viernes, 5 de diciembre de 2025

ENSAYO, La Ilustración

La Ilustración fue un movimiento intelectual, filosófico y cultural que se desarrolló en Europa durante el siglo XVIII. Tuvo gran influencia sobre los procesos sociales y políticos de Europa y América hasta principios del siglo XIX. Este movimiento es conocido también como «iluminismo» porque consideraba que la razón era la luz que iluminaría el conocimiento humano para sacar a la humanidad de la ignorancia y de esta manera construir un mundo mejor. Por esta razón, el siglo XVIII suele ser llamado el «Siglo de las Luces». Las principales características de la Ilustración fueron las siguientes: • Se difundió entre burguesía y sectores de la aristocracia. Sus ideas se discutían en los salones organizados por señoras de clase alta donde se reunían filósofos, científicos, artistas, literatos, etc. Estos grupos se transformaron en grandes consumidores de libros. • Consideraba que el pensamiento racional era la única forma de acceder al conocimiento verdadero. Se llegaba a conocer el mundo a través del razonamiento, la observación y la experimentación. • Negaba cualquier forma de conocimiento que no procediera del análisis racional. Por eso, consideraba las creencias populares y la religión como meras supersticiones. • En un contexto en el que la categoría de las personas estaba determinada por su origen familiar, sostenía que todas las personas nacían iguales y tenían derechos naturales. • Creía en la posibilidad de progreso tanto material como moral de las sociedades a partir de los descubrimientos científicos y tecnológicos. Confiaba en que el conocimiento podía mejorar la vida de las personas y de las sociedades. • Cuestionó las monarquías absolutas y el principio de que el poder del rey provenía de Dios. Los principales antecedentes de la ilustración fueron: • Una tendencia sostenida desde comienzos del siglo XV a valorar el pensamiento humano como fuente del saber. • La difusión de dos corrientes filosóficas que tuvieron importante desarrollo en siglo XVII: el empirismo y el racionalismo. El empirismo sostenía la importancia de la observación y la experimentación para conocer los fenómenos y el racionalismo, el uso del razonamiento lógico. • El liberalismo inglés propuesto por John Locke, quien sostenía que la racionalidad era una característica natural de las personas y la función de los gobiernos era garantizar sus derechos naturales, es decir, la vida, la libertad, la igualdad y la propiedad. • La necesidad social de encontrar respuestas a las nuevas inquietudes e incertidumbres humanas que la religión y los gobiernos no podían explicar. Algunas consecuencias del pensamiento ilustrado fueron las siguientes: • Dio un fuerte impulso al desarrollo del método científico y de las ciencias como las conocemos en la actualidad. • Su cuestionamiento de los privilegios de sangre fueron los principios de la Revolución Francesa que terminó con la monarquía absolutista • En otras monarquías, como la española, los reyes practicaron un sistema llamado despotismo ilustrado. Si bien mantenían el absolutismo, adherían a los principios de la Ilustración y pretendían brindar a sus súbditos educación y medios para progresar. • La difusión de sus cuestionamientos al poder político vigente y de la idea de igualdad de las personas ante la ley fue una influencia importante para los criollos americanos. Esos fueron los principios que guiaron las revoluciones independentistas de las colonias europeas. • En Francia, los pensadores de la Ilustración crearon una enciclopedia para reunir y difundir todo el conocimiento. Esta publicación, llamada Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios, se fue completando a lo largo de los años y fue el antecedente de las actuales enciclopedias tanto materiales como virtuales. Algunos de los personajes destacados de la ilustración fueron: • Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu (1689-1755): filósofo francés. Escribió El espíritu de las leyes donde establecía el principio de la división de los poderes del Estado, en legislativo, ejecutivo y judicial. • François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire (1694-1778): escritor y pensador francés. Defensor de la libertad de pensamiento y de la razón sobre la religión. • Jean-Jacques Rousseau (1712-1778): escritor nacido en Suiza. Una de sus obras más importante es El Contrato Social en la que proponía que las personas nacen libres por naturaleza y, al aceptar una autoridad que gobierne, resignan parte de esa libertad por el bien general. • Denis Diderot (1713-1784): intelectual francés, autor de numerosas obras y promotor de la Enciclopedia. • Jean le Ronde D´Alembert (1717-1783): filósofo y matemático francés, impulsor del enciclopedismo. • Antoine-Laurent de Lavoisier (1743-1794): biólogo y químico francés. Se lo considera el iniciador de la química moderna. Señalaremos ahora que la Ilustración fue un movimiento cultural difundido en Europa a finales del siglo XVII y en el XVIII, centrado principalmente en Francia, basado en la confianza en la razón humana y en la noción de progreso histórico, moral y material; designa también el propio período histórico. Se caracterizó por el uso crítico de la razón en todos los aspectos de la vida intelectual, política y social, en especial por la crítica a los principios de autoridad y de tradición y al dogmatismo religioso; la definición de una moral laica, disociada de la religión.; la tolerancia; el cosmopolitismo; el recelo ante la metafísica y una actitud pragmática y utilitaria hacia el conocimiento; el énfasis en el desarrollo científico y técnico, así como en el valor de la educación; la creencia optimista en el progreso y la felicidad de la humanidad. Si bien los ilustrados eran herederos del racionalismo de Descartes, Spinoza y Leibniz, sus referentes más directos fueron el empirismo de Locke y la física experimental de Newton. La Ilustración se movió entre la búsqueda de principios y leyes generales que explicasen las vicisitudes humanas y el interés práctico por actuar en la sociedad. El intenso debate público sobre grandes cuestiones . el hombre, la naturaleza, la religión, la sociedad, la política se dirigió preferentemente a la aplicación de las ideas renovadoras a la transformación concreta y general de la sociedad, originando un vasto movimiento reformador que, en su