NOVELA, La moda que yo conocí.
La moda que vistió mi esposa Aunque no soy un joven, desde luego no me considero un viejo. Mi historia es un tanto particular, pues, aunque mi exmujer y yo estrenamos la Ley de Divorcio de 1987, llevo cuarenta y dos años divorciado, naciendo de dicha unión civil nuestro hijo Javier que tiene 42 años de edad, lo cual no obedece a circunstancias ocasionales. Y, tras estos breves datos biográficos, acordándome de los años en que sobrevivió nuestro matrimonio, os confesaré que mi esposa se llamaba Adita (o Inmaculada), con la que compartí los años comprendidos entre 1976 y 1993. Insistiéndose de nuevo en lo ya dicho, en este breve, pero sustancial relato, hay que señalar que la moda que lució mi exmujer conoció el nacimiento del prêt-à-porter que venía de París. La que fue mi esposa tenía el cabello pelirrojo, y como es de presumir, era pecosa hasta la saciedad. Recordaba en muchos aspectos a Pipi Calzaslargas, personaje que interpretó la actriz sueca Inger Nilsson, que nació el 4 de mayo de 1959. Así, contextualizamos convenientemente las descripciones que haremos seguidamente. Adita no llevaba ningún moño, ni coleta, ni trenzas, por lo que su melena caía de manera lacia sobre sus hombros. Mi amigo Enrique, costurero y modisto, nos cuenta sobre el prê-à-porter (o “listo para llevar” en francés) que es la moda producida en serie con patrones estandarizados, disponible en diferentes tallas y a precios más accesibles que la alta costura. Se caracteriza por la fabricación industrial, patrones repetidos y la democratización del estilo, haciendo la moda más accesible para un público amplio. Las características clave del prê-à-porter son las siguientes: 1) Producción en serie: Las prendas se fabrican de forma industrial con patrones que se repiten. 2) Tallas estándar: Se confeccionan para distintas tallas, no a medida. 3) Disponibilidad inmediata: Las prendas están listas para ser compradas y usadas directamente. 4) Precios asequibles: Al ser producida en masa, suelen tener un coste menor que las de alta costura. 5) Enfoque en tendencias: Sigue las tendencias de la calle y las adapta para llegar a un público más amplio. El prêt-à-porter es lo opuesto a la alta costura (haute couture), que es la moda hecha a mano, a medida y en cantidades muy limitadas para un público exclusivo. El prêt-à-porter, en cambio, busca democratizar el acceso a la moda, haciendo que las prendas de diseñador sean accesibles a un público más general. El concepto se originó tras la Segunda Guerra Mundial, con el italiano Pierre Cardin como uno de sus impulsores, al idear un sistema para producir prendas en masa. Esto permitió a marcas de alta costura, como Chanel o Gucci, ampliar su mercado y ofrecer diseños de calidad a un público más amplio. Yo le pregunto a Enrique: - ¿Qué marcas son prêt-à-porter? El modisto me indicará que: - Marcas reconocidas como Chanel, Dior o Prada cuentan con líneas prêt-à-porter, que mantienen el estilo distintivo de la casa, pero con una producción más amplia y precios más accesibles. El prêt-à-porter es el punto de encuentro entre la creatividad de la moda de autor y la practicidad del uso diario. Tras lo cual, le plantearé otra pregunta: - ¿Qué es la pret? Enrique satisfecho de lo que ha llegado a ser, dirá que: - La iniciativa PRET promueve una estrategia unificada para la preparación ante futuras pandemias mediante la categorización de los patógenos en función de su modo de transmisión (por ejemplo, respiratorio, transmitido por vectores, transmitido por alimentos) y anima a los Estados miembros a utilizar los sistemas ... Pero antes de avivar muchos recuerdos, del traje, que constituye un atuendo formal, diremos algunas cosas. El traje (del verbo latino: tragere y este del latino clásico trahere, cuyo significado es “traer”) es un atuendo que consta de chaqueta y pantalón o falda, los cuales han sido cortados de la misma tela, ya sea para mujer o varón, variando el aspecto del traje según el género de que se trate. También se tipifica como traje al vestido típico de una región o país. Asimismo se le llama traje al vestido femenino corto de una sola pieza -en cambio el femenino traje de chaqueta es el de corte recto basado en una chaqueta y una falda o un pantalón que hagan juego con la chaqueta femenina; este traje femenino suele ser llamado con el galicismo tailleur, es decir, traje sastre. Muchas veces, especialmente durante el siglo XX, la palabra “traje” refiere al traje masculino que consta de chaqueta, pantalón y, a veces, chaleco, confeccionados con la misma tela; de este modo se suele llamar traje a la vestimenta masculina para actos solemnes o de “etiqueta”, que consta de frac o chaqué. Nuevamente, Enrique nos llamará la atención sobre el frac, del que dirá que: - Un frac es un traje masculino de máxima etiqueta, considerado el atuendo más formal para eventos nocturnos de gala, como cenas de estado y bailes de etiqueta. Se caracteriza por una chaqueta negra corta por delante y con dos faldones largos por detrás, que se combina con un chaleco y pajarita blancos, camisa blanca y pantalones negros con galón lateral. Por otra parte, el traje de ceremonia o de gala es también el uniforme de gala típico de un alto cargo o dignidad (por ejemplo, el ya en desuso traje de embajador), mientras que se llama traje corto al que consta de una chaquetilla corta y pantalón de talle alto, muy usado por los bailaores flamencos -y en su variante conocida como traje de luces- por los toreros. El término traje se aplica también a otros atuendos particulares o equipos que se ponen sobre algunas partes del cuerpo o cubriéndolo por entero, como por ejemplo en los siguientes casos: traje español, traje de novio, traje espacial, etc. Digámoslo de esta manera. Así, centrándonos en el traje, queda dicho históricamente lo más destacado de la moda masculina, que en realidad no ha eclosionado hasta hace años más bien recientes. Dicho lo cual, pasaremos a centrarnos en la moda femenina de los arriba años indicados. No obstante, antes de adentrarnos en este terreno, conviene que anotemos lo que la Sociología nos dice de la moda. Según Margarita Riviere, el siglo XX ha producido una avalancha de análisis, desde todas las ramas del saber, sobre el fenómeno de la moda a medida que ésta adquiría un mayor protagonismo como instrumento de relación y mediación social tanto individual como colectivamente. Desde los clásicos como Teoría de la clase ociosa de Torstein Veblen (1899) o los diversos escritos de Simmel (1904) sobre cómo la moda se convierte en instrumento de aprobación e integración social, la sociología de la moda se enriqueció, durante la primera parte del siglo pasado, con aportaciones de la psicología social de J. C. Flugel, o de A. L. Kroeber. Se producen también importantes aportaciones historiográficas como la monumental obra de Max von Bohen (1928), que esclarecen los ritmos de los cambios de moda y su dinámica interna y social. La obligada pluridisciplinariedad del fenómeno moda produce, en la segunda mitad del siglo XX, notables contribuciones desde la semiología con R. Barthes, quien elabora un primer análisis comunicativo de los contenidos y los símbolos de la moda en su famosa Système de la mode (1967). En tanto que parte fundamental de la cultura de masas, destacan los trabajos de Gillo Dorfles (1968), Edgar Morín (1957), Guy Débord (1969), Jean Beaudrillard (1974), o Ugo Volli (1988), que sitúan la nueva complejidad del análisis del fenómeno/moda que adquiere una incidencia que sobrepasa los límites de la indumentaria. Como aportaciones sociológicas notables pueden citarse las de R. Köning en su Sociologie de la mode (1969), que aborda la moda como fenómeno masivo de determinante incidencia económica, y, desde un punto de vista más clásico, el trabajo de P. Bourdieu sobre La distinción (1979), que enlaza con otros análisis sobre las oscilaciones del gusto o la teoría de la sensibilidad y el estilo de vida. La falta de tradición española en el estudio de la moda desde cualquier punto de vista debe entenderse como reflejo del aislamiento intelectual predominante hasta muy recientemente y la colonización del gusto estético por modos y modas exteriores, tal y como concluye la citada Margarita Riviere. Y, una vez dejadas estas palabras, tomadas como preámbulo al núcleo de lo que seguirá, como hemos dicho entre los años 1976 y 1993 se ve el nacimiento del prêt-á-porter, expresión francesa que significa textualmente “Listo para llevar”. Se refiere a las prendas de moda producidas en serie con patrones que se repiten en función de la demanda; es por tanto la moda que se ve en la calle a diario. Aun así, hay también un prêt-á-porter de lujo producido por numerosas firmas de máximo prestigio, como Yves Saint Laurent y Chanel. Este término también es utilizado para designar prendas específicas, que están diseñadas y fabricadas bajo estándares de medida. A comparación de (Haute couture), se trata de la ropa hecha a medida por grandes modistas, y con bastante frecuencia, de diseño exclusivo. Actualmente, hay marcas de lujo que producen prêt-á-porter sin tener relación directa con la alta costura, como Louis Vuitton, Gucci o Fendi, que están especializados en artículos de lujo y piel. El término ready to wear y pret-a-porter es muy usado por las marcas de lujo que venden ropa dirigida a gente con alto poder adquisitivo. Ubicado en San Sebastián/Donostia, situado a 25’2 km de Getaria (en castellano Guetaria), sede del famoso Museo Cristóbal Balenciaga, que fue inaugurado el 7 de junio de 2011 en este pueblo pesquero de la Costa Vasca, conocido por el ratón de Getaria. Este pueblo marinero fue fundado por los romanos para capturar ballenas. Con los siglos se adentró en el mar hasta engullir la isla de san Antón. Y, ahora, podemos preguntarnos ¿quén fue Cristóbal Balenciaga? Cristóbal Balenciaga, hijo de un marinero y una costurera, nació en este bello pueblo pesquero, el 21 de enero de 1895y se convirtió en el modisto más influyente del siglo XX. Guetaria rinde homenaje a Cristóbal Balenciaga con el aludido Museo que muestra una de las colecciones más importantes de moda a nivel internacional. Poco importa que seas o no un gran apasionado de la moda, el museo concibe las piezas de Balenciaga como autenticas obras de arte. Y es que, tal y como el mismo aclaraba: “un buen modisto debe ser arquitecto para la forma, pintor para el color, músico para la armonía y filósofo para la medida”. Una vez dentro, el museo Cristóbal Balenciaga Museoa custodia la colección más relevante de creaciones del modisto a nivel internacional. Así, pues, el Museo Cristóbal Balenciaga se ha consagrado a estudiar y mantener vivo el recuerdo de este diseñador de moda. Pero regalaremos algunas palabras, que encarezcen el valor de este Museo. El museo Balenciaga es una institución pública que se ubica en un edificio nuevo anexo al Palacio Aldamar. Este palacio, situado en una colina que corona topográficamente Guetaria, fue la antigua residencia de los marqueses de Casa Torres, abuelos de la reina Fabiola de Bélgica y mentores de Balenciaga en sus primeros años de carrera. La definición formal final del edificio, fachada frontal y posterior, interiorismo y museografía son de AV62arquitectos. La fachada principal -un plano vertical limpio y oscuro, que se pliega para construir la puerta de acceso al Museo- tiene una clara voluntad de neutralidad para que el palacio conserve su preeminencia representativa. Si mis opiniones personales sirven para algo, os confesaré que el edificio es muy bonito, está bien cuidado y el montaje expositivo es moderno y está bien estudiado. Dicho lo cual, vamos a centrarnos ya en la persona de Cristóbal Balenciaga. Indudablemente, hay que hacer una visita guiada para empezar a apreciar cada pieza. Ahora diremos que Cristóbal Balenciaga Eizaguirre, más conocido simplemente como Balenciaga, fue un prestigioso diseñador de moda español, considerado uno de los creadores más importantes de la alta costura, que desempeñó su trabajo principalmente en la ciudad de París durante más de tres décadas. Falleció en Javea (España), el 23 de marzo de 1972, con 77 años. Anteriormente tuvo una formación de sastre y diversas marcas propias en España. Contemporáneo de Coco Chanel y Christian Dior, es el modisto de alta costura español más importante de la historia. El cierre de la casa de alta costura de Balenciaga en 1968 no supuso la desaparición de la “marca Balenciaga”. La marca estuvo inactiva hasta 1986, cuando Jacques Bogart S. A. adquirió los derechos de la marca a los herederos de Balenciaga. Aunque desligada de la figura de su creador, Balenciaga se ha mantenido activa en el mundo de la moda desde entonces hasta la actualidad. Comprende productos de alta costura, prêt-á-porter, perfumería, joyas y otros complementos. La empresa Balenciaga se ha mantenido activa principalmente en la gama de perfumería y accesorios. En la actualidad, los bolsos Balenciaga son unos de los más deseados por las fashion victims. No olvidemos que en el taller de Cristóbal Balenciaga se formaron muchos modistos, algunos de los cuales alcanzarían fama internacional y llegarían a tener firma propia. Entre estos se cuentan Paco Rabanne, André Courrèges, Emanuel Ungaro, Hubert de Givenchy u Óscar de la Renta. El Museo de Guetaria cuenta con unas 1200 piezas, aunque solo una parte se muestra simultáneamente. Las obras están expuestas sobre maniquíes invisibles. La Alta Costura (del francés Haute Couture) se refiere a la creación de prendas exclusivas a la medida del cliente. La “Alta costura” es moda hecha a medida, de forma artesanal -realizada manualmente, con escasa intervención de la máquina de coser- desde el principio hasta el final, con telas de alta calidad, caras e inusuales. Es cosida con extrema atención al detalle y acabada por los costureros con más experiencia y capacidad, los cuales suelen usar técnicas manuales que consumen mucho tiempo. Considerando la cantidad de tiempo, dinero, y habilidades que implica cada pieza completada, se dice que las prendas de alta costura “No tienen precio”. Dicho lo cual, le interpelo a Enrique de la siguiente manera: - ¿Qué diseñadores son alta costura? Respondiendo el maestro que: - Los diseñadores de moda más conocidos a nivel mundial: • Coco Chanel. • Christian Dior. • Valentino. • Gianni Versace. • Karl Lagerfeld. • Carolina Herrera. • Giorgio Armani. • Óscar de la Renta. Le planteo a Iñigo la siguiente cuestión: - ¿Qué se necesita para ser alta costura? Iñigo me dirá lo siguiente: - Contar con un taller que posea, como mínimo, 20 trabajadores técnicos a tiempo completo. En cada temporada, presentar una colección de cincuenta diseños como mínimo, todos originales y al público, que tengan prendas de día y de noche, en los meses de enero y julio de cada año. Surge en mi cabeza otra interrogación: - ¿Qué significa modelo de alta costura? Enrique dilatará la espera, pero al final responderá que: - El diseño de alta costura consiste en crear prendas hechas a medida para cada cliente, elaboradas de forma exclusiva y con técnicas artesanales. Además, se caracteriza por usar materiales exclusivos y caros. Yo me pongo muy nervioso y solicito: - En definitiva, ¿qué es la alta costura? Enrique que no sabe ya cómo expresarse, soltará que: - La alta costura se define como la creación y confección de piezas únicas bajo el prisma del lujo, la exclusividad y la artesanía. Por todo lo expuesto, queda demostrado el gusto exquisito que tiene la moda, confeccionada en Euskadi. En concreto, mi princesa estaba muy guapa con un vestido de estampados rojos sobre fondo blanco, colores muy cálidos, cuya confección distinguía dos partes, de la cintura hacia arriba y de la cintura hacia abajo. Este vestido, de la cintura hacia arriba, el torso, estaba bordado en nido de abeja. El bordado es un arte que consiste en la ornamentación de una superficie flexible, generalmente una tela, por medio de hebras textiles. Y, de la cintura hacia abajo, el vestido mostraba una trama volante, que le daba vida a la par que jugaba con el aire. Las fibras tradicionales para hacer la trama son lana, lino y algodón. Con el paso del tiempo se han incorporado las fibras artificiales y las fibras sintéticas. Debido a que la trama no está tirante y sujeta al telar, como lo está la urdimbre los hilos de la trama pueden ser menos resistentes en general; la tela tiene flexibilidad en este sentido y se dilata de forma que permite respirar o sentarse, sin que se desgarre la tela. En conjunto, al ser un vestido realzaba perfectamente la feminidad de quien lo vestía. Sin embargo, mi excostilla, buscando la comodidad y la funcionalidad, usaba también, numerosos pantalones, entre los cuales le favorecían especialmente los de massimo dutti, un pantalón bajo botones jogging fit. Recordaremos que Massimo Dutti es una empresa perteneciente al grupo Inditex. Se creó el año 1985 en Barcelona dedicada a la fabricación de ropa para hombre. En 1991 Inditex adquirió el 65% de las acciones de la empresa, para comprarla totalmente en el año 1995. Ahora la empresa ha diversificado su oferta y ofrece ropa para mujer, personal tailoring, niño, niña y perfumería, en este último caso en colaboración con la compañía española de moda y perfumes Puig. Recuerdo que Adita, como hemos indicado al principio, lucía asimismo algún vaquero. La costura es el método por el cual se unen dos o más telas al perforarlas y entrelazar un hilo a través de ellas, normalmente con ayuda de una aguja. También puede usarse para unir pieles, lona u otros materiales flexibles. Su empleo es casi universal entre las poblaciones humanas. La costura es un arte usada principalmente para producir ropa y artículos para la casa, tales como cortinas, ropa de cama, tapicería y mantelería. La mayoría de las costuras en el mundo industrial son hechas con máquinas de coser. Para confeccionar un pantalón vaquero, por ejemplo, son necesarias más de cinco máquinas de coser diferentes. Adita, la señalada Inmaculada, tenía como apellido paterno el “Martínez”, por lo que esa “M” inicial figuraría en muchos de sus trapos. Al respecto recuerdo que ella tenía esta “M” bordada en punto de cruz en una de sus blusas, haciéndose hincapié en que en el transcurso de la historia se conocen diversas clases de bordados, caracterizadas por el relieve que presentan, por la materia de que constan, o bien por el trazado de las figuras o las diferencias de puntos que se producen al bordar con la aguja. El bordado de punto de cruz consiste en formar cruces mediante los hilos contados de una tela. Cuenta con variantes. Es quizá uno de los puntos contados más conocidos y, además de ser muy fácil de trabajar, permite lograr resultados de gran belleza. Se puede realizar en sentido horizontal, vertical y diagonal. Para obtener un efecto uniforme es importante que los puntos oblicuos sigan siempre la misma dirección. Completa la labor el punto lineal, que perfila el bordado. El bordado a punto de cruz se realiza sobre cañamazo siempre que se deseen bordar tejidos que no permiten contar los hilos, como el terciopelo, el fieltro o el punto. Se trata de un tejido especial con la trama y la urdimbre bien visibles, que se hilvana sobre la tela que se piensa bordar. Luego se realiza el motivo a punto de cruz. Finalizado el bordado, se extraen por debajo de él los hilos verticales y horizontales que forman el cañamazo, de manera que el bordado quede sobre la tela. Por otra parte, recuerdo que la miss tuvo alguna trenca comprada en Zara, que es una cadena de moda española de Arteixo (La Coruña) perteneciente al grupo Inditex. Fue fundada por Amancio Ortega y Rosalía Meira. Es la cadena insignia del grupo textil Inditex y cuenta con más de 2.040 tiendas repartidas por todo el mundo. En 2018 tuvo unos ingresos de 18.900 millones de euros y en 2017 contaba con 12.589 empleados. Asimismo, ocultaba en su armario el típico abrigo llamado austríaco; el loden es un abrigo de tela impermeable, liviana y abrigada, creada en la Edad Media por monjes tiroleses para protegerse del frío y de la nieve. Luego el emperador Francisco José de Austria lo introdujo en la nobleza y hoy es utilizado en la costura tanto de hombre como de mujer. Para ir terminando, una gran selección de sombreros, diademas y gorros de mujer completaban su look, todos los cuales se encontraban por doquier, teniendo cada uno el disfrute de sus ventajas y funcionalidades. Piezas tropicales y llamativas con estampados florales que aportaban luz a su rostro, modelos a la última de aire bohochic como esas clásicas piezas atemporales de rafia, que no faltaban en su armario. Me fijaré en el Christine Isolde Algodón que es un gorro de invierno de punto de algodón transpirable. Formado por dos partes, gorrito y turbante para anudar alrededor de la cabeza. El diseño es elegante y exclusivo. ¡Ah! Se me olvidaban sus bolsos, los cuales iban desde la típica bandolera beige, que viene a ser un bolso formato shopper, de cuerpo rectangular con detalle de pespuntes, asas de mano, asa de hombro ajustable y extraíble, función bandolera, interior con bolsillo con cierre mediante cremallera, y cierre del bolso mediante otra cremallera. Por último, voy a referirme, aunque sea brevemente, a los demás complementos que usaba mi exmujer, destacando un huevecito de marfil, que sólo contaba con un canalito a su través, aunque totalmente desapercibido, por donde pasaba una fina cadenita, que mantenía sobre el pecho este pequeño huevecito de marfil. Pieza de eboraria, muy sentida por ella, con la que pretendía