viernes, 5 de diciembre de 2025

ENSAYO, Literatura vasca.

La lengua vasca es la que se habla dentro del territorio que corresponde al País Vasco o Euskal-Herria (Pueblo Vasco). Este territorio consta de siete provincias, de las cuales cuatro pertenecen al Estado Español: Álava, Vizcaya, Guipúzcoa y Navarra. Las otras tres, Labort, Baja Navarra y Soule, se encuentran dentro del territorio francés. La lengua vasca o eusquera (euskera), convive dentro de este territorio con las lenguas española y francesa. Sobre el origen de la lengua vasca existen diferentes teorías, de las cuales, una la relaciona con el idioma utilizado por los antiguos pobladores iberos, otra, con alguna de las lenguas habladas por los pueblos caucásicos o bereberes, mientras que otros estudiosos consideran que se trata de una lengua de generación autóctona. En realidad, más que de un solo idioma vasco, cabe hablar de una lengua muy dialectalizada que solo recientemente va tendiendo poco a poco a la uniformidad. Los diferentes dialectos en los que se dividía la lengua vasca (vizcaíno, guipuzcoano, suletino, labortano, altonavarro meridional, altonavarro septentrional, bajonavarro occidental y bajonavarro oriental) daban forma y componían una lengua muy fragmentada que en los últimos años ha ido unificándose bajo la forma de una sola lengua vasca denominada euskera-batua (bat significa uno en lengua vasca). La inexistencia a lo largo de muchos siglos de una lengua vasca unificada ha supuesto una considerable dificultad para la elaboración de una literatura escrita en lengua vasca. Solamente alguno de los dialectos vascos, como el vizcaíno, el guipuzcoano y el suletino han dado lugar a una producción literaria desarrollada con una cierta estabilidad a lo largo del tiempo. Pero no sólo los factores internos, sino también los externos, han dado lugar, particularmente en el caso de la lengua vasca, a que dentro del universo cultural de Euskalherria, el surgimiento y el desarrollo de la literatura no haya tenido lugar con la misma espontaneidad y el ritmo relativamente estable con que otras lenguas y culturas del mundo han dado lugar a sus respectivas literaturas. Así, la división administrativo-política del territorio vasco, marcada por una frontera que separa al pueblo entre súbditos franceses y españoles, deja su huella en la literatura ya desde los inicios de su evolución: la producción literaria en la parte norte se adelanta en doscientos cincuenta años a la de la parte sur. Y si los factores políticos han ejercido una decisiva influencia en el desarrollo de la literatura vasca, también otros factores culturales, como la fuerte presencia dentro de esta sociedad de la ideología clerical y de los valores que impone la religión se han manifestado desde los primeros testimonios literarios y a lo largo de la evolución que esta literatura ha seguido. De hecho, los primeros autores literarios vascos de los que se tiene noticia son, salvo alguna excepción, hombres de la Iglesia. Por otra parte los primeros testimonios literarios en lengua vasca proceden de la segunda mitad del siglo XVI y son, por lo tanto, contemporáneos con el Concilio de Trento y con las nuevas doctrinas que de él emanaron y que tenían que ver con las mayores posibilidades de difusión de la fe si la doctrina se expresaba en las diferentes lenguas vernáculas. No resulta, pues, extraño, el hecho de que muchas de las primeras manifestaciones literarias vascas tengan más que ver con las necesidades de predicación religiosa que con los valores estéticos o con la simple necesidad de expresión literaria. Pero la característica particular del caso vasco es que esta presencia de los valores y preceptos religiosos en su literatura perviven a lo largo de los siglos. Ni siquiera el proceso de secularización que tuvo lugar en el siglo XIX conseguirá dar lugar a un giro en el universo literario vasco desde los valores y temas religiosos hacia los puramente estéticos. Sin embargo, a partir de este momento, otras tesis, como