jueves, 4 de diciembre de 2025

ENSAYO, Cristo Rey o El Mesías.

Índice JESÚS DE NAZARET INTRODUCCiÓN 1. BIOGRAFÍA DE JESÚS 1.1. Fuentes y métodos 1.2. Los descubrimientos de Qumrán 1.3. Judíos y romanos 1.4. La vida oculta 1.5. La predicación 1.6. Pasión y muerte de Jesús 2. FUENTES SOBRE LA VIDA DE JESÚS 2.1. Fuentes no cristianas 2.1.1. Flavio Josefo 2.1.2. Tácito 2.1.3. Mara bar-Serapión 2.1.4. Suetonio 2.1.5. El Talmud 2.1.6. Otras fuentes 2.2. Fuentes cristianas 2.2.1. Los Evangelios 2.2.2. Epístolas paulinas 2.2.3. Padres de la Iglesia primitiva 2.3. Textos apócrifos y gnósticos 2.4. Los Evangelios 2.5. Epístolas paulinas 2.6. Padres de la Iglesia primitiva 2.7. Textos apócrifos y gnósticos 3. LOS EVANGELIOS 3.1. Presentación 3.2. El Evangelio de San Mateo 3.3. El Evangelio de San Marcos 3.4. El Evangelio de San Lucas 3.5. El Evangelio de San Juan 4. EVANGELIOS APÓCRIFOS 4.1. Presentación 4.2. La etiqueta y su aplicación 4.3. Clasificación de los escritos 4.4. Primeras alusiones y características 4.5. Pervivencia de materiales apócrifos BIBLIOGRAFÍA COMENTADA Introducción "Cristo Rey" puede referirse a la expresión latina Christus Rex, un título de Jesús en el cristianismo; a la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, una festividad católica que se celebra el último domingo del año litúrgico; a numerosos monumentos, iglesias y santuarios dedicados a él; o incluso al título de una serie de televisión, "Cristo y Rey". Cristo Rey, Christus Rex en latín, es uno de los títulos de Jesús que procede de las Escrituras y que se refiere a la idea del Reino de Dios, donde Cristo se describe sentado a la diestra de Dios. Es un título usado por todos los cristianos y celebrado como la Solemnidad de Cristo Rey por la Iglesia católica. Otras comunidades cristianas anglicanas, episcopales, presbiterianas, luteranas y metodistas también reconocen este título a Jesucristo. Muchas denominaciones cristianas consideran que el «oficio real de Cristo» es uno de los tres oficios: Cristo es profeta, sacerdote y rey. El título «Cristo Rey» se utiliza con frecuencia como nombre de iglesias, escuelas, seminarios, hospitales e institutos religiosos. En el Antiguo Testamento, el nombramiento de alguien para cualquiera de estos tres cargos podía sancionarse ungirlo con aceite sobre su cabeza. Por lo tanto, el término mesías, que significa «el ungido», se asocia con el concepto del triple oficio. Si bien el oficio de rey es el que más se asocia con el Mesías, el papel de Jesús como sacerdote, que implica la intercesión ante Dios, también es prominente en el Nuevo Testamento, y se explica más detalladamente en los capítulos 7 a 10 de la Epístola a los hebreos. Cristo (Belén, h. 6 a. C. - Jerusalén, h. 30 d. C.) fue un predicador judío fundador de la religión cristiana, a quien sus seguidores consideran el hijo de Dios. El nombre de Cristo significa en griego «el ungido» y viene a ser un título equivalente al de Mesías. La vida de Jesús está narrada en los evangelios redactados por algunos de los primeros cristianos. Establecidos en Nazaret, sus padres, San José y la Virgen María , se encontraban accidentalmente en Belén para inscribirse en un censo de población cuando nació Jesús. El relato evangélico rodea el nacimiento de Jesús de una serie de prodigios que forman parte de la fe cristiana , como la genealogía que le hace descender del rey David , la virginidad de María, la anunciación del acontecimiento por un ángel y la adoración del recién nacido por los pastores y por unos astrónomos de Oriente. Aunque la civilización cristiana fijó la cuenta de los años a partir del supuesto momento de su nacimiento (con el que daría comienzo el año primero de nuestra era), se sabe que Jesús de Nazaret nació un poco antes, pues fue en tiempos del rey Herodes, que murió en el año 4 a.C. Fueron precisamente las persecuciones de Herodes las que llevaron a la humilde familia, después de la circuncisión de Jesús, a refugiarse temporalmente en Egipto hasta que el fallecimiento del monarca les permitió regresar. Por lo demás, la infancia de Jesucristo transcurrió con normalidad en Nazaret , donde su padre trabajaba de carpintero. Hacia los treinta años inició Jesucristo su breve actividad pública incorporándose a las predicaciones de su primo Juan el Bautista . Tras escuchar sus sermones, Jesús se hizo bautizar en el río Jordán , momento en que Juan lo señaló como encarnación del Mesías prometido por Dios a Abraham . Juan, que había censurado las escandalosas segundas nupcias de Herodías con Herodes Antipas , hijo y sucesor del rey Herodes, fue pronto detenido y luego decapitado a instigación de Herodías y de su hija Salomé . Tras el bautismo y un retiro de cuarenta días en el desierto, Jesucristo comenzó su predicación. Se dirigió fundamentalmente a las masas populares, entre las cuales reclutó un grupo de fieles adeptos (los doce apóstoles), con los que recorrió Palestina. Predicaba una revisión de la religión judía basada en el amor al prójimo, el desprendimiento de los bienes materiales, el perdón y la esperanza de vida eterna; el llamado Sermón de la montaña, con sus admirables bienaventuranzas, es la mejor síntesis de su mensaje. El Sermón del monte o de la montaña fue, de acuerdo con el Evangelio de Mateo, una prédica ofrecida por Jesús de Nazaret a sus discípulos y a una gran multitud (Mt 5, 1; 7, 28). La tradición dice que la alocución se desarrolló en la ladera de una montaña (de ahí su nombre). Algunos cristianos contemporáneos creen que se trata del Monte de las Bienaventuranzas, una elevación al norte del Mar de Galilea, cerca de Cafarnaúm. Su enseñanza sencilla y poética, salpicada de parábolas y anunciando un futuro de salvación para los humildes, halló un cierto eco entre los pobres. Su popularidad se acrecentó cuando corrieron noticias sobre los milagros que le atribuían sus seguidores, considerados como prueba de los poderes sobrenaturales de Jesucristo. Esta popularidad, unida a sus acusaciones directas contra la hipocresía moral de los fariseos , acabaron por preocupar a los sacerdotes y autoridades judías. Jesús fue denunciado ante el gobernador romano, Poncio Pilato , por haberse proclamado públicamente Mesías y rey de los judíos; si lo primero era cierto, y reflejaba un conflicto de la nueva fe con las estructuras religiosas tradicionales del judaísmo, lo segundo ignoraba el hecho de que la proclamación de Jesús como rey era metafórica: aludía únicamente al «reino de Dios» y no ponía en cuestión los poderes políticos constituidos. Consciente de que se acercaba su final, unos días antes de Pascua se dirigió a Jerusalén, donde a su entrada fue aclamado por la multitud, y expulsó a los mercaderes del Templo. Jesús celebró una última cena para despedirse de sus discípulos; luego fue apresado mientras rezaba en el Monte de los Olivos , al parecer debido a la traición de uno de ellos, llamado Judas , que indicó a los sacerdotes del Sanedrín el lugar idóneo para capturarle. Comenzaba así la Pasión de Cristo, que le llevaría a la muerte tras sufrir múltiples penalidades; con ella daba a sus discípulos un ejemplo de sacrificio en defensa de su fe, que éstos asimilarían exponiéndose al martirio durante la época de persecuciones que siguió. Jesús fue torturado por Pilato, quien, sin embargo, prefirió dejar la suerte del reo en manos de las autoridades religiosas locales; éstas decidieron condenarle a la muerte por crucifixión. La cruz, instrumento de suplicio usual en la época, se convirtió después en símbolo básico de la religión cristiana. Los evangelios cuentan que Jesucristo resucitó a los tres días de su muerte y se apareció diversas veces a sus discípulos, encomendándoles la difusión de la fe; cuarenta días después, según los Hechos de los Apóstoles, ascendió a los cielos. Judas se suicidó, arrepentido de su traición, mientras los apóstoles restantes se esparcían por el mundo mediterráneo para predicar la nueva religión. Uno de ellos, San Pedro , quedó al frente de la Iglesia o comunidad de los creyentes cristianos, por decisión del propio Jesucristo. Pronto se incorporarían a la predicación nuevos conversos, entre los que destacó San Pablo , que impulsó la difusión del cristianismo más allá de las fronteras del pueblo judío. La obra de Pablo hizo que el cristianismo dejara de ser una secta judía cismática y se transformara en una religión universal, que se expandió hasta los confines del Imperio Romano hasta convertirse en el siglo IV en la confesión oficial por obra del emperador Constantino . A partir del siglo XV, con la era de los descubrimientos europeos, se difundió por el resto del mundo, siendo en nuestros días la religión más extendida de la humanidad, si bien se encuentra dividida en varias Iglesias, como la católica romana, la ortodoxa griega y las diversas protestantes. 1.Biografía de Jesús 1.1. Fuentes y métodos Si se prescinde de los Evangelios, la figura de Jesucristo, en torno a cuyo mensaje surgió la religión cristiana, permanece envuelta en el misterio. Son pocos los documentos que puedan utilizarse como fuentes para un estudio histórico sobre la vida de Jesucristo. Pese a ser el personaje representado en más obras artísticas, tanto pictóricas como escultóricas, se desconocen sus rasgos y fisonomía, y, más aún, es imposible escribir su biografía en el sentido moderno del término. Al igual que Sócrates, no dejó nada escrito. Los Evangelios de Marcos, Lucas, Mateo y Juan carecen de intencionalidad histórica: el objeto de esas narraciones, efectuadas con un peculiar estilo literario, era dejar constancia escrita de la vida y del mensaje del Maestro. Pero no por ello dejan de ser «históricos» los hechos que relatan. Lucas, el médico sirio que dominaba a la perfección el griego, su lengua materna, lo deja bien claro en el prólogo que precede a su evangelio: «Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares, [...] después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, te lo escribo por su orden, excelentísimo Teófilo...». Teófilo, por el tratamiento que le da Lucas, sería un personaje importante e influyente del entorno. La llamada crítica radical que los protestantes liberales aplicaron a los Evangelios llegó incluso a la negación de la existencia histórica del Nazareno. Ni Justo de Tiberíades en su Historia de los judíos ni Filón de Alejandría hablan de Jesús. Pero su existencia histórica está testimoniada con suficiente claridad por autores como Tácito en sus Anales; por Suetonio en Vita Claudii; por Plinio el Joven, procónsul de Bitinia, en su carta al emperador Trajano , escrita alrededor del año 70; y por el historiador Flavio Josefo. En su carta, Plinio el Joven habla de "un grupo que canta himnos en honor a Cristo como a un Dios". Tácito , en los Anales (escritos a principios del siglo II), se refiere a Cristo como "un condenado al suplicio bajo el Imperio de Tiberio por el procurador Poncio Pilato". Las Antigüedades judaicas del historiador Flavio Josefo (escritas hacia el año 93) aluden primero a "Jesús, el llamado Cristo" en relación a la ejecución de Santiago Apóstol en Jerusalén, y citan más adelante, según la traducción del obispo sirio Agapio, a "un sabio llamado Jesús, reputado por su manera de actuar y su virtud", diciendo lo siguiente: "Muchos judíos y muchos de entre las otras naciones vinieron a él. Pilato lo condenó a morir en la cruz. Pero los que le habían seguido no dejaron de ser fieles a su pensamiento. Ellos contaron que tres días después de haber sido crucificado, se les había aparecido, y que estaba vivo. Quizás era, pues, el Cristo del que los profetas anunciaron muchas cosas admirables". 1.2. Los descubrimientos de Qumrán Qumrán es un paraje del desierto de Judea (Palestina), al NO del mar Muerto. En 1947 se descubrieron en unas cuevas los primeros manuscritos del mar Muerto, y en las excavaciones realizadas a partir de 1949, los restos de un monasterio y de una comunidad judía precristiana (esenios ). Los manuscritos del mar Muerto fueron descubiertos en unas cavernas cerca del mar Muerto a partir de 1947, como ya hemos insinuado. Proceden de la biblioteca esenia de Qumrán, destruida por los romanos. De los 400 manuscritos identificados, un tercio son escritos bíblicos, pertenecientes a los libros del Antiguo Testamento . Los restantes pueden dividirse en: manuales que regulan la organización y el ritual esenio; comentarios a los libros del Antiguo Testamento; himnos y cánticos. Su importancia radica en que son mil años más antiguos que los que existían, proporcionan luz sobre el judaísmo de los comienzos de la era cristiana e iluminan ciertos aspectos de los albores del cristianismo. 1.3. Judíos y romanos No pueden entenderse la doctrina y la vida de Jesús sin situarlas en su contexto histórico. Palestina era un territorio administrado por los romanos, cuyo imperio había iniciado su período de máximo esplendor político y territorial. Con la ascensión de Augusto, que murió el año 14 después de Cristo y al que sucedió su hijo Tiberio, coetáneo del Nazareno, el Mediterráneo se había convertido en un lago romano y la autoridad imperial prevalecía en todas sus costas. En tiempos de Jesús la filosofía de Sócrates y la metafísica de Platón y Aristóteles habían perdido su atractivo. Los sistemas filosóficos más extendidos eran el epicureísmo y el estoicismo . La doctrina de Jesús contiene algún elemento de ambos sistemas. Por ejemplo, los estoicos proclamaron la igualdad y la hermandad de todos los hombres. Por otra parte tenían vigencia aún los misterios , como el de Eulesis y el de Dionisio. Incluso el misterio egipcio de Osiris gozaba de un buen predicamento en Roma. El mundo judío, es decir Judea , bajo dominio romano empezó con Herodes el Grande , del 37 al 4 a.C. El emperador Octavio Augusto le confirmó en su puesto de rey de los judíos porque Herodes le había ayudado en su marcha final desde el territorio tolomeo hasta Egipto. En su testamento, Herodes dividió su reino entre sus hijos Arquelao, Filipo y Herodes Antipas, este último tetrarca de Galilea y Perea en tiempos de Jesús. Heredero de una vasta tradición religiosa, el mundo judío estaba dominado básicamente por dos grupos o sectas: los fariseos y los saduceos . Los primeros provenían íntegramente de la clase media; los saduceos, de la rica aristocracia sacerdotal, que en tiempos de Jesús tenía en la familia de Annás la saga más poderosa. Los fariseos sostenían su autoridad a base de piedad y cultura; los saduceos, mediante la sangre y la posición. Los fariseos eran más bien progresistas; los saduceos, más conservadores, aceptaban fácilmente el dominio romano porque les permitía conservar su posición privilegiada. Los fariseos se preocupaban por elevar el nivel religioso de las masas; los saduceos, de adoctrinar y atraer a aquellos que tenían relación con la administración del Templo y los ritos. Al margen de ambas tendencias se situaban los zelotes . Cuando hacia el año 6 a.C. el legado Quirino ordenó un censo general de Palestina, el fariseo Sadduq y el galileo Judas Gamala encabezaron la revuelta de los judíos descontentos. A su alrededor reunieron un grupo que llevó a cabo diversas campañas contra los romanos. Éste fue el origen de los zelotes, patriotas ardientes que, separados ya totalmente de los fariseos, utilizaron toda clase de medios, sin excluir el atentado mortal, para librarse del opresor extranjero y castigar a los judíos colaboracionistas. Usaban para sus asesinatos una daga corta llamada sicca, por lo que fueron conocidos entre los romanos con el nombre de sicarii ('sicarios'). 1.4. La vida oculta Todo ello sucedía en el siglo I de nuestra era. Sin embargo, incluso para la exégesis católica más racional, ningún dato relativo a la vida de Jesucristo puede fijarse con absoluta certeza. Hijo de José y de María de Nazaret, Jesús fue concebido en este pueblo de Galilea a tenor del misterioso anuncio que el ángel Gabriel le hizo al artesano de que su prometida (aún no se había celebrado la boda) estaba encinta, pero que el fruto de su vientre no era obra de un ser humano sino del Espíritu Santo. María era prima de Isabel, esposa del sacerdote Zacarías, quienes en la vejez engendrarían a Juan Bautista. En aquellos días se promulgó un decreto de César Augusto por el que todos los habitantes del imperio debían empadronarse, cada cual en la ciudad de su estirpe. San José y la Virgen María hubieron de dirigirse a Belén, en Judea, a unos 120 kilómetros de Nazaret. Probablemente hicieron el viaje en caravana con otros que seguían el mismo camino. La pareja, de escasos recursos económicos, pernoctó en las afueras de Belén, refugiándose en una de las cuevas utilizadas por los pastores. Estando allí, a ella se le cumplieron los días del alumbramiento y dio a luz a su hijo primogénito, al que recostó en un pesebre porque no tenían sitio en la posada. El humilde nacimiento de Jesús tuvo lugar en tiempos del rey Herodes el Grande. Por lo tanto, no pudo ocurrir más allá del 4 a.C., fecha de la muerte del tetrarca. Según el Evangelio de San Lucas (2, 1), Jesús nació en tiempos del censo ordenado por Augusto y efectuado por Quirino, gobernador de Siria. Tertuliano atribuyó ese censo a Sencillo Saturnino, legado de Siria del 8 al 2 a.C.; éste muy bien pudo haber completado un censo comenzado por Quirino. Por ello, se suele aceptar que el nacimiento de Jesús tuvo lugar entre los años 7 y 6 a.C. El Evangelio de Lucas narra los hechos a la vez simples y extraordinarios que acompañaron el nacimiento de Jesús: el anuncio de los ángeles a unos pastores, que acudieron a Belén y fueron los primeros en "alabar y glorificar a Dios por todas las cosas que habían visto y oído" (Lc. 2, 20). San Mateo , en cambio, narra la visita de tres misteriosos reyes de Oriente que, guiados por una estrella, acuden a adorarlo y le ofrendan oro, mirra e incienso. Previamente, estos reyes "magos" habían pasado por Jerusalén preguntando "¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?" Tal pregunta llenó de temor al rey, quien ordenó pocos días después una terrible matanza de niños varones, que el cristianismo recuerda cada 28 de diciembre como el Día de los Santos Inocentes. Advertidos del peligro que los acechaba, José y María huyeron de Belén con su hijo y se refugiaron en Egipto, donde permanecieron hasta la muerte del rey Herodes. De nuevo en Nazaret, Jesús aprendió las Escrituras y la tradición oral judía hasta el punto de sorprender con sus conocimientos a los doctores de la Ley que lo escucharon en el templo cuando sólo tenía doce años. Mientras el "niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría" (Lc. 2, 40), llevó una vida normal, trabajando con su padre. Hasta los treinta años nada más vuelve a saberse de su vida; sólo lo que fantásticamente narran los evangelios apócrifos, es decir, aquellos escritos de origen desconocido o erróneamente atribuido, en su mayor parte de origen gnóstico, que tratan de la vida de Jesús en los últimos años de su juventud. Particularmente llama la atención el cúmulo de elementos milagrosos, frecuentemente abstrusos y desagradables, en los que historia y fábula se confunden. 1.5. La predicación Para datar el inicio del ministerio público, Lucas pone especial énfasis en presentar los datos exactos acerca de la predicación de San Juan Bautista , a quien Jesús acudiría para hacerse bautizar. Sin embargo, sólo un dato es en verdad útil: «el año decimoquinto de Tiberio César», el reinado del cual empezó el 19 de agosto del 14 d. C. El año decimoquinto debía ser, según el sistema romano, del 19 de agosto del 28 d. C. al 18 de agosto del 29 d. C. Por otra parte, tampoco hay unanimidad acerca de la duración de su vida pública. Mientras los tres evangelios sinópticos hablan de una sola Pascua, San Juan Evangelista especifica claramente tres. Juan Bautista comenzó a predicar la pronta llegada del Mesías y a bautizar a quienes lo escuchaban en las aguas del Jordán. Cuando Jesús fue bautizado por Juan (que era primo suyo), hubo según los evangelistas un signo celestial que lo señaló como hijo de Dios. Antes de iniciar su propio ministerio, Jesús se retiró al desierto un período "de cuarenta días", durante los cuales, según la narración evangélica, ayunó y puso a prueba su fortaleza espiritual ante las tentaciones del demonio . A su regreso del desierto, Jesús inició la divulgación de su doctrina en solitario, dándose a conocer en la sinagoga, a la que acudía todos los sábados. Un día lo hizo en su pueblo. Escogió una lectura en la que el profeta Isaías prefiguraba al Mesías, el ungido de Dios que anunciaría a los pobres la Buena Nueva y que daría la libertad a los oprimidos. Les dijo que era él de quien el profeta hablaba. Fue denostado por tamaña soberbia (todos sabían que era el hijo de José) e intentaron despeñarle. Sería el destino de todo su ministerio: la incomprensión de los suyos, que culminaría con la traición de uno de sus discípulos predilectos. Pero pronto sus predicaciones convocaron a su alrededor multitudes a las que enseñaba mediante parábolas , obrando a la vez milagros que llenaban de asombro y alimentaban la fe en su doctrina. Se granjeó así las antipatías de escribas y fariseos , a los que aquel advenedizo robaba protagonismo y popularidad entre las gentes. Los fariseos se quejaban de que Jesús celebraba fiestas y banquetes. Peor aún, lo hacía con publicanos, pecadores, gentuza proscrita: por eso los fariseos lo tachaban de borracho y juerguista. Entretanto, Jesús eligió a doce de entre sus discípulos: Simón (a quien llamó Pedro) y su hermano Andrés, Santiago y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo y Tomás, Santiago de Alfeo y Simón (llamado Zelotes), Judas de Santiago y Judas Iscariote. Eran hombres sencillos, la mayoría pescadores que se ganaban el sustento con fatiga. Hombres integrantes de la masa que soportaba los impuestos de los romanos y que se rebelaba ante la vida privilegiada de escribas, saduceos y fariseos. Jesús les propuso un orden religioso e incluso social nuevo, sin hipocresías, solidario con los pobres, vital. El llamado "sermón de la montaña" acaso sea el más significativo de todos cuantos pronunció, tanto por su contenido doctrinal como porque vino precedido, según Lucas, por la elección de los doce discípulos y la realización de numerosos milagros en tierras de Galilea. En este discurso evangélico, llamado en la tradición bíblica "Las bienaventuranzas ", Jesús saluda a la muchedumbre con un "bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos; bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados; bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis" (Lc. 6, 20-21), y enseguida expone las condiciones que han de cumplir quienes elijan seguirlo: "Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre..." Es precisamente la idea de la paternidad divina el tema central de su mensaje, pues es de esa realidad de donde emana el amor y la generosidad del Creador hacia toda criatura humana. El sermón de la montaña pone de manifiesto su profundo conocimiento de la conducta humana, y reinterpreta además la Ley mosaica dilucidando sus principios fundamentales y adaptando sus preceptos a las necesidades humanas. Es en este sentido que dice, por ejemplo, "el sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc. 2, 27), cuando los fariseos le reprochan que sus discípulos hayan arrancado unas espigas o que él mismo haya obrado milagros y curado enfermos en ese día sagrado para los judíos. El amor a los enemigos ("amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien"), la misericordia ("sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados"), la beneficencia ("Dad y se os dará [...], porque con la medida con que midáis se os medirá") o el celo bien ordenado ("no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno") son aspectos diferentes de una misma idea fundamental formulada en la frase "amar a Dios y al prójimo". Una visión estrictamente laica sitúa a Jesús en un exclusivo marco humano, pero no por ello su figura es menos digna de estudio y consideración. Él, que se autodefinía Maestro, no seguía las pautas de la clase poderosa judía: transgredía la norma sabática, iba acompañado de mujeres (María y Marta; Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes; Susana, y otras muchas) y se hospedaba en sus casas. Sus amigos eran gente llana y sencilla a los que acompañaba en sus fiestas y bodas. Las enseñanzas de Jesús, que por primera vez hablaban de conceptos nuevos como el amor al prójimo y a los enemigos, la piedad hacia los pecadores y el respeto a las personas por encima de su condición, no tardaron en entrar en colisión con el clero judío. La casta sacerdotal judía veía con temor los efectos de las prédicas de Jesús en el pueblo y dispuso que escribas y fariseos asistieran a ellas para cuestionar con preguntas capciosas su autoridad. Jesús sorteó con habilidad todas las trampas que se le tendieron y el Sanedrín demandó sin éxito el apoyo de la autoridad romana para reprimir al "agitador". Pero el desasosiego no cundía solamente entre los sacerdotes, sino también en el mismo Herodes Antipas, porque aquel nazareno consentía que se le llamase rey de los judíos, título que a Herodes le había costado la adulación al opresor extranjero. Llegó un momento en que Jesús habló sin tapujos: «El que no está conmigo, está contra mí. No hagáis como los escribas y fariseos hipócritas, víboras, sepulcros blanqueados por fuera y llenos de carroña por dentro... No amaséis fortunas, vended los bienes y dad limosnas...» Y los acontecimientos acabaron precipitándose. Jesús envió a predicar de dos en dos a setenta y dos discípulos suyos por los pueblos de Judea, en donde iniciaron un intenso movimiento religioso como si se tratara de conquistar la Ciudad Santa. Hacia ella se dirigió Jesús desde Galilea, consciente de que había llegado su hora. Herodes Antipas, a quien Jesús había llamado zorro, estaba al acecho; los sacerdotes, ojo avizor para tenderle una trampa. Pero Jesús no se amedrentó. Al contrario, entró en Jerusalén en actitud provocadora, haciéndose entronizar como rey por una multitud que llenaba la ciudad en ocasión de la Pascua. Y en el mismo centro neurálgico del mundo judío, el Templo, hizo valer su autoridad: expulsó a los vendedores a latigazos porque le repugnaba que un lugar de oración se hubiera convertido en un lucrativo mercado. 