decirte “I love you”. Además, disfrutaba de algunos detalles de Agatha Ruiz de la Prada, nada importantes, pero sí llamativos por sus diseños y coloridos, que los hacían muy atractivos y sugerentes. ¡The end! La provincia de Gipuzkoa tiene en la localidad de Eibar El Corte Inglés, que es un grupo de distribución mundial con sede en España compuesto por empresas de distintos formatos, siendo el principal el de grandes almacenes, seguido por el de la ventana en internet. Asimismo, se trata de una empresa familiar, al concentrarse la mayor parte de sus acciones entre familiares del fallecido empresario Ramón Areces y César Rodríguez González y la fundación que lleva su nombre. Su sede actualmente se encuentra en Madrid. En el de Eibar pueden encontrarse productos textiles, complementos, cosmética, mobiliario, electrónica, alimentación, viajes y seguros. Recorrer sus departamentos en un día gris, días plomizos tan numerosos en el País Vasco, puede llevar más de una mañana y una tarde juntas. La historia de estos almacenes comenzaría así: El Corte Inglés era una pequeña tienda en la calle Preciados, de Madrid, con esquina a las calles Carmen y Rompelanzas, dedicada a la sastrería y confección para niños que había sido fundada en 1890 y que gozaba de cierto prestigio. Etc., etc., etc. HISTORIA DE LA MODA EN EL VESTIR El mundo antiguo Si bien las fuentes de las que podemos servirnos para conocer la indumentaria propia de las civilizaciones antiguas (bajorrelieves en cerámica, frescos en los muros, figurillas...) nos muestran, en general, representaciones muy estilizadas e idealizadas de los vestidos utilizados, sí nos sirven para hacernos una idea de los usos indumentarios de cada pueblo. El vestido más simple que pueda imaginarse es una pieza de tela rectangular enrollada alrededor de la cintura a modo de falda. Más tarde se añadió otra pieza de tejido para llevar sobre los hombros que se sujetaba con una fíbula. Ésta fue la vestimenta de egipcios, asirios, griegos y romanos. De hecho, este tipo de vestimenta parece haber sido para los antiguos el emblema de la civilización, mientras que los vestidos cosidos a base de tiras de cuero o de otros materiales se les antojaban bárbaros. Los romanos llegaron incluso a condenar a muerte a aquéllos que los adoptaban. Muy pronto los asirios comenzaron a utilizar túnicas provistas de mangas y, probablemente por influencia de las tribus de las montañas, adoptaron el uso de botas. Una ley asiria de 1200 a. de Cristo obligaba a las mujeres casadas a llevar velo en público, lo que sería el primer testimonio de una costumbre recurrente en nuestra civilización. La mayor innovación del vestido de los persas fue el pantalón, que llevaban incluso las mujeres. En Egipto se utilizó muy poco la lana, pues los egipcios consideraban impuras las fibras animales, y se prefirió el lino que, por ser fácilmente lavable, convenía mejor a una cultura tan exigente en materia de higiene como la egipcia. En cuanto a la Creta arcaica, parece que supo dotarse de un estilo propio en el vestir, con un sorprendente grado de lujo y refinamiento. Por los frescos descubiertos en las excavaciones, descubrimos que los cretenses adoraban los colores vivos (púrpuras, rojos, amarillos...), así como las joyas. El efecto es de tal originalidad y “elegancia” con respecto a otras culturas, que uno de los personajes representados en un fresco cretense es conocido como “La parisina”. Grecia y Roma Se ha supuesto durante mucho tiempo que los vestidos griegos eran blancos o del color natural de las fibras utilizadas. Este error proviene de los colores de las estatuas clásicas. Pero hallazgos recientes demuestran que los tejidos usados por los griegos estaban coloreados y ornados con diversos motivos. En general, la túnica griega se mantuvo sin modificaciones durante varios siglos, aunque coexistían diversas clases según el largo y la forma de sujetársela al cuerpo. Las más lujosas se confeccionaban en seda, pero las leyes suntuarias procuraban prohibir los vestidos demasiado ricos. Puede tomarse como ejemplo de que la moda y el lujo no son conceptos sinónimos el hecho de que una ateniense respetable no buscara rivalizar con las demás a base de extravagancias y ricos adornos en sus vestidos, sino más bien destacar por su austeridad y por el conservadurismo de sus atuendos. La civilización de Roma toma de los etruscos, anteriores pobladores de la península italiana, lo que iba a convertirse en su vestido tradicional: la toga. La versión romana se caracteriza, sin embargo, por ser más amplia. A lo largo de los siglos evoluciona desde una primitiva sencillez hasta los suntuosos hábitos bizantinos, bordados con toda clase de motivos y cada vez más influidos por los gustos orientales. La Europa feudal En la época en que las invasiones bárbaras amenazaban al Imperio Romano, los teutones se vestían con una túnica corta compuesta por dos piezas de cuero cosidas. Más tarde utilizarían la lana, y luego el lino. Bajo la túnica llevaban una especie de pantalones, emblema de la barbarie para los romanos. Para el combate, los merovingios elaboraban túnicas con tejidos más resistentes y las recubrían de escamas de cuero o metal. Ya del año 800, poseemos una descripción muy minuciosa del vestido llevado por Carlomagno para la ceremonia de su consagración como emperador, aunque debemos suponer que los atuendos habituales en su corte fueran mucho menos suntuosos. La vestimenta habitual parece haber sido de inspiración claramente bizantina, por su lujo y aparato. En general, los súbditos de Carlomagno gustaban de los bordados y del color rojo. Para la guerra, comienza a imponerse la cota de malla. Las cruzadas modificaron los vestidos en Europa occidental, aunque el contacto con Oriente seguía también las vías de Sicilia y España. Este contacto se manifiesta no sólo en la importación de tejidos y tintes, sino también en la adquisición de nuevas técnicas que modificaron la manera de cortar y de confeccionar. El vestido femenino había ido evolucionando desde la primitiva túnica hacia formas más ajustadas que marcaban y moldeaban el busto. Las mangas,estrechas, se alargaban hasta casi cubrir la mano. Pero el concepto de moda data en realidad del siglo XIV, con la constitución de los gremios de sastres y el auge de una burguesía que puede permitirse el jugar a imitar el vestir de la nobleza. El lujo será, a partir de ahora, el factor predominante, y se convertirá casi en sinónimo de elegancia. Los vestidos de hombres y mujeres se componen de superposiciones de elementos (camisas, faldas y sobrefaldas, sayas, hopalandas, jubones...). El cuerpo de las mujeres comienza a adquirir el aire encorsetado que lo caracterizará a lo largo de buena parte de su historia. Los tocados, originados a partir de una simple toca que encuadraba el rostro y a veces cubría parte del cuello y del escote, adoptarán, ya en el XV, las llamativas formas de cuernos, de corazón o de mariposa. Estos tocados se apoyaban en estructuras metálicas para elevarse hasta alturas que los moralistas se apresuraron a criticar. También el calzado de los hombres mereció la desaprobación de las autoridades civiles y eclesiásticas cuando las polainas comenzaron a hacerse puntiagudas y cada vez más largas, de modo que no hubo otro remedio que regular la longitud y limitarla según el rango de la persona que las vistiera. En fin, al final de la era gótica, bajo la influencia de la rica corte de Borgoña, cada individuo parece regirse por el único deseo de rivalizar en elegancia con sus iguales. El Renacimiento Las modas de la Europa gótica no habían llegado nunca a franquear plenamente los Alpes, así que en el siglo XV, el vestido en Italia había tomado una vía absolutamente original. La silueta es allí pomposa y amplia, debido en parte al volumen de las mangas, tan diferentes de las estrechas y abotonadas de los países del norte. Con la invasión de Italia por parte de Carlos VIII, Francia adoptó la moda de las ricas ciudades italianas. Del alargamiento medieval de la figura se pasa a la amplitud renacentista en toda Europa. Es característica de esta época la moda de los “acuchillados” en mangas y jubones. Las mujeres visten sus cada vez más pesados vestidos sobre los “verdugos” (faldas interiores de tela muy gruesa que se usaban para ahuecar la falda exterior). Los corsés se rellenan y se arman con ballenas. Para los hombres, los jubones se hacen cada vez más voluminosos a base de rellenos, acuchillados y superposiciones de telas, mientras que la virilidad se convierte, más que nunca, en el ideal estético que debe ser puesto en evidencia. Es la época de la que datan los retratos de Enrique VIII de Inglaterra pintados por Holbein y su escuela, o el de Francisco I de Francia, atribuido a François Clouet. Pronto comenzarán a hacerse evidentes las influencias españolas por encima de las italianas, francesas o alemanas. La sobriedad del negro se impone a los tonos carmesíes o verdes que hasta entonces habían hecho furor. La figura de hombres y mujeres se hace más rígida. La influencia española persistió a principios del XVII, pero los vestidos y accesorios perdieron progresivamente mucha de su sofisticación, con lo que se volvió a líneas más naturales y se fueron abandonando la incómoda gorguera y el verdugo. Curiosamente, sólo persisten las austeras influencias de la corte hispana de los Habsburgo en la Holanda protestante, que tanto había luchado por deshacerse del yugo español, así como en el radio de acción de la influencia puritana. De la corte de Luis XIV a la Revolución Francesa La corte francesa del Rey Sol será el paraíso para la extravagancia del vestir masculino. El atuendo femenino, si bien no podía rivalizar en lo pintoresco con el del hombre, había ganado sin embargo en frivolidad, y esto no sólo en Francia, sino también en Inglaterra y en toda Europa. Se impone el talle fino, y el corsé vive su esplendor. Destacan los peinados cada vez más altos, que no gozan del favor del rey ni de los moralistas. Con el tiempo, las pelucas empolvadas se popularizan y el gremio de los peluqueros conoce en Francia, y consecuentemente en toda Europa, un florecimiento que nunca volvería a tener. Como resultado del prestigio de la corte versallesca, la idea de vestir bien se convertirá en sinónimo de vestir a la francesa. Éste es, por otra parte, el momento en que, con el paso a la historia del combate cuerpo a cuerpo, el vestido militar se hace uniforme y así los ejércitos comenzarán vistiendo de azul o rojo para distinguirse de las armadas enemigas (Nótese lo alejada que queda esta idea de nuestros actuales uniformes de camuflaje, diseñados más bien para pasar desapercibidos ante el enemigo). A la muerte de Luis XIV, en 1715, vuelve a manifestarse una tendencia a la sencillez. El uso de la peluca empolvada decae y el vestido femenino se hace más fluido. Son las mujeres que pinta Watteau. Hacia 1760, comienza a dejarse sentir en la Francia rococó la incipiente influencia de la estética de la pequeña aristocracia terrateniente británica, en un momento en que los gustos se inclinan hacia lo confortable y hogareño, ideas que simboliza este grupo social. Del inglés riding-coat (especie de levita para montar a caballo) deriva el “redingote” francés, que se exportará inmediatamente a toda Europa. Esta influencia británica llegará a su máxima expresión con la abolición en Francia de unos privilegios aristocráticos considerados como propios del Antiguo Régimen. Durante la época del Terror, más valía no hacer alarde de ninguna coquetería ni señal de lujo en la Francia sometida al poder de Robespierre, bajo riesgo de acabar en la guillotina. Del siglo XIX a los años veinte Nunca hasta entonces las mujeres habían mostrado su cuerpo tan al descubierto como a principios del XIX. Los vestidos, confeccionados en tejidos ligeros y de líneas tan fluidas como camisones de noche, llaman la atención por sus grandes escotes, que se usan incluso durante el día, velados en ocasiones por leves muselinas. El talle sube hasta colocarse por debajo del pecho. Para defenderse del frío se extiende el uso del chal. Los británicos los importan de Cachemira, pero también desarrollan sus propias manufacturas en Paisley. La inspiración procede de Oriente, de la Antigüedad clásica, de Egipto, e incluso, con la invasión napoleónica de la Península Ibérica, se extiende por Francia y por Europa el gusto por lo español. Para la moda masculina, la influencia sigue viniendo de Inglaterra, donde triunfa la elegancia del dandy, figura encarnada por George Brummell. La noción de “buen corte” para los trajes masculinos comienza a tener sentido en este momento en que nace el traje de tres piezas. Tras el dandysmo, la figura dominante será la del rico burgués respetable, con su esposa ociosa y de virtud ejemplar. De pronto el talle del vestido femenino baja hasta la cintura y de nuevo aparece el corsé junto con la idea del “talle de avispa”. Poco a poco el romanticismo impondrá una apariencia poco saludable, que se manifiesta sobre todo en el gusto por la palidez. La apariencia de buena salud resulta casi vulgar. El vestido femenino va siendo afectado de nuevo por la idea de la decencia. La segunda mitad del siglo es la del debate entre las pretensiones morales de una burguesía triunfante y el sueño del ideal estético romántico. El centro de interés se encuentra sin duda en la Inglaterra victoriana. En Francia inicia su carrera el modisto de origen inglés Charles Fréderic Worth. Pero a medida que se va pasando de las voluminosas faldas y los corsés salvajemente apretados, a formas más austeras que permiten a las mujeres una vida más activa y mayor comodidad, también el vestido masculino se ha ido estilizando y han surgido ya los antecedentes inmediatos de nuestro pantalón. Con el cambio de siglo las barreras entre la corte y la rica burguesía desaparecen. Como la lucha contra el corsé, considerado insano, se hace cada día más abierta, se inventan nuevas formas que hacen resaltar el busto de las mujeres sin comprimir su abdomen, con lo que los contornos femeninos considerados ideales se asemejan a la forma de una “S”. Triunfan el satén, los encajes y la muselina de seda, preferiblemente en tonos claros y pastel. Surge entonces el traje de dos piezas para la mujer, muy práctico para llevar al campo o de viaje. Pocas fueron ya las modificaciones hasta la Primera Guerra mundial, pero tras ésta se impondrá la silueta andrógina para las mujeres. Los bustos planos pasan a estar de moda y las faldas se harán cada vez más cortas a medida que los talles bajan hasta las caderas. En 1925, por primera vez y con gran escándalo, la falda descubre la rodilla. De los años veinte a la actualidad Ha nacido el nuevo tipo de mujer joven y deportista que se corta el pelo “a lo garçon” y comienza a usar maquillaje. En París, Coco Chanel es la primera en comprender el espíritu de la mujer moderna e inventa para ella vestidos simples y jerseys de punto, todo esto con un impresionante éxito comercial. Pero los locos y optimistas años veinte vuelven a dejar paso a la cordura a medida que las perspectivas económicas se ensombrecen. Las piernas de las mujeres vuelven a cubrirse. En los años treinta las estrellas de cine marcan las directrices de la belleza y Greta Garbo personifica el ideal estético. Poco a poco se van desarrollando los materiales sintéticos, y esto hace que incluso las mujeres trabajadoras puedan empezar a permitirse combinaciones y medias de seda artificial. La Segunda Guerra mundial estalla en 1939 y París cae ante los alemanes en 1940. A pesar de las restricciones de material, tanto en Inglaterra como en Francia se intenta mantener cierto nivel de calidad y modernidad en el corte de los vestidos. La línea general de la silueta evoca la de los uniformes militares, con trajes de chaqueta sencillos y abotonados, de espaldas muy estructuradas. La figura de la mujer se masculiniza. Pero en 1947, tras el fin de la guerra, Dior lanza el New Look, con talles finos y faldas amplias que devuelven a la silueta de las mujeres su antigua femineidad. También el vestido masculino se permite nuevas libertades cuando los jóvenes que vuelven de la guerra comienzan a preferir chaquetas y pantalones informales antes que los trajes de colores oscuros, cuyo uso queda relegado a las horas de trabajo en oficinas y a las ocasiones formales. En los Estados Unidos comienza a nacer un mercado de ropa pensada específicamente para la juventud en el que la estrella son los jeans o pantalones vaqueros. En los años sesenta se impone la minifalda, creada por Mary Quant. Es la época en que los diseñadores (Saint-Laurent, Courrèges, Capucci, Chanel, Dior, Oscar de La Renta...) defienden y hacen convivir todo tipo de tendencias, desde las más clásicas a las geométricas, psicodélicas, retro, e incluso de inspiración espacial. Las fibras sintéticas se imponen por su precio más reducido, por su versatilidad y por la facilidad de su mantenimiento. Los setenta son la época del movimiento hippie, que imprime con sus flores, símbolo de paz y amor, camisas, faldas y pantalones “de pata de elefante”. Las caderas se convierten en la zona erótica por excelencia, convenientemente resaltadas por jeans o pantalones vaqueros, que serán, desde entonces hasta nuestros días, asumidos como prenda emblemática por la juventud de todas las clases sociales. Las camisetas de algodón se generalizan. Las “tribus urbanas” han comenzado a surgir y a hacer de su aspecto y del tipo de vestidos que utilizan una marca de identidad. En los ochenta, el fenómeno punk comienza a surgir en las calles de Londres y Marianne Westwood lo lleva a las pasarelas, para comenzar a mezclarlo muy pronto con el look de los “nuevos románticos”. En la calle conviven toda clase de tendencias, prendas y materiales, mientras que los “creadores” proponen en las pasarelas una moda que resulta a menudo absolutamente disociada con la que se ve en las tiendas. En cualquier caso, nuestra capacidad de sorpresa ante la ebullición de novedades en el vestir que se desborda cada temporada parece no conocer ya límites. No cabe más que asumir la velocidad de unos cambios que se han ido produciendo en progresión geométrica desde los comienzos de la industria textil y que, hoy en día, han dado como resultado una especie de caos en el que conviven toda clase de tendencias, pero que resulta, por otra parte, sumamente armonioso. La moda El término “moda” posee dos acepciones principales desde el punto de vista social: 1) uso pasajero que condiciona las costumbres y tendencias en cualquier aspecto; 2) directrices que señalan el gusto del momento en el vestido y el aderezo personal. En lo referente al atuendo y al uso que los diferentes pueblos han hecho del vestido a lo largo de su historia, podemos considerar el concepto de moda como un eje de coordenadas compuesto por tres brazos: • En el primero de ellos estaría representada la disponibilidad de medios materiales y la variedad de técnicas con que se cuenta en cada momento para servirse de éstos. • En el segundo, las necesidades básicas de los hombres que vayan a llevar el vestido, siempre relacionadas con las condiciones climáticas y medioambientales del lugar donde vaya a usarse y teniendo en cuenta la actividad a la que cada atuendo esté destinado. No será, pues, lo mismo, una indumentaria de trabajo, que otra destinada a la guerra o la que debe vestirse en un baile de corte. Tampoco han sido muchas las épocas en que la vestimenta de hombres y mujeres ha coincidido, ni siquiera en los detalles, pues los papeles de cada sexo han estado, generalmente, muy diferenciados a lo largo de la historia. • El tercer brazo del eje es el de la cultura y en él representaríamos el ideal estético de esa sociedad, la noción que en ella se tiene de lo que es un cuerpo hermoso, y la inevitable y siempre presente tendencia a realzar el atractivo erótico por medio de los detalles de la indumentaria. Es también en este tercer brazo donde inscribiríamos los condicionantes morales que en cada momento afectan al vestido y a la apariencia física y que, desde luego, no tienen por qué ser siempre religiosos. En este último eje podríamos así representar la importancia que las normas civiles (leyes suntuarias) han tenido a lo largo de la historia de Occidente para regular detalles muy concretos del vestir, o también los niveles de permisividad de una sociedad en cuanto a las partes del cuerpo humano que se considera aceptable mostrar o realzar. En la evolución del gusto por el vestir se observa como una constante la pretensión de cultivar la diferencia con respecto al vulgo por parte de aquéllos miembros más destacados de una sociedad. Éstos no tienen por qué ser necesariamente los más respetados, ni siquiera los más poderosos, sino tan sólo los más brillantes según el sistema de valores de cada momento (los nobles en la Francia de Luis XIV, los cantantes pop hoy en día, o sencillamente los individuos más seguros de sus posibilidades y menos preocupados por la opinión que las novedades o extravagancias de su atuendo puedan provocar en los demás). Por su parte, la masa, ese vulgo del que intentaron diferenciarse, experimenta la tendencia opuesta a la de aquéllos, procurando imitar a todo el que en un momento determinado pueda considerarse destacado y digno de alguna clase de admiración. En los dorados y locos años 20, se impone el estilo flapper, por el cual se acortan las faldas, no se utiliza el corsé, el cabello se lleva corto y se escucha y se baila jazz. Las mujeres demandan ropas cómodas y sueltas, que no resaltaran las