo Egipto) (1882), papiros egipcios de extraordinaria antigüedad han preservado preciosos textos cuentísticos que remontan al año 2.000 a.C. Posteriormente, en la monumental obra (1913-1932) de Johannes Bolte y Georg Polívka sobre los cuentos de los hermanos Grimm (véase Jakob Grimm y Wilhem Grimm), se hizo referencia a treinta y cinco menciones o fuentes cuentísticas detectables en numerosas obras literarias de la antigüedad, como en la comedia Las avispas (ca. 422 a.C.) de Aristófanes. La crítica posterior ha seguido identificando muchas más fuentes y motivos cuentísticos en la literatura de las antiguas Asiria y Babilonia, y, muy especialmente, en los relatos mitológicos grecorromanos, muchos de cuyos argumentos han pervivido como tópicos cuentísticos en la tradición oral moderna. Autores como Ovidio (43 a.C.-17 d.C.) y Apuleyo (124-180) parece que aprovecharon de manera especial y realizaron sugerentes tratamientos literarios del riquísimo acervo de cuentos populares de su época. Los cuentos folclóricos de Oriente y de la India Está comúnmente aceptada entre los críticos la teoría de que una parte sustancial del repertorio universal de los cuentos maravillosos tuvo sus orígenes en el Extremo Oriente y en la India, y que desde allí se difundió oralmente (y subsidiariamente por escrito) hacia Occidente y hacia otras áreas a lo largo de los siglos. La colección oriental más importante es, sin duda, la de Las Mil y Una Noches. Se cree que la mayoría de sus cuentos nacieron en el Extremo Oriente, y que pasaron a la India en los primeros siglos de cristianismo. Más tarde, en el siglo VI, debieron traducirse y adaptarse también a la lengua persa, y algo más tarde, al árabe, tradición de donde surgirían dos ramas: la iraquí y la egipcia. Los primeros textos conservados son árabes de fines del primer milenio de la era cristiana. En los siglos posteriores, muchos de estos cuentos serían traducidos y adaptados a diversas lenguas europeas. No sería, sin embargo, hasta fines del siglo XV cuando un judío egipcio islamizado puso por escrito una compilación general que constituye la base de las versiones actuales, incluida la traducción al francés que por primera vez realizó Antoine Galland a comienzos del XVIII. Otro texto capital de la cuentística india es el Panchatantra o Pancatantra, también llamado Los cinco libros de narraciones sobre la prudencia del amor. Según parece, es una colección originalmente hindú, cuya primera función fue la de educar príncipes, aunque luego se ampliaría a la puramente didáctica. Sus orígenes, que se relacionan con un oscuro autor de nombre Vichnucharman, se fechan entre los siglos III y V, y se cree que pasó a Persia en el siglo VI, antes de traducirse al árabe hacia el año 750, y al hebreo en el siglo XII. De esta lengua sería finalmente traducido a diversas lenguas de Occidente a partir del XIII. Finalmente, otro libro de origen indio que ha influido grandemente en el desarrollo de la cuentística mundial es el Libro de Sindbad, que, como los anteriores, pasó a Persia y a la tradición árabe en el primer milenio de la era cristiana, y que después tendría diversas versiones europeas: el Syntipas bizantino del siglo XI y el Sendebar castellano del XIII, entre otras. Los cuentos folclóricos en la Edad Media La literatura medieval tuvo un fundamental ingrediente de tipo mágico y fabuloso que está estrechamente relacionado con la tradición folclórica en general, y con el cuento y la leyenda en particular. La mayoría de los grandes géneros narrativos (tanto en verso como en prosa) de la Edad Media europea incluye citas, alusiones, interpolaciones o influencias de la cuentística tradicional. Así se ha advertido muchas veces en crónicas latinas como la Gesta Romanorum (editada en latín hacia 1330, aunque de composición anterior), en las abundantísimas colecciones en latín de milagros y de vidas de santos, llenas de motivos cuentísticos y folclóricos, o en obras vernáculas como el poema épico anglosajón Beowulf (siglo VIII), los Mabinogi galeses (siglos XI-XIII), los Eddas (siglos IX-XIII) y las sagas (siglos XII al XIV) islandesas y nórdicas, el Cantar de los Nibelungos (siglo XIII) y otros poemas épicos alemanes, etc. Cuando, a mediados de la Edad Media, comenzó a consolidarse la figura del creador literario en el sentido más técnico y artístico del término, toda la literatura de Occidente siguió mostrando intensas influencias cuentísticas populares. Por ejemplo, en la literatura francesa medieval, numerosos episodios de Le Roman de Renart (La novela de Renart o del zorro), compilado por más de veinte autores entre 1175-1250, y de los Lais de María de Francia (2ª mitad del siglo XII) constituyen sencillas y hermosas versiones literarias de diversos cuentos populares. Del mismo modo, en el Lai de Lanval se puede apreciar la dependencia directa del cuento de La búsqueda del esposo desaparecido (Tipo AT 400), y en el Lai de Yonec la cercana influencia del cuento de El pájaro azul (Tipo AT 432). Importantes novelas de caballerías francesas medievales se inspiraron también en el acervo popular. Una de las más importantes, la de Roberto el diablo, es un evidente correlato literario del cuento de Juan el Tiñoso (Tipo AT 314). Por la misma época floreció también en todo Occidente una riquísima producción de ejemplos morales, de adaptaciones de cuentos grecolatinos (especialmente de Esopo), de relatos hagiográficos, caballerescos y bizantinos, así como de sermones religiosos y profanos con cuentos incorporados, en latín y en las diversas lenguas vulgares. También alcanzó un cultivo importante la literatura de educación de príncipes y de sermones religiosos y morales, que utilizaban el cuento como ilustración y ejemplo de sus enseñanzas. Las obras que dieron mayor fama al italiano Giovanni Boccaccio (1313-1375) y al inglés Geoffrey Chaucer (ca. 1340-1400) fueron dos colecciones de cuentos, recreados por ellos con elaborado estilo, pero parcialmente inspirados en la tradición oral: Il Decamerone (El Decamerón) y The Canterbury Tales (Los cuentos de Canterbury), respectivamente. Estas obras inauguraron toda una tradición de colecciones cuentísticas que combinaban lo artificioso con lo folclórico, y que tuvo manifestaciones tan importantes como Les cent nouvelles nouvelles (Los cien nuevos cuentos) que se reunieron en la corte del delfín de Francia a mediados del siglo XV. Enorme difusión en toda Europa tuvo también la colección de cuentos humorísticos y eróticos en latín publicados por Poggio Bracciolini (1380-1459) en un volumen titulado Poggii florentini facetiarum libellus unicus (El único librillo de chistes de Poggio el florentino), que fueron traducidos y adaptados a numerosas lenguas. Los cuentos folclóricos en el Renacimiento y en el Barroco En el Renacimiento, muchas obras literarias mayores siguieron naciendo bajo la influencia directa del cuento y de la cultura popular, como fue el caso de la serie sobre Gargantúa y Pantagruel de François Rabelais (ca. 1494-1553) o de las difundidísimas Novelle de Matteo Bandello (1485-1561). Además, se consolidaron grandemente, gracias al desarrollo de la imprenta, las colecciones cuentísticas de inspiración popular y recreaciones más o menos literarias. La inmensa mayoría de estas colecciones se centró en el género de los cuentos humorísticos o chistes, en vez de en los cuentos maravillosos. Una de las más influyentes fue la titulada Le piacevoli notti (Las noches placenteras) (1550-1553), del italiano Giovan Francesco Straparola, que se tradujo a numerosas lenguas, incluida la española, donde circuló con el título de Honesto y agradable entretenimiento de damas y galanes. Muy poco después, en 1558, vio la luz la recopilación póstuma de Bonaventure Des Périers (ca. 1500-ca. 1543) que llevaba el título de Les Nouvelles Récreations et Joyeux Devis (Los nuevos recreos y alegres pláticas). El volumen de Dvcento novelle (Doscientos cuentos) (1595-1609) publicado por el aventurero italiano Celio Malespini (1531-1609), y el de Lo cunto de li cunti, dit Il Pentamerone (El cuento de los cuentos, o sea, el Pentamerone) (1634-1636) de Giambattista Basile (1575-1632), dieron también al género del cuento humorístico o chiste una dimensión literaria y editorial extraordinarias. En Francia, los años finales del siglo XVII trajeron una sorprendente eclosión de literatura cuentística vinculada estrechamente con la tradición folclórica. Jean de La Fontaine (1621-1695) publicó diversas colecciones de Contes (Cuentos) entre 1665 y 1685, y de Fables (Fábulas) entre 1668 y 1778, aunque lo cierto es que su producción se halla todavía más cerca de la literatura grecolatina y medieval que de la folclórica. En 1694, Jeanne Lhéritier de Villandon publicó también abundantes cuentos, aún más artificiosos que folclóricos, en un volumen de Oeuvres meslées. Pero es en 1697 cuando salió a la luz la importantísima colección de Charles Perrault (1628-1703) titulada Histoires ou Contes du temps passé (Historias o cuentos de tiempos pasados), conocida también como Contes de ma mère l'Oye (Cuentos de mi madre la Oca), tomada de fuentes puramente folclóricas, y sólo moderadamente reelaborada y retocada por el compilador, que incluyó títulos tan importantes como La bella durmiente del bosque, Barba Azul, El gato con botas o Cenicienta. La obra de Perrault abrió horizontes nuevos y prometedores a la recopilación y edición de cuentos folclóricos. Casi inmediatamente después de su publicación, la condesa Madame d'Aulnoy (1650-1705) publicó sus Contes nouveaux ou les Fées à la mode (Cuentos nuevos o las Hadas de moda) (1698). Los cuentos folclóricos en el siglo XIX Tras el paréntesis del siglo XVIII, llamado de la Razón o de la Ilustración, que silenció y marginó sistemáticamente la mayoría de las manifestaciones literarias de la inventiva popular, incluido el cuento folclórico (aunque en Alemania vieron la luz algunas publicaciones menores de cuentos de hadas), el Romanticismo vino a rescatar este género no sólo desde el punto de vista de la recolección y documentación, sino también desde el punto de vista del estudio, análisis e interpretación. Tras el paréntesis del siglo XVIII, llamado de la Razón o de la Ilustración, que silenció y marginó sistemáticamente la mayoría de las manifestaciones literarias de la inventiva popular, incluido el cuento folclórico (aunque en Alemania vieron la luz algunas publicaciones menores de cuentos de hadas), el Romanticismo vino a rescatar este género no sólo desde el punto de vista de la recolección y documentación, sino también desde el punto de vista del estudio, análisis e interpretación. Entre 1812 y 1815, los hermanos Grimm -Jakob(1785-1863) y Wilhelm (1786-1859)- publicaron sus Kinder-und Hausmärchen (Cuentos de los niños y del hogar), amplia e importantísima recopilación pionera de la recolección moderna, a la que añadieron comentarios y reflexiones que inauguraron los estudios modernos sobre el cuento folclórico. Entre sus conclusiones, había dos de enorme trascendencia para la época: la de que el origen de muchos cuentos remontaba a una arcaica y evolucionada tradición indoeuropea, y la de que la filología comparada podía reconstruir parcialmente prototipos perdidos a través del análisis y contraste de versiones recogidas en tradiciones diversas. Las tesis indoeuropeístas pioneras de los hermanos Grimm serían perfeccionadas por el filólogo alemán Theodor Benfey (1809-1881) y por el escritor escocés William Clouston (1843-1896), quienes defendieron el papel que los viajeros que volvían de Oriente habían jugado en la difusión de los cuentos en Occidente. Estas teorías, que los especialistas modernos han aprovechado por un lado y criticado por el otro, abrieron la vía para que otros autores que escribieron en la segunda mitad del siglo XIX, como Max Müller, Angelo de Gubernatis, John Fiske o Sir George Cox, elaborasen teorías cada vez más sofisticadas, y en ocasiones hasta pintorescas y aberrantes, sobre el origen y la evolución de los cuentos. Las más representativas fueron probablemente las del filólogo germano-británico Max Müller(1823-1900), quien defendió que la protolengua originaria de la gran mayoría de los cuentos había sido el sánscrito. A mediados y en la segunda mitad del siglo XIX comenzaron a aparecer en toda Europa colecciones de cuentos recogidos y estudiados con criterios cada vez más precisos y científicos. A partir de 1840 aparecieron los Narodnye russkie skazki (Cuentos rusos) de Aleksandr Nikolajewitsch Afanassiev; en 1842 vieron la luz los Norske folkeeventyr (Cuentos folclóricos noruegos) de P.-C. Asbjornsen y J. Moe; en 1860, F. J. Campbell publicó los Popular Tales of the West Highlands (Cuentos populares de las Tierras Altas occidentales); y en 1876, Sven Grundtvig editó los Danske Folkeeventyr (Cuentos folclóricos daneses). En Francia, la colección de Contes bretons (Cuentos bretones) publicada en 1870 por E. M. Luzel abrió el camino a numerosísimas recopilaciones que vieron la luz en revistas como Mélusine (1877-1901), la Revue des Traditions Populaires (1888-1919) y muchas otras; a colecciones como los 47 volúmenes de Les Littératures populaires de toutes les nations (Las literaturas populares de todas las naciones) (1883-1903); o a recopilaciones como las que Emmanuel Cosquin hizo de cuentos de la Lorena, François-Marie Luzel de cuentos de la Baja Bretaña, Paul Sébillot de la Alta Bretaña, Jean-François Bladé de Gascuña, Achille Millien de Nivernais, etc. En las últimas décadas de siglo XIX, el gran arabista René Basset fue publicando artículos sobre cuentos folclóricos árabes que luego reuniría en su magna colección de 1001 contes: Récits et légendes arabes (París, 1926). Y Joseph Bédier publicó en 1894 su monumental trabajo sobre Les fabliaux (Los cuentos) medievales franceses y su influencia en el resto de los géneros literarios de aquella época. Al mismo tiempo, el "descubrimiento" romántico del cuento folclórico hizo que muchos autores cultos elaborasen obras personales y originales estrechamente dependientes del estilo y el mundo tradicional popular. Autores representativos de esta corriente fueron sin duda el alemán Ernst Theodor Amadeus Hoffmann (1776-1822), o el danés Hans Christian Andersen (1805-1875). En el ámbito español, el escritor norteamericano Washington Irving(1783-1859) publicó en 1832 una colección de cuentos personales, The Alhambra (Cuentos de la Alhambra) inspirados lejanamente en tradiciones literarias y populares, que alcanzó también un enorme éxito. Otros autores que obraron de modo parecido fueron, por ejemplo, el padre Luis Coloma (1851-1914), autor de cuentos popularizantes de corte sentimental y edificante. Los cuentos folclóricos en el siglo XX En el siglo XX, la recolección y el estudio del cuento folclórico han experimentado una extraordinaria expansión en todo el mundo. Desde sus inicios comenzó a fraguarse la llamada escuela geográfico-histórica, impulsada por el folclorista finlandés Antti Aarne (1867-1925) y, posteriormente, por el norteamericano Stith Thompson (1885-1976), que se propusieron catalogar todas las variantes cuentísticas conocidas en el mundo para poder deducir sus tipos, motivos y características principales. Entre sus máximos logros figuran la elaboración de dos catálogos fundamentales de los motivos y de los tipos cuentísticos universales: el Motif-Index of Folk Literature (Índice de motivos de la literatura folclórica) (1955-1958) de Stith Thompson, y la edición aumentada y revisada de The Types of the Folktale: a Classification and Bibliography (Los tipos del cuento folclórico: Clasificación y Bibliografía) (1981) de Aarne y Thompson. También a principios del siglo XX, Johannes Bolte y Georg Polívka publicaron un gigantesco estudio (1913-1932) que recogía variantes de todo el mundo de los cuentos de los hermanos Grimm. Desde entonces, numerosísimos especialistas de todo el mundo han seguido el método y las clasificaciones geográfico-históricas en sus estudios sobre el cuento universal para realizar estudios y catálogos sobre distintas tradiciones de cuentos. Entre los catálogos tipológicos más importantes cabe mencionar el italiano de Alberto M. Cirese y Liliana Serafini, Tradizioni orali non cantate. Primo inventario nazionale per tipi, motivi o argomenti di fiabe... (Tradiciones orales no cantadas. Primer inventario nacional de tipos, motivos y argumentos de cuentos) (1975), el