ENSAYO, La Mitología mesopotámica
El presente volumen de mitos mesopotámicos se divide en tres secciones. La primera de ellas contiene mitos sobre la creación, el más extendido de los cuales es el Enuma Elish, o el relato babilónico de la creación. En este mito, el dios Marduk se enfrenta en batalla contra la dragona Tiamat y crea el mundo a partir del cuerpo de esta y del de su segundo al mando. La historia de Atrahasis no tiene que ver con la creación, sino con la re-creación, ya que se trata del mito de la Gran Inundación enviada por los dioses para arrasar con todo. El buen Atrahasis se salva gracias a la intervención del dios Enki, que avisa a Atrahasis y le manda construir el arca que le salvará a él, a su familia y a los animales. La historia de Etana tiene una naturaleza menos cósmica que las dos anteriores, ya que el acto de la creación que se narra en este relato es el intento de Etana de tener un hijo, y por lo tanto, un heredero al trono. Las hazañas y debilidades de los dioses mesopotámicos aparecen reflejadas en la segunda sección, en historias que nos hablan del carácter de cada una de estas divinidades y que contienen temas que nos aportan datos sobre los conceptos mesopotámicos acerca del orden cósmico. En la primera historia, la diosa Ishtar decide visitar el Inframundo, donde la diosa Ereshkigal ejerce su dominio. Cuando Ereshkigal se preocupa porque la diosa Ishtar pueda suplantarla, prepara una trampa para mantener a Ishtar presa hasta que es rescatada. El acto de Ereshkigal tiene implicaciones cósmicas, ya que Ishtar es una diosa de la fertilidad y, por lo tanto, su confinamiento implica que se suspende toda procreación en la Tierra. Ereshkigal también es una figura destacada en la siguiente historia, la cual relata cómo Nergal, dios de la guerra y la pestilencia, llega a ser su consorte. Nergal rechaza con éxito todos los halagos que Ereshkigal le brinda, excepto la tentación de su cuerpo. Una vez ha satisfecho su deseo, Nergal debe hacer del Inframundo su morada y permanecer allí como amante de Ereshkigal, o de lo contrario, Ereshkigal trastocará el orden natural de las cosas enviando a los muertos de vuelta a la Tierra para comerse a los vivos. El orden divino y el orden natural son temas que también aparecen en los dos últimos relatos de esta sección. En el primero, el dios-héroe Ninurta lleva a cabo su trabajo de restauración del orden divino cuando derrota al ave Anzu, la cual ha robado las Tablillas del Destino de Enlil, mientras que el mito de Adapa sirve como una historia sobre el origen de las cosas para explicar por qué los humanos no son inmortales. En Mitología Mesopotámica: Una Guía Fascinante de Mitos del Oriente Próximo, se tratarán los siguientes temas y mitos sumerios: Mitos sobre la Creación Historias sobre dioses y diosas Selecciones de la Épica de Gilgamés El presente cuento aborda un tema muy interesante, ya que trata de la Mitología Mesopotámica; en otras palabras, de la mitología sumeria. Los sumerios fueron un pueblo que habitó una región situada en el sur de la antigua Mesopotamia, en Oriente Medio. Allí, en la zona denominada Sumeria, esta cultura creó la que es considerada como la primera civilización del mundo. Aunque se desconocen algunos aspectos sobre su origen, sí se han encontrado evidencias de esta civilización que se remontan al año 3.500 a. C. Sumeria constituyó un antiguo pueblo del S de Mesopotamia de origen incierto, cuya cultura es conocida por documentos que se remontan al 3000 a.C. Los sumerios alcanzaron su apogeo en el siglo XXIV a.C. y sucumbieron al consolidarse las dinastías semitas en el siglo XX a.C. Estaban organizados en ciudades-Estado, gobernando según el principio de la unidad de poderes en manos del príncipe. Así, pues, Sumeria se encontraba asentada en Mesopotamia, al S de Babilonia, en los valles inferiores del Tigris y Eufrates (actual Irak). Los sumerios fueron los más antiguos pobladores de Mesopotamia y su escritura cuneiforme es la más antigua descubierta (hacia 1500 a.C.), por lo que seguidamente nos vamos a referir a Mesopotamia Mesopotamia es una región de Asia Anterior comprendida entre los ríos Tigris y Eufrates, que abarca partes de la Turquía asiática, Siria e Irak. En ella se desarrollaron a partir del III milenio a.C. las civilizaciones sumeria, acadia, babilonia y asiria. Conquistada por Alejandro Magno en 331 a.C., fue posteriormente gobernada .por los seleucidas expulsados en el siglo II a.C. por los Arsácidas. Los romanos fueron repetidamente derrotados en ella y no consiguieron establecerse allí hasta la época de Trajano (115-117). En los siglos posteriores Macedonia fue varias veces perdida y reconquistada y en el siglo VII cayó en manos de los árabes, que la arrebataron a los sasánidas. Sobre el arte mesopotámico señalaremos que, en el fértil territorio deMacedonia, que fue centro de las más antiguas sociedades urbanas (Samarra, Nínive, Uruk, etc.), se alternaron durante cerca de tres milenioslas civilizaciones de los sumerios, los acadios, , los babilonios y en parte los persas, cuyas manifestaciones artísticas presentan afinidades y un común y profundo lazo con la religión. La expresión típica del arte mesopotámico es el zigurat (la bíblica “torre de Babel”), templo, torre, lugar de encuentro entre el cielo y la tierra. Samarra es una ciudad de Iraq (con 20.000 hab.) en la gobernación de Bagdad, a la izquierda del río Tigris. Se encuentran ruinas de la ciudad fundada en 838 d.C. en el lugar de un antiquísimo asentamiento y erigidaen residencia de los califas hasta 899. Destacan sus hallazgos arqueológicos (cerámicas) del IV milenio a.C. Asimismo, sobresale su mezquita del siglo XVII. La ciudad es sagrada para los musulmanes de rito shií. Nínive fue la capital y ciudad más grande del Imperio neoasirio, dentro de la actual Mosul en Irak, descrita en el Libro de Jonás como «ciudad grande sobremanera, de tres días de recorrido» Se encuentra en la orilla oriental del Tigris, se extendía a lo largo de 5 kilómetros, con una anchura media de 2 kilómetros, desde el río hasta las colinas del este. Toda esta área es, en la actualidad, una inmensa zona de ruinas.Esta ciudad asiria fue una de las cuatro capitales del imperio, junto a