curvas y se lleva zapato semi plano. El estilo transgresor que surgió en las mujeres jóvenes durante principios del siglo XX supuso un antes y un después en la historia de la moda que nos ha perseguido hasta ahora. En la década de 1930, la moda es influida por el cine. Los dobladillos se llevan por encima del tobillo. Se empieza, a utilizar los pantalones. Se llevan los colores oscuros. Las mujeres se incorporan a los negocios; los hombres están en la guerra. En la década de 1940, se imponen los ‘Stilettos’. Por definición un ‘stletto’ es un zapato de tacón elegante. Unos tacones altos sin duda son la mejor forma de enaltecer determinados estilismos. Se impone el estilo militar: dobladillos por debajo de las rodillas. Se lleva mucho colorido y mucha tela. En la década del 50, se siente la influencia de la alta costura. La moda es muy femenina. En la década de 1960. Se incorpora la mini falda. Se usa ropa colorida, pantalones acampanados y telas de algodón. En la década de 1970, tienen lugar movientos antisistema, la forna de vida hippie y la incorporación de los minishorts. La silueta es marcada. Se utilizan plataformas en el calzado. Se usan telas sintéticas (de lycra), con colores estampados. En la década de los 80, aparece un estilo andrógino: que impone hombreras, lentejuelas… Se juega con la ambigüedad. La moda andrógina es un estilo de moda que desafía las normas tradicionales de género. Mezcla elementos y características asociados tanto con la moda masculina como con la femenina. El término «andrógino» se refiere a la combinación de características tanto masculinas como femeninas en una sola entidad. En la década de 1990, aparece la moda casual, que determina un look descuidado y desarreglado. Entra en escena el estio grunge. La moda casual es un término global que se utiliza para describir una imagen informal y desenfadada, donde la funcionalidad y la comodidad marcan la norma. Dentro de este estilo informal existen algunos subestilos que ayudan a marcar diferentes niveles de etiqueta. El estilo grunge es un tipo de moda y cultura que se originó en los años 90, especialmente en la escena musical de Seattle. Se caracteriza por su apariencia desaliñada y relajada, con prendas desgastadas y rotas, una mezcla de patrones y colores y un enfoque en la comodidad y la autenticidad. El estilo grunge es una reacción contra la cultura consumista y comercial, y se enfoca en la expresión personal y la no conformidad. En la década del 2000, se impone el ‘Fast Fashion’ (o moda rápida), con tiendas como HyM, Zara, etc. La moda pronta o moda rápida (fast fashion) es un término contemporáneo utilizado por cadenas de moda para referirse a diseños que salen rápidamente de la pasarela para capturar tendencias de moda actuales. Una segunda definición crítica, añade que la moda rápida no solo hace que se pase rápidamente de la pasarela a la tienda y al consumidor, sino también a la basura. Por otro lado, la moda era los minitop y los pantalones de tiro bajo. Se caracterizaba por la comodidad como los chándales de terciopelo. Y, finalmente, los años 2010-2020: En esta época ha habido muchos cambios: desde colores neón, estampados animal, ropa ‘overside’, botas por encima de las rodillas hasta pantalones pitillo. Nombres propios de la moda del siglo XX Coco Chanel “Gabriel Bonheur” (Saumur, Francia, 1883-París, 1971) modista francesa que revolucionó la moda y el mundo de la alta costura de los años de entreguerras. Rompiendo con la acartonada elegancia de la Belle Époque, su línea informal y cómoda liberó el cuerpo femenino de corsés y de aparatosos adornos y expresó las aspiraciones de libertad e igualdad de la mujer del siglo XX. Convertida desde los años 20 en la gran dama de la moda francesa, su influencia se extendería después en prácticamente todos los ámbitos, desde el corte de pelo hasta los perfumes, pasando por los zapatos y complementos. En cierto sentido, ella misma fue la principal modelo de su firma: delgada, con poco pecho y el pelo corto, con ropa ancha y cómoda, Chanel se convirtió en el prototipo de garçonne, en un símbolo de la mujer moderna, activa y liberada. Y la imagen de la misma Chanel fue admirada e imitada por millones de mujeres. Cuando el 28 de junio de 1914 estalló la Primera Guerra Mundial, Coco se dio cuenta que los nuevos tiempos exigían un estilo mucho más deportivo y funcional, adaptado a las nuevas circunstancias. Lo primero que hizo fue suprimir el corsé del traje femenino para dar mayor libertad de movimientos a las mujeres. Dos años más tarde introdujo el punto en sus colecciones, un tejido que nadie había utilizado hasta entonces para la alta costura pero que encantó a sus clientes. Con punto confeccionó el jersey, una prenda casi masculina, que fue seguida de la charming chemise dress, un vestido-camisa sin cintura ni adornos que realzaba el busto femenino, sobre el que se imponía llevar perlas. Sus innovaciones fueron aún más lejos: no sólo se atrevió a acortar la longitud de las faldas y a descubrir el tobillo femenino, sino que forzó las mujeres a cortarse el pelo cuando una noche apareció en la Ópera con el cabello corto. Acababa de crear el estilo garçon, que marcó el final de una época. Tuvo la audacia de exponerse al sol cuando el broceado se consideraba sinónimo de plebeyez, y también de imponer su extrema delgadez (fruto, por otra parte, de las privaciones que le imponía la guerra) a todas sus clientes. En este innovador estilo realizó faldas plisadas de estilo marinero, trajes de talle bajo, pijamas playeros, impermeables e, incluso, ¡pantalones femeninos! Fue ella quien lanzó el impermeable, los trajes de tweed escocés con bisutería llamativa, el zapato de punta redonda y, por supuesto, el célebre bolso con cadenitas doradas que se llevaba en bandolera. Creó también el célebre traje negro (la petite robe noire) que, en diversos modelos, ha sido desde entonces portada de todas las revistas de modas. Y no cabe olvidar el conjunto que lanzó en 1925 y que se convertiría en la estrella de la firma: un traje con falda y chaqueta a juego, de manga larga, sin cuello y ribeteado. Christian Dior Chistian Dior (Granville, Francia, 1905-Montecatini Terme, Italia, 1957) fue un influyente diseñador de moda francés, fundador de la firma de moda que lleva su nombre, Dior, una de las mejores marcas de artículos de lujo más representativas del último siglo. Dior es especialmente conocido como el "padre de la moda" (sobrenombre dado por una periodista americana a la colección de 1946). Este estilo de costura para mujer propone hombros torneados, cintura estrecha, falda amplia en forma de corola a veinte centímetros del suelo. Para la colección de 1947, el diseñador creó la «chaqueta bar» (Bar Jacket, en inglés), con cintura ceñida que enfatiza las curvas del busto y las caderas.Representa la elegancia clásica y la vuelta a una imagen femenina, y supuso la recuperación del lujo y el exceso tras la depresión de la Segunda Guerra Mundial. Dior es especialmente conocido como el "padre de la moda" (sobrenombre dado por una periodista americana a la colección de 1946). Este estilo de costura para mujer propone hombros torneados, cintura estrecha, falda amplia en forma de corola a veinte centímetros del suelo. Para la colección de 1947, el diseñador creó la «chaqueta bar» (Bar Jacket, en inglés), con cintura ceñida que enfatiza las curvas del busto y las caderas. Representa la elegancia clásica y la vuelta a una imagen femenina, y supuso la recuperación del lujo y el exceso tras la depresión de la Segunda Guerra Mundial. Durante una entrevista de 1953, cuando le preguntaron ¿Cuál es la reina que más le ha gustado vestir? se atrevió a decir que La única reina que vestí fue Eva Perón. De hecho, llegó a tener tal afinidad con el glamour de la ex primera dama argentina, que poseía un maniquí con las medidas de Eva en su taller. Chistian Dior (Granville, Francia, 1905-Montecatini Terme, Italia, 1957) fue un influyente diseñador de moda francés, fundador de la firma de moda que lleva su nombre, Dior, una de las mejores marcas de artículos de lujo más representativas del último siglo. Dior es especialmente conocido como el "padre de la moda" (sobrenombre dado por una periodista americana a la colección de 1946). Este estilo de costura para mujer propone hombros torneados, cintura estrecha, falda amplia en forma de corola a veinte centímetros del suelo. Para la colección de 1947, el diseñador creó la «chaqueta bar» (Bar Jacket, en inglés), con cintura ceñida que enfatiza las curvas del busto y las caderas.Representa la elegancia clásica y la vuelta a una imagen femenina, y supuso la recuperación del lujo y el exceso tras la depresión de la Segunda Guerra Mundial. Dior es especialmente conocido como el "padre de la moda" (sobrenombre dado por una periodista americana a la colección de 1946). Este estilo de costura para mujer propone hombros torneados, cintura estrecha, falda amplia en forma de corola a veinte centímetros del suelo. Para la colección de 1947, el diseñador creó la «chaqueta bar» (Bar Jacket, en inglés), con cintura ceñida que enfatiza las curvas del busto y las caderas. Representa la elegancia clásica y la vuelta a una imagen femenina, y supuso la recuperación del lujo y el exceso tras la depresión de la Segunda Guerra Mundial. Durante una entrevista de 1953, cuando le preguntaron ¿Cuál es la reina que más le ha gustado vestir? se atrevió a decir que La única reina que vestí fue Eva Perón. De hecho, llegó a tener tal afinidad con el glamour de la ex primera dama argentina, que poseía un maniquí con las medidas de Eva en su taller. Manuel Pertegaz Manuel Pertegaz (Olba, Teruel, 1917-Barcelona, 2014) Modisto español. La fecha exacta del nacimiento de Manuel Pertegaz Ibáñez se desconoce. Sólo se sabe que nació en la ignota villa turolense de Olba, a unos sesenta kilómetros de la capital. Unos sitúan el año de su nacimiento en 1917, y otros, en 1918, en el seno de una humilde familia de campesinos. La década de los sesenta, tras recibir en 1958 la Medalla de Oro en una exposición en El Cairo, fue la de su gran eclosión: en 1960 asistió con sonado éxito, junto a Valentino y Pierre Cardin, a la primera Gala de la Moda Europea celebrada en México y, en 1964, a la Feria Universal de Nueva York, donde los críticos destacaron sus creaciones por su originalidad y por una línea que no copiaba a los otros modistos afamados de la época. No en vano era Pertegaz un precursor y un creador al que nunca le interesó seguir la corriente. Procuró siempre rebelarse y no caer en lo que él llamaba el «uniforme de la moda»: «Siempre he pensado que lo que hay que hacer es elaborar el modelo para el cuerpo y no que el cuerpo se adapte al modelo. La elegancia es algo que emana de la persona, pero quien se atavía con uno de mis vestidos, tiene mucho ganado». En 1965 apareció el primero de sus tres perfumes, Diagonal, el primero también firmado por un modisto español de proyección internacional. En esos años inauguró cinco boutiques en España, y tras recibir en 1968 la Medalla de Oro de la Ciudad de Nueva Orleans, al año siguiente trasladó de nuevo sus talleres de Madrid, esta vez a un palacete en el Viso, porque los anteriores se habían quedado pequeños, pues entre Barcelona y Madrid contaba ya con 700 expertos empleados. Como colofón al fin de la década presentó sus creaciones en solitario en Nueva York, y en España fue nombrado Comendador de la Real Orden de Isabel la Católica. En 1970 se impuso el prêt-à-porter, al que Pertegaz se adaptó fácilmente, sin desdeñar la alta costura. Diseñó entonces su primera colección de boutique, que presentó en la Gala de España, con Joan Crawford como invitada de honor. Aquel año fue nombrado «Importante» de la Ciudad de Barcelona. En 1972 participó en la Semana de la Moda de Munich y en la Interchic de Berlín, donde se le concedió la Medalla de Oro de la ciudad. Yves Saint Laurent La marca Yves Saint Laurent se fraguó en 1961, tras el paso del modisto francés que le dio su nombre por la dirección creativa de Christian Dior . Y lo hizo con el firme propósito de acercar la moda a la calle y a la juventud . En 2002, Saint Laurent se despidió de la moda . En los cuarenta años que el diseñador estuvo al frente de su marca, dotó a la indumentaria femenina de vida, líneas rectas y elegancia, sacó la moda a la calle, y entronizó y refinó prendas históricas como el chaquetón, el esmoquin , la túnica , el blusón marinero, el trench o la sahariana. Gran coleccionista de arte, Yves Saint Laurent tuvo el honor de protagonizar la primera exposición retrospectiva a un modisto vivo en el Met de Nueva York . Sin embargo, su vínculo con el arte y la cultura no acabó ahí. En 1965 presentó los vestidos Mondrian, una prenda diurna y de lana que evocaba la obra del pintor neerlandés; al año siguiente las prendas basadas en el Pop Art ; creo el vestuario para un sinfín de películas y otras tantas obras de teatro, e hizo referencia, en casi todas sus colecciones, a grandes nombres de la cultura europea. El 65 fue también el año en que abrió su primera tienda de prêt-à-porter bajo la etiqueta de Saint Laurent Rive Gauche, una línea que se desarrolló marcada por la liberación sexual y las revueltas estudiantiles, y en la que confluían referencias a los Beatles , Kennedy , Warhol y a otras revoluciones de la época sin las que no se podría entender el estilo Saint Laurent pero sin el que, probablemente, todas ellas no habrían sido lo mismo. En el 71 consolidó el blazer y el traje de chaqueta a rayas en una colección que marcó un antes y un después. También lo hicieron la colección basada en China, la inspirada en África, la que lo hacía en Picasso , en Matisse , en el cubismo , etc. Con todo ello, Yves Saint Laurent dominó los sesenta y los setenta , y dedicó los ochenta a confirmar y depurar su estilo basado, principalmente, en la intención de dotar a la mujer de libertad , equiparando su vestimenta a la de los hombres. Tras la retirada de Saint Laurent, el grupo PPR - ahora Kering - se hizo con el control de la maison, se clausuró la línea de Alta Costura y el prêt-à-porter quedó en manos de Tom Ford , primero, y luego de Stefano Pilati hasta 2012, año en el que Hedi Slimane –responsable de la línea de hombre de YSL cuando Saint Laurent y Bergé aún tenían poder de decisión– tomo las riendas de la colección femenina inaugurando una nueva –y polémica– era en la que se cayó el Yves y la marca pasó a llamarse únicamente Saint Laurent . La marca Yves Saint Laurent se fraguó en 1961, tras el paso del modisto francés que le dio su nombre por la dirección creativa de Christian Dior . Y lo hizo con el firme propósito de acercar la moda a la calle y a la juventud . En 2002, Saint Laurent se despidió de la moda . En los cuarenta años que el diseñador estuvo al frente de su marca, dotó a la indumentaria femenina de vida, líneas rectas y elegancia, sacó la moda a la calle, y entronizó y refinó prendas históricas como el chaquetón, el esmoquin , la túnica , el blusón marinero, el trench o la sahariana . Gran coleccionista de arte, Yves Saint Laurent tuvo el honor de protagonizar la primera exposición retrospectiva a un modisto vivo en el Met de Nueva York . Sin embargo, su vínculo con el arte y la cultura no acabó ahí. En 1965 presentó los vestidos Mondrian , una prenda diurna y de lana que evocaba la obra del pintor neerlandés; al año siguiente las prendas basadas en el Pop Art ; creo el vestuario para un sinfín de películas y otras tantas obras de teatro, e hizo referencia, en casi todas sus colecciones, a grandes nombres de la cultura europea. El 65 fue también el año en que abrió su primera tienda de prêt-à-porter bajo la etiqueta de Saint Laurent Rive Gauche, una línea que se desarrolló marcada por la liberación sexual y las revueltas estudiantiles, y en la que confluían referencias a los Beatles , Kennedy , Warhol y a otras revoluciones de la época sin las que no se podría entender el estilo Saint Laurent pero sin el que, probablemente, todas ellas no habrían sido lo mismo. En el 71 consolidó el blazer y el traje de chaqueta a rayas en una colección que marcó un antes y un después. También lo hicieron la colección basada en China, la inspirada en África, la que lo hacía en Picasso , en Matisse , en el cubismo , etc. Con todo ello, Yves Saint Laurent dominó los sesenta y los setenta , y dedicó los ochenta a confirmar y depurar su estilo basado, principalmente, en la intención de dotar a la mujer de libertad , equiparando su vestimenta a la de los hombres. Tras la retirada de Saint Laurent, el grupo PPR - ahora Kering - se hizo con el control de la maison, se clausuró la línea de Alta Costura y el prêt-à-porter quedó en manos de Tom Ford , primero, y luego de Stefano Pilati hasta 2012, año en el que Hedi Slimane –responsable de la línea de hombre de YSL cuando Saint Laurent y Bergé aún tenían poder de decisión– tomo las riendas de la colección femenina inaugurando una nueva –y polémica– era en la que se cayó el Yves y la marca pasó a llamarse únicamente Saint Laurent. Gianni Versace Modisto italiano, nacido en Reggio en 1946 y muerto en Miami (Estados Unidos) en 1997, cuyo verdadero nombre es Giovanni. Desde muy pequeño estuvo ligado al mundo de la confección, ya que su madre era modista. En el año 1978, y tras varios años de trabajo para la firma Griffe de colecciones femeninas, abrió su primera tienda en Milán. La estrategia utilizada por Versace para vender más y mejor fue la de pedir precios a todos los modistos y estilistas de Italia y colocar los suyos por encima. Era la única forma de adelantarse ante la competencia, como se sabe muy acusada en este país. En el año 1978 presentó su primera colección masculina. Tardó tiempo en abrirse camino con este tipo de moda, ya que el campo estaba muy conquistado, pero Versace siempre expresó su preferencia ante la confección masculina. Ha vestido a personajes muy conocidos del mundo del cine, la canción e incluso la realeza, como Carolina de Mónaco, la duquesa de Kent, Lauren Baccall, Carole Bouquet, Rupert Everett, Ángela Molina, etc... Ha recibido innumerables premios en el trascurso de su carrera. El "imperio" Versace posee 120 tiendas repartidas por todo el mundo y su facturación se situaba en los 890 millones de dólares. A su muerte, su hermana y su cuñado continúan con la labor que un día él inició. Calvin Klein Nació en 1942. Diseñador de moda norteamericano, nacido en Nueva York en 1942. Se graduó en el lnstituto de Moda y Tecnología de su ciudad natal en 1962 y, seis años más tarde, cuando consideró que había adquirido la experiencia necesaria, formó su propia empresa, Calvin Klein, Inc., de la cual es presidente y diseñador. Con un estilo muy personal en el que une simplicidad y sofisticación en las prendas más comunes, pronto se ganó el reconocimiento del público, que ha comprado de forma masiva desde vaqueros a ropa interior; también ha lanzado recientemente una línea de cosmética con su sello. Entre los numerosos premios que su labor le ha merecido se encuentra el Coty Award, concedido en 1973, 1974 y 1975, y el CFDA de 1993 por la colección de moda presentada ese mismo año en Milán. Giorgio Armani Diseñador de moda italiano, nacido el 11 de julio de 1934 en Piacenza. Hijo de Ugo Armani y María Raimondi, un matrimonio de la burguesía italiana, estudió primero en el Liceo de la ciudad y, años más tarde, se trasladó a Milán para ingresar en la Facultad de Medicina de esta Universidad. Abandonó la carrera tras cumplir el servicio militar y, en 1957, se puso a trabajar como escaparatista y encargado de compras de los grandes almacenes milaneses La Rinascente. Allí permaneció hasta 1964, año en que fue contratado por Nino Cerrutti, donde trabajó como diseñador para la línea de productos masculinos de esta prestigiosa firma italiana. Abandonó la casa Cerrutti, en 1970, para dedicarse a trabajar como diseñador independiente para distintas firmas italianas. Su idea genial fue trasladar a la mujer el corte de las americanas masculinas. A finales de 1975 e impulsado por su amigo y socio Sergio Galeotti, fundó su propia firma. Sergio se ocupó de todo el tema empresarial y comercial, mientras Giorgio se dedicó sólo al diseño y a las tareas creativas. Esto continuó así hasta 1985, año en que falleció su socio y amigo y Armani debió hacerse cargo de todo. Su volumen de facturación se sitúa por encima de los 100.000 millones de pesetas. Sus tiendas ascienden a dos mil, repartidas por todo el mundo, y cuenta con nueve líneas de ropa, entre las que se encuentran las de ropa interior, ropa de bebé o su clásica Emporio. Es, además, accionista mayoritario de varias empresas en Italia y dos en Japón. En 1991 abrió en el Soho de Nueva York una tienda con un nuevo estilo. Con decoración sencilla y bajo el epígrafe A/X -American Exchange-, presenta una línea de moda informal, con predominio de la ropa vaquera y juvenil y cuyas prendas -firmadas por él- nunca superan los cien dólares. En 1996 pactó un pena de nueve meses de cárcel -sin tener que ingresar- y una multa de 8 millones de pesetas con la justicia italiana por haber sobornado a la policía fiscal. Posee dos palacios en Milán y otros tres en Broni, Saint-Tropez y en la isla de Pantelería. Su fórmula fue siempre la misma: la depuración de las líneas, la recreación del color gris y el saber llegar a la esencia más profunda de la elegancia, renunciando a todo lo superfluo y ostentoso. La sobriedad y la elegancia son, han sido y siguen siendo su sello y el denominador común es la realización de sus diseños en tejidos