miércoles, 26 de noviembre de 2025

ENSAYO, Brujería.

De acuerdo con el epígrafe que le hemos dado a este artículo, Brujos y hechiceros: dos actitudes, voy a exponer las dos actitudes, brujería y hechicería, en la Edad Media y Moderna circunscribiéndome al espacio europeo. Y adelantándome a lo que voy a tratar puedo señalar que son dos claros y definidos espacios los que se demarcan. En la Europa del Sur predomina la hechicería, aun cuando aparezcan vestigios y acciones de tipo brujeril; en la Europa del Norte, a partir de la España húmeda e Italia septentrional domina la brujería. Parece existir un determinismo geográfico, si lo expuesto es cierto. Correspondería la acción de los brujos y brujas a las regiones menos soleadas, las de frecuentes brumas, espesos y densos bosques, mientras que las actividades de la hechicería se dan en las regiones luminosas, soleadas, de amplios horizontes de la Europa mediterránea. Caro Baroja distingue entre Brujería y Hechicería, magia maléfica que en la hechicería se presenta individual, distinta de la brujería que se manifiesta como culto colectivo. También hace otra distinción: la hechicería es activa, mercantil, la hechicera busca sus clientes; la brujería es pasiva, y como tal brujo o bruja comienza siendo definida por la sociedad que le rodea y es acusado o acusada por hacer daño a la comunidad, a una familia, a una persona determinada. El brujo o bruja termina por aceptar el papel que le adjudican los vecinos. Sin embargo, hay algo fundamental que distingue brujería de hechicería; en aquella el dominio es protagonista, en la hechicería solamente colaborador junto con los santos. Las palabras “brujos y hechiceros” toman el género femenino en la Europa medieval y moderna. El predominio de la mujer en las actividades de brujería y hechicería es tal que ha permitido que se hable más de brujas y hechiceras, como si los varones estuvieran ausentes en este fenómeno social. Otro caso se da en los estudios de los antropólogos relativos a culturas extraeuropeas en donde brujos y hechiceros responden a un tipo político-social bien determinado en tribus primitivas. Posiblemente esto también ocurriría en estadios primitivos europeos como parece deducirse de las investigaciones de prehistoriadores y en este sentido se puede recordar la figura de brujo de la cueva de Trois Frères. Fijémonos que en el Éxodo se dice “no dejarás con vida a la hechicera”. En el Talmud se va más lejos y se dice que la mayoría de las mujeres son hechiceras y Maimónides dice que en “la mayoría de las operaciones mágicas se exige como obligado requisito que sean ejecutadas por mujeres”; en 1529 fray Martín de Castañega en 1529 explicaba en su libro “Tratado muy sotil y bien fundado de las supersticiones y hechicerías” por qué este fenómeno es casi exclusivo del sexo femenino. Las magas, las hechiceras y las brujas comparten rasgos en común, obviamente, pero cada una también está marcada por distintas características que las distinguen del resto, ya sea por la época en la que fueron presentadas, el lugar en donde viven, su representación visual, sus poderes y demás. El máximo exponente de las brujas es la bruja del oeste de El Mago de Oz. Ellas suelen estar ubicadas en una época antigua y están relacionadas con la magia negra y la magia roja. Es decir, con la muerte y el amor. El origen de su magia es ocasionado por un patrón o una entidad sobrenatural, normalmente a partir de un pacto. Las brujas suelen ser las antagonistas de las historias, usan magia prohibida, generalmente son viejas, engañosas, con un look muy descuidado y drenan la vida de sus oponentes, puesto que la vida de ellas se va extinguiendo por lo extenuante de sus artes o por la relación con otras entidades malignas. Estas portadoras de magia aprenden a usar sus poderes de forma instintiva y comprenden su funcionamiento naturalmente, más allá de que en raras ocasiones es algo instantáneo. Algo que suele suceder en las historias de brujas es que su magia les causa problemas, son cazadas por considerarlas una amenaza para la sociedad, sus familias a veces las rechazan y son solitarias. La magia es innata en las hechiceras. Son aquellas que estudian la dominación de la magia y de los sentidos mediante pócimas, palabras clave, hechizos y rituales similares. Alex Russo, el personaje de Selena Gomez en Los Hechiceros de Waverly Place, es una de sus máximas exponentes contemporáneas. Aunque siempre hay excepciones, las hechiceras normalmente usan libros antiguos y hablan con entidades de otro plano astral, pero no se preocupan por dominarlas