Assur, DurSharrukin y Nimrud, y llegó a ser la más grande del mundo durante aproximadamente cincuenta años hasta el año 612 a. C. cuando, después de un amargo período de guerra civil, fue saqueada por una coalición de sus antiguos pueblos súbditos, incluidos los babilonios, medos, persas, escitas y cimerios.Situada en la confluencia de los ríos Tigris y Josr, Nínive fue un importante punto de paso de las rutas comerciales que cruzaban el Tigris. Ocupaba una posición central en las rutas entre el Mediterráneo y el Índico, uniendo así Oriente y Occidente, recibiendo influencias y riqueza de muchos lugares. Llegó a convertirse en una de las más grandes ciudades de la antigüedad. La escritura cuneiforme nace en Mesopotamia, en primer lugar, ante la necesidad de contabilizar bienes y transacciones, es decir, su origen tenía una finalidad contable. El cuneiforme es uno de los sistemas de escritura más longevos en la historia de la humanidad, con una tradición de más de tres milenios, desde finales del cuarto milenio a. C. hasta el primer siglo después de Cristo. Se utilizó a lo largo de los milenios para expresar varios idiomas —sumerio, acadio e hitita …Europa tuvo constancia de esta escritura gracias al viajero italiano Pietro Della Valle, que hizo escala en Persépolis aproximadamente hacia el año 1621. Uruk es una antigua ciudad de Babilonia meridional a la derecha del Éufrates, sede real y centro religioso sumerio y babilónico. Hay vestigios del templo del dios Anu y del palacio real. Han aparecido tablillas con escritura precuneiforme. Los sumerios, al igual que cualquier otra civilización antigua, se preguntaron sobre el origen del universo o la vida después de la muerte. Los sumerios dejaron escrito en textos su visión sobre los límites humanos. Unos documentos que nos permiten suponer que en el III milenio a. C. apareció un grupo de pensadores que para responder a estas preguntas construyó una cosmología, teología y una serie de textos épicos que conforman la mitología sumeria. Los mitos sumerios son, lógicamente, de carácter religioso y cultural y han llegado hasta nuestro días, gracias a que fueron puestos por escritos por escribas en un material muy resistente al paso del tiempo como las tablillas de arcilla.Estos mitos tendrían en sus orígenes un carácter oral que los escribas supieron presentar bajo un ropaje literario bien elaborado. En ellos son bien reconocibles los pasajes donde el paralelismo y la repetición nos traen a la mente la figura de una especie de trovador ambulante que los recitaba en público.Los temas de la mitología sumeria son simples que tienen su origen en una religiosidad preocupada por cuestiones como el origen del universo, la creación de los dioses, el papel del hombre en el mundo, el mal, la guerra, las enfermedades, etc. Es muy común en los mitos sumerios, al igual que en los relatos acadios, el tema de la inmortalidad. Este es un tema muy presente en el ciclo épico de Gilgamesh, donde se aprecia una acuciante de sed de gloria por parte del héroe, aunque este afán desmedido puede desembocar a veces en tragedias. No se ha encontrado ningún mito en Mesopotamia acerca de la creación del cosmos, pero reuniendo diferentes textos es posible reconstruir el siguiente esquema:Según la mitología sumeria, en un principio existía un mar primordial que dio nacimiento a la tierra y el cielo, que se encontraban unidos por una «montaña cósmica». De la unión del cielo y la tierra nacerían los grandes dioses, los Annunakis, y el dios Enlil, quien separó el cielo y la tierra. Enlil se quedó con la tierra y el dios An con el cielo. En la mitología sumeria el universo se representaba en forma de hemiesfera, cuya base estaba constituida por la tierra y la bóveda por el cielo. La tierra aparece como un disco plano rodeado por el mar, y flotando en el plano diametral, una esfera, cuya parte superior la ocupaba el cielo y la parte inferior el infierno. Entre el cielo y la tierra los sumerios situaban el viento. Y más allá del mundo visible, un océano cósmico misterioso y sin fin. La religión de los sumerios era politeísta. Los dioses, inmortales y generalmente personificaciones de fuerzas naturales, eran muy numerosos. Entre ellos destacaban el dios del cielo (Anua), del aire (Enlil) y del agua (Enki) y la tríada astral Narnar, Utu, Inanna, personificación de la Luna, del Sol y de la estrella Venus. El principal problema a la hora de definir los cánones de estructuración social de la civilización sumeria se deriva de las fuentes de las que se dispone. La mitología sumeria, para los orígenes de los tiempos, señala al supremo consejo de los dioses como agente que había parcelado la tierra en diferentes estados, que, tras ser asignados a otros dioses, eran delegados en sus representantes mortales. De esta forma es explicado el origen de las ciudades-estado, sin que se pueda determinar claramente cómo y por qué los bienes económicos y las tierras llegaron a ser propiedad de los templos. Las hipótesis que se barajan son múltiples, pero lo único cierto es que, a la altura del tercer milenio, la baja Mesopotamia había evolucionado de las antiguas formas de organización tribal a formas urbanas. Éstas tenían asamblea de ancianos y de guerreros, estaban delimitadas sus fronteras y mantenían relaciones de intercambio con otras ciudades-estado. En fin, se había desarrollado toda una estructura de organización social enclavada en mecanismos de poder y control y basada en el establecimiento del incipiente derecho consuetudinario. A este respecto, los textos cuneiformes sumerios ofrecen numerosos aspectos de la práctica jurídica. Los primeros textos de carácter jurídico conocidos son los documentos económicos de Shuruppak. Con la I dinastía de Lagash se registraron las primeras reformas sociales que afectaron a los usos y costumbres de las distintas ciudades. Las reformas más importantes fueron llevadas a cabo por Uruinimgina. Durante el periodo acadio no conocemos la existencia de ningún código jurídico salvo unas tablillas, de tipo administrativo, y el famoso obelisco de Manishtushu. Más importante en este terreno fue la reforma catastral llevada a cabo por Ur-Nammu y su hijo Shulgi, a quien se le atribuye la autoría de un