aparentemente simples, pero extremadamente elaborados en cuanto a colores y materiales. Da importancia al tejido tanto como al diseño y la eficacia es el resultado de la imagen exquisita y sobria que ofrece. Siempre se ha mostrado partidario de hacer ropa que sirva para vivir, no para ser contemplada, y detesta todo ese teatro que se monta alrededor de una colección. Odia la moda como espectáculo y la ropa que sólo sirve para lucir exclusivamente en la pasarela. También rechaza a las modelos estrella y a los diseñadores con más tirón del momento. La integración de motivos y temas de la ropa deportiva en la sastrería tradicional, que protagonizó el diseñador milanés en la moda masculina, se ha comparado a la revolución que Coco Chanel significó en la moda femenina con el jersey. Por eso le han calificado, en numerosas ocasiones, como el Chanel de fin de siglo. Ha conseguido disolver la división entre el vestido serio e impecable y el estilo deportivo y desenfadado. A lo largo de su carrera ha recibido numerosos premios como el Cutty Sark en 1980, 1981, 1984, 1986 y 1987. El Ambrogino de oro, en 1982, y el Premio Internacional del Consejo de Diseño de América, en 1983. También fue premiado con el Occhio de oro en 1984, 1986, 1987, el Occhiolino de oro en 1986 y 1987 y el premio Balenciaga en 1988. Fue nombrado Gran Oficial de la Orden del Mérito, en 1986 y Gran Caballero, en 1987. Cuatrocientos trajes creados a lo largo de veinticinco años por el diseñador italiano ocuparon las salas de exposición del Museo Guggenheim de Bilbao en marzo de 2001. La retrospectiva de uno de los modistas más influyentes del siglo XX ya se había presentado un año antes en el Guggenheim de Nueva York. En febrero de 2004 reapareció en las pasarelas de Milán con dos espectaculares desfiles que tuvieron gran acogida entre la crítica. Paco Rabanne Diseñador de moda español, nacido en San Sebastián el 18 de febrero de 1934. Su nombre verdadero es Francisco Rabaneda Cuervo. En 1952 se trasladó a París y estudió Arquitectura en la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes. Pronto se introdujo en el mundo de la moda, ya que su madre había trabajado para la casa Balenciaga de San Sebastián. Al principio diseñó accesorios para los otros modistos, como Givenchy, Balenciaga y Dior. De este modo contribuyó al desarrollo del pret-á-porter para los complementos de moda (gafas de sol, bolsos, alhajas de plástico, etc). En 1963 presentó su primera colección de trajes, en la que experimentó con materiales novísimos: plástico, papel y aluminio. Desde entonces su fama ha ido creciendo. Algunas de sus creaciones están en el museo del traje de París y en el de Arte Moderno de Nueva York. En 1981 creó La Maison de Paco Rabanne. Su imperio abarca desde la alta costura, la confección y los perfumes hasta los elementos de decoración. Además ha creado un grupo de teatro, Pánico, y ha diseñado el vestuario de numerosas películas cinematográficas, entre las que destacan Two for the road y Barbarella. Publicó su primer libro, Neus (Desnudas), en 1970. En 1992 editó su novela Trayectoria de una vida a la otra, en la que relata sus viajes astrales y sus diferentes reencarnaciones, gracias a las cuales el famoso modisto conoció a San Pablo, al que califica en la novela de "auténtico misógino". Ha dado numerosas conferencias sobre el mundo de la moda, y posee diversos premios, entre los que destacan: el Laurel de la Bienal de París, en 1963, por la escultura habitable para jardín expuesta en el Museo de Arte Moderno; el Tiberio de Oro de 1967, concedido por los cinco periodistas de moda de mayor prestigio mundial; el premio de Belleza-Industria de 1969 por el diseño del frasco del perfume "Calandre"; y el Águila de Oro de 1977. En 1988 recibió del presidente de la República de Francia el título de Caballero de la Orden Nacional de la Legión de Honor. En febrero de 2001, el Consejo de Ministros acordó concederle la Medalla de Oro de Bellas Artes, condecoración que recibió de manos del rey Juan Carlos I en una ceremonia celebrada el 29 de mayo en el palacio de El Pardo. Cristobal Valenciaga La fama nunca lo atrajo. Detestaba la publicidad y decía que le resultaba imposible explicar su obra (sólo otorgó una entrevista en su vida, a su amiga Prudence Glynn del diario británico The Times, en 1971). Las modelos de Balenciaga no eran elegantes cisnes, sino mujeres de cierta edad, ni altas ni delgadas, para demostrar que su ropa ponía en valor al cuerpo, cualquiera que fuera su forma (un precursor de la inclusión). Superó obstáculos, durante la ocupación nazi, resistió la escasez de material desarrollando aún más su imaginación y depurando su estilo. Los años 50 fueron los más importantes de su carrera. En un periodo de poco más de una década lanzaría la línea barril (1951), el vestido-túnica (1955), el vestido baby doll (1958), el estilo semiajustado (1960), el corte pavo real, más corto delante que atrás (1961), sin olvidar sus innovadoras mangas globo. Cuando el diseñador decidió retirarse, la heredera Claudia Heard de Osborne confesó no saber qué haría con su tiempo, pues acudía a las pruebas cada día. Diana Vreeland contó en sus memorias que estaba con la condesa Mona von Bismarck cuando se enteró de la noticia. “Mona no salió de su habitación por tres días. Para ella fue como el fin de una etapa de su vida”. La duquesa de Windsor, Grace Kelly, Jackie Kennedy y Helena Rubinstein fueron sus fieles clientas, así como las divas Ava Gardner, Ingrid Bergman, Greta Garbo, Marlene Dietrich y Lauren Bacall. Confección industrial de prendas de vestir Introducción La industria de la confección (tradicionalmente conocida como "corte y confección"), o producción en serie de ropa, tiene como cometido básico la unión de piezas de tela u otro material para fabricar prendas de vestir, ropa de hogar u otros artículos afines partiendo de una serie de patrones uniformes o diseños originales (en los que interviene la mano de un artista diseñador). Aunque su evolución parte de los propios inicios artesanales de la industria textil, hoy día la confección puede entenderse como un término opuesto a la sastrería, en tanto que en ésta cada prenda se realiza de acuerdo con unas medidas precisas que se aplican exclusivamente a una persona, tras haber sido tallada, mientras que la confección busca la elaboración de prendas que sirvan a un gran número de usuarios que tienen en común el usar la misma talla, es decir, que las prendas que utilizan son de la misma largura, anchura y hechura, o lo que es lo mismo, tienen la misma medida convencional. Evolución Con el proceso de la confección industrial se ha conseguido un abaratamiento de costes muy importante con respecto a la sastrería, motivo por el cual el diseño textil, entendido como el arte de fabricar prendas que se adecuen a determinadas modas, ha podido llegar a todas las clases sociales y ha dejado de ser una exclusiva de la alta sociedad, la única que antaño podía permitirse el lujo de encargar a un maestro la confección de una prenda. El dandysmo, el vestir con "buen corte" en la ropa masculina de comienzos del XIX, o la evolución de la ropa femenina de alta costura a finales de ese mismo siglo o en las primeras décadas del siglo XX, eran modos de sobresalir, en el caso de las clases adineradas, de la vulgaridad del resto de la sociedad gracias a la labor artesana de un sastre que diseñaba un traje de corte exclusivo; el resto de la sociedad se conformaba con remedos de esos trajes pasados por manos menos hábiles y telas menos sutiles y llamativas. Esta situación no cambiaría hasta, precisamente, el comienzo de la utilización de los patrones. Los patrones fueron introducidos en el proceso industrial textil en 1863 gracias al trabajo que Ebenezer Butterick desarrolló en su fábrica de Nueva York. Anteriormente, los modelos de vestidos debían ser ejecutados a partir de bocetos, prendas ya hechas o descripciones de las mismas. Tras los primeros trabajos de Butterick, pudo reproducirse un mismo modelo infinitas veces al cortarse patrones de éste según medidas normalizadas, lo que permitía que un modelo diseñado en la meca de la moda, la ciudad francesa de París, pudiera ser comercializada muy poco tiempo después en cualquier ciudad de Estados Unidos o en la lejana Moscú, sin necesidad de exportar la prenda ya confeccionada. La industrialización de la confección trajo consigo la sistematización y mecanización de los talleres de corte, lo que proporcionó una gran economía de costes con la aceleración del trabajo y el ahorro del producto tejido. La producción en masa de los vestidos de confección permitió la fabricación de ropa "lista para ponerse", e hizo innecesaria la fabricación de la propia ropa o la antes ineludible intervención de un sastre o una costurera profesional. Incluso la aparición de la máquina de coser, que llevó a los hogares soluciones que antes eran impensables, por rapidez y calidad en la costura, perdió fuerza a mediados del siglo XX, cuando la confección se convirtió ya en un fenómeno de masas. La gran diversidad de modelos que se comercializan hoy día hacen posible vestir con comodidad, corrección y diseños atractivos a todo tipo de personas, adaptándose la calidad de los vestidos y la exclusividad de los modelos a todos los poderes adquisitivos. Precisamente, el concepto de "alta costura", muy presente en las clases altas de la sociedad, se opone en los años sesenta del siglo XX al de prêt-à-porter, un concepto originalmente centrado en la ropa juvenil y vanguardista. La ropa "lista para llevar" irrumpió en las pasarelas de moda gracias al empuje de jóvenes diseñadores que se apartaron de las tendencias impuestas por los grandes modistos; esta "moda rápida" marca hoy día las directrices de lo que se lleva o no cada temporada, y aunque en un principio designó exclusivamente las colecciones en serie de esos mismos grandes modistos, hoy es un término sinónimo, de manera directa, de moda, en cuanto a que ésta es un producto de consumo que, si bien se exhibe en las pasarelas mediante diseños exclusivos, es un adelanto de las tendencias que el consumidor medio va a poder adquirir en las tiendas del ramo a precios asequibles. Así, el prêt-à-porter designa la ropa ya hecha, la que se puede comprar y "llevársela puesta", una filosofía de comercio textil que ha triunfado en todo el mundo. La alta costura, sin embargo, no ha desaparecido, aunque sí se ha convertido en un sinónimo (quizá ahora más que nunca) de exclusividad, incluso más que de calidad. Las grandes firmas de la moda actual suelen sacar cada año dos colecciones a las pasarelas: una con una línea exclusiva, para una clientela preferente y muy pudiente, y otra más sencilla (entiéndase sencilla como contrario a elitista) que puede ser adquirida, en términos al menos relativos, por un amplio espectro de público, y que fomenta un floreciente mercado de prendas "de firma" que, fuera de temporada, se venden a precios más asequibles. En definitiva, se da la paradoja de que, si bien la moda ha alcanzado definitivamente a toda la población de los países del primer mundo, la exclusividad en el vestir se paga aún más cara que antaño, y precisamente aquello que quiso combatir el prêt-à-porter, la lejanía de los diseños para la gente llana, ha resultado ser el germen de un producto aún más sofisticado y, sobre todo, aún más alejado de las economías limitadas, adquiriendo en ocasiones determinados modelos precios astronómicos, de verdadero artículo de lujo (con cifras que superan los 10.000 euros). No obstante, si algo tiene de esencialmente distinto la industria de la moda con el resto de industrias de su sector es el carácter cíclico y el hecho de que, en plazos fijos y relativamente cortos (unos seis meses), las empresas se ven en la obligación de producir cuanto se les exige, sin poder tener una previsión previa, con lo que eso conlleva de imposibilidad de concretar los gastos de material, y contando con la caducidad de los patrones; incluso este problema se agudiza si los períodos son más cortos, cuando las colecciones atienden, de manera distinta, a las cuatro estaciones, incluyendo la primavera y el otoño. A este fenómeno se le une el hecho de que los artículos producidos tienen un período de vida exiguo, puesto que perduran poco tiempo en el mercado; son productos "de temporada", los cuales pronto se ven inmersos en un fenómeno sociológico tan actual como sorprendente, las rebajas, que suponen la devaluación, incluso por ley, de estos productos textiles. Por otro lado, la producción, como en otros aspectos de la fabricación industrial, lucha con el costo de los materiales, el precio que les obliga a manejar la demanda y, sobre todo, el precio de la mano de obra, por lo que es bastante habitual que las grandes firmas implanten sus fábricas en países subdesarrollados, donde la mano de obra es tan barata que le permite abaratar los costos de manera, a menudo, poco "ética" (con salarios ínfimos, impensables en el primer mundo). Es así como se da otra de las paradojas del mundo de la moda, la división del planeta en dos tipos de sociedades: la que consume moda y la que la produce. En los primeros, se utilizan medios más avanzados con una mano de obra cara y muy especializada; en los segundos, se confeccionan para el resto del mundo la mayor parte de la ropa que se consume en el mundo "civilizado", de manera industrial y con mano de obra muy mal pagada. Hoy día múltiples asociaciones no gubernamentales luchan por el llamado comercio justo, intentando, en la medida de lo posible, tanto dar a los obreros productores una paga salarial digna como concienciando a los compradores de que deben pagar también un "precio justo", sobre todo por las prendas realizadas de manera artesanal, que aunque son ligeramente más caras que las producidas en serie, suponen una fuente de ingresos fundamental en esos países. Proceso industrial La confección alcanza a muchos tipos de prendas, aunque, en general, el proceso se limita a la ropa de caballero (tanto de vestir como de faena o de sport), la ropa de mujer (vestidos, trajes y ropa de trabajo) y prendas para niños y bebes. Aunque cada una de ellas posee sus peculiaridades, tanto de tamaño como de hechuras, las telas empleadas y los sistemas seguidos en todas son prácticamente los mismos. El proceso suele ser siempre el mismo, independientemente del tipo de prenda que se quiera confeccionar, y las materias más utilizadas son el algodón, la lana o las fibras sintéticas, como el rayón. Las fases principales son el patronaje, el corte, la confección y el planchado. • Patronaje. El primer paso es realizar las matrices, de acuerdo con los diseños previamente proyectados, con las que elaborar los patrones de las distintas tallas. El patronaje, en sí, puede definirse como el sistema de organización de la fabricación de una prenda de vestir que consiste en desglosarla por piezas, separadas en las diferentes áreas del cuerpo humano, de forma que cada pieza de tela se adapte a esa área concreta y que la unión de todas estas piezas, en un orden predeterminado, dé como resultado un modelo de prenda que se corresponda con el diseño del modelo propuesto. Los dibujos de los patrones de cada talla se elaboran por separado. Una vez que se preparan las matrices, el marcador las coloca sobre el material (ya sea tela o papel) con el que se van a realizar los patrones definitivos, con cuidado para aprovechar al máximo la superficie de tela o papel en cada serie de matrices. Se marcan las matrices con jaboncillo y se cortan. Como pueda esperarse, no todas las telas se trabajan de la misma forma ni son iguales a la hora de ser cortadas. El terciopelo, por ejemplo, es difícil de trabajar, así como las lanas ligeras y las sedas, por el tipo de tejido del que se trata; otros, como los estampados muy intrincados, son difíciles de casar. • Corte. En la parte del proceso denominada corte se realizan sobre los tejidos las tareas necesarias para que todas las piezas componentes de un modelo estén afinadas y dispuestas en bloques, y pasarlas luego al proceso de preparación para la costura. Una vez que se sepa la longitud del paño con el que se va a trabajar, se extiende la tela sobre una larga mesa de corte. Ante el tejido, los cortadores deberán adoptar una determinada técnica de corte, acorde con las características industriales del fabricante y de la prenda que confecciona. Mediante dispositivos mecánicos especiales, se coloca el paño con distintos dobleces al tiempo para cortar varias telas a la vez; se fija el patrón sobre las pilas de tela y se corta de una vez el máximo número de piezas que permiten un corte exacto. En el corte son fundamentales las medidas, entre las que resultan imprescindibles la de busto y cintura, la longitud total de frente y de espalda, de cintura a tobillo, costados, del cuello a la cintura, axilas, hombros, caderas, parte superior e inferior del cuello, contorno de muñecas y la parte superior del brazo. Los patrones se clasifican a partir de la medida del busto, siguiendo una clasificación a partir de unos patrones-tipo que sirven de modelo principal para los distintos tipos de prenda, entre los que pueden mencionarse el patrón-tipo corto de espalda, delantero corto recto, corto con pinzas, manga recta, falda recta, falda con vuelo, falda recta con pinzas, espalda largo recto, delantero largo recto, entallado, etc. Normalmente, los patrones están acompañados de instrucciones sobre la cantidad necesaria de tejido para realizar las piezas, mayor si la tela es estampada, rayada o a cuadros, los cuales son imprescindibles para conocer la medida exacta de tela a utilizar. Suele emplearse una máquina eléctrica de cuchilla rotatoria o recta con la que seguir las líneas del modelo. Se separan los montones de piezas superpuestas, de acuerdo con su tamaño y color, para que sean posteriormente cosidas a máquina. Hoy día el patronaje se realiza mediante sistemas computerizados en el diseño y trazado de patrones; los datos digitales se suministran a unas máquinas de corte controladas por ordenadores, para cortar una o varias capas de tejido. • Confección. El cosido se realiza generalmente mediante una máquina de coser eléctrica, a la que se añaden algunas más especializadas, como las de coser dobladillos, pespuntes, cosido de botones, etc. El hilo debe tener la misma calidad que la tela o telas a coser: hilos fuertes para géneros espesos, o del mismo material en caso de la seda, el naylon, etc. El hilvanado y los cosidos de las prendas pueden realizarse enteramente a mano, aunque hoy día este proceso está prácticamente mecanizado al completo. Las modernas máquinas de coser permiten incluso bordar o insertar cremalleras. Otros útiles, como las tijeras, agujas que se acomodan al espesor del tejido empleado, jaboncillo para señalar modificaciones en el tejido, alfileres, metros (normalmente de tela, flexible y enrollable) para medir, hiladillo, esmeril, maniquí, plancha (fundamental para abrir costuras, hacer pinzas, embeber y estirar el tejido o alisarlo), etc., son imprescindibles en un taller de costura. • Planchado. Una vez acabada la prenda se somete al planchado, manual o mecánico, tras el cual la prenda queda lista para ser enviada al puesto de venta. En un principio, las prendas se iban confeccionando en varias fases, según se fuera entregando las distintas piezas a los operarios especializados, los cuales cosían y manipulaban las mismas piezas de distintos trajes hasta que, al acabar su labor, pasaban el resultado a otro operario que, a su vez, había recibido previamente otras de las partes de la prenda de un operario anterior, de tal manera que el traje se iba realizando "por fases", hasta que todas se unían y se formaba la prenda final. Con la mecanización de los talleres y la modernización de las máquinas, que son diseñadas para un único cometido, se ha llegado a tal grado de especialización que la producción textil tiene un sistema de cadena muy similar al de otras industrias. Las piezas van pasando de una máquina a otra de tal manera que van experimentando sucesivos cosidos en cada una de ellas para salir de la última de la cadena en forma de prenda ya acabada. Es un sistema muy eficaz que ahorra mucho tiempo de manipulación y que se utiliza sobre todo con aquellas telas que son relativamente uniformes, como las usadas en las camisas y trajes de labor, donde las cantidades de tela cortada son muy grandes y las variaciones de modelo poco significativa. Se utilizan a menudo robots para las operaciones relativamente sencillas, pero los trabajos más complejos se efectúan aún a mano. De hecho, el sistema tradicional, que va paso a paso y es más manual, se emplea en la confección de trajes de caballero, ropa femenina y prendas infantiles. Tras ser cosida, la prenda se remata con la vuelta de los dobladillos y la colocación de adornos y botones, así como otros elementos, como ojales, botones, cremalleras, cinturillas, bajos, hombreras, puños, aberturas, cuellos, bolsillos, forros, etc. Taller de costura Introducción La costura o cosedura, es el método por el cual se unen dos o más telas al perforarlas y entrelazar un hilo a través de ellas, normalmente con ayuda de una aguja. También puede usarse para unir pieles, lona u otros materiales flexibles. Su empleo es casi universal entre las poblaciones humanas y se remonta a los tiempos paleolíticos. La costura es un arte usada principalmente para producir ropa y artículos para la casa, tales como cortinas, ropa de cama, tapicería y mantelería, la mayoría de las costuras en el mundo industrial son