el ruralismo o el etnocentrismo, comienzan a dominar la producción literaria. Así pues, en la producción literaria escrita tiene lugar una relativa tendencia a la rigidez y al estancamiento en determinados temas, lo que termina por alejarla, al menos en ciertos momentos, de un público, también vasco, pero cuyo universo cultural urbano se encontraba ya muy alejado de la insistente presencia de los valores eclesiásticos o, incluso, de aquellos otros que tenían que ver con el etnocentrismo y la cerrazón del limitado mundo rural. En todo caso, dentro de la literatura vasca tiene lugar un fenómeno muy particular, el del bertsolarismo, que sirve para encauzar todos aquellos valores, ideas y recursos relacionados con la improvisación, la espontaneidad o el ingenio, generalmente ausentes de la literatura escrita dentro de la cultura vasca. Los bertsolaris eran poetas que recorrían los pueblos improvisando los textos y cantándolos ante la concurrencia de público. El bertsolari, valiéndose de un tema popular, puede improvisar su obra, bien en contienda con otro poeta, o bien en solitario. Una segunda forma consistía en la distribución de los versos más populares de un determinado bertsolari en forma de hojas volantes, llamadas en vasco bertso berriak. Pero quizá la forma que con más fidelidad refleja el sentir del pueblo vasco sea su teatro popular, que, si bien resulta bastante abundante, se encuentra todavía sin publicar en buena parte, conservado en bibliotecas o bien en manos particulares. El más famoso es el teatro popular suletino, conocido así porque las representaciones tenían y siguen teniendo lugar en Soule (Zuberoa). Este teatro se divide en dos géneros fundamentales: las pastorales y los xaribaris. Las pastorales son obras teatrales cantadas, cuya forma y temas musicales se encuentran íntimamente relacionadas con los del drama litúrgico medieval. Existen noticias sobre la representación de este tipo de piezas ya desde muy antiguo, si bien los primeros manuscritos en los que se recogen pastorales datan del siglo XVIII. Los xaribaris son pequeñas comedias de costumbres que se caracterizan por tratar temas cotidianos o, incluso, asuntos escandalosos, en lugar de ocuparse de temas heroicos, como las pastorales. Dado lo escabroso de temas y lenguaje, los xaribaris fueron perseguidos y prohibidos en numerosas ocasiones, lo que ha dado lugar a la desaparición de muchas de estas obras. En cuanto a la poesía popular, este género ha pervivido y se ha desarrollado dentro de la cultura vasca gracias, sobre todo, a la transmisión oral. Si hoy se conservan muchas de estas obras, se debe a la labor de investigación desarrollada por los folcloristas, que rastrean los pueblos y caseríos registrando las manifestaciones poéticas que perviven aún en la memoria de alguno de sus habitantes. Dentro de la poesía popular abundan las figuras simbólicas, de las cuales hay algunas que asumen un valor fijo y se repiten constantemente con un significado parecido en la poesía procedente de distintas zonas del País Vasco (la rosa y el limón como símbolo del amor contrariado, el ruiseñor que prefigura la ausencia del amado, el helecho que representa la fecundidad, la noche como imagen de la ruptura definitiva, etc.). Pero no sólo existe una poesía lírica dentro del mundo literario de la lengua vasca, sino que también han llegado hasta nosotros diversos restos de cantares épicos que narran batallas entre los vascos y los romanos o los francos. El tercer género que puede diferenciarse dentro de la poesía popular es el de la elegía o eresiak: se trata de lamentaciones puestas en boca femenina, con motivo de la muerte de un ser querido, de una boda no deseada, o con cualquier otra excusa. .Históricamente, pueden distinguirse varias etapas en la evolución de la literatura en lengua vasca: Siglo XVI. El siglo XVI se caracteriza en toda Europa por las profundas convulsiones que tuvieron lugar en el universo religioso europeo. Estas convulsiones no podrán de afectar al País