variedad, tendió a proporcionar una cobertura ideológica y legitimadora a las fuerzas sociales en ascenso que cuestionaban el Antiguo Régimen. Pero, ¡está claro!, que no podemos seguir sin antes definir una serie de términos, que son generados por la propia Ilustración. Empezaremos con el término RAZÓN. Este término deriva del latín "ratio", término con el que Cicerón tradujo el griego "logos" (que significaba, entre otras cosas, tanto "cálculo" como "discurso", significados que adoptará también "ratio"). Por "razón" se entiende, en general, aquella "facultad" o capacidad humana por la que se alcanza el conocimiento discursivamente, esto es, partiendo de premisas para llegar a alguna conclusión, o conclusiones, que se derivan de aquellas. La razón se asimila, así, a la "diànoia" (conocimiento discursivo) y se opone a "nous" (conocimiento intuitivo). En virtud de tal oposición, al ser el término "nous" traducido por el latino "intellectus" (entendimiento) la razón termina por oponerse al entendimiento, en autores cono Kant, Hegel y en la escuela de Frankfurt, por ejemplo. Veamos ahora METAFÍSICA. Se trata de una parte de la filosofía que se ocupa de lo que Aristóteles denominó Filosofía Primera, es decir: la ciencia que se ocupa del estudio del "ser en cuanto ser" y del estudio de los entes eternos e inmateriales (Motor Inmóvil). Aristóteles consideró dichos estudios como el objeto de la ciencia o saber supremo. En la medida en que para Aristóteles el ser es fundamentalmente sustancia, ésta se convertirá en el objeto principal de la metafísica. A partir del siglo XVII se prefiere el uso del término "ontología" para referirse al estudio del "ser en cuanto ser", quedando el estudio de los entes eternos e inmateriales bajo el campo de la denominada " teología racional". El término metafísica tuvo su origen en la denominación -" meta taphysiká"- con la que Andrónico de Rodas catalogó los libros de Aristóteles que trataban de dicha Filosofía Primera. Al tratar de ordenar el conjunto de las obras aristotélicas se encontró con que dichos libros no podían ser incluidos bajo ninguna de las categorías establecidas, por lo que decidió catalogarlos después de los libros correspondientes a la Física, refiriéndose a ellos como "los de después de la Física" ("ta meta taphysiká). A partir del siglo XVII se prefiere el uso del término "ontología" para referirse al estudio del "ser en cuanto ser", quedando el estudio de los entes eternos e inmateriales bajo el campo de la denominada " teología racional". El término metafísica tuvo su origen en la denominación -" meta taphysiká"- con la que Andrónico de Rodas catalogó los libros de Aristóteles que trataban de dicha Filosofía Primera. Al tratar de ordenar el conjunto de las obras aristotélicas se encontró con que dichos libros no podían ser incluidos bajo ninguna de las categorías establecidas, por lo que decidió catalogarlos después de los libros correspondientes a la Física, refiriéndose a ellos como "los de después de la Física" ("ta meta taphysiká”). Vamos a encontrarnos con la expresión DESPOTISMO ILUSTRADO, que hace referencia a un modelo político en el cual, durante la segunda mitad del siglo XVIII, convergieron los principios del Antiguo Régimen, basado en la monarquía absoluta, con algunas ideas provenientes de la Ilustraciòn, como la fe en la razón como motor de las sociedades. Este modelo se expandió por Europa, con principal incidencia en Rusia, Austria, Prusia, España o Francia. Otro término que nos sale al paso es el de DOGMATISMO, que, en el pasado, un dogma era la definición, por la autoridad para ello capacitada, de una cuestión antes debatida. Normalmente se entiende hoy por dogma todo supuesto. Idea o doctrina que se sostiene obviando su injustificada validez. El dogmatismo es una actitud que acude con pertinacia a los llamados argumentos de autoridad, que da por definitivamente válidas propuestas o doctrinas con desprecio del razonar humano y menosprecio de la tolerancia. Por otra parte, el EMPIRISMO es un nuevo término procedente del griego "empeiría" (experiencia), que es una corriente filosófica que considera que nuestro conocimiento deriva de la experiencia, por lo que ésta se convierte en la única fuente de conocimiento. Aunque el recurso a la experiencia ya se produce, en determinados contextos, en la filosofía antigua, se entiende por empirismo, más habitualmente, la corriente filosófica que se desarrolla a partir del siglo XVI en Gran Bretaña, cuyos representantes más destacados fueron Locke, Berkeley y Hume, y que defiende que el conocimiento se funda en la experiencia, de la que proceden y, en última instancia, derivan todos ellos, por lo que no existen conocimientos o ideas innatas de las que pueda derivarse ningún conocimiento. En este sentido se opone al racionalismo, que hace de la razón la fuente de nuestros conocimientos, y al innatismo, que afirma que el sujeto cognoscente posee ideas innatas, anteriores e independientes de toda experiencia, que actúan como principios de los que derivan deductivamente sus conocimientos. Por otro lado, el COSMOPOLITISMO, que se define como la perspectiva de pertenencia de todo individuo a la humanidad que se entiende como la única comunidad moralmente significativa. De raíces estoicas, la idea fue desarrollada en la modernidad por Kant. El cosmopolitismo es moralmente universalista, antiparticularista y antirrelativista. Ahora nos vamos a referir a RACIONALISMO, que es una corriente filosófica que se desarrolló en el siglo XVII en Europa y que se caracteriza por afirmar que la razón es la fuente de nuestros conocimientos. Sus representantes más destacados fueron Descartes, Spinoza y Leibniz, quienes ofrecieron distintas versiones del modo en que la razón fundamenta el conocimiento, así como de su relación con la experiencia. Habitualmente se considera que el racionalismo se opone al empirismo británico, quien considera que la experiencia es la fuente de nuestros conocimientos. En un sentido más general, el término "racionalismo" remite a toda doctrina filosófica que considera que la realidad es inteligible, es decir, que tiene un carácter racional (racionalismo metafísico). En este sentido, muchas otras filosofías son y fueron llamadas racionalistas, como las sostenidas por Parménides, Platón o Hegel, por ejemplo. Nos tocaría, ya, meternos con el término SIGLO DE LAS LUCES, que hace referencia