viernes, 5 de diciembre de 2025

ENSAYO, El franquismo.

Para hablar con rectitud sobre el franquismo, empezaremos abordando la biografía de Francisco Franco Bahamonde, personaje que nacería en 1892 en El Ferrol. Murió, como casi todos sabemos, el 20 de noviembre de 1975.¡Bien! Tras participar en el fallido golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y liderar la victoria de las fuerzas sublevadas contra la Segunda República en la subsiguiente Guerra Civil (1936-1939), Francisco Franco instauró una dictadura con reminiscencias fascistoides que perduró hasta su muerte y que daría nombre a todo un periodo de la historia moderna de España: el franquismo (1939-1975). Nacido en una familia de clase media de tradición marinera, Francisco Franco eligió la carrera militar, terminando en 1910 sus estudios en la Academia de Infantería de Toledo. Ascendió rápidamente en el escalafón por méritos de guerra, aprovechando la situación bélica de Marruecos, en donde permaneció destinado entre 1912 y 1926, con breves interrupciones: en 1923 era ya jefe de la Legión, y en 1926 se convirtió en el general más joven de Europa. La brillante carrera de Francisco Franco continuó bajo distintos regímenes políticos: con la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) llegó a dirigir la Academia General Militar de Zaragoza (1928); con la Segunda República (1931-1936) participó en la represión de la Revolución de Asturias (1934), fue comandante en jefe del ejército español en Marruecos (1935) y jefe del Estado Mayor Central (1936). El gobierno del Frente Popular lo alejó a la Comandancia de Canarias, puesto que ocupaba al estallar la Guerra Civil española. De ideas conservadoras, Franco valoraba sobre todo el orden y la autoridad. Desconfiaba del régimen parlamentario, del liberalismo y de la democracia, a los que creía causantes de la «decadencia» de España en el siglo XX; su postura era representativa del grupo de militares «africanistas» que veían en el ejército la quintaesencia del patriotismo y la garantía de la unidad nacional. Por tales razones Franco se sumó, aunque a última hora, a la conspiración preparada por varios militares para sublevarse contra la República en julio de 1936. El «Alzamiento Nacional» (eufemismo propagandístico con el que los generales insurgentes bautizaron el golpe de Estado) comenzó el día 17 de julio en la península y el 18 de julio en África, donde se hallaba Franco, razón por la que el régimen identificó más tarde esta última fecha como su momento fundacional. El fracaso de la tentativa golpista en la capital y en buena parte del territorio nacional dio lugar a la Guerra Civil española, que duraría tres años (1936-1939) y llevaría a Franco al poder. Tras pasar el estrecho de Gibraltar al frente del ejército de África, Franco avanzó por la península hacia el norte. El 1 de octubre de 1936, sus compañeros de armas, reunidos en una Junta de Defensa Nacional en Burgos, le eligieron jefe político y militar del bando sublevado. Franco dirigió la guerra con criterios conservadores, muy alejados de la guerra rápida que propugnaban las doctrinas estratégicas modernas. La unidad impuesta en su bando contrastaba con los enfrentamientos que desangraban al bando leal a la República; la disciplina y la profesionalidad de sus fuerzas, con la politización y el voluntarismo de los milicianos republicanos. La ayuda militar que prestaron la Alemania nazi y la Italia fascista también contribuyó a la victoria final de Franco (1 de abril de 1939). Terminada la Guerra Civil, Franco impuso en España un régimen de nuevo cuño, inicialmente alineado con el nazismo de Hitler y el fascismo de Mussolini, que eran sus aliados e inspiradores. A pesar de ello, no comprometió del todo a España en la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), pues, dada la debilidad en que se encontraba el país, no consiguió de Hitler las desmesuradas compensaciones que pretendía por su apoyo (entrevista de Hendaya); tan sólo envió tropas voluntarias a combatir junto a los alemanes contra la Unión Soviética (la División Azul). Finalizada la conflagración mundial con la derrota de las fuerzas del Eje, aliadas de Franco, su régimen sufrió un cierto aislamiento diplomático, pero consiguió sostenerse, rentabilizando su anticomunismo radical en el contexto de la «guerra fría». En lo político, Franco instauró desde el principio una dictadura personal de carácter autoritario, sin una ideología definida más allá de su carácter confesional (católico integrista), unitario y centralista (contra toda autonomía regional o reconocimiento de peculiaridades culturales) y claramente reaccionario y conservador (los partidos y los sindicatos de clase fueron prohibidos). Copió de sus modelos fascistas la idea de una jefatura carismática unipersonal (con el apelativo de «Caudillo»), de un partido único (el Movimiento