código, formado por veintinueve leyes que aluden a las penas que se imponían por delitos de asesinato, robo y violaciones, que regula, entre otras, las prácticas como el divorcio o la brujería. En general, independientemente del periodo en el que nos situemos, el cuidado de la administración de justicia recaía sobre los reyes, que progresivamente delegaron parte de su papel sobre jueces, denominados Lu di-ku. Según las fuentes documentales que conocemos, se pueden establecer para la sociedad sumeria tres capas sociales diferenciadas. Al nivel superior pertenecían los dirigentes, que recibían el nombre de Lugal y Ensi, los sacerdotes y los funcionarios de diversa índole. Frente a éstos existió una capa intermedia formada por los semilibres, cuya condición se establecía al tener que acudir de inmediato a la llamada del Lugal, así como por estar adscritos a la tierra mientras durase su trabajo como jornalero. El último de los estratos sociales estuvo compuesto por los esclavos. A este grupo se pertenecía de dos formas, por adopción o por compra. En general, el grupo de esclavos se nutrió sobre todo de los prisioneros de guerra. A pesar de esto, no se alude en ninguna de las fuentes con las que se trabaja para toda la época sumeria a ningún conflicto o revuelta protagonizada por este sector de la población, por lo que se supone que su situación no era excesivamente dura. El ejército fue un grupo social que adquirió progresivamente mayor protagonismo a lo largo de la civilización sumeria. Durante el periodo dinástico arcaico, a pesar de los numerosos enfrentamientos motivados por las rivalidades mantenidas entre las distintas ciudades-estado, no se puede afirmar la existencia de un ejercito profesional permanente, mientras es de suponer que, durante el imperio acadio primero, y la etapa neosumeria después, los enormes compromisos defensivos adquiridos para mantener tan vasto territorio, obligaron a una progresiva profesionalización de las fuerzas militares, así como a su mantenimiento constante. La especialización también se desarrolló enormemente y se conocen cuerpos especializados de infantería, tropas de carros, arqueros e ingenieros, además de las tradicionales tropas de mercenarios. El estudio de la religión sumeria plantea todavía cuestiones de muy difícil respuesta, principalmente para todo aquello relativo a sus orígenes. Desde el mismo momento en que se dispone de documentación escrita, la religión sumeria se muestra como una creación muy antigua, que no resulta fácil desentrañar. Además, los principios teológicos sumerios enseguida se mezclaron con las creencias de la otra importante comunidad presente en Mesopotamia, los semitas. En general, dada la enorme proliferación de divinidades, de distintos rangos y categorías, es de suponer que la religión dominó la vida del hombre en todas sus vertientes. Los dioses principales representaban, lógicamente, los cuatro elementos básicos, aire, tierra, agua y cielo, y eran, respectivamente, Enlil, Ki, Enki y An. De éstos surgieron la luna, Nannar, y el sol, Utu. Aun admitiendo la pluralidad teológica, reflejo en gran parte de la pluralidad política que existía en Sumer, se puede aceptar como válida una jerarquización de los dioses en dos tríadas. Una de carácter cósmico compuesta por An, Enlil y Enki, y otra, de carácter astral compuesta por Nannar, Utu y Inanna. En un nivel inferior existían otras muchas divinidades dentro del panteón sumerio que gozaban, igualmente, de gran prestigio. Entre ellas, Nanshe, diosa de la montaña, de los canales y de las aguas; Ningishzida, dios protector de la agricultura; Ninurta, titular de la fecundidad, de la vegetación y de la caza; Ningirsu, divinidad guerrera; Nisaba, dios de la escritura; Duramuzi, que simbolizaba el ciclo de la vegetación; y Ereshkigal y Nergal, que regían el mundo de ultratumba. El panteón sumerio-acadio multiplicó el número de dioses, si bien esto no supuso un gran contraste. Se puede clasificar al conjunto de estas divinidades en dioses cósmicos, que ya se señalaron, junto a los dioses astrales. Otra subdivisión contiene a los dioses de la naturaleza, a los dioses infernales, así como al resto de los reyes deificados, como fueron Sargon, Rimush, Naram-Sin y Sharkalisharri. Aparte de todo lo indicado, los sumerios tenían numerosas creencias sobre diferentes espíritus, producto de su adoración o temor definidos dentro de la angelología o demonología. Entre los demonios destaca el hecho de que todos ellos eran descritos como seres amorfos y asexuados, causantes de las enfermedades y de todo tipo de males. Uno de los más temidos fue Dimme, demonio femenino que atacaba a las mujeres gestantes. La religión impregnó todos los aspectos del mundo sumerio, desde sus orígenes hasta su decadencia. Mitología mesotámica Se entiende por mitología mesopotámica el conjunto de mitos y leyendas que los antiguos habitantes de Mesopotamia tenían para explicar el universo y el origen de los seres que lo habitaban; sin embargo, esta denominación no es del todo correcta, ya que en ella se incluye tanto la religión de los sumerios como la de los acadios. Al ser estos dos pueblos de diferente etnia y lengua, no es difícil llegar a la conclusión de cuán poco responde esta fusión a la realidad vivida en aquellos milenios por dichas culturas. También los babilonios, cassitas y asirios pertenecen al conjunto de pueblos que habitaban Mesopotamia, pero su religión es idéntica a la de los acadios, por lo que se incluyen en este grupo. Diferencias y parecidos entre la religión sumeria y la religión acadia La confusión que da lugar a la unión de estas dos religiones responde al hecho de que, tras la desaparición del pueblo sumerio, los acadios-semitas tomaran el relevo y adoptaran su cultura en muchos aspectos. Esta fusión llegó a ser tan estrecha que en algunos casos es difícil saber con seguridad qué elementos eran originalmente sumerios y cuáles acadios. En general, mientras que los dioses sumerios, claramente antropomórficos, eran sentidos como muy cercanos en su quehacer a los hombres, los dioses acadios se caracterizan por una omnipotencia que eclipsaba todo lo demás. Estas formas de entender la divinidad respondían a un reflejo de la realidad