1.6. Pasión y muerte de Jesús Llegado el día de los Ázimos, en el que se sacrifica el cordero de Pascua, Jesús prepara la que será su última cena con sus discípulos y en ella les anuncia su fin: "Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que yo no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios" (Lc. 22,16). En el relato evangélico de la cena pascual, Jesús lava los pies a sus discípulos y comparte con ellos el pan y el vino como expresión de la Nueva Alianza de Dios con los hombres. Luego, les advierte de lo que ha de ocurrir en los próximos días. Ante el estupor y desasosiego de los discípulos, les anuncia que uno de ellos llegará a traicionarlo: "La mano del que me entrega está aquí conmigo sobre la mesa" (Lc. 22, 21), y que su amado Pedro lo negaría tres veces, aunque finalmente se arrepentiría de su acción: "Yo te aseguro [Pedro]: hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres" (Mc. 14, 30). Tras estas dramáticas revelaciones, una vez acabada la comida pascual, Jesús y sus discípulos abandonaron el cenáculo y caminaron hasta el huerto de Getsemaní . Enseguida, Jesús se apartó en compañía de Pedro, Santiago y Juan, a quienes les dijo: "Mi alma está triste hasta al punto de morir, quedaos aquí y velad" (Mc. 14, 33). Y diciéndoles esto se adelantó y, arrodillado, comenzó a orar: "Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc. 22, 42). Poco después, la guardia del Templo se hizo presente en el lugar y prendió a Jesús; los sacerdotes del Sanedrín habían preferido hacerlo detener lejos de la muchedumbre que lo seguía con fervor. Con el propósito de sorprender a Jesús indefenso, el Sanedrín había comprado la voluntad de Judas Iscariote pagándole treinta monedas de plata, cantidad al parecer equivalente a ciento veinte denarios, que era el precio que se pagaba entonces por un esclavo o el rescate de una mujer, de acuerdo con lo prescrito por la Ley mosaica. Perseguido por el Sanedrín, traicionado por su discípulo Judas Iscariote y negado por San Pedro, Jesús afrontó solo y con determinación la condena del Sanedrín, el rechazo de Herodes Antipas, quien lo remitió de nuevo a Poncio Pilato, y la sentencia que éste pronunció después de "lavarse las manos" y de soltar en su lugar a Barrabás, al parecer un cabecilla de un movimiento sedicioso acusado de asesinato. En vano el procurador romano había intentado evitar la crucifixión de Jesús, a quien consideraba en realidad inocente de los cargos que le imputaban. Presionado por los sacerdotes del Sanedrín, que habían excitado a la muchedumbre para que pidiese la muerte del peligroso "agitador", acabó condenándolo a morir crucificado. Los delitos que le imputó el Sanedrín fueron anunciar la destrucción del Templo ("Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra"; Lc. 21, 6) y reconocerse como el Hijo de Dios. Y, frente a las leyes romanas, creerse rey de los judíos, lo que contribuía a aumentar la inestabilidad política, según el criterio de los influyentes sacerdotes del Sanedrín. Una vez condenado, Jesús fue vejado, torturado y obligado a cargar su propia cruz hasta el monte Calvario , donde fue crucificado. Los cuatro evangelistas están de acuerdo en que Jesús murió en viernes. El día de la muerte de Jesús no fue un día de descanso sabático porque los guardas llevaban armas y las tiendas estaban abiertas (José de Arimatea pudo comprar una sábana y las mujeres aromas para embalsamar el cuerpo). Lo más probable es que Jesús anticipara un día la cena pascual. Reunidos todos los datos (el procurador Pilato gobernó entre el 26 y el 36 d.C.), se puede asegurar que Jesús murió el viernes 14 de Nisán (primer mes del calendario hebreo bíblico) del año 30 d.C., lo que equivale al 7 de abril del 30 d.C. Y al tercer día, según las Sagradas Escrituras, resucitó y, apareciéndose a sus discípulos, los alentó a predicar la palabra de Dios. 2. Fuentes sobre la vida de Jesús La mayoría de los estudiosos de la Biblia moderna sostienen que las obras que describen a Jesús fueron inicialmente comunicadas por la tradición oral y no fueron escritas hasta varias décadas después de la crucifixión de Jesús. Los textos existentes más antiguos que se refieren a Jesús son las cartas de Pablo de Tarso , que generalmente se datan en la mitad del siglo I. Pablo escribió que sólo vio a Jesús en visiones, pero que eran revelaciones divinas. Los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento son los siguientes textos en antigüedad que describen a Jesús. Estos textos, que son parte de la Biblia canónica, han recibido mucho más análisis y aceptación por parte de las fuentes cristianas que otras posibles fuentes de información acerca de Jesús. Muchos otros textos de los primeros cristianos detallan eventos de la vida y enseñanzas de Jesús, aunque no fueron incluidos cuando la Biblia fue canonizada debido a que se pensaba que eran pseudoepigráficos, no inspirados, o escritos demasiado tiempo después de su muerte, mientras que otros fueron suprimidos porque contradecían la ortodoxia cristiana. Pasaron varios siglos antes de que se decidiera la lista de libros que formaban parte de la Biblia, y no se incluyó el Libro de la Revelación y sí otros como “El pastor de Hermas ”. Los libros que no fueron incluidos en la Biblia se conocen como Nuevo Testamento apócrifo, entre los que se encuentran el Evangelio de Tomás , una colección de frases y dichos atribuidos a Jesús sin un marco narrativo, sólo redescubierto en el siglo XX. Otras obras apócrifas importantes que tuvieron una fuerte influencia en las creencias cristianas tradicionales incluyen el Apocalipsis de Pedro , el Protoevangelio de Santiago , el Evangelio de Infancia de Tomás y los Hechos de Pedro . Ciertas tradiciones cristianas (como el Velo de Verónica y la Asunción de María) no se encuentran en los evangelios canónicos, pero sí en éstas y otras obras apócrifas. Las fuentes de la historicidad de Jesús son fuentes principalmente cristianas, pero hay menciones en fuentes no cristianas que también son relevantes. Las fuentes cristianas, como los libros del Nuevo Testamento en la Biblia cristiana, incluyen historias detalladas acerca de Jesús, pero los estudiosos difieren sobre la historicidad de episodios específicos descritos en los relatos bíblicos de Jesús. Los únicos dos eventos sujetos al «reconocimiento casi universal» son que Jesús fue bautizado por Juan el Bautista y que fue crucificado por orden del prefecto romano Poncio Pilato. Por otra parte, las fuentes no cristianas que se utilizan para estudiar y establecer la historicidad de Jesús incluyen las fuentes judías como Josefo, y las fuentes romanas, como Tácito. Estas fuentes se comparan con las fuentes cristianas, como las cartas paulinas y los evangelios sinópticos. Estas fuentes suelen ser independientes entre sí (por ejemplo, las fuentes judías no recurren a fuentes romanas), y las similitudes y diferencias entre ellas se utilizan en el proceso de autenticación. En una revisión del estado de la investigación, Amy-Jill Levine afirmó que «no hay una sola imagen de Jesús que haya convencido a todos, o siquiera la mayoría, de los estudiosos» y que todos los retratos de Jesús son objeto de críticas por parte de algún grupo de estudiosos. 2.1. Fuentes no cristianas 2.1.1. Flavio Josefo Los manuscritos existentes de los escritos del historiador judeo-romano del siglo I Flavio Josefo incluyen referencias a Jesús y los orígenes del cristianismo. Las Antigüedades judías de Josefo, escritas alrededor de 93 a 94 d. C., incluyen dos referencias a Jesús en los libros 18 y 20 y una referencia a Juan el Bautista en el libro 18. La opinión académica varía sobre la autenticidad total o parcial de la referencia en el libro 18, capítulo 3, 3 de las Antigüedades: un pasaje que dice que Jesús, el Mesías , era un sabio maestro que fue crucificado por Pilato; declaración generalmente llamada el Testimonium Flavianum. El punto de vista académico general es que, mientras que el Testimonium Flavianum es probablemente no auténtico en su totalidad, se acuerda ampliamente que originalmente consistía en un núcleo auténtico, que después fue sujeto a la expansión/alteración cristiana. Aunque la naturaleza exacta y el alcance de la redacción cristiana siguen siendo poco claros, existe un amplio consenso en cuanto a lo que el texto original del Testimonium de Josefo habría sido parecido. La erudición moderna ha reconocido en gran medida la autenticidad de la referencia en el libro 20, capítulo 9, 1 de las Antigüedades sobre «el hermano de Jesús, quien fue llamado Cristo , cuyo nombre era Jacobo” y considera que tiene el más alto nivel de autenticidad entre los referencias de Josefo al cristianismo. Sin embargo, el estudioso del Nuevo Testamento Robert M. Price especula que Josefo pudo haber considerado a Jacobo un hermano fraterno en lugar de un hermano en el pleno sentido de la palabra. Casi todos los estudiosos modernos consideran la referencia en el libro 18, capítulo 5, 2 de las Antigüedades sobre el encarcelamiento y la muerte de Juan el Bautista también como auténtica. Las referencias que se encuentran en las Antigüedades no tienen textos paralelos en los otros trabajos de Josefo como La guerra de los judíos, escrita veinte años antes, pero algunos estudiosos han dado explicaciones de su ausencia. Existen algunas variaciones entre las declaraciones de Josefo con respecto a las muertes de Jacobo y Juan el Bautista, y los relatos del Nuevo Testamento. Los estudiosos suelen considerar estas variaciones como indicaciones de que los pasajes de Josefo no son interpolaciones, pues un interpolador cristiano habría hecho corresponder los textos a los relatos del Nuevo Testamento; no hacerlos diferir de ellos. 2.1.2. Tácito El historiador y senador romano Tácito se refiere a Cristo, su ejecución por Poncio Pilato, y la existencia de los primeros cristianos en Roma, en una página de su obra final, Anales (escrito c. 116), libro 15, capítulo 44. El contexto del pasaje es el del gran incendio de Roma que quemó durante seis días gran parte de la ciudad en el año 64, durante el reinado del emperador romano Nerón. El pasaje es una de las referencias no cristianas más tempranas a los orígenes del cristianismo, la crucifixión de Cristo descrita en los evangelios canónicos, y la presencia y la persecución de los cristianos de Roma en el siglo I. Los eruditos generalmente consideran la referencia de Tácito a la ejecución de Jesús por Poncio Pilato tanto auténtica como de valor histórico como fuente romana independiente Eddy y Boyd afirman que actualmente está «firmemente establecido» que Tácito proporciona una confirmación no cristiana de la crucifixión de Jesús. Sin embargo, Richard Carrier ha sugerido que la línea con la mención de Cristo por su nombre es una interpolación cristiana. El historiador Ronald Mellor ha declarado que los Anales son «el mayor logro de Tácito», representando «el pináculo de la historiografía romana». Los estudiosos consideran que la referencia establece tres hechos independientes sobre la Roma de alrededor del año 60: • La existencia de un número considerable de cristianos en Roma en la época; • que era posible distinguir entre los cristianos y los judíos en Roma; y • que los paganos de la época hicieron una conexión entre el cristianismo en Roma y su origen en la Judea romana. Estos hechos, sin embargo, se han establecido de manera tan estrecha que son objeto de mucho escrutinio, incluyendo al reporte sobre el rango de Pilato, la ortografía de las palabras clave o las fuentes reales de Tácito. 2.1.3. Mara bar-Serapión Mara bar («hijo de») Serapión, a veces escrito Mara bar Sarapión fue un filósofo estoico de la provincia romana de Siria. Él es conocido por una carta que escribió en siríaco a su hijo, que también se llamaba Serapión. La carta fue compuesta en algún momento después de 73 d. C., pero antes del siglo III, y la mayoría de los estudiosos datan a poco después de 73 d. C., durante el siglo I. La carta podría ser una temprana referencia no cristiana a la crucifixión de Jesús. La carta se refiere al trato injusto de los «tres hombres sabios»: el asesinato de Sócrates, la quema de Pitágoras, y la ejecución de «el rey sabio» de los judíos. El autor explica que en los tres casos el delito resultó en el castigo futuro de los responsables por Dios, y que cuando los sabios están oprimidos, no solamente triunfan en la sabiduría al final, sino que Dios castiga a sus opresores. La carta, se afirma, no incluye temas cristianos y muchos estudiosos consideran a Mara un pagano, aunque algunos sugieren que puede haber sido un monoteísta. Algunos estudiosos ven la referencia a la ejecución del «rey sabio» de los judíos como una temprana referencia no cristiana a Jesús. Los criterios que apoyan el origen no cristiano de la carta incluyen la observación de que «rey de los judíos» no era un título cristiano, y que la premisa de la carta que Jesús sigue vivo a través de las enseñanzas que él promulgó está en contraste con la concepción cristiana de que Jesús sigue viviendo a través de su resurrección . Otro punto de vista es que él podría estar refiriéndose a la resurrección registrada en las enseñanzas de Jesús que dicen que vivió; eso significaría que no sabemos si él creía que la resurrección ocurrió o no, y deja en manos de la especulación si era un cristiano o un no cristiano que estaba de acuerdo con los cristianos con respecto a Jesús como un «rey sabio», según los Evangelios. Estudiosos como Robert Van Voorst ven pocas dudas de que la referencia a la ejecución del «rey de los judíos» se trata de la muerte de Jesús. Otros, como Craig A. Evans, ven menos valor en la carta, dada su fecha incierta, y la posible ambigüedad en la referencia. 2.1.4. Suetonio El historiador romano Suetonio hizo mención de los primeros cristianos y su líder en su obra Vidas de los Doce Césares. Las referencias aparecen en Claudio 25 y Nerón 16, que describen la vida de los emperadores romanos Claudio y Nerón. El pasaje Nerón 16 se refiere a los abusos cometidos por Nerón y menciona cómo se infligieron castigos a los cristianos, lo que por lo general se fecha a alrededor del año 64. Este pasaje muestra el claro desprecio de Suetonio para los cristianos, el mismo desprecio expresado por Tácito y Plinio el Joven en sus escritos, pero no se refiere a Jesús mismo. El pasaje anterior de Claudio puede incluir una referencia a Jesús, pero es objeto de debate entre los estudiosos. En Claudio 25, Suetonio se refiere a la expulsión de los judíos por Claudio y afirma: Dado que los judíos constantemente hicieron disturbios por instigación de Cresto, él lo expulsó de Roma. La referencia en Claudio 25 implica las agitaciones de la comunidad judía que llevó a la expulsión de algunos judíos de Roma por Claudio, y es muy probablemente el mismo evento mencionado en los Hechos de los Apóstoles (18:2). La mayoría de los historiadores fechan esta expulsión a alrededor del año 49-50. Suetonio refiere al líder de los cristianos como Cresto, un término que puede también haber sido utilizado por Tácito y también era común en la época, en particular para los esclavos, y significaba «bueno» o «útil». Sin embargo, Suetonio se confunde en el pasaje y supone que Cresto estaba vivo en el momento de la perturbación y agitaba a los judíos en Roma. La confusión de Suetonio debilita el valor histórico de su referencia en su totalidad, y no existe un acuerdo general entre los eruditos sobre su valor como una referencia a Jesús. Sin embargo, la confusión de Suetonio también apunta a la falta de interpolación cristiana, pues un escriba cristiano no habría confundido a los judíos con los cristianos. La mayoría de los estudiosos suponen que en la referencia describe a Jesús y que las perturbaciones , como Craig A. Evans, John Meier y Craig S. Keener la consideran una referencia probable a Jesús. Otros, como Stephen Benko y H. Dixon Slingerland, la ven como teniendo poco o ningún valor histórico. Por su parte, Menahem Stern afirma sin duda que Suetonio se refería a Jesús; porque habría añadido las palabras «un cierto» a Cresto si él hubiera querido referirse a algún agitador desconocido. 2.1.5. El Talmud El Talmud de Babilonia en algunos casos incluye posibles referencias a Jesús utilizando los términos «Ieshu», «Ieshu ha-Notzri», «ben Stada» y «ben Panthera». Algunas de estas referencias probablemente se remontan al período tanaítico (70-200 d. C.). En algunos casos, no está claro si las referencias son a Jesús u otras personas, y los eruditos siguen debatiendo su valor histórico, y exactamente qué referencias, en su caso, puede ser sobre Jesús. 2.1.6. Otras fuentes Plinio el Joven, gobernador romano de Bithynia et Pontus (ahora en la actual Turquía) escribió una carta al emperador Trajano alrededor del año 112 d. C. y le pidió consejo sobre cómo tratar con los cristianos. La carta (Epistulae X.96) detalla un relato de cómo Plinio realizó juicios de presuntos cristianos que comparecieron ante él como resultado de denuncias anónimas y pide orientación del Emperador en la forma en que deben ser tratados. Luciano de Samosata (nacido circa 115), un escritor satírico y conferencista viajero griego conocido, escribió burlonamente sobre los seguidores de Jesús por su ignorancia y credulidad. Teniendo en cuenta que la comprensión de Luciano de las tradiciones cristianas tiene lagunas y errores significativos, es improbable que sus escritos hayan sido influenciados por los mismos cristianos, y puede proporcionar una declaración independiente sobre la crucifixión de Jesús. Sin embargo, dada la naturaleza del texto como sátira, Luciano pudo haber embellecido las historias que escuchó y su narrativa no puede tener un alto grado de confiabilidad histórica. Celso, escribiendo a finales del siglo II, produjo el primer ataque a gran escala sobre el cristianismo. El documento de Celso no ha sobrevivido, pero en el siglo III Orígenes lo contestó, gracias a lo cual se conoce el escrito de Celso a través de sus respuestas. Según Orígenes, Celso acusó a Jesús de ser un mago y hechicero. Si bien las declaraciones de Celso pueden ser vistas como una confirmación de los milagros de Jesús, tienen poco valor histórico, dado que la redacción de los escritos originales no puede ser examinada. Los rollos del Mar Muerto son escritos del siglo I (o más antiguos). La relación entre los rollos del Mar Muerto y la historicidad de Jesús ha sido objeto de teorías muy controvertidas, y aunque nuevas teorías siguen apareciendo, no hay acuerdo académico general acerca de su impacto sobre la historicidad de Jesús, a pesar de la utilidad de los rollos en el esclarecimiento de las tradiciones judías del siglo I. 2.2. Fuentes cristianas Sobre las Fuentes cristianas, nos limitaremos a dar unas pinceladas muy básicas, ya que estas Fuentes cristianas serán tratadas de forma independiente, y con mayor profundidad. 2.2.1. Los Evangelios Varios libros, memorias y relatos fueron escritos acerca de Jesús por los primeros cristianos. Los más famosos son los evangelios de Mateo , Marcos , Lucas y Juan . Se cree que todos, excepto uno, fueron escritos dentro de 50 a 70 años desde la muerte de Jesús; considerándose al Evangelio de Marcos como el más antiguo, y al Evangelio de Juan como el último en ser escrito. Los Evangelios están llenos de discrepancias, fueron escritos décadas después de la muerte de Jesús, por autores que no habían sido testigos de eventos de su vida. Pasan a decir que no fueron escritos por testigos oculares que fueron contemporáneos con los acontecimientos que se narran. Fueron escritos por personas que no lo conocieron o vieron algo que hizo o no escucharon nada de lo que enseñó, personas que hablaban una lengua diferente a Jesús. Los relatos que produjeron no son desinteresados; son narraciones producidas por los cristianos que realmente creían en Jesús, y no eran inmunes a las historias inclinadas a la luz de sus prejuicios. 2.2.2. Epístolas paulinas En el contexto de las fuentes cristianas, incluso si son ignorados todos los otros textos, las epístolas paulinas pueden proporcionar alguna información acerca de Jesús. Esta información no incluye una narración de la vida de Jesús, y se refiere a su existencia como persona, pero añade algunos elementos específicos, aparte de su muerte por crucifixión. Esta información proviene de las cartas de Pablo, cuya autenticidad no se discute. 