Nacional) y de un vago corporativismo (sindicatos verticales). La represión de la oposición fue feroz (con unos sesenta mil ejecutados sólo entre 1939 y 1945, continuando las ejecuciones políticas hasta 1975). En lo económico, optó por una política de autarquía que hundió a España en el estancamiento y el atraso, en contraste con la recuperación que vivía el resto de Europa; sin embargo, la necesidad de homologarse con los países occidentales y de reforzar la alianza con Estados Unidos le llevó a una progresiva liberalización económica a partir del Plan de Estabilización de 1959. Los años sesenta (con los «planes de desarrollo» y la influencia política del Opus Dei, ultraconservadora congregación católica) fueron de rápido crecimiento económico, industrialización, apertura y urbanización. Las mejoras materiales facilitaron el mantenimiento de Franco en el poder, a pesar del creciente anacronismo de su régimen; pero también produjeron cambios sociales que hicieron inviable su continuidad una vez muerto el general. Desde 1969 Francisco Franco había institucionalizado como sucesor al príncipe Juan Carlos I, nieto del último rey de España (Alfonso XIII); tal previsión sucesoria se cumplió tras la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975, pero no fue acompañada de una continuidad política, ya que, sin romper con la legalidad vigente, el nuevo monarca promovió una transición pacífica a la democracia. Lo cierto es que el franquismo fue un movimiento político y social de tendencia totalitaria, iniciado en España durante la guerra civil de 1936-1939, en torno al general Franco, y desarrollado durante los años en que éste ocupó la jefatura del estado. El régimen político y la cobertura ideológica de dicho régimen, fue implantado por el bando vencedor de la Guerra Civil Española, cuyas principales características son su identidad dictatorial y la personificación en la figura de Francisco Franco. El franquismo es más una denominación temporal y funcional que ideológica. Por una parte, designa el período de la historia de España bajo el gobierno directo del general Franco (1939-1975), larga etapa a la que le confiere unidad la personalidad y el fuerte ejercicio del poder de Franco. Al mismo tiempo, designa los medios operativos del gobierno y la administración, cuyo principal eje de dirección fue el sostenimiento del régimen y la defensa de intereses comprometidos y, posteriormente, beneficiados por el régimen salido de la contienda civil. Pero al estudiar elsusodicho franquismo, a parte de la figura de Juan Carlos I, sobresale la del almirante Carrero Blanco, por lo que llevándola también al papel, habría que anotar lo siguiente: El político y militar español Luis Carrero Blanco nació en Santoña (Cantabria) en 1903 y murió en Madrid en 1973, a la edad de 70 años. A los 15 años ingresó como cadete en la Escuela Naval Militar y en 1922 ya era teniente de navío en el acorazado Alfonso XIII. Posteriormente, participó en la Guerra de Marruecos entre los años 1924 y 1926. A finales de este mismo año se hizo especialista en submarinos, siendo destinado como segundo comandante del submarino B-2 y comandante del B-5. En el año 1932 consiguió la diplomatura de Estado Mayor y en 1934 fue profesor de la Escuela Naval de Madrid, con la graduación de capitán de corbeta. Al estallar la Guerra Civil se refugió en las embajadas de México y Francia, hasta que en junio de 1937 se pudo incorporar a las tropas sublevadas del general Franco como comandante del destructor Huesca y del submarino General Sanjurjo. En 1940 fue nombrado subsecretario de la Presidencia del Gobierno. En 1966 alcanzó el grado de almirante. Paralelamente a esta activa carrera militar, ostentó numerosos cargos políticos hasta llegar a vicepresidente del Gobierno el 22 de julio de 1967 y presidente del Gobierno el día 9 de junio de 1973. En su vida política, tuvo un importante papel en la designación del príncipe Juan Carlos de Borbón como sucesor del general Franco en la jefatura del Estado en 1969. El 29 de octubre de 1969, tras un profundo ajuste ministerial, fue confirmado como vicepresidente del Gobierno y subsecretario de la Presidencia. Según ciertas opiniones políticas, hubiera sucedido a Franco y, probablemente, hubiera intentado mantener la dictadura. Fiel seguidor desde principio a fin de la doctrina del movimiento, fue un discreto servidor de Franco. Cuidaba mucho sus escritos políticos e históricos, que publicaba en el diario Arriba bajo el seudónimo de Juan de la Cosa. La Sociedad General de Autores de España le nombró miembro de honor como homenaje a su figura política. El 20 de diciembre de 1973 falleció a causa de un atentado terrorista perpetrado por ETA: su vehículo blindado saltó por encima de la fachada de una iglesia de la madrileña calle Claudio Coello, y fue a caer en un patio interior. Se le concedió ese