política que vivía cada pueblo. Los sumerios experimentaron una íntima relación entre la religión y el poder político, hasta el punto de que la cabeza de la ciudad-estado, el ensi, podría ser definido como un rey-sacerdote; amén de la importancia del estamento clerical. Sin embargo, la religión acadia cuenta con la figura de un dios todopoderoso que aglutinaba al resto de las deidades para servir de figura paralela a su sharru (rey), que así mismo gobernaba sobre distintos estados. En cambio, estas dos religiones tenían puntos en común en la constitución de sus dioses, pues ambas tenían su origen en un principio acuoso y sus divinidades principales se agrupaban en tríadas. Tras las deidades venían, tanto en la religión sumeria como en la acadia, infinidad de espíritus y demonios, buenos y malos, que acompañaban al hombre durante su vida para premiarlo o castigarlo. Mitología sumeria Los dioses sumerios desempeñaban un papel muy definido de acuerdo con su específica naturaleza y contenido, lo que no impidió que evolucionaran y tuvieran un amplio desarrollo histórico, como se aprecia en la diversidad de concepciones teológicas y cosmogónicas. Cosmogonía En un principio sólo existía el espacio de la diosa Nammu (el Océano primordial), la cual hizo nacer, por emanaciones sucesivas, el cielo y la tierra. Estos dos elementos estaban en un principio unidos y formaban la montaña cósmica, hasta que un día Enlil separó ambos y el mundo quedó establecido. Así, el universo quedó dividido en tres zonas: el cielo, que le correspondió al dios An; la tierra, que se le asignó al dios Enki; y el viento, que se le otorgó al dios Enlil. Tras este reparto, otros dioses dieron origen a la luz del día, a las plantas y a los animales. Finalmente, los dioses Nammu, Enki y Ninmah formaron a partir del barro del Abismo (Apsu) el ser humano. Dioses Los sumerios pensaban que el mundo divino estaba constituido a imagen del mundo terrestre; de hecho, sus mismos dioses estaban dotados de todas las pasiones y debilidades humanas. Estos presupuestos antropomórficos hacían que las deidades se comportasen como los hombres: bebían, comían, sufrían, hacían el amor, peleaban, etc.; en definitiva, repetían el modelo de vida que los sumerios tenían. La falta de un dios todopoderoso que rigiera al resto de las divinidades hizo que no tuvieran una organización unitaria de sus dioses, por lo que éstos quedaban ligados a las diferentes ciudades-estado. Esta característica local bien pudiera reflejar la antigua vida nómada sumeria, pues fue una constante durante toda su cultura, que desapareció con ellos. Por supuesto, sí que contaban con algunas grandes divinidades de gran prestigio en todo el país, que se agrupaban en tríadas. Por orden de importancia habría que nombrar a una primera tríada constituida por: An, dios del cielo; Enlil, dios del viento; y Enki, dios de la tierra o del fundamento. A esta formación le sigue una segunda tríada integrada por las divinidades astrales Zu-en (el dios luna), Ud o Utu (el dios sol) e Inanna (personificación de la lucha y la procreación). Tras ellas hay una serie de divinidades secundarias de menor trascendencia cuyo número se considera superior a cincuenta. Aunque se podría hacer una lista interminable, aquí se citará sólo a los más nombrados en los mitos: Nergal (dios del Mundo Inferior) y su esposa Ereshkigal, hermana de Inanna; Ishkur (señor de la Tempestad); Ninurta (dios guerrero y campeón del olimpo sumerio); Dumuzi (dios de la fertilidad agrícola); Ningishzida y Ningursu. Mitos Hoy en día se conservan algunos mitos sumerios escritos gracias al trabajo de los dubsar o escribas. Se caracterizan por ser largas tiradas preparadas para ser recitadas, con abundantes paralelismos y repeticiones, lo que ha llevado a pensar que la trasmisión de los mismos estaba encargada a los nar o trovadores ambulantes. A través de los textos, se pueden abstraer las principales preocupaciones de la religiosidad sumeria, pues los temas se centran en núcleos bien delimitados. Como todas las culturas del momento, sus intereses se enfocan a la creación del universo, el nacimiento de los dioses, el papel del hombre en el cosmos, etc.; sin embargo, junto a estas cuestiones filosóficas, también se aprecia un interrogante sobre la vida misma, como el culto a la fertilidad, la guerra, la enfermedad, ... Además se aprecia una necesidad de ahondar en la relación de los dioses con su propia existencia, pues también son corrientes los mitos acerca del problema del mal o el diluvio, que tanto eco tendrá en las mitologías posteriores. En una clasificación más rigurosa y útil para el estudioso, aunque más artificial también, se podría constreñir toda la producción a cinco unidades temáticas: los mitos sobre los orígenes o mitos cosmogónicos, en los que muestran la idea de un ser superior, de naturaleza divina, que origina el mundo y sus cosas; los mitos de organización, por los que se narra la organización del mundo y su proceso culturizador; los mitos de contacto divino y humano, que cuentan las uniones de mortales y dioses, y las aportaciones de estos últimos a la vida del hombre; los mitos de héroes, centrados en las grandes gestas de diferentes personajes; y los mitos sobre el más allá, que describen un reino de los Infiernos sombrío al que toda la humanidad está condenada, pues el cielo corresponde a la divinidad. Mitología acadia Cosmogonía De un principio acuoso primordial, se aislaron dos entes primarios: Apsu, representación masculina del Océano que rodeaba al mundo, y Tiamat, forma femenina del agua salada. Estos dos principios fueron el origen del resto de los seres, pues de su unión nacieron las deidades Lahmu y Lahamu, dos monstruosas serpientes, cuyo papel religioso pronto quedó borrado; y Anshar y Kishar, representantes de la totalidad del cielo y de la tierra. Posteriormente, de esta última pareja nació la tríada suprema formada por Anu, Bel y Ea, quienes se repartieron la totalidad de lo creado. Aunque los nombres de estos tres dioses pertenecen a la cultura babilónica, es muy probable que se tratara de un calco de la tríada sumeria. Tras ésta, se sitúa la aparición de la segunda tríada astral, formada por Sin (dios lunar), y sus hijos Shamash (el dios sol), y Adad (dios de la atmósfera). Panteón original El panteón acadio quedó constituido en un principio por dos tríadas con sus correspondientes sosias: Trinidad primordial - Anú, el cielo, y su consorte Anatu. - Ea, las aguas, y su sosiaDamkina. - Bel, la Tierra, llamado también el "Señor de la Montaña", cuya pareja se llama Belit. Trinidad secundaria - Sin, dios de la Luna, cuya compañera es Ningal. - Shamah, dios del Sol, casado con Aja. - Adad o Ramman, dios de la Atmósfera (la tormenta, el trueno, el rayo, las inundaciones, etc.). Elevación de Marduk a divinidad principal: nueva cosmogonía y creación del hombre Sin embargo, este politeísmo evolucionó hacia una sistematización y, sobre todo, hacia una reducción mediante la fusión de algunas divinidades. Este cambio respondía a la necesidad de reflejar en sus dioses su realidad política y social, pues tanto la relación del rey con sus vasallos como la supeditación de las ciudades a la capital requerían la visión de una entidad única coordinadora de las demás. La elección de ese dios supremo recayó sobre Marduk, cuya exaltación se consolidó al lograr la unificación de las dos regiones de Mesopotamia, Súmer y Akkad. En este período, que corresponde a la gloriosa época de la dinastía amorrea y de su máximo representante, Hammurabi, se elaboraron una serie de versiones de las antiguas leyendas sumerias que elevaban a Marduk. Leyenda de Marduk En un principio Marduk, también conocido como Bel-Marduk, tan sólo era el dios babilonio del sol primaveral, considerado unas veces hijo de Damkina y El, y otras hijo de Ea. Sin embargo, en el mito creado para él, se cuenta que el joven había adquirido una fuerza descomunal al crecer; por ello, cuando Tiamat, junto con los ogros que había alumbrado, amenazó a los dioses, las divinidades prometieron a Marduk la hegemonía sobre ellos si lograba vencer, pues ya habían probado todos los métodos para luchar contra ella y ninguno había tenido éxito. Marduk, entonces, partió en dos el cuerpo de Tiamat y le quitó la sangre. Utilizó una de las mitades para construir el cielo y la otra, para formar la tierra. Luego, con la sangre de Kingu, marido de Tiamat, y con un poco de barro creó al primer hombre; aunque otra versión cuenta que se decapitó a sí mismo e hizo al hombre con su propia sangre. Tras su victoria, Anu cedió todo su poder a Marduk; su padre Ea le traspasó su propio nombre; y Bel, que poseía la Tablilla de los Destinos, fue obligado a elaborar un nuevo episodio, incluido en el Poema de la Creación (Enumaelish), y a entregar dicha Tablilla a Marduk, en la cual se le reconocía vencedor de la diosa Tiamat y, en consecuencia, campeón de todos los dioses. Divinidades secundarias Existieron también otras muchísimas divinidades de importancia secundaria o menor, encuadradas como divinidades de la naturaleza, como dioses de la guerra y de la destrucción, de los ríos, canales y arroyos, de la fertilidad, del alimento, del ganado o de la actividad intelectual, divinidades tan complejas en cuanto a su número y contenido religioso que hubo necesidad de elaborar largas listas de dioses que constantemente había que revisar y poner al día. Entre ellas destacan: Ishtar Divinidad femenina conocida por Ishtar, Ashtart o Astarté, cuyo culto se extendió por toda la costa mediterránea; también recibía el nombre de Astar o Istar, entre los semitas. Es la más difundida deidad antigua y la única diosa no conocida originariamente como esposa de otro dios. Era la diosa sumerio-babilónica de la fertilidad. Se la ha asociado a Deméter y a Afrodita en Grecia, pero fue adorada en otros países con diversos nombres. Algunos mitólogos postulan que es un resto de una primitiva diosa común que personificaba la Tierra. Entre sus consortes, el más conocido fue Tammuz, por el que la diosa desciende a los Infiernos para rescatarlo. Esta leyenda tiene relación con la diosa egipcia Isis, que también va en busca de su marido muerto. En la epopeya de Gilgamesh es la propia Ishtar la que da muerte a Tammuz, hecho interpretado por los estudiosos como el ciclo de la tierra que muere para renacer más tarde. También fue considerada diosa de la guerra y las tormentas. Tammuz Conocido como Dumuzi ('el ungido') en sumerio, es un dios de la vegetación que muere para resucitar después y simboliza los ciclos estacionales. En el mito de Adapa, Tammuz y Gishzida son los dioses guardianes de las puertas del cielo que interceden por Adapa ante Anu. En el mito Ishtar-Tammuz (para los sumerios, Tammuz es su hermano y, para los babilonios, su amante), Tammuz muere desgarrado por los colmillos de un jabalí -mito que tiene paralelos con Adonis y Afrodita- y desciende a Aralu (región de los muertos), donde gobierna Ereshkigal, hermana de Ishtar. Ésta desciende para recuperarle, pero su hermana, celosa, le intercepta el paso y la retiene para humillarla y torturarla. Encerrada Ishtar, la tierra languidece y los dioses ordenan a Ereshkigal que libere a su hermana, pero ésta no quiere irse sin Tammuz, por lo que éste vuelve también al mundo de los vivos. Esta secuencia de muerte y resurrección se repetía cada año. La humanidad y el mundo de ultratumba El pensamiento acadio concebía a los seres humanos como meros servidores de la divinidad, lo que marcaba profundamente su actuación terrena. El hecho de fracasar en las obligaciones de su vivir cotidiano implicaba un delito contra los dioses, que éstos podían castigar mediante sequías, diluvios, hambres, peste y enfermedad. Esta concepción hacía que la relación con la divinidad estuviera marcada por el temor; así, se consideraba que la primera obligación de todo ser humano era proporcionar a los dioses sacrificios, ofrendas, libaciones y quema de plantas aromáticas, todo ello aderezado con los adecuados rezos y oraciones. Al igual que las faltas eran castigadas inflexiblemente, las buenas acciones eran agradecidas con recompensas y premios, aunque los únicos bienes que podían recibir eran los de una larga vida y una relativa tranquilidad en la ultratumba. Respecto a la muerte, los acadios creían en un Más Allá que sólo podían alcanzar los que habían recibido sepultura, pues los no enterrados estaban condenados a vagar sin sosiego como espíritus