2.2.3. Padres de la Iglesia primitiva Dos posibles fuentes patrísticas que pueden referirse a encuentros de testigos oculares con Jesús son las primeras referencias de Papías y Cuadrado, informadas por Eusebio de Cesarea en el siglo IV. 2.3. Textos apócrifos y gnósticos Una serie de textos cristianos posteriores, que por lo general datan del siglo II o posteriormente, existen como apócrifos del Nuevo Testamento , entre los que los evangelios gnósticos han sido de reciente e importante interés entre los estudiosos. El descubrimiento de la biblioteca de Nag Hammadi en 1945 creó una cantidad significativa de interés académico y muchos eruditos modernos han estudiado los evangelios gnósticos y escrito sobre ellos. Sin embargo, la tendencia entre los estudiosos del siglo XXI ha sido aceptar que, si bien los evangelios gnósticos pueden arrojar luz sobre la evolución de las creencias cristianas primitivas, ofrecen muy poco para contribuir al estudio de la historicidad de Jesús, ya que fueron escritos muy tardíamente, por lo general consisten en dichos (en lugar de narrativas, similares a los documentos hipotéticos Q), su autenticidad y autoría siguen siendo cuestionables, y varias partes de ellos dependen de los componentes del Nuevo Testamento. El foco de la investigación moderna del Jesús histórico ha estado ausente de los escritos gnósticos y dirigiéndose hacia la comparación de las fuentes judías, grecorromanas y cristianas canónicas. 2.4. Los Evangelios Los cuatro evangelios canónicos, Mateo, Marcos, Lucas y Juan, son las principales fuentes para la biografía de la vida de Jesús, las enseñanzas y las acciones que se le atribuyen. Tres de ellos, a saber, Mateo, Marcos y Lucas son conocidos como los Evangelios sinóptico, del griego sin, «juntos» y opsis, «visión», dado que muestran un alto grado de similitud en el contenido, la disposición narrativa, el lenguaje y la estructura de párrafos. La presentación en el cuarto evangelio canónico, es decir, Juan, se diferencia de estos tres en que tiene más de un carácter temático en lugar de un formato narrativo. Los estudiosos en general están de acuerdo que no es posible encontrar ninguna relación literaria directa entre los evangelios sinópticos y el Evangelio de Juan. Los autores del Nuevo Testamento, en general, mostraron poco interés en una cronología absoluta de Jesús o en la sincronización de los episodios de su vida con la historia secular de la época. Los evangelios fueron escritos principalmente como documentos teológicos en el contexto del cristianismo primitivo, con los plazos cronológicos como una consideración secundaria. Una manifestación de los evangelios como documentos teológicos en lugar de crónicas históricas es que dedican aproximadamente una tercera parte de su texto a tan solo siete días, es decir, a la última semana de la vida de Jesús en Jerusalén. Aunque los Evangelios no proporcionan detalles suficientes para satisfacer las demandas de los historiadores modernos respecto a las fechas exactas, los estudiosos los han utilizado para reconstruir una serie de retratos de Jesús. Sin embargo, como se afirma en Juan 21:25, los evangelios no pretende ofrecer una lista exhaustiva de los acontecimientos en la vida de Jesús. Los estudiosos tienen diferentes grados de certeza acerca de la fiabilidad histórica de los relatos de los evangelios, y los únicos dos eventos cuya historicidad es objeto de un acuerdo casi universal entre los especialistas son el bautismo y la crucifixión de Jesús. Estudiosos como E.P. Sanders y, por separado, Craig A. Evans van más allá y asumen que los otros dos eventos en los Evangelios son históricamente ciertos, a saber, que Jesús llamó a sus discípulos, y causó una controversia en el Templo. Desde la hipótesis agustiniana, los eruditos siguen debatiendo el orden en que se escribieron los evangelios, y la forma en que pueden haber influido en los demás, y varias hipótesis existen en ese sentido, por ejemplo, la hipótesis de la prioridad de Marcos sostiene que el Evangelio de Marcos fue escrito primero, c. 70 d. C. En este enfoque, se cree que Mateo fue escrito en algún momento después de esta fecha y Lucas, entre los años 70 y 100. Sin embargo, de acuerdo con otra y más popular hipótesis, los evangelios no fueron escritos de manera independiente, sino que se derivan de una fuente común llamada Q. La hipótesis de las dos fuentes, a continuación, propone que los autores de Mateo y Lucas se basaron en el Evangelio de Marcos, así como en Q. Los evangelios se pueden ver como teniendo tres líneas separadas: una línea literaria que lo mira desde una perspectiva textual; una línea histórica que observa cómo el cristianismo comenzó como un movimiento de renovación dentro del judaísmo y con el tiempo se separó del mismo; y finalmente, una línea teológica que analiza las enseñanzas cristianas. Dentro de la perspectiva histórica, los evangelios no se utilizan simplemente para establecer la existencia de Jesús como fuente de pleno derecho por sí solos, pero su contenido es comparado y contrastado con el de las fuentes no cristianas, y el contexto histórico, para sacar conclusiones acerca de la historicidad de Jesús. 2.5. Epístolas Paulinas Las epístolas paulinas son un conjunto de trece cartas (epístolas) escritas o atribuidas a san Pablo y redactadas en el siglo I. Se trata de un corpus de escritos representativos del llamado cristianismo paulino, una de las cuatro corrientes básicas del cristianismo primitivo que terminaron por integrar el canon bíblico. De las epístolas paulinas nos han llegado copias tan antiguas como el papiro datado de los años 175-225. Las epístolas paulinas fueron aceptadas unánimemente por todas las Iglesias y son para el cristianismo, ya desde sus primeros tiempos, una fuente ineludible de pensamiento y de espiritualidad. Suelen distinguirse las llamadas epístolas paulinas auténticas, que tienen en Pablo de Tarso su autor prácticamente indiscutido, de las epístolas paulinas pseudoepigráficas —también llamadas deuteropaulinas—, un conjunto de escritos epistolares que se presentan como suyos pero que la crítica moderna, conocedora del fenómeno de la pseudoepigrafía típico de las obras antiguas orientales y griegas, atribuye en grado diverso a otros autores asociados con Pablo. Las llamadas epístolas auténticas (Epístola a los romanos , Primera y Segunda epístola a los corintios, Epístola a los gálatas , Epístola a los filipenses , Primera epístola a los tesalonicenses —probablemente la más antigua—, y Epístola a Filemón ), dirigidas a creyentes cristianos de las iglesias que el Apóstol fundó durante sus viajes misioneros después de su conversión, conforman la sección más antigua del corpus del Nuevo Testamento: la crítica textual moderna sostiene de forma prácticamente unánime que fueron escritas por la mano del Apóstol apenas 20-25 años después de la muerte de Jesús de Nazaret. Puesto que las epístolas paulinas son generalmente fechadas entre 50 y 60 d. C., son los primeros textos cristianos sobrevivientes que incluyen información acerca de Jesús. Estas cartas fueron escritas aproximadamente veinte a treinta años después del período de tiempo generalmente aceptado de la muerte de Jesús, alrededor del año 30-36. Las cartas fueron escritas durante un tiempo cuando Pablo registró encuentros con los discípulos de Jesús; por ejemplo, Gálatas 1:18 afirma que varios años después de su conversión Pablo fue a Jerusalén y se quedó con el apóstol Pedro durante quince días. Durante este tiempo, Pablo discute la naturaleza del mensaje de Jesús con su hermano Jacobo, sobre la importancia de adherirse a las restricciones de alimentos kosher y la circuncisión, características importantes de la determinación de la identidad judía. Las cartas paulinas no tenían la intención de ofrecer una narración de la vida de Jesús, sino que fueron escritas como exposiciones de las enseñanzas cristianas. En opinión de Pablo, la vida terrenal de Jesús era de una importancia menor que la teología de su muerte y resurrección, un tema que impregna los escritos paulinos. Sin embargo, las cartas paulinas indican claramente que, para Pablo, Jesús era una persona real (nacido de una mujer, como en Gálatas 4:4) que tenía discípulos (1 Corintios 15:5), que fue crucificado (como en 1 Corintios 2:2 y Gálatas 3:1), y que resucitó de los muertos (1 Corintios 15:20, Romanos 1:4, 6:5, Filipenses 3:10-11). Y las cartas reflejan el concepto general dentro de la Iglesia cristiana primitiva gentil: que Jesús existió, fue crucificado y resucitó de entre los muertos. Las referencias de Pablo a Jesús en sí mismas no prueban la existencia de Jesús, pero establecen que su existencia fue la norma aceptada dentro de los primeros cristianos (incluyendo a la comunidad cristiana de Jerusalén, dadas las referencias a las colecciones de allí) de veinte a treinta años después de la muerte de Cristo, en momentos en que los que podrían haberse familiarizado con él podrían seguir con vida. 2.6. Padres de la Iglesia primitiva Aparecen dos posibles fuentes patrísticas a cargo de Papías y Cuadrado. Las obras de Papías no han sobrevivido, pero Eusebio de Cesarea lo cita diciendo: Y si se daba el caso de venir alguno de los que habían seguido a los ancianos yo trataba de discernir los discursos de los ancianos: qué había dicho Andrés, qué Pedro, qué Felipe, qué Tomás o Santiago, o qué Juan o Mateo o cualquier otro de los discípulos del Señor, igualmente, lo que dice Aristión y el anciano Juan, discípulos del Señor. Por otra parte, la carta de Cuadrado (posiblemente el primer apologista cristiano) al emperador Adriano (que reinó entre 117-138) probablemente tenga una fecha próxima y es informada por Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica 4.3.2. 2.7. Textos apócrifos y gnósticos Una serie de textos cristianos posteriores, que por lo general datan del siglo II o posteriormente, existen como apócrifos del Nuevo Testamento, entre los que los evangelios gnósticos han sido de reciente e importante interés entre los estudiosos. El descubrimiento de la biblioteca de Nag Hammadi en 1945 creó una cantidad significativa de interés académico y muchos eruditos modernos han estudiado los evangelios gnósticos y escrito sobre ellos. Sin embargo, la tendencia entre los estudiosos del siglo XXI ha sido aceptar que, si bien los evangelios gnósticos pueden arrojar luz sobre la evolución de las creencias cristianas primitivas, ofrecen muy poco para contribuir al estudio de la historicidad de Jesús, ya que fueron escritos muy tardíamente, por lo general consisten en dichos (en lugar de narrativas, similares a los documentos hipotéticos Q), su autenticidad y autoría siguen siendo cuestionables, y varias partes de ellos dependen de los componentes del Nuevo Testamento. El foco de la investigación moderna del Jesús histórico ha estado ausente de los escritos gnósticos y dirigiéndose hacia la comparación de las fuentes judías, grecorromanas y cristianas canónicas. Hay coincidencia entre los dichos de Jesús en los textos apócrifos y escritos cristianos canónicos, y los que no están presentes en los textos canónicos son llamados Ágrafa. Hay por lo menos 225 ágrafa pero la mayoría de los estudiosos que los han estudiado han llegado a conclusiones negativas sobre la autenticidad de la mayoría de ellos y ven poco valor en su uso para la investigación histórica de Jesús.Robert Van Voorst señala que la gran mayoría de la ágrafa son sin duda no auténticos. Los eruditos difieren en el número de auténticos ágrafa, alguna estiman que tan solo 7 son auténticos, otros tantos como 18 e inclusive más de 200, haciéndolos de poca utilidad por completo. Mientras que la investigación sobre los textos apócrifos continúa, la opinión científica general sostiene que tienen poco que ofrecer al estudio de la historicidad de Jesús, dado que a menudo son de origen incierto, y casi siempre documentos tardíos de valor inferior. 3. Los evangelios 3.1. Presentación En términos teológicos, Nuevo Testamento significa la Nueva Alianza establecida por Dios con toda la humanidad en su Hijo Jesucristo, continuación y cumplimiento de aquella primera Antigua Alianza establecida con su pueblo escogido, el pueblo de Israel, en el monte Sinaí. Desde el punto de vista literario, se entiende por Nuevo Testamento el conjunto de libros en los cuales los discípulos de Jesús dejaron constancia de la instauración y primeros años de esa nueva y definitiva alianza. El Nuevo Testamento se compone de 27 libros, aceptados unánimemente por católicos, ortodoxos y protestantes: los cuatro Evangelios, el Libro de los Hechos de los Apóstoles, las trece Epístolas de San Pablo, la Epístola a los Hebreos, las siete Epístolas Católicas de Santiago, San Pedro, San Juan y San Judas y el Apocalipsis de San Juan. Los cuatro evangelios nos informan sobre la manera en que eran recibidas en las primeras comunidades cristianas la vida y la enseñanza de Jesús de Nazaret. Es necesario advertir que, en el momento de la consignación por escrito de las tradiciones evangélicas transmitidas en las primeras comunidades cristianas, varios de los apóstoles todavía vivían. Los Hechos de los Apóstoles (redactado probablemente por Lucas entre los años 65-80) describen de manera viva y detallada, aunque sólo parcialmente, los comienzos de la Iglesia desde la Ascensión y Pentecostés (hacia el año 30) hasta la llegada de San Pablo a Roma hacia el año 61. Lucas, compañero de Pablo, fue un testigo de primera mano en todo lo que se refiere a la misión y viajes de su maestro y a las comunidades por él fundadas. A diferencia de los escritos del Antiguo Testamento, los del Nuevo Testamento fueron compuestos en un breve lapso de tiempo; concretamente, durante la segunda mitad del siglo I. Todos ellos nacieron en las comunidades cristianas y tuvieron la finalidad de consolidar la fe de las mismas y de las nuevas que se iban fundando. Resulta difícil determinar la fecha en que los distintos libros del Nuevo Testamento fueron redactados; pero, con el apoyo de criterios internos y externos, sí se puede determinar un cierto orden cronológico en su aparición y, en muchos casos, la época en que fueron escritos. Así, por ejemplo, las Epístolas de San Pablo fueron escritas entre los años 50 y 67. La primera de las Epístolas de San Pedro fue escrita un poco antes del 64, mientras que la segunda (escrita no por él sino por algún discípulo) y la de Santiago son difíciles de datar. Los Evangelios y el Libro de los Hechos de los Apóstoles fueron escritos entre los años 65 y 100. De finales del siglo I son las Epístolas de Juan y de Judas, así como el Apocalipsis y la Epístola a los Hebreos. Fueron muchos los cristianos que se propusieron contar en sus escritos cuanto había ocurrido desde el principio, tal y como nos lo advierte Lucas al inicio de su evangelio (1,1). Pero no todos esos escritos del siglo I fueron aceptados como inspirados por Dios y, por lo tanto, admitidos como parte de las Sagradas Escrituras. Se hizo una selección antes de incluirlos en un canon. Los criterios utilizados para determinar la canonicidad de los escritos fueron tres: 1°) el origen apostólico de un escrito, es decir, que hubiera sido escrito por un apóstol o por un discípulo directo de algún apóstol; 2°) la plena concordancia del escrito con la tradición viva de la Iglesia, es decir, su ortodoxia; 3°) la utilización de los escritos en la lectura pública de un buen número de iglesias. A finales del siglo II, el apologista Taciano, discípulo de Justino, fusionó en uno los cuatro evangelios, en la obra llamada Diatesarón ("cuatro en uno"); esa obra fue traducida a varios idiomas y adoptada como base de la catequesis para pueblos bárbaros que iban llegando al Imperio romano. Ello demuestra que los cuatro evangelios no gozaban todavía de la autoridad que luego tuvieron, aunque ya habían comenzado a ser citados como tales desde mediados del siglo II. La lista de obras más antigua que conocemos es la del llamado "canon de Muratori", un texto del siglo II descubierto por el investigador Muratori en 1740. Este documento, del que falta la parte inicial que ciertamente hablaba de Mateo y Marcos, menciona los evangelios de Lucas y Juan, el Libro de los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de San Pablo, las Epístolas Católicas y el Apocalipsis. En el siglo III se comenzó a dar el nombre de Nuevo Testamento al conjunto de los escritos considerados canónicos. Pero la lista no estaba completamente definida. Ésta aparece por primera vez en los escritos del historiador del siglo IV Eusebio de Cesarea , el cual, sin embargo, refleja la duda sobre la canonicidad del Apocalipsis, que era rechazado todavía por varios teólogos, especialmente los orientales. Sería San Atanasio quien a finales del mismo siglo IV consiguió que el libro fuera también aceptado por los orientales. El primer catálogo completo del Nuevo Testamento fue promulgado, junto con el canon católico actual para el Antiguo Testamento, en el concilio de Hipona (norte de África) en el año 393. Fue luego confirmado por el concilio de Cartago en el 419 y por los orientales en el concilio de Trullo (692). Y también por los concilios ecuménicos de Florencia (1441, contra los jacobitas) y de Trento (1546) para zanjar la cuestión ante las dudas proferidas por Lutero y otros protagonistas de la Reforma respecto a la autenticidad de la Epístola a los Hebreos, de las Epístolas de Santiago y Lucas y del Apocalipsis. Hoy día no existe ninguna divergencia entre ortodoxos, católicos y protestantes respecto al canon del Nuevo Testamento. En el Nuevo Testamento la palabra evangelio significa "buena noticia" y está usada para expresar todo el contenido de la misión de Jesús y de la predicación primitiva. En labios de Jesús, evangelio significa la buena noticia de que el reino de Dios ha comenzado a hacerse presente entre los hombres (Mc 1,14-15). En la predicación apostólica, significa la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús, porque en estos acontecimientos descubrían que Dios había comenzado a cumplir sus promesas. El evangelio y su mensaje es uno, pero está expresado en diversas teologías o diversos enfoques según los diversos escritos. Tenemos en primer lugar el enfoque de los cuatro Evangelios y del Libro de los Hechos de los Apóstoles , que nos ofrecen una teología de la memoria de Jesús; estos libros tienen como finalidad demostrar que la predicación de Jesús es algo histórico y no un sistema ideológico abstracto. Luego se encuentra la teología kerigmática, propia de la mayor parte de las Epístolas de San Pablo y de la Epístola a los Hebreos: es la teología del anuncio, del pregón de aquello que los apóstoles han vivido y experimentado, experiencia centrada en la resurrección del crucificado. La teología de la praxis consiste en orientaciones sobre práctica de la vida cristiana; es verdad que casi todas las cartas contienen alguna orientación en este sentido, pero algunas, como la de Santiago y la primera de Pedro, lo hacen con una insistencia particular. Otras, como la de Judas, la segunda de Pedro y las de Juan, se centran más concretamente en orientaciones para los casos de divisiones internas en las comunidades. Finalmente tenemos la teología profética, propia del Apocalipsis, que entronca con el profetismo del Antiguo Testamento y proporciona elementos para una interpretación de la historia a la luz de la venida de Cristo. 3.2. El Evangelio de San Mateo Mateo era perceptor de impuestos en Cafarnaum , por donde pasaba el "camino del mar" que recorrían las caravanas que desde el interior de Siria se dirigían a los centros mercantiles del Mediterráneo y de Egipto. La vocación de Mateo al apostolado se conoce con cierto detalle, como en general la de los principales seguidores de Jesús. Su condición de publicano le situaba moralmente al margen de la sociedad palestina, que consideraba a los recaudadores de impuestos como pecadores públicos por razón de su odiado oficio. Jesús, pasando por Cafarnaum, vio a Mateo en su escritorio y le invitó a que le siguiese. Mateo respondió a su llamada e invitó a sus compañeros a un solemne banquete de despedida, al cual asistió Jesús. Emprendió así la sublime aventura del apostolado abandonando sus registros y su oro, a los que no podría ya volver. Testigo fiel de la vida de Cristo, recogió primero en lengua aramea un considerable caudal de "dichos" y actos (sobre todo de discursos) del Salvador, particularmente en vistas a una apología del cristianismo ante los judíos. El Evangelio de San Mateo es el primero de los Evangelios, y fue escrito en Jerusalén, originalmente en lengua aramea, traduciéndose luego al griego. No se conoce exactamente la fecha de su composición. Según el testimonio de San Ireneo , que afirma que lo escribió "mientras San Pedro y San Pablo divulgaban la buena nueva del Evangelio en Roma", cabe suponer que fue alrededor de los años 63-67 d.C. Junto con los Evangelios de San Marcos y San Lucas constituye el grupo de los tres Evangelios llamados "sinópticos", semejantes por su léxico, por la selección de los relatos y por el orden, y tan sólo diferentes en ciertos detalles. El libro se divide en tres partes. La primera narra la infancia de Jesús y su vida oculta (I, 11): la genealogía de Jesús, la concepción virginal y el nacimiento del Salvador, la adoración de los Magos, la huida a Egipto y el retorno de este país. La segunda parte describe la vida pública de Jesús (III-XXV). Se presentan algunos hechos de su predicación, así como las circunstancias que vienen a demostrar que Jesús, aunque rechazado por el Sanedrín , es el Mesías, a la vez que señalan la verdadera naturaleza del reino de Dios. Finalmente, la parte tercera relata la pasión y el triunfo de Cristo (XXVI-XXVII): los preparativos de la Pasión, la Pasión y muerte de Jesús, su glorificación, resurrección y apariciones. La conexión entre los diversos episodios se realiza mediante procedimientos muy elementales, y, a veces, resumiendo lo que anteriormente se ha dicho. El relato de San Mateo no constituye una biografía histórica de Jesús, como tampoco lo son las narraciones de los demás evangelistas. San Mateo reúne y enlaza las palabras y hechos de Jesús, pronunciadas o acaecidos en circunstancias diversas. La predicación de Jesús, las parábolas (en número de ocho), las máximas y los discursos mantienen esta estrecha unión. Ha sido posible concretar en San Mateo una distribución de los relatos y máximas en tríadas y septenarios. Así, la tentación tiene tres episodios, y Jesús reza por tres veces en Getsemaní. El número siete es el de las virtudes, las peticiones del Padre Nuestro, las parábolas del capítulo XIII, las maldiciones del capítulo XIII; también se recomienda perdonar setenta veces siete (XVIII, 22). En conjunto puede decirse que si el estilo de San Mateo ofrece algunas características peculiares, éstas no le alejan, como a otros escritores sagrados, de la lengua clásica. Comparado con el de San Marcos, el vocabulario del Evangelio de San Mateo contiene menor proporción de elementos que no se encuentran en la lengua clásica ni en los escritores. En cambio, el narrador se muestra completamente extraño a la cultura grecolatina, habituado a la lectura de la Biblia griega, de la que adopta la especial fraseología. Largos discursos rompen la monotonía de la narración. Entre ellos es celebérrimo el "Sermón de la Montaña", tan elevado de contenido como penetrado de verdadera poesía. Asimismo, la invectiva contra los fariseos recuerda el apasionamiento de algunos fragmentos proféticos de Isaías . Las numerosas máximas confieren una originalidad característica al Evangelio de San Mateo. Tranquilo y objetivo en su relato, Mateo revela cualidades de orden y de armonía que evidentemente responden a su mentalidad semítica, y no renuncia a dejar que asomen de vez en cuando indicios de su antigua profesión, como puede verse por sus precisas referencias a todo cuanto tiene que ver con el comercio y con la moneda. La preocupación por cimentar la vida de Jesús en las profecías del Antiguo Testamento da a su breve libro un tono solemne, con ecos que se pierden en la lejanía de los milenios. Los primeros adversarios paganos del cristianismo, Celso, Porfirio y Juliano, hacían hincapié en la vocación de Mateo para acusar a la nueva religión de inhumana locura; pero si el gesto de Mateo fue el resultado de una madura meditación sobre cuanto Jesús había dicho y hecho en Cafarnaum, no por ello perdió ni un ápice de su valentía, y revela una audacia de la que los antiguos no tenían ejemplo. El "sermón de la montaña", que Mateo es el único que transcribe ampliamente (cap. V-VII), es uno de los signos de su sensibilidad religiosa y poética. 