Vasco, especialmente en su zona septentrional, debido, sobre todo, a las guerras de religión que tuvieron lugar en la Francia de la época. Entre los escritores vascos que vivieron en este siglo destacan las figuras de dos hombres de iglesia: mosén Bermnat Dechepare y Joanes Leizarraga. El primero de ellos destaca por ser el primer escritor que utiliza el eusquera para componer sus obras. Su obra puede emparentarse con la del Arcipreste de Hita dentro de la historia de la literatura castellana. En cuanto a Joanes Leizarraga, sacerdote católico que pasó luego a tomar parte en la reforma calvinista, se distingue por haber sido consciente, ya desde un momento tan temprano como el siglo XVI, de la dificultad que suponía para la difusión de la literatura en vasco la enorme variedad de dialectos que esta lengua presenta, y por haber elegido como lengua literaria el labortano, precisamente aquel que resultaba más fácil de entender dentro del mundo vasco. Su lenguaje se caracteriza además por seguir una tendencia claramente cultista y latinizante. La obra literaria de Joanes Leizarraga se compone de tres libros: Jesu Christ gure Jaunaren Testamentu Berria (Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo), Kalenchera (Calendario), Abec edo Christinoen Instructionea (Abc o instrucción de cristianos). Siglo XVII. El siglo XVII es aquel en el catolicismo se fortalece definitivamente en el País Vasco. La generación de escritores que componen sus obras a lo largo de este siglo está compuesta principalmente por clérigos. Esta será la generación que elevará el labortano a una especie de Edad de Oro, fijándolo y consolidándolo como lengua literaria, categoría que conservará al menos hasta el momento en que el vizcaíno y el guipuzcoano consigan ponerse a su nivel como instrumentos adecuados para hacer literatura. A lo largo del siglo XVII se empieza a consolidar el género lírico dentro de la literatura vasca. Entre los escritores que contribuyen a esta consolidación figuran Oihenart y Joannes de Etcheberri. Pero el verdadero protagonista de la literatura vasca del siglo XVII es Pedro de Asular, de cuya obra solamente ha llegado hasta nosotros un libro: Guero. Una obra ascética en la que se critica el hecho de que se deje la realización de las buenas intenciones para después. Siglo XVIII A lo largo del siglo XVIII, el centro de gravedad de la literatura vasca se desplaza desde la zona septentrional del País Vasco, que hasta entonces había dominado, hasta la meridional. Este es, además, el momento en que aparecen por primera vez dentro de la literatura vasca manifestaciones teatrales cultas. Será también en este siglo cuando aparecen los primeros manuscritos que contienen teatro popular. El Padre Larramendi es la figura más representativa dentro de la literatura vasca de este siglo, a pesar de que la lengua de la que se sirvió para escribir la mayor parte de sus obras fue el castellano. Su importancia tiene más que ver, en realidad, con las ideas que transmitió a sus seguidores que con sus obras literarias. El Padre Larramendiencabeza un movimiento cultural llamado "de los apologistas", cuyas ideas serían las que heredaría Sabino Arana en el siglo siguiente. Sus principales obras son: El imposible vencido. Arte de la lengua Vascongada; su prólogo a la obra del Padre Mendiburu titulada Jesusen Bichotzaren Debozioa (Devoción al corazón de Jesús); y su Diccionario Trilingüe de Castellano, Vascuence y Latín. En cuanto al teatro vasco moderno, éste surge dentro del ambiente de la Sociedad Vasca de Amigos del País. Las principales obras que han llegado hasta nosotros son los Actos para la Nochebuena (Gabonetado Idustizunak, del P. Barrutia; los Aguinaldos, de Xabier María de Munibe (Gabon sariak); El borracho burlado, también de Sabier María de Munibe, y los Cantos navideños de Guernica (Gernikako gabon Kantak). Siglo XIX El siglo XIX comienza con un período en el que surge por parte del clero un gran interés por el cultivo del eusquera. La prosa religiosa