hechas con máquinas de coser. Para confeccionar un pantalón vaquero, por ejemplo, son necesarias más de cinco máquinas de coser diferentes. Algunas personas cosen ropa para sí mismas y para su familia. Más a menudo las costuras caseras son para reparaciones tales como remendar una costura rasgada o reemplazar un botón perdido. Una persona que cose para vivir es conocida como costurera,] modista o sastre. La costura «sencilla» se hace por razones funcionales: hacer o remendar ropa. La costura «ornamental» es principalmente decorativa, e incluye técnicas tales como fruncido, nido de abeja, bordado y aplicaciones. También podemos hacer ropa interior y también manteles de cocina o también paños de cocina. Algunos efectos de trabajar en el ámbito de la costura Los trabajadores laborando en las actividades de la costura, tales como la fabricación de ropa, zapatos, y tapicería del avión o del coche, pueden estar en el riesgo de desarrollar desórdenes musculoesquéleticas. Heridas relacionadas con la costura se han documentado en las áreas de las estaciones de la costura, realizando la obra fina u obra con tijeras, y manejo de tejido, entre otras. Tipos de costura a mano • Pespunte: Puntada resistente para unir dos telas o para rematar y asegurar otros tipos de puntada. También se utiliza para realizar puntadas en zonas pequeñas donde es incómodo hacerlas a máquina. Cada puntada debe quedar a igual distancia, unos 2 o 3 milímetros la una de la otra, tanto por el revés como por el derecho de la tela. • El punto atrás: es una puntada utilizada para hacer costuras o puntadas seguidas al asegurar piezas que tienen necesidad de ser cosidas con firmeza y no se muevan y tengan la apariencia como si hubiera sido cosido a máquina. • Sobrehilado: Es una puntada que se elabora en los orillos de la tela para que no se deshilache. • Hilván: Es una puntada de trazo largo, para unir dos telas provisionalmente, y armar lo que luego se habrá de coser, como pinzas y dobladillos. • Puntada de dobladillo:Se realiza para fijar los dobladillos en el revés de las prendas, que previamente se han asegurado con un hilván. Es una puntada invisible, casi imperceptible del derecho del textil. También se pueden asegurar las prendas con alfileres, o planchándolas previamente, asegurándose de medir con exactitud cada centímetro del dobladillo en forma correcta. • Puntada de gaviado: Esta puntada es utilizada en dobladillos o falsos para coger las botas de un pantalón de vestir en tela que no sea denim o dril los cuales se cosen a máquina. Cuando de coger dobladillo para los largos se trate se puede utilizar este tipo de puntada. • Punto de jareta o vertical: Es un punto fuerte y resistente para unir dos capas de tela permanentemente. Se suele utilizar para coser forros o tiras al bies. Se empieza por la derecha, con puntadas cortas y rectas en el borde de la tela. por la parte de atrás se ve muy diferente pero la finalidad de este punto es que quede escondido. Dicho lo cual, le interrogo a Enrique, nuestro modisto y costurero. En primer lugar le planteo: - ¿Qué es un taller de costura? Enrique, un tanto enfadado, me dirá: - Un atelier de costura es un taller artesanal especializado en el diseño y creación de prendas de vestir únicas y personalizadas, donde el trabajo se realiza desde cero, cuidando cada detalle para reflejar el estilo y gusto del cliente. Es un espacio creativo y un estudio artístico que fomenta una conexión personal entre el diseñador, el cliente y la prenda, priorizando la calidad, el diseño a medida y la sostenibilidad frente a la producción en masa. En segundo, saco la cuestión siguiente: - ¿Cuál es la diferencia entre confección y costura? Enrique, muy serio, me dirá: - Sin entrar aún en muchos detalles, la costura es la unión de las diferentes telas que forman la prenda y la confección es el corte de las mismas. Es decir, cuando hablamos de prendas a medida, se trata de telas sin cortar para hacerlo una vez se ajuste a las medidas precisas. En tercer lugar, le interrogo, ya, directamente: - ¿Dónde nació la costura? Enrique, de inmediato, me contesta: - Se cree que la lana de animales y las fibras de algodón ya se utilizaban en la confección de prendas hace unos 25,000 años. Hay registros de pueblos nativos en América que utilizaban plantas como el agave, cuya hoja se utilizaba como aguja y las fibras secas para coser objetos. Yo, por mi parte, le planteo otra cuestión: - ¿Qué debe haber en un taller de costura? Enriique sostendrá: - Máquinas de coser profesionales y/o industriales. Mesas y escritorios. Agujas de diferentes grosores. Alfileres. Broches. Cierres. Elásticos. Almohadillas. Sastrería Sastre (en femenino, una sastre o una sastra) es la persona que ejerce el oficio de la sastrería, un arte que consiste en la creación de prendas de vestir principalmente masculinas (chaqueta, pantalón, chaleco) de forma artesanal y a medida, diseñando exclusivamente de acuerdo con las medidas y preferencias de cada cliente, sin hacer un uso normalizado de numeración preexistente. También ajusta prendas hechas por fábricas de ropa pero que por la misma normalización de tallas en la ropa y las diferencias de los cuerpos de los usuarios aquellas no les quedan y por ello requieren los servicios del profesional del corte y de la costura. Pese a que conceptualmente el sastre está relacionado con otros conceptos y oficios en torno a la vestimenta existen diferencias en base al área de trabajo con los oficios de modista, costurero y diseñador de moda. Ahora, le planteo lo siguiente a Enrique: - ¿Qué significa ser sastre? Enrique me responde lo siguiente: - Los sastres confeccionan por encargo prendas a medida cosidas a mano. También hacen arreglos a prendas como trajes y abrigos. La ropa de caballero constituye la mayor parte del sector, aunque también existe demanda de algunas prendas a medida para señora. Un segundo pensamiento aflora en mi mente: - ¿Cuántos años se estudia sastrería? Enrique me recalca su contestación: - Duración: 4 meses. Yo abordo la cuestión desde otro punto de vista: - ¿Qué diferencia hay entre sastrería y modistería? Enrique se percata y contesta: - También el sastre se caracteriza por hacer prendas formales, como trajes, camisas y americanas. Por otro lado, una modista realiza todo tipo de prendas, tanto de uso diario, como prendas exclusivas y modelos de alta costura, también se encarga de crear prototipos a la moda para próximas tendencias. Historia del diseño de modas en los siglos XX y XXI Introducción La historia del diseño de moda se refiere específicamente al desarrollo del propósito y la intención detrás de las prendas, zapatos, accesorios y su diseño y construcción. La industria moderna, basada en empresas o casas de moda dirigidas por diseñadores individuales, comenzó en el siglo XIX con Charles Frederick Worth, quien, a partir de 1858, fue el primer diseñador en coser su etiqueta en las prendas que creaba. La moda comenzó cuando los humanos empezaron a usar ropa. Estas prendas generalmente se confeccionaban con plantas, pieles de animales y huesos. Antes de mediados del siglo XIX, la división entre alta costura y prêt-à-porter no existía realmente. Pero las prendas femeninas más básicas eran confeccionadas a medida por modistas y costureras que trataban directamente con el cliente. La mayoría de las veces, la ropa se modelaba, cosía y confeccionaba en el hogar. Cuando aparecieron las tiendas que vendían ropa lista para usar, esta necesidad se eliminó de la carga de trabajo doméstico. El diseño de estas prendas se fue incrementando a partir de diseños estampados, especialmente procedentes de París, que circularon por Europa y se esperaban con impaciencia en las provincias. Luego, las costureras interpretarían estos patrones lo mejor que pudieran. El origen de los diseños eran las prendas ideadas por las figuras más elegantes, normalmente de la corte, junto con sus costureras y sastres. Aunque se habían distribuido muñecas vestidas desde Francia desde el siglo XVI y Abraham Bosse había producido grabados de moda en la década de 1620, el ritmo del cambio se aceleró en la década de 1780 con una mayor publicación de grabados franceses que ilustraban los últimos estilos parisinos, seguidos de moda. revistas como Cabinet des Modes. Hacia 1800, todos los europeos occidentales vestían igual (o así lo creían); las variaciones locales se convirtieron primero en un signo de la cultura provincial y más tarde en una insignia del campesino conservador. A principios del siglo XX, las revistas de moda y, con el huecograbado, los periódicos, comenzaron a incluir fotografías y se volvieron aún más influyentes. En todo el mundo estas revistas fueron muy solicitadas y tuvieron un profundo efecto en el gusto del público. Ilustradores talentosos, entre ellos Paul Iribe, Georges Lepape, Erté y George Barbier, dibujaron atractivos diseños de moda para estas publicaciones, que cubrían las novedades más recientes en moda y belleza. Quizás la más famosa de estas revistas fue La Gazette du Bon Ton, fundada en 1912 por Lucien Vogel y publicada regularmente hasta 1925. Antes de 1900: inicios de la alta costura A principios del siglo XVIII, los primeros diseñadores de moda pasaron a primer plano como líderes de la moda. En la década de 1720, la modista de la reina Françoise Leclerc se volvió buscada por las mujeres de la aristocracia francesa, y, a mediados de siglo, Marie Madeleine Duchapt, Mademoiselle Alexandre y Le Sieur Beaulard obtuvieron reconocimiento nacional y ampliaron su base de clientes desde la aristocracia francesa a la aristocracia extranjera. Sin embargo, Rose Bertin es generalmente considerada la primera diseñadora de moda de fama internacional. Rose Bertin (2 de julio de 1747 - 22 de septiembre de 1813), apodada la "ministra de la Moda", fue la modista de María Antonieta, reina de Francia de 1770 a 1793. Bertin abrió una tienda en París y tuvo una influencia considerable en el estilo parisino, hasta que la Revolución Francesa la obligó a exiliarse en Londres. María Antonieta, una ajena a la corte francesa, confió en los meticulosos diseños de Bertin para ayudarla a "combatir a sus enemigos con estilo". Las preferencias de moda únicas de María Antonieta, como los pantalones de montar masculinos o los sencillos vestidos rectos de muselina, contrastaban marcadamente con los vestidos elaborados mientras la Reina intentaba crear una personalidad que permitiera a los ciudadanos de Francia conectarse con ella y su estilo de vida. Aunque los intentos de María Antonieta fueron en gran medida infructuosos, la forma en que Bertin ayudó a la Reina a expresarse a través de la moda fue innovadora y sentó un precedente para los monarcas que la siguieron y sus diseñadores, como Louis Hippolyte Leroy. Y a principios del siglo XIX, diseñadoras como Ann Margaret Lanchester y Mary Ann Bell expandieron sus negocios y publicaron sus propios diseños en revistas de moda. En la primera mitad del siglo XIX, los diseñadores de moda parisinos, como Madame Vignon, Madame Victorine y Madame Palmyre, normalmente no diseñaban de forma independiente un producto que sus clientes pudieran elegir comprar, sino que creaban el producto en colaboración con los deseos de sus clientes., para producir algo único. Charles Frederick Worth (1825 - 1905), inglés que vive en París, está considerado como el primer diseñador en el sentido moderno del término, con una gran empresa que emplea a muchos sastres y costureras en gran parte anónimos. Worth, ex pañero, tuvo tal éxito que podía dictar lo que debían vestir los clientes. Lanzado al centro de atención como el diseñador principal de la emperatriz Eugenia, Worth utilizó sus conexiones reales para ganar reconocimiento y clientes. La proclamación del 1 de febrero de 1853 por Napoleón III de que ningún visitante sería recibido en su corte sin vestimenta formal significó que la popularidad de los vestidos estilo Worth se volvió abrumadora. Los vestidos de Worth, profusamente decorados y construidos con los mejores materiales son bien conocidos por sus crinolinas (estructuras metálicas en forma de jaula que sostenían el vestido con una forma elegante). A lo largo de las primeras décadas del siglo XX, la alta costura se originó en París y, en menor medida, en Londres. Revistas de moda de otros países enviaron editores a los desfiles de moda de París. Los grandes almacenes también enviaban compradores a las ferias de París, donde compraban prendas para copiar (y abiertamente robaban las líneas de estilo y los detalles de adornos de otros). Tanto los salones hechos a medida como los departamentos de prêt-à-porter presentaban las últimas tendencias parisinas, adaptadas a las suposiciones de las tiendas sobre los estilos de vida y los bolsillos de sus destinatarios. 1900 Los atuendos usados por las mujeres elegantes durante la Belle Époque (1871-1914) eran sorprendentemente similares a los usados en el apogeo del pionero de la moda Charles Worth. A finales del siglo XIX, los horizontes de la industria de la moda se habían ampliado debido a los estilos de vida más estables e independientes de las mujeres acomodadas y la ropa práctica que exigían. Sin embargo, la moda de la Belle Époque aún conservaba el estilo elaborado y tapizado del siglo XIX. El cambio de moda era impensable, por lo que el uso de diferentes adornos era lo único que distinguía la vestimenta de una temporada a otra. El despilfarro y el consumos ostentosos definieron la moda de la década y los trajes de los modistos de la época eran extravagantes, ornamentados y confeccionados con esmero. La curvilínea silueta S-Bend dominó la moda hasta alrededor de 1908. El corsé S-Bend empujaba el pecho hacia el mono-seno y, con la ayuda del acolchado, la colocación juiciosa de los adornos en la ropa y, más especialmente, una postura particular completamente independiente del corsé creaba la ilusión de un " Silueta S". Hacia finales de la década Paul Poiret introdujo diseños que no incluían enaguas ni corsé, dejando la forma de S pasada de moda. Este fue un gran cambio, ya que la cintura de las mujeres se moldeaba con corsés desde el Renacimiento.[ La Maison Redfern, fundada por el sastre inglés John Redfern (1820-1895), fue la primera casa de moda en ofrecer a las mujeres ropa deportiva y trajes a medida basados en sus homólogos masculinos, y sus prendas prácticas y sobriamente elegantes pronto se volvieron indispensables en los guardarropas de las mujeres bien. -mujeres vestidas. Década de 1910 Durante los primeros años de la década de 1910, la silueta de moda se volvió mucho más ágil, fluida y más suave que en el siglo XIX. Cuando los Ballets Rusos representaron Scheherazade en París en 1910, se produjo una locura por el orientalismo. El modisto Paul Poiret fue uno de los primeros diseñadores en trasladar esto al mundo de la moda. Las clientas de Poiret se transformaron inmediatamente en chicas de harén con pantalones sueltos, turbantes y colores vivos y en geishas con kimonos exóticos. Poiret también ideó el primer traje que las mujeres podían usar sin la ayuda de una criada. El movimiento Art Déco comenzó a surgir en esta época y su influencia se hizo evidente en los diseños de muchos modistos de la época. Los sencillos sombreros de fieltro, turbantes y nubes de tul reemplazaron los estilos de tocados populares en el siglo XIX. También es de destacar que los primeros desfiles de moda reales fueron organizados durante este período, por Jeanne Paquin, una de las primeras modistas femeninas, que también fue la primera modista parisina en abrir sucursales extranjeras en Londres, Buenos Aires y Madrid. Dos de los diseñadores de moda más influyentes de la época fueron Jacques Doucet y Mariano Fortuny. Doucet se destacó en la superposición de colores pastel y sus elaborados vestidos de gasa sugerían los reflejos impresionistas de la luz reflejada. Sus distinguidos clientes nunca perdieron el gusto por sus líneas fluidas y sus materiales endebles y diáfanos. Si bien obedecía imperativos que dejaban poco a la imaginación del modisto, Doucet fue, no obstante, un diseñador de inmenso gusto y discriminación, un papel que muchos han intentado desde entonces, pero rara vez con el nivel de éxito de Doucet. El diseñador veneciano Mariano Fortuny y Madrazo fue una figura curiosa, con muy pocos paralelos en cualquier época. Para sus diseños de vestidos concibió un proceso de plisado especial y nuevas técnicas de teñido. Le dio el nombre de Delphos a sus vestidos largos y ceñidos que ondulaban de color. Cada prenda estaba confeccionada con una sola pieza de la más fina seda, cuyo color único se adquiría mediante repetidas inmersiones en tintes cuyas tonalidades evocaban la luz de la luna o los reflejos acuosos de la laguna veneciana. Paja bretona, cochinilla mexicana y añil del Lejano Oriente fueron algunos de los ingredientes que utilizó Fortuny. Entre sus muchos devotos se encontraban Eleonora Duse, Isadora Duncan, Cléo de Mérode, la Marchesa Casati, Émilienne d'Alençon y Liane de Pougy. Los cambios de vestimenta durante la Primera Guerra Mundial fueron dictados más por la necesidad que por la moda. A medida que más y más mujeres se veían obligadas a trabajar, exigían ropa que se adaptara mejor a sus nuevas actividades. Los eventos sociales tuvieron que posponerse en favor de trabajos más urgentes y la necesidad de llorar el creciente número de muertos, las visitas a los heridos y la gravedad general de la época hizo que los colores más oscuros se convirtieran en la norma. Surgió una nueva apariencia monocromática que no era familiar para las mujeres jóvenes en circunstancias cómodas. En 1915, las faldas de moda llegaban hasta arriba del tobillo y, en 1920, hasta la mitad de la pantorrilla. Edad de oro de la moda francesa El período entre las dos guerras mundiales, a menudo considerado como la Edad de Oro de la moda francesa, fue uno de grandes cambios y reformas. La alta costura encontró nuevos clientes en las filas de actrices de cine, herederas estadounidenses y esposas e hijas de industriales adinerados. Después de la Primera Guerra Mundial se produjo un cambio radical en la moda. Los peinados abullonados dieron paso a bobs cortos, los vestidos con cola larga dieron paso a delantales por encima de la rodilla. Se abandonaron los corsés y las mujeres tomaron prestada su ropa del guardarropa masculino y optaron por vestirse como niños. Aunque al principio muchos modistos se mostraron reacios a adoptar el nuevo estilo andrógino, lo adoptaron incondicionalmente a partir de 1925. Surgió una silueta sin busto y sin cintura y la vestimenta agresiva fue mitigada por boas de plumas, bordados y accesorios llamativos. El estilo flapper (conocido por los franceses como look 'garçonne') se hizo muy popular entre las mujeres jóvenes. El sombrero cloche se usó mucho y la ropa deportiva se hizo popular tanto entre hombres como entre mujeres, y diseñadores como Jean Patou y Coco Chanel popularizaron el estilo deportivo y atlético. El gran modisto Coco Chanel fue una figura importante de la moda de la época, conocida tanto por su personalidad magnética como por sus diseños elegantes y progresistas. Chanel ayudó a popularizar el peinado bob, el vestidito negro y el uso del tejido de punto para la ropa de mujer; También elevó el estatus de la bisutería y las prendas de punto. Otros dos diseñadores franceses destacados de la década de 1920 fueron Jeanne Lanvin y Jean Patou. Jeanne Lanvin, que comenzó su carrera como sombrerera, confeccionó trajes tan bonitos para su pequeña hija Marguerite que la gente empezó a pedir copias. El nombre de Lanvin aparece en el anuario de la moda alrededor de 1901, sin embargo, fue en la década de 1920 cuando alcanzó la cima de su éxito. El estilo Lanvin adoptó el aspecto de la época, con su hábil uso de adornos complejos, bordados deslumbrantes y decoraciones de pedrería en colores florales claros y claros que eventualmente se convirtieron en una marca registrada de Lanvin. En 1925, Lanvin producía muchos productos diferentes, incluida ropa deportiva, pieles, lencería, moda masculina y diseños de interiores. Su enfoque global de la moda presagió los esquemas que adoptarían más tarde todas las grandes casas de moda contemporáneas en sus esfuerzos por diversificarse. El estilo de Jean Patou nunca fue mainstream, pero sí lleno de originalidad y caracterizado por una estudiada sencillez que le granjeará fama, sobre todo en los mercados americanos. Muchas de sus prendas, con líneas limpias, motivos geométricos y cubistas y una mezcla de lujo y practicidad, fueron diseñadas para satisfacer la nueva moda de la vida al aire libre y tenían una notable similitud con la ropa deportiva moderna. La defensora más famosa de su estilo fue Suzanne Lenglen, la legendaria campeona de tenis. En la moda masculina, había un creciente ambiente de informalidad, especialmente entre los estadounidenses, que se reflejaba en modas que enfatizaban la juventud y la relajación. En el pasado, había un traje especial para cada evento en la época del caballero bien vestido, pero los jóvenes de la década de 1920, sin miedo a mostrar su juventud, comenzaron a usar el mismo traje de lana suave durante todo el día. Las chaquetas de traje cortas reemplazaron a las viejas chaquetas largas del pasado que ahora sólo se usaban para ocasiones formales. Los hombres tenían a su disposición una variedad de ropa deportiva, incluidos suéteres y pantalones cortos, comúnmente conocidos como bragas. Para la noche, un esmoquin corto estaba más de moda que el frac, que ahora se consideraba algo anticuado. El corte