ENSAYO, La comprensión del lenguaje.
Es una verdadera obligación empezar, si se quiere abordar la comunicación oral, metiéndonos con el lenguaje, con la relación entre pensamiento y lenguaje y, finalmente, con la Psicología del lenguaje. Así, pues, agarrándonos a estar tres premisas como a un clavo ardiendo, diremos de estas tres lo siguiente: El lenguaje es un concepto que no tiene una definición precisa y unívoca. No obstante, existen una serie de rasgos e ideas a partir de los cuales podemos intentar una: el lenguaje es un sistema de comunicación basado en el uso de símbolos vocales arbitrarios que permite expresar los pensamientos y las emociones. El lenguaje, por tanto, se refiere a la utilización de determinados sonidos vocales para expresar determinados contenidos; la relación entre los sonidos y los contenidos que expresan es arbitraria, es decir, no hay ningún tipo de relación o semejanza entre ambos. Asimismo, de esta definición de lenguaje, surge una concepción dual del mismo, que fue ya resaltada por el lingüista Edward Sapir, como fruto de la unión entre unos medios simbólicos y unas funciones comunicativas. Los medios simbólicos resaltan cómo al lenguaje le subyace una capacidad simbólica, de abstracción, que lo relaciona con el pensamiento y que le permite expresar la cognición en su conjunto, es decir los pensamientos, deseos y emociones. Su función comunicativa resalta, por su parte, el carácter del lenguaje como herramienta básica en la cooperación e interacción social. Existen dos características básicas del lenguaje que resaltan su importancia, su carácter único. En primer lugar, el lenguaje es específicamente humano, no sólo por las habilidades vocales, sino por su complejidad estructural y, especialmente, por las capacidades mentales, simbólicas, que le subyacen. En segundo lugar, cualquier persona física y psicológicamente normal adquiere durante la infancia, sin especial instrucción, el lenguaje propio de la comunidad en la que se cría y en el que le hablan los adultos que le rodean. En principio, los niños adquieren un solo lenguaje, pero cuando están expuestos cotidianamente a más de un lenguaje pueden adquirir de forma simultánea dos lenguajes y convertirse así en bilingües. El fenómeno del bilingüismo es, por tanto, aunque bastante inusual, completamente normal. El lenguaje es objeto de estudio por parte de la lingüística que tradicionalmente ha dividido el campo de estudio en tres niveles de disciplinas principales, mutuamente interrelacionadas: la fonética y la fonología, la gramática y la semántica. La fonética y la fonología se ocupan del estudio de los sonidos del habla, aunque desde dos puntos de vista diferentes: la fonética se centra en los aspectos físicos, acústicos, de los sonidos y en la fisiología del sistema articulatorio humano; la fonología analiza los sonidos del habla centrándose más en su capacidad expresiva dentro del lenguaje, lo que permite, por ejemplo, clasificar y reconocer como un mismo fonema a sonidos que desde el punto de vista físico, de la acústica, son claramente diferentes. La gramática, por su parte, se centra ya en un nivel superior al de los sonidos y las sílabas, analizando la formación de las palabras y las relaciones que se producen entre ellas para formar las oraciones. La gramática incluye dos disciplinas diferentes: la morfología, que se ocupa de la estructura interna de las palabras, y la sintaxis, que estudia la estructura de las palabras en las oraciones. Por último, el campo de estudio de la semántica tiene por objeto el significado que conlleva cualquier expresión lingüística y que, al ser verbalizado, se trata de transmitir. Una disciplina muy cercana a las anteriores, desde la que se han realizado aportaciones importantes al estudio del lenguaje que tienen gran importancia psicológica es la pragmática. La pragmática analiza el lenguaje desde la perspectiva de las personas que lo utilizan; así, la pragmática, más que analizar el significado de las palabras y las oraciones -que es algo que estudia la semántica-, lo que se propone es analizar lo que quieren decir los hablantes cuando verbalizan tales expresiones. Al ser el lenguaje un producto específico de la mente humana con unas funciones psicosociales tan centrales, no resulta extraño que su estudio sea muy importante para la psicología. Uno de los campos de estudio de interés conjunto para los lingüistas y los psicólogos es el del desarrollo y adquisición del lenguaje. En este sentido las investigaciones realizadas tratan de averiguar cómo es posible que, en un período de tiempo tan corto como el que va del nacimiento a los 4-5 años, los seres humanos sean capaces de conseguir el dominio de las habilidades básicas de comprensión y producción lingüística. La explicación de esta hazaña intelectual no es un asunto fácil ni sencillo, como lo prueba la existencia de diferentes posiciones teóricas que debaten vivamente el asunto. En principio, tradicionalmente se ha resaltado la naturaleza social del lenguaje, entendida como la capacidad lingüística para comunicarse entre los seres humanos que permite el desarrollo de organizaciones sociales, cada vez más complejas. Este carácter social del lenguaje ha sido también resaltado en lo que se refiere a sus orígenes tanto filogenéticos como ontogénicos. Así, el lenguaje es considerado como una invención social, cultural, fruto de la aplicación de unas capacidades cognitivas generales al campo comunicativo. Además, aunque se postula la existencia de algunos rasgos peculiares del aprendizaje de la lengua, debidos a la maduración biológica, como la existencia de períodos críticos o sensibles, su adquisición se realizaría en forma semejante a como se producen otros tipos de aprendizajes cognitivos, en interacción con el habla de los adultos. Según este enfoque de la socialización, en la adquisición del lenguaje además de la capacidad cognitiva de representación, existirían otros dos requisitos previos de carácter general que actuarían conjuntamente: la imitación por parte de los niños del lenguaje producido por los adultos con los que interaccionan, y la estimulación lingüística que reciben de sus padres o cuidadores. Esta concepción clásica sobre el origen del lenguaje ha sido puesta en cuestión por las aportaciones de la lingüística y ciencia cognitiva actuales, a partir del trabajo de Noam Chomsky. Así, desde estas nuevas concepciones se mantiene que el lenguaje responde a una facultad, órgano mental específico, o módulo, con dos características principales: su naturaleza innata, al estar impresa en los circuitos neurológicos de nuestro cerebro y ser, por tanto, transmisible a través de la herencia genética de la especie; y su funcionamiento encapsulado, es decir, independiente de otros procesos cognitivos. De esta manera se explicaría que entre los doce meses y los tres o cuatro años, aproximadamente, los niños sean capaces de pasar de la ausencia total de lenguaje a un dominio del mismo que les permite comprender y producir expresiones lingüísticas complejas que nunca han oído anteriormente. El argumento principal, según este enfoque, a favor de esta concepción innata sobre la adquisición del lenguaje es la llamada pobreza del estímulo: existe una profunda discrepancia entre el conocimiento lingüístico que muestran los niños pequeños y la relativamente poca experiencia lingüística que les proporciona el medio en el que viven. La fuerza de este argumento, que niega la importancia de la estimulación lingüística en la adquisición del lenguaje, es puesta en entredicho por los enfoques teóricos clásicos que consideran la adquisición del lenguaje como fruto de un proceso de socialización, y resaltan el papel activo de los adultos. Asimismo la posición innatista sobre la adquisición del lenguaje ha sido desafiada recientemente desde un nuevo enfoque teórico en la ciencia cognitiva, el conexionismo. La capacidad para simular la adquisición de determinadas capacidades gramaticales y léxicas del lenguaje, mostrada por las redes neuronales y los mecanismos de aprendizaje conexionistas, permite plantearse de forma parcialmente novedosa el debate entre las posiciones innatistas y sociocontextuales en la adquisición del lenguaje. Por otra parte, debe tenerse en cuenta la relación que existe entre pensamiento y lenguaje. Al respecto, la relación entre pensamiento y lenguaje es uno de los asuntos clásicos de la filosofía y la psicología a los que la investigación psicológica actual ha hecho aportaciones muy relevantes. El lenguaje es un sistema de comunicación que permite transmitir los contenidos cognitivos de la conciencia ya sean éstos pensamientos en sentido estricto (percepciones, ideas, recuerdos), como también los deseos, sentimientos y emociones. El lenguaje tiene, por tanto, una función cognitiva básica al ser el vehículo del pensamiento. El pensamiento, por tanto, puede verse afectado por la necesidad de expresarse en términos lingüísticos. Por otra parte, el lenguaje humano, como sistema arbitrario de símbolos, implica la utilización de unas capacidades simbólicas, cognitivas, sin las cuales no sería posible. El sustrato mental del lenguaje se pone de manifiesto de forma muy clara en los estudios sobre la comunicación en otras especies animales. Existen sistemas