por la estepa. Una vez inhumados, las almas descendían a un mundo subterráneo situado bajo el abismo del Apsu, que estaba gobernado por altas divinidades. Una vez que se llegaba a este lugar, era imposible abandonarlo, por lo que se consideraba el destino eterno reservado a la humanidad. Mitos Los núcleos temáticos que ofrecía la mitología acadia eran los siguientes: mitos sobre la creación y los orígenes, mitos de lucha y victoria, mitos de destrucción y salvación, mitos sobre el Más Allá, mitos de ascensión, mitos de exaltación divina y humana, y mitos con seres fantásticos. Sería un trabajo inabarcable reunir aquí todos estos mitos; no obstante, se ha hecho un lugar para dos de ellos debido a su extrema importancia: la aparición del primer hombre y el diluvio. Adapa, el primer hombre El mito de Adapa era una historia paralela a la antes mencionada de Marduk para explicar la aparición del primer humano. En esta leyenda el primer hombre era hijo del dios Ea. Éste recibió el don de la sabiduría, junto a todos los demás dones que los dioses tenían, excepto una vida inmortal. Su tarea era la de abastecer de víveres la mesa de los dioses, pues era sacerdote del templo de Eridu. Como la comida predilecta de los dioses era el pescado, iba frecuentemente con su barca a por él. Un día que se encomendaba a esta tarea, su barca dio la vuelta y Adapa, irritado, cortó las alas del viento sur. Al estar Anu molesto con este acto, el padre de Adapa, Ea, le advirtió que no aceptara comida, ni bebida de este dios; sin embargo, gracias a la intervención de Tammuz y Gishzida, que defendieron a Adapa, se logró aplacar la ira de Anu. El dios, en señal de reconciliación, ofreció a Adapa el pan y el agua de la vida inmortal, pero Adapa lo rechazó al recordar los consejos de su padre y, de este modo, perdió la inmortalidad para él y para toda la humanidad. Gilgamesh y Utnapishtim: el mito del diluvio El mito del diluvio se narra en las doce tablillas cuneiformes descubiertas en 1872. En ellas se relata que el rey de Uruk, humano en un tercio y divino en dos terceras partes, derrotó a Engidu. De esta victoria nació una estrecha amistad que se quebró bruscamente con la muerte de Engidu. Al encontrarse solo, Gilgamés decidió buscar la vida inmortal, motivo por el que fue en busca de su antepasado Utnapishtim ('el lejano'), conocido también por Ziudsudra, que había conseguido la inmortalidad por su ejemplar conducta durante el diluvio. Al fin logró hallarle y éste le relató lo que aconteció: Enlil, que odiaba a la humanidad, había convencido a Anu para que provocase una enorme inundación, pero Ea avisó a Utnapishtim y le aconsejó que construyera una gufa (una nave), donde pudiera meter animales de todo tipo. Cuando la barca se depositó en el monte Niser al bajar las aguas, Utnapishtim envió sucesivamente una paloma, una golondrina y un cuervo. Finalmente, este último no regresó, por lo que supo el fin de la inundación. Es evidente la afinidad de este mito con el Noé bíblico o con el Deucalión griego. Tras su supervivencia, Ea tuvo que aplacar la ira del dios Enlil por haber ayudado a que un humano lograra salir vivo. Con el tiempo, Utnapishtim fue admitido en el coro de los dioses. En cuanto a Gilgamés, decidió pasar una prueba muy dura en la que tenía que vencer al sueño para lograr la inmortalidad, pero fracasó en su empeño. Tras su derrota, visitó a Engidu en las regiones infernales y, más tarde, murió él mismo. Marduk Nombre del dios nacional de la antigua Babilonia, donde se levantaba su templo E-sagila, casa excelsa o sublime, con su elevada torre que parecía llegar al cielo. La ciudad y el dios fueron aumentando juntos en importancia. Fue el dios sabio, el creador, el que mató al monstruo primordial Tiamat e hizo de su cuerpo los cielos y la tierra. Con frecuencia se le da el nombre de Bel, señor. Ishtar o Eshtar Diosa del amor y la fertilidad en Babilonia y Asiria, cuyo nombre varía según la región en la que se le da culto: equivalente a la Astarté griega y fenicia y a la Ashtoreth romana, era Athtar en Arabia, Astar en Abisinia y Ashtart en Israel; también se la suele equiparar con Inanna, la polimorfa diosa de Sumer. Principal diosa del panteón, Ishtar muestra como ninguna otra el carácter múltiple de la divinidad femenina y, probablemente, sea este el motivo por el que se le incorporaron tantas deidades secundarias de Oriente Próximo, Egipto y Grecia. La mitología babilónica no esclarece el linaje de Ishtar: pudo ser hija de la Luna o del Sol, aunque posteriormente reemplazó al dios lunar del panteón y rigió el calendario lunar, lo que permite asociarla con los crecimientos estacionales y las cosechas, pues la fertilidad de los campos y la regulación de la lluvia corren parejas con la fecundidad humana y son fundamentales para la vida de estas civilizaciones. En tanto patrona de las estrellas se la vincula con otras diosas madre celestiales como la egipcia Hator. Se la veneraba también bajo la forma del lucero del alba, con el nombre de Zib. El zodíaco se conocía en la antigüedad como el cinturón de Ishtar; de hecho, los primeros calendarios astrológicos que se conocen proceden de Sumer y están datados tres siglos antes de Cristo. Dado que los planetas y los astros regían la actividad humana, Ishtar asimiló funciones de legisladora de ésta, lo cual la vinculaba estrechamente con el mundo de la magia, las maldiciones y las predicciones, para las cuales la diosa se servía de la astrología, ciencia que en Mesopotamia estaba fuertemente legislada por rituales y sacrificios de sangre. Al igual que otras muchas religiones de la antigüedad, en Ishtar también es posible ver la dualidad prostituta y virgen, que representaba aspectos distintos de una misma deidad: como estrella de la mañana era virgen, mientras que como estrella de la tarde era "prostituta divina". El culto a Ishtar incluía también la prostitución sagrada, una extendida y honrosa forma de culto en numerosas civilizaciones de la antigüedad. Como patrona y madre de las prostitutas -entendidas éstas como "siervas de la divinidad", puesto que vivían en el templo y sostenían relaciones con cualquier devoto a cambio de honorarios-, Ishtar decretó que todas las vírgenes babilónicas debían servir en su templo y, como mínimo una vez en la vida, mantener relaciones sexuales con un extranjero; el dinero que éste pagaba era depositado por las mujeres en el altar del templo y era el precio de su liberación. Las prostitutas sagradas disfrutaban de un enorme poder; la ley les permitía heredar las propiedades de sus padres y hermanos -no así a las otras mujeres-, recibían una esmerada educación y se las consideraba iguales a los hombres. Es más: en Sumer, el monarca recién nombrado confirmaba su derecho al trono copulando con la suma sacerdotisa de Ishtar; de lo contrario, no se consideraba al monarca un garante válido de la fertilidad y la prosperidad de su pueblo. La multiplicidad de facetas que acumula Ishtar -madre Tierra universal, diosa de la guerra, señora de la noche, creadora y ramera, patrona de los elementos meteorológicos, de los dones de vida, etc.