3.3. El Evangelio de San Marcos En la historia de la Iglesia primitiva, Marcos es una figura secundaria, pero llena de gracia y de vivacidad. Muchos autores le sitúan en el relato evangélico, identificándole con el jovencito que, en Getsemaní, apareció vestido únicamente con una sábana, despertado por el barullo de la gente armada que había llegado para capturar a Jesús. También fueron puestas las manos sobre el incauto espectador, quien, sin embargo, abandonando su ligera indumentaria, logró escapar (Evangelio de San Marcos, cap. XIV, 51). San Marcos fue uno de aquellos apreciables hombres que renuncian a destacar para consagrarse al servicio de una personalidad de mayores iniciativas. De familia acomodada, dio sus primeros pasos en el apostolado con su primo San Bernabé y con San Pablo, a quienes sirvió como "ministro" en el primer viaje misionero, reservándose las funciones exteriores para aliviar a aquéllos. Inesperadamente, le faltaron los ánimos y quiso volver atrás, y así, en el siguiente viaje, San Pablo no le quiso entre sus acompañantes. Aparece luego en Asia Menor asociado al ministerio de San Pedro, quien le dio pruebas de un cariño paternal. En Roma fue nuevamente compañero de San Pablo, que le manifestó particular estimación preguntando por él desde Éfeso en la época de su último cautiverio. En la Ciudad Eterna se le pidió que reuniera los recuerdos de San Pedro acerca de la vida de Jesús, y, de esta suerte, escribió el segundo Evangelio, en el que la divina figura del Maestro revive con una riqueza de matices concretos y de colores que hacen de la minúscula obrita la biografía más rápida pero asimismo más ágil y dramática de Jesús Una tradición histórica segura sitúa en efecto la redacción de este Evangelio en estrecha dependencia con el Apóstol Pedro. Los testimonios al respecto de Papías, de San Justino o de Ireneo, en una época cercana al autor, son en extremo importantes. San Clemente de Alejandría añade: "algunos oyentes de las predicaciones de San Pedro en Roma rogaron a Marcos que pusiera para ellos por escrito lo que predicaba Pedro... Marcos los había contentado. Cuando Pedro lo supo, no prohibió a Marcos que lo publicase ni lo animó a ello; pero luego de reconocer la verdad de lo que allí estaba escrito, aprobó el contenido". Una confirmación de que "Marcos escribió su Evangelio como oyó del Apóstol Pedro" la tenemos en el mismo texto. En efecto, en él se ponen de relieve las acciones de Pedro que redundan en su desdoro y, en cambio, se callan las contadas por otros evangelistas, que redundan en su gloria. Así, San Marcos describe más minuciosamente que los otros evangelistas la triple negación de Pedro. Entre los discursos de Pedro en los Hechos de los Apóstoles y el segundo Evangelio se advierte además una analogía de concepción y desarrollo de catequesis que hace verosímil la existencia de una relación de dependencia entre las dos obras. Escrito en lengua griega en Roma, en fecha incierta, el Evangelio de San Marcos es el más breve de los cuatro. Prescinde de exponer noticia alguna de la vida infantil de Jesús, y cuenta sólo su vida pública, comenzando con las palabras "Principio del Evangelio de Jesucristo Hijo de Dios". Puede dividirse en cuatro partes. En la primera, la del comienzo del ministerio público, se desarrollan la predicación de San Juan Bautista en el desierto (I, 1-5) de donde le viene al evangelista el símbolo del león; el bautismo de Jesús y su retiro en el desierto (I, 9-13); la predicación del Evangelio del Reino de Dios en Cafarnaum y en sus alrededores (I, 14-III, 35), y la enseñanza y los milagros en torno al lago de Tiberíades (IV, 1 - V, 43). La segunda parte relata el ministerio de Jesús en Galilea; Jesús vuelve a su Patria, escoge a sus discípulos, y con ellos se va luego más allá del mar de Tiberíades (VI, 1 - VII, 23); de allí a la Galilea septentrional, a Tiro y Sidón; después de haber obrado milagros pasa por Cesarea de Filipo, desciende al Tabor y finalmente se vuelve a hallar en Cafarnaum (VII, 24-IX, 50). En la tercera parte, Jesús cruza Perea y va a Judea (X). En la cuarta y última son descritas la Semana Santa y la Pasión (XI, 1 - XVI, 18). El Apéndice (XVI, 19 - XX) trata de la misión de Jesús y de la eficacia de la misión Apostólica. Prescindiendo de la primera parte, que puede ser considerada como un proemio, en la segunda, dedicada al ministerio de Jesús en Galilea, el orden de las narraciones parece ser histórico y geográfico, como lo demuestran las muchas indicaciones espaciales y temporales. Sin embargo, no puede excluirse que este orden sea un poco artificial; no es, en efecto, muy verosímil que Jesús no hubiera pasado nunca dos veces por la misma región. Como en el Evangelio de San Mateo, también en éste se nota un progreso lento en la revelación mesiánica. Jesús, al comienzo de su ministerio, no hace indicación alguna a sus discípulos de su misión; los prepara poco a poco, y finalmente hace proclamar a Pedro que Él es el Mesías Hijo de Dios. Da a conocer progresivamente lo que debe ser el reino mesiánico y llega a predecir muy tarde su Pasión, Muerte y Resurrección. El relato de San Marcos es, en general, idéntico al de San Mateo y San Lucas. Sólo contiene cinco trozos propios: dos parábolas, dos milagros y un fragmento histórico en el capítulo tercero (III, 20-21), que refiere la inquietud de los padres de Jesús. Las dos parábolas propias de San Marcos son las de la semilla que crece (IV, 26-29) y la del amo que parte de su casa y no sabe cuándo volverá (XIII-34). Los dos milagros son la curación de un sordomudo (VII, 31-36) y la curación del ciego de Betsaida (VIII, 22-26). San Marcos nos ha legado además algunas frases características de Jesús, pasadas en silencio por otros evangelistas: "El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" (I, 27) o "Todas estas cosas malas proceden de dentro" (VII, 22). Los sentimientos de odio que se manifiestan en los adversarios de Jesús son expresados de la misma manera por los otros dos Sinópticos, pero hay un pormenor de gran importancia: los Herodianos se habían unido con los Fariseos y los Escribas contra Jesús (III, 6). San Marcos da a conocer las disposiciones de los discípulos hacia el Maestro, pero refiere además los sentimientos y las impresiones del propio Jesús: "Jesús, vueltos los ojos hacia ellos con ira" (II, 5); "tuvo compasión de la muchedumbre que le seguía porque eran como ovejas que no tienen pastor, y se puso a instruirlos largamente" (VI, 34). Otra de las características de San Marcos es su procedimiento de dramatizar la narración: no expone los hechos sino que los traduce en acción y pone en boca de Jesús el discurso directo. Frente a los otros evangelistas, aparecen además como peculiaridades de Marcos su percepción de lo popular y su estilo agudo y literariamente despreocupado. La tradición habla de su origen levítico e indica una particularidad fisiológica suya: tenía los dedos cortos. Simbolizado, como los otros evangelistas, por uno de los cuatro ríos terminales y, posteriormente, por el león alado del Apocalipsis, la iconografía medieval lo representó a menudo acompañado por San Pedro, que le dicta el Evangelio. 3.4. El Evangelio de San Lucas Al evangelista Lucas, discípulo y compañero de San Pablo en sus últimos viajes y en su prisión en Roma, se le atribuye el tercer Evangelio; la autenticidad del libro quedó acreditada por el testimonio patrístico y el canon de Muratori . Médico de profesión y antioqueno, San Lucas es el más erudito de los autores del Nuevo Testamento. Escritor doctísimo y escrupuloso historiador, emplea a veces un griego de refinada elegancia, y en algunos casos no rehuye la imitación de modelos semíticos. Dante le definió como "el cronista de la magnanimidad de Cristo", y, efectivamente, Lucas se muestra sensible a cuantos dichos y hechos del Maestro expresan a lo vivo el espíritu de caridad del Evangelio. Dotado de una sensibilidad delicadísima, pone cuidadosamente de relieve el papel de las mujeres en la historia de Jesús, y narra con gracia inimitable los episodios de la infancia del Salvador. El arte le debe todos los temas de inspiración evangélica más apreciados y frecuentes. Una tradición le hace pintor; de esta profesión conoció, si no la técnica, por lo menos el arte de una representación esencial y dramática de los acontecimientos. San Lucas recogió las parábolas de Jesús más expresivas y de supremo valor no solamente religioso y humano, sino también literario (por ejemplo, El hijo pródigo, El buen samaritano, Lázaro y el rico Epulón o El fariseo y el publicano). Autor también de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas tuvo conciencia de ser el primer historiador del cristianismo , y elaboró las dos obras con segura intuición y método riguroso. La presencia de su personalidad sólo se vislumbra a través del gusto y de la medida con que dispone y refiere el material que había ido recogiendo de fuentes incontrovertibles mediante largas indagaciones. Dijo Renan que el Evangelio de San Lucas es el mejor libro que jamás se haya escrito; y hubiera podido añadir que la personalidad de su autor es una de las más vivas y cordiales de cuantas gravitan en la órbita de los protagonistas principales de la historia del cristianismo primitivo. Además de ser el primer historiador cristiano, es también el primer artista de la nueva religión. En la proximidad de San Pablo, Lucas vivió un cristianismo profundo, cuyos orígenes y primeros progresos expresó bajo el sello de la poesía y la verdad. Escrito en griego entre los años 60-63 d. de C., el Evangelio de San Lucas fue quizás compuesto en la misma capital romana. En su organización, admirable incluso desde el punto de vista literario, pueden apreciarse, tras un prefacio (I, 1-4), cinco partes. Primera parte: infancia; anuncio del Precursor y del nacimiento de Jesús; visita de la Virgen María a Santa Isabel; nacimiento del Precursor y de Jesús; presentación en el Templo; Jesús entre los doctores (I, 5 - II, 52). Segunda parte: preparación a la vida pública; predicación de San Juan Bautista; bautismo (genealogía) y tentaciones de Jesús (III-IV,13); ministerio de Jesús en Galilea; milagros y predicación, como en los otros Sinópticos (IV, 14 - IX, 50). Tercera parte: último viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén; milagros y predicación, como en los otros Sinópticos (IX, 51 - XIX, 28). Cuarta parte: historia de la pasión y muerte de Jesús, como en los otros Sinópticos (XIX, 29 - XXIII, 55). Quinta parte: resurrección de Jesús, su aparición, su ascensión (XXIV, 1-52). Los episodios que aparecen exclusivamente en el Evangelio de San Lucas son muy numerosos. Desde el punto de vista lingüístico, el vocabulario es más rico que el de los demás evangelistas y autores sagrados; y si bien el libro debe incluirse entre las producciones del griego vulgar, posee con todo una superioridad que lo aproxima a los clásicos. Lucas evita hebraísmos, aramaísmos y latinismos; sabe componer con arte y dar a sus narraciones un carácter a la vez simple y grandioso, expresar con gracia los diversos sentimientos de las personas que introduce en escena y retratarlas de manera perfecta. El evangelista advierte en el prefacio que se propone hacer una obra histórica. En su prólogo imita a los grandes historiadores griegos (Herodoto , Tucídides y Polibio ), y, a semejanza de ellos, comienza su libro señalando las fuentes en que se inspiran sus relatos, cómo los compone y el objetivo que persigue. Relaciona sus datos cronológicos con los de la historia profana (II, 13-III, 1), pero, al igual que los otros Sinópticos, no es un simple cronista de la vida de Jesús; algunas veces, como San Mateo y San Marcos, reúne discursos y milagros hechos en distintas circunstancias. Desde el punto de vista doctrinal, el Evangelio de San Lucas es llamado "ebionita", es decir, Evangelio de los pobres. La pobreza triunfa sobre la riqueza terrena, y, en medio de una luz maravillosa, aparece la doctrina de la salvación universal: el individualismo judío queda vencido. 3.5. El Evangelio de San Juan Autor además del Apocalipsis y de tres Epístolas, San Juan prevalece netamente sobre los demás evangelistas incluso en la iconografía, gracias al importante lugar que corresponde a Juan en todas las representaciones de la cena y de la crucifixión. Entre los doce discípulos que siguieron a Jesucristo, San Juan es el personaje más claramente dibujado por los Evangelios. Ya los tres Sinópticos dan a su figura un especial relieve, pero los escritos del propio Juan le añaden abundantes recuerdos personales y revelan, en un lenguaje humilde y sutil, los más recónditos pliegues de su alma. La misma perífrasis con que Juan se designa tímidamente a sí mismo como "el discípulo amado de Jesús", recoge de lleno, resumiéndolas, las características de su personalidad y de la aventura espiritual a que ésta estaba destinada. En efecto, sólo gracias a aquella predilección de Jesús se pone de manifiesto su riqueza interior. Nacido en el seno de una acomodada familia de pescadores de Cafarnaum o de la vecina Betsaida, San Juan Evangelista fue uno de los primeros seguidores de Jesús y formó parte de aquel triunvirato de íntimos que tuvo el privilegio de asistir a los episodios más significativos de la vida del maestro, como la resurrección de la hija de Jairo o la agonía de Getsemaní. En la última cena, San Juan reposó la cabeza en el pecho de Cristo (si se identifica a Juan con el anónimo discípulo predilecto del cuarto Evangelio) y fue el único de los Apóstoles que estuvo presente en la crucifixión. El evangelista fue acogido en la familia carnal de Jesús, convirtiéndose en el fiel guardián de María, y llegó a ser el más sublime cantor del amor cristiano. Suya es la frase "Dios es amor", y, antes de ser desterrado a Patmos, y luego de haber sufrido, según se cuenta, la inmersión en una caldera de aceite hirviendo sin sentir daño alguno, aconsejaba a los discípulos: "Hijos míos, amaos los unos a los otros. Éste es el gran precepto que Cristo nos ha enseñado". Las últimas palabras que Jesucristo le dirige en la tierra son casi una duda, una alusión simbólica y ciertamente el signo de un destino singular: "¿Y si yo quiero que éste se quede hasta mi regreso?..." (Juan, XXI, 21-22). Por ello, en su vejez, se difundió el rumor de que no moriría hasta el regreso de Cristo. Falleció al parecer en Éfeso, a muy avanzada edad. Escrito en lengua griega (e indudablemente en Éfeso, según el autorizado testimonio de San Ireneo), el Evangelio de San Juan suscitó largas controversias acerca de la fecha exacta de su composición. Teniendo en cuenta, sin embargo, el hecho de que el apóstol lo escribió en edad avanzada (como lo atestiguan Epifanio y Eusebio), al regresar de su destierro bajo el emperador Nerva (96-98), y que, según refiere San Jerónimo, su autor murió 68 años después de la Pasión de Jesús, puede establecerse casi con certeza la fecha de la redacción alrededor de los años 96-98 d. de C. Los dos papiros Ryland's y Egerton , descubiertos respectivamente en 1920 y 1934 en Egipto, nos hacen saber que este Evangelio era reconocido e incluso iba unido a los evangelios sinópticos desde la primera mitad del siglo II. El libro comienza con un prólogo en donde se contiene, más aún que en las páginas de San Pablo, gran parte de la teología cristiana. En él (I, 1-18) se presenta a la persona del verbo de Dios, Luz y Vida, que se manifiesta por medio de la creación y de la encarnación y que da, a los que le reciben creyendo en él, la filiación divina. Ya en estas afirmaciones iniciales aparecen las tres verdades predicadas en todo el libro: Jesús está unido sustancialmente con Dios Padre; es luz (verdad) y vida (gracia) de los hombres; es, finalmente, verdadero Dios. En la primera parte (I, 19-XII, 50) Jesucristo es revelado al mundo; resplandece en las tinieblas que no quieren recibirle. Esta manifestación de Jesús viene preparada mediante el testimonio de Juan Bautista, la vocación de los discípulos y un primer milagro en el que resplandece la gloria de Cristo. Sigue la primera manifestación pública en Judea, tras la cual es recibido primero por los samaritanos y después por los galileos como Salvador del mundo. Una nueva manifestación en Jerusalén, con el milagro de la piscina probática, suscita el odio de los judíos. En Galilea, Cristo se revela como pan de vida y lo confirma con el milagro de la multiplicación de los panes; el pueblo no cree, ni tampoco sus discípulos; sólo Pedro expresa su fe en las palabras del Salvador. En los capítulos VII, VIII, IX y X Jesús precisa mucho más su doctrina, con el consiguiente acrecentamiento de la animosidad por parte de los fariseos. Es luz del mundo, y lo demuestra con la curación del ciego de nacimiento. El milagro de la resurrección de Lázaro revela todo su poder y confirma su misión. Jesús va a Efraim, después a Betania en casa de Lázaro, entra triunfalmente en Jerusalén y, por última vez, habla de su grandeza y de su futura exaltación. Llegado a este punto, el evangelista parece hacer una recopilación de lo antedicho hablando de las causas de la incredulidad y aduciendo una categórica afirmación de Cristo. En la segunda parte (XIII-XXI, 25), resplandece la caridad de Cristo para con sus discípulos. Les da en la última cena los supremos ejemplos de caridad y humildad, y en un postrer discurso los consuela y los confirma en su fe. En su última oración al Padre, Jesús pide su glorificación, la protección y la santificación para sus Apóstoles y la caridad y la unión para todos los que han de creer en él. Desde el capítulo XVIII al XXI, 24 se pone de manifiesto la caridad de Cristo, y su condición mesiánica en la Pasión y en la Resurrección. Los dos últimos versículos nos dan indicaciones acerca del autor del Evangelio y nos informan de que en él no se contiene todo cuanto hizo Jesús. El carácter más sobresaliente de este Evangelio, si se confronta con los Sinópticos, es su riqueza en discursos y su pobreza en relatos. Esa tendencia sobre todo doctrinal no excluye una exposición histórica. Pero su cronología se limita a las grandes líneas, a la distribución de la vida de Cristo dentro de las Pascuas. El evangelista se propuso un triple objetivo. El primero, dogmático, probar que Jesús es el Mesías anunciado por los Profetas, el verdadero Hijo de Dios (II, 17; III, 14; III, 18; XIX, 24, 28, 36; XX, 31). Jesús es descrito continuamente como el verdadero Prometido por los Profetas, y su divinidad queda claramente atestiguada en todo el libro. El segundo objetivo que San Juan se propone es apologético: refutar el error de Cerinto, que negaba la divinidad de Cristo; refuta también a los ebionitas , reos de la misma herejía. No pudo pensar en las herejías gnósticas y de Marción, las cuales surgieron posteriormente, pero puede decirse que las destruyó de antemano. Su tercer objetivo es histórico: es evidente en San Juan la intención de completar la narración de los Sinópticos. San Clemente de Alejandría observa que la misión terrena de Jesús había sido confirmada en los otros tres Evangelios, y que a San Juan le incumbía narrar los hechos que atestiguaban el ministerio divino de Jesucristo. Y el propio evangelista lo confirmó (XX, 31). Por ello descarta muchos hechos que supone conocidos por medio de los otros Evangelios; no refiere todos los preceptos morales del Sermón de la Montaña, no reseña más que cinco milagros de Jesús, no menciona el viaje de Jesús a Galilea; sólo recuerda los milagros y los admirables discursos de Jesús en Judea y en Jerusalén, que los otros habían callado. Si consigna dos únicos hechos anteriores a la Pasión, referidos ya por los Sinópticos (la multiplicación de los panes y el paso de Jesús sobre las olas) es para mejor explicar las palabras del Salvador en Judea y en Jerusalén. Añade, además, el episodio del lavatorio de los pies a la cena, fija la época del encarcelamiento de Juan Bautista, precisa el lugar de las tres negaciones de Pedro, determina las cuatro Pascuas y proporciona el medio de coordinar todos los acontecimientos narrados por los otros tres evangelistas y de establecer una concordancia exacta. El Evangelio de San Juan procede por afirmaciones teológicas presentadas con autoridad y solemnidad y con elevada forma literaria; el episodio de Jesús y la Samaritana y la narración de la resurrección de Lázaro pueden ser comparados con las mejores páginas de San Lucas. Algún relato, como el de la curación del ciego de nacimiento, tiene en cambio un color más semítico, más próximo al estilo de San Marcos. San Juan es dogmático y teólogo por excelencia: es el poeta y filósofo del espiritualismo católico. Orígenes decía: "Si los Sinópticos son la primicia y la parte mejor de la Sagrada Escritura, el Evangelio de San Juan es la primicia de los Sinópticos y de todo el Nuevo Testamento". San Juan posee en sí algo más dulce y afectuoso que los otros evangelistas: se complace en narrar cándidamente el amor que Jesús sentía por él, y, al formular la teología del cristianismo, acentúa los valores llenos de amor y de misericordia que ya no se separarían de la religión. 4. Evangelios apócrifos 4.1. Presentación Escritos completos o fragmentarios que pertenecen al género literario «evangelio», por tratar de los hechos y palabras de Jesús, y que por las más diversas razones no han sido reconocidos por la comunidad cristiana como libros pertenecientes al canon del Nuevo Testamento. Conocemos más de setenta libros, completos o fragmentarios, que caen dentro de esta interesante familia literaria; en conjunto, representan las más variadas ideologías, formuladas por distintos círculos cristianos, o incluso por grupos marginales o heterodoxos (gnósticos, etc.). En general, se escribieron entre los siglos II y IV, tanto en ambiente judeocristiano como en entornos provenientes del paganismo; no obstante, los hay tardíos, compuestos ya al final de la Alta Edad Media. Algunos de los más conocidos son el Evangelio del Pseudo-Mateo, el Protoevangelio de Santiago y otros; aparte, hay noticias indirectas sobre otros Apócrifos que parecen definitivamente perdidos, como el Evangelio de los hebreos, el Evangelio de los doce o de los ebionitas, el Evangelio de los egipcios, el Evangelio de Matías, el Evangelio gnóstico de Tomás, etc. En especial, ha resultado muy enriquecedora la recuperación de pasajes de los Evangelios Apócrifos a partir de fragmentos papiros, que han merecido los esfuerzos de la crítica especializada en las últimas décadas. 4.2. La etiqueta y su aplicación El adjetivo apócrifo procede del lat. apocryphus, y éste del gr. 'oculto'. Con este término, se designaba en el pasado a aquellos libros de origen dudoso que servían para el culto de diversas sectas, dentro y fuera de la religión cristiana. Con el paso del tiempo, el término se cargo de connotaciones peyorativas, al indicar que un escrito era lisa y llanamente falso o que correspondía a una desviación herética. En su conjunto, se otorga la denominación de Evangelios Apócrifos a un conjunto de escritos que amplifican el Nuevo Testamento y brindan una información complementaria, a veces muy detallada, respecto de pasajes en los que las Sagradas Escrituras se muestran en extremo concisas; resta decir que la condición de apócrifos se la otorga el hecho de que no hayan conseguido el reconocimiento de la Iglesia y que permanezcan ajenos al Canon Sagrado, constituido por la obra de los Cuatro Evangelistas. 