o esclavizarlas. Sin embargo, a veces tienen que pagar altos precios para convencerlas de que las ayuden. Las hechiceras controlan el fuego, el agua, aire, y todo tipo de elementos. Sus poderes se manifiestan temprano, pero tardan un buen tiempo en saber usarlos, ya que requiere de mucha práctica y autocontrol. Una vez que aprenden a dominar sus poderes, son capaces de usarlos a voluntad, sin ningún elemento de por medio, por el hecho de que llevan la magia en la sangre, ya sea por herencia o por accidente. Las Magas son más contemporáneas y por supuesto que su mayor exponente en el universo audiovisual es Hermione Granger, el personaje de Emma Watson en Harry Potter. Las magas son más contemporáneas, suelen ser jóvenes y para llegar a ser llamadas “magas” necesitan pasar por un proceso de aprendizaje exhaustivo. La maga no necesita de rituales para operar, pero aprenden y trabajan con ángeles o entidades lumínicas, son ilusionistas y tienen muchos trucos. Suelen ser seres humanos que logran dominar el arte de la magia y son capaces de cambiar realidad. Además, conocen muy bien las leyes del mundo real y del mágico. En resumen, las magas son las nerds de la magia. Aunque muchos hayan mostrado habilidades mágicas desde pequeños, todos han aprendido a controlar sus poderes a través del estudio. Algo que también las caracteriza es que son capaces de crear su propio tipo de magia y que necesita de algún objeto para canalizarla, ya sea una varita, un bastón o un elemento legendario. La magia, la hechicería y la brujería han sido fieles compañeras de viaje del hombre a lo largo de toda su historia. Estos tres fenómenos son, junto con la religión, los asideros más populares en momentos de crisis. Sin embargo su radio de acción puede abarcar mucho más. En este trabajo, se estudian las prácticas inquisitoriales más relevantes para el esclarecimiento de algunos de los textos más sobresalientes de la literatura española de los siglos XVI y XVII. Examinados desde un punto de vista sociológico se puede comprobar que, desde la superstición, se tiene acceso no sólo al pensamiento religioso de una época, sino a toda una esfera de elementos relacionados. Nos referimos, por ejemplo, a inquietudes sociales, desigualdades de género, injusticias raciales y conflictos políticos. De este modo, y vistas bajo esta luz, las brujas y hechiceras se perfilan como bisagras, como puntos de transición en una sociedad plagada de contradicciones. Tal es el caso de la mayoría de las mujeres que son objeto de este estudio: Celestina, Claudina, Cañizares, Camacha, Cenotia, Julia, etc., mujeres que tratan de hacerse con un lugar propio en una sociedad que no les pertenece, que intentan convertirse en dueñas de su propio destino en un mundo que les es adverso. La “brujería” es definida como la posibilidad que tiene un sujeto de hacer daño utilizando la potencia o asociándose a algún tipo de poder. El concepto “hechicero” denotaba para los sacerdotes europeos una relación con el demonio y, probablemente, una relación con las “brujas” europeas. La diferencia entre brujería y hechicería es que, siendo la primera un “acto psíquico” que no necesita más que la voluntad del brujo para ser realizado, mientras que la hechicería necesita de un medio, de un vehículo (conjuro, filtro, planta) para llevarse a cabo. La bruja es un personaje maligno que se dedica a hacer el mal solo por gusto, y sin motivo. La hechicería era básicamente lo que se hacía en las tribus indígenas; esta servía para llevar a cabo algún fin, en tiempos de guerra, o curar enfermedades, o causar la muerte. El único saber que debe poseer una bruja es su propia voluntad de cómo manejar y manipular a su víctima hasta que esta llegue a la muerte. Los hechiceros o chamanes deben saber sobre botánica, para así hacer brebajes que puedan curar algunas enfermedades; estos son como una especie de médicos indígenas, los cuales debían pasar noche y día con los enfermos, ya que en las noches era probable el ataque de otro chamán. Los sacerdotes europeos llegaron a estas religiones indígenas con la creencia de “civilizar” a los nativos. Los sacerdotes afirmaban que estos actos de brujería y hechicería eran actos del demonio y que las personas que practicaban esto estaban poseídas por el mismo diablo. Uno de los obstáculos en el camino civilizatorio está representado por el hechicero, quien se constituyó en uno de los enemigos principales para lograr la evangelización. La bruja es iniciada por una entidad no humana. El “procedimiento dañino” que realiza la bruja involucra a la potencia. La