mismo año el título póstumo de capitán general de la Armada. Sus colaboradores y amigos próximos achacaron durante mucho tiempo su asesinato a la masonería, aunque se demostró fehacientemente que fue la banda armada ETA la autora del atentado. Varias décadas después del magnicidio, se especuló con la posibilidad, cada vez más revestida de certeza, de que sus responsables contasen con el visto bueno de algunas autoridades del régimen, de la CIA y de otros aparatos de poder, poco interesados en esa perpetuación del franquismo que Carrero Blanco pretendía encarnar al suceder a Franco. Debido a su vocación como escritor especializado en temas marinos, dejó escritas obras tales como Cinemática Aeronaval, Arte Naval Militar, España y el Mar y otras de corte más bien político como Gibraltar, Comentarios de un Español, España ante el mundo y Las Modernas Torres de Babel. Para completar el sí o el no, para ver un panorama completo del franquismo nos faltaría conocer la personalidad de, por ejemplo, Arias Navarro, a quien todos lo recordaremos en TVE pronunciando la frase lapidaria y catastrófica “Españoles, Franco ha muerto”. Así pues, a continuación daremos algunas ideas de su biografía. Carlos Arias Navarro fue un político español (Madrid, 1908-1989) que, Licenciado en Derecho por la Universidad de Madrid, ejerció como notario y como fiscal. Luchó en el bando nacional durante la Guerra Civil de 1936-39, participando en la represión de los vencidos en Málaga. Su posterior carrera política estuvo ligada al régimen del general Francisco Franco, del que fue fiel servidor. Desde 1944 fue gobernador civil y jefe provincial del Movimiento en León, Santa Cruz de Tenerife y Navarra; desde 1957, director general de Seguridad; y desde 1965, alcalde de Madrid. Entró en el gobierno de Luis Carrero Blanco como ministro de Gobernación en 1973; al morir el presidente en un atentado terrorista, y a pesar de que la responsabilidad de la seguridad recaía sobre el Ministerio de Arias, fue elevado a la jefatura del Gobierno (1974). Formó un gabinete heterogéneo -siempre de posiciones ultraconservadoras-, con el cual intentó lanzar una tímida apertura (el «espíritu del 12 de febrero») que pronto se detuvo ante la oposición interna y los riesgos de una democratización. Su gobierno fue muy impopular, debido a su carácter inmovilista y contradictorio, las dificultades económicas del momento (crisis del petróleo) y los múltiples conflictos que le acarreaba su incomprensión de la situación agónica del régimen (ejecuciones de 1974-75, conflicto con el Vaticano a propósito del obispado de Bilbao). Tras la muerte de Franco en 1975, el rey Juan Carlos I le confirmó como presidente del Gobierno a fin de subrayar la estabilidad en la dirección del Estado; pero, contrario a aceptar la transición a una democracia plena, fue sustituido en ese cometido por Adolfo Suárez. El largo período franquista puede dividirse en cuatro etapas bien diferenciadas en cuanto a la base ideológica sustentada, la institucionalización del régimen, los planteamientos económicos y la evolución de la sociedad española. • De 1936 a 1945. • De 1945 a 1958. • De 1959 a 1969. • De 1970 a 1975. El 29 de septiembre de 1936 Franco consiguió la reunión de la dirección política y militar del movimiento sublevado al ser designado Jefe del Gobierno y Generalísimo de los Ejércitos. Inmediatamente, reunió en Salamanca una Junta Técnica del Estado que inició el desarrollo de la administración civil del nuevo ente nacional. En febrero de 1938 se llevó a cabo en Burgos la constitución formal del Consejo de Ministros y Franco se irrogó el cargo de Jefe del Estado, lo que significaba la definitiva legitimación de su jefatura suprema. La labor llevada a cabo se centró en el desarrollo de la guerra y, al mismo tiempo, la dinámica bélica influyó decisivamente en la conformación del nuevo estado. La identificación del bando nacionalista con las potencias del Eje (de las que recibió abundante ayuda en hombres y, sobre todo, en armas) fue reforzando la identidad del nuevo regimen con el totalitarismo fascista, hecho que alcanzó la institucionalización con la creación del partido único y el dictado de una legislación que fundamentaba la existencia del régimen en el derecho de conquista. Durante buena parte de los años cuarenta esa identificación fascista no dejó de ser cuestionada, incluso, desde dentro del propio seno del régimen; sólo tras superar el gran obstáculo que supuso la derrota de las potencias totalitarias puede decirse que acabó conformándose sobre una base estable lo que acabó siendo el régimen franquista. Finalizada la Guerra Civil, el régimen surgido de ella comenzó a cimentar sus bases institucionales. En 1939 fueron decretados los Estatutos de Falange, el partido único que sirvió de plataforma política del franquismo; tres años después se creo el Consejo Nacional