4.3.Clasificación de los escritos A pesar de ello, estos escritos han ejercido un peso formidable en la tradición cristiana, como vemos en el misterio de la Epifanía, muchos de cuyos detalles proceden, directamente, de los Evangelios Apócrifos, como el hecho de que los Magos de Oriente sean presentados como Reyes. En conjunto, la literatura cristiana apócrifa se estructura del mismo modo que el Canon: Evangelios, Hechos, Epístolas y Apocalipsis. Aparte, contamos con Evangelios Apócrifos alusivos al Antiguo Testamento, que utilizan para referirse luego al advenimiento de Cristo y su paso por el mundo, como los llamados Libro de Henoch, Apocalipsis de Baruc o Ascensión de Isaías. A veces, tales escritos no son sino guías o resúmenes para la lectura del Nuevo Testamento y han sido aceptados como útiles en determinadas comunidades cristianas; en otros casos, estamos ante claros ejemplos de la predicación en los primeros siglos del cristianismo (con materiales que, según parece, podrían remitir a las propias prédicas de Jesús, por lo que muchos estudiosos se han sentido subyugados por este material), como se desprende del estudio de los Agrapha, magnificas muestras de oralidad en una de las tres religiones del Libro; Evangelios Apócrifos hay, por fin, que sirvieron como guías para determinadas sectas o desviaciones heréticas, como los gnósticos o maniqueos, como el Libro de Juan. En conjunto, los Evangelios Apócrifos abordan los siguientes momentos o bloques temáticos del Nuevo Testamento: (1) La Natividad, como el Protoevangelio de Santiago griego, reelaborado en el texto latino del Pseudo-Mateo o en el De Nativitate Mariae. (2) La Infancia de Jesús, como el Pseudo-Tomás griego y sus derivados latinos, el Evangelio árabe de la infancia y la Historia de José el Carpintero; aparte, hoy se consideran testimonios principales el Evangelio armenio de la infancia o el Evangelio latino de la infancia. (3) La Pasión, como el Evangelio de Pedro o el Evangelio de Bartolomé. (4) La Asunción de la Virgen, como el Libro de San Juan Evangelista, la Homilía de San Juan Evangelista o la Narración de José de Arimatea. Aparte de los citados, hay otros textos que no encajan en ninguna de estas categorías. 4.4. Primeras alusiones y características Muchos de los pensadores del primer cristianismo abordaron el fenómeno de los Apócrifos, como vemos en San Ireneo(siglo II), en San Clemente de Alejandría (siglos II-III) o en Eusebio de Cesárea. De todos los testimonios que conocemos, tal vez el principal sea el de Orígenes (siglo III), cuando alude a aquellos seguidores de Cristo que se lanzaron a recopilar datos relativos a su vida sin la asistencia del Espíritu Santo; además, por vez primera, su escrito se incide en los peligros que implican estos textos por cuanto pueden dar en formas de herejía. No obstante, ya que el Canon Sagrado sólo se cerró hacia el siglo IV, la calidad de apócrifo sólo quedaría claramente delimitida mucho más tarde. En conjunto, los Evangelios Apócrifos reflejan las inquietudes y deseo de colmar lagunas en la vida de Cristo por parte de las primitivas comunidades cristianas. Las distintas leyendas sagradas que recorrieron el Mediterráneo Oriental (en las que, por lo común, aparecía el nombre de alguno de los Apóstoles para demostrar su autenticidad) cuajaron en textos que, a su vez, se enriquecieron y contaminaron con relatos de una gran variedad y riqueza. Al mismo tiempo, los derroteros seguidos por la Iglesia primitiva, con la formación de grupos desviacionistas y herejías, se puede seguir al menos en parte gracias a este cuerpo de textos; a ese respecto, hay textos que responden al deseo de atajar alguna herejía, como es el caso del Protoevangelio de Santiago, que pretendía acabar con las dudas sobre la virginidad de María. 4.5. Pervivencia de materiales apócrifos Por este último motivo, los Evangelios Apócrifos no fueron automáticamente expulsados del universo escriturario cristiano; de hecho, algunos de los grandes pensadores de la Iglesia se sirvieron de parte de los materiales que acarreaban, como vemos en los citados San Clemente de Alejandría o Eusebio, como también en San Epifanio (siglo IV) o en un autor tardío como San Juan Damasceno. Junto al uso de los Evangelios Apócrifos por intelectuales como los citados, su pervivencia y huella se perciben, como se ha dicho antes, en la preservación de no pocas leyendas en la propia liturgia cristiana, tanto en la Iglesia de Oriente como en la Iglesia Romana. La investigación desarrollada en los dos últimos siglos, desde dentro y fuera de la Iglesia, sobre este corpus ha cuajado en una rica bibliografía en que se discute cuál pueda ser su esencia y cuál su importancia para los estudios bíblicos. A este respecto, ha habido extremos, como el de la Escuela de Tubinga, que por largo tiempo defendió que los Evangelios Apócrifos inspiraron el Canon del Nuevo Testamento. Del lado contrario, caen quienes han ignorado la importancia decisiva que estas obras tienen desde varios enfoques, tanto desde una óptica puramente filológica como desde otra más amplia de signo antropológico. A ese respecto, merece la pena atender al breve resumen que hace Aurelio de Santos Otero en su conocida edición de este corpus en la BAC (Los Evangelios Apócrifos. Edición crítica y bilingüe, Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1979): "Los nombres que damos a los padres de la Virgen, Joaquín y Ana, cuyas fiestas respectivas celebra la liturgia romana el 16 de agosto y el 26 de julio; la fiesta de la Presentación de la Virgen niña, fijada por el calendario bizantino y romano en el 21 de noviembre; el nacimiento de Jesús en una cueva, en que no faltan nunca el buey y el asno; la huida a Egipto, con los ídolos que se derrumban; los tres reyes Magos, con sus nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar; la historia de los ladrones Dimas y Gestas; el nombre del soldado que atravesó con una lanza el costado de Jesús, a quien llamamos Longinos; la historia de la Verónica, que enjugó con un lienzo el rostro de Jesús mientras éste iba por la calle de la Amargura... Éstos y otros detalles parecidos están tan íntimamente compenetrados con nuestra manera de sentir que nos resistimos a reconocer que no descansan sobre otro fundamento histórico que el de las narraciones apócrifas" (p. 9). La presencia de estas leyendas se percibe por doquier desde el propio siglo de constitución del Canon Sagrado, con los Evangelios de San Mateo, San Lucas, San Marcos y San Juan; de hecho, los estudiosos recuerdan cómo el papa Sixto III, en 435, mandó decorar el arco triunfal de Santa María la Mayor con escenas procedentes de los Evangelios Apócrifos, más concretamente del Protoevangelio de Santiago y el Pseudo-Mateo. Determinante fue también el hecho de que parte de ese rico corpus fuese vertido a dos fuentes de información redactadas en el siglo XIII y que serían útiles de conocimiento primordiales durante toda la Edad Media y aún más tarde: la magna colección de vidas de santos de Jacobo de Voragine que se conoce con el título de Legenda aurea y fue traducida a todas las lenguas de cultura; y la formidable enciclopedia que Vincent de Beauvais tituló Speculum maius, concretamente en la parte correspondiente al Speculum historiale. Todavía más rica, por su especial hermanamiento de devoción y arte, resulta la iconografía de la Iglesia Ortodoxa, tanto en Bizancio como, a partir del siglo IX, en los países eslavos. Bibliografía comentada • Rafael AGUIRRE, “Aproximación actual al Jesús de la historia”, en Cuadernos de Teología Deusto nº 5. Jesús de Nazaret, también llamado Cristo, Jesucristo o simplemente Jesús(provincia de Judea, Imperio romano; ca. 4 a. C.-Jerusalén, Imperio romano; 30-33 d. C.), fue un predicador y líder religioso judío del siglo I. Es la figura central del cristianismo y una de las más influyentes de la historia. En la actualidad y desde finales de siglo XX, prácticamente todos los historiadores de la Edad Antigua afirman la existencia histórica de Jesús. Según la opinión mayoritariamente aceptada en medios académicos, basada en una lectura crítica de los textos sobre su persona, Jesús de Nazaret fue un predicador judío que vivió a comienzos del siglo I en las regiones de Galilea y Judea, y fue crucificado en Jerusalén en torno al año 30, bajo el gobierno de Poncio Pilato. La figura de Jesús está presente en varias religiones. Para la mayoría de las ramas del cristianismo, es el Hijo de Dios y, por extensión, la encarnación de Dios mismo. Su importancia estriba asimismo en la creencia de que, con su muerte y posterior resurrección, redimió al género humano. El judaísmo niega su divinidad, ya que es incompatible con su concepción de Dios. • José Alfredo NORATTO GUTIËRREZ, LA VENIDA DE CRISTO SEGÚN SAN JUAN: Clave hermenéutica de la escatología joánica, Editorial U. Javeriana 0, N/A La fe pascual de la comunidad cristiana afirma que Cristo por medio de la cruz, ha sido exaltado y glorificado a la derecha del Padre, y que está a la espera de la promesa de su retorno. Desde entonces, la segunda Venida de Cristo ha tenido un valor permanente y ha sido fuente de inspiración y confianza. Así mismo, las preocupaciones acerca de cómo y cuándo serán el final de la historia, dicha venida y el espacio de tiempo comprendido entre la resurrección de Cristo y su retorno final, han sido un aspecto nuclear en la fe y la esperanza de los creyentes.La presente obra está constituida por tres partes: la primera, de carácter contextual, ofrece los presupuestos interpretativos a partir de los textos sobre la venida del Señor presentes en el cuarto evangelio; la segunda presenta la aproximación a dichos textos con base en la forma literaria como refieren la venida, es decir, como movimiento, visión, y manifestación; la tercera, más prospectiva, ahonda el sentido de la venida como presencia actual del Señor, acción del Paráclito, práctica de la caridad y comprensión del ministerio de Cristo. La conclusión del trabajo evidencia el camino seguido para pasar al tacto y de las necesidades de experimentación física, al contacto o la experimentación creyente y existencial de un tipo de presencia que tiene, por fuerza de necesidad, que trascender el ámbito de lo físico, dado que se inscribe en el amplio espectro del sentido. Así pues, en cuanto hermenéutica teológica de las fórmulas literarias de la venida de Cristo, según el cuarto evangelista, este trabajo pretende explicitar su horizonte creyente, o en la lógica joánica, su horizonte salvífico y existencial. Sin embargo, para entender mejor el alcance teológico de Juan, será necesario revisar la concepción de la escatología, que se orienta a captar la revelación definitiva del propósito del Dios creador sobre el ser humano, su existencia y destino final, realizada en la persona de Jesús y en su pascua, y continuada en la vida misma de la comunidad. De este modo, el carácter personal de la escatología joánica sostiene que en su sentido profundo y definitivo la acción escatológica de Dios tiene existencia real y concreta en la decisión libre de fe del creyente, por la cual se le permite a Dios existir en el mundo.Así pues, en cuanto hermenéutica teológica de las fórmulas literarias de la venida de Cristo, según el cuarto evangelista, este trabajo pretende explicitar su horizonte creyente, o en la lógica joánica, su horizonte salvífico y existencial. Sin embargo, para entender mejor el alcance teológico de Juan, será necesario revisar la concepción de la escatología, que se orienta a captar la revelación definitiva del propósito del Dios creador sobre el ser humano, su existencia y destino final, realizada en la persona de Jesús y en su pascua, y continuada en la vida misma de la comunidad. De este modo, el carácter personal de la escatología joánica sostiene que en su sentido profundo y definitivo la acción escatológica de Dios tiene existencia real y concreta en la decisión libre de fe del creyente, por la cual se le permite a Dios existir en el mundo. • Rafael AGUIRRE, Jesús, siempre y más, Edibesa, Madrid, 1997. Lo que se conoce de Jesús procede casi exclusivamente de la tradición cristiana —aunque se le menciona en fuentes no cristianas—, especialmente de la utilizada para la composición de los evangelios sinópticos, redactados, según opinión mayoritaria, unos treinta o cuarenta años, como mínimo, después de su muerte. La mayoría de los estudiosos considera que mediante el estudio de los evangelios es posible reconstruir tradiciones que se remontan a contemporáneos de Jesús, aunque existen grandes discrepancias entre los investigadores en cuanto a los métodos de análisis de los textos y las conclusiones que de ellos pueden extraerse. • Rafael AGUIRRE, Así vivían los primeros cristianos, eBook. Tras la publicación de Así empezó el cristianismo (2010), sobre el proceso formativo del cristianismo, en Así vivían los primeros cristianos, los mismos autores, con un trabajo en equipo, abordan la vida de los primeros seguidores de Jesús. La obra se divide en cuatro partes: 1) Experiencias extraordinarias en los orígenes; 2) Los ritos; 3) Las prácticas de vida; 4) Las creencias. El orden mismo de los capítulos pone de manifiesto que el aspecto doctrinal no fue el decisivo en los orígenes. No se comenzaba por la aceptación intelectual de un contenido teórico. Lo que atraía del cristianismo era un estilo de vida y unas comunidades con singular capacidad de acogida e integración. El cristianismo no tardó en convertirse en religión imperial, pero en sus orígenes descubrimos un ADN con otras posibilidades más profundas, nunca sofocadas del todo, y que pugnan por despertar a la vida y transformar el cristianismo de nuestros días. • Rafael AGUIRRE, La fuerza de la semilla, Editorial Verbo Divino, España, 2021. Este libro recoge artículos escritos a lo largo de más de treinta años de estudio y docencia bíblica y que tienen su origen en colaboraciones en revistas, en ponencias en congresos o en conferencias. El volumen está organizado en cuatro partes íntimamente conectadas. La primera versa sobre la interpretación crítica del Nuevo Testamento y su relación con la lectura creyente. La segunda parte, la más extensa, consta de estudios sobre Jesús de Nazaret que abordan aspectos centrales de su vida, con atención especial a su relación con la realidad social. La tercera parte aborda el dinamismo expansivo del movimiento que reivindicó la memoria de Jesús pese a lo que podríamos considerar el fracaso histórico de su vida. La cuarta parte consta de cuatro artículos sobre el evangelio de Mateo, que ha sido una preocupación preferente del autor. En su conjunto, estos artículos ofrecen una valiosa aportación al conocimiento de la figura de Jesús, una pequeña semilla sepultada en la tierra, pero cuya fuerza insospechada cambió la historia de la humanidad. • Rafael AGUIRRE MONASTERIO, De Jerusalén a Roma, Editorial Verbo Divino, España, 2021. El Grupo de Investigación sobre los Orígenes del Cristianismo se adentra en esta obra en el estudio de la actitud que los primeros cristianos adoptaron ante la sociedad. La pluralidad del cristianismo de los orígenes se refleja también en la forma de gestionar sus relaciones con el mundo. Pero en medio de su diversidad se descubre el carácter marginal de los grupos cristianos. El uso de esta categoría resulta muy iluminadora y responde al carácter interdisciplinar del estudio. Por marginal se entiende a un grupo que vive en su sociedad, sin evadirse ni encerrarse en un gueto, pero que no comparte los valores hegemónicos y establecidos. Hay una marginalidad voluntariamente asumida, que puede ser el lugar donde se fraguan valores alternativos y proyectos de transformación social. En este libro se proponen reflexiones sobre la relevancia que para el cristianismo actual puede tener redescubrir que la creatividad y fuerza de atracción en sus orígenes nacía de su carácter minoritario y marginal. • A. M. BESNARD, Un tal Jesús, Herder, Barcelona, 1970. ¿Quién es este Dios, primero hebraico y ahora cristiano, que quiere la sangre, la muerte, para que sea restablecido el equilibrio de un mundo en el que sólo imperan sus leyes? ¿Cómo puede la nueva ley ser ley de Amor si aún pesa sobre el ser humano la condenación eterna? ¿Cómo puede éste creerse una criatura divina digna de la inmortalidad si debe someterse a una ley de terror que preexiste y es exterior a él? Esta novela, que tanto sorprendió al mundo católico, presenta una visión distinta, mucho más terrenal, de los hechos relativos a Jesús: las circunstancias de su nacimiento, los primeros interrogatorios a su madre, José atormentado por la culpa por haber preferido salvar a su hijo antes que alertar sobre las intenciones de Herodes, los encuentros con los ángeles y demonios, el descubrimiento del amor junto a María Magdalena, los diálogos existenciales y la angustia por saber cuál es el verdadero sentido y función de su existencia ante los ojos de Dios... • John Dominic CROSSAN, EL JESÚS DE LA HISTORIA: vida de un campesino judío, Editorial Crítica, Barcelona, 2000. John D.Crossan reconstruye en este libro apasionante la verdadera historia de Jesús, utilizando los conocimientos que la investigación ha aportado en las últimas décadas. A pesar del tópico que sostiene que sabemos poco del Jesús histórico, Crossan demuestra que se trata de una de las figuras mejor documentadas de la Antigüedad. De este esfuerzo de erudición surge una nueva imagen del Jesús histórico: la de un campesino que compartió los problemas de su gente y creó un programa social revolucionario, que criticó los abusos del poder y la opresión de los campesinos, predicó el "reino de Dios" y se preocupó por los pobres y marginados. Situado en estas coordenadas, y al margen de la fe y de los milagros, su mensaje adquiere un nuevo sentido, sin perder su valor perdurable. • John Dominic CROSSAN, Jesús desenterrado, Editorial Crítica, Barcelona, 2003. Un arqueólogo especializado en la Palestina de comienzos de nuestra era, el profesor Reed, y una de las máximas figuras de los estudios sobre los orígenes del cristianismo, John D. Crossan, han combinado en este libro fundamental sus respectivos conocimientos para mostrarnos las aportaciones realizadas en los últimos años por la investigación arqueológica (la inscripción de Poncio Pilato, la casa del apóstol Pedro, etc.) y por los estudios textuales (los manuscritos del Mar Muerto, los códices de Nag Hammadi, la relación entre los evangelios canónicos, el evangelio Q y el de santo Tomás, etc.), con lo que consiguen ofrecernos una imagen más real y documentada del Jesús histórico, de sus enseñanzas y de sus seguidores. • John Dominic CROSSAN y UN SEPULCRO VACÍO: debate en torno a la resurrección de Jesús, Editorial Voz de Papel, España, 2005. Traducción Julio Ignacio Hermoso Oliveras. ¿Es la resurrección de Cristo una metáfora? ¿O el Cristo de la Fe es la misma persona que paseó por las costas de Galilea, fue clavado en una cruz romana y resucitó del sepulcro para nuestra salvación? La respuesta es un recorrido razonado y necesario por las raíces de la fe cristiana. • César VIDAL, Los Evangelios gnósticos, EDAF, España, 2007. A finales de 1945, cerca de la aldea de Nag Hammadi, a unos cien kilómetros de Luxor, unos beduinos encontraron accidentalmente una vasija con antiguos códices, muchos de los cuales resultaron ser Evangelios desconocidos hasta entonces, junto a otros importantes textos pertenecientes a los primeros tiempos del cristianismo y, todos ellos, con un fuerte contenido gnóstico. Tiempo después, estos documentos, conocidos actualmente como la Biblioteca de Nag Hammadi, son considerados como una de las fuentes más importantes de información sobre el cristianismo primitivo y sobre la figura y enseñanzas de Jesús. En esta obra, César Vidal nos ofrece primero una mgnífica introducción donde, de un modo didáctico y preciso, esclarece el tema del gnosticismo y luego traduce los Evangelios más importantes de los códices de Nag Hammadi como El Evangelio de tomás, El Evangelio de los Egipcios, El Evangelio de la Verdad, El Evangelio de María y El Evangelio de Felipe. Un libro imprescindible, pues su lectura, de la mano de una autoridad como César vidal, le mostrará aspectos del cristianismo tan desconocidos como sorprendentes. • Santiago GUIJARRO, Dichos primitivos de Jesús: Una introducción al protoevangelio de dichos Q, Editorial Sígueme, Salamanca, 2004. El autor presenta una traducción y una visión sintética de los frutos de la investigación sobre Q en los últimos años: descubrimiento, estructura y contenido, composición y género literario, contexto vital, relación con Jesús y el cristianismo naciente. • VV.AA, Los manuscritos descubiertos en Nag Hamadi: evangelios gnósticos, Editorial Creación, Madrid, 2009. En Diciembre del año 1945 tuvo lugar un asombroso descubrimiento en el Alto Egipto, cerca del pueblo de Nag Hammadi: unos campesinos hallaron por casualidad trece códices de papiro forrados en cuero y enterrados en vasijas selladas, en total más de 1100 páginas de antiguos manuscritos. Los textos estaban escritos en copto, aunque eran probablemente traducciones desde originales griegos. • VV.AA., Evangelio según Tomás: las palabras secretas de Jesús, Editorial Obelisco, España, 2003. El evangelio según Tomás pertenece a un conjunto de textos gnósticos descubiertos en Egipto en 1945. Contiene, según podemos leer en su primera línea, las palabras secretas de Jesús y su redacción es anterior a la de los cuatro Evangelios Canónicos. Este bellísimo texto, nos ofrece algunas de las parábolas que todos conocemos, pero también palabras de Jesús que la censura no había dejado que llegaran hasta nosotros. Karl G. Jung, profundo administrador de este Evangelio señaló su enorme importancia.La presente edición nos ofrece además un estudio comparativo entre el Evangelio según Tomás y el canto de la Perla, un fragmento de los Actos de Tomás. • Prólogo de Juli Peradejordi, Anónimo, EVANGELIO DE MARíA MAGDALENA: apócrifo gnóstico, Editorial Obelisco, España, 2004. Traducción Julio Peradejordi Salazar. María Magdalena fue una fiel seguidora de Jesucristo. Es probable que su nombre, Magdalena, venga de la ciudad de Magdala (posiblemente Magadán), cerca del mar de Galilea, donde ella quizás vivió. María Magdalena fue una de las mujeres que viajó con Jesús y sus discípulos, y que usó sus bienes para atenderlos. Ella fue testigo de la ejecución de Jesús y estuvo entre las primeras personas que lo vieron ressucitado. • J. P. MEIER, Un judío marginal. Nueva Visión de Jesús histórico, Verbo Divino, Estella, 2001 y ss. Desde finales del siglo XIX, un gran número de estudiosos del Nuevo Testamento ha trabajado con la creencia de que, si no todas, la mayor parte de parábolas de los evangelios sinópticos son atribuibles al Jesús de la historia. • Juan MATEOS, Nuevo Testamento, EDIBESA, España, 2013. El Nuevo Testamento de Juan Mateos, traductor, con L.A. Sch"ckel, dela famosísima "Nueva Biblia Española". • VV.AA., SAGRADA BIBLIA: Nuevo Testamento, S.A. EUNSA, Ediciones Universidad de Navarra, España, 2002. Condensación en un volumen más manejable del Nuevo Testamento. • VV.AA., Sagrada Biblia: Libros poéticos y sapienciales, S.A. EUNSA, Ediciones Universidad de Navarra, Barañain, 2005.Universidad de Navarra, Facultad de Teología. Este es un manual interesante no sólo para los estudiantes de teología, sino para todos aquellos que deseen conocer mejor algunos de los textos más importantes del