al siglo XVIII. Para los ilustrados durante este período el mundo abandona las tinieblas y el oscurantismo de la Edad Media, alumbrado por la razón. Un DÉSPOTA es un gobernante que ejerce su poder sin ningún límite o sujeción a las leyes. En tal sentido, puede ser identificado con los monarcas absolutos. El término suele utilizarse coloquialmente en un sentido peyorativo. En el siglo XVIII, el absolutismo monárquico, influido por las ideas de la Ilustración, evolucionó hacia una nueva forma de gobierno conocida como "Despotismo ilustrado". Y, ahora, vamos con La ENCICLOPEDIA, que es un “diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios”. Es decir, un inventario de todo el saber de la época. Su director fue Diderot. Se publicó entre 1751 y 1772 y en él colaboraron especialistas de diversas materias: D’Alembert (matemático), Voltaire y Rousseau (filósofos), Turgot (economista), Buffon (naturalista), etc. Los criterios para su elaboración fueron estricatamente científicos, lo que le grangeó la oposicion de los sectores más reaccionarios de la sociedad y la persecución eclesiástica. Obtuvo un notable éxito en Francia (donde se publicó por vez primera) e igualmente en el resto de Europa. Hacemos una especie de pausa para meternos con tres términos económicos. La FISIOCRACIA sostenía que la riqueza de un estado hay que buscarla en la naturaleza, más exactamente de la agricultura. Las otras actividades económicas (industria y comercio) son consideradas estériles. La riqueza circula mediante el trasvase de parte de las rentas de la clase productiva (los agricultores) a las clases improductivas. Su principal teórico fue François Quesnay (1684-1774), quien expuso sus ideas en la obra "Tableau économique", considerada una de las primeras obras sistematizadas de la ciencia económica. Por su parte, el MERCANTILIMO constituye un conjunto de doctrinas económicas, poco sistematizadas (aunque con rasgos comunes) que se desarrolla en Europa y sus colonias a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII. Cifraba la riqueza de un estado en la posesión de metales preciosos (oro y plata). Su objetivo era contribuir al engrandecimiento del monarca a través de los medios económicos. En tercer lugar, se encuentra el LIBERALISMO. Para sus defensores, la riqueza del Estado no radica ni en la acumulación de metales preciosos (mercantilismo) ni exclusivamente en la agricultura (fisiocracia), sino en la libertad. El Estado no ha de intervenir en la actividad económica, ha de dejar total libertad a la iniciativa y a la empresa privadas. Su principal teórico fue Adam Smith (1793-1790), quien expuso su pensamiento en la conocida obra "La riqueza de las naciones". Dicho lo cual, podemos ya, seguir viendo la Ilustración, que fue un movimiento cultural e intelectual, primordialmente europeo, que nació a mediados del siglo XVIII y duró hasta los primeros años del siglo XIX. Fue especialmente activo en Inglaterra, Francia y Alemania. En la historia de Europa, la Ilustración fue un movimiento cultural e intelectual surgido en Francia, Inglaterra y Alemania a mediados del siglo XVIII. Hasta el siglo XIX trajo consigo profundos cambios en la cultura y sociedad de la época, razón por la cual al siglo XVIII se le conoce como el “Siglo de las Luces”. Su principal objetivo era combatir la ignorancia y el fanatismo religioso “mediante las luces del conocimiento y de la razón”. Los pensadores ilustrados sostenían que, mediante el uso de la racionalidad y la acumulación de saberes, la humanidad podría combatir la superstición, el oscurantismo y la tiranía. Así, la Ilustración se proponía avanzar hacia un mundo más próspero y más justo. De esta manera se asentó la fe en el progreso en el seno de la cultura Occidental, lo cual puede comprenderse como consecuencia de la creciente celebración de la razón humana, iniciada con el Renacimiento. El pensamiento ilustrado se extendió por toda Europa, especialmente entre la burguesía y parte de la aristocracia, a través de los medios impresos y de las reuniones sociales. También fue difundida por intelectuales y divulgadores que escribían sobre ciencia, filosofía, política y literatura- En líneas generales, la Ilustraciòn se caracterizò por: Apostar abierta y totalmente por la razón humana y el progreso como las vías para construir una sociedad mejor, más justa y más feliz. Ello significaba valorar los saberes humanos y divulgarlos a la sociedad entera, así como el combate contra la ignorancia, la superstición y el fanatismo religioso. Tener una mirada antropocéntrica del mundo (o sea, centrada en el ser humano, sus capacidades y necesidades), lo cual desemboca en una actitud pragmática ante la vida: sólo lo útil es digno de esfuerzo. Asumir la tradición de manera hipercrítica, lo cual condujo a una posición reformista, es decir: los pensadores ilustrados asumían la herencia del pasado de manera crítica y escéptica, por lo que eran propensos a corregirla, enmendarla o modificarla, en lugar de ser reverentes y respetuosos. Sostener una postura optimista frente a la vida (en franco contraste con la tradición culposa medieval), que partía de asumir al ser humano como una criatura naturalmente bondadosa, aunque posteriormente corrompida por la sociedad- Un enfoque laico y secular de la sociedad, que relegaba a la religiosidad y a la Iglesia de la conducción de la sociedad y de la administración de los saberes: educación laica, fe en la ciencia, y la consideración de cualquier saber no proveniente de la razón como meras supersticiones. Oponerse a la tiranía y al absolutismo monárquico, a favor del republicanismo y del establecimiento de una sociedad más libre e igualitaria, propia de las sociedades burguesas que surgirían más adelante. Esto implicó también oponerse a la sociedad de castas heredada del Medioevo. En su seno tuvieron origen distintos movimientos filosóficos y culturales, como fueron el Racionalismo, el Empirismo, el Materialismo, el Idealismo, el Enciclopedismo y el Universalismo. La Ilustración se halla conectada y emparentada con el siglo XVI y XVII, específicamente con el período conocido como la Era de la Razón, dado que en él se dieron todos sus antecedentes filosóficos. Dicho período presenció las guerras religiosas europeas que enfrentaron a católicos y protestantes, que culminaron con la Paz de Westfalia en 1648. Europa quedó sumida en un clima de