de comunicación muy elaborados, como el “lenguaje” de las abejas que les permite intercambiar mensajes que contienen información muy precisa sobre la distancia y dirección de una fuente de comida, pero que no son lenguajes en sentido estricto. En estas especies ni existe una mente, ni los sistemas de comunicación muestran las mismas características y complejidades que el humano. Especialmente relevantes para el asunto que nos ocupa son los notables estudios que, desde finales de los años sesenta, se han desarrollado tratando de enseñar sistemas lingüísticos no vocales, como el lenguaje de signos americano, a los primates no humanos, especialmente los chimpancés. Los resultados de estas investigaciones han mostrado la existencia de unas notables capacidades lingüísticas en los primates, al mismo tiempo que siguen existiendo dudas muy fundadas de que los lenguajes artificiales adquiridos los chimpancés sean equivalentes al lenguaje humano. En realidad, uno de los déficit fundamentales que subyace al lenguaje de los antropoides está en las propias limitaciones de sus habilidades simbólicas; la mente de estos primates, aunque muestra ya una cierta capacidad para aplicarse sobre sí misma, no logra sin embargo la total autorreflexividad de la mente humana. Ahora bien, las posiciones con respecto a las relaciones entre pensamiento y lenguaje no siempre han mantenido sus influencias mutuas, destacando la base cognitiva que subyace al lenguaje. El estudio de las relaciones entre ambos procesos ha llamado poderosamente la atención de los expertos, quienes han mantenido posiciones diversas y encontradas, lo que lo ha convertido en uno de los asuntos más interesantes de la psicología del siglo XX. A este respecto existen concepciones teóricas como la conductista que, al negar los procesos mentales internos, sostiene que el pensamiento es simplemente un lenguaje subvocal, sin interés para el estudio científico que debe centrarse únicamente en las conductas observables. Una posición claramente opuesta a la identificación del pensamiento con el lenguaje interior de las teorías conductistas es la sostenida actualmente desde las posiciones chomskianas que sostienen que el lenguaje es, fundamentalmente, independiente de otros procesos cognitivos. A este respecto la teoría de Fodor sobre la modularidad de la mente mantiene específicamente que el lenguaje es un proceso modular fruto de la actuación de un sistema cerebral específico y encapsulado, es decir, la comprensión del lenguaje se realizaría de forma independiente de los demás procesos cognitivos. La negación radical del pensamiento y su reducción a lenguaje interno mantenida por los conductistas es en la actualidad ampliamente rechazada, perro tuvo en su momento gran influencia en otras posiciones teóricas menos extremas, como la hipótesis del relativismo lingüístico defendida por el lingüista Edward Sapir y el antropólogo Benjamin Lee Whorf. Estos autores sostienen, a partir principalmente de las evidencias recogidas por la antropología lingüística en sus estudios de las lenguas de las culturas nativas de Norteamérica, que el lenguaje determina la forma en que se percibe y entiende el mundo y, por tanto, el pensamiento. Según esta hipótesis, centrada principalmente en las diferencias léxicas entre las lenguas, la estructura semántica de cada lenguaje determina la visión del mundo de los sujetos que lo hablan. Así, la existencia entre los esquimales de numerosos términos para referirse a los distintos tipos de nieve posibilita el que sean capaces de percibir diferencias que, entre nosotros, pasarían inadvertidas al no poseer una riqueza léxica semejante. De esta manera, según el relativismo lingüístico se llegaba a postular incluso la imposibilidad de traducción entre lenguas que fueran muy diferentes. Esta concepción ha sido rechazada por la investigación psicológica que ha mostrado que, más que ser el lenguaje el que determina la percepción que tenemos de la realidad, existen determinados factores perceptivo-cognitivos subyacentes universales que son los que influyen en la formación de las categorías conceptuales y lingüísticas; en otras palabras, existe una capacidad perceptiva universal entre los humanos que posibilita el establecimiento de las diferencias perceptivas de las que da cuenta el léxico de las lenguas esquimales. La hipótesis de que es el pensamiento el que determina e influencia al lenguaje, llamada, según Cromer, hipótesis cognitiva-fuerte, ha tenido gran importancia en la psicología y ha sido defendida en el estudio del desarrollo cognitivo por parte de Piaget y su escuela. Para Piaget el lenguaje es sólo una parte de un proceso mental más amplio que se produce en el desarrollo con la aparición de la función simbólica o semiótica, mediante la cual los niños a partir de los 18-24 meses son ya capaces de construir representaciones que les permiten la diferenciación entre significante y significado, necesaria para el uso del lenguaje. Ahora bien, esta capacidad simbólica y representacional, que se muestra también en otros campos diferentes como son la imitación sin la presencia del modelo, el juego simbólico, el dibujo y la formación de imágenes mentales, tiene su origen en los esquemas de la inteligencia sensoriomotriz que los niños han construido en su interacción con los objetos. Asimismo, según Piaget, las capacidades mentales más altas del ser humano: el pensamiento lógico que aparece ya en el periodo concreto y que se consolida y amplía en el formal, tiene también su origen, no en el lenguaje, sino en las estructuras intelectuales propias del estadio sensomotor. No obstante, posiciones como la de Piaget, defensoras de la hipótesis cognitiva fuerte, parecen minusvalorar el papel innegable que el lenguaje tiene en el pensamiento tal y como puso de manifiesto Vygotsky y su escuela. La teoría de Vygotsky sobre las relaciones entre pensamiento y lenguaje sostiene que ambos procesos tienen un origen independiente y que sus relaciones cambian a lo largo del desarrollo produciéndose una convergencia progresiva que llevará al pensamiento verbal. Vygotsky, a partir de una concepción del lenguaje basada en Sapir : fruto de la unión entre unos medios simbólicos y unas funciones comunicativas, subraya el componente social del lenguaje. Así, según este autor, el lenguaje tiene un origen social, externo, fruto de los intercambios comunicativos entre el niño y los adultos, y sólo más tarde merced a un proceso de internalización se convierte en individual e interno, confluyendo con el pensamiento. Además, Vygotsky sostiene de manera expresa el papel del lenguaje como herramienta del pensamiento al ayudar al sujeto a planear y resolver los problemas cognitivos, algo que ha sido confirmado en diferentes estudios. La concepción de Vygotski aporta, como vemos, tres ideas principales: que las relaciones entre pensamiento y lenguaje cambian a lo largo del desarrollo, que el origen del lenguaje está en los intercambios comunicativos prelingüísticos entre el bebé y los adultos y que el lenguaje es un instrumento del pensamiento que sirve de ayuda en la resolución de problemas. A partir de lo expuesto no resulta, por tanto, razonable mantener una hipótesis cognitiva fuerte que pone el acento sólo en la influencia del pensamiento sobre el lenguaje, sino que más bien necesario defender la llamada hipótesis cognitiva débil que subraya la influencia determinante del pensamiento sobre el lenguaje, pero reconoce también la influencia del lenguaje en el pensamiento. No nos queda más remedio que acudir a la Psicología del lenguaje. Ésta nos dice que las dos dos actividades básicas del lenguaje humano, tanto en su modalidad oral como escrita, son la comprensión y la producción. La comprensión comienza con el análisis perceptivo de los estímulos que llegan a nuestros sistemas sensoriales, que tiene como objetivo la identificación de las unidades lingüísticas básicas (fonemas y grafemas ). A la vez que estas unidades van siendo identificadas comienzan los procesos de reconocimiento de palabras, lo que supone acceder a un almacén de memoria en el que se encuentran representadas las palabras (léxico interno). Una vez reconocidas las palabras se hace necesario determinar la relación que cada palabra mantiene con las demás que forman una oración . Finalmente tiene lugar la extracción del mensaje de la oración y su integración con los conocimientos que se poseen. En la producción, el hablante o escritor comienza teniendo la intención de comunicar algo, para después planificar el mensaje que desea transmitir a otro, lo que supone la activación de algunos de sus conocimientos. El hablante o escritor selecciona la estructura sintáctica más adecuada al mensaje planificado y las palabras que mejor se ajustan a las características sintácticas y semánticas especificadas hasta el momento. La fase final consiste en ejecutar los programas motores que permiten producir los fonemas o los grafemas correspondientes a las palabras. El esquema de la producción que hemos esbozado se complica por el hecho de que el hablante escucha y comprende lo que produce, lo que afecta a lo que está diciendo o a lo que va a decir. En el reconocimiento de palabras se trata de emparejar el resultado del análisis perceptivo de la señal