alcanza unos niveles de cultivo y de refinamiento superiores a los que nunca se habían dado dentro de la historia de la literatura vasca. Destacan dentro de este género figuras como Añíbarro, Fray Bartolomé de Santa Teresa, Juan Bautista Aguirre, Guerrico, etc. Junto a la literatura religiosa, se va desarrollando también una literatura profana de cierta altura. El siglo XIX es, por otra parte, el momento en que los dialectos vizcaíno y guipuzcoano se acercan más a la consideración de lenguas literarias de la que, hasta entonces, solo había disfrutado el labortano. Entre los prosistas vascos del siglo XVIII destacan Goyeteche, Iturriaga, Iztueta y, sobre todo, Juan A. Moguel, cuya obra más digna de ser destacada es Peru Abarka. A mediados del siglo XIX comienza a dejarse sentir la labor llevada a cabo por el príncipe Bonaparte, centrada, sobre todo, en la unificación de la lengua vasca, pero también dedicada a la financiación de traducciones en los principales dialectos vascos. Hacia el último tercio del siglo se produjo un resurgir de la actividad literaria, gracias en parte a la celebración de diversos certámenes poéticos. Este renacimiento literario se organiza en torno a cuatro focos: el foco navarro, cuyo órgano informativo es la revista Euskara; el guipuzcoano, que cuenta con la figura sobresaliente de José de Manterola, autor del Cancionero vasco; el foco alavés, organizado en torno a la difusión de la Revista de las Provincias Euskaras; y el vizcaíno, en el que sobresale la figura del escritor Fidel de Sagarmínaga. En todo caso, este fenómeno del resurgir de la literatura vasca está inseparablemente unido y relacionado con el fenómeno del Romanticismo, que tan relacionado se encuentra en toda Europa con el desarrollo de las ideas nacionalistas. Como consecuencia de estas ideas, a lo largo de este período van a proliferar las leyendas en las que los antepasados de los vascos aparecen como protagonistas de toda clase de hazañas heroicas. También el proceso de industrialización que tiene lugar a partir de entonces en el territorio vasco, con mucha más intensidad, por cierto, que en el resto de la Península Ibérica (con la excepción, quizá del territorio catalán), va a dejar sus huellas en la literatura. En lo que se refiere a la poesía vasca decimonónica, ésta sigue unida al fenómeno del Bertsolarismo. Destacan las obras de Juan Bautista Elizanburu, autor de las obras Nere etchea (Mi casa), Agur Herriari (Adiós al pueblo) y Solferinoko Itsua (El ciego de Solferino); así como la de Gracián Adema "Zalduby", autor de diversos poemas patrióticos como el titulado Zazpi Euskal Herriak, un himno a la unidad nacional de las siete provincias vascas. La novela no será el género más digno de destacarse a lo largo del siglo XIX, ya que, prácticamente hasta finales de siglo no aparecen obras significativas. En el teatro, el autor más destacado es Marcelino Soroa, el auténtico promotor del teatro en lengua vasca. Entre sus obras destacan Iriyarena y Antón Caicu, la primera comedia vasca. Siglo XX El siglo XX es, con mucho, el más rico en lo que se refiere a la producción literaria en lengua vasca. La literatura vasca en general se verá inundada por la influencia de las ideas de Sabino Arana, basadas en las particularidades exclusivas del País vasco, hasta llegar incluso a caer en un etnocentrismo nacionalista. La influencia de esta ideología en la lengua da como resultado un deseo de purificación desmedido, que se manifiesta en la artificialidad en las nuevas construcciones lingüísticas, así como en el altísimo número de neologismos que se introducen. La consecuencia de este proceso es un eusquera prácticamente de laboratorio, una lengua que ha perdido en buena parte su espontaneidad y se ha alejado así de sus orígenes de lengua rural, sin conseguir, por otra parte, adecuarse totalmente a la sociedad urbana que, a partir de entonces, prácticamente ejercerá el monopolio de la cultura. La historia de la literatura vasca en este siglo puede dividirse