de Falange, órgano de representación de las familias del régimen. En 1942 fueron creadas las Cortes Españolas, parlamento cuyo nivel de representatividad popular estaba acorde con su escaso papel legislativo. Sin embargo, la principal causa de debate en la política interior era el propio futuro del régimen: falangistas originales, militares menos simpatizantes del totalitarismo fascista y monárquicos deseosos del rápido retorno de la dinastía tradicional presionaron para conseguir una definición del régimen acorde a sus presupuestos ideológicos. Sin embargo, ninguno de estos tres sectores tenía la suficiente fuerza para decidir por sí mismo en contra de la voluntad de Franco, quien, en sus disposiciones oficiales, se hacia sólo "responsable ante Dios y la Historia". El estallido de la II Guerra Mundial meses después del término de la contienda civil española abrió grandes esperanzas en amplios sectores franquistas, especialmente aquellos que esperaban la entrada de España en la guerra del lado germano. La tentación intervencionista apenas pudo ser disimulada con la declaración de neutralidad y, tras las victorias del Eje en el verano de 1940, se iniciaron conversaciones para la definitiva entrada de España en la guerra del lado germano-italiano. De los cambios de gobierno de 1939 y 1940 salió reforzada la figura de Serrano Súñer, yerno de Franco, ministro de Asuntos Exteriores, líder de Falange y principal defensor de una identificación del régimen con el modelo facista italiano. La política de Serrano Súñer, respaldada por Franco, incidía en la alineación bélica de España con el Eje, lo que permitiría materializar las reivindicaciones territoriales sobre la zona del Magreb, la recuperación de Gibraltar y grandes ayudas económicas para aliviar la grave situación de la economía española tras tres años de guerra civil. Esas pretensiones fueron expuestas en las entrevistas de Franco con Hitler en Hendaya (octubre de 1940) y con Mussolini en Bordighera (febrero de 1941). La imposibilidad de Satisfacerlas (por ir contra los intereses de la Francia colaboracionista) y la creencia de que la ayuda española conllevaría más problemas que beneficios, aconsejaron la renuncia de Hitler a la participación española. Aunque el ofrecimiento franquista fue reiterado con posterioridad y se hizo una serie de gestos evidenciando esta disposición (ayuda a los submarinos alemanes, envío de la División Azul al frente ruso...), la beligerancia española nunca llegó a decretarse. A partir del desembarco norteamericano en Italia y tras la caída de Mussolini (1943), la política germanófila perdió empuje: Serrano Súñer fue sustituido en Asuntos Exteriores aprovechando un incidente (atentado de un falangista contra el ministro de Guerra, el general Varela) y el gobierno franquista comenzó a entablar relaciones con las potencias aliadas. Además de llevar a cabo los primeros pasos de institucionalización del régimen y afrontar el complicado panorama internacional que deparaba la II Guerra Mundial, los primeros gobiernos franquistas debieron hacer frente a la extremadamente grave economía española. Las consecuencias de la Guerra Civil fueron catastróficas: unas pérdidas humanas globales de unas 600.000 personas, reducción de la reserva de oro prácticamente a cero, caída de la producción industrial a un tercio del total anterior a la guerra y destrucción de, al menos, la mitad de las infraestructuras y material de transporte. En términos globales, la economía española retrocedió a los niveles anteriores a la I Guerra Mundial y no alcanzó los niveles anteriores a la Guerra Civil hasta bien entrados los años cincuenta. Las causas de la lenta recuperación económica fueron, por una parte, la situación bélica internacional, lo que impedía la concesión de ayuda exterior para la reconstrucción; además, la posición española de no neutralidad real impidió que pudiera aprovecharse la coyuntura como se hiciera en la I Guerra Mundial. En cuanto a las causas interiores, el principal factor que perjudicó la recuperación fue la puesta en práctica por los primeros gobiernos franquistas de una política económica autárquica e intervencionista. La pretensión de crear una industria autosuficiente se trató de abordar mediante el Instituto Nacional de Industria (1941), mientras la ausencia de los productos básicos de consumo se atajó con las cartillas de racionamiento, una institución con doce años de vida que condenó a las familias españolas a participar en el mercado negro, verdadero mercado paralelo aprovisionador de productos de mayor calidad y diversidad, donde se amasaron fortunas precisamente por su carácter clandestino. El final de la II Guerra Mundial con la derrota del Eje abrió un nuevo período en la evolución del franquismo, caracterizado por el aislamiento internacional al que fue sometido, la moderación (en especial de su