francés de Paul Delarue y Marie-Louise Tenèze, Le conte populaire français (El cuento popular francés) (1976-1985), el español de Maxime Chevalier y Julio Camarena Laucirica, Catálogo tipológico del cuento folklórico español, iniciado en 1995, o índices como los de Heda Jason, Types of Oral Tales in Israel (Tipos de los cuentos orales en Israel) (1975) y Folktales of the Jews of Iraq (Cuentos folclóricos de los judíos de Iraq) (1988). En 1928 se produce el hecho trascendental de la publicación de la Morfologija skazki (Morfología del cuento) del ruso Vladimir Propp (1895-1970), que inauguraba los estudios estructural-funcionalistas y que, cuando décadas después se tradujo a las lenguas occidentales, causó una profunda conmoción entre los especialistas. En esta obra y en otras posteriores, Propp demostraba la homogeneidad estructural de los cuentos de todo el mundo, y aislaba las 31 funciones fijas que, según él, pueden combinarse en las narraciones maravillosas de todo el mundo, desarrolladas por una tipología también precisa de personajes. Entre los críticos que desarrollaron las teorías de Propp figuran el también ruso Eleazar M. Meletinskij, autor del estudio Strukturno-tipologi_eskoe izu_enie skazki (El estudio tipológico-estructural de la fábula) incorporado a la reedición rusa de la Morfologija de Propp que apareció en 1969, y que trazaba un panorama exhaustivo de las investigaciones de tipo estructural-funcionalista estimuladas por la investigación de Propp tanto en Rusia como en Occidente. A estas dos escuelas fundamentales de la crítica del siglo XX sobre el género cuentístico se pueden añadir algunas otras como la psicoanalítica, representada fundamentalmente por el estadounidense de origen húngaro Géza Róheim (1891-1951) y por el también estadounidense de origen austríaco Bruno Bettelheim (1903-1990), autor del fundamental libro The Uses of Enchantment (Psicoanálisis de los cuentos de hadas) (1976). Los etnólogos y antropólogos culturales han prestado también mucha atención a los cuentos de los pueblos primitivos contemporáneos. Desde los difusionistas alemanes de finales del siglo XIX y comienzos del XX, o desde las colecciones de Franz Boas (1858-1942) de cuentos de los indios norteamericanos y las de sir Edward Evan Evans-Pritchard (1902-1973) de cuentos de la etnia zandé africana, han sido numerosísimas las recopilaciones de cuentos de muchas poblaciones tradicionales de África, Asia, Oceanía y América, que han ofrecido datos muy relevantes sobre las relaciones del cuento con el mito, su función social e ideológica, etc. Las investigaciones semióticas del cuento están representadas por obras como las de Claude Brémond, Logique du Récit (La lógica del relato) (1973), o los acercamientos de Algirdas Julien Greimas en su Sémantique structurale (1966), quien ha utilizado los métodos de Propp y de Lévi-Strauss. Este último ha intentado deducir una semiótica general del cuento y explorar los mecanismos de generación de su sentido. Los valores pedagógicos y sociológicos del cuento han sido investigados por autores como Gianni Rodari. La niña y el osito de peluche Érase una vez, una niña pequeña, pequeña, pequeña…, que siempre estaba atrapada por los barrotes de una gran cuna. La niña y su cuna habitaban una gran habitación. Habitación empapelada con los dibujitos copiados de Le petite prince, obra de Saint-exupery, por lo que el estampado es de autor, llamativo diseño que decora la habitación de la peque. El vinilo textil, la sublimación, el transfer y la serigrafía son las cuatro técnicas que se utilizan hoy en día para estampar cualquier objeto textil. Se veían cohetes, naves espaciales, estrellas, otros mundos… Las paredes de esta habitación expresan el estilo de la niña. En esta habitación, además, hay un aparador, que es la solución perfecta para el almacenaje extra. Se trata de un aparador blanco o aparador de madera, en el que mamá guarda lo que sea. Además, puede verse una gran cama, cama de matrimonio de 1,40, con un edredón nórdico blanco , que es el elemento principal para vestir esta cama. Dependiendo de la estación para la que se necesite o la temperatura de la habitación se necesitará un gramaje u otro. El dormitorio con cama compacta es ideal para aprovechar el espacio. Normalmente, suele ser una cama con cajones debajo. Con tanto espacio de almacenaje, mamá no tendrá excusa. Lo cierto es que el estilo de la niña inunda esta habitación. Los armarios roperos son empotrados y lacados en blanco. Sus medidas son 135 cm (ancho) x 200 cm (alto) x 52 cm (fondo), siendo de gran calidad y diseño. Este armario ropero facilita el acceso a la ropa o a los accesorios diarios. Proporciona una solución de almacenamiento perfecta, añadiendo un toque de elegancia a esta habitación. Este armario está hecho de aglomerado de calidad superior, lo que garantiza su robustez, durabilidad y una larga vida útil. Por otro lado, se pueden ver por aquí y por allá numerosos cojines de color rosa. Los cojines y rellenos son mucho más que un elemento decorativo; son expresiones de estilo y comodidad que transformarán cualquier rincón de esta habitación. Personaliza, decora y consigue más comodidad y estilo en dicha habitación con los cojines decorativos. Diremos que esta habitación se encontraban los horizontes que nuestra niña vislumbraba desde su cunita. Pero, ya es hora, de centrarnos exclusivamente en la niña pequeña. En la cuna de los barrotes de hierro pocas cosas encontraba ésta que saciaran su diminuto espíritu. Una almohada, varias mantas y sábanas, un hule, para que su orina no calara el colchón, algunos días la madre le dejaba un cojín de los que bailaban por la estancia, y poco más. ¡Ah!, se me olvidaba que la niña tenía un amigo inseparable. Me estoy refiriendo a su osito de peluche, su amigo inseparable. Este osito de peluche constituía el mejor juguete, sin libro de instrucciones. El mejor regalo que enamora. Sin duda, los ositos de peluche tienen algo especial, un “no sé qué” que acapara todas las miradas. Suavidad en cada centímetro, ternura en cada detalle, cada oso es único y siempre se puede encontrar diversidad de modelos y diseños para todos los gustos y ocasiones: pequeños, clásicos, originales, osos de peluche personalizados, sin olvidar los ositos de peluche de amor que dicen “Te quiero”, como el que tenía la niña pequeña. Para ella, su osito era un icono de ternura y amor. ¡Ella sentía su abrazo! Lo cuidaba, lo metía en su camita, lo mimaba, diríase que, incluso, parecía dialogar con él. Peluches, ¿hay juguetes más tiernos? La niña pequeña parecía compartir totalmente lo que yo pensaba. Pero la niña pequeña sólo tenía tres años, por lo que aún no hablaba correctamente. A mí, me recordaba a Siddhartha, el personaje creado por Herman Hess. La novela relata la búsqueda que realiza Siddhartha para alcanzar la sabiduría; constantemente en la novela se incide en la búsqueda de esta sabiduría como la Unidad. La novela de Hermann Hesse se encuentra redactada en tercera persona y nos muestra, introspectivamente, sus sentimientos a través de las diversas experiencias que forman su vida, hasta el momento en el que conoce a su maestro final que lo llevará a la perfección tan anhelada. La novela está inspirada en alguna medida en la vida y experiencias de Buda, pero no se trata de la misma historia. En otro sentido, a los 3 años los infantes dejan definitivamente de ser bebés e inician la etapa de niño/a. Comienza el proceso de definición de su personalidad y diferenciación del adulto. La edad de los 3 años implica la profundización de los de la etapa anterior, aunque resulten muy semejantes. El niño/a de 3 años puede hacer dos actividades a la vez, como hablar y subir una escalera, sin tener que enfocarse en una sola. Además, puede demostrar mucha independencia en una actividad y luego frustrarse al constatar sus limitaciones. Se trata, además, de una etapa de potente egocentrismo. Los niños/as de 3 años atraviesan una etapa clave para fomentar en ellos ciertas conductas sociales, e incluso se considera una buena etapa para iniciarlos en el manejo de los computadores y de la tecnología. Los niños de 3 años crecen notoriamente respecto a su edad anterior. Alcanzan una estatura promedio de casi un metro (96,5 cm para los niños y 95 cm para las niñas). Su peso promedio es de 15,1 kg (niños) y 14,4 kg (niñas). [Cabe recordar que en estas mediciones siempre se debe considerar la herencia genética y el entorno.] A esta edad el niño/a es capaz de emplear elementos como libros y lápices de manera bastante correcta. Además puede correr y goza de una mayor agilidad, pudiendo vestirse y desvestirse por propia cuenta, con algunas dificultades (como atarse los zapatos). El crecimiento a los 3 años es constante y diversificado. Es posible percibir una complejidad y un interés creciente por parte del niño/a en lo social, emocional y cognitivo. Suele hacer preguntas incómodas o de difícil solución, pero también negocia activamente para dar solución a los problemas. Sus capacidades físicas, por otro lado, se hacen más ágiles, con mayor control y precisión de movimientos. Además, tiene un mayor control de los movimientos involuntarios. A esta edad es normal que deje de usar pañales y empiece a controlar esfínteres por su cuenta. Su desarrollo emocional atraviesa una etapa de egocentrismo y dificultad para ponerse en el lugar de los demás, dado que aún no separa el yo del mundo que lo rodea. Es común que empiece a imitar a los adultos y que juegue a “mamá” y “papá”. No siempre se asocia con el progenitor de su mismo sexo, ya que se inicia en el descubrimiento del género. De este modo, queda bien definida la etapa de los 3 años, edad de nuestra princesa. Pero hay algo que nos llamaba poderosamente la atención: si la niña estaba dormida, el osito estaba despierto; y si la niña estaba despierta, el osito dormía. Parecía que éste no quería tener relaciones con la niña pequeña por miedo a algo, que nosotros desconocemos. Entre la niña pequeña y el osito sí existían unas relaciones fuertes de afectividad. Pero ¡nada más! Me explicaré seguidamente. Cuando el osito estaba despierto, este muñeco recobraba las funciones físicas, inteligentes, emotivas, etc., propias de una persona adulta. En estos ratos de ocio, ya comentaremos qué hacía el osito. El caso es que éste no quería interferir en el desarrollo psicológico de la niña pequeña, pues cuando hay lazos afectivos tan fuertes, por ejemplo, suele ser normal el aprendizaje de determinadas conductas, o la imitación de otras pautas de comportamiento. Así, por ejemplo, dichas transferencias ya no existían. Luego, así, el Señor Oso ya no se involucraba en el desarrollo psicológico de la niña pequeña, que diré que se llamaba Susana, resultando así mucho más fácil referirse a ella. Así, los estados de vigilia y sueño eran totalmente respetados. Cuando Susana permanecía en estado de vigilia, solía hacer lo normal de una niña de 3 años. Se vestía y se desvestía en cosa de minutos, aunque no lograba atarse los zapatos. En otros momentos se erguía totalmente en la cuna, pero que quede claro que Susanita no había logrado aún saltar de la cuna al suelo, era prisionera de dicha cuna que tenía los barrotes metálicos. Asimismo, jugaba con un despertador averiado que le había dado su mamá. Deshacía y hacía su cuna en cuestión de minutos. Pero sus padres estaban cometiendo una imprudencia temeraria, al dejar tantas horas al día sola a la niña. Perdonad esta digresión, pero hay cosas que ¡claman al cielo! Era una niña muy solitaria, porque, entre otras cosas, sus padres no le habían buscado un parvulario adecuado a su edad. Como siempre pasa, en los cuentos quienes siempre meten la pata son las personas adultas, no los niños/as. Además, tenía su osito de peluche, que, según ella, le daba mucho trabajo. Lo adecentaba, le daba algún achuchón, etc., buscando la respuesta del osito, único medio socializador que tenía esta peque. Incluso, en alguna guardería la niña se sentiría más realizada, más volcada en su desarrollo personal, socializándose a tope, con sus amigitos/as. Luego, la niña solía soportar un aburrimiento contumaz. Si de verdad conociera la vida secreta de su osito de peluche, lo envidiaría muchísimo e intentaría ser como él. Sus padres habían puesto el gazapo en este cuento, no ella. Ya hemos adelantado que el osito de peluche consideraba sus estados de vigilia como ratos de ocio, pues él seguía siendo el mismo que el que veía en sus sueños, solo que con sus virtudes intactas. Dichas cualidades sí le ponían un límite, ya que el tiempo le corría como el de los mortales, por lo que progresaba hacia la muerte. Por lo demás, abandonaba su vida vegetativa –digámoslo así-, recuperando todas sus funciones vitales. Por esto el Señor Oso consideraba sus vigilias como ratos de ocio, aunque le daba mucha pena el no compartir estas situaciones con su gente querida, por ejemplo, Susana. Llegados aquí, vamos a ver qué hacen los osos corrientes, para no aventurarnos por agrestes caminos. • Los osos o úrsidos (Ursidae) son una familia de mamíferos omnívoros. Son animales de gran tamaño, generalmente omnívoros, ya que, a pesar de su temible dentadura, comen frutos, raíces e insectos, además de carne. Con sus pesados cuerpos y sus poderosas mandíbulas, los osos se encuentran entre los mayores carnívoros que viven en la Tierra. Los osos suelen ser animales solitarios. Pueden ser diurnos o nocturnos y tienen un excelente olfato. A pesar de su complexión pesada y su forma de andar torpe, son corredores, escaladores y nadadores expertos. Los osos utilizan refugios, como cuevas y troncos, como guaridas; la mayoría de las especies ocupan sus guaridas en invierno durante un largo período de hibernación, de hasta cien días. • Aunque solo existen ocho especies de osos, están muy extendidas y aparecen en una amplia variedad de hábitats en todo el hemisferio norte y parcialmente en el hemisferio sur. Los osos se encuentran en los continentes de América del Norte, América del Sur, Europa y Asia. Las características comunes de los osos modernos incluyen cuerpos grandes con patas robustas, hocicos largos, orejas pequeñas y redondeadas, pelo desgreñado, patas con cinco garras no retráctiles y colas cortas. Aunque los osos son considerados plantígrados, sólo las patas posteriores son plantígradas; las anteriores son digitígradas. Un macho de oso polar pesa en promedio 500 kg y alcanza una talla de hasta 130 cm a la altura de la cruz. Se mueven con un caminar pesado, apoyando toda la planta de los pies (son, por lo tanto, animales plantígrados). • Los osos han sido cazados desde tiempos prehistóricos por su carne y su piel; se han utilizado para ser hostigados y otras formas de entretenimiento, como hacerles bailar. Con su poderosa presencia física, juegan un papel destacado en las artes, la mitología y otros aspectos culturales de varias sociedades humanas. En los tiempos modernos, los osos se han visto presionados por la invasión de sus hábitats y el comercio ilegal de partes de osos, incluido el mercado asiático de osos biliares. La UICN enumera seis especies de osos como vulnerables o en peligro de extinción, e incluso las especies menos preocupantes, como el oso pardo, están en riesgo de extinción en ciertos países. La caza furtiva y el comercio internacional de estas poblaciones más amenazadas están prohibidos, pero aún persisten. La palabra inglesa "bear" proviene del inglés antiguo bera y pertenece a una familia de nombres para el oso en lenguas germánicas, como el sueco björn, que también se utiliza como nombre de pila. Se dice convencionalmente que esta forma está relacionada con una palabra protoindoeuropea para "marrón", de modo que "oso" significaría "el marrón". Sin embargo, Ringe señala que si bien esta etimología es semánticamente plausible, no se puede encontrar una palabra que signifique "marrón" de esta forma en protoindoeuropeo. En cambio, sugiere que "oso" proviene de la palabra protoindoeuropea * ǵʰwḗr- ~ * ǵʰwér "animal salvaje". Esta terminología para el animal se originó como un término para evitar tabú: las tribus proto-germánicas reemplazaron su palabra original para oso, arkto, con esta expresión eufemística por temor a que decir el verdadero nombre del animal pudiera hacer que apareciera. Según el autor Ralph Keyes, este es el eufemismo más antiguo conocido. • Los osos se caracterizan