en varios períodos: el que transcurre antes de la Guerra Civil Española, desde principios de siglo hasta 1936; el que se desarrolla a lo largo de la posguerra, desde 1939 hasta aproximadamente los años sesenta; y el que transcurre desde entonces hasta el final del siglo. En el período anterior a la Guerra Civil Española, la poesía es el género que más popularidad alcanza, con autores como Juan Arana "Loramendi", Esteban Urquiaga "Lauaxeta", José María Aguirre "Lizardi" y Nicolás Ormaechea "Orixe". La narrativa no resulta tan floreciente a lo largo de este período; pero, aun así, destaca la obra del sacerdote Domingo Aguirre, autor de diversas novelas de costumbres entre las que destaca la titulada Kresala. El teatro se desarrolla a lo largo de este siglo siguiendo los mismos caminos que ya habían comenzado en el siglo anterior, si bien no aporta grandes novedades. Como autores teatrales destacan Toribio Alzaga y Avelino Barriola. A lo largo de la posguerra, se dejará apreciar en poesía la gran influencia de José María Aguirre "Lizardi". Entre los nuevos poetas, la obra más significativa es la de Salvador de Michelena, cuya forma, así como la materia que trata se relaciona muy estrechamente con la de la poesía popular, lo que resulta muy fácil de explicar, teniendo en cuenta que fue bertsolari. La narrativa y el teatro siguen en la posguerra los caminos por los que habían transcurrido antes de la Guerra, si bien aparecen nuevos autores, como Jon Echaide, Eusebio Erguiaba o Loidi. El año 1964 destaca por ser aquél en que Gabriel Aresti publica Harri eta Herri (Piedra y Pueblo). Esta obra constituye algo así como un punto de ruptura dentro de la evolución literaria vasca. Por supuesto que la renovación literaria que a partir de esta fecha va a tener lugar en el mundo literario vasco no puede atribuirse exclusivamente al impacto de esta obra, sino que ya se venía gestando en los años anteriores, gracias a revistas como Eusdo-gogoa, Egan, Olerti o Jakin, que habían publicado artículos firmados por Krutwing, Mirande, Otsalar, Iratzeder, Azurmendi y por el mismo Aresti. En todo caso, es alrededor del año 1964 cuando la literatura vasca consigue deshacerse de esa dependencia del mundo rural que siempre la había caracterizado, para aproximarse a la realidad de una sociedad que, en esos años de florecimiento económico, se encontraba ya en pleno proceso de industrialización. Las nuevas tendencias se manifiestan especialmente en poesía y en teatro, dos campos que durante mucho tiempo no habían experimentado ninguna renovación significativa. Como poetas destacan F. Krutwing, Jon Mirande, Diharce "Iratzeder" y, sobre todo, Gabriel Aresti. En el ámbito del teatro, llama especialmente la atención la labor realizada por el grupo Jarrai, que se aleja de los planteamientos de teatro oficial aplicados por el grupo de la Academia de la Lengua y Declamación. También Gabriel Aresti representa un destacado papel como autor teatral, además de como traductor de diversas obras de Bertolt Brecht y de Ugo Betti. En cuanto a la narrativa, ya desde la publicación en 1957 de la novela Leturiaren egunkari ezkutua (Diario secreto de Leturi), cuyo autor es Txillardegi, puede hablarse de la aparición de una nueva corriente dentro de la novela en lengua vasca. Este género literario conseguirá escapar a partir de entonces del ámbito y el lenguaje costumbrista, y llegará a alcanzar la madurez incorporando temas comunes a los que trata la novela en el resto de Europa, como la soledad del hombre en la sociedad, la juventud, el sexo, la religión, y muchos otros que emparentan la nueva novela vasca con movimientos intelectuales que gozaban de tanta importancia en el resto de la Europa del momento como el existencialismo. A partir de entonces puede hablarse de una literatura vasca cada vez más cercana a la equiparación con otras literaturas peninsulares y europeas. -------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

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