apariencia y parafernalia) de su talante fascista, la presión de la oposición política a Franco y, una vez superados el aislamiento y la presión, el inicio de una tibia recuperación económica. El no reconocimiento internacional del régimen franquista no derivó tanto de la ayuda que había prestado a Alemania e Italia durante la guerra como por la persistencia en su interior de una identidad con las potencias fascistas derrotadas. En 1945 le fue negada a la España de Franco su entrada en la nueva Organización de Naciones Unidas; por si ello fuese poco, un año después la situación empeoró drásticamente: Francia cerró su frontera a la vez que las potencias aliadas vencedoras exigieron la retirada de Franco, la desaparición del partido único de Falange y la apertura de una transición hacia la democracia. Al no cumplirse estas exigencias, la ONU aconsejó la retirada de los embajadores en Madrid y la expulsión de España de todos los organismos internacionales. Los años 1946-48 fueron los más críticos del régimen franquista: al aislamiento internacional se sumó el aumento de la presión de la oposición en el exilio e, incluso, de los monárquicos del interior. En 1946 pareció inminente que el mismo Franco decidiera poner fin a su "régimen provisional y unipersonal" (como lo definiera el príncipe Juan de Borbón en carta a Franco) y diera paso a una monarquía que su ausencia convertiría en liberal. En 1948 se alcanzó un amplio acuerdo de los partidos de la oposición (desde la derecha representada por Gil Robles a la izquierda por Indalecio Prieto) en favor de del retorno de la monarquía. Lejos de considerar cualquiera de las alternativas que aconsejaban su retirada, Franco se negó utilizando todos los medios que estaban a su alcance. Por una parte, instrumentalizó la condena internacional de su régimen y el aislamiento exterior como un ataque a España, lo que, en manos de la propaganda del franquismo, sirvió para crear un chauvinismo patriotero que acabó reforzando al propio régimen. Los directores de la política exterior española sabían que, de hecho, las potencias aliadas habían parado los proyectos de los países comunistas de elevar la presión sobre el régimen con medidas más enérgicas y, al mismo tiempo, conocían las diferencias entre los distintos paridos de la oposición incluso en el interior de los mismos, lo que podría llevar su presión a la esterilidad. Para superar el aislamiento, Franco puso en marcha dos actuaciones de gran calado: la primera trató de contrarrestar la identificación de su régimen con el fascismo internacional derrotado en la guerra. La apariencia externa del régimen sufrió una considerable remodelación. Debido a ello, Falange perdió su privilegiada posición política y la parafernalia que le era propia dejó de ser oficial, el régimen dejó de definirse como totalitario y pasó a verse como una "democracia orgánica", en la que la representación de los ciudadanos se llevaba a cabo no mediante los denostados partidos políticos sino a través de los "organismos naturales" (familia, municipio, rama sindical, etc.). Este cambio de la apariencia exterior trató de institucionalizarse con la declaración de una suerte de pseudoconstitución, denominada el Fuero de los Españoles, que en realidad era una declaración de derechos a los que, paradójicamente, no se garantizaba su práctica. Ya en 1945 se había aprobado una Ley de Referéndum que sirvió para aprobar la Ley de Sucesión (1947) en la que se definía a España como reino; el contrasentido alcanzó cotas desconcertantes cuando Franco se aseguró, en esta instauración monárquica que no tenía rey, el título de regente sin limitación temporal alguna. La segunda gran actuación fue la instrumentalización del estallido de la Guerra Fría: las potencias occidentales, en especial Estados Unidos, decidieron tolerar el régimen de Franco, quien a su vez se presentaba como un adelantado de la causa occidental de la lucha contra el comunismo internacional. El resultado de todas estas maniobras fue la supervivencia del régimen franquista, hecho que alcanzó su definitiva seguridad en 1953 con la firma del Tratado de Amistad y Colaboración con Estados Unidos y la suscripción del Concordato con la Santa Sede. En realidad, éste fue una manifestación más del apoyo vaticano al régimen de Franco, pues no variaba nada respecto a la práctica iniciada desde 1940 que identificaba totalmente la política oficial y el catolicismo. Los pactos con Estados Unidos hicieron que España, que no se había beneficiado del Plan Marshall y no pertenecía la OTAN, se integrara de modo tangencial en el sistema militar occidental mediante la cesión de cuatro bases militares. La contrapartida económica norteamericana, aunque modesta, y la paulatina evolución de la política económica con el lento abandono de las aspiraciones autárquicas, permitieron el despegue de la economía y el