por su cabeza de gran tamaño, orejas pequeñas, redondeadas y erectas, ojos pequeños, un cuerpo pesado, robusto y una cola corta. Las patas son cortas y poderosas, con cinco dedos provistos de uñas fuertes y recurvadas garras. Son plantígrados (como los humanos, apoyan toda la planta del pie al caminar) y pueden desplazarse cortas distancias erguidos sobre las patas traseras. Cuando lo necesitan, pueden ser sorprendentemente ágiles y cuidadosos en sus movimientos. Poseen una gran fuerza física. El sentido del oído y la vista no son buenos, pero poseen un olfato excelente. La hibernación, esto es la capacidad de permanecer semidormidos durante la época del año en la que el clima es desfavorable, es un fenómeno común, al menos entre las especies de Ursus. • Los osos actuales miden entre 1 y 2,8 m de longitud total y tienen una masa de entre 27 y 780 kg (existen registros de machos de oso polar de alrededor de una tonelada). El macho suele ser un 20 % más grande que la hembra. El pelaje es largo y espeso, y generalmente de un solo color, a menudo marrón, negro o blanco. • En cuanto a la dentición, los incisivos no se encuentran especializados, los caninos son elongados, los primeros tres premolares se encuentran reducidos o ausentes y los molares poseen una corona ancha y baja especialmente apta para una alimentación omnívora. Justamente, los úrsidos actuales son omnívoros: se alimentan de pequeños vertebrados, invertebrados, huevos, frutos y otros vegetales. • Los úrsidos se distribuyen en Eurasia y América del Norte, en las montañas Atlas del norte de África y en los Andes de América del Sur (oso de anteojos solamente), ocupando un rango de hábitats que abarca desde los hielos árticos hasta las selvas tropicales. Incluyen tres géneros actuales y ocho especies que según Hall (1981) pueden ubicarse en tres subfamilias actuales: la de los Tremarctinae, con el género Tremarctos (oso de anteojos); la de los Ursinae, con Ursus (oso negro, gris, polar, malayo, perezoso, pardo, etc.) y la de los Ailuropodinae, con Ailuropoda (oso panda). La familia Ursidae (con excepción de los extintos Agriotheriinae, cuyo registro es muy fragmentario y más antiguo que el de las otras subfamilias) se registra desde el Mioceno medio hasta la actualidad en Europa, desde el Mioceno tardío hasta la actualidad en América del Norte, desde el Plioceno medio hasta la actualidad en Asia, desde el Pleistoceno temprano hasta la actualidad en América del Sur, solo en el Plioceno en el sur de África, y en la actualidad en el norte de África. • Los Ursidae son menos diversos (en cuanto a número de especies) en el presente que en el pasado. Esto es especialmente cierto para los tremarctinos, ya que diez especies vivieron entre el Mioceno tardío y el Pleistoceno tardío en América, y en la actualidad solo una, el oso de anteojos. • Actualmente, más de 250 investigadores de todo el mundo llevan a cabo estudios sobre la dieta, uso del hábitat, distribución geográfica, genética, interacción con el hombre, etc. de los osos. El objetivo final de la mayoría de los estudios es la conservación y el manejo de las poblaciones. • La especie más extendida es el oso pardo, que se encuentra desde Europa occidental hacia el este a través de Asia hasta las áreas occidentales de América del Norte. El oso negro americano está restringido a América del Norte y el oso polar está restringido al Mar Ártico. Todas las especies restantes de osos son asiáticos. Ocurren en una variedad de hábitats que incluyen bosques tropicales de tierras bajas, bosques de coníferas y de hoja ancha, praderas, estepas, pastizales montanos, laderas de pedregal alpino, tundra ártica y, en el caso del oso polar, témpanos de hielo. Los osos pueden cavar sus guaridas en las laderas o usar cuevas, troncos huecos y vegetación densa como refugio. • Los osos pardos y negros americanos son generalmente diurnos, lo que significa que están activos en su mayor parte durante el día, aunque pueden alimentarse sustancialmente por la noche. Otras especies pueden ser nocturnas, activas durante la noche, aunque las hembras de osos bezudos con cachorros pueden alimentarse más durante el día para evitar la competencia de con específicos y depredadores nocturnos. Los osos son abrumadoramente solitarios y se los considera los más asociales de todos los carnívoros. Las únicas veces que se encuentran osos en grupos son las madres con crías u ocasionales generosidades estacionales de alimentos ricos (como los salmones). Pueden ocurrir peleas entre machos y los más adultos suelen tener cicatrices extensas, lo que sugiere que mantener el dominio puede ser intenso. Con su agudo sentido del olfato, los osos pueden localizar cadáveres a varios kilómetros de distancia. Utilizan el olfato para localizar otros alimentos, encontrar compañeros, evitar rivales y reconocer a sus cachorros. • La mayoría de los osos son omnívoros oportunistas y consumen más materia vegetal que animal. Comen cualquier cosa, desde hojas, raíces y bayas hasta insectos, carroña, carne fresca y pescado, y tienen sistemas digestivos y dientes adaptados a esa dieta. Sin embargo, todos los osos se alimentan de cualquier fuente de alimento que esté disponible estacionalmente. • Cuando buscan plantas, los osos eligen comerlas en la etapa en que son más nutritivas y digeribles, por lo general evitando hierbas, juncos y hojas más viejas Por lo tanto, en las áreas templadas más septentrionales, el ramoneo y el pastoreo son más comunes a principios de la primavera y luego se vuelven más restringidos. Saber cuándo las plantas están maduras para comer es un comportamiento aprendido. Las bayas se pueden buscar en los arbustos o en las copas de los árboles, y los osos intentan maximizar el número de bayas consumidas en comparación con el follaje. En otoño, algunas especies de osos se alimentan de grandes cantidades de frutas fermentadas naturalmente, lo que afecta su comportamiento. Los osos más pequeños trepan a los árboles para obtener mástiles (partes reproductivas comestibles, como bellotas). Estos mástiles pueden ser muy importantes para la dieta de estas especies, y las fallas de los mástiles pueden resultar en movimientos de largo alcance por parte de los osos que buscan fuentes alternativas de alimento. Los osos pardos, con sus poderosas habilidades para excavar, comúnmente comen raíces. Algunas especies pueden asaltar los nidos de avispas y abejas en busca de miel e insectos inmaduros, a pesar de las picaduras de los adultos • Los peces son una fuente importante de alimento para algunas especies, y los osos pardos en particular se reúnen en grandes cantidades en los recorridos del salmón. Por lo general, un oso se sumerge en el agua y agarra un pez con sus mandíbulas o patas delanteras. Las partes preferidas para comer son el cerebro y los huevos. Los pequeños mamíferos excavadores como los roedores pueden ser desenterrados y comidos. • El oso pardo y ambas especies de osos negros a veces toman ungulados grandes, como ciervos y bóvidos, principalmente los jóvenes y débiles. Estos animales pueden ser apresados y emboscados, aunque las crías que se esconden pueden quedar rígidas y abalanzarse sobre ellas. Las presas de grandes mamíferos suelen ser asesinadas por un mordisco en la cabeza o el cuello, o (en el caso de las crías) simplemente inmovilizadas y mutiladas. El comportamiento depredador en los osos suele ser enseñado por la madre a las crías. • Los osos son carroñeros prolíficos y cleptoparásitos, robando escondites de comida de roedores y cadáveres de otros depredadores. Para las especies que hibernan, el aumento de peso es importante ya que proporciona alimento durante el letargo invernal. • Los osos producen una serie de sonidos vocales y no vocales. Los chasquidos de la lengua, los gruñidos o los bufidos se pueden hacer en situaciones cordiales, como entre madres y cachorros o entre parejas, mientras que cuando están estresadas se hacen gemidos, resoplidos, bufidos o soplos de aire. Los ladridos se producen en momentos de alarma, excitación o para delatar la posición del animal. Los sonidos de advertencia incluyen chasquidos de mandíbulas y chasquidos de labios, mientras que en los encuentros agresivos se hacen chasquidos de dientes, bramidos, gruñidos, rugidos y pulsaciones. Los cachorros pueden chillar, aullar, balar o gritar cuando están angustiados y ronronear con un zumbido como el de un motor cuando se sienten cómodos o cuando están amamantando. • Los osos a veces se comunican con exhibiciones visuales como estar de pie, lo que exagera el tamaño del individuo. Las marcas en el pecho de algunas especies pueden agregarse a esta exhibición intimidante. Mirar fijamente es un acto agresivo. Los individuos pueden acercarse entre sí caminando con las piernas rígidas y la cabeza gacha. La dominancia entre osos se afirma haciendo una orientación frontal, mostrando los caninos, la torsión del hocico y el estiramiento del cuello. Un subordinado puede responder con una orientación lateral, girando y bajando la cabeza y sentándose o recostándose. • Los osos pueden marcar el territorio frotándose contra árboles y otros objetos que pueden servir para difundir su olor. Esto suele ir acompañado de arañar y morder el objeto. La corteza puede esparcirse para llamar la atención sobre el poste de señalización. • Los osos de las regiones del norte, incluidos el oso negro americano y el oso grizzly, hibernan en el invierno Durante la hibernación, el metabolismo del oso se ralentiza, la temperatura de su cuerpo disminuye ligeramente y su frecuencia cardíaca se reduce de un valor normal de 55 a solo 9 latidos por minuto. Los osos normalmente no se despiertan durante su hibernación y pueden pasar todo el período sin comer, beber, orinar o defecar. Se forma un tapón fecal en el colon y se expulsa cuando el oso se despierta en la primavera. Si han almacenado suficiente grasa corporal, sus músculos permanecen en buenas condiciones y sus requisitos de mantenimiento de proteínas se cumplen mediante el reciclaje de urea residual. Las osas dan a luz durante el período de hibernación y se despiertan al hacerlo. El caso es que ya conocemos las principales características de los osos. Nuestro osito se convierte en un poderoso oso pardo europeo, que se extiende desde la península Ibérica hasta Rusia. En la península Ibérica se localiza principalmente en el principado de Asturias. Un Parque Nacional de las características de los PICOS DE EUROPA, es el resultado de la interacción de múltiples variables: geología, clima, flora, fauna y los hombres, ya que además de haber interferido en él, a diferencia del resto de los Parque Nacionales españoles, también vive en su interior todo el año, desde antes de que éste y su antecesor, el pionero Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, fueran eso, Parques Nacionales. En este paraíso la precipitación se sitúa en torno a los 2000 mm. Hay una importantísima presencia del agua subterránea. El agua en superficie desaparece rápidamente. La flora más representativa sobre los pisos colino, montano, subalpino y alpino es el Bosque atlántico caducifolio. También aparecen el Hayedo, el bosque mixto, los microclimas mediterráneos con Encinas. La flora está asociada a los pisos altitudinales. La fauna más representativa comprende el rebeco, el buitre leonado, la chova piquigualda, mirlo acuático, lobo, nutria, por supuesto el oso, la águila real, el jabalí, alimoche, trucha, tritón alpino, víbora de Seoane, corzo, murciélagos, micromamíferos, aves rapaces diurnas y nocturnas y un elevado elenco de invertebrados en los que destacan los lepidópteros, coleópteros, dípteros, etc. Hay especies introducidas de interés como el cangrejo de río. Casualmente, Susana vive cerca de un hórreo asturiano, el conocido propiamente como hórreo, que es el más extendido, siendo de planta cuadrada con una cámara de madera, muchas veces con corredor, que se sostiene sobre cuatro pies, o pegollos. El HÓRREO es una construcción destinada a guardar y conservar los alimentos, alejados de la humedad y de los animales para mantenerlos en un estado óptimo para su consumo, se caracteriza por mantenerse levantado sobre pilares o pegollos para evitar la entrada de humedad y de animales (especialmente ratones y otros roedores) desde el suelo y por permitir la ventilación a través de ranuras en las paredes perimétricas. Dentro se suelen guardar el grano, las frutas y hortalizas, la matanza y aperos agrícolas, además bajo él se suelen encontrar también el carro, el arado o la leña recogida para el invierno. El uso del hórreo se extiende por buena parte del norte de la península ibérica. Actualmente son especialmente abundantes en Galicia y Asturias, aunque también se cuenta con ejemplos en las provincias de León y Zamora, en Cantabria y en algunas zonas del País Vasco y norte de Portugal. En estas zonas el uso del hórreo se explica por la pronta llegada de un invierno largo, frío y húmedo que antaño obligaba a realizar cosechas tempranas. El hórreo fue una construcción auxiliar indispensable en la vida campesina del norte húmedo peninsular y en pleno uso hasta la llegada de la crisis del sistema agrario tradicional. Su buena adecuación a unas necesidades climáticas muy específicas hizo que fuera adoptado en áreas muy diferentes del norte húmedo, con ciertas adaptaciones formales según las zonas. La casa payesa se encuentra muy cerca de los Picos de Europa. Aquí conviene decir una ADVERTENCIA, que sí viene a cuento y que hace referencia a las VIVIENDAS PASIEGAS. Las viviendas pasiegas son casas de construcción típica de las cabañas pasiegas de piedra y madera de roble, utilizadas en la trashumancia del ganado, que en la parte baja de las mismas servían de cuadra (vivienda, establo, pajar) muy espaciosas y totalmente equipadas con todas las comodidades. En el alojamiento descrito en este cuento predominan los materiales naturales que se usaban antiguamente en las casas pasiegas, revestidas en su totalidad con piedra de río y madera de roble principalmente en un entorno ideal para descansar y disfrutar de la naturaleza. Las Viviendas pasiegas son Tesoros Naturales de los Valles Pasiegos. Los Valles Pasiegos están formados por tres valles: el Pas, el Miera y el Pisueña. Estos ríos marcan los límites de una de las comarcas más visitadas de nuestra Cantabria. Las tierras pasiegas están pobladas desde hace siglos, y eso se refleja en el paisaje. Las cabañas pasiegas se encuentran diseminadas por todo el paisaje de pastos escarpados. Las Tres Villas Pasiegas: San Pedro del Romeral, Vega de Pas y San Roque de Riomiera son el mejor ejemplo de este modo de vida que sus gentes han sabido trasmitir de generación en generación. Los cuidadísimos prados, aunque creados por la mano del hombre a lo largo de los siglos, son un atributo más de un ecosistema en el que la naturaleza y los modos de vida tradicionales están muy integrados. El valle del Miera, con angostas gargantas excavadas en la roca por el río, es el más cerrado de la región, y en su encabezamiento se halla un circo glaciar. El bosque autóctono – avellano, fresnos, castaños, robles – se encuentra bastante reducido en favor de los prados. Los Valles Pasiegos, en realidad, son una comarca de Cantabria. Limita al norte con la comarca de Santander, al oeste con el Besaya y al este con Asón-Agüera y Trasmiera, mientras que por el sur limita con Campoo-Los Valles y la comarca burgalesa de Las Merindades, perteneciente a Castilla y León. Geográficamente, está comprendida entre los valles del río Pas y sus afluentes, el Pisueña y el Magdalena, así como por la cabecera del valle del río Miera. Por eso, esta comarca recibe también el nombre de Pas-Miera o Pas-Pisueña-Miera. Este territorio se corresponde principalmente con los valles de Carriedo, Toranzo, Luena y Cayón. En el extremo sur de la comarca se encuentra el territorio conocido históricamente como la Pasieguería, que comprende las cabeceras de los ríos Pas, Pisueña y Miera, así como el territorio de Las Machorras, al norte de Espinosa de los Monteros, en la provincia de Burgos. Este es el territorio habitado históricamente por la cultura de ganaderos trasterminantes conocida tradicionalmente como los Pasiegos, de la cual la comarca toma su nombre. Así, pues, cuando nuestro osito se convierte en un Señor Oso suele escaparse a uno de estos montes, donde lleva una vida de