inestabilidad, en el que se tenía a las revelaciones religiosas individuales como la fuente genuina y principal de conocimientos. En ese entonces, alrededor de un 70% de la población europea era analfabeta. Sin embargo, ese panorama no tardó en cambiar, a medida que tuvo lugar la Revolución Científica, gracias a la obra de científicos como Galileo Galilei (1564-1642), Blaise Pascal (1623-1662), Gottfried Leibniz (1646-1716), e Isaac Newton (1643-1727), cuyo aporte en la sustitución de un mundo religioso por uno científico sembró las semillas que luego recogería la Ilustración. El siglo XVIII marcó el inicio de las Revoluciones Burguesas, esto es, el inicio de la caída del Antiguo Régimen y de la Monarquía Absolutista, que culminaron en la década de 1770. Posteriormente se dio una transformación profunda de los modelos económicos, políticos y sociales de Europa y Occidente, con el advenimiento de la Revolución francesa, la Revolución estadounidense, y la Revolución industrial en Inglaterra. Entre los principales representantes del pensamiento de la Ilustración destacan: René Descartes (1596-1650). Filósofo, físico y matemático de origen francés, considerado el padre de la filosofía moderna, y uno de los pensadores fundadores del Racionalismo, cuyo rol en la Revolución Científica fue central y que inspiró a generaciones venideras de filósofos ilustrados, como Baruch Spinoza o David Hume. Francis Bacon (1561-1626). Conocido filósofo, político, abogado y escritor inglés, considerado el padre fundador del Empirismo filosófico y científico, así como el autor de las reglas del Método científico experimental. Además, fue el primer ensayista de su país. Immanuel Kant (1724-1804). Uno de los filósofos más importantes de la tradición occidental, fue el fundador del criticismo y su máximo exponente, y precursor del idealismo alemán. Su Crítica de la razón pura es considerado un texto que cambió para siempre la historia del pensamiento filosófico occidental, y que aún goza de vigencia. John Locke (1632-1704). Médico y filósofo inglés, padre del Liberalismo clásico y uno de los filósofos más influyentes de la escuela empirista británica. Es destacada su contribución a la teoría del Contrato social, influenciado por la obra de Bacon, y asimismo su propio pensamiento fue influyente tanto en Voltaire como en Rousseau. Voltaire (1694-1778). De nombre completo François-Marie Arouet, fue un escritor, filósofo, historiador y abogado francés, perteneciente a la francmasonería y uno de los más representativos autores de la Ilustración francesa. Miembro de la academia francesa, publicó su obra bajo el seudónimo “Voltaire”, cultivando la literatura y la filosofía bajo un punto de vista hipercrítico y un finísimo sentido del humor. Jean-Jacques Rousseau (1712-1778). De origen suizo, este escritor, filósofo, abogado, músico, botánico y naturalista fue una de las mentes más brillantes de la Ilustración, a pesar de que sus obras le ganaron la enemistad de Voltaire y de otros filósofos de la época. Es considerado un precursor del prerromanticismo y un ensayista lúcido, siendo El contrato social (1762) una de sus obras más celebradas. David Hume (1711-1776). Filósofo, economista e historiador de origen escocés, se le considera uno de los pensadores más importantes de la filosofía occidental, cuya obra estuvo fuertemente influenciada tanto por empiristas (Locke, Berkeley) y racionalistas (Descartes, Malebranche), y sentó las bases para el positivismo lógico y la filosofía de la ciencia´ El Barón de Montesquieu (1689-1755). O simplemente Montesquieu, fue como se conoció a Charles Louis de Secondat, filósofo y jurista de origen francés, a quien se atribuye la articulación de la Teoría de separación de los poderes, fundamental en toda constitución republicana. Su obra es muy cercana al pensamiento de Locke, aunque también se lo vincula con Saint-Simon y el socialismo, aunque se admite que su pensamiento es muy complejo y dotado de una personalidad propia. Entre las consecuencias de la Ilustraciòn figuran las siguientes: La difusión del pensamiento cientificista y racional a lo largo y ancho de la sociedad europea, influenciando estilos artísticos e inaugurando doctrinas filosóficas, y marcando para siempre la idea del progreso en el curso de las ideas en Occidente. Esto permitió que las instituciones religiosas perdieran aún más su poder sobre la sociedad` Su cuestionamiento de la tradición y las estructuras heredadas del pasado inspiró a las revoluciones que entre los siglos XVIII y XIX barrieron con el Antiguo Régimen, independizaría las colonias americanas de Europa (Estados Unidos y las repúblicas hispanoamericanas) y fundaría el mundo industrial en detrimento del agrario (la Revolución industrial). Las ideas de la Ilustración propiciaron la Revolución Francesa de 1789, y, para evitar un estallido semejante, las demás monarquías de Europa intentaron el Despotismo Ilustrado: un régimen absolutista que intentaba guiarse por los preceptos políticos y filosóficos de la Ilustración, sin ceder en el camino su control del poder. Entre las consecuencias de la Ilustración figuran las siguientes: La difusión del pensamiento cientificista y racional a lo largo y ancho de la sociedad europea, influenciando estilos artísticos e inaugurando doctrinas filosóficas, y marcando para siempre la idea del progreso en el curso de las ideas en Occidente. Esto permitió que las instituciones religiosas perdieran aún más su poder sobre la sociedad. Su cuestionamiento de la tradición y las estructuras heredadas del pasado inspiró a las revoluciones que entre los siglos XVIII y XIX barrieron con el Antiguo Régimen, independizaría las colonias americanas de Europa (Estados Unidos y las repúblicas hispanoamericanas) y fundaría el mundo industrial en detrimento del agrario (la Revolución industrial). Las ideas de la Ilustración propiciaron la Revolución Francesa de 1789, y, para evitar un estallido semejante, las demás monarquías de Europa intentaron el Despotismo Ilustrado: un régimen absolutista que intentaba guiarse por los preceptos políticos y filosóficos de la Ilustración, sin ceder en el camino su control del poder. La idea de reunir en una misma obra impresa todo el conocimiento racional sistemáticamente organizado se le presentó a los pensadores de la Ilustración como una herramienta fundamental para combatir la superstición y la