- es protagonista de casi todas las grandes leyendas mesopotámicas. En una obra del siglo II a.C., titulada El descenso de Ishtar a los Infiernos, se cuenta la epopeya de la diosa cuando recorrió los siete portales del Inframundo para redimir a su hijo y amante Tammuz, sacrificado después de su desgraciado matrimonio. Durante el tiempo que pasó en el mundo de los muertos, las plantas se marchitaron y tanto en los humanos como en los animales se apagó el deseo de copular hasta que la diosa volvió con su hijo a la tierra. Creado de esta forma el ciclo de las cosechas, Ishtar se veía en la obligación de sacrificar cada año a su hijo para respetar las leyes de la naturaleza y los ciclos agrícolas (el hijo representa a la semilla enterrada hasta que se convierte en planta cuando vuelve a brotar), lo cual no impedía que, durante el tiempo que duraba la ausencia de éste, la diosa bajase varias veces a los infiernos para ver si lo podía rescatar. Una de las más conocidas leyendas sobre Ishtar figura con ligeras variantes en las antiguas tablillas mesopotámicas de la Epopeya de Gilgamesh. En tanto diosa del amor, Ishtar se ofreció al héroe Gilgamesh, quien la desdeñó porque tenía miedo de que la diosa le diera muerte tras haberlo convertido, al igual que a otros amantes anteriores, en personificación del hijo muerto Tammuz. El desprecio de Gilgamesh no gustó nada a la diosa que, enfurecida, pidió ayuda a su padre para que enviase desde el cielo a un gigantesco toro que daría muerte a Gilgamesh. Enkidu, el íntimo amigo de éste, mató al toro para salvar la vida de Gilgamesh, pero Ishtar, en venganza, hizo que una terrible enfermedad se apoderara de él y le provocara una muerte lenta y dolorosa. Gilgamesh juró que jamás moriría para tener tiempo de vengar a su amigo y emprendió la imposible búsqueda de la inmortalidad. Creencias religiosas sumerias El estudio de la religión sumeria plantea todavía cuestiones de muy difícil respuesta, principalmente para todo aquello relativo a sus orígenes. Desde el mismo momento en que se dispone de documentación escrita, la religión sumeria se muestra como una creación muy antigua, que no resulta fácil desentrañar. Además, los principios teológicos sumerios enseguida se mezclaron con las creencias de la otra importante comunidad presente en Mesopotamia, los semitas. En general, dada la enorme proliferación de divinidades, de distintos rangos y categorías, es de suponer que la religión dominó la vida del hombre en todas sus vertientes. Los dioses principales representaban, lógicamente, los cuatro elementos básicos, aire, tierra, agua y cielo, y eran, respectivamente, Enlil, Ki, Enki y An. De éstos surgieron la luna, Nannar, y el sol, Utu. Aun admitiendo la pluralidad teológica, reflejo en gran parte de la pluralidad política que existía en Sumer, se puede aceptar como válida una jerarquización de los dioses en dos tríadas. Una de carácter cósmico compuesta por An, Enlil y Enki, y otra, de carácter astral compuesta por Nannar, Utu y Inanna. En un nivel inferior existían otras muchas divinidades dentro del panteón sumerio que gozaban, igualmente, de gran prestigio. Entre ellas, Nanshe, diosa de la montaña, de los canales y de las aguas; Ningishzida, dios protector de la agricultura; Ninurta, titular de la fecundidad, de la vegetación y de la caza; Ningirsu, divinidad guerrera; Nisaba, dios de la escritura; Duramuzi, que simbolizaba el ciclo de la vegetación; y Ereshkigal y Nergal, que regían el mundo de ultratumba. El panteón sumerio-acadio multiplicó el número de dioses, si bien esto no supuso un gran contraste. Se puede clasificar al conjunto de estas divinidades en dioses cósmicos, que ya se señalaron, junto a los dioses astrales. Otra subdivisión contiene a los dioses de la naturaleza, a los dioses infernales, así como al resto de los reyes deificados, como fueron Sargon, Rimush, Naram-Sin y Sharkalisharri. Aparte de todo lo indicado, los sumerios tenían numerosas creencias sobre diferentes espíritus, producto de su adoración o temor definidos dentro de la angelología o demonología. Entre los demonios destaca el hecho de que todos ellos eran descritos como seres amorfos y asexuados, causantes de las enfermedades y de todo tipo de males. Uno de los más temidos fue Dimme, demonio femenino que atacaba a las mujeres gestantes. La religión impregnó todos los aspectos del mundo sumerio, desde sus orígenes hasta su decadencia. Enki "Señor de la tierra". Fue un antiguo dios sumerio, miembro de la tríada suprema, pronto identificado con Ea, dios del agua "Casa del agua", y del Apsu (Océano primordial). Se caracterizaba por su sabiduría. Era la divinidad de la verdad, que todo lo limpia, de toda ciencia y de todas las artes. También, dios de la magia. Mito de Enki y Ninhursag Este mito sumerio, extraño y complicado, es ante todo un mito de creación sexual que tiene por escenario Dilmun y por protagonistas al dios de las aguas, Enki, y a la diosa-tierra Ninhursag, su esposa. Enki hace que brote agua dulce en Dilmun para regar praderas y huertos, luego fecunda a su esposa y después a su hija y sus nietas, dando origen así a diosas, y por último Ninhursag le roba el semen para producir ocho plantas, probablemente mágicas. Pero Enki se las come, y por este motivo la maldición de la diosa-tierra cae sobre él, y enferma gravemente. Sin