de entrada (visual o auditiva) con la información almacenada en la memoria (léxico interno). La percepción del habla comparte el análisis de las características físicas que se realiza con cualquier sonido, aunque presenta también rasgos diferenciales. El objetivo final de la percepción del habla es la categorización de los sonidos en fonemas; sin embargo, existen datos que llevarían a aceptar una forma atenuada de percepción categorial. El más importante de estos datos es el que indica que las propiedades acústicas de un fonema dependen de los fonemas que le preceden y que le siguen (coarticulación). La pronunciación de las palabras también varía en función de factores que pertenecen al nivel de la frase o del discurso, por ejemplo, los contornos entonativos afectan de manera importante a los valores acústicos de los fonemas y de las características distintivas. Existe un rasgo común que caracteriza a los sistemas lingüísticos: unos pocos elementos, gracias a unas reglas de combinación y a su relación arbitraria con la significación, son capaces de formar todos los mensajes de una lengua determinada y también de distinguir unos mensajes de otros. Un fonema es un sonido que contrasta con otro, de forma que determina la existencia de una palabra en una lengua (oposición fonológica). Los fonemas se definen por un conjunto de rasgos distintivos que son abstracciones o idealizaciones del contenido articulatorio y acústico de los fonemas. Muchos autores asumen que las palabras serían secuencias de fonemas definidos en términos de sus características distintivas, y estas características se extraerían de alguna forma de las ondas acústicas y se emparejarían con las formas léxicas almacenadas. Una cuestión fundamental intenta dilucidar si la identificación de las características fonéticas y de los fonemas se basa totalmente en claves dependientes del contexto (que, por tanto, varían) o si existen algunas claves invariantes que se utilizan en la identificación de unidades individuales. En este sentido, se ha sugerido que las variaciones en amplitud y en el tiempo de fonación proporcionan información sobre el acento, la entonación y los límites entre sílabas, de forma que esta información sirve de forma indirecta para reconocer los fonemas individuales. Los problemas que hemos considerado al tratar el fonema como unidad básica para el acceso al léxico, han impulsado a algunos autores a proponer la sílaba como vía de acceso al léxico. La sílaba es más restrictiva en español que en inglés; por otro lado, el número de estructuras silábicas en español es reducido (existen 19 estructuras diferentes), de forma que es más probable que la sílaba constituya en español la unidad preléxica funcional que sirve para acceder al léxico. Existe evidencia de que las palabras son activadas muy poco después del inicio de su emisión, como muestran distintas investigaciones, por lo que puede decirse que el proceso de reconocimiento sólo necesita para comenzar una descripción parcial de la entrada sensorial. En el apartado titulado Modelización del acceso al léxico en la modalidad auditiva, destacaremos que en este apartado presentaremos un modelo plausible del acceso al léxico en esta modalidad que cuenta con bastante apoyo empírico. En el modelo de Cohorte todos los candidatos léxicos (palabras) que comienzan por los fonemas definidos por los conjuntos de características distintivas que son identificados en la señal de entrada se activan de forma simultánea (en paralelo), pero los candidatos con mayor frecuencia de uso tendrían el nivel de activación más alto. Es evidente que es necesario un proceso que seleccione el mejor candidato del conjunto de palabras que ha sido activado inicialmente (proceso de selección). El reconocimiento tiene lugar fonema a fonema y cada fonema se reconoce de forma categórica. De esta forma, el reconocimiento de cada fonema determina la exclusión de todas las palabras que no tienen los fonemas ya reconocidos en la misma posición. Este proceso de selección continúa hasta que sólo permanece una palabra (punto de unicidad). Sin embargo, las personas pueden reconocer una palabra antes de su punto de unicidad si existe un contexto previo suficientemente restrictivo. Se reconoce de esta forma el papel del contexto semántico en el proceso de selección, pero no en la activación de los candidatos léxicos iniciales. El reconocimiento de las palabras es un medio para activar su significado en el sistema semántico. Por último, acerca de la percepción del lenguaje escrito recalcaremos que, desde hace más de un siglo se sabe que al leer nuestros ojos saltan a lo largo del texto (movimientos sacádicos) y que estos saltos van seguidos de períodos breves en los que los ojos permanecen estables en un punto del mismo (fijaciones). Durante los movimientos sacádicos la percepción queda interrumpida y, por tanto, la extracción de información sólo tendría lugar durante las fijaciones. En algunas ocasiones, se producen movimientos en el sentido contrario al de la lectura normal (movimientos regresivos). Los lectores emplean entre 200 y 250 milisegundos como media en cada fijación y durante un movimiento sacádico mueven sus ojos hacia delante unos 8 espacios (caracteres) aproximadamente. En la práctica, esto significa que hay palabras que no han recibido una fijación. Las palabras cortas (de 3 letras o menos; generalmente, las palabras de función) tienen una probabilidad mucho mayor de ser saltadas que las palabras largas (de 6 o más letras). Además, el 10-15% de las fijaciones suponen la relectura del texto. En torno al 83% del tiempo de las fijaciones se dedica a las palabras de contenido. El lector es capaz de identificar solamente la palabra que recibe la fijación actual. No obstante, si dos palabras cortas (o incluso tres palabras muy cortas) caen dentro del espacio de identificación, todas ellas serán probablemente identificadas. De igual forma, cuando un lector se fija en una palabra de contenido y una palabra corta de función sigue a la palabra de contenido, la palabra de función puede ser identificada sin una fijación directa. Otro dato relevante es que aun cuando la palabra a la derecha de la fijación no se identifique, sí se produce un procesamiento parcial (pre-procesamiento) de la misma antes de que el lector se fije en ella. Los lectores dirigen sus fijaciones de forma preferente entre el comienzo y la mitad de las palabras; esto se debería a que el comienzo de las palabras es más informativo, pero también está relacionado con la cantidad de información parcial obtenida en la fijación previa. Dónde mira un lector y cuándo hace un movimiento ocular son decisiones que se toman de forma independiente. Dónde mirar parece depender de la longitud de las palabras situadas a la derecha de la fijación. Sin embargo, el mover los ojos parece estar relacionado con la facilidad o dificultad asociada a la comprensión de la palabra actualmente fijada (que depende por ejemplo de su frecuencia de uso, de su grado de ajuste a las expectativas generadas por el contexto previo, etc.). Sin embargo, completando los razonamientos que nos traíamos entre manos, y tratando del Código de acceso en el reconocimiento visual de palabras, hemos de indicar que en el reconocimiento, una aproximación básica asume que un patrón dado debe descomponerse en rasgos que son comunes al conjunto de patrones que se intenta caracterizar. De esta forma, identificando las características primitivas se tienen las “piezas” necesarias para el reconocimiento. Aunque existen diferencias entre las fuentes (o tipos de letras), existe un conjunto de características que permite describir la caligrafía en español (líneas horizontales, líneas verticales, curvas abiertas, curvas cerradas, intersecciones, etc). Existe evidencia empírica que confirma el papel de estas características primitivas en la percepción visual y, se han identificado estructuras neurales que serían responsables de estos procesos de detección de características. La mayoría de los modelos de reconocimiento de palabras asumen el registro en paralelo de las características primitivas. A priori, parece que la unidad perceptiva en el reconocimiento de palabras en la modalidad escrita sería la letra. Sin embargo, se ha verificado experimentalmente que las personas pueden nombrar más rápidamente una letra cuando aparece en el contexto de una palabra que cuando aparece de forma aislada, lo que se conoce como efecto de superioridad de la palabra. Este efecto serviría de apoyo a otra perspectiva que asume que ante una palabra los sujetos pueden utilizar cualquier información disponible como la redundancia ortográfica y la información léxica para facilitar el procesamiento de letras. La cuestión relevante aquí no es si los sujetos tienen acceso a la información silábica, sino si utilizan esta información para acceder al léxico en el reconocimiento visual de palabras. Parece que el papel desempeñado por la sílaba en el reconocimiento visual de palabras depende de la definición de sus límites en la palabra. En español y en francés la definición de los límites silábicos es clara, mientras que en inglés es más ambigua. Ya hemos mencionado en el apartado dedicado al reconocimiento auditivo de palabras que la sílaba es una unidad fonológica