libertad. Hoy, por ejemplo, para desayunar dulce ha picoteado una colmena que andaba suelta en el monte, comiéndose la miel que contenía, y a pesar de las picaduras de las llamadas ‘obreras’. Luego, se ha dado un baño en el Pas, capturando algún salmón. El río Pas es un río del N de España, que recorre de S a N la Comunidad Autónoma de Cantabria, con un recorrido aproximado de 57 km de longitud. Nace en las estribaciones montañosas de la cordillera Cantábrica, en los denominados Montes de Pas, a los pies del puerto de Estacas de Trueba, a partir de los aportes de diversos torrentes y arroyos. Nos acercamos a Vega de Pas, más concretamente a Pandillo, para visitar una de las cascadas más impresionantes de Cantabria. Se trata del Churrón de Agualto ... Viaña es una localidad del municipio de Cabuérniga (en Cantabria). Este pequeño pueblo, a 6 km de la capital del municipio, Valle, es la de mayor altitud dentro del municipio de Cabuérniga: 456 metros. Se encuentra en un plano inclinado, entre dos grandes montañas. Atraviesa su término un río con el mismo nombre. Este río Viaña es afluente del Saja, al que se une a la altura del pueblo de Renedo. Aldano es una localidad de Cantabria. Aldano es una localidad del municipio cántabro de San Pedro del Romeral. En el año 2008 tenía una población de 22 habitantes. Se encuentra a 600 m s. n. m., en la parte occidental del municipio, cerca de Luena. Dista 8 kilómetros de la capital municipal. Yera es una localidad del municipio de Vega de Pas (Cantabria). La localidad se encuentra a 569 metros de altitud sobre el nivel del mar, y a 2,5 kilómetros de la capital municipal, Vega de Pas. Barcelada pertenece al municipio de Vega de Pas del municipio de Vega de Pas (Cantabria). La localidad se encuentra a 569 metros de altitud sobre el nivel del mar, y a 2,5 kilómetros de la capital municipal, Vega de Pas. Y desemboca, finalmente, sobre las aguas del mar Cantábrico, cerca de las Dunas de Liencres (al O de Santander). Pero la población osuna se encuentra muy mermada, debido a la caza ilegal. La verdad es que, teniendo en cuenta las horas de sueño de Susana, no ha podido hacer más nada. ¡Mañana, será otro día! Así que, corriendo más de lo permitido, entra en la casa Pasiega de la niña pequeña, que todavía duerme, y se mimetiza, recobrando su anterior apariencia. De nuevo es un osito de peluche, el osito del amor, por lo que despierta a Susanita con el “Te quiero” de costumbre. Ambos, la niña y él, se darán un fuerte abrazo. Mientras tanto, el secreto del osito quedará a buen recaudo. ¡Hasta mañana! Historias de Dragones Las series “La casa del Dragón” y “Los anillos de poder”, basadas en novelas de Martin y Tolkien, reviven la fascinación por estas criaturas nacidas de la más fabulosa imaginación en culturas ancestrales de todo el mundo. En principio, un dragón es un ser mitológico que aparece de diversas formas en varias culturas de todo el mundo, con diferentes simbolismos asociados. El dragón que todos conocemos, es un dragón alado que escupe fuego. ¡Bien! Hay dos tradiciones principales sobre dragones: los dragones europeos, derivados de las tradiciones populares europeas y de la mitología de Grecia y Oriente Próximo, y los dragones orientales, de origen chino, coreano, japonés, vietnamita y de otros países de Extremo Oriente. Las dos tradiciones surgieron probablemente de forma independiente, pero en su desarrollo se han influido mutuamente. El dragón, uno de los más conocidos seres mitológicos, ha sido inspiración de diferentes relatos y poemas, algunos de los cuales han sido llevados al cine. La primera aparición de los dragones fueron unos amuletos de jade de la cultura Hongshan, en China, hace aproximadamente entre 6700 y 4900 años. El jade e una piedra tenaz y muy dura, de aspecto jabonoso, blanco o verde, con puntos rojos o morados. La palabra dragón deriva del griego, drakón, donde significa ‘serpiente’, de la familia del verbo ‘mirar fijamente’, que se aplica a la mirada de las serpientes, las águilas, la Gorgona y los guerreros. Se cree, pues, que en origen el término hace referencia al poder fascinante e hipnótico de la mirada de la serpiente. Aunque aplicada en un principio a serpientes reales, pronto se utilizó también para referirse a aquellas dotadas de características imaginarias (enorme tamaño, capacidad de arrojar fuego por la boca o rayos, agua, etc.) que aparecen en cuentos, leyendas y mitos. Repasamos su presencia, desde el que cuidaba el Vellocino de Oro, en la Cólquida, pasando por el Satanás del Apocalipsis, hasta Smaug, de “El señor de los anillos”, y Drogo de “Juego de Tronos”. Pero vamos a ir despacio, pues no queremos olvidarnos de alguna generalización. Está claro que el tiempo y el hechizo de los dragones ha vuelto. ¿Cuál es el origen de los dragones? ¿Por qué su presencia ancestral en culturas tan diferentes del mundo? ¿Cómo es que han sobrevolado los tiempos y tomado fuerza para llegar hasta la cultura popular de hoy? ¿Cuáles son los motivos de su fascinación y misterio en personas de todas las edades y países? ¿Por qué son un reclamo, ahora, en los libros y series de televisión tan exitosas de los últimos años como El Hobbit, El señor de los anillos, Los anillos de poder, Juego de Tronos y La casa del Dragón? Pero, de antemano, no olvidemos dar algunas explicaciones de conjunto. La creencia en dragones se sustenta en las diversas tradiciones sobre ellos. Estos aparecen en muchas culturas. Se ha planteado, para darle explicación a este fenómeno, el descubrimiento de fósiles de dinosaurios o de pterosaurios que llevaron a esas culturas a imaginar seres parecidos. A menudo, se ha creído que estos seres seguían vivos, generalmente en lugares lejanos. Durante la época de Las Cruzadas, era posible encontrar en los mercados y otros lugares de exposición de Europa «restos de dragón», que en realidad eran restos de cocodrilos procedentes de Egipto, Arabia y de países de Asia. La creación y la destrucción están en ellos. Inteligencia y fuego. No obstante, echemos marcha hacia atrás. El dragón es una de las criaturas más fabulosas y enigmáticas salidas de la mente humana que mezclan en su cuerpo y acción lo terrenal con lo sobrenatural, un cuerpo hecho de diferentes animales que despierta tantos miedos como esperanzas, que desatan tantos simpatizantes como detractores, y de los que más incentivan la imaginación y la fantasía. El dragón es un ser omnipresente en diferentes culturas y épocas que ha sobrevivido a todas las generaciones en la Tierra, hasta tener una gran presencia en estas últimas décadas y vivir un momento de esplendor a través de la literatura que aliada con el cine, la televisión, el mundo virtual y los videojuegos alcanza una potencia y presencia inéditas. Historias con tramas situadas en épocas medievales, donde la lucha del bien y el mal en lo personal, social, sentimental y político es un tornado incesante. La presencia del dragón, los dragones, son un reclamo indiscutible. Simbolizan el poder y la derrota, la creación y la destrucción, la astucia y la fuerza, el mal y, a veces, el bien… engendran la duda por saber de qué lado están. Su presencia otorga el carácter épico y legendario que tanto gusta al ser humano, y que a los adultos lo retrotrae al placer y aventuras de épocas fantasiosas. Historias que realmente los traslada a un tiempo y espacio fuera de este mundo, pero que hunde sus garras en él. Dragón: «Animal fabuloso con forma de reptil, muy corpulento, con garras y alas, y de extraña fiereza y voracidad», Real Academia Española (RAE). Dragón: «Un animal imaginario grande y aterrador, a menudo representado con alas, una cola larga y fuego saliendo de su boca»: Diccionario de Cambridge. Bienvenidos al mundo de los dragones: empezamos este relato con su presencia en la mitología griega, como guardianes, y en la Biblia, como Satanás; luego damos un salto a la era más contemporánea. Así, en un principio, los dragones fueron devoradores de dioses –algunos mitos se refieren a estas criaturas como la causa de los eclipses, por ejemplo–, o sus enemigos –caso de Apofis y Pithon, enemigos del sol–. Posteriormente los dragones fueron fuerzas a las que se les ofrecían doncellas en sacrificio. No tardaron en concebirse como devoradores de hombres. De todos modos, ese papel no se aleja del de guardián, que implica la espera y el mantenimiento de un orden que preludia una reinvención del universo o el descubrimiento de un lugar sagrado. Justamente porque son guardianes de algo sagrado, simbolizan el puente a otro mundo o la prueba de todo héroe. No olvidemos al Minotauro (del griego Minótauros) cretense, que era un monstruo de la mitología griega, con cuerpo de hombre y cabeza de toro. Su nombre significa “Toro de Minos”, y era hijo de Pasífae y el Toro de Creta. El mito del Minotauro es, quizás, uno de los más fascinantes de toda la mitología de la antigua Grecia. Fruto de un escarceo amoroso entre la reina Pasifae y un hermoso toro blanco enviado por Poseidón, el destino del Minotauro estuvo para siempre ligado a su encierro en un laberinto donde devoraba cada año a catorce jóvenes atenienses que eran entregados en sacrificio como pago por perder la guerra contra Minos de Creta. Finalmente, el monstruo solitario murió a manos del príncipe ateniense Teseo. En la mitología de la Grecia clásica es difícil distinguir la serpiente del dragón. Entre las presencias más notables destaca la de la historia del Vellocino de oro (vellón o cuero del carnero alado). Allí se llama Cólquida y es su guardián, una criatura terrorífica, que nunca dormía por custodiar el Vellocino de oro. A él se deben enfrentar Jasón y Medea, quien uso sus hechizos y ungüentos en una rama de enebro para dormirlo; otra versión dice que fue Jasón quien mató al dragón. La adquisición del Vellocino de oro, era crucial para que Jasón obtuviera el trono de Yolco en Tesalia. Pero tenemos que puntualizar estos extremos. El vellocino de oro era, en la mitología griega, el vellón o zalea del carnero alado Crisómalo. Aparece en la historia de Jasón y los argonautas, quienes partieron en su búsqueda para lograr que Jasón ocupase justamente el trono de Yolco en Tesalia. Se decía que el carnero era hijo de Poseidón y de Teófane. Atamante, rey de la ciudad de Orcómeno en Beocia (una región del sudeste griego), tomó como primera esposa a la diosa nube Néfele, con quien tuvo dos hijos, Hele y Frixo. Más tarde se enamoró de Ino, la hija de Cadmo y se casó con ella. Ino tenía celos de sus hijastros y planeó matarlos (en algunas versiones, persuadió a Atamante de que sacrificar a Frixo era la única forma de acabar con una hambruna). Néfele o su espíritu se apareció ante los niños con un carnero alado cuya lana era de oro. Los niños huyeron montando el carnero sobre el mar, pero Hele cayó y se ahogó en el Helesponto (el estrecho de Dardanelos), llamado así en su honor (ponto es ‘mar’ en idioma griego). El carnero llevó a Frixo hasta la Cólquida, a la lejana (oriental) playa del mar Euxino (el mar Negro). Frixo sacrificó entonces al carnero y colgó su piel de un árbol (en varias versiones un roble) consagrado al dios Ares, donde fue guardada por el dragón de la Cólquida. Allí permaneció hasta que Jasón se hizo con ella. El carnero se convirtió en la constelación de Aries. Se han realizado intentos de interpretar el vellocino de oro no solo como un objeto extravagante en un mito, sino como el reflejo de un objeto o práctica cultural real. Así, por ejemplo, se ha sugerido varias veces que la historia del vellocino de oro significaba la llegada de la ganadería a Grecia desde el este, o que aludía al trigo dorado o al sol. Otra interpretación se apoya en las referencias de algunas versiones a la tela púrpura o teñida de púrpura. El tinte púrpura extraído de caracoles del género Murex y especies relacionadas era muy caro en tiempos antiguos, y la ropa hecha de tela teñida con él era señal de gran riqueza y elevada posición (de ahí la asociación del púrpura con la realeza). La relación del oro con el púrpura es por tanto natural y ocurre frecuentemente en la literatura. Una interpretación más extendida relaciona el vellocino de oro con un método para extraer oro de los ríos que está bien avalado (pero solo desde cerca del siglo V a. C.) en la región de Georgia al este del mar Negro. Zaleas de oveja, a veces extendidas sobre marcos de madera, se sumergían en la corriente de agua y las pepitas de oro que bajaban desde río arriba se recogían en ellos. Los vellocinos se colgaban entonces en los árboles para secarlos antes de sacudirles o peinarles el oro. El antiguo origen del mito, en tiempos anteriores a la literatura, significa que todas las interpretaciones existentes son muy posteriores y en mayor o menor grado racionalizaciones que sufren del muy incompleto conocimiento de la cultura en la que surgió. La mayoría han sido criticadas en la literatura arqueológica. Un intento de construir una explicación más plausible, mediante su ubicación en lo que se conoce de esa cultura, señala, curiosamente, a una de las primeras propuestas, en concreto que el vellocino de oro representa la idea de la realeza y la legitimidad: de ahí el viaje de Jasón en su busca, para restaurar el legítimo gobierno de Yolco. Otros dragones de la mitología griega son Ladón, con cien cabezas, que custodiaba el Jardín de las Hespérides, asesinado, según unos por Atlas y otros por Heracles. Se dice que fue destripado y cuando su sangré cayó al jardín de cada gota surgió un árbol drago. El otro dragón es Pitón, una gran serpiente, que vigilaba la caverna donde Temis leía sus oráculos. En la mitología griega, Ladón era un dragón de cien cabezas (cada una de las cuales hablaba una lengua diferente), junto con las ninfas Hespérides, era el encargado de custodiar el jardín de las Hespérides, por lo que también se le conocía como Dragón de las Hespérides (en latín Draco Hesperidum). Era hijo de Forcis y Ceto o de Tifón y Equidna, en otras versiones. Hera lo envió a custodiar su huerto de manzanas de oro, ya que no confiaba en las Hespérides, hijas de Atlas. Heracles le dio muerte en uno de sus doce trabajos. Para agradecer sus leales servicios, Hera, ascendió sus restos al cielo, lugar donde, desde entonces, forma la Constelación del Dragón. En otra versión de la historia, Heracles engaña a Atlas para que robe las manzanas por él y Ladón no es asesinado. En la mitología griega, Pitón era una gran serpiente que participa en las leyendas de la fundación del santuario del oráculo de Delfos. Llamada «serpiente divina», según Simónides y otros autores el dragón es macho, pero en las versiones más antiguas era una hembra. Dícese que cuando la tierra embarrada por el diluvio reciente volvió a calentarse con los rayos del sol produjo todo tipo de especies animales, así como también nacieron monstruos. Así la Tierra, sin concurso de varón y sin haberlo deseado, engendró a esta serpiente de inmenso tamaño que fue el terror de los pueblos recién creados. El dragón aparece varias veces en la Biblia, siempre como una presencia del Mal, representa lo tenebroso, la culpa, el demonio. Uno de sus pasajes más llamativos es el del Apocalisis, o Libro de las Revelaciones, el texto más oscuro y con más simbología e interpretaciones de la Biblia. Es el último libro del Nuevo Testamento, atribuido a san Juan, quien lo habría escrito durante su destierro en la isla de Patmos, en el Mar Egeo. Los hechos fantasiosos allí narrados muestran los derroteros de la humanidad y su fin, que en uno de sus pasajes más literarios dice: De pronto se vio en el cielo algo también misterioso: apareció un gran dragón rojo, que tenía siete cabezas, diez cuernos y una corona en cada cabeza. Ese dragón arrastró con la cola a la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó a la tierra; luego se detuvo frente a la mujer, para comerse a su hijo tan pronto como naciera. La mujer tuvo un hijo que gobernaría con gran poder a todos los países de este mundo. Pero le quitaron a su hijo y lo llevaron ante Dios y ante su trono. La mujer huyó al desierto, donde Dios había preparado un lugar para que la cuidaran durante tres años y medio. Después hubo una batalla en el cielo. Uno de los jefes de los ángeles, llamado Miguel, acompañado de su ejército, peleó contra el dragón. El dragón y sus ángeles lucharon, pero no pudieron vencer, y ya no se les permitió quedarse más tiempo en el cielo. Arrojaron