función de las “hechiceras” en las borracheras (celebraciones) era incorporar ciertas cualidades del enemigo que andaba en la cabellera de las mismas, así como para defender a la comunidad de los peligros que podrían producir entidades poderosas. La brujería es el conjunto de creencias, conocimientos prácticos y actividades atribuidos a ciertas personas llamadas brujas (en masculino, brujos) que están supuestamente dotadas de ciertas habilidades mágicas. La creencia en la brujería es común en numerosas culturas desde la más remota antigüedad, y las interpretaciones del fenómeno varían significativamente de una cultura a otra. Algunas teorías relacionan la brujería europea con antiguas religiones paganas de la fertilidad, aunque ninguna de ellas ha podido ser demostrada. Las brujas tienen una gran importancia en el folclore de muchas culturas, y forman parte de la cultura popular. Si bien este es el concepto más frecuente del término bruja, desde el siglo XX el término ha sido reivindicado por sectas ocultistas y religiones neopaganas, como la wicca, para designar a todas aquellas personas que practican cierto tipo de magia, sea esta maléfica (magia negra) o benéfica (magia blanca), o bien a los adeptos de una determinada religión. La brujería es considerada una forma de espiritismo. Para el cristianismo, la brujería se ha relacionado frecuentemente con la creencia de un espíritu malévolo, especialmente durante la Edad Moderna, cuando se desató en Europa una obsesión por la brujería que desembocó en numerosos procesos y ejecuciones de brujas (lo que se denomina «caza de brujas»). Un uso más extenso del término se emplea para designar, en determinadas sociedades, a los magos o chamanes. El antropólogo español Julio Caro Baroja propone diferenciar entre «brujas» y «hechiceras». Las primeras habrían desarrollado su actividad en un ámbito predominantemente rural y habrían sido las principales víctimas de las cazas de brujas entre los años 1450 y 1750. En cambio, las hechiceras, conocidas desde la antigüedad clásica, son personajes fundamentalmente urbanos: un ejemplo característico en la literatura española es la protagonista de La Celestina de Fernando de Rojas. La distinción entre bruja y hechicera es además frecuente en la literatura española del Siglo de Oro. Carmelo Lisón Tolosana diferencia asimismo entre hechicera y bruja, pero según este antropólogo español, aquella se basa en la distinta relación que mantienen una y otra con el poder oculto y maligno, con el poder demoníaco. La hechicera es tan antigua que «en realidad en toda cultura pueden encontrarse prácticas de magia hechiceril o maléfica, realizadas con intención de causar daño a otros, por medio de técnicas apropiadas e invocación de poderes misteriosos o demoníacos». Así la hechicera invoca y se sirve del poder demoníaco para realizar sus conjuros, mientras que la bruja hace un pacto con Satán, renuncia a su fe y rinde culto al diablo. «La fuente del poder oculto no es ahora la fuerza de la palabra ni la invocación al diablo ni la ceremonia mágica, sino que aquélla proviene de la adoración personal y voluntaria al demonio por parte de la bruja hereje y apóstata; su poder es vicario pero diabólico, adquirido a través de pacto explícito, personal y directo con el mismísimo Satán en conciliábulo nocturno y destructor que anuncia el aquelarre». El paso de la hechicera a esta «bruja satánica», «bruja aquelárrica», como las llama también Carmelo Lisón, se produjo en Europa a lo largo de los dos siglos finales de la Edad Media. La idea de que la distinción principal entre brujería y hechicería es que en esta última no existe un pacto con el diablo es compartida por otros autores. Así, mientras que la brujería utiliza hierbas, ungüentos y alucinógenos para producir sugestión en sus víctimas, la hechicería usa materiales empíricos. Así se puede decir también que tenemos dos tipos de brujería: la antigua, que todavía subsiste y es la de los filtros amorosos y la adivinación (o hechicería), y la demoníaca, vinculada a los aquelarres y el diablo (o brujería). En la mayoría de los idiomas se utilizan términos diferentes para cada una menos en el francés, idioma en el cual solo existe sorcellerie para ambas. En inglés existe sorcery y witchcraft, en portugués feitiçaria y bruxaria, en italiano fattucchieria y stregoneria, en alemán se dice Kunst o Zauberei y Hexerei, mientras que en castellano se dice «hechicería» a la primera y «brujería» a la segunda. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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