Antiguo Testamento y de la cultura universal: los Salmos, el Cantar de los Cantares, el Libro de Job, el Libro de los Proverbios, el Quohélet o Eclesiastés, el Sirácide o Eclesiástico y el Libro de la Sabiduría. Por tratarse de un manual, introduce en los diversos temas de un modo claro y ordenado y expone el estado actual de las investigaciones filológicas, bastante complejas en el caso de la Biblia. Al final de cada capítulo, figura la bibliografía básica. • L. BOFF, La irrupción del espíritu en la evolución y en la historia, Editorial Trotta, Madrid, 2017. Traducción María José Gavito Milano. Es este un pequeño tratado sobre el Espíritu Santo: en el cosmos, en la humanidad, en las religiones, en las Iglesias y en cada persona humana, especialmente en los pobres. Esta reflexión sobre el Espíritu creador, que irrumpe en la evolución y en la historia, parece especialmente justificada en tiempos como los actuales, en los que la creación del Espíritu corre peligro. Con razón se habla de una nueva era geológica, el antropoceno, en la que la relación agresiva del hombre (sapiens y demens) con la Tierra amenaza con eliminar todos sus ecosistemas y, con ello, la vida humana. Con rigor teológico, Leonardo Boff invita a pensar el Espíritu como acción, movimiento e irrupción de lo nuevo y sorprendente, proponiendo revisar las categorías clásicas del discurso occidental, tradicional y convencional de la teología. Son nuevos moldes, dentro de un paradigma más próximo a la cosmología moderna, y un nuevo modelo de pensar a Dios. De este modelo son anticipadores hombres y mujeres que pensaron el Espíritu (Hildegarda de Bingen, Joaquín de Fiore y Juliana de Norwich o, más cercanos en el tiempo, Paul Tillich y José Comblin), y en él ocupa un lugar especial lo femenino pneumatizado. Como dice el autor, «Pentecostés fue solo el comienzo», pues el Espíritu, que fue «el primero en llegar», «sigue llegando». • Antonio PIÑERO (ed.), Orígenes del cristianismo. Antecedentes y primeros pasos, El Almendro, Madrid, 1991. Tras la catástrofe del 587 el núcleo de la población de Judá es deportado a Babilonia, aunque hubo quienes quedaron en el país y otros que se exilaron en Egipto. Es en la deportación donde fragua el judaísmo. Tras la crisis los «judeos» mantienen su identidad religiosa y nacional recordando las tradiciones sacras de su fe monoteísta, centrándose en la fidelidad a la Ley y en particular en las prescripciones más distintivas, que podían observar aún en la deportación y el exilio: circuncisión, sábado y reglas alimenticias. Cuentan con el aliento de profetas que siguen interpretando los sucesos presentes y el por venir a la luz de la fe en las intervenciones de Dios en el pasado. • ANTONIO PIÑERO (ED.), Fuentes del cristianismo. Tradiciones primitivas sobre Jesús, El Almendro, Madrid, 1993. Tras el éxito obtenido con Orígenes del cristianismo, este libro trata de los evangelios canónicos, apócrifos y gnósticos y concluye con una visión de conjunto, hasta ahora nunca realizada, de los modernos evangelios apócrifos. • Antonio PIÑERO, Guía para entender el Nuevo Testamento, Trotta, Madrid, 2006. El Nuevo Testamento fue escrito hace casi dos mil años desde una mentalidad y en un contexto muy distintos de los de hoy en día. La obra presente intenta paliar este déficit de comprensión e interés por el Nuevo Testamento. Pretende ser una ayuda, una guía sencilla en lo posible que explique breve y claramente las claves de lectura. Contemplar los libros del Nuevo Testamento con nuevos ojos tras el mismo tratamiento crítico deparado a cualquier otro texto de la Antigüedad grecolatina presenta a menudo un sentido diferente y más interesante si cabe. • San Gregorio MAGNO, Las parábolas del Evangelio, Editorial Rialp, Madrid, 1999. En sus comentarios a doce parábolas, San Gregorio anima al amor a Dios y al prójimo, a la corrección fraterna y a luchar contra la tentación. • León BOFF, Jesucristo el Liberador, Sal Terrae, Santanderr, 1980. ¿Quién es Jesucristo para nosotros hoy? ¿Dónde lo encontramos? ¿Qué nombres o títulos le otorgamos? La figura de Cristo que nos presenta L. Boff ha nacido de unos profundos estudios de exégesis, historia de los dogmas y antropología. Y especialmente su humanidad es vista a una nueva luz, porque fue en esa humanidad, y no a pesar de ella, donde Dios se manifestó. Por eso, a Dios no se le puede encontrar fuera del hombre-Jesús, donde se han revelado el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre. Esta base antropológica permite a L. Boff aproximar nuestra realidad y nuestros más fundamentales anhelos a la figura de Jesús, con esa vivacidad y esa inmediatez con que brilla en los evangelios. Consiguientemente, esta cristología ha nacido de abajo, de las raíces de la vida humana y del ansia de liberación. El Cristo que surge a lo largo de la obra es un ser libre y liberado que nos llama a todos a una total apertura de nuestro ser, hasta llegar a extrapolarnos en Dios. Su historia es la historia del amor en el mundo. Resucitado, sigue viviendo en el mundo de un modo invisible, pero no ausente; incógnito, pero no inactivo; sufriendo con la humillación de sus hermanos, y creciendo con la liberación del hombre para sí mismo, para los demás y para Dios. Porque, aunque él ya haya alcanzado su meta en Dios, sigue esperando y sigue teniendo un futuro mientras nosotros, sus hermanos, no hayamos logrado la plena liberación y transfiguración de la realidad. • Gunther BORNKAMM, Jesús de Nazaret, Sígueme, Salamanca, 1975. Hoy nadie está en condiciones de escribir una vida de Jesús. Este es el resultado al que ha conducido una investigación dedicada durante casi doscientos años a reconstruir los rasgos del Jesús histórico, liberándolos de los «retoques» de la enseñanza dogmática. La fe debe remontarse más allá de la tradición para recuperar el significado de la tradición misma. En este intento, el creyente se encuentra de acuerdo con cualquiera que respete el conocimiento histórico. Es cierto que la fe no puede ni debe depender de las variaciones e incertidumbres de la investigación histórica, pero resulta arriesgado despreciar la ayuda que esta pueda aportar en el esclarecimiento de la verdad a la que el creyente debe atenerse. El acercamiento a las cuestiones, las incertidumbres y los descubrimientos de la investigación histórica es imprescindible para cuantos buscan una comprensión auténtica de la tradición sobre Jesús porque no pueden contentarse con las representaciones edificantes y poéticas. El lector católico, al enfrentarse a la lectura de esta obra, podrá conocer el horizonte en el que se mueve un cristiano de confesión evangélica, plenamente consciente de la influencia que ejerce su propia doctrina de fe sobre su interpretación de los textos evangélicos. • J. R. BUSTO, Cristología para empezar, Sal Terrae, Santander, 1993. 2ª EDICIÓN (revisada) Existe un enorme desfase entre el saber cristológico de los"expertos"(al corriente de los innumerables avances producidos en la exégeis y en otras ciencias durante las últimas décadas) y los escasos conocimientos sobre el tema -más piadosos que otra cosa, por lo general- de que hacen gala los cristianos"de a pie". Con el agravante de que aquéllos no se atraven a hacer partícipes a éstos de su saber, por temor a escandalizarlos o a que no puedan digerirlo.Este libro (que ahora se reedita con la oportuna revisión y las debidas correcciones, después de 10 reimpresiones de su primera edición) pretende poner al alcance de todos, con toda claridad y, a la vez, con todo rigor, una parte (mínima, pero esencial) de lo que hoy ya es perfectamente normal en Cristología. Se trata, entre otras cosas, de recuperar la plena humanidad de Jesús para poder acceder a su plena divinidad: para poder proclamar con conocimiento de causa la afirmación"Jesús es el Cristo", que constituye el centro de la fe cristiana.JOSÉ RAMÓN BUSTO SAIZ, SJ es en la actualidad Rector de la Universidad Pontificia Comillas y Profesor Ordinario de su Facultad de Teología. Doctor en Filosofía y Letras (Bíblica Trilingüe), Licenciado en Teología y titular en excedencia en el Departamento de Folología Bíblica y del Antiguo Oriente del C.S.I.C., es autor de numerosos artículos de crítica textual, exégesis y teología bíblica. • J. M. CASTILLO y J. A. ESTRADA: El proyecto de Jesús, Sígueme, Salamanca, 1985. Para describir lo que quería Jesús hay que apoyarse a la vez en sus palabras y en sus actitudes, en aquello por lo que optó y en lo que rechazó. En este punto, más que en los demás, las primeras comunidades han retenido, subrayado y coloreado según sus necesidades, lo que ellas captaban del proyecto de Jesús: tendremos que mantenernos atentos a esta observación. • E. CHARPENTIER, Para leer el Nuevo Testamento, Verbo Divino, Estella, 1987. Este libro pretende ser, modestamente, una guía actual para la lectura del Nuevo Testamento, una guía que no presupone conocimientos previos y que se dirige tanto al creyente como al no creyente, a aquel que quiere leer solo y al que quiere leer en grupo, al que quiere proseguir la lectura y al que quiere comenzarla.Cada «etapa» de esta guía está dividida en dos:1. Una presentación general de un libro o de un grupo de libros.2. Una serie de «itinerarios» que permiten libar en el seno del libro o de los libros.Según los gustos o los deseos, cada lector puede recorrer el conjunto del Nuevo Testamento o bien detenerse en un libro y estudiarlo de un modo más preciso. Pero, sobre todo, el lector tiene el derecho, e incluso el deber, de ir más allá. Para utilizar bien esta guía, es preciso superarla, discutirla, interrogarla, no aceptar nada de lo que dice sin haberlo verificado en el texto. Una guía está hecha para ser manoseada, anotada, subrayada y, finalmente, abandonada. • C. H. DODD, El fundador del cristianismo, Herder, Barcelona, 1974. Su historia recuperada desde la experiencia de su resurrección le permite al cristiano descubrir como Jesús se va realizando como Hijo de Dios desde su fe vivida como obediencia a su Padre; y cómo también se va realizando como Hijo de Dios al hacerse hermano de los hombres y mujeres que lo siguen como discípulos y discípulas. Espero que este trabajo suscite el interés en la persona y obra de Jesucristo, y que este interés impulse a un mejor conocimiento de su historia, ya que, en esa historia, Dios se nos revela por su Hijo hecho hombre, para nuestra salvación. Con este acercamiento creyente a Jesús, el Cristo de Dios, busco que el cristiano fortalezca su fe en él, y que el no cristiano desde un estudio crítico de dicha fe, comprenda el fundamento y el sentido del actual cristiano en el mundo de hoy. • C. DUQUOC, Jesús, hombre libre, Sígueme, Salamanca, 1982. Jesús de Nazaret no es para nada un desconocido. En la actualidad existen admirables estudios históricos que ha demostrado que los evangelistas no tenían la intención de escribir una biografía. Los evangelios son testimonios de creyentes. Esto no significa que no contengan nada histórico, sino que han sido escritos de modo que cada episodio se baste a sí mismo, ya que en él aparece por entero toda la personalidad de Jesús. Esa personalidad es la de aquel Jesús que a continuación recibió de las iglesias el nombre de «Cristo», el «mesías». En este sentido, Jesús no es solamente para la fe cristiana aquel hombre que hizo el bien en Galilea, tomando en sus manos la causa de los oprimidos. Es también el «Ungido», el enviado del Padre para hacer pasar a este mundo de la esclavitud a la novedad radical del reino de Dios. La cuestión con que se enfrenta este libro es la siguiente: confesar a Jesús, ¿no será rechazar al Cristo, tal como nos lo describe la doctrina tradicional? Proclamar a Cristo, ¿no será olvidar a Jesús, tal como se impone su personalidad en las fuentes neotestamentarias? Para el autor de esta obra, «cristología» es ese esfuerzo por pensar en la unidad de Jesús y de Cristo en función de las cuestiones que actualmente se suscitan entre los creyentes. Esto exige una gran honradez ante las fuentes neotestamentarias y ante la manera como han vivido los cristianos su fe en el curso de la historia. • A. ENJUTO, Jesús de Nazaret, hombre y misterio, PPC, Madrid, 1991. Esta obra de Enjuto está considerada una de las mejores biografías de Jesucristo. Ofrece una visión serena y atractiva de la figura de Jesús, descrita con rigor científico y expuesta desde la fe de un gran exegeta. • J: ESPEJA, Jesucristo, Palabra de Libertad, San Esteban, Salamanca, 1979. Esta obra nace con el deseo de ayudar a los católicos que desean tener una base de conocimientos bíblicos y no tienen tiempo para hacer cursos de Teología. El libro recoge la enseñanza de la Iglesia y son fieles, por tanto, al Magisterio. La mirada principal es de espiritualidad, porque, como dijo Saint-Exupéry, lo esencial es invisible a los ojos y solo se capta con el corazón. Durante muchos años la figura de Jesús fue no solo conocida y admirada, sino también indiscutible. Lo que cuenta el Evangelio sobre él era Palabra de Dios y así había que tomarla. Más adelante, a finales del siglo XIX y durante el siglo XX, dentro de un contexto revisionista, también la figura de Cristo fue sometida a una profunda y a veces despiadada, e incluso anticientífica, crítica. Hoy, con más serenidad, podemos acercarnos al Señor para leer los Evangelios y saber quién fue realmente Jesús de Nazaret, al que sus seguidores proclamamos Hijo de Dios e Hijo de María. • J. ESPEJA, JESÚS DE NAZARET: La mística de una sociedad fraterna, Editorial HOAC, España, 2020. Cuando urge una organización de la economía que esté al servicio de una vida digna para todas las personas, Jesús de Nazaret es una referencia decisiva. El Evangelio, plasmado en su conducta, proclama el profundo estupor ante la dignidad de la persona humana. • J. FITZMEYER, Catecismo cristológico, Sígueme, Salamanca, 1986. El mensaje central del Nuevo Testamento y el núcleo de la predicación apostólica es un testimonio palpitante sobre Jesús de Nazaret, el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16,16). Conocer a Jesucristo significa, por tanto, adentrarse en el núcleo de la fe cristiana y en lo más esencial de la labor evangelizadora. Por esta razón, la cristología, cuando busca responder a las preguntas: quién es Jesucristo y cómo ha realizado la salvación de los hombres, va más allá del mero estudio teológico y contribuye al conocimiento amoroso de Cristo, es decir, a la unión con Aquel que dijo de sí mismo ´Yo soy el camino, la verdad y la vida´ (Jn 14,6).Este manual trata de presentar los contenidos básicos de la cristología con un estilo pedagógico, que sea útil para profundizar en el conocimiento de la persona y la obra de Jesucristo. • Fernando BERMEJO RUBIO, LA INVENCIÓN DE JESÚS DE NEZARET: historia, ficción, historiografía, Siglo XXI, Madrid, 2018. En tiempos del emperador Tiberio, un judío que predicaba la llegada del reino de Dios fue crucificado en Jerusalén por orden del prefecto romano Poncio Pilato. Este fue el inicio de un proceso que acabaría presentando a Jesús como un ser divino. Que esta glorificación prosiga hasta hoy exige del pensamiento crítico un exhaustivo ejercicio de examen y estudio. ¿Cabe distinguir la realidad del relato heredado? ¿Tienen algo en común el Cristo de la tradición y el Jesús que la investigación histórica desvela? ¿Cómo se explica la divinización del personaje en la cuenca mediterránea del siglo I? ¿Es posible hallar un sentido a la proliferación de obras sobre el «Jesús histórico»? Tras una extensa investigación que goza de difusión e impacto internacionales, Fernando Bermejo Rubio responde de modo iluminador a todas estas cuestiones. En La invención de Jesús de Nazaret, el historiador de las religiones hace inteligible tanto la figura de Jesús como la construcción cultural que subyace al Cristo de la fe. • J.J. BENITEZ, Jesús de Nazaret: Nada es lo que parece, Planeta, Barcelona, 2012. al fin, a destapar su corazón y responde a 101 increíbles preguntas de sus lectores sobre el Maestro…con otras tantas y no menos revolucionarias afirmaciones. Si es usted católico, apostólico y romano, pase de largo. Éste no es su libro…Algunos ejemplos de lo que encontrará en Jesús de Nazaret: nada es lo que parece:«SerDios no depende de los genes.»«Si Jesús hubiera sido concebido sin obra de varón…,habría sido una niña.»«En efecto: celebro la Navidad en agosto.»«Jesús jamás se perdió en el Templo.»«¿Sabía que el Maestro visitó, entre otros lugares, Roma, Atenas, Chipre, Malta, Damasco y el mar Caspio?»«Jesús de Nazaret nunca fue esenio.»«¿Analfabeto? Jesús hablaba, al menos, tres lenguas.»«Fue a los treinta y un años cuando supo realmente quién era.»«Jamás fundó iglesia alguna.» • Fida M. HASSNAIN, La otra historia de Jesús, Robinbook, Barcelona, 1995.Traducción J.A. Bravo. Descubra la verdad sobre los anos oscuros de Jesus y el autentico alcance universal de sus ensenanzas. El autor ha investigado la vida del Mesias y recorrido numerosos ambitos culturales para presentarnos, desde una perspectiva completamente distinta, muchas de las cosas que hasta hoy hemos conocido. Con el concurso de manuscritos hasta ahora ineditos y de abundantes pruebas documentales, y con un estilo tan ameno como estimulante, este libro demuestra que: Jesus fue educado y protegido por la misteriosa orden de los esenios. • M. FRAIJÓ, Jesús y los marginados, Cristiandad, Madrid, 1985. Con todo, Jesús de Nazareth, resulta un libro bastante interesante en líneas generales. El autor expone sus argumentos con bastante rotundidad y apasionamiento y en algunas cuestiones ya mencionadas anteriormente la verdad es que consigue grandes dosis de convicción. La historia del Mesías presenta numerosos lugares oscuros y otros muchos que han sido sombreados por la doctrina oficial: una historia que ilumina, desde fuentes históricas, la vida de Jesús de Nazareth. El Concilio de Trento fija las Sagradas Escrituras y, con ellas, se fija el dogma cristiano. Existen, no obstante, numerosos escritos sobre la figura de Jesús, sobre su vida, sobre sus enseñanzas, sobre su martirio y sobre su muerte. Muchos de ellos no concordaban con la doctrina oficial y han sido silenciados, perseguidos, quemados y olvidados y otros han sido admitidos como dogma pero sin embargo, se debe admitir que ningún historiador romano del S. I habla de Jesús de Nazareth ni del cristianismo, pese a que luego se convertiría en religión oficial de Roma, también se debe admitir que ninguno de los evangelios han sido escritos por testigos presenciales, se deduce esto que la imagen canónica de Jesús es una interpretación de textos arcanos: el autor investiga estos textos y los coteja con los canónicos para transmitirnos una imagen de Jesús más rigurosa y más humana. • Jean GUITTON, JESUCRISTO: meditaciones, Grasset, París, 1956. ¿Quién fue Jesús?¿ Un personaje histórico, más o menos notable, a quien sus seguidores elevaran hasta el nivel de divinidad? ¿O es el eterno mito religioso de la humanidad que se redime y se diviniza a sí misma: mito que luego se posó accidentalmente sobre una desleída figura histórica o legendaria? Estas son las dos hipótesis extremas de los incrédulos. Pero, ¿explican la realidad histórica y religiosa de Jesucristo? En este libro, Jean Guitton nos explica la realidad de Jesús: la aceptación de que Dios se ha insertado en la historia humana, en virtud de la Encarnación. • 0. GONZÄLEZ de CARDENAL, Jesus de Nazaret. Aproximación a la cristología, B.A.C., Madrid, 1975. • L. GONZALEZ-CARVAJAL, Esta es nuestra fe. Teología para universitarios, Sal Terrae, Santander, 1989. Quienes tienen trato con el mundo universitario suelen constatar un profundo desconocimiento en materia religiosa en unas personas que, aunque no fuera más que por coherencia con su formación y cultura en otros campos, parece que también en éste deberían tener las ideas más claras. Mucho más cuando se confiesan cirstianos, que no es algo tan infrecuente como algunos piensan. Este libro, subtitulado Teología para universitarios, presenta con absoluta seriedad -en modo alguno reñida con la claridad y el buen estilo- los capítulos básicos de la fe cristiana, saliendo al paso de las acusaciones de aburrimiento, ininteligibilidad y carencia de sentido para el hombre de hoy que suelen lanzarse en este terreno. Todos cuantos deseen informarse sobre el critianismo encontrarán en este libro las bases imprescindibles para un conocimiento actualizado del mismo; y los abundantes para proseguir su estudio. Unos y otros terminarán de leer el libro no sólo con un mayor conocimiento, sino también con la satisfacción de haber leído una obra bien escrita por un teólogo, profesor y universitario. • J. I. GONZÁLEZ-FAUS: Acceso a Jesús, Sígueme, Salamanca, 1978. • José Ignacio GONZÁLEZ-FAUS, La humanidad nueva (I-II), Sal Terrae, Santander, 1991. • Gonzalo PUENTE OJEA, El evangelio de Marcos. Del Cristo de la fe al Jesús de la historia, Siglo XXI, Madrid, 1998. 