del cielo al gran dragón, que es la serpiente antigua, es decir, el diablo, llamado Satanás, que se dedica a engañar a todo el mundo. Él y sus ángeles fueron lanzados a la tierra. Cuando el dragón se dio cuenta de que había sido lanzado a la tierra, empezó a perseguir a la mujer que había tenido a su hijo. Pero Dios le dio a la mujer dos grandes alas de águila para que escapara volando, lejos del dragón, hacia el lugar en el desierto donde la cuidarían durante tres años y medio. El dragón arrojó mucha agua por la boca, y con el agua formó un río para que arrastrara a la mujer. Pero la tierra vino en su ayuda: abrió un hueco y, como si fuera su boca, se tragó toda el agua que el dragón había arrojado. Entonces el dragón se enojó mucho contra la mujer, y fue a pelear contra el resto de sus descendientes, es decir, contra los que obedecen los mandamientos de Dios y siguen confiando en el mensaje de Jesús. Y el dragón se detuvo a la orilla del mar. El libro del Apocalipsis es el libro con el que se cierra el Nuevo Testamento y que representa un género especial de la apocalíptica cristiana. Como tal, incluye revelaciones, sueños y visiones, especulaciones sobre el fin de los tiempos y los hechos del mundo futuro, desde una perspectiva de la historia en la que se enfrentan las fuerzas del Mal a las del Bien, aunque Dios acabará imponiéndose y castigando a los malvados. El libro, inspirado en otras obras apocalípticas judías, se atribuye en la tradición más antigua al apóstol Juan, el Zebedeo. Se escribió en realidad a finales del siglo I, tal vez en la isla de Patmos, como se indica en el texto, y es posible que bajo la persecución de Domiciano (81-96). No sabemos quién fue su autor. El redactor trataba de consolar a los cristianos que sentían la angustia de la persecución. Recoge las esperanzas de un fin inminente tal como se daban en ciertos círculos judeo-cristianos de Asia Menor. El plan de Dios está ya fijado y nada podrá detenerlo. El cielo y la tierra dejarán paso a los nuevos cielos y la nueva tierra. En sus visiones se entrevé la llegada del Mesías que derrotará a todas las fuerzas satánicas. Al combate escatológico, del que Cristo saldrá victorioso, seguirá un reinado de mil años, en el que el Mal estará de nuevo en libertad para combatir al Bien. Pero ése será el comienzo de la derrota definitiva del Mal, de los tiempos nuevos y de la Jerusalén celeste. En Occidente el simbolismo alrededor del dragón es esencialmente el de la lucha. Sin embargo, la lucha entre el dragón y un héroe o un dios tiene distintos significados. En estos míticos combates el dragón asume dos papeles: el de devorador y el de guardián, que tienen finalmente una sola raíz: el de un ser cósmico en espera, cuya acción implica la muerte –o el nacimiento– de un orden universal. Así, en un principio, los dragones fueron devoradores de dioses –algunos mitos se refieren a estas criaturas como la causa de los eclipses, por ejemplo–, o sus enemigos –caso de Apofis y Pithon, enemigos del sol–. Posteriormente los dragones fueron fuerzas a las que se les ofrecían doncellas en sacrificio. No tardaron en concebirse como devoradores de hombres. De todos modos, ese papel no se aleja del de guardián, que implica la espera y el mantenimiento de un orden que preludia una reinvención del universo o el descubrimiento de un lugar sagrado. Justamente porque son guardianes de algo sagrado, simbolizan el puente a otro mundo o la prueba de todo héroe. En ocasiones se distancian las actitudes tomadas en las culturas del mundo frente a la figura del dragón y la lucha que supone, particularmente si se compara la idea de dragón que existe en el Extremo Oriente con la predominante en Occidente. Los dragones chinos (long), los japoneses (ryū) y los coreanos (yong) son vistos generalmente como seres benévolos, mientras que los europeos son en su mayoría malévolos. Sin embargo, los dragones malévolos no están restringidos a Europa: entre otras culturas, esta interpretación se mantiene también en la mitología persa. El tema es complejo. Ha variado a lo largo de la historia. Como ejemplo, entre los romanos, típicos representantes del Occidente antiguo, el dragón era considerado un símbolo de poder y sabiduría. Para la cultura cristiana el dragón simboliza el mal y la destrucción, Se convierte en un animal al que hay que eliminar. Existen varios ejemplos, como el arcángel San Miguel luchando contra un dragón, o el dragón que se revuelve contra la lanza de San Jorge. Entre las distintas culturas de diversos pueblos, este animal mitológico está cargado de significación emblemática. Por tanto, no existe un solo concepto simbólico relacionado con el dragón. Lo cierto es que existen muchos significados emblemáticos de gran importancia referidos a esta criatura entre los pueblos del Extremo Oriente, especialmente entre la India y China, así como entre los japoneses y las Filipinas. En tal sentido, en los pueblos del valle del Indo se identifica al dragón con Agni, personificación del cielo, que con sus innumerables ojos vigila al tiempo que protege a quien le pide ayuda; es decir, con el origen y el principio del cielo y la Tierra. Pero donde adquiere mayor importancia el significado emblemático del dragón es el relacionarlo con el poder de los gobernantes y emperadores de pueblos o aldeas. En Oriente Próximo, la figura del dragón simbolizaba el mal y la ruina. En Enuma Elish, una epopeya escrita alrededor del 2000 a. C., la diosa Tiamat era un dragón que simbolizaba los océanos y comandaba las hordas del mal, cuya destrucción previa era necesaria para crear un nuevo universo ordenado. También en la Biblia el dragón representa el mal. En la mitología persa destaca el caso de Azi Dahaka, un dragón malévolo. En Rumanía, se habla del dragón geta-dacio, que tenía cabeza de lobo y cola de serpiente. Esta imagen era empleada en la guerra, ya que en la bandera de Dacia aparece un dragón. En muchas culturas orientales los dragones eran, y en algunos cultos son todavía, reverenciados como representantes de las fuerzas primitivas de la naturaleza y el universo. En Oriente, el dragón siempre se ha considerado una criatura benéfica y un símbolo de buena fortuna. A diferencia de sus congéneres occidentales, los dragones orientales no tienen alas, aunque normalmente pueden volar gracias a la magia. Son más similares en apariencia a la Serpiente Emplumada de los mitos de los pueblos prehispánicos de Mesoamérica. Un dragón típico de Oriente tiene cuernos de ciervo, cabeza de caballo, cuello de serpiente, garras de águila, orejas de toro y bigotes largos como los de los siluros. En las leyendas chinas hay dragones que vigilan los cielos, o que traen la lluvia, o que controlan los ríos y arroyos. En Japón, donde se les atribuye ser entes sabios, amables y siempre dispuestos a ayudar, los dragones han sido, durante siglos, el emblema oficial de la familia imperial. Los dragones chinos y los japoneses simbolizan el poder espiritual supremo, el poder terrenal y celestial, el conocimiento y la fuerza, y por lo tanto son benévolos. El dragón es la insignia más antigua del arte de estos países. Proporcionan salud y buena suerte y viven en el agua. Según las antiguas creencias chinas, traen la lluvia para la recolección. Por eso el dragón se convirtió en el símbolo imperial de ese país. En el Himalaya representan la buena suerte. Corea, como se expresó antes, también tiene dragones, de similar carácter positivo. El escritor estadounidense Mark Twain escribió: “No existe tal cosa como una idea nueva. Simplemente tomamos muchas ideas antiguas y las colocamos en una especie de caleidoscopio mental. Les damos un giro y hacen combinaciones nuevas y curiosas”. Esta afirmación es particularmente cierta en la narración de historias. Soy novelista y enseño escritura creativa. En esta disciplina, prevalece la premisa de que hay siete tramas básicas (como se describe en un libro del mismo nombre de Christopher Booker). Las historias que contamos reflejan quiénes somos, tanto como individuos como sociedades, en un momento dado. Al leer historias de siglos pasados, es reconfortante descubrir que mientras los tiempos cambian, los instintos y las emociones humanas son más constantes y universales. El placer de leer es estar en comunión con otras personas a través de las historias que han dejado atrás, pero reconocer en sus mundos algo propio. Un nuevo libro, “The Norse Myths that Shape the Way We Think” (el título podría traducirse en español como “Los mitos nórdicos que moldean la forma en la que pensamos”) de Carolyne Larrington, profesora de la Universidad de Oxford (Reino Unido), explora las resonancias contemporáneas de las leyendas nórdicas y examina su reinvención en la cultura popular. Las tribus nórdicas de Europa asociaban su folclore con varios aspectos terroríficos del dragón. La mitología germana incluye al dragón (Nidhug o Níðhöggr) entre las fuerzas del inframundo. Se alimenta de las raíces de Yggdrasil, el fresno sagrado que extiende sus raíces a través de todos los mundos. Los antiguos escandinavos (los vikingos) adornaban las proas de sus barcos esculpiéndolas en forma de dragón. Usaban esta decoración en la creencia de que así asustarían a los espíritus (landvættir) que vigilaban las costas a las que llegaban. También los dragones aparecen en poemas germanos: en Beowulf, un poema épico anglosajón, el más antiguo que se conserva. Un hombre llamado Beowulf, que había librado a su pueblo de un monstruo mitad hombre y mitad diablo, luego convertido en el rey, lucha contra un dragón, disputa en la que ambos mueren. En el Cantar de los Nibelungos, un poema épico medieval anónimo, Sigfrido mata a un dragón, llamado Fafnir, y al ungirse con su sangre se hace inmune a todo mal. Para los celtas, el dragón era una divinidad de los bosques, cuya fuerza podía ser controlada y utilizada por los magos. Entre los conquistadores celtas de Britania fue símbolo de soberanía, y durante la ocupación romana de la isla adornó los estandartes de guerra, convirtiéndose en un símbolo heráldico y luego militar. Para la mitología eslava, el dragón era una de las formas que adoptaba el dios Veles, señor del mundo subterráneo, adversario de Perún, dios del trueno. Nidhogg o Níohöggr es un dragón que vive en una de las tres ramas del Yggdrasil, concretamente en una de sus raíces que atraviesa por Niflheim, y la cual roe sin cesar hasta que llegue el Ragnarök y todo se destruya. Nidhogg atormentará las almas humanas que hayan quedado en el Niflheim, y se alimentará de los cuerpos de los difuntos y la sangre que deposite en sus cráneos. Mientras éste vive en una de las raíces del Yggdrasil, una ardilla llamada Ratätosk recorre de arriba abajo el tronco del gran fresno, llevando los cotilleos entre el águila sin nombre y el halcón Veorfölnir, ambos en la cima del Yggdrasil, hacia Nidhogg, esperando causar trifulcas entre ellos. Los cristianos heredaron la idea hebrea del dragón, que aparece en el Apocalipsis, del apóstol Juan, y en otras tradiciones posteriores. En el arte cristiano del Medievo simboliza el pecado. La lucha contra este sirvió para aumentar la motivación de los reinos cristianos. Al aparecer bajo los pies de los santos y mártires representa el triunfo de la fe y de los reinos cristianos sobre el diablo. La leyenda de san Jorge y el dragón muestra claramente este significado. Se presentaban a menudo también como representaciones de la apostasía, la herejía y la traición, pero también de cólera y envidia, y presagiaban grandes calamidades. Varias veces significaban la decadencia y la opresión, aunque sirvieron también como símbolos para la independencia, el liderazgo y la fuerza. Los colores a menudo determinaron el simbolismo de las cualidades de un dragón. En la pauta del viaje del héroe, los dragones representaron el obstáculo o el temor, y el paso necesario para volver al hogar. Como muchos dragones se presentan también como la encarnación de la sabiduría, en esas tradiciones matar a uno de ellos no solo daba acceso a sus riquezas, sino también significaba que el caballero había vencido a la más astuta de las criaturas. Otra faceta del dragón en la mitología clásica de la época caballeresca es el dragón como guardián que custodia o secuestra princesas en sus castillos. En el Occidente de la actualidad es casi siempre concebido como una criatura malvada, poderosa y cruel, estereotipo extraído tanto de las antiguas leyendas como de las más modernas películas. La mayoría de los autores llaman serpientes a los dragones mesoamericanos, pero ya que etimológicamente la palabra dragón significa serpiente, se puede tomar el término náhuatl cóatl como dragón en el caso de los seres mitológicos mencionados a continuación, en lugar del significado literal «serpiente», para diferenciarlos de las serpientes y de las víboras, a las cuales se atribuyen significados propios. En torno a Los Andes se creía en el poder que ejercían las «serpientes del abismo marítimo y de la montaña esplendorosa». Estas eran criaturas de grandes proporciones también consideradas dragones. Por ejemplo, las que se veneraban en los Andes centrales difieren de aquellas de los extremos del Imperio Inca (ejemplo: pueblos nativos de Perú o de Bolivia). Las bestias de la mayor parte de Sudamérica estaban ampliamente relacionadas con enormes serpientes que se remontaban con los orígenes de la humanidad, coincidiendo con otras regiones del planeta. Pero, a diferencia del viejo mundo, estos dragones no presentan unicidad en sus características predominantes, ni en sus actitudes, aun siendo de aspectos semejantes. Tales dragones mantenían una historia de conflictos entre sí que se remonta al primitivo pasado de las culturas americanas. La leyenda de TrenTren y Cai Cai Vilu refleja esto, al enfrentarse ambas serpientes (Mar y Tierra) por el futuro del pueblo mapuche. Los muiscas, pueblo indígena de Colombia, creían en Chiminigagua, dios creador en forma de serpiente de fuego bajo la sagrada laguna de Iguaque, que creó a los padres de la humanidad: Bachue y su joven acompañante. Ellos vivieron y tuvieron hijos, que después de un tiempo los dejarían hasta convertirse en dos serpientes acuáticas para vigilar a su pueblo, dentro de la laguna mencionada. Tiempo después, el primer zaque de la sabana de Bogotá, hijo de Sue o el sol (o de Chia, la Luna o deidad maligna) era un hombre en forma de dragón de color verde. La mitología moderna ha empleado repetidamente el símbolo del dragón, extendiendo su pervivencia en el imaginario. También ha usado su imagen reduciéndolo a un poderoso monstruo casi invencible. Las múltiples apariciones de dragones en la cultura y la ficción, sin embargo, hacen uso frecuente no solo de elementos tradicionales, sino también de otros innovadores de la criatura, que amplían sus alcances y estimulan más la imaginación, dando así lugar a un sinfín de dragones de diversas cualidades y variantes. Como ejemplos representativos se pueden mencionar los dragones del legendarium de J. R. R. Tolkien, cuyo exponente más conocido es el Smaug de El hobbit. En la novela Canción de Hielo y Fuego, de George R. R. Martin, se citan estos seres fantásticos y mágicos, de entre los cuales destacan los dragones de Daenerys Targaryen: Drogon, Rhaegal y Viserion, o los dragones que constituyen uno de los elementos más relevantes del universo del juego de rol Dungeons & Dragons. También se encuentra a Fújur, en la historia interminable, o los dragones-montura de la serie de historietas El Mercenario. También es un buen ejemplo la película Cómo entrenar a tu dragón, en la que se pueden observar distintas formas de dragones. El poeta y pintor William Blake creó, entre 1805 y 1810, una serie de acuarelas para ilustrar la Biblia. La imagen aquí mostrada se refiere al dragón del Apocalipsis, de la Biblia. Blake creó un mundo inquietante, tenebroso y terrorífico con varias pinturas que ilustran lo narrado en el libro bíblico. De todas las figuras del bestiario la de dragón es la más conocida, presente en todas las culturas universales, desde Occidente hasta América, pasando por los pueblos de Oceanía y África, Japón y China. Sin embargo, aunque los aspectos simbólicos y culturales del dragón suelen coincidir en casi todas las civilizaciones, no ocurre de igual forma con las características formales e iconográficas que, a pesar de estar basadas siempre en el mismo