crecimiento efectivo de la renta nacional. Aunque el desarrollo industrial fue desequilibrado e inflacionista y la introducción de programas liberalizadores fue tímida y dubitativa, el crecimiento que se estaba produciendo en los países europeos empujó definitivamente a la recuperación efectiva de la economía española. Sin embargo, la expansión monetaria que produjo esta recuperación, así como las periódicas y bruscas alzas salariales, hicieron evidente los desequilibrios del sistema económico. Los años sesenta se caracterizaron por un extraordinario crecimiento tanto de la renta interior como del nivel de vida, lo que produjo una serie de necesarias transformaciones del franquismo. El desarrollo económico estuvo favorecido por la entrada de ministros técnicos en el gobierno (inicio de la influencia del Opus Dei en las altas esferas de la administración), quienes, anteponiendo su moderación política y su preparación económica, reestructuraron la política gubernativa con el Plan de Estabilización (1959) y los sucesivos Planes de Desarrollo aprobados a partir de 1962, cuyo seguimiento alcanzó la categoría primero de Secretaría de Estado y posteriormente de Ministerio de Desarrollo. Pero más que las iniciativas gubernamentales, el crecimiento económico de los años sesenta se asentó en tres factores principales. El primero fue la entrada masiva de turistas, principalmente europeos, en número constantemente creciente durante toda la década, por lo que los ingresos procedentes del turismo sirvieron para equilibrar una balanza comercial deficitaria. El segundo acicate al crecimiento fueron las inversiones extranjeras, en número y cuantía muy superior a ningún otro momento, apoyadas en la nueva política liberalizadora y proporcionadoras de un capital adicional que puso en marcha lo más novedoso de la industria española. El tercer motor de la economía fue la emigración, puesto que, a partir de finales de los cincuenta, entre sesenta y cien mil españoles emigraron anualmente a los países europeos con la demanda de mano de obra que sostuviera su expansión industrial. Estos factores coadyuvaron a un espectacular crecimiento económico: el PIB creció entre un 4 y un 7% anual, mientras que la renta per cápita aumentaba entre un 5 y un 6,5% anual. Este crecimiento, el aumento del consumo, la aparición de nuevos medios de comunicación y la entrada masiva de extranjeros hicieron que la sociedad española sufriera profundos cambios. Sin embargo, en el campo político apenas tuvieron eco estas grandes transformaciones, iniciándose un creciente desencuentro entre el régimen franquista y la sociedad española. La nueva clase gobernante (denominada por sus oponentes dentro del régimen como tecnócratas) apostó porque los resultados del desarrollo económico legitimasen la continuidad del régimen. Para reforzar el sistema se llevó a cabo una tibia liberalización política: la Ley Orgánica del Estado (1967) definía el régimen como una monarquía limitada, alejando los tintes más negros de la dictadura; la Ley de Prensa (1966) posibilitó el inicio de una apertura de trascendentales consecuencias para la formación de la opinión pública española, máxime cuando tales reformas se vieron acompañadas desde 1965 con dos leves concesiones: la huelga dejó de estar tipificada como delito y, a pesar de continuar en la clandestinidad, la operatividad de los sindicatos aumentó. La culminación de esta etapa liberalizadora fue el nombramiento de don Juan Carlos como sucesor de Franco a título de rey. El último lustro del franquismo se caracterizó por la decadencia física de su principal encarnación (obviamente, Francisco Franco), por el crecimiento de la oposición y por la paulatina separación del régimen y gran parte de la sociedad española. La organización y unión de la oposición antifranquista hizo que, por primera vez desde los años cuarenta, se materializara la posibilidad de alternativa; la formación de cuadros y la expansión clandestina de los partidos de este período posibilitó su rápida eclosión en la transición. Sin embargo, más que los partidos políticos, la protesta contra el régimen se manifestaba en ámbitos universitarios y obreros, y, de un modo mucho más espectacular y desestabilizador, con la aparición del terrorismo. La represión que conllevaba el terrorismo alimentó su fortalecimiento movilizando solidariamente a amplias capas sociales. De los distintos grupos terroristas, la actividad que mayor trascendencia alcanzó fue la de ETA con el asesinato del almirante Carrero Blanco (diciembre de 1973), presidente del Gobierno y encargado por Franco de tutelar la transición hacia la monarquía tras su desaparición. La muerte del almirante imposibilitó ese modelo de transición y evidenció la grave situación del régimen. Los dos últimos años del franquismo vieron la multiplicación de problemas para un nuevo Presidente de