londinense, de líneas esbeltas, mangas holgadas y hombros acolchados, perfeccionado por el sastre inglés Scholte, gozó de gran popularidad. Los patrones Fair Isle se volvieron muy populares para ambos sexos. Los tacones, en ese momento, solían tener más de cinco centímetros de alto y ayudaron a popularizar el zapato de dos tonos. Salvatore Ferragamo y André Perugia fueron dos de los diseñadores de calzado más influyentes y respetados. Muchas estrellas del cine mudo tuvieron un impacto significativo en la moda durante la década de 1920, incluidas Louise Brooks, Gloria Swanson y Colleen Moore. Las modas alegres y progresistas de la década de 1920 se detuvieron gradualmente después del desplome de Wall Street de 1929 y sucumbieron a un estilo más conservador. Si bien el estilo flapper persistió hasta 1930, desapareció rápidamente después, aunque los sombreros con forma de campana duraron hasta 1933. En la década de 1930, cuando el público empezó a sentir los efectos de la Gran Depresión, muchos diseñadores descubrieron que las crisis no eran el momento para la experimentación. La moda se volvió más comprometedora, aspirando a preservar las victorias del feminismo mientras redescubría una elegancia y una sofisticación sutiles y tranquilizadoras. En general, la ropa de la década de 1930 era sombría y modesta, lo que reflejaba la difícil situación social y económica de la década. La moda femenina se alejó del estilo descarado y atrevido de la década de 1920 hacia una silueta más romántica y femenina. Se restauró la cintura, los dobladillos bajaron hasta casi llegar a los tobillos, se renovó el aprecio por el busto y se hicieron populares los vestidos de noche sin espalda y los vestidos de día suaves y ajustados. El cuerpo femenino fue remodelado con una forma más neoclásica y se pusieron de moda los cuerpos delgados, tonificados y atléticos. La moda de las actividades al aire libre estimuló a los modistos a fabricar lo que hoy se denominaría "ropa deportiva". El término "prêt-à-porter" aún no se utilizaba mucho, pero las boutiques describían este tipo de prendas como "para hacer deporte". En lugar del corte de pelo estilo flapper, el peinado femenino estándar de la década de 1930 era una permanente corta y modesta. Dos de las diseñadoras de moda más destacadas e influyentes de la década de 1930 fueron Elsa Schiaparelli y Madeleine Vionnet. Elsa Schiaparelli mostró su primera colección en 1929 e inmediatamente fue aclamada por la prensa como "una de las raras innovadoras" de la época. Con sus diseños emocionantes e inventivos, Schiaparelli no revolucionó la moda, sino que hizo añicos sus cimientos. El primer jersey que exhibió en sus escaparates causó sensación: estaba tejido en negro con un lazo blanco en trampantojo. Schiaparelli era muy amiga de Christian Bérard, Jean Cocteau y Salvador Dalí, quienes le diseñaron motivos de bordado y le inspiraron modelos como el traje de escritorio con cajones por bolsillos, el sombrero en forma de zapato, los vestidos de seda pintados con moscas o langostas. Todo París acudió en masa a su salón en el número 21 de la Place Vendôme mientras una colección se sucedía. Madeleine Vionnet se inspiró en estatuas antiguas y creó vestidos hermosos y atemporales que no desentonarían en un friso griego. Reina del corte al bies (que corta en diagonal los hilos longitudinales de la tela), confeccionó vestidos de noche que se ajustaban al cuerpo sin excesiva elaboración ni disimulo, empleando una línea fluida y elegante. Su perfecto drapeado de gasa, seda y crepé marroquí creó un efecto maravillosamente sereno y sensual. El éxito incomparable de los cortes de Vionnet garantizó su reputación hasta su jubilación en 1939. Mainbocher, el primer diseñador estadounidense que vivió y trabajó en París, también fue influyente, con sus diseños sencillos, pero sumamente elegantes, que a menudo empleaban el corte al bies del que fue pionero Vionnet. El fabricante de artículos de lujo Hermès comenzó a vender pañuelos cuadrados de seda estampados a mano a principios de los años 30, además de popularizar la cremallera y muchas otras innovaciones prácticas. Hacia finales de la década, la moda femenina adquirió una silueta algo más imponente y de hombros anchos, posiblemente influenciada por Elsa Schiaparelli. La moda masculina continuó la tendencia informal y práctica que había dominado desde el final de la Primera Guerra Mundial. Mediados del siglo XX Después de la Segunda Guerra Mundial, la reputación de París como centro mundial de la moda comenzó a desmoronarse. En la década de 1950 surgió un nuevo estilo juvenil que cambió el enfoque de la moda. En Occidente, se cuestionó la tradicional división entre la alta sociedad y la clase trabajadora. En particular, una nueva generación joven quería aprovechar los beneficios de una sociedad de consumo en auge. Los privilegios se publicitaron menos abiertamente que en el pasado y las diferencias se pasaron por alto. A medida que las antiguas jerarquías europeas fueron derribadas, las marcas externas de distinción se desvanecieron. Cuando se lanzaron los primeros cohetes al espacio, Europa estaba más que lista para adoptar una prenda prêt-à-porter de calidad al estilo estadounidense, algo que ocupara el término medio entre lo convencional y la alta costura. Esta necesidad era aún más apremiante porque los aumentos en los costos generales y de las materias primas estaban comenzando a relegar la moda hecha a mano a un segundo plano. Mientras tanto, el rápido desarrollo de nuevas tecnologías hizo que fuera cada vez más fácil fabricar un producto de alta calidad y en constante mejora. Ante la amenaza de un producto fabricado en fábrica y basado en la moda, la alta costura parisina montó sus defensas, pero con poco efecto. Mientras el Viejo Mundo hacía su reverencia final, los cambios en la moda fueron una de las manifestaciones más visibles de la sacudida general de la sociedad. En poco tiempo, clases de mujeres hasta entonces restringidas a sustitutos inferiores de la alta costura disfrutarían de una libertad de elección mucho mayor. Al tratarse de cantidades mucho mayores, los ciclos de producción eran más largos que los de los talleres de alta costura, lo que significaba que los estilistas que planificaban sus líneas para las colecciones semestrales tenían que intentar adivinar con más de un año de antelación lo que querrían sus clientes. Una nueva autoridad había asumido el poder: la de la calle, lo que constituía una nueva amenaza a la dictadura de la alta costura. Muchas casas de moda cerraron durante la ocupación de París durante la Segunda Guerra Mundial, incluidas la Maison Vionnet y la Maison Chanel. Varios diseñadores, incluido Mainbocher, se trasladaron permanentemente a Nueva York. En el enorme programa de reeducación moral e intelectual emprendido por el Estado francés, la alta costura no se salvó. En contraste con la elegante y liberada parisina, el régimen de Vichy promovió el modelo de esposa y madre –una joven robusta y atlética–, una figura mucho más consistente con la agenda política del nuevo régimen. Mientras tanto, Alemania estaba tomando posesión de más de la mitad de lo que producía Francia, incluida la alta costura, y estaba considerando trasladar la alta costura francesa a Berlín y Viena. Se confiscaron los archivos de la Chambre Syndicale de la Couture, incluida, sobre todo, la lista de clientes. El objetivo de todo esto era romper un monopolio que supuestamente amenazaba el dominio del Tercer Reich. Debido a los tiempos difíciles, los dobladillos subieron tanto en la ropa de noche como en la de día, esta última se confeccionaba utilizando materiales sustitutos siempre que era posible. A partir de 1940 se necesitaba tela para el personal militar; para todos los demás, estaba racionado, con una asignación de no más de cuatro metros (trece pies) de tela para un abrigo y un poco más de un metro (tres pies) para una blusa. Ningún cinturón podía tener más de 3 centímetros (una pulgada y media) de ancho. Todos, desde amas de casa hasta diseñadores, se vieron obligados a reutilizar telas viejas o crear nuevos estilos a partir de prendas viejas. La alta costura hizo todo lo posible para mantener ondeando su bandera. El humor y la frivolidad se convirtieron en la forma de las estrellas del pop de desafiar a las potencias ocupantes y la alta costura sobrevivió. Aunque algunos han argumentado que la razón por la que perduró se debió al patrocinio de las esposas de nazis ricos, los registros revelan que, aparte de las habituales parisinas adineradas, era una mezcla ecléctica de esposas de embajadores extranjeros, clientes del mercado negro, y otros clientes diversos de los salones (entre los cuales las mujeres alemanas eran sólo una minoría) que mantenían las puertas abiertas en casas de moda como Jacques Fath, Maggy Rouff, Marcel Rochas, Jeanne Lafaurie, Nina Ricci y Madeleine Vramant. Los peinados con permanente siguieron siendo estándar, aunque durante los años 40, esto evolucionó hacia un mechón a lo largo de la parte inferior de la línea del cabello. Durante la ocupación, la única manera verdadera que tenía una mujer de hacer alarde de su extravagancia o agregar color a un atuendo monótono era usar un sombrero. En este período, los sombreros se hacían a menudo con restos de materiales que de otro modo se habrían desechado, incluidos trozos de papel y virutas de madera. Entre las La situación aislada de París en la década de 1940 permitió a los estadounidenses utilizar plenamente el ingenio y la creatividad de sus propios diseñadores. Durante la sombrereras más innovadoras de la época se encontraban Pauline Adam, Simone Naudet, Rose Valois y Le Monnier. En la Segunda Guerra Mundial, Vera Maxwell presentó trajes compuestos de conjuntos sencillos y de corte sencillo e introdujo innovaciones en la ropa de trabajo masculina. Bonnie Cashin transformó las botas en un importante accesorio de moda y, en 1944, comenzó la producción de ropa deportiva original e imaginativa. Claire McCardell, Anne Klein y Cashin formaron un notable trío de mujeres que sentaron las bases de la ropa deportiva estadounidense, asegurando que el prêt-à-porter no fuera considerado una mera segunda opción, sino una forma elegante y cómoda de vestir para las mujeres modernas. En los años de la guerra, el traje zoot (y en Francia el traje zazou ) se hizo popular entre los hombres jóvenes.Muchas actrices de la época, entre ellas Rita Hayworth, Katharine Hepburn y Marlene Dietrich, tuvieron un impacto significativo en la moda popular. El modisto Christian Dior creó un maremoto con su primera colección en febrero de 1947. La colección contenía vestidos con bustos acentuados, cinturas diminutas (o de "avispa") y faldas extravagantemente amplias, enfatizando la figura femenina de reloj de arena de una manera muy similar al estilo de la Belle Époque. El uso lujoso de las telas y la elegancia femenina de los diseños atrajeron a la clientela de la posguerra y aseguraron el meteórico ascenso de Dior a la fama. La absoluta sofisticación del estilo incitó al todopoderoso editor del Harper's Bazaar estadounidense, Carmel Snow, a exclamar: "¡Ésta es una nueva apariencia!" Contra la continuidad, el apoyo y la lógica, y las predicciones sociológicas eruditas, la moda de los años cincuenta, lejos de ser revolucionaria y progresista, utilizó más la de la década anterior. Toda una sociedad que, en las décadas de 1920 y 1930, había creído mucho en el progreso, ahora era mucho más prudente. A pesar de que las mujeres tenían derecho a votar, trabajar y conducir sus propios automóviles, eligieron usar vestidos hechos de materiales opulentos, con cinturas encorsetadas y faldas arremolinadas hasta la mitad de la pantorrilla. Mientras la moda miraba hacia el pasado, la alta costura experimentó una especie de renacimiento y generó una miríada de diseñadores estrella que se beneficiaron enormemente del rápido crecimiento de los medios de comunicación. A lo largo de la década de 1950, aunque sería por última vez, las mujeres de todo el mundo siguieron sometiéndose a las tendencias de la alta costura parisina. Tres de los modistos parisinos más destacados de la época fueron Cristóbal Balenciaga, Hubert de Givenchy y Pierre Balmain. El frugal príncipe del lujo, Cristóbal Balenciaga Esagri, hizo su debut en la moda a finales de los años treinta. Sin embargo, no fue hasta los años de la posguerra que se hizo evidente la magnitud de la inventiva de este diseñador tan original. En 1951 transformó totalmente la silueta, ensanchando los hombros y eliminando la cintura. En 1955, diseñó el vestido túnica, que más tarde se convirtió en el vestido camisero de 1957. Y finalmente, en 1959, su trabajo culminó con la línea Empire, con vestidos de cintura alta y abrigos con un corte similar al kimono. Su dominio del diseño y la creación de telas desafiaba lo creíble. Balenciaga también se destaca como uno de los pocos modistos en la historia de la moda que podía usar sus propias manos para diseñar, cortar y coser los modelos que simbolizaban el apogeo de su arte. Hubert de Givenchy abrió su primera casa de alta costura en 1952 y causó sensación con sus prendas que podían mezclarse y combinarse a voluntad. La más famosa fue su blusa Bettina hecha de camisa, que lleva el nombre de su top model. Pronto se abrieron boutiques en Roma, Zúrich y Buenos Aires. Hombre de inmenso gusto y criterio, fue, quizás más que cualquier otro diseñador de la época, una parte integral del mundo cuya discreta elegancia ayudó a definir. Pierre Balmain abrió su propio salón en 1945. Fue en una serie de colecciones llamadas 'Jolie Madame' donde experimentó su mayor éxito, a partir de 1952. La visión de Balmain de la mujer elegantemente vestida era particularmente parisina y se caracterizaba por el glamour sastre del "New Look", con su busto amplio, cintura estrecha y faldas amplias, por el dominio del corte y los ensamblajes imaginativos de telas en sutiles combinaciones de colores. Su clientela sofisticada se sentía igualmente cómoda con una elegancia lujosa, una confección sencilla y un aspecto más natural. Además de su trabajo en alta costura, el talentoso empresario fue pionero en una gama de prêt-à-porter llamada Florilege y también lanzó una serie de perfumes de gran éxito. También es destacable el regreso de Coco Chanel (que detestaba el "New Look") al mundo de la moda. Tras el cierre de sus salones durante los años de la guerra, en 1954, con más de setenta años, reapareció y el 5 de febrero presentó una colección que contenía toda una gama de ideas que serían adoptadas y copiadas por mujeres de todo el mundo: su famoso traje trenzado con cadenas de oro, bisutería brillante, blusas de seda en colores que combinaban con los forros del traje, tweeds elegantes, botones con monogramas, lazos planos de seda negra, canotiers, bolsos acolchados con cadenas y vestidos de noche y pieles que eran maravillas de sencillez. A pesar de ser un diseñador de alta costura, Mainbocher, nacido en Estados Unidos, también diseñó uniformes de servicio militar y civil. En 1952, rediseñó el uniforme de servicio de Women Marines combinando feminidad con funcionalidad. Los rediseños anteriores incluyen uniformes para WAVES (Mujeres Aceptadas para el Servicio Voluntario de Emergencia) en 1942, y diseños de uniformes para las Girl Scouts de EE. UU. y la Cruz Roja Americana en 1948. El "New Look" de Dior (que se estrenó en 1947) revivió la popularidad de las fajas y los corselettes todo en uno. A principios de la década de 1950, muchas casas de alta costura aprovecharon el interés en la "ropa básica" para lanzar sus propias líneas, poco después muchos fabricantes de lencería comenzaron a crear sus propias marcas. En 1957, Jane Russell usó el sujetador "Cantilever" que fue diseñado científicamente por Howard Hughes para maximizar una apariencia voluptuosa. La invención de la Lycra (originalmente llamada "Fibra K") en 1959 revolucionó la industria de la ropa interior y rápidamente se incorporó a todos los aspectos de la lencería. Después de la guerra, el estilo americano (que consistía en hombros anchos, corbatas florales, pantalones de pierna recta y camisas con cuellos largos y puntiagudos, a menudo usadas colgando en lugar de por dentro) se volvió muy popular entre los hombres en Europa. Ciertos fabricantes londinenses marcaron el comienzo de un resurgimiento de la elegancia eduardiana en la moda masculina, adoptando un estilo retro ajustado que pretendía atraer a los tradicionalistas. Este look, originalmente dirigido al joven respetable de la ciudad, se tradujo a la moda popular como el estilo Teddy boy. El look italiano, popularizado por Caraceni, Brioni y Cifonelli, fue adoptado por toda una generación de jóvenes amantes elegantes, a ambos lados del Atlántico. Los cuadros eran muy comunes en la moda masculina de la década de 1950, tanto en camisas como en trajes, junto con el corte de pelo "cola de pato", que a menudo se consideraba un símbolo de rebelión adolescente y estaba prohibido en las escuelas. Durante la segunda mitad de la década de 1950, hubo un movimiento general hacia ropa menos formal, especialmente entre la moda masculina. El sombrero fedora y el sombrero Homburg, así como las gabardinas, desaparecieron del uso generalizado (esta tendencia ya había comenzado algunos años antes en la costa oeste más informal de los EE. UU.) después de haber sido partes estándar de la ropa masculina desde la década de 1920. Los diseñadores de Hollywood crearon un tipo particular de glamour para las estrellas del cine estadounidense, y los trajes usados por personajes como Marilyn Monroe, Lauren Bacall o Grace Kelly fueron ampliamente copiados. Cuantitativamente, un traje usado por una actriz en una película de Hollywood tendría una audiencia mucho mayor que la fotografía de un vestido diseñado por un modisto ilustrado en una revista leída por no más de unos pocos miles de personas. Sin siquiera intentar seguir todos los estilos parisinos, sus diseñadores de vestuario se centraron en su propia versión del clasicismo, que debía ser atemporal, favorecedor y fotogénico. Utilizando materiales aparentemente lujosos, como lentejuelas, gasa y pieles, las prendas tenían un corte muy sencillo, incluyendo a menudo algún detalle memorable, como una espalda escotada en un vestido que sólo se reveló cuando la actriz le dio la espalda a la cámara. o algún accesorio particularmente llamativo. Los diseñadores más influyentes y respetados de Hollywood entre los años 1930 y 1950 fueron Edith Head, Orry-Kelly, William Travilla, Jean Louis, Travis Banton y Gilbert Adrian. La ropa cotidiana de las mujeres durante la década consistía en abrigos largos, sombreros con pequeños velos y guantes de cuero. Vestidos hasta la rodilla combinados con collares de perlas, que se hicieron populares instantáneamente gracias a la primera dama Mamie Eisenhower. El cabello corto y con permanente era el peinado femenino estándar de la época. A finales de la década, la ropa fabricada en masa y lista para usar se había vuelto mucho más popular que en el pasado, otorgando al público en general un acceso sin precedentes a los estilos de moda. Década de 1960 Hasta los años 60, París era considerada el centro de la moda en todo el mundo. Sin embargo, entre 1960 y 1969 se produjo una reestructuración radical en la estructura fundamental de la moda. A partir de la década de 1960, nunca habrá una única tendencia o moda predominante, sino una gran plétora de posibilidades, indivisiblemente ligadas a las diversas influencias en otras áreas de la vida de las personas. La prosperidad y el surgimiento de una cultura adolescente distinta, combinados con el movimiento contracultural, tendrían efectos importantes en la moda. Después de 30 años de estilos de ropa conservadores, en los años 60 se produjo una especie de retroceso a la década de 1920, cuando las mujeres adoptaron una vez más un aspecto infantil con cortes de pelo bob y ropa cada vez menos modesta. A principios de la década, las faldas llegaban hasta la rodilla, pero poco a poco se hicieron cada vez más cortas hasta que surgió la minifalda en 1965. A finales de la década habían llegado muy por encima de la parte superior de las medias, lo que hizo inevitable la transición a las medias. Muchos de los cambios radicales en la moda se desarrollaron en las calles de Londres, con diseñadores tan talentosos como Mary Quant (conocida por lanzar la minifalda) y Barbara Hulanicki (fundadora de la legendaria boutique Biba). París también tuvo su cuota de diseñadores nuevos y revolucionarios, entre ellos Pierre Cardin (conocido por sus diseños visionarios y hábilmente cortados), André Courrèges (conocido por sus trajes futuristas y por lanzar la minifalda junto con Mary Quant), Yves Saint Laurent (conocido por su moda revolucionaria pero elegante) y Emanuel Ungaro (conocido por su uso imaginativo del color y sus atrevidos contrastes barrocos). En Estados Unidos, Rudi Gernreich (conocido por sus diseños vanguardistas y futuristas) y James Galanos (conocido por su lujoso prêt-à-porter) también estaban llegando a un público joven. Los principales puntos de venta de estos nuevos jóvenes diseñadores de moda eran pequeñas boutiques que vendían prendas que no eran exactamente "únicas", sino que se confeccionaban en pequeñas cantidades en una gama limitada de tallas y colores. Sin embargo, no todos los diseñadores aceptaron bien el nuevo estilo y estado de ánimo. En 1965, Coco Chanel montó una acción de retaguardia contra la exposición de la rodilla y Balenciaga continuó decididamente