3ª edición. Este libro se propone presentar al lector, con la mayor concisión y claridad posibles, la hazaña redaccional del autor del Evangelio de Marcos al servicio de la apologética del mito de Cristo como matriz de la fe de la Iglesia, desalojando o debilitando para ello, en la tradición inicial de la comunidad escatológica, los testimonios del ministerio y del magisterio de Jesús como agente mesiánico judío que anunció la inminente instauración en la tierra del Reino prometido por Yahvé al pueblo elegido. En la fractura incurable entre el Cristo de la fe y el Jesús de la historia se sitúa la radical tergiversación de un legado que habría de generar una nova religio de naturaleza constitutivamente híbrida y ambigua, tanto en sus doctrinas como en su función ideológica, y animada de una pugnaz vocación universalista aún poderosamente activa y sinuosamente efectiva en la sociedad de hoy. Esta exposición del texto de Marcos completa y sintetiza los rasgos básicos de la génesis del cristianismo y de la construcción del imponente edificio de la Iglesia como institución de poder, tal como se ofrecen en Ideología e Historia. La formación del cristianismo como fenómeno ideológico y en Fe cristiana, Iglesia, poder (libros también publicados por Siglo XXI de España Editores). • Gonzalo PUENTE OJEA, La existencia histórica de Jesús, Siglo XXI, Madrid, 2008. Probar documentalmente la realidad histórica de Jesús mediante fuentes cristianas en su contexto judío equivale, por implicación, a demostrar el error de los mitólogos que confunden el Jesús de la tradición mesiánica con el Cristo divino de las epístolas de Pablo. Este ensayo ofrece una nueva lectura contextual del núcleo básico del Nuevo Testamento a fin de detectar las contradicciones teológicas y narrativas dentro de cada escrito, y de todos los escritos entre sí. La naturaleza ideológica de las fuentes cristianas como literatura esencialmente polémica y antagonística permite identificar su verdadero referente existencial, a la vez que reconstruir la dualidad radical entre el Jesús de la historia y el Cristo de Nazaret. Existió realmente aquel pretendiente mesiánico fallido, pero jamás existió el Cristo divino que Pablo inventó y que nutrió la dogmática eclesiástica. La alianza Catolica Ecclesia con el Romanum Imperium aseguró la hegemonía de ambos en estrecha y aberrante simbiosis en virtud de la cual un Mesías crucificado por un delito de secesión contra el César llegó a ser adorado y glorificado en todo el mundo romano como el Dios único y verdadero. • Gonzalo PUENTE OJEA, Vivir en la realidad: Sobre mitos, dogmas e ideologías, Siglo XXI, Madrid, 2007. El sistema simbólico que rige nuestra vida sigue siendo gravemente tributario de falsos mitos, dogmas e ideologías que desnaturalizan la visión objetiva de la realidad. La abrumadora mayoría de la especie humana continúa viviendo en dependencia de mitos religiosos, y una extensa parte de la población mundial profesa el mito cristiano. Así, casi todos los humanos perpetúan aún hoy formas de vida y convivencia sometidas a la acción distorsionante de creencias y códigos de conducta administrados por poderes religiosos o ideológicos que impiden o adulteran el libre ejercicio de los derechos humanos y de las libertades políticas. La causa última y eminente de esta malsana y triste situación radica en la ignorancia y manipulación de las masas en beneficio de los poderes dominantes. Es urgente que todos los humanos pongan su reloj a la hora de la Ciencia para conocer la falsedad practicada por esos poderes, y se unan para exigir una escuela digna y en armonía con el magisterio científico sobre el mundo (cosmología) y sobre el ser humano (antropología). Vivir en la realidad es romper los grilletes de la ilusión y la desinformación, a comenzar por el estudio de la condición de la 'subjetividad' personal y sus relaciones con la Naturaleza exterior e interior en sus múltiples dimensiones, dentro de la unidad ontológica universal de lo que existe. • GONZALO PUENTE OJEA, Ideologías religiosas, Editorial Txalaparta, España, 2013. Gonzalo Puente Ojea ha dedicado toda su vida a luchar contra la falsedad y el poder religiosos, contra la Iglesia cristiana, sus privilegios y su fanática ideología. Las clarificadoras reflexiones que aquí presentamos son el puro reflejo de todo ello. Desde el prólogo –en el que se repasan los temas religiosos más candentes–, hasta el exhaustivo y riguroso análisis del concepto «ideología» –en el que nos ofrece una profunda, singular y actual lectura marxista del mismo–, pasando por el estudio de la ética y el origen del cristianismo, el genial autor da muestras de su erudición, de una innata capacidad de sintetizar y polemizar, de su bagaje intelectual y de una inusual aptitud para profundizar en los pensamientos antagónicos. • W. KASPER, Jesús, el Cristo, Sígueme, Salamanca, 1976. El fundamento y el centro de lo cristiano se encuentran en un nombre y una persona: Jesucristo. Walter Kasper describe la actividad de Jesús, su predicación, sus milagros, su pretensión, su camino hacia la cruz, su resurrección, el misterio de su filiación divina. ¿Qué relación existe entre la confesión bíblico-eclesial de fe en Cristo y la realidad experiencial de hoy? ¿Hasta qué punto se contrapone la confesión de fe en Cristo a la concepción, tanto antigua como moderna, de la realidad? ¿Y qué clase de libertad posibilita? Frente a interpretaciones puramente existenciales o sociológicas, Jesús el Cristo acentúa con fuerza el enfoque centrado en la historia y la libertad. De ese modo, Walter Kasper consigue hacer fecunda la fe en Cristo no solo especulativamente, sino también desde un punto de vista espiritual y, en este sentido, orientado a la praxis. Este libro es una obra magistral y, desde hace décadas, constituye una ayuda para numerosas personas en la tarea de conocer mejor y entender más profundamente a Jesucristo en la fe. Para esta nueva edición, el autor ha escrito un nuevo prólogo que permite situar más fácilmente la obra en el debate teológico de los años en que fue escrita, y también en el actual. • Walter KASPER, El Dios de Jesucristo, Sígueme, España, 2011. Traducción Manuel Olasagasti Gaztelumendi. Versión definitiva de esta obra clásica de la reflexión teológica actual sobre Dios, que se completa con la amplia introducción redactada por el autor en 2007 para sus Obras completas. En los inicios del tercer milenio retorna con fuerza el debate sobre Dios. Los mejores argumentos esgrimidos por el cristianismo ante el ateísmo y el agnosticismo encuentran un denominador común y un punto de partida indiscutidos en la figura de Jesús de Nazaret. A partir de ella se abre un nuevo horizonte para Dios y una posibilidad real de entendimiento y avance. Cristo Jesús no revela, sin embargo, cualquier dios, sino un Dios comunional y convivial, en el que la trinidad divina se ofrece como hermenéutica y gramática de toda teología. El libro que el lector tiene entre sus manos es, en definitiva, un buen manual y una excelente guía para adentrarse en el estudio de «De Deo uno et trino» en diálogo con el hombre actual. • H. KUNG, Ser cristiano, Cristiandad, Madrid, 1975. Nueva edición de una obra que, gozando ya del carácter de clásico, mantiene plena vigencia. Con el rigor y sistematicidad que le caracterizan, su autor explora qué significa realmente ser cristiano dirigiéndose a todos los que, cualquiera que sea su actual posición o adscripción religiosa, experimentan con honestidad y profundidad los interrogantes y desafíos que los contextos (inter)culturales, sociales y eclesiales plantean. • A. LAPPLE, Jesús de Nazaret, Ediciones Paulinas, Madrid, 1973. Si es usted católico, apostólico y romano, pase de largo. Éste no es su libro…Algunos ejemplos de lo que encontrará en Jesús de Nazaret: nada es lo que parece:«SerDios no depende de los genes.»«Si Jesús hubiera sido concebido sin obra de varón…,habría sido una niña.»«En efecto: celebro la Navidad en agosto.»«Jesús jamás se perdió en el Templo.»«¿Sabía que el Maestro visitó, entre otros lugares, Roma, Atenas, Chipre, Malta, Damasco y el mar Caspio?»«Jesús de Nazaret nunca fue esenio.»«¿Analfabeto? Jesús hablaba, al menos, tres lenguas.»«Fue a los treinta y un años cuando supo realmente quién era.»«Jamás fundó iglesia alguna.» • X. LEON-DUFOUR; Los evangelios y la historia de Jesús, Herder, Barcelona, 1967. ¡Un libro magnífico y repleto de consejos espirituales, tanto visionarios como compasivos, que sirven de alimento al cristiano! ¡Una fiesta para el espíritu! Hasta que el mundo cristiano comience a leer sus propias fuentes con la mente contemplativa que aquí se presenta, veo pocas esperanzas de que se renueve profundamente. El autor nos ofrece aquí tanto inspiración como una sabiduría muy legible. La encarnación nos ha convertido en místicos a todos nosotros. ¿Y si leemos los evangelios como si eso fuera cierto? El autor nos ofrece una exploración de la vida interior para los contemplativos modernos que resulta tan hermosa como convincente. El libro explora, haciendo hincapié en los Evangelios y en la tradición mística cristiana, temas antiguos de maneras nuevas y sorprendentes. Se va desplegando gradualmente el misterio cristiano de la deificación al que se ordena toda la revelación bíblica y la vida contemplativa cristiana: a través de la encarnación, todos hemos sido hechos otros Cristos en el mundo. • X. LEON-DUFOUR, Resurrección de Jesús y mensaje pascual, Sígueme, Salamanca, 1973. El presente trabajo aborda la propuesta evangelizadora de los relatos pascuales desde tres perspectivas básicas, que ayudan a comprenderlos como: 1. Narraciones que organizan los acontecimientos de la Pascua en una trama con su marco narrativo y sus personajes, para despertar el interés e interpelar al auditorio. 2. Interpretaciones de la historia pascual de los discípulos de Jesús, y de los textos que elaboraron, para proponer el sentido teológico de sus experiencias con el Resucitado. 3. Mensaje evangelizador dirigido a las comunidades cristianas para animar y orientar su vida con la buena noticia de que Jesús resucitó, afrontando los desafíos de su propio contexto. Con esta herramienta de estudio, los grupos cristianos podrán ayudarse a profundizar su fe y motivarse a seguir el camino de Jesús que pasó por la cruz, pero que culminó con su resurrección. • X. LÉON-DUFOUR, Diccionario del Nuevo Testamento, Desclee de Brouwer, España, 2002. Traducción Santiago García. Este diccionario estudia en más de mil artículos los personajes, los lugares, las costumbres, las instituciones, las palabras y las ideas contenidas en el Nuevo Testamento o que tienen relación con el Nuevo Testamento. Todo cuanto se conoce sobre la cultura, la sociedad, la época, las etimologías, la historia, la antropología y por supuesto sobre la exégesis del NT, está aquí dispuesto de manera sistemática con el fin de esclarecer cada término. Numerosas referencias ?a pasajes del mismo NT, a los otros términos del diccionario y también a la valiosa introducción general? permiten completar la información de cada palabra y situarla en un conjunto más amplio de significados. Un instrumento insustituible, por tanto, revisado y aumentado para esta nueva edición. • X. LÉON-DUFOUR, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder, Barccelona, 2001. Traducción Alejandro Esteban Lator Ros. En 1945 el padre Xavier Léon-Dufour había redactado un breve vocabulario bíblico para guiar en la lectura de la Biblia. Sin embargo, muy pronto vio que hacía falta una obra más trabajada, con una base técnica y que hiciera asimilable los principales temas teológicos.Una obra de tal envergadura no la podía realizar un solo autor. Entre setenta colaboradores, se repartieron los artículos y trabajaron en común, intercambiando constantemente ideas. Para asegurar la unidad de enfoque y puntos de vista, crearon un comité encargado de someter a discusión los resultados de las investigaciones sin eliminar el estilo personal de cada autor.El Vocabulario de teología bíblica ha sido traducido a más de quince idiomas convirtiéndose en un libro imprescindible para todo aquel que quiera acercarse a la Biblia desde una perspectiva científica y pastoral. • Julio LOIS FERNANDEZ, Jesús de Nazaret. El Cristo liberador, HOAC, Madrid, 1995. • A. MANARACNHE, Creo en Jesucristo hoy, Sígueme, Salamanca, 1974. • J. L. MARTÍN DESCALZO, Vida y misterio de Jesucristo (I-II), Sígueme, Salamaanca, 1989. «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Hace dos mil años un hombre formuló esta pregunta a un grupo de amigos y la historia no ha terminado aún de responderla. ¿Quién es este hombre por quien tantos han muerto, a quien tantos han amado hasta la locura y en cuyo nombre se han hecho también –¡ay!– tantas violencias? Desde hace dos mil años su nombre ha estado en boca de millones de agonizantes, como una esperanza, y de millares de mártires, como un orgullo. Y también –¡ay!– ¡cuántos han sido obligados a creer en él con riesgo de sus vidas, cuántos tiranos han levantado su nombre como una bandera para justificar sus intereses o sus dogmas personales! ¿Quién es, pues, este personaje que parece llamar a la entrega total o al odio frontal, este personaje que cruza de medio a medio la historia como una espada ardiente y cuyo nombre -o cuya falsificación- produce frutos tan opuestos de amor o de sangre, de locura magnífica o de vulgaridad ¿Quién es y qué hemos hecho de él, cómo hemos usado o traicionado su voz, qué jugo misterioso o maldito hemos sacado de sus palabras? ¿Es fuego o es opio? ¿Es bálsamo que cura, espada que hiere o morfina que adormila? ¿Quién es? Las respuestas de este libro no nos muestran un fenómeno cultural de la humanidad. Ponen en juego toda nuestra existencia. • José LUIS Martín DESCALZO, 201 razones para creer, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2013. Entre las muchas razones que nos regaló, en su día, el sacerdote y escritor J.L. Martín Descalzo faltaban razones para tener fe. En este libro hemos recopilado y organizado doscientas citas que, de una u otra manera, abordan el tema siempre actual de la fe. No faltan en las citas el ingenio de las imágenes y metáforas, la frescura de las opiniones, la profundidad de las respuestas, la capacidad de síntesis, la sabiduría de los sencillos, la actualidad de las propuestas y el compromiso sincero. Los veinte apartados rezuman una fe que es entusiasmo y alegría desbordante. Una fe siempre necesitada de profundización y de apertura transparente al mundo. Una fe en Dios Padre que nos ama, en su Hijo Jesús que ha dado su vida por nosotros. Citas que abren el apetito para seguir leyendo y releyendo a este maestro espiritual. • F. MAURIAC, El Hijo del Hombre, Taurus, Madrid, 1972. Jesús conocido también como el Mesías, que quiere decir “Enviado divino, objeto de la unción de Dios (del hebreo mashiah, ungido), encargado de restablecer en la Tierra el reino de Dios, anunciando por los profetas judíos al pueblo hebreo, y reconocido por los cristianos en la figura de Jesús. • V. MESSORI, Hipótesis sobre Jesús, Mensajero, Bilbao, 1978. El mesianismo es el tema fundamental del judaísmo; el mesianismo fue formulado especialmente en los libros de los Profetas y de los Salmos como la doctrina que confiaba la restauración y el esplendor del reino de Israel a un enviado de Dios (mesias), ungido rey de su pueblo. • M. MOCHOVEC, Jesús para ateos, Sígueme, Salamanca, 1973. El ateísmo es la postura o la convicción de que no existe ningún dios o ser supremo. Niega, además, la verdad de toda fe o creencia relacionada con seres divinos o sobrenaturales, o doctrinas basadas en su existencia. La etimología de ateísmo proviene del griego, que a su vez se compone de un prefijo que significa ‘sin’, y un sustantivo que significa ‘dios’. Se forma con el sufijo –ismo, que significa ‘doctrina’ o ‘tendencia’. Ateísmo sería, entonces, la ausencia de creencia en Dios. Filosóficamente, los seguidores del ateísmo recurren a varios argumentos para cuestionar la existencia de Dios. Por un lado, ponen en duda la evidencia empírica de su existencia. Señalan también las contradicciones de la naturaleza omnipotente y benevolente de Dios ya que, según esto, entonces no debería permitir la existencia del mal y el sufrimiento en el mundo. • A. NOLAN, ¿Quién es este hombre? Jesús antes del cristianismo, Sal Terrae, 1980. He aquí un retrato de Jesús inequívocamente claro, convincente, sugerente y distinto. Una presentación del hombre tal como fue antes de ser encerrado en doctrinas, dogmas y ritos, antes de convertirse en objeto de la fe cristiana. Nada se da por supuesto; se permite, por el contrario, que hablen por sí mismos los datos hitóricos que poseemos acerca de Jesús. Nos hallamos ante un hombre profundamente comprometido con los verdaderos problemas de su tiempo, que resultan ser también los verdaderos problemas de nuestro tiempo. Es la historia de un Jesús inconfundiblemente humano. Sólo al final, en el último capítulo, el autor, volviendo del revés muchas de nuestras ideas preconcebidas, nos muestra una forma sorprendentemente nueva de entender lo que significa la divinidad de Jesús. Un libro del que todos pueden sacar provecho: el especialista, el laico, el religioso, e incluso el que ya no sabe si cree o no. • J. A. PAGOLA, Jesús de Nazaret. El hombre y su mensaje, Idatz, San Sebastián, 1981. • A. PAPINI, Historia de Cristo, Fax, Madrid, 1959. Maestro religioso judío y para los cristianos encarnación del propio Dios. Nacido en Belén de Judá después de una larga etapa de formación y anonimato se consagró a proclamar los principios de una nueva religión basada en el amor a los semejantes. • A. PATIN, La aventura de Jesús de Nazaret, Sal Terrae, Santander, 1972. Jesús de Nazaret es un hecho en la historia de los hombres. Mediante su compromiso personal y sus palabras conquistó para la Humanidad adquisiciones definitivas sobre la Vida y el Amor. Esto nadie lo niega. Cientos de miles de creyentes en El se han adherido a su persona, y han visto en El la presencia del Dios-Amor, con rostro y figura humanas. Vivo para siempre y compañero de viaje insustituible en su marcha por la vida. Alguien con quien se han encontrado y a quien ya no quieren dejar, porque han encontrado en El una amistad inquebrantable, y una fuerza y una forma de vivir inigualables. ¿Qué hacía Jesús? ¿Qué decía? ¿Qué quería? ¿Quién era? ¿Quién es? Y... si yo llegara a experimentarle... • E. SCHILLEBECKX, Jesús, la historia de un viviente, Cristiandad, Madrid, 1981. • J. L. SEGUNDO, El hombre de hoy ante Jesús de Nazaret, Cristiandad, Madrid, 1982. • E. SHUSAKU, Jesús, Espasa Calpe, Madrid, 1996.´ • J. SOBRINO, Jesucristo liberador, Trottta, Madrid, 1993. La finalidad de esta obra es presentar la verdad de Jesucristo desde la perspectiva de la liberación. Desde su opción por los pobres, su misericordia y justicia, su confrontación con los poderosos, su persecución y muerte a causa de ello, su resurección reivindicadora. Así, la cristología puede convertirseen mystagogía, en introducción al misterio. Esto significa, en concreto, que la cristología puede mostrar un camino -el de Jesús- dentro del cual el ser humano se puede encontrar con el misterio, puede nombrarlo "Padre" y puede nombrar a ese Jesús "el Cristo". La cristología muestra y debe desencadenar la fuerza de la inteligencia, pero también otras fuerzas del ser humano. Su quehacer deberá ser rigurosamente intelectual, pero su esencia más honda está en ser algo "espiritual": que ayude a las personas y comunidades a encontrarse con Cristo, a seguir la causa de Jesús, a vivir como hombres y mujeres nuevos. La gravedad y la densidad de la realidad desde la que se ha redactado este libro se convierte, así, en un poderoso horizonte hermenéutico para comprender a Cristo, el gran testigo de Dios, desde las fuentes de la teología, ciertamente, pero también desde la nube de testigos que ilumina al testigo por antonomasia. Por ello, a pesar de todo, este libro está escrito con esperanza y con gozo. El Jesucristo crucificado, tan omnipresente, es realmente una buena noticia, es, en verdad, un Jesucristo liberador. • J. J. TAMAYO-ACOSTA, Imágenes de Jesús, Trotta, Madrid, 1995. • G. THEISSEN, La sombra del Galileo, Sígueme, Salamanca, 1990. ¿Qué resulta cuando un especialista de los estudios bíblicos, la arqueología mediterránea antigua y la cultura e historia judías del siglo I intenta reunir en un libro breve y accesible a todos los públicos los resultados que las ciencias sociales han aceptado. • G. THEISSEN, El movimiento de Jesús, Sígueme, Salamanca, 1979. Los primeros grupos cristianos aparecieron y se desarrollaron en el territorio siro-palestinense en conexión directa con el Jesús histórico. Configuran un movimiento de renovación más en el seno del judaísmo, que convivió con otros colectivos, como los fariseos, esenios, profetas, revolucionarios. Sus primeros miembros fueron carismáticos itinerantes que practicaban y predicaban una ética muy radical, pero el nacimiento de comunidades estables moderó ese radicalismo y el nacimiento de nuevas figuras dentro de aquellas iglesias. Como grupo social, los primeros cristianos estuvieron condicionados por el contexto en el que nacieron: una sociedad judía en crisis bajo el dominio romano y con numerosos conflictos. Por ello, el autor dedica buena parte de su estudio a analizar los factores económicos (distribución de riqueza y pobreza), socioecológicos (diferencias y conflictos entre la sociedad rural y la urbana), sociopolíticos (ejercicio del poder por los romanos y la aristocracia judía) y socioculturales (relaciones entre el judaísmo y la cultura helenística que los rodea) que configuraban dicho contexto. Pero el movimiento de Jesús no puede ser presentado sólo como reflejo de un contexto. Su novedad e importancia radica en que, apartándose de propuestas de cambio político y violento, respondió a la situación de crisis y conflicto con ideas y valores religiosos y éticos que supusieron una revolución. Todo este análisis nos permite descubrir la singularidad del movimiento de Jesús y explicarnos por qué fracasó en el ámbito judío en el que nació, mientras que se difundió, triunfó y transformó una cultura tan fuerte como la romano-helenística. • E. TROCME, Jesús de Nazaret visto por los testigos de su vida, HERDER, Barcelona, 1974. Según la teología católica, precisada en los cuatro concilios ecuménico, Jesucristo es el hijo de Dios. Verbo encarnado, verdadero Dios y verdadero hombre, segunda persona de la Santísima Trinidad, se encarnó por un espontáneo acto de amor con el objetivo de redimir a la humanidad del pecado original. Jesús significa en hebreo “Jehová es la salvación”, Cristo significa “Mesías”. Las fuentes que hablan de la vida terrena de Jesucristo son los cuatro Evangelistas sinópticos de Mateo, Lucas, Marcos y Juan, además de algunos evangelios apócrifos y de algunas alusiones indirectas en los historiógrafos romanos (Tácito, Suetonio, Plinio el Joven). • D. WATSON, Jesús, entonces y ahora, PPC, Madrid, 1984. INRI, iniciales de Iesus Nazarenus Rex Iudaorum, Jesús de Nazaret Rey de los Judíos, rótulo que figuraba en la cruz de Jesucristo. Por otra parte, la cristología es la parte de la teología cristiana que dedica su estudio al papel que desempeña Jesús de Nazaret, en tanto designado con el título de «Cristo» o «Mesías», que significa "ungido". Podría dividirse en tres grandes etapas: desde la vida y muerte de Jesús hasta el Concilio de Calcedonia, desde éste hasta la época de la Ilustración, y desde esta última hasta nuestros días. Aunque la noción puede rastrearse ya en Rm 16:18, la primera obra que dio un tratamiento sistemático de cristología, en el sentido moderno en el que se conoce actualmente, es Christologiae seu sermonum de Christo, del canónigo polaco Hieronymus Powodowski (latinizado Povodovius), publicada en varios volúmenes desde 1602. • José M. CASTILLO, LA HUMANIZACIÓN DE DIOS: Ensayo de cristología, Editorial Trotta, Madrid, 2009. ¿Existió Jesucristo? Y si es cierto que existió, ¿qué dijo?, ¿qué hizo?, ¿qué representa Jesús de Nazaret para todos y cada uno de nosotros? Este libro intenta responder a estas preguntas. Pero, antes que eso, pretende dejar claro que aquel judío desconcertante que fue Jesús llevó a cabo la revolución más asombrosa que se ha producido en la historia de las tradiciones religiosas de la humanidad. Una revolución que pronto fue controlada, domesticada y bien integrada en el sistema por la religión. Fue la religión de los templos y las leyes, de los sacerdotes y los altares, la religión de las muchas liturgias y las pocas entrañas de humanidad, la que expulsó a Jesús de la ciudad santa, lo sacó del espacio sagrado y allí, en el ámbito de lo profano, lo laico, lo secular, allí precisamente, lo asesinó. Para que quede en evidencia, por todas las generaciones, que al Dios de Jesús no se lo encuentra en la trascendencia y en la divinidad, sino en la inmanencia y en la humanidad. Guste o no, las últimas generaciones que han nacido en los países de Occidente están marcadas por la patética fórmula que acuñó Nietzsche en El Anticristo: «El concepto cristiano de Dios […] es uno de los conceptos de Dios más corruptos a que se ha llegado en la tierra; tal vez represente incluso el nivel más bajo en la evolución descendente del tipo de los dioses. ¡Dios, degenerado a ser la contradicción de la vida, en lugar de ser su transfiguración y su eterno sí». Pero ni Friedrich Nietzsche, ni nadie entre los mortales, cuando pronuncia la palabra «Dios», está hablando de Dios. ¿Qué vale la pretensión de indagar en lo que sólo se puede encontrar más allá del campo inmanente de la capacidad humana de conocimiento? • José María RIBAS ALBA, Proceso a Jesús, Almuzara, Córdoba, 2013. Pese al tiempo transcurrido desde que sucedió, el proceso a Jesús de Nazaret mantiene su plena actualidad. El trágico final en la Cruz de un profeta judío en torno al año 30 d.C., contra toda apariencia, supuso un nuevo comienzo de la historia de la humanidad y el inicio de unas formas religiosas y culturales que llegan hasta nuestros días. En este libro se examinan desde una perspectiva de alta divulgación los acontecimientos políticos, religiosos y jurídicosen los que se materializó el rechazo de la sociedad de su tiempo a Jesús. Realizado por uno de los mayores expertos internacionales en esta