elemento (la serpiente), presentan notables diferencias según la etapa histórica y la región, ya sea con la adición de patas o alas para subrayar sus aspectos terrestres o celestes, o bien mediante plumas, como sucede en la mejicana Quetzalcoatl. Etimológicamente, dragón procede del griego, que significa 'gran serpiente' (si bien algunos autores derivan el término del étimo 'ver' o 'vigilar'), lo cual da una idea del estrecho grado de parentesco que existe entre ambas figuras. El dragón parece ser una serpiente evolucionada o "superserpiente", con una imagen general muy popular, transmitida durante siglos por las obras de arte: un ser corpulento, con dos o cuatro patas, alas de murciélago a ambos lados del cuerpo, largo cuello y una cola igualmente larga. Además, posee una enorme cabeza, en la que brillan dos ojos como ascuas por los que a veces arroja lenguas de fuego, peculiaridad que también poseen sus grandes fauces, dotadas por otra parte de enormes y afilados dientes que permiten al animal tragarse a un hombre de un solo bocado. Así, pues, llegados a finales del siglo XIX, bien se puede hacer una exhaustiva recopilación desde otros planteamientos. Desde hace millones de años el hombre, ante la incapaz de explicar ciertos fenómenos que escapaban a su control o a su comprensión, imaginó un mundo en el que cada noche desaparecía el sol y las tinieblas se adueñaban de la tierra. Este mundo estaba habitado por animales que no sólo ocupaban una posición en el orden natural, sino que se relacionaban de alguna forma con la humanidad, y que además, poseían cualidades de velocidad, valentía o fuerza que el hombre ni tenía ni podía explicarse. Ocurrió entonces que se atribuyeron poderes misteriosos a determinados animales, se los dotó de significados espirituales y fueron elevados a la condición de tótems, todo lo cual hizo que los auténticos animales, los de carne y hueso quedaran ocultos por los simbólicos y, lo que es más, que en muchas ocasiones fueran suplantados por éstos. Así sucedió con la figura del dragón que, con el correr del tiempo, adquirió una entidad propia en la imaginería del hombre, que hizo olvidar que en un principio provenía de la serpiente. La figura reptiliana, cuyas peculiares características han dado pie a más cultos y misterios que ningún otro animal, se repite sin cesar en la religión, la mitología y el arte en una doble acepción: por una parte representa las siniestras fuerzas del Mal y del mundo de los muertos, mientras que en otros casos, es un ser benigno relacionado con la fertilidad del suelo y con la renovación de la naturaleza. Dualidad ésta del ofidio visible en uno de los simbolismos relacionados con la serpiente más conocidos, el Árbol Cósmico, cuyas raíces se adentran en el mundo inferior, mientras que sus ramas se extienden hacia el cielo (también en el caso de la tradición cristiana: si está enroscada alrededor del Árbol del Bien y del Mal, simboliza al Demonio, pero en el Árbol de la Vida, representa a Cristo), imagen que resulta de la unión entre los dos gigantes cósmicos, la Tierra y el Cielo. O también en la diosa azteca de la falda de serpientes, Coatlicue, que si es joven simboliza el nacimiento, y cuando vieja, la muerte. La misma condición dual y antagónica es heredada por el dragón, un gigantesco ser que procedía del mundo inferior y que, conforme se mezclaron sus características y se les añadió un aura maligna, fraguó el mito que conocemos en la actualidad. Sin embargo, no es posible olvidar que fue una de las cosmogonías primigenias. Como señor de la tierra, del cielo y de las aguas aparece en la descripción que, en el siglo V a.C., Heródoto hace de este monstruo: "Habita la tierra y el agua, pone e incuba los huevos en la primera y pasa la mayor parte del día en el suelo, aunque de noche está en el agua... Sus garras son fuertes y es imposible rajar la piel escamosa de su lomo. En Egipto lo llaman champsa y los jónicos le dicen krokodil". Vemos, pues, que el cocodrilo es otro de los animales reales que, al igual que la serpiente, dieron origen al mito del dragón. Los egipcios los consideraron animales sagrados, los alimentaron y los domesticaron. El mismo Heródoto dice que "colgaban pendientes de oro con piedras talladas" en los lóbulos de sus orejas y que "adornaban sus garras con brazaletes de oro", práctica que posiblemente dio origen a las leyendas sobre los tesoros del oro de los dragones. Los pueblos semitas los consideraron animales malditos, en parte por su oposición a todo lo que oliera a egipcio, pueblo que fue su más encarnecido enemigo, y en parte debido a mixtificaciones con las historias del Antiguo Testamento, entre las que se incluyen la transmitida por el Génesis, en que la serpiente aparece como un animal malvado que induce al pecado a Adán y Eva, la descripción del terrible Leviatán que figura el Libro de Job, primera referencia al dragón como tal: "De su boca salen antorchas, centellas de fuego saltan de sus fauces", y la del Apocalipsis, en la que se narra cómo el arcángel Miguel venció "a esa vieja sierpe llamada Demonio". A pesar de que el el mito en la actualidad está muy desacreditado, sin duda por el uso y abuso del mismo, la gente creyó en su existencia hasta épocas relativamente recientes. Así, en Austria, en el siglo XVI, fueron exhibidos públicamente los restos fosilizados de un rinoceronte lanudo que se hizo pasar por un dragón cavernícola; es más, el cráneo del animal se conservó hasta después de la Segunda Guerra Mundial. El interés por los dragones durante este siglo fue causa de frecuentes supercherías y fraudes; tal es el caso de los numerosos "dragones" que aparecieron, producto de hábiles mutilaciones de lagartos gigantes, o de manipular el esqueleto de una variedad de raya. Aún así, a principios del siglo siguiente, Edward Topsell, en su Historia de los cuadrúpedos, escribía sobre los dragones: "Conservan la salud -como decía Aristóteles- comiendo lechugas silvestres que les hacen vomitar cuando han tomado cualquier alimento nocivo. El peor de todos es la manzana porque sus estómagos propenden a llenarse de aire. Por ello, jamás comen de este fruto sin ingerir primero lechugas silvestres". Al rico simbolismo cósmico del dragón cabe añadir los aspectos humanos, condensados en torno al tema de la lucha, así como otros temas secundarios que comprenden la relación con el agua, con el conocimiento, con el sol y con el más allá. La lucha del dragón contra un dios (Seth contra Apopis en Egipto, Apolo contra Pitón en Grecia, Zeus contra Tifón y así sucesivamente), contra un santo (san Jorge, santa Marta, santa Margarita y muchísimos otros) o contra un héroe (Cadmo, Perseo, Heracles, Sigfrido o Beowulf) es una de las leyendas más difundidas en la historia de la humanidad, posiblemente por su valor alegórico (la eterna lucha del Bien y el Mal), pero de la que no cabe excluir otros significados. Por un lado aparece en Occidente la figura del "exterminador de dragones", quien actúa en general de manera bastante sangrienta, si bien no falta de vez en cuando cierto toque humorístico (caso de san Jorge, cuya hazaña de matar al dragón que atemorizaba a los habitantes de un castillo le costó la vida al declararse cristiano); pero además, acabar con la pérfida bestia era el espaldarazo a una carrera de éxitos para todo héroe que se preciase, posibilitaba el acceso a un precioso tesoro, a extraños conocimientos o a la invulnerabilidad futura. Por otra parte, el papel del dragón en la lucha podía ser de dos tipos, en apariencia opuestos pero profundamente equilibrados, el de devorador y el de guardián, uno representativo del caos y otro del orden establecido, vertiginosa paradoja que se plasma en la figura del uroboros alquímico. Un ejemplo de esto serían los dioses egipcios Sata y Apopis, ambos con figura de serpiente gigantesca, que son respectivamente el devorador del sol durante los eclipses y el guardián del Inframundo. Más de lo mismo serían los casos de la serpiente Pitón que custodia el santuario de Delfos y que lucha contra Apolo (el Sol); del dragón Fafnir que vigila celosamente un tesoro de oro y que lucha con Sigfrido, o del dragón que guarda el vellocino de oro al que da muerte Jasón. No hay que olvidar tampoco que ganar esta dura contienda supone para el héroe acceder a determinados aspectos sapienciales que están por encima de lo estrictamente humano, símbolo de los cuales son la pitonisa (de Pitón) del santuario de Delfos, dotada de capacidades adivinatorias, o la gota de sangre del dragón muerto por Sigfrido que al caer en su lengua le permite comprender el lenguaje de los pájaros. Y, desde luego, el triunfo de la empresa se considera completo cuando el héroe se hace invencible o alcanza la inmortalidad, como sucede en el caso de las flechas de Hércules -héroe solar por excelencia, igual que Apolo- que, impregnadas en la sangre de la Hidra, son absolutamente mortíferas. En todo lo anterior se ve claramente cómo el dragón suele aparecer como antagonista de la luz, bien sea como devorador del sol que crea los eclipses, como contrincante de reconocidas divinidades solares (los griegos Apolo y Hércules, el egipcio Seth y tantos otros) o como símbolo del régimen nocturno (las tinieblas que engullen al sol). Esto llevó a relacionar al dragón con determinados aspectos celestes y fenómenos meteorológicos -en su mayor parte desastrosos, aunque no necesariamente- como las nubes, los huracanes y los ciclones, y las trombas de agua. Esta superstición se rastrea entre los antiguos egipcios, quienes pensaban que el dragón, uno de los emblemas de Osiris, el dios del mundo de los muertos, provocaba el desbordamiento anual del Nilo. Y, todavía en nuestros días, los nativos de algunas regiones de Polinesia piensan que el dragón es el causante del arco iris, mientras que en otras zonas de Italia se cree que forma las trombas de agua en el mar cuando se encoleriza. Estas supersticiones han hecho olvidar que en un principio el dragón estuvo mucho más ligado al agua que a la bóveda celeste; de hecho, el lugar de su nacimiento suele estar situado en el agua, en el mar, en alguna fuente o en un río, testimonio de lo cual es la toponimia, donde se ve de forma clara el paralelismo entre el recorrido sinuoso de los cursos fluviales y las serpientes (recordemos el famoso y conocido "montículo de la Serpiente" en Ohio, que da a un sector de captación de aguas, en cuya "cabeza" parece ser que se encendía en origen una hoguera, posiblemente con la intención de señalar que el espíritu de la serpiente de las aguas seguía activo y vigilante). La relación entre el dragón y el agua llevó a pensar que la lucha entre el héroe y la bestia simbolizaba la victoria humana sobre las inundaciones producidas durante la época de las lluvias en los pueblos situados a orillas de algún río, explicación que no encaja en, por ejemplo, el caso de Egipto, puesto que de la crecida del Nilo dependía la fertilidad de la tierra. Tampoco en el imperio chino ni en la India, países en los que su presencia no implicaba guerras ni calamidades, sino que era considerado un signo de buen augurio. En sus intentos de buscar una explicación más racionalista, la crítica llegó a la conclusión de que si el agua se ha considerado tradicionalmente como el límite entre nuestro mundo y el de los muertos (para acceder al "más allá" siempre hay que cruzar un río, atravesar un puente sobre un río, o navegar en una barca por el mar), la figura dragoniana adquiere un valor iniciático por su conexión con el más allá, con el tenebroso mundo de los muertos. El agua se utiliza en los rituales de iniciación para simbolizar el despertar espiritual, como el bautismo. Además, suele decirse que los pozos y manantiales, matriz espiritual de la Tierra, son lugares peligrosos porque supuestamente se trata de aberturas que comunican con el mundo de los muertos. En la mitología de Irlanda y del país de Gales, donde el dragón es símbolo nacional, son numerosos los relatos en que el héroe lucha cuerpo a cuerpo contra un dragón o contra un brujo al lado de un pozo sagrado, ejemplificado por el pozo de Seghais, el del mundo de los muertos. En el clásico tema de la lucha con el dragón hay siempre, junto al monstruo y al héroe, una víctima, generalmente una doncella (símbolo de la pureza), que es la razón que desencadena la lucha; recordemos que el dragón que mató Perseo iba a devorar a Andrómeda, o el muerto por Heracles iba a comerse a Hesíone, hija del rey troyano Laomedonte, o la Tarasca francesa, que aparece con un ser humano entre las fauces. En otros casos, el papel de la joven lo hace un codiciado tesoro: Ladón custodiaba las preciadas manzanas de oro del jardín de las Hespérides y el argonauta Jasón tiene que matar al dragón para conseguir el vellocino de oro que colgaba de una encina. Pero, además de ser el guardián del mundo de los muertos, el dragón puede, físicamente, ser la entrada a ese mundo; es decir, puede ser portero de la gruta en la que está presa la doncella o puede ser por sí mismo la caverna. Es decir, el ser engullido por el monstruo, que es lo mismo que entrar en la cueva, simboliza el principio de un itinerario iniciático que comienza por el descenso a los infiernos y termina cuando el dragón regurgita al héroe, que renace así a un nivel superior de vida. Este es, por ejemplo, el caso de Jonás, engullido por la ballena, que, cuando es regurgitado, ha adquirido virtudes proféticas. Otras veces es el engullido quien provoca la regurgitación al encender fuego en el interior del monstruo, o al descuartizarle la barriga para salir fuera, pero la lucha ya no tiene ese valor iniciático. En último extremo el monstruo ni siquiera puede actuar, porque el héroe lo mata antes, con lo que la prueba ha perdido todo su originario contenido sapiencia. A medida que se pierde la conexión entre engullimiento e iniciación, se pierden también los valores del dragón. El monstruo, que portaba un "tesoro" sapiencial, se convierte en el guardián de un tesoro real, representa la caída irreversible desde un estado de perfección simbolizado en la muchacha virgen de la que es carcelero (recordemos que en muchas culturas la pérdida de la virginidad está considerada una forma de iniciación) y, en definitiva, es un obstáculo que eliminar. De esta forma el monstruo se carga de valores y significados negativos, con lo que se produce la identificación dragón-diablo. A la hora de clasificar al dragón, conviene tener en cuenta las distintas actitudes de los pueblos de la Tierra. Las etnias indígenas no consideran al hombre más importante que otros seres vivos o inanimados y, así, buscan rasgos de identidad con los animales, los veneran ampliamente e incluso desarrollan una relación totémica con ellos que intenta simbolizar el proceso social de la convivencia en tanto parte de la Tierra (por ejemplo, los indios iroqueses se dividen en grupos a los que dan nombres como clan de la tortuga, del oso, del ciervo, etc.). Muy distinto es el caso de la la cultura occidental, sustentada en tradición judeocristiana a través de la Biblia, según la cual Dios concedió a los humanos el dominio sobre la Tierra y, por ende, sobre los demás seres vivos. Esta primacía y superioridad de la raza humana no toma en relación el ritmo conjunto de la vida humana y la animal, lo que no permite convertir al animal en un guía espiritual, sino más bien todo lo contrario: al no entenderlo ni integrarse con él, el hombre occidental vuelca en el animal sus temores y, muy especialmente, en aquellos seres híbridos que simbolizan los más profundos miedos humanos. No es entonces posible hacer una generalización de los dragones a lo largo y ancho del mundo, ni oponer por sistema la concepción oriental, benéfica, a la occidental, que lo ve como un perverso adversario. Como con casi todos los símbolos, no es posible dar significados unívocos, ya que el dragón presenta numerosas características antitéticas (aspectos cósmicos y celestes junto a aspectos infernales, y valores creativos junto a valores destructivos). Volviendo al siglo XX anotaremos que, “El Hobbit”, de Tolkien (1932), fue llevada al cine en 2012. 