Gobierno, Arias Navarro, incapaz de afrontarlos: la incidencia de la crisis ocasionada por el aumento de los precios petrolíferos, la oleada de protestas y el nuevo aislamiento internacional ocasionado por la ejecución de cinco terroristas. Además de esto, el incremento de la tensión marroquí en su reivindicación de descolonización del Sahara acabó siendo, tras la Marcha Verde, una nimiedad entre las múltimpoes existentes dentro del territorio a Marruecos. En último término y, con todo, la causa más determinante de la desaparición del régimen, fue la larga agonía de Franco, concluida el 20 de noviembre de 1975. El franquismo no desapareció junto a Franco. Durante unos meses (hasta junio de 1977), las instituciones, la clase política y las líneas fundamentales del régimen persistieron, si bien en retirada. Su punto final lo encontró en la convocatoria de las primeras elecciones democráticas, en la redacción de la Constitución y el inicio de la transición que, sorprendentemente rápido, borró las huellas de cuarenta años de dictadura. Franco estableció una democracia orgánica que fue uno de los nombres que adoptó el régimen franquista, según el cual la representación se ejercía a través de las instituciones sociales que la dictadura franquista consideraba naturales como la familia, el municipio o el sindicato vertical.La concepción orgánica de la sociedad se remonta a los estoicos, mientras que su principal teórico moderno fue Althusio. En la edad contemporánea, esta idea la hace suya el idealismo alemán con Hegel y otros pensadores. A diferencia de las democracias liberales la democracia orgánica consideraba que en lugar de los denostados partidos políticos, los órganos naturales de asociación eran tres: la familia, donde se nace; el municipio, donde se vive; el sindicato, donde se trabaja.La denominación "democracia orgánica" surge hacia la mitad de la dictadura, apoyándose en la Ley del Referéndum Nacional (1945), cuando se quería dar un barniz al sistema político corporativista que se había venido desarrollando durante la dictadura, argumentando que tal solución permitía que, sin intervención de partidos políticos, los españoles pudieran participar en la vida política por medio de sus organizaciones naturales. Franco dictó una serie de Leyes fundamentales, que, en gran parte, le ayudaron a sostener la persistente dictadura.Una de las principales leyes fue la Ley de Sucesión de Franco de 1947. Esta ley permitió que el general Franco se convirtiera en el Jefe del Estado y que él mismo nombrara a su sucesor. Además, establecía que el Jefe del Estado tenía que ser un miembro de la familia real española. Otra ley fundamental fue la Ley de Fuero Militar de 1954. Esta ley establecía que los militares españoles estaban exentos de las leyes civiles y que los ciudadanos no podían ser juzgados por tribunales militares. Esto permitió al régimen franquista preservar su control sobre la población. Además, el franquismo también implementó la Ley de Seguridad del Estado de 1955. Esta ley creó una agencia de seguridad estatal conocida como la Dirección General de Seguridad, que se encargaba de vigilar y reprimir cualquier actividad considerada subversiva. Esta ley también permitió al régimen franquista silenciar a sus opositores mediante la censura y la detención. Finalmente, el franquismo también implementó la Ley de Asociaciones de 1966. Esta ley establecía que todas las asociaciones, incluyendo los partidos políticos, debían ser aprobados por el gobierno. Esta ley permitió al franquismo silenciar a la oposición y controlar a la población civil. En resumen, las leyes fundamentales del franquismo fueron la Ley de Sucesión de Franco, la Ley de Fuero Militar, la Ley de Seguridad del Estado y la Ley de Asociaciones. Estas leyes permitieron al régimen franquista preservar su control sobre la población española durante su gobierno. Durante el gobierno de Francisco Franco, se promulgaron varias leyes importantes. La Ley de Sucesión de 1947, fue una de las primeras leyes en ser promulgadas. Esta Ley estableció a Franco como jefe de Estado y le otorgó el poder para nombrar sucesores y dictar leyes. Otra Ley importante fue la Ley de Ordenación del Trabajo, promulgada en 1945. Esta Ley establecía las condiciones de trabajo de los trabajadores, así como el salario mínimo y los derechos laborales. La Ley de Víctimas del Franquismo fue una de las leyes más polémicas, ya que establecía el derecho de los ciudadanos a ser indemnizados por los actos cometidos durante el régimen de Franco. Además, se promulgó la Ley de Prensa, que establecía las reglas y condiciones para publicar prensa en España. Esta Ley también prohibió la publicación de contenido que se consideraba ofensivo al régimen. Durante el mandato de Franco, se promulgó una serie de leyes que afectaron la vida de los españoles. Estas leyes seguían los principios