ignorancia. Así nació el proyecto enciclopedista, cuya gran obra fue la Enciclopedia o Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios, conocida popularmente como La Enciclopedia. Esta obra divulgativa se publicó en 17 tomos, entre 1751 y 1772. Fue obra de los franceses Denis Diderot y Jean Le Rond d’Alembert, pero contó con la colaboración de numerosos pensadores ilustrados, como Voltaire o Rousseau, quienes redactaron numerosos de sus artículos. Esta fue la primera de una larga historia de enciclopedias por venir. En las ideas económicas, a la fisiocracia, que sucede al mercantilismo, se impondrá el liberalismo económico. Aunque la corriente filosófica y de economía política tuviera su origen en los fisiócratas franceses y en la escuela clásica de economía inglesa del siglo XVIII, fue el siglo XIX el gran período del liberalismo. Su triunfo se debió a la adaptación de unos presupuestos ideológicos a las condiciones reales de la economía internacional, profundamente transformada debido a la expansión de la revolución industrial. Los principales incitadores de esta revolución, enriquecidos por su inversión innovadora, alcanzaron la fuerza suficiente como clase social como para transformar las condiciones políticas de acuerdo con sus intereses, lo que dio lugar a un nuevo sistema político y a nuevas sociedades dirigidas por la burguesía industrial. Este grupo de ideas, iniciativas y transformaciones basado en el liberalismo, conformó un conjunto armónico y coherente que presentaba una nueva concepción del mundo. Dada la amplitud de ámbitos abarcados por el liberalismo, la nómina de pensadores, economistas y políticos que posibilitaron su plasmación es muy extensa. Durante el siglo XVIII una serie de filósofos desarrollaron las bases intelectuales sobre las que se acabó asentando el pensamiento liberal: al utilitarismo moral se le sumó el empirismo defendido por los ingleses Locke y Hume, y el individualismo de Hobbes. La línea política fue inaugurada por el barón de Montesquieu en El espíritu de las leyes (1748), que preconizaba la separación de los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Así mismo, Rousseau en El contrato social (1762) sentó las bases de libre acuerdo entre los ciudadanos para impedir la preponderancia de estamentos o clases sobre el conjunto de la sociedad; por último, Voltaire, en distintos escritos, criticaba la sociedad y el sistema político del Antiguo Régimen. Los líderes ideológicos de la revolución norteamericana (Jefferson, Paine), aunque con una articulación teórica menos sistemática, desarrollaron en la práctica un modelo de estado que sería ejemplo para las democracias liberales de todo el siglo XIX. De igual modo, el ejemplo inglés de regulación de las competencias reales y el papel del Parlamento sirvieron como guía al liberalismo internacional, máxime cuando sus presupuestos fueron revisados por John Stuart Mill, quien señaló la necesaria intervención del Estado en aspectos anteriormente tenidos como privativos de la iniciativa privada, para asegurar la prosperidad colectiva y el desarrollo económico. Aunque el liberalismo ya se manifestó en Gran Bretaña durante el siglo XVII, fueron las revoluciones norteamericana y francesa las que determinaron el comienzo de su triunfo. Los constitucionalistas estadounidenses señalaron el camino legislativo de desarrollo del sistema liberal y, tras superar etapas democráticas radicales, la desembocadura de la Revolución Francesa en el Imperio Napoleónico permitió que el modelo de constitución liberal se expandiera por toda Europa. La Restauración que siguió a la derrota de Napoleón trató de imponer un retorno al Antiguo Régimen: en el Congreso de Viena (1815), las monarquías absolutistas crearon sistemas de seguridad mutua para defenderse. Sin embargo, el liberalismo era ya un conjunto de doctrinas ampliamente aceptado en las sociedades europeas y, además, las condiciones socioeconómicas internacionales hicieron que paulatinamente el liberalismo fuera impregnando (en ocasiones mediante consenso pero, más a menudo, de forma revolucionaria) los sistemas políticos europeos o, tras los procesos de independencia, americanos. El siglo XIX y el primer tercio del XX fueron el período en el que el liberalismo político ejerció su mayor influencia en los sistemas internacionales. Pueden determinarse, a grandes rasgos, tres etapas en esta imposición liberal: los ciclos revolucionarios, el período conservador y la época de decadencia. La etapa del liberalismo revolucionario se prolongó hasta 1848 y supuso el triunfo definitivo de sus planteamientos; en ella, el liberalismo sostuvo una lucha constante contra las pretensiones absolutistas de perpetuar inalterable el Antiguo Régimen, así como contra los restos del despotismo ilustrado dieciochesco que deseaban modificarlo en sus extremos menos peligros. El definitivo triunfo del liberalismo político fue fruto de una serie de oleadas revolucionarias que se sucedieron en Europa entre 1815 y 1848 (1868 en España) y tuvieron sus años centrales en 1820, 1830 y 1848. Estas oleadas revolucionarias fueron fruto de una concepción de presión política en la que una élite dirigente (líderes de la burguesía con inquietudes políticas y contactos con las sociedades secretas y el ejército) conducía la actuación de amplias masas sociales, que actuaban en la revolución en representación del "pueblo", no como una fuerza con conciencia de clase que luchara para la conquista de unas reivindicaciones propias. Esta participación popular favoreció la identificación inicial del liberalismo con el nacionalismo, si bien en la segunda mitad del siglo XIX éste encontró en los valores tradicionales de la monarquía, el ejército y la comunidad cultural las bases para una mayor exaltación nacionalista (como es el caso de las unificaciones de Italia y Alemania). En España, las revoluciones liberales tuvieron un papel muy destacado, tanto en la evolución de la política interior como en su influencia internacional europea. La etapa de liberalismo revolucionario se extiende de 1810 (formación de las Cortes de Cádiz y promulgación de la primera Constitución liberal en 1812) y 1868 (la "revolución Gloriosa" que depuso la dinastía de los Borbones). Una de las características principales de las revoluciones liberales españolas fue el recurso al pronunciamiento, golpe de estado por vía militar con