1932-2012. El Hobbit, el autor británico J. R. R. Tolkien escribe este libro para sus hijos donde crea el dragón Smaug, el Dorado, el más poderoso y el último de la Tierra Media que se convierte en uno de los obstáculos que debe superar Bilbo Bolsón y su compañía de enanos para recuperar el tesoro sobre el cual dormía el dragón en la Montaña Solitaria. En 2012, la novela fue llevada al cine. “El señor de los anillos”, de Tolkien (1954-55) fue llevada al cine entre 2001 y 2003. En 1954-55, Tolkien publica esta trilogía convertida en un clásico del siglo XX. Los dragones fueron creados en la Tierra Media por Melkor, Morgoth, el señor oscuro, como su arma más mortífera. Destaca Smaug el Dorado. En 2001, 2002 y 2003, El señor de los anillos fue llevada al cine por Peter Jackson en la trilogía El señor de los anillos: la comunidad del anillo (2001), El señor de los anillos: la dos torres (2002) y El señor de los anillos: el retorno del Rey (2003). El viernes 2 de septiembre de 2022 se emitirá el primer capítulo de la precuela de El señor de los anillos, de Tolkien, situada varios siglos atrás y titulada Los anillos de poder (Prime Video-Amazon). Según los estudios es «un drama épico que se desarrolla miles de años antes de los eventos de El hobbit y El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien, y llevará a los espectadores a una era en la que se forjaron grandes poderes, reinos se elevaron a la gloria y cayeron a la ruina, héroes inesperados fueron puestos a prueba, la esperanza pendía del hilo más fino y el villano más grande salido de la pluma de Tolkien amenazó con cubrir todo el mundo de oscuridad« “La historia interminable”, de Michael Ende, fue adaptada al cine en 1984. El autor alemán Michael Ende publica esta novela juvenil que busca trascender edades, con uno de los pocos dragones totalmente buenos. Realidad y fantasía se mezclan aquí en una aventura para alertar de la pérdida de la imaginación y el poder de la fantasía. A través de la historia de Bastian, un niño que lee un libro con tal fuerza que penetra en su mundo donde está Fújur, el dragón blanco de la suerte, que se convierte en un personaje crucial de la narración para que Bastian ayude a salvar un reino en peligro. La diferencia de este dragón con los del imaginario colectivo, Fújur, es que es tan ligero que no necesita alas para volar. “Juego de Tronos”, de George R. R. Martin (1996-2011), fue adaptada como serie entre 2011 y 2019. El autor alemán Michael Ende publica esta novela juvenil que busca trascender edades, con uno de los pocos dragones totalmente buenos. Realidad y fantasía se mezclan aquí en una aventura para alertar de la pérdida de la imaginación y el poder de la fantasía. A través de la historia de Bastian, un niño que lee un libro con tal fuerza que penetra en su mundo donde está Fújur, el dragón blanco de la suerte, que se convierte en un personaje crucial de la narración para que Bastian ayude a salvar un reino en peligro. La diferencia de este dragón con los del imaginario colectivo, Fújur, es que es tan ligero que no necesita alas para volar. “Harry Potter”, de la escritora inglesa J. K.Rowling (1997), es llevada al cine entre 2001 y 2011. La escritora inglesa J. K. Rowling publicó este año la primera parte de su exitosa serie de siete libros, Harry Potter y la piedra filosofal. Es protagonizada por un niño huérfano que llega al Colegio Hogwarts de magia y hechicería. Cuenta las aventura y desventuras de Harry Potter en su lucha contra el mago malvado de lord Voldemort, que asesinó de sus padres para conquistar el mundo mágico. Los dragones tienen aquí una presencia física relativa, no mucha, pero si omnipresente en el propio ambiente, mención y en algunas estatuas. “Eragon”, de Christopher Paolini (2002), es llevada al cine en 2006. Christopher Paolini empezó este año la publicación de la serie para niños y jóvenes Eragon, seguida de Eldest, Brisingr y Legado. El protagonista es el niño Eragon y su dragona Saphira, que surgió de una supuesta piedra preciosa que Eragon encontró en el bosque. El la cuida y se convierte en jinete de dragón, pero pronto se debe enfrentar a diferentes aventuras porque el rey Galbatorix la quiere recuperar. “Memorias de Idhún”, de Laura Gallego, aparecen en 2004. La española Laura Gallego creó una de las trilogías de fantasía más exitosas del español: Resistencia, Tríada y Panteón. Las novelas, entre la aventura y el romance, cuentan la historia de los tres jóvenes Jack, Victoria y Kirtash, predestinados a cambiar el futuro oscuro que profetizaron para Idhún. Se ha especulado que las cobras pueden ser el origen de los mitos acerca de los dragones que escupen fuego, hielo, tierra y otras cosas como rayos y agua. En tiempos arcaicos se encontraron cocodrilos del Nilo, una especie reducida actualmente, en el sur de Europa, tras haber nadado a través del Mediterráneo. Estos cocodrilos desviados pudieron ser un elemento de inspiración para los mitos de dragones. Es posible que tanto esqueletos de ballenas como de dinosaurios, así como fósiles de mamíferos gigantes, hayan sido confundidos de igual manera por los huesos de estas criaturas aladas y otros seres mitológicos. Por ejemplo, el descubrimiento en el año 300 a. C., en Wucheng, Sichuan, China, fue marcado como uno de ese estilo por Chang Qu- Adrienne Mayor ha escrito del tema de los fósiles como una inspiración para los mitos en su libro «Los primeros cazadores de fósiles». En una sección de la Enciclopedia de Geología ella escribió: «Los restos fósiles crearon una vasta variedad de geomitos, especulando en la identidad de las criaturas, desde China e India hasta Grecia, América y Australia, contando historias de dragones, monstruos y héroes gigantes. Para el caso de Australia, las historias de los dragones pueden tener su origen en la tierra de los cocodrilos Quinkana, los cuales eran terrestres, de cinco a siete metros de largo. Otro lagarto gigante que habitaba en esa región era el Varanus priscus, un reptil carnívoro que vivió en Australia Meridional, en el Pleistoceno, hace 40,000 años, y que también llegaba a medir siete metros de longitud, y peso de 1,940 kilogramos aproximadamente. O bien, las extintas serpientes arcoíris que posiblemente pertenecían al grupo de las Wonambi naracoortensis. Hoy el mismo reptil Varanus komodoensis es conocido en español como Dragón de Komodo. En el libro An Instinct for Dragons, el antropólogo David E. Jones propone una hipótesis acerca de que los humanos, al igual que los monos, hemos desarrollado reacciones instintivas contra las serpientes, los felinos gigantes y las aves de rapiña. Los dragones tienen caracteres que son combinación de esos tres taxones, por lo que ese instinto de miedo podría explicar por qué los dragones con descripciones similares aparecen en historias de diferentes culturas en todos los continentes. Finalmente, en Eslovenia, en The Glory of the Duchy of Carniola, el historiador natural Janez Vajkard Valvasor recopiló historias populares acerca del Olm (una salamandra subterránea). Este es mencionado como un bebé dragón que fue empujado a la superficie por las fuertes lluvias de Eslovenia, dando origen a la creencia popular de que los grandes dragones vivieron en la corteza terrestre, y que los olms fueron los descendientes no desarrollados de estas míticas criaturas. ¡Bueno! Llegados aquí, vamos a hablar extensamente del dragón chino. Todo parece indicar que Asia, con China a la cabeza, es la patria de los dragones; es por tanto que en este país es donde la noción del monstruo es más compleja (puede ser al mismo tiempo símbolo de la realeza, del emperador, de las regiones orientales y de la primavera). El dragón, denominado genéricamente Long, término traducido del sánscrito naga, que tiene dos significados, 'dragón' y 'elefante', es el primero de los cuatro seres sagrados o animales de buenos augurios -desempeña, por tanto, una función positiva- y se manifiesta de cinco formas, según qué aspecto de la vida simbolice. Lung o Long es el dragón celestial, símbolo de la espiritualidad suprema e imagen de la capacidad divina de transformación. Entre sus garras lleva una perla llameante, cuya blanca forma esférica podría simbolizar la luna, en tanto fuente de fertilidad, si bien es factible pensar que, en cuanto quintaesencia del mundo de las aguas, la perla represente la faceta acuática del dragón. Las versiones taoístas y budistas piensan, sin embargo que se trata de la perla de la sabiduría. El dragón imperial simboliza la lluvia y el sol naciente; fue, consiguientemente, emblema de la familia imperial. Representaba la actividad, el principio masculino o yang, símbolo a su vez del Sol y el Cielo (de hecho, el emperador llevaba el sobrenombre de Hijo del Cielo). Mang, aunque feroz, casi nunca es malvado, significa el poder temporal; como simboliza el este, el sol y la generosidad del suelo. Es custodio de la Tierra y a diferencia de los dragones imperiales, que presentan cinco garras, éste tiene cuatro, ya que en la tradición china dicho número representa los poderes temporales. Li habita estanques, ríos, lagos y océanos, controla el mar y por su relación con el mundo acuático, fuente ancestral del conocimiento, representa las profundidades de la sabiduría. Es parecido al Kiao, pero no tiene cuernos, y, según las versiones, puede ser rojo, blanco y verde, o amarillo. Kiao habita en las cumbres montañosas y simboliza al estadista. Es posible que sea el más antiguo de los dragones chinos y, por tanto, su forma ha variado considerablemente con el tiempo, desde un cocodrilo a un extraño reptil con un anillo de carne en la cola, pasando por aquellas descripciones que le atribuyen cabeza de tigre. Nacen de huevos de serpiente que quedan olvidados en el suelo durante mil años y se abren solos. Además, los dragones chinos están sujetos a una evolución personal que se trasluce en una serie de metamorfosis acaecidas a lo largo de unos tres mil años. Una serpiente marina o Kiao se convierte después de quinientos años de vida en un Long que, tras otros quinientos años, se transforma en un Kiu Long, y éste, a su vez, en un Ying Long, considerado la forma más evolucionada de dragón, ya que está dotado de alas. Ahora, tocaremos las características del mismo. De la clasificación anterior se trasluce que el aspecto del dragón chino en la tradición literaria y mitológica es extremadamente variado, al igual que ocurre con la iconografía. Puede tener cuerpo de serpiente, de pez o de cocodrilo, estar o no dotado de cuernos y tener un tronco alargado, corpulento o extremadamente delgado; todo esto sin mencionar otros aditamentos, tales como patas, colmillos, grandes ojos, tupidos bigotes o una excrecencia de carne en la cabeza que les permite volar, o las hibridaciones con otros seres del reino animal entre los que se encuentran tigres, bueyes, leones y otros. La cantidad de dragones que moran la tierra también varía, sujeta a los simbolismos. Se habla de cinco Genios-Dragones, que son hermanos, con cuerpo de serpiente y cabeza humana, que se corresponden con los elementos primordiales -madera, fuego, metal, agua y tierra-. Otra obra del siglo XVI reconoce nueve tipos de dragones que, en función de sus características, se usan para decorar objetos de la vida cotidiana: por ejemplo, el dragón al que le gusta cantar y gritar aparece representado en las campanas; el que ama la música, en los instrumentos musicales; el del agua se inscribe en los puentes o en los tejados de las casas para prevenir los incendios; el amante de la sangre y el combate, en las espadas; el de la literatura, aparece en las cubiertas de los libros y en las tablillas de escritura; el los juicios, en la puerta de las prisiones; el inactivo, en los tronos budistas; al fuerte, que no le importa trasladar grandes pesos, en la base de los monumentos y en las patas de las mesas; y, finalmente, al amante de los lugares abruptos y precipicios era representado en los tejados de los templos. En la mitología china el dragón simboliza las fuerzas benéficas de la naturaleza y el Ser Supremo, o lo que es lo mismo, las fuerzas cosmogónicas más potentes de la Tierra y del Cielo. La tradición primitiva decía que todo este poder quedaba canalizado en el paisaje a través de caminos de energía o "líneas del dragón" que se correspondían con la topología del lugar; así, mientras que el terreno plano no estaba bien considerado, pues era 'un mal dragón', las depresiones y ondulaciones naturales, como una cadena montañosa, que podía ser la espina dorsal de un dragón, se consideraban emplazamientos muy propicios: 'un buen dragón', por lo que eran elegidos como lugares de enterramiento por la familia imperial. Tal es el caso de las famosas tumbas de los emperadores Ming, cerca de Pekín, un paraje geománticamente perfecto. La localización del camino en el que el flujo de energía, tanto positiva como negativa -ch'i, 'el aliento cósmico', y sha, 'el aliento de la desgracia'-, influía en el paisaje se convirtió en una práctica muy compleja, denominada Feng Shui (literalmente 'viento y agua'), que se sigue realizando en nuestros días. Consiste en una suerte de geomancia o adivinación a través de la tierra que determina la posición más adecuada de un edificio con relación a la energía de los dragones locales, para lo cual se utilizan datos ordenados de forma concéntrica que incluyen, además de la orientación geográfica, fuentes del saber tradicional como la astrología, los elementos del paisaje y otros símbolos extraídos del antiguo Yi Jing o Libro de las mutaciones. Una vez lograda la localización adecuada del sitio, que se determina por cinco factores entre los cuales se encuentra Loong, el dragón, se procede a la decoración, no menos importante. El dragón se halla presente en todos los elementos de la construcción tradicional china, un mero ornamento tiene una función simbólica concreta. Los dragones en los tejados son un elemento típico de la arquitectura china, simbolizan la fuerza y el poder de los dioses y representan el medio para desviar las malas influencias. Los dragones peces en un edificio son, por su parte, símbolos del éxito, de ahí que abunden los míticos guardianes del bien: el dragón azul del este, que debe ser instalado a la izquierda del edificio, y el tigre blanco del oeste, a la derecha; otra posibilidad es escribir en el lado izquierdo las palabras loong yin, 'el dragón habla', y en el derecho, 'el tigre ruge'. Claro exponente de toda esta riqueza cultural es la Ciudad Prohibida, en el corazón de Pekín, que se planificó siguiendo los principios del Feng Shui. Los emperadores chinos se instalaban en el trono del dragón, cara al sur, lo que les permitía estar protegidos contra los males procedentes del norte y obtener la benéfica energía ch'i del mar y del Sol, provenientes del sur. Sobre el dragón japonés, diremos lo siguiente. Casi un calco del dragón chino, no sólo en simbolismos sino también desde el punto de vista iconográfico, como prueba el hecho de que tenga sólo tres garras en cada pata, herencia directa de los primeros dragones chinos que, con el tiempo, evolucionaron hacia las cuatro o cinco zarpas -según fuera emblema popular o imperial-. A veces puede aparecer con una cadena de espinas o espolones adornando su lomo. Coincide también en ser un turbulento espíritu de la naturaleza, vinculado con los fenómenos meteorológicos, como la lluvia, las inundaciones y las tormentas, resultado de sus enfrentamientos constantes con animales como el tigre. Otro rasgo que les hermana es que su nacimiento está conectado con el agua, ya sea el mar, una fuente, o cualquier otro curso fluvial, circunstancia de la que se deriva su aspecto ictiomorfo. La antigua tradición japonesa dice que el nacimiento del dragón se produce dentro de una piedra ovoide, fácilmente reconocible por sus fantásticos colores, en cuyo interior se halla el feto de dragón en forma de serpiente. El período de incubación es largo, no menos de tres mil años, transcurridos a partes iguales en el fondo del mar, en las montañas y entre los hombres, lo que le permite llevar a cabo un adecuado proceso de aprendizaje, que le capacita para alcanzar su estatus de auténtico dragón. Finalmente, se rompe el huevo, la diminuta serpiente crece a pasos agigantados y se eleva a los cielos en medio de terribles truenos. De esta relación con el agua y con los fenómenos del cielo quedan restos en nuestros días. En caso de sequía, los campesinos japoneses practican un ceremonial para pedir la lluvia a los dioses, que consiste en sacar a la calle un cortejo con uno de los padres de la iglesia sintoísta, que porta en sus manos el símbolo de la