produciendo diseños femeninos y conservadores. La forma y el estilo básicos de la época eran simples, limpios, elegantes y coloridos. Los sombreros ya habían comenzado su declive en la década anterior y ahora estaban casi completamente extintos excepto en ocasiones especiales. Los tacones bajos eran un bonito sustituto de los tacones de aguja. Los dedos de los pies en punta dieron paso a los dedos en forma de cincel en 1961 y a los dedos en forma de almendra en 1963. Las botas planas también se hicieron populares con vestidos muy cortos en 1965 y, finalmente, subían por la pierna y llegaban hasta la rodilla. En los años 60 se vio por primera vez una amplia variedad de peinados populares, incluidos bobs, cortes de paje y colmenas. Dos diseñadores notables e influyentes en la década de 1960 fueron Emilio Pucci y Paco Rabanne. Los diseños y estampados de ropa deportiva de Emilio Pucci inspirados en el op art, la psicodelia y los estandartes heráldicos medievales le valieron una reputación que se extendió mucho más allá de los círculos de la alta sociedad. Sus elegantes vestidos rectos, túnicas y ropa de playa crearon una 'Puccimanía' que fue parte de un movimiento para liberar la forma femenina y sus diseños son hoy sinónimo de la década de 1960. Francisco Rabaneda Cuervo (más tarde Paco Rabanne) abrió su primera casa de alta costura en 1966 y, desde el principio, produjo diseños decididamente modernos. En lugar de utilizar materiales de vestir convencionales, creó prendas a partir de aluminio, rodoides y trozos de chatarra. Sus diseños, además de ser experimentales, también estaban muy en sintonía con lo que querían vestir las jóvenes aventureras modernas. Entre sus innovaciones se encuentran el vestido sin costuras hecho, después de muchos experimentos, rociando cloruro de vinilo sobre un molde, y el vestido desechable de bajo presupuesto hecho de papel e hilo de nailon. Rabanne también fue el primer diseñador de moda en utilizar modelos negros, lo que estuvo a punto de provocar su despido de la Chambre Syndicale de la Couture Parisienne. El éxito de su perfume Calandre ayudó a respaldar las áreas menos rentables de su trabajo, mientras que su utopismo le aseguró una posición única en el conservador mundo de la alta costura. El principal cambio en la moda masculina en la década de 1960 fue el peso del tejido utilizado. La elección de los materiales y el método de fabricación dieron como resultado un traje que, al ser más ligero, tenía un aspecto totalmente diferente, con una línea más cercana a la forma natural del cuerpo, lo que hacía que los hombres miraran su figura de manera más crítica. La proliferación de los jeans sirvió para acelerar un cambio radical en el vestuario masculino. Los jóvenes se dejaban el pelo hasta el cuello y añadían un toque de color, e incluso motivos florales, a sus camisas. El cuello polo nunca logró sustituir a la corbata, pero la adopción de la chaqueta obrera de pana basta, y especialmente de la chaqueta mao, demostró ser algo más que una simple declaración política. Pierre Cardin y André Courrèges provocaron algunos rumores futuristas, pero el traje de tres piezas sobrevivió intacto. A principios de la década de 1960 hubo "asociaciones" influyentes de celebridades y diseñadores de alta costura, las más famosas Audrey Hepburn con Givenchy y Jackie Kennedy con Oleg Cassini. Además, muchos modelos tuvieron un efecto muy profundo en la moda, sobre todo Twiggy, Veruschka, Jean Shrimpton. A principios de la década, los culottes estaban de moda y el bikini finalmente se puso de moda en 1963. Los movimientos hippie y psicodélico de finales de la década también tuvieron una fuerte influencia en los estilos de ropa, incluidos los jeans de campana (diseñados por el sastre inglés Tommy Nutter, de su tienda Savoy), los tejidos tie-dye y batik, así como los estampados paisley. Década de 1970 Apodada la década del "yo"; "complacete a ti mismo" era el eslogan de la década de 1970. Algunos lo vieron como el fin del buen gusto. La década comenzó con una continuación del estilo hippie de finales de los años 1960, con caftanes, bufandas indias y túnicas con estampados florales. Los jeans seguían deshilachados y acampanados, el teñido anudado seguía siendo popular y la moda unisex se disparó. Un inmenso movimiento que reivindicaba los derechos civiles de los negros combinado con la influencia de la música soul de Estados Unidos creó una nostalgia por África y la cultura africana. Surgió una elegancia radical, influenciada por personajes como James Brown, Diana Ross, Angela Davis y los Black Panthers, en todo, desde peinados afro hasta suelas de plataforma. Durante la década de 1970 las marcas aumentaron considerablemente su participación en el mercado internacional. Los dobladillos comenzaron a caer en 1974 hasta debajo de la rodilla hasta que finalmente llegaron a la mitad inferior de la pantorrilla en 1977 y se eliminaron las líneas de los hombros. Después de 1975, la moda pasó a estar dominada por el "look disco", que incluía cortes de pelo con plumas para las mujeres y, para los hombres, el traje informal de tres piezas. Los pantalones acampanados seguirían siendo populares durante toda la década. Quizás los dos diseñadores de moda más innovadores de la Francia de los años 70 fueron Kenzo Takada y Sonia Rykiel. Kenzo, estrella indiscutible de la moda parisina de la década de 1970, se inspiró en todo el mundo, mezclando influencias populares occidentales y orientales con una fantástica alegría de vivir y una comprensión instintiva de lo que querían sus jóvenes clientes. Con sus líneas fluidas, estampados inusuales, accesorios ingeniosos y galas hasta ahora sin precedentes en el prêt-à-porter, revolucionó el mundo de la moda. Sonia Rykiel, reina de los tejidos de punto que realzan la figura, diseñó en 1974 sus primeros jerseys con costuras invertidas. Pero más que eso, creó toda una gama de prendas que eran extremadamente individuales y que, sin embargo, podían usarse en casi cualquier lugar. El estilo Rykiel, dominado por prendas de punto fluido, negros oscuros, pedrería, bufandas largas tipo boa y pequeños gorros de crochet, conquistó el mercado estadounidense, e incluso hoy en día, muchos estadounidenses consideran a Rykiel como el verdadero sucesor de Chanel. Gracias al punk, Londres conservó un grado considerable de influencia en la moda, sobre todo en las boutiques de King's Road, donde la boutique de Vivienne Westwood, SEX, inaugurada en 1971, soplaba con el viento predominante. Este templo de la iconoclasia británica se centraba en accesorios fetichistas y gamas de ropa en las que el caucho negro y las tachuelas de acero eran los signos externos del sadismo subyacente. Postmodernista e iconoclasta en esencia, el movimiento punk fue una reacción directa a la situación económica durante la depresión económica del período, el vehículo de un odio que era más visceral que político. El punk tenía en su corazón un manifiesto de creación a través del desorden. Con sus camisetas rotas, sus peinados nativos americanos, sus Doc Martens, sus pantalones bondage y sus cadenas, los punks exportaron un sentimiento general de disgusto a todo el mundo. Otro estilo británico popular fue el estilo de ropa campestre, femenino y decididamente antimoderno popularizado por Laura Ashley, que consistía en faldas largas con volantes y blusas de cuello alto con estampados florales tradicionales, combinadas con chales de ganchillo. Laura Ashley comenzó a dirigir una pequeña empresa en Gales a mediados de la década de 1960 y la empresa continuó expandiéndose hasta la muerte accidental de su propietario en 1985. Laura Ashley no fue la única diseñadora que miró con nostalgia al pasado. Las modas basadas en las décadas de 1920, 1930, 1940 y 1950 fueron populares durante gran parte de la década, con películas de Hollywood como El Padrino y El gran Gatsby y numerosas exposiciones sobre la historia del vestuario en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York aumentaron su popularidad. En Japón, las boutiques del moderno distrito Harajuku de Tokio vendían muchas versiones reelaboradas de estilos tradicionales británicos y estadounidenses. En Estados Unidos, la tendencia general en la moda era hacia la simplificación y las faldas más largas, aunque muchas mujeres reaccionaron negativamente al largo midi, que sentían envejecido. Los pantalones, por el contrario, obtuvieron la aprobación unánime. Los jeans fueron los que más se beneficiaron al convertirse en una parte aceptada de la escena de la moda estadounidense en la década de 1970, y su nueva respetabilidad derivó de su inclusión en colecciones bajo el título de ropa deportiva. Las nuevas estrellas del prêt-à-porter estadounidense adaptaron lo mejor de lo que aprendieron de Europa a la enorme industria de la confección estadounidense. Calvin Klein y Ralph Lauren surgieron del anonimato más o menos simultáneamente para abordar la cuestión del diseño de ropa para los hombres y mujeres de un nuevo mundo. Dos movimientos opuestos dominaron la moda en Estados Unidos durante la década de 1970. Por un lado, estaba el look unisex y entallado; por otro, un estilo fluido y desestructurado con una fuerte sensación de glamour de los años 30. El diseñador estadounidense más influyente de la época, Roy Halston Frowick (conocido simplemente como Halston), pertenecía a esta última categoría. Adquiriendo estatus de celebridad en la escena neoyorquina, su particular talento consistió en conciliar la prenda a medida para la ocasión especial con conceptos de comodidad, naturalidad y relajación. Con sus caftanes, camiseros, chilabas, vestidos rectos ultraligeros y túnicas sobre pantalones cortos y pantalones anchos, fue un ícono de la época y un visitante habitual de la sala VIP del Studio 54 después de su apertura en 1977. Geoffrey Beene, elogiado por sus cortes elegantes y sofisticados y su uso del blanco y negro, tuvo su mayor éxito en los diseños radicalmente simplificados en los que sobresalió. Sus pequeños vestidos elegantes y trajes de buen corte en jersey, franela y lana fueron fundamentales para disuadir a las mujeres estadounidenses de usar demasiados accesorios. Bill Blass, que lanzó su propia gama en 1962, desarrolló la costumbre de viajar por todo Estados Unidos para escuchar por sí mismo lo que deseaban sus clientes. Uno de los diseñadores más populares de la época, logró casi con demasiado éxito cumplir los deseos de sus clientes. Su estilo disciplinado y su mano de obra fueron particularmente favorecidos por las mujeres de negocios y las esposas de altos ejecutivos. Betsey Johnson comenzó a diseñar para la boutique Paraphernalia. Utilizando vinilos y telas metálicas y poniendo énfasis en el ingenio, la imaginación y la independencia, trajo un espíritu de irreverencia sin precedentes a Nueva York en la década de 1970. En la moda popular, el estilo de ropa glam rock, usado por artistas de rock como David Bowie y Marc Bolan, fue muy influyente, particularmente en el Reino Unido. El diseñador Elio Fiorucci tenía un look muy similar. Su boutique en Milán vendía cosas como botas de goma de colores brillantes, sandalias de plástico con forma de margarita, pieles sintéticas y chaquetas inspiradas en el arte pop. Durante la década de 1970 surgió una nueva generación de boutiques de ropa masculina, con el objetivo de cambiar la decoración, los rituales y la base de clientes de un comercio tradicionalmente "difícil". Vender ropa de moda a un joven a finales de los años 1960 todavía equivalía, en muchos círculos, a cuestionar su masculinidad. La apariencia de los hombres cambió más en la década de 1970 que en todo un siglo. Muchos de los diseñadores de moda que revolucionaron el look masculino debieron muchas de sus innovaciones a Pierre Cardin: hombros estrechos, líneas ajustadas, sin corbata, sin entretela, monos con cremallera, chaquetas o túnicas entalladas, a veces sin camisa. La ropa de trabajo sirvió de inspiración para un estilo menos formal, lo que animó a los diseñadores a mirar más allá del traje tradicional y, por ejemplo, adoptar un look unisex o investigar la oferta masiva de ropa de segunda mano. A veces, este tipo de reprimenda masculina, a menudo denunciada como "hippie", obtuvo reconocimiento formal como una mirada deliberada. En otras ocasiones, como parte de un movimiento retro, los diseñadores introdujeron un resurgimiento de la elegancia de los años treinta. El desenterramiento de ropa militar antigua, preferentemente caqui y procedente de Estados Unidos; Zapatos de estilo inglés; camisas Oxford; camisetas impecables; chaquetas de tweed con hombreras acolchadas; suéteres con cuello en V de colores brillantes; Los pañuelos estampados de cachemira que colgaban del cuello imponían una cierta uniformidad en el look beatnik informal del guardarropa masculino de finales de los años setenta. También son significativos los avances en la moda italiana que ocurrieron durante el período. En el transcurso de los años 1970, gracias a su industria del prêt-à-porter, Milán confirmó su estatus como centro de la moda internacional, sólo superado por París. La 'alta moda' prefirió Roma, base de los modistos Valentino, Capucci y Schön. Aprovechar la tendencia dominante de la antimoda en Italia ofrecía un glamour que nada tenía que ver con los dictados de la alta costura parisina. Si bien se beneficiaba de un estilo claramente definido, la moda italiana era lujosa y fácil de llevar. Los dos diseñadores de moda italianos más influyentes de la época fueron probablemente Giorgio Armani y Nino Cerruti. Giorgio Armani produjo su primera colección para mujer en 1975. Desde el principio, la línea fue dinámica, urbana y sobria, de inspiración andrógina. Armani ofreció un estilo sobrio que atrajo enormemente a la creciente población de mujeres que ahora tenían acceso al mundo laboral y ocupaban progresivamente puestos de mayor responsabilidad dentro de él. Este fue sólo el comienzo de una tremenda carrera, que se hizo realidad en 1981, cuando se lanzó Emporio Armani. En 1957, Nino Cerruti abrió la boutique de ropa masculina Hitman en Milán. Hombre de gusto y discernimiento, en 1976 presentó su primera colección para mujer. Dos años más tarde lanzó su primer perfume. Al vincular la carrera de un industrial exitoso con la de un diseñador de alta calidad, Cerruti ocupó una posición única en el prêt-à-porter italiano. Década de 1980 La sociedad de los años 80 ya no se criticaba a sí misma como consumista, sino que estaba interesada en "el espectáculo". La imagen consciente de la década fue muy buena para la industria de la moda, que nunca había estado tan a la moda. Los desfiles de moda se transfiguraron en espectáculos saturados de medios y frecuentemente televisados, adquiriendo alta prioridad en el calendario social. La apariencia estaba relacionada con el desempeño, que era de suma importancia para toda una generación de jóvenes profesionales urbanos, cuyo deseo de lucir el papel estaba relacionado con un ansia de poder. La forma en que hombres y mujeres se asociaban con los últimos estilos ya no era una cuestión de sumisión pasiva, pero la música disco rápidamente cayó en desgracia a medida que comenzó la década, junto con sus estilos de ropa asociados. En 1982, los últimos vestigios de la moda de los años 70 habían desaparecido. Durante la década de 1980, el salmonete se convirtió en el corte de pelo estándar de los hombres y las mujeres lucían permanentes grandes y de corte cuadrado, aunque había muchas variaciones de ambas. Los monos se convirtieron en un elemento popular de la ropa femenina y, en los hombres, las corbatas estrechas y las gafas de sol envolventes. También durante los años 80, los aeróbicos estaban de moda y por eso se pusieron de moda los leggings y cintas para la cabeza de spandex. Los dos modistos franceses que mejor definieron el look de la época fueron Un hombre y Azzedine Alaia. Fuertemente influenciado por su carrera inicial en el teatro, Thierry Mugler produjo diseños de moda que combinaban lo retro y el futurismo de Hollywood, con caderas redondeadas, hombros marcadamente acentuados y un ligero toque de heroína galáctica. Los glamorosos vestidos de Mugler fueron un éxito notable y significaron el fin total de la era hippie y su silueta desestructurada. Conocido por sus impresionantes combinaciones, Azzedine Alaia influyó mucho en la silueta de la mujer de los años 80. Maestro de todo tipo de técnicas que antes sólo eran conocidas por la alta costura, experimentó con muchos materiales nuevos y poco utilizados, como el spandex y la viscosa. El acabado, la sencillez y la pura sensualidad de la apariencia de Alaia hicieron que las mujeres de todas las generaciones se identificaran con su estilo seductor, y durante la década de 1980 alcanzó cierta gloria y fue tenido en alta estima por miembros de su propia profesión. También crearon diseños muy típicos de la época Claude Montana, cuyos imponentes diseños de hombros anchos, a menudo hechos de cuero, no habrían desentonado en el universo futurista de Thierry Mugler, y Christian Lacroix, que causó conmoción en el mundo. mundo de la alta costura, con sus faldas de volantes, corsés bordados, polisones y miriñaques de lunares que evocaban los ritmos del flamenco. En la década de 1980 entraron en la escena de la moda varias promesas recién llegadas. un extraordinario técnico que trabajó para Patou, hechizó tanto a la prensa como a sus clientes con sus vestidos de 'pañuelo'. Hechos de cuadrados de tela, resultaron, cuando los pusiste, mucho más complicados de lo que parecían al principio. Muchas veladas parisinas de los años 80 se vieron animadas por sus vestidos, todos ellos de un estilo fluido y original, en los que los cortes y las costuras se mantenían al mínimo. Chantal Thomas, la reina de las medias sexys y el encaje, se ganó seguidores devotos por su seductora ropa interior y sus vestidos de noche que parecían camisones y viceversa. Guy Paulin fue uno de los primeros diseñadores en promover una apariencia severa, sencilla y ordenada. Sus prendas eran clásicas en sus proporciones y confeccionadas para la comodidad y la sencillez, con sus líneas armoniosas reforzadas por una sutil paleta de colores y materiales nobles. Bajo su propio nombre, Joseph diseñó prendas de punto lujosas siguiendo líneas clásicas, creando prendas holgadas y sexys en colores neutros. Carolina Herrera, considerada durante mucho tiempo como una de las integrantes más elegantes de la jet set, lanzó en 1981 una serie de colecciones dirigidas a mujeres como ella, presentando prendas de impecable corte, alta calidad y atractivos vestidos de noche. Diseñadores japoneses como Rei Kawakubo y Yohji Yamamoto ofrecieron un look que marcó una ruptura total con la imagen de moda imperante en la época. Zapatos planos, sin maquillaje, reserva, modestia y secretismo fueron las señas de identidad de este look moderno. Con el tiempo, comenzó a incluir detalles de las modas del pasado, a medida que estos anarquistas de la moda revisitaban los lugares antiguos de Europa, cuya influencia en la forma de la ropa, a finales del siglo XX, se volvió legendaria. En la moda estadounidense, el estilo seductor y pegajoso de Donna Karan y la sofisticación informal de Ralph Lauren fueron muy influyentes. Donna Karan, estrella de la escena social de Nueva York, aportó un enfoque muy personal y femenino al look informal, severo y de colores sobrios que dominaba el prêt-à-porter estadounidense. Al crear su propia marca en 1984, sus diseños ganaron popularidad instantánea entre las mujeres urbanas activas que apreciaban mucho el lujo discreto de su ropa. En 1971 Ralph Lauren abrió una boutique para hombres y mujeres en Beverly Hills . Su estilo aristocrático a precios que el estadounidense medio podía permitirse causó sensación. Para una élite enfrentada a todo tipo de modas de vanguardia, representó un punto de encuentro, respaldando un estilo clásico que había sido adoptado para una vida activa. Lauren, número uno del prêt-à-porter estadounidense, tuvo igualmente éxito con su ropa deportiva y sus vaqueros, que le permitieron llegar al más amplio espectro posible de clases sociales y grupos de edad. Un elemento central del éxito de una nueva ola de ropa deportiva estadounidense fue la marca Perry Ellis, fundada en 1978, que utilizó el color y las fibras naturales con gran ventaja en sus elegantes variaciones de los básicos. Norma Kamali, con sus faldas cortas compuestas por sudaderas, leotardos, vinchas y calentadores, hizo que el jogging pareciera estar de moda. Kamali también creó la popular 'falda rah-rah'. También es notable la extrema popularidad de la marca deportiva Adidas, que alcanzó un increíble nivel de credibilidad callejera en la década de 1980, incitando al grupo de hip hop Run DMC a lanzar el sencillo 'My Adidas' en 1986. El legendario diseñador de zapatos Manolo Blahnik también saltó a la fama durante los años 80. La multiplicidad de tendencias que florecieron durante los años 80 se vio restringida por la recesión económica que se produjo a principios de los años 90, destruyendo en gran medida el estado de ánimo optimista que es tan ventajoso para la industria de la moda. Década de 1990 En la década de 1990 ya no era costumbre seguir la moda servilmente, en marcado contraste con las décadas de 1970 y 1980, muy a la mode. La fobia a estar mal vestido finalmente fue completamente desplazada por el miedo a vestir demasiado. La moda de la década de 1990 se unió en torno a un nuevo estándar, el minimalismo y los estilos de absoluta simplicidad se