más estable que el fonema, y sabemos también que el español tiene una ortografía transparente (correspondencia casi perfecta entre grafemas y fonemas), por lo que puede considerarse como una unidad (subléxica) en el reconocimiento visual de palabras. En español existe evidencia de que el papel de la sílaba consiste en activar un conjunto de candidatos léxicos alternativos para su posterior selección. De acuerdo con los datos que hemos esbozado hasta el momento, cuando leemos una palabra comienzan a funcionar los detectores de rasgos/características visuales. Éstos transmiten activación a las representaciones abstractas de las letras (grafemas) que poseen alguno de los rasgos que se han identificado, e inhibición a los que no poseen aquéllos rasgos. El mismo proceso se repite desde el nivel de los grafemas al nivel silábico y, por último, de éste al nivel de las palabras, donde se produciría finalmente el reconocimiento cuando una alternativa particular supera el umbral de reconocimiento. La Lectura de palabras nos lleva a pensar lo siguiente, tomando como referencia ahora el modelo de doble ruta. Una vez activada una palabra en el léxico visual, la fase siguiente es la activación o acceso al significado de dicha palabra, que estaría representado en el sistema semántico. Si el objetivo es la lectura en voz alta de una palabra, además de su comprensión, se produce la activación de la representación fonológica de la palabra (en el léxico fonológico de salida) desde el sistema semántico; después, de la forma superficial de los fonemas y, por último, entrarían en funcionamiento los procesos motores que permiten la pronunciación de la palabra (ruta directa y semántica). Una variante de esta ruta directa, supone pasar del léxico ortográfico de entrada al léxico de fonológico de salida, sin pasar por el sistema semántico (sin acceder al significado). Estas dos vías permiten leer todas las palabras para las que existe una representación léxica (es decir, que son conocidas). La ruta directa es sensible a la frecuencia de uso de las palabras. Nuestra habilidad para traducir patrones novedosos de letras (palabras desconocidas) y pseudopalabras en sonidos parece indicar que existe un medio de reconocer formas impresas ensamblando la pronunciación de una cadena de letras a través de la aplicación de reglas de correspondencia entre grafemas y fonemas. Esta ruta indirecta o fonológica de lectura sólo puede obtener una pronunciación fiable de las palabras cuando en éstas se da una relación predecible entre la ortografía y la fonología, como ocurre en castellano. En otras lenguas, como el inglés, existen numerosas palabras que no se ajustan a las reglas de correspondencia entre grafemas y fonemas (palabras irregulares). Esta vía de lectura supone que ante una palabra, después de aplicar las reglas de conversión de los grafemas en fonemas, se produciría su articulación en sonidos o su pronunciación interna (lectura en silencio). La ruta fonológica es sensible a la longitud de las palabras. El funcionamiento de las dos rutas no es independiente, de forma que en lectores normales ambas entrarían en juego ante una palabra escrita. La ruta visual es la dominante en los lectores adultos, mientras que la mediación fonológica aparece en las primeras etapas de desarrollo de la lectura. Tras lo cual, verteremos algunas ideas sobre la Comprensión de oraciones. Las relaciones entre las palabras configuran lo que entendemos por oración, que es el verdadero nivel del mensaje. En la comprensión de oraciones aparecen dos vías que conducen al significado oracional y que compiten entre sí. Una vía es directa (procesamiento léxico-inferencial) y permite a las personas inferir el significado proposicional a partir del conocimiento léxico-semántico y la información pragmática. Este componente es eficaz cuando las oraciones están limitadas por factores de plausibilidad, esto es, poseen una estructura sintáctico-semántica que da lugar a una única interpretación (por ejemplo: el hueso fue devorado por el perro). Una segunda vía es indirecta y supone el análisis sintáctico como condición para llegar al significado proposicional. Esta ruta es eficaz cuando el conocimiento léxico-semántico y la información pragmática no bastan para lograr una interpretación inequívoca de las oraciones (como ocurre con las oraciones semánticamente reversibles: el gato golpeó al perro). Podemos hablar de tres estadios en el procesamiento de las oraciones. El primero supone el análisis sintáctico de las oraciones y la segmentación de las mismas en constituyentes, así como la identificación de las funciones gramaticales que éstos desempeñan en la oración. En esta fase la información sintáctica sería prioritaria y en la misma operarían una serie de estrategias sintácticas (como los de Adjunción Mínima y de Cierre Tardío) que se aplican de forma automática para analizar las relaciones entre el predicado principal (verbo) y sus argumentos (complementos y constituyentes obligatorios). Otros tipos de relaciones (las llamadas relaciones secundarias), que incluyen los adjuntos, los sintagmas relacionados por conjunción o los modificadores, se analizan utilizando indicios estructurales y no estructurales. Existen otras posiciones teóricas que defienden la influencia de otros factores no estructurales (semánticos, pragmáticos) desde la etapa inicial del procesamiento de las oraciones. Un segundo estadio supone el análisis de la forma verbal para determinar las relaciones temáticas que lleva asociadas. En la entrada léxica de un verbo se especifica el contexto sintáctico en que puede aparecer dentro de una oración, es decir, su esquema de subcategorización (por ejemplo, cortar llevaría dos complementos, un sintagma nominal y un sintagma preposicional). La frecuencia relativa asociada a cada una de las estructuras de argumentos de un verbo es un factor que condiciona el procesamiento sintáctico. Adicionalmente, los verbos llevan asociadas ciertas propiedades semánticas en virtud de las relaciones que establecen con sus argumentos y de las restricciones que éstos deben cumplir. El tercer estadio sería el de la asignación temática a los constituyentes. El proceso de asignación temática es una forma de categorización rápida, en la que un rellenador (nombre candidato) se compara con un concepto (rol temático), de lo que resulta finalmente un juicio que posee un grado variable de certidumbre. Las categorías sintácticas están organizadas jerárquicamente y las relaciones definidas sobre estas estructuras jerárquicas –sujeto, objeto directo, etc.- desempeñan un papel crucial en la determinación de ciertos aspectos de la semántica oracional, como los roles temáticos y la correferencia. Sin embargo, las correspondencias entre los papeles gramaticales y los roles temáticos no son unívocas: ciertas diferencias sintácticas producen cambios en la asignación de los roles temáticos y, por tanto, causan diferencias en las condiciones de verdad (por ejemplo: activas vs. pasivas). Este proceso concluye en la elaboración de una representación proposicional, que incluiría la información sobre los aspectos más relevantes del enunciado y sobre las relaciones entre esos aspectos. Los procesos inferenciales suponen la inclusión de elementos informativos que no están presentes en el enunciado. La información implícita se añade a la representación del significado a partir del conocimiento que posee el sujeto del mundo (conocimiento sobre las situaciones, objetos, acciones, participantes, etc.). Sobre la Comprensión del texto/discurso está claro que, en la comprensión del texto/discurso (en adelante utilizaremos sólo el término “texto” para referirnos a estas dos nociones) no sólo es importante entender las palabras y las frases, también lo es la identificación de las relaciones entre las distintas partes del texto, así como las relaciones entre el texto y el conocimiento del mundo que posee el lector. En consecuencia, las personas perciben y representan el texto en su memoria como una estructura coherente, como un todo integrado. El nivel más superficial y pasajero representa la forma superficial del texto, y es básicamente una secuencia de palabras sintáctica, semántica y pragmáticamente interpretadas. El nivel microestructural de la organización de un texto está claramente relacionado con la continuidad de la referencia: la mención repetida de elementos y acciones de una proposición a otra. Este aspecto es el criterio más importante para la coherencia de un texto base. La forma en que la continuidad de la referencia se expresa lingüísticamente es la cohesión. Existen distintos procedimientos para asegurar la cohesión de un texto, estos son los llamados marcadores de cohesión: la recurrencia o repetición de expresiones, los elementos conectivos (aditivos y adversativos), los elementos conjuntivos (causales, temporales o continuativos), la correferencia, etc. La coherencia y la cohesión de la secuencia de oraciones que componen un texto dan lugar a la macroestructura del texto base. Las macroproposiciones se organizan en torno a una idea central o tema. El nivel macroestructural es el nivel de representación psicológica del texto. El proceso de elaboración de la macroestructura está guiado por una serie de operadores que