divinidad o Gohei; el patriarca es seguido por un campesino que sopla en una gran concha, tras el que aparece la figura de un dragón, hecha en bambú y paja trenzada, y, a continuación, vienen los campesinos tocando el tambor y haciendo un gran ruido, con estandartes y banderas en sus manos en las que están escritas las oraciones para que caiga la lluvia. La procesión se dirige entonces hacia un lago o hacia un río y la efigie del dragón se arroja al agua. El prototipo de dragón es Ryuto, que significa 'linterna', posiblemente debido a las llamas incandescentes que arrojan sus ojos y, como sucedía en el caso del dragón chino, conforme sus características secundarias van adquiendo mayor entidad, nacen diferentes tipos de ryu. Está, por ejemplo, el riu ryu, que con su vista privilegiada alcanza a ver a cientos de millas de distancia; el hai ryu, dragón alado que desciende directamente del chino ying lung, cuyas alas estaban cubiertas de plumas, o el sui ryu, que simbolizaba la lluvia, y del que se decía que, si sufría, su sangre caía en forma de lluvia roja. En torno al dragón hindú anotaremos que, en todas las restantes partes de Asia, excepción hecha de la India, el dragón se forma iconográficamente según el modelo chino, aunque adquiere un carácter maléfico que lo convierte en un enemigo que hay que combatir. En países como Persia, Turquía y Mongolia sigue siendo una figura más o menos reptilesca, con alas plumosas y, por lo general, pluricéfala. Extrañamente, no existe en la civilización hindú ningún ser parecido al dragón, es decir, no existe ese monstruo tan característico, híbrido indefinible, de otras culturas, si bien es cierto que hay una figura que emparenta de forma clara con él: el Naga. Los nagas, de los que existe en la Tierra un número superior a mil, pertenecen a una raza fabulosa de serpientes, vinculada con Visnú y especialmente con su encarnación Krisna. Dotados de un enorme poder, lo que les hace especialmente peligrosos, los nagas pueden aparecer bajo la forma de serpientes ordinarias, a veces de serpientes fabulosas, y, en determinadas circunstancias, bajo forma humana. De hombre son las varias cabezas que presentan, unidas por una membrana que les sale del cuello y les da un aspecto verdaderamente temible. Habitan en los ríos o en algún desconocido reino subterráneo y son custodios de un tesoro escondido. Acerca del dragón hebreo, valgan las siguientes palabras. La más conocida personificación de las fuerzas del mal entre los israelitas era Leviathán, del hebreo Liviath than ('monstruo tortuoso'), una especie de gigantesca serpiente de mar que acabó sometida al poder divino por el arcángel san Gabriel, con cuya piel cubrió los muros de Jerusalén. Aunque la creencia en esta criatura se remontaba a los textos mitológicos de Ugarit, la primera referencia aparece en el Libro de Job, del que se infiere que tenía forma de cocodrilo, información que se contradice con la proporcionada por el Libro de Enoc, según la cual Leviathán era un monstruo de sexo femenino que vivía en el mar y formaba pareja con Behemoth, un misterioso animal -posiblemente un hipopótamo- de sexo masculino que habitaba en las arenas del desierto. En los Salmos también se alude al Leviathán como una serpiente pluricéfala, y, por su parte, el profeta Isaías personificar en esta figura el castigo que Dios impondrá al final de los tiempos a los enemigos de Israel. También con figura serpentiforme era Rahab (del antiguo hebreo, 'violencia'), identificado en la antigua tradición hebrea con el Ángel de la Muerte, al que a menudo se confunde con Leviathán. Era un ser venenoso que atacaba silenciosamente a sus víctimas y que fue destruido por Dios porque había intentado impedir la huída de Egipto de los hebreos por el mar Rojo. A pesar de su carácter maligno, la leyenda cuenta que devolvió el libro mágico de medicina (el Sefer Raziel), entregado a Moisés por el arcángel Rafael tras el Diluvio, y fue luego arrojado al fondo del mar por ángeles envidiosos del caudal de conocimientos que Dios había puesto a disposición de los hombres en el mágico tratado. Y, como conclusión, anotaremos que una de las más antiguas leyendas es quizá la de Pitón y Apolo, que presenta numerosos paralelismos en otras zonas de la Tierra. Los antiguos griegos creían que de una hendidura rocosa de Delfos, en la región sur central de Grecia, brotaba una gran concentración de energía y lo consideraban el centro de la Tierra. Ese poder se encarnaba en el gran dragón Pitón, al que Gea -diosa de la Tierra- encomendó la vigilancia del lugar sagrado. Cuando eligió Delfos como santuario, Apolo -dios de la profecía, la luz y la curación- combatió con el dragón y lo mató; al decir de los antiguos griegos, éste estaba enterrado bajo una gran piedra, el omphalos ('ombligo'), que marcaba el centro del mundo. Muy frecuentemente en la mitología griega el dragón aparece asociado a la mujer; eran dragones los que tiraban del carro de Démeter, diosa de la fertilidad que transmitió las artes de la agricultura a los pueblos de la Tierra, y es una mujer, Medea, la que ayuda a Jasón a conseguir el vellocino de oro durmiendo al dragón que custodiaba la encina en la que estaba colgado el valioso trofeo. Ya en la Edad Media surgen las historias de Sigfrido, Beowulf, san Miguel, san Jorge y, por supuesto, el bien conocido caso de los caballeros de la Tabla Redonda, el mítico rey Arturo y sus amigos Tristán y Lancelot, dioses y héroes que tuvieron que combatir con dragones para alcanzar el orden a partir del caos y crear el mundo civilizado, entre los que cabe destacar los ejemplos de Horus, Thor y Marduk. Diseño de portada Nombre del autor: Ignacio Ramón Echeburúa Estévez Nombre del autor en la portada: Ignacio R. Echeburúa Título del Libro: Libro de mis cuentos. Texto solapa portada (máximo 400 caracteres con espacios). Biografía del autor: Sólo voy a citar mis últimas publicaciones. En esta última órbita, se sitúa el libro titulado “El Griego y su Literatura Clásica”, que sacó a la calle la Editorial pc de Palma de Mallorca, en su sede de Barcelona. Le siguió un libro sobre “ASTRONOMÍA”, que editó en junio de 2022, la Editorial Autografía de Barcelona. Asimismo, los tres libros siguientes han sido publicados por la Editorial Autografía. En junio de 2023 vio la luz el libro titulado “Historia de la física”.Este libro tiene 282 páginas y forma parte de la colección Fondo de la editorial. Se puede adquirir en librerías online como Librería Oxford, Buscalibre y Agapea. En enero de 2024 salió a la calle el libro titulado “JOSÉ ORTEGA Y GASSET y la razón histórica”. Ortega nos dice que necesitamos una razón que sea capaz de describir los sentidos del mundo humano, que nos permita entender la realidad humana. A la razón pura le es imposible captar al hombre en su singularidad, en sus realizaciones históricas, la razón pura no nos sirve; la razón matematizante... Por otro lado, “Mis Relatos” es mi única obra de narrativa, la cual contiene tres relatos cortos, como son “¡Una boda que se las trae!”, “Aires de romería: El Rocío” y, para terminar, “Con faldas y ¡a lo loco!”. Fue puesta en la calle en marzo de 2025 por la mencionada Editorial Autografía, en la categoría de Ficción. Ya está en la editorial el libro titulado “Nuevos Relatos”, que saldrá a la calle en septiembre de este año y contendrá cinco narraciones, cuyos títulos son: a) EL suicidio de un filósofo; b) En una casa que no quiero recordar; c) San Juan de Gaztelugatxe, y d) Deporte Rural Vasco. Por último, quiero indicar que Ediciones Europa acaba de enviarme una propuesta editorial por la que se compromete a publicarme el título “Mis Cuentos”, que se integra por las narraciones siguientes: a) Leyendas y sagas de la mitología nórdica, b) Los vikingos y su mitología, y c) La vida desde los inicios, para los niños. Su correo electrónico es: editor3@grupoeditorialeuropa.es/ Sin embargo, tengo redactada mi primera novela, de la que no falta ni un detalle, que se titula “Una comunidad de Carmelitas descalzas”, incorporando a este título sendas fotografías. Son sus dos personajes centrales Jorge y Luis Enrique, quienes con diálogos llenos de frescura y sinceridad nos abren las puertas del convento de Santa Teresa de San Sebastián. Dicha novela, que se trata de ser una novela histórica, se encuentra en la bandeja de entrada, pero aún no tiene un destinatario concreto. Y, últimamente, se ha redactado otra novela, titulada Un catamarán nuevo, con una extensión parecida a la anterior, aunque el nº de capítulos se queda en seis. Texto de la contraportada (máximo 500 caracteres con espacios). Sinopsis: Este Libro engloba fundamentalmente dos cuentos, que serían: - La niña y el osito de peluche. - Y, además, Historias de dragones, y que se titula el “Libro de mis cuentos”. Dicho lo cual, vamos a ver los dos cuentos que nos traemos entre manos. En La niña y el osito de peluche, el cuento se suele caracterizar comparándolo con otros textos narrativos; comúnmente se relaciona con la novela, por lo que se define como relato de poca extensión. Su brevedad condiciona también el reducido elenco de personajes que tienden a manifestarse como tipos, el marco temporal y la acción, que suelen ser simples, y el enfoque, único de tono y técnica. Tiene origen popular y se desarrolla partiendo de situaciones narrativas simples. Y, por último, Historias de dragones. A la vez que los dichos, las adivinanzas, las condiciones, etc., el cuento popular forma parte de la literatura tradicional de transmisión oral. Desde el punto de vista temático resulta difícil su clasificación: los hay maravillosos o de encantamiento, de animales, de grandes héroes, de temática religiosa… Se suele aceptar que provienen de mitos y leyendas primitivas adaptadas a su nuevo ámbito sociocultural. Propp, después del análisis de cien cuentos maravillosos, concluyó que todos surgen a partir de la combinación de unn número invariable de elementos o funciones. En los cuentos populares, los personajes suelen ser anónimos (el rey, la princesa, el dragón, el hada, el cura, etc.) con frecuencia comienzan mediante cierta fórmula introductoria del tipo de “Érase una vez”, que remite el relato a un pasado indefinido. Texto solapa contraportada (máximo 300 caracteres con espacios): Acerca de los cuentos folclóricos en el siglo XIX español apuntaremos lo siguiente: La recopilación de cuentos folclóricos se inició en España al mismo tiempo que en casi toda Europa occidental (salvo en Alemania, que se adelantó), en la segunda mitad del siglo XIX. Uno de sus precursores fue el escritor Antonio de Trueba (1819-1889), autor de un volumen de Cuentos populares aparecido en 1859. Pero el más activo impulsor fue, sin duda, Antonio Machado y Álvarez, "Demófilo" (1846-1893), autor en colaboración con D. Federico de Castro de un volumen de Cuentos, leyendas y costumbres populares (1873) e impulsor de la Sociedad de El Folk-Lore Español (fundada en 1881) y de numerosas iniciativas de recuperación y estudio de las tradiciones populares que se realizaron en aquellas dos décadas. Por la misma época, Cecilia Böhl de Faber, que escribió bajo el seudónimo de Fernán Caballero (1796-1877), publicó volúmenes recopilatorios tan importantes como el de Cuentos, oraciones, adivinas y refranes populares e infantiles (1877). En los años finales de aquel siglo, las revistas El Folk-Lore Andaluz (1882-1883) y El Folk-Lore Frexnense y Bético-Extremeño (1883-1884) abrieron también sus páginas a ejemplos muy interesantes de la cuentística popular española. Texto solapa contraportada (máximo 300 caracteres con espacios): Sobre los Índices y catálogos de cuentos tradicionales hispánicos apuntaremos lo que sigue. El cuento tradicional de España e Hispanoamérica, y, en general, de los pueblos de lengua hispánica, ha sido estudiado y tipologizado, a partir de la década de 1930, por numerosos investigadores. Cuenta con los siguientes índices, catálogos o repertorios: Ralph S. Boggs, Index of Spanish Folktales (Índice de cuentos folclóricos españoles) (1930); John E. Keller, Motif-Index of Mediaeval Spanish Exempla (1949); Terrence Leslie Hansen, The Types of the Folktale in Cuba, Puerto Rico, the Dominican Republic, and Spanish South America (Los tipos de cuentos folclóricos de Cuba, Puerto Rico, República Dominicana y Sudamérica española) (1957); Stanley L. Robe, Index of Mexican Folktales (Índice de los cuentos folclóricos mexicanos) (1973); James Wesley Childers, Tales from Spanish Picaresque Novels (Cuentos de las novelas picarescas españolas) (1977); Maxime Chevalier, Cuentos folklóricos españoles del Siglo de Oro (1983); Reginetta Haboucha, Classification of Judeo-Spanish Folktales (Clasificación de los cuentos folclóricos judeo-españoles) (1992); Edward J. Neugaard, Motif-Index of Medieval Catalan Folktales (Índice de motivos de los cuentos folclóricos catalanes de la Edad Media) (1993); Carlos González Sanz, Catálogo tipológico de cuentos folklóricos aragoneses (1994); y Julio Camarena Laucirica y Maxime Chevalier, Catálogo tipológico del cuento folklórico español I Cuentos maravillosos (1995). ¿Qué concepto –o conceptos- pretendes transmitir en el Libro? A la pregunta siguiente: ¿cuál es el cuento más famoso de España?, tengo que contestar que se trata de “Blancanieves y los siete enanitos”. Por otro lado, las partes de un cuento son Inicio, Desarrollo y Desenlace. A la pregunta ¿cuáles son los 10 cuentos más famosos?, contesto los siguientes: • El Patito Feo • Pinocho • La Cenicienta, un cuento de hadas muy popular • Caperucita Roja • El monstruo de colores, uno de los libros infantiles recomendados en los últimos años • El Pollo Pepe • Peter Pan • Los Tres Cerditos. Ahora, se me podría preguntar: ¿Quién es el escritor de los cinco cuentos más bellos del mundo?, a lo que tendría que responder que los cinco cuentos cortos más bellos del mundo son de García Márquez. Otra pregunta podría ser: ¿cuáles son algunos cuentos españoles famosos?, respondiendo que: • “Garbancito” • “El lobo que cree que la luna es queso” • “El califa, el pastor y la felicidad” • “El sastre y la zarza” • “Las tres naranjitas” • “El príncipe durmiente” • “La princesa prisionera” ¿Qué significa el título del Libro? Este Libro se titula: Libro de mis Cuentos, pues recoge dos clásicos en esta materia. Aunque dos no es muchedumbre, sí es un sustantivo que se refiere a un plural. Un peluche (galicismo de peluche) es un juguete hecho de tela, que está relleno de algodón, habas u otros materiales, a menudo con forma de animal. Se utiliza en gran medida como tela para tapiz en la fabricación de muebles, pero también se utiliza para confeccionar ropa, para el mundo del vestir o en la sombrerería, aunque uno de los mayores usos de este tejido está en la producción de juguetes para los niños, existiendo una gran variedad de muñecos de peluche hechos usando este tipo de tejido, sobre todo imitando la forma de distintos tipos de animales, como por ejemplo el oso de peluche, entre otros ejemplos, pero también es uno de los principales materiales para la fabricación de los denominados como juguete de diseñador, un ejemplo muy conocido es el del oso de peluche, que es un múñeco de algodón, que representa a un oso. En otro sentido, un dragón es un animal mitológico, reptiliano, corpulento, con garras y alas, que aparece en la mitología de diversas culturas del mundo. Puede tener formas muy variadas, aunque los dragones europeos son típicamente grandes reptiles alados con fuego en la boca, y los dragones chinos son serpientes alargadas con patas y cuernos. Se le asocian con el mal y el poder, y a veces con la destrucción, pero también con la buena fortuna y la armonía en algunas culturas, como la china. ¿Cuál es el público principal al que va dirigido el Libro? Este Libro, El libro de mis Cuentos, puede considerarse un ejemplo de Literatura infantil, que es el conjunto de obras literarias destinadas a los niños. También se dedican a la lectura infantil obras de la tradición popular como los cuentos de hadas. Por lo común, en la literatura infantil los personajes son niños que viven aventuras maravillosas, en muchos casos, con seres sobrenaturales (hadas, ogros, dragones, brujas, duendes…). Describa en Libro en tres palabras: Un osito y un dragón. -------------------------------------------------------------------------------

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