convirtieron en la moda. A pesar de los mejores esfuerzos de algunos diseñadores por mantener ondeando la bandera de los vestidos bonitos, a finales de la década la noción de galas ostentosas prácticamente había desaparecido. Además del estilo del producto, su promoción en los medios se volvió crucial para su éxito e imagen. Las presiones financieras de la década tuvieron un efecto devastador en el desarrollo de nuevos talentos y redujeron la autonomía de la que disfrutaban los diseñadores más establecidos. La moda de finales del siglo XX abordó temas que la moda no había abordado antes. Estos temas incluían violación, discapacidad, violencia religiosa, muerte y modificación corporal. Hubo un alejamiento dramático de los estilos sexys dirigidos a la glamorosa mujer fatal de la década de 1980, y muchos diseñadores, cautivados por una visión de la pobreza romántica, adoptaron el estilo de la niña abandonada asolada por la pobreza, vestida con una paleta austera y perversamente sobria., con el rostro desmaquillado. La ropa de minoristas de prêt-à-porter como The Gap, Banana Republic y Eddie Bauer pasó a la vanguardia de la moda, logrando satisfacer las necesidades de las mujeres que simplemente querían ropa cómoda y ponible. La ropa retro inspirada en las décadas de 1960 y 1970 fue popular durante gran parte de la década de 1990. La famosa casa de moda italiana Gucci fue creada en 1921 por Guccio Gucci y originalmente era una firma que vendía artículos de cuero de lujo. Bajo la dirección de los hijos de Guccio Gucci, a finales de la década de 1960 la marca se había ampliado para incluir una gran cantidad de productos con un glamour claramente latino. Sin embargo, sólo en la década de 1990, cuando los herederos de Gucci cedieron el control de la empresa a Invest Corp., que planeaba darle un giro al negocio, comenzó realmente a disfrutar del tipo de éxito que disfruta en la actualidad. Con un diseñador desconocido, Tom Ford, como director de diseño en 1994, la casa de moda se dotó de un gran prestigio, ya que Ford provocó un maremoto con sus elegantes e impactantes colecciones, perfumes para hombres y mujeres, boutiques renovadas y campañas publicitarias. En 1998, Gucci es nombrada "Compañía europea del año" por la Federación Europea de Prensa Empresarial. Hoy en día es la segunda marca de moda más vendida (después de LVMH) en todo el mundo, con unos ingresos de 7.000 millones de dólares en todo el mundo en 2006, según la revista BusinessWeek. En los años 90, la marca Prada se convirtió en una verdadera fuerza creativa en la industria de la moda. La empresa milanesa se fundó en 1923, dos años después de Gucci, y al igual que Gucci, era una firma que vendía zapatos y cuero de alta calidad. Fue hasta la década de 1980 que Miuccia Prada, sobrina del fundador de la empresa, comenzó a producir moda prêt-à-porter, ganando fama por su estilo sutil, estilizado pero indiscutiblemente lujoso, dirigido a la joven privilegiada que prefiere la sobriedad a la sobriedad. extravagante extravagancia. En Estados Unidos, tres de los diseñadores de moda más influyentes de la época fueron Michael Kors, Marc Jacobs y Calvin Klein. Michael Kors fundó su propia empresa en 1980. Sin embargo, no fue hasta la década de 1990 que el diseñador alcanzó la cima de su popularidad. Su conocimiento y conciencia de las tendencias le permitieron producir prendas sencillas y bien cortadas, cuya sofisticación y elegancia atrajeron a toda una nueva generación de clientes estadounidenses ricos atraídos por la nueva moda de la elegancia minimalista. Marc Jacobs es uno de los diseñadores estadounidenses más notables de la época porque, a diferencia de muchos diseñadores de moda estadounidenses del pasado, no fue tanto el coordinador de una prenda producida en masa como un diseñador en el sentido europeo de la palabra. Uno de los talentos más prometedores de la industria de la moda en ese momento, el grupo LVMH (Louis Vuitton-Moet Henessy) le ofreció el trabajo de diseñar una línea de prêt-à-porter para complementar los productos de lujo del especialista en equipaje Louis Vuitton, a finales de los años 1990. Uno de los primeros diseñadores de moda en anticipar la globalización de los mercados mundiales, el ya conocido diseñador Calvin Klein comenzó a comercializar su moda, perfumes y accesorios no sólo en los EE. UU. sino también en Europa y Asia, logrando un éxito sin igual. Klein, un brillante director artístico, utilizó anuncios cuidadosamente construidos que contenían imágenes teñidas de erotismo para promover sus diseños sofisticados y funcionales producidos en masa, que ganaron enorme popularidad entre la juventud urbana de los años noventa. El grupo de diseñadores conocidos como los ' Seis de Amberes ' (llamados así porque todos ellos eran graduados de la Real Academia de Bellas Artes de Amberes), que surgió por primera vez en los años 1980, saltó a la fama en los años 1990. Tres de los más influyentes del grupo fueron Ann Demeulemeester, Dries van Noten y Walter Van Beirendonck. Ann Demeulemeester, desde su primera colección en 1991, demostró mucha confianza e inventiva. Naturalmente inclinada a la subestimación, construyó sus diseños sobre la base de contradicciones, introduciendo elementos contrastantes en sus modas fluidas y estilizadas, que atraían a mujeres que vestían, sobre todo, para complacerse a sí mismas. El trabajo de Dries van Noten se basó en un sólido dominio del arte de la sastrería, al que el joven diseñador añadió discretos toques de fantasía en un estilo muy personal. Consiguiendo ser a la vez clásica y original, su moda atraía a aquellos que preferían expresar su individualidad en lugar de seguir servilmente las tendencias. Walter Van Beirendonck, que irrumpió en la escena de la moda en 1995, produjo diseños decididamente futuristas bajo su marca W & LT (Wild and Lethal Trash). Utilizando deliberadamente tejidos desarrollados con las últimas tecnologías, en colores violentamente contrastados, produjo prendas llenas de referencias eróticas y sadomasoquistas, tocadas con un humor cáustico adolescente. Su enfoque muy distintivo se relacionaba con un resurgimiento de la antimoda, pero esta vez una antimoda sin nada en lo más mínimo étnico en sus orígenes, sino basada en la ciencia ficción que sirvió de inspiración para muestras de tan animada provocación. En Italia, Gianni Versace, con sus diseños brillantes, sexys y coloridos, y Dolce & Gabbana, con su estilo superfemenino y fantástico, rompieron con las modas serias y sobrias que dominaron durante gran parte de los años noventa. La diseñadora británica Vivienne Westwood produjo muchas colecciones influyentes y populares a principios de la década de 1990, que incluían trajes inspirados en las cortesanas del siglo XVIII y el Marqués de Sade, con caderas redondeadas, corsés y tacones de plataforma. El diseñador londinense Rifat Ozbek también fue popular, especialmente en Nueva York y Milán. Su estilo juvenil, que mezclaba referencias a la India, África y su Turquía natal con ingeniosas interpretaciones de ropa histórica, recordaba a los clubes nocturnos más modernos y a la moda callejera más escandalosa de la época. La música rap fue una influencia destacada en la moda popular y callejera a principios y mediados de los años noventa. Los seguidores del hip hop adoptaron unos vaqueros enormes y holgados, similares a los que se llevaban en las prisiones estadounidenses, con grandes camisas estampadas y pesados zapatos negros. La marca deportiva Nike gozó de gran popularidad y materiales como Lycra/spandex se utilizaron cada vez más para la ropa deportiva. La creciente conciencia ecológica y los derechos de los animales hicieron que incluso las casas de alta costura como Chanel introdujeran pieles artificiales y fibras naturales en sus colecciones. Finales del siglo XX A finales del siglo XX, las modas comenzaron a traspasar fronteras internacionales con rapidez. Los estilos occidentales populares se adoptaron en todo el mundo y muchos diseñadores de fuera de Occidente tuvieron un profundo impacto en la moda. Los materiales sintéticos como la lycra/spandex y la viscosa se volvieron ampliamente utilizados, y la moda, después de dos décadas de mirar hacia el futuro, volvió a buscar inspiración en el pasado. Década de 2000 La moda de la década de 2000 se describe a menudo como una mezcla global, donde las tendencias vieron la fusión de estilos vintage, ropa global y étnica (por ejemplo, boho), así como las modas de numerosas subculturas basadas en la música. La moda hip-hop en general fue la más popular entre los jóvenes de todos los sexos, seguida por el estilo indie de inspiración retro más adelante en la década. Los que generalmente tenían 25 años o más adoptaron un estilo informal y elegante que fue popular durante toda la década. La globalización también influyó en las tendencias de la vestimenta de la década, con la incorporación de la vestimenta asiática y de Medio Oriente a la moda europea, estadounidense y de Australasia Además, la ropa ecológica y ética, como la moda reciclada, ocupó un lugar destacado en la década. A principios de la década de 2000, muchas modas de mediados y finales de la década de 1990 seguían estando de moda en todo el mundo, al tiempo que introducían nuevas tendencias. Los últimos años de la década vieron un resurgimiento a gran escala de los diseños de ropa, principalmente de las décadas de 1960, 1970 y 1980. Década de 2010 La década de 2010 se definió por la moda hipster, el athleisure, un resurgimiento de prendas de época de la austeridad y modas alternativas, conjuntos inspirados en swag, ropa urbana de neón al estilo de los años 80] y elementos unisex al estilo de los años 90 influenciados por el grunge y moda skater Los últimos años de la década fueron testigos de la creciente importancia en el mundo occidental de los influencers de las redes sociales a los que se les pagaba para promocionar marcas de moda rápida en Pinterest e Instagram.[ Las marcas de moda mundiales más populares de la década incluyeron Abercrombie and Fitch, Adidas, Balenciaga, Ben Sherman, Burberry, Christian Dior, Coach, DSquared2, Dorothy Perkins, Fashion Nova, Forever 21, Gucci, H&M, Hollister, Hugo Boss, Lacoste, Louis Vuitton. Marks and Spencer, Michael Kors, Monsoon Accessorize, Nike, Nine West, Off-White, River Island, Supreme, Topman, Topshop, Uniqlo, Under Armour y Vans. Década de 2020 La moda de la década de 2020 representa una desviación de la moda de la década de 2010 y presenta una nostalgia por la estética más antigua. Se han inspirado en gran medida en estilos de finales de los 90 hasta mediados de los 2000, 1980 y finales de los 60 hasta principios de los 70. A principios de la década, varias publicaciones notaron la tendencia acortada y ciclo de nostalgia en la moda de la década de 2020. La moda también se vio moldeada por la pandemia de COVID-19, que tuvo un gran impacto en la industria de la moda y provocó cambios en las tendencias minoristas y de consumo. En la década de 2020, muchas empresas, incluidos los actuales gigantes de la moda rápida como Shein y Temu, han estado utilizando plataformas de redes sociales como TikTok e Instagram como herramienta de marketing. Las estrategias de marketing que involucran a terceros, en particular personas influyentes y celebridades, se han convertido en tácticas destacadas. Las plataformas de comercio electrónico que promueven las pequeñas empresas, como Depop y Etsy, crecieron ofreciendo ropa vintage, hecha en casa o revendida por vendedores individuales. El ahorro también ha ganado popularidad debido a que se centra en encontrar prendas valiosas a un precio razonable. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Diseño de portada Nombre del autor: Ignacio Ramón Echeburúa Estévez Nombre del autor en la portada: Ignacio R. Echeburúa Título del Libro: La moda que yo conocí. Texto solapa portada (máximo 400 caracteres con espacios). Biografía del autor: Sólo voy a citar mis últimas publicaciones. En esta última órbita, se sitúa el libro titulado “El Griego y su Literatura Clásica”, que sacó a la calle la Editorial pc de Palma de Mallorca, en su sede de Barcelona. Le siguió un libro sobre “ASTRONOMÍA”, que editó en junio de 2022, la Editorial Autografía de Barcelona. Asimismo, los tres libros siguientes han sido publicados por la Editorial Autografía. En junio de 2023 vio la luz el libro titulado “Historia de la física”. Este libro tiene 282 páginas y forma parte de la colección Fondo de la editorial. Se puede adquirir en librerías online como Librería Oxford, Buscalibre y Agapea. En enero de 2024 salió a la calle el libro titulado “JOSÉ ORTEGA Y GASSET y la razón histórica”. Ortega nos dice que necesitamos una razón que sea capaz de describir los sentidos del mundo humano, que nos permita entender la realidad humana. A la razón pura le es imposible captar al hombre en su singularidad, en sus realizaciones históricas, la razón pura no nos sirve; la razón matematizante... Por otro lado, “Mis Relatos” es mi única obra de narrativa, la cual contiene tres relatos cortos, como son “¡Una boda que se las trae!”, “Aires de romería: El Rocío” y, para terminar, “Con faldas y ¡a lo loco!”. Fue puesta en la calle en marzo de 2025 por la mencionada Editorial Autografía, en la categoría de Ficción. Ya está en la editorial el libro titulado “Nuevos Relatos”, que saldrá a la calle en septiembre de este año y contendrá cinco narraciones, cuyos títulos son: a) El Gernika; b) EL suicidio de un filósofo; c) En una casa que no quiero recordar; d) San Juan de Gaztelugatxe, y e) Deporte Rural Vasco. Por último, quiero indicar que Ediciones Europa acaba de enviarme una propuesta editorial por la que se compromete a publicarme el título “Mis Cuentos”, que se integra por las narraciones siguientes: a) Leyendas y sagas de la mitología nórdica, b) Los vikingos y su mitología, y c) La vida desde los inicios, para los niños. Su correo electrónico es: editor3@grupoeditorialeuropa.es/ Sin embargo, tengo redactada mi primera novela, de la que no falta ni un detalle, que se titula “Una comunidad de Carmelitas descalzas”, incorporando a este título sendas fotografías. Son sus dos personajes centrales Jorge y Luis Enrique, quienes con diálogos llenos de frescura y sinceridad nos abren las puertas del convento de Santa Teresa de San Sebastián. Dicha novela, que se trata de ser una novela histórica, se encuentra en la bandeja de entrada, pero aún no tiene un destinatario concreto. Y, últimamente, se ha redactado otra novela, titulada Un catamarán nuevo, con una extensión parecida a la anterior, aunque el nº de capítulos se queda en seis. Asimismo, tengo otras dos novelas en su correspondiente borrador: El advenimiento de la ultraderecha, obra bien documentada, que acontece en el aula magna de la Universidad de Buenos Aires, donde dialogan un grupo de alumnos y su catedrático en ciencia política; y Una cuadrilla de amigos, en la que se hace un estudio de la verdadera amistad, colándonos en una cuadrilla de txikiteo, contándose con seis protagonistas: Juan, Fernando, Moncho, Emilio, Ricardo e Iñaki, que soy yo mismo (el narrador). Texto de la contraportada (máximo 500 caracteres con espacios). Sinopsis: En el presente libro, hemos abordado el fenómeno de la moda, que es un conjunto de prendas de vestir, adornos y complementos basados en gustos, usos y costumbres que se utilizan por una mayoría durante un periodo de tiempo determinado y que marcarán tendencia según la duración del mismo. Por su parte, Lipovetsky define la moda como una búsqueda frenética de la novedad, y una forma de venerar el presente en una sociedad abierta a una cultura en la cual los valores primordiales son el placer, la búsqueda permanente de pertenecer a un grupo y al mismo tiempo ser diferente, y único. El estilo es individual y personal, mientras que la moda es colectiva, generalmente adoptada por un grupo o sociedad específica. El estilo puede ser duradero y perdurar a lo largo del tiempo, mientras que las tendencias de moda pueden ser pasajeras y cambiar con frecuencia. La moda es mucho más que simples tendencias que van y vienen; es una forma de expresar personalidad y de crear conexiones. Por otra parte, el fashion styling es el arte de seleccionar y coordinar ropa y accesorios para crear conjuntos armoniosos y estéticamente atractivos. Pero, esto no se limita solo a la elección de prendas de vestir; también incluye la selección de peinados, maquillaje y locaciones. Así, pues, el estilo es una expresión única de ti mismo, mientras que seguir una tendencia implica adoptar algo que es popular en un momento dado, aunque no necesariamente refleje tu verdadera personalidad. Los tipos de estilos más comunes en moda son el clásico, con elegancia atemporal; el casual, enfocado en comodidad y practicidad; el romántico, con detalles dulces y delicados; el minimalista, de líneas sencillas y colores neutros; el vintage, inspirado en el pasado; el urbano o streetwear, con influencias de la cultura callejera; y el creativo o artístico, que mezcla colores, texturas y formas de forma original. Texto solapa contraportada (máximo 300 caracteres con espacios): La obligada pluridisciplanariedad del fenómeno moda produce, en la segunda mitad del siglo XX, notables contribuciones desde la semiología con R. Barthes, quien elabora un primer análisis comunicativo de los contenidos y los símbolos de la moda en su famosa Système de la mode (1967). En tanto que parte fundamental de la cultura de masas, destacan los trabajos de Gillo Dorfles (1968), Edgar Morin (1957), Guy Débord (1969), Jean Beaudrillard (1974), o Ugo Volli (1988), que sitúan la nueva complejidad del análisis del fenómeno/moda que adquiere una incidencia que sobrepasa los límites de la indumentaria. Como aportaciones sociológicas notables pueden citarse las de R. Köning en su Sociologie de la mode (1969), que aborda la moda como fenómeno masivo de determinante incidencia económica, y, desde un punto de vista más clásico, el trabajo de P. Bourdieu sobre La distinción (1979), que enlaza con otros análisis sobre las oscilaciones del gusto o la teoría de la sensibilidad y el estilo de vida. ¿Qué concepto -o conceptos- pretende transmitir en su libro? El estilo es el conjunto de características que identifican la tendencia artística de una época, o de un género o de un autor. La moda es una forma especial de adornar y significar el cuerpo. Esta incide directamente en la identidad individual y colectiva. Se podría decir que es una manifestación de nuestro ser, identidad o estilo, influenciado por una tendencia actual en el mercado. Por otro lado, una persona fashion tiene cultura de la moda, por eso conoce el origen de lo que ofrece el mercado, detecta las influencias de lo que se ha puesto de moda. La moda se basa en estilos. El estilo no se basa en una moda. Solamente cuando logra aceptación de gran cantidad de público, el estilo se convierte en moda. La cultura siempre distingue entre lo privado y lo público o entre lo nuevo y lo viejo o entre lo superior y lo inferior. El estilo es la expresión personal a través de la moda. No es solo la ropa que eliges, sino cómo la combinas y cómo la llevas. Es decir, es una firma sin palabras, el reflejo de tu personalidad y tu comodidad. Teniendo esto presente, el estilo de cada persona es único, y puede cambiar y evolucionar con uno. ¿Qué significa el título del libro? Esta novela se titula La moda que yo conocí, para lo que se parte del conocimiento de la moda que vistió mi esposa, lo cual nos permite ver los nombres propios de la moda del siglo XX: Coco Chanel, Christian Dior, Valentino, etc., etc. Llegados aquí, y ampliando el tema, realizamos entonces una Historia de la moda en el vestir y una Historia del diseño de modas en los siglos XX y XXI, sin olvidar la confección industrial de prendas de vestir. Finalmente, nos metemos en un taller de costura y en una sastrería. Desde un principio, se estudia la moda clásica y el prê-á.porter, lo cual nos permite presentar el resto de cuestiones. ¿Cuál es el público principal al que va dirigido el Libro? La moda es un concepto con múltiples acepciones, refiriéndose principalmente a un uso o costumbre colectiva y cambiante que está en boga durante un período determinado, especialmente en lo que respecta a prendas de vestir y complementos. Al respecto, la moda nos incluye a todos, por lo que de una forma, o de otra, este libro interesa a todo el mundo que se acerque a este fenómeno social. Todos hacemos moda. De hecho, las diferentes propuestas de moda se presentan en pasarelas, que son pasillos elevados y estrechos usados en desfiles de moda, donde los distintos modelos nos muestran las tendencias dominantes en una época determinada. En resumen, la moda se impone a través de una combinación de factores, incluyendo eventos de la industria, medios de comunicación, redes sociales, tiendas, marcas, eventos culturales y tecnología. La interacción entre estos factores contribuye a la creación y difusión de las tendencias de moda actuales, por lo que, como se ve, se trata de un fenómeno global. Describa el Libro en tres palabras: Todos hacemos moda, consciente o inconscientemente. ATENCIÓN: Envíe hasta 5 imágenes que sean de su agrado (pueden ser portadas de otros libros, portadas de discos de música, o cualquier creación gráfica de su agrado). Anexe las imágenes en el e-mail. Anexe también una fotografía del autor para la solapa. --------------------------------------------------------------------------------

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