sirven para relacionar las microproposiciones con ideas que captan su contenido esencial (macroproposiciones). La aplicación recursiva de estos operadores permite una mayor depuración y conduce a la reducción del texto base a una única macroproposición (tema). La construcción de la macroestructura también está guiada por nuestros conocimientos. Ningún texto es completamente explícito, sólo contiene información que se considera suficiente para que el lector construya, a partir de lo dado, una representación semántica integrada mediante el uso de inferencias que relacionan explícitamente unas proposiciones con otras (por medio de nexos temporales, espaciales, causales, etc.) y unos elementos de una proposición con los de otra descubriendo que son correferenciales. No existe una clasificación universalmente aceptada de los tipos de inferencias cognitivas que los sujetos realizan y, en general, se ha optado por una clasificación elemental que distingue entre inferencias necesarias y optativas (elaborativas). Parece que las personas construimos finalmente una representación, dependiente del contexto, que integra las representaciones elaboradas a partir del texto y las que inferimos, en virtud de nuestro conocimiento previo, en un modelo mental o de la situación. Los modelos mentales tienen como propiedad la transparencia semántica: los modelos mentales como entidades o constructos que hacen referencia a cosas del mundo son representaciones y ellos mismos proporcionan una interpretación a las expresiones del lenguaje natural. Por otro lado, se actualizan constantemente en el curso del procesamiento (requieren el uso del conocimiento del mundo) y tienen, por tanto, un carácter dinámico. Así, hemos llegado a la Producción del lenguaje. Pueden establecerse tres grupos de operaciones que los sujetos llevan a cabo en la producción del lenguaje: (1) la determinación del contenido o conceptualización, en el que los condicionantes son las intenciones, el nivel de conocimientos, el contexto lingüístico previo o la situación; (2) la selección léxica y el establecimiento de la forma sintáctica (formulación), y (3) la codificación fonológica. Cada uno de estos procesos pueden darse en paralelo y de forma contingente. Lo único que necesitaría un módulo inferior para empezar a funcionar sería disponer de alguna parte o fragmento del nivel superior. En el ámbito de la producción se ha empleado fundamentalmente la metodología observacional y existen tres fuentes de datos para la construcción y validación de los modelos de esta actividad: 1) los patrones temporales del habla (pausas, vacilaciones, tenerlo en la “punta de la lengua”); 2) los errores espontáneos del habla, y 3) las alteraciones patológicas del habla (sobre todo las afasias ). Sacamos una representación del esquema del modelo de producción de Levelt (1989) que presenta, además de otras características, dos rasgos importantes: (1) se reconoce el carácter central del proceso de formulación, que permite transformar el mensaje preverbal en un plan fonético o habla interna que será, a su vez, la entrada de la transducción motora (articulador), y (2) en el Léxico se establece la distinción entre dos tipos de unidades que hacen referencia a las propiedades semántico-sintácticas (lemmas ) y morfo-fonológicas (lexemas ). En cuanto a La codificación gramatical hemos de apuntar que, la planificación, gramatical o fonológica, abarca unidades más amplias que la palabra o el fonema. La existencia de errores contextuales (por ejemplo: “Con samor a jabón” por “Con sabor a jamón”) proporciona una prueba de que esto es así. La planificación de estas unidades no se produce estrictamente en paralelo, sino que sigue un procedimiento en cascada. Algunos autores distinguen entre dos niveles generales denominados macroplanificación y microplanificación, respectivamente. El nivel de macroplanificación corresponde a la organización del discurso en ideas y responde a criterios semánticos. Los procesos de macroplanificación operan sobre unidades supraoracionales (sin límites definidos). La microplanificación supone una planificación del discurso en unidades más reducidas y según criterios gramaticales de organización. Los candidatos más adecuados como unidades de planificación a este nivel son la cláusula finita (oración completa con un verbo conjugado) y la cláusula básica (son oraciones cuyo predicado puede ser cualquier forma verbal, conjugada o no). El formulador opera sobre las representaciones que le suministra el conceptualizador, por lo que no se puede negar su dependencia de éste. Sin embargo, los errores espontáneos muy rara vez alteran la buena forma sintáctica del enunciado, lo que prueba la mutua autonomía del conceptualizador y del formulador. Los modelos de codificación gramatical distinguen dos niveles de representación y procesamiento sintácticos: el nivel funcional y el nivel posicional. En el modelo de Bock y Levelt (1994) se mantiene también esa distinción y se desarrollan algunos de los componentes del modelo de Garrett. Por otra parte, se llama complemento a lo que se añade a otra cosa para hacerla íntegra o perfecta. En el nivel funcional tienen lugar las siguientes operaciones: 1) los conceptos léxicos activan los lemmas (representaciones léxicas que contienen información categorial y sintáctica de las palabras), lo que constituye el proceso de selección léxica; 2) al mismo tiempo, entran en funcionamiento operaciones de construcción del marco sintáctico del enunciado, que incluye las funciones sintácticas (sujeto, objeto directo, etc.) que se asignan a los roles temáticos del mensaje. El nivel posicional incluye dos tipos de operaciones: 1) la recuperación de las formas léxicas (lexemas) a partir de los lemmas seleccionados, y 2) la construcción de la estructura de constituyentes (en la que los elementos están ordenados y aparecen las relaciones de dependencia) y la asignación de sufijos y partículas gramaticales que marcan las propiedades morfológicas de las palabras (número, género, persona, etc.). Pasando ya al Procesamiento léxico, losprocesos de selección léxica pueden caracterizarse en forma de una red de representaciones interrelacionadas dispuestas en tres niveles: • Nivel conceptual: incluye información sobre los rasgos semánticos de conceptos lexicalizables en una lengua. • Nivel sintáctico: información sobre la categoría gramatical de la palabra y sobre rasgos gramaticales como el género y el número (pronombres, nombres y adjetivos), o el tiempo, la persona y el número (en los verbos), además de la información sobre la subcategorización. Las representaciones léxicas de este nivel se denominan lemmas. • Nivel morfofonológico: constituido por representaciones denominadas lexemas. Representa la forma morfológica y fonológica de la palabra (marcas gramaticales: por ejemplo, la marca de femenino, o la desinencia verbal), es decir, la información sobre la composición fonológica de la palabra, su estructura silábica y su patrón acentual. La activación de la información fonológica de los lexemas pone en marcha los procesos de codificación fonológica, que tienen el cometido de construir una representación de la secuencia de segmentos fonéticos de las palabras para su posterior articulación. Sobre la Escritura de palabras, aunque existen reglas ortográficas bien definidas en castellano, nuestra lengua presenta una elevada arbitrariedad en lo que se refiere a la escritura (algunos fonemas pueden representarse a través de diferentes grafemas). Esto hace que algunas palabras sólo puedan ser escritas correctamente si poseemos una representación ortográfica de ellas. Como en el caso de la lectura, también existen dos rutas que hacen posible la escritura de todas las palabras. La ruta léxica para escribir todas las palabras de ortografía arbitraria (marcada como A) y la fonológica (marcada como B) para las palabras desconocidas. La vía más frecuente para llegar a la escritura desde la palabra hablada (dictado) es la que supone el paso por el sistema semántico desde el léxico fonológico auditivo, la activación de la forma ortográfica de la palabra en el léxico ortográfico de salida y la recuperación de los grafemas que corresponden a la palabra en el registro grafémico. A veces, no es necesario el paso por el sistema semántico, por lo que pasamos directamente del léxico auditivo al léxico ortográfico de salida (escribimos al dictado sin entender las palabras). Las dos vías que hemos mencionado hasta ahora se emplearían cuando las palabras son frecuentes. Si tenemos que escribir al dictado una palabra desconocida o una pseudopalabra empleamos una vía indirecta que supone, tras el análisis perceptivo, la conversión acústico-fonética y la conversión de los fonemas en grafemas. La copia es otra forma de escritura que supone pasar desde el análisis visual al léxico ortográfico y de aquí al sistema semántico. A partir del significado se recuperaría la forma ortográfica de la palabra y los grafemas correspondientes a la palabra. Como antes, también existe la posibilidad de no acceder al sistema semántico, de esta forma podemos reproducir lo escrito sin entender lo que copiamos (del léxico visual de entrada al léxico ortográfico de salida o del léxico visual al fonológico y de éste al ortográfico). Nuestra