embargoNinhursag, que había huido, regresa, se apiada de él y crea ocho divinidades sanadoras (una por cada parte de su cuerpo enferma) a las que Enkí asigna ciertas funciones divinas o atribuye ciertos territorios. Magan es entregado al dios Ninsikilla y Dilmun al dios Enshag (que también se puede escribir Enzak o Inzak). Pues bien, el nombre de Inzak aparece en unas inscripciones que datan de principios del II milenio, descubiertas en Bahrein y en la isla de Failaka. Pero la parte más interesante del mito para el tema que estamos tratando es la descripción de Dilmun con la que empieza el relato. Según la versión de su último traductor, el profesor Kramer, de Filadelfia, Dilmun es un país «puro», «limpio», «brillante», un «país de los vivos» donde no reina la enfermedad ni la muerte. Es decir, un país de ensueño, un verdadero Paraíso, como suelen serlo en la memoria de los hombres los lugares que tuvieron que abandonar mucho tiempo atrás, sin esperanzas de volver. Enkimdu Dios de los ríos y canales, en la mitología mesopotámica. Enkidu Personaje mitológico sumerio. Amigo y colaborador del héroe Gilgamesh. Este personaje fue creado por la diosa Aruru a partir del barro para oponerse, al principio, a Gilgamesh; sin embargo, Enkidu llega a ser el compañero fiel de éste. Enki "Señor de la tierra". Fue un antiguo dios sumerio, miembro de la tríada suprema, pronto identificado con Ea, dios del agua "Casa del agua", y del Apsu (Océano primordial). Se caracterizaba por su sabiduría. Era la divinidad de la verdad, que todo lo limpia, de toda ciencia y de todas las artes. También, dios de la magia. Mitología babilónica La mitología babilónica se basa en la creencia de diferentes mitos, leyendas y religiones; ésta surgió en el II milenio a.C. La creencia en estos dioses se volvió tan fuerte, que oocasionó el nacimiento de una ciudad, la misma babilonia. Dioses babilonios son: Marduk, Ea, etc. Historia de los sumerios Existen numerosas hipótesis sobre la procedencia de los sumerios, aunque ninguna de ellas ha podido ser probada. La más aceptada en la actualidad es que la aparición de su civilización fue una evolución natural del periodo de Uruk, con lo que se descartan factores como una invasión o migraciones desde otros territorios. Entre sus logros destacaron la construcción de enormes templos religiosos, los zigurats; el desarrollo de la escritura que fue utilizada, entre otros asuntos, para crear códigos de leyes escritos; la invención de la rueda; y unos grandes conocimiento astronómicos y matemáticos. Sumeria, en la zona sur de Mesopotamia, está considerada como el lugar de aparición de la primera civilización del mundo. Los investigadores han encontrado evidencias de la existencia de esta civilización que datan del año 3500 a. C. Sin embargo, no se sabe si los sumerios procedían de la propia Mesopotamia o si llegaron de otros territorios. El nombre “sumerio” no era un término creado por los habitantes de ese pueblo. Fueron sus sucesores en la zona, los semitas acadios, los que comenzaron a llamarlos de esa manera. Los sumerios se denominaban a sí mismos sag-giga, que significa “el pueblo de cabezas negras”. En su idioma, además, la región era llamada ki-es-gi, cuyo significado aproximado es “tierra del señor del cañaveral”. Antes de la aparición de la civilización sumeria, esa zona de Mesopotamia estuvo habitada por otros pueblos. Así, se han encontrado restos datados en el Neolítico, como los de la cultura de Jarmo y otros posteriores como los de El Obeid. Después de El Obeid (5000 a. C. – 4000 a. C.) aparecieron una serie de avances que significaron el comienzo del periodo de Uruk, que muchos historiadores marcan como el inicio de la civilización sumeria. A pesar de la presencia continua de habitantes en la zona, el análisis de los restos no han permitido conocer cual es el origen de los sumerios. El estudio de los cráneos encontrados y de las esculturas que después realizaron parecen indicar que fueron una mezcla entre caucásicos y miembros de etnias negras. Las ciudades sumerias comenzaron a crecer en importancia y tamaño a partir del 3500 a. C. Entre las más importantes se encontraban Ur, Lagash, Nippur y Uruk. Aunque todos los habitantes se consideraban sumerios, no había ningún tipo de unidad política, sino que cada ciudad se gobernaba autónomamente. Entre todas esas ciudades destacaba Uruk, por su extensión y antigüedad. Se trataba de un próspero centro de comercio que contaba con entre 40 000 y 80 000 habitantes y estaba protegida por una muralla de casi 10 kilómetros. En su época de mayor esplendor, sobre el 2800 a. C., pudo ser la mayor ciudad del mundo. En Uruk aparecieron algunos inventos fundamentales para la historia de la humanidad. Algunos historiadores afirman que allí se inventó la rueda, sobre el 3500 a. C. y empezó por primera vez a usarse un sistema de escritura, sobre el 3300 a. C. Esta falta de evidencias no permite conocer si los sumerios fueron un pueblo que emigró a Mesopotamia o sí fue autóctono. Ur Se trata de una antigua ciudad sumeria, cuyas extensas ruinas se alzan cerca del actual centro iraquí de Tell Mukayar , a la derecha del Éufrates. Floreciente en el III milenio a.C., con la I dinastía, fue posteriormente sometida por los acadios, hasta que recobró su independencia a fines del II milenio y con la III dinastía, fue el centro del renacimiento sumerio. Conoció luego la dominación babilónica y persa, hasta que en el siglo V a,C. fue abandonada. Lagash Lugar de la antigua Mesopotamia (hoy Tell el-Hiba, al sur de Irak, provincia de Nasiriya), constituido por un campo arqueológico de unas 600 ha, ubicado a una veintena de kilómetros al sudeste de la actual Tello (la antigua Girsu). Durante mucho tiempo Lagash, llamada en los documentos cuneiformes Shir-bur-la.ki, fue identificada erróneamente con Telloh, pero gracias a los estudios de carácter léxico de Th. Jacobsen y A. Falkenstein permitieron en 1953 identificarla con Tell el-Hiba. Nippur Antigua ciudad de Mesopotamia, al SE de Babilonia. Importante centro religioso y cultural de los sumerios. Sus ruinas mesopotámicas fueron descubiertas a partir de 1888 en las cercanías de la actual Niffar (Iraq).

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