colaboración civil que, en caso de triunfar, causaba la sustitución del gobierno, usualmente sin recurrir a la violencia. La mecánica del pronunciamiento comenzaba por unos "trabajos" de preparación (en los que las sociedades secretas, en especial la masonería, eran los medios de relación privilegiados); seguía el sondeamiento de la tropa y, por último, se realizaba el pronunciamiento propiamente dicho: un oficial de alta graduación (de Riego a Espartero, Serrano o Prim) hacía un llamamiento a la tropa para el respaldo de una opción política determinada, poniendo a disposición de un grupo de políticos (entre los que podían contarse también militares) la fuerza de la tropa para la consumación del golpe. Fue tan común el recurso del pronunciamiento que incluso se llegaron a escribir manuales para su mejor preparación, aunque los únicos que triunfaron fueron los de 1820, 1835, 1843, 1854 y 1868. Durante la segunda parte del siglo XIX, el liberalismo, ya triunfante en la mayor parte de Europa, afrontó la definitiva conformación del régimen liberal, creando las instituciones básicas del sistema y plasmando su concepción del Estado y las relaciones socio-políticas en textos constitucionales. Si el liberalismo anterior fue radical, innovador y revolucionario, a partir de la consolidación de los regímenes liberales y de la llegada de la burguesía a la práctica gubernativa, el liberalismo fue perdiendo buena parte de su capacidad transformadora, y centró su atención en la conservación de los logros políticos, económicos y sociales conseguidos. La burguesía revolucionaria se había convertido en una burguesía conservadora; buena prueba de ello es el hecho de que durante este período se consolidaron los sistemas de partidos de base liberal, usualmente divididos en dos facciones según el ejemplo británico. La tradicional división de la Cámara de los Comunes en un ala moderada (tory) y una progresista (whig), fundamentó de hecho la creación de partidos complementarios, conservadores y liberales. Eran partidos minoritarios, sin una organización articulada en todo el territorio ni cuadros intermedios que vertebraran una actuación social del partido. Por ello, resultaban ser más partidos de gobierno, máquinas electorales que aseguraban la continuidad del sistema, independientemente de la amplitud del electorado (sufragio restringido) y el respeto oficial a los resultados. Superados durante la primera mitad del siglo XIX los esfuerzos del absolutismo para sostener el Antiguo Régimen, el liberalismo debió hacer frente durante la segunda mitad a la aparición y organización del movimiento obrero y a los partidos y sindicatos salidos de él. La lucha con estas fuerzas transformó profundamente el liberalismo, haciendo que las tendencias internas preexistentes acabaran escindiéndose del tronco principal (demócratas, democratacristianos, radicales, populares, republicanos, etc.). La Primera Guerra Mundial significó el inicio del declinar liberal: la fe liberal en el progreso humano, en la práctica de las relaciones internacionales pacíficas, en el libre comercio y la libertad de movimiento fue una de las primeras víctimas del conflicto. A su término, el liberalismo debió enfrentarse con ideologías extremistas (del fascismo al comunismo) y partidos de masas con una nueva concepción de la actuación socio-política; los partidos liberales quedaron reducidos a minorías parlamentarias en la oposición, defensores de unas prácticas políticas y económicas (no injerencia del estado en la economía, parlamentarismo, libre empresa) y unas consideraciones sociales (derechos humanos, laicidad, pedagogía) que no despertaron la adhesión de otros programas. Por otra parte, las consecuencias de la guerra, y sobre todo la crisis mundial abierta a partir del crack de la bolsa neoyorkina en 1929, hundieron definitivamente el sistema económico mundial basado en la libre competencia, la libertad de comercio y la paridad de los sistemas monetarios con el oro. Los gobiernos de todo el mundo reforzaron sus políticas arancelarias, participaron activamente en el mundo económico y trataron de combatir la espiral inflacionista con políticas monetarias que complicaban en extremo los sistemas de cambios. Este declinar político y económico del liberalismo se complementó con una paulatina reducción de su aceptación social y de su propia consideración ideológica: el liberalismo acabó identificándose en gran parte de las sociedades occidentales con la burguesía y con políticas de beneficio exclusivista. Tras la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo perdió inicialmente su consideración política y quedó reducido a señalar posicionamientos individuales, más voluntaristas que funcionales. La división de la política internacional en dos bloques radical e irremisiblemente enfrentados, las políticas intervencionistas (tanto las que seguían el modelo keynesiano como las del quinquenalismo soviético) y el desarrollo del estado de bienestar recortaron el espacio político y las posibilidades de actuación del liberalismo. La crisis liberal de entreguerras y la postración que conllevó el sistema internacional salido de la Segunda Guerra Mundial evidenciaron la inadecuación de los presupuestos ideológicos heredados del siglo XIX. La evolución de los sistemas liberales durante la primera mitad del siglo XX había deparado un escenario no sólo distinto sino radicalmente contrario al promovido por el liberalismo durante el siglo anterior. Nuevas teorías sincréticas de raigambre conservadora (neotradicionalismo, totalitarismo), la puesta en práctica de las teorías marxistas, el triunfo de movimientos vitalistas antiparlamentarios (fascismo, nacionalsocialismo) y la recuperación del capitalismo en las democracias parlamentarias con el empleo de las teorías intervencionistas de J. Maynard Keynes habían deparado que el Estado fuese más grande, influyente y gravoso que en ningún otro momento de la Edad Contemporánea. La primera reacción del liberalismo fue realizar una reordenación de su vertiente política, convirtiendo los restos de los partidos liberales en modernos partidos de masas (independientemente de la dimensión de su respaldo electoral) organizados a nivel internacional. En 1947 se fundó en Oxford la Unión Liberal Mundial, que posteriormente tomó el nombre de Internacional Liberal, cuyo primer presidente fue Salvador de Madariaga. La labor