de Franco de mantener el control sobre el país. El franquismo fue un régimen dictatorial que gobernó España entre 1939 y 1975. Durante este período, el general Francisco Franco fue el Caudillo de España. El franquismo propuso una versión autoritaria del nacionalcatolicismo. Para Franco, el nacionalcatolicismo era una forma de vida y una ideología que integraba la religión, la cultura y el Estado. Esta ideología tenía como objetivo crear una España unida, homogénea, conservadora y autoritaria. El franquismo fue un régimen autoritario que suprimió la libertad de expresión, las libertades civiles y los derechos políticos. Se estableció un sistema de vigilancia para controlar a los ciudadanos. Se crearon leyes para controlar los medios de comunicación y se prohibió la prensa libre. Se limitaron las libertades de culto y, en su lugar, se promovió la religión católica como la única religión oficial del Estado. El origen del término Movimiento Nacional se sitúa en los primeros años de la dictadura franquista. Con el cambio de rumbo de la Segunda Guerra Mundial, Franco se empezó a distanciar de las potencias fascistas. En septiembre de 1943, dio órdenes para que, en adelante, desde los medios oficiales se refiriesen a la Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS) como un «movimiento» y no como un partido. Así pues, en adelante se denominó de forma genérica «Movimiento Nacional» al conjunto de organismos y mecanismos que componían el régimen franquista. Conocido habitualmente como Falange Española de las JONS y, de forma abreviada, FE de las JONS o FE-JONS, fue un partido político español que compartía la ideología fascista y nacionalsindicalista, resultado de la fusión el 15 de febrero de 1934 de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma Ramos con la Falange Española (FE) de José Antonio Primo de Rivera. En el periodo de la II República, jugó un importante papel en el desarrollo de los acontecimientos que condujeron a la Guerra Civil. Nace apoyada por las fuerzas reaccionarias y partidos de la derecha que la utilizan como fuerza de choque. No consiguió un apoyo popular significativo; pero sus frecuentes razias y enfrentamientos con los grupos más radicales de la izquierda, principalmente con las organizaciones juveniles, sus actos violentos y asesinatos contribuyeron a crear un clima de inseguridad y violencia propicio para las intentonas militares.Con el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, las juventudes de las formaciones de la derecha, principalmente de la CEDA, considerando que la «moderación» de sus partidos no había frenado a la izquierda, pasaron a engrosar sus filas y se multiplicaron sus acciones violentas, creando una situación de inestabilidad que, amplificada por medios de comunicación y políticos de la derecha, proporcionó una buena cobertura a los conspiradores. Joan Maria Thomàs define al partido como «un auténtico movimiento fascista, antiizquierdista, antiliberal, antidemocrático, antiseparatista.., pero también anticonservador y que pretendía crear un movimiento de masas y captar al menos a una parte de las "masas" enemigas..., comenzando por las anarcosindicalistas (consideradas erróneamente como las más "españolas") o haciendo guiños al líder socialista al que consideraba más patriota, Indalecio Prieto» La Falange, a través de su entonces líder y cofundador, José Antonio Primo de Rivera, participó en las diferentes conspiraciones e intentonas militares que se produjeron para derrocar a la República. En los últimos meses, ya en marcha la conspiración que llevaría al levantamiento, con la Falange virtualmente excluida, Primo de Rivera se mueve activamente intentando que esta juegue un papel más determinante. En contacto con los conspiradores desde la cárcel de Alicante, donde se encontraba preso, alternó comunicados rogando una pronta sublevación, con condiciones para sumarse a la conspiración, condiciones que los militares no atendieron. Finalmente, un comunicado del día 17 de julio llamaba a sus organizaciones a sumarse al golpe, aceptando un papel auxiliar. En el transcurso de la Guerra Civil, la Falange combatió en el frente bajo el mando militar de los sublevados y en la retaguardia asumió tareas represivas, practicando paseos y fusilamientos. En 1937, Franco, ya Generalísimo de los ejércitos y proclamado Jefe del Estado español, buscaba una organización que le permitiera hacerse también con el poder político y perpetuar su liderazgo una vez acabada la guerra. Aprovechando las luchas y enfrentamientos en su cúpula, decretó su unificación con el movimiento carlista, formando así Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS), pasando a erigirse en su jefe supremo. Dicho lo cual, damos por terminada esta redacción. ---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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