habilidad para copiar palabras desconocidas y pseudopalabras indica que existe otra vía posible. Esta nueva vía supone la identificación de los grafemas, la conversión de grafemas en fonemas y la conversión de fonemas en grafemas. Por supuesto, no estamos tratando del autismo. Ahora pasaremos a la Codificación fonológica. Las unidades que representan los sonidos del habla (fonemas) deben coordinarse en estructuras fonoprosódicas (especifican clases de propiedades relevantes para la producción de mensajes hablados). El resultado de este proceso es un plan fonético, que contiene una especificación de los fonemas que han de articularse organizados en unidades métricas (sílabas) y de acuerdo con un patrón de distribución de acentos. Además se especifican la velocidad de articulación, el volumen de la voz o el perfil de entonación del mensaje. Los procesos de codificación fonológica constituyen un sistema jerárquico organizado en niveles superpuestos. El primer nivel abarca normalmente varias palabras o sintagmas y refleja las propiedades suprasegmentales del enunciado (acento y elementos que componen la entonación) que dependen no sólo de la estructura sintáctica sino también de factores de orden pragmático (considérese por ejemplo la diferencia entre un enunciado literal y uno irónico). En los siguientes niveles se especifica la organización jerárquica (silábica) de las unidades secuenciales, las unidades temporales de la cadena hablada y el contenido fonémico de cada palabra. En los procesos de codificación fonológica operan, además de una serie de restricciones generales de carácter probabilístico, otras restricciones de carácter específico. De forma muy general puede decirse que, una vez formado el plan fonético, el procesador accede a esquemas de gestos articulatorios que corresponden a las sílabas de cada palabra y se produce la articulación de las mismas. Existen distintos modelos de la codificación fonológica entre los que cabe destacar el de Levelt (1992) y el de activación interactiva de Dell. No podemos olvidar los Procesos motores en el habla y en la escritura. Entonces en la producción del habla tras la formación del plan fonético, los fonemas son almacenados temporalmente en un almacén a corto plazo (de capacidad limitada), mientras se elaboran las órdenes articulatorias que darán lugar a su emisión. Para que entren en juego los procesos motores es necesario que se especifiquen los rasgos articulatorios que se van a producir. Cada fonema o cada sílaba tiene establecido un código automatizado que produce las órdenes neurales que producen el movimiento de los elementos que intervienen en la fonación (lengua, labios, etc). En el caso de la escritura, una vez seleccionados los grafemas, se almacenan temporalmente en un almacén a corto plazo. Para recuperar las distintas formas de las letras (alógrafos) se accede a un almacén que contiene esas variantes, y posteriormente entran en funcionamiento los programas motores en los que se encuentran especificados los movimientos que permiten trazar cada letra. En otro sentido, la voz es un accidente gramatical que expresa si el sujeto del verbo es agente o paciente. De este modo, planteamos el último de los puntos: Sistema semántico: el problema del acceso al significado de las palabras. En el sistema semántico está representado lo que las personas conocen sobre los objetos, sus relaciones y sobre las relaciones entre los hechos o eventos del mundo real. Puede asumirse que los significados de las palabras se descomponen en componentes separados o características, de forma que el significado básico de cualquier item léxico estaría especificado por un conjunto independiente de características semánticas. Así, cuantas más características comparten un conjunto de palabras, mayor será su grado de relación semántica. Cuando una característica sirve para establecer una distinción entre palabras (por ejemplo, el rasgo animado), se asume que este rasgo se aprenderá una vez y se aplicará correctamente entre las distintas categorías. También se hipotetiza que las características semánticas elegidas estarán basadas en rasgos semánticos universales y, por tanto, serán representativas de los atributos del sistema conceptual. Lo que resulta crucial para la teoría de los rasgos semánticos son las características críticas por las que las palabras son semejantes o diferentes. Los nombres se caracterizan por un conjunto básico de características: Común, Contable, Animado, Humano, Abstracto. La característica Contable se refiere a la propiedad gramatical de la pluralización; así los nombres +contables (perro-perros) pueden tomar la forma plural, pero no los nombres -contables (honestidad-*honestidades). El rasgo Común se refiere a la individualidad del nombre y es parecido a la distinción entre nombres propios y comunes, aunque también tiene que ver con la colocación de los determinantes (Egipto-*el Egipto-*un Egipto). De esta forma cualquier nombre puede definirse en términos de sus características semánticas y, además es fácil establecer posibles clasificaciones basadas en una determinada característica (por ejemplo, los nombres que son +animados). La idea que subyace a tal clasificación de las palabras basada en características es que los marcadores gramaticales (por ejemplo, nombre) y los marcadores semánticos (como animado) señalan lo que es regular y sistemático en el lenguaje. Sin embargo, las características idiosincráticas de los significados de las palabras deberían marcarse de una forma individual, ya que varían de palabra a palabra. Por otra parte, la Prosodia es la parte de la gramática, que enseña la recta pronunciación y acentuación. Lo referido hasta ahora justifica la existencia de un conjunto de reglas que sirvan para combinar items léxicos de forma que esta secuencia se corresponda con una secuencia gramatical del lenguaje. Con la introducción de las características como rasgos definitorios esenciales de los nombres, se consigue una descripción formal de la manera en que los nombres y los verbos co-ocurren, ya que podemos definir los verbos con respecto a los nombres con los que aparecen en las frases (subcategorización verbal). La aplicación de esta teoría en la delimitación del significado puede ejemplificarse si tomamos un verbo complejo como prestar y lo descomponemos en dos características: posesión temporal y transferencia. De igual forma, cuando se consideran algunos pares de palabras, sólo difieren en una característica (por ejemplo, presente-ausente difieren en una característica que podemos llamar negatividad; enseñar- aprender difieren en una característica de causalidad). Por otra parte, la lingüística es la ciencia del lenguaje. La Lingüística aplicada es la rama de los estudios lingüísticos que, desde supuestos teóricos diversos, se ocupa de los problemas que el lenguaje plantea como medio de relación social, especialmente de los que se refieren a la enseñanza de idiomas. Por su parte, la Lingüística evolutiva es la lingüística diacrónica. Por último, la Lingüística general es el estudio del lenguaje que se ocupa de métodos de investigación y de cuestiones comunes a las diversas lenguas. La noción de rasgo o característica cobra mayor sentido en los modelos de prototipos y de redes y, el concepto de subcategorización verbal encuentra su lugar en la semántica composicional. La tipicidad es un factor importante en la organización de los conceptos en la memoria semántica. Las categorías semánticas se explican mejor a través de un tipo de gradación de la membrecía. Rosch explicó que las clases naturales se forman en torno a un miembro prototípico, un ejemplar que tiene el mejor conjunto de atributos que caracterizan una clase. Algunos miembros de una clase son más centrales, ya que comparten la mayoría de los atributos relevantes; otros, sin embargo, son más periféricos, puesto que sólo tienen uno o varios de los atributos. Los miembros más prototípicos de una categoría son aquellos que comparten la mayoría de los atributos con otros miembros de la categoría y tienen poco en común con los miembros de otra categoría. En vez de un conjunto absoluto de características necesarias que definen un concepto, la teoría propone que prestamos atención de una instancia dada de ese concepto. Las categorías semánticas tienen una estructura interna que no puede definirse en términos absolutos o jerárquicos, simplemente algunos ejemplares son más típicos que otros. La teoría prototípica da respuesta al problema del carácter borroso de la membrecía categorial y al hecho de que algunos items sean más representativos que otros. Esto no significa, sin embargo, que la teoría de conjuntos borrosos pueda explicar la situación de los ejemplares de una categoría natural en sus distintos niveles. Los atributos de una categoría están directamente relacionados con la tipicidad, en el sentido de que cuanto mayor es el solapamiento mayor es la tipicidad. De hecho, las propiedades de las categorías naturales tienden a formar agrupaciones. La actividad cognitiva que aparece en las líneas anteriores se refleja en los principios básicos que subyacen a la formación de las categorías básicas. Rosch señala que el principio de economía cognitiva permite muchas propiedades (tantas como sea posible) sean