organizativa se complementó con un nuevo reposicionamiento del liberalismo, a caballo entre los programas de la democracia cristiana y la socialdemocracia. Desde la posición generalmente minoritaria de los partidos liberales, contribuyó a la reconstrucción de la Europa destruida por la contienda participando en gobiernos de coalición. Pero, sin duda, fueron las nuevas teorías económicas de raíz liberal las que dieron bríos renovados a esta reordenación política. La escuela del neoliberalismo económico (basada en los trabajos de Röpke, Hayek y Eucken) señaló las debilidades de las teorías keynesianas primero, y posteriormente analizó los efectos de las políticas intervencionistas y, en especial, de la expansión del estado de bienestar. Básicamente, su planteamiento señalaba que las políticas inflacionistas perturbaban el crecimiento económico y que el recurso de los estados a financiar su considerable aparato burocrático y sus inversiones mediante la deuda pública impedía la utilización de los recursos financieros por la iniciativa privada. Al mismo tiempo, la práctica de ampliar las ayudas sociales a todos los niveles poblacionales traía consigo un creciente costo estatal que, al ser financiado mediante una política fiscal redistributiva, desincentivaba la iniciativa privada y la inversión del capital. Junto con la preocupación por recuperar la producción y el comercio mundial, estas teorías influyeron decisivamente en la creación de organismos internacionales ad hoc, como el Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio -GATT-(Organización Mundial del Comercio -OMC- desde 1995), el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La puesta en práctica de estas teorías tomó el nombre de "revolución conservadora" y fue abanderada por dos de los principales países desarrollados: los Estados Unidos, presididos por Ronald Reagan, y Gran Bretaña, gobernada por Margaret Thatcher (secundados por sus émulos G. Bush y J. Major). En un panorama internacional sacudido por la crisis del petróleo de los años setenta, las políticas de ambos países tuvieron una influencia mundial determinante y dieron lugar a una nueva etapa política y económica caracterizada por programas presupuestarios muy rigurosos, recesivos y de contención del gasto público (aunque, en la práctica, la deuda pública estadounidense creciera bajo el gobierno de Reagan). Los beneficios de estas políticas se apreciaron con el crecimiento de los años ochenta y el desarrollo de un nuevo orden mundial y una nueva concepción de la economía internacional, completamente globalizada y determinada más por las grandes compañías empresariales, los mercados financieros y la conformación de grandes bloques económicos transnacionales. La base ideológica de este nuevo orden de economía globalizada recibió la denominación de "pensamiento único", cuyas manifestaciones son la esencia del neoliberalismo económico: las consideraciones económicas se sitúan por encima de las políticas, el mercado es tenido como principal (si no único) regulador de las disfunciones del sistema, los mercados financieros determinan (o, en el menor de los casos, orientan) la economía mundial, el libre intercambio de mercancías y servicios es el factor básico del desarrollo del comercio y, en consecuencia, del nivel de vida de la población en general. Además de ello, se persigue la globalización económica, que debe incentivarse tanto en la producción de manufacturas y servicios como en el comercio y en el flujo financiero, a la vez que se profundiza en la división internacional del trabajo, lo que abarata los costes salariales e impide la radicalización de las reivindicaciones sindicales; el reforzamiento de las monedas, principal factor de estabilización; las políticas de privatización, que dejan en manos de la iniciativa privada importantes sectores antes participados -o monopolizados- por el Estado; y la desreglamentación de las políticas laborales, que liberalizan las relaciones entre empresarios y asalariados. Los revolucionarios franceses asistieron a la caída del Antiguo Régimen, del que vamos a decir unas palabras. El Antiguo Régimen fue la forma de gobierno empleada en Francia, y en gran parte de Europa, durante los siglos XVII y XVIII. Posee unos rasgos económicos, sociales y políticos muy particulares, cuyo fin se precipitó tras la Revolución francesa. Además de su forma de gobierno, hablamos de Antiguo Régimen para referirnos a una época situada al final de la Edad Moderna. Y que, además, posee unas características peculiares en cuanto a sus relaciones sociales y económicas. El fin del Antiguo Régimen vino con la Revolución francesa, cuyo último rey fue el borbón Luis XVI, decapitado públicamente por la guillotina, insignia de la revolución. Final acelerado por el mal gobierno del rey durante sus años de mandato, quien no supo resolver los males de sus ciudadanos. El término “Antiguo Régimen” fue acuñado por primera vez por los revolucionarios franceses. Ello para referirse, de forma despectiva claro, a la forma de gobierno anterior al estallido de la revolución de 1789. La forma de gobierno era la monarquía absoluta, caracterizada por el mandato de un rey. El rey, así, atesoraba los tres poderes (judicial, legislativo y ejecutivo). Su régimen y trono eran de inspiración divina, elegido por Dios para desempeñar el puesto de rey. Además, justificándose en esta consideración, su poder no tenía límites, impartía su gobierno de forma despótica; y justicia de forma arbitraria. Aunque, debido al papel de la nobleza, algunos reyes sí tenían ciertos límites no escritos. Algunos países disponían de parlamentos, aunque su papel era, a menudo, el de legitimar al rey. Aunque, en algunos casos, entraban en conflicto con el monarca; quien aceptaba la negativa parlamentaria o, por el contrario, la doblegaba y se imponía finalmente. Destacar que el Antiguo Régimen coincide, también, con la Ilustración, periodo denominado como despotismo ilustrado. Gobierno por el cual el monarca estableció reformas en favor del pueblo llano, pero sin la participación del mismo. La estratificación social imperante en el Antiguo Régimen era el sistema estamental. Caracterizado por la existencia de tres estamentos, cuya movilidad era muy complicada aunque no estaba regulada por la ley. Los estamentos eran los siguientes: Nobleza: Se distingue entre el rey y el resto de nobles. Estos