temática, Ribas Alba nos ofrece las claves fundamentales por las que se procesó a Jesús, aludiendo a la situación política de la Palestina de los tiempos de Jesús, el roce obligado entre la radicalidad de la doctrina del Nazareno y las autoridades judías, representantes de un régimen teocrático. Además, el mensaje de Jesús tenía que terminar chocando también con la autoridad romana provincial, dado que la ideología imperial reservaba al propio emperador el monopolio universal de la mediación entre los hombres y los dioses. La filiación divina de Jesús suponía un socavamiento de la autoridad del emperador, también él hijo de un dios. // El autor defiende la legalidad de los trámites procesales del juicio, de acuerdo con lo que podemos saber de los criterios normativos aplicables en esta época. Sostiene igualmente la existencia de dos procesos interconectados, dado que el delito de blasfemia judío y el de lesa majestad romano tienen muchos puntos de contacto: en ambos casos se trata de delitos político-religiosos y no cabe hablar, por tanto, de un proceso religioso, el judío, y de otro político, el romano. Tanto la teología política judía como la romana no podían admitir el nacimiento de una doctrina que ponía en cuestión sus fundamentos más profundos y en ambas instancias lo religioso y lo político se mezclaban de una forma difícil de captar desde la mentalidad moderna. Respecto al proceso judío, da argumentos sobre la existencia de trámites procesales anteriores al momento de la detención el Getsemaní. Reivindica, en todo caso, que el final terreno de Jesús no fue el resultado de una reacción más o menos arbitraria camuflada con apariencias jurídicas, sino la existencia de un verdadero proceso según el derecho penal y procesal de la época. El estudio comparativo del proceso de Jesús y de otros procesos semejantes de la época ayuda además a perfilar también los rasgos claves del que podemos considerar el más relevante procesamiento de los que conoce la historia del derecho. • Bill O’REILLY y Martín Dugard, Matar a Jesús, La Esfera de los Libros, España, 2014.Traducción Pepa Páez. Millones de lectores en todo el mundo se estremecieron con Matar a Kennedy y Matar a Lincoln, de Bill O’Reilly y del historiador Martin Dugard, dos apasionantes ensayos que han cambiado nuestro modo de leer la historia. Ahora el presentador de The O’Reilly Factor detalla los sobrecogedores sucesos que llevaron a la ejecución del hombre que más ha influido en la historia de la humanidad: Jesús de Nazaret. Casi dos mil años después de que este amado y polémico revolucionario fuera brutalmente asesinado por los soldados de Roma, más de dos mil doscientos millones de personas viven esforzándose por seguir su mensaje y lo creen hijo de Dios. En este fascinante relato de la vida y la época de Jesús basado en hechos reales, algunas de las muchas figuras legendarias de la historia retratadas son Julio César, Cleopatra, Augusto, Herodes el Grande, Poncio Pilatos y Juan el Bautista. Matar a Jesús no solo sumerge de lleno a los lectores en aquella época tan inestable, sino que también relata los radicales acontecimientos políticos e históricos que hicieron inevitable la muerte de Jesús… y cambiaron el mundo para siempre. • E. P. SANDERS, La figura histórica de Jesús, Verbo Divino, Estella, 2000. La figura histórica de Jesús proporciona una convincente visión de conjunto de la vida del Jesús real y es una demostración práctica de cómo distinguir en los evangelios entre información histórica y elaboración teológica. Sanders nos conduce paso a paso a lo largo de la actividad pública de Jesús y examina con detalle los problemas más notables para su comprensión, como los milagros, los seguidores de Jesús y sus adversarios, su última semana en Jerusalén, su juicio y ejecución, la resurrección... Una obra de referencia en la búsqueda del Jesús histórico. • Gerd THEISSEN y Annette MERZ, El Jesús histórico, Sígueme, Salamanca, 2004. Jehová es el nombre de Dios en la lengua hebrea. Jehová es uno de los nombres por el cual se conoce al Dios judeocristiano. Los estudiosos dicen que el origen de Jehová puede ser de una derivación entre el nombre hebreo escrito YHWH y la palabra Adonay. Los estudiosos en esta materia creen que la vocalización correcta es Yahvé y que la palabra Jehová nace de la unión del nombre YHWH (sin vocales) junto con las vocales de la palabra Adonay que significa “mi Señor”. Adonay fue ampliamente usado y fue reemplazando lentamente el nombre de su dios para que éste no fuese nunca pronunciado. Fue tan popularizado, que se dice que, en algunos textos, las vocales de la palabra adonay fueron agregadas cuando la palabra YHWH aparecía. Esto último era con el fin de recordar a las personas de pronunciar el término popular en vez del nombre sagrado. • Ignacio CACHO NAZABAL, Cristología, Editorial Sal Terrae, España, 2015. La cristología de Ignacio Cacho es una obra de madurez, fruto de sus muchos años de docencia exponiendo de manera renovada la fe cristológica de la Iglesia católica. Su trabajo es, antes que nada, un testimonio vivo de cómo se trata de responder, desde la cristología europea de finales del siglo XX y comienzos del XXI, a la pregunta decisiva de Jesús a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?». • Geza VERMES, Jesús el Judío, Barcelona, 1979. 2ª edición. Traducción J. Manuel Álvarez Flórez. Adonay, también llamado Adonaí, es uno de los nombres con que los judíos designan a Dios. Como tal, es una palabra de origen hebreo (ădōnay) que significa ‘mi Señor’. Antiguamente, a los judíos les estaba prohibido, por cuestiones de respeto, pronunciar el nombre sagrado de Dios. Este nombre, que fue el que el propio Dios dijo a Moisés en el Éxodo (3: 14), y que fue el que llegó a nosotros en la forma del Tetragrámaton YHVE (del que ha derivado Yahvé), era sustituido por los hebreos por Adonay. Así, cada vez que se referían a Dios, o que leían su nombre en las Sagradas Escrituras (en el Tanaj, texto sagrado de los judíos correspondiente al Antiguo Testamento, Adonay aparece más de 300 veces), en lugar de decir el nombre divino, decían Adonay (mi Señor), como una forma respetuosa de dirigirse a Dios. • GEZAVERMES, El nacimiento de Jesús, Ares y Mares, Barcelona, 2007. La Natividad se encuentra desde siempre enraizada en lo más profundo de la tradición cristiana. Pero ¿cuál es la verdad que subyace a la historia de la Navidad que todos conocemos? ¿Dónde termina el relato histórico y empieza la leyenda? Geza Vermes, el más respetado historiador bíblico de nuestro tiempo, examina qué fue lo que realmente ocurrió cuando aquel 25 de diciembre, de acuerdo con la liturgia eclesiástica, nació Jesús, e investiga cada aspecto de la historia navideña –la estrella profética, la virgen y el espíritu santo, el viaje de María y José a Belén, el milagroso nacimiento en el establo, la llegada de los magos y el cruel decreto de Herodes–, situando los hechos en su contexto histórico. Sirviéndose de todas las evidencias disponibles, el autor examina los evangelios de Mateo y Lucas, así como otros documentos y fuentes de la literatura clásica y la historia, para distinguir los vestigios de los verdaderos hechos de la impronta de tantos siglos de leyenda. La Natividad nos brinda una idea más clara que la que nunca antes hemos tenido de qué es lo que pertenece a la verdadera historia y qué lo que se debe más bien a la imaginación religiosa, creativa y esperanzadora, penetrando en el significado más profundo del Nuevo Testamento que envuelve el acontecimiento que llamamos Navidad. • Paul WINTER, El proceso a Jesús, Barcelona, 1983. Durante casi veinte siglos, y hasta la celebración del Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica divulgó la idea de que el pueblo judío era el pueblo deicida, responsable del arresto, juicio, condena y ejecución de Jesús de Nazareth. Una lectura superficial de los Evangelios favorecería este punto de vista. Pero la exégesis bíblica y un examen crítico y científico de las Sagradas Escrituras demuestran exactamente lo contrario: no sólo los judíos no pueden ser responsables -cada uno de ellos- del proceso a Jesús, sino que tampoco puede afirmarse que las autoridades judías de la época tuvieran nada que ver con la muerte del de Nazareth. El libro de Paul Winter, que tuvo una marcada influencia en las decisiones del Concilio Vaticano II, pretende demostrar esta teoría que llega a tiempo para la reconciliación de los pueblos. • Hans JONAS, La religión gnóstica, Siruela, Madrid, 2000. Una magistral exposición, con numerosas notas, acerca de lo que se sabe sobre gnosticismo... El profesor Jonas escribe con autoridad, pasión y precisión sobre esta religión tan olvidada en el tiempo.» The New YorkerLa religión gnóstica, obra fundamental del profesor Hans Jonas, una de las máximas autoridades en este tema, es un completo estudio de las ideas heréticas del gnosticismo, de su literatura, su lenguaje simbólico y sus principales dogmas, que, como sugiere en el último capítulo de este libro, comparten muchos puntos de encuentro con el existencialismo y nihilismo de la modernidad. • Vladimir LOSSKY, Teología mística de la Iglesia de oriente, Herder, Barcelona, 1982. Vladimir Lossky estudia las diferencias entre la Iglesia oriental y la occidental cristiana con el único fin de encontrar un camino hacia el entendimiento mutuo. Porque, en palabras de Karl Barth, «la unión de las Iglesias no se hace, sino que se descubre». • Elaine PAGELS, Los evangelios gnósticos, Crítica, Barcelona, 1996. El libro que hoy presentamos fue distinguido en Estados Unidos con el premio del National Book Critics Circle y con el National Book Award y, desde entonces, se ha convertido en obra de referencia indiscutible sobre los evangelios gnósticos. En el la profesora Pagels revela las numerosas discrepancias que separaban a los cristianos primitivos en torno a los hechos mismos de la vida de Cristo, al sentido de sus enseñanzas o a la forma que debía adoptar su iglesia y describe las doctrinas gnósticas que niegan la resurrección de Cristo y rechazan la autoridad sacerdotal, explicando por que y cómo la ortodoxia que finalmente se impuso declaró hereticos a los gnósticos y trató de eliminar todos los textos que contenían sus doctrinas. Estos Evangelios gnósticos, sorprendentes y reveladores, nos obligan a reconsiderar profundamente la imagen establecida de los orígenes y el significado del cristianismo. • Elaine PAGELS, Más allá de la fe. El evangelio secreto de Tomás, Ares y Mares, Barcelona, 2004. Elaine Pagels, quizá la mayor autoridad en el estudio de las religiones y su historia, autora de la famosa obra Los evangelios gnósticos (Crítica, 1982), nos ofrece en este libro una nueva visión del sentimiento religioso y espiritual que requiere nuestra epoca. El libro se inicia con el estudio de los orígenes del cristianismo a traves de más de cincuenta textos primitivos, desconocidos hasta ahora, incluido el evangelio secreto de Tomás, descubierto en Egipto en 1945. Explora a continuación las fuentes históricas y arqueológicas para entender lo que Jesús y sus enseñanzas significaron para sus seguidores, antes de que se fosilizaran en la doctrina del cristianismo tal como la conocemos hoy. Para dar fuerza y poder al cristianismo en tiempos de persecución, los padres de la iglesia construyeron el canon, el credo y la jerarquía escogiendo determinados evangelios y repudiando otros, suprimiendo en ese proceso muchos de sus recursos espirituales. Lo que la profesora Pagels pretende explicarnos es que, si somos capaces de recuperar lo mejor del judaísmo y del cristianismo, nuestros corazones y nuestras mentes pueden abrazar un camino de espiritualidad que nos inspire la visión de una nueva sociedad basada en la justicia y en el amor. • Henry PUECH, En torno a la gnosis, Taurus, Madrid, 1992. Traducción Francisco Pérez Gutiérrez. El término gnosis significa en nuestro idioma y asimismo en el lenguaje griego conocimiento. Pero no se trata de un conocimiento básico o regular de cualquier cosa, es decir científico o racional, sino que tradicionalmente la gnosis implica un tipo de conocimiento espiritual e intuitivo de cuestiones como por ejemplo la divinidad, Dios, entre otras, y que oportunamente supo ser aquello que más pretendían alcanzar los gnósticos, tal como se llamaba a los seguidores del gnosticismo. • Johannes QUASTEN, Patrología (I y II), BAC, Madrid, 2004. Este segundo volumen de la "Patrología" del doctor Quasten, profesor de la Universidad Católica de América (Washington, D.C.), abarca la literatura patrística griega desde el Concilio de Nicea (325) hasta el Concilio de Calcedonia (451). Por él desfila un crecido número de eminentes escritores de la Iglesia antigua, que contribuyeron como pocos al desarrollo de la ciencia eclesiástica. • Ramón TREVIJANO, Patrología, BAC, Madrid, 2004. A partir de la Biblia, a la que remiten continuamente, los textos que nos han llegado de los denominados Padres de la Iglesia y otros antiguos escritores cristianos, hasta el s. VI/VII, nos dan acceso a la vida de las comunidades cristianas en la decisiva etapa formativa en que acaba de fraguar la Iglesia católica cató-lica. Lo que ocurre en continuidad (al comienzo en contemporaneidad) con las generaciones apostólicas fundantes. Nos dan a conocer serios problemas pastorales, graves tensiones internas (cuando ha de precisarse la identidad cristiana frente a tergiversaciones heréticas) y externas (documentos martiriales, apologistas.) Diversos teólogos proponen su comprensión de los misterios fundamentales de la fe, que prepara, con altibajos, las definiciones dogmáticas de los primeros concilios ecuménicos. La teología de los gran-des Padres es, con acentuaciones peculiares, una expresión racional de la fe vivida, que engloba dogmáti-ca, moral, pastoral y espiritual. • Juan CHAPA (ed.), 50 preguntas sobre Jesús, Rialp, Madrid, 2006. A lo largo de la historia, creyentes y no creyentes no han dejado de buscar información sobre Jesús de Nazaret, sobre su existencia y personalidad. Ciertos descubrimientos arqueológicos también han despertado la curiosidad del gran público. Si a eso unimos las interpretaciones sensacionalistas sobre Jesús, los apóstoles o María Magdalena, la necesidad de dar respuesta a esas cuestiones se hace cada vez más urgente. Ésa es la intención de este libro. • Joseph RATZINGER, Jesús de Nazaret, Planeta, Madrid, 2007. Esta es la edición completa, en un solo volumen, de Jesús de Nazaret, la obra por la que quizá Joseph Ratzinger/Benedicto XVI vaya a ser más recordado y tenga un influjo más vivo y duradero en el tiempo, junto con su renuncia al ministerio petrino. Publicados originariamente en castellano en tres tomos diferentes en 2007, 2011 y 2012, en palabras del profesor Gerardo del Pozo, autor del estudio introductorio con el que se abre esta edición, "Jesús de Nazaret es un servicio del teólogo Papa a la transparencia de la fe, que ha sido siempre la intención principal de Joseph Ratzinger como teólogo; y una defensa de la fe de los sencillos, que, además de ser una constante en él, ha constituido siempre el criterio inspirador de la intervención del magisterio de la Iglesia". • Mario Javier SABAN, El judaísmo de Jesús, Palinur Ediciones, Argentina, 2008. Jesús nació, vivió y murió como judío. Pero Jesús no fue simplemente judío por su origen nacional, sino que fue y seguirá siendo judío por su contenido ético más profundo, que coincide plenamente con la ética judía. Durante 20 siglos se ha ocultado el verdadero rostro de Jesús, que ahora por fin sale a la luz. Jesús fue un rabí judío y no un sacerdote cristiano. Jesús fue un rabino fiel a la tradición de Israel, que extrajo sus enseñanzas de la Torá y de la tradición oral y escrita del judaísmo, que predicó su interpretación particular de la ética judía pero que jamás pensó en fundar una nueva religión. El judaísmo de Jesús aporta una lectura nueva sobre una de las historias más increíbles de la humanidad: la de un humilde rabino de Galilea que se transformó, con el tiempo, en el Dios de millones de cristianos; ese pobre judío crucificado que, siglos después, fue utilizado para perseguir a su propia nación. • Francisco VARO, Rabí Jesús de Nazaret, BAC, Madrid, 2005. Vocabulario Milagro Derivado del latín miraculum, a su vez de mirari 'asombrar, extrañar, admirar', en castellano antiguo tuvo paralelos como miráculo, miraclo y miraglo. Se entiende por milagro un hecho extraño, portentoso e inexplicable de acuerdo con las leyes de la naturaleza, causado por un ser divino, y con una finalidad esencialmente moral y positiva. El milagro se caracteriza por ser un hecho religioso y moralmente positivo, frente a conceptos parecidos como el del prodigio o la maravilla, que carecen normalmente de la cualidad religiosa, o frente a la acción mágica, que puede tener una dimensión moralmente negativa y estar causada no por seres divinos positivos, sino por espíritus malignos. Talmud Obra literaria y religiosa escrita que recoge el comentario a la Misná elaborado por los maestros judíos de Palestina entre los siglos III y V. Su nombre en hebreo (Talmud) significa 'estudio'. En efecto, constituye el resultado del debate que se hizo sobre esa obra básica del derecho religioso judío en las academias palestinenses (el nombre técnico de ese comentario es guemará). Es paralelo, aunque sensiblemente distinto, al comentario que se elabora sobre los mismos temas en el Talmud babilónico, concluido algún tiempo más tarde. Ambos Talmudim ofrecen un amplio desarrollo de la problemática tratada en la Misná, aunque lo hacen por caminos muy diversos y con grandes diferencias, sin depender directamente uno de otro. Circuncisión Intervención quirúrgica o ritual que consiste en seccionar el prepucio. Término de origen latino, procedente de circumcisio, -onis, derivadado del verbo circumcidere 'cortar alrededor, suprimir', que a su vez está formado por la unión del adverbio circum 'alrededor' y el verbo cædere 'golpear, cortar'. En el ámbito religioso, la circuncisión consiste en la escisión ritual alrededor del prepucio practicada por diversos pueblos semitas y orientales y por ciertas tribus del África negra, de Australia, la Polinesia y América del Sur, con el objeto de liberar el glande del pene. Cristo Atributo de Jesús, del apelativo griego christós, que es traducción del hebreo “ungido”. Mesías Enviado divino, objeto de la unción de Dios (del hebreo mashiah, ungido), encargado de restablecer en la Tierra el reino de Dios, anunciado por los profetas judíos al pueblo hebreo y reconocido por los cristianos en la figura de Jesús. De una forma general, común a las diferentes creencias y religiones, este término designa a un personaje esperado en el futuro, cuya venida providencial instaurará un tiempo de paz y felicidad que pondrá fin a un período de desdichas y opresión. En determinados momentos de la historia se ha llegado a encarnar a este personaje en guerreros, caudillos, reyes o incluso hombres de presunta santidad en los que todas las esperanzas de salvación o redención confluían en medio de momentos críticos de la vida colectiva. Aunque esta figura mesiánica ha cumplido —y cumple todavía— una función de primer orden en el judaísmo y en el cristianismo, también se puede rastrear su presencia, quizá bajo la influencia de este último, en el mundo islámico y en otras religiones hasta llegar a los mesianismos de los pueblos indígenas y de las numerosas sectas extendidas en la actualidad. De un modo genérico pueden suponerse tres condicionantes que explican el desarrollo de esta creencia en la venida de un mesías: la existencia de un pueblo o una colectividad oprimida, la esperanza en la superación de ese estado crítico y la reparación efectiva de las injusticias y opresiones en el futuro. Con mucha frecuencia, la llegada del mesías ha sido relacionada con especulaciones apocalípticas y milenaristas; incluso se crearon figuras alternativas, como sucedió en determinados momentos históricos en los que un papa o un emperador llegaron a asumir esta función providencial. Es lo que en muchas ocasiones han recogido las innumerables profecías de todas las épocas, aunque la Edad Media merece en este caso una particular atención por los numerosísimos vaticinios mesiánicos que circularon con harta intensidad durante este período. Conviene centrar la atención ahora principalmente en la aparición de ese personaje dentro del judaísmo y el cristianismo. Magdalena Mujer de Magdala. Apelativo de una de las mujeres piadosas que siguieron a Jesús. Fue identificada con María de Betania, hermana de Marta, y con la pecadora del Evangelio de Lucas (VII, 35-36). Monte de los Olivos Relieve montañoso de Jordania (818 m.), en Palestina, al E de Jerusalén. En su vertiente occidental se halla el huerto de Getsemaní. INRI Iniciales de Iesus Nazarenus. Rex Ludeaeorum, Jesús de Nazaret Rey de los judíos, rótulo que figuraba en la cruz de Jesucristo. Getsemaní Huerto próximo a Jerusalén, al pie del monte de los Olivos, lugar donde Cristo sufrió los efectos de su inmediata agonía, fue apresado y desde allí conducido para ser juzgado y posteriormente condenado y ajusticiado. (Marcos 14:32). La palabra 'getsemaní', en hebreo significa 'prensa de hacer aceite'. Calvario Colina en las cercanías de Jerusalén, donde tuvo lugar la crucifixión de Jesucristo. Es decir, Monte cercano a Jerusalén en el cual fue crucificado Jesús. Por extensión, se da también el nombre de calvario a gran multitud de pequeñas capillas (a veces, simples cruces) situadas en lo alto de una pequeña colina. Asimismo, también reciben el nombre de calvario ciertas representaciones teatrales que, en las iglesias, se llevan a cabo escenificando varios momentos de la Pasión de Jesús. No hay que confundir estos calvarios teatrales (simples representaciones de la escena de la crucifixión y posteriores) con el Vía Crucis, que es la escenificación completa de la Pasión y, como tal, comienza con la traición de Judas y el apresamiento de Cristo por los centuriones romanos. Belén Pequeña ciudad situada unos 9 km al S de Jerusalén, actualmente dentro de los territorios de Palestina ocupados por Israel en la Guerra de los seis días de 1967. Corresponde a la localidad bíblica de Bet-lehem ("casa del pan" o, según otros, "casa de Lahmu", aludiendo a una divinidad cananea), que desempeñó un importante papel en los tiempos bíblicos y en los del Nuevo Testamento. Es posible que se aluda a esta localidad en una de las cartas de El Amarna (siglo XIV a.C.). Lago Tiberíades Antigua denominación del actual lago Kinnereth, también conocido como Mar de Galilea y Mar de Genesaret. Recibía su nombre de la ciudad de Tiberíades, que fue fundada por Herodes Antipas en la orilla centro-occidental del lago durante la época de dominación romana, en recuerdo del emperador Tiberio. Galilea Región de Israel, situada entre el Mediterráneo y el lago Kinneret, y que se extiende hacia el norte más allá del lago Huleh. Es una región de colinas que culmina con el monte Atmón, de 1208 m. de altura. Se sitúa entre la regiones de Samaria y Siria, por un lado, y por el otro con el Jordán y el Mediterráneo. Las principales actividades económicas son la agricultura (frutales, tabaco, olivos, cereales) y la pesca en el lago Kinnereth. Fue la patria de Jesucristo y de los apóstoles, escenario de las predicaciones del primero. Sus ciudades más importantes eran Nazaret, Betulia, Caná, Cafarnaum, Acco o Tomeaida (San Juan de Acre), etc. Marta Hermana muy devota de Lázaro, personaje bíblico al que Jesús resucitó. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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