predecibles conociendo cualquier propiedad. Esto reduce las diferencias entre los estímulos a proporciones manejables. El segundo principio tiene que ver con la estructura percibida del mundo, en el sentido de que los objetos del mundo se perciben de forma que tienen una estructura correlacional. Los prototipos serían los miembros de una categoría que mejor reflejan la estructura redundante de las relaciones entre los atributos que caracterizan la categoría. Estos dos principios básicos de la categorización subyacen al proceso de abstracción categorial y a la forma en que se construye la estructura interna de una categoría. Cada categoría formaría parte de una taxonomía; por tanto, cada palabra pertenecería a una red de palabras. De esta forma, el significado de una palabra vendría dado por sus relaciones con todas las otras palabras en la red. Collins y Quillian pusieron en marcha un paradigma de investigación (verificación de enunciados) con el propósito de entender cómo se relacionaban las palabras entre si en una red de relaciones y, cómo las distintas características de esas relaciones (definidas por la red) explicaban las diferencias en los tiempos de reacción El trabajo de Quillian era originalmente un intento de simular la búsqueda en la memoria en el proceso de comprensión. La memoria semántica se concebía como una red de nodos (conceptos) y enlaces, más o menos distantes, entre nodos. El significado de un concepto sería el subconjunto completo de la red que está conectado con el nodo (concepto) en cuestión. Las palabras estarían conectadas por un número determinado de relaciones, de forma que la más sencilla de éstas es la relación jerárquica: las palabras pueden ser subordinadas o superordenadas con respecto a otras. Esta organización jerárquica se refleja en cómo se accede a las palabras en la memoria semántica. El tamaño de la categoría y su inclusividad en la jerarquía es una característica importante en estos modelos en su intento de modelizar la memoria semántica. Collins y Quillians demostraron que los sujetos son más capaces de verificar frases que requieren la clasificación cuando la categoría es pequeña que cuando ésta es grande. La implicación de este resultado es que cuanto más haya que buscar en la red mayor tiempo llevará esta búsqueda. Algunos autores, utilizando otros paradigmas experimentales, han argumentado que la relación semántica o la familiaridad son factores más importantes que la inclusión o que el tamaño de la categoría y que un modelo basado en características es un modelo más adecuado que el de las redes categoriales. El modelo de redes más satisfactorio, ya que mejora las ideas originales de Quillian e incorpora distintos resultados experimentales sobre la memoria semántica, ha sido el modelo de difusión de la activación en el léxico interno. El supuesto básico del modelo es que la memoria semántica se organiza en función de la similitud (semántica). Las conexiones entre las palabras no sólo se definen en términos de subordinación o superordenación, sino también por lo típicas que son para una clase particular y por la tipicidad de la característica asociada con la palabra particular. En el modelo de difusión de la activación, la activación de una palabra se difunde a través de su red de palabras asociadas y es mayor cuando las palabras son asociados muy próximos y, menor cuanto menor es la fuerza de la relación como consecuencia de la distancia semántica. Cuando se procesa cualquier concepto , su activación se difunde a través de la red y su efecto decrece en función del tiempo y la distancia. Sobre la psicolingüística diremos que, esta disciplina científica (también llamada psicología del lenguaje) reúne en un único marco de estudio la psicología y la lingüística. Los primeros trabajos en psicolingüística se inician en el siglo XIX de la mano de algunos prestigiosos lingüistas; a partir del último tercio de siglo y a medida que la psicología científica se fue desarrollando, el estudio del lenguaje se inició también en el campo de la psicología, y comienza desarrollarse la psicología del lenguaje, que representa el intento de los psicólogos por aplicar al ámbito del funcionamiento lingüístico sus modos de concebir la psicología. En la medida en que han ido evolucionando ambas disciplinas, la psicolingüística ha ido cambiando su enmarque teórico; así, desde los primeros trabajos de los psicólogos introspeccionistas y asociacionistas hasta hoy, el modelo psicolingüista ha cambiado radicalmente. Un momento crítico en la historia de esta disciplina es el desarrollo convergente del funcionalismo mentalista, la lingüística generativa y las ciencias del cómputo. A partir de este punto, el objeto de la psicolingüística queda más claro: en primer lugar la explicación de la adquisición y la actividad lingüística (producción y comprensión del lenguaje), y, en segundo lugar, la elaboración de modelos sobre procesamiento lingüístico en base a los supuestos de los modelos chomskinianos y funcionalistas. Evidentemente, seguimos al pie de la letra la gramática generativa de Noam Chomsky, pero aún hay alguna cosa que aclarar desde el punto de vista de la psicología. En concreto, la comprensión del lenguaje hace referencia a la extracción del significado semántico de los mensajes transmitidos por medios lingüísticos; es decir, se refiere a los niveles más profundos del procesamiento del lenguaje, aunque por extensión se incluyan también los procesos superficiales, más cercanos a la entrada sensorial. La comprensión del lenguaje implica, por tanto, procesos psicológicos muy diversos que tienen como resultado la construcción de significado. A partir de los años setenta con la consolidación de las investigaciones en psicología y ciencia cognitiva, el estudio de la comprensión del lenguaje ha adquirido una gran relevancia, convirtiéndose en un campo de estudio paradigmático de las posibilidades de este nuevo enfoque multidisciplinar. De esta manera, el estudio de los procesos de comprensión lingüística es fruto de la estrecha colaboración entre concepciones e investigadores procedentes, principalmente, de campos como la lingüística, la psicología y la inteligencia artificial, reunidos todos ellos con el propósito de esclarecer un fenómeno de gran complejidad. Según las teorías cognitivas actuales, la comprensión del lenguaje se produce a partir de la interacción entre determinados procesos intermedios y tiene como resultado la construcción mediante inferencia de una representación mental que da cuenta del significado expresado en la expresión lingüística. Esta representación contiene un modelo mental situacional o referencial en el que se incluyen los objetos a los que se hace referencia en el mensaje. Veamos un ejemplo: “Los Menéndez de Llanes vieron los Picos de Europa mientras iban volando hacia Inglaterra”. La interpretación que hacen la mayor parte de las personas de esta frase consiste en inferir que “los Menéndez de Llanes” son una familia y que durante su viaje en avión a Inglaterra, a través de la ventanilla ven ese sector central de la cordillera cantábrica llamado “los Picos de Europa”. Este ejemplo nos permite ilustrar que el modelo mental que construimos al comprender una oración incluye un contexto situacional, en el que se explicitan los contenidos referenciales así, la construcción del modelo situacional de la frase anterior supone fundamentalmente resolver la referencia relativa a “los Menéndez de Llanes” y “los Picos de Europa”. Otro rasgo fundamental de la comprensión que se pone de manifiesto en la construcción del modelo situacionales que éste es fruto de la interacción entre la información lingüística y los conocimientos que aporta el sujeto. En nuestro ejemplo, la construcción del modelo situacional es posible a partir del conocimiento, socialmente determinado, de que los seres humanos pueden volar gracias a una máquina llamada avión, que es además un elemento fundamental del propio modelo. Ahora bien, la construcción de esa representación semántica que llamamos modelo situacional es el resultado de un complejo proceso de codificación y manipulación de la información, que incluye al menos tres grandes subprocesos intermedios de niveles diferentes: el reconocimiento de palabras y acceso léxico, el análisis sintáctico y el análisis semántico. El primero de estos procesos, el más cercano a la entrada sensorial, incluye la resolución de los aspectos perceptivos superficiales del mensaje, y supone identificar los distintos sonidos y fonemas que componen cada una de las palabras y acceder a una especie de diccionario mental en el que se almacena su significado. Mediante el segundo de estos procesos, a través de la actuación de un analizador sintáctico, se establecen las relaciones gramaticales entre las palabras dentro de cada oración, algo que resulta básico para establecer su significado. Por último, existe un nivel en el que se realiza el análisis semántico, es decir, se establecen las relaciones de significado entre las diferentes palabras que componen cada oración. La complejidad de la comprensión del discurso queda resaltada por el hecho de que cada uno de los procesos intermedios anteriores es el resultado, a su vez, de la aplicación de procesos y mecanismos cognitivos muy