últimos eran vasallos del monarca, quienes juraban lealtad y contribuciones de acuerdo a los pactos establecidos, a cambio de mantener su estatus de nobleza. Clero: Estaba compuesto por todos los miembros de la Iglesia, por ello, tenían una serie de privilegios. Se sitúan por debajo de la nobleza pero por encima del pueblo llano. Tercer estado: A nivel interno, al igual que en la nobleza, se realizan dos divisiones. Por un lado, los comerciantes y artesanos; y por otro, los campesinos, en una situación más precaria que los anteriores. Este último estrato suponía más del 95% de la población, sometida por el otro 5%. Esta situación, más los agravios de la mala gestión gubernamental, propició la Revolución francesa y la caída de este sistema, sustituido por clases sociales. La economía del Antiguo Régimen se asentaba sobre dos motores: la agricultura, que era la actividad principal; y el comercio. Existían dos formas de organización en la explotación agrícola. Por un lado estaba la aldea, que se componía de las familias que trabajaban la tierra, siendo esta la encargada de organizar el trabajo y las tierras que se dedicaban al cultivo y al pasto de los animales. Por otro lado, el comercio, que creció durante el siglo XVIII. Europa importaba gran cantidad de alimentos de sus colonias, y dentro de sus territorios nacionales se impulsó la industria textil. Este auge del comercio fue el impulsor de la revolución industrial, iniciada en Reino Unido y exportada paulatinamente al resto de Europa. No sé exactamente cuándo, pero ya hemos citado la expresión Despotismo ilustrado, por lo que a continuación procederemos a su definición. EL Despotismo ilustrado es un concepto político que surge en la Europa de la segunda mitad del siglo XVIII. Se enmarca dentro de las monarquías absolutas y pertenece a los sistemas de gobierno del Antiguo Régimen europeo, pero incluyendo las ideas filosóficas de la Ilustración, según las cuales, las decisiones humanas son guía por la razón. El término despotismo ilustrado hace referencia a un modelo político en el cual, dura El despotismo ilustrado recogía la esencia del Antiguo Régimen: la monarquía absoluta. Bajo este sistema político, el monarca ostentaba la soberanía absoluta del Estado. De tal forma, no existían constituciones, los derechos eran gracias otorgadas por los soberanos, los cuales no encontraban límites al ejercicio del poder, que era absoluto e indivisible. No obstante, el despotismo ilustrado apreció el interés de llevar a cabo reformas en la línea marcada por los filósofos ilustrados. Se aceptó la idea que la razón humana era un elemento clave para el desarrollo social, cultural y económico. Además, se afirmaba que la racionalidad era la base de las decisiones tomadas por los seres humanos. Ello dio lugar a que se instalara entre los monarcas un cierto afán por los ideales de progreso, reforma y filantropía que rompía, aunque no totalmente, con los principios de la tradición medieval, como que el poder del monarca tuviese origen absoluto. Frente a ello, se instauró la idea, basada en las concepciones de Hobbes, de que entre el soberano y el pueblo existía un contrato social que debía cumplirse por todas las partes. Consecuentemente, el despotismo ilustrado no significó ningún tipo de revolución ni alteración del orden sociopolítico. Debe entenderse, más bien, como la puesta en marcha de una serie de reformas que, de forma tranquila, y desde arriba, al asumirse parte de los postulados de la Ilustración, con el objetivo de lograr un cierto desarrollo social, económico y cultural. De hecho, la expresión que mejor define el despotismo ilustrado es: «Todo para el pueblo, pero sin el pueblo». Durante la segunda mitad del siglo XVIII, algunos países de Europa vivían una difícil situación económica. La recesión económica acentuaba los conflictos sociales, lo cual suponía un caldo de cultivo para que se produjesen insurrecciones y revueltas violentas. Ante un panorama conflictivo, algunos monarcas europeos decidieron implementar reformas dirigidas a mejorar el nivel de vida del pueblo, también denominado Tercer Estado. Entre los monarcas ilustrados se había implantado la idea de modernizar sus estados, también desde el punto de vista económico y de las finanzas. De tal forma, se pusieron en marcha medidas para desarrollar la agricultura, el comercio y la industria. Entre las principales ideas que comenzaron a fraguar destaca la de la libertad de comercio, con una fuerte tendencia al librecambismo. Esta se plasmó en la corriente conocida como fisiocracia, la cual se oponía a las tesis del mercantilismo, que preveía un importante papel del estado en la economía. La doctrina de la fisiocracia podría resumirse con la expresión laissez faire. Esta palabra, fisiocracia, proviene del griego, y su significado es «gobierno de la naturaleza». En consecuencia, los fisiócratas señalaban que las leyes humanas, y, por tanto, las económicas, debían estar en armonía con las leyes de la naturaleza. De ello, se derivaba que la agricultura es la base de una economía fuerte y que en el sector primario la naturaleza permitía que el producto obtenido superaría a los insumos invertidos, lo cual acabaría por generar un excedente económico. Para los fisiócratas, otras actividades, como las manufacturas o el comercio, quedaban en un segundo plano´. En relación con la libertad que debía regir el funcionamiento económico, los fisiócratas recelaban de cualquier tipo de intervención, tanto de intermediarios en los procesos de producción y distribución, como del estado, especialmente, de los controles gubernamentales: monopolios o impuestos, entre otros. Para los fisiócratas, resultaba un elemento indispensable desarrollar estrategias de carácter macroeconómico, de tal forma que generase un orden coherente, no solamente en el ámbito económico, sino también en el social y político. Para los defensores de esta teoría, el desarrollo económico y el desarrollo social eran elementos absolutamente indisolubles. La fisiocracia y el despotismo ilustrado, bebían de una visión optimista del ser humano y de una fe firme en la razón humana y en un progreso imparable e incontestable, que nunca revertiría su marcha hacia una sociedad cada vez mejor. --------------------------------------------------------------------------------------------------

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