complejos. Además, está el problema de cómo interactúan entre sí estos tres principales procesos intermedios. Existen concepciones modulares que insisten en la idea en que cada uno de estos niveles es llevado a cabo por módulos diferentes que no intercambian información entre sí hasta que no alcanzan el resultado final de sus cómputos. Sin embargo, esto parece poco probable ya que, por diversas razones, es necesario postular una interacción más o menos pronunciada entre los diversos procesos intermedios. Así, si volvemos a nuestro ejemplo anterior, podemos comprobar que la frase en cuestión es ambigua, ya que, en principio, desde un punto de vista estrictamente sintáctico, no sabemos si los que vuelan son “los Méndez de Llanes” o “los Picos de Europa”. En este caso la resolución de la ambigüedad sintáctica se produce a partir del conocimiento semántico; es decir, de nuestro conocimiento de que los seres humanos pueden volar (en cierto sentido) y las montañas no el que nos permite decidir que el sujeto gramatical del “volar” es “los Menéndez de Llanes”. Además, debemos postular que estos procesos no sólo interactúan entre sí, sino que realizan su trabajo en paralelo; es decir, al contrario de lo que se podría suponer a partir de una comparación mecánica con el funcionamiento de los ordenadores, el funcionamiento de estos procesos intermedios no es secuencial, en serie, sino que cada uno de ellos comienza a realizar sus cómputos a partir del momento en que le llega alguna información, por parcial e incompleta que sea, realizando cada uno gran parte de su trabajo al mismo tiempo. Esta idea del procesamiento en paralelo es uno de los rasgos fundamentales de las de las teorías conexionistas o del procesamiento distribuido en paralelo y surge, entre otras razones, de la necesidad de explicar la rapidez con que se realizara una tarea como la comprensión de una oración compleja; si cada uno de los procesos tuviese que esperar el resultado final del proceso anterior para realizar su trabajo, el tiempo total dedicado excedería con mucho el que utilizamos los seres humanos en la resolución de tareas complejas. Como vemos, el sistema cognitivo humano trata de alcanzar una interpretación consistente de la entrada sensorial tan pronto como sea posible. Este rasgo general del funcionamiento cognitivo humano, que tiene notables ventajas adaptativas, se muestra de manera especialmente clara en la comprensión lingüística, donde ha sido llamado principio de inmediatez en la comprensión. El análisis del proceso de comprensión del lenguaje que hemos realizado está centrado en el discurso oral y se ha reducido a frases y oraciones simples; no obstante, con la inclusión de diversos matices podría servir también el discurso escrito. En este campo de la comprensión del lenguaje escrito se han estudiado los procesos de comprensión en unidades más amplias, analizando las características y peculiaridades que plantean los diversos tipos de propósitos. En este campo de la comprensión del lenguaje escrito se han estudiado los procesos de comprensión en unidades más amplias, analizando las características y peculiaridades que plantean los diversos tipos de propósitos y organizaciones textuales. Desde los años setenta se han producido importantes contribuciones, tanto teóricas como experimentales, que han permitido constatar que, además del nivel de representacional situacional, existe otro nivel de representación semántica del texto, más cercana a la información textual. Esta representación proposicional de las diversas ideas-unidad o proposiciones del texto, llamada microestructura por Kintsch y van Dijk, da cuenta en forma detallada de la información textual. A partir de la microestructura, mediante la selección de las proposiciones más importantes del texto y la elaboración de otras nuevas mediante generalización e integración de proposiciones, los lectores construyen la macroestructura de los textos. Estas macroestructuras tienen una gran importancia en la comprensión ya que facilitan la construcción de la representación situacional del texto, con la que están estrechamente relacionados. Asimismo se manifiestan en el recuerdo posterior de los contenidos del mismo, teniendo gran valor en las situaciones y contextos educativos. En la comprensión del discurso, tanto oral como escrito, se han resaltado las funciones que cumple la memoria operativa. En primer lugar, la memoria operativa es la fuente de los recursos cognitivos necesarios para realizar las complejas computaciones simbólicas que implica la comprensión del discurso en sus diferentes niveles. En segundo lugar, la interacción entre diversos subprocesos que intercambian información, proporcionándose entre sí los resultados parciales y finales de sus cómputos, es posible merced a la existencia de un almacén de trabajo o memoria operativa en el que se depositan los resultados parciales y finales de cada uno de los procesos. Por último, la memoria operativa permite conectar en forma coherente la información semántica proporcionada por oraciones sucesivas, agregando paulatinamente más información al modelo mental que construye el oyente o lector. Cabe destacar, por último, que los tres niveles de la comprensión a los que nos hemos referido son los tradicionales del estudio del lenguaje (fonética y fonología, gramática y semántica) que preceden a un nivel pragmático mediante el cual el oyente o lector de una expresión lingüística es capaz de establecer también lo que el hablante o escritor quiere decir, y no sólo lo que dice, algo que en algunas ocasiones es la parte más importante del mensaje. En otro sentido, la lectoescritura es el proceso por el cual un alumno aprende el proceso tanto de leer y tener la competencia de interpretar un texto como de escribir usando un alfabeto. El proceso de aprender a leer y escribir se logra mediante un sistema que abarca desde de los primeros pasos hasta el dominio o perfeccionamiento. Esto es, no basta con alcanzar los estudios llamados las primeras letras o primeros trazos; la lecto-escritura implica un proceso en el cual se transitan las etapas más o menos diferentes en las que se producen adquisiciones que tienen que ver con el descifrado, el trazo, la compresión, interpretación composición y redacción. Según Montoalegre, la lectoescritura es "una interrelación comunicativa donde dos habilidades del lenguaje, leer y escribir; no pueden estar la una sin la otra, estableciendo procesos de producción ya que tanto la escritura como la lectura hacen parte de tales procesos”. Por su parte, Charria señala que “El educando constituye el conocimiento con base en la experiencia en la interacción que lleva a cabo con el entorno, razón que conduce a afirmar que para buscar un mejoramiento de la calidad de la lectoescritura, el educador debe revisar un enfoque educativo para saber con qué teoría se pretende obtener nivel en el asunto que trata”. Es oportuno tener en cuenta que el aprendizaje está acompañado de teorías que sujetan el proceso de enseñanza-aprendizaje, así como su proceso fisiológico y evolutivo, que son factores indispensables. Parece claro que la escritura surge de la utilización de representaciones pictóricas para referirse a objetos, animales y acciones; posteriormente estos dibujos habrían pasado a referirse a las palabras que denominan los citados objetos dando lugar a sistemas de escritura llamados ideográficos. La escritura ideográfica es actualmente utilizada en lenguajes como el chino, en el que un simple ideograma puede representar una palabra completa y donde, a pesar del proceso de abstracción y estilización sufrido por los diversos ideogramas, todavía es posible reconocer en algunos casos el origen pictórico de los mismos. La escritura alfabética, es decir, aquella en la que se representan los sonidos componentes de una palabra (fonema) mediante el uso de un alfabeto compuesto por un conjunto de letras, vocales y consonantes, es un invento de los griegos, quienes continuaron los intentos anteriores de los fenicios, los cuales habían desarrollado ya una escritura silábica. La escritura alfabética se expendió posteriormente a otras lenguas como el latín y ha servido de base a la mayoría de los sistemas de escritura actuales. El proceso de lectura de los sistemas de escritura alfabéticos implica, por tanto, una descodificación de los sonidos del lenguaje que no incluyen los sistemas de escritura ideográfica en el que se accede directamente a las palabras a partir de los signos gráficos. Ahora, ya, se podría hablar por ejemplo de la gramática transformacional o generativa de Noam Chomsky. Este (Filadelfia, Estados Unidos, 1928) es uno de los pensadores más reconocidos en la actualidad. Su obra es extensa y multifacética: ha desarrollado teorías, estudios y conocimientos profundos tanto en el ámbito de la lingüística, la psicología del desarrollo, la filosofía y el análisis político. Se podrían resumir los aportes de Chomsky en la psicología del lenguaje. El popular intelectual estadounidense ha sembrado los cimientos de las líneas de investigación actuales en materia de ciencia cognitiva. Pero nuestro ensayo, si así fuera, tomaría otra dirección. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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